Universidad Cardenal Herrera-CEU Departamento de Humanidades “AFRICANISTAS Y JUNTEROS: EL EJÉRCITO ESPAÑOL EN AFRICA Y EL OFICIAL JOSÉ ENRIQUE VARELA IGLESIAS” TESIS DOCTORAL Presentada por: Antonio Atienza Peñarrocha Dirigida por: Dr. D. Federico Martínez Roda VALENCIA 2012 1 2 Introducción 1.- La división en torno a los ascensos por méritos de guerra. 1.1.- España en África y la creación del Protectorado. 1.1.1.- España en África: antecedentes. La guerra de 1859-1860. 1.1.2.- Europa se interesa por Marruecos. 1.1.3.- El Africanismo español. 1.1.4.- La Guerra de Melilla de 1893. 1.1.5.- El reparto de Marruecos. 1.1.6.- Interés español en Marruecos. 1.1.7.- El ejército español ante Marruecos. 1.1.8.- La situación interna en Marruecos y la intervención europea. 1.1.9.- El Protectorado español de Marruecos. 1.2.- El Barranco del Lobo y la Campaña de 1909. 1.2.1.- Las ambiciones mineras y El Rogui. 1.2.2.- El final de El Rogui. 1.2.3.- La rebelión de las cabilas. 1.2.4.- La ruptura de hostilidades. 1.2.5.- Una guerra impopular. La Semana Trágica de Barcelona. 1.2.6.- Prosigue la campaña. 1.2.7.- El ataque a Sidi Ahmed el Hach. 1.2.8.- La penosa tarea de asegurar las líneas. 1.2.9.- En el Barranco del Lobo. 1.2.10.- Preparación para el avance. 1.2.11.- La carga de Taxdirt. 1.2.12.- Avance hacia el sur y ocupación del Gurugú 1.2.13.- El castigo sobre el Zoco el Gemís de Beni Bu Ifrur. 1.2.14.- Los últimos combates. 1.2.15.- La paz. 1.2.16.- Conclusiones de la Campaña. 1.3.- Las Campañas de 1911 y 1912, y los Tratados de creación del Protectorado. 1.3.1.- Las reformas militares. 1.3.2.- La creación de las Fuerzas Regulares Indígenas. 1.3.3.- La penetración española en territorio marroquí. 3 1.3.4.- El sector oriental del Protectorado: la campaña del Kert. 1.3.4.1.- Los conflictos en la zona occidental y la intervención alemana. 1.3.4.2.- La complicada tarea de la ocupación del territorio oriental. 1.3.4.3.- La ruptura de hostilidades. 1.3.4.4.- La primera expedición de castigo. 1.3.4.5.- La ofensiva de los rifeños. 1.3.4.6.- La segunda operación de castigo. 1.3.4.7.- Nuevos ataques rifeños: Izarrora. 1.3.4.8.- La ocupación de Monte Arruit. 1.3.4.9.- El Ejército español y sus esfuerzos para adaptarse al nuevo modelo de guerra. 1.3.4.10.- La difícil misión de destruir a la Harka. 1.3.4.11.- El final de la campaña. 1.3.4.12.- La adopción de nuevas tácticas. 1.3.5.- El sector occidental hasta 1912. 1.3.6.- El establecimiento del Protectorado. 1.3.7.- La guerra de El Raisuni. 1.3.7.1.- La disputa entre El Raisuni y el coronel Fernández Silvestre. 1.3.7.2.- La ocupación de Tetuán. 1.3.7.3.- La insurrección de El Raisuni: Laucién. 1.3.7.4.- El incidente del General Concha. 1.3.7.5.- La campaña contra El Raisuni en la segunda mitad del año 1913. 1.3.7.6.- 1914: la guerra de Marruecos salpica al rey. 1.4.- El Protectorado de Marruecos durante la Primera Guerra Mundial. 1.4.1.- El Protectorado de Marruecos al estallar la Primera Guerra Mundial. 1.4.1.1.- La organización militar en el Protectorado. 1.4.1.2.- La insurgencia de El Raisuni. 1.4.2.- El Alto Comisario general Gómez Jordana. 1.4.2.1.-El sector oriental del Protectorado. Abd el-Krim. 1.4.2.2.-El sector occidental del Protectorado. El Raisuni. 1.4.2.3.- La tensa paz de 1917-1919. 1.5- Los primeros años de José Enrique Varela Iglesias. 1.5.1- Nacimiento y vida escolar. 1.5.2.- Voluntario en Infantería de Marina. Ingreso en la Academia. 4 1.5.3.- Muerte de su padre. Primer teniente. 1.6.- Las Juntas de Defensa. 1.6.1.- Aparición y objetivos de las Juntas de Defensa. 1.6.2.- La cuestión de los ascensos por méritos de guerra 1.6.3.- La rebelión de las Juntas. 1.6.4.- Las Juntas se desmarcan de la reivindicación política. 1.6.4.1.- Las Juntas de Defensa y la Asamblea de Parlamentarios. 1.6.4.2.- Las Juntas de Defensa apoyan la represión de las huelgas de Agosto de 1917. 1.6.5.- La Cierva integra las Juntas. 1.6.6.- La Cierva restringe los ascensos por méritos de guerra. 1.6.7.- El Ejército y la huelga de “La Canadiense” en Barcelona. 1.6.8.- Nueva ofensiva de las Juntas. 1.6.9.- Los militares africanistas. 1.7.- Las Campañas contra El Raisuni y las Laureadas de Varela. 1.7.1.- El teniente Varela en Marruecos. 1.7.1.1.- La situación del Protectorado en 1915. 1.7.1.2.- Varela, segundo teniente en el Regimiento de Ceriñola nº 42. 1.7.1.3.- Varela ingresa en los Regulares de Larache nº 4. 1.7.2.- El Alto Comisario Dámaso Berenguer y El Raisuni. 1.7.3.- La guerra de El Raisuni. El papel de Varela. 1.7.3.1.- Primeras acciones del teniente de Regulares Varela. 1.7.3.2.- El rescate del cabo Juan Tapia. 1.7.3.3.- La recuperación de Rapta. 1.7.3.4.- El fracaso de Cudia Rauda. 1.7.3.5.- La toma del Fondak de Ain Yedida. 1.7.4.- La creación del Tercio de Extranjeros. 1.7.5.- La primera Laureada del teniente Varela. 1.7.5.1.- La ofensiva de las fuerzas españolas. 1.7.5.2.- La cueva de Ruman. 1.7.6.- La ocupación de Xauen. 1.7.7.- El teniente Varela condecorado. 1.7.8.- El general Fernández Silvestre en Melilla. 1.8.- La segunda Laureada de Varela. 5 1.8.1.- La segunda Laureada del teniente Varela. 1.8.1.1.- Varela regresa de permiso a San Fernando. 1.8.1.2.- Las operaciones contra El Raisuni en 1921. 1.8.1.3.- El combate de Abdama. 1.8.1.4.- El expediente para la segunda Laureada. 1.8.1.5.- Choque con las Juntas y herida grave. a.- La nueva ofensiva sobre Beni Aros y El Raisuni. b.- Varela se opone a las Juntas. c.- Varela es herido de forma grave. d.- Una recuperación complicada. 1.8.1.6.- El precipitado final de la campaña contra El Raisuni. 1.8.1.7.- La convalecencia de Varela. 2.- El desastre de Annual y sus consecuencias. 2.1.- Génesis del desastre de Annual. 2.1.1.- El general Fernández Silvestre en Melilla. 2.1.2.- Abd el-Krim. 2.1.3.- Fernández Silvestre penetra en Beni Urriaguel. 2.1.4.- La caída de Abarrán. 2.1.5.- Fernández Silvestre mantiene su plan. 2.1.6.- Igueriben. 2.1.7.- Annual. 2.1.8.- La retirada caótica. 2.1.9.-Nador. 2.1.10.-Monte Arruit. 2.1.11.- Melilla amenazada. 2.2.- Después del desastre. 2.2.1.- La búsqueda de responsabilidades. 2.2.2.- La reacción española. 2.2.3.- Abd el-Krim establece el Estado del Rif. 2.2.4.- La reactivación de las Juntas de Defensa. 2.2.5.- La conferencia de Pizarra. 2.2.6.- El temor a un nuevo Desastre. 2.2.7.- El Alto Comisario general Burguete: la política de negociación con El Raisuni. 2.2.8.- La reconquista del territorio rebelde. 6 2.2.9.- El rescate de los prisioneros. 2.2.10.- El Alto Comisario Silvela y el fracaso de la política de paz. 2.3.- El ascenso de Varela a Capitán. 2.3.1.- La concesión de honores por su primera Laureada. 2.3.2.- El expediente para ascenso a capitán. 2.3.3.- Nuevo hecho de armas del capitán Varela. 2.3.4.- Más honores y reconocimientos. 2.3.5.- La concesión de la Segunda Laureada. 2.3.6.- La imposición de las Laureadas en Sevilla. 2.3.7.- El desplante de los junteros. 2.3.8.- Regreso del capitán Varela al Protectorado y nuevos homenajes. 2.3.9.- Enfrentamiento con los junteros. 3.- El pronunciamiento de Primo de Rivera. 3. 1.- Marruecos antes de la toma del poder del Directorio Militar. 3.1.1.- Los intentos de llegar a la paz con Abd el-Krim. 3.1.2.- La situación de Tánger. 3.2.- El general Primo de Rivera asume el poder. 3.2.1.- Miguel Primo de Rivera. 3.2.2.- La búsqueda de un líder militar y el descrédito del general Aguilera. 3.2.3.- El catalizador marroquí del Pronunciamiento. 3.2.4.- El Directorio Militar. 3.3.- La Dictadura y Marruecos. 3.3.1.- Reducir el Ejército. 3.3.2.- El pacto con El Raisuni en la zona occidental. 3.3.3.- La situación en la zona oriental. Abd el-Krim busca apoyo diplomático. 3.3.4.- La situación en la zona oriental. La fracasada ofensiva de Abd el-Krim. 3.3.5.- La Revista de Tropas Coloniales. 3.4.- Varela, comandante y aviador. 3.4.1.- Varela, observador de aeroplano. 3.4.2.- El ascenso a comandante de Varela. 3.4.3.- Felicitaciones y homenajes por el ascenso a comandante de Varela. 3.4.4.- El comandante Varela, observador aéreo. 3.5.- El incidente de Ben Tieb. 3.5.1.- La retirada en el sector occidental. 7 3.5.2.- La discusión de Ben Tieb. 3.5.3.- Las represalias de Primo de Rivera. 3.6.- La retirada en la zona occidental. 3.6.1.- Las operaciones de retirada. 3.6.2.- La evacuación de Xauen. 3.6.3.- La caída de El Raisuni. 3.6.4.- Balance de la retirada. 3.7.- Las misiones de vuelo del comandante Varela en el sector oriental. 3.8.- El Estado del Rif. 3.8.1.- El Gobierno del Estado del Rif. 3.8.2.- El Ejército del Estado del Rif 3.8.3.- La República del Rif. 3.9.- Un nuevo modelo de combate: la Harka Varela. 3.9.1- El comandante Varela asume el mando de la Harka de Abd el-Malek. 3.9.2.- El comandante Varela reorganiza su Harka. 3.9.3.- La Harka Varela comienza a actuar. 3.9.4.- La represión del contrabando y la lucha contra las guardias. 3.9.5.- Abd el-Krim pone precio a la cabeza del comandante Varela. 3.9.6.- Destrucción de las bases económicas rebeldes y respeto a sus costumbres. 3.9.7.- Hostigamiento a las guardias enemigas. 3.9.8.- La popularidad del comandante Varela. 3.9.9.- El cañón del monte Infermín. 3.9.10.- Nuevos ataques contra las guardias. 3.9.11.- Hacia una nueva ofensiva: el desembarco de Alhucemas. 3.10.- El Desembarco de Alhucemas. La Harka Varela como unidad de combate convencional. 3.10.1.- Abd el Krim ataca la zona francesa. 3.10.2.- La búsqueda de la colaboración hispano francesa. 3.10.3.- La preparación del desembarco en Alhucemas 3.10.4.- Las operaciones de desembarco. 3.10.5.- Desembarca la Harka Varela. La Casamata del Cañón. 3.10.6.- La ocupación del Monte Malmusi. 3.10.7.- La ocupación del Monte de las Palomas. 3.10.8.- La ocupación de la Rocosa y el Monte Cónico. 8 3.10.9.- El ascenso de Varela a teniente coronel. 3.11.- La Pacificación. El teniente coronel Varela al frente de los Regulares de Ceuta. 3.11.1.- El teniente coronel Varela. 3.11.2.- La retirada de Abd el-Krim. 3.11.3.- La campaña de 1926. 3.11.4.- El teniente coronel Varela se incorpora a la campaña. 3.11.5.- El teniente coronel Varela, jefe de vanguardia. 3.11.6.- La Loma de los Morabos. 3.11.7.- La rendición de Abd el-Krim 3.11.8.- Pacificación sin represalia: Gomara, Xauen. 3.11.8.- El teniente coronel Varela en las últimas fases de la campaña de 1926. 3.11.9.- El homenaje a Varela de sus compañeros de promoción. er 3.11.10.- El Historial del 3 Grupo de Regulares de Ceuta. 3.11.11.- La campaña del otoño e invierno de 1926. 3.11.12.- La última fase de la Pacificación y el papel de Varela. 3.11.13.- La rebelión en Ketama y Senhaya. 3.11.14.- La ocupación de la cabila de Beni Aros. 3.11.15.- La operación de Tahar Berda. 3.11.16.- En la cabila de Sumata. 3.11.17.- La ocupación de Tazarut. 3.11.18.- El avance definitivo. 3.11.19.- La ocupación de Bab Taza. 3.11.20.- El final de la Guerra. 3.11.21.- El uso de gases. 3.11.22.- Recuento de bajas. 3.11.23.- El final de los líderes de la rebelión. 3.11.24.- El Rif, de nuevo en rebelión contra el Gobierno marroquí. 3.11.25.- Varela, defensor del coronel Federico Caballero. 3.11.26.- Varela ve negado su ascenso a coronel. 3.12.- Primo de Rivera y el Ejército. El final de la Dictadura. 3.12.1.-La pugna entre africanistas y junteros y la oposición del Ejército a la Dictadura. 3.12.2.- La Sanjuanada. El conflicto con los Artilleros. 3.12.3.- El enfrentamiento de Primo de Rivera con los Artilleros. 9 3.12.4.- La reforma del Ejército. 3.12.5.- La Academia General Militar. 3.12.6.- Nueva conspiración militar. 3.13.- Varela en la Dictadura. 3.13.1- El ascenso de Varela a coronel 3.13.2.- El monumento a Varela. 3.13.3.- Varela y los Regulares de Ceuta en tiempo de paz. 3.13.4.- La visita de la reina de Rumanía a Ceuta. 3.13.5.- Varela ascendido a coronel. Despedida de los Regulares de Ceuta. 3.13.6.- Propuesta a Varela para el mando de la Legión. 3.13.7.- Propuesta para director de la Academia de Infantería. El viaje de estudios al extranjero. 3.13.8.- El coronel Varela en Francia y Suiza. 3.13.9.- El coronel Varela en Alemania. 3.14.- La dimisión de Primo de Rivera y el Gobierno del general Berenguer. 3.14.1.- Los intentos de reconciliación de la monarquía con los militares. 3.14.2.- Varela recibe el mando del regimiento de Cádiz. 3.14.3.- La necesidad de reformas en el Ejército y la discusión sobre la Academia General. 3.14.4.- La sublevación de Jaca como símbolo de las divisiones en el seno del Ejército. 3.14.5.- El final de la monarquía y la participación de un sector del Ejército en el mismo. 3.14.6.- La ideología política de Varela al final de la Monarquía. 4.- El Ejército durante la II República y el agravamiento de las divisiones internas. 4.1.- Los militares y el advenimiento de la II República. 4.2.- El ministro Manuel Azaña y su Gabinete militar. 4.3.- Primeras medidas de la reforma de Azaña. 4.4.- La reorganización del Ejército. 4.5.- Las reformas de Manuel Azaña y el agravamiento de la división militar. 4.5.1.- Potenciar a los suboficiales. 4.5.2.- El Ejército de Marruecos. 4.5.3.- Las industrias militares. 4.5.4.- Censura y retiros. 4.5.5.- El servicio militar obligatorio. 10 4.5.6.- Reformas de la Armada. 4.6.- Los efectos de las reformas. 4.7.- Varela ante el nuevo Régimen. 4.7.1.- Varela ante las reformas. Solicita la legalización de su ascenso. 4.7.2.- Varela se presenta a las elecciones de 1931. 4.7.3.- Varela frente a la revolución. 4.7.4.- Fallece doña Carmen Iglesias. 4.8.- El Pronunciamiento de Sanjurjo. 4.8.1.- La contradicción de un Ejército. 4.8.2.- Sanjurjo decepcionado. La conspiración. 4.8.3.- El intento de pronunciamiento. 4.8.4.- El castigo de los conspiradores. 4.8.5.- Varela y su participación en la conspiración de Sanjurjo. 4.8.6.- La detención de Varela y las garantías constitucionales. 4.8.7.- Varela contacta con el pensamiento Tradicionalista. 4.8.8.- El liderazgo de Varela en la cárcel de Guadalajara. 4.8.9.- Reflexiones de Varela sobre el fracaso de agosto de 1932. 4.9.- Las conspiraciones se paralizan. 4.10.- La revolución de Asturias. 4.10.1.- El Ejército en el Bienio Radical-Cedista. 4.10.2.- La Revolución española de octubre. 4.10.3.- Militares a favor de la Revolución. 4.11.- Varela ascienda a general de Brigada. 4.12.- Gil Robles, ministro de la Guerra 4.13.- La preocupación ante la infiltración revolucionaria en los cuarteles. 5.- El general Varela y la conspiración de 1936. 5.1.- Las elecciones de febrero de 1936. 5.2.- Las primeras semanas del Gobierno del Frente Popular. 5.3.- La segunda conspiración y la detención del general Varela. 5.4.- El general Varela cede la dirección de la conspiración al general Mola. 5.5.- Mola, el Director, y el general Varela. 5.6.- Las relaciones de Varela: Simón Lapatza. 5.7.- Correspondencia del general Varela en la conspiración: Orgaz y Mola. 5. 8.- Los desacuerdos entre el general Varela y el teniente coronel Yagüe. 11 5.9.- Mola cierra las fechas. 5.10.- La sublevación en Marruecos. 5.11.- La muerte de Sanjurjo. 5.12.- La sublevación en Cádiz 5.13.- El 18 de Julio en San Fernando 5.14.- El 19 de Julio en Cádiz. 5.15.- La sublevación de los cañoneros de La Carraca. 6.- La familia militar en la Guerra Civil: división y fusilamientos. 7.- La Ley Varela. Conclusiones. Apéndice documental. Bibliografía. 12 Introducción En los últimos años, se está procediendo a una revisión de las biografías de los principales protagonistas de la Guerra Civil. La aparición de nueva documentación, la publicación de memorias hasta ahora inéditas y el descubrimiento de archivos está posibilitando abordar figuras como Alcalá Zamora, Queipo de Llano o Negrín desde nuevos puntos de vista. En esta nómina figuran de manera destacada los militares. Tras la revisión de Vicente Rojo en la década pasada, se está procediendo a estudiar, ya con la perspectiva de casi un siglo, las figuras de Yagüe, Millán Astray, Sanjurjo, Mola, Hernández Sarabia y el propio Franco, éste desde un punto de vista militar, así como las de Prim o Weyler. Es decir, se están produciendo un buen número de estudios biográficos de militares significativos. Este fenómeno está ligado a la aparición, apertura o redescubrimiento, de archivos privados de estos personajes. Cabría destacar los diarios de Queipo de Llano, estudiados por Fernández Coppel. También ahora se plantea la necesidad de asumir estudios sobre militares que, por haber ocupado cargos no tan relevantes como los arriba citados, merecen no obstante estudio. Figuras como Goded, Gómez Jordana, Capaz, Marina, Castro Girona, Gabriel Morales, han sido objeto hasta ahora de parcos análisis. 1 Es cierto que la biografía ha sido considerada un género histórico discutible ; y ello pese a las dificultades que entraña, como describe Caballé Masforoll, enfrentarse al mito del personaje. La biografía puede ofrecer un paisaje complejo y rico de un período, porque sus fuentes descienden a papeles personales que puede desdeñar el historiador. Es innegable que la “nueva biografía” ha dado como frutos interesantes aportaciones a la historiografía. Obras como las biografías de Marañón, Jesús Pabón, Seco Serrano, Vicens Vives o Fernández Almagro figuran como estudios clásicos de Historia; aportaciones como las de Álvarez Junco, Henry Kamen o John Lynch se han revelado como muy importantes, por no citar la monumental obra de John Elliot sobre el conde- duque de Olivares. Por todo ello, cabe considerar la biografía como una forma de hacer 1 Caballé Masforoll, A., “¿Dónde están las gafas? La biografía, entre la metodología y la casuística”, en “Historia, Antropología y Fuentes Orales”, nº 46, año 2011, p. 169-180. 13 Historia con una perspectiva y unas fuentes que arrojan luces sobre ángulos que otras 2 visiones del pasado pueden dejar oscurecidos . Junto a este interés por nuestro pasado bélico, gana también relieve la llamada Guerra de África, o guerra de Marruecos, años que erosionaron políticamente la monarquía de Alfonso XIII e incidieron de forma decisiva en nuestra historia contemporánea. Son ya abundantes los trabajos que se van publicando sobre aquél enfrentamiento impopular y de aspectos trágicos, sobre todo tras la oscura conmemoración del Desastre de Annual. El estudio conjunto de las biografías de los militares españoles y sus vicisitudes, permite descubrir la profunda división que afectó al Ejército español: división que es crucial para entender la Guerra Civil. Esta división se inicia en 1917, con las Juntas de Defensa y la oposición de una parte de los oficiales a los ascensos por méritos de guerra. Las heridas abiertas en esta discusión no se cerraron, más bien se agravaron durante la Dictadura de Primo de Rivera y II República, en que las Fuerzas Armadas se politizaron intensamente, y se abrieron nuevas fisuras. En este sentido, era necesario revisitar la figura del general José Enrique Varela Iglesias, ese militar que ganó dos veces la Cruz Laureada de San Fernando, máxima condecoración al valor, además de casi todas las demás con que se honraba en España a los héroes de guerra; persona de gran influencia en su tiempo, protagonista de primera línea de la historia española de la primera mitad del siglo XX, que ingresó como soldado corneta y llegó a teniente general; que se adaptó a todos los empleos y circunstancias, desde sargento a ministro; y que fue, en definitiva, como lo llamó la prensa nacional, “el general de las papeletas difíciles”. Fue precisamente el director de esta tesis, el doctor Martínez Roda, quien propuso analizar la figura del general Varela en su etapa de joven oficial en Marruecos, a través de la documentación conservada en el Archivo Municipal de Cádiz, mientras él estudiaba preferentemente su época de madurez, al frente del Ministerio del Ejército, donde asumió la tarea de desmovilizar el Ejército Nacional tras la Guerra Civil, y adaptarlo a la nueva etapa de paz, y asumió el Alto Comisariado en Marruecos, en condiciones humanas ya muy difíciles dada su enfermedad. 2 Henriques y otros, Changing the subject: Psychology, social regulations and subjectivity, Routledge, Londres-Nueva York, 1998 (1984); Chamberlyne y otros, The turn of biografical methods in social science: comparative issues and examples, Routledge, Londres, 2000; Elliot, J., Using narrative in social research: Qualitative and quantitative approches, Sage Publications, Londres, 2005 14 Varela nos ofrece en su biografía una trayectoria vital propia de muchos españoles que asumieron la carrera de las armas, con una auténtica vocación de servicio. Sin embargo, el estudio del Archivo de Varela abrió la perspectiva de estudiar la forja, el agravamiento y la continuidad de las divisiones internas del Ejército, y de descubrir en ellas una de las causas de la Guerra Civil. El presente estudio se centra por tanto en la carrera militar de Varela desde su ingreso en el Ejército hasta su nombramiento como coronel del Regimiento de Cádiz, a la luz de la documentación conservada en su archivo, y que supone una relectura del período 1909 a 1936, en clave de división en la familia militar. 15 1.- La división en torno a los ascensos por méritos de guerra. La necesidad de contar con un grupo de oficiales decididos, para afrontar la difícil misión de pacificar el territorio marroquí, llevó al general Luque, ministro de la Guerra, a resucitar los ascensos por méritos de guerra en 1910. Por ello, es necesario entender qué factores arrastraron a España a la guerra de Marruecos, qué sucedió en la misma, y qué consecuencias hubo que afrontar. 1.1.- España en África y la creación del Protectorado. 1.1.1.- España en África: antecedentes. La guerra de 1859-1860. Hasta principios del siglo XX, todos los intentos de penetración europea en Marruecos fracasaron. Francia controló Argelia desde 1830, y el protectorado de Túnez desde 1881, pero ni España ni Alemania ni Gran Bretaña deseaban que Francia controlara Marruecos. Gran Bretaña, además, quería internacionalizar Tánger para proteger Gibraltar. Marruecos era un país pobre y en buena parte desértico, montañoso, con una población musulmana, xenófoba y socialmente muy fragmentada. El poder lo ejercía un sultán, cuya autoridad debía ser ratificada por los ulemas, consejos de hombres doctos y religiosos de Fez y Marrakech, las capitales del norte y sur del país. Eran frecuentes las guerras entre los pretendientes al trono. En general, el país reconocía la autoridad espiritual del sultán, pero solo en parte la autoridad política. En 1900, el sultán controlaba dos áreas vagamente triangulares, las comprendidas entre Tánger, Fez y Rabat, y la de Rabat, Marrakech y Mogador (Esuira), es decir, un 20% del territorio nominal. Esto era el llamado Blad el-Majzen (territorio del Gobierno), frente al Blad es- Siba (territorio rebelde). A veces, bastaba la presencia de fuerzas del ejército real para someter una región, temporalmente. Entre 1672 y 1727 reinó el sultán Mulay Ismail, que logró controlar gran parte del territorio marroquí, gobernando con mano dura. España se interesó poco por Marruecos mientras tuvo a su disposición el continente americano. África sólo resultaba interesante en los temas relativos al control de piratería, y seguridad de las plazas españolas en la zona. A finales del siglo XVIII, España controlaba a Ceuta, Melilla, 16 Vélez de la Gomera y Alhucemas; a esos territorios se incorporaron en el siglo XIX las 3 islas Chafarinas . Una vez perdidas las colonias americanas, España comenzó a interesarse relativamente por Marruecos, pero por entonces el continente africano se convirtió en objetivo del colonialismo europeo, y España se encontró con que su posición en el área debía ser cautelosa para no irritar o desatar las iras de otras potencias. España, potencia europea de segunda fila, no pudo imponer ningún tipo de ambición o derecho histórico de los territorios africanos, frente al mayor peso de potencias como Gran Bretaña, Francia o Alemania. El 1 de marzo de 1779, España y Marruecos firmaron un tratado en Mequinez que sentó las bases de una política comercial y de buena vecindad. Ambos países reconocieron derechos comerciales, libertad de navegación y derecho de pesca españoles en aguas marroquíes. A lo largo del siglo XVIII y principios del XIX, ambos países tuvieron algunos roces. En 1856, piratas magrebíes apresaron el falucho San Joaquín. El gobierno español de O’Donnell envió una escuadra a Tánger, y el sultán se comprometió a pagar dos mil duros de indemnización. En 1859 España exigió la entrega de territorios vecinos a Melilla para garantizar su defensa. El sultán sólo accedió a que se ampliarán los límites de la ciudad en el área se comprendía el tiro de un cañón de 24 libras. Se firmó un tratado en Tetuán el 24 de agosto de 1859. Ese mismo año, en la frontera de Ceuta, se decidió sustituir los antiguos postes y casetas de plancha por un pequeño edificio fortificado, bautizado como Santa Clara, adornado con las armas de España. La construcción irritó a la cabila de los anyeras, que al no ver atendidas sus protestas, destruyeron el edificio aún en obras y rompieron el escudo español. El gobernador de Ceuta, el general Ramón Gómez, exigió al caíd de Anyera el castigo de los culpables. El caíd respondió que la agresión había sido obra de los anyeras, y que el Sultán no tenía ninguna responsabilidad. Los anyeras seguían hostigando a los obreros y soldados españoles, lo que movió al gobernador a pedir al cónsul de España en Tánger, Blanco del Valle, que interviniera. Blanco exigió al delegado del Sultán, el Jatib, la reposición del escudo y su saludo por las tropas del Sultán, la entrega a España de los responsables de la agresión, doce hombres, que 3 Carrasco González, A. M.: “Marruecos y España en el contexto internacional del siglo XIX y principios del XX”, en Alía Miranda, F.: La guerra de Marruecos y la España de su tiempo (1909 1927), Sociedad Don Quijote de Conmemoraciones Culturales de Castilla-la Mancha, Ciudad Real, 2009, p. 9-31.. 17 debían ser ejecutados, el reconocimiento del derecho de España a levantar fortificaciones dentro de su zona, y la adopción de medidas para evitar la repetición de estos hechos. El cónsul dio al Majzen (gobierno) un plazo de diez días para contestar, en el curso de los cuales murió el sultán Muley Abderrahman. España alargó el plazo todavía dos veces más. El Majzen intentó que los anyeras cesaran en sus agresiones, pero no lo consiguió. El Jatib buscó la mediación del cónsul británico en Tánger, sir W. Drummond Hay, que acababa de firmar un muy ventajoso, para su nación, convenio británico-marroquí. Hay le aconsejó la entrega de los doce cabileños culpables, comprometiéndose a interceder por ellos ante Madrid. Pero los de Anyera consiguieron que el Majzen se decantara hacia ellos, y éste respondió a España que se encargaría de castigar a los culpables. Ante esta postura, el 22 de octubre, una semana después de que 4 expirase el ultimátum, las Cortes españolas declaraban la guerra a Marruecos . Las opiniones sobre esta contienda están divididas: entre los contemporáneos, se sustentó que la razón asistía a España para defender su territorio. Posteriormente, algunos historiadores opinaron que la guerra fue un instrumento del presidente del gobierno, O’Donnell, para desviar tensiones internas hacia una empresa exterior. En noviembre se inició el desembarco de tropas en Ceuta. Fue un proceso lento por la inclemencia del tiempo. Se instaló un campamento junto a Ceuta, en El Serrallo. El 1 de enero de 1860 se inició la marcha. No fue una campaña fácil. El ejército español no estaba bien equipado ni instruido, y los marroquíes ofrecieron una dura resistencia. El mal tiempo y las escaramuzas ralentizaron el progreso. Las principales batallas fueron los Castillejos y Tetuán, ésta a las puertas de Tetuán. En los Castillejos el ejército español estuvo a punto de ser derrotado, sólo se rehizo por la llegada de tropas del general Zabala, y la decidida intervención del general Juan Prim. Los españoles entraron en Tetuán el 6 de febrero de 1860. Para entonces, ya había sido saqueada por los cabileños. La ocupación de Tetuán no podía eternizarse, el gasto se disparaba y las bajas por enfermedad, una epidemia de cólera, agravada por las privaciones, eran numerosas. Los marroquíes desarrollaron una eficaz guerra irregular. En 23 de marzo, 4 Madariaga, Mª R.: En el barranco del Lobo. Las guerras de Marruecos, Alianza, Madrid, 2005, p. 17- 19. La opinión del autora es claramente favorable a Marruecos. Morales Lezcano, V.: Historia de Marruecos, Esfera de los Libros, Madrid, 2006, p. 185-188 pone de manifiesto la dificultad que podía tener el sultán en sujetar a las belicosas tribus del norte de Marruecos, que para algunos historiadores marroquíes eran antecedentes del nacionalismo marroquí. Para una visión militar, Martín Gómez, A., Los combates de Ceuta. Guerra de África 1859-1860, Almena, Madrid, 2009, pp 13-22; Martínez de Campos y Serrano, C., España bélica. Siglo XIX, Aguilar, Madrid, 1961, p. 169-170. Bachoud, A.: Los españoles ante las campañas de Marruecos, Espasa, Madrid, 1988, p. 33-62. 18 los marroquíes lanzaron una ofensiva sustanciada en el combate de Wad-Ras, nueva 5 derrota para las tropas del Sultán. El 25 se iniciaron las conversaciones de paz . La guerra gozó de una extraordinaria popularidad en España. Voluntarios catalanes y vascos, pues aún no existía el nacionalismo, se alistaron entusiasmados; se otorgaron donativos. Se realizaron funciones de exaltación del ejército, y los comandantes, Prim, O’Donnell y Ros de Olano, se convirtieron en figuras muy populares. Los cañones capturados fueron utilizados para fundir dos enormes leones que adornan la entrada del Congreso de Diputados. El pintor Mariano Fortuny plasmó en un gran lienzo la batalla de Tetuán, mostrando a un Prim resulto y combativo, sable en mano, abatiendo enemigos, y a O’Donnell, firme y sereno, dirigiendo a las tropas españolas con un bastón, en actitud de director de orquesta. España no pudo aprovechar sustancialmente su victoria. Por un lado, su presencia en Marruecos suscitaba el recelo de británicos y de franceses. Por otro, el sostenimiento de un ejército de ocupación era impensable para la economía española. Tampoco existía en la sociedad española una corriente imperialista importante que abogara por la efectiva ocupación del territorio. Marruecos podía temer, como Argelia, caer en poder de las potencias europeas. El tratado se firmó en Tetuán el 26 de abril de 1860, por el cual el sultán reconocía los límites exteriores de Ceuta y la posesión española de Santa Cruz de la Mar Pequeña, junto con una indemnización de cuatrocientos millones de reales, hasta el pago de la cual, España retendría Tetuán, ciudad que fue finalmente evacuada el 2 de mayo de 1862. Para pagar a España, Marruecos contrató un oneroso empréstito con Gran Bretaña, que le supuso tener que ceder a este país gran parte de sus ingresos aduaneros. Londres deseaba la rápida evacuación, pues recelaba de que España decidiera quedarse en el norte marroquí. El 20 de noviembre de 1861 se firmó un nuevo tratado de comercio, que junto a las tradicionales cláusulas de libertades y derechos, estableció la exención de impuestos españoles en Marruecos. Se reconocía de nuevo la jurisdicción consular, es decir, que el ciudadano español en Marruecos se regiría por las leyes españolas, excepto en causas criminales, en que la justicia sería ejercida por el gobernador o cadí marroquí. Esta jurisdicción consular daría origen a algunos abusos. Con ella, los europeos querían 5 Alarcón, P. A. de : Diario de un testigo de la Guerra de África, varias ediciones desde 1859, Victoriano Suárez, Madrid, 1842, 2 tomos; Del Rey, M.: La Guerra de África, Medusa, Madrid, 2001; Landa, N.: La campaña de Marruecos, Algazara, Málaga, 2008; Alcalá, C.: La Campaña de Marruecos, 1859-1860, AF editores, Valladolid, 2005. 19 escapar de la dura justicia coránica. De nuevo se reconocieron derechos de comercio y de pesca. Marruecos nunca acabó de pagar en su totalidad su deuda con España, pese a que este país también intervino las aduanas de algunos puertos. El tratado comercial concedía a España algunos derechos, que pronto quedaron neutralizados porque Marruecos también los reconoció a otros países. Los comerciantes españoles se dejaron arrebatar el mercado por otros comerciantes europeos. Por el tratado de Tánger del 26 de junio de 1862, se fijaron los límites de Melilla y se estableció una zona neutral, en la actualidad ocupada por Marruecos. 1.1.2.- Europa se interesa por Marruecos. Tras este triunfo, España comenzó a perder influencia en Marruecos. Paralelamente, Marruecos se convirtió en un problema internacional, el llamado “drama marroquí”, provocado por el agravamiento de sus conflictos internos, y la creciente ambición europea fruto de la competencia económica. Gran Bretaña se inquietó durante la segunda mitad del siglo XIX por las posibles ambiciones españolas sobre Tánger y 6 Marruecos, sobre todo al surgir incidentes fronterizos en torno a Ceuta y Melilla . España decidió posponer la ocupación de Ifni para no enfrentarse a los británicos o a los 7 franceses , territorio que no fue ocupado hasta 1934. En 1880 se celebró la conferencia de Madrid se acordó mantener la situación en Marruecos, ante la imposibilidad de entendimiento entre Francia y Gran Bretaña. España, muy debilitada internacionalmente, no pudo imponer ninguna de sus reivindicaciones, pero consiguió mantener el status quo, aplazando la cuestión de momento. Marruecos seguía abierto a las ambiciones europeas. Francia se apoderó de Túnez en 1881, provocando que Italia se aliara con Alemania y Austria. Francia extendió la frontera argelina por el sur de Marruecos. En 1884 y 1885 se celebró la conferencia de Berlín, en la que no se trató el tema marroquí, pero en la que se estableció que cualquier acuerdo sobre el continente africano debía de ser consultado con las grandes potencias. En 1887 el sultán Mulay Hassan agonizaba, y España decidió concentrar barcos y tropas, en la rada de Tánger y en Andalucía, en previsión de conflictos en Marruecos. 6 Salom Costa, J., España en la Europa de Bismarck. La política exterior de Cánovas, CSIC, Madrid, 1967, p. 339. 7 En 1913, el conde de Romanones ordenó al comandante Bens ocupar Ifni, pero Francia se opuso; en 1916, ya tomado Cabo Juby, Romanones quiso intentarlo de nuevo, “pero entonces el veto de Francia tomó caracteres amenazadores, y de nuevo esta vez, directamente, el Mariscal [Lyautey] me cerró por completo el paso”. Romanones aún lo intentó una tercera vez, en 1930, pero no pasó de un tanteo diplomático. Romanones, C. de: Notas de una vida (1912-1931), Espasa Calpe, Madrid, 1947, p. 43-44. 20 Se temía que estallaran revueltas que provocaran una intervención europea. En España gobernaba en ese momento el gabinete liberal, del que era ministro de Estado Moret. 8 Moret era un ardiente intervencionista, frente a un Cánovas más cauteloso . En 1890 subió al trono el Kaiser Guillermo II de Alemania. A partir este momento se inició una política de tensión entre Gran Bretaña y Alemania por la carrera imperialista, en el que Marruecos, con su estratégica situación a la entrada del Mediterráneo, se convirtió en una pieza esencial en las disputas territoriales africanas. Los políticos españoles eran en general respetuosos con la situación de Marruecos, pero comprendían que tarde o temprano el país caería bajo dominio de alguna potencia colonial europea. En 1887 se estableció un acuerdo entre España e Italia para mantener el statu quo Mediterráneo; Italia cedió a España un pequeño territorio en el Mar Rojo, en la bahía de Anab, para instalar una base carbonífera, que podía servir para la navegación y comunicación con Filipinas, que nunca se llegó a ocupar. Sagasta se sintió incómodo con estos manejos diplomáticos de su ministro Moret, y le apartó de la cartera de Estado. 1.1.3.- El Africanismo español. A finales del siglo XIX, surgió en España un importante movimiento africanista, dividido en dos tendencias, una pacífica, de penetración a través del comercio, la sanidad, la enseñanza, etc., y otra militarista, partidaria de un control político del país para su desarrollo y explotación. Sin embargo, este partido africanista era débil. Se realizaron algunas reuniones y se crearon asociaciones como la Sociedad Española de Africanistas y Colonialistas, creada en 1886. Junto a estas acciones nace el africanismo español en el último tercio del siglo XIX, al compás del africanismo europeo, interesado en el estudio e investigación geográfica y etnográfica del continente, en el desarrollo de la "misión civilizadora de los europeos", y en el control económico y político de los amplios horizontes africanos. Fueron años de publicaciones y estudios de viajes e investigaciones a través de las diferentes sociedades geográficas, y culminaron en 1927 con la fundación del Instituto Internacional Africano, en la que participaron importantes antropólogos europeos. El africanismo español se interesó fundamentalmente por zonas fronterizas para España, es decir, Marruecos, o en territorios adjudicados a España por tratados 8 Diario de sesiones del Congreso, 31-1-1888. 21 internacionales, Fernando Poo y Guinea, que pasaron a España por el tratado del Pardo en 1778, o reconocidos por expediciones españolas (Sahara occidental, en la década de 1880). En esta labor destacaron religiosos, militares, científicos y diplomáticos, así como escritores y publicistas. El africanismo español fue ideológicamente idealista, pero la realidad de los hechos es que el imperialismo español no difirió demasiado del británico o el francés con muchas matizaciones. Entre 1860 y 1900, España desarrolló una serie de exploraciones y de publicaciones sobre sus territorios fronterizos. A partir de 1880, con la puesta en marcha del llamado “reparto de África”, el interés por el continente negro se agudizó. Se fundó la Sociedad Geográfica Española, en la que estuvieron presentes científicos y políticos. De ella derivó la Asociación Española para la Exploración de África, fundada en 1877. En 1882, el coronel Navarrete publicó Las llaves del Estrecho reivindicando la recuperación de Gibraltar y la expansión por Marruecos. En 1883 se ocupó Ifni, cedido por Marruecos en 1860, y 1884 se creó el Protectorado de Río de Oro, o Sáhara Español, tras la reclamación española en la Conferencia de Berlín. Se estableció una factoría en la península de Dajla y algunas construcciones en la bahía de Cintra y en el Cabo Blanco. En 1885 se inició la construcción de Villa Cisneros (Dajla) Más tarde se 9 creó el Protectorado de Río Muni (Guinea española) . Sin embargo, en España esas aventuras coloniales no tenían el mismo atractivo ni la misma movilización social que en otras naciones europeas, a causa de las preocupaciones provocadas por las colonias americanas y asiáticas, y por la falta de un tejido productivo suficientemente desarrollado y necesitado de un importante mercado de exportación. En consecuencia, el africanismo español fue más bien fronterizo y teórico, palabras de Morales Lezcano. Manuel Iradier exploró Guinea, y Bonelli Hernando y Cervera Quiroga, el Sahara. Durante los años 1880 el africanismo español se interesó profundamente por Marruecos, despertando el interés, por ejemplo, de Joaquín Costa. En el mitin del teatro Alhambra de Madrid, el 30 de marzo de 1884, se quiso crear una plataforma cívica para impulsar al gobierno a planificar una intervención en África. Costa propuso en aquella ocasión realizar una penetración pacífica en Marruecos, convirtiéndose en su tutora y defensora, transmitiéndole los progresos técnicos modernos, pero manteniendo su integridad territorial: 9 Payne, Stanley G.: Los militares y la política en la España contemporánea, Sarpe, Madrid, 1986, 75 y ss. 22 “Lo que España interesa, lo que España necesita, de sojuzgar el Magreb, no es llevar sus armas hasta la Atlas; lo que España interesa es que el Magreb no sea jamás una colonia europea; es que otro lado del Estrechos se construya una nación civil, independiente y culta, aliado natural de España, unida a nosotros por los vínculos del interés común, como lo está por los vínculos de la vecindad 10 y por los de la historia” . Este pensamiento fue recogido por otros, pero también fue puesto en duda por Ángel Ganivet, en el que alertaba que ocupando Marruecos “quizá no serviríamos más que de introductores de los famélicos comerciantes de Europa; y en tanto que estos recogían la utilidad práctica del cambio de poder, nosotros recogeríamos la odiosidad del pueblo dominado, quiere bien nuestra acción la causa manifiesta de todos los ataques dirigidos contra sus 11 sentimientos exclusivistas y refractarios a la civilización europea” . 1.1.4.- La Guerra de Melilla de 1893. La Restauración se impuso una política exterior que buscaba no enfrentarse con las grandes potencias europeas. España deseaba el mantenimiento de la situación del Imperio Xerifiano. Se reconoció la frontera argelino-marroquí del río Muluya tras la expedición de castigo francesa de 1830, así como los privilegios comerciales arrancados al Majzen. Lo que más interesaba a España era la garantía de fronteras, aduanas y seguridad de las guarniciones y población civil española en el norte de Marruecos. Cánovas del Castillo defendió en el Congreso que España respetaría la 12 integridad del territorio marroquí . Uno de los grandes problemas fue la cuestión de la protección consular europea concedida a ciudadanos marroquíes en los grandes núcleos de la población marroquí. Tras la Conferencia de Madrid, en 1880, hasta la Conferencia de Algeciras, las autoridades marroquíes comprobaron que las estipulaciones acordadas por las potencias europeas eran burladas en ciudades como Tánger, Casablanca, Tetuán o Agadir. Si cada potencia tenía hasta doce protegidos, en la realidad este número se doblaba y hasta multiplicaba hasta alcanzar varios cientos, socavando la autoridad del Majzen y minando sus recursos, al permitir que muchos marroquíes evadieran de esta 10 Costa, J: Intervención en el Mitin celebrado en el teatro de la Alhambra, 30 de marzo de 1884, Madrid, 1884. Pérez de la Dehesa R., En el pensamiento de Costa y su influencia del 98, Madrid, 1966, páginas 248-54, citados por Morales Lezcano, V: España y el Norte de África: el Protectorado de Marruecos (1912-1956), UNED, Madrid, 1986, p. 70. 11 Ganivet, Á.: Idearium español, Madrid, 1944, 149-51, cit. Morales Lezcano, íbidem, p. 70. 12 Diario de sesiones, Congreso, legislatura 1879-1880, Derecho de protección de España en el Imperio de Marruecos, página 1169-76; Morales Lezcano, V: España y el Norte de África: el Protectorado de Marruecos (1912-1956), UNED, Madrid, 1986, p. 41. 23 forma sus impuestos. Muchos ciudadanos marroquíes eran por tanto cómplices de la debilidad del estado marroquí. España, como Portugal, se vio arrastrada al reparto de África en el papel de “gendarme”, guardián de intereses coloniales que beneficiaban a otras potencias. Concretando, España, en la órbita de Gran Bretaña, era vista como una potencia menor que podía asumir la colonización de territorios, sencillamente para que no lo hicieran otras potencias más poderosas o enfrentadas con Gran Bretaña. Sin embargo, y pese a este papel menor, pues los territorios que España ocupó en África eran insignificantes al lado de los ocupados por otros países europeos, la resistencia con que se encontró España le llevó a aplicar, a su pesar, una postura de intervención militar, en palabras de la épova, una “política de tambor batiente”. En 1891 se envió una comisión para fijar los límites del área concedida junto a Melilla por el tratado de 1860, límites que se debían establecer para garantizar la “defensa y tranquilidad” de la plaza, para construir una nueva línea de fortines. La primera comenzó a edificarse en Sidi Auriach, (o Sidi Guariach), junto a un kubba, mausoleo, morabito o santuario musulmán, donde yacían los restos de Sidi Aguarich. La cabila local protestó, remitiendo una carta a la Reina Regente, pero el general Margallo, gobernador militar de Melilla, siguió adelante con la construcción. El Bajá local se entrevistó con Margallo, expresándole el descontento de los cabileños. el 28 de septiembre de 1893. En los días siguientes, los cabileños destruyeron la caseta elevada para la protección de los trabajadores. El 2 de octubre se produjo entonces el ataque de unos mil marroquíes de las cabilas de Guelaya (Mazuza, Beni Sicar, Beni Bu Ifrur, Beni Bugafar y Beni Sidel) que obligaron a los ciento treinta y siete soldados españoles a abandonar la posición el 2 de octubre y a retirarse a Fuerte Camellos. A las protestas diplomáticas, el Sultán contestó que no podía controlar a todos sus súbditos. España decidió enviar dos regimientos de infantería, un batallón de cazadores, varias baterías y el crucero Conde de Venadito. El 25 de octubre, España contaba con unos 4.000 soldados en Melilla. El 27 de octubre se dio un nuevo intento de construir el Fortín, pero de nuevo se vieron obligados los españoles a retirarse, frente a unos 9.000 cabileños, a Fuerte Camellos y al Fuerte de Cabrerizas Altas. Margallo retiró sus tropas avanzadas hacia Melilla, estacionándolas en el fuerte de Cabrerizas Altas, el cual, junto al fortín de la Reina Regente, formaba la línea exterior de defensa de Melilla. Durante la noche, el Fortín de Cabrerizas Altas fue rodeado por los cabileños. A las 9:00 horas de mañana siguiente salió desde Melilla un convoy para abastecer el fuerte, pero al acercarse a la posición, fue atacado. Margallo ordenó situar ante la puerta del 24 fuerte dos piezas de artillería para proteger la entrada del convoy, sin apercibirse de que los rifeños tenían enfilada dicha puerta desde la Cañada de la Muerte. Varios disparos provocaron la muerte del general Margallo. También cayó el oficial artillero. Las piezas quedaron abandonadas en la puerta, pero fueron recuperadas por el capitán del fuerte, el joven teniente Miguel Primo de Rivera y varios artilleros, tras luchar cuerpo a cuerpo 13 con los rifeños que pretendían apoderarse de ellas . La ciudad contaba con 60 viejísimos cañones, pero al hacer fuego los del Torreón de las Cabras, éste se hundió, y sólo pudieron disparar los del fuerte de Victoria Grande. El fuerte de Cabrerizas quedó cercado, y fue necesario enviar una expedición de socorro que lo salvó en el último momento, aunque estuvo apoyado por los cruceros Conde de Venadito y Alfonso XII. Se nombró como nuevo gobernador militar de Melilla al general Macías, que el 29 de octubre salió de Málaga con nuevos refuerzos. Aprovisionar a los fuertes se convirtió en una tarea difícil y muy arriesgada, tanto para los fuertes más alejados (Cabrerizas Altas, Cabrerizas Bajas y Rostrogordo) como los más cercanos (San Lorenzo y Camellos), pues los rifeños montaban emboscadas. Los días del 7 al 9 de noviembre los cabileños cesaron en sus ataques, lo que permitió reaprovisionar los fuertes y construir unos campamentos, protegidos con parapetos de piedra, que debían servir para reforzar la línea defensiva en los intervalos entre Camellos, Cabrerizas Altas, Cabrerizas Bajas y Rostrogordo, y facilitar en avance hacia Sidi Aguariach. El ministro de Estado, Segismundo Moret, expresó al Sultán su malestar, le exigió el castigo de los culpables y el pago de una indemnización. Así mismo, avisó a las potencias europeas de la posibilidad de una guerra con Marruecos. El Sultán envió a la zona a su hermano, Muley Arafa. El día 20 de noviembre, el general Macías se entrevistó con el bajá, y el día 23, con el propio Muley Arafa, sin resultado. En España aumentó la irritación hacia Marruecos, y se criticó al Gobierno por no tener bastantes fuerzas a mano. El ministro de la Guerra, López Domínguez, el 4 de noviembre, llamó a la primera reserva, 114.000 hombres, tropas sin equipo y sin medios de transporte. Se llamó a pequeños contingentes de muchas partes del país, provocando gran confusión y costando un mes reunir a los reservistas, que hasta dos o tres meses después no podrían llegar a Melilla, con oficiales sin destino. Fueron necesarias tres 13 Aunós, E.: El general Primo de Rivera, Alambra, Madrid, 1944, p. 25. Miguel Primo de Rivera fue ascendido a capitán por méritos de guerra y condecorado con la cruz Laureada de San Fernando. 25 semanas para enviar a Melilla cinco batallones de infantería y uno de artillería. En la primera quincena de noviembre llegaron otros cinco regimientos de infantería, uno de caballería y varias baterías, y en la segunda, ocho regimientos y una brigada de cazadores. Se concedió el mando de las operaciones al general Martínez Campos, aunque el propio López Domínguez lo ambicionaba públicamente. Martínez Campos desembarcó en Melilla, y se entrevistó con Muley Arafa el 28 de noviembre. Mientras tanto, se seguía organizando su fuerza. Se realizaron dos cuerpos de ejército, uno expedicionario y otro para quedar de reserva en España. Martínez Campos debía intentar llegar a un acuerdo pacífico. Con sus 22.000 soldados hizo una demostración de fuerza que provocó la retirada de los moros, que no demostraron belicosidad. La guerra demostró la falta de previsión, y la deficiente logística del Ejército. Como Melilla carecía de capacidad para albergar tantos soldados, fue preciso habilitar campamentos. Muchos soldados no tenían ni tiendas para guarecerse, y faltaban alimentos y agua. Aparecieron enfermedades como sarampión, gripe y malaria. Hubieron algunas protestas contra la movilización en varias ciudades. Estas tropas se dedicaron durante su estancia en Melilla a cavar trincheras. La fuerza de choque era el Batallón Disciplinario, compuesto de presidiarios que cumplían así su condena, al mando del teniente coronel 14 Ángel Mir . El capitán Francisco Ariza formó una unidad de veintidós presidiarios, la llamada “Partida de la Muerte”, con la que efectuaba salidas para capturar cabileños. Era una experiencia que ya había practicado en Cuba, donde consiguió capturar a un famoso guerrillero. Pero esta partida tuvo mala suerte, y a los pocos días de actuar, el 29 de noviembre capturó a un cabileño, Amadi, que resultó ser un confidente de los españoles. Uno de los penados, de apellido Farreny, le había cortado las orejas, y como medida disciplinaria, Martínez Campos le mandó fusilar. El confidente fue condecorado por su sacrificio. El caso llegó hasta el Congreso, pues se consideró que Martínez 15 Campos se había excedido en la pena . Muley Arafa se mostró conciliador. Se comprometió en nombre de su hermano al envío de tropas para pacificar las cabilas, y la entrega de los culpables, Maimon Mohatar, jefe de los Beni Sicar, y su sobrino, Abd el Kader, los cuales, no obstante, serían juzgados en Tánger con arreglo a la justicia marroquí. Los jefes de las cabilas 14 ABC, 25 de noviembre de 1893. http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/blanco.y.negro/1893/11/25/007.html 15 http://server4.foros.net/viewtopic.php?t=123&mforum=militar. www.melillense.info/periodico/numero08/08Melillense23.pdf 26 saludarían a la bandera española, y harían manifestaciones de amistad. Los cabileños no se opusieron pues deseaban en fin de las hostilidades y la reapertura del comercio con Melilla. Por otro lado, la artillería española había dañado considerablemente viviendas y aduares de los cabileños, así como causado víctimas civiles. La precaria economía de la comarca se había resentido gravemente con el enfrentamiento, y había hambruna. Los líderes cabileños comenzaron a discutir entre ellos, y finalmente los cabecillas fueron entregados. Al finalizar noviembre, se reanudó la construcción del Fortín, y al acabar el año, los marroquíes habían pedido una tregua. Pese a que en el gobierno de Sagasta, el ministro de Exteriores, Moret, y el de Guerra, López Domínguez, deseaban una expedición de castigo, Martínez Campos aceptó la paz y viajó a Marrakesh, como embajador extraordinario, llegando a un nuevo tratado con el sultán el 5 de marzo de 1894, obteniendo una indemnización de 20 millones de pesetas, la promesa de castigo para los culpables, y permitir el establecimiento de tropas españolas en territorio queda 16 jurídicamente marroquí. Se cerraba esta llamada “Guerra Chica” . Se había puesto de manifiesto la debilidad del Ejército español, que fue achacada a la falta de dinero, aunque también tenían su parte de responsabilidad la falta de planes o una mejor organización, cuando había quedado de manifiesto en que los fuertes de Melilla no estuvieran preparados para la defensa y carecieran de víveres y municiones. Existía además un importante contrabando de guerra, pues los rifeños se armaban con rifles modernos suministrados por agentes españoles. Estos hechos fueron denunciados en el Congreso, en la sesión, por ejemplo, del 8 de mayo de 1894, por Nicolás 17 Salmerón En la negociación con Marruecos, la posición española se debilitó paulatinamente. Otro síntoma de la ineficacia del Ejército fue la pérdida en un temporal del crucero Reina Regente al regresar a España después de dejar en Marruecos al enviado que había ultimado el tratado. En 1894 con la muerte de su padre, el sultán Muley Hassan, subió al trono marroquí Abd al-Aziz. Como Abd el-Aziz era muy joven, el chambelán Ba Ahmed rigió el país como regente, hasta su muerte en 1900. La corte era lujosa y espléndida. Las tropas del sultán, las Mehal-las, recorrían el territorio saqueándolo y cobrando 18 impuestos . Crecían el descontento y el malestar en la población. En 1902 estalló la 16 Rodríguez González, A.R., La guerra de Melilla en 1893, Almena, Madrid, 2008. 17 http://www.filosofia.org/mon/kra/8940508.htm. 18 Woolman, D.S., Abd el-Krim y la guerra del Rif, Oikos-Tau, Barcelona, 1971, p. 15. 27 rebelión de Bu Hamara en el noroeste del país, excepto en el Rif, mientras en la Yebala se levantó contra el sultán el Raisuni, Raisuli o Raysuli. Volviendo a 1894, el nuevo sultán quiso renegociar el tratado, enviando a Madrid a un eminente erudito tetuaní, Sid Abd el Krim Bricha. La prensa belicista atacó al embajador, y el general Miguel Fuentes, del que se dijo que estaba trastornado, le abofeteó: su intención era encender de nuevo la guerra. Avergonzado, el Gobierno cedió en algunas de las peticiones marroquíes, y la propia Reina Regente se disculpó. 1.1.5.- El reparto de Marruecos. Pocos meses después, en 1895, estalló la “Guerra Chica” en Cuba, y Marruecos fue olvidado por España. Sin embargo, Marruecos era un problema que preocupaba a toda Europa, sobre todo a Gran Bretaña, Francia y Alemania. Gran Bretaña quería evitar el asentamiento de una potencia europea en la costa enfrentada a Gibraltar, que controlara el puerto de Tánger, o que pudiera cerrar el Estrecho. Por eso, en el acuerdo anglo francés de 1904 se garantizaba a España el Rif y la Yebala, con paridad comercial con Alemania en los privilegios comerciales. Por otro lado, Gran Bretaña deseaba protección para los derechos de sus ciudadanos. En ese sentido, Gran Bretaña ya había firmado con Marruecos el Tratado General, y el Convenio de Comercio y Navegación del 9 de diciembre de 1856. Marruecos contaba con la presencia de representantes oficiosos de naciones europeas, como los británicos Sir Harry Maclean, o Walter B. Harris, aventureros y comerciantes. Esta presencia occidental molestaba mucho a los marroquíes. En 1902 fue asesinado en Fez un misionero luterano, el doctor Cooper. Su asesino se refugió en un santuario o zawía en Mulay Idris, al norte de Mequínez. El sultán ordenó apresarlo y ejecutarlo, lo que escandalizó a muchos marroquíes. Pero Gran Bretaña no deseaba controlar Marruecos, acababa de salir de la guerra de los boers, y necesitaba un período de paz. Por otro lado, en esos años comienzan a desarrollarse los primeros acorazados, lo que abre la carrera naval entre Alemania y Gran Bretaña. En 1906 se botaría el HMS Dreadnought, no sin que antes hubiera una intensa discusión sobre tecnología militar naval, y tanto USA como Japón presentaran sus incipientes diseños. Gran Bretaña deseaba mantener a Marruecos como un “estado tapón”, con gobierno y soberanía indígena. Pero chocaba con las ambiciones de Francia. Francia extendió su dominio por el norte de África, y a finales del siglo XIX quiso reservarse para así todo el Magreb. En contraste, en los primeros años del siglo XX, España había 28 mostrado poco interés en extender su influencia en África. Tras la derrota española en 1898, España se encontraba en una débil posición internacional. Francia ambicionaba Marruecos, pero sabía que Gran Bretaña no iba a permitir que ocupara la costa enfrentada a Gibraltar. La única solución que parecía posible para Francia, era llegar a un acuerdo de reparto del territorio marroquí con España, ofreciendo ambos países un frente unido frente a Gran Bretaña. Francia, además, necesitaba mantener buenas relaciones con España para conservar abiertas las rutas que la unían con Argelia. En este punto, los conservadores españoles temían la reacción británica, mientras los liberales defendían llegar a un acuerdo bilateral con Francia sin contar con Gran Bretaña. En 1902 se llegó a un primer acuerdo entre Francia y España, pero en ese momento Francia se encontraba en una relación tensa con Gran Bretaña debido al incidente de Fachoda. En 1898, Francia intentó penetrar en el Sudán, precisamente cuando Gran Bretaña acababa de derrotar la sangrienta rebelión del Mahdi. También Francia había ocupado Túnez en 1881, frustrando la ambición de Italia hacia ese territorio. En 1901, Francia e Italia llegaron a un principio de acuerdo, por el que la segunda ocuparía Tripolitania. A cambio, Italia no se opondría a las pretensiones galas sobre Marruecos. Las negociaciones entre Francia y España sobre Marruecos fueron llevadas a cabo por el ministro Delcassé y el embajador en París León y Castillo: Francia gobernaría el reino de Marrakech, y España el de Fez. El reparto de 1902 establecía que Francia permitiría a España que ésta ocupara el antiguo reino de Fez y el área de Rio de Oro. De esta forma, Francia procuraba atraerse a España a su órbita, pues aunque le cedía parte de Marruecos, era un país debilitado que no supondría una competencia 19 seria . El gobierno Sagasta, que no estaba entusiasmado con el tema, siguió adelante con las negociaciones, pero cuando el embajador en París, León y Castillo, llegó a Madrid con el tratado bajo el brazo, cayó el gobierno liberal, y le sucedió el conservador Silvela. Gran Bretaña se opuso a que el tratado se firmase sin su aprobación, y amenazó a una España sin fuerzas navales con ocupar las islas Canarias, las Baleares o Algeciras 20 si no permitía su sanción del tratado de reparto . El gobierno conservador no firmó este acuerdo para no enfrentarse con Gran Bretaña. Pero mientras tanto, Gran Bretaña y 19 Balfour, S.: Abrazo mortal. De la guerra colonial a la Guerra Civil en España y Marruecos (1909- 1939),Península, Barcelona, 2002, p. 26; Woolman, D.: Abd el-Krim y la guerra del Rif, Oikos-Tau, Barcelona, 1971, p. 17-19. 20 Carrasco González, A.M., “Marruecos y España en el contexto internacional del siglo XIX y principios del XX”, en Alía Miranda, F (coord.), La guerra de Marruecos y la España de su tiempo (1909 1927), Sociedad don Quijote de conmemoraciones culturales de Castilla-La Mancha, Ciudad Real, 2009, p. 21. 29 Francia se acercaron, presionadas por la ambición germana, y firmaron la Entente Cordial en 1904. En febrero de 1903, Gran Bretaña comenzó a ceder para acercarse a Francia: manifestó que llegaría a un acuerdo con Francia sobre el territorio marroquí, en el que los británicos tendrían en cuenta los derechos de España, pero España pasaba a un segundo plano en las negociaciones. El ministro francés de Asuntos Exteriores, Théophile Delcassé, germanófobo y colonialista, conociendo las reticencias de Madrid, decidió ignorarla. En la declaración franco-británica del 8 de abril de 1904, Francia declaraba abandonar sus pretensiones en Egipto, y Gran Bretaña aceptaba el protectorado de Francia sobre Marruecos. Francia se comprometía a no cambiar el status político en Marruecos, y su misión sería mantener la tranquilidad en el país; no podría fortificar la costa, y debería negociar con España la cesión de ésta del control sobre el Marruecos septentrional. Se reconocían los derechos españoles, pero el reparto concreto debería ser realizado bilateralmente entre Francia y España, aunque en un anexo secreto ya se establecía el territorio que iba a ocupar el protectorado español, y que representaba prácticamente la mitad de lo que Francia había acordado con España en 1902, y que aún se vería más reducido en el futuro. De esta forma, Gran Bretaña se aseguraba de que Francia no controlara el territorio inmediato de entrada al Mediterráneo, y además, Gran Bretaña impidió a España ocupar la isla de Perejil, situada frente a Gibraltar; algo a lo que se oponía desde mediados del siglo XIX. Este acuerdo disgustó a Alemania, pues rompía el Convenio de Madrid de 1880. Superadas las reticencias británicas, España ya no tuvo inconveniente de aceptar la cesión de la parte correspondiente de Marruecos. Para entonces, Francia adujo que había debido realizar compensaciones territoriales a Italia en Libia, y en consecuencia, no podía ser tan generosa respecto a España. España y Francia acordaron un recorte de la zona española. El gobierno de Maura, siendo ministro de Estado Rodríguez Sampedro, negoció con Francia la zona española, que Francia, como se ha dicho, redujo sustancialmente respecto a la pactada inicialmente en 1902, eliminando de la misma Taza y Fez. Ésta pasaba a ser un área comprendida, de este a oeste, desde el río Muluya (convertido en frontera entre Argelia y Marruecos) hasta el Atlántico, y desde el Mediterráneo hasta el sur, una línea 40 km al norte del río Werga y de Fez. Este acuerdo 21 fue mantenido en secreto hasta 1911 . España no podía hacer otra cosa más que aceptar, y acató los límites establecidos en la declaración hispano-francesa de París del 21 Woolman, D.: Abd el-Krim y la Guerra del Rif, p. 19. 30 3 de octubre de 1904. En ella, España se adhería a la declaración franco inglesa del 8 de abril; se le reconocían a España los mismos derechos que tenía Francia en la suya: "conservar el orden en este país y facilitarle ayuda para todas las reformas administrativas, económicas, financieras y militares que necesita". Es decir, el acuerdo asignó a España la misión de facilitar ayuda a Marruecos para llevar a cabo las reformas militares, económicas y administrativas de las que estaba tan necesitado. ¿Por qué aceptó España? Porque era la única forma de salir del aislamiento internacional. Tras el Desastre de 1898, había quedado claro que la postura de neutralidad entre las grandes potencias había dejado aislada a España, y le había impedido gozar de protección o de apoyo en la guerra contra los Estados Unidos. La creciente tensión internacional de este periodo, conocido como la Paz Armada, aconsejaba a los gobiernos españoles buscar algún tipo de alianza o de acercamiento. 22 Marruecos era, para León y Castillo, "un asunto de seguridad nacional y fronteriza" , y según Silvela, se aceptaba Marruecos "tan sólo por evitar males mayores de orden 23 político e internacional" . En el tratado hispano-francés de 1904 se preveía la posibilidad de intervención en el territorio en el caso de que el gobierno indígena fuera incapaz de mantener el orden o amenazara con colapsarse y amenazar el status quo de la región. En el fondo, ésta era la razón de ser de un Protectorado: la protección de los intereses europeos a través de una intervención militar y política directa. Fue este deseo de protección de los intereses europeos, lo que llevó a Francia a interesarse cada vez más por Marruecos. Las tribus rifeñas hostilizaban el territorio argelino ocupado por Francia, lo que llevó a la realización de expediciones de castigo. Entre 1903 y 1906, el mariscal Lyautey aprovechó las mismas para consolidar los avances de la frontera argelina sobre Marruecos, establecidos en el tratado de Lalla 24 Marnia en 1845, algo que inquietó profundamente a Madrid . La irritación de Alemania, que se había visto apartada de Marruecos, pronto tuvo manifestación. Alemania tenía grandes intereses comerciales en Marruecos. Su flota mercante era la tercera en importancia en recalar en puertos, sus negociantes recorrían el país, compraban casas y tierras, y eran apreciados por los marroquíes, se mantenían abiertos nueve consulados, y oficinas postales. En este ambiente, el canciller Von 22 Balfour, S., op. cit (2002), p. 30. 23 Balfour, S., op. cit (2002), p.31. 24 Morales Lezcano, V.: Historia de Marruecos, Esfera, Madrid, 2006, p. 175-178. 31 Bülow decidió “mostrar el pabellón” y convenció al Káiser Guillermo II para que utilizara su crucero de primavera por el Mediterráneo y fondeara su yate en Tánger. El 31 de marzo de 1905, Guillermo II visitó Tánger en una maniobra para reivindicar los derechos de Alemania en África, y sobre todo, exigir ventajas para su comercio. El Kaiser reivindicó la soberanía del Sultán, el mantenimiento de la soberanía marroquí, la integridad de Marruecos y la libertad de comercio. En un segundo plano, Alemania pretendía romper la Entente Cordial entre Francia y Gran Bretaña. Esta circunstancia provocó la caída de Delcassé. Alemania exigió la convocatoria de una nueva conferencia, que se celebró en Algeciras en 1906. En vísperas de la celebración de la Conferencia de Algeciras, Francia ya había pactado su preponderancia en Marruecos a través de acuerdos con Gran Bretaña y con España, en este caso con conversaciones con el embajador español en París, León y Castillo. La crisis interna en Marruecos se había agudizado con revueltas, aparición de pretendientes o “roguis”, y el desencadenamiento de una guerra civil por la sucesión al trono, todo lo cual apoyaba la idea de una intervención europea. Francia adujo que la intranquilidad generada por Marruecos podría perjudicar sus dominios coloniales en la región. En 1906 se celebró la Conferencia de Algeciras, sancionando el statu quo. A esta conferencia acudieron las principales potencias europeas: Alemania, Marruecos, Gran Bretaña, Francia, España, Italia, USA, Austria-Hungría, Bélgica, Países Bajos, Portugal, Dinamarca, Rusia y Luxemburgo. Sin embargo, las pretensiones alemanas se vieron frustradas, y la posición francesa salió reforzada, gracias al apoyo británico. Se decidió mantener la soberanía marroquí, así como los derechos comerciales de todos los estados europeos; se decidió también la creación de una fuerza de policía para mantener el orden, que estaría integrada por indígenas y adiestrada y mandada por oficiales franceses y españoles. La principal perjudicada en la conferencia fue la propia Marruecos, que vio menoscabado su gobierno, y rebajado en la praxis a un protectorado. Marruecos quedaba abierto al comercio internacional, y se garantizaba la soberanía del Sultán. Por otro lado, España vio claramente que no podía hacer nada en Marruecos sin contar con la aprobación de franceses y británicos. Posteriormente se firmó el convenio de Cartagena del 8 de abril de 1907 por el que se aseguraba el respeto a la integridad territorial de España, Francia y Gran Bretaña: es decir, se frenaban o negaban las reivindicaciones alemanas sobre el norte de África. Ese día, la visita del rey de gran Bretaña, Eduardo VII, a la ciudad, consagraba el statu quo en el Mediterráneo, España 32 se convertía en amiga de Francia y Gran Bretaña, y se posicionaba contra la expansión alemana en el Magreb. Tomando como excusa la muerte del doctor Mauchamp en Marrakech, Francia ocupó Uxda y la margen sur del Muluya. En 1908, los españoles tomaron la Restinga y el Cabo de Agua. Por su parte, Alemania obtuvo compensación a sus demandas con el acuerdo franco-germano del 9 de febrero de 1909. Los alemanes aceptaron la situación, pero en 1911 enviaron el cañonero Panther a Agadir para defender sus intereses. El Panther desplazaba 1.000 T, y montaba dos cañones de pequeño calibre y seis ametralladoras. Era un desafío a Francia, pues los germanos no tenían intereses en Agadir. Francia se vio obligada a ceder a Alemania territorios en África. El 4 de noviembre de 1911, Alemania aceptó el tratado anglofrancés de 1904, así como el establecimiento de un 2 protectorado en Marruecos; a cambio, recibió de Francia 710.000 km en el Congo Francés, y el mantenimiento de sus derechos comerciales en Marruecos. Ambas prebendas fueron suprimidas tras el final de la Primera Guerra Mundial. 1.1.6.- Interés español en Marruecos. Entre 1900 y 1912, aparecieron grupos de presión colonialistas españoles que preconizaban la penetración en Marruecos. En ese sentido habría que destacar los Centros Comerciales de Madrid, Barcelona y Tánger, presididos por empresarios y comerciantes partidarios de una penetración pacífica en el continente. A partir de 1907 se celebraron Congresos Africanistas en Madrid, Zaragoza y Valencia, desatando una euforia que se vería plasmar con la fundación de la Liga Africanista Española en enero de 1913, cuya finalidad era presionar al Estado y mostrar a la opinión pública acerca de los intereses y derechos españoles en África. No obstante, esta postura se estrellaba contra la realidad de la resistencia indígena y la escalada militar consiguiente. Muchos africanistas desarrollaron una postura crítica, como la de Maura Gamazo, para elegir el Magreb como campo de expansión colonial española, con el salvajismo que denotaba frente a los intentos de penetración pacífica, aún no había alcanzado "aquel grado de 25 evolución que la empresa requiere" . De 1912 a 1927 se hizo patente la contradicción entre la idea de una "penetración pacífica", pacifista, mercantilista y civilizadora, frente a la aplicación de 25 Maura Gamazo, La cuestión de Marruecos desde el punto de vista español, Madrid, 1905, p. 301, cit. Morales Lezcano, Ibíd. P. 75 33 medidas represoras propias de política colonial. Las derrotas militares, la lenta aplicación de la colonización efectiva, la oposición religiosa y cultural de la sociedad rifeña, y la escasa repercusión económica de la explotación tanto del Protectorado como de Guinea y Fernando Poo, plantearon un profundo escepticismo que llegaría hasta la Guerra Civil Hubo una importante corriente cultural española interesada en los temas africanos, arábigos y orientales. El arabismo español de finales del XIX también participó de la Cuestión de Oriente y del africanismo, aunque fue más africanista que orientalista. Julián Ribera defendía un intervencionismo civilista y mercantilista en Marruecos, tras describir la escasez de los recursos puestos al servicio de la causa colonial, la incompetencia diplomática española en el mundo islámico, y el desinterés de España por los temas africanos y marroquíes. Ribera defendía el fortalecimiento del 26 Imperio Xerifiano para que dejara de excitar las ambiciones de las potencias europeas . Durante la República, en 1932, se creó la Escuela de Estudios Árabes de Madrid y Granada, dependiente del Ministerio de Instrucción Pública, donde trabajaron importantes estudiosos. También a finales del siglo XIX se desarrolló el filosefardismo, debido al rechazo del antisemitismo imperante en la Europa de 1900, la lucha por la tolerancia en España, y el africanismo. La instauración del Protectorado llevó a desarrollar una política desde el Ministerio de Estado favorable hacia las comunidades sefarditas del Mediterráneo, buscando el encuentro y la reconciliación, y la intensificación de los estudios, como los de Menéndez Pidal, o Manrique de Lara, sobre la literatura sefardí oral aún conservada. Otro aspecto fue el interés por la lengua y la cultura bereber, por sus usos y costumbres. La alta densidad de población bereber en el Rif, así como su dura resistencia a la ocupación española, suscitaron el interés de estudiosos como Sarrionadia, Ghirelli, Blanco Izaga, Ibáñez Robledo… El africanismo produjo un efecto muy importante sobre la historiografía española, al suscitar interés por la importancia del papel que la cultura musulmana y judía habían jugado en la historia de España, dando origen a los estudios polémicos de Américo Castro, junto a los de Sánchez Albornoz, o las reflexiones de Ortega y Gasset. 26 Ribera y Tarragó, “El problema de Marruecos. Su doble aspecto, internacional y español los Ministerios de Instrucción Pública y de Estado en la cuestión de Marruecos”, en Disertaciones y opúsculos, Madrid, 1928, v. II, p. 365-480 34 Pero en general, los estudios africanistas españoles fueron de importancia en el campo de las Ciencias Naturales, pero en el campo de las Ciencias Humanas adoleció de grandes defectos por falta de conocimientos del idioma, y no gozaron de tanto prestigio como los estudios franceses. Sin embargo, los gobiernos españoles no compartían en su totalidad el entusiasmo colonial, sobre todo los conservadores. En 1912, Francisco Silvela afirmó: “…debemos desterrar de entre nuestras preocupaciones la de que la situación de Marruecos (…) sea beneficio y riqueza para nosotros, cuando, por el contrario, es motivo de pobreza, de esterilidad y de estancamiento para España, y lo aceptamos y lo debemos mantener tan sólo por evitar males mayores de 27 orden político e internacional” . Los liberales eran más partidarios de la acción colonial. Algunos de ellos, como 28 el conde Romanones, tenían intereses en las minas del Rif . Se consideraba al Protectorado una “obra de civilización”. 1.1.7.- El ejército español ante Marruecos. Otro sector interesado en la expansión colonial, era el militar. Tras la amargura que supuso el Desastre de 1898, parecía que la ocupación de Marruecos ofrecía la posibilidad de reverdecer laureles y recuperar protagonismo en la vida nacional, maltratado por el desprestigio de la derrota, el auge de los movimientos izquierdistas claramente antimilitaristas, como el republicanismo o el socialismo, así como el crecimiento de los nacionalismos periféricos. Por otro lado, un sector del Ejército, a través de su prensa militar, planteó su propio programa regeneracionista, que fue 29 desoído por la sociedad civil . El Ejército español surgido tras el Desastra de 1898 es muy diferente al del siglo XIX. Desde la Guerra de la Independencia, e incluso antes, las fuerzas armadas españolas habían sido en buena medida ideológicamente liberales e impulsoras de pronunciamientos con dicho tinte político. Tras el Desastre, los militares se encontraron con las agresiones de los nacionalismos periféricos, de la izquierda no dinástica, y de muchos medios de comunicación y dirigentes políticos que les acusaron de ineficacia, incapacidad o incluso de cobardía. Las diatribas del conde de las Almenas, exigiendo 27 Citado por Balfour, S., op. cit, p. 30-31. 28 Morales Lezcano, V. (2006), op. cit. p. 293-299. 29 González-Pola de la Granja, P.: La configuración de la mentalidad militar contemporánea (1868- 1909), Ministerio de Defensa, Madrid, 2003, 333-340. 35 ahorcar a los generales con sus fajines tras arrancarles las cruces del pecho, son un buen ejemplo de ello. No hubieron desfiles, ni reconocimientos, ni homenajes para los vencidos, solo dolorosos e ingratos procesos. El Ejército se sintió atacado y 30 abandonado, y quedó resentido contra la clase política . El Ejército se aisló en buena medida de la sociedad El ejército español no fue ajeno a los cambios de mentalidades de la época. Tras la guerra franco-prusiana de 1870, el ejército alemán se convirtió en modélico para la época. Este ejército se basaba en la tradición, la disciplina y el patriotismo exacerbado; pero además, el ejército alemán mantuvo un clasismo interno, basado en la aristocracia prusiana. Este ejemplo alemán impuso en la Europa nacionalista la idea del ejército como galvanizador y espina dorsal de la nación. “El servicio militar obligatorio permitía una inmersión patriótica (…) sublimando el concepto de patria mediante las acostumbradas 31 ceremonias castrenses de jura de bandera, entonación de himnos patrióticos, etc.” . Pero la ofensiva nacionalista periférica, y antimilitarista de la izquierda, empujó a los mandos del Ejército español hacia el conservadurismo. El reclutamiento en España adolecía de muchos defectos, entre ellos el estar sometido a chanchullos y corrupción, así como a la redención a metálico que permitía a un mozo pagar una cantidad de dinero –entre 1.500 y 2.000 pesetas hacia sinales del siglo XIX- para eludir el servicio, o la admisión de un sustituto que, pagado por el sorteado, hacía el servicio militar por él. El reclutamiento era un arma para mantener el control en las poblaciones por parte de los caciques locales a través de los ayuntamientos. Frente a este sistema, algunos militares defendían la abolición de las injusticias que acarreaba, y defendían el establecimiento de un servicio militar igualitario y obligatorio. El modelo prusiano de reclutamiento para un servicio militar obligatorio se adaptó en España, estableciendo el Gobierno liberal de Sagasta en 1882 un servicio militar de doce años, aunque sólo se permanecería en filas los tres primeros, y en la práctica veinticuatro meses, por motivos presupuestarios. Existía la redención a metálico para aquellos mozos que no quisieran servir. El 1887, Sagasta nombró ministro de la Guerra al general Cassola, que quiso implantar un servicio militar obligatorio, independientemente del origen social y ecónomico de los llamados a filas. El proyecto 30 Alonso, J.R., Historia política del Ejército Español, Editora Nacional, Madrid, 1974, p. 429. 31 Martínez Roda, F. (dir.), Historia del Mundo Contemporáneo, Tirant lo Blanch, Valencia, 2008, p. 350 36 tropezó con mucha oposición, incluída la de los generales, que no querían ver a sus hijos convertidos en reclutas. Por otro lado, Cassola deseaba suprimir el dualismo de empleos de que gozaban los Cuerpos Facultativos o Armas de Ingenieros y Artilleros, y los oficiales de Estado Mayor: estas Armas se opusieron a la reforma, pero la oficialidad 32 de Infantería la apoyó . Sagasta tuvo que prescindir de su ministro de la Guerra, abriéndose una virulenta crisis por las protestas de los militares, que fue acallada poco a poco por la hábil gestión de Sagasta. En 1890, el general Azcárraga, ministro de la Guerra en el gabinete de Cánovas, 33 quiso recuperar el proyecto de Cassola e implantar el servicio militar obligatorio . El general Linares redactó un borrador que, según Puell de la Villa, se convirtió en el texto de referencia hasta 1910. El proyecto quedó aparcado por los vaivenes políticos. En 1893 estalló la llamada guerra de Melilla, que evidenció las grandes deficiencias del sistema de reclutamiento y organización, pese a su brevedad y escasa importantacia. En 1895 se reabrió la guerra en Cuba, con lo que el problema se agravó. Se convocó a voluntarios y se llamó a los soldados de la quinta de 1891, licenciados el año anterior por necesidades presupuestarioas pero aún en servicio. De esta forma, se enviaron a Cuba 58.000 hombres. Pero al decretar el contingente de 1895, las familias se alarmaron al ver que los sorteados con números altos ingresaban en caja, y que más de la cuarta parte del cupo era enviada a Cuba y Filipinas. Se buscaron los resortes para librarse del servicio, provocando una “oleada de casos de corrupción, prevaricación y cohecho en las operaciones de reclutamiento como no se había conocido hasta entonces. Los caciques locales excluyeron a sus protegidos de las listas que se remitían a las zonas, sin dejar opción a los perjudicados para recurrir a falsificar las relaciones expuestas 34 en los tablones del Ayuntamiento” . Se dispararon las deserciones. Se creó un auténtico mercado de prófugos vendiendo exenciones legales. Se denunciaba a prófugos inexistentes para liberar del reclutamiento a mozos amparados por la identidad de aquéllos. Se contrataba a sustitutos que en Caja de Reclutas eran declarados inservibles, pero entonces se convocaba al siguiente de la lista, mientras que el sustituido se libraba. 32 Puell de la Villa, F., El Soldado desconocido. De la leva a la “mili”, Biblioteca Nueva, Madrid, 1996, p. 288-289. 33 En palabras de Romanones, Azcárraga era la persona ideal para “servir de puente en cuantos momentos se imponía un cambio radical. Puede decirse que Azcárraga no era un hombre: era una cimbra”: Romanones, C. de, Notas de una Vida (1868-1901), Aguilar, Madrid, 1934, p. 153. 34 Puell de la Villa, F., El Soldado desconocido. De la leva a la “mili”, Biblioteca Nueva, Madrid, 1996, p. 294. 37 Se sobornaba a médicos y funcionarios. Fue necesario endurecer el sistema y el control, lo que por un lado aumentó el reclutamiento, y por otro las deserciones. Amplios sectores de la sociedad española reclamaban un sistema de reclutamiento igualitario y justo, sin favoritismos ni privilegios para los pudientes. 35 Weyler y Linares, generales y ministros de la Guerra, intentaron reformar la ley de reclutamiento en 1902 y 1904 respectivamente, sin conseguirlo. En 1907, en el gabinete Maura, el general Fernando Primo de Rivera quiso reorganizar el Ejército en base a una división reforzada de 16.000 hombres, complementada con unidades paramilitares donde se integrarían el resto de reclutas en las regiones militares, pero el proyecto no cuajó. Le sustituyó el general Linares, firme partidario de crear un ejército integrado por reclutas provinentes del reclutamiento obligatorio. Su plan, presentado en 1909, eliminando la redención a metálico por la cuota militar, pensada para jóvenes que estaban cursando una carrera universitaria o que estaban trabajando al ser llamados a filas, y que se establecía en relación a los ingresos familiares. Se trataba de fijar una cuota a pagar, en relación directa con el tiempo que se iba a permanecer en el servicio, pero no fue aprobado. Fue necesario el revulsivo de la Semana Trágica de Barcelona, para abolir la redención en metálico y establecer el reclutamiento obligatorio. El propio Alfonso XIII, en su discurso de apertura del Congreso tras las elecciones de mayo de 1910, aludió a la necesidad de implantar dicho servicio militar obligatorio. El general Aznar asumió la cartera de Guerra en el gobierno para llevar adelante la reforma establecida por Linares, que finalizaría el general Luque en enero de 1912. Este hecho, como destaca Puell de la Villa, supuso un gran avance social, y contribuyó a la mejora de la vida cotidiana de los 36 soldados . Este Ejército español adolecía de exceso de oficialidad. En 1900 había 529 37 generales y 23.767 oficiales, para 110.926 soldados . En general, había un oficial para cada siete soldados, y la mitad del presupuesto militar se destinaba a pagar salarios, lo 35 Valeriano Weyler tuvo relaciones difíciles con Alfonso XIII. Como ministro de la Guerra con los liberales, se preocupó entre otras cosas por mejorar la calidad del Ejército y más en concreto de su artillería, adoptando en cañón de campaña francés Schneider de 75 mm; por la promoción profesional de los sargentos y la mejora de sus condiciones de vida, uno de los problemas que arrastraba el Ejército y que había supuesto un factor de inestabilidad y de politización extremista para el mismo durante el siglo XIX: Cardona, G., Losada, J.C., Weyler, nuestro hombre en La Habana, Planeta, Barcelona, 1997, p. 256-259. 36 Puell de la Villa, F., El Soldado desconocido. De la leva a la “mili”, Biblioteca Nueva, Madrid, 1996, p. 300-301. 37 Anuario Militar 1900, Ministerio de la Guerra, 1900. 38 que impedía renovar el material y realizar entrenamiento, maniobra y sostenimiento adecuado de infraestructuras. 1.1.8.- La situación interna en Marruecos y la intervención europea. La aventura africana presentaba al Ejército la oportunidad de recuperar el prestigio. Pero para los políticos, la situación no estaba tan idílica. Las comarcas asignadas a España reconocían nominalmente al Sultán, pero sólo nominalmente, y el Ejército debía asumir el doble papel de imponer el orden en nombre de España y del Sultán, y de frenar los pies a las ambiciones francesas, en una población que precisamente no deseaba ser sometida ni por potencias extranjeras, ni por el propio Sultán. Las autoridades españolas se encontraban con la posibilidad de mantener el orden negociando con las autoridades locales a espaldas o contra los intereses del Sultán, o bien cumplir los tratados establecidos e imponer la doble autoridad metropolitana y del Majzén o gobierno del Sultán. En esta contradicción, España mantuvo alternativamente una postura u otra. Con el Tratado de Algeciras en la mano, se podía invocar una acción militar directa, como empezó a hacer Francia en su sector del Protectorado, cuando fue asesinado el doctor Mauchamp en Marrakech en marzo de 1907. La situación política interna marroquí se degradó, al estallar las revueltas de Bu Hamara y del Raisuni. Los franceses comenzaron a actuar. En 1903 el sultán Abd al- Aziz se comprometió a participar y apoyar la operación francesa de represión de la cabila de los Beni Snasser en Uxda, en la frontera con Argelia. El entonces coronel Hubert Lyautey emprendió la expedición, sin que las tropas de la Mejal-la aparecieran, con lo que ocupó Uxda, que ya no se desaguarneció. En 1906, el erudito y etnógrafo francés doctor Mauchamps, fue asesinado en Marrakech. No se sabe si la muerte de este médico se debió a instigaciones de agentes alemanes, o a la irritación que las actitudes y 38 posturas del galeno provocaban entre los marroquíes , quizá por su denuncia de los hechiceros locales. Rápidamente, las tropas francesas se desplazaron a Casablanca y ocuparon Marrakech. Francia disponía de la maquinaria militar puesta a punto por Lyautey en Argelia, y ocupó el área de Uxda el 29 del mismo mes destacando tropas desde Argelia, según declaró, de forma provisional para restaurar el orden. 38 Martínez de Campos y Serrano, C.: España bélica. El siglo XX. Marruecos, Aguilar, 1972, p. 58; Woolman, D.: Abd el-Krim y la guerra del Rif, p. 24. 39 Paralelamente, la instalación del telégrafo sin hilos y la ampliación de las obras del puerto despertaron la irritación de los marroquíes de la comarca de Casablanca. El 30 de julio de 1907 fueron asesinados en Casablanca nueve colaboradores marroquíes que trabajaban para los franceses, siendo apedreados brutalmente. Una locomotora y varias vagonetas fueron incendiadas y destruidas. Estalló una revuelta en la ciudad, y los extranjeros tuvieron que refugiarse en sus legaciones o en los barcos surtos en el puerto. Uno de ellos zarpó hacia Tánger con cuatrocientos refugiados a bordo. Francia envió un buque de guerra, el crucero Galilée que bombardeó el barrio árabe el 5 de agosto como represalia. Los marroquíes se levantaron y atacaron a su vez el barrio judío, sometiéndolo a pillaje. Por su parte, España envió el cañonero Don Álvaro de Bazán, que llegó ese mismo día, el 5 de agosto, y que no tomó parte en el bombardeo. Los franceses desembarcaron sesenta marineros del crucero y una compañía del transporte Du Chayla, seguidos de cuarenta hombres del Bazán. Estas tropas se dedicaron a proteger los consulados extranjeros de la revuelta. En días siguientes llegaron el Río de la Plata, y de un transporte español con trescientos hombres del Regimiento de Infantería de Ceuta y un escuadrón del Regimiento Alfonso XII, todos ellos al mando del comandante Santa Olalla. Francia pidió a España el envío de una fuerza militar mayor, pero el presidente del Gobierno, Antonio Maura, se negó, afirmando que una nueva represalia aún desestabilizaría más la zona, e interrumpiría el tráfico comercial. Las tropas francesas, unos 2.500 hombres, llegaron a Casablanca y sometieron con rudeza la revuelta. Los españoles se limitaron a organizar la policía y no tomaron parte en la represión. Uno de sus oficiales era el comandante Manuel Fernández Silvestre. Esta creciente presencia europea incomodaba a los marroquíes. En enero de 1908, los ulemas, reunidos en la mezquita de Muley Idris, de Fez, declararon depuesto del sultanato a Abd el-Aziz, nombrando en su lugar a su hermano, Muley Abdel Hafiz, con la misión de expulsar a los extranjeros infieles a través de una guerra santa. De esta forma, a las rebeliones ya abiertas, se unió una guerra civil entre ambos pretendientes. Muley Abdel Hafid se sublevó en Marrakech contra su hermano Abd el-Aziz, al que obligó a salir de Fez y refugiarse en Rabat. Para evitar que las cabilas se levantaran por Muley Hafid, las tropas francesas de Casablanca, dirigidas por el general Drude, atacaron a los rebeldes y dispersaron su ejército. Drude fue relevado en esta campaña por el general D’Amade. En agosto de 1908, Abd el-Aziz intentó tomar Marrakech. Las tropas de Abd el-Aziz y de Hafid chocaron finalmente en Queláa, en agosto de 1908, 40 siendo el primero seriamente derrotado. Abd el-Aziz se retiró hacia la costa. Reconociendo su impotencia e impopularidad, en noviembre abdicó, dejando así como sultán legítimo a Muley Hafiz, pero la situación no se tranquilizó. Muley Hafid fue reconocido como nuevo Sultán tras confirmar los derechos establecidos por Francia y España, pacificar a las cabilas y asegurar el orden en los principales puertos y ciudades. Después de esto, las tropas españolas comenzaron el repliegue de Casablanca. En septiembre de 1908 sólo quedaban veintiséis soldados, un médico militar, un oficial, y un teniente coronel recién ascendido, Fernández Silvestre, que había sido nombrado jefe instructor de la policía jerifiana extraurbana de Casablanca. Francia, que ya había ocupado Uxda en 1907, en 1911 ocupó Fez, Mequínez y Rabat. Ante esta ofensiva francesa, Canalejas decidió actuar y corresponder ocupando puestos estratégicos antes de que París se adelantase, con lo que el 3 de junio de 1911 tropas españolas desembasrcaron en Larache, dirigiéndose seguidamente hacia Arcila y 39 Alcazarquivir . Los alemanes suministraban armas a los rebeldes. Hafiz estaba atrapado: por un lado, los franceses le proporcionaban dinero, y estaba muy endeudado con ellos; por otro, los ulemas le exigían que expulsara de Marruecos a las tropas europeas. Optó por refugiarse en las drogas. La situación empeoró hasta que en marzo de 1911 pidió ayuda a los franceses. El 30 de marzo de 1912 firmó el tratado de Fez, entre el Sultán Muley Hafid y el Gobierno francés, que ponía fin a la independencia de Marruecos y establecía un Protectorado. El fin era “instituir en Marruecos un nuevo régimen que realice las reformas administrativas, judiciales, escolares, económicas, financieras y militares que el gobierno francés juzgué útil”, mientras el Sultán aceptaba “las ocupaciones militares que juzgue necesarias para el mantenimiento del orden y la seguridad y que ejerza toda acción de policía”. Lyautey fue nombrado Residente General en abril de 1912. Fez se rebeló contra los franceses, pero la algarada fue aplastada. En virtud del tratado de Fez, Francia podía ocupar militarmente el territorio, asumir la política exterior y la representación diplomática de Marruecos. El sultán se convertía en la práctica en un funcionario de la administración colonial francesa. 39 Romanones, C. de, Notas de una Vida (1868-1901), Aguilar, Madrid, 1934, p. 318: “Años después escuché de labios de persona a quien se concede en Francia máxima autoridad en los problemas de Marruecos que, de haberse Canalejas retrasado sólo unas horas, sus propósitos se hubieran visto frustrados, pues las trooas francesas se le habrían adelantado. Un momento de vacilación y todo habría resultado inútil. Canalejas demostró en aquellas circunstancias que poseía la condición característica del verdadero hombre de Gobierno: no tener miedo a contraer responsabilidades”. 41 Los bereberes ofrecieron resistencia a la ocupación francesa al menos hasta 1934. El 17 de julio de 1912, Muley Hafiz abdicó en su hermano menor, Yusuf. En noviembre, España y Francia acordaron el reparto del territorio. El protectorado español debía hacerse a imagen del de Francia. La Administración se delegó en el Jalifa, un representante del sultán en la zona española. La representación diplomática de la zona española también dependía del protectorado francés. Francia mantuvo los recortes a la zona española aduciendo sus cesiones a Italia y Alemania. España se quedó con las zonas más abruptas y pobres. En este reparto se cometió un gran error, pues no se tuvo en cuenta ni los intereses del sultán ni los de las cabilas, de forma que al trazar la frontera varias cabilas quedaron separadas: los Beni bu Yahia, Metalza, y Gueznaya. Tánger adquirió un estatuto internacional. En realidad, desde el siglo XVIII la ciudad era la residencia de los diplomáticos extranjeros en Marruecos, pues la xenofobia de los habitantes del país aconsejaba mantenerlos apartados. Los diplomáticos fueron influyendo en la organización municipal, estableciendo un consejo de sanidad e higiene, y poco a poco la ciudad adquirió un estatuto oficioso de internacionalidad. Se planteó celebrar una conferencia en Madrid en 1913 para establecer su situación, pero las tensiones previas a la Primera Guerra Mundial, y después la propia contienda, hicieron olvidar la discusión. No fue hasta 1925 en que adquirió finalmente su carácter de zona 40 franca internacional . 1.1.9.- El Protectorado español de Marruecos. El Protectorado español era una zona árida, montañosa, con riachuelos, donde los indígenas realizaban un cultivo esmerado. Era conocida genéricamente como las montañas del Rif, unos 300 km de franja costera horizontal. Era un territorio agreste y difícil, atravesado con profundos valles con ríos torrenciales, y con montañas que superan los 1.500 metros. La pluviosidad es alta en invierno, pero el agua se economiza. Los contrastes climáticos y de temperatura son muy importantes. El clima es extremo: sofocante en verano, muy frío en invierno. El paisaje presenta gran contraste entre zonas de cultivos, de bosque, y otras desérticas. Los caminos eran pocos y malos. En 1900, el país era desconocido para los europeos, que sólo tenían una tibia presencia en Larache, y en las plazas españolas de Ceuta y Melilla. Las tres ciudades sólo estaban comunicadas por mar. Su población aproximada de entre 400.000 y 500.000 personas, 40 Woolmam D.: Abd el-Krim y la guerra del Rif, p 29. 42 más cerca de la primera cifra que de la segunda, aunque algunos autores la hacen subir a 41 760.000 habitantes para 1904. Estaba dividida en dos grupos lingüísticos: los bereberes, y los árabes. Los habitantes de la zona eran mayoritariamente bereberes, musulmanes y de lengua bereber, la shelja, por la que se diferenciaban de los árabes. Los bereberes estaban organizados en tribus (cabilas), bautizadas por el nombre de un antepasado común o por el lugar de procedencia. Vocablos como “beni” o “ulad” significan en árabe “hijo de” o “hijos de”, o la expresión bereber “ai”, “pueblo de”. Los límites de la zona se establecieron desde el río Muluya, por el thalweg hasta la alineación de la cresta de las alturas más cercanas de la orilla izquierda del río Defla. Seguía lo más directamente posible a unirse con la línea superior que separa las cuencas de los ríos Yuanen y Sebú a las del río Kert y del río Onesgha, para ganar por la que está más septentrional el Djebel Mulay Bon Cheta. Subía en seguida hacia el norte, a una distancia al menos de 25 km al este del camino de Fez a Alcazarquivir, hasta el encuentro con el río Lucus, bajada por su thalweg hasta una distancia de 5 km antes del cruce de este río con el citado camino de Alcazarquivir por Uazan. Desde aquí iba lo 42 más recto posible hasta el Atlántico por encima de la laguna de Ez Zerga (art. 2º) . Se reconocía el derecho español a establecerse en Ifni y la franja de Tarfaya, así como el derecho a realizar obras públicas, y explotar canteras y minas. España se comprometió a no enajenar ni ceder su zona, y se establecería un status especial para Tánger. El acuerdo se completó con un canje de notas el 1 de septiembre de 1905. En territorio se dividía en cinco zonas: dos zonas árabes, el Lucus, en el extremo occidental, con el puerto de Larache, y la Yebala, en el noroeste, con la ciudad de Tetuán; las tres bereberes eran la Gomara, con la ciudad santa de Xauen, al este de la Yebala, el Rif propiamente dicho, y el Kert, ya junto a Melilla. Todo este territorio estaba nominalmente bajo el poder del Sultán de Marruecos. En este punto, los cronistas españoles destacan que este poder no era ejercido realmente; por el contrario, Balfour afirma que existía un control gubernamental sobre el área, salpicado de revueltas 43 cuando las autoridades trastocaban el orden establecido . Durante los siglos XVI y XVII, el Rif fue teatro de muchos enfrentamientos, provocados a menudo por las luchas intestinas de la dinastía Saadí. En 1659, el nuevo 41 Woolmam D.: Abd el-Krim y la guerra del Rif, p 33. 42 Carrasco González, A. M.: “Marruecos y España en el contexto internacional del siglo XIX y principios del XX”, en Alía Miranda, F.: La guerra de Marruecos y la España de su tiempo (1909 1927), Sociedad don Quijote de conmemoraciones culturales de Castilla-la Mancha, Ciudad Real, 2009, p, 24. 43 Balfour, op. cit, (2002), p. 28-29. 43 emperador, Muley Rachid, se apoderó de Taza y Fez con el decisivo apoyo de los rifeños, estableciendo la dinastía alauí. El gobierno del Sultán nombraba gobernadores para la zona, pero sus habitantes ignoraban a estos funcionarios, cuyo principal papel era la recaudación de impuestos y la represión del contrabando. 44 La estructura familiar de los rifeños es segmentaria y piramidal , basándose en la familia nuclear (dadart), la familia ampliada (yaigu), el linaje patrilineal (tarfiqt), descendientes de un antepasado, que agruparía a unas 20 familias (iyuiga), y que sería el fundamento de la organización tribal. Varias de estas familias forman una yema’a, que los españoles asimilaron al concepto “concejo”, pues estas personas estarían ligadas por lazos de vecindad y comunidad social y económica, y además podían reunirse como asamblea para tomar decisiones en común. Un conjunto grande de yema’a, configuraban la tribu (taqbitsh), que la administración española denominaba “cabila” (del árabe qabîla, tribu). Entre la yema’a y la tribu, existía una subdivisión que agrupaba a varias de las primeras: la “fracción” o “clan”. En esta sociedad, las asambleas de la yema’a eran muy importantes, pues en ellas se decidía la guerra o la paz, la composición de las harkas, las alianzas… Estas reuniones se denominaban afrau, pero pronto los rifeños adoptaron la palabra española “junta” para nombrarlas. Se celebraban en los zocos. Las fracciones o clanes podían estar aliados entre sí, formando “bandos”. Estos “bandos”, a niveles internos de las fracciones, eran muy móviles y cambiantes, porque se buscaba el equilibrio, y cuando uno se hacía demasiado fuerte, los demás reunían fuerzas contra él. Pero a niveles superiores o de tribus, las alianzas eran más estables. Era corriente que incluso las alianzas se dividieran. La permeabilidad del sistema era mal comprendida por los españoles, que atribuían a estos constantes cambios de bando a la inconstancia moral de los rifeños. Esta circunstancia explica también que las tribus rifeñas fueran acéfalas, y que sus jefes fueran a menudo apoyados o abandonados por sus hombres. Se buscaba un equilibro de poderes a través de los lif o alianzas intertribales o intratribales. El peso de las riñas de sangre explica la importancia del lif. La alianza del lif se establece entre varios subclanes de una tribu. Cada tribu tiene su propio sistema de lif. El lif se cierra 44 Madariaga, Mª R.: En el barranco del Lobo, p. 86, sigue los estudios del coronel español Blanco Izaga. Sus conclusiones coinciden a grandes rasgos con las del antropólogo americano Hart, detalladas por Woolman, D.: Abd el-Krim y la guerra del Rif, p. 35-36 44 con el sacrificio de un toro en las escaleras de acceso a la mezquita, de forma que la sangre salpique el umbral. No aceptar o negar el lif es una deshora absoluta. Las alianzas eran necesarias para incrementar la propia fuerza. Sólo los Beni Urriaguel eran lo suficientemente poderosos como para no necesitar alianzas, y aún así la establecieron con los Beni Amart en su enfrentamiento con Bu Hamara en 1908. Mención aparte merecen los Cherifes (en árabe Chorfa, plural de cherif o xerif) El Cherif es el descendiente de Mahoma: son personas consideradas sagradas, tanto ellos como sus familias y esposas. Entre las familias de Cherifes, hay algunas especialmente prestigiosas, como las de Ben Raisuni o Raisuli, la casa de Uazan, los Bakalien, los Muklay Kermer, los Jamlich, Era especialmente relevante la casa de Uazan, extendida por todo Marruecos y parte de Argelia, hasta que en 1874 su cabeza se casó con una británica residente en Tánger, lo que provocó el rechazo de la sociedad 45 musulmana y una considerable pérdida de prestigio . La ley consuetudinaria era el urf. En el Rif, los crímenes se pagaban con venganzas o con multas; en la Yebala, con las normas establecidas en el Corán, con frecuencia mutilaciones. En el Rif eran habituales las multas: para los Beni Urriaguel, asesinar a un hombre camino del mercado se penaba con mil duros; asesinarlo en el mercado, dos mil duros, porque el mercado era un recinto de paz y acuerdo. Si el criminal no podía pagar la multa, él y su familia eran expulsados de la tribu, su casa incendiada, y sus cosechas confiscadas. Para la administración colonial francesa, las tribus eran o fieles al Sultán, o rebeldes a él (siba). En las primeras, los jefes se elegían por el derecho coránico y el Sultán; en las segundas, por el derecho consuetudinario que imponía la rotación entre los cabezas de los tarfiqîn. Pero esto no era exactamente así. De hecho, en las tribus de derecho consuetudinario, el Sultán debía elegir a un jefe de entre los designados por la yema’a: si no lo hacía así, corría el peligro de que no se le obedeciera. Las cabilas eran gobernadas por caídes nombrados por el sultán, pero dado que el Protectorado español era mayoritariamente Blad es-Siba (rebelde), las cabilas se regían por sus jefes naturales, los notables, llamados imgaren. A partir de mediados del siglo XIX, los notables o imgaren fueron ganando poder a costa de la yema’a, por la decidida acción del Majzen en ese sentido y la 45 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 423-424, “Los Cherifes o Chorfa”, texto mecanografiado firmado por Andrés Sánchez Pérez. 45 evolución de la propia sociedad rifeña. El Majzen apoyaba a los notables para controlar más a la población, y éstos a su vez se apoyaban en el prestigio del Sultán. A ello se unió la creciente penetración europea y el tráfico de armas. Los notables adquirían armas de contrabando, por ejemplo a través de Argelia, y ello les daba más prestigio y más poder. Los españoles apoyaron a su vez a los jefes más receptivos a ellos. Las luchas intestinas crecieron en el seno de la sociedad rifeña. La región más poblada, que concentraba casi la mitad de la población, era la occidental, donde habitaban veintiuna cabilas, siendo las más importantes las de Beni Hotzman de Tetuán, Anghera, y El Holot, de Larache. La región oriental agrupaba catorce cabilas, siendo las más importantes las de Guelaia y Beni bu Iagi. La central, con veintisiete cabilas, era la más fragmentada. La cabila principal por número de integrantes era la de El Jamas Xexanen, destacando por su belicosidad la de Beni Urriaguel. En esta población, el general Serra Orts calculaba existían aproximadamente, en 1912, unos 80.000 fusiles, lo que equivalía a decir que casi cada varón adulto estaba 46 armado . La administración española dividió el Protectorado en 5 territorios: Yebala, con las cabilas de Anjera, el Hauz, Wad Ras, Beni Mesauar, Jebel Habib, Beni Ider, Beni Aros, Beni Latí, Beni Hassan y Beni Hosmar; el Lucus, con las cabilas de Garbia, El Sahel, el Khlot, El Khlot-Tiling, Beni Gorfet, Ahl Serif, Sumata, Beni Issef y Beni Skar; el Gomara, con los Beni Said, Beni Seyyel, Al.Ahmas, Guezawa, Beni Yahmed, Beni Khaled, Beni Ersin, Metiua, Beni Smih, Beni Guerir, Beni Busra, Beni Selman, Beni Mansor y Beni Serial; el Rif, con las cabilas de Mestasa, Beni G’mil, Beni Bu Frah, Targuist, Retama, Beni Ammart, Beni Urriaguel, Bucoya, Beni Iteft, Beni Tuzin y Gueznaya, así como el conjunto de tribus de Senhaja; el Kert, con las cabilas de Temsaman, Beni Ulishek, Tafersit, Metalsa, Beni Said, Beni bu Gafar, Beni Sicar, Mazuza, Beni bu Ifrur, Beni Sidel, Beni bu Yahi, Ulad Stut y Quebdana. Tribus de habla bereber eran los Beni Urriaguel (Ait Waryagar), Beni Ammart y Gueznaya en el Rif central, las cabilas de Bucoya, Beni Tuzin y las cabilas del Kert. Las cabilas del Lucus y la Yebala estaban más arabizadas. Los Senhaja y algunas cabilas de 47 Gómara hablaban dialectos del bereber . 46 Serra Orts, A.: Recuerdos de la guerra del Kert, Barcelona, 1914, p. 217-219. 47 Woolman, D.: Abd el-Krim y la guerra del Rif, p. 34-35; basa sus conocimientos en las investigaciones del antropólogo David M. Hart, que trabajó con la tribu de los Beni Urriaguel entre 1953 y 1955. 46 La cabila más numerosa y belicosa eran los Beni Urriaguel, que agrupaba unos 35.000 individuos en 1920. Como dice el proverbio rifeño, “el resto de las cabilas danzan al son del tambor de los Waryaghli (Beni Urriaguel)”. Todavía a finales de los años 1960, los marroquíes de Tetuán y Tánger opinaban de los Beni Urriaguel que eran 48 gente feroz y traidora . Los rifeños son frugales. Vestían chilabas de lana marrón oscuro, con capucha y mangas anchas, en verano de algodón. Se cubrían con un turbante de algodón blanco. Llevaban camisa de lana, pantalones bombachos (serwal) y sandalias de esparto. Las mujeres vestían largas camisas de seda y algodón hasta las rodillas, pantalones bombachos hasta rodilla o tobillo, velo en la cabeza y ancha faja de lana roja en la cintura; las rifeñas iban descalzas, en la Yebala se enrollaban las piernas en bandas de cuero para protegerse de cactos y guijarros, y se cubrían con grandes sombreros de paja. En el campo no usaban velo, pero se lo ponían si se acercan extraños. Vivían en pequeñas aldeas, agrupadas unas veinte personas con sus animales, dispersas por las montañas. Estas casas, de barro y piedras con patio central y ventanas estrechas como troneras, contaban con pequeñas torres de defensa, que en 1922 Abd el Krim mandó demoler. Mobiliario simple, paredes encaladas. Alrededor de la casa estaban el huerto y los campos. Los sistemas primitivos de cultivo, la tierra pobre, la inseguridad y las luchas intestinas condujeron a la pobreza y rivalidades por la subsistencia. Los rifeños se veían obligados a emigrar en busca de trabajo, bien a las ciudades, o a las granjas franceses de Argelia, de forma temporal. El rifeño admiraba la valentía y la prudencia, la fuerza y la astucia. La educación se basaba en el Corán. Las mujeres estaban sometidas a los hombres, los cuales eran en su mayoría monógamos, aunque estaban autorizados a casarse hasta cuatro veces. La religión de los rifeños era el Islam con creencias más antiguas, en sueños, augurios, encantamientos, espíritus y demonios (jinn). Los demonios se ven rechazados si la persona lleva encima algo de metal, en especial armas. También se cree en los “santos”, que pueden ser los jerifes, descendientes del Profeta Mahoma a través de su hija Fátima y su yerno Alí, y los morabitos o marabutos, personas muy religiosas, que son reverenciadas en vida y tras su muerte en sus tumbas. Los “santos” tenían gran 48 Woolman D.: Abd el-Krim y la guerra del Rif, p. 36. 47 prestigio político y religioso. Fueron los casos de Muley Ahmed el Raisuni, o el jerife Darkawa. Los rifeños odiaban a los enemigos de su cabila, a los europeos y los cristianos. La violencia formaba parte de su vida diaria, así como el adiestramiento en el uso de armas. Las riñas de sangre estallaban entre individuos, normalmente por motivos de propiedad, a veces por motivos fútiles, y se extendían por las familias con saña creciente. Se consideraba que el rifeño que antes del matrimonio no había matado a nadie, no era un hombre. Cuando un joven mataba por primera vez, acudía al mercado llevando un saco nuevo en el hombro derecho, en vez de cargarlo en el habitual hombro 49 izquierdo. Era una señal de orgullo, prácticamente un ritual de paso . El antropólogo David Hart testimonió a Woolman que en la cabila de Beni Urriaguel, las luchas eran tales que “por ejemplo, el poblado de Ait Bu Khrif apenas conoció un solo día de paz hasta la ocupación española. En otra ocasión el tiroteo comenzó con la muerte de un perro que pertenecía al huésped de un jefe de Iburasen, cuando los asesinos rechazaron pagar la moneda de sangre y presentaron sus propias reclamaciones. En el primer día doce hombres murieron en el combate; cada 50 una de las partes se hizo con sus aliados, y pronto la lucha se extendió” . Murieron muchos hombres en enfrentamientos, emboscadas y envenenamientos con arsénico. La familia derrotada, prácticamente extinguida, se exilió y vendió todas sus propiedades para pagar a un asesino, el cual fue, a su vez, muerto. Algunas de estas guerras se convirtieron en legendarias, como la que enfrentó a las familias Duas y Deylan del Anjera. Existía una importante diferencia en la belicosidad de los marroquíes montañeses, y los del llano. Esta diferencia ya la apreciaron los franceses en sus combates más allá del río Muluya, y descubrieron que la mejor forma de someter a la población rebelde era dominar los llanos e impedir la circulación a los montañeses (“el yebala”), que privados de acceder a los zocos, donde adquirían productos para su subsistencia y su lucha, y además recibían información acerca de los movimientos e 51 intenciones de los europeos, se veían obligados a rendirse . En general, los rifeños eran más pobres y austeros, y los yebalíes, se tenían por más refinados. En Yebala, Gomara y Serhaja, la homosexualidad estaba permitida, y el mercado de mancebos de Xauen 49 Westermarck, E.: Ritual and Belief in Morocco, Londres, 1928, vol. II, p. 12; Woolma, D.: Abd el-Krim y la guerra del Rif, p. 41. 50 Woolman, D.: Abd el-Krim y la guerra del Rif, p. 41 51 Serra Orts, A.: Recuerdos, p. 174. 48 estuvo abierto hasta 1937, en que fue cerrado por las autoridades españolas. En cambio, los rifeños no toleraban la homosexualidad y reprimían brutalmente la sodomía, rociado 52 con gasolina a los culpables y quemándolos vivos . Los europeos que conocieron a los rifeños destacaban su ferocidad, su fe ciega en el Islam y en el Paraíso que espera al musulmán que muere en una guerra santa. Como destaca Woolman, “A buen seguro que ninguna potencia imperialista o colonial del mundo ha encontrado jamás enemigo tan formidable como los beréberes del 53 Marruecos español” . A estas diferencias, hay que añadir que en la zona española no existían jefes o caídes de relieve en los que apoyar el poder metropolitano. Francia pudo recurrir a personajes con El Glaui o El Mtgui. España, por el contrario, sólo tenía a Muley Ahmed el Raisuni, con quien mantuvo una relación contradictoria. Las autoridades españolas buscaron congraciarse con los jefes locales. En la sociedad rifeña tenían especial relevancia los morabitos, individuos considerados santos, a cuya muerte se les elevaban santuarios en sus tumbas (kubba), junto a los cuales se instalaban pequeñas mezquitas y escuelas coránicas (zagüía). Se convertían en centros de retiro, de oración y de peregrinación, en núcleos de relación social, y en la base de cofradías o tarîqah. Estas cofradías se convirtieron en importantes focos de movilización contra las penetraciones extranjeras, pero también de colaboración con los europeos. Los jerifes eran descendientes del Profeta Mahoma, y gozaban de gran consideración. En el Rif habían dos familias con este prestigio, una en Senada, en la cabila de Beni Urriaguel y en Beni Itteft, encabezada por Sidi Hamido; la otra familia 54 era la de los Ajemlich . Los españoles eran muy conscientes de la importancia de contemporizar con 55 estas personas, pilares importantes de la sociedad rifeña . A los líderes religiosos se unían los sociales, alfaquíes y caídes o jueces. La fragmentación del poder en la sociedad rifeña dificultaba extraordinariamente la labor de los oficiales coloniales. La solución pasaba por nombrar jefes para que ejercieran el poder en nombre del Majzen, pero esta postura rompía la estructura tradicional de la sociedad rifeña, pues en ella el poder efectivo estaba muy fragmentado y pasaba por los acuerdos sentados en la 52 Woloman, D.: Abd el Krim y la guerra del Rif, p. 44-45. 53 Colman, D.: Abd el-Krim y la guerra del Rif, p. 45. 54 Madariaga, Mª.R.: En el barranco del Lobo, p. 99. 55 Del Nido y Torres, M.: Marruecos. Apuntes para el Oficial de Intervención y de tropas coloniales, Tetuán, 1925, p. 90. 49 yema’a, obviamente ignorada por las autoridades españolas. A esta dificultad se añadía que la administración colonial se dejó en manos del Ejército, cuyos oficiales no estaban formados para la misma, y la mayoría de los cuales carecían de la sensibilidad o la empatía para intentar analizar la mentalidad indígena. Por el contrario, a menudo las medidas asumidas por los oficiales contravenían las costumbres de los rifeños, y despertaban en ellos el malestar e incluso el odio. En 1915 se planteó, por parte de la Oficina Central de Asuntos Indígenas, la conveniencia de apoyar las decisiones de los oficiales españoles en las autoridades indígenas a través de los capitanes de las mías o compañías de Regulares. Las autoridades indígenas asumirían paulatinamente el poder, y los oficiales españoles se limitarían al papel de interventores. No obstante, este proyecto, que hubiera supuesto la efectiva implantación del Protectorado propiamente dicho, nunca se desarrolló, pese a ser oficiales como el coronel Riquelme uno de sus mayores impulsores. La responsabilidad de esta postura no es del Ejército, sino de la propia Administración española, que nunca se planteó seriamente la creación de un cuerpo civil de funcionarios encargados de la administración colonial, ni siquiera en la etapa de la II República, más allá de algunas declaraciones y gestos simbólicos. Era mucho más barato encargar de dicha administración al ejército. La administración del territorio a través de oficiales del Ejército hizo que Marruecos fuera más una colonia de explotación directa, que un protectorado propiamente dicho; pero esto se debió también a la inexistencia de un gobierno indígena eficaz en la zona española, lo que hacía que las condiciones previas existentes en el Protectorado fueran más las que aconsejaban la instalación de la primera, que la del segundo. 1.2.- El Barranco del Lobo y la Campaña de 1909. 1.2.1.- Las ambiciones mineras y El Rogui. El conflicto de España en Marruecos hay que situarlo como la intervención de una potencia menor con un ejército anticuado y débil, en una sociedad indígena con profundas divisiones internas, reacia a acatar una autoridad centralista y en un estado de guerra civil interna y solapada. Desde finales del siglo XIX, los problemas internos de Marruecos empeoraron. La crisis interna en Marruecos se había agudizado con revueltas, aparición de pretendientes o “roguis”, y el desencadenamiento de una guerra civil por la sucesión al trono, todo lo cual apoyaba la idea de una intervención europea. 50 Francia adujo que la intranquilidad generada por Marruecos podría perjudicar sus dominios coloniales en la región. Tanto la Residencia General francesa en Rabat, como la Alta Comisaría española en Tetuán, ignoraban, cuando se establecieron, que Marruecos se encontraba en un estado de insurrección generalizada sobre todo en algunas zonas o comarcas del país, donde la guerra era endémica, en concreto la zona entre el Anti-Atlas y el Atlas Medio, perteneciente a la zona francesa; y las montañas de la Yebala y los macizos del Rif, en zona española. Los rifeños siempre habían ofrecido resistencia a cualquier tipo de dominación y gobierno, y de ello se habían hecho estudios al respecto. La posibilidad de explotar las supuestamente ricas minas del Rif, más en concreto las de hierro y plomo de Uixan, en la cabila de Beni Bu Ifrur, desató el interés de las compañías mineras francesas y españolas. Tradicionalmente, se pensaba que la región era muy rica en metales, e incluso corrían leyendas sobre minas de oro y montañas macizas de plata; leyendas divulgadas por los propios rifeños. Marruecos tenía fama de ser una tierra muy rica en recursos mineros. Hacia 1880, un consejo tribal de los Beni Urriaguel vendió a una compañía minera francesa una concesión para explotar unas supuestas minas de oro. Se realizó el pago inicial, pero cuando los franceses pretendieron adentrarse en el Rif, los marroquíes les impidieron el paso. Los franceses protestaron entonces al sultán, quien les contestó que sólo él era el legítimo propietario de todas las minas y yacimientos del país. Por otro lado, los Beni Urriaguel castigaron a los que habían vendido las minas a los europeos, expulsándolos de la cabila. En 1902, la autoridad del Sultán fue puesta en tela de juicio en Taza por el Roghi (“el pretendiente”), pretendiente al trono que afirmaba ser hijo del antiguo sultán Muley Hassán I, y por tanto hermano del sultán Abd al-Aziz de Marruecos, Muley Mohamed, lo que no debía ser verdad. Su nombre auténtico era Yilali ben Mohamed el Yusfi el Zerhuni, o Jilali ben Dris, Había cursado estudios en la universidad de Fez y tenía conocimientos de derecho islámico, filosofía, gramática y matemáticas. Durante un tiempo fue funcionario escribiente del Majzen, pero cayó en desgracia, condenado por falsificar firmas, fue encarcelado y pasó a vivir en Argelia, donde entró en contacto con la secta Darkawa, se proclamó hijo del sultán, y se hizo llamar Rogui (pretendiente). Según la leyenda, el hijo del sultán era ciego, y el Rogui tenía el párpado izquierdo caído, lo que le llevó a ser creído por muchos seguidores. Fue llamado también Bu Hamara (“el hombre que monta una burra”, apelativo de un jinn que engaña a la gente 51 con dinero y regalos; otros autores lo traducen por “padre del asno”, otros como “hombre del asno”). En 1901 y en 1903, el sultán Abd el Aziz intentó imponer un nuevo modelo de impuesto, el tertib, que englobaba el antiguo coránico, y que gravaba por igual a cristianos, judíos y musulmanes. El Rogui comenzó a recorrer los zocos a lomos de una burra, protestando contra este impuesto que pretendía igual a creyentes e 56 infieles . Era un hombre audaz, con capacidad de organización. A su poder de oratoria unió su fama de mago. Fue entonces cuando se declaró Muley Mohamed. Aprovechó que para los rifeños el Majzen era un gobierno considerado muy lejano y casi extranjero, para atraerse a los lugareños. Las cabilas de Giata, Tsul, Branet, Meknasa y Howara le apoyaron en su rebelión. En diciembre de 1902 derrotó a las tropas del sultán en Aid Mediuna, al norte de Fez, y se proclamó sultán en Taza. El Majzen envió tropas contra él, y tras varias escaramuzas, el Rogui se vio expulsado de Taza y Uxda. Pero se hizo fuerte en la región de Melilla. En abril de 1903, el Rogui tomó la alcazaba de Zeluán, obligando a las tropas del Sultán a retirarse a Frajana, a medio kilómetro de Melilla. Los partidarios del sultán, liderados por el Bachir Ben Senach, quedaron sitiados en la alcazaba de Frajana, que fue volada, 57 refugiándose sus ocupantes en la ciudad española el 13 de abril de 1903 . El Rogui quedó como dueño absoluto de la zona, y las cabilas le prestaron obediencia. En principio, las autoridades españolas decidieron mantener una estricta neutralidad e impedir el contrabando de armas. El gobernador de Melilla era el general José Marina Vega. El general José Marina es una figura interesante. Era un militar culto, interesado en el mundo musulmán, cuyas simpatías buscó. Estudió personalmente las costumbres de los rifeños, ordenó marcar el principio y el fin del ayuno durante el Ramadán con disparos de cañón y prohibió las manifestaciones antisemitas de la Semana Santa en Melilla. Desde Zeluán, el Rogui se convirtió en gobernador de las cabilas de Guelaya y Kebdana. Se incautó de las aduanas marroquíes de Melilla. El Rogui buscó la amistad de España, pero ésta no podía apoyarle, porque debía sostener al sultán. Necesitado de dinero y de suministros militares, El Rogui, por un lado, decidió utilizar las ambiciones de las compañías mineras europeas hacia su territorio; por otro, buscó el apoyo de los franceses, y en octubre de 1905 cedió el uso de la Restinga, en la Mar Chica, al sur de 56 Madariaga, Mª R.: En el barranco del Lobo. Las guerras de Marruecos, Alianza, Madrid, 2006, p. 44- 45. 57 Gallego Ramos, E,; La campaña del Rif de 1909, Algazara, Málaga, 2005 (Madrid, 1909), p. 53. 52 Melilla, a una compañía comercial francesa, que instaló allí un depósito de armas y municiones para abastecer a las cabilas. Este hecho alarmó a las autoridades españolas. El general Marina maniobró para entorpecer los negocios franceses y favorecer la reocupación de la Restinga por la Mehal-la del Sultán, el 12 de mayo de 1907. Las luchas entre los partidarios de El Rogui y los del Sultán llegaron a las puertas de Melilla, perjudicando la vida comercial de la ciudad. El general Marina, con su gran humanidad, exquisito tacto y conocimiento de las costumbres locales, consiguió apaciguar algunas veces las contiendas. Se ganó un gran prestigio. El Rogui necesitaba dinero para sostener la guerra contra el sultán y mantener su poder, y por ello vendió a una compañía francesa los derechos de las minas situadas en los distritos al sur de Melilla. Las compañías mineras se veían obligadas a tratar con él, lo cual consistía en un riesgo calculado, porque dichos pactos eran completamente ilegales. Se constituyeron dos compañías, la Compañía Norteafricana, de capital francés, y la Compañía Española de Minas del Rif, de capital español, para explotar las minas, y decidieron construir ferrocarriles para transportar el mineral hasta Melilla. El Rogui en definitiva posibilitó que españoles y franceses pudieran penetrar más allá de 58 los límites fronterizos de Melilla . El Rogui permitió al ingeniero francés Massenet, creador de la citada Compañía Norteafricana, explotar las minas de la cabila de Beni bu Ifrur, en los montes Afrau y Uixan, cobrando como adelanto 400.000 ptas. Un grupo de financieros españoles, encabezados por Enrique McPherson y el ingeniero Alfonso del Valle convencieron entonces a El Rogui de que les traspasara o compartiera con ellos la concesión. Con este fin se fundó el Sindicato Español Minero. Otra compañía, la Razón Minera G. y A. Figueroa, ligada al conde de Romanones, quiso entonces intervenir, iniciándose una competencia por obtener el favor de El Rogui. Finalmente ambos grupos se fusionaron en uno, la Compañía Española de Minas del Rif, desbancando a la compañía francesa de Massenet. Se firmó el contrato con El Rogui el 7 de junio de 1907. El Rogui cedió a la Compañía Española de Minas del Rif la explotación de las minas de hierro de Guelaya, Monte Uixán y Axara, por noventa y nueve años, así como el derecho a montar un ferrocarril desde este punto a Melilla para transportar el mineral, garantizándole al líder rifeño un 15% de los beneficios, de los que se anticiparían trimestralmente 125.000 58 Gárate Córdoba (dir.), “Royo y Guiloche. Morir abrazado al cañón”, en España en sus héroes, Ornigraf, Madrid, 1969, p. 7. 53 ptas.; se abonaron a los franceses las 400.000 ptas adelantadas por ellos, y se pagó a El Rogui el primer anticipo, 650.000 pesetas. Los intermediarios sería el teniente José Riquelme y López Bago, de la Oficina de Asuntos indígenas. El documento de compra se leyó en el zoco del Jenmis de Beni-Buifror, fue ratificado por la cabila, registrado en la Oficina de Asuntos Indígenas y en el Ministerio de Estado. En agosto, El Rogui cedió las minas de plomo de Monte Afra a la Compañía Francoespañola del Norte de África, con permiso para su propio ferrocarril. Estos acuerdos eran totalmente ilegales a ojos del Sultán, pues El Rogui era un cabecilla rebelde al Majzen, pero a las compañías 59 mineras les interesaba negociar con quien poseía el control efectivo del territorio . Los alemanes hermanos Mannesmann propusieron a España que cediera la explotación de las minas del Rif, en su conjunto, a un grupo de compañías germanas. Pero España no se decidió. Francia receló de estas intenciones alemanas de penetrar en Marruecos, y bajo mano comenzó a suministrar armas a los rifeños para ganarse su simpatía y apoyo. Dado que dichas armas eran empleadas contra España, de esta forma también debilitaba la posición hispana. Tras las tropas españolas, la Compañía Española de Colonización, conocida popularmente como “La Colonizadora”, iba comprando tierras y construía el ferrocarril entre Ceuta y Tetuán. Se decía que buena parte del capital de esta Compañía era alemán. 1.2.2.- El final de El Rogui. Los compromisos del Acta de Algeciras de abril de 1906 debían ser asumidos por España. España y Francia debían proteger el ejercicio de la autoridad de la Casa Alauí en la administración y la gobernación del territorio. Un territorio que si bien obedecía religiosamente a su soberano, no lo hacía en los aspectos políticos y fiscales. Los principales políticos de la época defendían una penetración pacífica: Antonio Maura, León y Castillo, García Prieto, Romanones, apoyados por los africanistas. Pero esta penetración pacífica iba a complicarse, y sería sustituida por una actuación militar. La anarquía y el desorden en Marruecos no favorecían a España. La conferencia de Algeciras propuso la creación de una fuerza de policía indígena, mandada por oficiales franceses y españoles. España debía administrar Tetuán y Larache, quedando Tánger y Casablanca para una administración conjunta entre España y Francia. A raíz de los desórdenes que estallaron en Casablanca en 1907, tropas francesas y españolas 59 Riera, A.: España en Marruecos. Crónica de la campaña de 1909, Barcelona, 1909, p. 26-30. 54 desembarcaron allí. Al año siguiente, el mando de las tropas españolas y marroquíes de la ciudad fue confiado al teniente coronel Manuel Fernández Silvestre. Como ya se ha dicho, en julio de 1907, El Rogui firmó un contrato con la Compañía Española de las Minas del Rif, para explotar las minas de hierro situadas en Beni-bu-Ifrur, en el monte Uixan (Uicssan), a 28 km al suroeste de Melilla. El acuerdo incluía el derecho a construir ferrocarriles. Para el sultán, estos acuerdos eran ilegales, y envió una Mehal-la (destacamento militar) a la Restinga, al sur de Melilla, para afirmar su autoridad. Con apoyo español, dos pequeños buques de guerra marroquíes hostilizaron el asentamiento francés y obligó a su desalojo. El lugar fue ocupado por la Mehal-la del Sultán. Pero el jefe de la Mehal-la no podía sostenerse en la posición, a causa de las crisis gubernamentales del Majzen. Al regresar de Rabat en noviembre, a donde había viajado en misión oficial junto al embajador de España en Tánger, Llavería, el general José Marina recibió un mensaje de los jefes de la Mehal-la en la Restinga. Estos oficiales marroquíes le expusieron que su gobierno los tenía abandonados, y solicitaban que se les acogiese en Melilla, así como que los españoles obtuvieran de El Rogui un salvoconducto que les permitiera salir de su reducto y llegar hasta la frontera española sanos y salvos. Tras las conversaciones pertinentes, el 29 de enero de 1908, el general Marina, con su Estado Mayor y al frente de la guarnición de la plaza, salió hasta la bocana, a dos kilómetros de los límites de Melilla, para recibir a la Mehal-la, cuyo paso hasta territorio español fue custodiado respetuosamente por dos mil partidarios de El Rogui. Las tropas del Sultán, una vez en la plaza española, fueron embarcadas para Tánger, tal y como se había acordado. Pero entonces, se planteó el problema de la Restinga. España no podía ceder un territorio del Sultán, evacuado por sus tropas, a un caudillo rebelde. La única solución era ocupar la posición en nombre del Sultán, para mantenerla bajo la autoridad teórica del Majzen. Era la única manera de impedir nuevas luchas o instalaciones foráneas o perjudiciales a la paz, a escasa distancia de la plaza española. Tras el preceptivo permiso de Madrid, el general Marina organizó la ocupación. De esta forma, por primera vez desde hacía cuatrocientos años, las tropas españolas rebasaron los límites estrictos de Melilla, y pese a las protestas de El Rogui, La Restinga fue ocupada el 14 de febrero de 1908 por dos compañías del Batallón Disciplinario a las órdenes del teniente coronel Venancio Álvarez Cabrera, y dos compañías del Regimiento de Infantería África nº 68, trasladadas en el cañonero General Concha y el vapor correo Ciudad de Mahón, con ametralladoras, artillería, ingenieros y servicios. Uno de sus oficiales era el capitán José 55 Miaja Menant. El cañonero Martín Alonso Pinzón actuó como escolta. Esa noche, Marina regresó a Melilla con una de las compañías, tras supervisar y consolidar la posición, que quedaba con 380 hombres, dos ametralladoras, dos cañones de 8 cm. corto Plasencia y una estación de comunicación óptica con Melilla. Según Gallego Ramos, hubo una cierta resistencia en la ocupación. Según Balfour, dado que El Roghi mantenía relaciones amistosas con el comandante de Melilla, el cabecilla aceptó la presencia española, y se hizo un simulacro de combate, exigido por el Rogui para que sus 60 compatriotas pensaran que se oponía a la ocupación . Lo más probable es que El Rogui aceptara tan de buen grado la ocupación española de la plaza, que en definitiva menoscababa su posición estratégica y le impedía verse abastecido de armamento. Según Madariaga, Marina quería ocupar la posición porque desde ella una compañía 61 francesa se dedicaba al contrabando de armas . Al mes siguiente, el 11 de marzo, Marina, autorizado por el Gobierno, ocupó el cabo del Agua, frente a las islas Chafarinas, con tres compañías del Regimiento Africa 68, una sección de artillería, otra de servicios, y otra de la Compañía del Mar, al mando del coronel de Estado Mayor de Melilla Francisco Larrea Liso. Era una operación solicitada por los cabileños de Quebdana, cuyos jefes, uno de los cuales era Mohamed Checha, temían las represalias de El Rogui por haber apoyado a las tropas del Majzen. El coronel Larrea organizó un pequeño grupo de indígenas armados para la protección de la cabila, y que sería el germen de la Policía Indígena. Se aprovechó para instalar en Cabo del Agua un depósito de víveres para los trabajadores que construían el puerto de las islas Chafarinas. Muy pronto, la presencia española se tradujo en una eficaz pacificación de las comarcas, evitando con estas ocupaciones para lo sucesivo, las luchas y ejecución de hechos salvajes á las mismas vistas de nuestras plazas, y devolviendo la tranquilidad al territorio de Uad-el-Hach, como pudo comprobarse poco después en los extensos y frecuentes paseos militares realizados en una extensión de 15 kilómetros, a partir del campamento, aprovechando los relevos de guarnición, a los que siguieron reconocimientos y excursiones llevadas á 62 cabo por misiones é individuos hasta sin protección armada” . 60 Balfour, S.: Abrazo mortal. De la guerra colonial a la Guerra Civil en España y Marruecos (1909- 1939), Península, Barcelona, 2002, p. 23; Estado Mayor Central del Ejército, Historia de las campañas de Marruecos, 1947-1981, vol. 2,p. 20; Morales, Gabriel de, Datos para la historia de Melilla, Melilla, 1909, p. 369-371. 61 Madariaga, Mª R.: En el barranco del Lobo, p. 49. 62 Gallego Ramos, E.: La campaña del Rif de 1909, p. 55. 56 Los reconocimientos se iban extendiendo, y el 20 de diciembre de 1908 el propio general Marina llegó hasta los poblados de Lahadara, a once kilómetros de la Restinga, y el 18 de febrero de 1909, una columna al mando del teniente coronel Álvarez Cabrera llegó al Zoco el Arbaa, acampando, y regresando a la Restinga el día 20. ¿Se puede considerar que estas expediciones estaban motivadas por un deseo de ocupación del territorio? Es difícil sostener esta opinión, porque en estos paseos no parece que se efectuaran mediciones topográficas ni reconocimientos en busca de posiciones estratégicas. Eran más bien maniobras o excursiones, como la realizada por el general Marina a pie, durante dos kilómetros y con una mínima escolta, hasta el morabito de Muley Alí-Xerif. Y si bien parece que estas marchas suscitaron algunos descontentos, éstos nunca pasaron de simples rumores. La posición española era difícil, por encontrarse con la obligación moral de apoyar al sultán contra El Rogui, pero necesitada de pactar con éste para mantener la tranquilidad y posibilitar la explotación económica de la región. El problema estaba en que precisamente el Rogui era el único partidario y defensor de la penetración europea, y al mermar su poder, se reforzaron los opositores a aquélla. Uno de los comandantes de El Rogui, Mohamed Amar ben Chadly, rogó a Marina que no ocupara la Restinga, que su pueblo iba a verlo como una usurpación extranjera, y les iba a colocar en una difícil situación, como un grano entre las ruedas de un molino. ¿Hasta qué punto la ocupación de La Restinga molestaba a los marroquíes o perjudicaba a los intereses de El Rogui? Porque no pareció que la ocupación de La Restinga por los franceses hubiera indignado a Mohamed ben Chadly. La presencia europea animó a la explotación de los importantes yacimientos de hierro y plomo de la comarca. La Compañía Española de las Minas del Rif estaba presidida por Miguel Villanueva y Macpherson; entre sus principales accionistas destacaban el marqués de Comillas, el conde de Romanones y el duque de Tovar. Este hecho fue utilizado para presentar las campañas de Marruecos como sangrías destinadas a satisfacer los intereses económicos de un grupo de plutócratas. La idea de la Compañía era instalar un ferrocarril desde las minas hasta Melilla, repartiendo dinero para obtener de los cabileños el permiso. La Compañía hizo acopio de materiales, incluyendo traviesas, raíles, seis puentes metálicos. La idea era inaugurar el ferrocarril en abril de 1909. En 1907 Muley Hafid, hermano del sultán Abd el Aziz, se sublevó contra éste, siendo proclamado sultán en Marrakech en septiembre de 1907 y en Fez en enero de 57 1908. Mientras tanto, la postura de El Rogui de favorecer la presencia extranjera disgustó a muchos de sus seguidores, y fue explotada por sus enemigos, que en los zocos predicaron contra él, denunciando que se beneficiaba de las dádivas europeas y que arruinaba a los marroquíes. Para entonces, El Rogui disponía del dinero cedido por las compañías mineras. Esto le había desacreditado a los ojos de muchos rifeños, que comenzaron a verlo como un desaprensivo que permitía la llegada de infieles y acaparaba los beneficios. Además, otros jefes tribales comenzaron a negociar la venta de tierras con las compañías mineras. Estalló la competencia entre las tribus. Esta penetración comercial soliviantó los ánimos de los musulmanes, que veían amenazados sus modos de vida y su cultura. Las relaciones entre las tribus se resquebrajaron. Surgieron nuevas disputas, pero los tradicionales sistemas de arbitraje entre las cabilas se habían dañado. Para demostrar su enojo, el 8 de agosto de 1908 los rifeños atacaron las explotaciones, forma de protestar tanto contra El Rogui como contra la presencia extranjera-infiel, aunque sin causar víctimas. Durante el verano, los trabajos de los ferrocarriles habían ido progresando. A fines de junio de 1908, la Compañía francoespañola del Monte Afra llegaba en sus explanaciones hasta el kilómetro 20, y en noviembre, la locomotora recorría cinco kilómetros desde su punto de partida, a un kilómetro de Melilla. Por su parte, la compañía española iba más retrasada, y su ferrocarril nacía en el muelle, llegando a los límites de Melilla, en la Posada del Cabo Moreno. En el verano de 1908, El Roghi quiso consolidar su poder, y en septiembre envió una de sus bandas contra los Beni Urriaguel, en el centro del Rif, al mando del caíd , Jilali Muh l-Udhun, o Muluduh. Los Beni Urriaguel, que no pagaban impuestos ni al sultán ni al Roghi, invocaron la protección de España. Los Beni Urriaguel se unieron contra El Rogui para rechazar su invasión, y obtuvieron el apoyo de los Beni Ammart. A orillas del río Nekor chocaron las fuerzas rifeñas con las del Rogui en otoño de 1908. El comandante en jefe de las fuerzas de El Rogui el negro Jilali Muh l-Udhun, se dejó atrapar con su caballería en un barrizal, donde fue diezmado. Seguidamente, muchas tribus se levantaron contra El Rogui, y contra la presencia española. El Rogui había protegido hasta entonces los trabajo del ferrocarril, pero al suscitarse la rebelión de los Beni Urriaguel, se encontró en retirada. En consecuencia, en septiembre de 1908 las agresiones se volvieron más serias. El comandante general de la plaza, el general Marina, decidió mantenerse neutral. El 9 de octubre la cabila de Guelaya atacó las casas del Monte Uixan, robando a los obreros 58 españoles, los cuales huyeron a Zeluán, bajo la protección de El Rogui, y después a Melilla, escoltados por El Chadly. El Rogui se comprometió a proteger a los trabajadores, compensarles por las pérdidas de sus efectos personales, y a castigar a los culpables, y al día siguiente las cabezas de treinta y dos de éstos aparecieron colgadas en los muros de una posada cerca de Melilla, para convencer a las autoridades españolas que había sometido a los revoltosos, y de que podían reanudarse los trabajos en las minas. Marina no era partidario de actuar, pero Maura vio una ocasión de congraciarse con el sultán, sometiendo a un rebelde como El Rogui. De esta forma, Marina se negó a que los soldados españoles apoyaran las exigencias de El Rogui sobre los Beni Urriaguel, y también impidió que se le suministraran armas y municiones desde las empresas mineras, en teoría para que protegiera las instalaciones y el ferrocarril de las mismas. Paralelamente, El Rogui se enemistó con Mohammed el Chadly, antiguo partidario suyo, caíd de la cabila de Mazuza. El Chadly había sido el artífice de la derrota de las tropas del Sultán en 1904 –cuyo jefe, Ahmed “el cabo moreno” murió refugiado en Melilla a consecuencia de sus heridas- y de la ocupación de Zeluán. Al año siguiente, El Chadly tuvo que ser atendido en Melilla, al llegar a ella herido a causa de la rebelión de su cabila. Restablecido, volvió al combate. Poco después, hombres de El Rogui asaltaron y saquearon el laúd español María, en retorno de las Chafarinas. Consciente de lo que podía significar para El Rogui ganarse la enemistad de España, El Chadly, junto a un grupo de gerifaltes cabileños, se apresuró a presentarse en Melilla, deplorar lo ocurrido y devolver lo saqueado. De la misma manera, se impidió una ruptura de relaciones entre los rebeldes y España tras un incidente fronterizo el 30 de abril de 1908. Pero cuando El Rogui destituyó a uno de los jalifas de El Chadly, porque había querido tomar el gobierno de Nador, éste renegó de su antiguo jefe y se puso al 63 frente del descontento de Guelaya contra el Rogui . Entretanto, los Beni Urriaguel levantaron a todas las cabilas contra El Rogui, afirmando que les había engañado y traicionado. Las cabilas se declararon partidarias del sultán Muley Hafid, aunque sólo nominalmente. Para entonces, a causa de la rebelión de las cabilas contra El Rogui, los trabajos en las minas se habían paralizado 63 Gallego Ramos da otra versión: afirma que el general Marina sospechaba que El Chadly era enemigo de España y le prohibió entrar en Melilla, por lo que en junio de 1908 El Rogui le rebajó de categoría, de caíd a amín. Con la caída de El Rogui, pretendió negociar con las compañías mineras para garantizar la continuación de los trabajos mineros, mientras al mismo tiempo predicaba la lucha contra los cristianos. Al no conseguir el favor de los europeos, se unió a El Mizzian, santón de Beni Buifror, y a Abd el Kader, de Beni Sicar, iniciando la guerra. La Campaña del Rif de 1909, p. 89. 59 desde el 16 de octubre. El Rogui, cercado por los descontentos, perdiendo partidarios rápidamente, tuvo que evacuar Zeluán el 9 de diciembre de 1908, al sur de Melilla, retirándose al Muluya y a Taza, no sin antes advertir a las autoridades españolas del error que habían cometido al retirarle su apoyo: “Mi marcha costará a España muchos 64 miles de millones y arroyos de sangre y lágrimas ¡Pobre España!” . En efecto, a partir de ese momento España perdió a un interlocutor que controlaba el territorio y que 65 mendigaba su apoyo, y tuvo que comenzar a negociar con las cabilas . También lo consideraron así Melquíades Álvarez y el diputado Villanueva en el Congreso de los Diputados años después, el 19 de mayo de 1914. Cándido Lobera lo expresó así: “Un solo hombre supo imponer su autoridad: el Pretendiente. Este, sagaz, astuto, espíritu abierto a cuanto significaba progreso, descubrió el velo que le ocultaba a las miradas europeas, consiguiendo lo que no habían conseguido durante siglos y siglos los 66 sultanes más poderosos” . Como dijo Ruiz Albéniz (El Tebib Arrumi), en la zona “No había más poder que el del Rogui, en el Rif, y nosotros nos empeñamos en destruirlo y 67 apoyar algo ficticio, anárquico, sin responsabilidad: el de las cabilas” . Finalmente en el verano de 1909, El Rogui fue capturado por los Beni Mestara y enviado a Fez donde moriría encarcelado por el sultán Mulay Hafiz, en agosto de 1909. Como se decía que tenía una gran fortuna en bancos españoles, en principio el sultán le trató bien, pero después pasó a ser humillado y maltratado, torturado por un león, y finalmente apuñalado y quemado vivo. Este tipo de actos eran comunes en Marruecos, donde las cabezas de los ejecutados eran exhibidas en las puertas de las ciudades hasta entrado el siglo XX. Con la derrota de El Rogui, quedó demostrada la enorme fortaleza interna que podían tener los rifeños unidos. Algunos imgaren destacaron entonces como líderes tribales, como Hadj Mohand Biqqish, de Gueznaya. Los rifeños decidieron entonces luchar contra los europeos “traídos” por El Rogui, y en julio de 1909 atacaron a los trabajadores que construían un puente para la Compañía Española de Minas cerca del Monte Uixan. 64 Citado por Balfour, S., op. cit. (2002), p. 49, tomado de Ruiz Albéniz, Ecce Homo, p. 12. 65 Francia, según Casas de la Vega, creó un Bajá de Marraquex en la persona de El Glaui, que mantuvo pacificado el territorio que los sultanes no podían controlar; fue, por tanto, un poder ilegal pero efectivo, algo que España no quiso hacer: Franco, militat, p. 62. 66 El Telegrama del Rif, 18 de diciembre de 1908. 67 Ruiz Albéniz, V. Ecce Homo, Biblioteca Nueva, Madrid, s/f (1922), p. 48. 60 1.2.3.- La rebelión de las cabilas. España reconoció a Muley Hafid como nuevo sultán, y le exigió el envío de tropas para garantizar el orden en la zona y reanudar los trabajos mineros. Sin embargo, la autoridad del Majzén o gobierno marroquí en la zona era muy débil, por no decir inexistente, y los cabileños se oponían a estas explotaciones y a la construcción de una vía férrea, como había demostrado el ataque del 8 de octubre de 1908 a unos cincuenta obreros que trabajaban en el futuro ferrocarril, y que pudieron refugiarse en Zeluán gracias a la protección de El Rogui. Con la caída de El Rogui, el noreste de Marruecos entró en la anarquía. Las compañías no sabían ahora con quien pactar para proseguir la explotación. El nuevo sultán temía enemistarse con las cabilas, y se resistía a las presiones diplomáticas españolas. El embajador español ante el Sultán, Merry del Val, insistía en que se debía restaurar el orden y reanudar los trabajos mineros, pero el Majzen no hacía nada. El Sultán, Muley Hafid, aseguró al embajador español que no reconocería la legalidad de las explotaciones mineras autorizadas por El Rogui, hasta que España no evacuase la Restinga, lo que precisamente España no podía hacer si quería asegurar el trabajo de los mineros y el transporte del mineral. Para las compañías mineras, deseosas de recuperar las inversiones, era necesaria una decisiva intervención militar. Este punto, la protección de los intereses europeos a través de una intervención militar, estaba previsto y autorizado por el convenio pactado en la Conferencia de Algeciras. Por su parte, Francia dio su conformidad a una intervención militar española, respaldada además por el Tratado Francoalemán del 9 de febrero de 1909, por el que Francia se comprometía a no obstaculizar los intereses y ambiciones comerciales germanos en Marruecos, lo que implicaba el mantenimiento de la paz con la fuerza. La Compañía Norte Africana amenazó con solicitar ayuda a los franceses si las tropas españolas no garantizaban la seguridad de sus trabajadores. El Chadly y El Mizzian se oponían francamente a España, y decidieron destruir las obras que la Compañía estaba realizando, el primero porque exigía una parte de los beneficios mineros, como había tenido el Rogui. Ante el temor a una intervención francesa, las autoridades españolas no vieron otra opción que plegarse a las exigencias de las compañías mineras e intervenir por la fuerza. En resumen, la rebelión de las cabilas del año 1909 estalló por que la presencia de las compañías extranjeras desestabilizó los lazos sociales y políticos entre las tribus, al introducir rivalidades entre ellas a causa de la explotación de las minas, y nuevos factores de relación social, en el que los europeos serían aliados o contrarios en las 61 luchas y rivalidades internas; por el recelo de los rifeños ante la presencia de extranjeros, infieles que, creían, amenazaban su religión y su cultura; y por los escrúpulos de las autoridades españolas, deseosas de cumplir estrictamente los tratados y restablecer la autoridad del Sultán frente a la rebelión contra el mismo de los poderes 68 locales, lo que dislocó el statu quo político de la región . Los marroquíes aliados de España, los llamados “moros amigos”, pretendían que ésta interviniera en sus luchas intestinas. Así lo expresaba el gobierno de Maura: “Lo que acontece en las comarcas próximas a nuestras plazas del Norte de Marruecos es que, ausente la efectiva autoridad del sultán e infringidos los tratados que privativamente interesan a España, los moros a quienes alcanza el daño que experimentamos en nuestras posesiones, manifestándose amigos de España solicitan su amparo contra otros moros, a fin de que no perdure la anarquía ni la paralización de obras beneficiosas para todos. Y como España ha de defender sus derechos e intereses legítimos, y es la llamada a suplir, en el actual estado de cosas, la deficiencia de la autoridad del sultán en aquellas comarcas, el gobierno debe estar prevenido para cumplir estas elementales obligaciones, sin que para hablar de otros propósitos exista fundamento positivo 69 alguno” Según Bachoud, Francia, presionada por las compañías mineras, decidió intervenir: preparó desde Argelia una “expedición, mitad mercantil, mitad militar” que debía cruzar el Muluya, entrar en territorio asignado a España, y restaurar el orden. La expedición, integrada por unos sesenta jinetes, recorrió parte del Rif en mayo de 1909, y según los rumores, fue preparada por el director de la Compañía Norteafricana, M. 70 Massenet, desde París ; al parecer fue atacada por los indígenas y rechazada, pero alarmó al Gobierno de Madrid, porque suponía una intrusión en su territorio, y porque indicaba hasta dónde podían llegar las compañías mineras en sus deseos de exportar el 71 mineral a través de Argelia . El general Marina, Comandante General de Melilla, pidió instrucciones y refuerzos al gobierno, ya que con las fuerzas con que contaba no podía mantener las explotaciones mineras. El gobierno le recomendó calma. Maura ordenó en principio al general Marina esperar a conocer la línea política del nuevo sultán Mulay Abdel Hafid 68 Deberíamos “…habernos entendido con el Rogui, que nos dio pruebas fehacientes de que con su concurso hubiéramos podido ocupar el terreno hasta Beni Urriaguel, inclusive, con una pequeña ayuda que se le hubiera prestado, sin derramar una gota de sangre española…”: Galbán Jiménez, M.: España en África. La pacificación de Marruecos, Madrid, 1965, p. 26. 69 Díaz-Plaja, F., España, los años decisivos: 1909, Plaza y Janés, 1970, p. 37-38. 70 Ullman, Joan Connelly, La Semana Trágica, Ariel, Barcelona, 1972, p. 270. 71 Bachoud, A.: Los españoles ante las campañas de Marruecos, p. 47. 62 referente a las rebeliones, y le prohibió cualquier acción militar. Pero ante la presión de Francia, tanto a nivel comercial como militar, Maura autorizó una protección militar limitada a las compañías mineras para proseguir sus trabajos, lo que se hizo el 7 de junio de 1909, ordenando por consiguiente al general Marina su intervención. Maura cerró las Cortes por la llegada del verano el 4 de junio, y convocó al Consejo de Estado, que autorizó el crédito para la expedición. Marina estaba preocupado, sabía que las cabilas estaban inquietas, y que sólo la ausencia de muchos hombres, en ese momento de trabajo de siega en Argelia, frenaba los ímpetus. Pero lo que no preveía, era la virulencia que iba a caracterizar la insurrección, ni el modo irregular de guerra que iba a imponer la misma. Para asegurar la posición de Melilla, como ya se ha dicho, el general Marina había ocupado la Restinga y el Cabo de Agua. Marina autorizó a las compañías mineras para que continuaran sus trabajos, sin esperar los resultados de las conversaciones con el sultán, que éste dilataba intencionadamente. El sultán, por su parte, no reconocía los acuerdos establecidos entre las compañías y El Rogui; pero Marina tuvo que actuar porque como se ha dicho la compañía de capital francés amenazó con recurrir a tropas de su nación para proseguir los trabajos, y el gobierno le ordenó intervenir. En junio de 1909, estancadas las conversaciones con el sultán, los trabajos de construcción de los ferrocarriles que llegarían hasta Bu Ifrur, a cargo de obreros de las cabilas cercanas a Melilla, continuaron entre continuos sobresaltos. La Sociedad Española de Minas del Rif apenas realizó actividad. El propio conde de Romanones se había retirado de la 72 sociedad para evitar todo motivo de censura . Por consiguiente, la defensa se iba a centrar en las minas y ferrocarril de la compañía francesa. A mediados de junio comenzó la predicación de la guerra santa, en las cabilas próximas a Melilla, obra el Chadly y el Mizzian, como era conocido el Sharif Mohammad Amziam. El 20 de junio se reunió una gran multitud en el Zoco el Arbaá de Zebuya, territorio del Goada en Beni-Sidel, donde se reunieron las cabilas del Rif, Metalza y Beni-Buyahi. Las conclusiones de la asamblea fueron iniciar las hostilidades contra los españoles unos días después, dando tiempo a que regresaran los temporeros ocupados en la siega de Argelia, o a que el Majzen actuara. La agitación llegó a los de Mazuza, Frajana y otros 72 Romanones, C. de, Notas de una Vida (1868-1901), Aguilar, Madrid, 1934, p. 286, y en Notas de una Vida (1901-1912), Renacimiento, Madrid, p. 236-238. A pesar de eso, Romanones fue muy atacado por considerársele uno de los impulsores de la guerra, y en sus memorias relata como fue objeto de apedreamientos y recriminaciones. 63 poblados inmediatos a Melilla. A partir del 30 de junio estallaron una serie de incidentes que obligaron a las tropas españolas a patrullar el área. Ese mismo día un policía indígena fue apaleado y desarmado en la Restinga, en el Zoco de Cherauit. El 1 de julio, El Chadly predicó la guerra santa en Mezquita. Comenzaron a instalarse barricadas de piedras en los trabajos del ferrocarril francoespañol. El general Marina pidió refuerzos a Madrid, y se le anunció la movilización de reservistas de las Brigadas de Cazadores, así como de los regimientos de artillería de montaña afectos a ellas, y la inmediata salida de la 3ª Brigada mixta de Cazadores, de guarnición en Barcelona. Esta Brigada estaba compuesta de seis batallones de Cazadores, un regimiento de caballería, otro de artillería y unidades de ingenieros, sanitarios e intendencia. Esta orden de movilización afectaba a todos los soldados de la misma, de los últimos tres reemplazos, que si bien ya no servían en el cuartel, no se habían licenciado, por no haberse cumplido su período de servicio, y formar parte de la Reserva. Por otro lado, la movilización de los rifeños era 73 ya innegable . El Mizzián reunió aproximadamente unos 5.000 hombres. La guarnición de Melilla se componía de dos Regimientos de Infantería, el Melilla nº 59 y el África nº 68; el Batallón Disciplinario de Melilla; el escuadrón de Cazadores de Melilla; total, unos 5.190 hombres; tropas de artillería (803 hombres, treinta caballos de silla, cincuenta de tiro, cincuenta y dos mulos, dos baterías de a cuatro piezas, una montada y otra de montaña), una unidad de ingenieros, la Compañía de Mar, una sección de Administración y otra de Sanidad Militar. El total era de 6.451 hombres. Ante la negativa gubernamental a autorizar la ocupación y fortificación de posiciones que permitieran defender a los trabajadores de un posible ataque rifeño, Marina ordenó una expedición por estas cabilas para, como se decía entonces, “enseñar la bandera”. El 3 de julio, salió con este propósito una columna de seiscientos cincuenta hombres al mando del general Pedro del Real, con tres compañías del Regimiento Melilla nº 59, una sección de ametralladoras, otra de artillería de campaña con piezas Plasencia, Ingenieros, Administración y Caballería. Antes de las 6:00 llegaron al Zoco el Arbaá, pasando por Africun, primero de los poblados de Cherauit. Allí se había pensado destruir la casa de uno de los líderes rebeldes, Aissa Uled el-Kadi, que finalmente no se llevó a cabo por los ruegos de uno de sus hermanos. Se realizaron 73 Bibliografía básica para estas operaciones: Balfour, S.: op. cit.; Gallego Ramos, E.: La campala del Rif de 1909, Algazara, Málaga, 2005 (1909); Martínez Campos, C., España Bélica. Siglo XX. Marruecos, Aguilar, 1972; Riera, A.: España en Marruecos. Crónica de la campaña de 1909, Barcelona, 1909; Madariaga, Mª R., En el Barranco del Lobo. Las Guerras de Marruecos, Alianza, 2005, Gárate Córdoba, J. M. (dir.), España en sus héroes, Ornigraf, Madrid, 1969. 64 algunas detenciones, y se prosiguió camino hacia Lehedara, avistando algunas partidas armadas, donde se hizo noche. Al amanecer, se regresó hacia Melilla, acompañada la columna desde el Zoco el Arbaá por una compañía del África nº 68, llegada de la Restinga, haciendo su entrada en la ciudad tras una agotadora marcha de 50 kilómetros. Lo único que se hizo fue la captura de seis agitadores, que fueron conducidos presos a Melilla. Para las autoridades españolas, estas detenciones estaban justificadas por los ataques y agresiones padecidas; sin embargo, fueron el detonante de la sublevación. El 7 de julio, las cabilas realizaron una nueva reunión en Nador, donde decidieron romper con España y acaudilladas por el Mizzián o Amezián, decidieron atacar. Poco a poco, el Chadly fue perdiendo protagonismo. 1.2.4.- La ruptura de hostilidades. En sus memorias, el conde de Romanones critica duramente a Maura en torno al conflicto de 1909: “Sin duda por estar mal informado, Maura no dio a estos sucesos importancia ni previó las graves consecuencias que tuvieron. Hasta el punto de que, seguro de ver transcurrir el verano tranquilo, se alejó de Madrid en busca de descanso. De haber practicado la sabia máxima de Liautey [sic] de que en Marruecos el mejor procedimiento es enseñar la fuerza para no emplearla, no hubieran sido tan desgraciados los primeros encuentros. Precisamente por no haberla enseñado a tiempo se precisó enviarla con premura y mal preparada, siendo 74 ésta la causa principal del desastre de junio” . Previendo disturbios, el general Marina tenía una fuerza preparada para proteger los trabajos del ferrocarril y repeler posibles agresiones. El día 9 de julio de 1909, mientras los enviados del Sultán conferenciaban en Madrid sobre la paz y la tranquilidad en Marruecos, a primera hora de la mañana los trabajadores llegaron a las obras del ferrocarril, en Sidi Musa, concretamente a la cimentación de un puente sobre un arroyo. El capataz español, Gregorio Otero, comprobó que los obreros marroquíes se resistían a coger las herramientas, y sólo lo hicieron tras insistirles mucho. A las 8:00 horas, unos cuatrocientos rifeños a pie y unos treinta a caballo, dispararon de improviso 75 a los obreros españoles, matando a cuatro de ellos e hiriendo a uno . Su intención era tomar rehenes entre los obreros españoles para canjearlos por los detenidos, pero como 74 Romanones, C. de, Notas de una Vida (1868-1901), Aguilar, Madrid, 1934, p. 285. 75 Según Gallego Ramos, y otros autores que le siguen, los muertos fueron seis. Sin embargo, la prensa de la época cita cuatro hombres, los cuatro jóvenes, y un herido en el antebrazo: Emilio Esteban, Tomás Almeida, Cristóbal Sánchez y Tomás Pérez: ABC, 10 de julio de 1909, p. 8; Díaz-Plaja, F., España, los años decisivos: 1909, Plaza y Janés, 1970, p.42-43; en Romero-Maura, J., La Rosa de Fuego. El obrerismo barcelonés de 1899 a 1909, RBA, Barcelona, 2012 (1974), p. 367. 65 se aprecia, su forma de actuar fue extremadamente violenta y no consiguieron su objetivo. Seguidamente, mutilaron de forma espantosa los cadáveres y destruyeron las obras realizadas. Así se iniciaba la guerra. Mientras tanto, los trabajadores corrieron hasta el tren y escaparon, llevando la noticia a Melilla, y el primero en conocerla fue el teniente coronel Enrique Baños Pérez, al mando de dos compañías del Regimiento de Infantería África nº 68, situadas en el Hipódromo, cuya misión era patrullar la vía férrea. El teniente coronel envió al contratista del ferrocarril, señor Vicente Barrachina, para que diera la alarma a Melilla. Seguidamente, el teniente coronel dispuso que dos compañías le acompañaran al lugar de los hechos. Los soldados subieron al tren, y se dirigieron hacia el punto de la agresión. Barrachina informó a las autoridades militares, los generales Marina y del Real, y el jefe de Estado Mayor, Larrea. El general Marina, que contaba con 6.000 hombres, ordenó fortificar algunas posiciones para proteger el trabajo de los mineros, y tras organizar en el Hipódromo la columna, salió de Melilla sin impedimenta con dos compañías de la Brigada Disciplinaria, cuatro compañías del Regimiento de Infantería África nº 68, y su sección de ametralladoras, la Batería de Montaña del Grupo Mixto y dos secciones de Sables del Escuadrón de Melilla. En Melilla, el general Pedro del Real y Sánchez Paulete, segundo jefe de la Comandancia, organizó una columna de reserva con dos compañías del Melilla nº 59, otra compañía del África nº 68, y la batería de montaña del grupo Mixto, cuyo comandante era José Royo, y una sección de cañones de 8 cm Plasencia; se le unió una sección de Ingenieros, otra de Administración Militar (intendencia) y una ambulancia sanitaria a lomo. La expedición del tren rebasó la primera Caseta, centro de aprovisionamiento de víveres y municiones, cuando comenzó a sufrir el fuego enemigo. El teniente coronel Baños ordenó parar el tren y desplegar a la tropa, para intentar batir al enemigo, situado a cubierto en las cercanas colinas de Xifar. Los rebeldes estaban parapetados en la falda del contrafuerte de Sidi Musa, y en la loma de Sidi Ahmed el Hach, en la vertiente oriental del macizo del Gurugú. Diez minutos después llegó el general Marina con sus fuerzas de vanguardia, encabezada por las dos compañías de la Brigada Disciplinaria. Los rifeños hacían un fuego vivo sobre los españoles, que comenzaron a utilizar la artillería a las 10:15 horas. Marina, a caballo, ya se había incorporado y dirigió el bombardeo sobre las casas y chumberas donde se parapetaba el enemigo. Dividió su tropa en tres columnas: a la derecha, las cuatro compañías (las dos del teniente coronel Baños y otras dos) del África nº 68, al mando de su coronel Ignacio Axó González 66 Mendoza, debía atacar las alturas de Sidi Musa; a la izquierda, una compañía del África y otra del Melilla, al mando del coronel Francisco Larrea Liso, debía apoyar el avance del centro. La columna central estaba integrada por cuatro compañías de infantería, dos de la Brigada Disciplinaria y dos más del África, apoyadas por la batería de montaña, debían cruzar el arroyo de Sidi Musa y asaltar la loma de Sidi Ahmed el Hach. Cuando la columna de Axó tomo las colinas de Sidi Musa con fuego y bayoneta, y la de Larrea expulsó de sus posiciones a los harqueños que tenía enfrente, las tres columnas convergieron sobre el objetivo. Los proyectiles comenzaron a machacar las posiciones enemigas, y Marina ordenó el asalto a la bayoneta, siguiendo del avance hasta tomar Sidi Ahmed el Hach, a las 11:15 horas. Sin embargo, la operación fue dura por la resistencia ofrecida por los marroquíes, y costó la vida del teniente Eduardo López Salcedo, de la Brigada Disciplinaria, que dirigía el asalto, y en torno a cuyo cadáver se trabó una lucha salvaje; y de otros tres soldados. Quedaron heridos veinticinco hombres, de ellos dos oficiales, el capitán José Riquelme, de la oficina indígena, y el teniente Luis Molina, de la brigada Disciplinaria. Murieron unos cuarenta rifeños. Después del mediodía hubo otro enfrentamiento en la ocupación de la loma de Sidi Alí, en dirección a Nador, que al ser coronada por el comandante Moratinos con la sección de ametralladoras del África 68, sufrió la embestida de unos cincuenta jinetes y varios rifeños, que fueron rechazados. La colina, al sur de Sidi Ahmed el Hach, quedó como posición avanzada. A las 13:00 horas, el combate había terminado. Es de destacar que durante el combate, se le ofrecieron al general Marina los hombres de Beni Eusar, que lucharon codo con codo con los soldados españoles. Se tomaron prisioneros, que fueron conducidos a Melilla. El general Marina decidió permanecer con sus tropas en el lugar, para proteger la construcción del ferrocarril, lo que propuso al Gobierno y que éste no sólo aceptó, sino que además anunció que pronto se le enviarían refuerzos al completarse la movilización de la 3ª Brigada de Cazadores. El general Marina guarneció las alturas conquistadas con cuatro compañías de infantería y una de montaña; también se fortificó la Segunda Caseta, construcción hecha por los obreros del ferrocarril, situada a cuatro kilómetros de los límites entre España y Marruecos y a siete de Melilla, y que Marina pensó utilizar como almacén de suministros, acuartelando en la misma una compañía; también se estableció una posición intermedia, se ocupó Sidi Musa con dos compañías, y acampó en el Atalayón, una península que se abre sobre la Mar Chica; pero sabía que su posición era expuesta, porque su flanco derecho estaba dominado por el macizo del 67 Gurugú. El cuartel general se estableció en Sidi Ahmed el Hach, con comunicación heliográfica con la plaza. Seguidamente buscó establecer la paz con las cabilas vecinas, 76 Beniensar, Barraca y Nador . Para algunos tratadistas, la decisión de Marina de ocupar el campo conquistado fue un error, porque iba a establecer una fuente de conflictos con las cabilas, al dar la razón de forma indirecta a los que anunciaban que los españoles pretendían conquistar Marruecos; pero para otros, era una consecuencia lógica de la obligación española de pacificar el territorio, demostrar firmeza y facilitar la continuación de los trabajos del ferrocarril. Mientras tanto, el Mizzian organizó una reunión de jefes cabileños en el Zoco el Arbaa de Tesaman, donde se reunieron representantes de las cabilas de Bocoya, Beni Itef y Beni Urriaguel. Es significativo que si bien España sólo había penetrado en una parte de la comarca de Guelaya, ésta recibió apoyo guerrero de otras comarcas vecinas, dado el odio común al cristiano-europeo. Por eso, junto a los Guelayas, era fácil encontrar a los Beni-Urriaguel, los Beni-Tuzin, Gensennaia, Beni-Ulisek, Metalza, Beni-Buyagi, Temsaman, sin olvidar a los nómadas. Ya en 1907, el capitán del Melilla 77 nº 59 Román Bayo Ayala , explicaba que los rifeños eran fuertes, ágiles, sobrios, dados a luchar con ventaja –lo que en según los cánones europeos era sinónimo de traición y falsedad-; utilizaban ya mayoritariamente fusiles Máuser (aproximadamente una tercera parte de ellos) y Remington, Lebel, Chassepot, y el Remington adaptado para cartucho de Máuser. Apuntaba el capitán Bayo que las armas modernas eran tan comunes que su precio estaba muy bajo: un Remington valía unos veinte duros, y un Máuser casi el doble, cuando sólo pocos años atrás estos precios eran muy superiores. Sus sistemas de lucha de infantería eran muy eficaces, pues desplegaban en una línea muy larga, bien emboscada y parapetada, lo que hacía complicado el desalojarla y muy difícil rodearla. Además, son dados a la retirada estratégica: “Si ven que nuestro movimiento nos ha de dar buen resultado, echan á correr cada hombre por su lado sin combatir y tendremos unas alturas más, de las infinitas que forman el territorio, pero el enemigo intacto, seguirá haciendo que no sea nuestro más que el terreno que pisamos”. Su conocimiento del terreno les permite plantear emboscadas. Su formación alargada les permite rodear al enemigo y atacar su retaguardia y sobre todo capturar la impedimenta, 76 De Mesa y otros, Las Campañas de Marruecos, p. 23. 77 Documento recogido en Gallego Ramos, E.: La Campaña del Rif de 1909, p. 84-89. 68 pues una de sus principales motivaciones es la obtención de botín. El capitán Bayo preveía dificultades para domeñar a un enemigo tan escurridizo: “Las líneas rifeñas no son como una barra de acero que un fuerte choque puede hacer pedazos; son un cordón elástico que cede, pero no se rompe á nuestro golpe, y que si no tomamos precauciones, nos hace sentir el latigazo con que reacciona”. Por su parte, al día siguiente, Marina dispuso que una sección de la batería de montaña quedara instalada en el campamento, y se relevara cada tres días por otra situada en Melilla. Parte de la sección, cuatro cañones C.B., reforzaron la posición de Sidi Ahmed el Hach, para tener campo de tiro sobre el Gurugú. La batería, de viejos cañones de bronce, comenzó a instalarse al mando del capitán Guiloche y del teniente Zabaleta, y principió a hacer fuego sobre las laderas del Gurugú, siendo hostilizada por los disparos de los rifeños. Durante el día 11 de julio, fueron cañoneados desde Sidi Ahmed el Hach lugares que, por confidentes, se pensara que servían de refugio a los rifeños. El día 12 se reanudaron los trabajos del ferrocarril y se ocupó el Atalayón, de forma pacífica, y el 15 desembarcaron en Melilla los refuerzos, la Tercera Brigada de Cazadores de Barcelona, cuya partida había provocado los sucesos de la Semana Trágica. 1.2.5.- Una guerra impopular. La Semana Trágica de Barcelona. La postura antibelicista de la izquierda no dinástica –republicanos federales, socialistas, etc.- apareció ya durante la Guerra de Cuba de 1895-1898, y reapareció con las primeras bajas de la guerra de Marruecos. En el verano de 1907 fueron asesinados en Casablanca tres obreros españoles, seis franceses y dos italianos. Esta izquierda razonaba que la guerra debía evitarse, oponiéndose a las “aventuras” coloniales; y si la guerra era inevitable, debían ir tanto “ricos” como “pobres”, es decir, eliminando la redención a metálico. En 1907, los socialistas españoles y franceses llegaron a acuerdos para impedir la guerra y movilizar a las opiniones públicas de sus países a favor de 78 mantener la independencia de Marruecos . La redención a metálico estaba establecida en 1.500 pesetas. El sistema de reclutamiento de quintas, establecido en tiempos de Carlos III, sufrió una reforma en 1877, disminuyendo el período de servicio de 8 a 3 años, pero estableciendo una reserva 78 Madariaga, Mª R.: En el barranco del Lobo, p. 59-60. 69 de 8 años con algunas excepciones. El lema de la protesta socialista y republicana era “o todos o ninguno”. El Ejército debía haber previsto la necesidad de una intervención en Marruecos, tener preparados planes y hombres, pero no se hizo nada, sencillamente porque no se deseaba tal intervención. El general Fernando Primo de Rivera, ministro de la guerra en 1906, planteó la creación de una división para África, pero su sucesor, el general Linares, pensó que en caso de necesidad se podían enviar tropas desde la península, donde se contaba con 80.000 hombres. Al estallar el conflicto, fue necesario enviar refuerzos, pero en vez de enviar a la brigada de reserva de Andalucía, el ministro de la Guerra decidió imitar la movilización prusiana, enviando batallones de Madrid y Barcelona, todos de la Segunda Reserva, en vez de reclutas que estaban en los cuarteles (Diario Oficial del 11 de julio de 1909). La razón fue que con la llegada del verano, los batallones tenían pocos efectivos: “Estábamos en el centro del verano y los cuerpos se hallaban en cuadro, pues por razón de economías se prodigaban las licencias trimestrales. Las únicas fuerzas que tal vez se encontraban más nutridas eran las de Barcelona y aun hubo que llamar a los que tenían licencia para completarlas. El caso 79 es que Linares dio la orden de que salieran para Melilla” . Linares envió a la 3ª Brigada de Cazadores, pero al faltar hombres para completar los batallones, se llamó a unidades de la reserva, de zonas urbanas para facilitar la movilización. La Primera Reserva estaba formada por hombres, llamados a filas en 1904, muchos de los cuales no habían sido instruidos y que pensaban que jamás serían llamados a filas. Esta Primera Reserva reclutó 330 hombres, pero hacían falta 850. Se hizo necesario convocar a la Segunda Reserva, correspondiente a 1903, y que habían finalizado su servicio cuatro años atrás. Muchos de los reservistas llamados tenían ya obligaciones familiares. Este llamamiento tuvo varios errores graves. Se podían haber completado los Batallones de Cazadores con compañías de otras unidades, pero Linares se negó, por un lado porque era partidario de mantener cada unidad con sus jefes, oficiales y soldados sin mezclarlos; por otro, porque recordaba el caos organizado con la guerra de Melilla de 1893, cuando se hizo precisamente así. Se podía haber llamado, en vez de a los reservistas, a los excedentes de cupo; quizá no se hizo porque las compañías de seguros 79 De la Cierva, J., Notas de mi vida, Reus, Madrid, 1955, p. 135-136. 70 de quintas hubieran tenido que pagar a sus asegurados las primas por haber sido 80 reclutados, y presionaron para que no fueran convocados . El descontento popular en Barcelona por las condiciones de vida de los obreros era patente. Se extendió la idea de que la campaña de Marruecos se hacía para proteger los intereses de las compañías mineras, y por el deseo y ambición de los militares, que deseaban ascensos y recompensas. El conde de Romanones era de hecho uno de los 81 grandes inversores de las minas, y era consciente de la existencia de ese rumor . Los reservistas para la 3ª Brigada de Cazadores fueron alistados el 11 de julio en Barcelona, y comenzaron a llegar a Melilla cinco días después. Se siguió llamando a miles de reservistas. El ejército español no pagaba pensiones, por lo que las mujeres y los niños de los llamados quedaban sin recursos. Pronto comenzaron las protestas. Los socialistas hicieron en Madrid una gran manifestación contra la guerra el 11 de julio. El 18 de julio, Pablo Iglesias amenazó con una gran huelga general. Ese mismo día, la Federación Socialista catalana celebró su II Congreso, siendo presidida por el líder Antonio Fabra Ribas, y allí uno de los temas centrales fue la guerra de Marruecos y la articulación de una oposición. Entre las conclusiones, se acordó que la invasión de Marruecos había sido provocada por el gobierno Maura al servicio de los intereses capitalistas. El 20 de julio, los manifestantes, en Madrid, casi todos mujeres, se sentaron en los raíles del tren para impedir su salida, gritando "viva el ejército", y "abajo el gobierno". Otro gran mitin se celebró el 21 de julio en Terrassa. Barcelona en una ciudad donde el radicalismo y el anarquismo eran muy fuertes, y pronto se formaron sendos comités de anarquistas e izquierdistas para organizar una huelga general como protesta a la guerra, a la que habían apodado “de los banqueros”. Los anarquistas eran partidarios de la acción inmediata. Durante el embarque de los soldados, varias damas de la alta sociedad distribuyeron cigarrillos y medallas entre los soldados que embarcaban. Este gesto fue visto por algunos soldados como una burla macabra, pues los hijos de tales damas se escudaban en la redención a metálico para no ir a la guerra, y arrojaron las medallas al agua. Sus familiares comenzaron a gritar consignas contra la redención a metálico y la guerra: “Arrojad vuestros fusiles”, “Que vayan los ricos”… Los policías retiraron la cescalerilla y el buque de transporte se hizo 80 Puell de la Villa, F., El Soldado desconocido. De la leva a la “mili”, Biblioteca Nueva, Madrid, 1996, p. 298-299; Ullman, Joan Connelly, La Semana Trágica,p. 282-283. 81 La Correspondencia de España , 12 de julio de 1909, "España no quiere oír hablar de Marruecos",. Una copla popular decía: “Los obreros de la mina / está muriendo a montones / para defender las minas / del conde de Romanones / que luego los asesina”. Cit. Madariaga, Mª R.:En el barranco del Lobo, p. 65. 71 a la mar, entre las protestas de los presentes en el muelle. Los líderes obreros decidieron utilizar este descontento para organizar una protesta popular que redundara en objetivos laborales o políticos. Los socialistas habían previsto una huelga para el 2 de agosto, pero los acontecimientos se precipitaron. La ciudad había quedado con una guarnición 82 pequeña y con moral baja . Ullman ha realizado el seguimiento día a día de los acontecimientos. El 26 de julio, la huelga paralizó la ciudad. El gobernador, Ossorio y Gallardo, dimitió, con lo que el gobierno fue asumido interinamente por el capitán general Santiago, se contaba con 1.400 hombres de guarnición. La protesta obrera antibelicista degeneró en una explosión de desórdenes anticlericales. Los huelguistas y simpatizantes optaron por la violencia antirreligiosa. En la noche del 26 de julio, los rebeldes comenzaron incendiar algunas de las principales iglesias, y durante tres días ardieron destacados edificios religiosos, conventos y colegios católicos. El anticlericalismo de la Ciudad aprobó estos desórdenes; pero después se formaron barricadas en las calles, y los revoltosos dispararon contra la policía. Santiago no quería involucrar al ejército en el restablecimiento del orden, porque consideraba que los rebeldes no amenazaban la situación. La tropa comenzó a perder la disciplina, por lo que tuvo que ser confinada en los cuarteles. Sólo los setecientos guardias civiles no podían controlar la situación. Las fuerzas de orden público estaban indefensas y vacilantes. Era necesaria una decidida intervención militar para sofocar el desorden. Varios días después llegaron refuerzos, y se limpiaron las calles de barricadas. Fueron detenidas 2.000 personas, de las cuales se condenó a 150, cinco de ellas a muerte. Esta 83 fue la llamada "Semana Trágica", que asoló la ciudad condal del 26 al 31 de julio . Estaba clara la importancia del Ejército para mantener el orden. Esos acontecimientos hundieron la moral de los soldados en África, que por otro lado no fueron suficientemente equipados ni instruidos. El gobierno Maura se presentó como defensor de la paz social. Se establecieron tribunales militares para juzgar los delitos de rebelión armada, desde el 1 de agosto de 1909 al 19 de mayo de 1910, siendo procesados mil setecientos veinticinco individuos, de los que salieron diecisiete penas de muerte, cinco de las cuales fueron ejecutadas. Los miembros del partido Radical aseguraron que ellos no habían portado armas 82 Tusell, X., La política y los políticos en tiempos de Alfonso XIII, Planeta, Barcelona, 1976, p. 40 83 Romero-Maura, J., La Rosa de Fuego. El obrerismo barcelonés de 1899 a 1909, RBA, Barcelona, 2012 (1974), p. 368-399. 72 durante las protestas, por lo que no debían ser procesados por vía militar sino civil. Esta postura de los radicales fue apoyada por algunos oficiales, los cuales, apunta Ullman, habían dado muestras de pasividad e incluso complicidad durante los incendios, principal delito achacado a los radicales. Es decir, que algunos oficiales habían visto con simpatía el incendio de los edificios religiosos, o al menos existían lazos de amistad 84 entre los mílites y los radicales . La ejecución del intelectual anarquista Ferrer y Guardia el 13 de octubre provocó una honda campaña de protestas, al grito de “Maura, no”. Parte del partido 85 Conservador se situó cómodamente al margen de la defensa de Maura . Moret le atacó y le manifestó que no le apoyaría, y Maura, que había ganado con amplia mayoría las elecciones de 1907, se vio obligado a dimitir, al no contar, sobre todo, con el apoyo del 86 rey . Era el fin del regeneracionismo maurista, en buena medida gracias a la acción del monarca, y de militares liberales como Weyler o Luque, muy críticos con las operaciones de 1909. El 24 de octubre se celebró en Madrid una gran manifestación, convocada por los diputados republicanos, partidos republicanos y socialista, sindicatos como UGT e intelectuales como José Ortega y Gasset. Republicanos y socialistas se plantearon una alianza política, que conseguiría representación parlamentaria para los socialistas: Pablo Iglesias fue elegido diputado por Madrid en mayo de 1910. Los socialistas españoles defendían postulados anticolonialistas comunes a los europeos, y planteados por la II Internacional. No obstante, los franceses, como Jaurès, defendían una penetración pacífica en Marruecos, para implantar el progreso. Estos acontecimientos fueron decisivos para que los partidos dinásticos limitaran el esfuerzo bélico y el envío de tropas a Marruecos. Este planteamiento político está detrás de la prolongación de la guerra y del alcance limitado de las campañas, y explica también la insatisfacción que a la larga la guerra iba a provocar en muchos de los militares participantes, así como el recelo de éstos contra los políticos, sobre todo los de izquierda. 1.2.6.- Prosigue la campaña. 84 Ullman, J.C., La Semana Trágica, p. 520-522. 85 Martínez Roda, F., “El 98 y la crisis del sistema político de la Restauración (1898-1914), en Cátedra Nova, nº 9, junio 1999, p. 84. 86 García Venero, M.: Antonio Maura, 1907-1909, Ediciones del Movimiento, Madrid, 1952. 73 La campaña africana dejó claras las deficiencias militares. Mientras los británicos usaban el caqui desde 1848, los españoles seguían utilizando el rayadillo azul y blanco, claramente visible sobre el terreno, y alpargatas de esparto, muy deficientes en el tipo de terreno marroquí. Los cañones Sotomayor eran de bronce, porque en España aún no se aplicaba la renovación artillera que desde 1897 había impuesto el cañón de acero Déport de 75 mm. Los cabileños fueron rechazados, pero estaban claras las deficiencias del Ejército. El Ejército contaba con el apoyo del Rey, y tuvo momentos de gran popularidad durante la campaña; pero ello no era suficiente para que los gobiernos acometieran su reforma y modernización, ni para que se dieran al Ejército los medios para acometer la campaña con efectividad. El Ejército español estaba anticuado y mal formado en las nuevas armas que se estaban adquiriendo. La instrucción de los 87 reservistas era somera y sin continuidad. Las deserciones eran frecuentes . El avance de las tropas en Melilla era hostilizado. Los refuerzos eran llevados al combate de inmediato. Como media viajaban dos días en tren desde su punto de recluta hasta un puerto del Mediterráneo, donde eran embarcados. El viaje a Melilla era como mínimo de doce horas, tras de las cuales, durante aquellos días de refriegas continuas, eran desembarcados y enviados a la lucha sin descanso. A estas circunstancias, duras para los reclutas, se unían la dificultad de una orografía abrupta y mal conocida, temperaturas extremas que podían superar los 45º de día y caer por debajo de los 0º en la noche; escaseaba el agua y la madera para cocinar y calentarse, lo que suponía preparar convoyes de abastecimientos. Era un modelo de guerra al que los oficiales españoles no estaban acostumbrados, y para la que no habían sido formados. Pese a que los españoles habían combatido contra las guerrillas mambises y tagalas en Cuba y Filipinas, las circunstancias eran muy diferentes. Por otro lado, el enemigo estaba mal definido, unas cabilas eran leales a España, y otras enemigas, pero las fracciones internas podían cambiar su fidelidad a tenor de las circunstancias o intereses. Los rifeños eran guerrilleros curtidos, acostumbrados a la vida en el campo, frugales, conocedores del terreno, y fanatizados por la religión. Evitaban los ataques frontales, luchaban en grupos pequeños, se retiraban con sigilo. Eran maestros de la emboscada. 87 Bascuñán Añover, O., “Resistencias al reclutamiento y movilización social en la España rural: el caso de las provincias castellano-manchegas (1909-1923)”, en Alía Miranda, F., coord. La guerra de Marruecos y la España de su tiempo (1909 1927), Sociedad Don Quijote de Conmemoraciones Culturales de Castilla-la Mancha, Ciudad Real, 2009, p. 109-132, cifra los prófugos en algunas provincias costeras de un 17% en los años 1918-1920, a los que habría que añadir los exceptuados, aquellos que conseguían, por recomendaciones, eximirse del servicio militar. 74 La estructura social rifeña estaba quebrada, se recurría a menudo a la violencia, lo que explica su conocimiento de las armas y de las técnicas de combate. El general Marina había ocupado cuatro posiciones rodeado el lugar de la agresión: al norte, la Segunda Caseta y Sidi Musa; al sur, en vanguardia, el Atalayón y Sidi Ahmed El Hach. Estas posiciones, menos el Atalayón, estaban dominadas por alturas vecinas, y tanto Sidi Ahmed el Hach como Sidi Musa estaban vigiladas desde el macizo del Gurugú. Desde estas alturas, los cabileños, camuflados aprovechando las fragosidades del terreno, hostigaron sin cesar a los españoles. Los planes tanto del general Marina como del Gobierno de Madrid, no preveían una penetración profunda del territorio, tan solo la necesaria para proteger los trabajos del ferrocarril, y para ello bastaba ocupar los montes de Nador. Pero en días sucesivos, menudearon los enfrentamientos con francotiradores ocultos en las alturas que dominan las posiciones españolas. En Beni Sicar se predicó la guerra santa y se reunieron 5.000 hombres de las cabilas de Beni Itef, Bocoya, Beni Said y Beni Urriaguel, que se dirigieron hacia Guelaya. Apresaron al Santón de la Puntilla, partidario de la paz con España, y amenazaron con matarlo para forzar a los Beni Sicar a unirse a la rebelión. Entre el 10 y el 17 de julio, las posiciones de Sidi Ahmed el Hach y de Sidi Musa no fueron atacadas. La posición de Sidi Ahmed el Hach contaba con ocho piezas, cuatro Krupp de 9 cm., dos de montaña y dos de campaña. El general Marina quería ocupar el Gurugú, pico que dominaba la llanura de Melilla y las minas, para eliminar el peligro del hostigamiento de las posiciones españolas y los asaltos a los convoyes de aprovisionamiento. El día 16 de julio comenzó la llegada a Melilla de las fuerzas expedicionarias y el 18 entraron en combate. La Tercera Brigada Mixta estaba formada por los Batallones de Cazadores de Barcelona nº 3, Alba de Tormes nº 8, Mérida nº 13, Estella nº 14, Alfonso XII nº 15, y Reus nº 16, dos secciones de ametralladoras, un escuadrón del regimiento de Cazadores Treviño nº 26, tres baterías de montaña, cada una con cuatro cañones Krupp de 75 mm, del 1º Regimiento de Artillería de Montaña, una compañía de Zapadores y otra de Telégrafos del 4º Regimiento Mixto de Ingenieros, una compañía de Administración Militar y una Ambulancia Sanitaria; fuerza al mando del general Miguel de Imaz Delicado. Entonces se pusieron en evidencia que Melilla no ofrecía grandes condiciones para acoger a la tropa que iba llegando. Sus muelles eran pequeños, faltaban almacenes y acuartelamientos, hospitales… Melilla contaba entonces con 20.000 habitantes y una 75 guarnición prevista en 4.000 hombres. El desembarque siempre era complicado, teniendo que efectuarse en lanchones. En la labor de intendencia destacó la capacidad organizativa del general Arizón. El ejército tuvo que ocupar el Depósito de Granos de las faldas del cerro San Lorenzo, así como dos barracones de la puerta de Santa Bárbara. Se habilitaron hospitales en la iglesia parroquial, el teatro de Alcántara, parte de los 88 cuarteles del Disciplinario, de Santiago y de la Alcazaba, así como las escuelas . 89 1.2.7.- El ataque a Sidi Ahmed el Hach . El general Marina había estructurado la defensa del ferrocarril, de sur a norte, con el puesto avanzado de Sidi Alí, con una compañía del África al mando del comandante Cos Gayón, la posición de Sidi Ahmed el Hach, y a retaguardia de ésta una posición intermedia, con una compañía del Melilla 59, a las órdenes del capitán Hernández. El 18 de julio de 1909 se realizó como era costumbre el relevo de mandos, asumiendo el mando en Sidi Ahmed el Hach el comandante Royo, el capitán Trujillo y el teniente Espinosa. Con ellos se quedaron el capitán Guiloche y el teniente Zabaleta, que no tenían relevo. La posición tenía forma ovalada, pero sólo la parte este estaba fortificada con un parapeto de piedra de altura suficiente; la parte sur y este contaban con un murete de medio metro de altura. En esta parte sur se encontraba una abertura, frente a la que se situaron los cuatro principales cañones, a media ladera. El reducto de esta posición aún no estaba acabado, careciendo de defensas en su flanco derecho, lo que se palió situando dos piezas de 9 cm. La guarnición, al mando del general Marina, se componía de una compañía del África 68, una compañía y dos secciones del Melilla 59, una compañía disciplinaria, una sección del Escuadrón de Cazadores, una sección de la compañía de Ingenieros, más la artillería ya citada, procedente la de campaña y montaña del Grupo Mixto de Melilla. Al sur, en las estribaciones de la colina, se situó una línea de puestos avanzados, al mando del teniente coronel Federico Julio Ceballos. A las 14:00 horas, los obreros rifeños abandonaron el trabajo sin explicación, y media hora después comenzó el fuego sobre la posición española. A las 16:00 horas, el fuego era ya muy vivo. 88 Gallego Ramos, E.: La campaña del Rif de 1909, p. 71-75. 89 Gárate Córdoba, J.Mª, (dir) , “Royo y Guiloche: morir abrazado al cañón”, en España en sus héroes, Ornigraf, Madrid, 1969, p. 17-31; Martínez de Campos, C., Espazña bélica. El siglo XX. Marruecos, p. 75. 76 La batería del capitán Enrique Guiloche comenzó a hacer fuego sobre los atacantes; la batería de montaña del teniente Espinosa se adelantó hacia la línea de puestos avanzados. La caballería rifeña, mandada por el Hach Amar, intentó envolver las posiciones, lo que impidió el capitán Trujillo con las piezas de campaña, inicialmente situadas en el flanco norte. Lo intenso del ataque movió al general Marina a destacar al capitán Guerrero para que acudiera a Melilla a traer refuerzos para la posición y la de Sidi Alí. Esta posición fue reforzada desde la de Sidi Ahmed el Hach con la compañía de la Brigada Disciplinaria, mandada por el capitán Nietro, asumiendo el mando de la posición el teniente coronel Luis Aizpuru y Mondéjar Los refuerzos de Melilla llegaron una hora antes del anochecer a Sidi Ahmed el Hach, un batallón de Cazadores de Barcelona (desembarcado el 16), una sección de ametralladoras, una batería de Montaña de la Brigada de la Tercera Mixta (una sección de la cual se quedó en la Segunda Caseta, reforzándola), y una sección de montaña del Grupo Mixto de Melilla. La línea de puestos avanzados tuvo que ser evacuada tras la muerte del teniente coronel Julio Ceballos. Aprovechando las fragosidades del terreno, los rifeños hacían fuego constante sobre las posiciones españolas. Bajando por la cañada de Sidi Musa, un grupo numeroso de rifeños se lanzó sobre el campamento y la Segunda Caseta, defendida con sangre fría por el capitán Eduardo López. La caballería rifeña amenazaba el Atalayón, lo que provocó que desde la posición intermedia se enviaran hacia allí una sección de artillería de montaña y una compañía de Cazadores de Barcelona. Hacia las 20:00 horas, el combate estaba en su apogeo. Los atacantes se centraron en hostigar Sidi Alí y Sidi Ahmed el Hach. Los rifeños, unos 6.000, atacaron el frente y flanco izquierdo de Sidi Ahmed el Hach, donde estaban las piezas de 9 cm. El juego de los cañones, cambiando de posición constantemente, había sido decisivo para impedir un desastre. Sobre las 20:30 horas, Marina ordenó replegar los cañones, casi sin munición, dentro de la posición. Las piezas de 7’5 cm quedaron dentro del recinto, y la de 9 cm del capitán Enrique Guiloche Bonet en la parte abierta de la fortificación, mirando al sur, al Gurugú, teniendo como protección ante ellas una 90 alambrada , pues no había parapeto. Cerca de las mismas, a su izquierda, se situó una compañía de los Cazadores de Barcelona, reservistas, muchos de ellos casados, protagonistas indirectos de la Semana Trágica. 90 Gallego Ramos afirma que no había ni tal alambrada, La Campaña del Rif, p. 108. 77 Se encendieron esa noche las hogueras en el Gurugú. Al acabar el rancho, los rifeños, unos 6.000, atacaron de nuevo aprovechando la oscuridad. Eran cerca de las 21:00 horas, Asaltaron los débiles parapetos y la batería del capitán Guiloche. Los Cazadores de Barcelona, sin moral de combate, se replegaron atropelladamente. Los artilleros, junto a ellos, parecieron contagiarse del pánico, lo que impidió el capitán Barbeta, increpándoles pistola en mano, y ordenando desenvainar los machetes. Acudieron a la entrada, donde encontraron al comandante José Royo Diego y al capitán Guiloche, que seguidos de un corto número de hombres corrían hacia las piezas para cargarlas y disparar a cero. Barbeta recibió la orden de correr dentro de la posición y traer fuerzas de infantería para cerrar la entrada. Royo y Guiloche llegaron a los cañones pistola en mano, y se enfrentaron a los rifeños que arrastrándose por el suelo estaban ya casi sobre ellos. En el tiroteo, cayeron ambos oficiales, Guiloche abrazado al cañón nº 268, intentando volver a disparar. Su sacrificio no fue en vano: los rifeños vieron detenido su avance, y con la llegada de los restantes artilleros, tuvieron que retirarse tras un denodado combate cuerpo a cuerpo. El teniente Zabaleta tomó el cuerpo de Guiloche, e informó al capitán Barbeta: “El capitán Guiloche está muerto, mi capitán, pero se han salvado los cañones”. El comandante Royo aún vivió unos minutos, para morir de resultas de cuatro balazos. El combate continuó, teniendo que retirarse las piezas dentro de la posición, hasta las 4:00 de la madrugada del 19 de julio. Una sección de infantería, al mando del capitán Eduardo López de Ochoa y Portuondo rechazó el ataque sobre la entrada del reducto, en el flanco derecho, haciendo fuego rodilla en tierra y sin protección. A la mañana siguiente, llegó un convoy de municionamiento, y se completó la fortificación 91 del parapeto . Al cesar la lucha, los muertos y heridos fueron trasladados a la segunda Caseta, y desde ella por tren hasta Melilla: dos jefes (Ceballos y Royo), un oficial (Guiloche), dos sargentos y catorce soldados muertos, y tres oficiales (Capitán Mena, teniente Conde, de los Cazadores de Barcelona, y teniente Navarro, del Melilla) y seis soldados heridos de graves, así como otros veintidós leves. El lunes 19 de julio, desembarcaron en Melilla los batallones de los cazadores de Estella y de Alfonso XII. El problema principal para sostener la posición de Sidi Ahmed el Hach, y sus compañeras, era el abastecimiento. El camino hasta las posiciones de vanguardia 91 López de Ochoa y Portuondo, E.: Memorias de un soldado, Belacqva, Barcelona, 2007, p. 156-159. 78 suponía recorrer 12 km flanqueados por francotiradores rifeños, buenos conocedores del terreno y luchadores acostumbrados a las querellas tribales que se saldaban con golpes de mano y emboscadas. A ello se unía que los militares españoles desconocían el terreno, y carecían de mapas de las profundas y abruptas gargantas del Gurugú. Los harqueños, dado su fracaso ante Sidi Ahmed, decidieron dar un golpe contra una posición más débil situada a retaguardia de la primera, a fin de aislar aquélla: Sidi Musa, desde la que sería posible asaltar el campamento de la Segunda Caseta, con los víveres y municiones allí acumulados. Los rifeños recibieron además refuerzos, quinientos beni urriagueleses, y otros grupos que regresaban de Argelia de trabajar en las cosechas. La harka se incrementó así a unos 8.000 o 10.000 hombres. Sidi Musa era una elevación en las estribaciones del Gurugú, desde el que se dominaban las vías férreas, y por tanto la comunicación entre Melilla y las posiciones avanzadas. Pero a su vez, estaba superada por el macizo del Gurugú, desde donde podía ser batida. El día 19, los harqueños hostilizaron el Atalayón y las avanzadas de Sidi Ahmed el hach, provocando un muerto y seis heridos. El día 20, Marina reforzó la posición. Los soldados del regimiento África, al mando del teniente coronel José Martínez Pedreira, habían trabajado denodadamente para dotar al cerro de un parapeto defensivo. A ellos se unieron una compañía de Cazadores de Mérida, una sección de cañones de montaña, la sección de ametralladoras del Regimiento África, y una sección de zapadores. Fue necesario ampliar el recinto con sacos terreros y alambradas, para acoger a los hombres y el ganado mular. Los puestos avanzados quedaron al mando del general Imaz, jefe de la 3ª Brigada de Cazadores. El día 20, por la mañana, los harkeños iniciaron el ataque. No era una sorpresa, los oficiales españoles conocían las intenciones de los rifeños por los confidentes o “moros amigos”. La posición de Sidi Musa, construida por el teniente de ingenieros Carcaño, y defendida por dos compañías del regimiento África 68, al mando del teniente coronel José Martínez Pedreira quedó cercada a primeras horas de la tarde; pero antes, pudo ser introducida en la posición una sección de artillería de montaña, para batir las cañadas que bajaban hacia la Segunda Caseta, y una compañía de los Cazadores de Mérida, del capitán Reyter. El fuego de fusiles, cañones y ametralladoras, así como el fuego de apoyo lanzado desde Sidi Ahmed el Hach, mantuvo a los atacantes a distancia. Durante la tarde, los harqueños comenzaron a hacer fuego también sobre el Atalayón, Sidi Alí y Sidi Ahmed. A la caída de la noche, sobre las 20:00 horas, las averías en un cañón y dos ametralladoras menguó la intensidad del fuego español, y 79 animó a los rifeños a lanzar un primer asalto sobre la parte trasera, la gola, que se había habilitado para el ganado y carecía de parapeto. El batallón de Cazadores de Mérida, integrado por reservistas de Barcelona poco instruidos y motivados, que defendían la avanzada, se retiraron precipitadamente al interior del recinto. El teniente Francisco Roca Llovet, de Granollers, consiguió reagrupar a los hombres y volver a la posición, para ser nuevamente rechazados. Los marroquíes, que ya habían cortado las alambradas y derribado las cubas de agua que abastecían a la posición, estaban a punto de entrar en el reducto. Los soldados del Regimiento África, más curtidos, contraatacaron a la bayoneta al mando del teniente González Echevert, y junto a los Cazadores de Mérida expulsaron a los rifeños del lugar, recuperando a los heridos y las cajas de municiones. El teniente Roca quedó herido en ambas piernas, y murió el día 22 en el hospital de Melilla por la infección resultante, en brazos del médico militar Dr. Marina, hijo del general. El ganado tuvo que ser sacrificado para evitar que se lo llevara el enemigo. El combate y el tiroteo se prolongaron toda la noche, cesando al amanecer. El día 21 se recontó a la tropa: había veintitrés muertos y más de cincuenta heridos entre los 92 españoles. Se localizaron diecisiete cadáveres rifeños . Durante el ataque a Sidi Musa, también fue atacado el cercano Campamento de la Segunda Caseta, guarnecido por dos compañías de los Cazadores de Alba de Tormes, tres de los Cazadores de Mérida, la 4ª compañía del tercer Batallón del Melilla 59, la 2ª batería del 1º de Montaña, la compañía de Zapadores del 4º Mixto, Administración y Sanidad, total ochocientos hombres al mando del teniente coronel del Alba de Tormes, José Maldonado. Pero la defensa, realizada bajo un sol abrasador con abundantes medios, fue eficaz, pese a ser un ataque más prolongado, pues se extendió incluso al acabar el de Sidi Musa; costó la vida a treinta y tres hombres, y sesenta y uno más quedaron heridos. Los harqueños lanzaron continuos ataques, que fueron repelidos por los españoles, llegándose al cuerpo a cuerpo, con machetes y cuchillos. En unos de estos enfrentamientos murió el capitán de artillería Alfredo Rogers, del 1º de Montaña. Los españoles no cedieron terreno. Uno de sus defensores era el capitán Miaja Menant, que por su valor fue premiado con la cruz al Mérito Militar con distintivo rojo; poco después 92 Gárate Córdoba, J.Mª, (dir) , “Las hogueras del Gurugú”, en España en sus héroes, Ornigraf, Madrid, 1969, p. 35-39. 80 fue condecorado con la cruz de María Cristina. Para entonces, Miaja cursaba estudios de 93 árabe, lo cual no era sorprendente entre los oficiales españoles . El general Marina permaneció junto al general Imaz en Sidi Ahmed el Hach, en contacto heliográfico con las posiciones atacadas. Mantuvo en el Hipódromo, como fuerzas de socorro, tres compañías de los Cazadores de Estella, una del África 68, una sección de ametralladoras, dos piezas de 9 cm y una sección de artillería de campaña al mando del general Real. Estas piezas hicieron un breve fuego durante la tarde del 20 para detener la progresión de algunos grupos insurrectos hacia Mezquita. El día 21, el general Marina regresó a Melilla, quedando al mando el general Imaz. Las noticias de estos combates alentaron a los contrarios a la guerra. La campaña de castigo se había tornado en guerra abierta, y se ordenó el embarque de la Primera Brigada de Cazadores, en la Primera Región Militar. En la tarde del 21 de julio, al realizarse la subida al tren de los batallones de Cazadores de Las Navas y de Figueras, estallaron protestas en la estación madrileña de Mediodía. La Brigada de Madrid embarcó en Málaga entre el 21 y el 24 de julio, desembarcando en Melilla entre el 24 y el 27, con un espíritu de lucha muy bajo, y convencidos de que su papel en África era defender intereses mineros. Esta Primera Brigada Mixta de Cazadores estaba mandada por el general Pintos, y tenía cono jefe de Estado Mayor al comandante Carlos Alonso. Esta formada por los batallones de Cazadores de Madrid nº 2, Barbastro nº 4, Figueras nº 6, Arapiles nº 9, Las Navas nº 10, y Llerena nº 11; tres baterías del 2º Regimiento de Montaña (Vitoria), un escuadrón de Cazadores de María Cristina nº 27, una compañía de Zapadores y otra de Telégrafos del 2º Regimiento Mixto de Ingenieros, una compañía de Administración Militar, y una sección de Ambulancia. 1.2.8.- La penosa tarea de asegurar las líneas. El día 22, se vieron desde los puestos avanzados fuerzas de harqueños que se dirigían hacia el Gurugú para, presumiblemente, ocupar posiciones. Esa noche, algunos confidentes indígenas se acercaron a Melilla, e informaron que unos 14.000 hombres iban a atacar en dos direcciones: hacia Sidi Musa, y hacia Melilla, partiendo del cerro de Ait Aixa, posición flanqueada por los barrancos del Lobo y de Alfer, y situada a retaguardia de Sidi Musa y de la Segunda Caseta. Desde allí se podía atacar tanto el 93 Casas de la Vega, R., Seis generales de la Guerra Civil, Fénix, Madridejos, 1998, p. 77-80. 81 Campamento del Hipódromo como la Posada del Cabo Moreno, ambos inmediatos al territorio español. Desde Ait Aixa, los rebeldes tiroteaban impunemente a las columnas de aprovisionamiento. Dado que las posiciones estaban guarnecidas por las fuerzas de la 3ª Brigada y los regimientos África y Melilla, Marina sólo tenía en reserva en el Hipódromo y Melilla unas compañías de los batallones Alfonso XII, Reus y Estella, tres compañías del Regimiento África y cuatro del Melilla, y dos compañías de la Brigada Disciplinaria, como las anteriores, ya mermadas. Era preciso detener el avance enemigo antes de que se acercara a Melilla. Para ello, se ordenó una concentración del fuego artillero sobre el principal núcleo atacante desde Sidi Ahmed el Hach, el Hipódromo, Fuerte Camellos y Sidi Musa, frenando en efecto al enemigo. El general Marina, en previsión de un ataque a Melilla, acantonó una columna de seis compañías de infantería (dos del África 68, una del Melilla 59, dos del Alfonso XII, y una del Reus) y una sección de obuses en las proximidades de la ciudad, al mando del coronel Venancio Álvarez Cabrera. A última hora de la tarde partió del Hipódromo hacia la Primera Caseta la columna de coronel Venancio Álvarez Cabrera, compuesta, como ya se ha dicho, por dos compañías del África, dos del Alfonso XII, una del Reus y otra del Melilla, una sección de artillería de montaña. Se desconocen las órdenes de Cabrera. Presumiblemente, el general Marina había previsto una operación consistente en que Álvarez Cabrera atacaría Ait Aixa desde el este o el sur, mientras el teniente coronel Aizpuru lo haría desde el norte, saliendo de los Lavaderos. Pero Álvarez Cabrera decidió ocupar sus posiciones sin esperar órdenes. Gallego Ramos afirma que lo hizo 94 por ser “excesivamente voluntarioso” y que partió sin órdenes . Al parecer, la idea de Álvarez Cabrera era atacar, tomando a los harqueños por sorpresa. Se supone, por tanto, que por iniciativa propia, el citado coronel ordenó una marcha nocturna a Sidi Musa, para atacar al amanecer a Ait Aixa. La columna partió a las 21:00 horas del día 22, comunicándoselo por heliograma al general Marina en Melilla. Marina se encolerizó y envió tras Álvarez Cabrera al capitán Miguel Cabanellas con orden de que regresara al Hipódromo, pero Cabanellas no pudo alcanzarle. La marcha duró más de lo previsto, seguramente por falta de mapas y desconocimiento del terreno. Poco antes del amanecer, la columna llegó a Sidi Musa, donde entró la artillería. Allí, el coronel 94 Gallego Ramos, E.: La Campaña del Rif de 1909, p. 118; Mesa y otros, Las Campañas de Marruecos, p. 28. 82 Álvarez Cabrera dividió sus tropas. Las compañías del Alfonso XII se situaron a la derecha de Ait Aixa, al sur del barranco de Alfer; el resto, se quedó a la izquierda del objetivo, sobre la misma línea del barranco. Para entonces, los harqueños se habían apercibido de los movimientos de las tropas españolas, y aprovechando las últimas horas de oscuridad se posicionaron en el camino que habían de emprender los hombres del coronel Álvarez Cabrera. Al rayar el día, Álvarez Cabrera ordenó avanzar hacia una pequeña loma, paralela al frente, poblada de algunos árboles, casas y cercas de piedra, que los cabileños habían convertido en excelentes puntos de disparo. Muy posiblemente lo hizo ante el fuego que desde la altura se le hacía, de forma retadora. El fuego comenzó a golpear a los españoles, desde esta loma, así como desde el cerro de Ait Aixa y desde el pico de Kol-la. Álvarez Castro era un veterano militar con años de servicio en África. Sabiendo que los harqueños huían ante un ataque impetuoso y repentino, el coronel ordenó avanzar con la vanguardia de la columna, pese a que éste no estaba demasiado organizada, mientras desde Sidi Musa se batía la posición enemiga. Álvarez Cabrera se lanzó seguido de las compañías del África, algunos soldados del Reus, mientras por la izquierda, más retrasados, avanzaba el Melilla. Los del África desplegaron en guerrilla, siguiendo a sus jefes, en orden, pese a que iban cayendo con el avance soldados. Con el ascenso decidido de los españoles, los harqueños de la loma comenzaron a flaquear en su fuego, pero entonces se redobló el de los emboscados en las lomas del flanco izquierdo. En ese flanco, avanzaba la segunda compañía del segundo batallón del Melilla, mandada por el capitán José Otegui Rodríguez. Desplegó a la derecha a la segunda sección, al mando del primer teniente Ramón Fontana Lacasa, en contacto con las compañías del África; a la izquierda, la primera sección al mando del primer teniente Rafael de los Reyes Ortiz. En retaguardia, la tercera sección, del teniente Isaac Labrador Gallardo. En su avance, poco a poco fueron distanciándose de Sidi Musa y del apoyo que desde allí recibían. Álvarez Cabrera ordenó al capitán Otegui que se corriera hacia la izquierda y atacaran el flanco harqueño. De los Reyes acentuó así su separación del resto de la fuerza. Estaba ya a 700 metros de Sidi Musa, y frente a él había un aduar, rodeado de chumberas, se supone que ocupado por el enemigo. El capitán Otegui ordenó a De los Reyes que desalojara las casas, cubierto por la tercera. De los Reyes, sable en mano, ordenó el avance por pelotones, apoyándose con el fuego mutuo. Rompió el avance la escuadra del cabo Olivares. Pronto se llegó al cuerpo a cuerpo, 83 mientras desde las cercas se rompió un nutrido fuego sobre la sección. En el avance, cayó el teniente De los Reyes, y tomó el mando el sargento Carlos Rodríguez Gómez, que pronto moriría también. Al ver al enemigo diezmado, los harqueños se lanzaron sobre los soldados, que sin mandos, se defendieron cuerpo a cuerpo. Otegui ordenó a la tercera sección atacar a la bayoneta, pero de nuevo el embudo de fuego emboscó a los españoles. Se ordenó al teniente Fontana que tomara el mando de la primera sección, que había quedado aislada. Fontana consiguió llegar hasta la extrema vanguardia y reunió a sus hombres, pero no pudo atacar al enemigo. En el flanco derecho, la primera compañía era la más adelantada del tercer batallón, y avanzaba a las órdenes del capitán Fernando Fernández de Cuevas, sufriendo el fuego que les hacían los harqueños desde las casas de Iguemarien. El fuego de los rifeños era nutrido y certero, pero un asalto a la bayoneta solía dar buen resultado. El problema, es que debía hacerse sin apoyo artillero, pero una vez tomada, la aldea sería el punto de reorganización y de partida para asaltar Ait Aixa. Álvarez Cabrera ordenó a Fernández de Cuevas calar bayonetas y asaltar Iguemarien. Fernández de Cuevas lanzó la consigna, “África nunca se queda atrás”, y seguido de sus oficiales y soldados atacó el poblado y desalojó a los harqueños. No obstante esta pequeña victoria, la inferioridad numérica española era evidente. El refugio de las casas era insuficiente para el fuego de enfilada que estaba sufriendo la compañía del capitán Fernández de Cuevas desde la izquierda. La compañía comenzó a sufrir bajas, lo que quisieron aprovechar los rifeños para recuperar el pueblo, pero fueron rechazados. Fernández de Cuevas encabezó el contraataque, siendo entonces herido mortalmente y rechazando toda ayuda, ordenó a sus hombres seguir combatiendo. Tomó el mando el teniente Juan Román Jaime. Ante el estancamiento de la situación, el coronel Álvarez Cabrera exclamó: “¡El que sea español, que me siga!”, y se lanzó adelante con sus hombres, pero cayó herido ante los disparos. El ataque quedó así frenado, con los soldados españoles tendidos en el suelo y soportando el fuego. Fue necesaria la artillería y las ametralladoras, para proteger la retirada de las compañías atacantes hacia Sidi Musa. La imprudencia de esta operación, que costó la vida al coronel, produjo además veintiséis muertos y casi doscientos treinta heridos. Fue necesario detener el avance y enviar a los refuerzos a rescatarla. Mientras el coronel Álvarez Cabrera avanzaba en la oscuridad hacia su perdición, el general Marina ordenó la formación de una segunda columna, al mando 84 del teniente coronel Aizpuru. A las primeras horas del día 23 de julio, a las 4:30, salió desde el Hipódromo esta columna para marchar por los altos de Mezquita hacia Sidi Musa para dar apoyo a Álvarez Cabrera. Desde el Hipódromo debería salir una tercera columna, a las órdenes del general Pedro del Real Sánchez-Paulete, para, o bien auxiliar a Aizpuru, o para proteger Melilla de un posible ataque rifeño desde las cañadas del Gurugú, en la zona entre los Lavaderos del Mineral y la primera Caseta. Aizpuru llevaba dos compañías de la Brigada Disciplinaria, una compañía del Melilla, una sección de artillería de la Batería de Montaña, y una sección del escuadrón de Melilla cubriendo el flanco. El avance no presentó incidencias. Comenzaba a amanecer, sobre las 6:00 horas, cuando llegaron a las derruidas casas del barrio de Mezquita, a un kilómetro del Hipódromo. Se oía el tiroteo de Álvarez Cabrera, lo que indicaba que la sorpresa había fracasado. De pronto, los rifeños emboscados rompieron el fuego sobre las vanguardias españolas. Las compañías disciplinarias formaron rápidamente en guerrillas y comenzaron a disparar tanto con fusil como con los cañones sobre los rifeños, emboscados en las chumberas que limitaban el barranco del Lobo. Los rifeños, al comprobar su superioridad numérica, decidieron envolver a la fuerza española por la izquierda. El sol se levantaba, el número de cabileños aumentaba, y la situación se complicaba por momentos. La compañía del Melilla desplegó para cubrir el flanco izquierdo. Pero las municiones se agotaban. Aizpuru envió un mensaje a Del Real, pidiéndole municiones. El general, al carecer de transporte, ordenó a la 2ª Compañía del tercer Batallón del Melilla que se desplazara y relevara a una de las compañías que estaban combatiendo, la cual podría entonces acudir a los Lavaderos a municionar. Pero la hostilidad de los rifeños impidió hacer el relevo. Los disciplinarios y las compañías del Melilla se vieron desbordados, comenzaron a ser rodeados, mientras se quedaban sin municiones, y se llegó al combate cuerpo a cuerpo al asaltar en masa los rifeños a la columna. El general Del Real formó una columna con una compañía del África y otra del Melilla, el escuadrón restante y la batería montada, y la situó en la loma de los Lavaderos, para que su fuego apoyara a Aizpuru. La situación de éste se agravaba. La embestida de los harkeños fue tan violenta, que el Disciplinario, sin apenas municiones, comenzó a retroceder. Del Real envió entonces allí una compañía del Melilla 59: el capitán de ésta, Gabriel Gil, cayó herido; permaneció en su puesto gracias al teniente José Fernández de Guevara y Mackenna, del Melilla nº 59, que intentó cargar a la bayoneta para obligar a los moros a retroceder, pero cayó en el intento. En el flanco 85 derecho español, la acometida de los cabileños consiguió llegar hasta un cañón, cuyos sirvientes primero se defendieron con sus carabinas. Los atacantes mataron a los artilleros y comenzaron a arrastrarlo. Un grupo de soldados, entre ellos el artillero ilicitano Privato Maciá, junto con el también artillero Genaro Alpañis, y los soldados del Melilla Monserrate Alvero Huertas, el tambor Adelino Gómez y el trompeta Andrés Jiménez, consiguieron recuperarlo, apoyados por compañeros de la Disciplinaria y del Melilla. La llegada de la Disciplinaria, ya municionada, contuvo el avance marroquí. El teniente coronel Aizpuru ordenó la retirada. Ante el peligro de que las harkas avanzaran sobre Melilla, el general del Real dispuso el despliegue de fuerzas para cerrar el paso. Las compañías del Estella contuvieron al enemigo, que se corrió hacia la izquierda, avanzando el flanco español hacia el Barranco del Loco. Hacia esta zona, del Real envió su reserva: dos compañías del Alfonso XII y dos más del Melilla nº 59. El enemigo aumentó la presión, contestando con fuego nutrido las carreras a la bayoneta de los soldados españoles. Fue necesario desguarnecer la Posada del Cabo Moreno, en la extrema izquierda, para sostener el flanco izquierdo español, mientras la caballería desmontaba para apoyar con su fuego a la artillería montada. En ese momento, la práctica totalidad de las fuerzas presentes en Melilla estaban combatiendo. A ello se añadía que las posiciones avanzadas habían quedado aisladas y era necesario municionarlas y aprovisionarlas. Mientras tanto, llegaban a Melilla y desembarcaban los batallones del Figueras y del Barbastro, pertenecientes a la Primera Brigada Mixta. Estos batallones de Cazadores fueron conducidos rápidamente al Campamento del Zoco, directamente desde el barco, mientras escuchaban el ruido del combate lejano. El general Marina rápidamente organizó la entrada en combate de las primeras fuerzas que bajaron al muelle, dos compañías de Figueras y dos de Barbastro, ordenó al teniente coronel José Ibáñez Marín, de los Cazadores de Figueras, que se situara en el flanco izquierdo, con la misión de presionar al enemigo para facilitar el paso de un convoy hacia la primera línea; así mismo, mandó al teniente coronel Jiménez Pajarero que se pusiera a las órdenes del coronel Axó para proteger el convoy. Las compañías de Cazadores se pusieron en marcha, acompañadas por el propio general Marina, que a las 10:00 llegó al lugar de la acción y asumió el mando directo. Los Cazadores recién llegados eran tropas bisoñas, acabadas de desembarcar, que se enfrentaban al fuego enemigo prácticamente sin instrucción. Marina alargó intencionadamente la porfía, para que el convoy pudiera salir sin ser hostigado, al estar el enemigo ocupado. En efecto, el coronel Axó pudo salir, 86 aprovisionar, y regresar sin ser molestado. A la caída de la tarde, cuando el coronel Axó ya estaba de regreso, el general Marina ordenó el repliegue de las fuerzas a las posiciones de la mañana, de forma escalonada. Pero el batallón del Figueras se retrasó en el movimiento, creyéndose seguros, y fueron flanqueados por un grupo de harqueños que se deslizaron sin ser vistos por un barranco y sorprendieron por la retaguardia a la compañía del capitán José Fernández: los de Figueras se encontraron de pronto aislados y atacados. Cundió el pánico, y sólo la entereza de los oficiales pudo evitar la desbandada; pero la crisis costó la vida al teniente coronel Ibáñez Marín, así como a los capitanes José Fernández Martínez y Francisco Borrero, y a varios soldados. El total de bajas del día 23 de julio fue de dos jefes (Álvarez Cabrera e Ibáñez Marín), ocho oficiales y cuarenta y seis soldados muertos, así como un jefe, cuatro capitanes, seis tenientes, doscientos quince soldados heridos, ocho oficiales y diecinueve soldados contusos, y nueve desaparecidos. Las bajas entre los rifeños se calcularon posteriormente en unos mil hombres. En todo caso, les convenció de la 95 imposibilidad de tomar Melilla . A las 16:00 horas desembarcó la compañía de Zapadores de la Brigada de Madrid, que directamente fue enviada a organizar la defensa de los Lavaderos. Entre el 23 y el 26 de julio se vivió una relativa calma en el frente, rota por el hostigamiento de las harkas contra las líneas de comunicación entre Melilla y la segunda Caseta, centro de distribución de víveres y municiones. Era un camino enfilado por el fuego enemigo, el único practicable. El día 25 se hizo fuego contra el campamento de Triana, y la noche siguiente se intentó atacar el zoco y los Lavaderos, por lo que el sector fue reforzado por los Cazadores de Madrid. Hay que destacar que en este momento las tropas españolas vestían el llamado "rayadillo peninsular", compuesto de tela de algodón blanca tejida con tiras de color azul oscuro, que hacían fácilmente detectable a los soldados españoles por los marroquíes sobre el terreno. Estos, por el contrario, vestían chilabas de lana cruda, de color pardo en diversos tonos, lo que les ayudaba a camuflarse en el suelo y las rocas. 96 1.2.9.- En el Barranco del Lobo . 95 Gárate Córdoba, J.Mª, (dir) , “Las hogueras del Gurugú”, en España en sus héroes, Ornigraf, Madrid, 1969, p. 45-58. 96 Gárate Córdoba, J.Mª, (dir) , “Un capellán en el Barranco del Lobo”, en España en sus héroes, Ornigraf, Madrid, 1969, p. 70-91; Martínez de Campos, C., España bélica. El siglo XX, p. 73-81; Riera, 87 La Brigada de los Cazadores de Madrid llevó a cabo su desembarco, finalizándolo el día 25. Estaba al mando del general Guillermo Pintos Ledesma. Su llegada permitió enviar a una compañía del regimiento de África nº 68 a reforzar el Cabo del Agua. El 25 de julio en Melilla ya había 17.000 soldados. El día 26, el gobierno ascendió al general Marina a Teniente General, nombrándole comandante en jefe de las fuerzas de operaciones en Melilla, designando para el cargo de gobernador militar al general Arizón. Los convoyes de esos días se vieron hostigados y sufrieron algunas bajas. El día 26 de julio se encendieron hogueras en el Gurugú, señal de llamamiento a la guerra de las harkas rifeñas, y se recibieron noticias a través de confidentes rifeños sobre la preparación de un potente ataque rebelde. En la tarde del 26 de julio, el Mizzian y el Chadly concentraron la harka, a la que se unieron muchos de los trabajadores de las minas, que aportaron las herramientas se conservaban en su poder. Durante la noche, estos obreros cortaron los tornillos de las vías y desmontaron trescientos metros de línea férrea, inutilizando y retorciendo los raíles para cortar el ferrocarril y aislar a los puestos avanzados de primera línea, forzando a realizar el aprovisionamiento de la Segunda Caseta y demás posiciones con caballerías. En la noche del 26, mientras se preparaba en el Hipódromo el convoy para el día siguiente, el general Marina fue informado que la vía del ferrocarril se había cortado, así que ordenó al teniente de Ingenieros Alzugaray, que con una máquina piloto recorriese y reconociese el terreno. Así se hizo, y se descubrió que rebasado el kilómetro 3 faltaban trescientos metros de vía férrea. El general Marina, ya teniente general y Comandante del Ejército de Melilla, ordenó la salida de tropas para proteger la posición de la Segunda Caseta, y para posibilitar la reconstrucción de la línea férrea destruida, lo que iba a obligar a los batallones de cazadores a conquistar el terreno para proteger las obras, aunque luego se volviera a abandonar. Para el día 27 de julio, el general Marina había dispuesto que el convoy diario que al mando del coronel Axó salía del Hipódromo fuera escoltado por tres compañías de infantería y una sección de caballería de la Primera Brigada de Cazadores, junto a una compañía de la Disciplinaria. Sin embargo, al conocer la destrucción del ferrocarril, así como de la presencia de tiradores emboscados en los cerros vecinos a la vía, A., España en Marruecos. Crónica de la campaña de 1909, p. 72-80; De Torcy, Los españoles en Marruecos, p. 74-80. 88 dispuestos a obstaculizar su reconstrucción el general Marina cambió su plan, y decidió enviar dos columnas con un triple objetivo: aprovisionar a la Segunda Caseta, apoyar a los Ingenieros que repararían la vía, y castigar al enemigo, en caso de mostrarse éste hostil. La primera columna estaría formada con seis compañías de infantería, una del regimiento Arapiles, dos del Reus, dos del Alfonso XII, y una del África, junto un escuadrón de caballería del Treviño, una sección de artillería de montaña y una compañía de ingenieros encargada de reconstruir el tramo destruido bajo las órdenes del capitán Cueto; toda esta fuerza estaría al mando del coronel Fernández Cuerda, con la misión de proteger al convoy y reconstruir la vía, evitando todo combate que le alejase de este cometido. Seguidamente, el coronel permanecería en la Segunda Caseta y regresaría con el convoy del coronel del África, Axó. Una segunda columna, compuesta por la primera Brigada de Cazadores de Madrid, es decir, cuatro mil hombres, seis batallones, de Madrid, Barbastro, Arapiles, Figueras, Las Navas y Llerena, más el grupo de artillería de Montaña y la batería montada de la plaza, al mando del general Guillermo Pintos Ledesma, debería vigilar la zona del barranco del Lobo y el de Alfer, situados en las estribaciones del monte Gurugú. En ese punto se suponía que había una importante concentración de rifeños. Para ello, desplegaría las tropas en la casa de Alí el Gordo, en la loma de Ait Aixa, y desde ella cerraría la salida de los barrancos por donde podrían confluir las harkas enemigas sobre el convoy, y atacarlo por el flanco. En el caso de que las harkas atacaran el convoy, Pintos podría caer sobre ellas a la salida de los barrancos. Pero este plan tenía un punto débil, y es que los rifeños podían hostigar a Pintos desde el Barranco del Lobo. El general Guillermo Pintos había participado en las campañas de la Tercera Guerra Carlista, en el Ejército del Norte, en 1873, donde ganó el ascenso a teniente; estuvo en Cuba y Filipinas en los años siguientes, y de nuevo en Cuba entre 1896 y 1897. Era general de brigada desde 1905. El coronel Fernández Cuerda salió del Hipódromo al mediodía junto con el convoy y la compañía de Ingenieros, y al llegar a la primera Caseta sufrió un vivo fuego, lo que le obligó a desplegar a sus tropas y a la sección de artillería para poder abrirse paso. Se dirigió hacia la vía destruida con la Compañía de Ingenieros encargada de repararla, y después llegó a la Segunda Caseta a media tarde, donde dejó a la compañía del regimiento África, y el resto de las fuerzas, al mando del coronel Axó, y permaneció esperando órdenes hasta las 18:00 horas. Por su parte, el general Pintos concentró sus unidades a partir de las 11:25 entre el Hipódromo y los Lavaderos, dividida en dos agrupaciones. Situó una de sus baterías 89 de Montaña en los Lavaderos, otra en la colina cercana a la Posada del Cabo Moreno, y la tercera a retaguardia de la infantería para que la apoyara en su avance. En el ala derecha, situó la primera agrupación, formada por los batallones de Madrid, Barbastro y Figueras, mandada por el propio general. Su objetivo era atacar de norte a sur hacia la loma de Ait Aixa, cruzando perpendicularmente los barrancos que encontraría en su camino. En el ala izquierda, se situaron los batallones de Las Navas, Llerena y Arapiles, al mando del coronel Páez Jaramillo, cuya misión era atacar de este a oeste, siguiendo la dirección del barranco del Lobo, para caer sobre la loma de Ait Aixa. En la extrema derecha del dispositivo se situó el batallón de los Cazadores de Madrid, con dos compañías desplegadas y dos en reserva. La loma de Ait Aixa, de unos 150 m de altura, parece tener una pendiente suave, pero es “en realidad un terreno penoso y difícil de escalar, partido por pequeños barrancos que afluyen al del Lobo: abundante en cerros que por proyectarse sobre la falda no se aprecian ni á corta distancia; cubierto de piedras que entorpecen la marcha, y con repechos acentuados que exigen para escalarlos esfuerzo muscular no pequeño. Abundan, además (…) cercas de pequeña altura formadas con piedra en seco á modo de escalones, para el mejor cultivo y 97 separaciones de propiedades” . Este terreno tan escabroso favorecía la defensa, con una rifeños que sabían emboscarse y moverse a cubierto gracias a los accidentes del terreno, y a su “especial vestuario que apenas se destaca del de la tierra”. Tras un bombardeo inicial de la artillería sobre la loma de Ait Aixa, Pintos se dispuso a ocuparla. En realidad, estos bombardeos iniciales eran muy poco eficaces, pues los rifeños se situaban muy dispersos y bien parapetados, con lo que sólo un impacto directo causaba auténtico daño, y éstos eran raros. Sobre las 13:00 horas, en dos columnas de media brigada, la fuerza se movió. Era un frente de más de un kilómetro. El ala derecha avanzó, los de Madrid hacia unas chumberas situadas a la izquierda de los Farallones, apoyado en su retaguardia por el batallón de Barbastro, quedando en reserva el batallón de Figueras. El batallón de Madrid avanzó protegido por la artillería hacia el enemigo, situado a 1.500 m. Tras recorrer la mitad de esta distancia, comenzó a sufrir un fuego muy vivo, y mientras los oficiales permanecían de pie para dar ejemplo a los soldados, se comenzó a contestar. La ascensión era dura y muy fatigosa. Cayó el teniente Mariano Barbasán, herido en la cara, que había acudido 97 Gallego Ramos, E.: La Campaña del Rif de 1909, p. 132. 90 al servicio pese encontrarse gravemente enfermo. El general Pintos ordenó que tres compañías del batallón de Barbastro apoyaran al de Madrid por la derecha en su marcha hacia los Farallones. Se ocuparon unas pequeñas lomas a la derecha del barranco del Lobo. En eso, muy cansado, el general Pintos bajó del caballo para reposar en una piedra, cuando un certero disparo le rompió el cráneo, y cayó herido, falleciendo rápidamente. El avance español quedó paralizado. La segunda agrupación, el ala izquierda, comenzó su avance poco después que la primera, dirigiéndose de frente hacia el Barranco del Loco, partiendo de la Posada del Cabo Moreno, marchando en cabeza el batallón de Las Navas, seguido por el batallón de Llerena, dispuesto a desplegar en cualquiera de los flancos, quedando en reserva en los Lavaderos el batallón de Arapiles. Sufriendo el fuego enemigo, y por tanto muchas bajas, el dispositivo español avanzó, atravesaron el Barranco del Infierno y entraron en el Barranco del Lobo, donde el enemigo había ocupado las dos laderas del desfiladero, haciendo un fuego terrible sobre los soldados españoles. Los españoles habían caído en la trampa perfecta. Sin planos de los alrededores de Melilla, los españoles iban a sufrir la derrota del llamado barranco del Lobo, con los marroquíes perfectamente emboscados y parapetados en los recovecos de las laderas del Gurugú, desde donde los españoles se vieron expuestos al fuego graneado de los rifeños que eran los dueños de las alturas. Se intentó penetrar por el barranco, un terreno difícil de escalar, dominado por cerros vecinos, para desalojar a los tiradores marroquíes, pero el fuego fue demasiado intenso y diezmó a los españoles. El teniente coronel Tomás Palacios Rodríguez animó a sus hombres a seguir avanzando, pese a que sus compañeros caían víctimas de las balas que llovían sobre ellos. Los oficiales fueron cayendo, mientras los cazadores repelían el fuego enemigo con mucha dificultad, por estar los marroquíes bien parapetados. Se agotaron las municiones, y se envió a un grupo a retaguardia para traer más. El teniente coronel Palacios cayó muerto, haciéndose cargo de la unidad el comandante López-Nuño. Fue necesario enviar a dos compañías del Llerena para apoyar el avance. Estaban heridos los capitanes Sánchez Gómez, De Eugenio y De la Plaza, y los tenientes Urbina, García Ruiz, Carpena y Pellón, así como muchos suboficiales y soldados. El avance prosiguió con dificultad, siendo herido también el comandante López-Nuño, que se negó a retirarse pese a la gravedad de su herida. Se intentaba alcanzar las vertientes de las peñas donde se refugiaban los francotiradores. Para entonces, los rifeños ocuparon también las posiciones de la entrada del barranco, y comenzaron a disparar a los soldados españoles por la retaguardia. El número de heridos 91 y muertos era ya enorme, cayendo heridos también los tenientes Fernández Quintero y Goded. Los rifeños intentaron asaltar a los españoles, pero la sangre fría de los oficiales pudo contener a los hombres y evitar la desbandada. En primera línea tomó el mando el teniente Joaquín Tourné Pérez de Seoane, que comenzó a reagrupar a los hombres situados a cubierto. Comprendiendo que sólo tomando una loma conseguiría salvar a sus hombres, el teniente Tourné desenvainó su sable y ordenó a los cazadores de Las Navas cargar contra el enemigo. Veinte hombres le siguieron loma arriba, y consiguieron coronarla, desalojando a los rifeños, pero la muerte del teniente descorazonó a los soldados, que se retiraron. A retaguardia de Las Navas se situó el batallón del Llerena, para flanquear al primero en caso de necesidad. Al entrar en el Barranco, fue necesario situar dos compañías en el flanco de Las Navas. Pronto se desató el fuego, y los rifeños atacaron con armas blancas al cuerpo a cuerpo. La bravura de los cazadores españoles consiguió hacer retroceder a los atacantes. Pero el fuego era intenso, y el coronel Páez Jaramillo ordenó al comandante Fresneda entra en primera línea con las compañías de reserva. El fuego enemigo detuvo el avance de las dos compañías. Fue necesario enviar la sección de reserva porque los harqueños amenazaban con superar a las dos compañías. Pero no sirvió de nada, y los españoles acabaron retirándose a la desbandada. Mientras tanto, las dos compañías del Llerena, situadas entre las de Las Navas, y las otras de un batallón, intentaron subir al arma blanca para desalojar a los rifeños de las alturas. El comandante Fresneda fue herido varias veces, pero se negó a ser retirado, y los cazadores acabaron también huyendo, abandonando en el lugar a su heroico jefe. Al ver el coronel Páez Jaramillo que los batallones del Llerena y de Las Navas retrocedían diezmados por el fuego, ordenó al teniente coronel del Arapiles que apoyara a aquéllos. Al llegar el mensaje, dicho teniente coronel estaba herido, y había asumido el mando del capitán Melgar, que por propia iniciativa ya estaba moviendo a sus hombres. El Arapiles llegó hasta el lugar, y sufrió el fuego. En el avance hacia la vanguardia, el capitán Melgar fue muerto, con los cordones de ayudante del rey en el pecho. Los cazadores se retiraron. El capitán don Enrique Navarro y Ramírez de Arellano, al mando de la segunda compañía del Arapiles, se dirigió al acantilado de Teguelmanin, para caer sobre el Barranco del Lobo. Consiguió llegar hasta una posición avanzada soportando fuego y ataques, y allí murió con sus hombres. 92 Para entonces, los tres batallones del ala derecha estaban ya sin jefes ni oficiales. Los cazadores se retiraban. El puesto de socorro estaba atestado de heridos. El capellán del batallón de Las Navas, José Moreno Álvaro, atendía a los caídos desafiando el fuego enemigo, y con su ejemplo, contuvo la retirada de un grupo de soldados. El error de los mandos españoles consistió en no comprender lo apurado de su situación, aprisionados entre laderas escarpadas y sometidos a un fuego terrible. Menospreciando al enemigo y a sus posiciones, se porfió una y otra vez en intentar desalojarlos de sus alturas. Se cometió, además, el grave error de intentar la retirada sin apoyo de la artillería, lo que causó gravísimas pérdidas. Cundió el pánico. El general Marina, desde los Lavaderos, vigilaba el avance de la Brigada. Al ver que se desviaba en exceso a la derecha, envió uno de sus ayudantes para que se rectificara el moviendo. Entonces, al regresar el mensajero, supo que habían caído en combate el general Pintos, el coronel de la media brigada Páez Jaramillo, y los jefes de los batallones de Las Navas y Arapiles, así como los comandantes de Llerena, Madrid y Las Navas. Eran ya las 15:30, y habían fallecido el general Pintos, cinco jefes y doce oficiales; otros treinta y ocho oficiales estaban heridos, y las bajas en tropa alcanzaban a 98 los setecientos hombres. En total, murieron ciento sesenta y dos soldados . Marina comprendió que sólo podía ordenar el repliegue. A la vista de la gravedad de la situación, se hizo cargo del mando y organizó la retirada con apoyo artillero y que se reforzara el ala izquierda, labor ésta encargada al coronel de la media brigada Luis Aranda. Envió al comandante de caballería Fajardo a que acudiera a la Segunda Caseta y alertara de los acontecimientos al coronel Axó, para que acudiera con sus fuerzas y se integrara al ala izquierda. Se recuperaron posiciones, y se pudo recoger del campo a muertos y heridos. Pero el comandante en jefe sabía que esas posiciones, sin el control de Ait Aixa, eran inútiles e insostenibles, y que fracasada la toma de esta loma, sólo cabía regresar a Melilla. Marina dio la orden de retirada general hacia las 18:00 horas, cuando supo que se acercaba el coronel Axó. Los batallones se fueron retirando, desde la derecha, por escalones de compañía, con la protección de la artillería. Fue entonces cuando más castigo se infligió a los harqueños, pues salieron de sus posiciones para perseguir a los soldados. La última unidad fue la segunda sección de ametralladoras de 98 Gallego Ramos da las siguientes cifras: 62 bajas en jefes y oficiales, más seis contusos, y 700 bajas de tropa, 136 muertos y 564 heridos, de éstos 324 graves. Se recogieron del campo de batalla 98 muertos, algunos de los cuales yacían insepultos desde los combates del día 23, y en la plaza murieron 52 más. No obstante, el ministerio publicó posteriormente el siguiente parte de bajas: 1.046 bajas, de ellas 978 de tropa. 93 la columna del coronel Axó, situada en el ala izquierda, que lo hizo a las 21:00 horas. Así acabó la acción. Estaba claro que los oficiales españoles habían subestimado a los marroquíes, que disponían del conocimiento del terreno, y habían sabido tender una trampa contra la que se estrellaron infructuosamente los cazadores españoles. Tras el combate se abrieron los debates. Pintos obró imprudentemente: atacó la loma de Ait Aixa sin seguir la dirección mandada por el comandante en jefe, general Marina; se desvió en exceso a su derecha, de forma que los batallones del flanco izquierdo fueron a parar al barranco del Lobo y cayendo en la ratonera. La muerte prematura del general Pintos empeoró la situación, al privar de mando superior a la fuerza en un momento crucial. Las tropas más adelantadas se vieron rodeadas por los rifeños, que se deslizaban aprovechando la vegetación de chumberas y lo accidentado del terreno. Las formaciones españolas eran demasiado densas para avanzar por un terreno tan abrupto y empinado frente a un enemigo decidido y bien parapetado. La única justificación a este despliegue cerrado y no en guerrillas, era si el general Pintos pretendía lanzar de forma inmediata un asalto a la bayoneta. Se demostró la ineficacia del fuego artillero, tanto antes como durante el combate. Se desconocía el terreno. Como dice Gallego Ramos, “imperó en todo su alcance esa mala escuela que existe con hondas raíces en nuestra oficialidad, y que se refleja en el eterno adelante que da rienda suelta a la bravura loca é inconsciente, con quebranto grave de las reglas todas del arte militar, dentro de las cuales caben 99 perfectamente el heroísmo y la abnegación más sublimes" . El llamado desastre del Barranco del Lobo tuvo por tanto, causas tanto tácticas como estratégicas: el inadecuado planteamiento de la operación, pues para flanquear efectivamente los barrancos hubieran sido necesarias más tropas; la acometividad del general Pintos y el pundonor de la oficialidad, que se enfrentó la fuego impávida, ofrendando su vida, pero privando de dirección a sus hombres; la ineficaz acción artillera, que en cambio fue inestimable al final del combate; la baja moral de los soldados, poco fogueados, que se derrumbaron al ver caer a sus oficiales (que con su ejemplo de valor pretendían enardecerlos). La derrota del Barranco del Lobo ha sido considerada, junto con el de Annual en 1921, como una de las más sangrientas derrotas sufridas por el ejército español en las 99 Gallego Ramos, E.: La Campaña del Rif de 1909, p. 140. 94 100 guerras sostenidas en el norte de África . El Barranco del Lobo causó una profunda conmoción en España, siendo tema para una coplilla popular difundida durante muchos años, especialmente entre los soldados que servían en África, y cuya letra era la siguiente: En el Barranco del Lobo hay una fuente que mana sangre de los españoles que murieron por España. (en otras versiones "por la patria") ¡Pobrecitas madres, cuánto llorarán, al ver que sus hijos a la guerra van! Ni me lavo ni me peino ni me pongo la mantilla, hasta que venga mi novio de la guerra de Melilla. Melilla ya no es Melilla, Melilla es un matadero donde van los españoles a morir como corderos. No obstante, Fontenla es muy crítico con esta visión, afirma que la misión principal, proteger al convoy, se cumplió, pues éste llegó al Atalayón sin novedad y 101 regresó, y rebaja mucho el número de bajas . 1.2.10.- Preparación para el avance. Tras el combate, quedó claro que la clave para pacificar la región de Guelaya era controlar en macizo del Gurugú. Pero era imposible para los españoles atacar el Gurugú con los medios que se disponían. Además, las tropas debían ser bien entrenadas y equipadas, no bastaba con darles un uniforme y un fusil. Por su parte, los harqueños también habían descubierto que no podían aislar a las posiciones españolas fácilmente. 100 Salafranca, Jesús F.: El sistema colonial español en África Ed. Algazara, Málaga, 2001. 101 Fontenla Ballesta, S.: “Introducción a las campañas en el Protectorado de Marruecos Español”, en Estela. Monografías de Historia Militar de España, Fajardo el Bravo-UNED Ceuta, Lorca, 2010, p. 5. 95 Siguieron unos días de calma. Para entonces, la campaña ya había costado 1.000 bajas españolas, pero quizá fueran más. Ante la gravedad de los acontecimientos, Marina planteó al Gobierno un doble plan de acción: se decidió la suspensión de todas las operaciones bélicas y continuar reforzando el contingente español en Melilla; y una vez esta fuerza fuera suficiente y estuviera preparada, se rodearía el macizo del Gurugú y se tomaría, cortándole todas las comunicaciones, como la fortaleza natural que era. El gobierno de Maura, que se enfrentaba a la crisis abierta en Barcelona con su Semana Trágica, aceptó las propuestas del teniente general, y decidió enviar una división de refuerzo al mando del general Orozco, embarcando la 3ª, 2ª y 1ª Brigadas de Cazadores. Eran tropas con escaso entrenamiento. También se dispuso el envío de la 1ª División Expedicionaria, que llegaría a primeros de agosto, así como el regimiento de Húsares de la Princesa, dos batallones de Ferrocarriles y un tren de Aeroestación, con dos globos, uno cometa, el Reina Victoria, y otro esférico, el Urano. El Servicio de Aerostación, dirigido por el coronel Pedro Vives, demuestra que el Ejército español, si bien era 102 pobre, no era tan obsoleto como lo quieren hacer ver sus detractores . El coronel Vives destacó al capitán Antonio Gordejuelas, al capitán Emilio Herrera, y a los tenientes Fernández, Barrón, Pon y Ortiz Echagüe, para llevar a cabo la misión. La Aerostación aún estaba en sus comienzos, y los globos se inflaban con hidrógeno. El testimonio del entonces capitán de Caballería Federico de Sousa es revelador: “La mala impresión que me hizo aquel ejército estaba justificada. Había una aglomeración de gente enorme, escasez todavía de todo. Los soldados, sucios y mal vestidos; los Jefes y Oficiales, igual; muchos de éstos con garrotes y alpargatas, pues 103 como antes digo, se carecía de todo” . En España, la resistencia contra la guerra fue cediendo en las principales ciudades, pero eso no supuso un mayor entusiasmo popular. El gobierno provincial de Vizcaya renunció a organizar un batallón de vascos ante la falta de voluntarios. Se abrieron suscripciones para dotar de pensiones a las familias de los fallecidos en combate. El 4 de agosto se suspendió la redención en metálico, el 29 de julio se prohibió la emigración al extranjero a los reservistas, y se llamaron a filas a 6.000 hombres excedentes del cupo de 1908, abriéndose además el permiso de admisión de 102 Atienza Rivero, E., El general Herrera, Aeronáutica, milicia y política en la España contemporánea, AENA, Madrid, 1994, p. 91-94. 103 Sousa y Regoyos, F., Lo que recuerdo de mi vida, Madrid, 1944, p. 81. 96 voluntarios para infantería y caballería durante el tiempo de duración de la campaña. El general Marina recibió órdenes de actuar con cautela y ahorrar vidas. A finales de julio, Marina tenía 22.000 hombres. Dedicó agosto a fortificar sus defensas y a adiestrar a las tropas. Fueron llegando la Brigada del Campo de Gibraltar y la División Reforzada, con los batallones de Cazadores de Talavera y Cataluña. A mediados de agosto ya contaba con más de 35.000 hombres y un elevado número de piezas de artillería y munición. Se contaban con las Tropas Afectas a Melilla: la Tercera Brigada de Cazadores, a las órdenes del General Imaz: la Brigada de Melilla, integrada por los Regimientos de África 68 y Melilla 59, a las órdenes del general Del Real; los escuadrones del Regimiento de la Princesa, del coronel Zabalza; tropas técnicas (ferrocarriles, aerostación y alumbrado, radiotelegrafía, fotografía) y Servicios de Plaza (Artillería y Zapadores), total cerca de 15.000 hombres. A estas fuerzas se añadían la División de Cazadores del general Tovar, integrada por la Primera Brigada de Cazadores, del general Alfau, y la Segunda Brigada de Cazadores, del general Morales, cada una de ellas con unos 6.000 hombres; y la Primera División Orgánica del general Orozco, con los regimientos Inmemorial del Rey nº 1, León nº 38, Wad Ras y Saboya nº 6, a las órdenes de los generales Aguilera y San Martín, con 8.000 hombres. Otra de las innovaciones significativas fue el envío y llegada a Melilla, el 6 y el 29 de agosto de 1909, de dos camiones S.A.G. (Suddeutsche Automobilfabrik Gaggenau) con motor Benz, para reforzar la Sección Automovilista de la Comandancia de Artillería. Estos vehículos, de cuarenta caballos, podían cargar hasta 4.000 kg de material para abastecer 104 el frente y remolcar cañones . En septiembre llegaron dos furgones de veintiocho caballos tipo Delahaye, prestados por el rey, y en octubre, otros dos, de cuarenta caballos, de las marcas Schneider y Daimler. Pero la principal base del parque móvil era la hipomóvil, con ciento treinta y seis animales de tiro, para atalajar treinta y dos carros de municiones, y cuarenta mulos para el acarreo de las municiones a lomo. A estos animales se añadieron otros ciento cincuenta para el transporte de víveres, y se contrataron idéntica cantidad de camellos en Argelia y Ulat Setud. El servicio de panadería tenía por su parte otros ciento cincuenta mulos y treinta y seis vehículos. Marina estaba decidido ahora a planificarlo todo con cuidado. Disponía en ese momento de hombres que recibieron instrucción y entrenamiento. Los globos despertaron la expectación, y con ellos se pretendía tener una vista aérea para 104 “Los camiones S.A.G. en la campaña de Melilla”, enRevista Ares, nº 19, Valladolid, 2011, p. 22-23. 97 compensar el deficiente conocimiento del terreno. Marina dispuso que los soldados reservistas presentes en Marruecos se quedaran de guarnición en la plaza, así como en las Chafarinas y el Cabo del Agua, mientras que, tras los incidentes en Barcelona y otras ciudades, estos hombres, movilizados, se quedaban en la Península, y ya no eran destinados a África. El general Marina organizó la reconstrucción del ferrocarril, básico para el aprovisionamiento de las tropas, y para ello se instalaron blocaos que vigilaran la vía, habilitando la Segunda Caseta y la Restinga como depósitos de víveres y municiones. El primer blocao creado se alzó el 2 de agosto frente a la desembocadura del barranco de Alfer, con sesenta hombres del Regimiento Alfonso XII a las órdenes del teniente Alfonso Velarde y una estación óptica. Esa misma noche el blocao fue atacado, y el teniente Velarde murió, pero el sargento Isidro Martínez asumió el mando y el puesto resistió hasta la llegada de refuerzos desde el Hipódromo, alertados por el telégrafo 105 óptico, seis compañías al mando del coronel Miguel Primo de Rivera . Al día siguiente el blocao fue terminado, pese a sufrir algún tiroteo y bautizado como “Velarde” en honor a su primer mando. Pocos días la Primera Caseta era reforzada y transformada en blocao, elevándola un piso, y se construyó un tercer blocao, éntrela Primera Caseta y el blocao Velarde, Además, se instaló una doble alambrada en el perímetro de Melilla, desde Triana, siguiendo el curso del río de Oro, pasando por el cuartel de Santiago y los fuertes occidentales. En esos días se construyó el reducto de los Lavaderos, como posición avanzada que era hacia la Segunda Caseta. Si bien los marroquíes no emprendieron ataques de relieve, no cejaron en sus emboscadas con francotiradores apostados detrás de rocas y chumberas, lo que obligó a extremar precauciones, levantando parapetos, traveses y espaldones en los campamentos y blocaos. También se hostigaban los convoyes. En agosto hubieron cincuenta y ocho heridos por estos conceptos. Por otro lado, las guarniciones de las posiciones avanzadas también actuaban: el teniente Suárez Álvarez, el 11 de agosto, hizo una salida para recoger trigo almacenado en varios silos de Sidi Musa. El 12 de septiembre, el teniente Beigbeder, del 4º Mixto, con veinte zapadores, instaló tres 105 García del Río, J., González Rosado, C.: Blocaos. Vida y muerte en Maruecos, Almena, Madrid, 2009, p. 53-54. Miguel Primo de Rivera, con veintiséis años, ya era comandante por méritos de guerra. Estuvo en Cuba con Martínez Campos y en Filipinas con su tío Fernando Primo de Rivera, capitán general de las islas. Ascendió también por méritos de guerra a teniente coronel. El Desastre de 1898 le convirtió en regneracionista: Tusell, J., Radiografía de un golpe de Estado. El ascenso al poder del general Primo de Rivera, Alianza, Madrid, 1987, p. 30-31. 98 “torpedos” en unas alturas desenfiladas de los fuegos de Sidi Musa y la Segunda Caseta. Los marroquíes descubrieron a teniente y a sus hombres, que tuvieron que ser rescatados por una compañía del Melilla, una sección del Alfonso XII y otra del Mérida. Pero cuando los rifeños pretendieron instalarse en estas posiciones, se activaron los explosivos. También el capitán Arana, del 3º Mixto, instaló el 22 de agosto junto a la vía férrea una mina automática con tres kilos de picrinita, con el estopín de fricción atado a una caja de municiones rellena de piedras. La trampa estalló a media noche, provocando la muerte a tres rifeños: ya no se produjeron daños en el ferrocarril. Para aprovisionar la Restinga, y fracasados los intentos de abrir un canal que comunicara la Mar Chica con el Mediterráneo, se botó en la primera la lancha de vapor Cartagenera, así como la lancha automóvil Carlos V, los botes artillados del Princesa de Asturias y varias gabarras. A mediados de agosto, la Restinga quedó unida telegráfica y telefónicamente a Melilla. También se abrieron pozos en la misma para el aprovisionamiento de agua. Durante el mes de agosto, las faldas del Gurugú fueron reiteradamente castigadas por la artillería desde las baterías del 15 del Hipódromo, Fuerte Camellos, Sidi Musa y Sidi Ahmed el Hach, el Atalayón, y por los cruceros Numancia, Príncipe de Asturias, Extremadura, y los cañoneros Pinzón y General Concha, auxiliados por las 106 observaciones de los globos acerca de las concentraciones hostiles de harqueños . Estos bombardeos eran bastante inútiles desde el punto de vista práctico, pero al menos mostraban a los rifeños que había vigilancia y actividad por parte española. En los fuertes de Camellos y el Hipódromo se instalaron proyectores de 0’90. Ambos lugares fueron reartillados, Camellos con una batería de cañones y otra de obuses de 15 cm. En el mismo Hipódromo se artilló un reducto con morteros Mata de 15 cm, También se lanzaron reconocimientos topográficos de la comarca. Se construyeron nuevos barracones en la Segunda Caseta para ampliar los almacenes, se dotó de más instalaciones al hospital del Buen Acuerdo de Melilla, y comenzaron a hacerse blocaos desmontables en los talleres de la Maestranza de Ingenieros. Por otro lado, el general Marina puso el máximo empeño en incrementar la instrucción de los soldados, con abundantes prácticas de tiro y maniobras de combate 106 Atienza Rivero, E., El general Herrera, p. 127-133. Los rifeños intentaban abatir a los globos disparándoles, pero al desconocer las características de la trayectoria balística, fallaban el tiro. Los aeronautas dibujaban croquis para los posteriores avances. Con los globos no sólo se guiaba el tiro de la artillería, también se descubrían los movimientos del enemigo 99 A finales de agosto se reiniciaron los combates por parte española, aunque ahora desde una posición de claro dominio, lo que llevaría a la pacificación total de la zona a finales de año. A medidos de agosto, ante el peligro de una rebelión en Quebdana, el general Linares, ministro de la guerra movilizó la División Sotomayor, integrada por dos brigadas de infantería, de los generales Ayala y Brualla, cada una con dos regimientos de dos batallones: los regimientos del Príncipe nº 3, Burgos nº 36, Cuenca nº 27 y Guipúzcoa nº 53, dos escuadrones del regimiento de Cazadores de Alfonso XIII (antes de Arbalán), un grupo de tres baterías Schneider Cannet del 10º Regimiento Montado, un grupo de dos compañías de ingenieros (una de Zapadores y otro de Telégrafos) del 5º Regimiento Mixto, una compañía de Administración Militar, una sección de Sanidad Militar. La División contaba con una sección ciclista, y cada Brigada, una sección de ametralladoras. Esta fuerza estaba al mando del general Fernando Álvarez Sotomayor, siendo su jefe de Estado Mayor el teniente coronel Galíndez; en total, 286 generales, jefes y oficiales, 7.890 de tropa, 12 piezas Schneider, 1.065 animales de tiro y 570 de baste. Acabó su desembarco el 14 de septiembre. A finales de septiembre, en el área oriental del Protectorado se contaban ya con 40.000 soldados. El general Fernando Álvarez de Sotomayor y Flores era uno de los grandes científicos del Ejército español. Desarrolló la fábrica de Trubia de manera que fuera capaz de producir cañones de acero con materiales únicamente españoles. Diseñó y fabricó el cañón de 8 cm, denominado "Sotomayor", muy superior a los demás ligeros de campaña reglamentarios en otras naciones, así como otro de 9 cm. Había participado en la campaña de Cuba desde 1896. Ya en la reserva, tras su participación en la Campaña de Melilla de 1909, impulsó el establecimiento en Almería de una unidad de 107 reserva que sirviera de apoyo a las operaciones en el Protectorado marroquí . Marina decidió atacar al enemigo en sus bases del Gurugú. Era necesario controlar esta formación montañosa, que estrangulaba en paso entre Melilla y la Mar Chica. Además, sólo controlando el Gurugú se podría plantear un avance hacia Nador, obstaculizado a su vez por otras colinas. El plan del general Marina era rodear el macizo por el este y el oeste. Pero para ello era importante en principio asegurar el flanco izquierdo de la futura zona de operaciones, y en oponerse a la creciente hostilidad de las 107 http://www.anrvt.es/hechos%20armas/sotomayor.pdf; http://issuu.com/mballenilla/docs/alvarez_de_sotomayor 100 cabilas de Ulad Hammi Amar, Beni Kiatel y Quebdana. Para ello se ordenó a las tropas que se concentraran en la Restinga, hecho posible por las medidas preparatorias del general Marina, de donde salió el 25 de agosto la columna del general Aguilera, con los regimientos del Rey nº 1 y León nº 38, una batería Schneider, un escuadrón del María Cristina, una sección de Ingenierios y otra de Sanidad, para ocupar el Zoco el Arbaa, a 1’5 Km de Zeluán. Al día siguiente, el coronel Larrea partió desde Cabo de Agua, pasando por el valle de Taganit, operando por la derecha del río Muluya y penetrando en la región de los Sidi Brahim, ocupando esta posición y castigando a la cabila de Beni Kiatel. Los marroquíes intentaron detener el avance español hacía Nador y Zeluán, con fuertes combates. El 31 de agosto, los harqueños intentaron retomar el Zoco el Arbaa, luchando contra los soldados de infantería de los regimientos de León, del Rey, un escuadrón de María Cristina, una batería de montaña y otra montada. En esta ocasión, el orden y la disciplina españoles desbarataron el ataque de los rifeños, que llegaron al cuerpo a cuerpo. Ambas operaciones se prolongaron hasta mediados de septiembre. Durante las mismas, hubo varios combates, donde se demostró el fruto del entrenamiento realizado con los soldados, siendo pocas las bajas de ambas expediciones. Los marroquíes de la comarca manifestaron su sumisión y se consideró controlada parte de la vertiente sur de macizo del Gurugú. Fue especialmente relevante la expedición del coronel Francisco Larrea, contra la cabila Quebdana, que finalmente se levantó contra los españoles. El coronel Larrea, con una pequeña columna de fuerzas del destacamento del Cabo del Agua, reforzadas con las quintas compañías de los regimientos de Barbastro y Las Navas, una compañía del África 68, una sección de ametralladoras de la brigada de Melilla, y un oficial y doce caballos del escuadrón de la plaza. Larrea utilizó también a los cabileños leales del caíd Checha, unos ciento veinte hombres, y a la policía indígena, quince hombres a pie y veinte montados; y combinando los castigos con el respeto al poder local, intentó mantener controlada parte de la región. Larrea decidió poner en marcha un sistema diferente, que dio muy buen resultado, pero que no fue apreciado en valía: “Como nadie, conocía este militar ilustre al indígena, y así, se apartó desde el principio de nuestras normas de combate clásicas, e inició una campaña sui generis, combatiendo a los quebdaníes con procedimientos adecuados, y logrando recorrer todo el amalato de Quebdana en ocho días, trayendo a Cabo de Agua rehenes, botín y prisioneros, no dejando en el interior ninguna posición española, pero sí autoridades indígenas, a las que hacía responsables de cuanto en sus circunscripciones aconteciese. Y Quebdana quedó pacificada, y se creó 101 una paz tan sólida, tan basada sobre terreno firme, que aún no se ha alterado, 108 permaneciendo aquellos moros leales a España…” . Este párrafo viene a criticar la costumbre española de establecer blocaos o posiciones débilmente fortificadas, que quedaban fácilmente aisladas en territorio enemigo. Estas posiciones a menudo se establecían a ruegos de los “moros amigos”, los cuales, en realidad, no es que quisieran someterse a España, tan solo deseaban contar con tropas españolas cerca para defenderse de sus enemigos. Lo que conllevaba, obviamente, que una alteración de las alianzas tribales supondría que los españoles dejaban de convertirse en aliados a ser enemigos. Esto explica que los antes “moros amigos” se convirtieran para los españoles en traidores, sin que los europeos entendieran lo sucedido. Sencillamente, que los españoles eran vistos por los marroquíes como aliados circunstanciales, y como tales, prescindibles. Un incidente de este tipo le sucedió al general Aguilera con los Arkeman en esta última campaña. Larrea, en realidad, aplicaba la política emprendida por otras potencias coloniales, como Francia, y en concreto por Lyautey. 1.2.11.- La carga de Taxdirt. En septiembre, como ya se ha dicho, llegó la división de Sotomayor, alcanzando la cifra de soldados en Melilla de 44.000 hombres. La artillería y los cañones navales bombardearon los barrancos que en algunos días, iban a ser atravesados por los soldados españoles. Maura estaba preocupado, tenía miedo de que los militares se excedieran en sus acciones, lo que podría desembocar en más problemas con los indígenas. Sin embargo, éste no era el parecer de Marina. Como decían las personas que conocían el Rif: “Cuando llegue la época de la siembra, los moros buscarán la paz a todo trance; es cuestión de vida ó muerte para ellos. Después… hecha la recolección y con dinero para adquirir cartuchos, volverán a las andadas, si antes no reciben un ejemplar castigo y no se les desarma, encerrándoles en un verdadero 109 círculo de hierro…” El modo de lucha rifeño era diferente a la guerra convencional, y por tanto no cabía aplicar los métodos de ésta. La ocupación territorial era impensable: provocaría 108 Ruiz Albéniz, V.: Ecce Homo, p. 29. 109 Urquijo, F. de, La Campaña del Rif en 1909. Juicios de un testigo, Librería de Pueyo, Madrid, 1910, p. 294. 102 más sublevaciones y levantamientos, y además era onerosa para un país pobre como España, y que desgastaría políticamente al Gobierno, dada la oposición nacional a la contienda. La destrucción del enemigo también era utópica, porque el rifeño no era un soldado a tiempo completo, acudía de forma espontánea si había combate, y abandonaba éste con la misma facilidad. Marina comprendió que la única forma de derrotar al enemigo era desgastarlo, provocarle un castigo eficaz, junto con avances territoriales basados en las necesidades estratégicas. Para ello, habría que atacar al enemigo en campos de batalla previamente escogidos por el mando español, donde se le podría infringir bajas importantes, obligarle a luchar en terrenos adecuados para las armas modernas, mientras que se ocupaban paralelamente puntos estratégicos que hubiera 110 costado gran esfuerzo . Uno de los compromisos internacionales contraídos por España consistía en construir un faro en el cabo de Tres Forcas. El general Marina decidió ocupar toda la península. Eso permitiría por un lado pacificar la comarca, y aislar el Gurugú por el norte de la cabila de Beni Sicar. La idea era preparar dos columnas, cada una de unos 3.500 hombres y ocho piezas de artillería: una avanzaría de sur a norte, ocupando las alturas, en una zona ocupada por tribus pacíficas. La segunda columna debería atravesar la península de este a oeste, cortándola por su base. Ambas columnas partirían como una sola desde el campamento de Rostrogordo, y avanzarían unidas hasta Dar el Hach Bisán. La primera columna estaría integrada por la Primera Brigada, al mando del general Alfau, y su objetivo inicial era Taurirt; la segunda columna, formada por la Segunda Brigada, a las órdenes del general Morales, debía dirigirse hacia Taxdirt. Las fuerzas de ambas Brigadas estarán compuestas por la División de Cazadores. Para evitar sorpresas, las fuerzas de la Segunda División Expedicionaria, a las órdenes del general Sotomayor, se situarían en observación al sur del río de Oro; la Primera División Expedicionaria, compuesta por la Tercera Brigada de Cazadores, y los Húsares de la Princesa, se estacionaron en el área de la Restinga y el Zoco el Arbaa, para hacer una demostración hacia Zeluán, y atraer hacia esa zona la atención de los rebeldes. Otras fuerzas quedaron de guarnición en Dar el Hach Bisán. El 20 de septiembre, Marina inició el avance hacia el centro de la resistencia, al oeste. Las fuerzas españolas, apoyadas por artillería y guiadas por un globo de 110 De Mesa y otros, :Las campañas de Marruecos, p. 48; Gárate Córdoba, J.Mª, (dir) , “Cavalcanti: la triple carga de Taxdirt”, en España en sus héroes, Ornigraf, Madrid, 1969, p. 102-128. 103 reconocimiento, comenzaron a adentrarse en el territorio. La observación a través del globo permitía localizar al enemigo para informar a la artillería y a la infantería, y compensaba el muy deficiente conocimiento del terreno. El globo se comunicaba con tierra a través de un hilo telefónico. Su papel en esta parte de la campaña fue relevante. Las tropas concentradas en Rostrogordo comenzaron a moverse. Encabezaba el avance de la columna del general Morales la Segunda Brigada de Cazadores, con los jinetes del Alfonso XII en extrema vanguardia batiendo el terreno, seguidos por el Batallón de Cataluña, la Primera Batería de Montaña y la compañía de Zapadores. Esta vanguardia estaba al mando del teniente coronel Severiano Martínez Anido. Le seguían los Batallones de Tarifa y Chiclana, una segunda Batería de Montaña, la compañía de Telégrafo, la ambulancia, el tren de combate y la impedimenta. Cerraban la marcha el Batallón de Talavera y una sección del Alfonso XII. La Segunda Brigada estaba formada por 3.479 hombres, 80 caballos y 8 cañones. La Primera Brigada de Cazadores del general Alfau marchaba a continuación. Estaba formada por los Batallones de Barbastro, Figueras, Amposta y Las Navas; un escuadrón del Lusitania, dos Baterías de Montaña, compañías de Zapadores y Telégrafos, ambulancias, tren de combate e impedimenta. Total, 4.020 soldados, ochenta caballos y ocho cañones. Los dos escuadrones de caballería de la División, del Alfonso XII y del Lusitania, iban al mando del ayudante del general Tovar, el teniente coronel José de Cavalcanti y Alburquerque. Cavalcanti decidió integrarse en la Segunda Brigada, porque en ella iría Tovar. Por su parte, la Segunda División salió del fuerte Reina Regente hacia el sur y el río de Oro; el Regimiento de Guipúzcoa quedó de guarnición en Rostrogordo. Tras dos horas y media de marcha, ambas Brigadas llegaron a Dar el Hach Bisán, a unos 5 km de los límites de Melilla. La Segunda Brigada, con los generales Morales y Tovar, siguieron camino hacia el oeste, hacia Taxdirt, mientras la Primera, con el general Alfau al frente, giró hacia el norte, hacia Taurirt, apoyada desde el mar por la escuadra. La Primera Brigada fue atacada durante su avance por el flanco derecho, y poco después por el flanco izquierdo. Ambos ataques fueron rechazados. La columna llegó a Taurirt, siendo recibida con banderas blancas y demostraciones de amistad. El general Marina envió entonces a su jefe de Estado Mayor, el coronel Gómez Jordana, y al coronel Miguel Primo de Rivera, para que comunicarse al general Tovar la ocupación 104 de la población, y que en el caso de que no se encontrara con enemigos, le enviara dos batallones para que la Primera Brigada, reforzada con ellos, pudiera proseguir su marcha hacia el norte. Mientras tanto, las harcas eran convocadas con hogueras en las montañas. En principio, los líderes indígenas pensaron que el objetivo del avance español era el Zoco el Had, en la ribera sur del río de Oro. Pero al apercibirse que el objetivo de la Segunda Brigada era la localidad de Taxdirt, decidieron encaminarse hacia ella, para derrotar a los Cazadores españoles, y después intentar batir a la Primera Brigada. Ajenos a estos movimientos, la Segunda Brigada remontó el arroyo Hendoc, de orillas escarpadas, siempre precedida por los jinetes del Alfonso XII. A las ocho de la mañana, una patrulla de la sección del teniente Casco recibió fuego cerca de Taxdirt. Sin embargo, al contestar el fuego y avanzar, no se encontró a los atacantes. El escuadrón quedó entonces en la población a la espera de que la infantería le relevara. Los harqueños se instalaron en las alturas de Tamsuyt, y desde ellas hicieron un nutrido fuego sobre los españoles. Al acercarse con la infantería el teniente coronel Martínez Anido y percatarse de la situación en que se encontraban los jinetes del Alfonso XII, ordenó al capitán de la primera batería que bombardeara Tamsuyt. Tras la caída de las primeras granadas, el teniente coronel atacó a bayoneta calada las alturas, al frente de su batallón de Cataluña y apoyado por la compañía de zapadores, tomando las alturas. La primera batería avanzo entonces para cubrir la posición conquistada. A las 9:15 horas, el general Tovar ordenó al teniente coronel Eloy Moreira Espinosa de los Monteros quiere con su batallón de Tarifa, avanzarse para proteger la situación de la batería y quedar en reserva de las fuerzas ocupantes de Tamsuyt. Por entonces, el batallón de Cataluña estaba sufriendo el fuego y la presión de los harqueños, empeñados en retomar las alturas. La segunda compañía del Tarifa desplegó en el flanco derecho, junto a la batería, haciendo fuego rodilla en tierra, mientras la cuarta compañía del mismo batallón lo hizo en el flanco izquierdo. La tercera compañía del Tarifa recibió órdenes de desalojar al enemigo de una loma desde la que hacía fuego nutrido contra el flanco izquierdo español. La compañía se enfrentó cuerpo a cuerpo con los harqueños, y consiguió desalojarlos de la posición. En segunda línea, la segunda batería comenzó también a disparar el apoyo de los españoles. Hacía el este de las alturas de Tamsuyt una parte de la harca se instaló en una altura, y a las 10:15 se ordenó al batallón del Chiclana, al mando de don Bernardo Álvarez del Manzano, que con tres compañías desalojara la posición, apoyado por la 105 segunda batería. La resistencia de los marroquíes fue feroz, bajo un sol abrasador. El ruido atrajo a más combatientes harqueños, que fueron afluyendo y engrosando las fuerzas de éstos. De esta forma, las fuerzas españolas formaron una larga línea de de fuego al sur de Taxdirt. El enemigo no parecía dispuesto a atacar, pero mantenía el fuego. El general Tovar decidió replegar al batallón de Cataluña y a la compañía de Zapadores, para que descansara tras cuatro horas de combate siendo sustituido en el hueco por el batallón de Tarifa, y situando a las tres compañías del Talavera, hasta entonces en reserva, en las posiciones anteriormente ocupadas por el Tarifa. El relevo comenzó a efectuarse por secciones. Este movimiento fue aprovechado por los harqueños para lanzarse al ataque, para ocupar el hueco creado momentáneamente en la línea española. El fuego rifeño se concentró sobre el Tarifa, estorbando su maniobra, y dejando así a la última compañía del Cataluña sola, sin municiones y cercada en primera línea. Rápidamente, el general Tovar ordenó a uno de sus ayudantes, el teniente coronel Cavalcanti, que apoyara con un escuadrón de caballería al Tarifa. Cavalcanti estudió el terreno, y descubrió un cañaveral en la ladera del Tamsuyt. Cavalcanti decidió aprovechar ese cañaveral como apoyo para su retirada. Sólo contaba con sesenta y cinco jinetes del Alfonso XII, de los que tomó el mando, ordenó desenvainar los sables y avanzar al trote, cargando contra los harqueños y provocando la retirada incontrolada de estos. Seguidamente, la caballería española se replegó sobre el cañaveral, y tras reunir a unos cuarenta jinetes, atacó a unos 1.500 harqueños situados sobre la ladera, galopando cuesta arriba. Nuevamente, se retiraron hacia el cañaveral, donde fueron atacados por los harqueños. El escuadrón hizo pie a tierra conteniendo con su fuego a los rifeños, dando así cobertura y tiempo al Tarifa para ocupar su puesto en la línea de combate. Al ver la apurada situación de los del Alfonso XII, el teniente coronel Moreira ordenó a sus hombres del Tarifa que apoyaran a los jinetes. El propio teniente coronel quedó gravemente herido, pero los harqueños se replegaron. A las 15:00 horas, llegaron los coroneles Primo de Rivera y Gómez Jordana; traían órdenes para que el general Tovar enviase dos batallones a reforzar a Alfau. Pero al comprobar cual era la situación, se cambiaron las órdenes, y se mandó que la brigada Ayala, de la división de Álvarez de Sotomayor, acudiera en ayuda de Tovar. A las 16:00 horas Tovar, comprendiendo que avanzaba el día y pronto se haría de noche, ordenó el repliegue de la tropa española sobre Taxdirt. Dispuso una batería central y que el repliegue se hiciera hacia la izquierda, para que esta batería cruzara su 106 fuego con otra situada a la derecha. El Tarifa abandonó la loma de Tanyust, rápidamente ocupada por los rifeños. Una vez más, la retirada se complicaba por la agresión de los rifeños, que quisieron aprovechar el proceso para atacar. Éstos se vieron entonces batidos de flanco por el Talavera, y tuvieron que replegarse. La llegada de la brigada Ayala, con el Regimiento de Guipúzcoa para reforzar la posición, seguidos del Arapiles y de Las Navas permitió realizar la retirada. Las bajas de la operación fueron de tres oficiales y treinta y uno soldados muertos; dos jefes, once oficiales y ciento quince soldados heridos; cuatro oficiales y treinta y un soldados contusos. Si bien no se había conseguido aislar el Gurugú, el objetivo de ocupar parte de la península sí se había cumplido. 111 1.2.12.- Avance hacia el sur y ocupación del Gurugú . El 22 de septiembre, las Divisiones de Tovar y de Sotomayor se dirigieron, desde Taxdirt y Melilla respectivamente, hacia el Zoco el Had de Beni-Sicar, que dominaba los valles del río de Oro y de Frajana, y aislar el Gurugú por el norte. En la operación participaría el rifeño Asmani “El Gato” con los refugiados de Camellos desde Sidi Auriach. En su avance, los hombres de Tovar tuvieron que reñir por la posesión del cerro de Hidum. Alvarez de Sotomayor salió de Rostrogordo a las 10:30, ocupó los cerros de Mariguari y Hayara Mundi, estableciendo en este una batería. Entonces comenzó a ser atacado. Álvarez de Sotomayor ordenó el avance de parte de su fuerza, ocupando un desfiladero cerca del Zoco el Had sobre las 14:00 horas, apoyando la artillería allí instalada el avance de Tovar. La coordinación artillera permitió a Tovar ocupar Hidún, y con ello cayó Zoco el Had, donde quedó Álvarez de Sotomayor. Sin embargo, en días posteriores, tanto Hidún como Taxdirt fueron abandonados, y Tovar emprendió el regreso a Melilla, y de allí marchó como veremos a Nador. La razón es que se consideró la zona pacificada, y las tropas hacían falta en otras operaciones. Mientras tanto, al sur de Melilla, la división Orozco se situó en los pozos de Agroaz, junto a la mar Chica, el día 20 de septiembre. Guarnecieron el Zoco el Arba con dos compañías del regimiento del Rey nº 1, y se formaron dos columnas, al mando una del general Aguilera, y otra a las órdenes del coronel Gabino Aranda Miura. Se dirigieron a Tauima. Pero dado lo expuesto de esta posición, que contra lo que se había 111 Gárate Córdoba, J.Mª, (dir) , “El cabo Noval ha caído prisionero”, en España en sus héroes, Ornigraf, Madrid, 1969, p. 137. 107 dicho, carecía de agua y sus orillas pantanosas impedían el abastecimiento desde la Mar Chica, Orozco, aconsejado por Gómez Jordana, decidió seguir avanzando hacia las huertas de Nador. La sorpresa sobre los rifeños fue absoluta, la localidad fue ocupada sin resistencia, y por la tarde, el regimiento de Wad-Ras ascendió por las Tetas de Nador, estableciendo así un camino seguro desde Melilla a Quebdana. El siguiente paso era Zeluán. El día 26 de septiembre llegó a Nador la división de Tovar, y al amanecer del 27, se inició el avance sobre Zeluán: la división de Tovar, con seis batallones de Cazadores, tres baterías de Montaña, una montada y dos escuadrones, avanzó por el flanco derecho, dejando a su izquierda a Tauima, siguiendo el camino directo a Nador. La división de Orozco, cinco batallones de Cazadores, tres baterías montadas y tres escuadrones, marchó por el flanco izquierdo, dejando Tauima a la derecha, y bordeando la Mar Chica. Cerca del Monte Afra, los rifeños intentaron resistir el avance, por lo que las brigadas de Tovar, a las órdenes de Morales y Alfau, iniciaron una progresión por escalones apoyándose mutuamente y sin perder el contacto, mientras la artillería golpeaba las posiciones rifeñas. Al darse cuenta de sus pérdidas y de la imposibilidad de detener a los españoles, los rifeños optaron por retirarse. Zeluán fue ocupada por los españoles a las 13:00 horas, izándose la bandera española en la alcazaba. La división de Orozco no disparó un solo tiro. Estas operaciones iban más allá de lo autorizado por Maura a Marina, pero lo cierto es que despertaron un gran júbilo en España. Marina justificó la toma de Nador y Zeluán por razones estratégicas. Con la ocupación de las lomas de Nador por la División Orozco en la tarde del 25 de septiembre, se apreció que los harqueños desalojaban el Gurugú. Desaparecieron los ataques de francotiradores a las posiciones españolas, y se pensó en realizar reconocimientos del macizo. De esta forma, el día 27 de septiembre, los hombres de Las Navas llegaban al Barranco del Lobo, al mando del teniente coronel Bermúdez de Castro. Allí se encontraron con los cadáveres insepultos de ciento diez oficiales y soldados españoles, caídos tiempo atrás. Todos estaban mutilados, y muchos de ellos, degollados. Los cadáveres fueron recogidos y sepultados en Melilla. El general Marina ordenó al general Arizón que ocupara la loma de Ait Aixa, mientras, ya comprobado que el macizo del Gurugú no estaba defendido, el 28 de septiembre se preparó su ocupación desde el Hipódromo. El 29 de septiembre cuatro columnas, una al mando del teniente coronel Aizpuru, con dos compañías disciplinarias, una de Las Navas, y un grupo de “moros adictos” dirigidos Asmani “El Gato” y Bel Hach; la segunda, con e l 108 coronel Primo de Rivera al frente y formada por cuatro compañías del Melilla 59, una batería de la 3ª Brigada, una sección de Ingenieros y otra del Treviño; la tercera, el coronel del África 68, Axó, dirigiendo a cuatro compañías de su regimiento, dos del Alba de Tormes y una batería del 1º de Montaña; y la cuarta, del teniente coronel de Las Navas Bermúdez de Castro, con tres compañías de su regimiento, una batería de Montaña de la plaza y dos secciones del escuadrón de Melilla, iniciaron su ascensión. La columna del teniente coronel Bermúdez de Castro estaba a las órdenes inmediatas del general Arizón. En el Hipódromo quedó una quinta columna de reserva, con una compañía del Alba de Tormes, otra del Barcelona, y el batallón de Tarifa, a las órdenes del general Del Real. Fue entonces cuando se ocuparon las lomas de Ait-Aixa, seguida de las de Basbel, y de Kol-la. El coronel Primo de Rivera ocupó la primera y comenzó a fortificarla: una compañía se instaló en el extremo de la loma, en una cresta rocosa apodada el “Gorro Frigio” o Taxit el Arbi. Aizpuru ocupó las otras dos. Pero al descubrir los harqueños la presencia de españoles en esas alturas, y ondeando en ellas las banderas, reaccionaron desde las 11:00, desde Beni Sicar. Su actuación fue extremadamente violenta, y pese a tener ya algo avanzada la construcción del reducto, el coronel Axó ordenó el repliegue de Kol-la hacia Sidi-Musa. Por su parte, el teniente coronel Aizpuru estuvo a punto de ser rodeado en su retirada de Basbel, por lo que se le enviaron dos compañías de Las Navas, y pudo llegar a Taguen Manin. Un grupo de moros amigos de España, que se habían adelantado más en su avance, tuvieron que replegarse sobre Frajana, sufriendo la pérdida de siete hombres. No obstante, el coronel Primo de Rivera consiguió fortificar y mantener Ait Aixa. Las bajas españolas en la operación fueron de dos soldados muertos, un oficial y seis soldados heridos y tres oficiales y diez de tropa contusos, nueve moros leales muertos y tres heridos. En la noche del 28 de septiembre fue atacada la posición de Beni-Sicar, ocupada por las fuerzas de la división de Sotomayor. Zeluán había sido evacuada por el Mizzian porque éste no se atrevió a defenderla. Pero esa noche, Mizzián deseaba dar un golpe de mano contra Beni-Sicar. Contaba con unos 1.500 hombres, con los que pensó atacar la posición de Benalter, guarnecida por el Regimiento de Príncipe, y el primer Batallón del Burgos. Sobre las dos de la madrugada, el cabo Luis Noval saltó las alambradas para recorrer los puestos de escucha. Al llegar al último puesto, ocupado por los soldados Manuel Fandiño y Manuel Patiño, comenzó el fuego de los rifeños. Se retiraron hacia la línea de las alambradas, pero en la oscuridad, Noval no encontró la entrada y fue capturado. Dos rifeños le pusieron un puñal al cuello y le ordenaron llegar a la posición 109 y dar el santo y seña. Al llegar frente a la posición, Noval empujó a sus captores y grito: "¡Tirad sobre nosotros, que son moros los que vienen conmigo! ¡Fuego! ¡Viva España!". Los centinelas de la Tercera Compañía dispararon, el ataque fue rechazado, y la añagaza, abortada. Por su acto de heroísmo, el cabo Luis Noval, muerto en la acción, fue condecorado con la Laureada de San Fernando. El cabo Noval se convirtió en un símbolo del heroísmo en esa guerra, y se le levantó un monumento en Madrid. Durante esa noche, hubo más ataques sobre Beni-Sicar, pero todos fueron rechazados. 112 1.2.13.- El castigo sobre el Zoco el Gemís de Beni Bu Ifrur . El día 30 de septiembre de 1909 se ordenó hacer un reconocimiento ofensivo desde la alcazaba de Zeluán sobre el Zoco el Jemis de Beni Bu Ifrur, epicentro de la harka enemiga, para evaluar su fuerza y número, por la División Tovar. La División formó dos columnas al mando de los generales Morales y Alfau, con 6000 hombres. La misión era avanzar hasta las crestas que dominan el Zoco el Jemis, descubrir si había enemigos en la zona, y en tal caso proceder para castigarlos, para regresar seguidamente a Zeluán. La División la integraban dos brigadas de Cazadores, formadas por los batallones de Llerena, Madrid y Figueras, de la brigada de Madrid, y los batallones de Chiclana y Ciudad Rodrigo, de la del Campo de Gibraltar, junto a dos compañías del batallón de Cazadores de Barcelona. Junto a estas fuerzas, iban tropas de caballería de los regimientos de Lusitania, Alfonso XII y Treviño. Junto a estas fuerzas de infantería, y caballería, participaban también una compañía de zapadores, y por artillería doce piezas de montaña y cuatro de campaña. Para proteger el flanco derecho y actuar como reserva, se dispuso otra columna, al mando del general Díez Vicario, integrado por tropas de infantería de Línea, en concreto el regimiento completo de Wad Ras, y el segundo batallón del regimiento de León junto a fuerzas de caballería del regimiento de Húsares de la Princesa y de María Cristina. Junto a Buguen Zein se instaló otra fuerza con dos compañías del Cataluña y una batería del 10º montado, más un bastallón del Regimiento del Rey 1. El total de fuerzas empeñadas era de 8.200 hombres, veinticuatro piezas, ocho ametralladoras y seiscientos caballos. 112 Muñoz Bolaños, R., “La Campaña de 1909” en De Mesa y otros, Las Campañas de Marruecos 1909- 1927, p. 62-65; Martínez de Campos, C., España bélica. El siglo XX, p. 92-93; Riera, A., España en Marruecos, p. 277-287; Gárate Córdoba, J.Mª, (dir) , “La batería de Beni Bu Ifrur”, en España en sus héroes, Ornigraf, Madrid, 1969, p. 161-192. 110 La columna de cabeza, a las órdenes del coronel Arraiz llevaba dos compañías de Cataluña desplegadas en orden de combate, y le seguían los batallones formados en columna doble por líneas del cuatro, convenientemente flanqueados. Se rompió la marcha a las 7:30 horas. Al iniciar la ascensión a las colinas que constituían el objetivo, a unos 5 km del punto de partida, se descubrió al enemigo. El batallón de Madrid se desplazó al flanco derecho, y los de Llerena al flanco izquierdo. Faltaban pocos minutos para las 10:00 de la mañana, y el general Morales comunicó por heliógrafo a Marina que estaba sosteniendo un ligero tiroteo. Se atacó con valentía y se tomaron las crestas y a las 11:30 se comenzó a batir el Zoco desde les mismas. El enemigo, entonces, se situó en las casas del Zoco y accidentes del terreno del valle del Jemis, así como en las lomas circundantes, comenzando a hacer fuego contra las tropas españolas. Pronto, los rifeños se vieron reforzados por vecinos y los hombres de Mizzian, que formaron un extenso frente presionando a los españoles. Se calculó en cerca de 12.000 combatientes de la Guelaya y unos 11.000 de otras comarcas vecinas. Los regimientos de caballería de Alfonso XII y Alfonso XIII intentaron llegar hasta unas construcciones próximas al Jemis para reconocerlas, pero tuvieron que desistir porque el valle se había convertido en un auténtico embudo de fuego cruzado sobre los españoles. Además, los indígenas amenazaban con envolver las lomas ocupadas por los españoles. El general Marina decidió entonces que el refuerzo del general Darío Díez Vicario acudiera en socorro de las fuerzas del general Tovar. En su avance por los montes Yula en apoyo de la columna de Morales, Díez Vicario constató el duro fuego que los harqueños ejecutaban sobre los españoles. Cumplida la misión de reconocimiento, era el momento de iniciar el repliegue. Sobre las 14:00 horas, el general Marina ordenó al general Orozco ocuparon posiciones para cubrir la retirada de las fuerzas del general Tovar. Apenas iniciada la retirada, desde el monte Argan comenzaron a descender gran cantidad de combatientes marroquíes que aprovechando la fragosidad del terreno, hacían un vivo fuego sobre los españoles, e intentaban envolver los flancos. En ocasiones era necesario atacar a la bayoneta para conseguir hacer retroceder al enemigo, y poder así proceder a la retirada propia. El batallón de Cazadores de Chiclana fue el que soportó mayor castigo en la contención de los ataques. Para cubrir su retirada, acudió el batallón de Figueras. Ante la presión del enemigo, el Figueras decidió mantenerse en el puesto. La cuarta Compañía del Figueras estaba al mando del capitán Antonio Ripoll Sauvelle, un veterano oficial que había perdido la mano izquierda en el sitio de Manila, en 1898; la 111 reemplazó por una mano de aluminio, que siempre llevaba cubierta con un guante, y se reintegró al servicio. Durante el combate, conteniendo al enemigo, fue herido, pero siguió adelante, sable en mano, avanzando al frente de sus hombres, hasta que murió. Su mano de aluminio se muestra actualmente en el Museo Histórico Militar de Valencia. El enemigo, envalentonado con la retirada, mantenía una fuerte presión y un fuego muy intenso. El Figueras estaba comprometido, por lo que Alfau se trasladó al flanco izquierdo, dejando en el centro la resistencia encomendada al capitán de Estado Mayor Banjul, y ordenó que Llerena y Ciudad Rodrigo sostuvieran a aquél. Por su parte, la batería de Buguen Zein efectuaba un fuego terrible y muy eficaz sobre los atacantes. Las fuerzas del general Díez Vicario iban ocupando los puestos que escalonadamente iban abandonando los hombres del general Tovar. En esta retirada, era vital la batería mandada por el capitán Fernández Herce, cuyos disparos contenían eficazmente al enemigo disparando a cero y con metralla a 400 metros. Díez Vicario le ordenó que resistiese, porque su fuego era vital para proteger el repliegue. El capitán Fernández Herce mantuvo la posición, hasta el punto de quedar en extrema vanguardia. Las piezas iban quedando inservibles, y finalmente sólo disparaban dos, alternativamente, cuando la posición quedó aislada. El comandante Losada primero, y el coronel Garrido después, ordenaron al capitán que se retirara; pero Fernández Herce argumentó que sólo el general Díez Vicario podría ordenar la retirada, dado que era quien había obligado mantener la posición. Para entonces, el mismo general Díez Vicario había muerto de un balazo, mientras supervisaba, a caballo, con su detonante fajín rojo de General, la retirada de los hombres de Tovar; fue recogido por su ayudante de campo, el capitán Berenguer. Asumió el mando el coronel Aranda, del Wad Ras. Cuando la posición era prácticamente insostenible, el capitán Fernández Herce ordenó a sus hombres recoger el material e ir replegando las piezas, disparando alternativamente. Con su fuego, consiguió proteger definitivamente la retirada española hacia Zeluán. Las bajas fueron de un general, tres oficiales y treinta y seis soldados muertos; un jefe, ocho oficiales, y veinticuatro de tropa heridos; y un general, un jefe, diez oficiales y sesenta y dos soldados contusos Este combate de Beni Bu Ifrur fue visto en España como una derrota, y posiblemente se puede considerar como tal. La impresión fue muy penosa, pues pocos días antes, con la toma de Ait Aixa y del Gurugú, muchos pensaban que la guerra había 112 acabado. Sin embargo, hay que recordar que la misión era un reconocimiento ofensivo, que se cumplió ampliamente, sirviendo como expedición de castigo y advertencia a los rifeños. En efecto, el combate provocó un gran quebrantamiento en las filas rifeñas, cuyo arrojo y sacrificio no habían conseguido romper la disciplina de la retirada escalonada española. El comportamiento de las tropas españolas fue impecable, en ningún momento se rompió la formación, se mantuvieron las posiciones hasta que llegaba la orden de abandonarlas, se aprovechaba el terreno, y se mantuvo el fuego durante las siete horas de continuo combate. Marina solicitó y obtuvo nuevos refuerzos para suplir las bajas en combate y por enfermedades, así como las fuerzas empeñadas ahora en misiones de guarnición de puntos ocupados. Se envió en concreto la Brigada de Galicia del general Fernando Carbó, con los regimientos San Fernando nº 11 y Ceriñola nº 42, junto a una compañía de Zapadores del 1º Mixto de Ingenieros, y tres escuadrones de los Regimientos de Húsares de Pavía y de Lanceros de la Reina, que desembarcaron en Melilla el 5 y el 9 de octubre, aportando unos 3.500 soldados más. 113 1.2.14.- Los últimos combates . Tras el choque del 30 de septiembre, las operaciones ofensivas se paralizaron, dando tiempo a la fortificación de los puntos ocupados, sobre todo Nador y Zeluán. También se pensó a que la próxima llegada de la época de siembra mermaría los efectivos de la harka. El 1 de octubre se llegó al extremo de la península de Tres Forcas, y el 5 se decidió el emplazamiento del nuevo faro. El día 20 de octubre, el faro provisional ya estaba en funcionamiento. Durante esas dos semanas no hubo combates de importancia, solo simples escaramuzas, ataques a convoyes y aguadas, y cañoneos sobre posiciones rifeñas. Los convoyes seguían el camino de la vía férrea. En principio, la pantalla defensiva de soldados iba junto a la hilera de animales cargados con la impedimenta. Estos provocaba que las balas a menudo impactaban en el ganado, por lo que una vez rechazado el enemigo, había que redistribuir la carga, o incluso abandonar parte de ésta, que era precisamente uno de los objetivos del ataque. Por ello, se comenzó a distanciar la línea defensiva de la columna de impedimenta. El servicio en convoyes era duro y 113 Muñoz Bolaños, R., “La Campaña de 1909” en De Mesa y otros, Las Campañas de Marruecos 1909- 1927, p. 66-72; Martínez de Campos, C., España bélica. El siglo XX, p. 93-95; Riera, A., España en Marruecos, p. 296-315 113 peligroso, pero sirvió también de adiestramiento a los soldados, que descubrieron en él las tácticas favoritas del harqueño. El 17 de octubre se reanudaron las operaciones por parte de España, con un reconocimiento sobre Segangan. El objetivo era el collado de Atlatén, pero dado que llegar a éste a través de Zoco el Jemis se había revelado excesivamente costoso, se planteó explorar otro camino, desde Nador, siguiendo el valle del río Uxan o del Caballo. Marina ordenó al general Orozco aproximarse a este lugar con los globos aerostáticos y obtener la información. Orozco confió el mando de la columna al general Aguilera. Las fuerza estaba formada por el regimiento de León 38, tres escuadrones de la Reina, la 3ª batería del 2º Montado, y la compañía de aerostación. Durante el avance, la compañía telegráfica tendería una línea telefónica para informar del avance y solicitar en caso necesario el apoyo del Regimentó del Rey, que quedó de reserva en el monte Arbox. La columna salió de Nador a las 8:00 horas. A unos tres km la columna hizo alto, y entonces comenzó el fuego de los rifeños, escondidos en las peñas y chumberas. La artillería comenzó a actuar, pero con el transcurrir del tiempo el número de enemigos se iba incrementando. A las 11:30 el globo ya había cumplido su misión, por lo que se inició el repliegue. Pero la llegada de nuevos grupos de combatientes, que se veían llegar por las laderas del monte Afra y del Gurugú, aconsejó detener la retirada e instalar la batería. La artillería española causó grandes estragos en las filas rifeñas, como se podía apreciar desde el globo, que dirigía el fuego. Pero los harqueños seguían llegando y disparando. Se reanudó la retirada, y los rifeños intentaron rodear a las tropas españolas, pero las tropas de reserva, el Rey 1, lo evitaron, y la operación se llevó a cabo correctamente hacia Nador. Las bajas fueron, según Balfour, cuarenta hombres muertos y unos trescientos heridos; sin embargo, Gallego Ramos las cifra en un jefe (el comandante Salvador Perinat) y dos hombres muertos, del León nº 38, y un oficial y veinte soldados heridos, la mayoría del citado regimiento. La diferencia entre este combate y el anterior del 30, que costó tantas bajas en comparación, fue la utilización de la aerostación, que permitió tener una mayor perspectiva de la operación, conocer las concentraciones rifeñas y guiar el fuego 114 artillero . La opinión de la mayoría de autores, es que estaba claro que el ejército español era bastante ineficaz frente a las bandas de beréberes desorganizados y mal armados. 114 De Mesa y otros, Las Campañas de Marruecos, 68. 114 Las tácticas de infantería española eran anticuadas, compensándolas con barreras artilleras usadas sin discriminación, torpemente. No obstante, esto minimizaba los combates. Faltaban mapas e información sobre el enemigo. Esto llevó a un uso exagerado del "reconocimiento ofensivo", fuerzas exploradores importantes. Sin embargo, lo cierto es que las tácticas españolas daban resultado, en un terreno difícil y mal conocido, frente a fuerzas irregulares difíciles de identificar. Se organizaron columnas móviles que aislaron la región rebelde, viviendo sobre el terreno, destruyendo sus provisiones, y empujando a los rebeldes hasta una zona sin salida donde se rindieron, entregando armas y rehenes. El ministro general Arsenio Linares optó por una solución militar, proponiendo desembarcar tropas en Alhucemas para sorprender a los rifeños por la retaguardia y penetrar en el corazón de su territorio. Pero el Gobierno se negó, porque no se conocía el terreno y las tropas no estaban lo bastante preparadas. El día 18 de octubre, los rifeños lanzaron un ataque cuando se estaba recogiendo agua para la alcazaba de Zeluán en los pozos de Ulad Setut. Las fuerzas presentes eran una sección del Cataluña, una compañía del Arapiles, un escuadrón del Alfonso XII y otro de los Húsares de Pavía. El enemigo fue rechazado, y la caballería cruzó el Zeluán a la orilla derecha. La llegada de nuevas fuerzas provocó la retirada de los atacantes. Ese mismo día también hubo un ataque nocturno sobre Nador, fácilmente rechazado. No obstante, y pese a que quizá una ofensiva sobre el sur del Gurugú hubiera aplastado a la harka, Marina se mostró prudente y decidió esperar la llegada de refuerzos. 1.2.15.- La paz. El 25 de octubre llegó a Melilla el representante del sultán Muley Hafid, Bachin Ben Sennah, el derrotado por El Rogui el año anterior, que llegaba para intentar obtener la sumisión de los rifeños al Majzen y a España. En principio, las cabilas le devolvieron las cartas, como símbolo de que no aceptaban su autoridad única del sultán. Por entonces, el gobierno de Maura había caído el 21 de octubre de 1909, y el nuevo ministro de la Guerra del gobierno liberal de Segismundo Moret, el general Luque, deseaba acabar la campaña lo antes posible. Los liberales, que habían negado a Maura la votación de un crédito extraordinario para los gastos de campaña, hecho quizá relevante en el cese del político mallorquín, ahora lo aprobaron. Se quiso exigir al sultán su participación en las operaciones, para acelerar la pacificación y la vuelta a los trabajos en las minas, pero éste no podía intervenir. Los jefes rifeños, dado lo avanzado de la estación de siembra, comenzaron a rendirse. El mando español, con autorización de 115 Madrid, decidió entonces realizar una nueva operación, ocupando las divisiones de los generales Tovar y Diego Muñoz Cobo y Serrano, el 6 de noviembre, Hidún. El 7 de noviembre fue ocupada Taguil Manin por las columnas de los generales Imaz y Del Real. El paso más importante era la sumisión de la cordillera de Atlatén, que controlaba el territorio de Beni Bu Ifrur y Beni-Sicar, así como la meseta de Taxuda, llave del Gurugú. El día 12 de noviembre, una comisión de notables rifeños comenzaron las negociaciones para obtener el perdón y la paz. Los días 20 y 22 de noviembre, en Nador, grupos de jefes locales sacrificaron un toro en señal de sumisión y entregaron sus armas. El 26 de noviembre, 18.000 hombres divididos en tres columnas de división mandadas por los generales Tovar, Muñoz Cobo y Huerta, salieron de Nador. La Brigada del general Brualla, de la división de Tovar, coronó Atlatén; sólo la brigada Morales tropezó con algo de resistencia. El 27 de noviembre se presentaron en Atlatén una comisión de caídes de Beni Bu Ifrur y de Beni Sidel, que querían declararse amigos de España. Marina entró en Hidum, y avanzó 6 km hacia la desembocadura del Kert, llegando hasta Tizza. Los Beni Sicar se presentaron en Sûq el-Hâd solicitando la paz. El 8 de diciembre lo hizo Abd el-Kader ben Tieb el Abduni, cheij de Abduna, de los Beni Sicar. Abd el-Kader hizo el resto de su vida honor a este compromiso de paz y amistad con España, hasta su fallecimiento en 1950. También se sometieron las cabilas de Beni Bu Gafar y los jefes de Ulad Settut. El 17 de diciembre de 1909 Marina dio por acabada la campaña. Ese día murió en Fez El Chadly. Días después, El Mizzian se sometió. En enero de 1910 cesaron las hostilidades que los Beni Urriaguel mantenían contra el Peñón de Alhucemas. De esta forma, se culminó la campaña. Significativamente, el 2 de diciembre de 1909, El Muwaz, ministro de Asuntos Exteriores del Majzén, reiteró en una nota la petición de la retirada de las tropas 115 españolas . Las negociaciones con el Sultán fueron complicadas, porque las potencias europeas no apoyaron a España en sus reclamaciones, y la prensa francesa incluso se manifestó a favor del Sultán. Francia estaba interesada en que reinara el caos en Marruecos y que España fracasara en su empeño, para apoderarse de todo el territorio. La postura marroquí llegó al extremo de que el ministro español de Asuntos Exteriores, rechazara su propuesta de paz; la oferta española fue rechazada el 28 de agosto, y no se llegó a un acuerdo hasta el 16 de noviembre. España obtuvo una indemnización de guerra de 65 millones de pesetas, más setenta y cinco pagos anuales de 2.545.000 115 Madariaga, MªR.: En el barranco del Lobo, p. 56. 116 pesetas, en concepto de ayuda para el mantenimiento del orden. Estos pagos se harían a cargo del 55% de los impuestos mineros. España podría ocupar los territorios tomados, 116 pero no en propiedad . El Majzen confiaría al bajá de Melilla las funciones de un Alto Comisario Jerifiano, para concertar, junto con un Alto Comisario español, el nombramiento de los caídes de las cabilas ocupadas, más las de Temsaman, Beni Urriaguel y Bocoia, incluso la de Beni-Itteft. La fuerza Jerifiana debía aumentarse a 1.250 hombres, con instructores españoles, como Policía Indígena. Una vez esta fuerza estuviera constituida y con ella se garantizara el orden, la seguridad y el tráfico mercantil, las tropas españolas se retirarían a los límites del territorio español. Esta fuerza se pagaría con los impuestos de la Aduana de Melilla y con los impuestos de las cabilas de la región. En principio, España adelantaría los primeros gastos hasta que se regularizaran las contribuciones de las cabilas, las cuales, hasta entonces, no pagaban nada al Majzen. El Majzen debía reinstalar la Aduana de Melilla, y cobrar los impuestos de mercados y demás a las cabilas. El gobierno del Sultán se comprometía a no amenazar Ceuta, y para ello no establecería fortificaciones ni instalaciones militares en su cercanía; se nombraría un caíd para la comarca de Ceuta, con una fuerza, ya prevista 117 en el tratado de 1894, de 250 hombres, que tendría instructores españoles . Los jefes locales firmaron la paz con las autoridades españolas. Para Ruiz Albéniz, las bajas fueron de 4.131, entre ellas 500 muertos en combate y 211 de 118 enfermedad . Estas cifras son sin embargo rectificadas por Muñoz Bolaños y fijadas en dos generales, once jefes, treinta y ocho oficiales y doscientos ocho soldados muertos; y nueve jefes, setenta y ocho oficiales y 1.457 de tropa heridos, totalizando 119 1.803 bajas . La campaña mostró que la Sanidad había mejorado. Murieron unos 1.800 marroquíes. En los meses siguientes, las tropas españolas fueron repatriadas, quedando de guarnición en la zona 20.000 soldados. Se había conquistado la zona de Quebdana y 2 Guelaya, unos 17.000 km . El mando de Melilla fue elevado al Capitanía General, de forma efímera. Marina, que solicitó el relevo, fue sustituido en septiembre de 1910 por el gobernador militar de Ceuta, el general García Aldave, que tomó posesión del cargo 116 Bachoud, A.: Los españoles ante las campañas de Marruecos, p. 49. 117 García Nieto, M.C. y otros: Crisis del sistema canovista, 1898-1923, Guadiana, Madrid, 1972, p. 70- 75. 118 Según la Comisión de responsabilidades, las bajas fueron 2.235, entre el 18 de julio y el 12 de septiembre, y las del 30 de octubre, con 358 muertos: Madariaga, MªR.: En el barranco del Lobo, p. 57. 119 De Mesa y otros, Las campañas de Marruecos, p. 72. 117 el 1 de octubre de 1910. A García Aldave en Ceuta le reemplazó el general Felipe Alfau Mendoza. La guerra no fue popular en España, pese a algunos chispazos de exaltación popular, como la reacción al desastre del Barranco del Lobo, o el sacrificio del cabo Noval. Aún hubo algunos enfrentamientos, motivados porque los rifeños querían apoderarse de fusiles españoles. El día 30 de diciembre, en la posición de Exmuart, tres soldados y un cabo fueron a hacer la aguada con acémilas, cuando fueron atacados para robarles las armas. Continuaron las operaciones militares, con traslados de posiciones. De esta forma, prosiguió la pacificación durante 1910, a través de patrullas. 1.2.16.- Conclusiones de la Campaña. Los oficiales españoles habían aprendido una dura lección. Estaba claro que existía una enorme desventaja en utilizar soldados españoles de reemplazo en el combate. Los soldados no se sentían comprometidos con la campaña, ni estaban acostumbrados al clima. En ese sentido, ya se había anunciado la Real Orden de agosto de 1909, con la llamada a los voluntarios. Otra solución, era recurrir a tropas indígenas, como acostumbraban a hacer los franceses. En este sentido, se comenzara reclutar mercenarios de las tribus rifeñas. Antes de la campaña, el coronel Larrea había creado una pequeña fuerza de policía indígena. Tras la campaña, se crearon dos grupos permanentes, junto con una Oficina de Asuntos Indígenas. En diciembre, la policía indígena se integraba una compañía. El coronel Dámaso Berenguer defendió la idea de crear una fuerza indígena, y en 1911 se estableció en Melilla un batallón de cuatro 120 compañías de un escuadrón de fuerzas integradas por marroquíes, los Regulares . En cuanto a las enseñanzas militares, se puso de manifiesto que las barreras artillerías no eran demasiado eficaces, dada la intensa movilidad del enemigo; que había que instruir mejor a los soldados españoles, y alimentarlos mejor. Había que aprovechar las victorias, había que incrementar la movilidad, desarrollando columnas protegidas en los flancos por pequeñas compañías móviles. Había que proteger las cumbres de los desfiladeros antes de atravesarlos. Era preferible envolver al enemigo, antes que el asalto frontal. Había que mejorar las carreteras y la sanidad militar. Había que mejorar 120 Jiménez Domínguez, J.M y otros: Fuerzas Regulares Indígenas. De Melilla a Tetuán. 1911-1914. Tiempos de ilusión y de gloria, Almena, Madrid, 2006, p.47-62. 118 el equipamiento, la higiene y la comunicación. Sin embargo, la falta de dinero iba a impedir poner en marcha estas ideas. Balfour destaca que ya en esta campaña parecen surgir un nuevo grupo de oficiales veteranos de la guerra africana, alejados de los militares peninsulares. Era un grupo de oficiales que despreciaban la vida cómoda y rutinaria de las guarniciones en territorio nacional, y se forjan como hombres de acción. Oficiales ambiciosos que desean aprovechar las campañas para rápidos ascensos. Ya entonces surgen voces contra los ascensos por el mérito, a menudo discutible. El periódico La Correspondencia Militar se posicionó contra los ascensos facilitados por el número de bajas, exigiendo mayores méritos para obtener galones por acciones de guerra. En este sentido, el oficial Gonzalo Queipo de Llano escribió dos artículos, por los que fue 121 sancionado . Frente a esta postura, otro periódico, El Ejército Español defendió el 122 sistema de promociones . De esta forma, según González-Pola, se aprecian ya los primeros signos de una división en el seno del Ejército, entre los “africanistas”, y los “peninsulares”, entre los defensores de los ascensos por méritos de guerra, y los que 123 defienden las promociones por orden de antigüedad o escalafón . La campaña de 1909 instruyó a los oficiales, dispuestos a cumplir las instrucciones del Gobierno: cumplir la labor encomendada a España en Marruecos, apoyando el gobierno del Sultán, introduciendo a Marruecos en el camino del progreso occidental y respetando las costumbres de la población local. Estas ideas se concretaron en un volumen, Enseñanzas de la Campaña del Rif en 1909. En él se decía: “Respetando la organización política de la región ocupada, las autoridades militares deberán establecer una especie de tutela sobre las autoridades y organismos del país, cuyo fin principal sea hacer que unos y otros gobiernen y administren con justicia y moralidad. Esto bastará para que los indígenas, siempre vejados y saqueados por los representantes del poder público, no tarden en notar los beneficiosos efectos del nuevo régimen, que viene a constituir para ellos un verdadero protectorado contra las demasías y 124 rapacidades de las autoridades locales” . 121 Gonzalo Queipo de Llano y Sierra ingresó en el Ejército a los 16 años como educando de Banda, para facilitar su ingreso en la Academia de Infantería. Como segundo teniente, participó en la Guerra de Cuba, de donde regresó como capitán por méritos de guerra, con cuatro cruces rojas y una cruz de María Cristina: Casas de la Vega, R., Seis generales de la Guerra Civil, Fénix, Madridejos, 1998, p. 51-56. 122 Balfour, S. Abrazo mortal (2002), p. 66. 123 González-Pola de la Granja, P., La configuración de la mentalidad militar contemporánea, p. 363. 124 Estado mayor Central del Ejército, Enseñanzas de la Campaña del Rif en 1909, Madrid, 1911, p. 14- 15. 119 Se planteaba crear hospitales y dispensarios para los rifeños, incrementar el comercio “que aumenten la prosperidad local y consoliden la ocupación, toda vez que 125 el egoísmo, único móvil del moro, será el que le obligue a ello” . El Ejército debía colaborar a esta implantación comercial para beneficio de la población indígena y propio, para obtener suministros, facilitando el orden y las comunicaciones. Había que “respetar la propiedad, los usos y costumbres locales, tratando por todos los medios de ganarse la confianza del indígena y utilizar sus odios y rivalidades a favor de la paz y del completo dominio del país, empleando las dádivas, honores y satisfacciones de amor propio, y aun, si fuera necesario, del miedo. (…) La justicia deberá administrarse rápida y con firmeza; el castigo debe ser inmediato, sobre todo cuando se trate de crímenes flagrantes ó comprobados 126 contra la tropa” . En el lenguaje colonialista, el texto muestra el interés por establecer un régimen paternalista, cumpliendo las instrucciones dadas a España en Algeciras. La campaña de 1909 supuso para el ejército español enfrentarse a un enemigo muy duro y motivado; siendo, como era, la fuerza armada de una nación pobre, con graves desequilibrios sociales y económicos internos, pero con vocación europeísta. Por otro lado, algunos de estos oficiales se enamoraron de Marruecos, e iniciaron una relación con su población de afecto y servicio. En esa campaña parecen surgir ya nombres importantes para el futuro de España, como fue el caso de José Sanjurjo Sacanell. El capitán Sanjurjo, destinado en los Cazadores de Madrid, el 18 de julio de 1909 fue destinado a las órdenes del comandante en jefe de las fuerzas de operaciones de Melilla. Tenía 37 años, un idealismo exaltado y un agudo espíritu individualista. Para Sanjurjo, como para muchos oficiales de su generación Marruecos podía representar la regeneración de España. El 2 de septiembre de 1909, el diario “ABC” destacaba que el capitán Sanjurjo luchaba “buscando sitios que pudieran resguardar mejor a sus soldados, mientras él permanecía de pie, siendo blanco de los proyectiles enemigos”. El 30 de septiembre de 1909, en el combate por el reconocimiento del zoco Jemis de Beni-Ibu Ifrur para medir las fuerzas de las cábilas cercanas a Zeluán, al iniciarse el repliegue, la compañía de Sanjurjo quedó aislada y con casi todos los frentes descubiertos, a causa del empuje enemigo. Sanjurjo decidió resistir, cayendo heridos o muertos treinta y dos de sus setenta hombres; pero no se replegó hasta recibir la orden. Entonces, se retiró en orden, sin abandonar heridos ni armas. Sanjurjo fue premiado con 125 Ibíd.., p. 15. 126 Íbid., p. 15-16. 120 el ascenso a comandante, y gracias a su valor la bandera de los Cazadores de Figueras obtuvo la corbata de San Fernando. Posteriormente participó en la toma de la Alcazaba 127 de Zeluán, ganando una Cruz Roja pensionada . Otro militar importante fue el entonces coronel Miguel Primo de Rivera, que se encontraba de viaje de estudios por Europa en 1909, y que se incorporó rápidamente a la campaña, desembarcando en Melilla el 1 de agosto, mandando sucesivamente el Regimiento de Melilla nº 59, con el que ocupó el Gurugú, y participó en diversas acciones en Taxdirt, Tafarat, Lehedara, Ait Aixa, Beni Enras, y el Pico Basbel; y el de Wad Ras nº 50, con el que tomó el collado de Atlaten, y las posiciones de Ulad Daud y 128 Sebt . Otro oficial fue el capitán Miguel Cabanellas. Puede resultar sorprendente que los cabileños, sin artillería, casi sin caballería y sin formación militar, ofrecieran tal resistencia a un ejército europeo. Pero debe recordarse que los marroquíes contaban con fusiles de tiro rápido, siendo su principal problema el proveerse de municiones, y ello quizá influyó en la duración de la 129 campaña ; tenían pleno conocimiento del terreno, y es precisamente el desconocimiento del terreno la causa directa de los desastres españoles; eran luchadores duros, frugales, valientes y arrojados, imbuidos de espíritu religioso de lucha y muerte. La oposición a la guerra sostenida no sólo por los partidos antidinásticos, sino incluso por diarios liberales como El Imparcial, así como la negativa al aumento del presupuesto de guerra, están en la base de la timidez de la campaña, pese a la energía que le imprimió el presidente Maura. Los llamamientos contra la guerra provocaron la Semana Trágica, así como otras protestas. Para evitar este tipo de sucesos, se ordenó repatriar las tropas apenas acabada la campaña. España ya no ocupó más territorio, ni aprovechó la ventaja militar obtenida frente a Amezián; tampoco se consolidaron las conquistas con una serie de fortificaciones eficaces. Se instalaron posiciones, pero débiles y aisladas, mal emplazadas. El ejército se retiró a las fronteras melillenses abandonando territorio controlado; la necesidad de recuperarlo provocó la campaña del Kert entre 1911 y 1913. El gobierno español estaba muy preocupado por la opinión internacional. Se informaba de los movimientos a las potencias firmantes del Acta de Algeciras, y se 127 Sacanell, E.: El general Sanjurjo, héroe y víctima, La Esfera de los Libros, Madrid, 2008, p. 38; Esteban-Infantes, E.: General Sanjurjo, AHR, Barcelona, 1957, p. 40-41. 128 Aunós, E.: El general Primo de Rivera, Alambra, 1944, p. 30. 129 Riera, A.: España en Marruecos, p. 14-16. 121 afirmaba que el propósito era pacificar la región. El Majzén veía con preocupación la creciente ocupación española de territorio, y reclamaba para sí el castigo de los rebeldes. Pero lo cierto es que el sultán no emprendió en ningún momento una acción decisiva a favor del control de los cabileños. Dejó que España corriera con todo el peso de la campaña en hombres y dinero, y luego exigió las ganancias de la misma, la sumisión y los tributos de cabilas que no reconocían su autoridad política. Claro que 130 para entonces, la suerte de Marruecos estaba ya decidida . Alfonso XIII visitó el territorio marroquí en 1911, y a su regreso, el Senado le dedicó un discurso, haciendo hincapié en los deseos de paz, civilización y prosperidad para Marruecos. Reivindicó para España: “una situación para nuestros nacionales, en todo el Imperio del Mogreb, igual a la más favorecida a que puedan aspirar los ciudadanos de cualquier otra nación de Europa. “El pueblo español, aparte de toda ambiciosa aspiración política soberana, puede ir extendiendo su acción desde el Muluya hasta la costa del Atlántico, y desde el Mediterráneo hasta el Atlas, que ya en remotas edades era la frontera natural que a nuestra Patria se fijaba. Allí, pues, está una buena parte de nuestro presente y de nuestro porvenir. Dediquémonos todos a la obra, y si esta grande empresa avanza en su camino, día llegará en que, como en otros siglos la República del Tíber adjudicaba a sus hijos más ilustres epítetos tomados del territorio con que engrandecían a su patria, la historia contemporánea tenga motivos muy legítimos para apellidar el reinado de V.M. con el Título de 131 Reinado de Don Alfonso el Africano” . Sin embargo, el optimismo estaba poco justificado. Parecía que la guerra de Marruecos iba a ser dura, que la ocupación del país sería una empresa difícil; que la contestación popular era importante, e incluso violenta; que la colonización no sería agrícola, sino minera; y que la aventura del Protectorado iba a ser muy costosa para España, y con beneficios concentrados en muy pocas empresas. 1.3.- Las Campañas de 1911 y 1912, y los Tratados de creación del Protectorado. 1.3.1.- Las reformas militares. 130 Madariaga, MªR.: En el barranco del Lobo, p. 54-56. 131 García Nieto y otros: Crisis del sistema canovista, p. 76-77. 122 Tras la campaña de 1909, se hizo perentorio realizar algunas reformas en el Ejército, para adecuarlo al nuevo estado de guerra, que España desconocía desde 1898. El Estado carecía de la posibilidad, e incluso de la necesidad, de una política defensiva: no había peligro de ataque exterior o invasión, y los conflictos con los rifeños se debían a incursiones fuera del perímetro de Ceuta y Melilla. Bastantes militares no se preocupaban por temas profesionales, seguían sus rutinas; aunque otros muchos seguían con interés las abundantes publicaciones y periódicos militares, mientras la falta de presupuesto impedía aplicar o adquirir las innovaciones publicitadas. Sólo la generalidad de los artilleros adquiría publicaciones extranjeras para poder gestionar las 132 fábricas de armas y municiones . El general Luque, ministro de la Guerra del Gobierno Moret, decidió restablecer el sistema de ascensos por méritos de guerra, suprimido tras las campañas de Cuba y Filipinas. Esta reforma fue muy polémica, pues había suscitado abusos en el pasado 133 siglo XIX, durante las guerras carlistas y coloniales . Se razonó que daba pie a favorecer a unos oficiales sobre otros, basándose en la arbitrariedad y el favoritismo. Había Armas, como los artilleros y los ingenieros, que lo rechazaban de plano. Además, Luque fue generoso en la concesión de ascensos y recompemsas, la cual, juzgaban 134 muchos, no justificaba la prodigalidad . Esta decisión iba a dividir al Ejército, entre partidarios y detractores de la medida: “El ‘Barranco del Lobo’ y unas recompensas otorgadas al calor del eterno favoritismo evidenciaron lo que ocurrió más adelante. Se premió el ‘desastre’ y se siguió sin escuchar la voz amiga de los militares prestigiosos que repudiaban aquellos procedimientos consistentes, para los que disponían del favor de Madrid, en ascensos y en concesiones de recompensas. (…) “-¡Fulanito ascendido a coronel! –decían unos.- Menganito ha escrito una carta a Perencejo para que deseche su aspiración de ascenso, pues de lo contrario lo denunciará como responsable del aniquilamiento de la columna del coronel Álvarez, al no acudir, como se le ordenó, en su socorro. 135 “Estos casos se repetían y se divulgaban en el seno del Ejército” . Este texto nos permite pulsar el ambiente contrario a la medida del general Luque. La tensión llegó al punto de provocar la caída del gobierno de Moret, el 9 de 132 En general, los artilleros tenían fama de cultos y de buenos técnicos. Cardona, G., Franco no estudió en West Point, Comunicación y Publicaciones, Barcelona, 2003 (2002). 133 Cardona, G.: El problema militar en España, Historia 16, Madrid, 1990, p. 126-127. 134 Cierva Peñafiel, J. de la, Notas de mi vida, Reus, Madrid, 1955, p. 183. 135 Márquez, ex coronel B., Capo, J.M.: Las Juntas Militares de Defensa, Barcelona, 1923, p. 22-23. 123 136 febrero de 1910, siendo sustituido por el también liberal Canalejas . Sin embargo, tras la campaña de 1909, los ascensos por méritos de guerra se administraron con prudencia, y por esa razón no suscitaron, en principio, oposición cerrada, hasta al cabo de unos años. Los gobiernos liberales de José Canalejas (1910-1912) se vieron favorecidos por el apoyo de militares de prestigio, como Weyler, Luque o López Domínguez, que tenían peso social, político, y ascendiente sobre el rey. Cuando Canalejas se enfrentó a una oleada de huelgas, utilizó al Ejército para mantener el orden. Así lo hizo para reprimir los sucesos de Cullera de 1911, aunque finalmente los anarquistas culpables del asesinato de juez López de Rueda y de dos de sus acompañantes, y condenados a muerte vieron conmutada su pena. También llamó a los ferroviarios reservistas del Ejército para evitar la huelga general ferroviaria de 1912, poniéndolos bajo la jurisdicción militar, amenazándoles con el consejo de guerra si no acudían al trabajo (“ley del brazalete”). Se hizo una nueva ley de reclutamiento, ya comentada, según la cual los obreros de las industrias estratégicas podían ser militarizados y sometidos a disciplina militar aún en el caso de no ser llamados a filas. Canalejas reafirmó la unidad de Ejército y Gobierno frente a la izquierda no dinástica. Canalejas negoció un nuevo tratado con el Sultán de Marruecos en noviembre de 1910, por las que se aseguraban las posesiones españolas en Marruecos, se recibiría una indemnización por los gastos de la guerra de 1909. El primer problema de índole social militar a que se enfrentó Canalejas, era el rechazo suscitado a la redención en metálico, es decir, la posibilidad de no realizar el servicio militar a cambio del pago de una cantidad de dinero. Esta costumbre ya había suscitado polémica durante la Guerra de Cuba (1895-1898). Como sólo los más pobres cumplían el servicio militar, a causa de la redención en metálico, buena parte de los partidos de izquierda no dinástica se posicionó contra la guerra. El Gobierno liberal de Canalejas de 1910 planteó la vieja reivindicación de suprimir la redención en metálico, y también relanzar la política exterior haciendo cumplir los compromisos africanos ante la amenaza francesa de ocupar el territorio. En 1911 se realizó la ampliación de la Policía Indígena, fundada en 1908, y se creó el 137 Cuerpo de Regulares, con la incorporación de la tropa indígena al Ejército español . 136 El detonante fue la negativa de Moret a nombrar al general Polavieja capitán general; García Venero, M.: Antonio Maura, p. 231. 137 Bueno Carrera, J.Mª, Los Regulares. Uniformes y organización de las Tropas Regulares Indígenas de Marruecos, Aldaba Militaria, Madrid, 1989; Montes Ramos, J., Los Regulares, Aqualarga, Madrid, 124 En 1912, con el establecimiento del Protectorado, se discutió la ocupación militar del mismo. Con el general Luque como ministro de la Guerra, se planteó la Ley de Bases del 29 de junio de 1911, y la Ley del Servicio Militar del 12 de febrero de 1912: la redención a metálico quedó suprimida en tiempo de guerra; en tiempo de paz, se establecieron los “soldados de cuota”, que prestaban diez o cinco meses de servicio, si pagaban al Estado 1.000 ó 2.000 ptas. respectivamente. Los pobres que no podían pagar, debían cumplir tres años de servicio, como en 1862 en Prusia o en 1889 en Francia. Con los “cuotas” se pretendía formar una oficialidad de complemento para reducir el número de tenientes profesionales y proporcionar cuadros de mando en caso de movilización, como se había establecido en Prusia en 1862, sistema extendido a los ejércitos europeos. Pero en la práctica, por falta de financiación, no se pudo aplicar la medida en toda su extensión. El “soldado de cuota” sólo sirvió para eludir parte del servicio. Veinte años después, los oficiales de complemento eran apenas 2.000, y no se había aliviado la hipertrofia del escalafón profesional. Se iniciaron reformas en el Ejército, como sustituir los viejos cañones de bronce por los de acero Schneider de 75 mm, que sería por cincuenta años la artillería ligera de campaña española. Mientras que Alemania contaba con 574 baterías, e Italia con 258, España contaba con 88, de las cuales sólo estaban completas 60, el resto sólo tenían oficiales: ni piezas, ni soldados, ni ganado 1.3.2.- La creación de las Fuerzas Regulares Indígenas. El gobierno de Canalejas aprobó, como ya se ha dicho, la formación de los Regulares, una fuerza de choque integrada por indígenas, bajo el mando de oficiales españoles, creada en junio de 1911. La motivación era doble: por un lado, disponer de una tropa profesional y adaptada al terreno que evitara bajas españolas, dada la presión contraria a la guerra imperante en España; por otro, utilizar una fuerza que había dado excelentes resultados en la campaña de 1909. Contaba además con los precedentes de unidades no europeas en otros ejércitos coloniales europeos, como el británico y sobre todo el francés. En el caso español, en el pasado habían existido los “Mogataces” o “moros de paz”, tropas a pie, a caballo o embarcadas, que al servicio de la Corona de España defendían las plazas norteafricanas, atacaban a las cabilas hostiles o capturaban 2003; Jiménez Domínguez, J.Mª y otros, Fuerzas Regulares Indígenas. De Melilla a Tetuán 1911-1914. Tiempos de ilusión y gloria, Almena, 2006. 125 desertores. En 1732 participaron en la reconquista de Orán. En el siglo XIX, debido a las continuas violaciones de los acuerdos de paz establecidos con Marruecos durante el reinado de Isabel II y a propuesta del Gobernador militar de Melilla se reclutó en Melilla gente de las cabilas vecinas, creándose, en junio de 1859 la “Sección de Moros Tiradores del Rif”, con treinta de Tropa a pie, procedentes de la cabila de Beni Sicar, y mandos españoles. En febrero de 1886 nació la “Milicia Voluntaria de Ceuta”, unidad mixta formada por la marroquí Compañía de Moros Tiradores del Rif, y las españolas Escuadrón de Cazadores de África y Compañía de Mar. Los Tiradores inicialmente daban servicio de seguridad a las autoridades, guardias de honor y guías, resultando muy estimable su colaboración en los trabajos topográficos; posteriormente harían servicios de intérpretes, correos, confidentes, y también misiones de combate, formarían parte de las comisiones o expediciones a Marruecos, Río de Oro y Sáhara, tanto en las militares como en las políticas o científicas. Esta unidad, que demostró sobrada fidelidad, fue razón y uno de los núcleos fundacionales de las nuevas unidades de tropas 138 indígenas . En enero de 1910 se crearon tres compañías de infantería indígena en Guelaya, que se unieron a las ya existentes en la Restinga y Cabo del Agua, bajo la dependencia del ya general Larrea. El 1 de junio, Melilla fue elevada a Capitanía General, en la que se organizaría un nuevo regimiento de Caballería, el Taxdirt nº 29, y otro Mixto de Artillería. Poco después el general Marina dimitió, quizá dolido porque el gobierno no le defendió de las críticas a su actuación realizadas por el senador conservador Tomás Mestre. El capitán general de Melilla, general García Aldave, designado en agosto de 1910 en sustitución del general Marina, apoyó la formación de una nueva unidad indígena, y por Real Orden Circular del 30 de junio de 1911 se creó el batallón de infantería indígena compuesto por cuatro compañías de infantería y un escuadrón de caballería, dependientes de la autoridad militar de Melilla, que serían los Regulares. No fue difícil obtener reclutas, por la belicosidad de los beréberes y las rivalidades locales. Sus oficiales serían españoles, pudiendo los marroquíes alcanzar el grado de suboficial previo examen; su mando principal era un teniente coronel, y sus normas, las establecidas para la Milicia Voluntaria de Ceuta. El ministro de la Guerra, general Luque, nombró como su primer comandante y organizador a un oficial cuya eficacia conocía bien: el teniente coronel de Caballería Dámaso Berenguer y Fusté, de larga 138 http://www.regularescentenario.es/?q=book/export/html/9; 126 trayectoria militar, veterano de la guerra de Cuba, donde estuvo junto al general Luque, y que había participado en la campaña marroquí de 1909 al mando del Grupo de Escuadrones. Berenguer tenía dotes de mando, capacidad de organización, experiencia de combate, y conocía a los rifeños. Berenguer solicitó y obtuvo de García Aldave seleccionar a sus oficiales. Los de Caballería, fueron casi todos del Regimiento de Taxdirt, donde había servido el propio Berenguer; los de Infantería, del Melilla nº 59. 139 Como teniente de la Primera Compañía figuró el joven Emilio Mola Vidal . Más adelante entró como oficial Francisco Franco. Estas tropas se revelaron pronto muy eficaces. 1.3.3.- La penetración española en territorio marroquí. La ocupación del Protectorado supuso el conflicto con los caudillos de las cabilas. Las campañas de Yebala supusieron la guerra con el Raisuni, que controlaba las cabilas de Larache, Tánger, Tetuán y Xauen. Los oficiales se dividieron en dos tendencias: unos, partidarios de la guerra sin cuartel contra los moros, apoyados por Cándido Lobera desde el diario El Telegrama del Rif, de Melilla; otra, que combinaba guerra con diplomacia y sobornos, defendido por oficiales que tenían trato con indígenas, como Castro Girona o Gómez Jordana. Tras la guerra de 1909, se inició la repatriación de las fuerzas españolas de Melilla, hasta agosto de 1910. En enero de 1910 nuevas cabilas se sometieron, entre ellas las de Beni Urriaguel y Bocoya. Con acuerdo de las cabilas, España continuó estableciendo puestos de vigilancia en Hardú, el 10 de mayo de 1910, y otras en el Gurugú, que enlazaban con las de Beni Sicar, en el Uxán y en Yazanen; se construyó un embarcadero en Punta Negrí. No había manifestaciones contrarias a estos movimientos de tropas. España continuó su expansión: en el sector oriental se llegó hasta la ribera del río Kert; en la parte occidental, a Larache, y se preparó la ocupación de Tetuán. El río Kert representaba el intento de liquidar las resistencia indígena; Larache, reafirmar las 140 prerrogativas españolas frente a las ambiciones francesas . Para los europeos, Marruecos era un país víctima del caos de un gobierno débil, y la ocupación española y 139 Jiménez Domínguez, J.Mª y otros: Fuerzas Regulares Indígenas. De Melila a Tetuán, 1911-1914, Almena, Madrid, 2006, p. 48-53; De Mesa y otros: Las Campañas de Marruecos, p. 85-88; Martínez Canales, F.: Hobbes,N.: Militaria, apéndice español de Del Pino Olmedo, F.L.p. 188-189, explica el origen de los Regulares y de los Tiradores de Ifni;. “Regulares, cien años de historia”, en Serga. Historia militar del siglo XX, nº 72, julio 2011, p. 2-13. 140 Balfour, S.: Abrazo mortal, Península, Barcelona, 2002, p. 72. 127 francesa, una forma de imponer el orden y la paz. Por su parte, los franceses, que controlaban ya el Ejército marroquí de su zona (violando el acta de Algeciras), entraban en la zona española amenazando las rutas interiores e incitando a las tribus más 141 independientes de las montañas al levantamiento contra los españoles . España de por sí no era expansionista, pero los compromisos internacionales, así como la agresividad del imperialismo francés y el temor a que éste ocupara Marruecos, le empujó a ocupar 142 de forma efectiva nuevos territorios de su área . Proteger los intereses estratégicos españoles, y con ello mantener Marruecos, se había convertido en una cuestión de prestigio internacional para España. Los militares españoles eran conscientes que los marroquíes rifeños del Protectorado español eran gentes más refractarias a la ocupación europea que los de la zona francesa. Como decían los propios marroquíes, “Moro de valles y llanos, estar 143 vaca, y moro de montaña, estar toro” . Por otro lado, los militares de vocación colonial se sentían incomprendidos, no entendían que existiera una opinión pública en España contraria a la colonización de Marruecos, al contrario que en otros países europeos. Para ellos, el control de Marruecos era factible con un mayor esfuerzo militar. El Ejército “necesita caballos, mulos, baterías, auto-transportes de Intendencia y Sanidad; una organización de los servicios que amortice el capital sobrante, y (…) 144 aumento de sueldos” . El entonces coronel Serra Orts opinaba que la ocupación militar estaba justificada por la anarquía imperante en el territorio marroquí. A las voces que en España clamaban porque los marroquíes luchaban por defender su tierra y su cultura, él replicaba que el Majzen no ejercía su autoridad ni podía garantizar la libre circulación y seguridad del territorio: “…en Marruecos, las zonas inmensas que comprenden el Rif, el Garb, el Atlas y el Sus, no han obedecido nunca a los gobiernos del Sultán ni a sus delegados con sus mejal-las (columnas de tropas), de ahí que el Europa, por su acta de Algeciras y convenios posteriores, haya resuelto poner orden en todo ese territorio vecino, ya que los moros hasta hoy, no se han puesto de acuerdo para acabar de una vez y para siempre con la anarquía reinante en aquel imperio. Por estas razones, España y Francia no tienen más remedo que dominar y 141 Pardo González, C.: Al servicio de la verdad, Madrid, 1930, p. 146. 142 Payne, S.: Los militares y la política en la España contemporánea, p. 129. 143 Serra Orts, A., Recuerdos de la Guerra del Kert de 1911-12, Barcelona, 1914, p. 19. 144 Serra Orts, A. (1914), p. 31. 128 gobernar a esa morisma y preparar la civilización a sus futuras generaciones, 145 ya que la actual se muestra tan refractaria a dejarse civilizar” . El Gobierno de Canalejas era partidario de la moderación en el proceso de penetración en el territorio, pero la necesidad de mantener el prestigio internacional, en medio de las negociaciones con Francia y lidiando con la oposición de la izquierda a la guerra, se vio empujado a mantener la guerra. Canalejas era muy consciente de que España carecía de potencia económica para sostener una guerra en toda regla, y le preocupaban mucho las consecuencias de las acciones militares que podían provocar o agravar el enfrentamiento. En la correspondencia con los oficiales, era normal aludir a la presión de la opinión pública para imponer a los militares contención. Para Bachoud, 146 los militares escapaban a la obediencia estricta al Gobierno . Pero no se debe olvidar que los militares eran técnicos que aplicaban decisiones políticas. Por ejemplo, los Gobiernos se contradecían si autorizaban u ordenaban expediciones que después lamentaban. 1.3.4.- El sector oriental del Protectorado: la campaña del Kert. 1.3.4.1.- Los conflictos en la zona occidental y la intervención alemana. En 1911 estallaron motines antieuropeos en Fez y otros lugares. Francia aprovechó la ocasión para ocupar algunas ciudades del centro de Marruecos, introduciéndose en el distrito de Alcazarquivir, en la costa atlántica, al sur de Larache, zona teóricamente española, que llevaba en desorden cinco años. España envió tropas para ocupar la zona en nombre del Sultán, y se amplió el perímetro de Ceuta, pactando con los jefes locales. En junio de 1911, el coronel Fernández Silvestre ocupó Larache y Alcazarquivir. Ésas operaciones franco españolas sirvieron de excusa a Alemania para intervenir en Agadir, en la llamada segunda crisis marroquí. Si en 1905 el Kaiser Guillermo II no había logrado en sus pretensiones sobre Marruecos a través de la Conferencia de Algeciras, en junio de 1911, ante la intranquilidad de la zona, envió a un cañonero, el Panther, al estratégico puerto de Agadir, con la excusa de proteger los intereses económicos alemanes en Marruecos, y acusando a Francia de extralimitarse en los límites fijados en la Conferencia de Algeciras. Durante el mes de julio, los diplomáticos franceses y alemanes discutieron las compensaciones exigidas por el Imperio del Kaiser a París. Rusia manifestó que no estaba dispuesta a ir a la guerra si 145 Serra Orts, A.: Recuerdos, p. 150. 146 Bachoud, A.: Los españoles ante las campañas de Marruecos, p. 99. 129 Alemania optaba por desembarcar tropas en Marruecos. Gran Bretaña, tímidamente, apoyó a Francia. Las negociaciones diplomáticas, muy tensas, llevaron a que el 4 de noviembre de 1911 Francia cediera territorios en África central a Alemania, y por otro 147 lado, reforzó su alianza con Gran Bretaña y Rusia, la Entente Cordiale . Éstos acontecimientos deben ser tenidos en cuenta para explicar la prudencia con que las autoridades españolas iban a moverse en la ocupación y pacificación del territorio asignado, ya que eran conscientes de la tensión generada por las ambiciones que suscitaba el área marroquí.. 148 1.3.4.2.- La complicada tarea de la ocupación del territorio oriental . Pese a que en teoría el territorio controlado por España estaba pacificado, seguían habiendo pequeños golpes de mano, a menudo motivados por la ambición rifeña de conseguir armamento. Los soldados que protegían las minas de Beni Bu Ifrur sufrían ataques, dirigidos por el Hach Amar y por Mohamed Amezian. En esa época se hablaba de una maldición: “A la guerra de Melilla vayas y acemilero te veas”: era el peligro que acechaba siempre a las patrullas, a las guardias, a las aguadas y convoyes, en forma de disparo de francotirador emboscado tras unas piedras o unas chumberas. El general Díez Ordóñez murió de esta forma. Había un tráfico y contrabando de armas importante, perseguido por las autoridades españolas pero difícil de controlar. Mohamed Amezián era considerado un jerife o cherif, un descendiente del Profeta. Pertenecía a la cabila de Beni Bu Ifrur, de Segangán. Partidario del sultán Abd el Aziz frente a El Rogui, se había tenido que refugiar en Melilla, donde los españoles consiguieron su perdón de éste último. Se instaló en Cabo del Agua, donde comenzó a conspirar contra España. Otro líder antiespañol era El Chadly, antiguo seguidor de El Rogui, también posicionado contra España tras la huída de éste. De esta forma, el odio hacia la ocupación española unió a dos antiguos enemigos, Amezián y El Chadly. El Chadly murió de enfermedad tras fracasar en su pretensión de que el sultán encabezase o apoyase la lucha contra los españoles, en diciembre de 1909. La vía del ferrocarril minero estaba vigilada por el Ejército. La estación de Nador esta guarnecida por una compañía del regimiento Inmemorial del Rey nº 1. En la 147 Michal B.: “Morir por Agadir”, en Los grandes enigmas de la Belle Époque”, tomo 1, p. 196-260. 148 Para la Campaña del Kert, la bibliografía esencial: Muñoz Bolaños, R., “Operaciones militares 1910- 1918, en De Mesa y otros, Las Campañas de Marruecos 1909-1927, p. 85-108; Martínez de Campos, C., España bélica. El siglo XX, p. 98-116; Gárate Córdoba, J.Mª, (dir) , “Al este del río Kert”, en España en sus héroes, Ornigraf, Madrid, 1969, p. 193-224; íd, “Izarrora: tres capitanes de leyenda”, p. 225-256; íd, “Morir a caballo: el teniente Samaniego”, p. 257-288. 130 noche del 5 de febrero de 1910, dos soldados de guardia fueron atacados para quitarles los fusiles. Aparte de incidentes de este tipo, que a resulta arriesgado presentar como de índole de lucha nacionalista, la tranquilidad en el territorio era absoluta. El mayo de 1910 el coronel Serra, al mando del Regimiento de Infantería de Guipúzcoa nº 53, llegó a las riberas del Kert y montó un campamento, donde recibió a los caídes de la comarca. Allí se pactó un statu quo, según el cual las tropas españolas no cruzarían a la orilla izquierda, pero tendrían libertad de movimiento en la región de la orilla derecha. El pacto se ratificó en una fiesta celebrada en Xamar, a donde acudió la oficialidad del Regimiento Guipúzcoa, el 1 de junio de 1910. Sin embargo, ese mismo mes se predicó la guerra santa contra los cristianos en las cabilas de Metalza y Beni Bu Yahi. La harka estaba dirigida por el Hach Amar el Metalzi y el jerife Mohamed Amezián, que también ese verano predicó la rebelión en el Rif central. Este hecho nos tiene que hacer pensar lo complicada que resultaba la labor colonizadora de España. En el Rif no se acataba la autoridad política del sultán, que era el firmante del Protectorafo. Si por un lado era factible alcanzar acuerdos, por otro estos acuerdos podían ser rotos por facciones de las mismas tribus contrarias a los mismos. La inexistencia de poderes indígenas reconocidos y acatados por todos, explica esta situación, y con ella, la extrema dificultad de implantar un Protectorado auténtico, pues éste debía asentarse sobre un gobierno indígena previo. En octubre de 1910, el teniente general José García Aldave tomó posesión como nuevo gobernador militar de Melilla. García Aldave mantuvo la política de atracción de los indígenas, secundado por el general Larrea, jefe de la Oficina de Asuntos Indígenas. Acudieron los caídes a patentizar su adhesión a España: los Beni bu Gafar, Ulad Setut, Beni Bu Yahi, y Beni Ukil. La vida indígena proseguía. Intendencia de Melilla se abastecía de los mercados y proveedores indígenas, y se enviaban patrullas para mantener el orden en los zocos. García Aldave autorizó el regreso de los antaño rebeldes con la promesa de olvido, y así lo hicieron familiares de líderes rifeños rebeldes. Corrían rumores de convocatorias de harkas, pero García Aldave juzgó más prudente ignorarlos para no soliviantar a la población. En marzo de 1911, el Mizzian hizo promesa de someterse a la autoridad de España, y para ello anunció que en mayo acudiría al Zoco el Jemis de Beni bu Ifrur, junto al Hach de Metalza y otros jefes. Pero el avance de las tropas españolas, siempre en la zona oriental del Kert, inquietó a las cabilas. Los jefes tribales sólo pedían a las autoridades españolas que 131 avisaran de su paso con tres días de antelación, para que pudieran informar a las gentes 149 y éstas no se alarmaran con la presencia de los soldados . A principios de 1911 había indicios de descontento entre las gentes de Beni Urriaguel y de Bocoia, en Taza y el Rif Oriental. En Beni Bu Yahi, el Hach Amar predicó la guerra contra España. El 28 de mayo, el cañonero Álvaro de Bazán fue atacado desde tierra entre el cabo Quilates y Sidi Dris. Los franceses solían cruzar el río Muluya, cuya orilla izquierda correspondía a España, con el pretexto de perseguir bandas de irregulares. Para controlar la zona e impedirlo, el general Marina propuso, el 31 de abril de 1910, ocupar el Zaio, junto al Muluya. Para ello se organizó una columna al mando del general Larrea. La operación fue realizada el 12 de mayo de 1911, de forma incruenta, por el coronel de infantería Eusebio García Gómez, al frente del Regimiento de Infantería Melilla 59, con una sección de ametralladoras, ingenieros y servicios, más tres columnas en reserva, mandadas respectivamente por el general Gabriel de Orozco Arascot, el coronel Carlos Astilleros Tejada, y el teniente coronel don Antonio Bermúdez Dorado. En el mismo sentido, el 23 de mayo de 1911 se ordenó la ocupación de Ras Medua. Para ello se dispusieron cuatro columnas, una en vanguardia con fuerzas de la policía indígena, al mando del teniente coronel Juan Salazar Saporta; dos más en un segundo escalón, a las órdenes del entonces coronel Luis Aizpuru Mórdegui, y el teniente coronel Antonio Vallejo Vidal; y una cuarta en reserva, del general Gabriel de Orozco. Al apercibirse que las tropas españolas no estaban de paso, los rifeños opuestos a la ocupación comenzaron a predicar contra la misma. Cuatro días después de la ocupación de Ras Medua, los rebeldes atacaron una patrulla de la Policía Indígena, que tuvo que ser apoyada por dos compañías de Infantería. Las hogueras se encendieron en los montes, llamando a la guerra santa, por Beni Sidel y Beni Saaid, y El Mizzian mandó proclamar la Yihad en los zocos de Beni Urriaguel, Bocoia y Beni Tuzin. Se formó una importante Harka en el zoco El Arbaa de Zebuia. Ante el incremento de la inseguridad, García Aldave estacionó un escuadrón en el Zoco el Had de Beni-Sicar como reserva móvil. El 17 de junio, una columna de indígenas al mando del teniente coronel Cantón Salazar ocupó Tauriat Zag, a 4 km de Ras Medua; el 3 de julio se ocupó el Harcha, para vigilar el zoco El Arbaa de Zebuia y el monte Tidinit. El 6 de julio se ocupó Tauriat Narrich. 149 Serra Orts, A. (1914), p. 54. 132 El 9 de agosto de 1911, en el polvorín de Melilla, situado en el baluarte de San Miguel, estalló un barril de pólvora, incendiando el techo. El soldado artillero Francisco Mas Aznar subió al tejado y lo apago, impidiendo un terrible desastre. Por esta acción fue condecorado con la Laureada. Paralelamente a estos acontecimientos militares, España negociaba con Francia para establecer el régimen definitivo de Protectorado en Marruecos. El 16 de noviembre de 1910, España había firmado en París un tratado, con el ministro de Negocios Extranjeros marroquí, por el que el Majzen o un gobierno del Sultán reconocía la labor pacificadora de España, que debía extenderse hasta que el propio Majzen fuera capaz de enviar a la zona una fuerza de 1.500 hombres. Sin embargo, las negociaciones francesas con las autoridades marroquíes llevaron a que en noviembre de 1911 se firmara el Tratado de Protectorado, que sería seguido en 1912 por el tratado que establecía la zona del protectorado español en Marruecos. El 2 de agosto de 1911 hubo un conato de motín en la veterana fragata Numancia, ahora reducida, por su vetustez, a guardacostas. 1.3.4.3.- La ruptura de hostilidades. Durante el verano de 1911, confiados en la paz reinante en el territorio, se hicieron reconocimientos y se cartografió la zona adyacente de Melilla. Se decidió cartografíar la zona del río Kert. El Kert es un uad, un pequeño río seco la mayor parte del año, que desemboca a 25 km al oeste de Melilla. Sus orillas son escarpadas, con lomas y barrancos profundos que mueren en el cauce. El Servicio Topográfico de la Comandancia General de Melilla destinó a Ras 150 Medua al comandante José Molina Cádiz y al capitán José Baigorri Aguado con veinte obreros y dos compañías del Regimiento de Infantería África, al mando del teniente coronel Antonio Vallejo Vila. Estos trabajos fueron interpretados por los rifeños como una invasión de su territorio. Como ya se ha dicho, El Mizzian predicó la Yihad o guerra santa contra los españoles. Se encendieron las hogueras al este del río Kert, en las colinas del Zoco el Arbaa de Zabuia y se reunió una importante Harka en el Rif. El 24 de agosto el destacamento de cartógrafos del Estado Mayor, de la Brigada Topográfica fue atacado por los rifeños cerca de Ishafen, en Sidi Fedick, entre los ríos Kert y Maxin. La partida se componía de cabileños de Metalza, mandados por el Hach Amar el Metalzi. El comandante Molina decidió replegarse hacia Tauriat Zag y reunirse 150 En 1937, el ya general José Baigorri fue gobernador de Salamanca. 133 con las dos compañías de infantería de protección. En el ataque, un portamiras fue herido. Para protegerle, se destacaron al cabo Miguel Jiménez Pérez, y ocho soldados. Finalmente murieron en las orillas del río Kert el portamiras, el cabo y dos soldados que fueron decapitados y sus cabezas, exhibidas en los zocos del Rif. El teniente coronel Vallejo, jefe de la posición de Ras Medua, salió hacia el lugar de los hechos con tres compañías del África 68 y una sección de ametralladoras. Tras reunirse con las dos compañías del África, llegaron hasta los barrancos junto al río Kert, y allí rescataron los cuatro cadáveres, decapitados. García Aldave, enterado del atentado, ordenó concentrar las fuerzas en Tauriat Zag, desde donde se veían a los rifeños concentrarse en Ishafen. El día 25 se concentraron en Tauriat Zarg la columna Serra, formada por dos batallones, una batería y un escuadrón, y el general Larrea, con un batallón del regimiento de Melilla, dos del regimiento San Fernando, un escuadrón, una batería, fuerzas de la policía indígena y las harkas amigas de Beni Sicar y Beni bu Gafar. El jefe de Gobierno español, Canalejas, decidió dar un "escarmiento" ante lo que consideró un acto de agresión injustificada. Pero en Melilla, García Aldave y su jefe de Estado Mayor, general Larrea, creador de la Policía Indígena, no eran tan optimistas. Durante los días 26 al 28 de agosto, el general Larrea intentó obtener satisfacción por los hechos de los caídes de la orilla occidental del Kert, conferenciando con ellos, infructuosamente. Entonces, el general García Aldave puso en marcha su operación de 151 castigo . 1.3.4.4.- La primera expedición de castigo. Se organizaron tres columnas, al mando del general Larrea: una, mandada por el coronel Serra, con el batallón de Cazadores nº 1, otro batallón del Regimiento de Melilla, una batería de montaña, un escuadrón del Taxdirt, una compañía de ingenieros y la harka amiga de Beni bu Gafar, debía salir de Tauriat Zag a las 3:00 del día 29 de agosto, coronar ambos Tumiats, y emplazar la batería en dirección a Ishafen, posición de la harka enemiga. La segunda columna, al mando del general Larrea, con la vanguardia dirigida por el coronel Astilleros, iría formada por el San Fernando, otra batería de montaña, otro escuadrón, la harka de Beni Sicar y la Policía Indígena. La tercera columna sería dirigida por el coronel Luis Aizpuru, desde el Harxa, que marcharía hacia Ishafen. Ninguna de estas fuerzas, en principio, iba a cruzar el Kert, 151 Serra Orts, A.: Recuerdos de la Guerra del Kert, Barcelona, 1914, p. 62 y ss. 134 sólo iban a moverse en el sector oriental, en un respeto escrupuloso con lo acordado con las cabilas. Mientras tanto, las cabilas se reunían y se convocaba a los hombres para la guerra. Ese año circulaban las noticias de la rebelión contra los franceses, afirmándose que se habían obtenido grandes triunfos, Además, había inquietud entre los rifeños porque los franceses habían prohibido su emigración temporera para la siega en Argelia. Por todo ello, en los zocos resonaban los discursos belicistas, junto con las afirmaciones de que los españoles iban a arrebatar las tierras y la religión a los marroquíes. Todo esto engrosó la harka rebelde. A las 5:00 horas del 29 de agosto, la columna Serra controló los Tumiats, y emplazó la batería. Cuando los harkeños se dispusieron a atacar la columna del general Larrea, se vieron bombardeados, viéndose obligados a abandonar Ishafen y cruzar a la orilla izquierda del Kert. Larrea ocupó Ishafen, mientras el coronel Aizpuru avanzaba sin encontrar oposición. Seguidamente, el general Larrea envió una compañía de Cazadores de Cataluña, otra de ingenieros con herramientas y explosivos, la Policía Indígena y las harkas amigas, al mando del capitán Pavía, para destruir los poblados de Ulad Ali y Had-dú Abaer, origen de los agresores del día 24. El poblado más castigado fue el de El Hamman. Los poblados fueron destruidos, mientras la artillería vigilaba e impedía que los rebeldes contraatacaran. Al día siguiente se mantuvieron las posiciones en medio de un tiroteo, con algunas bajas entre los marroquíes. Sidi Ahmed el Hach e Ishafen siguieron en manos españolas, como puntos estratégicos. Cumplidos los objetivos de la campaña, se consideró finalizada ésta, y las harkas amigas fueron enviadas a sus casas. Sólo había habido una baja, un policía español. Los jefes de los aduares vecinos pidieron clemencia. En esos días, el Bachir ben Sennah, delegado del sultán en Melilla, propuso a García Aldave que acudiría a parlamentar con los notables de las cabilas, pues según él, éstos estaban convencidos de que España estaba en guerra con el sultán. El día 31 de agosto de 1911, el general Larrea, al frente de su ejército, unos 5.000 hombres, dividido en tres columnas a las órdenes de los coroneles Serra, Aizpuru y Carlos Astilleros Tejada, avanzó sobre Imarufen y Texdra. Los rifeños decidieron celebrar el mercado no en el Zoco el Arbáa del Zebuya, cercano a las posiciones españolas y al combate, sino en el Zoco el Arbáa. Entonces, los más hostiles a España 135 propusieron atacar a la tropa, convencidos de que podrían derrotarla. El 1 de septiembre la harka enemiga hostilizó la vanguardia española desde el Talusit Sur. Larrea decidió ocupar los tres Talusit, cumplido el día 2: la columna Serra en el Talusit Bajo, la Aizpuru en el Talusit Sur, y la de Astilleros y el Cuartel General en el Talusit Norte, mientras el teniente coronel Vallejo mantenía ocupado Ishafen. Las tropas españolas se mantenían en la orilla derecha del Kert, pero al bajar los soldados al río para hacer la aguada, sufrieron disparos desde la orilla izquierda, que fueron contestados. El fuego inquietó a los rifeños, y las cabilas comenzaron a congregarse, encendiendo hogueras en las alturas de Metalza, Bulix-xek y Beni-Said. En la tarde del día 2 comenzó a ser hostilizada la columna Serra en el Talusit Bajo, la posición más avanzada, con disparos desde la otra orilla. El intercambio de disparos se mantuvo los días 3 y 4 de septiembre. Las bajas eran pocas, pero se temía un ataque nocturno de los rifeños. El día 5 de septiembre, los rifeños, concentrados en el campamento de Bu- Ermana, lanzaron un ataque sobre los tres Talusits, sobre todo el Bajo, el más occidental. Entre las fuerzas defensoras, al mando del coronel Serra, se encontraba la policía indígena, al mando de los tenientes Barba y Coronel, y un grupo de “moros amigos”. Estos marroquíes combatían con tanto ardor que se adelantaron a la línea española llegando hasta el cauce del arroyo para hostilizar a una de las posiciones enemigas, y fue preciso enviar un cabo con la orden para que regresaran. La resistencia española, con el decisivo apoyo de la artillería, impidió a los atacantes franquear el Kert y les obligó a retirarse. En general Serra relata en sus experiencias que su cornetín de órdenes era “un niño de quince años”, y las penalidades que se sufrían por el paludismo, “que a causa de los ardorosos rayos solares, del relente que se posa en todos los cuerpos durante la noche, de las aguas poco potables que se beben, de la mala alimentación que se ingiere y de la tensión nerviosa que se sufre, ataca a un 60 por ciento de los individuos de todas clases, desde el General, hasta el 152 soldado” . Al día siguiente los marroquíes no atacaron, pero sí lo volvieron a hacer el 7 de septiembre, de nuevo sobre los Talusits, con una fuerza de caballería de Metalza y de Beni Buyahi que intentó envolver las posiciones españolas al sur de la línea, por Texdra, para ocupar Imarufen. Se envió contra ella una fuerza al mando del coronel Miguel Núñez del Prado y Rodríguez, con dos escuadrones del Taxdirt y fuerzas de la 152 Serra Orts, A.: Recuerdos, p. 72-73. 136 Policía Indígena montada, así como cuatro compañías del Ceriñola, del comandante Pablo Valero, y como reserva un batallón del regimiento San Fernando, con el coronel Astillero. La lucha se convirtió en un duro enfrentamiento, lo que obligó al general Orozco, desde Ulad Ganem, posición de segunda línea, a contraatacar amenazando su flanco derecho y las obligó a repasar el río, con importantes bajas. De nuevo, el Talusit Bajo fue objeto de los ataques más furiosos, defendido por los coroneles Serra y Aizpuru. Durante trece horas se mantuvo el fuego por ambas partes, y de nuevo se volvieron a frustrar las intenciones de los atacantes. Fue preciso bombardear con artillería poblados cercanos desde los que se hacía fuego contra la línea española. Las bajas españolas fueron de un oficial, cuatro soldados españoles y tres indígenas muertos; un oficial, veintiséis soldados españoles y cuatro marroquíes heridos; y un oficial y varios soldados contusos. 1.3.4.5.- La ofensiva de los rifeños. Tras la primera operación de castigo, finalizada el 31 de agosto, el general García Aldave confió en las promesas de los jefes rifeños y creyó solucionado el problema. Pero al recrudecerse la campaña en días posteriores, el Gobierno consideró prudente enviar tropas a Marruecos, en concreto 5.000 hombres: la media Brigada de Cazadores del Campo de Gibraltar (batallones del Segorbe nº 12, Chiclana nº 17 y Talavera nº 19, secciones de ametralladoras de la primera Brigada de la tercera División); el regimiento de caballería de Alcántara nº 14, la Brigada de Málaga, formada por los Regimientos de infantería Extremadura nº 15 y Borbón nº 17. También se ordenó que se concentrara en Málaga la Brigada del general Santa Coloma: regimientos de infantería de la Reina nº 2 y Córdoba nº 10. Esta movilización volvió a provocar graves incidentes como en 1909, y Canalejas suspendió los derechos constitucionales en varias capitales. Sabedor de que se estaba preparando el embarque de tropas en la península hacia Melilla, y pensando que no serían necesarias, García Aldave creyó su deber telegrafiar al capitán general de Valencia, al comandante militar del Campo de Gibraltar, y al gobernador militar de Málaga, para que paralizaran un embarque que, pensaba, iba a ser en breve suspendido por el Gobierno. Esta iniciativa encolerizó al ministro de la Guerra, general Luque. Las tropas comenzaron a desembarcar en Melilla los días 9 y 10 de septiembre. La harka opuesta a la presencia española, liderada por Amezián, había sido muy reforzada con gentes de Beni Saíd, Bocoya y Beni Urriaguel. Pero con las bajas infligidas, parte de la fuerza enemiga, las harcas de Beni Urriaguel y de Beni Tuzin, 137 decidieron abandonar los combates. La harka cruzó el Kert hacia la orilla occidental, y pareció que la paz volvía a la región. En esta situación, el general García Aldave decidió retirar la línea, guarneciendo las mesetas de Imarufen, para controlar los Talusits desde esta nueva posición. Reorganizó sus tropas: la Primera Brigada, del general Silverio Ros Souza, formada por los regimientos África y Melilla; la Segunda Brigada, del general Joaquín Carrasco Navarro, con los regimientos San Fernando y Ceriñola; y la Tercera, del general Orozco, con seis batallones de Cazadores. El día 11, las Brigadas de Ros y González Carrasco pasaron a Ishafen, y la de Orozco a Inmarufen. Esta decisión de abandonar los Talusits fue interpretado por los marroquíes como una repliegue español a causa de su porfía, y se envalentonaron. De nuevo fueron convocadas las harcas, y en la noche del 12 de septiembre, tras cruzar el Kert a la orilla izquierda, precedidos por una gran algarabía de cánticos de guerra, con lemas mayoritariamente religiosos, se lanzaron al asalto, en un frente de 7 km de norte a sur, desde Ishafen a Texdra sobre las 4:30 horas. Las harkas rifeñas estaban decididas a recuperar Ishafen, esta posición que dominaba la orilla derecha del Kert. La guarnición resistió, aunque en esta pugna de tiroteo cayó Astilleros. En las primeras horas de la mañana, los harqueños optaron por retroceder, y Díaz Ordóñez, en la línea avanzada, ordenó una salida de una Mía de la Policía Indígena, dos compañías del África, dos compañías del San Fernando y una del Ceriñola. La vanguardia de la posición principal estaba defendida por la quinta compañía del primer batallón del Regimiento San Fernando, la cual fue reforzada por la primera sección de la sexta compañía del segundo batallón, al mando del teniente Juan Martínez Cortes. La posición estaba defendida por un tosco muro de piedra, reforzado con sacos terreros. El enemigo, parapetado en un barranco cercano, sometía la oposición a un fuego intenso. Se ordenó atacar el barranco para aliviar el fuego de la oposición, y el encargado de realizar la salida sería el teniente Martínez Cortes, un oficial que había ascendido desde la tropa, y que había participado en las campañas de Melilla de 1893, y en Cuba durante tres años hasta 1898, y que poseía cinco cruces rojas al Mérito Militar, y una cruz de María Cristina. Como soldado experto, Martínez Cortés se dio cuenta que la única solución era atacar al arma blanca lo más rápidamente posible, y tras ordenar calar bayonetas, empuñó el sable y saltó el parapeto al frente de sus hombres. Tras la corta carrera, se llegó al cuerpo a cuerpo. La lucha fue favorable a los españoles, que con sólo tres muertos, causaron 30 a un enemigo numéricamente superior. Por su liderazgo y valentía, le fue concedida al teniente Martínez Cortes la Laureada de San Fernando. 138 Por su parte, una compañía del Regimiento de Infantería África nº 68, que salió por la gola, para coger de revés al enemigo, iba mandada por el capitán Eduardo Blanco Morano. Una de las secciones, la situada a la derecha, iba al mando del teniente Rodolfo Carpintier Valverde. En su avance, el teniente Carpintier observó que los atacantes estaban bien parapetados y hacían un fuego intenso, por lo que ordenó a sus hombres, un sargento, dos cabos y veintiocho soldados, armar bayonetas, y cargar contra ellos. En su avance, el teniente fue herido en un muslo, pero no por eso cejó en el avance, llegando hasta el borde del barranco, donde sus soldados se parapetaron tras unas piedras y comenzaron a hacer fuego sobre los rifeños. Estos, ante el fuego, se retiraron. La posición española más débil, por estar abierta en toda su línea de retaguardia, era la de Imarufen, situada al sur, a pocos kilómetros de distancia de Ishafen, guarnecida por el batallón de Cazadores de Ciudad Rodrigo nº 7. La posición era una loma alargada, enfrentada a unas casas con corral y chumberas, el poblado de Texdra, que fueron ocupadas por el enemigo y desde el que hacía fuego vivo contra los españoles. Su comandante, el coronel Serra Orts, ordenó al teniente coronel Manuel Montero Navarro, del Tarifa, contener al enemigo que avanzaba desde el Talusit sur, y después, perseguirlo hacia el sur. Por otro lado, decidió ocupar el poblado de Texdra para cortar el paso a la ofensiva, mandando al teniente coronel Pedro Cavanna Sanz, que con las dos compañías del Ciudad Rodrigo asaltara las casas más alejadas de Texdra para amenazar el flanco derecho enemigo. Dispuso que el capitán Diego Ordóñez Flores, con una compañía del mismo batallón, protegerí por la derecha la línea de fuego de Cavanna, mientras la derecha de éste era cubierta por una mía de la Policía Indígena, a las órdenes del capitán Manuel García Malea Las compañías de Cazadores, ya veteranas en África, se habían convertido en fuerzas de choque que llevaban el peso de la guerra. El capitán Jiménez Ortoneda, del Ciudad Rodrigo, tras reconocer el terreno, decidió que la sección del teniente más antiguo, Andrés Vicente Gallo, encabezada por el capitán, realizaría el avance, apoyado por el fuego de las otras dos secciones, las cuales estarían dispuestas a intervenir si fuera necesario. Dadas las órdenes, la sección saltó el parapeto y comenzó a avanzar en despliegue de guerrilla, para aplicándose en las piedras, hasta llegar a unas chumberas, desde donde se prepararon para dar el asalto definitivo a las casas. Haciendo un fuego nutrido, la sección de Gallo cubrió entonces el avance de las otras dos secciones, hasta reunirse toda la compañía en el macizo de chumberas. El capitán Jiménez Ortoneda se dispuso entonces a asaltar las casas con la sección de Gallo. El capitán salió al frente de sus hombres, sable en mano, y fue herido 139 mortalmente en el pecho, pero sus hombres tomaron rápidamente las casas y desalojaron a los rifeños. Aprovechando el empuje de la fácil victoria, en un avance cubierto por la artillería del general Gabriel Orozco en Imarufen, con el propio coronel Serra al mando y con la compañía del Tarifa del capitán Miguel Machinandiarena Berga, toda la fuerza de Imarufen se lanzó sobre las Lomas de Texdra al asalto, tomándolas y obligando a los marroquíes a descender la pendiente hacia el Kert expuestos al fuego español. De la misma manera, los ocupantes de Talusit Sur fueron desalojados con rapidez, viéndose también forzados a repasar el Kert.. El capitán Jiménez Ortoneda murió poco después, y fue recompensado póstumamente con la Laureada. Hasta ese momento, las tropas españolas habían sufrido la pérdida de veintiún soldados, tres de ellos marroquíes, dos tenientes, un capitán y un coronel, Astilleros; quedaban heridos ciento once soldados y diez oficiales. Los días 9 y 11 de septiembre llegaron a Melilla nuevos refuerzos: los regimientos de Infantería Extremadura y Borbón, una agrupación de ametralladoras, los batallones de Cazadores de Talavera, Segorbe y Chiclana, el regimiento de Caballería de Alcántara, de la sección de ametralladoras; a ellos se unieron la primera brigada de la quinta división, tres baterías de Montaña, y dos compañías de Zapadores del 6º Regimiento Mixto de Ingenieros. Mientras tanto, el Gobierno decidió un nuevo envío de refuerzos. Tras los combates del día 12 de septiembre, comenzó a predicarse la guerra santa en los zocos de Beni Urriaguel, bajo la dirección del cherif Ahjalamich. Como advertencia o castigo, se ordenó a la Marina realizar un simulacro de desembarco, con bombardeo de los poblados costeros, en la bahía de Alhucemas, lo que efectuó el día 15, desde el buque Pelayo. Del 14 al 19 de septiembre, se procedió a la reorganización de las fuerzas con la llegada de los refuerzos, y a la fortificación de las posiciones de Ishafen, Imarufen y Texdra, situando en la primera a la primera Brigada, del General Ros (Regimientos África y Melilla), y el cuartel general divisionario, del general Díaz Ordóñez; y en la segunda la segunda Brigada, del general Carrasco (Regimientos San Fernando y Ceriñola). Los hombres del general Orozco (batallones de Cazadores de Cataluña, Tarifa y Ciudad Rodrigo, más las fuerzas expedicionarias, ya citadas, a las órdenes de Francisco Villalón Fuentes) se situaron en Yhadumen, casi al pie del monte Harxa. Los campamentos fueron organizados, y se realizaron reconocimientos. La muerte del 140 coronel Astilleros, al mando del regimiento de infantería San Fernando nº 11, fue cubierta por el coronel Miguel Primo de Rivera El día 20 de septiembre las harcas atacaron de nuevo Ishafen y Imarufen desde los Talusit y tratando de envolver los campamentos. Comenzó el fuego a las 6:30, y se mantuvo el balerío hasta las 16:00 horas, cuando el mando español ordenó el ataque y desalojo de las posiciones enemigas antes de la caída de la noche. La persecución fue ejecutada por los coroneles Miguel Primo de Rivera, nuevo jefe del Regimiento de San Fernando, y García Gómez. El avance de esta persecución llegó hasta Talusit, situada en la margen derecha del río, que fue tomada al asalto y cuerpo a cuerpo por seis compañías del Regimiento de Melilla, tres de ellas al mando del comandante Dabán, muerto en la acción, y otras tres al mando del teniente coronel Pahissa. Las harcas fueron rechazadas y obligadas a cruzar el río Kert. Las bajas españolas fueron de un oficial y ocho soldados –dos indígenas- muertos, y un jefe, nueve oficiales, treinta y ocho soldados –ocho marroquíes- heridos, aunque estas cifras varían para otros 153 autores . En este combate se distinguió el capitán Miaja Menant, que dirigió un asalto a la bayoneta, por lo que ganó el ascenso a comandante por méritos de guerra. ¿Por qué razón los marroquíes mantenían esta serie de furiosos e inútiles ataques? El entonces coronel Serra preguntó a los marroquíes integrados en las filas españolas, y éstos contestaron que las motivaciones eran de índole religiosa y material: “…decía, que los contingentes nuevos, incorporados a la jarka, estaban obligados a hacer la guerra contra el cristiano invasor, y que además, se les decía que los españoles no se atrevían a avanzar y que ante un ataque vigoroso, [los españoles] echábamos a correr, huyendo, abandonando en los campamentos caballos, mulos, cañones, fusiles, sables y municiones de boca y guerra. Por estas razones los ataques se repetían tantas veces como se reorganizaba la jarka con nuevos núcleos de moros armados, procedentes de varias kabilas del exterior, que con sus llamadas de auxilio y amenazas, 154 conseguían el Morabo Amizzian y Hax Amar de Metalza” . Muchos marroquíes seguían al ejército y lo abastecían, y actuaban al mismo tiempo de espías. Serra Orts relata como en una conversación, uno de éstos le explicaba que tiempo atrás había combatido contra los españoles: “yo estar paco de la segunda Caseta tres meses”, siendo herido de bala, y añadió: “Nosotros querer mucho 153 El Estado Mayor Central cifró en dos oficiales, seis soldados y un policía indígena muertos, y un jefe, nueve oficiales y cincuenta y ocho soldados heridos, más un soldado contuso. De Mesa y otros, Las Campañas de Marruecos, p. 97. Serra Orts no aporta datos de bajas de este combate, aunque cita a los oficiales que se distinguieron en él, uno de ellos el capitán Miaja. 154 Serra Orts, A.: Recuerdos, p. 92-93. 141 españoles; ahora que cuando haber bárud (guerra) usamos la fusila y vamos a la jarka, 155 pues si no vamos, el Kaid el belád (del pueblo) katé er-ras (corta el cuello)” . Para el entonces coronel Serra, esto demostraría que los auténticos enemigos de España no eran los rifeños, sino sus caídes, que se movían por sus propios intereses. Añade, no obstante, que otras motivaciones son el odio al cristiano, incentivado por sus creencias religiosas, y su cultura belicosa, que le hace concebir la guerra como una ocupación alegre y provechosa. La obtención de armas y municiones era un incentivo muy importante para rebelarse contra los españoles, e incluso algunos reclutas españoles desertaban vendiendo su arma y balas a los rebeldes. Pese a estas derrotas, los rifeños se consideraban satisfechos pues consideraban que estaban venciendo a los españoles, impidiéndoles la penetración en el territorio. 1.3.4.6.- La segunda operación de castigo. El general Agustín Luque, ministro de la Guerra, visitó Melilla a principios de octubre de 1911, ordenando extender la zona de ocupación. Por entonces llegaron nuevos refuerzos: los regimientos de infantería Mallorca 13 y Guadalajara 20, ambos de guarnición en Valencia, y que desembarcaron en Melilla el 18 de septiembre; tres compañías del 7º Regimiento Mixto de Ingenieros, de Valladolid; una batería del 2º Regimiento de Artillería de Montaña, desde Vitoria, y otra del 3º de Artillería de Montaña, de La Coruña. Para entonces, una serie de rutinas y de vocabulario se habían introducido de forma clara en el Ejército español. El servicio de aguadas era necesario y muy peligroso. Había que transportar agua hasta las posiciones, a veces desde considerable distancia, transportada en barricas de 50 litros a lomo de mulas, sujetas con cuerdas de esparto o con los alambras de sujetar las pacas de paja, y que los soldados reaprovechaban para muchas cosas. Las aguadas precisaban escolta armada, dada la frecuencia de emboscadas, a menudo con el fin no sólo de matar a los soldados, sino también para robarles los fusiles. Otro servicio era la descubierta, vocablo de raigambre marítima. Consistía en misiones de exploración, búsqueda del enemigo o de reconocimiento del terreno. También era una misión peligrosa, al ser objeto de emboscadas. Estas emboscadas, y más en concreto el disparo que las anunciaban, eran llamadas “pacos” o “pacazos”, expresión que se mantuvo durante la Guerra Civil. Hacía 155 Serra Orts, A.: Recuerdos, p. 145. 142 referencia al disparo aislado del francotirador emboscado. Se llamaba así porque se percibía un doble sonido, que onomatopéyicamente sonaba “pa-co”. Este doble sonido se originaba, el primero, cuando el proyectil rasgaba violentamente las capas de aire; después se escucha el segundo, por la onda de boca creada por la detonación al atravesar la boca de fuego del arma. Las pequeñas posiciones semifortificadas se llamaban blocaos, del inglés “block-out”. Se componían de un parapeto de piedras o de sacos terreros apilados, rodeados de una alambrada más o menos somera, y cubierta con un tejadillo improvisado o de fortuna. Estos blocaos estaban guarnecidos con una sección al mando de un cabo, o un pelotón al mando de un sargento; como mucho, con una sección de infantería al mando de un teniente La necesidad de eliminar las emboscadas y ataques, llevó al mando español, con la autorización del ministro de la Guerra, general Luque, a concebir una operación de limpieza y castigo sobre la orilla izquierda del Kert, para el 7 de octubre. El general Orozco, al mando de una fuerza, debía cruzar el río por el Zoco el Arbáa del Zebuya, al sur de las posiciones españolas, avanzar hacia el norte a lo largo del río unos cuatro o cinco kilómetros, en plena comarca de los Metalza, destruir los poblados de Mexixu y Bartuar, y llegar a las lomas de Ifratuata, a la altura de Imarufen, donde repasaría el río y regresaría a la orilla derecha. En dicho punto, en las lomas de Ifratuata, se encontraría el coronel Primo de Rivera, que previamente habría cruzado el Kert por Imafuren. Desde dichas lomas, Primo de Rivera debía vigilar el avance del general Orozco, auxiliarle en caso de necesidad, y proteger el cruce del río. Además debía vivaquear en el lugar y pasar la noche. El general Orozco se encontraba al mando de seis batallones de Cazadores, un grupo de ametralladoras y ambulancias de campaña, tres escuadrones del Taxdirt nº 29, al mando del coronel Núñez del Prado, un escuadrón del Alcántara nº 14, un grupo de dos Baterías del Tercer Regimiento de Montaña, al mando del comandante León, una compañía de ingenieros del Regimiento Mixto de Melilla, al mando del capitán Alfredo Marquerie, la 2ª Mía de la Polícia Indígena, más las fuerzas montadas de ésta y de la 4ª Mía. El coronel Miguel Primo de Rivera disponía de su Regimiento, el San Fernando nº 11, una batería de montaña, un cabo y cuatro jinetes del Alcántara, 6 ascaris de la Policia Indígena y un cabo y dos soldados de ingenieros. 143 A las 4:00 horas del 7 de octubre de 1911, el general Orozco salió al frente de su fuerza de Ihadumen, situando en la extrema vanguardia a la 2ª Mía de la Policía Indígena, al mando del capitán García Malea, y un escuadrón del Taxdirt. En el grueso se encontraban el Batallón de Cazadores de Cataluña, tres escuadrones del Taxdirt y la Tercera Batería de Montaña. A las 7:00 horas se descubrió al enemigo, con lo que se desplegaron los batallones de Cataluña y Tarifa, y se puso en posición a la Tercera Batería. Orozco dedujo que los harqueños pensaban atacar a su fuerza cuando se encontrara cruzando el río, pese a que Primo de Rivera atraería hacia su posición en Ifratuata a parte significativa del enemigo. Era necesario forzar el paso y cruzar el Kert lo más rápidamente posible. A las 8:00 horas se llegó a la orilla del río, sufriendo el fuego de los harqueños ocultos en las fragosidades de la orilla izquierda. Con el agua por las rodillas, los soldados españoles cruzaron el río en una carga a la bayoneta y llegaron al cuerpo a cuerpo, espoleados por el ejemplo de sus oficiales. Allí cayó el capitán Quintanilla, de los Cazadores de Segorbe, lo que enardeció a sus hombres. Dos compañías de los Cazadores de Tarifa cubrió el flanco izquierdo cruzando el río aguas arriba, mientras los Cazadores de Cataluña y Segorbe asaltaban las laderas próximas al río y obligaban a sus defensores a abandonarlas. Cataluña avanzó hacia las lomas de Metalza, ocupando el poblado de Bartuar. Los harqueños atacaron entonces a los de Tarifa, sobre el flanco izquierdo español, siendo rechazados por el fuego de las dos baterías, y por la fusilería de las dos compañías de los Cazadores de Segorbe. Al norte, a las 7:00 horas, el coronel Primo de Rivera salió de Imarufen, con su tropa dividida en dos fracciones, y avanzó hacia el Kert, cruzándolo media hora después. Con la protección del fuego de la batería montada, ocupó la primera de las tres lomas de Ifratuata. Pero posteriormente la batería se posicionó en una situación demasiado expuesta, y al cambiarla de nuevo, sufrió numerosas bajas entre sus sirvientes. Primo de Rivera comprendió que debía reconocer el terreno, y marchó acompañado por unos áscaris de la Policía Indígena. En su camino, el coronel fue herido en el pie derecho, y su caballo fue muerto. Al caer el animal, Primo de Rivera quedó atrapado bajo la montura, se rompió el húmero y se luxó el hombro. Tuvo que ser 144 evacuado a Imarufen, y de allí a Melilla, donde fue ingresado en el hospital del Buen 156 Acuerdo . La fuerza del general Orozco había llegado al Zoco de Zebuya a las 7:00 del 7 de octubre, a orillas del Kert, enfrentándose con un fuego nutrido. El coronel Serra, en la vanguardia, ordenó desplegar a los Cazadores de Cataluña, Cazadores de Segorbe y a los Cazadores de Tarifa, uno de cuyos oficiales era el capitán Saliquet, apoyados por una batería y dos escuadrones. Fue preciso avanzar pegados al terreno soportando el fuego hasta llegar a la inmediación del enemigo, momento en que se lanzó el asalto a la bayoneta. Los marroquíes abandonaron sus posiciones, y los soldados cruzaron el río y ocuparon la meseta que dominaba el río. A las 11:00, el coronel Serra entró en el poblado de Mexixu, donde se permitió descansar a la tropa. Los ingenieros se afanaron a destruir el poblado, mientras el resto de la fuerza del general Orozco cruzaba el río y ocupaba el pueblo de Bartuar, y la altura vecina de Tikermin, venciendo la resistencia enemiga, y avanzando hacia el norte, según el plan previsto. Los intentos de las harcas por contraatacar fueron frustrados. A las 15:00 horas, el general Orozco, llegado a la vista de Ifratuata, decidió replegarse hacia Texdra e Imarufen. Este movimiento fue muy prudente: se había cumplido la misión encomendada de castigar los poblados, y el repliegue se realizó antes de que los marroquíes pudieran reorganizarse. Dado que el general Orozco se había replegado, las harkas podían deslizarse hacia el norte, para atacar Ifratuata. Este ataque no se esperaba, dado el castigo infringido, pero la harka recibió refuerzos de los Tensaman y los Beni Urriaguel, y decidió atacar la posición española. Al conocer la delicada situación de los hombres del coronel Primo de Rivera, el general Carrasco ordenó que fueran reforzados por el Segundo Batallón del Ceriñola y un grupo de ametralladoras. Esta fuerza iría al mando del coronel Tomaseti, que se pondría al frente de la de choque en cuanto llegara a Ifratuata. A las 8:30 horas, el coronel Tomaseti y el batallón del Ceriñola alcanzaron la loma de Ifratuata. Tomaseti asumió el mando de toda la fuerza. La columna ocupó las lomas, realizó una pequeña fortificación y pasó la noche, siendo hostigada sobre todo a última hora de la tarde y primera de la noche hasta las 2:00 horas. Ya de día, se efectuó la operación de repliegue. El coronel Tomaseti dispuso la retirada, cubierta por las baterías de la posición avanzada, un batallón del Melilla y otro del África, desde las 156 Fue recompensado con el ascenso a general de Brigada y destinado a la Península, al frente de la primera Brigada de Cazadores. Volvió a África en 1913, a la zona occidental del Protectorado. Aunós, E.: El general Primo de Rivera, p. 31-32. 145 lomas del Talusit Sur. En conclusión, según Serra Orts, esta operación costó las bajas de dos jefes, el coronel Primo de Rivera y el comandante De la Iglesia, dieciséis oficiales, entre ellos el capitán Quintanilla, muerto en combate al frente de los Cazadores de Segorbe, 187 soldados y cinco ascaris, todos ellos heridos; otra fuente afirma que fueron un oficial, treinta soldados y un ascari muertos, y dos jefes, diez oficiales, sesenta 157 soldados y tres ascaris heridos; más nueve soldados y un policía, contusos . El día 9, el general Orozco regresó a Ihadumen con su brigada. No hubo nuevos ataques masivos, pero sí hostigamiento continuo por parte de los rifeños. El día 14 de octubre salió la descubierta desde Imarufen, y fue atacada desde las lomas de los Talusits. La descubierta estaba siendo efectuada por tropas de caballería, apoyada por una Compañía del Regimiento Ceriñola. Al entablarse el combate, la infantería acudió en socorro de la caballería. El general Carrasco, en Imarufen, decidió forzar la situación, enviando al fuego a una compañía del Ceriñola y otra del San Fernando. El general Carrasco pretendía aprovechar la situación para ocupar el Talusit Sur y así proteger las futuras operaciones de aguada. Se obligó al enemigo a replegarse hacia el sur, hacia el Kert. Sin embargo, el general de División, Salvador Díaz Ordóñez, juzgó demasiado arriesgada la operación, y ordenó desde Ishafen por heliógrafo al general Carrasco que la abandonara. El general Díaz Ordóñez pensaba que la descubierta debía haberse replegado hacia Imarufen al ser atacada. Díaz Ordóñez indicó a Carrasco que mantuviera al enemigo bajo el fuego de cañón y fusil; pero los harqueños mantuvieron la distancia, por lo que el fuego español no les alcanzaba. Díaz Ordóñez decidió entonces desplazarse a Imarufen, pero en el camino fue herido por dos balazos en el pecho, y murió poco después en Ras Medua. Durante el mes de octubre, Los mandos españoles decidieron no acometer nuevas ofensivas y que se entablaran conversaciones, pero esta pasividad era interpretada como debilidad por muchos rifeños, que se acercaban a las líneas españolas para hostilizarlas con fuego de fusil. Los convoyes llegaban a las posiciones españolas con relativa tranquilidad. Se hostigó el Peñón de Alhucemas. Estas posiciones eran abastecidas en parte por cantineros marroquíes, que al tiempo que proporcionaban agua y alimentos a los soldados, actuaban como espías. El general, entonces coronel, Serra Orts, relata que para evitar que dispararan desde una colina que dominaba el 157 De Mesa y otros: Las campañas de Marruecos, p. 98. 146 campamento español, informó a estos cantineros que se habían instalado cuatro minas para hacerlas estallar en cuanto los francotiradores la ocuparan. El ardid dio resultado, y 158 dicha altura no fue utilizada por los francotiradores . Era necesario demostrar firmeza, por lo que desde el 19 de octubre, el general Villalón realizó una marcha por el llano de Gáret, desde Zeluán a Beni-bu-Iahi, para mostrar la fuerza que podía desplegar el ejército español y disuadir a los posibles rebeldes. En esta marcha se destacó un grupo de fuerzas encargadas de realizar el castigo a las órdenes de Núñez del Prado, y con la vanguardia al mando del coronel Dámaso Berenguer. Con esta columna cooperarían fuerzas de caballería y artillería. Núñez de Prado se dirigió de Zeluán a Sidi ali Muiza, ocupando sin oposición Monte Arruit, pasó por el Zoco del Yumáa de los Beni Bu Yahi, y tras destruir varias aldeas regresó por Beni Ukil a Zeluán. La respuesta de los harqueños fue débil y no hubieron bajas. Por entonces se planteó realizar una acción decisiva que pusiera fin a la campaña, un desembarco en Alhucemas, entre las desembocaduras de los ríos Guis y Nekor, realizando una operación de castigo, y fortificando algunos puntos de la costa, pero sin mayor penetración hacia el interior. El Ejército aportaría 6.000 hombres, dos batallones del Regimiento Ceuta y otro del Regimiento del Serrallo, un grupo de ametralladoras y dos compañías de Tiradores del Rif. Se contaba con los reconocimientos hechos en la costa por buques de la Marina, con motivo de los bombardeos de represalia efectuados en la costa. Pero la operación no se llevó a cabo. Por un lado, los caídes favorables a España no apoyaron la propuesta; por otro, se perdió el elemento sorpresa, y las cabilas de Beni Urriaguel y Temsaman se apostaron vigilantes en la costa de Alhucemas; además, lo avanzado del otoño desaconsejaba una operación anfibia, que se podía complicar con mal tiempo. Así que se abandonó la 159 idea . Fallecido el general Díaz Ordóñez, le sustituyó al frente de la operación y de la División de Melilla de forma interina el general Arizón, y desde el 20 de octubre en que tomó posesión, el general de división Francisco Aguilera y Egea, de largo y aguerrido historial. El 8 de noviembre, el campamento de los Regulares en Tauriat Narrich fue atacado, y en su defensa participó el joven teniente Mola Vidal. El día 14, el teniente 158 Serra Orts, A.: Recuerdos, p. 112-113. 159 De Mesa y otros: Las campañas de Marruecos, p. 99-100. 147 coronel Dámaso Berenguer formó una agrupación táctica con el Batallón Disciplinario, la Compañía y el Escuadrón de Regulares, con la que tomó Buxdar, a tres kilómetros al sur de Tauriat Narrich, envolviendo por el sur la cuenca del Kert. Aguilera ordenó limpiar los Talusits y construir dos fortines, para reforzar la posición española. Se formaron dos columnas: la de la derecha, a las órdenes del general de brigada Manuel Pereira Moiño, y la izquierda, bajo el mando del coronel Fernando Romero Biencintos. En reserva se dejó una fuerza de Caballería mandada por el coronel Pedro Font de Mora y Jáuregui. El 16 de noviembre, a las 7:00 horas se puso en marcha la operación, que se desarrolló con poca oposición rifeña. Ahora, una cadena de posiciones españolas cerraba totalmente el paso de la orilla izquierda a la derecha, controlada por España: de norte a sur, Ishafen, los Talusit, Imarufen, Texdra, Harcha, Taurit Narrich, Buxdar y Zeluán. Entonces, el estrangulamiento de la vida económica obligó a los rifeños a pedir la paz. La paralización del comercio entre ambas orillas del Kert por un lado, y la proximidad de la época de la siembra por otro, convenció a El Mizzián de paralizar los ataques. El 19 de noviembre de 1911, el Bachir ben Sannah, delegado del Sultán en el Rif, se entrevistó con el capitán general, García Aldave, y le explicó que los caídes del 160 Rif y el Hach Aman de Metalza deseaban la paz. García Aldave se puso en comunicación con el ministro de la Guerra, general Luque, quien le autorizó a emprender las negociaciones. Los rifeños pedían que las tropas españolas no cruzaran el Kert; España estaba en principio dispuesta a ello, aunque eso suponía que el Rif seguiría sin reconocer la autoridad del Sultán. Pero de hecho, era la primera vez que los caídes del Rif parecían dispuestos a admitir la autoridad del Majzen. No obstante, los días 16, 20 y 22 de noviembre Buxdar fue atacada repetidamente, muestra de la anarquía que reinaba en el campo marroquí, donde la guerra se hacía de forma irregular y por grupos aislados o incluso rivales entre sí. El 26 de noviembre se celebró a orillas del Kert, cerca de Yazaren, una conferencia, entre el Bachir, el auditor general Sainz Pardo, el teniente coronel Barrera, y unos sesenta jefes rifeños. Allí se acordó la paz. Cesarían todas las hostilidades, las tropas españolas no cruzarían el Kert, y se liberarían los prisioneros. Reinó el 160 El Hach es el apelativo que recibían los que habían realizado la peregrinación a La Meca. 148 optimismo, los rifeños sembraron el trigo, y se repatriaron a la península algunas fuerzas, como la brigada Villalón. El pacto demostraba la buena voluntad de España. 1.3.4.7.- Nuevos ataques rifeños: Izarrora. Sin embargo, los rifeños no respetaron la paz. En las semanas siguientes se mantuvieron las hostilidades, en forma de ataques y emboscadas a las tropas españolas, y se saquearon los poblados y aduares favorables a España: Gariba, Buydar, Ulad Musa, Cherauit, etc. Aumentaron los rumores de formación de una Harka convocada por los líderes rebeldes, que no habían respetado el armisticio: El Mizzián, el Hach Aman de Metalza, el cherif Ahjalamich. Estaba integrada por hombres de las cabilas de Beni Urriaguel, Beni Tuzin, Tensaman, Beni Said, Beni-bu-Iahi y Metalza En los días anteriores al ataque, las autoridades españolas ya esperaban la ofensiva, por los rumores que corrían y por los informes de confidentes y “moros 161 amigos” . En la noche del 21 al 22 de diciembre de 1911, la Harka rebelde, reunida en Bu- Ermana, a unos 10 km del Kert, de unos tres mil hombres, cruzó el río entre los Tumiat y xamar y atacó Ras Medua y Beni bu Iahi. Al atacar los dos extremos de la línea avanzada española, la Harka pretendía provocar el pánico y sublevar a las cabilas de la retaguardia, aislando Melilla y Nador. Los rifeños entraron en Beni Sidel (Kelaia) y Beni Bur Gafar. Se impuso una rápida contraofensiva. El coronel Aizpuru formó una columna en Ras Medua, con seis compañías del África, una sección de ametralladoras, una batería de montaña y un escuadrón del Alcántara. El coronel Tomaseti dispuso otra en Yazanen, con tres compañías del San Fernando, cuatro del Ceriñola, una batería de montaña y fuerzas de la Policía Indígena. El general Ros formó una tercera columna en Ishafen, con un batallón del San Fernando, dos del Ceriñola, dos secciones de ametralladoras, un escuadrón del Alcántara y una batería de montaña. Aizpuru ocupó la meseta de Beni Fadán, deteniendo el avance de la Harka. Otra parte de la Harka fue derrotada en las lomas de Buxdar, en el extremo izquierdo del frente. Contra ella se movieron tres columnas, la primera, a las órdenes del coronel Joaquín Pacheco Yanguas, se encaminó a Taurit Narrich y no sufrió ataques; la 161 El día 20 de diciembre por la noche, el coronel Serra Orts, que estaba convaleciente y de permiso en Madrid, se encontró con José Canalejas, presidente del Gobierno y amigo suyo desde 1897, quien le dijo: “Va usted a saber lo que no sabe nadie en Madrid, todavía. Pasado mañana, la jarka de Amizzian invadirá nuestro territorio y atacará nuestras posiciones”. A continuación le preguntó al coronel si pensaba que había tropas suficientes para rechazar la invasión; Serra le contestó que sí. A primera hora de la mañana, el coronel Serra salió hacia Melilla, a donde llegó el 23, y el capitán general García Aldave le encargó la jefatura del Avanzamiento. Serra Orts, A.: Recuerdos de la Guerra del Kert, p. 115-118. 149 segunda, a las órdenes del coronel Baldomero Manzano Barroso, batió a los enemigos hacia Harcha; la tercera, del comandante José Leónides de los Santos, al frente de un escuadrón del Taxdir, otro del Alcántara y otro de la Policía Indígena, se encontró con resistencia. Los rifeños intentaron envolverle, lo que él evitó cargando con su caballería, con él al frente, y desbarató a los harqueños, persiguiéndoles hasta Buxdar. Murieron un oficial y diez soldados, y quedaron heridos treinta y siete combatientes españoles. El día 23 por la noche, los rebeldes rifeños saquearon la orilla derecha, ocupando Xamar, Izarrora, Valle Bohua, y las alturas de Tauriat-Buxí y Tafardáx, entre Ras Medua y Tauriat-Zag, lugares situados entre el mar y las posiciones españolas. El objetivo era ocupar las alturas de Kelaia Taxuda y amenazar Nador. La Harka se había dispersado, pero aún tenía fuerza para atacar las posiciones de Ishafen y Yazamen. Se rehízo en parte, y el mismo 23 por la noche y el 24 de diciembre comenzó a hostilizar Turiat Zag, ocupando la loma de Tauriat Buxi (Tauriat Buchit). Se decidió entonces concebir un plan conjunto de actuación entre las columnas del general Ros y del coronel Serra, junto a las de los generales Aizpuru y Carrasco, para converger sobre Izarrora y copar a la Harka, obligándola a cruzar el Kert, o bien empujarla hasta el mar y atacarla con la artillería de varios cañoneros allí situados. La columna Ros estaba formada por dos batallones del Regimiento Melilla, dos secciones de ametralladoras, un escuadrón del Alcántara y una batería de montaña. Desde Ras Medua saldrían tres columnas: la columna Serra, que saldría de Ras Medua, se componía de dos compañías de Cazadores de Cataluña, dos de Ciudad Rodrigo, y una de Segorbe, más una sección de ametralladoras y otra de batería de montaña; la columna Regoyos, integrada por un batallón del San Fernando, una sección del Alcántara y una batería de montaña; la columnas Aizpuru estaba formada por dos batallones del África, una sección de ametralladoras, una batería de montaña y 50 jinetes del Alcántara. Desde Yazanen saldría la columna del general Carrasco, formada por un batallón del San Fernando, otro del Ceriñola, un escuadrón del Taxdir, una batería de montaña y una Mía de cien hombres de la Policía Indígena. La posición de Tauriat Zag corría peligro de ser capturada, y avisaba de su frágil situación por heliógrafo. Pero la coordinación de la operación española fue perfecta y frustró el asalto. Mientras la columna del general Ros entraba en Tauriat Zag para reforzarla, el coronel Serra envolvió Tauriat Buxí por Tafardax, sorprendiendo la retaguardia de los que huían del avance de la primera. En esta operación fue herido el 150 162 comandante López Ochoa en una pierna . Las bajas españolas fueron de un jefe, dos oficiales y dieciocho soldados muertos, y seis oficiales y setenta soldados heridos. Tras pasar por Tauriat Zag, la columna del general Ros se dirigió hacia el norte, ocupando Izarrora. Desde el este avanzaban las tres columnas de Ras Medua hacia Izarrora, de norte a sur las de Aizpuru, Regoyos y Serra, ocupando y limpiando a su paso poblados y aduares, siendo el día 25 el de combates más intensos. Desde el norte, se movía también hacia Izarrora la columna del general Carrasco, realizando el mismo papel de limpieza. Las bajas fueron de nueve soldados muertos y un jefe, dos oficiales y cuarenta y tres soldados heridos. Estaba claro que el enemigo no cejaba en su presión para aislar las posiciones españolas cortando sus comunicaciones, en especial las más avanzadas. Para expulsar de una vez a la harka rebelde a la orilla izquierda del Kert, el general Aguilera diseñó una nueva operación. El plan del general Aguilera consistía en barrer todo el territorio, obligando al enemigo a regresar a la orilla izquierda del Kert. Para ello se dispusieron cinco columnas, al mando de los generales Carrasco (en Yazanen) y Ros (en Ishafen), los coroneles Aizpuru (Ras Medua) y Serra (en Avanzamiento), y el teniente coronel Prudencio Regoyos Llorente (en Zoco el Had). El punto clave era la posición de Izarrora, elevación ya cercana al mar. Hacia ella debían confluir la columna del general Carrasco, situada en el extremo norte del dispositivo, cubriendo el flanco derecho y avanzando paralela a la costa, hacia Sammar; la columna del general Ros, situada en el extremo sur, en Ishafen, debía seguir el curso del Kert hacia el norte, hacia Izarrora; el coronel Aizpuru saldría desde Ras-Medua, hacia el norte, rodeando Izarrora por el este, y cubriendo el flanco izquierdo del general Carrasco, ocupar el extremo derecho del centro español; también desde Ras-Medua partiría el coronel Serra, hacia el noroeste, rodeando Izarrora por el oeste, ocupando el flanco izquierdo del centro español; por último, el teniente coronel Regoyos actuaría entre estas dos últimas columnas, ocupando el centro, y avanzando en línea recta dels Ras-Medua hacia Izarrora. La escuadra batiría con su artillería el litoral. Se formaría un amplio arco formado, de izquierda a derecha, por las columnas de Ros, Serra, Regoyos, Aizpuru y Carrasco. El 27 de diciembre de 1911, se inició la maniobra. A las 12:00, las columnas españolas mantenían un fuego cruzado intenso sobre los rifeños, avanzando poco a 162 López de Ochoa y Portuondo, E.: Memorias de un soldado, critica la operación al desarrollarse con indecisión y a pocas horas de caer la noche, p. 187-190. 151 poco, por lo accidentado del terreno. El cañoneo estaba apoyado por buques de guerra situados frente a la desembocadura del Kert. Los rifeños se retiraba a lo largo del barranco del Kert hacia Xamar. A las 16:00 horas, Izarrora fue asaltada y ocupada por el general Ros. Mientras tanto, la columna del general Ros siguió ascendiendo hacia el norte siguiendo el Kert, hacia la meseta de Sammar, donde entabló un muy reñido combate, siendo necesario que el general Aguilera le enviara como refuerzo a las columnas de Aizpuru y Carrasco. Los harqueños fueron derrotados y obligados a repasar el Kert. Durante el combate por Izarrora, se dieron escenas dramáticas. El general Ros fue herido gravemente en el cuello, pero no consintió en retirarse, y siguió dirigiendo la operación desde una camilla. Murió en la acción su segundo jefe, el coronel Emilio García Gómez, del Melilla 59. También fue herido el teniente coronel Pedro Cavanna Sanz, del batallón de Cazadores de Ciudad Rodrigo, que dirigió el ataque a Izarrora tras la herida del general Ros y la muerte del coronel García. Consciente de la importancia de su presencia al frente del ataque, el teniente coronel Cavanna siguió dando órdenes desde su caballo, y según los testigos, su sangre corría por los costados de su montura. 163 Pedro Cavanna sobrevivió y fue ascendido a coronel al año siguiente . El choque fundamental del combate corrió a cargo del Regimiento de Melilla nº 59. Se dio la circunstancia que murieron tres de sus capitanes en idénticas circunstancias, al frente de sus hombres, heridos pero manteniéndose en el fuego y avanzando a la bayoneta para dar ejemplo a sus soldados: Antonio Méndez Blasco, Juan Ruiz Belando y Manuel Muñoz Olivé. Los tres fueron condecorados póstumamente con la Laureada de San Fernando. Las bajas españolas en tan duro choque fueron significativas: un jefe, trece oficiales y ochenta y tres soldados muertos; un general, dos jefes, diecisiete oficiales y doscientos cincuenta y siete soldados heridos; cuatro oficiales y tres soldados contusos; ocho prisioneros. Con la ocupación de Izarrora, la Harka quedó desarticulada, y cruzó el Kert. La columna Serra regresó a Avanzamiento a proteger los convoyes. El general Juan Zubía 163 ABC, 15 de agosto de 1921, p. 9. http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1912/08/15/009.html 152 164 Bassecourt asumió el mando que anteriormente era de Ros. El general Gabriel Orozco Arascot ascendió y asumió su lugar el general de brigada Modesto Navarro García. Se enviaron 2.176 hombres desde Ceuta a Melilla, que serían mandado por el general Zubía: dos batallones del Regimiento del Serrallo nº 69, al mando del coronel Rogelio Añino González, y dos compañías del Ceuta, con un grupo de ametralladoras y tren regimental. Estas fuerzas llegaron a Melilla el 27 de diciembre, y en días posteriores desembarcaron nuevos refuerzos de la Península: regresó desde Málaga la Brigada de infantería de Villalón, con los regimientos Borbón y Extremadura; desde Madrid se movilizaron los regimientos Saboya nº 6 y Wad Ras nº 40; de La Coruña partió una batería del 3º Regimiento de Artillería de Montaña; de Barcelona, dos baterías del 1º Regimiento de Artillería de Montaña; de Segovia, dos columnas de municionamiento del Regimiento de Artillería de Sitio; un escuadrón del Regimiento de Caballería Lusitania, otro del Alfonso XII, y otro del Regimiento de Cazadores de Villarrobledo nº 23. Al llegar a Melilla, las fuerzas de Caballería del Lusitania se unieron a los escuadrones del Taxdirt y del Alcántara, formando una Brigada de Caballería bajo el mando del general Eladio Andino y del Solar. El 5 de enero de 1912 se reorganizaron las fuerzas indígenas, al crearse la Subinspección de Tropas y Asuntos Indígenas, a las órdenes de un coronel de Estado Mayor, José Centaño y Anchorena. El 18 de enero, por una Real Orden Circular, los Regulares fueron también reorganizados y agrupados en seis compañías de Infantería, y tres escuadrones de Caballería. Por entonces, el general Larrea fue ascendido a divisionario, y le sustituyó al frente del Estado Mayor el general de brigada Francisco Gómez Jordana. El capitán general de Melilla, García Aldave, comprendió que era perentorio entonces ocupar una posición segura para facilitar la aguada, porque había quedado demostrada la falta de autoridad local de los caídes para mantener el orden, y que iba a prolongarse la inseguridad y las hostilidades. El punto idóneo era el Zoco de El Yemis, en el Gáret o la cabila de Beni Buyahi, y más en concreto la altura que lo vigila, Kudia Arruit o Monte Arruit, que dominaba la llanura del Gáret, con sus pastos, y el río Zeluán, clave del agua en la región. Además, Monte Arruit era un cruce de caminos 164 Actualmente, el general Zubía es más recordado por su destacado papel al frente de la Guardia Civil. Silva, L.: Sereno en el peligro. La aventura histórica de la Guardia Civil , Edad, Madrid, 2010, p. 177- 200. 153 estratégico. El mando español pensaba que además, al atacar Monte Arruit, atraería a la zona a los restos de la harka; pero los rifeños no se aventuraron. 1.3.4.8.- La ocupación de Monte Arruit. El general Gómez Jordana diseñó la operación sobre Monte Arruit en base a columnas. La operación la llevaría a cabo la División del general Larrea. El flanco derecho estaría cubierto por tres columnas, que de oeste a este serían las del general Navarro y los coroneles Serra y Arraiz. El general Navarro debía salir del Harxa hacia Bu-Xerit, ocupando el flanco derecho. Una segunda columna, al mando del coronel Serra, saldría desde Taurit-Narrich o Taurit Harich, también hacia el sur, ocupando la derecha del dispositivo central español. Con el mismo origen, la columna del coronel Arraiz se desplazaría hacia el sudeste, hacia Buxdar. También desde Taurit-Narrich saldría la columna del general Pereira, situada al este de la del coronel Arraiz, avanzaría paralela a la de éste, que cubriría su flanco derecho. Mientras Arráiz llegaba a Buxdar, el general Pereira rebasaría esta posición y avanzaría directamente hacia el sur y Monte Arruit. Desde Buxdar se destacaría una columna de caballería al mando del general Andino, en la cual estaba el regimiento Lusitania nº 12, al mando del infante D. Fernando de Baviera y Borbón, para cubrir el flanco derecho del avance del general Pereira. Desde Zeluán debía salir la columna del general Villalón, donde iría el general Larrea. Cubriendo el flanco izquierdo de ésta, avanzaría paralela por el suroeste la columna del coronel Pacheco La columna del general Pereira estaba formada por diez policías indígenas a pie y cinco a caballo, como exploradores; el regimiento de Mallorca, una sección de ametralladoras, una batería de montaña, una estación óptica de campaña y una compañía de zapadores: 1700 hombres, 220 caballos y cuatro piezas de montaña. La columna del general Villalón estaba formada por diez policías indígenas a pie y cinco a caballo; el regimiento de Extremadura y el de Borbón; el grupo de ametralladoras de la brigada; una batería de montaña, dos montadas, dos compañías de zapadores del 7º Regimiento mixto de Ingenieros, una estación óptica ambulante y una ambulancia sanitaria: 3.280 hombres, 545 caballos y 12 cañones. La columna del coronel Pacheco se integraba por 20 policías, la mitad montados y la mitad a pie; el regimiento de Guadalajara, unas sección de ametralladoras, una batería de montaña, una estación óptica, un escuadrón del Alcántara y media ambulancia sanitaria: 1.600 hombres, 333 caballos y cuatro cañones. La columna de caballería del general Andino estaba compuesta por diez 154 policías indígenas montados, tres escuadrones del Alcántara, tres del Lusitania, y uno de fuerzas regulares indígenas, en total, 790 caballos. Para apoyar la operación, el general Navarro organizó una columna con un batallón del San Fernando, los batallones de Tarifa, Segorbe, Chiclana y Talavera, más el grupo de ametralladoras de la brigada, dos escuadrones de Taxdirt, tres baterías de montaña, una compañía de zapadores, una estación óptica, una ambulancia sanitaria, una sección del parque móvil, 10 policías montados, 20 policías a pie: 4.300 hombres, 777 caballos y 12 piezas de montaña. Sin encontrar apenas resistencia, Navarro ocupó el monte Buchent (Bu-Xerit), para impedir que desde la orilla izquierda del Kert pudieran acudir refuerzos a la Harka si intentaba impedir la toma de Monte Arruit. Con tan sólo nueve disparos de cañón, Navarro dispersó a algunas fuerzas hostiles que pretendieron acercársele. Entre las fuerzas del general Larrea y las del general Navarro se situaron las de la columna del coronel Serra, formada por los batallones de Cazadores de Cataluña y de Ciudad Rodrigo, un grupo de ametralladoras, un escuadrón del Alcántara, una batería de montaña, una estación óptica y una ambulancia sanitaria: total, 1780 hombres, 220 caballos y cuatro piezas de montaña. El coronel Serra ocupó el monte Telerien, como enlace y refuerzo de cualquiera de las dos fuerzas que lo necesitaran. El capitán general, García Aldave, salió de Melilla hasta el Avanzamiento, desde donde, escoltado por un escuadrón de Cazadores de Villarrobledo, llegó a Buxdar, donde estableció su cuartel general y una reserva de 1.500 hombres, 276 caballos y cuatro piezas de artillería de campaña. Entre estas fuerzas estaba el Regimiento de Saboya 6. Además, por la región se habían establecido depósitos de víveres y municiones para minimizar los convoyes. Las fuerzas del general Villalón atacaron la posición de frente, a las 10:30. Mientras tanto, la columna del coronel Pacheco había salido de Zeluán, y marchado al sudoeste, siendo reforzado por un escuadrón de caballería y las harkas amigas de Quebdana y Ulad Settut, unos 1.000 rifeños a pie y 100 a caballo, para envolver la posición y cortar la retirada por el flanco derecho del enemigo. La columna Pereira, desde Taurit Harrich, envolvió la posición por el oeste, y la brigada de caballería ocupó la llanura para proteger a esta columna por si habían fuerzas enemigas que la amenazaran desde el Kert. El general Navarro tropezó con una dura resistencia en su avance. Monte Arruit fue tomada por el general Larrea el 18 de enero de 1912. La población quedó ocupada 155 rápidamente, siendo guarnecida por la columna Villalón, al mando del general Larrea, reforzada con dos baterías de campaña y una de montaña, más un escuadrón y dos compañías de zapadores, para reforzar las fortificaciones. Las bajas fueron ocho 165 heridos, dos de la Policía Indígena y seis de las harcas amigas . Llegaron entonces las represalias: los “moros amigos” de España incendiaron algunos almiares, para vengarse por la destrucción de sus casas en octubre a manos de la Harka. Por otro lado, las posiciones españolas de Taurit-Narrix y Monte Arruit recibieron algunos tiroteos, pero los atacantes se dispersaban en cuanto las fuerzas españolas se disponían a hacer una salida. El 8 de febrero el general Larrea practicó un reconocimiento sobre el Zoco del Tenáin, sosteniendo un breve combate. El 17 practicó otro hacia Dar ben Xel-lal. El general Navarro ocupó Monte Buchery. También en esos días se reforzaron las posiciones de Ras Medua y Tauriat Zag, con la construcción de fortines. Otro acontecimiento fue la llegada a Melilla de un automóvil blindado, armado con dos 166 ametralladoras Vickers, destinado a la comandancia de artillería . El 10 de febrero de 1912 se realizó un canje de prisioneros entre el Hach Aman de Metalza y el general Aizpuru, rescatándose ocho soldados y un civil, el cantinero Andrés de Nicolás. 1.3.4.9.- El Ejército español y sus esfuerzos para adaptarse al nuevo modelo de guerra. En 1912, los mandos españoles eran plenamente conscientes de que la guerra de Marruecos exigía soluciones muy diferentes a las aplicadas normalmente en la guerra convencional. No obstante, el Ejército español se encontraba con una estructura obsoleta, y con un Gobierno que temía complicaciones internacionales. El enemigo, el rifeño, era una persona acostumbrada a las privaciones e incomodidad de su territorio, era un luchador adaptado a su terreno, que había desarrollado su combatividad por la especial estructura social de su región, que convertía la guerra en una forma de solucionar conflictos internos. El rifeño además tenía un gran apego hacia su cabila, y odio al extranjero, al que veía como un infiel y enemigo de su religión, un corruptor de sus costumbres, y un ladrón de sus propiedades. Una forma elemental de solucionar los 165 Otras fuentes señalan como bajas un oficial, cuatro soldados españoles y uno indígena muertos; veintiséis soldados, siete de ellos marroquíes, heridos, y un jefe y trece soldados contusos. De Mesa y otros: La Campaña de Marruecos, p. 104. 166 ABC, 19 de enero de 1912, p. 5 y 6. http://hemeroteca.abc.es/detalle.stm 156 conflictos era el enfrentamiento armado, y en consecuencia, para ellos era natural atacar a los soldados según su forma de hacer la guerra: la emboscada. De la misma forma, los colonos eran percibidos también como enemigos, por lo que también eran atacados: en Sebt, fue asesinado un matrimonio y uno de sus hijos, y los otros dos menores fueron raptados. El Ejército se enfrentaba a un modelo de guerra irregular, muy diferente al convencional también distanciado del mantenido en Cuba o Filipinas, donde los mambises estaban más organizados y sostenían una guerra guerrillera pero con ciertas reglas. En Cuba, los hombres de Gómez o de Maceo mantenían una uniformidad relativa, que permitía identificar a los combatientes. Además, la sociedad cubana y filipina eran menos conflictivas y estaban mucho menos divididas que la marroquí, fragmentada por las rivalidades tribales. A estas diferencias, Balfour añade la dificultad del terreno y la escasez de agua, vegetación y madera para leña, lo que obligaba a 167 montar complicadas operaciones de abastecimiento . Los movimientos antimonárquicos y su prensa utilizaron la guerra para erosionar el sistema. La guerra del Rif era antipopular, y este sentimiento fue atizado desde la prensa, que se mostraba claramente crítica con los resultados de la contienda. En España no se entendía que los moros, sin organización militar moderna, sin equipo y sin mando, detuvieran a tropas europeas. El Ejército tampoco podía explicarlo. El Estado Mayor editó en 1911 un manual para los oficiales, Enseñanzas de la campaña del Rif en 1909, pero éstos no podían adaptar a sus hombres a este tipo de combate irregular. La prensa antigubernamental exponía crudamente los fracasos del Ejército, al que pintaba como inútil. En realidad, el Ejército no podía hacer mucho más de lo que hacía, dada su pobreza material, los problemas políticos del Gobierno con las potencias extranjeras y la oposición interna a la guerra, y las dificultades que el nuevo modelo de guerra planteaba. Estas dificultades eran comunes a las de otras grandes potencias: Gran Bretaña y los boers, Italia y los libios, etc. Es de destacar, no obstante, el temprano uso de las fuerzas aéreas. En 1912, la unidad de Aerostación, al mando del capitán Gordejuela, participó en la campaña del Kert. El capitán Gordejuela desplegó una enorme actividad, que socavó su salud, y murió de pulmonía, al permanecer demasiado tiempo dentro de los globos comprobando 167 Balfour, S.: Abrazo mortal. De la guerra colonial a la Guerra Civil en España y Marruecos (1909- 1939), Península, Barcelona, 2002, p. 53. 157 su inflado. El resto de la campaña la Unidad estuvo al mando del capitán García Antúnez. Como contraste, en Francia las unidades de globos cautivos fueron disueltas, al juzgarse inoperantes, pese a lo que demostraba la experiencia española. En 1911, el general Ferdinand Foch comentó : “Los aviones son juguetes interesantes pero sin 168 valor militar alguno” . A lo largo de la Primera Guerra Mundial, Francia se vio obligada a refundar y recuperar las unidades de globos cautivos. Hechos como éste nos deberían hacer reflexionar acerca de que los militares españoles ni eran tan obsoletos ni tan opuestos a las innovaciones como algunos autores se empeñan en presentar. A finales de 1910, se creó en España un Laboratorio de Aerodinámica, comenzó a construirse en aeródromo de Cuatro Vientos, y se constituyó la Unidad de Experimentación de Aviones. El capitán Alfredo Kindelán viajó a Francia para estudiar los diferentes modelos de aeroplanos. Se adquirieron dos Henri Farman y un Maurice Farman. En 1911 se iniciaron las clases de vuelo en el citado aeródromo, un terreno escogido por Kindelán, utilizando como barracones los cajones de transporte de los aparatos. Eran aviones muy sencillos y ligeros, y no debía haber viento para poder volar: se encendía una cerilla, y si el viento no la apagaba, podían despegar. Kindelán fue el encargado de realizar el primer vuelo. El primer accidente aéreo, que demostraba la peligrosidad del servicio, ocurrió en 1912, cuando el avión que tripulaba el capitán de infantería Celestino Bayo se estrelló. A partir de ese momento, se estableció que los fallecidos en accidente de aviación serían considerados muertos en campaña. Se adquirieron más aviones: tres Neuport franceses y Bristol británicos. En 1913 se dividió el Servicio de Aerostación en dos grupos: la Aerostación propiamente dicha, y la Aviación. 1.3.4.10.- La difícil misión de destruir a la Harka. La Harka disgregada se convirtió en grupos dispersos, entregados al pillaje sobre aduares de “moros amigos” de España: atacaron el aduar Ulad Chai, asesinaron a dos habitantes, padre e hija, de una granja en Frajana, y al propietario de una cantina en Tauriat Narrich. Estos grupos daban golpes de mano de forma continua, cruzando el río 168 Hobbes, N.: Militaria. Hechos, leyendas y curiosidades sobre la guerra y los ejércitos a través de la Historia, Destino, Barcelona, 2003, p. 135. También España introdujo en Marruecos el automóvil blindado, en los años 1920, mientras era denostado por importantes oficiales británicos, frente al uso del caballo, como Sir Douglas Haig. Este modelo de contradicción era muy común en una época de acelerados cambios en la tecnología militar: los franceses construían la Línea Maginot que se revelaría inútil frente a la Blitzkrieg (“guerra relámpago”) alemana. 158 Kert de noche, robando y saqueando, y a continuación repasaban el río y se ponían a salvo. El 19 de febrero de 1912 se dispuso una operación de limpieza sobre el Zoco del Tenáin. Se prepararon tres columnas de avance más dos de reserva. La de la izquierda, al mando del coronel Prieto, con su regimiento Wad Ras, con dos escuadrones, dos baterías de montaña y una compañía de ingenieros, saliendo de Zeluán hacia Dar ben Xel-lal. La columna del centro, mandada por el general Larrea con su jefe de estado mayor, teniente coronel Calvo, salió de Monte Arruit, con los Regulares de caballería, dos baterías montadas y una de montaña, el regimiento Extremadura, con su coronel Casalini, la Brigada disciplinaria compuesta de dos compañías de infantería, junto con tres escuadrones del Alcántara y el Parque Móvil. La columna de la derecha, gobernada por el coronel Arráiz, salió de Taurit-Narrix hacia el llano de Gáret, para proteger el flanco del dispositivo. Como reserva actuaban dos columnas: una al mando del coronel Páez Jaramillo, que salió del Harxa y quedó cerca del monte Tiberien, y una segunda que quedó en guardia en Zeluán, a la espera de órdenes. En Monte Arruit quedó el coronel Alcañiz con su regimiento de Borbón y artillería. Las tres columnas de avance convergieron sobre el Zoco del Tenáin, donde se rompió el fuego y de donde se desalojó al enemigo. Tras un último y frustrado intento de contraataque, los marroquíes de la comarca se presentaron al día siguiente al general Larrea para someterse. Los rebeldes rifeños habían reorganizado la Harka. Los reconocimientos de la Compañía de Aerostación descubrieron las concentraciones de rebeldes. El día 8 de marzo se alertó que los harqueños habían cruzado el Kert una vez más, y avanzaban hacia Tdnit o Monte Milón. Se envió un reconocimiento, que expulsó al otro lado del barranco del Kert a un grupo de rifeños. El día 12 de febrero, desembarcaron en Melilla tres jóvenes segundos tenientes: Alonso Vega, Franco Bahamonde, y Franco Salgado. Franco Bahamonde fue agregado al Regimiento de Infantería África nº 68, y se incorporó al campamento de Tifasor, a dos km al este de la desembocadura del Kert, el 24 de febrero de 1912, al mando del coronel José Villalba Riquelme. Se integró en el regimiento, y el 19 de marzo hizo su primera salida. Una patrulla de la Policía Indígena fue atacada por una pequeña harka rebelde. Los policías se replegaron a Tifasor, donde informaron de lo sucedido. El general Aizpuru dispuso la salida de una fuerza, con tres batallones del África 68, una sección de ametralladoras y un escuadrón de Taxdir. Se encontró y batió al enemigo, 159 que pese a intentar refugiarse en el poblado de Xamar, fue desalojado y perseguido 169 hasta que cruzó a la orilla izquierda del Kert . Ese mismo día, el 19 de marzo de 1912, tras algunas escaramuzas, la Harka atacó una columna de la brigada de cazadores. Esta columna había salido de Ihadumen, al mando del general Navarro, integrada por dos batallones de Cazadores de Chiclana y Tarifa, dos escuadrones de Taxdir, y una batería del 3º de Montaña. La columna fue atacada entre Tauriat Hamed y Ulad Ganem. La caballería de Taxdirt hizo pie a tierra para defenderse a fuego, secundada por dos compañías de Tarifa. Los agresores fueron rechazados, al precio de algunos heridos. La columna volvió a ser atacada cerca de Ulad Ganem, pero ya se había perdido la sorpresa para los rifeños, y el ataque fue rechazado rápidamente. Navarro emprendió el regreso, y de nuevo fue atacado cerca de Hauriat Hamed. Fue necesario desplegar toda la columna en orden de ataque para rechazar la agresión. Al final, hubo dos soldados muertos y doce heridos. Los confidentes aseguraron que la Harka tenía planes ambiciosos para sublevar los territorios controlados por los españoles. El general García Aldave propuso entonces un plan ambicioso para terminar la campaña con rapidez “y fuera como fuera”. El Gobierno tenía sus reticencias por las complicaciones políticas que se podían derivar de extender la campaña e irritar a los franceses e incluso a los alemanes. Estaba claro que los rebeldes podían cruzar el Kert por dos puntos: entre el mar el Ishafen por un lado, y entre Texdra y Harcha. García Aldave proponía ocupar los Tauriat para cerrar el paso a la Harka, y las alturas del poblado de Sammar, al norte de Izarrora y a unos dos km del mar. García Aldave ordenó disponer seis columnas. La acción debía tener dos fases: en la primera, al norte, se ocuparían las alturas de Tumiat norte, Tumiat sur, y el poblado y alturas de Xamar. Después, al sur, se ocuparía el Zoco Viejo de Zebuya, y Kaddur. Cinco de estas columnas, al mando del general Máximo Ramos Orcajo, debían realizar el esfuerzo principal. Estas columnas debían salir de sus campamentos de Xamar, Ras-Medua, Ishafen y Avanzamiento, a las órdenes de los generales Aizpuru – derecha-, José Perol Burgos –centro-, coronel Emilio Figueras Fernández –centro-, 169 Arrarás, J.: Franco, San Sebastián, 1938, p. 21-24; Casas de la Vega, R.: Franco, militar, Fénix, Madridejos, 1995, p. 90; Blázquez Miguel Juan: Auténtico Franco. Trayectoria militar, 1907-1939, Almena, Madrid, 2009, p. 25. 160 170 general Carrasco –izquierda- y general Juan López Herrero –reserva- . Estas fuerzas no tuvieron más que leves tiroteos, y las lomas de Tumiat quedaron guarnecidas. La columna del general Aizpuru, con los batallones del África 68, una compañía de Regulares, tres escuadrones de caballería (uno del Taxdirm otro de Regulares y el tercero del Villarrobledo), una batería de montaña y elementos de Servicios, el día 22 de marzo, a las 6:30 horas, avanzó por el borde norte de la meseta de Tifasor hacia Xamar. El pueblo estaba defendido por un grupo de harqueños. Aizpuru dividió su fuerza en tres columnas: una rodeó el poblado por la derecha, otra por la izquierda, y la tercera quedó en reserva haciendo fuego para cubrir el avance de las otras dos. La maniobra tuvo éxito, el poblado fue tomado y fortificado. Uno de los oficiales que participó en la operación fue Franco Bahamonde. El general Carrasco ocupó los Tumiat, quedando detrás la columna del general Perol. La sexta columna, al mando del general Navarro, debía salir de Harxa y llegar al “boquete de Texdra”, al sur de Imarufen, y ocupar Ulad Ganem y Tagsut. En total, se movilizaron 11.323 hombres, 2.320 caballos y mulos, 20 cañones y 16 ametralladoras. Como era habitual, ante la fuerza superior de Ramos, los rebeldes optaron por apartarse de su camino, y centrarse en la fuerza más pequeña, la del general Navarro, para obtener una pequeña pero significativa victoria. El general Navarro tropezó, en consecuencia, con las mayores dificultades. El “boquete de Texdra” se encontraba al sur de Sammar y los Turiat. Era un terreno accidentado, de barrancos profundos y alturas. La columna Navarro salió hacia el objetivo al amanecer del día 22 de marzo de 1912. Navarro dividió su columna en dos bloques, uno avanzaría por las alturas, y otro lo haría por el llano, cubierto por aquél. Ambas fuerzas contaban con su servicio de flanqueo. El grupo que avanzaba por el llano fue atacado, pero sin mayores consecuencias, sosteniendo el fuego desde Ulad Gamen hacia Al-lal u Kad-dur, sobre el Kert, desde las 11:00 a las 14:00 horas. Al llegar a Texdra, entre Ulad-Ganen y Yhadumen, ya de regreso, el general Navarro se encontró con una harka oculta en sus fragosidades, que atacaron a la 1ª Compañía de Cazadores de Chiclana, en el ala derecha y a otra de los Cazadores de Ciudad Rodrigo, en el ala izquierda, ambas situadas en la retaguardia. La sorpresa fue absoluta. Se estaba en retirada, abandonando las lomas de Turiat Hamed, que fueron entonces ocupadas por el enemigo, para tirotear a las tropas españolas. Los jefes al 170 Serra Orts, Recuerdos de la guerra del Kert, p. 168, cita como jefes de las columnas a los generales Aizpuru, Moltó, Perol, Navarro y Rodríguez. Muñioz Bolaños R. y otros: Las campañas de Marruecos, Almena, 2001, p. 105. 161 mando se dieron cuenta que sólo cesaría el ataque reocupando las lomas, por lo que se ordenó detener la retirada y cargar a la bayoneta contra los hostigadores. Esta táctica solía dar buen resultado, pues los harqueños rehuían el combate cuerpo a cuerpo contra una formación de soldados. El teniente Joaquín Ramírez Suárez, de la 1ª Compañía del Chiclana, fue herido, pero permaneció en la lucha, manteniendo el ataque a la bayoneta; fue herido por segunda vez; también cayó el capitán de la compañía, José Rodríguez de la Torre, así como varios de los soldados. Murió también el jefe del Batallón del Chiclana, el teniente coronel Francisco López Gómez de Avellaneda. Pero la compañía no deshizo la formación, mantuvo su avance y su ataque. El comandante Francisco Gómez Souza transmitió las órdenes para que otros cuerpos acudieran en apoyo del Chiclana. Navarro atacó Tauriat Hamed, y los harqueños, al comprobar que los españoles eran imparables, se retiraron apresuradamente sobre las 19:30. En total, en el choque murieron un jefe, tres oficiales y veintinueve soldados, y quedaron heridos un jefe, seis oficiales y noventa y ocho soldados; cinco oficiales y tres soldados contusos. Los oficiales muertos fueron el teniente coronel López y Gómez de Avellaneda, y los tenientes Rabadán, Carlier y Ramírez, todos ellos del Chiclana. Este ataque motivó un agrio comentario en El Imparcial, bajo el título “No lo 171 entendemos” ; el artículo hacía referencia a la incongruencia que suponía ocupar posiciones para después abandonarlas, o efectuar operaciones que duraban apenas las horas de luz. El texto motivó una respuesta del general Navarro en forma de carta, resaltando el modelo de guerra irregular que se sostenía en Marruecos, explicando que en ese modelo de guerra se está expuesto a la emboscada y la sorpresa, donde los planes no pueden desarrollarse con exactitud, y donde las tácticas propias de la guerra al modo europeo son inaplicables. A principios de abril, García Aldave comenzó a recibir informes de sus espías y confidentes, en el sentido de que muchos cabileños estaban arrepentidos y deseaban volver a sus tierras y poblados abandonando las armas, si se les prometía perdón y protección. García Aldave publicó una promesa de amnistía el 6 de abril, a todos aquellos rebeldes que dejaran las harkas y regresaran a sus poblados y a la vida pacífica. Estos buenos deseos se vieron entorpecidos por un lado por la presión de los líderes rebeldes como El Mizzian, y por otro, por los sucesos de Fez del 17 de abril: las tropas 171 http://hemerotecadigital.bne.es/datos1/numeros/internet/Madrid/Imparcial,%20El%20%28Madrid.%2018 67%29/1912/191203/19120324/19120324_00000.pdf#search=%22entendemos%22&page=2 162 del sultán se rebelaron, y los franceses sofocaron las protestas. El punto clave era la zona entre Texdra y Harcha, que El Mizzian quería controlar. Para impedirlo, García Aldave estacionó a los Regulares en Buxdar. Sin embargo, el peso de las complicaciones internacionales impidió explotar el éxito de la operación. El ministro de la Guerra ordenó a García Aldave no seguir adelante, con lo que el único resultado fue la fortificación de los Tumiat. De esta forma, las agresiones no cesaron, y hasta el 11 de mayo se produjeron las muertes de ocho soldados y varios heridos, en emboscadas y escaramuzas. Continuaron las patrullas de la policía indígena y de los soldados: “…las tropas que no estaban de servicio nocturno, dormían como se duerme en la propia casa; bien que la cama no podía romperse ni caerse porque todos dormían sobre la madre tierra, mal cubiertos por la manta veterana del soldado, que a fuerza de servicios luengos, se transparentaba como las orejas de los tísicos; pero endeble y todo, manta era, que lo mismo servía para transporte de pan, galleta, ropa, zapatos, alpargatas o paquetes de cartuchos; para hacer sombra en una parte pequeñísima del planeta terrestre, cuando los ardorosos rayos del Sol y la falta de tienda de campaña lo ameritaba; para cubrirse en parte de la gran humedad que de noche cae sobre la tierra, en aquellos valles y montañas del Rif, rocío que penetrando poco a poco hasta los mismísimos huesos, dejaban medio tullido al que tenía la desgracia de no poder 172 moverse por haber quedado dormido profundamente” El 3 de mayo, la Harka hizo alarde de atacar Monte Arruit y Buxdar, pero fue rechazada por el fuego de los españoles. En ese momento, las líneas españolas estaban muy extendidas, y era difícil hacer llegar suministros a los puntos avanzados. El 10 de mayo, los insurrectos lanzaron una bomba de mano en la Caseta de las Minas, matando a un soldado. El día 11, una fuerza de rifeños cruzó el Kert por el Zoco de Zerbaya (Zebuia). La harka atacó a una fuerza de ingenieros. El general Navarro avisó al capitán general de que se había avistado a dicha harka, y que era grande; y dispuso una contraofensiva. Desde Ishafen salió el general Ricardo Moltó Izquierdo con su columna. Las bajas españolas en el combate resultante fueron de un oficial muerto, y de un oficial y cinco soldados heridos. El día 13 se practicaron reconocimientos por los escuadrones del Regimiento de Taxdirt en Ulad Ganen-Harxa, y se comprobó que los enemigos continuaban presentes en Ulad Ganen. Se preveía un ataque enemigo sobre Tauriat Hamed, y en consecuencia, era perentorio desalojar a los rifeños de Ulad Ganen. El general Navarro dispuso su 172 Serra Orts, A.: Recuerdos, p. 176. 163 Brigada de Cazadores: el Batallón de Cazadores de Ciudad Rodrigo, el Batallón de Cazadores de Chiclana, el Batallón de Cazadores de Talavera, dos Compañías de Cazadores de Cataluña, una sección de ametralladoras, dos Escuadrones del Taxdirt, dos baterías, una sección de ambulancias, y otra de óptica: total, 3.477 hombres y 562 caballos. El ala derecha iba al mando del general Francisco Rodríguez Sánchez Espinosa, cuya columna había salido de Avanzamiento; otra columna salió de Ras Medua, mandada por el coronel Emilio Figueras Fernández; desde Ishafen salió de nuevo con su fuerza el general Ricardo Moltó. Al acercarse las tropas españolas, los rifeños se pegaron al suelo y abrieron fuego fundamentalmente sobre la columna del general Navarro. Los rifeños fueron desalojados de sus posiciones con cargas de caballería del Taxdirt, y con asaltos al arma blanca de la infantería.En consecuencia, los insurrectos abandonaron Tauriat Hamed con muchas bajas, pero previendo una reacción de los mismos ocultos entre las quebradas al oscurecer, y dadas las bajas sufridas, Navarro dispuso el regreso de la tropa al campamento. Habían caído un oficial y doce soldados muertos; y tres jefes, siete oficiales y ciento dos soldados heridos o contusos. Al retirarse los españoles, amparándose en la oscuridad, los harqueños reocuparon Tauriat Hamed, parapetándose en las casas, y comenzaron a hacer fuego contra la tropa en retirada, en concreto sobre el Batallón de Cazadores de Ciudad Rodrigo, que fueron auxiliados en su respuesta por la Cuarta Compañía de los Cazadores de Cataluña, mandada por el capitán José Joaquín Accame Romero, que desplegó a sus hombres y cubrió con su fuego al Batallón, para permitir a éste ponerse a cubierto. Herido en la mejilla, el capitán Accame se negó a ser evacuado y abandonar a su Compañía, que sufría el fuego de los emboscados harqueños. Entonces, el capitán se puso en pie, chorreando sangre, y gritó: “¡Vamos a ellos! ¡Viva Cataluña!” y cargó al frente de su Cuarta Compañía al arma blanca, provocando la huída del enemigo. Herido por segunda vez en el vientre, el capitán Accame murió poco después. Su resolución y sacrificio, que llevaron a los harqueños a huir, salvó a muchos de sus hombres. Por su valor, recibió póstumamente la Laureada. El general García Aldave decidió ocupar el día 14 de mayo el punto clave de Al- lal U Kaddur. Pero en su avance, consideró que las tropas debían descansar. Los harqueños mantenían su hostilidad hacia las tropas atacando por un lado el convoy de Ishafen, que tuvo que ser socorrido desde Ras Medua, y por otro al batallón que 164 custodiaba el desfiladero de Trevia, y la posición de Ben Ayur, donde murió un sargento español. Tras recibir órdenes del ministro de la Guerra, el capitán general cursó las órdenes para tomar las posiciones de Ulad Ganen y Al-lal U Kaddur. Entre las fuerzas de ataque se encontraban ya cuatro compañías de Regulares Indígenas, entre las cuales, en vísperas del ataque, habían aumentado las deserciones, dado el carisma del principal líder rebelde, Mohammed el Mizzián, santón y líder guerrero, auténtica alma de la Harka. La guerra contra el español revestía así carácter de guerra religiosa, contra el extranjero y sus costumbres corruptoras de la pureza islámica. Los santones, líderes religiosos locales, enardecían a sus partidarios con los deberes del musulmán y las promesas del paraíso. El Mizzián defendía Al-lal U Kaddur. El Gobierno y su presidente, Canalejas, estaba nervioso por el resultado de la campaña. Un revés podía provocar la caída del Gobierno, dada la impopularidad de la contienda y la dura oposición de la prensa y de los partidos antidinásticos. A las 4:00 de la mañana del 15 de mayo de 1912, se inició la marcha hacia las posiciones harqueñas de Hadd Al-lal u Kaddur. El capitán general dirigió las operaciones desde su puesto de mando en las cercanías de Tauriat Hamed. Las fuerzas estaban divididas en seis columnas de las que la principal era la del general Navarro, en la que se integraban tres escuadrones de Regulares, con la misión de cubrir con su caballería el flanco izquierdo. Estas fuerzas de Regulares estaban al mando del coronel Dámaso Berenguer. El mando de la sección del ala derecha recayó en el teniente Samaniego, y la del ala izquierda, en el teniente Núñez del Prado. El propio coronel llevaría el mando del grueso central. Entre sus mandos, estaba el teniente Emilio Mola Vidal. Las otras columnas eran las de López Herrero, Sánchez Espinosa, Figueras, Moltó, y el coronel José Villalba Riquelme, en la cual estaba el teniente Franco 173 Bahamonde . La columna Navarro salió de Harcha. Su objetivo era Haddú Alal U Kaddur. A su izquierda, la columna Lopez Herrero saldría de Avanzamiento para ocupar el área 173 El 13 de junio 1912 fue ascendido a Primer Teniente en el regimiento África 68. Por estas y otras operaciones recibió el 18 de noviembre la Cruz de primera clase del Mérito Militar. Casas de la Vega, R.: Franco, militar, p. 92-93; Blázquez Miguel, J.: Auténtico Franco, p. 27; Launay, A.: Franco, España y los españoles. CAH, Madrid, 1975, p. 76. 165 entre arroyo Bugardán y los Bucherit; a la derecha, Sánchez Espinosa debía ocupar Ulad Ganen y Tauriat Hamed. Villalba y Figueras ocuparían las faldas del Tidnit, y Moltó bajar por el barranco de Ajardec. Los rebeldes tenían ya noticias de los planes españoles, pero no esperaban que la ofensiva se iniciara tan temprano, por lo que les sorprendió la caballería del 3º Escuadrón de Regulares de Melilla, del teniente Samaniego, a las 5:00 horas, despuntando el amanecer. Los Regulares rompieron el fuego al encontrar al enemigo emboscado. De un barranco salió una fuerza rebelde montada, y pronto se enzarzó una dura lucha cuerpo a cuerpo. El ataque del teniente fue reforzado por el escuadrón del capitán Emilio Fernández Pérez. Ante la acometida española, los harqueños intentaron desplazar su fuego hacia el ala izquierda, del teniente Núñez del Prado; pero el coronel Berenguer también reforzó esa ala, enviando a la sección del teniente Ibáñez de Aldecoa, del Primer escuadrón. La porfía se inclinaba hacia los españoles. Berenguer debía llegar hasta Tauriat Hamed y allí esperar a la infantería, que iba distanciada unos 4 km, pero decidió explotar el éxito y forzar la retirada de los harqueños y seguir presionándolos, desalojando sus posiciones a punta de sable. Núñez del Prado fue herido, y le sustituyó el teniente Marquerie. En plena carga, el teniente Samaniego, apreciado por sus hombres, tanto indígenas como españoles, fue herido, pero no quiso cejar en su tarea, y pese a arrojar sangre por la boca, mantuvo el mando y el avance de su sección, entrando en la formación enemiga. El enemigo le acribilló a balazos tanto a él como a su montura, Liviano, pero con su esfuerzo la brecha se había abierto en la posición de Hadd Al-lal u Kaddur. En pos del teniente, ya muerto, acudieron sus hombres, así como el capitán Fernández Pérez y el teniente Llarch. El enemigo huyó, abandonando a sus heridos y su armamento. Entre los muertos se descubrió a Sidi Mohamed El Mizzián, con varias heridas de bala y una de arma blanca. Su cadáver fue recogido con respeto y 174 se dispuso su entierro en la mezquita de Segangan, junto a los suyos . Las bajas españolas fueron de un coronel, un teniente coronel, un comandante, dos capitanes, un teniente y sesenta soldados heridos; un capitán, un teniente, un cabo y seis soldados muertos. Los insurrectos abandonaron más de sesenta muertos, y se retiraron con algunos otros cadáveres y sus heridos. El teniente Samaniego fue ascendido a capitán en el campo de batalla, y más tarde condecorado con la Laureada de San Fernando. En el 174 Abd el Krim contempló el cuerpo y lo describió a su padre en una carta: Madariaga, Mª R.: En el barranco del Lobo, p. 77. 166 combate se distinguió y también fue herido el teniente Mola Vidal, en la vanguardia de la columna del general de brigada Moltó, por lo que fue ascendido a capitán por méritos 175 de guerra. Para entonces ya había ganado una cruz roja . 1.3.4.11.- El final de la campaña. Con la toma de la posición y la muerte del Mizzián, auténtica alma de la rebelión contra España, la Harka se disolvió, pese a asumir su mando su primo, Sid el Baraka. García Aldave presentó la muerte de El Mizzian como de la manifestación de la voluntad de Dios hacia el fin de la guerra, y reiteró su oferta de paz y perdón. Apenas hubo algunos conatos de latrocinio y bandidaje. Las cabilas rebeldes comenzaron a someterse a las autoridades: los Beni bu Yahi, los Beni Said, y Metalza. La necesidad de emigrar a Argelia para realizar tareas de siega como temporeros llevó a muchos rifeños a abandonar la harka. El líder Hach Aman se entrevistó con el general Gómez Jordana y le explicó que estaba cansado de la guerra, y dispuesto a trabajar como verdadero amigo de España. Tras estas declaraciones, llegaron las de Axdir y Beni Urriaguel, Tensaman y Bocoia. A finales de 1912 llegaron también los Beni Abd Al- Lah. Las familias de Guelaya, Sammar e Izarrora, expulsadas de sus casas y tierras por los harqueños, regresaron a las mismas para habitarlas y cultivarlas. España reemprendió las obras públicas, estableciendo las pistas que se convertirían en carreteras, e inaugurando la Escuela Indígena en Nador. Durante varios años, el Kert quedaría como una frontera entre la zona controlada por España y la ocupada por cabilas rebeldes tanto a España como al Sultán, las cuales de vez en cuando cruzaban el río y realizaban sangrientas razzias. 176 El total de bajas españolas en la campaña fue de 414 muertos y 1.124 heridos . Con el territorio pacificado, llegó el momento de repatriar hacia España las tropas, siendo la primera en hacerlo la Unidad de Aerostación. Los batallones del Serrallo y del grupo de ametralladoras regresaron a Ceuta. A finales de 1912, en Melilla sólo quedaba la Segunda Brigada de Cazadores, y la Segunda de la 1ª División. Melilla fue de nuevo vuelta a ser Comandancia General, teniendo al frente a un general de División. El designado fue Gómez Jordana, recién ascendido al grado. García Aldave, así cesado, fue recompensado con el título de marqués de Guelaya. Al abandonar su cargo, para ocupar el de capitán general de la IIIª Región Militar, el general García Aldave subrayó la 175 Casas de la Vega, R., Seis generales de la Guerra Civil, Fénix, Madridejos, 1998, p. 96-98. 176 Otras cifras son 498 muertos y 1.587 heridos. De Mesa y otros: Las Campañas de Marruecos, p. 108. 167 preocupación que debía suscitar el intenso contrabando de armas que se daba en la zona, desde el lado francés, a través de caravanas, pese a la vigilancia de la Policía Indígena. Además, debían vigilarse a los activistas alemanes, que suscitaban el recelo de los marroquíes hacia los españoles, para propiciar los intereses de Alemania. En este campo, eran intensas de las gestiones de los hermanos Otto y Frismarch Manesmann. Melilla dejó de ser Capitanía General el 25 de diciembre de 1912. El 1 de enero de 1913 fue designado nuevo Comandante General de Melilla el general de división Francisco Gómez Jordana. Gómez Jordana deseaba consolidar las fronteras españolas para evitar la irrupción de cabilas rebeldes por un lado, y las injerencias de los franceses, pero al mismo tiempo buscaba que esa consolidación y penetración fuera pacífica y acordada con los cabileños. Para ello, se atrajo a los jefes locales, para consolidar e intensificar los avances. Su objetivo inmediato era Tistutin, por donde entraban las cabilas de Beni Ulixech, Tafersit y Metalza, y establecer la influencia española entre los Beni Bu Yahi y Ulad Setut hasta el Muluya, en la frontera con Argelia y con el territorio marroquí de protección francesa. Se penetró a lo largo del río Igan, afluente del Kert, y hacia Batel y Tistutin, en el territorio de la cabila de Beni bu Yahi. Gómez Jordana ocupó pacíficamente Imussaten y Tazarut, los días 14 y 15 de octubre de 1913, para proteger su flanco derecho. El día 27 de octubre hubo un ataque de harqueños en estas posiciones, por lo que el general avanzó y ocupó Ait Aixa, al coste de dos dos soldados muertos. Los avances hacia Tafersit se vieron frenados por la oposición de la harka del Hach Amar el Kel-luchi (o el Metalzi), cuya base se encontraba en el monte Mauro. En noviembre de 1913, las cabilas de Alhucemas hostilizaron al Peñón, desde el día 13 de dicho mes hasta el 21 de diciembre, y después hasta el 14 de enero. Pero Gómez Jordana no mordió el cebo. Ordenó abastecer Alhucemas y el Peñón por el mar, para privar del comercio que eso suponía a las cabilas de las comarca. Además, cerró el Kert, lo que obligó a los levantiscos Beni Urriaguel a desviarse hacia el sur, hacia los Beni Bu Yahi, para mantener su comercio con Melilla. Los artículos se encarecieron por el rodeo que tenía que darse y la intervención de más intermediarios. También suprimió las “pensiones” que se pagaban a las cabilas de la comarca afectas a España, dado su poco rendimiento, y fomentó las luchas internas entre los rifeños. Estas medidas, sumadas a la paciencia, dieron su fruto: las cabilas abandonaron las hostilidades y aceptaron las condiciones y multas impuestas. 168 Los días 14 y 15 de mayo, los hombres de Gómez Jordana ocuparon Nebs, Sidi Sadik y Ameyer en los montes Ziata, con sólo siete jefes, un soldado y cinco policías heridos. El 23 de junio de 1914 se ocupaba Tistutin. Con la ocupación de los Ziata, España reafirmaba su autoridad en la zona y frenaba las aspiraciones francesas. Al iniciarse la Primera Guerra Mundial, el 28 de julio de 1914, la actividad se ralentizó. Gómez Jordana ocupó Ben Aiat el 10 de enero de 1915. Se cruzó el río Kert el 16 de mayo de 1915, entrando sin ninguna oposición en Tikermin; el 6 de junio se ocupó Hassi Berkan, y el 29, el morabito de Sidi Azuger. De esta forma toda la zona desde el Muluya a los Ziata reconoció la autoridad española y por consiguiente, la del Majzen. Gómez Jordana era muy consciente de que la política de Marina de establecer reductos y posiciones era necesaria, pero debía aplicarse de una forma más elaborada. Sabía que la presencia de soldados incomodaba a muchos marroquíes, y despertaba recelos. Por ello, planteó reducir la presencia de militares, descargando la responsabilidad del orden en los notables locales, buscando su amistad y cooperación. Amplió la Policía Indígena, con la incorporación de las Séptima, Octava y Novena Mías, para los territoros de los Beni Ukil y los Beni Bu Yahi. Con estas medidas suprimió muchas posiciones por considerarlas innecesarias, reduciendo de 9.000 a 5.000 los hombres encargados de las mismas. Por otro lado, mejoró las instalaciones de los campamentos, sustituyendo las tiendas cónicas por barracones, construidos por los propios soldados, mejorando así su alojamiento. También se elevó el nivel alimenticio y sanitario de la tropa. Intensificó la instrucción, y preparó concienzudamente las operaciones. Con este haber, Gómez Jordana fue llamado en 1915 a sustituir al general Marina como Alto Comisario en Marruecos. 1.3.4.12.- La adopción de nuevas tácticas. Entre las enseñanzas de la campaña del Kert, se observó que los batallones de cuatro compañías tenían más de ochocientos hombres presentes, es decir, setenta por sección. Al desplegarla, dado lo accidentado del terreno, el oficial no tenía “la unidad en su mano”, porque la desigualdad del terreno y la extensión de la línea, unos trescientos pasos, le privaban de su control absoluto, por lo que a menudo la unidad perdía el mando. Serra Orts proponía reintroducir el mando de los sargentos sobre los pelotones para dividir las secciones en dos de éstos. Una compañía debería componerse de tres secciones, cada una de éstas dividida en dos pelotones, y cada pelotón, en dos 169 escuadras, cada una de ellas de doce soldados y un cabo. Dado que los batallones a menudo combatían en solitario en Marruecos, debería incrementarse su composición de cuatro a seis compañías, éstas divididas en dos grupos de tres. Tres batallones deberían integrar un regimiento o media brigada, junto a tres escuadrones de caballería, una compañía de ingenieros una ambulancia de sanidad, una compañía de transportes a lomo y una estación heliográfica. Dos medias brigadas o dos regimientos constituidos como éste formarían una brigada, 8.520 hombres y dos brigadas, una división, 17.040 soldados. Serra aconseja que el oficial a cargo de la compañía vaya a caballo; que se adquieran teléfonos portátiles para comunicar los jefes de batallón con los capitanes de compañía; que cada compañía cuente con una o dos bicicletas; que se incremente el número de camillas; que cada soldado lleve en su equipo un equipo mínimo de primeros 177 auxilios . 1.3.5.- El sector occidental hasta 1912. En la parte occidental del Protectorado, y según el acuerdo secreto con Francia de 1904, España sólo podía intervenir en territorio marroquí después de consensuar su actuación con Francia. El rey Alfonso XIII era un vehemente defensor de la acción española en Marruecos. El gobierno liberal de Canalejas también era partidario de la intervención en Marruecos, frente a Maura, que era reacio a la misma. En principio, España se limitó a instalar agentes consulares y a nombrar instructores para las unidades del ejército del Majzen. En agosto de 1910 asumió el mando de Ceuta el general de división Felipe Alfau Mendoza. La intranquilidad reinaba en el territorio marroquí a causa del desgobierno del Majzén, que había propiciado la presencia de aventureros y ambiciosos en Anyera, como el bandido “El Valiente”, o los deseos de El Raisuni, personaje sobre el que hablaremos más tarde, por controlar la totalidad de la región. Los representantes de la ciudad de Tetuán solicitaron repetidas veces a España protección contra estos rebeldes al Sultán. Para establecer una comunicación adecuada con Tetuán, era necesario controlar el Yebel Garra con el Zoco el Telata. Como primer paso, García Aldave propuso, y Alfau aceptó, ocupar una primera posición a 8 km de Ceuta, operación efectuada sin novedad el 7 de mayo de 1911. Los ingenieros mejoraron la posición, con caminos. De esta forma se establecieron las posiciones de Fahame, Cudia 177 Serra Orts, A.: Recuerdos, p. 201-207. 170 Afersihuam y Cudia Federico. La agresión a unos pescadores españoles llevó a Alfau a ocupar Monte Negrón el 23 de mayo. En 1911 estallaron motines y revueltas. El 14 de mayo de 1911, el ejército francés levantó el asedio que sobre Fez ejercían las tropas rebeldes, y ocupó la ciudad. Mientras tanto, los españoles recibían constantes quejas de los pueblos sometidos a Raisuni e imploraban la protección de su Ejército, así como contra otros imgaren como el citado Ash Shaja’I “el Valiente”, de Anjera. Alcazarquivir padecía los ataques de los Sumata, y pidió protección a España. Hubieron actos violentos en Larache contra la autoridad española: el bajá de Alcazarquivir, El Ermiqui, amigo de España, fue destituido por Ahmed Tazia, rival de El Raisuni; Ben Malek y sus hijos, también amigos de España, fueron asesinados. Se temía que los franceses ocuparan por su cuenta la esquina sudoeste de la zona española, con la importante ciudad comercial de Alcazarquivir. En 1911, el general francés Monier envió a dos oficiales con un destacamento francés a Alcazarquivir, con la excusa de reclutar hombres para organizar y armar a los soldados del Sultán: el 14 de mayo el capitán Moreaux estableció un campamento y reclutó una mehal-la en nombre del sultán Muley Hafid. Para frenar esta injerencia francesa por un lado, y para restaurar el orden en la región, dado que un nuevo pretendiente al trono, Muley Tazia, amenazaba la ciudad, el Gobierno de Madrid envió a Larache al crucero Cataluña y al transporte Almirante Lobo. En la noche del 8 al 9 de junio de 1911, ante el aumento de los desórdenes en Alcazarquivir, con un tiroteo en el zoco en la noche anterior, el cónsul en Larache Zugasti, el capitán Ovilo, instructor del tabor de Larache, y el comandante del Cataluña, decidieron desembarcar las tropas transportadas en los buques, con la aquiescencia del cuerpo Consular de la ciudad y de El Raisuni, bajá de Arcila. Se desembarcaron tres compañías del Primer Batallón de Infantería de Marina, con 250 infantes de Marina al mando del teniente coronel Marcelino Dueñas, más 50 marineros al mando del alférez de navío Francisco Vázquez, 40 jinetes del tabor de Policías Indígena de Larache, 50 soldados de infantería, 178 dos ametralladoras y un cañón Schneider. Ocuparon Ras R’Mel y el fuerte de la Barra. Al día siguiente, 9 de junio, a las 8:00 horas de la mañana, el capitán Enrique Ovilo formó una columna con el tabor indígena, una compañía de Infantería de Marina y los marineros que avanzó hasta Alcazarquivir, a donde llegaron a las 4:00 horas del día 10, y ocuparon los alrededores, comunicándose con Larache por palomas 178 ABC, Domingo 11 de junio de 1911, p. 9 171 mensajeras. España anunció el desembarco, y recibió un aluvión de protestas por parte de las potencias signatarias de Algeciras. Francia protestó porque según el acuerdo de 1904, antes de efectuar una acción de este tipo, España debía consultarlo a París. España respondió que la necesidad de detener la creciente anarquía en la zona había obligado a actuar con premura. Además Canalejas, al autorizarla, se estaba ciñendo al Acta de Algeciras. El día 17 tomó el mando el teniente coronel Manuel Fernández Silvestre, instructor hasta entonces de la policía xerifiana de Casablanca. Alemania, que temía que Francia ya no se retiraría de Fez, como tampoco lo había hecho de Uxda y Casablanca, reaccionó enviando a Agadir un cañonero, el Panther, el 1 de julio. Fernández Silvestre combinó su talento militar con sus dotes diplomáticas para lidiar con marroquíes, cónsules extranjeros y franceses, en un ambiente de tensión internacional atizado por Alemania, y consiguió que los franceses abandonaran la zona española que habían ocupado. Tras el incidente del 22 de julio de 1911, se acordó que el río Lucus fuera la frontera entre ambas influencias, siendo la orilla izquierda francesa y la derecha española. Fernández Silvestre también estableció buena amistad con El Raisuni, pero ésta pronto se enrareció. El Raisuni ambicionaba ser Jalifa, y cuando comprendió que no lo sería, desairado, se opuso a la acción española. Desde la ocupación de Larache, España entró en contacto con el líder de los Beni Arós, el cherif Muley Ahmed el Raisuni, “el Águila de Zinat”. Había nacido hacia 1871 en esta población, en la tribu de los Fahs, y era descendiente de Muley Abdesalem ben Mshish, santo de Jebel Alam, montaña sagrada de Guelaya central, y muy venerado, con los privilegios fiscales y legales que ello conllevaba. Su familia se había empobrecido en una guerra tribal, y el Raisuni se entregó al bandidaje. Descendiente de Mahoma, poeta e intelectual, gobernante astuto y violento, utilizó la extorsión y el asesinato para mantener su poder feudal. Para Woolman, Raisuni era “una mezcla de 179 Robin Hood, barón feudal y tiránico” . Fue apresado en 1895 por el sultán Mulay Abdel Aziz, y retenido hasta 1900. Se cuenta que Ba Ahmed ordenó al bajá de Tánger, familiar de El Raisuni, detenerlo. El bajá visitó a El Raisuni en Zinat, donde fue recibido espléndidamente. Seguidamente, El Raisuni viajó a Tánger para devolver la visita, pero allí fue arrestado, y encarcelado en Mogador, con cadenas y grilletes, en pésimas condiciones. 179 Woolman, D.: Abd el-Krim y la Guerra del Rif, p. 61. 172 Al subir al trono Abd el-Aziz, El Raisuni, que había pasado más de cuatro años en las mazmorras, fue liberado, gracias a las gestiones del diplomático italiano Leo Gentile, amigo suyo. El Raisuni volvió a su comarca, donde se convirtió en un hombre feroz, un saqueador sin piedad. Con la crisis del estado marroquí, el Raisuni se convirtió en el principal cabecilla de la región Buscó la alianza con los españoles, y después se enfrentó a ellos. Sometió a las cabilas de su región con mano de hierro, cometiendo toda clase de abusos y desmanes. Organizó una flotilla pirata a orillas del Atlántico; afeitaba la barba a cualquiera que se le opusiera o le desagradara, lo cual era una grave afrenta para un marroquí; mató a su cuñado por abandonar a su hermana; infligía castigos corporales y mutilaciones; cada familia debía pagarle como tributo anual el equivalente a quince dólares. Realizaba secuestros para vender a sus víctimas como esclavos o para exigir rescates. En 1903 secuestró a Walter Harris, que fue canjeado por hombres del Raisuni presos del bajá de Tánger. El 18 de mayo de 1904, la banda de Raisuni entró en la finca del millonario greconorteamericano Ion Perdicaris, cerca de Tánger, raptando a éste y su hijastro Cromwell Varley. Perdicaris escribió al cónsul norteamericano, mientras Raisuni exigía al sultán 70.000 dólares o 350.000 pesetas, la liberación de sus hombres presos en Tánger, la retirada de las tropas del sultán del norte de Marruecos, y el nombramiento del propio Raisuni como bajá de Tánger. En ese momento, el presidente norteamericano Theodore Roosevelt estaba preparando su reelección en la Convención Nacional Republicana en Chicago. Al conocer la noticia, Roosevelt decidió convertirla en un trampolín para su designación. Ordenó al secretario de Estado, John Hay, que envió al cónsul norteamericano en Tánger un famoso telegrama: “Quiero a Perdicaris vivo o a Raisuni muerto”. Se destacaron siete buques de la Flota norteamericana del Atlántico Sur, y otro británico, hacia Tánger amenazando con desembarcar tropas en el puerto, y Theodore Roosevelt dio a entender que se declararía la guerra a Marruecos si los rehenes no eran liberados. Al cabo de dos meses, la tragicomedia acabó. Abd el-Aziz pagó 75.000 duros por el rescate del millonario, y no tuvo más remedio que nombrar a Raisuni, en 1908, bajá de Tánger y gobernador de Yebala. Perdicaris y Leo Gentile eran cuñados y amigos de Raisuni; Perdicaris consideraba a Raisuni un héroe de la independencia marroquí. Más tarde se supo que Perdicaris no era ciudadano norteamericano, sino griego, y que había huido de Estados Unidos al ser llamado a filas para luchar en la Guerra de Secesión. Pero todo esto no había impedido a Roosevelt enviar el famoso cablegrama para ganar votos y popularidad. 173 El comportamiento de Raisuni en Tánger fue escandalosos: corrupción, ejecuciones públicas, torturas… cortaba el suministro eléctrico para chantajear a los ciudadanos… Abd el-Aziz, presionado por el cuerpo diplomático, lo destituyó en 1906. En venganza, en 1907 Raisuni apresó al caíd Maclean, un escocés instructor de la Mehal-la, enviado del Sultán para parlamentar con él. Raisuni retuvo a Maclean siete meses, liberándolo a cambio de 100.000 dólares. El Raisuni se comportaba como un señor feudal, imponiendo tributos y encarcelando cruelmente a sus opositores. Las tribus de Anjera, entre Ceuta y Tánger, manifestaron a las autoridades españolas su deseo de ser protegidos por España frente al gobierno de el Raisuni. Por otro lado, el Raisuni se erigió como guardián de las tradiciones musulmanas frente a la penetración Europea. Las fuerzas militares del Sultán, el “ejército imperial”, eran incapaces de derrotarlo. Las Mehal-las eran un conjunto de soldados mal adiestrados y peor armados, vestidos con chaquetas de colores, pantalones bombachos y tocados de fez rojo. Cada soldado cobraba un penique diario, del cual se le descontaba la manutención. Completaban sus ingresos dedicándose al abuso de los ciudadanos y al saqueo en sus expediciones a las zonas rebeldes al sultán. El resultado era una disciplina prácticamente simbólica. En 1908 Mulay Hafiz se alzó contra su hermano. El Raisuni se puso al momento de parte del primero. Tras la renuncia de Abd el-Aziz, El Raisuni cedió al nuevo sultán los citados 100.000 dólares, y le hizo una solemne promesa de fidelidad. Mulay Hafiz le nombró bajá de Asilah, le repuso como gobernador de Yebala y amplió su territorio a parte del valle del río Lucus. Poco importaba, pues todo ese territorio era rebelde a la autoridad del sultán. El interlocutor español frente al Raisuni fue el coronel Manuel Fernández Silvestre, comandante en jefe de las fuerzas españolas en Larache. Fernández Silvestre había servido en Cuba. Encabezó en 1908 la misión hacia Casablanca para ayudar a los franceses a entrenar a la policía indígena. En realidad, el Raisuni sabía que los españoles eran más débiles que los franceses, y esperaba que los primeros le dejaran gobernar la región a su antojo. Por su parte, Fernández Silvestre sabía que debía negociar con el Raisuni, y éste creyó conseguir el apoyo del coronel para ser nombrado Jalifa, representante del sultán en el futuro Protectorado. Fernández Silvestre consiguió para El Raisuni el nombramiento de comendador de la Orden de Isabel la Católica. El Raisuni prefería los españoles a los franceses, porque sabía que eran más débiles: "Yo pensé, los 174 españoles son lo suficientemente fuertes para ayudarme, pero no lo bastante para 180 someternos" . 1.3.6.- El establecimiento del Protectorado. Francia decidió regular su posición en Marruecos dado el desmoronamiento del Majzen a lo largo de 1911 y 1912. Para ello, intentó desprenderse de España, apoderándose de todo el territorio marroquí. Su táctica fue, por un lado, no impedir el surgimiento de rebeliones en el interior de la región adjudicada a España; por otro, llegar a acuerdos bilaterales con las potencias interesadas en Marruecos, como Gran Bretaña o Alemania, aislando diplomáticamente a Madrid. De esta forma, consiguió 181 importantes mermas territoriales del país de custodia española . El acuerdo establecido el 4 de noviembre de 1911 entre París y Berlín fue conocido en Madrid el día 6, pero ésta se negó a ratificarlo si antes no se le daban seguridades. Francia consiguió de Alemania manos libres en Marruecos, cediéndole una parte del Congo. España tuvo entonces que confiar en Gran Bretaña para frenar la ambición francesa, y acelerar la ocupación del territorio. Francia argüía que al ceder parte del Congo a Alemania, había comprado la libertad de acción en Marruecos; de esa libertad de acción también se beneficiaba España, pero ésta debía ahora compensar a Francia por su sacrificio, 2 cediéndole a su vez parte del territorio marroquí, en concreto, 45.000 km , que no controlaba. La zona cedida era parte del rico valle del Uarga (Warga, Uerga), en concreto la orilla izquierda y un margen de la derecha; otro trozo del Muluya; y un tercero en la laguna de Ez-zerga y el Paralelo 35. También se pedía el establecimiento de un tratado aduanero, dado que muchas mercancías destinadas al Marruecos francés debían atravesar adunas y territorio español. El tercer punto es que Tánger, pese a estar en territorio de administración española, debería tener un estatuto de internacionalidad. El gobierno español aceptó, síntoma de su escaso interés colonial, a cambio de absoluta libertad de acción en su zona. Se estableció una compensación económica por el paso de aduanas, y se accedió a negociar un estatuto de Tánger ambas naciones conjuntamente con Gran Bretaña. España aceptó la internacionalización de Tánger y se comprometió a no fortificar la costa rifeña, dos circunstancias que tendrían importantes consecuencias 180 Forbes, R., El Raisuni, sultán de las montañas, Almuzara, Jaén, 2010, p. 115; Payne, S.G., Los militares y la política, p. 130, con una ligera variante en la traducción: “…pero no lo suficiente como para oprimirme”. 181 Bachoud, A.: Los españoles ante las campañas de Marruecos, p. 49. Cita los frecuentes sarcasmos y descalificaciones de los diplomáticos franceses hacia sus colegas españoles, p. 50. 175 en las futuras campañas militares. Al menos, España pudo retener la capacidad de nombrar un Jalifa propio para su zona. Debe recordarse que en plenas negociaciones en esos meses finales de 1912, el presidente del Gobierno, Canalejas fue asesinado por un anarquista en Madrid. Le sustituyó el conde de Romanones. La crisis institucional en que se vio sumido el país explica las cesiones, y Francia se aprovechó de ello. La actitud prepotente de los diplomáticos franceses hacia sus homólogos españoles provocó la descoordinación de los primeros con las autoridades españolas, hasta la época de Alto Comisariado de Varela y del Residente francés Juin. Bachoud cita un texto de la carta de uno de los negociadores al ministro de Asuntos Exteriores francés, Herbette: “Hay que tratar de librarse de estas gentes, aunque sean personas muy difíciles y desagradables, concediéndoles una zona de Marruecos en la que tendrán que combatir y gastar mucho dinero, probablemente sin resultado alguno; quizá sea ése el mejor medio de ocuparlos y de apartar su atención de nuestros 182 asuntos” . El tratado entre España y Francia se firmó en noviembre de 1911. Francia consiguió que el Sultán Muley Hafid aceptara estos términos que ponían fin en la práctica a su poder político, estableciendo un Protectorado el 30 de marzo de 1912. Muley Hafid acabó abdicando en su hermano, Muley Yussef. España no intervino en estas negociaciones entre Francia y el Sultán, sólo dialogó con los franceses. Las esferas de influencia francesa y española se convirtieron en Protectorados. Era una forma de mantener aparentemente los gobiernos indígenas, sostenidos por las potencias occidentales para evitar la desintegración y seguir favoreciendo los intereses europeos. Para Balfour, en la práctica el área española era un subarriendo de la francesa: de hecho, las negociaciones con las autoridades marroquíes las desarrolló Francia. El territorio español en Marruecos era el 5% del total del territorio marroquí, 16.700 km² donde vivían unas 750.000 personas. El tratado entre el sultán y España se preparó por el tratado de Fez del 27 de noviembre de 1912, y se firmó en mayo de 1913. Con el asesinato de Canalejas en la Puerta del Sol en Madrid, se cerró el último gran intento de renovación política. Los grandes partidos liberal y conservador se fragmentaron, y los gobiernos quedaron muy debilitados. En 1913 desapareció el turnismo entre liberales y conservadores por la desintegración paulatina de los partidos 182 Bachoud, A.: Los españoles ante las campañas de Marruecos, p. 54. 176 183 dinásticos, y desde 1916 el parlamento entró en cierta parálisis por falta de liderazgo . Esto aumentó el papel del Ejército y del Rey, que decidió prescindir de las Cortes y apoyarse más en el Ejército, para designar gobiernos de gestión. En España, mayoritariamente, no se sentía entusiasmo por la empresa colonizadora, y el Protectorado fue una decisión de Romanones, quizá alentado por el rey. La colonización contaba con el apoyo del Ejército y de los intereses comerciales. La administración del Protectorado estaba a cargo de un representante del sultán, el Jalifa, que era propuesto por España. El Jalifa gobernaba apoyado en la jerarquía tradicional islámica, pachás y cadíes. España podía intervenir en los actos de gobierno del Jalifa. La administración española se estableció por el Real Decreto del 27 de febrero de 1913. La autoridad suprema era el Alto Comisario, en principio residente en Ceuta, quien tenía tres departamentos: Delegación de Asuntos Indígenas, Delegación de Desarrollo Económico y Obras públicas, y Delegación de Hacienda; éstos estaban integrados por militares y civiles, todos ellos dependientes del Alto Mando militar. Por su parte, como gobierno indígena, el Jalifa, representante del Sultán, nombrado por España, contaba con un Majzen o gobierno compuesto por un Gran Visir, 184 un ministro de Justicia, un ministro del Habus y el caíd Mexuar. En cada localidad importante se llegó a crear también un majzen local. Para la pacificación del Protectorado se amplió la fuerza de Regulares, y la de la Policía Indígena. Sin embargo, no se instaló un mando supremo del ejército, y el territorio seguía dividido en tres distritos militares, Ceuta, Melilla y Larache, autónomos entre sí. El Alto Comisario no implicaba un mando militar, aunque en la práctica el puesto fuera ocupado por un militar de alta graduación, siguiendo la tradición colonial. De esta forma, Madrid mantenía el mando supremo militar sobre la zona, pero en la práctica esta división provocó una cierta anarquía. El primer Alto Comisario fue él teniente general Alfau. El general Felipe Alfau había demostrado prudencia y dotes diplomáticas y administrativas. Desde septiembre de 1910 era comandante general de Ceuta, desde donde dispuso el reconocimiento de los alrededores de la misma, para evitar lo sucedido en Melilla, donde la ignorancia sobre la geografía de la comarca tan cara había resultado akl general Marina. Alfau comenzó a entablar conversaciones con los jefes locales, con 183 Martínez Roda, F., “El 98 y la crisis del sistema político de la Restauración”, en Cátedra Nova, nº 9, junio 1999, p. 89. 184 El Habus es la administración del patrimonio para el culto musulmán. 177 vistas a la ocupación del territorio comarcano, e inició la construcción de una carretera entre Ceuta y Tetuán. La guarnición de Ceuta fue reforzada, llegando a reunir 12.000 soldados de infantería y 2.000 de caballería. En mayo de 1911 se ocuparon las alturas que dominaban la carretera entre Ceuta y Tánger. Se comenzaron a establecer bases y almacenes de suministros. Por comodidad y economía para el Gobierno de Madrid, y por la situación de riesgo de insurrección y guerra, el Protectorado pasó en la práctica a ser gobernado por militares. El Servicio Militar de Intervención se ocupaba de la administración de las ciudades. El Ejército se encargaba de todo, desde el orden público a la recaudación de impuestos. En realidad, el Ejército español tenía una larga experiencia en administrar territorios. Desde la guerra de Sucesión, el ejército español, a través de sus intendentes y de su administración, gobernaba territorios ocupados. Las principales autoridades en Cuba y Filipinas durante el siglo XIX habían sido sus capitanes generales. El Tratado de 1912, establecido entre España y Francia, fue ratificado el 2 de abril de 1913. En él se sentaba que la zona española sería gobernada nominalmente por un Jalifa, asistido por un Alto Comisario, ambos residentes en Tetuán, designada capital del Protectorado español. Esto suponía que era necesario ocupar la ciudad. El general Alfau se encontró con las peticiones de las tribus de Tetuán, que le pedían protección contra los abusos de El Raisuni. Alfau comprendió que era el momento propicio para ocupar la ciudad, de forma pacífica, ganándose a las autoridades locales, y lo propuso a Madrid, que le autorizó a ello. El día 19 de febrero de 1913, acompañado por el bajá, el Cuerpo Consular y los funcionarios y dignatarios, el general Alfau entró en Tetuán, 185 entre las aclamaciones de sus habitantes . Comenzó a construirse una carretera, una línea de ferrocarril y un tendido telegráfico. El general Alfau fue ascendido a teniente general y nombrado Alto Comisario de España en Marruecos; su vacante al frente de la Comandancia General de Ceuta fue ocupada por el general Larrea. El Protectorado se dividió en tres Comandancias: Larache, Ceuta y Melilla, cada una independiente de las otras en la práctica dadas las dificultades en las comunicaciones, pero todas dependientes del Alto Comisario, del Ministerio de la Guerra y del Ministerio de Gobernación. La administración civil del Protectorado tenía tres departamentos: el de Asuntos Locales, el de Desarrollo Económico, y el de Asuntos 185 http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1913/02/20/005.html 178 Financieros. Pero pocos españoles residían en el protectorado, y también eran pocos los marroquíes sometidos, por lo que esta administración era poco importante. España presentó al Sultán dos candidatos a Jalifa(“representante”), vicario del sultán, y resultó designado Muley el Mehdi Ben Ismael Ben Mohammed (también escrito Mohammed Mehedi Uld Ben Ismael), hijo de Meley Ben Abdelrrahman, hermano predilecto del sultán de Marruecos, Hassan I, y por tanto primo de los sultanes Abd al-Aziz, Abd al-Hafid y Mulay Yusuf. Fue nombrado el 19 de abril, y entró en 186 Tetuán el 27 de abril de 1913 . Las autoridades españolas de Tánger diseñaron al gobierno del Jalifa, el cual no tenía poder político efectivo. El jalifa era un miembro de la familia del sultán, pero carecía de autoridad en la región. No lo tenía, sencillamente porque el gobierno del Sultán tampoco lo tenía, en Marruecos no existía un poder jerárquico efectivo, por lo que la administración colonial española no tenía dónde apoyarse. En consecuencia, era una administración colonial débil. El general Alfau describió en un telegrama a Romanones al Jalifa Muley el Mehdi era un “joven 187 imberbe, gordo y apático” . Pero España era un país sin recursos para costear una guerra y las infraestructuras necesarias para el desarrollo de la colonización; tampoco había apoyo popular, ni siquiera en las capas altas de la sociedad, a la contienda y a la colonización. Los oficiales españoles no estaban preparados para la administración colonial, desconocían el árabe y la shelja, el dialecto local; muchos de los administradores, militares o civiles, eran paternalistas o racistas. Los gobiernos de Madrid no tenían una política clara o definida hacia Marruecos, y por eso el Alto Comisario dependía tanto del Ministerio de la Guerra como del Ministerio de Estado. Ante las graves dificultades de comunicación en un país tan atrasado, por un Real Decreto de abril de 1913 se dio a los comandantes de las regiones militares autonomía para cumplir las órdenes y funciones asignadas, lo que llevó a confusiones. A ello se unía el interés personal del rey en Marruecos, lo que le llevaba a contactar a menudo directamente con los oficiales, sin la intermediación del ministro de la Guerra o del Gobierno, o de la jerarquía militar, trámite facilitado por el Real Decreto del 14 de enero de 1914. Si bien no consta que el monarca presentara 186 ABC, 25 de octubre de 1923, p. 15. 187 Balfour, S.: Abrazo mortal, p. 89. 179 propuestas o alentara acciones, como más adelante se le acusó, su familiaridad a cercanía a algunos oficiales causaba algunas inquietudes. 1.3.7.- La guerra de El Raisuni. 1.3.7.1.- La disputa entre El Raisuni y el coronel Fernández Silvestre. En 1911 estallaron conflictos en la Yebala, península montañosa situada al oeste de la zona española de Marriecos, donde la principal autoridad era el cherif Muley Ahmed el Raisuni. El Raisuni era consciente de que Marruecos no podría evitar la tutela extranjera; por eso, él prefería la de España. Madrid comprendió que era necesario enviar a la zona un oficial enérgico y con iniciativas, y se pensó en el teniente coronel Fernández Silvestre, que llegó a Alcazarquivir en junio de 1911. Para entonces, las autoridades militares españolas habían arrestado al cónsul francés por llevar pistola, y el destacamento francés se había ido. Fernández Silvestre comprendió que necesitaba el apoyo de El Raisuni, y le visitó en su palacio de Arcila, en agosto. El Raisuni, dotado de un fuerte magnetismo personal, hizo gran amistad con el teniente coronel Fernández Silvestre, jefe militar de su distrito. Permitió que las tropas españolas realizaran pequeños avances i ocuparan, el 7 de junio de 1911, la colina de la Miel, y al día siguiente, la colina del Sahel; el 6 de agosto, las tropas españolas entraron en Abib, en el camino de Larache. El 19 de agosto de 1911, se ocupó el zoco Tzilatzi de Reisanam. Fernández Silvestre sabía que era muy importante contar con el apoyo de un jefe musulmán con poder y prestigio, y se entrevistó con El Raisuni el 20 de agosto de 1911 en Arcila. Fernández Silvestre prosiguió su avance, y el 2 de octubre ocupó el Tenim de Sidi-Yamini, y el 22 de enero de 1912, el poblado de Adir. A principios de 1912, el 24 de enero, Fernández Silvestre fue ascendido a coronel. Su progresión, lenta y prudente, entre el recelo francés y la presión germana, culminó, tras la ocupación del zoco Had de la Garbía, con la entrada, el 17 de agosto de 1912, en Arcila. En ese momento, en la ciudad había un destacamento francés, con el pretexto de vigilar el tendido de la línea telegráfica a Tánger. La presencia de Fernández Silvestre obligó a los franceses a evacuar la ciudad, lo que irritó a París, que se quejó a Canalejas. Pero el presidente del Gobierno español respaldó al coronel. El Raisuni, satisfecho porque se había librado de los franceses, presentó como gesto de amistad la autorización a Fernández Silvestre a establecer un pequeño destacamento español en este lugar. Pero Fernández Silvestre comenzó a recibir constantes quejas de los vasallos de El Raisuni por su extorsión y su maltrato. Además, El Raisuni no cumplió sus 180 compromisos con los españoles: siguió cobrando los tributos que se había comprometido a suprimir, mantuvo su fuerza militar y siguió con sus usurpaciones de tierras, al tiempo que entraba en conversaciones secretas con empresas alemanas. El Raisuni no estaba dispuesto a compartir su poder con las autoridades españolas. Por un lado pactaba con los europeos, pero por otro se proclamaba guardián de las tradiciones y dique contra la penetración y la ambición europeas. Fernández Silvestre propuso a El Raisuni como Jalifa el 31 de agosto de 1912. Pero también, dejándose llevar por los que acusaban a El Raisuni de utilizar métodos injustos y crueles, envió una columna para detener a la mehal-la que El Raisuni había destacado para castigar a la cabila rebelde cabila de Ahel Serif, atacándola en su campamento de Ulad Bu Maiza, tras exigir y no conseguir que se retirara. En la acción murieron dos soldados y otros dos resultaron heridos. El Raisuni acudió a Tánger a quejarse a las autoridades españolas y no le faltaba razón, pues el coronel había actuado sin permiso. El cónsul español en Larache, Zugasti se disculpó ante el Cherif, y Fernández Silvestre y El Raisuni volvieron a entrevistarse. Aparentemente volvió la cordialidad. En septiembre de 1912, Fernández Silvestre era consciente de la traición de Raisuni. Conocedor además de su crueldad en el trato con los prisioneros. En octubre de 1912, Fernández Silvestre comprendió que El Raisuni trataba a sus prisioneros con crueldad, al visitar una mazmorra donde se hacinaban los cautivos, algunos de ellos ya cadáveres, encadenados entre sí, sobre inmundicias y excrementos. Fernández Silvestre decidió romper con El Raisuni, horrorizado. No quiso entender que El Raisuni era un mal necesario para mantener el orden, y que si era suprimido, ese papel debería recaer sobre España, con el coste consiguiente; tampoco entendió que la justicia de El Raisuni era la que aceptaban los marroquíes porque era uno de ellos, era descendiente de un santo, y usaba métodos brutales para un europeo pero tradicionales para la sociedad marroquí. Fernández Silvestre, con buenos pero equivocados y poco prácticos sentimientos, estaba convencido de la necesidad de implantar el orden a través de la acción militar, y pensaba que el incumplimiento de los acuerdos por parte del Raisuni minaba su autoridad. De esta forma, prefirió enfrentarse a El Raisuni. En el proceso, hubo varios rompimientos y reconciliaciones, llevadas a cabo por el agente consular en Arcila Alfonso Gallego, y los diplomáticos marqués de Villasinda, ministro de Espapa en Tánger, y Zugasti, cónsul de España en Larache. Por otro lado, tampoco era consciente de hasta que punto era manipulado por los enemigos de El Raisuni, que 181 pensaban utilizar a España para destruir a su poderoso oponente. Su amargura le convenció aún más de que sólo la fuerza podría “extirpar las causas que se opongan por sistema a la implantación del nuevo régimen y al desempeño de la alta misión 188 confiada” . El gobierno, no obstante, prefería no incrementar el esfuerzo de guerra y pactar con el Raisuni Para Balfour, éste es un claro ejemplo del distanciamiento entre Gobierno y Ejército. Pero Balfour olvida que Fernández Silvestre no era todo el Ejército. El 12 de noviembre de 1912 fue asesinado el presidente del Gobierno, José Canalejas. Le sucedió al frente del gobierno liberal el conde de Romanones, que, al paso que cerraba las negociaciones con Francia ya descritas, ordenó a Alfau no intentar nuevas expansiones y colaborar con las autoridades indígenas, utilizando un tacto exquisito en el trato con los marroquíes, sobornando a los jefes y ofreciendo trabajo en las obras públicas. Pero las agresiones serían castigadas con dureza. El Raisuni se negó a dar explicaciones sobre las detenciones que practicaba. En realidad, sólo el ministro de Estado, cuyo representante más cercano era el ministro de Tánger, Villasinda, podía atender en los asuntos civiles de los marroquíes. Pero ante la insistencia y abundancia de las quejas y reclamaciones, Fernández Silvestre decidió intervenir El 30 de noviembre de 1912 ocupó el cuartel general del Raisuni, ordenó liberar a noventa y ocho acusados y rehenes retenidos en los calabozos de El Raisuni, la mayoría de ellos castigados por no pagar impuestos. Furioso, El Raisuni marchó a Tánger para quejarse ante el cónsul y el embajador españoles. Fernández Silvestre le ordenó regresar, y como El Raisuni se negó, se apoderó entonces del arsenal privado que El Raisuni tenía en Arcila, y sometió a arresto domiciliario a la familia del caíd. En Tánger se celebró una conferencia entre el marqués de Villasinda, El Raisuni, Fernández Silvestre, el coronel Barrera, y el intérprete Ruiz. El coronel Fernández Silvestre recriminó al Cherif que no cumplía los compromisos. El Raisuni, irritado, quería que Silvestre abandonara Marruecos, por lo que solicitó una entrevista con el jefe militar español de Tánger. El Raisuni conocía bien a Silvestre, y en cierta ocasión le había dicho "Tú y yo formamos la tempestad; tú eres el viento furibundo; yo, el mar tranquilo. Tú llegas y soplas irritado; yo me agito, me revuelvo y estallo en espuma. Y ahí tienes ahí la borrasca; pero entre tú y yo hay una diferencia; yo, como el mar, 188 Carta de Silvestre a Villasinda,, 6 de diciembre de 1912, en Raisuni, BN GF, caja 10, legajo 6, cit. por Balfour, S.: Abrazo mortal, p 80-81. 182 189 jamás me salgo de mi sitio, y tú, como el viento, jamás estás en el tuyo" . Pese a los esfuerzos diplomáticos, El Raisuni se negó a reconciliarse con Fernández Silvestre y se retiró a Zinat. Silvestre se había extralimitado en sus funciones, porque las autoridades españolas no estaban autorizadas a intervenir en las querellas internas marroquíes, mientras sus intereses no estuvieran en peligro. El ministro Luque, desde Madrid, desautorizó a Silvestre, y el cónsul de Tánger se apresuró a reconocer la autoridad de El Raisuni en los asuntos de su distrito de Yebala. Fernández Silvestre quiso dimitir el 5 de febrero de 1913, pero Madrid no la aceptó, al entender que si la hacía le daba un triunfo a El Raisuni, por lo que se negó a relevarle. El gobierno obligó a Fernández Silvestre a liberar a los familiares de El Raisuni que había tomado como rehenes, y a trasladarlos a Tánger con todo género de consideraciones. Se intentó que el Cherif aceptara valiosos regalos y que acudiera a Madrid a conocer al Rey; pero una vez con sus familiares liberados, El Raisuni se negó a pasar a España. Después se supo el nombramiento del nuevo Jalifa, y ello provocó el rompimiento. Al llegar el verano, El Raisuni se trasladó a su fortaleza de Tazarut, en el centro de la Yebala, y predicó la guerra santa contra los españoles. 1.3.7.2.- La ocupación de Tetuán. La ocupación de Tetuán de cierta consideración religiosa, causó malestar entre un sector de los marroquíes, cuando éstos comprendieron que no era temporal, e irritó a las tribus locales, corriendo además el rumor de que los soldados españoles molestaban a las mujeres. Los marroquíes estaban recelosos de que la ocupación española destruye a su religión, leyes y costumbres. La mayoría de los marroquíes ignoraba cuanto sucedía fuera de su comarca, incluso ignoraba qué sultán gobernaba. Desconfiaban del sultán y de las autoridades en general. Por eso, no entendían la situación política del país, y creían con facilidad que España había llegado para conquistar el país y extirpar del mismo la religión musulmana y las costumbres tradicionales, como se predicaba en los zocos. Uno de los jefes comarcanos, el Cherif Mohammad Ben Sidi Lahsen, se negó a negociar con los españoles y se dispuso a llamar a la guerra santa contra éstos. Alfau se 189 Ortega, Manuel L.: España en Marruecos. El Raisuni. Madrid, 1917, p. 112; la versión de El Raisuni en Forbes, R., El Raisuni, sultán de las montañas, Almuzara, Córdoba, 2010 (1924), p. 172-173, sitúa también a Zugasti en las reunión en cambio, no lo cita Bernudo Soriano, E., El Raisuni (Caudillo de la Yebala), Madrid, 1941. 183 vio obligado a exigir la entrega de las armas a los habitantes de la ciudad. A principios de junio, un destacamento del tabor xerifiano de Tetuán establecido en el Fondak de Ain Yedida tuvo que replegarse a la ciudad ante un fuerte ataque. Alfau diseñó un cordón de seguridad en torno a Tetuán, que llegaba hasta el Fondak, a 8 km de la ciudad. En las afueras de la misma se preparó un aeródromo. Estaba clara la resistencia de los marroquíes a la ocupación española. En opinión de Balfour, para los habitantes de la Yebala y Anjera, la presencia española perturbaba las rutas comerciales y perjudicaba la economía. Pero es más posible que la autoridad española socavara la de los poderes tradicionales, y fueran éstos los que propagaban la lucha contra los europeos, entre ellos, El Raisuni. Alfau era consciente de la necesidad de tener buenas relaciones con El Raisuni, y buscó para ello la intercesión de su pariente, Muley Sadec Raisuni, caíd de Alcazarquivir. Pero para entonces El Raisuni estaba muy resentido con Fernández Silvestre, y por no haber sido designado Jalifa. La situación se tensaba. En junio de 1913, el conde de Romanones realizó una visita a Argelia y Marruecos invitado por el empresario vasco Horacio Echevarrieta. En Uxda, en el protectorado francés, al atravesar con el automóvil un aduar, un muchacho lanzó una piedra contra el coche, rompiendo el cristal e hiriendo al conde en la cabeza, provocándole una hemorragia. El joven fue detenido, “pero fueron tantos los llantos de sus familiares para que no lo lleváramos a Uxda, tantos los lamentos que lanzaban hincados de rodillas cerrando el paso de la carretera, que al final nos apiadamos y continuamos sin él”. Era una muestra del rechazo de los marroquíes a la presencia 190 extranjera . 191 1.3.7.3.- La insurrección de El Raisuni: Laucién . El nombramiento del Jalifa en abril de 1913 irritó a El Raisuni, “el Sultán de la montaña” y Pachá de Arcila, que se negó a visitar al Jalifa en Tetuán. Desairado, se retiró a las montañas de Zinat, desde donde azuzó golpes de mano contra las tropas e instalaciones españolas cercanas a Tetuán. Se le destituyó entonces de su dignidad de bajá, y Fernández Silvestre propuso su sustitución por Drir es Riffi, mortal enemigo de El Raisuni. Éste llamó a la guerra santa contra los españoles. Sus harkas comenzaron a tirotear a los soldados españoles o indígenas, y asaltaron una granja española asesinando 190 Romanones, C. de: Notas de una vida (1912-1931), Espasa Calpe, Madrid, 1947, p. 90. 191 Muñoz Bolaños, R., “Operaciones militares” en De Mesa y otros, Las Campañas de Marruecos 1909- 1927, p. 111-120; Martínez de Campos, C., España bélica. El siglo XX, p. 134-144; Gárate Córdoba, J.Mª, (dir) , “Las laureadas de Arrerdondo y las bayonetas de Laucién”, en España en sus héroes, Ornigraf, Madrid, 1969, p. 299-320. 184 a sus habitantes. La insurrección contra España creció atizada por El Raisuni y por la xenofobia de los marroquíes. Las cabilas de Ajmas, Beni Ider, Beni Aros, Gomara, Beni Hassab, Haus, Uad Ras y Anyera comenzaron a lanzar ataques y embocadas. Las guerrillas de los rebeldes ocuparon Ben Karrish, en las faldas del Morgues, muy cerca de Tetuán, y cortando la carretera entre Teután y Tánger, y casi sitiando a los españoles en la primera. Alfau pidió al ministro de la Guerra, general Luque, 10.000 hombres más, aparte de los 10.000 que ya tenía. Llegó a Ceuta la Brigada de Cazadores, al mando del ya general Miguel Primo de Rivera. Alfau propuso a Fernández Silvestre dividir el territorio en tres bajalatos, Alcazarquivir, Larache y Arcila, nombrando para ellos a marroquíes simpatizantes de España y enemigos de El Raisuni. La violencia de la resistencia indígena fue contestada con violencia creciente por parte de los oficiales españoles. Alfau llegó a decapitar prisioneros, como medida de represión, aunque lo 192 negó públicamente . En realidad, las potencias colonizadoras utilizaban la brutalidad para sojuzgar a los nativos. Los ataques de Raisuni y Lahsen sobre las líneas españolas aumentaban. Alfau decidió construir pequeños fuertes en zonas estratégicas sobre las carreteras, para controlarlas y protegerlas. Las cifras de pérdidas españolas en Marruecos aumentaban. Alfau decidió cortar el paso a las guerrillas de El Raisuni ocupando Laucién, desde donde se controlaba el puente Busceja y se podía bombardear el valle del río Martín, pasos naturales para las harkas hostiles. Esta misión fue encomendada al general Miguel Primo de Rivera. Primo de Rivera organizó dos columnas, una encargada de tomar la población, y otra que debía procurar el aprovisionamiento y construir fortificaciones para asegurar el poblado. El día 11 de mayo de 1913, el general Miguel Primo de Rivera ordenó a la fuerza salir de Tetuán; eran las 3:00 horas. La primera columna, que debía tomar Laucién, iba a las órdenes del coronel José García Moreno, y estaba formada por el Batallón de Cazadores de Madrid, el grupo de Ametralladoras, una batería de montaña, dos compañías de la Milicia Voluntaria de Ceuta, de colorido uniforme, y una estación heliográfica. García Moreno debía tomar Laucién, y seguidamente rebasarlo unos 2 km y formar un perímetro de seguridad alrededor del poblado, mientras la segunda columna, que marchaba detrás, lo abastecía, municionaba y fortificaba. Seguidamente, 192 Balfour, S.: Abrazo mortal, p. 94. 185 la segunda columna se replegaría hacia Tetuán, y las fuerzas de García Moreno se encerrarían en Laucién. La segunda columna estaba integrada por el batallón de Cazadores de Barbastro, una compañía de la Milicia Voluntaria de Ceuta, una compañía de ingenieros, y un escuadrón de caballería; salió de Tetuán a las 5:00 horas, dirigida por el propio general Primo de Rivera. Una tercera columna, compuesta por un Batallón de las Cazadores de Arapiles nº 9, salió de Tetuán a las 9:30. Su propósito era situarse en las lomas del poblado de Sansa, a medio camino entre Tetuán y Laucién, para proteger el repliegue de la segunda columna hacia Tetuán. El trayecto entre ambas ciudades duraba unas tres horas. Laucién fue ocupada tras vencer una débil resistencia. La primera columna se situó como estaba previsto a unos dos km fuera de la población, mientras la segunda la aprovisionaba y fortificaba. Los hombres de El Raisuni se apercibieron de los movimientos españoles, y atacaron las posiciones del perímetro de García Moreno, defendido por los Cazadores de Madrid y la Milicia Voluntaria, pero fueron enérgicamente rechazados. Los harqueños intentaron avanzara hacia las posiciones españolas pegándose al terreno, para rodearlas, pero los españoles se mantuvieron firmes. A las 16:00 horas, Laucién esta fortificado y abastecido. Era el momento en que la segunda columna debía abandonar la población, y la primera replegarse dentro de ella, quedando al mando de la misma el coronel García Moreno. Dado el acoso de los harqueños, se decidió transportar las piezas a brazo. Lo normal era moverlas a lomos de mulas. Cada pieza era transportada por dos hileras de tres mulas: la primera de la izquierda transportaba la cuna, la segunda el mástil y la tercera las cajas; la primera de la derecha cargaba los escudos, la segunda la cureña y la tercera, el cañón. Sufriendo el acoso de los “pacos”, la infantería y las piezas se fueron replegando hacia las casas. Conforme avanzaba la tarde, los harqueños incrementaban la presión. El capitán Modesto Aguilera ordenó montar de nuevo la pieza para amedrentar a los atacantes. Sólo se pudieron montar dos piezas, hasta que llegó la infantería y rechazó a los hostigadores. Mientras tanto, a las 11:00, el Batallón de Arapiles, al mando del teniente coronel Alfredo Castro Otaño, llegó a las lomas de Sansa, que dominaban la carretera del Fondak. A las 16:30 recibieron aviso de que la segunda columna había iniciado el regreso a Tetuán. Esta fuerza era seguida por grupos de harqueños, que la espiaban y esperaban el momento propicio para acometerla. 186 Apenas pasó la segunda columna hacia Tetuán, los harqueños atacaron a los Cazadores del Arapiles. Castro Otaño decidió seguirlos pasos de la segunda columna, cubriendo su repliegue, dejando en retaguardia a la Compañía del capitán Tejero. La táctica fue la acostumbrada: cuando los harqueños se acercaban demasiado, los oficiales españoles ordenaban calar bayonetas y cargar, lo que rápidamente provocaban la huída de los hostigadores. Era una táctica eficaz, pero sangrienta, sobre todo entre los oficiales, que centraban el tiro de los harqueños: el propio teniente coronel Castro Otaño fue herido al encabezar una carga de la Tercera Compañía; el teniente Pablo Arredondo fue herido gravemente en un combate al arma blanca. Mientras las columnas se retiraban hacia Tetuán, Laucién fue acosada durante toda la noche, hasta el amanecer del día 12 de junio. García Moreno pidió refuerzos por heliógrafo, lo que llevó al general Primo de Rivera a enviar una expedición formada por los batallones de Ceuta, Serrallo, de los cazadores de Llerena, una compañía de la Milicia Voluntaria, un tabor de Tetuán y una batería de montaña. Esta columna sufrió varios ataques sin importancia, y pudo llegar a Laucién, regresando a Tetuán y evacuando enfermos y heridos. El total de bajas fue de dos oficiales y siete soldados muertos; y un jefe, seis oficiales y cincuenta y tres soldados heridos. Los días 13 y 14 de junio, nuevas columnas reforzaron a la guarnición de Laucién, con un batallón del Regimiento Saboya nº 6, y otros dos del Wad-Ras. El alto Comisario, general Alfau, había planeado concentrar en Laucién a sus fuerzas de Cazadores. El general Arraiz de Conderena reunió una brigada de infantería y la trasladó a Tetuán. El día 15 de junio, a las 5:00 horas, una nueva expedición del general Primo de Rivera debía abastecer Laucién. Un convoy de 90 acémilas fue escoltado por los batallones de cazadores de Llerena, Arapiles y Barbastro, dos secciones de ingenieros y una batería de montaña. La columna fue duramente hostigada, pero se abrió paso y alcanzó su objetivo. Se guarnecieron dos nuevos puestos, uno por el batallón de Llerena y una batería, y otro por el de Barbastro. La Compañía de Milicia Voluntaria de Ceuta regresó a Tetuán. Laucién quedaba bien abastecida y guarnecida, y podía servir de base para expediciones de castigo. El día 19 de junio se realizó ya una expedición de este tipo: dos columnas integradas por seis compañías de los Cazadores de Madrid y Barbastro, el grupo de Regulares de Melilla, un escuadrón del Regimiento Vitoria, y dos compañías de los 187 Cazadores de Llerena, salieron a las órdenes del general Primo de Rivera. La primera iba al mando del coronel García Moreno, que se situó en las estribaciones de Uadrás, para proteger el flanco de los Regulares; la segunda estaba bajo la autoridad del coronel Berenguer, que llegó hasta el sudoeste de Beni Ider. La primera columna fue la más castigada. Los Cazadores de Barbastro resistieron los embates del enemigo, hasta que a las 12:00 se inició el repliegue. Los harqueños, sabedores de que era un movimiento difícil y que exponía a las tropas, redoblaron su hostigamiento desde peñas y quebradas El capitán Fernando Torres Martínez se sacrificó y gravemente herido contuvo a los atacantes mientras sus hombres se retiraban; fue rescatado en el último extremo por los Regulares del coronel Berenguer. También el día 22 se realizó otra razzia sobre los Beni Ider. El día 24, las columnas de los coroneles Eloy Moreira Espinosa, Berenguer y García Moreno, atacaron a los harqueños apostados en Ben Karrish. Las bajas fueron, el día 19, de dos oficiales y seis soldados muertos; un jefe, tres oficiales y catorce soldados heridos, y dos oficiales contusos. El día 24 de junio cayeron tres oficiales y treinta y nueve soldados muertos, y un jefe, seis oficiales y sesenta y cinco soldados heridos, y un oficial contuso. 1.3.7.4.- El incidente del General Concha. Durante 1913, el gobierno de España quiso mantener una actitud pacífica, sin grandes movimientos militares y eludiendo las provocaciones de los rifeños. El nombramiento del general Gómez Jordana como comandante general de Melilla fue significativo en este sentido. Gómez Jordana era partidario de una penetración pacífica basada en el acuerdo con los marroquíes, y era un gran diplomático. No obstante, siguieron los asaltos y ataques a los pequeños destacamentos que iban en misión de aguadas o convoyes. Estos ataques tenían una motivación más propia de bandoleros que de patriotas, porque lo que se pretendía era apoderarse de armas y material. El general Francisco Gómez Jordana, nombrado comandante general de la zona oriental, propuso realizar un desembarco en Alhucemas para neutralizar esa área, una de las más rebeldes. Pero el plan se retiró ante el incremento de la revuelta encabezada por el Raisuni. El 11 de junio de 1913, a las 7:40 de la mañana, en los arrecifes de la playa de la Cebadilla, Busicú o Busclú, cabila de Bocoya, a 5 km de Alhucemas, en medio de una espesa niebla, el cañonero General Concha embarrancó. Su comandante era el capitán de corbeta Emiliano Castaño. Era un cañonero botado en 1883, desplazaba 518 t., media 49 m de eslora, 7’80 m de manga y 4’74 m de puntal. Iba armado con cuatro cañones de 42 mm y tres ametralladoras, Su dotación era de 95 hombres. El buque quedó a poca 188 distancia de la costa, cerca de una escarpada colina que permitía batir desde arriba la cubierta del buque, con la proa hacia la costa. Se intentó reflotarlo, lanzando anclas y espías a popa, sin resultado. De resultas de la colisión se abrió una importante vía de agua en la roda. Ante la necesidad de ayuda, se envió en un bote al alférez de navío Luis Felipe Lazaga, junto con el coronel de Estado Mayor Basterra, para llegar hasta Alhucemas y dar noticia de lo sucedido. Se botó también el chinchorro para reconocer el barco. Pronto los rifeños se apercibieron de la presencia del buque y de su comprometida situación, por lo que decidieron atacarlo, posiblemente para saquearlo y capturar prisioneros para rescatar a cambio de dinero. Comenzó una granizada de disparos, cayendo muerto el marinero José Piñeiro y herido el alférez de navío Rafael Ramos- Izquierdo. A éstos pronto siguieron otros, por lo que el practicante, José Quiñón, se enrolló en una colchoneta para protegerse burdamente de los disparos y poder acercarse a los heridos por la cubierta acribillada. Era imposible cubrir las ametralladoras, y era peligroso disparar los cañones con el barco varado y haciendo agua. Fue perentorio despejar la cubierta. Los rifeños embarcaron en sus botes e intentaron abordar el barco y apoderarse del chichorro. Desde los portillos del cañonero, los marineros disparaban y rechazaban los ataques. A las 12:30, unos cuarenta rifeños abordaron el buque, iniciándose un combate cuerpo a cuerpo, en el que los invasores fueron rechazados, pero en su huída arrastraron consigo a cinco prisioneros y botín. El fuego desde la costa obligó a los españoles a ponerse a cubierto, mientras los rifeños se retiraban a la playa. Sobre las 15:30 reanudaron el ataque e intentaron abordar el barco. En este combate murió el capitán Castaño, con lo que el alférez de navío Ramos-Izquierdo, herido en un brazo y sangrando, tomó el mando del buque, manteniendo el fuego desde la popa. El buque se iba inundando lentamente. A las 17:00 horas llegó el cañonero Lauria, que tuvo que mantenerse a unos 700 m de distancia para no embarrancar y no verse sometido al fuego enemigo. Los rifeños, en la playa, se vistieron con piezas de uniformes españoles robados a bordo del barco, con lo que desde el cañonero no se podía averiguar con certeza qué estaba pasando. Aprovechando la caída de la noche, los rifeños ofrecieron parlamentar. El alférez Ramos-Izquierdo intentó engañarles referente a las armas y el dinero, guardando parte de éste en sus bolsillos, pero no lo consiguió al ser registrado. Se generó entonces una confusión, que aprovecharon algunos marineros para botar el chinchorro, subir a bordo algunos heridos e intentar alcanzar el Lauria. Los 189 rifeños los descubrieron y comenzaron a tirotear el bote, hasta dañarlo; no obstante, consiguieron llegar al cañonero e informar de la confusa situación. El Lauria comenzó a disparar sobre la costa, con lo que desalojó a los francotiradores de las rocas. Para entonces, el General Concha tenía ya un palmo de agua en su cubierta. A bordo del mismo, los rifeños solicitaron una tregua para retirar a sus heridos, pero una vez hecho esto, volvieron a disparar sobre los españoles. Ramos-Izquierdo ordenó subir a los heridos a un bote y trasladarlos al Lauria, mientras éste disparaba sobre la costa para cubrir el avance de la pequeña embarcación. Los heridos llegaron al cañonero y fueron puestos a salvo. Cuando el agua llegó a la cubierta del General Concha, a la 1:00 del día 12, el alférez Ramos-Izquierdo dio la orden de abandonar el buque, y pese a sus heridas, dirigió la evacuación. Los rifeños entonces abordaron el buque, y allí capturaron a nueve hombres, uno de ellos el alférez, con tres heridas. El General Concha fue finalmente hundido y destruido por el fuego del Lauria, el Reina Regente y el Recalde. La porfía por el General Concha costó dieciséis muertos, diecisiete heridos, y catorce prisioneros españoles; se desconocen las bajas rifeñas.Algunos prisioneros fueron rescatados por dinero, y otros se escaparon con la ayuda de un confidente de Alhucemas, El Harbi, y de un español, Joaquín, que penado en el peñón de Alhucemas, se había fugado e integrado en la sociedad rifeña. El alférez, junto al maquinista Casal, el contramaestre Mateo, el fogonero Llagostera y el marinero Barroso, alcanzaron una pequeña embarcación preparada por El Harbi y Joaquín, y se hicieron a la mar. Fueron descubiertos y perseguidos, pero la aparición del cañonero Recalde les salvó, El penado 193 fue indultado, y Ramos-Izquierdo recibió la Laureada por su valor . 1.3.7.5.- La campaña contra El Raisuni en la segunda mitad del año 1913. El 7 de junio de 1913 Romanones comunicó al rey a incapacidad de Alfau para restaurar el orden, pese a contar con 24.000 soldados. Alfau contestó afirmando que la calidad de sus soldados y del material era muy baja. Lo cierto es que la estrategia del Alto Comisario fue criticada por varios de sus colegas militares: el general Menacho, comandante general de Ceuta; el general Servando Marenco, jefe del Estado Mayor de Ceuta; el general Dámaso Berenguer. La carretera entre Ceuta y Tetuán fue hostigada 193 Marina, A.: “La heroica defensa del General Concha”, en Serga. Historia Militar del siglo XX, nº 66, p. 2-10. El alférez de navío Rafael Ramos-Izquierdo y Gener murió fusilado por milicianos comunistas en noviembre de 1936; Gárate Córdoba, J.Mª, (dir) , “Zafarrancho de combate en el cañonero ‘Concha’, en España en sus héroes, Ornigraf, Madrid, 1969, p. 321-352. 190 durante todo el verano de 1913. Alfau fue relevado por el general José Marina y Vega; Fernández Silvestre ascendió a general de brigada, Gómez Jordana fue nombrado comandante general de Melilla. En la zona de Larache, el 5 de junio los harqueños de Beni Gorfet atacaron Cudia Fraicatz, en el camino de Larache a Arcila, y el campamento de T’zenin. La inseguridad amenazaba Arcila, por lo que Fernández Silvestre dispuso una operación, atacando el 12 de junio el aduar Mezora, y el 18, el Zoco el Arbáa de Ait Aixa, incendiando el zoco y algunas cosechas próximas como castigo. El 19 de junio fue ascendido a general de brigada. En la madrugada del 7 de julio, los hombres de El Raisuni atacaron Alcazarquivir, para raptar al bajá El Ermiki, amigo de España, y a su sobrino, el caíd Melali. El comandante Gonzalo Queipo de Llano, que ya se había distinguido en algunas acciones en el Grupo de Caballería de Larache, puso a sus hombres en pie precipitadamente y con la caballería salió del campamento a la noche, mientras la infantería del Regimiento de Covadonga fijaba al enemigo, Queipo contraatacó al enemigo por la retaguardia desde el exterior, y huyeron. En ese momento atacó el poblado otra harka enemiga, y el comandante, sin dudarlo, cargó contra ella, rechazándola. Seguidamente se replegó sobre Alcazarquivir, pero aún realizó una tercera carga, para rescatar a algunos de sus hombres que quedaron desmontados atrás y que estaban siendo hostigados. Para entonces, a Queipo le quedaban unos cuarenta hombres, que hicieron pie a tierra, y formando un círculo, se defendieron a tiro limpio hasta la llegada de refuerzos desde el poblado. El coste fue de dieciocho soldados muertos, y un jefe, tres oficiales, diecisiete soldados y un ascari heridos, más un soldado contuso, amén de treinta y cuatro caballos. El Raisuni aprendió la lección y no volvió a hostigar Alcazarquivir. Por esta brillante acción, Queipo fue ascendido a teniente 194 coronel por méritos de guerra . Fernández Silvestre inició su campaña contra El Raisuni, ocupando en julio Rafait y Yumáa el Tolba; el 3 de agosto, Ulad Alí; entre el 16 y el 18 de agosto ocupó Cuesta Colorada, Buisa y Meyaban, comunicando Arcila con Tánger por tierra. Sin embargo, las hostilidades continuaban. El 24 de julio de 1913, un destacamento mandado por el segundo teniente José María Fernández de Córdoba y Palomares, al frente de un cabo y doce soldados, encargado de realizar la aguada y 194 Casas de la Vega, R., Seis generales de la Guerra Civil, Fénix, Madridejos, 1998, p. 118-121. Su anterior ascenso a comandante había sido por antigüedad. Unas semanas atrás se le había concedido la cruz de María Cristina.. El 1918 ascendió a coronel por antigüedad. 191 descubierta en el río Smir, en Ceuta, fue atacado por unos rifeños emboscados. A los primeros disparos cayeron heridos el teniente y seis soldados, y muertos el cabo y otros dos soldados. El oficial reorganizó a sus hombres y contestó al fuego, provocando la huída del enemigo. Poco después, falleció de sus heridas. El 15 de agosto de 1913, treinta y ocho soldados del Regimiento de Infantería Córdoba nº 10, al mando del teniente Antonio Díaz Martín, conducían ocho acémilas para proveer a los puestos de Fahama, Alfersiau y Federico. Tras dejar atrás en puesto de Cudia Federico, y atravesando el llano de los Castillejos, hacia la posición de la Condesa, fueron atacados por moros emboscados. La escuadra que iba en servicio de descubierta fue rápidamente abatida y también el teniente fue herido, con lo que el sargento Manuel López Muñoz se hizo cargo del mando y comenzó a dar órdenes para repeler el ataque. Los mulos, cuya carga de municiones, armas y víveres eran uno de los principales objetivos del ataque, fueron puestos a cubierto. Al oír los disparos en la posición de la Condesa, el teniente Gómez Cabanillas salió al frente de su sección. Al llegar al lugar del combate, 27 hombres del Córdoba estaban muertos o heridos, y el sargento López Muñoz seguía dirigiendo a su grupo, herido en ambos brazos, la cadera y el pie. Los insurrectos se dieron a la fuga. Los rebeldes sometían a las fuerzas españolas a un goteo de muertos y heridos con este tipo de acciones, que los militares españoles juzgaban traidoras. El 16 de agosto de 1913 fue hostilizada la escuadra del cabo Salvador Miguel Figueroa, también del Córdoba nº 10, cuando protegía a la patrulla del sargento Juan Cosano. La escuadra se adelantó para establecer un perímetro de seguridad. Los emboscados, ocultos entre chumberas y rocas, les esperaban, y cuando se pusieron a tiro, les dispararon. De los cinco hombres de la escuadra, tres murieron, y el cabo quedó gravemente herido. El sargento Cosano acudido en su ayuda, y entonces los rifeños escaparon. La situación en Tetuán se complicó cuando los de Anyera decidieron ir a la guerra contra España. En vista de la escalada de hostilidades, el gobierno de Romanones consideró que Alfau no había sabido dirigir la guerra, y debía ser sustituido. Romanones obtuvo su dimisión, el 14 de agosto de 1913, y seguidamente nombró para sustituirle al teniente general José Marina Vega, que tomó posesión el 23 de agosto. El general Marina dispuso dividir el territorio en dos zonas de operaciones: una, entre Ceuta y el Rincón del Medik, a cargo del general Ramón García Penacho; y desde el Rincón del Medik a Laucién, para el general Aguilera. El 2 de septiembre, un convoy que salió de Ceuta para aprovisionar los Cudias, fue atacado. Parte de la carga y el 192 ganado tuvo que dejarse en Cudia Federico, y las bajas fueron de dos oficiales y siete soldados muertos, y dos soldados indígenas heridos. Este hecho decidió a Marina a actuar. Ordenó a Arráiz a trasladarse a la posición de Condesa con su brigada, donde se uniría a nuevas fuerzas procedentes de Ceuta, para aprovisionar los Cudias y retirar de Cudia Federico el ganado allí depositado. El 4 de septiembre, Arráiz realizó la conjunción de sus fuerzas, y al día siguiente realizó la misión. El día 7, Arráiz dispuso un reconocimiento ofensivo hacia el Biutz, para convertirla, de poder pasar, en una expedición de castigo. Arráiz no consiguió su objetivo táctico, pero sí estratégico, porque golpeó duramente a las harkas, que por un tiempo suspendieron su actividad, reservándola para emboscadas y golpes de mano. En esta acción cayeron dos oficiales y cinco soldados muertos, y un oficial y quince soldados heridos. Marina decidió la creación de una serie de blocaos, posiciones o fortines para guarnecer el territorio, táctica que ya había desarrollado en la zona de Melilla anteriormente. De esta forma se custodiaban las rutas. La ciudad de Tetuán fue rodeada por una cadena de fortines y blocaos para defenderla y dar seguridad a las comunicaciones con Ceuta, Laucién y Río Martín (Uad el-Marchi). Se establecieron dos reductos en el flanco derecho, en la loma de la Silla y la loma de Arapiles, y otro en el flanco izquierdo, el del Mogote, rebautizado como de Izarduy. Los rebeldes intentaron obstaculizar la construcción de estos fortines. Uno de estos fortines se estaba instalando en la posición del Mogote. Para protegerlo, se envió un convoy, que además debía proteger el relevo de parte de la guarnición de Laucién, en 22 de septiembre de 1913. El capitán Ángel Izarduy ocupó una de las alturas que protegían el Mogote. Pero al iniciar el repliegue, el oficial cayó, y pese a los esfuerzos de sus hombres, no se pudo rescatar el cuerpo. Llegó entonces el capitán Emilio Mola Vidal con su compañía. El terreno a tomar para llegar hasta el cadáver era batido por el fuego enemigo, pero recuperarlo se había convertido en una cuestión de honor. Este tipo de comportamiento, de pugna directa con el antagonista se convirtió en uno de los sellos típicos de las campañas marroquíes: no permitir que el enemigo se saliera con la suya, aun cuando la ventaja táctica en disputa fuera mínima o sencillamente inexistente. Este empecinamiento tenía más que ver con impedir una victoria moral que con el estricto objetivo militar: privar al contrario de una satisfacción. Este comportamiento fue algo típico de los militares africanistas, y ayuda a entender la postura de Mola, Varela o Franco en algunas situaciones posteriores, como por ejemplo, la pugna por Teruel en la Guerra Civil. 193 El capitán Mola tuvo que ceder cuando uno de sus tenientes, Sánchez Peralta, también cayó herido. El coronel Dámaso Berenguer ordenó entonces un movimiento más amplio, y el cuerpo del capitán Izarduy fue finalmente recuperado por los Regulares de la compañía del capitán Cuevas, hábilmente flanqueada por una sección de la primera compañía al mando del teniente Francisco Franco Bahamonde. Se cuenta la anécdota de que al ver avanzar la sección, Berenguer preguntó quién la mandaba, a lo que se le contestó que su oficial era “el teniente Franquito”. En esta época era normal el uso de estos diminutivos o motes cariñosos: a Varela se le llamará “Varelita”, a Miaja, “Papá Miaja”, al hijo de Fernández Silvestre, “Bolete”… En Larache se estableció una cadena de posiciones de 75 km de longitud, entre Tánger y el río Lucus, límite con la zona francesa. El objetivo era salvaguardar la zona costera, que era fiel al Sultán (Blad el Majzen) de la zona interior, rebelde al mismo (Blad es Siba), y que sufría ataques y rapiñas de la segunda. El 28 de septiembre se ocupó Xarquía, el 5 de noviembre Bufás, el 12 de diciembre Seguelda, y el 21 de diciembre, Cudia Abib. La llegada de las lluvias interrumpió la progresión de Fernández Silvestre. Se decidió enviar una parte de la naciente fuerza aérea española al territorio marroquí para participar en la campaña. El coronel Pedro Vives se trasladó a Marruecos, eligiendo como aeródromo el campo de Sania Ramen, en Adir. El 18 de octubre de 1913, el capitán Alfredo Kindelán recibió el encargo de organizar una escuadrilla, la cual debía organizarse en tres escalones: el escalón volante, los aviones propiamente dichos; el segundo escalón, el camión taller; el tercer escalón, un automóvil para inspección, reconocimiento y comunicaciones. España se convirtió así en pionera de la aviación bélica. Tras un desfile ante el rey, la escuadrilla, al mando del capitán Barrón y de los tenientes Olivié, Ríos y Espín, llegó a Marruecos. Se componía de cuatro aviones Farman de 70 HP, cuatro Lohner de 90 HP, y 4 Nieuport de 50 HP, que fueron embarcados en el Almirante Lobo el Algeciras, y trasladados a Ceuta. En 1911 los italianos ya habían utilizado los aviones como instrumento de reconocimiento y observación en la campaña de Tripolitania, conjuntamente con globos. El objetivo de la escuadrilla era tener listos para el vuelo ocho aparatos, y otros cuatro en reserva. Se contaba con un remolque y cuatro camiones para el servicio, más un automóvil rápido y un camión almacén. Se disponía de bombas y visores alemanes “Carbonit”. El 28 de octubre de 1913 llegaron los aviadores a Tetúan, instalando su campamento y montando los aviones. El 2 de noviembre de 1913 se realizó el primer 194 vuelo, con un aeroplano Nieuport, el teniente Alonso y su observador, el alférez Sagasta. Pese a los inconvenientes provocados por la guerra, España intentaba mejorar la situación del territorio. En 12 de octubre de 1913 se inauguró el ferrocarril Tetuán-Río Martín, primer eslabón de lo que debía ser el ferrocarril que uniría Ceuta y Tetuán. Las gestiones del Alto Comisario, general Marina, para pacificar la región, parecía que daban fruto. No obstante, los insurrectos también atacaban a los “moros amigos” de España. Para proteger a las cabilas partidarias de España en la comarca de Kuff, se estableció un blocao en el alto de Mahara. Para proteger su construcción se estableció una columna al mando del comandante Salvador Acha, con una compañía del Regimiento de Córdoba, una sección del Regimiento Borbón, y un teniente con 3 ascaris y 17 indígenas de la harca de Kuff. Este teniente era León del Real Bienert, e iba en posición de vanguardia de la columna, reconociendo el terreno, el 3 de octubre de 1913. El enemigo emboscado quiso impedir la ascensión a la colina de Mahara. El teniente del Real, a caballo, fue abriéndose paso, dando ejemplo a sus hombres. Su objetivo era desalojar a los tiradores hostiles, resguardados tras una cerca de piedra. Fue herido en una pierna, que sangraba mucho, pero siguió adelante instando a seguir avanzando. El comandante le ordenó volver a retaguardia a curar su herida, pero del Real manifestó que no tenía importancia, que en cuanto acabara la misión, se presentaría ante el médico. Entonces, ordenó a sus hombres acercarse más a la posición. El caballo fue herido, y el teniente, pie a tierra, siguió dirigiendo la operación. Fue herido por segunda vez, ahora en la rodilla derecha. Pero, tras media hora de pérdida de sangre, continuó estimulando a sus indígenas, que enardecidos por su ejemplo, se lanzaron al asalto y tomaron la cima del montículo. El teniente del Real sobrevivió, con la pierna izquierda amputada. Se le otorgó la Laureada. La postura de muchos rifeños era favorable a España: “Ayer se presentó en Xarquia el cherif de Duar Rfaf para dar gracias porque el cañoneo de la posición 195 ahuyentó a los yebala que acudieron para robarles ganado” . También los benimasaguar expulsaron de su territorio a los de la cabila de Anghera, que pretendían atacar a tropas españolas. Por otro lado, los confidentes advertían de los movimientos de las tropas harqueñas, y sobre todo de las reuniones de sus líderes. Los insurrectos no 195 ABC, Madrid, 19 de diciembre de 1913, p. 13, “Guerra en la Zona Española. Noticias de El Garb”. 195 sólo atacaban a las tropas españolas. El día 18 de diciembre hostilizaron a la Mejal-la del Jalifa en Dersa. La guerra no era sólo contra una potencia ocupante, el objetivo de la mayoría de estas acciones era el pillaje de “fusila” y municiones. En esta ocasión, el comandante Cabanellas acudió al oir el tiroteo, y contribuyó a rechazar a los atacantes. En el mes de noviembre de 1913 continuaron los actos hostiles y las emboscadas. Ese mes, el día 4, se realizaron vuelos de ensayo en Laucién, y comenzó a reconocerse el terreno y a fotografiar la posición del enemigo. Dado que era un terreno desconocido, estas acciones eran muy importantes para establecer la topografía. El día 5 de noviembre se realizó un bombardeo aéreo, posiblemente el primero de la Historia, 196 lanzando bombas sobre las posiciones enemigas en Laucien . El día 8, el infante don Alfonso de Orleáns y Borbón realiza un vuelo de reconocimiento de 40 minutos sobre territorio hostil. El día 16, los Farman realizaron otra importante misión de reconocimiento sobre Ben Karrix. Pero pronto los rifeños descubrieron que los aparatos eran objetivos fáciles de abatir. Los rifeños llamaban a los aviones, “et-tiara”. El día 19 de noviembre fueron heridos el piloto y el observador de un avión que reconocía el Monte Cónico. Ese día, los aparatos Farman salieron de reconocimiento. Uno de ellos iba pilotado por el teniente Julián Ríos Angüeso, llevando como observador al capitán Manuel Barreiro y Álvarez. El objetivo era el Monte Cónico. Dado el bajo techo de nubes, se vieron obligados a descender mucho, y quedaron al alcance de los disparos de los rifeños apostados abajo, en las laderas del monte. Ambos aviadores fueron heridos de gravedad. Ríos consiguió conducir el avión de regreso a su base, pese al dolor. Ambos fueron condecorados con la Laureada. 197 El 24 de noviembre de 1913 se iniciaron los bombardeos sistemáticos en los poblados de la desembocadura del Haira, apoyando un ataque de las tropas terrestres. Para lanzar las bombas, en los Lohner se ingenió un sistema que consistía en colgar los proyectiles de cuerdas, que eran cortadas con tijeras cuando el observador, a través del visor de bombardeo, juzgaba óptimo. Como los Farman no tenían fuselaje, a propuesta 196“Nadie nos disputa que España fue la primera nación que empleó el avión como arma de guerra. Al principio, tirábamos las bombas por el borde del fuselaje, pero la puntería dependía mucho del azar. Luego, llevábamos las bombas atadas al fuselaje con unos bramantes fuertes y cortábamos esas cuerdas con unas tijeras en elmomento oportuno. Después, ya pudimos utilizar lanzabombas especiales”: Kindelán, A., La verdad de mis relaciones con Franco, Planeta, Barcelona, 1981, p. 153. 197 Según otros, fue el 17 de diciembre de 1913, a cargo de los capitanes Barrón (piloto) y Cifuentes (observador) en un biplano Lohner Pfeilflieger austríaco con bombas model. “Gotha”. Martínez Canales, F.: “Biplanos de la Gran Guerra en España”, en Serga, nº 70, p. 4. 196 del teniente Barrón se instaló un tubo inclinado en el eje del avión, por el que se dejaban caer las bombas. Algunos de estos aviones se compraron con aportaciones voluntarias de ciudades españolas, por lo que se rotulaban los nombres de éstas en el morro de aquellos. Era un sistema que se utilizaba para incrementar el presupuesto militar. El piloto Ortiz Echagüe adquirió en París tres Morane Saulnier G, dos de ellos sufragados por el conde de Artal, uno de los cuales se incendió en pleno vuelo hacia España, por lo que los otros dos fueron transportados por tierra. Esto demuestra lo poco fiables y resistentes que eran aquellos aparatos. Tras la consolidación del aeródromo de Tetuán, el coronel Pedro Vives y el capitán Alfredo Kindelán iniciaron la instalación de otro en Arcila, al que se destinaron tres aviones Farman. La primera operación de colaboración aérea y terrestre en esa zona del Protectorado fue la ocupación del Zinat, en la cabila de Anyera. El apoyo de la naciente Aviación fue muy importante, por la inoperancia del bombardeo, problema resuelto con la observación realizada por los aviones. Durante un tiempo, muchos jefes militares eran escépticos ante la Aviación. Los aviones eran frágiles, con muchas debilidades, y no se les consideraba necesarios. Pero el 16 de diciembre, en el combate de Ben Karrich, la aviación realizó un bombardeo eficaz frustrando la operación de flanqueo de los harqueños, que habrían podido poner en apuros a las tropas españolas. Con el avance, se consiguió la ocupación del Foldak. Tras una breve visita a Madrid, el general Marina, Alto Comisario, regresó a Tetuán. En Europa se dudaba que España pudiera mantenerse en Marruecos. Entonces, se conoció una oferta hecha por los principales hombres de negocios alemanes en el norte de Marruecos, los hermanos Manessmann. Según El Imparcial, del 9 de diciembre de 1913, los Manesmann ofrecían llegar a un acuerdo con El Raisuni, a cambio de todos los derechos de explotación del interior de la zona. Según este acuerdo, los españoles debían retirar sus tropas a las zonas costeras que ocupaban antes de 1913, El Raisuni se convertiría en Jalifa, y nombraría a un funcionario responsable del orden público. Esta propuesta fue rechazada. El día 15 de diciembre, los Regulares tuvieron dos enfrentamientos, uno en Hayera y otro en Beni Salem, rechazando ambos. Al día siguiente, la harca de Ben Karrich atacó a fuerzas Regulares, al mando del general Berenguer, en Loma Amarilla. Fue derrotada y perseguida, y nuevamente vencida en el llano de Ben Karrich, como ya se ha dicho, con el decisivo apoyo de la fuerza aérea. Los Regulares, al día siguiente, 197 avanzaron hacia el cauce del río Hayera, segundados por las fuerzas del general Primo de Rivera y una batería de campaña. Berenguer se situó en las estribaciones de Menkal, en la cabila de Beni-Ider, mientras Primo de Rivera lo hacía en las alturas de Seguin, sobre el reducto de Izarduy. Berenguer mantuvo a raya todo el día a los harqueños de Ben Karrich, ocupando Dkar Menkal, mientras la caballería de los Regulares, en la llanura, apoyaba el movimiento de la batería y los cañones situados en Laucién. Se pudo así construir un blocao, con el apoyo de la aviación y de un globo cautivo de la unidad de Aerostación, que informaban de la situación y movimientos de los harqueños. Este blocao debía cubrir la orilla derecha del río, para impedir que se convirtiera en un punto donde a menudo se emboscaba a las tropas españolas. Por lo demás, el día 18 se atacó con fuego el Peñón y Alhucemas; sólo hubo un herido, contuso, al estallar un estopín a un artillero. Estos logros se vieron completados con el reconocimiento del macizo de Beni Amran, en Anghera, un territorio hasta entonces no hollado por los españoles, y de cabilas muy hostiles. Se formaron cuatro columnas, el día 19 de diciembre, que salieron de su campamento a las 4:00 horas. A las órdenes del general Berenguer iban las fuerzas Regulares, por el Dersa hacia Laucién; el general Aguado, con los regimientos Saboya y Wad-Ras; el general Primo de Rivera, con las fuerzas de Cazadores; y una cuarta columna de reserva al mando del general Santa Coloma, con los regimientos de Ceuta y Borbón y el batallón del Rey. El mando supremo de la operación correspondió al general Aguilera. Cada una de estas columnas llevaba su correspondiente caballería, artillería, ingenieros e intendencia. El conjunto de las fuerzas se encaminó hacia Beni Amran. Venciendo la resistencia enemiga, Primo de Rivera ocupó Beni Amran, pero tras comprobar que el lugar no reunía las condiciones necesarias para instalar un blocao, se ordenó al general Santa Coloma que tomara la Loma Amarilla, instalando el blocao bajo fuego enemigo los Cazadores de Llerena y Arapiles. Ante las descargas del enemigo, las tropas españolas cerraron distancias con él, mientras se le batía con artillería. El fuerte viento impidió utilizar los aeroplanos y el globo cautivo. A las 14:00 horas, los harqueños comenzaron a desplazarse desde Ben Karrich hacia Laucien, por la orilla del río. Fue necesario un fuerte cañoneo para cortarles el paso. No obstante, los de Samsa siguieron hostilizando el blocao. A las 15:00 horas, el blocao quedó construido, y se inició la retirada, siempre bajo fuego rifeño. Fernández Silvestre aprovechó el impacto provocado por la aviación para obtener la sumisión de algunas de las cabilas adictas al Raisuni, que mataron un toro en 198 señal de amistad hacia España. Tanto el general Marina como el coronel Fernández Silvestre no dudaron en subirse a esos frágiles aparatos para reconocer el terreno desde el aire. A finales de 1913, en el área de Ceuta se habían ocupado las siguientes plazas: en la dependencia de Larache, Mensah, Alcántara, Adir, Auamara Los Alemanes, Tzelatza de Reisana, Jemis del Sabel, Tarkunts y Cudia Fraicatz; en la dependencia de Alcazarquivir, Ulad Jedid, El Assel, La Neyma, Suhalach, Yumáa el Tolba, Sidi Aomar Gaitón y Kararua; en la dependencia de Arcila, Seguelda, Cuesta Colorada, Bufás, Xarquía, R’fait y T’zenin de SidiYamani. Pese a estos triunfos, por otra parte poco aireados en la prensa, se seguían suscitando manifestaciones y protestas contra la guerra. Como ejemplo podríamos citar la celebrada en Valencia el día 21 de diciembre de 1913, encabezada por un grupo de unas cincuenta mujeres, que con la pancarta “Viva España. Queremos la paz porque es la felicidad de la tierra”, recorrieron las calles en orden hasta llegar al Gobierno Civil, donde pidieron al gobernador el regreso de los regimientos Mallorca y Guadalajara, cuya sede estaba en esa Región Militar. El gobernador recibió a una comisión de los 198 manifestantes y les expresó que transmitiría sus deseos al Gobierno . 1.3.7.6.- 1914: la guerra de Marruecos salpica al rey. En el nuevo año, proseguían los ataques a posiciones españolas, y a los convoyes de suministros. Desde Larache, Fernández Silvestre estaba decidido a aumentar la zona de ocupación española y someter a los rebeldes, encabezados por El Raisuni. Su plan de acción pasaba por aislar Tánger de los yebalas y rebeldes, porque a través de esta ciudad les llegaban armas y municiones, y a continuación establecer contacto desde Larche y Arcila con Tetuán, de forma que la zona rebelde quedara dividida en dos, los Uad Ras al norte y los Anyera al sur, de forma que no pudiesen apoyarse mutuamente. Para ello, el 11 de enero de 1914 lanzó un reconocimiento ofensivo sobre Kesiva. Tropezó con una fuerte resistencia, pero el 3 de febrero ocupó Huata, y el 16, Muley Buselhan. El Raisuni se proclamó Sultán de su zona. Fernández Silvestre prosiguió con su campaña, entrando el 9 de marzo en Cudia abib, y el 14 en Kesiva. En mayo de 1914, el ya general Fernández Silvestre marchó sobre Zinat para capturar a El Raisuni, pero éste consiguió escapar y se refugió en Tazarut. Mientras tanto, el Alto Comisario general Marina intentaba negociar con el caudillo marroquí, siguiendo instrucciones de Madrid. 198 ABC, 21 de diciembre de 1913, p. 12. 199 Una vez más, la dualidad de objetivos y comportamientos en Marruecos, por un lado la campaña militar, y por otro la búsqueda de la paz a través de la negociación. El 3 de julio se ocupó Hayera Tuila, el 2 de agosto Sidi Buhara, el 15 de octubre Jenak el Bibán y Cudia Riba, y el 18 de noviembre, R’Gaia. En febrero de 1915, Fernández Silvestre acudió a Tetuán para entrevistarse con Marina. El Alto Comisario le informó sobre las conversaciones de paz con El Raisuni, y de la conveniencia de abandonar las operaciones sobre Zinat. Para entonces, la Primera Guerra Mundial alcanzaba un punto álgido. El gran problema que dilataba la guerra, era la falta de una orientación política clara. ¿Qué pretendía Madrid, imponer la paz apoyando el respeto a un gobierno indígena, o realizar una ocupación efectiva del Protectorado? Los diferentes Gobiernos intentaron responder a esta pregunta entre presiones de índole internacional –prestigio, ambiciones francesas y alemanas, intereses británicos- y nacional –oposición a la guerra, miedo a las revueltas, mantenimiento de un presupuesto militar bajo-. La falta de una postura política clara explica el constante cambio de objetivos: se quería aniquilar a El Raisuni, pero al mismo tiempo negociar con él para evitar el sobrecoste material y humano de la contienda; se establecían compromisos de protección a las cabilas sometidas que luego no se podían financiar. Todo esto llevó a la desorientación de los militares, unido al sentimiento de que su sacrificio y esfuerzo no era comprendido y valorado por muchos españoles. El coste político de algunas decisiones militares fue esquivado por los diferentes Gobiernos, y recayó directamente sobre el Rey. Prácticamente todos los autores afirman que Alfonso XIII fue uno de los grandes impulsores de las campañas, una idea cierta; ello, y su familiaridad y estrecho contacto con los militares, dieron la imagen de que el monarca tenía responsabilidades en las decisiones bélicas, erosionando su figura. Alfonso XIII simpatizó con los militares, y les apoyó, al ver en ellos una herramienta que podía devolver a España un orgullo y un papel internacional. Alfonso XIII se 199 interesó mucho por Marruecos, y su involucración acabó implicándole . Un ejemplo lo tenemos en que en 1909, el entonces presidente del Gobierno, Antonio Maura quiso limitar al máximo la acción militar. En 1914, su hijo, Gabriel 199 “Dedicación estuvo unida a responsabilidad. Con el paso del tiempo, un funcionario español africanista (…) acabó culpándole, sin razón, de todo lo sucedido [en Marruecos] no sólo en el período de Canalejas, sino también en el posterior hasta el momento en que se produjo el desastre de Annual. No era el culpable, pero el hecho de que se hubiera involucrado tanto tenía ese riesgo”: Tusell, J., Queipo de Llano, G, Alfonso XIII. El rey polémico, Taurus, Madrid, 2001, p. 226 200 Maura, acusó al general Marina de haber arrastrado al Gobierno más allá de lo estrictamente necesario para mantener la paz. Marina aconsejó al Gobierno, y dirigió la campaña, pero resulta difícil pensar que Antonio Maura fuera más allá de lo que él mismo deseaba. En todo caso, Gabriel Maura afirmó que fue iniciativa de Marina sobrepasar Beni Bu Ifrur y avanzar sobre Zeluán. Obviamente, se pensó que detrás de Marina estaba el Rey, con lo que de alguna manera él era responsable de los desastres 200 de la misma . Canalejas mantuvo la guerra por prestigio internacional, como lo haría Romanones. Pero éste abundó en las contradicciones, optando por la paz o por la guerra sin mantener una coherencia e impulsado por las circunstancias. El 27 de octubre de 1913, el rey designó al conservador Eduardo Dato presidente del Gobierno, al no aceptar Maura. El nuevo presidente se encontró con grandes dificultades para gobernar, pues contaba con la oposición conservadora de los “mauristas”, de los liberales y de los partidos no dinásticos. Intentó mantener la paz en Marruecos. Durante su gobierno, la relación entre el monarca y el Ejército se hizo más estrecha, pues Alfonso XIII influyó decisivamente en la carrera de muchos oficiales. Como señala Bachoud, la guerra permitió al rey aumentar su autoridad sobre el 201 Gobierno, gracias a sus apoyos militares . El Rey se convirtió en favorecedor de las carreras de muchos militares, lo que excitó envidias y rencores en otros. Un ejemplo lo tenemos en que Franco recurrió a Alfonso XIII para obtener su ascenso a comandante por méritos de guerra cuando tras la herida de El Buitz le fue negado por el Alto 202 Consejo Militar, y la obtuvo gracias a él . Alfonso XIII, de natural generoso, apoyaba a estos hombres. 1.4.- El Protectorado de Marruecos durante la Primera Guerra Mundial. 1.4.1.- El Protectorado de Marruecos al estallar la Primera Guerra Mundial. 1.4.1.1.- La organización militar en el Protectorado. Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, las operaciones en Marruecos se volvieron más tímidas, ante las dudas de entrar o no en la contienda. Finalmente, se optó por la neutralidad, dado que España, pese a hallarse dentro de la órbita diplomática 200 Bachoud, A.: Los españoles ante las campañas de Marruecos, p. 87. 201 Bachoud, A.: Los españoles ante las campañas de Marruecos, p. 94. 202 Bennassar, B.: Franco, Edad, Madrid, 1996, p. 47; Cortes Cavanillas, J., Alfonso XIII. Vida, confesiones y muerte, Prensa Española, Madrid, 1956, p. 243. 201 británica, mantenía muy buenas relaciones con los Imperios Centrales. Por otro lado, España no se hallaba inmersa en las tensiones coloniales y territoriales, así como las rivalidades económicas y militaristas, de las potencias en guerra. Para Payne, los problemas de organización del ejército y las dificultades en Marruecos hacían imposible para españoles imitar el militarismo de la mayoría de los grandes países europeos. En general, se pensaba que la mayoría de los oficiales eran proalemanes, como el teniente coronel Martínez Llorente, que con el seudónimo Armando Guerra, hizo proselitismo pro germano, por los tradicionales recelos con Francia, y la admiración por el ejército alemán, pero sin una vehemencia que indujera a llevar la cuestión hasta el rompimiento de la paz. La sociedad también estaba dividida, y algunos intelectuales se decantaron abiertamente por uno u otro bando, como Blasco Ibáñez al lado de la Entente. Al estallar la Gran Guerra, Francia suspendió las hostilidades en sus colonias. España, por su parte, intentaba establecer un statu quo de paz efectiva en el Protectorado, llegando a acuerdos con El Raisuni. Durante los años de la Primera Guerra Mundial, el Ejército español del Protectorado se dedicó más a labores de policía que de milicia, sobre todo al control de las carreteras y a mantener abiertas las comunicaciones. Las carreteras principales, siempre en condiciones deficientes para la época, salían de Tetuán hacia Ceuta, Larache, Río Martín y Tánger. El Alto Comisario, general José Marina, estableció un plan basado en establecer blocaos, posiciones y campamentos militares repartidos para garantizar la seguridad del territorio. En el sector occidental del Protectorado, las fuerzas militares principios de 1914 eran las siguientes. En Tetuán había dieciséis batallones de infantería, de los Regimientos de Infantería del Rey, de Mallorca, de León, de Borbón, de Saboya, de Ceuta, de Wad-Ras, de Córdoba; y de Cazadores de Madrid, Barbastro, Arapiles y Llerena; un grupo y dos secciones de ametralladoras, un Tabor de Regulares Indígenas, una sección de la Milicia Voluntaria de Ceuta y una sección de la Guardia Civil. Como fuerzas de Caballería estaban estacionados cuatro escuadrones del Regimiento de Vitoria y tres de Regulares Indígenas. De Artillería, se contaba con nueve baterías y cuatro compañías de Zapadores. En Tetuán había también una escuadrilla de aeroplanos. En la zona del Rincón se encontraban como fuerzas de Infantería dos batallones, dos compañías y un grupo de ametralladoras; de Caballería, una sección del Regimiento de Vitoria, y de Artillería, una batería del Primer Regimiento de Montaña. En la zona de Ceuta habían doce batallones de infantería de los Regimientos de Ceuta, del Serrallo, de Estella y de Borbón, más dos grupos de ametralladoras y dos secciones de la Guardia Civil. De 202 Caballería, cuatro escuadrones de Vitoria, Albuera y Villarobledo, una sección de la Guardia Civil; de Artillería, un grupo y 8 baterías; de Ingenieros, dos compañías, una de Zapadores y otra de Telégrafos de la Red de Ceuta. En 1914 se procedió a reorganizar las fuerzas indígenas. En el preámbulo de la Real Orden del 31 de julio de 1914, se argumenta que al aumentar la esfera de acción de España en Marruecos, se hace necesario aumentar y unificar las fuerzas indígenas del Protectorado. Estas fuerzas se unificaron en 4 tipos: la Policía Indígena, las Tropas Regulares, las tropas del Majzen (Gobierno marroquí del Jalifa), y las tropas auxiliares. La primera que había sido creada, fue la Policía Indígena, fundada por el coronel Larrea a raíz de la ocupación del Cabo del Agua, en marzo de 1908, para proteger a la cabila Quebdana, fiel a España, de las posibles represalias de El Rogui. En 1909 la compañía fue ampliada con tres más a pie, en la cabila de Guelaya, y otra mixta, a pie y a caballo, en Quebdana. Estas fuerzas participaron en la campaña del Kert. En 1912 ya eran seis las Compañías o Mías de la Policía Indígena, con 100 hombres cada una, mandadas por oficiales españoles, configurando un total de 665 áscaris o soldados a pie, y 201 de a caballo. La Policía Indígena de Ceuta se subdividía en dos Mías, con cabeceras en Tetuán y Condesa; la de Larache en tres Mías, con cabeceras en Larache, Alcazarquivir y Arcila. La Policía Indígena se dedicó no sólo a tareas relacionadas con el orden público o la vigilancia, sino que también tomó parte en combates. En 1917 la Policía Indígena ya contaba con diecisiete Mías, y en 1921, treinta. El Alto Comisario general Berenguer utilizó a la Policía Indígena para someter a nuevas cabilas. Fue suprimida con este nombre en 1922. Si bien una parte de ella desertó en el Desastre de Annual, otra parte se mantuvo fiel a España, como se demostró en la retirada de Sidi Dris, y muchos áscaris salvaron a sus oficiales españoles y los acompañaron en su retirada hacia Melilla. En septiembre de 1922 se creó a Inspección General de Intervenciones Militares y Tropas Jalifianas. La Policía Indígena pasó a llamarse Mejasnía Marroquí, y sus oficinas, Intervenciones. A estos grupos indígenas se unieron en 1911 los Grupos de Fuerzas Regulares y la Mehal-la Jalifiana. Los Regulares eran soldados indígenas considerados españoles, con oficiales españoles y se regían por denominaciones españolas. En cada Grupo de Regulares había un “capitán moro” llamado caíd rehá. Rehá significa molino, y alude al aspecto de los campamentos marroquíes vistos desde lejos. Los Regulares estaban 203 organizados en 4 Grupos, el 1 y el 2 en Melilla, el 3 compuesto por el Tabor de Tetuán, la Milicia Voluntaria de Ceuta y la sección de la Policía Indígena; el Grupo 4 de Larache. Cada grupo estaba formado por dos Tabores (Batallones) de Infantería y uno de Caballería Las tropas del Majzen eran las Mehal-las (Regimientos). Las Mehal-las eran llamadas “fuerzas jalifianas”, pues dependían del Jalifa. Sus oficiales eran marroquíes, con los grados de “caídes de Mehal-la”, “caídes de Tabor” y “caídes de Mía”. Los oficiales subalternos eran llamados mulazemín, al mando de las yemas o secciones. Los jefes de pelotón o sargentos eran los mokad-demín; los cabos, maauenín; los soldados, áscaris. Los instructores (jarrub) eran españoles. En cuanto a las tropas auxiliares, eran las Harkas, agrupaciones de voluntarios marroquíes reclutados durante un corto período de tiempo, bien al mando de sus jefes naturales, o de comandantes españoles. En cuanto a las fuerzas puramente españolas, la tropa era en su mayoría soldados de reemplazo. La ley de Reclutamiento de 1912 estableció la duración del servicio en filas en tres años, otros cinco de servicio activo fuera de filas, seis años en la reserva y cuatro en la llamada reserva territorial. En realidad, la falta de presupuesto hacía que los soldados fueran licenciados antes, y sustituidos por el siguiente reemplazo. El excedente de cupo pasó a llamarse cupo de instrucción y, en teoría, debía recibir una instrucción elemental. Desaparecieron la sustitución y la redención en metálico pero se creó la figura del soldado de cuota, así llamado por obtener una reducción del servicio en filas a ocho y cinco meses, mediante el pago de una cuota de 1.000 y 2.000 pesetas, respectivamente. Debía, además, recibir una preparación premilitar y demostrar recursos para sustentarse y alojarse fuera del cuartel. Pero el servicio militar era impopular, y por ello aparecieron las llamadas “agencias de deserción”, que facilitaban a los “tallados” la huída a otro país, normalmente a Hispanoamérica. Otros recursos eran comprar un falso certificado médico para obtener la exención, o automutilarse, incluso no comer para aparecer desnutrido a la hora de incorporarse a filas. En 1912, el 27% de los mozos fue declarado no apto para el servicio, cifra que hace sospechar a Romanones que muchos se 204 203 malnutrían para no alcanzar la cifra de peso mínimo, 48 kg, para ser declarado apto . Según Bachoud, en 1914 hubo un 22% de deserciones. Romanones afirma la media del coeficiente de prófugos es del 21%, a causa de la emigración, y de que para el pueblo el 204 servicio en filas no es un honor, porque los que pueden evitarlo con dinero, lo hacen . El número que llegaron a sumar inútiles y desertores llegó a ser realmente alarmante. En 1912, en La Coruña, de 438 hombres inscritos, se presentaron al Consejo de 205 revisión 186; fueron desertores 256; inútiles, 116; exentos, 33; total de soldados, 33 . En 1919, en la provincia de Valencia, fueron declarados útiles el 65’05% de los mozos, con un 11’72% de prófugos; en Madrid, los útiles fueron un 47’58%, y hubo un 29’73% 206 de prófugos, frente a Barcelona, donde éstos representaron el 4’95 % . El ejército del Protectorado adolecía de falta de material, y sufría que los Gobiernos de Madrid no quisieran invertir decisivamente en la guerra. El ejército de Marruecos era el único español con actividad, que permitía rápidos ascensos. Pero la falta de medios y de objetivos políticos convertía la guerra en un conjunto de pequeños combates. En la Academia de Infantería de Toledo, los profesores intentaban preparar a los cadetes para esta guerra, difícil y complicada, muy alejada de la que se libraba en Europa; la cual, por otro lado, también era desconcertante, con sus grandes matanzas inútiles frente a las trincheras que habían aniquilado la validez de los manuales de táctica. Con la Gran Guerra aparecieron nuevas armas: la ametralladora y el alambre de espino detuvieron a la caballería y a la infantería. En 1914, un avión Taube dejó caer una bomba sobre París, aunque desde 1912 se bombardeaba por aire en Marruecos. En 1915 aparecen los primeros carros de combate, los franceses Schneider y los británicos Mark I; se desarrolla el tiro de ametralladora a través de la hélice de los aviones, lo que crea el combate aéreo. Aparecieron los gases venenosos, primero a base de cloro, luego combinando cloro y arsénico o derivados del ácido cianocloruro. Se desarrollan las grandes posiciones fortificadas, en base a lo que evolucionó la artillería. En 1916, aparece la artillería transportada en camión, sobre orugas o en ferrocarril. Ese mismo año 1916 se abandonaron las emisiones de nubes de gas, sustituidas por granadas de 203 Romanones, C. de, El Ejército y la política, Renacimiento, Madrid, 1920, p. 145; citado por Bachoud, A., Los españoles ante las Campañas de Marruecos, p. 145. Romanones explica que fue necesario en 1913 suprimir la condición del peso 204 Romanones, C. de, El Ejército y la política, p. 147-148. 205 Bachoud, A., Los españoles ante las Campañas de Marruecos, p. 146. 206 Romanones, C. de, El Ejército y la política, Apéndice 1, p. 267. 205 fosgeno, bromuro del xileno y arsinas. En 1917 los alemanes desarrollaron la iperita o gas mostaza, y ya volaron bombarderos como el Breguet 14 francés, el Handley Page británico, o el alemán Gotha, con capacidad para 600 kilos de bombas. Éstas novedades impactaron a los militares españoles. En 1916 se publicaron obras reformistas, como "El oficial alemán", "El problema militar de España", o "Ciencia Militar ante la guerra europea". Las enseñanzas de la Gran Guerra calaron en los militares que actuaban en Marruecos. Ya hemos visto que la aviación fue utilizada en bombardeos antes en Marruecos que en Europa. Ahora, y pese a las estrecheces presupuestarias, los militares “africanistas” se interesarán por las novedades tecnológicas, en especial por el desarrollo aéreo. Todos los tenientes de infantería recién salidos de la Academia debían pasar por África, pero sólo algunos permanecían en ella más tiempo. En 1912, catorce coroneles de un total de doscientos treinta y siete, cincuenta y un tenientes coronel de quinientos dieciocho, setenta y dos comandantes de 1.063, estaban en Marruecos. En los “africanistas” sólo se integraban los designados por los altos mandos del territorio, que podían elegir a sus subordinados. Así se configuró un grupo cerrado de oficiales, que soportaban la guerra pero ganaban ascensos, mientras en el resto del territorio español sus compañeros servían en las guarniciones y tenían los escalafones pendientes de la antigüedad. Los militares de África estaban molestos porque pensaban que no se valoraba su sacrificio, y defendían los ascensos por méritos de guerra, mientras que los oficiales destinados en la Península o las islas protestaban contra dichos ascensos, y ya en 1912 se manifestaron ante la redacción de La Correspondencia Militar, contra las recompensas concedidas durante la campaña. Como veremos, cuando en 1914 el Gobierno quiso establecer pruebas de aptitud para obtener el ascenso al comandante y teniente coronel, antes de ascender por antigüedad, se constató un malestar que llevó a suspender la medida. En 1915, el ministro de la Guerra del gobierno Dato, general Echagüe, conde del Serrallo, planteó una serie de reformas en el Ejército, entre ellas una reestructuración del Estado Mayor, y que los jefes (comandantes, tenientes coroneles y coroneles) 207 demostraran su aptitud para el mando . Estas reformas, que en palabras del general Mola “cayeron en el Ejército como culebrón en charca de ranas, ya que eran más los que estaban alejados de filas, olvidados de la profesión, que los que prestaban servicios 207 Alonso, J.R., Historia política del Ejército español, p. 468. 206 208 en ellas con verdadero entusiamo” , tropezaron, por un lado, con la oposición de muchos militares, y serían una de las causas inmediatas de la aparición de las Juntas de Defensa; por otro, con la oposición de los liberales de Romanones y de los socialistas. Como resultado, el gobierno de Eduardo Dato cayó, y pasó a gobernar Romamones, con el general Luque en Guerra, que mantuvo algunas de las disposiciones más polémicas de su antecesor. En teoría, el Protectorado español estaba en paz, aunque menudeaban actos aislados, golpes de mano que tenían como objeto el pillaje o el bandolerismo. El 7 de enero de 1914, una comisión técnica que inspeccionaba una finca en Malacién, cerca de Tetuán, propiedad de un español llamado Ruiz Albert, fue atacada. La pequeña escolta de la comisión respondió al fuego, pero hubieran sido vencidos si no llega a acudir al tiroteo el general Torres con unidades del Regimiento de Córdoba y de la Milicia Voluntaria de Ceuta. Murieron el teniente del Córdoba Manuel Bago Bonilla y un soldado; fueron heridos el teniente Morato, de la Milicia Voluntaria de Ceuta, y 9 soldados. El 12 de enero, un destacamento de ingenieros que construía un blocao cerca de la posición de Izarduy fue atacado por un grupo de insurrectos. Mantuvieron fuego durante unas cuatro horas, los soldados españoles parapetados en los incipientes muros, hasta que la llegada de los generales Primo de Rivera y Berenguer, al frente de parte de sus brigadas, puso en fuga a los agresores. En la madrugada del 31 de enero, en Malalíen, un grupo de rebeldes intentó sorprender a los ocupantes de un puesto de la Policía Indígena, exigiéndoles la rendición y entrega de sus armas. Los áscaris se defendieron hasta que la llegada del general Primo de Rivera al frente de dos compañías del destacamento del Rincón del Medik y fuerzas de su brigada ahuyentó a los atacantes. Hubo cinco heridos. El 1 de febrero, cerca de Beni Salem, cerca de Tetuán, una columna mandada por el general Berenguer y otras unidades al mando del general Torres, fuerzas todas bajo la autoridad del general Aguilera, sostuvieron un duro combate, en el que se concedieron tres Laureadas. El 10 de febrero de 1914, desbrozando una zona del bosque de la cabila de Anyera para hacerla transitable, el grupo de soldados fue atacado por insurrectos, con el resultado de un muerto y siete heridos. 208 Mola Vidal, E., “El pasado, Azaña y el provenir”, en Obras Completas, p. 998. 207 El 3 de abril de 1914, en la orilla izquierda del río Negrón, había una posición española guarnecida por una sección de soldados del Regimiento de Córdoba. Esa mañana, haciendo la patrulla de descubierta, el destacamento fue atacado. Con los primeros disparos, los emboscados mataron a dos soldados. Pocos minutos después, ya eran siete los muertos y cuatro los heridos. Uno de éstos últimos era el soldado Vicente Vidal Sombá, que tras un combate cuerpo a cuerpo desfalleció y cayó. Cuatro de sus agresores se inclinaron sobre él para saquear el que creían cadáver, cuando Vicente Vidal se recobró y con su ímpetu y fiereza mató a uno de ellos e hizo huir a los demás. Fue premiado con la Laureada. En la noche del 4 al 5 de abril, los guardias civiles teniente Ignacio Maroto y el cabo Ruiz, que estaban recorriendo la línea entre los fuertes Aranguren y Benzú, fueron tiroteados resultado muerto el primero y gravemente herido el segundo. El día 5 de abril de 1914, cerca de Río Martín, se encontró el cadáver del sargento Campomanes, con quince profundas heridas de gumia. Ese mismo día fue hostigada la posición de Loma Amarilla, con el resultado de dos soldados muertos y ocho heridos. El 2 de mayo, tropas de la Mehal-la fueron atacadas, causando heridas a cuatro áscaris. El 4 de mayo, la columna del general Santa Coloma sostuvo combate en el Río Martín, con un muerto y siete heridos. De resultas de estos acontecimientos se decidió enviar una fuerza para una operación de castigo a los poblados del Biutz y de Aaín Aaicha, y el valle de Río Negro, al mando de los generales Mernacho y Arráiz, Pero los insurrectos habían desaparecido, y no hubo combates. El 30 de mayo de 1914 de nuevo la Mehal-la fue atacada, causando heridas a 2 oficiales indígenas y a siete áscaris. 209 Como se ve, eran pequeñas acciones con escasa relevancia . 1.4.1.2.- La insurgencia de El Raisuni. Tras su rompimiento con España, el Cherif Muley Ahmed El Raisuni se había refugiado en sus montañas de la Yebala, orquestando la resistencia. El Alto Comisario, general José Marina Vega, creía que era necesario llegar a un entendimiento con Raisuni a través del cónsul en Larache Zugasti y el intérprete Cerdeira. En cambio, el coronel Manuel Fernández Silvestre defendía aplastar al Raisuni por la fuerza. Durante la segunda mitad de 1914, Fernández Silvestre se había esforzado desde Larache por asediar a El Raisuni, y de hecho en mayo de 1914 casi lo capturó con una partida de 209 Gárate Córdoba, J.Mª, “León del Real, otra vez los Castillejos”, en Es`paña en sus héroes, p. 364- 375. 208 caballería. Esta ambivalencia en el proceder español se correspondía con la de los propios marroquíes. Había sectores de población que prácticamente veneraban al Cherif, pero otros lo aborrecían por su gobierno. En 11 de enero de 1915, una bomba estalló en una casa en el aduar Zúa de Yebel Hebib donde se alojaba el Cherif. Sin embargo, el artefacto estalló cuando El Raisuni ya había salido, lo que para sus seguidores fue una señal de la voluntad divina. Este incidente incrementó su prestigio, pues fue atribuido a un favor divino y a su baraka. Se acusó a los franceses de estar detrás del atentado, pues El Raisuni había tenido tratos con agentes alemanes, pero las pistas parecían dirigirse a su gran enemigo, Dris er-Riffi (o Ermiki), bajá de Arcila, quien habría conseguido que unos sicarios colocaran un explosivo en la habitación que el Cherif ocupaba. Es posible que Drid er-Riffi, estuviera apoyado desde Larache por Fernández Silvestre. El Raisuni seguía reclutando gente para su harka, y al mismo tiempo negociaba la paz con Zugasti y Cerdeira, mientras que también negociaba con los alemanes, muy interesados en sublevar a las cabilas contra los franceses. En febrero de 1915, Fernández Silvestre acudió a Tetuán para entrevistarse con el general Marina. El Alto Comisario le informó sobre las conversaciones de paz con El Raisuni, y de la conveniencia de abandonar las operaciones sobre Zinat. Para proseguir las negociaciones, Marina concedió un salvoconducto al acaudalado negociante de Tánger y agente de El Raisuni, Sidi Ali Ben Ahmed Akalay (o Alkalay), para que entablara negociaciones con El Raisuni. Pero Fernández Silvestre estaba convencido de que Akalay en realidad era un traidor y conspiraba en contra de España. El 15 de mayo de 1915, Ahmed Akalay, con el salvoconducto firmado por Marina, salió con un mensaje de la Legación de Tánger hacia Tazarut, cuartel general de El Raisuni. Pasó por el último puesto de vigilancia español, el de Cuesta Colorada, acompañado por su criado, y no se le volvió a ver vivo. Apareció estrangulado junto a su acompañante. Marina ordenó establecer una comisión de investigación, presidida por Gustavo Sostoa, delegado interino de Asuntos Indígenas, en la que participó el comandante Luis Orgaz Yoldi como delegado de Fernández Silvestre. La Comisión dictaminó que el asesinato había sido sido preparado por los hombres de Dris er-Riffi enemigo de Raisuni, pero ejecutado en presencia de oficiales españoles de Fernández Silvestre del cuartel general de la policía local de Arcila, entre ellos el capitán Rueda.. Obviamente, se estaba responsabilizando a Fernández Silvestre. Fernández Silvestre defendió a sus hombres, y lo más probable es que no tuviera nada que ver con los hechos. Marina llegó por barco a Larache y ordenó el arresto de los 209 oficiales. Tres fueron encontrados culpables y condenados a penas leves, saliendo al año de la prisión. Se atrapó a sus presuntos asesinos, que fueron entregados al bajá de Arcila, que los ejecutó. Fernández Silvestre, por su parte, fue relevado, premiándosele con la Gran Cruz de María Cristina y destinado al ministerio de la Guerra. El 13 de julio de 1915, al considerar que había fracasado en sus objetivos de pacificar la región, el general Marina dimitió. Se le condecoró por sus servicios con la Laureada de San Fernando y pasó a ser ayuda de campo del rey. 1.4.2.- El Alto Comisario general Gómez Jordana. 1.4.2.1.-El sector oriental del Protectorado. Abd el-Krim. En julio de 1915, el general Francisco Gómez Jordana, hasta entonces Comandante General de Melilla, fue nombrado Alto Comisario. Durante su comandancia en Melilla, había ido avanzando lentamente y consolidando territorios. Le sustituyó al frente de Melilla el general Luis Aizpuru; el general José Villalba 210 Riquelme pasó a la comandancia general de Larache, sustituyendo a Arráiz; para 211 Ceuta, fue nombrado Joaquín Milans del Bosch y Carrio . En ese momento, con la Primera Guerra Mundial, se vivieron momentos tensos en el Protectorado. La política exterior marroquí, según los tratados de establecimiento del Protectorado, estaba controlada por Francia, pero el hecho de que parte de su territorio fuera gobernado por la neutral España, proporcionaba a los agentes germanos un interesante campo de acción para el espionaje y la subversión. En enero de 1916, España anunció que asumía la representación diplomática de su zona marroquí, y Francia sólo pudo aceptar los hechos consumados. El nuevo Alto Comisario, Gómez Jordana, buscó la amistad de los indígenas: castigó los abusos de los soldados españoles sobre los marroquíes, hizo préstamos de semillas, y aceptó el pago de impuestos en especie. Gracias a ello, muchos rifeños pudieron pasar el invierno en sus aldeas sin tener que emigrar a Argelia en busca de 210 José Villalba Riquelme había participado como oficial de Infantería en la Tercera Guerra Carlista, Cuba y Filipinas; fue director de la Academia de Infantería de Toledo, y bajo su auspicio Fernando Díaz Giles compuso en un arresto el Himno de la Academia, hoy del Arma. Fue coronel del África nº 68, ascendió a general de brigada en 1912 y a divisionario en 1916. Posteriormente fue ministro de la Guerra, en el gobierno de Allendesalazar, apoyando la creación de la Legión. Durante la Guerra Civil, su casa fue convertida en legación británica para evitar que los milicianos lo asesinaran, como pretendieron. 211 Joaquín Milans del Bosch estuvo tres años en Marruecos. De dilatada carrera militar, en África dirigió la ocupación del Biutz, en 1916. Fue ascendido en 1917 a teniente general y pasó a la Capitanía General de Cataluña. Cardona, G.: Los Milans del Bosch. Uma familia de armas tomar, Edhasa, Barcelona, 2005, p. 262-263. 210 trabajo. Estableció una comisión musulmana para la protección de cementerios y santuarios, y fundó un colego árabe en Melilla. Se mantuvo como Alto Comisario desde 1915 a finales de 1918. Durante esos años, Francia desguarneció sus colonias y trasladó sus soldados al frente occidental, mientras que los agentes alemanes intentaban soliviantar a los marroquíes. Secundado por oficiales como el comandante general de Melilla, Luis Aizpuru, Gómez Jordana se afanó a atraerse a los marroquíes, que podían aprovechar la debilidad de Francia para una insurrección generalizada. Visitó a los jefes de las tribus y animó a sus oficiales a participar de la vida social indígena asistiendo a 212 bodas y circuncisiones, amplió los sobornos y las ayudas. Castigó el comportamiento de algunos oficiales, que insultaban a musulmanes y judíos, e incluso llegaban a golpearles cuando se emborrachaban, o les robaban vigas, baldosas o puertas de sus 213 casas . Otro problema, de muy difícil solución, era que los oficiales, con bajos salarios, abrían negocios compitiendo con las industrias locales con gran ventaja para abastecer al ejército. Los alemanes alentaban la rebelión indígena contra los franceses, suministrando armas a los rifeños, en especial al padre de Abd el-Krim, juez islámico de Axdir, de los Beni Urriaguel, y a El Raisuni, a través de los hermanos Mannesmann. En principio los alemanes intentaron reabrir el conflicto dinástico entre los Alauitas, enfrentando a Muley Yussef con Abd el Aziz, y después con Muley Hafid, para que estallara una guerra civil. Abd el Aziz se desentendió de estas maniobras y se exilió a Francia. Muley Hafid, que vivía en España, también se negó a participar, y a petición del Gobierno español, pasó a residir de San Sebastián a El Escorial, donde podía ser mejor vigilada su seguridad. Otro de los líderes sondeados por los alemanes fue Abd el Malek, nieto de Abd el Kader, gran enemigo de Francia. Abd el Malek huyó de Tánger al Rif, y organizó unos grupos de guerrillas en la zona de Fez y Taza para hostigar a los franceses, con apoyo de agentes germanos. 212 El futuro general Federico de Sousa, cuñado de Gómez Jordana, asistió, junto con una< importante representación de la oficialidad de la Policía Indígena a una boda, que detalla en sus memorias, en las que se aprecia el enorme respeto de los españoles por las costumbres marroquíes: Sousa y Regoyos, F., Lo que recuerdo de mi vida, Madrid, 1944, p. 111-112. 213 El racismo de los oficiales españoles era raro. Hidalgo de Cisneros afirma que en Melilla habían cuatro razas. Los españoles era los más numerosos, los judíos, los moros y los indios. Los españoles se llevaban muy bien con los judíos y los indios, que eran sobre todo comerciantes, y apenas tenían tratro con los moros: “…entre nosotros no había el menor signo de racismo. Veíamos que entre los judíos, como entre los árabes, había buenos y malos, simpáticos y antipáticos, pero no se nos ocurría juzgarlos por pertenecer a cierta raza, sino por sus buenas o malas cualidades personales”, Hidalgo de Cisneros, I., Cambio de rumbo, Laia, Barcelona, t. 1, p. 92-93. Por otro lado, le impresionó el maltrato que sufrían los judíos a manos de los moros, que sufrían pogroms; los españoles acabaron con estas prácticas. 211 Gómez Jordana eliminó las multas haqq, un sistema de penalizaciones interno de los marroquíes para dirimir sus querellas: de esta forma, aumentaron las peleas entre tribus. La multa haqq era impuesta a los asesinos por la yema’a si el crimen había sido cometido dentro de un zoco, y se pagaba a los imgaren o notables; además se debía pagar a la familia de la víctima la deuda de sangre o diya. Las buenas intenciones de Gómez Jordana se correspondieron con el apoyo de parte de la sociedad marroquí, que veía como positiva la posibilidad de que España apoyara el desarrollo del territorio y acelerara la modernización, siempre que no crecieran sus ambiciones de control del territorio y usurpación del gobierno indígena. 214 Una de estas familias era la de Abd el-Krim, de la tribu Beni Urriaguel . Su jefe era Sidi Abd el-Krim el Khattabi (o Jatabi), juez islámico de Axdir. El mayor de sus hijos, Mohammed Abd el-Krim el Khattabi, juez islámico, fue nombrado editor de la sección de noticias árabes del periódico melillense El Telegrama del Rif y profesor de árabe de los oficiales españoles, colaborando con José Riquelme, oficial de la policía indígena; el menor, M’hamed Abd el-Krim, recibió una beca para estudiar en Madrid ingeniería de minas. Los Abd el-Krim se beneficiaron con la venta a empresas europeas de derechos de extracción minera y de petróleo. Abd el-Krim fue condecorado por sus buenos 215 servicios a la causa española , y se sirvió de sus amistades y contactos con las autoridades españolas para interceder en sus asuntos, como el divorcio de su 216 hermana . Su posición proespañola les obligó a residir en la isla de Alhucemas una 217 temporada mientras sus enemigos destruían su casa y asesinaban a sus parientes . Pero 214 Gómez Martínez, J.A., Mohammed ben Abd el-Krim el-Jattaby el-Aydiri el-Urriagly según documentos oficiales españoles hasta 1914, Fajardo el Bravo, Lorca, 2008. Abd el-Krim padre gozaba de gran aprecio para los españoles: cobrara 50 duros mensuales, a su hijo mayor, Mohammed Abd el-Krim se le dio trabajo en la oficina indígena y en la escuela, y al hijo menor, M’hammed, se le dio carrera de ingeniero de minas en Madrid; Abd el-Krim padre solicitó la nacionalidad española el 8 de junio de 1912 (p. 282), siéndole concedida a finales de ese año (p. 314-315); Abd el-Krim hijo fue becado para cursar la carrera de Maestro en Málaga, y se le permitió hacer allí los exámenes finales y no en Madrid (p. 288, 291-294); también solicitó y casi obtuvo que su hermano menor, Meham-med, ingresara en la Academia Militar de Ingenieros en 1913, pero se desestimó hasta que se “apacigüen los ánimos” a consecuencia de la guerra (p. 422). 215 Gómez Martínez, J.A., Mohammed ben Abd el-Krim el-Jattaby,p, 408. Abd el-Krim solicitó que se le regalara para no tener que comprarla de su peculio la cruz, lo que le fue concedido por la Oficina, y entregada el 21 de septiembre de 1913. 216 Gómez Martínez, J.A., Mohammed ben Abd el-Krim el-Jattaby,p, 409-422. 217 Por estos hechos, se indemnizó a Abd el-Krim padre con 10.000 pesetas, y se le aumentó la pensión a 250 pesetas mensuales; Gómez Martínez, J.A., Mohammed ben Abd el-Krim, p. 300-303; p. 310. 212 en realidad los Abd el-Krim estaban contra la ocupación española, y su colaboración era 218 interesada y fingida . Durante la crisis de Agadir en 1911, y después en la Gran Guerra, Mohammed Abd el-Krim escribió en El Telegrama del Rif artículos germanófilos, en parte por rechazo a la Francia colonialista, en parte por apoyo a Turquía. Estos sentimientos eran apoyados por el dinero alemán, y hubieron conversaciones para preparar una insurrección contra Francia. En 1915, Abd el-Krim manifestó al jefe de la Oficina de Asuntos Indígenas su rechazo hacia los franceses y su anhelo de un Rif independiente, y propuso que España apoyara la creación del nuevo estado a cambio de conservar el territorio entre los ríos Kert e Igan. La presión francesa, que juzgaba subversiva la actitud de Mohammed Abd el-Krim, obligó a las autoridades españolas a encarcelarle. Cuatro meses después, Abd el Krim intentó escaparse pero se rompió una pierna, de la que le quedó una cojera de por vida. En el juicio posterior, Riquelme actuó como 219 abogado defensor y obtuvo la absolución del rifeño . Abd el-Krim mantuvo su aparente amistad hacia España. Las tropas españolas cruzaron el río Kert el 16 de mayo de 1915, y establecieron campamentos en la orilla izquierda del mismo en 1916. También se reconoció el sudeste del territorio. Se ocupó la zona limítrofe de las cabilas de Metalza y Beni Saíd, y dos puntos en Metalza, gracias al apoyo del Hach Amar el Kel-luchi, ganado para la causa española. Pero la timidez de los movimientos españoles era evidente. Eran, en palabras 220 del coronel Riquelme, “ligeras operaciones de Policía” , siempre con el consenso de los “moros amigos”, muchos de ellos sobornados con “pensiones”. Estos “moros amigos” impedían la formación de harkas contra los intereses españoles, e incluso atizaban las querellas intestinas entre los clanes rivales para impedir que se aliaran contra la penetración española. Por ejemplo, se impedía que los “moros amigos” pagaran las multas impuestas por las yema’as, establecidas por el derecho consuetudinario, lo que exacerbaba las disputas internas. Así lo narraba Riquelme: “Un individuo comete una muerte y la cabila exige una multa, y se hace la paz. El sistema era impedir que se pagasen esas multas, se disolvían los zocos a tiros y entonces venía la venganza, la deuda de sangre, y un individuo de un poblado 218 Balfour es muy tajante al respecto, y cita una carta reproducida por Madariaga, España y el Rif, p 403, de Mohammed Abd el-Krim a su padre llorando la muerte de Amzian y aconsejando que sea aparentemente cortés con los españoles. 219 Madariaga, R.: España y el Rif, p. 401 220 De Annual a la República. La Comisión de Responsabilidades, Javier Morata, Madrid, 1931, p. 115, cit. por Madariaga, Mª R.: En el barranco del lobo, p. 107. 213 mataba a otro y nunca se podían aunar los esfuerzos para engrosar las harkas 221 que nos combatían” . Riquelme y Gómez Jordana eran defensores de esta política de atracción de las cabilas a base del pago de estas “pensiones”, que a finales de 1914 ascendía a 48.190 pesetas, de las que casi un tercio se embolsaban los Beni Urriaguel. La inmensa mayoría de estos pagos se hacían a personas de zonas no ocupadas por España. Muchos militares estaban en contra de esta política de sobornos, pues la veían denigrante para España y poco heroica. Pero para Riquelme, era una política muy eficaz y que ahorraba sangre y sufrimiento. Los pagos eran necesarios porque los “moros amigos” se atraían partidarios con regalos y fiestas, dando de comer a numerosos invitados. Tras la marcha de Gómez Jordana al Alto Comisariado, Melilla pasó a las órdenes del general Luis Aizpuru, el cual mantuvo la política de su antecesor. En 1915 ocupó Arneb, Tauriat Hamed y el Azib de Ben Muza. En 1916 Tincharet, Tisingart, Kandussi, Ain Mesauda, Sbu Sbá, Laarar, Busoda y la meseta del Dráa. Esta política de acercamiento frustró el levantamiento de los Beni Saíd en el Guerruao, en agosto de 1916. Los Beni Saíd se oponían a la penetración española en el Kert. Estallaron conflictos entre los enemigos y los partidarios de España en Beni Ulichek, Beni Tuzin y Temsamán, así como en Alhucemas. De esta forma, se impidió la formación de una harka. Ese mismo año, el Hach Amar el Kel-luchi se reconcilió con España. Había sido el continuador del jerife Mohamed Amezián en su lucha. Pero el Kel-luchi arrasó los graneros del caíd Driuch, enemigo suyo. Este hecho le enfrentó a los Ulad Ich-cho y a los Beni Tuzín. El Kel-luchi comprendió que no podía luchar contra los suyos y contra España al mismo tiempo, y Gómez Jordana aprovechó la situación para atraérselo. El Buz-zaín de Beni Tuzín intentó reconciliarse con El Kel- luchi para impedir su alianza con los españoles, pero éste ya estaba decidido. El Kel- luchi salió reforzado ante los suyos por esta decisión. Esta política española alteró todo el sistema de alianzas tribales, y provocó una nueva división en las cabilas: las adictas y las contrarias a España, aunque las propias cabilas en su seno estaban divididas por fracciones también amigas o enemigas de España. Era un conglomerado en constante cambio, según los intereses y las circunstancias del momento. 221 De Annual a la República. La Comisión de Responsabilidades, p. 137, cit. por Madariaga, Mª R.: En el barranco del lobo, p. 116. 214 Para derrotar a los Beni Saíd y obligarles a que cejaran en su rebeldía, las tropas españolas hostilizaron su territorio y les impidieron desarrollar las tareas agrícolas, sobre todo de siembra, mientras se facilitaban semillas a las cabilas sometidas. El hambre obligó a los Beni Saíd y a otras cabilas a infiltrarse en territorios de Guelaya para robar ganado. Tras el terrible invierno de hambre de 1917, los Beni Saíd disminuyeron su actividad hostil en 1918, y los españoles les permitieron sembrar. Para entonces, el Monte Mauro de Beni Said estaba rodeado y aislado de las cabilas de Beni Bu Yahi y de M’Talza. Hasta 1919 se paralizaron todas las operaciones en Melilla. 1.4.2.2.-El sector occidental del Protectorado. El Raisuni. En el área occidental, Gómez Jordana mantuvo, por orden del Gobierno, una política pactista, intentando retomar las conversaciones con El Raisuni a través del diplomático Zugasti. En septiembre de 1915, Gómez Jordana y El Raisuni acordaron un pacto secreto: Raisuni tendría autoridad sobre todas las tribus de la Yebala que consiguiera mantener, a cambio de apoyar a los españoles y de no intervenir en el resto del Protectorado. Recibiría además una “pensión” de 200.000 pesetas mensuales, armas y municiones. De esta forma, no sería el Jalifa, pero tendría un gran poder efectivo. Raisuni apoyaría a los españoles contra los Beni Hosmar y los Beni Mesavar, y les ayudaría a tomar el Fondak Ain Jedida, asegurando la carretera Ceuta-Tetuán, y aislando a los Wad-Ras y a los Anyera disidentes. De esta forma, se llegó a una tregua. Pero esa situación no era del gusto de Gómez Jordana, que la consideraba un "cautiverio". El Cherif, como muestra de su buena voluntad, trasladó su campamento desde el Joto, el Beni Gorfet, a Jandak Mar, en Beni Aros, y permitió que el oficial Villalba Riquelme ocupara Megaret el día 1 de octubre de 1915, y Maida el 8 de octubre. Gómez Jordana mantuvo la lucha contra los insurrectos. Con 20.000 soldados lanzó en 1916 la campaña de Anyera, aprovechando las rencillas internas de las tribus para propiciar sus avances, castigando con dureza a las tribus hostiles destruyendo sus poblados y cosechas. Fue apoyado por las tropas del Raisuni, pues estas tribus también se oponían al Cherif. A principios de 1916, El Raisuni instaló sus taimas en Nezaba el Tolba, a orillas del río Harixa, en la cabila de Beni Mezuar, mientras las fuerzas de Larache se concentraron en R’Gaia, para amenazar a las cabilas de Uad Ras y Anyera, que se mantenían hostiles. El 16 de abril, Villalba ocupó Amerzan el Arbi, controlando el Zoco el Telata de Uad Ras, actuando la mehal-la de El Raisuni a favor de España y contra los 215 rebeldes. Sólo cayeron en la acción tres soldados marroquíes heridos. En los días siguientes, Villalba pudo ocupar Sel-la, Zinat, Sido Talha y el Borch, controlando la frontera internacional de Tánger y sometiendo a los Uad Ras. Pero cuando Gómez Jordana pretendió tomar el Fondak de Ain Yedida, El Raisuni se le adelantó y lo ocupó él mismo, sin previo aviso. Gómez Jordana decidió aceptar la situación. El 16 de mayo de 1916, el Raisuni y el Alto Comisario se entrevistaron en el Fondak, a orillas del Uad Agras, bajo una vieja encina, en el mismo lugar donde medio siglo atrás habían parlamentado el general O’Donnell y Muley El Abbas. La charla se resume en estas palabras, telegrafiadas por el general al presidente del Gobierno, Romanones: “Es el cherif hombre difícil, de carácter violento y muy desconfiado. Para tratar con él y no dar por terminada la conferencia a los cinco minutos, es preciso armarse de 222 paciencia” . A las autoridades españolas no se les ocurrió utilizar el odio o el resentimiento de las cabilas hacia El Raisuni para limitar su poder o incluso derribarlo. Para algunos periodistas y militares todo se reducía a pactar y a ceder, y por eso en un discurso, el comandante militar de Cádiz, general Miguel Primo de Rivera, propuso ceder el Protectorado a Gran Bretaña a cambio de Gibraltar: fue temporalmente destituido. El Fondak era un punto estratégico, un edificio en el cruce de caminos entre Tetuán y Tánger. El 24 de mayo se ocupó el Fondak de Ain Yedida, concentrando las fuerzas de Ceuta, al mando de Milans del Bosch, y de Tetuán y Larache, a las órdenes de Villalba Riquelme. El Raisuni se trasladó con sus hombres a Laucién, para presionar a las cabilas de Haus y Anyera. La operación central de la campaña fue la de Biutz, el 29 de junio de 1916. El Biutz era un centro de bandolerismo, y considerado inexpugnable por los insurrectos. Para domeñarlo, Gómez Jordana preparó su ocupación, así como la de Ain Yir y la Loma de las Trincheras, por Milans del Bosch; la Mehal-la Jalifiana, dirigida por el teniente coronel Miguel Cabanellas Ferrer, y las tropas de El Raisuni deberían ocupar el Zoco El Jemis de Anyera, apoyados por fuerzas españolas a las órdenes del general Pedro Ayala Mendoza; las tropas de Villalba cubrirían los accesos a la zona internacional de Tánger; la Armada realizaría un simulacro de desembarco en Alcazarquivir para desviar la atención del enemigo. La fuerza, de unos 21.300 hombres, se dividió en tres columnas: la del Oeste o izquierda, al mando del general Barrera, comandante general de Larache, debía operar 222 Berenguer, D.: Campañas en el Rif y la Yebala, I, p. 14. 216 junto al límite marcado para el área internacional de Tánger; la del centro, con las fuerzas de El Raisuni, avanzaría por el valle del río Jemis; la columna del Este o derecha avanzaría sobre el Biutz, cerca de Ceuta, al mando del general Milans del Bosch. La columna de la derecha, o el Este, comprendía entre sus tropas las fuerzas de Ceuta. Tenía unos 9.500 hombres, prácticamente una División, dividida en cuatro grupos o brigadas, tres de ellas en el primer escalón y una cuarta en reserva. El mando recayó en el general Milans del Bosch, con cuatro columnas: la de la izquierda, a las órdenes del coronel Martínez Anido, con 3.079 hombres; en el centro, la del coronel Juan Génova Iturbe, con 1.888; la de la derecha, al norte, al mando del general de brigada Francisco Sánchez Manjón del Busto, con 3.000 hombres; la de reserva, con 1.500 soldados, a las órdenes del coronel Alfredo Martínez Peralta. En la columna del coronel Génova estaba el 2º Tábor de Regulares de Melilla, cuyo capitán cajero era Francisco Franco. El coronel Martínez Anido partió del pie de Menisla, sorprendiendo a los rebeldes y ocupando en su avance Hafa del Hamara, Seriya y Ain Yir, flanqueando la Loma de las Trincheras y cortando la retirada a los harqueños. Mientras tanto, Sánchez Manjón, desde el norte de Cudia Federico, asaltó el Biutz, arrasando el poblado y amenazando la Loma de las Trincheras. El coronel Génova atacó desde Cudia Federico la Loma de las Trincheras. La columna de reserva quedó en el posición de Cudia Federico. Los rebeldes estaban bien atrincherados y seguros en sus posiciones, pero las tropas españolas atacaron con determinación, actuando de fuerzas de choque los Regulares. Por su parte, las tropas indígenas de las Mehal-las tomaron el Zoco el Jemis de Anyera, destruyendo las cosechas y las casas, y apoderándose del ganado. Mientras tanto, el general Barrera salió de R’Gaia, ocupando sin resistencia Tzafaualtz y Ain Ganen. La cabila de Anyera, derrotada, solicitó el perdón de manera formal en el Zoco el Jemis, ante las autoridades españolas y El Raisuni. Las bajas habían sido de tres jefes, tres oficiales, quince soldados y cincuenta y seis ascaris muertos; un jefe, veintidós oficiales –uno de ellos indígena-, cincuenta y un soldados y ciento sesenta ascaris heridos; cincuenta y un contusos. El capitán Franco fue gravemente herido cuando dirigía la Tercera Compañía del 2º Tábor en el pecho. Seguidamente, Gómez Jordana diseñó una nueva campaña sobre la cabila de Uad Ras y el valle de Busfeja, pero sus habitantes se apresuraron a someterse a El 217 Raisuni. La región estaba pacificada, y se pudo plantear la repatriación de unos 20.000 soldados y 4.000 caballos. Pero entonces surgieron nuevamente conflictos con El Raisuni. El Raisuni no respetó los acuerdos, hostilizó a las tribus fieles al Jalifa, y a los españoles, atrayendo a una columna con un hombre disfrazado de oficial español, en un barranco cercano a Wad-Ras, cerca de Tánger, y aniquilándoles, según se dice, con 223 gases, mientras los suyos llevaban caretas antigás . Si bien se había comprometido a que una vez pacificadas las tribus, él permitiría la ocupación de puntos estratégicos por el Ejército, y la realización de obras públicas, después no lo permitió, aduciendo que no eran necesarias, y que él era responsable de la seguridad. El Gobierno prefería que se mantuviera esta situación, antes que afrontar otra campaña o irritar a franceses o alemanes. En consecuencia, sólo se ocupó Ras Hauta Mesouda, el 30 de diciembre de 1916. 1.4.2.3.- La tensa paz de 1917-1919. En el invierno y primavera de 1917 se inició la guerra submarina alemana, que afectó al comercio y a los barcos españoles, mientras Francia se quejaba de que en el Protectorado español los espías alemanes se movían sin problemas, reabriendo el debate sobre la intervención o la neutralidad en la Guerra Mundial. Ante el aumento de la tensión y los problemas internos derivados de la crisis de 1917, se paralizó la actividad militar en Marruecos. Luque, ministro de la Guerra, ordenó a Jordana seguir contemporizando con El Raisuni; se lo reiteró en unas comunicaciones en enero de 1917, y lo repitió en los meses siguientes. Para entonces, el teniente Varela ya se encontraba en Marruecos, y en 1917 se abrió la crisis de 1917 con las Juntas de Defensa militares, que reclamaban mejoras salariales y eliminar los ascensos por méritos de guerra, es decir, establecer un sistema de ascensos por escalafón cerrado de antigüedad. Sobre estos puntos volveremos después. El Raisuni estaba convencido de que los alemanes iban a ganar la Gran Guerra, y con ello expulsarían a franceses y españoles de Marruecos. El general Gómez Jordana intentó llevarse bien con el Raisuni, mientras éste mantenía una postura ambigua. En febrero de 1918, tres cantineros españoles fueron sorprendidos quemando madera para hacer carbón en la Yebala, fuera de los límites españoles. Gómez Jordana pudo zanjar el 223 Woolman, D.:Abd el-Krim y la Guerra del Rif, p. 77. 218 incidente pidiendo humildemente disculpas al Raisuni. En el verano de 1918, el Raisuni exigió la entrega de armas, municiones y dinero para seguir manteniendo la paz con España. Muchos oficiales españoles estaban soliviantados por el chantaje del Raisuni. El Cherif consiguió el dinero y un millón de pesetas en concepto de participación en la compañía de explotación de tierras, así como el envío de un dentista con su sillón de operaciones a las montañas para tratarle la dentadura, y un viaje en ferrocarril para su hijo y todo su séquito. Pero el gobierno español se negó a proporcionarle armas, por si las utilizaba contra sus rivales en el lado francés. Parecía que Gómez Jordana era incapaz de controlar a El Raisuni. En realidad, Madrid, que temía el coste político y económico de una escalada bélica, le negaba refuerzos y ayuda para atacar seriamente al Cherif. El 18 de noviembre de 1918, Gómez Jordana escribió una carta a Romanones expresando las causas de ese malestar, basadas en las reformas derivadas de la crisis de 1917 y la mayor dificultad de los ascensos por méritos de guerra pactada por el Gobierno: servir en Marruecos se había convertido para los militares en una obligación, los puestos ya no eran ambicionados: “Son muy pocos los que llevan su espíritu al extremos de exponer su vida en el combate y someterse a las penalidades de una campaña (…) pudiendo servir en la Península con mucha más comodidad y sin riesgo”. Había que conseguir que los oficiales apreciaran el servicio en África y adquirieran experiencia. En cuanto al Raisuni, Gómez Jordana confesaba que hubiera deseado dejarle “con la palabra en la boca”. Fingía ser amigo del Raisuni, pero en realidad “lo detestaba más que a nadie”. El Raisuni había dado “mil motivos para romper con él, y necesité de un esfuerzo sobrehumano para no hacerlo”. Esta postura le había granjeado el desprecio de sus compañeros militares. El Raisuni creía que los españoles eran débiles, estaba “convencido perfectamente de que nosotros no hemos de atrevernos a romper con él”. Pero ahora, con el final de la guerra en Europa, se imponía un cambio de estrategia. Había que convencer al Raisuni, que a veces afirmaba cínicamente actuar en nombre del sultán, de que respetara la autoridad del Majzen, que devolviera los rifles y mulas robadas al ejército español, y se comprometiera a mantener la paz. Para ello, Gómez Jordana abogaba por una acción militar decisiva, una “operación quirúrgica y limitadísima; luego cicatrizar rápidamente la herida, con la creación de escuelas y dispensarios”. Sin este programa, habría que abandonar Marruecos, y desde luego, él, 219 224 Gómez Jordana, dimitiría . Poco después, el Alto Comisario murió súbitamente, de un infarto, trabajando en su despacho. El Gobierno encomendó el Alto Comisariado al general Dámaso Berenguer. El presidente del Gobierno, Romanones, en un discurso en el Parlamento, el 19 de febrero de 1919, expuso esta nueva línea de actuación: “con el Raisuni pasa lo que ocurre con todos los hombres en la vida. Un hombre puede ser muy útil hoy y, sin embargo, puede ser perjudicial mañana, y por habernos sido muy útil en unas circunstancias, no debe continuar de la misma manera si cambiaran las circunstancias. Eso ha sucedido siempre, 225 especialmente en la política marroquí” . En 1919, Fernández Silvestre regresó a Ceuta como comandante general, tras la 226 destitución del general Arraiz a raíz de la fallida operación de Cudia Rauda . Pero según otras versiones, Arraiz dimitió como protesta por el nombramiento del general Dámaso Berenguer, más moderno que él, como Alto Comisario y en consecuencia Inspector general de las fuerzas en Marruecos. 1.5- Los primeros años de José Enrique Varela Iglesias. 1.5.1- Nacimiento y vida escolar. La vida del que sería general Varela nos es bien conocida no sólo por su enorme dimensión pública, sino también por la meticulosidad con que, a lo largo de su vida, se recogieron y conservaron sus documentos, papeles, recortes de prensa, etc. La ordenación la inició su madre, doña Carmen Iglesias, que recopiló artículos y periódicos donde se citaba al entonces joven Varela. Tras su muerte, en 1932, esta tarea se suspendió, pero las carpetas amorosamente coleccionadas se guardaron. Una vez fallecido el general, su viuda, doña Casilda Ampuero, recogió toda esta información y la confió a un archivero, Francisco Macerro Gómez, para su ordenación y clasificación. El resultado de todo ello fue depositado en el Archivo Municipal de Cádiz. Además, se encargó la búsqueda de personas que conocieron al general en vida y se pidieron sus 224 Balfour, S.: Abrazo mortal, p. 109. 225 Balfour, S.: Abrazo mortal, p. 110. 226 En estos acontecimientos hemos seguido la versión de Madariaga, Mª R.: En el barranco del Lobo, p, 121-123, que sigue las declaraciones de Marina y la versión de la Comisión de Responsabilidades, pp 417-422; los detalles difieren respecto a Balfour, Abrazo mortal, que da casi por segura la connivencia de Silvestre con el asesinato, afirma que los hechos tuvieron lugar el 8 de mayo y no el 15, y explica que Akalay fue asesinado al regresar, y no al salir de Tánger. 220 testimonios y recuerdos, con los que se confeccionó una biografía positivista y 227 factual . Varela nació en el nº 8 del Patio de la Maestranza, en San Fernando (Cádiz), el 17 de abril de 1891. Sus padres fueron Juan Varela, suboficial de infantería, y Carmen Iglesias. Fue bautizado en la Castrense, siendo sus padrinos don Juan Ruedas Gallardo y doña Rosario Fernández Robledo. De pequeño, le gustaba jugar al escondite y a los soldados. Pasó por la escuela de doña Manolita, y a los siete años ingresó en el colegio del padre Fas, de San Fernando. El padre Fas era capellán de los Carmelitas de la Caridad, donde tomó su primera Comunión. Una hermana del padre Fas le recordaba como un niño bueno y aplicado. A partir del 30 de agosto de 1902, con diez años, estudió en el colegio de La Salle y de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de San Fernando, presentándose por libre en el Instituto de Cádiz a los exámenes de los tres años de bachillerato necesarios para entrar en la Academia Militar. Le gustaba la historia. El padre Hilario Felipe, de la orden de la Salle, recuerda: "Varela fue desde niño, un carácter fácil, abierto y expansivo. Desconocía el callado rencor y la disimulación. Su franqueza hacía abrirse al primer impulso del deseo. Al principio los libros no fueron para el cosa seria. No intuía, como 228 sucede hoy a tantos niños, la trascendencia del estudio concienzudo" . Pero el padre también reconoce en su antiguo alumno un carácter inquieto y que orilla el fracaso con audacia: “Sin embargo, no tuvo jamás que lamentar descalabros de exámenes, jugando a veces con el fracaso, al que ladeaba, si era necesario, ante el tribunal en el Instituto de Cádiz, contestando por la lección X que él decía haber aparecido en la bola y que sabía a la perfección”. Esta anécdota nos revela que Varela era espabilado, pero al mismo tiempo que tenía mucha confianza con sus maestros para revelarles la treta. Su vocación militar ya se apreciaba en su niñez. En cierta ocasión, un condiscípulo mayor, Miguel Gurria, había ingresado en la Academia de Intendencia, y fue a visitarle, vestido de uniforme. El padre de Varela cogió la gorra del nuevo cadete y se la colocó a su hijo, José Enrique, y le dijo "Si fuera tuya…". Pero el niño manifestó que prefería la de infantería o la de caballería: “No la querría, padre, no es mi ilusión; yo la de Infantería o si no la de Caballería, pues mi deseo es luchar en defensa de mi 227 ACGJEVI, Carpeta 167, fol 1-530; Carpeta 168, fol 412-832; Carpeta 169, fol 833-1260; Carpeta 170, fol 1264-1633; Carpeta 171, fol 1634-2007; Carpeta 172, fol 2008-2362. 228 Pemán, J.Mª: Un soldado en la Historia, p. 13; ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 13. 221 229 España” . Este rasgo nos muestra que el niño Varela vivía en el ambiente militar, y que su vocación fue muy temprana. Ya fallecido Varela, su viuda, doña Casilda Ampuero, recabó datos y recuerdos de los amigos de la infancia del general. Uno de ellos, Mariano Fernández Castelló, explicó que jugaban a “formar guerrillas por medio de hondas y formadas por dos bandos en el callejón de los Alambres” de San Fernando, posteriormente calle de Ramón y Cajal; se jugaba a la trompa, a los bolindres, a “remontar cometas que hacíamos”, a tirar botones a ver quien se acercaba más a la pared, a cazar pajarillos con 230 red, al escondite, el piola o medio salto, las esqinas, el gato rabioso… Varela acabó el bachillerato con notas suficientes, de nivel medio. En realidad, Varela no tenía demasiado interés por el estudio; fue después, cuando asumió la responsabilidad del mando, cuando comprendió su importancia y se aplicó. Adquirió solidez religiosa y moral. Apreció mucho a sus formadores; estando en la Academia salió de formación, jugándose un arresto, para abrazar al padre Hilario, antiguo profesor suyo, que había ido a visitarle, diciéndole: “Con mucho gusto acepto el castigo, pero nadie me quita de haberle dado un abrazo”. Se carteó durante años con el Hermano Rogelio, director de su colegio en San Fernando. Cuenta Pemán que en el avance hacia Madrid, durante la Guerra Civil, al ocupar Griñón, donde los Hermanos de la Doctrina tenían una casa de Novicios, el hermano Rogelio que estaba su lado, le dijo "Sobresaliente... José Enrique". Varela, en palabras de Pemán, "amó la cultura, pero receló siempre del profesionalismo intelectual. La fórmula de Spengler, ‘ en último término, la cultura la 231 salvan siempre un pelotón de soldados’ la tuvo siempre en su memoria" . Varela fue un oficial culto y muy profesional, que se esforzó a lo largo de su vida por ampliar sus conocimientos. También desde su infancia fue muy religioso, y siendo oficial antes de dormir leía un capítulo de la Imitación de Cristo, de Tomás de Kempis. También decía que no le gustaría morir en la cama. Entre los recuerdos de las hermanas Quintana, también se encontraban estas dos anécdotas premonitorias. Poco antes de ingresar en la Academia de Toledo, cogía a su 229 Esta anécdota es reseñada por Pemán, y fue transmitida por varios testimonios, sobre todo por las señoritas de Quintana, a una de las cuales, Sofía, Varela le dedicó una felicitación en el día de su santo. ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 3. 230 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 8 y 9. 231 Pemán, J.Mª: Un soldado en la Historia, p. 15. 222 abuela en volandas y le decía: “Abuela, pronto vendrá mi coche de ministro de la guerra y podrás pasear en él”; y a sus amigas, les comentaba: “Me tenéis que enseñar a bailar bien, porque tengo que bailar en Palacio”. De hecho, llegó a ganar premios de baile. Era un joven alegre y simpático, dicharachero, según el testimonio del hermano 232 Hilario Felipe. Sus notas, sin ser brillantes, tampoco eran malas, y destacaba en ellas su gusto por la Historia. En 1903 solicitó el traslado de su expediente de Bachillerato a La 233 Coruña, pero al año siguiente volvió a matricularse en Cádiz . 1.5.2.- Voluntario en Infantería de Marina. Ingreso en la Academia. Entrar en la Academia de Toledo suponía gastar mucho dinero en matrícula, libros, viajes, un gran peso económico para una familia de clase media baja como la suya. Por eso, Varela decidió sentar plaza en el Regimiento 1 de Infantería de Marina 234 como educando de corneta, el 2 de junio de 1909 . Se declaraba estudiante, católico, soltero; con estatura de 1’632 m, pelo castaño, ojos pardos, nariz y boca regulares, frente regular, aire marcial, producción (salud) buena y señas particulares, ninguna. Fue admitido en principio por cuatro años, y firmó su enganche ante los sargentos José Lahera y Emilio Pascual, y el comandante Antonio Topete éste veterano de la campaña 235 de Filipinas . Adscrito a la 2ª Compañía del Primer Batallón del Regimiento 1 de Infantería de Marina, el 13 de junio de 1909 solicitó permiso para presentarse en Toledo a los exámenes de ingreso en la Academia de Infantería. Regresó a Cádiz y a su regimiento el 21 de junio. Unos meses después, el 14 de septiembre, causó baja en la unidad donde estaba como educando de cornetas, y alta como soldado de Infantería de Marina, permaneciendo en la misma compañía y batallón. El 1 de enero de 1910 ascendió al empleo de cabo tras superar el examen con la nota de 9’50, pasando a la 3ª Compañía. De nuevo, el 13 de mayo pasó a Toledo para participar en los exámenes de acceso a la Academia, regresando el 13 de junio. Al acabar ese primer semestre, fue evaluado por la Junta que lo juzgó "Es bueno en su clase", juicio que se repitió con idéntico resultado a final de año. 232 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 7. 233 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 19-22. 234 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 29. 235 http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/1898/03/18/pagina-2/33405892/pdf.html. 223 El 5 de mayo de 1911 solicitó licencia de dos meses, que le fueron concedidos, por asuntos propios. El 24 de mayo por orden superior causó baja en la 3ª Compañía, al ser paso a la 2ª. Se reincorporó a su destino el 5 de julio, en la 2ª Compañía del 2º Batallón del Regimiento 1. Por Real Orden de 28 de julio de 1911, y con la antigüedad del 22 de dicho mes, fue ascendido a de sargento de Infantería de Marina, permaneciendo en su compañía. Ahora, con los galones de sargento, con los cuales cobraba y podía mantenerse como cadete, se presentó a la convocatoria anunciada en el mes de junio de 1912, tal y como acredita el siguiente documento que se transcribe a continuación: "Cuerpo de Infantería de Marina. Primer Regimiento. Nº 1.097. Excmo. Señor Comandante General del Apostadero. -Excmo. Señor: Debiendo tomar parte en las oposiciones para ingreso en las Academias Militares de Caballería, Infantería y Artillería el Sargento de este Regimiento José Varela Iglesias, tengo el honor de participarlo a V.E. por si en su vista tiene a bien ordenar se expida el correspondiente salvoconducto para Valladolid, Toledo y Segovia, constándome que tiene hechos los estudios oportunos. - Dios guarde a V.E. muchos años. - San Fernando, 24 de junio de 1912. El Coronel, Arturo Monserrat. -Rubricado." En Toledo, el sargento Varela superó los tres ejercicios eliminatorios de que constaba la oposición de ingreso. Ahora podría aprovechar las facilidades económicas que se daban a los suboficiales para ingresar en la Academia. En julio de 1912 ingresó en la Academia de Infantería de Toledo, aunque también había solicitado ingresar, si no podía en Toledo, en la de Caballería de Valladolid. La noticia apareció en La Correspondencia de San Fernando, el 13 de julio de 1912: "De regreso de Toledo, en donde ha obtenido el ingreso en aquella Academia, después de brillantes exámenes, tuvimos el gusto de saludar a nuestro particular amigo del joven sargento de Infantería de Marina don José Enrique Varela Iglesias. Reiterémosle nuestro más sincero parabien, que hacemos 236 extensivo a sus señores padres” . Varela marchó el 29 de agosto a Toledo, incorporándose a la Academia el 1 de septiembre de 1912. Iba a formar parte de la XIX Promoción de la Academia de Infantería, la cual por circunstancias históricas iba a ser muy castigada, pues doscientos ochenta y cinco oficiales de los cuatrocientos setenta y dos que la formaron, es decir, un 236 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 31-33; Pemán, J.Mª: Un soldado en la Historia, p. 16; Núñez, J. : “José Enrique Varela Iglesias: el infante de marina que fue ministro del Ejército”, Boletín de la Escuela de Infantería de Marina, nº 34, junio 2002, http://usuarios.multimania.es/historiaymilicias/html/varela- IM.htm. 224 60%, murieron en acto de servicio, como consecuencia de las Campañas de Marruecos y la Guerra Civil, Solicitó y obtuvo la continuación de su servicio como sargento de Infantería de Marina. Se le destinó a la 4ª Compañía del 1º Batallón del Regimiento 2 de Infantería de Marina, en Ferrol. No era más que un trámite administrativo, porque a todos los efectos Varela estaba en la Academia de Toledo. En enero de 1913 se le trasladó a la 2ª Compañía del 2º Batallón del Regimiento 2. Finalmente, el 27 de agosto de 1915, al ser notificado a su Regimiento que había sido promovido a 2º Teniente de Infantería por RO del 24 de junio, fue dado de baja en la 2ª Compañía. Varela lucía ya sobre su guerrera los cordones de alumno, las "cadeteras". Era uno de los cadetes más mayores. Procuró no repetir curso (a los que repetían, se les apodaba el grupo de los "perdigones"), suprimió las vacaciones de Navidad, y de Semana Santa, así como reducía las de verano, para no agobiar a la economía familiar. Había ingresado en la Academia sin "coeficiente", es decir, sin apoyo o relaciones familiares. Durante su estancia en la Academia Varela estuvo como alumno externo, circunstancia que resultaba más económica a las familias. Por esta razón, su tutor escribió a su padre, Juan Verela, para que le señalara el grado de vigilancia del joven y 237 sus debilidades para poder controlarle “en una edad tan crítica” . En agosto de 1912 estuvo enfermo, lo que fue objeto de nota de prensa. Su madre guardó devotamente sus cartas. En una Navidad, en que no fue acaso por no hacer gasto, escribió: "Me acordé mucho de todos y con preferencia de mi padre, al que me parece ver, como en los pasados años, sentarse a la mesa y reproducir la escena con abuela, que no tiene nada de nada, ni nada le gusta. Pero si lo dejan solo con manta buena cuenta de los cartuchos de piñones y de los mantecados. Lo 238 recuerdo y verdaderamente me río de ello” . En otra, a su padre: "Lo más importante, díselo a mamá, es que ha aumentado los sueldos. Pero no se cobra hasta el año 16. De modo que los cinco meses de ser 239 oficial, cobraré 42 duros. Ya esto es otra cosa" . Respecto a la formación recibida en la Academia de Toledo, Martínez Roda destaca que era muy comprometida en inculcar valores morales y patrióticos, y que se 237 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 45. Carta del 2 de septiembre de 1912, firmada por Ricardo Duarte. 238 Pemán, J.Mª: Un soldado en la Historia, p. 17. 239 Pemán, J.Mª: Un soldado en la Historia, p. 18. 225 240 les formaba para dotarles de capacidad de gestión . En esa época era director de la Academia el coronel Martínez Anido 1.5.3.- Muerte de su padre. Primer teniente. En el tercer y último año de Academia, el 17 de enero de 1915, su padre enfermó y murió. El joven sargento cadete regresó a San Fernando para presidir el sepelio y permaneció unos días con su madre, saliendo hacia Toledo el 1 de febrero. Varela comprendió que debía asumir la carga familiar: “Dices, mamá, que te sirve de consuelo el ofrecerme a mis hermanos. Pues ¡no faltaba más, sino que encima de la desgracia porque atraviesan, fueran a sentir la falta de papá! No. Eso nunca. Por ellas me sacrificaré si fuera preciso. Este es mi deber como hermano, ya que Papa se sacrificó por mi... La desgracia será sufrida moralmente; pero yo evitaré que lo sea materialmente. Tú por esto no te apures". En las cartas, contaba que sus amigos le dieron el pésame, y "Cuando me escribas dime qué tal marcha eso y cuando os mudáis", es decir que la estrechez económica obligó a la familia a cambiar de vivienda. Relataba la tristeza que sentía, "Pero la vida es así. Hoy tengo que salir formado y oyendo la música... ¡qué vamos a hacer! ¡Paciencia!". Hacía las cuentas a su madre. Tenía que mandarle cinco duros todos los meses: "cinco, porque ya sabes, son dos de campamento, uno de lavandera, otro para unirlo a los 15 y completar a los 16 que es lo que pago al señor Martín y otro para mis sellos". En otra, "Cuando puedas, me mandas los 48 que quedan de los libros. Y es necesario que nos pongamos de acuerdo para ver la ropa que muy algo. Es natural 241 que me haré lo imprescindible, pero tú me dirás si puedes reunirlo o no" . Lo imprescindible eran ternos caqui, gorra, gala, funda de revólver, ceñidor, bandolera etc., renunciando "pues no compro capote ni revólver ni pañuelos... ni me hago la capa, que es tan bonita". Con su ros forrado de paño blanco y el rojo florón de plumas, el 24 de junio de 1915, recibió de manos del rey Alfonso XIII en el patio de la Academia de Toledo su despacho de oficial, segundo teniente de Infantería (equivalente al alférez 242 actual), conservado en el archivo Varela , de la XIX posición de la Academia de Infantería. Argumenta Pemán que quizá esta penuria en la indumentaria marcó en el futuro a Varela, quien siempre gustó de ir bien vestido con su fez rojo, capa blanca y guantes de gamuza. 240 Martínez Roda, F., Varela. El general antifascista de Franco, La Esfera de los Libros, Madrid, 2012, p. 26. 241 Pemán, J.Mª: Un soldado en la Historia, p. 19. 242 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 54. 226 Fue destinado a Melilla, al regimiento de Infantería Ceriñola nº 42. Entre sus papeles, figuraba el horario del coche que unía el fuerte de Cabrerizas con Melilla, y la notificación de las notas obtenidas por los oficiales en los exámenes de árabe y chelja realizados en Melilla, lo que cuestiona mucho la idea de varios autores acerca del 243 distanciamiento de los oficiales españoles respecto de los marroquíes . En la Orden General del Regimiento Ceriñola del 30 de julio de 1915 aparece citado el 2º teniente José Varela Iglesias que se incorporaba ese día procedente del Cuadro Eventual, y 244 causaba alta en la 4ª Compañía del 1º Batallón como agregado . En julio de 1915 recibió su primera paga, 161’91 pesetas, sin la bonificación del 50% por el servicio en África. Su paga bruta en septiembre era de 251’16 pesetas, al percibir la gratificación 245 del 50% africana, que se quedaba con los descuentos en 211’61 pesetas . 1.6.- Las Juntas de Defensa. 1.6.1.- Aparición y objetivos de las Juntas de Defensa. En los años de la Primera Guerra Mundial, aumentó el malestar entre los militares españoles de media y baja graduación por los sueldos, deteriorados por la inflación provocada por la Gran Guerra, y la política de ascensos, y en segundo lugar, 246 por la desorganización, desorden e ineficacia del Ejército . Este descontento llevó a un amplio número de militares a estrechar lazos, a configurar, en palabras de Lacomba, una “mentalidad sindicalista”, reforzando su espíritu de Cuerpo. Desde el siglo XIX existían en la Artillería española una Junta, encargada de 247 estudiar los problemas técnicos del Arma , que evolucionó a lo largo de dicha centuria, apareció y desapareció, hasta principios del siglo XX, en que su función principal era defender a los artilleros en el desempeño de trabajos en la esfera privada o civil, en que entraban en competencia con los ingenieros civiles. Las Armas se dividían en dos grupos: las Armas Generales, que eran Infantería y la Artillería, y los Cuerpos Facultativos, Artillería e Ingeniería. Los artilleros e ingenieros podían convalidar su carrera militar con ingenierías civiles. En esta situación, los sargentos de Artillería e Ingeniería, si querían ascender a oficiales, debían hacerlo a 243 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 59 y 60. 244 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 61. 245 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 58. Debe hacerse notar que este documento está mal colocado en el Archivo, al estar situado antes de la carpetilla “mi primera paga”. 246 Lacomba, J.A., La crisis española de 1917, Ciencia Nueva, Madrid, 1970, 107-108. 247 Vigón Suerodíaz, J., Historia de la Artillería, Madrid, Instituto Jerónimo Zurita, Madrid, 1947; Alonso Ibáñez, A.I., Las Juntas de Defensa Militares (1917-1922), Ministerio de Defensa, Madrid, 2004, p.65. 227 Armas Generales, pues carecían de la formación técnica necesaria. Por el contrario, la necesidad de oficiales en los Cuerpos Facultativos llevaban a que algunas de sus vacantes fueran cubiertas por oficiales de Armas Generales. Los artilleros ascendían por el sistema de escala cerrada, es decir, por orden de escalafón y rigurosa antigüedad, excepto en casos muy excepcionales de hazañas. No obstante, en otras Armas, la escala era abierta, se ascendía por escalafón, pero también por méritos de guerra. Esta costumbre era un obstáculo a la hora de pasar de un Arma a otra. En 1878, el Gobierno conservador de Cánovas del Castillo propuso extender el sistema de escala abierta a artilleros e ingenieros. Los artilleros reaccionaron, y se mantuvo su sistema. En cuanto al problema de ascenso de los sargentos a oficiales, se les habilitó la Escala de Reserva Retribuida en 1895, pero sólo en las Armas Generales, Infantería y Caballería. Un sargento de cuerpos facultativos, Artillería o Ingenieros, no podía ser oficial en estas Armas porque no había pasado por la Academia, por lo que si 248 ascendía, pasaba a la escala de reserva de Infantería o de Caballería . La cuestión de los ascensos se complicó, porque un oficial sólo podía ascender dentro de su Arma por antigüedad, pero podía hacerlo por otra Arma. De esa forma, podía tener un grado en Artillería y otro en otra Arma. En 1888 se creó una Junta Central, compuesta de artilleros de alta graduación, para solucionar el problema de los ascensos. El 1889, el ministro Chinchilla, liberal, suprimió este dualismo. A partir de ese momento, los oficiales y jefes artilleros sólo podían ascender por antigüedad, y si les era concedido un ascenso por elección o méritos, lo permutaban por una condecoración, usualmente por la Cruz de María Cristina, que suponía un aumento de sueldo. En una asamblea celebrada el 16 de junio de 1891, los oficiales y jefes decidieron comprometerse por juramento a renunciar a los ascensos que no fueran por antigüedad; si aceptaban la promoción, deberían abandonar el Arma y pasar a Infantería o Caballería. En esta asamblea se estableció que la Junta Central tendría carácter permanente, y poder de decisión sin consultar previamente a sus electores. La Junta Central se dotó de un Reglamento en 1905, quedando configurada como eje de una serie 249 de Juntas regionales y locales . Otro cuerpo con Juntas, era el de Estado Mayor. En 1914 se formó una Junta de carácter regional en Madrid, presidida por el entonces comandante Manuel Goded 248 Cabanellas, G., Preludio a la Guerra Civil. Cuatro generales, Planeta, Barcelona, 1977, t. 1, p. 71. 249 Alonso Ibáñez, A.I., Las Juntas de Defensa Militares (1917-1922), Ministerio de Defensa, Madrid, 2004, p. 66-67. 228 Llopis, que más tarde se convirtió en Junta Central, ya presidida por el coronel Pío Suárez Inclán, y entre cuyos miembros estaba el comandante Manuel Lon Laga. En 1916 se recreó el Estado Mayor Central, pero este tema apenas preocupó a la Junta, más dedicada a la defensa del Cuerpo frente a los ataques que sufría su existencia. Tras la Guerra de Cuba y Filipinas, era necesario emprender una importante reforma del Ejército y su organización interna, pero no se hizo nada. La única medida fue abolir los ascensos por méritos de guerra, porque, se denunció que una minoría de generales y jefes se había beneficiado de ascensos y recompensas para, a la postre, ser 250 derrotados . En 1910, el general Luque, como ministro de la Guerra, reintrodujo los ascensos por méritos de guerra. Era una medida que se consideró necesaria dada la falta de oficiales que deseaban incorporarse a la guerra en Marruecos. También se incrementó un 50% el sueldo a los allí enviados. Al acabar la campaña del Kert, se concedieron muchos ascensos por méritos de guerra. Esta medida acarreó el disgusto de una parte importante de la oficialidad, porque consideraban que los combates allí desarrollados no habían sido lo suficientemente importantes o exitosos para merecerlo. Como expresión de descontento, especialmente en la Infantería, se publicó un 251 artículo en La Correspondencia de España , en el que el autor, teniente coronel de Infantería Artiñano, afirmaba que eran muchos los jóvenes oficiales que deseaban pasar a África sin conseguirlo, porque las listas para esos destinos estaban manipuladas, y siempre eran enviados los mismos, muchos de los cuales, cuando las cosas se ponían feas, regresaban rápidamente a Madrid. El jefe explicaba que en Sanidad se había acordado que todo su personal pasara por África, y que en Artillería se estaba estudiando hacerlo. Entonces, ¿por qué no también en Infantería? Razona el autor que Marruecos sería un excelente campo de maniobras para ejercitar y desarrollar el Ejército, y además eliminar “ese personal (que por desgracia existe) que casi no se ha mojado una vez, que ignora lo que calienta el sol, que no sabe la diferencia que existe entre una 250 Núñez Florencio, R., El Ejército español en del Desastre de 1898, Cuadernos de Historia nº 42, Arco Libros, Madrid, 1997, p. 13. 251 La Correspondencia de España, 14 de agosto de 1913, “Lo de Marruecos. Temas Militares. La Infantería en África, Cambio de orientación”, firmado por Francisco de Artiñano, teniente coronel del batallón de Cazadores de Figueras, nº 6, fechado en el campamento de Aox (Arcila), en agosto de 1913. http://hemerotecadigital.bne.es/datos1/numeros/internet/Madrid/Correspondencia%20de%20Espa%C3% B1a,%20La/1913/191308/19130814/19130814_20273.pdf; Lacomba afirma que el artículo fue publicado en La Correspondencia Militar, lo que es incorrecto. 229 buena cama y la dura y húmeda tierra (…) que toma y tomó siempre al Ejército como un establecimiento de asilo provincial, cómodo y espléndido; ese personal, cómodo y flojo de por sí, es necesario colocarlo en situación, o que se marche a su casa, o corra el albur aquí de ser ‘carne de hospital’, y se marchará seguramente, dejando huecos necesarios a capacidades de mejor voluntad y energía”. Contando con oficiales con vocación y ambición, la guerra de Marruecos sería ganada con facilidad. Para ascender a la categoría de jefe, todos los oficiales deberían pasar por África, y así cesarían “las ineptitudes físicas, morales e intelectuales; cesará a la vez el favoritismo y la polacada; cesará la ambición criminal e inmoral para dar paso a la ambición solamente”. En todo caso, el texto testimonia el rechazo al favoritismo, a los ascensos y recompensas dados por pocos méritos efectivos. Antes de 1910, la carrera militar era interesante para los jóvenes de clase media, proporcionaba un empleo fijo, y un sueldo aceptable. Ya en 1902, el general Weyler, ministro de la Guerra, estableció que los tenientes no podían casarse, hasta tener una renta personal, o una novia con dote, dado que el sueldo de teniente era insuficiente para mantener una familia. La inflación de 1914 y los años siguientes anuló el valor real de los salarios, y la única forma de progresar era arriesgarse sirviendo en Marruecos. Muchos oficiales se sentían mal pagados, engañados y defraudados por los políticos, e incluso hacia los altos mandos que habían permitido los ascensos por méritos. El periódico La Correspondencia Militar se erigió en el órgano de la oposición al general Luque y a los ascensos por méritos de guerra. El 12 de enero de 1910 se organizó una manifestación ante este periódico, en Madrid, para protestar por el sistema del general Luque, acusándolo de injusto y arbitrario, y de forma indirecta, apoyar a la oposición al 252 Partido Liberal en las Cortes . Era un acto de indisciplina, que el Gobierno castigó con dureza. Uno de sus promotores fue el capitán Gonzalo Queipo de Llano, confinado por ello en el castillo de Santa Catalina, en Cádiz. En el periódico se publicó que habían asistido 2.300 oficiales de infantería y caballería, que rechazaban el favoritismo y la introducción de una doble escala de ascensos. Luque juzgó la manifestación como una insubordinación, cerrando temporalmente el Círculo Militar, reemplazando al capitán general de Madrid, y arrestando a varios oficiales, entre ellos al director del periódico. Los ascensos, para muchos oficiales injustificados, los traslados y los sueldos eran motivo de queja frecuente en las páginas de las publicaciones militares: 252 Payne, S.G., Los militares y la política en la España contemporánea, p. 138 230 “Negando la realidad que brota potente de todas las manifestaciones de la vida pública, desoyendo los consejos de la razón, la demanda de la justicia y la más elemental previsión, se continuaron concediendo recompensas que alientan el descontento y matan la interior satisfacción entre el generalato y la oficialidad del Ejército; se suprime después el Estado mayor Central (…); se otorgan los destinos por riguroso influjo del favor, poniendo la dignidad del ejercicio del cargo militar a merced de los políticos y los caciques; se quitan modestas gratificaciones, que eran un poderoso alivio para sobrellevar lo angustioso de la situación económica en el hogar militar, sin tocar para nada los elevados sueldos, las cuantiosas dietas y las magníficas gratificaciones de otros servicios 253 del Estado del orden civil” . Otro motivo de malestar entre la oficialidad eran las manipulaciones de la jerarquía militar realizadas por el rey, a través del sistema de ascenso por elección, el cual permitía ascender a aquellos oficiales que manifestaran mayores méritos o aptitudes. Un oficial lo veía así: “…los que llevaban apellidos influyentes ascendieron y obtuvieron cuantas recompensas deseaban; quien en 1904 era comandante, tenía en 1911 graduación de general de división. Los que no contaron con esas influencias volvieron a la patria heridos o enfermos, pero no alcanzaron mercedes o 254 condecoraciones” . Alfonso XIII concedía audiencias personales a los militares más señalados por su valor o sus méritos, y alentaba a estos militares a que se comunicaran directamente con él, en vez de a través del ministerio o de la cadena de mando. Los diferentes ministerios y Gobiernos que se sucedieron no hicieron nada por impedir esto, salvo quizá Maura. Pero tanto Canalejas como Dato permitieron que el Rey tuviera independencia en su trato con los militares respecto del Gobierno, algo que entraba 255 dentro de sus poderes . Durante la crisis provocada por un chiste burlándose del Ejército en la revista Cu-Cut, fue el rey quien consiguió, gracias a su círculo de 253 La Correspondencia Militar, Madrid, 6 de noviembre de 1912, “La nación y el Gobierno. Política funesta”, si firma, p. 1. 254 Vivero, a. y otros, Los sucesos de agosto ante el Parlamento, Madrid, 1918, p. 177 - 178, entrevista a un oficial publicada el diario La Independencia de Almería, 13 de juno de 1917; Lacompa, J.A., La crisis española de 1917, p. 119. 255 Romanones, C. de, El Ejército y la Política, Renacimiento, Madrid, 1920, p. 80-85, señala los artículos de la Constitución que convierten al rey en jefe supremo del Ejército (art. Nº 52), en dispensador de ascensos y recompensas de acuerdo con las leyes (art. Nº 53), pero siempre con el refrendo de un ministro (art. Nº 49), que será el verdadero responsable de la decisión; y el artículo nº 30 de la Ley Constitutiva del Ejército del 29 de noviembre de 1879, que dice según Romanones dice que “El destino, la comisión y cargo es de libre voluntad del Rey, a propuesta de su ministro responsable” (p. 82, nota), y añade el conde: “El ambiente militar que rodea a la realeza, la influencia de los arrastres atávicos, el predominio mismo de la educación militar hacen penosa la práctica de estos preceptos constitucionales. Pero quiero salir al paso de la malicia, siempre despierta, declarando que no es la experiencia del presente la que ha dictado mis palabras; no afirmo que no hubo errores; si los hubo, los que hemos gobernado somos responsables, por no haber antepuesto la verdad a la lisonja”. 231 militares, imponer el orden entre los oficiales indignados, y que acabó con la promulgación de la Ley de Jurisdicciones de 1907. Los acontecimientos se iniciaron cuando el semanatrio satíricio catalán Cu-Cut 256 publicó una serie de chistes gráficos atacando y ridiculizando a los militares . En uno de ellos, un militar, vestido ostentosamenre de húsar, comenta con otro hombre la celebración del “Banquet de la Victòria”, en el que los políticos catalanistas de la Lliga Regionalista festejaban su reciente triunfo electoral en los comicios municipales. El militar comentaba: “¿De la Victoria? Ah, vaya, serán paisanos”, en alusión a que el Ejército no sufría más que derrotas. La guarnición de Barcelona se soliviantó y asaltó la redacción del semanario y la del diario La Veu de Catalunya el 25 de noviembre de 1905. El capitán general apoyó la postura de sus oficiales, y éstos recibieron el apoyo del resto de militares de España. Algunos militares, como Burguete o Ibáñez Marín, dirigieron este movimiento que se manifestaba hostil al Gobierno al considerarlo débil. El Gobierno se encontraba muy presionado, y aunque se discutió el relevo de los capitanes generales de Sevilla, Madrid y Barcelona, el ministro, general Weyler, “se hacía el sordo; sordera oportuna y discreta, pues estaba seguro de que estas medidas encontrarían una resistencia invencible y quizás, además, no fuera posible obtener para 257 ellas la firma del Rey” . El Gobierno de Eugenio Montero Ríos intentó obtener en el Congreso la suspensión de las garantías constitucionales en Barcelona, pero la oposición, desde los conservadores a los carlistas y republicanos, se negaba. Se temió un golpe de estado, algunos diputados iban armados a las sesiones o estudiaban las salidas del Congreso. Al preguntar Canalejas al jefe del piquete de la Guardia Civil si impediría el paso a los militares en caso de que éstos intentaran apoderarse del edificio, éste contestó que no. El rey convocó al Consejo de Ministros, y Montero Ríos le encareció la necesidad de mantener la supremacía del poder civil y la unidad del Ejecutivo con el monarca. El rey se manifestó de acuerdo, y se redactó una nota oficiosa, en la que Weyler afirmaba que los militares, pese a estar agitados, mantenían la disciplina y obediencia, y el rey estaba dispuesto a gobernar con el Parlamento y hacer cumplir las leyes. El capitán general de Madrid recorrió los cuarteles para convencer a la oficialidad de que se tranquilizaran, mientras el rey encomendaba al jefe de su Cuarto Militar, general Bascarán, las mismas gestiones. De estas reivindicaciones 256 en Romero-Maura, J., La Rosa de Fuego. El obrerismo barcelonés de 1899 a 1909, RBA, Barcelona, 2012 (1974), p. 272. 257 Romanones, C. de, Notas de una Vida (1868-1901), Aguilar, Madrid, 1934, p. 227. 232 militares nació la propuesta Ley de Jurisdicciones, por la que pasaban a fuero militar los delitos orales y de prensa contra la patria y el Ejército. Montero Ríos no quiso aceptar la ley, y dimitió. El rey llamó a Segismundo Moret, que presentó el proyecto de ley de Juriasdicciones a las Cámaras. La oposición abandonó en Congreso el 13 de marzo de 1906 en protesta por la que consideraban reducción de la libertad de expresión y del poder civil, pero la Ley fue aprobada tras largo debate el 22 de marzo de 1906. Como contestación, los partidos y organizaciones catalanistas, junto a carlistas y republicanos desarrollaron una coalición electoral, Solidaritat Catalana, que supuso el cambio del 258 mapa electoral en Cataluña, donde la Lliga y el Partido Radical de Lerroux , junto a otros grupos catalanistas y republicanos se convirtieron en árbitros de la política regional. Otra muestra de este estrecho contacto entre Alfonso XIII y los soldados, fue el decreto del 14 de enero de 1914, que permitía a Alfonso XIII felicitar y comunicarse directamente con los jefes y oficiales, los cuales a su vez podían contestarle 259 directamente a él, saltándose el conducto reglamentario . Para Bachoud, este hecho convertía a Alfonso XIII en “interlocutor único y solo árbitro de la evolución de las 260 carreras de sus oficiales y corta el contacto entre el ejército y el gobierno” . Esta situación era considerada favoritismo por muchos oficiales, que opinaban que la mejor solución era implantar la escala cerrada, el ascenso por rigurosa antigüedad en el escalafón. Otro problema para los militares, era la provisión de destinos, que era competencia del Ministerio de la Guerra, y que a menudo era causa de quejas y malestar pues se acusaba a éste de favoritismo hacia unos u otros. En 1914, el ministro de la Guerra general Echagüe, conde del Serrallo, “tuvo la ocurrencia –a mi juicio, buena ocurrencia- de querer garantizar la capacidad física e intelectual del Cuerpo de oficiales, especialmente de jefe para arriba, pues la campaña de Marruecos acusaba una buena proporción de comandantes, tenientes coroneles y 258 Sobre Lerroux, su biografía en Álvarez Junco, J., Alejandro Lerroux. El Emperador del Paralelo, Síntesis, Madrid, 1995; y en Romero-Maura, J., La Rosa de Fuego. El obrerismo barcelonés de 1899 a 1909, RBA, Barcelona, 2012 (1974), p.94 y ss. 259 Bru Sánchez-Fortún, A., “Padrino y patrón. Alfonso XIII y sus oficiales (1902-1923), en Hispania Nova. Revista de Historia Contemporánea, nº 6, 2006, hispanianova.rediris.es/6/articulos/6a003.pdf; en Romero-Maura, J., La Rosa de Fuego. El obrerismo barcelonés de 1899 a 1909, RBA, Barcelona, 2012 (1974), p. 221. 260 Bachoud, A: Los españoles ante las campañas de Marruecos, p. 94. 233 261 coroneles que no reunían las condiciones de aptitud necesarias para la guerra” , y quiso establecer normas de selección para ascensos, de forma que éstos fueran para los militares más idóneos. Se trataba de establecer un sistema de medir las aptitudes físicas y profesionales de los oficiales españoles, a través de pruebas. Los militares protestaron porque consideraban que su rango era un estatuto adquirido permanente, que no podía ser revocado independientemente de sus aptitudes y competencias. Esta medida soliviantó a muchos, que esperaban ascender acumulando años de servicio sin mayores esfuerzos. Los oficiales percibieron estas pruebas como un ataque a sus derechos. En pleno malestar por el alza de precios, el 9 de diciembre de 1915, el ministro de la Guerra, general Luque, retomó el tema de las pruebas de aptitud para el ascenso a jefes, eximiendo de ellas a los artilleros e ingenieros. Los oficiales de infantería se ofendieron por lo que consideraron una injusticia. Luque cedía la iniciativa de ascensos a los capitanes generales. El capitán general de Cataluña, general Alfau, decidió introducir pruebas de aptitud entre todos los oficiales, jefes y generales, que se juzgaron humillantes. El asunto se abandonó por un tiempo, pero pasados unos meses Alfau insistió en dichas pruebas. Se estableció que se debía mandar un batallón en instrucción básica, en un solar cercano a la Gran Vía Diagonal, y se sometió a la pruebas a un teniente coronel y dos comandantes de Infantería, que la superaron sin problemas. Dada la afluencia de público, que se entretuvo en hacer chistes y comentarios, los oficiales de Infantería de la Ciudad Condal se ofendieron. No estará de más recordar el ambiente de Barcelona en esos años, obrerista y nacionalista, y además en esas fechas algunos periódicos catalanes atacaban al Ejército afirmando que los militares iban a África a enriquecerse. Cuando Alfau exigió hacer la prueba a jefes de Artillería e Ingenieros, éstos se negaron. El temor de los oficiales de Infantería de verse sometidos a la vejación les llevó a reunirse. Según Mola Vidal, fue el capitán Emilio Guillén Pedemonte quien lanzó la idea de constituir una Junta de Defensa de sus derechos, similar a las que ya 262 habían funcionado para artilleros, ingenieros y Estado Mayor . Cardona afirma que fueron los capitanes Álvarez Gilarránz y Viella Moreno, del regimiento de Vergara nº 57, quienes fundaron una Junta de Defensa del Arma de Infantería, con carácter de sindicato corporativo, que integraba a todos los oficiales de carrera del regimiento, 261 Mola Vidal, E., El pasado, Azaña y el porvenir, en Obras Completas, Valladolid, 1940, p. 998. 262 Mola Vidal, E., El pasado, Azaña y el porvenir. La tragedia de nuestras instituciones militares, Librerías Bergua, Madrid, 1934, p.99. 234 263 incluido el coronel. Otra versión la da el coronel Benito Márquez, quien afirma que los oficiales de infantería se reunían, en 1916, en la Plaza de Cataluña, para discutir sus problemas. Al llevar el invierno y hacerse incómodas las reuniones por el frío, se pensó en crear un comité, con un oficial por cada unidad para realizar reuniones de información, realizándose una de ellas en el cuarto de banderas del Vergara 57, de 264 donde salió la idea de crear la Junta y notificarlo a toda España . No es extraño que la protesta surgiera en Barcelona, una guarnición descontenta. Los militares de Barcelona se dieron cuenta de su papel primordial como garantes del orden en un momento en que el obrerismo y el catalanismo iniciaban una ofensiva contra el Gobierno. Estos delegados viajaron y contactaron por toda España, incitando la formación de juntas de oficiales en todos los distritos. En principio no parecieron tener gran éxito. El 19 de agosto de 1916, el Gobierno presentó en las Cortes un proyecto de reformas militares, en el cual se proponía la desaparición de ascensos por méritos de guerra, los cuales sólo serían posibles por ley extraordinaria aprobada en el Congreso, así como que las condecoraciones serían meramente honoríficas, sin recompensa económica excepto la Cruz Laureada de San Fernando En el segundo semestre de 1916, presidía la Junta de Infantería de Barcelona el coronel Benito Márquez Martínez, y actuaba de secretario el capitán Manuel Álvarez Gilarrán, ambos del Regimiento Vergara nº 57. Contaba con el beneplácito del capitán general Alfau, y se redactó un reglamento, de treinta y siete artículos, aprobado en diciembre de 1916, que llevaba adjunto un compromiso de adhesión. Su primer artículo decía así: “Se constituye la Junta de Defensa de la Escala Activa del Arma de Infantería para trabajar por su mejora y progreso, para mayor gloria y poderío de la patria; para defender el derecho y la equidad en los intereses colectivos y los individuales de los miembros de ella, desde la salida de la Academia hasta el empleo de coronel inclusive. Es decir, todos los oficiales particulares del Arma. Es otro de sus fines fomentar el verdadero compañerismo, mutua ayuda y perfecta y legendaria caballerosidad desarrollando estas virtudes en la oficialidad y velando por su decoro y prestigio profesional; persiguiendo con particulares iniciativas y con la ayuda que recabe a los poderes constituidos, por una parte, los medios y facilidades para que pueda adquirir y perfeccionar el oficial las actitudes profesionales; y por otra, para que mejore la situación 263 Cardona, G., El problema militar en España, p. 131. 264 Márquez, B., Capo, J.M., Las Juntas Militares de Defensa, Barcelona, 1923, p. 23. 235 económica y renazca la interior satisfacción que nace de sus entusiasmos al empezar su carrera y se perpetúa con la confianza en la justicia y equidad con 265 que serán apreciados sus méritos y esfuerzos” . Aunque esta reivindicación figure en último término, sobre todo exigía aumento de sueldo y ascensos, siendo también exigida una mejora de la situación profesional. Se crearían una Junta local por guarnición, otro regional, que agrupara a éstas por Regiones militares, y una Superior, a nivel de toda la nación. Los acuerdos se tomarían por mayoría de dos tercios, y los integrantes se comprometían a acatar y sujetarse a las decisiones tomadas, a través de un juramento, con el cual se ingresaba en la llamada “Unión del Arma”. Junto a principios democráticos, como acatar las resoluciones tomadas por mayoría, encontramos también el compromiso a obedecer dichas resoluciones bajo palabra de honor. El documento de adhesión decía así: “Confirmándome con este reglamento, lo acato, prometiendo cumplirlo y procurar sea cumplido por todos, así como poner de mi parte todo lo posible para conseguir con la unión fraternal del Arma de Infantería mi bien colectivo e individual. Prometo, también, bajo palabra de honor, que si en el cumplimiento de alguna decisión que el Arma, conforme a este reglamento adoptase, resultare perjudicado en su carrera o interés cualquier compañero, procuraré, por todos los medios posibles, ampararle en unión de todos mis compañeros del Arma, y, desde luego, a garantizar al damnificado los sueldos de sus empleos en activo hasta el de coronel inclusive, a medida que vaya alcanzándoles por antigüedad quienes le siguen en el escalafón y al retiro que en la misma forma le 266 corresponde” . En busca de aliados, Márquez entró en contacto con Cambó, y entonces el gobierno liberal de García Prieto se alarmó. Los rumores acerca de las iniciativas legislativas de los Gobiernos, en concreto la desaparición de la escala cerrada, convencieron por su parte a la Junta Central de Artillería la conveniencia de estrechar el contacto con el poder político. Junto a la Junta de Ingenieros, la Junta de Artillería, a través del coronel Ángel Galarza, planteó al presidente del Gobierno, conde de Romanones, su oposición a esta medida. El coronel 267 Galarza convenció a Romanones, y la iniciativa quedó relegada . En enero de 1917 se formaron ya juntas de oficiales de Infantería y Caballería en la mayor parte de las guarniciones. Cada Regimiento y ya se había dotado de su 265 Díaz-Plaja, F., España, los años decisivos, 1917, Plaza y Janés, Barcelona, 1970. p.22-23; Martínez de Aragón y Urbiztondo, Páginas de Historia Contemporánea, Apéndices, p. 20-24; http://recherche.univ- lyon2.fr/grimh/ressources/ejercito/Marruecos/1916juntas.htm 266 Díaz-Plaja, F., España, los años decisivos, 1917, p. 23-24. 267 Alonso Ibáñez, A.I., Las Juntas de Defensa Militares, p. 68. 236 correspondiente Junta, presidida por su coronel, en la que no se aceptaban ni a los generales, ni a los suboficiales y tropa, ni a los oficiales procedentes de la tropa. La Junta de Infantería de Barcelona quiso coordinar sus reivindicaciones con la Junta Regional de Artillería; pero los artilleros desconfiaban de las intenciones de los infantes. En 1916, la inflación había contraído los sueldos de los funcionarios, entre ellos los de los militares, congelados desde 1914. Se habían bloqueado todos los intentos para reformar la estructura del Ejército en 1915 y 1916. En 1916 incluso disminuyó el 268 presupuesto militar . La única salida para mejorar la situación económica para muchos militares, era Marruecos. Fue el caso de Francisco Franco, en 1916, con 23 años, fue ascendido a comandante. 1.6.2.- La cuestión de los ascensos por méritos de guerra Los ascensos por antigüedad en la Infantería eran complicados desde hacía por lo menos un siglo. Había oficiales que habían ascendido desde la tropa a través del escalafón de oficiales de reserva; teóricamente, por el escalafón de oficiales de reserva sólo se podía ascender hasta teniente, pero en 1905 los tenientes con tres años de antigüedad fueron ascendidos a capitanes. Estas complicaciones no existían en las armas de Ingenieros o Artillería. Esos oficiales debían cursar cinco años de estudios propios en sus academias. Defendían el escalafón cerrado y los ascensos por antigüedad. Esto les daba una sensación de superioridad sobre las otras Armas, pero por otro lado se veían inadecuadamente recompensados con su salario. El cuerpo de Artillería mantenía su tradición de nutrirse 269 de familias aristócratas . Frente a estos cuerpos, Infantería y Caballería no tenían espíritu de unidad, bastantes de sus oficiales estaban desanimados y se sentían desprotegidos. De ahí que a muchos las Juntas les parecieran una forma idónea de expresar sus reivindicaciones. 268 La Correspondencia Militar, 26 de enero de 1917, “La situación económica de la oficialidad. Acerca de una nota oficiosa”, firmado por B.L., p. 1: “la oficialidad del Ejército, por ejemplo, además de estar mezquinamente retribuida, está sometida a descuentos en sus haberes, y además de esto, está –o ha estado sometida- a brutales amortizaciones en virtud de las cuales en el año 1916 se ha obtenido una ¡economía! de unos dos millones (aproximadamente) de pesetas. Aquí aparece, pues, una colectividad de ciudadanos quirúrgicamente sacrificada, y ¿para qué? ¿Para obtener recursos con los cuales se puedan proteger industrias nuevas y desarrollar las ya existentes?” 269 Vigón, J., Un personaje español del siglo XIX. El Cuerpo de Artillería, Madrid, 1930. 237 En los objetivos de estas Juntas se reivindicaban equidad, justicia y erradicación de los favoritismos. Pronto quedó claro que las Juntas se oponían a los ascensos por méritos de guerra, y en consecuencia, a los africanistas, a la camarilla militar palaciega y a los generales. Se exigía justicia en las recompensas, subidas salariales, facilidades de acceso al monarca. Había un desprecio u oposición a los políticos. Se pensaba que la nación debía más respeto al Ejército, al que consideraban la columna vertebral del país. En último término de sus reclamaciones figuraban los temas estrictamente profesionales: falta de instrucción de los soldados, o material de guerra anticuado. En el tema de las recompensas había muchas quejas. Según se denunció, el ministro Luque favoreció sobre todo en los ascensos a miembros del Estado Mayor con familiares influyentes en el generalato, lo que molestó a los oficiales de las Brigadas de Cazadores. En diciembre de 1909, La Correspondencia Militar, el futuro general Gonzalo Queipo de Llano, con el seudónimo de “Santiago Vallisoletano”, atacó la 270 política de ascensos de Luque, y con ella, la escala abierta en una serie de artículos . En 1910 circuló un impreso firmado por una Comisión Militar compuesta por los oficiales Javier Ruiz, Mariano Moreno, Luis Prim y Fernando Fernández, de la guarnición de Barcelona. En el texto se atacaba al “intelectualismo militar”, y la concesión de ascensos por méritos, manifestando que la gran mayoría del Ejército reclamaba la escala cerrada de ascensos, y atacaba a la camarilla militar del monarca: “Que ese cuarto militar de nuestro Rey nos pruebe ser más militares dignos que serviles palaciegos, y haga llegar hasta el trono el lógico malestar y disgusto de la 271 oficialidad y sus justos deseos” . En la campaña del Kert, entre 1911 y 1912, según Sacanell, se premiaba a los heridos, por leves que fueran, y muchos oficiales ganaron 272 ascensos por méritos de guerra gracias a pequeñas acciones sin apenas importancia . En la primavera de 1912, a punto de acabar las operaciones del Kert, el teniente de 273 Regulares Emilio Mola fue herido en un muslo, y por ello ascendido a capitán . La disputa entre partidarios y detractores de la escala abierta, causó la división, aún 270 Alonso Ibáñez, A.I., Las Juntas de Defensa Militares, p. 90. 271 Fernández Almagro, M., Historia del Reinado de Alfonso XIII, Montaner y Simón, Barcelona, 1934, p. 157. 272 Sacanell, E., El general Sanjurjo, héroe y víctima, La Esfera de los Libros, Madrid, 2004, p. 40. 273 El teniente Emilio Mola Vidal ingresó en Regulares el 11 de agosto de 1911. Participó en la campaña del Kert, mandó la vanguardia en la ocupación de Buxdar (14 de noviembre de 1911), y la toma de Monte Arruit (18 de enero de 1912). Fue herido en el combate de Haddu Al-lal a Kadur, contra el Mizzian, al retirar a dos de sus soldados heridos. Mientras estaba siendo curado, llegó la noticia de la muerte del caudillo rifeño: Vigón, J., General Mola, AHR, Barcelona, 1957, p. 22-24. 238 superficial, del Ejército entre “africanos” y “peninsulares”, porque la campaña marroquí había sido relativamente pequeña. Pero con el alargamiento de las campañas, el problema se agravó. En 1916 en la batalla del Biutz Franco recibió una herida muy grave en el bajo vientre y fue propuesto para ascenso a comandante por méritos; se le 274 negó por el consejo militar, pero lo consiguió . En esa ocasión fue también herido el teniente José Sacanell, en el párpado izquierdo: fue citado como distinguido en combate, y recompensado con una Cruz al Mérito Militar, pero no ascendido. Estos ascensos y recompensas eran considerados por algunos como excesivos, y como tales fueron denunciados por las Juntas de Defensa. Tras la denuncia, estos abusos fueron corregidos radicalmente, y el mismo José Sacanell, ya capitán, fue herido gravemente 275 en el vientre, y fue recompensado con la medalla de Sufrimientos por la Patria . Alfonso XIII se inmiscuía con cierta frecuencia en los ascensos. Alcalá Zamora relata en sus memorias que siendo él ministro de la Guerra, hacia 1922 o 1923, tuvo que decidir sobre el nombramiento de coronel para el Regimiento de Lanceros de la Reina, lo que llevó al generalato a Gonzalo Queipo de Llano, al correr el escalafón. Como coronel, el monarca propuso a Kirpatrik, lo que Alcalá aceptó. Pero al llevar el nombramiento a la firma, el rey le dijo que había cambiado de idea y deseaba otro mando, por lo que el ministro le amenazó con dimitir. Otro conflicto se abrió al tener que nombrar el mando del Batallón de Cazadores de Ronda, puesto ambicionado por casi cincuenta tenientes coroneles, uno de los cuales era Millán Astray. Existían partidarios y detractores de Millán, lo que hacía delicada la cuestión. En eso, se presentó en el ministerio un ayudante del monarca, pidiendo datos para que don Alfonso decidiera. Alcalá Zamora se indignó, y al preguntarle el rey el motivo de su disgusto, le contestó “que era en bien suyo, pues la cincuentena de tenientes coroneles que iban a quedar desatendidos era preferible se quejase del ministro pasajero y no del jefe permanente del Estado”. Nuevo choque hubo a raíz de nombrar al jefe de la Sección de Caballería, puesto para el que don Alfonso proponía al que acababa de ser comandante de su escolta real, pese a ser el general más moderno. El ministro se opuso porque era un caso flagrante de favoritismo. En favor del rey, hay que decir que siempre cedió a las instrucciones de Alcalá Zamora, aunque a veces éste aceptara propuestas de aquél, 274 Según De la Cierva, se le iba a conceder la Cruz de María Cristina, pero Franco solicitó al rey su canje por el ascenso; Berenguer informó favorablemente, y Franco fue ascendido: De La Cierva, R., Francisco Franco, Biografía histórica, Planeta, Barcelona, 1982, t. 1, p 123. 275 Sacanell, E., El general Sanjurjo, héroe y víctima,p. 41. 239 como cuando se relevó del mando de los Húsares de Pavía al coronel Saavedra,por permitir en el cuartel una fiesta en la que se relajó excesivamente la disciplina. Pero Alfonso XIII actuaba a menudo por capricho: “El día del entierro del obispo de Sión me dijo [el rey] muy serio que se le quitase inmediatamente el mando al coronel del regimiento que había dado escolta, porque ya habría visto yo que al pasar por delante de palacio un soldado llevaba la mano izquierda sin guante, que en seguida volvió a ponerse. Le contesté que no lo habría podido ver aunque hubiera sido un lince porque yo marchaba delante; pero que por eso no se podía separar a un coronel, que tampoco pudo verlo. Decía el rey que yo le daba razones y que acababa por convencerle; yo supongo que con poca satisfacción suya. Procuraba yo tener la razón y atenerme a la constitución y a la ley orgánica o constitutiva del ejército; le contestaba con respeto y atendía sus indicaciones cuando 276 eran fundadas” La razón inicial de estas Juntas fue, por tanto, luchar contra estos ascensos por méritos, aunque durante algún tiempo no pareció su principal objetivo. Lo demuestra que Romanones supo de su existencia por el propio Rey: “…me refirió que paseando un día por los alrededores de La Magdalena, se encontró con dos oficiales jóvenes que le informaron de que se había creado, además de las Juntas ya antiguas de Artillería e Ingenieros, la de Infantería; que las características de éstas era dejar a un lado al Generalato, pues le hacían responsable de las injusticias cometidas en ascensos y recompensas, juzgándole además incapaz de acometer el urgente problema del saneamiento y 277 de la reorganización de la fuerza armada” . Otra fuente de información para el monarca fue su primo, Fernando de Borbón, 278 comandante del Regimiento Inmemorial del Rey nº 1 . Para Romanones, el ascenso por antigüedad favorecía las medianías; “pero abusos de todo género, injusticias evidentes, actos de favoritismo y nepotismo, todas esas inmoralidades, crearon ese 279 sentimiento contrario al ascenso por elección” . En consecuencia, él abogaba por un sistema intermedio, de ascensos por antigüedad pero donde el esfuerzo fuera reconocido. En el artículo 4º del reglamento de las Juntas se establecía que aquellos que aceptaran el mismo, se comprometían a acatar la opinión de la mayoría en cualquier tema, opinión que sería adoptada como propia del Arma. Una de estas opiniones mayoritarias, era que aquellos premiados con un ascenso por mérito, renunciaran a él y lo permutaran por una cruz de María Cristina. 1.6.3.- La rebelión de las Juntas. 276 Alcalá Zamora, N. Memorias, Planeta, Barcelona, 1977, p. 76-77. 277 Romanones, C. de, Notas de una vida (1912-1931), Espasa Calpe, Madrid, 1947, p. 135. 278 Tusell, J., Queipo de Llano, G, Alfonso XIII. El rey polémico, Taurus, Madrid, 2001, p. 303. 279 Romanones, C. de, El Ejército y la política, p. 184. 240 El general Felipe Alfau Mendoza, capitán general de Barcelona, aceptó la existencia de la Junta local de Infantería. El gobierno de Romanones pensó suprimir las 280 Juntas a principios de 1917, pero no lo hizo . Alfonso XIII temió ser el objetivo de las 281 quejas y los ataques de los militares, y quiso que el Gobierno las disolviera . Pero el ministro de la Guerra, general Agustín Luque le convenció que podían ser útiles, manipulándolas, introduciendo en ellas hombres de confianza que las convirtieran en Tribunales de Honor. El presidente del Gobierno, conde de Romanones, apoyó esta postura de su ministro. El Rey decidió apoyar y aprovecharse de las Juntas en beneficio 282 propio, en palabras de Lacomba, “borbonearlas” . En abril de 1917, cambiando de opinión, el ministro general Luque ordenó disolver las Juntas Regionales de Artillería e Ingenieros, para que no sirvieran de excusa a la existencia de las de Infantería. La Junta Central de Artillería, presidida por el coronel Galarza, recelosa con el cariz reivindicativo de las Juntas de Infantería, ordenó a sus filiales regionales que así lo hicieran. Las Regionales de Artillería se negaron a obedecer, se decidió reformar la Junta Central, y establecer acuerdos con la Junta Superior de Infantería, radicada en Barcelona. En junio se formó una nueva Junta Central de Artillería, denominada Junta Central de Defensa del Arma de Artillería. El coronel Galarza, siendo número uno de su escalafón, no fue ascendido a general de Brigada al ser represaliado, y el ascendido fue el número dos, Ubaldo Rexach. La Junta de Artillería se dejaba llevar por los acontecimientos. En mayo, la Junta de infantería de Barcelona se dio por enterada del interés del Rey hacia las Juntas. Para entonces, en Barcelona ya estaba funcionando una Junta Superior que representaba a los oficiales de Infantería de toda España. La Caballería siguió sus pasos, así como la Artillería, que disolvió su antigua Junta Central, y formó otra bajo las órdenes de su Junta Superior de Barcelona. De estas Juntas estaban excluidos los generales. 280 Lacomba, J.A., La crisis española de 1917, p. 113-114. Romanones, C. de, Notas de una vida (1912- 1931), Espasa Calpe, Madrid, 1947, p. 136: según Romanones, él ordenó a Luque, ministro de la Guerra, y éste a Alfau, capitán general de Barcelona, que las Juntas fueran disueltas, pero éstas no se disolvieron. 281 Romanones, C. de, Notas de una vida (1912-1931), pp 131-132, 141-142, 144; Lacomba, J.A., La crisis española de 1917, p. 115; Márquez y Capo afirman que el Rey estaba muy enterado del desarrollo de las Juntas de Defensa: “El palaciego general Primo de Rivera fue a Barcelona, regresando a Madrid fracasado. Seguramente, el mismo Don Alfonso, debido al fracaso de éste, buscó la manera de entenderse con las ‘Juntas’ para tener sensación de poder. Y fue a Madrid una comisión que habló con el Monarca, regresando, al parecer, satisfecha por la complacencia del Rey”, Márquez y Capo, Las Juntas Militares… p. 41. 282 Lacomba, J.A., La crisis española de 1917, p. 115. 241 El 10 de mayo de 1917 dimitió el segundo Gobierno de Romanones, en parte por el malestar derivado de la postura neutral española ante los ataques submarinos alemanes, y en parte porque Romanones no quería enfrentarse a las Juntas. Le sucedió su rival y compañero de partido liberal, García Prieto, que nombró como ministro de la 283 Guerra al general Francisco de Aguilera y Egea . Como dice Romanones, “La situación de García Prieto era difícil. Luchar abiertamente frente a una gran parte de los deseos del Ejército era temeridad. Someterse a ellos, flaqueza, y aún se hacía más difícil la situación con la actitud del Rey, que era opuesto a las Juntas de Defensa, pero 284 no quería enajenarse las simpatías del Ejército” . Aguilera, cuyo sentido de la 285 disciplina no comprendía las Juntas, siguiendo, según Romanones, órdenes del rey , envió el 9 de mayo una circular a todos los capitanes generales ordenándoles prohibir las reuniones de las Juntas, e instó particularmente a Alfau a disolver las Juntas de Barcelona, tal y como había ordenado el ministro de la Guerra anterior, general Luque. Para entonces, según Márquez, “No se acataba en la marcha del Ejército más órdenes que las de las ‘Juntas’ en la cual residenciaban todos los poderes de las mismas, en lo 286 que afectaba a la marcha del Ejército” . Alfau decidió esperar unas semanas. Mientras, las Juntas de las tres Armas se fusionaron en una Unión de Juntas. El 25 de mayo, Alfau convocó a la Junta Superior de Infantería de Barcelona en su despacho y les conminó a disolverse en veinticuatro horas, al tiempo que cursaba la misma orden por escrito al coronel Márquez. La Junta se negó, y fue arrestada en el cuartel de las Atarazanas y trasladada el 27 de mayo a la prisión militar del castillo de Montjuich. Según Márquez, Alfau actuó porque las Juntas se seguían oponiendo a admitir a los 287 generales en ella . Se formó entonces una Junta suplente, presidida por el coronel Echevarría, que publicó un manifiesto que recogía las protestas de las Juntas, y pidió apoyo a las demás Juntas de España. Aguilera decidió cesar al general Alfau, y ordenó detener a la nueva Junta. Fue nombrado nuevo capitán general de Barcelona el general José Marina, claramente posicionado contra las Juntas. Las Juntas reaccionaron a los 283 Alía Miranda, F., Duelo de sables. El general Aguilera, de ministro a conspirador contra Primo de Rivera (1917-1931), Biblioteca Nueva, Madrid, 2006, p. 94. 284 Romanones, C. de: Notas de una vida (1912-1931), Espasa Calpe, Madrid, 1947, p. 132. 285 Romanones, C. de, Notas de una vida (1912-1931), Espasa Calpe, Madrid, 1947, p. 138. Según Romanones, el ministro actuó sin consultar con el presidente del Gobierno. Aguilera se molestó, según Romanones, además, porque dos jefes importantes del Ministerio de la Guerra fueron inmvitados a unirse a la Junta de Barcelona. Aguilera los trasladó de forma inmediata y forzosa a Asturias, lo que ofendió a la Junta. Este chispazo enfrentó directamente a las Juntas con el ministro Aguilera. 286 Márquez y Capo, Las Juntas Militares… p. 24-25. 287 Márquez y Capo, Las Juntas Militares… p. 29. 242 arrestos con indignación. La Junta de Infantería de Zaragoza estaba dispuesta a detener a Marina a su paso por la ciudad en tren de camino a Barcelona. Paralelamente, los capitanes generales, siguiendo órdenes del Gobierno, arrestaron a las Juntas de Vitoria, La Coruña y otros lugares. El 31 de mayo, la guarnición de Barcelona parecía dispuesta a sublevarse para liberar a sus compañeros por la fuerza. Se corrió la consigna de impedir la entrada del capitán general a los cuarteles de la ciudad, y se avisó a la Junta de Zaragoza para que se saboteara la vía férrea si llegaban tropas desde Madrid. Antes de enjuiciar a los detenidos, el presidente del Tribunal Militar de Barcelona se declaró enfermo. El 1 de junio, representantes de la guarnición entregaron a Marina un documento donde recordaba que toda España estaba guarnecida por tropas “que sólo obedece exclusivamente a esta Junta Superior del Arma”, exigía la libertad de los miembros de la Junta, así como mejoras técnicas y económicas, los arrestados debían ser exonerados y rehabilitados, las Juntas reconocidas oficialmente, y añadía: “A estas causas de malestar crónico se han añadido últimamente las producidas por la injerencia del favor que anula el mérito y desmoraliza al que, para lograr un beneficio que se le debe, tiene 288 que mendigarlo del personaje influyente, arrastrando a sus pies su dignidad” , clara referencia a los méritos de guerra y a los ascensos por elección. La Junta Superior envió a las Juntas regionales una orden de insurrección: “Si a las tres de la tarde del día 2 de junio corriente no recibe esa Junta orden contraria, se posesionará de la Capitanía General y Gobierno Militar, ofreciendo el mando a los generales que por antigüedad les corresponda, y, en caso de que no hubiera ningún general que quisiera hacerse cargo del mando, lo ofrecerá a los coroneles más antiguos, prestando juramento de fidelidad a la 289 Patria, a la Junta de Defesa y a la Monarquía” . La rebelión violenta podía ser un hecho. Alfonso XIII, preocupado, envió a Barcelona al comandante Mariano Foronda que comunicó a los encarcelados su pronta liberación. El presidente de la Junta de Infantería, el coronel Benito Márquez, le dijo: “El Rey no nos ha liberado; lo hicimos nosotros mismos. Puede darle gracias a Dios de 290 que le permitamos seguir estando en Madrid” . Marina no quiso ceder, pero el Gobierno sí, por presión del rey, y los miembros fueron liberados en la mañana del día 2 de junio. 288 Mola, E., El pasado, Azaña y el porvenir, p.107-110. 289 Lacomba, J.A., La crisis española de 1917, p. 134. 290 Márquez, Capo, J.M., Las Juntas… p. 38. 243 Estos acontecimientos implicaron una rebelión militar encubierta, “un notorio desmoronamiento de la disciplina y ponía al Estado a merced de los sables. Una figura benemérita, como Marina, apenas pudo sobreponerse, en difícil confrontación, a 291 quienes apelaban al ‘ultimátum’ para que sus exigencias fuesen aceptadas” . Más aún: con su actitud rebelde, que parecía que los militares “junteros” iban a la revolución, y dada la crispada situación político-social, se atrajeron la simpatía de los movimientos de oposición no dinásticos, como los regionalistas catalanes, que pretendieron aliarse a ellos, o utilizarlos, para remover las estructuras del sistema político. Alejandro Lerroux, jefe de los republicanos radicales de Barcelona, pensó en organizar a ochocientos voluntarios para asaltar Montjuich y liberar a la Junta. Esto solo podía ser una quimera: los militares “junteros” no eran regionalistas ni republicanos, pero su actitud, en cierto modo, “antisistema”, hizo pensar a algunos que sí podían serlo. Pero ya hemos visto que el régimen optó por ceder y acabó liberando a los detenidos y cediendo, con la oposición del ministro general Aguilera. Los militares junteros habían dado muestras de tener poder, pero carecían de un mando central, de una organización clara. Tenían el apoyo popular dado el descrédito de los políticos. Según Madariaga, la visión de muchos españoles fue que los junteros se convirtieron en héroes: habían desafiado al Gobierno y al Rey, no como rebeldes, sino como 292 renovadores . Los generales estaban en contra de las Juntas. Pero las Juntas desconfiaban de los generales, porque muchos de ellos, una vez alcanzado el generalato, entraban en política, se convertían en políticos. Pero ante la insubordinación tan generalizada, la solución ya no podía ser disciplinaria, debía de ser política. Marina se entrevistó con los dirigentes de las Juntas, entre ellos Márquez, para negociar sus reivindicaciones. Se plantearon tres reivindicaciones: cese de Gómez Jordana como Alto Comisario, considerado un “favorito”; retiro de varios tenientes generales, con peso político; y reorganización del grupo de asesores militares del monarca, para destruir la camarilla real. 291 Seco Serrano, C., Militarismo y civilismo en la España contemporánea, Instituto de Estudios Económicos, Madrid, 1984, p. 264. 292 Madariaga, S., España. Ensayo de historia contemporánea, Espasa Calpe, Madrid, 1979, p. 253-254. Obviamente, la visión del propio Madariaga es mucho más real y crítica con las juntas, a las que tilda de “soviets de oficiales”. 244 El 8 de junio de 1917, el Gobierno reconoció legalmente las juntas, comprometiéndose a subir los sueldos, eliminar el favoritismo, regular los ascensos, etc. Márquez exigió que los ceses pedidos fueran ejecutados de inmediato. El Rey no quería enfrentarse a las Juntas, y el general Aguilera, totalmente contrario a ellas, y a ceder 293 ante ellas, dimitió . La causa concreta, fue que el general Marina, en Barcelona, aprobó el Reglamento presentado por las Juntas, sin su aprobación. El resto del Gobierno de García Prieto le siguió el 9 de junio. Por su parte, Alfonso XIII prescindió de varios antiguos servidores de su Casa militar, sobre los que habían recaído acusaciones de favoritismo, entre ellos el conde de Grove, restableciéndose una disposición que establecía que el cargo de ayudante de campo del rey sólo podía ser ostentado durante cuatro años. Estos cambios fueron un gran sacrificio para Alfonso 294 XIII . El 11 de junio tomó el poder el nuevo presidente del gobierno, el conservador Eduardo Dato. En Barcelona, el general Marina, con poca autoridad en la práctica, se convirtió en portavoz de las Juntas ante el gobierno de Madrid. Dato nombró ministro de la Guerra al anciano general Fernando Primo de Rivera y Sobremonte, primer marqués de Estella con 86 años. Las Juntas le apodaron “la momia”, pero el prestigio del marqués era enorme, y bastaría para coartar cualquier intentona militar. Su sobrino, el general Miguel Primo de Rivera, en principio contrario a las Juntas, buscó el acercamiento a ellas, como una herramienta para regenerar el país. Miguel Primo actuó 295 de puente entre las Juntas y su tío . Dato aprobó rápidamente el reglamento de las Juntas de Defensa, según Seco, porque sabía que se estaba gestando una huelga 296 general . La fuerza del movimiento juntero se extendió de la Península a Marruecos, con la adhesión casi unánime de la guarnición de Melilla. El movimiento juntero se extendió hacia abajo, hacia los suboficiales. El 12 de junio, un comité de suboficiales envió un escrito a la Junta Suprema de Infantería, pidiendo mayor dignidad social, prestigio, autoridad, y amenazaba que si no se veían satisfechas sus aspiraciones, "habrá llegado el amargo momento de pensar y de creer 293 “Dándose cuenta de que dentro del Ministerio no tenía libertad de acción para proceder según los dictados de su conciencis, dimitió, y con él todo el Gobierno”, Romanones, C. de, Notas de una vida, Marcial Pons, Madrid, 1999, p. 132. 294 Tusell, J., Queipo de Llano, G, Alfonso XIII. El rey polémico, Taurus, Madrid, 2001, p. 305-306. 295 Tusell, J., Radiografía de un golpe de Estado. El ascenso al poder del general Primo de Rivera, Alianza, Madrid, 1987, p. 37-38. 296 Seco Serrano, C., Alfonso XIII y la crisis de la Restauración, Ariel Barceklona, 1969, p. 110-111. 245 que nuestros jefes y nuestros oficiales iban a ser el primer muro de contención que tendríamos que allanar cuanto a su vez sonase para nosotros la hora solemne de las 297 suspiradas sus reivindicaciones" . Los grupos republicanos y progresistas comprendieron que podían utilizar la rebelión de las juntas para provocar cambios institucionales importantes. Podría ser la ocasión de iniciar una revolución de transformara el régimen y diera respuesta a las ambiciones de los distintos grupos sociales: eliminación del caciquismo y democratización plena del sistema, implantación de la república, ampliación de los 298 derechos laborales, autonomías regionales… A través de sus periódicos, comenzaron a incitar a los soldados y a los suboficiales para romper la disciplina en nombre de la justicia, olvidando la disciplina. Así lo hizo Marcelino Domingo, recordando el papel importante se había jugado la insubordinación del ejército en el derrocamiento de la autocracia rusa. Otros escritores socialistas y liberales intentaron que la protesta militar se uniera a la suya propia. No obstante, no se engañaban: las Juntas de Defensa partían de una rebelión contra el Gobierno, y se pretendía una supeditación del poder civil al 299 militar . En La Correspondencia Militar se publicó un editorial, “Rebelión legítima”, que afirmaba que las Juntas representaban un movimiento de protesta dentro de una institución, y no de un movimiento revolucionario. Los junteros no querían identificarse con los revolucionarios, y tampoco querían alentar la insubordinación de la tropa. Mientras tanto Primo de Rivera dilataba el cumplimiento de las reclamaciones para ganar tiempo. El 25 de junio, la Junta de Infantería publicó un manifiesto sobre sus reivindicaciones. Este manifiesto fue escrito, según pareció, por los capitanes Isaac Villar Moreno y Leopoldo López Pala. En él se pedía para el Ejército justicia, y se enumeraban las causas de la protesta. En el orden moral, se denunciaban la falta de derechos individuales y el atropello de los colectivos, con el favoritismo; se quejaban, en el orden técnico, de falta de instrucción, de escaso material, y de la necesidad de adquirir conocimiento práctico del Arma, lo que se interpretaba como una crítica a la existencia del Cuerpo de Estado Mayor; reclamaban mejoras materiales para oficiales, 297 Payne, S.G., Los militares…, p 145-146. 298 Andrés Gallego, J., Los movimientos revoluconarios europeos de 1917-1921, Universidad de Sevilla, 1979, p. 70-71. 299 Alonso Ibáñez, A.I., Las Juntas de Defensa, p. 138-139, cita en concreto a Luis Araquistain y a Julián Besteiro, cuyas iniciales simpatías por las Juntas se diluyeron con rapidez. 246 clases y tropa: sueldo adecuado, viviendas baratas, buenos cuarteles, uniformes, alimentación…; había que erradicar el favoritismo, reflejo en el Ejército del caciquismo; la necesidad de luchar contra este estado de cosas había llevado a la formación de las Juntas, pero éstas no aspiraban al poder ni a oficializarse como organismos, pero sí funcionar de forma oficiosa; su aspiración inmediata era ser reconocidas por el Gobierno; afirmaban que no se había violado la disciplina militar con sus actuaciones; que sus móviles no eran políticos, ni tendenciosos hacia la aliadofilia o la germanofilia; su principal objetivo, afirmaban, era el bien y la regeneración de España. Ante este documento, Dato suspendió las garantías constituciones e impuso la censura para impedir la difusión del mismo. Algunos oficiales plantearon obligar al Gobierno por la fuerza, pero la idea se desestimó por el temor de romper la disciplina y provocar la insubordinación de suboficiales y tropa. A finales de junio, pese a sus protestas de neutralidad política, las Juntas eran conscientes de que debían actuar desde dentro del sistema establecido, influyendo en la política, derribando el Gobierno Dato. Los junteros confiaban en Antonio Maura, y pensaban que si lo llevaban al poder, 300 satisfaría sus exigencias. Esto suponía una politización partidista del Ejército . Pero Maura se negó, en una carta enviada el 20 de julio, afirmando que no aceptaría un poder 301 fuera del sistema constitucional . Ante la presión de la izquierda, de los obreros, los republicanos y los 302 catalanistas, el Gobierno intentó llegar a un acuerdo con las Juntas . Los diputados progresistas, republicanos y catalanistas, exigían una reforma de la Constitución, y los sindicatos amenazaban con una huelga general. El Gobierno necesitaba el apoyo de los militares, y el rey deseaba ganarse el aprecio de las Juntas. Un Real Decreto del 2 de julio de 1917 destinó dos millones de pesetas para aumentar los fondos militares, y otro del 4 de julio estableció que los asesores militares del Rey sólo estarían cuatro años en el cargo. Las Juntas pensaron que iban por el buen camino. El Ministerio de la Guerra distribuyó cuestionarios para las Juntas, para conocer sus exigencias. El 9 de agosto, la 300 Tusell, J., Queipo de Llano, G, Alfonso XIII. El rey polémico, Taurus, Madrid, 2001, p. 307 301 Alonso Ibáñez, A.I., Las Juntas de Defensa, p. 147-148, aporta tanto las propuestas junteras presentadas a Gustavo Peyra y a Maura, y la contestación de éste. Lacomba, J.A., Ensayos sobre el siglo XX español, Ediciones de Bolsillo, Madrid, 1972, p. 168. 302 Desde 1916, la UGT y la CNT suscribieron un pacto de colaboración para exigir mejoras salariales, que se ratificó en marzo de 1917. En mayo, socialistas y anarquistas estaban de acuerdo en declarar una huelga general por tiempo indefinido para derribar el Régimen y apoyar un gobierno provisional que convocara unas Cortes Constituyentes. La inspiración rusa es evidente: Andrés Gallego, J., Los movimientos revolucionarios…, p. 130-131. 247 Junta Superior de Infantería recomendó que los generales “enemigos de nuestra Arma”, Alfau, Luque, Figueras, Bazán, Carbó, Aguilera, Riera y el marqués de Estella, el propio ministro, fueran “residenciados”, es decir, sancionados, y concretamente los cuatro primeros no desempeñaran cargo alguno en el ejército, y que cualquier militar se 303 negara a ser Ayudante de los mismos . Para Alonso Baquer, es sorprendente que esta rebelión de las Juntas no fuera condenada por las fuerzas políticas que se tildaban de innovadoras en 1917. Sencillamente, estas fuerzas querían utilizar al Ejército para transformar o derribar el 304 régimen, y califica a la rebelión de “pronunciamiento desarmado” . 1.6.4.- Las Juntas se desmarcan de la reivindicación política. 1.6.4.1.- Las Juntas de Defensa y la Asamblea de Parlamentarios. Para Lacomba, la crisis española de 1917 tiene tres aspectos: uno mesocrático, la exigencia de mejoras salariales y laborales de los militares expresadas en las Juntas de Defensa; otro burgués, según su propia nomenclatura, la rebelión de los parlamentarios exigiendo reformas políticas; y un tercero proletario, la huelga general que quería obtener desde mejoras laborales a cambios en la forma del Estado. Andrés Gallego ha subrayado cómo las revoluciones de 1917-1918 tienen dos modalidades principales, las 305 huelgas y los motines militares . El conflicto político, cuya plasmación será la Asamblea de Parlamentarios, fue un nuevo intento de reformar el sistema político de la Restauración, la llamada “revolución desde arriba”, tras los intentos fallidos de Maura y 306 de Canalejas . Los motivos que llevaron a la convocatoria de la Asamblea de Parlamentarios en Barcelona fueron la debilidad de los gobiernos, el turnismo político del poder y la corrupción administrativa que a su juicio paralizaban el Estado. El impulsor del movimiento fue Francisco Cambó, cuyo deseo era regenerar España a través del dinamismo de la periferia; era “resolver la cuestión española desde la 307 periferia” . Las Cortes estaban cerradas desde febrero de 1917. En abril, Cambó viajó por España contactando con personalidades políticas de diversas tendencias para 303ABC, 20 de octubre de 1917, p. 9, sesión del 5 de agosto de 1917; el 11 de agosto se acordó incluir entre los sancionados al general Vigné; http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1917/10/20/009.html 304 Alonso Baquer, M., El modelo español de pronunciamiento, Rialp, Madrid, 1983, p. 200-203. 305 Andrés Gallego, J., Los movimientos revolucionarios…, p. 134. 306 Martínez Roda, F., “El 98 y la crisis del sistema político de la Restauración (1898-1914), en Cátedra Nova, nº 9, junio 1999. 307 Lacomba, J.A., La crisis… p. 170. 248 solicitar la reapertura de las Cortes y si se recibía una negativa, convocar en Barcelona una Asamblea de Parlamentarios. Esta Asamblea debería reclamar el poder para establecer un gobierno de concentración. El 7 de junio, Abadal y Cambó enviaron a Dato la petición de apertura de las Cortes, en nombre de los parlamentarios de la Lliga Regionalista. El 25 de junio, el Gobierno suspendió las garantías constitucionales. El 27 de junio Cambó visitó a varios líderes políticos en Madrid de las minorías del Congreso, y tras recibir la negativa de Sánchez Guerra a la reapertura de las Cortes, el 1 de julio la Lliga convocó una reunión de diputados y senadores catalanes en el Ayuntamiento de Barcelona para el día 5 de julio. En dicha reunión se leyó el manifiesto de las reivindicaciones de las Juntas del 25, los regionalistas catalanes esperaban el apoyo de las Juntas. Pero las Juntas no defendían reformas políticas, sus objetivos era muy limitados. El coronel Márquez se encontró con que sus contactos con Cambó y los parlamentarios regionalistas suscitaban 308 el rechazo de muchos oficiales, recelosos con el catalanismo . No obstante, el temor a que las Juntas y la Asamblea se unieran en un frente común, llevó a que se informara a éstas que podían comunicarse directamente con el Presidente del Gobierno sin pasar por el ministro de la Guerra. El Rey envió al capellán castrense padre Planas para convencer a Márquez de que hablara con Cambó y suspendiera la convocatoria de la Asamblea de 309 Parlamentarios para el 19 de julio, pero éste se negó . El 16 de julio, la Junta Superior publicó un comunicado afirmando que las Juntas tenían “el firme propósito de permanecer alejados de las luchas políticas y obedecer los mandatos del Gobierno 310 legalmente constituido” . El 17 de julio, Márquez pidió a Cambó que le aclarara los objetivos de la Asamblea. Cambó reiteró que los catalanistas no eran separatistas, y comparaba la situación de Cataluña con la del Ejército, pues ambos debían salvar a 311 España . La Junta Superior finalmente no respaldó a la Asamblea de Parlamentarios. La 312 Asamblea, convocada para el 19 de julio, fue cerrada por el Gobierno rápidamente . A 308 Lacomba, J.A., La crisis… p. 194. 309 Márquez, B., Capó, J.M., Las Juntas Militares de Defensa, p. 48-50. 310 Lacomba, J.A., La crisis… p. 195-196. 311 Márquez, B., Capó, J.M., Las Juntas Militares de Defensa, p. 184-187, contestación de Cambó. 312 Lacomba, J.A., La crisis… p. 204. El gobernador de Barcelona entró en la Asamblea y ordenó su disolución, pero no se le hizo caso. Entonces anunció la detención de los diputados, con lo que éstos abandonaron el local. Así lo cuenta Márquez, p. 53. Al salir del salón, el gobernador Leopoldo Matos iba poniendo la mano en el hombro a los diputados, como signo de su detención, pero ya en la calle quedaban totalmente libres. 249 principios de agosto, el padre Planas quiso entrevistarse con el rey para entregarle las propuestas políticas de las Juntas (formar un gobierno de concentración y convocar elecciones a Cortes constituyentes). El rey rechazó estas propuestas, y ni siquiera recibió al capellán Planas. 1.6.4.2.- Las Juntas de Defensa apoyan la represión de las huelgas de Agosto de 1917. En marzo de 1917, la situación laboral, derivada del alza de precios, llevó a una reunión, en la Casa del Pueblo de Madrid, entre delegados de la UGT y de la CNT, en la que se planteó convocar una huelga general. En la estrategia de los líderes obreros, 313 como Besteiro, pesaba la división existente en el Ejército y en la “burguesía” . Incluso hubo un acercamiento a los republicanos. El 5 de junio se constituyó un Comité de huelga integrado por Melquíades Álvarez, por los reformistas; Alejandro Lerroux, por los republicanos; Largo Caballero por la UGT; Pablo Iglesias, por el PSOE. El fin último era instaurar un Gobierno provisional que convocara Cortes Constituyentes. La huelga también estaba apoyada por la CNT, que no quiso entrar en el Comité por su ideología ácrata. En julio, la conflictividad obrera aumentó, destacando los sectores ferroviario, metalúrgico y minero. Los puntos de reivindicación, publicados el 17 de julio, eran muy variados, radicales y en muchos aspectos utópicos: implantación de una República, reconocimiento del derecho de los Sindicatos a vetar leyes emanadas del Parlamento, jornada de siete horas, disolución del Ejército y sustitución por milicias, abolición de Aduanas y del Senado, separación de la Iglesia y el Estado, Ley de Divorcio, autonomía municipal y regionales, enseñanza racionalista, obligatoria y gratuita… En este ambiente, coincidiendo con la expectación creada por la Asamblea de Parlamentarios, el 19 de julio se declaró una huelga de los ferroviarios y tranviarios en Valencia, que fue el primer paso de la huelga general. El 21 de julio, el capitán general de Valencia, general Tovar, declaró el estado de guerra, y a partir del 23 de julio, la ciudad se fue normalizando. El 26 se levantó el estado de guerra. La Compañía de Ferrocarriles del Norte de Valencia despidió a treinta y seis obreros sindicalistas, y se negó a readmitirlos pese a la mediación del general Tovar y del ministro de Fomento, vizconde de Eza. El Gobierno de Dato se inhibió del 313 Lacomba, J.A., La crisis… p. 223. 250 314 conflicto . Entonces, los dos principales sindicatos llamaron a una huelga general para el 10 de agosto. Los sindicatos hicieron un llamamiento a la solidaridad de los militares con ellos, para quien no les reprimieran. La Asamblea de Parlamentarios, por su parte, se desvinculó de la protesta. El Gobierno reprimió la huelga con el Ejército, y éste obedeció las órdenes gubernamentales. La represión fue dura. No hubo deserciones en apoyo de los huelguistas. Las Juntas suspendieron sus actividades temporalmente. En Barcelona, desde principios del verano se habían dado permisos largos en las guarniciones, y las compañías de infantería estaban mermadas. Fue necesario llamar refuerzos. En Sabadell el 13 de agosto actuó contra los huelguistas el Regimiento de Vergara nº 57, “dinamizador del movimiento” de las Juntas, con su coronel Benito Márquez al frente. Para Lerroux, el coronel Márquez estaba jugando un doble juego, 315 pero Mola, y Payne con él, piensa que era sincero, pero también un ingenuo . En Oviedo, la huelga fue larga, pues se fueron encadenando las protestas hasta casi noviembre, y virulenta, lo que llevó a decir al general Burguete, gobernador militar de 316 la plaza, que a los rebeldes de las montañas iba a "cazarles como fieras" . La huelga se 317 saldó con setenta y un muertos, ciento cincuenta heridos y más de dos mil detenidos . El 28 de agosto, las Juntas exigieron que los detenidos por las huelgas fueron juzgados por tribunales militares y según la ley de Jurisdicciones. Al mismo tiempo, los oficiales, orgullosos de su papel en la represión, que creían patriótico, se dieron cuenta que habían sido utilizados por el Gobierno. El 7 de septiembre, la Junta Superior de Infantería de Barcelona criticó al Gobierno porque su intransigencia había provocado la huelga, y estableció que los oficiales no tenían la "obligación sagrada" de intervenir en asuntos de importancia nacional, advirtiendo que las Juntas podían llegar a imponer "procedimientos de moralidad, justicia y previsión" a los políticos. El 29 de septiembre el Consejo de Guerra dictó sentencia de reclusión perpetua a los miembros del Comité de Huelga. Pronto se iniciaron movimientos de protesta exigiendo la amnistía. Pero el capitán General de Cataluña discrepó de la sentencia dictada por un consejo de guerra 318 contra el Comité de huelga, y su postura fue apoyada por varios generales . Cuando 314 Lacomba, J.A., La crisis… p. 237-239. Para Cambó, el Gobierno quiso la huelga, pues pensaba que podía aplastarla con facilidad, y ello le sostendría en el poder. Pabón, J., Cambó, p. 534. 315 Payne, S.G., Los militares y la política, p. 150, nota 38. 316 Márquez, B., Capó, J.M., Las Juntas Militares de Defensa, p. 196. 317 Lacomba, J.A., La crisis… p. 271 y 515-516. 318 Cardona, G., El problema militar en España, p. 132. 251 Sánchez Guerra fue condecorado por su colaboración en la represión, un grupo de 319 militares devolvieron la misma recompensa que a ellos les había sido otorgada . Las asociaciones y entidades empresariales apoyaron la represión y manifestaron su apoyo al Ejército. El Fomento del Trabajo Nacional abrió una suscripción para socorrer a las familias de los militares, guardias civiles y policías fallecidos en las luchas contra los huelguistas. La Cámara de Comercio y Navegación de Barcelona realizó una colecta similar, así como la Compañía de Caminos de Hierro del Norte de España. Para Rey Reguillo, “el Ejército constituía el bastión último y principal del 320 orden vigente” para buena parte de la sociedad española . Ello se debía, sobre todo,a la debilidas estructural de las fuerzas de orden público no militares. La Junta Suprema de Infantería decidió el 21 de septiembre intervenir decididamente en política, acordando con el general Marina, capitán general de Cataluña, que actuara como enlace con el gobierno. Marina acudió a Madrid para expresar el descontento de las Juntas. El 27 de septiembre, Dato declaró que la represión de los tribunales militares cumplía con su deber, actuaba conforme a la ley, y que tanto la responsabilidad de la represión como de las sentencias recaía sobre el Gobierno, no 321 sobre el Ejército . Pero el documento aún disgustó más a las Juntas, porque implicaba que el Ejército estaba de acuerdo con la represión, enajenándole el apoyo de obreros e izquierdas, y porque decía claramente que el Ejército obedecía las órdenes del Gobierno. La Correspondencia Militar declaró que las Juntas no obedecían al Gobierno, y que querían que la ley marcial fuera levantada lo antes posible. Esta declaración fue censurada. El 8 de agosto, las Juntas de Defensa Regionales de Infantería se reunieron en una Asamblea Magna en Barcelona, interrumpida por la huelga el día 13, y reanudada el 12 de septiembre en Zaragoza, de donde volvió a Barcelona, clausurándose en octubre. En esta Asamblea, las Juntas de Infantería se situaron a la cabeza del movimiento, y se 322 excluyeron las Juntas de Clases y Tropa . Las relaciones de las Juntas con los generales no eran buenas. Una de las razones, es que muchos generales eran diputados o senadores de partidos políticos. Los generales hostiles a las Juntas eran “residenciados”, 319 Tusell, J., Queipo de Llano, G., Alfonso XIII, p. 310. 320 Rey Reguillo, F. del, Propietarios y Patronos. La política de las organizaciones económicas en la España de la Restauración, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Madrid, 1992, p. 459-461. 321 Lacomba, J.A., La crisis… p. 292-293. 322 Uno de los participantes fue el comandante Fernando Martínez Monge y Restoy 252 323 es decir, rechazados, como les pasó a los generales Aguilera o Luque . No obstante, el general de división Miguel Primo de Rivera pasó de su prevención inicial, a su intento de ingreso, en el que fue rechazado, como también lo fue el coronel Luis Bermúdez de 324 Castro . En el otoño de 1917, las Juntas tenían una gran actividad. Según Márquez, las Juntas agrupaban a unos 9.000 oficiales, es decir, más de la mitad de los oficiales en activo. Durante el verano se habían formado juntas de suboficiales, pero también de otras ramas de la Administración del Estado (Correos, Hacienda, Policía); incluso se creó una Unión de Contribuyentes. Este movimiento de protesta se originó en el malestar de los asalariados de clase media perjudicados por la inflación. El 7 de octubre, el Gobierno Dato levantó el estado de guerra. La Junta de las tres Armas (Infantería, Caballería y Artillería) o Asamblea Magna celebró sesiones en Barcelona el 9 de octubre, emitiendo muchas circulares a diversos estamentos y personalidades. En principio, las Juntas atacaban los ascensos por méritos de guerra, lo que las hacía impopulares en Marruecos, e intentaban sacudirse de encima la mala fama acumulada por los militares por su participación en las represiones. El rey confiaba ahora en utilizar a las Juntas en su favor, incluso en contra del Gobierno. La Asamblea Magna atacó al Gobierno por los sucesos de agosto. El 18 de octubre, el ministro Primo de Rivera dimitió, siendo sustituido por el general Marina. En sus declaraciones, dijo hacerlo por no tener el apoyo de las Juntas. En todo caso, las Juntas dividieron a los militares entre los partidarios de una intervención en la política, y los que defendían la supremacía del poder civil. Una vez dimitido, el 20 de octubre, el ministro de Guerra, Primo de Rivera, manifestó: “Las Juntas han expresado su decisión de intervenir en la política y no estoy conforme con este criterio. Yo miro no la política, sino el orden (…). En un concepto podemos convenir las Juntas de Defensa y yo: reclamen, soliciten aquello que más convenga al Ejército; resuelvan ellas, por sí, aquello que las leyes no tienen delicadeza bastante para discernir, tales como la cuestión de la dignidad, de honor; así han hecho en Artillería, en Ingenieros… En todo eso 323 El general Luque a un periodista de El Liberal: “Soy uno de los tachados (por las Juntas); en esa lista, creo que me acompañan los generales Primo de Rivera, Alfau, Carbó, Bazán, Vigne, Figueras… Lo notable es que hay ‘residenciados’ de dos grados. Unos a los que se les perdona si previamente entonan el ‘Mea Culpa’ y otros a los cuales no nos salva –estoy entre ellos- ni la Paz ni la Caridad…”; en Díaz- Plaja, F., España, los años decisivos, 1917, p. 35 324 Bermúdez de Castro era coronel del Regimiento de Melills nº 59, y el presidente de la Junta Local de Melilla era el coronel Eduardo López de Ochoa. De este rechazo nació una dura animadversión entre ellos. 253 estamos conformes. Pero estimo que un organismo militar no puede, en ningún caso, decirle a un Gobierno: Levántese el estado de Guerra, o hacer consideraciones o comentarios a la conducta de los gobernantes con ocasión de una huelga general. Últimamente, las Juntas han decidido dirigirse directamente a los Presidentes de las Cámaras para hacer ciertas indicaciones. Se comprende fácilmente que, así, llegará un momento en que sea imposible 325 gobernar…” . 326 Por el contrario, el coronel Márquez, en unas declaraciones , afirmó que las Juntas no tenían inclinaciones ni ambiciones políticas: “Las Juntas no se han creado para iniciar revoluciones políticas ni colaborar con ellas. Nosotros no sabemos de la política ni queremos nada con la política”. Al preguntar el periodista sobre la tendencia a intervenir en la política, el coronel respondió que no era su intención: “El Ejército no es más que el brazo de la nación, el ejecutor de los acuerdos del Poder público. La misión del soldados no es gobernar, es obedecer, aunque deba reconocerse que si la Patria necesita de su sangre y ha de verterla con serena prodigalidad para orgullo suyo, no se le puede exigir la absoluta resignación cuando el Ejército se ve amenazado de que mueran tantas cosas en él. Nosotros entendemos que el poder civil tiene la supremacía, por lo cual le corresponde gobernar; pero exigimos que se nos gobierne bien”. La exigencia de un buen gobierno, era lo que había llevado a las Juntas a su actuación. Márquez se resistía a reconocer que las Juntas habían realizado un pronunciamiento, pero no negaba que la compleja situación del país “exigía un supremo y único esfuerzo, y a eso fuimos con nuestro manifiesto del 13 de junio [publicado el 25], con toda su significación. Abarcar de una vez el magno problema y resolverlo a toda costa. Que el aldabonazo es eficaz lo prueba, no sólo las mejoras conseguidas para el soldado, y otras, sino que la opinión haya despertado de su letargo súbitamente.” El periodista le preguntó seguidamente sobre la unidad del Ejército y las discordancias surgidas a causa de las Juntas. Márquez protestó, afirmó que las Juntas estaban apoyadas por nueve mil jefes y oficiales “que apoyan y acatan la Junta de Defensa Central [y que] se mueven al unísono. De todos tengo la prueba fehaciente y terminante. Todos los cuerpos se solidarizan con el elemento director, hasta el clero castrense (…) Y toda la ambición estriba en acabar con el favoritismo y que reine en el Ejército, como en los Gobiernos, la moralidad y la Justicia (…) El Ejército se siente amparado 325 Díaz-Plaja, F., España, los años decisivos, 1917, p. 33-34, ABC, 20 de octubre de 1917, p. 8, “Declaraciones del marqués de Estella”. 326 Díaz-Plaja, F., España, los años decisivos, 1917, p. 41-48; Heraldo de Madrid, 24 de octubre de 1917, firmada por Darío Pérez. 254 con las Juntas de Defensa y cifra en su enérgica y discreta actuación sus más caras esperanzas”. Márquez intentaba justificar su protesta, como una llamada de atención, pero a la postre, el poder debía regresar a los civiles: “Desde la pérdida de las colonias estábamos en entredicho, cada día se nos abrumaba hasta sernos difícil la vida, al par que se nos obligaba a callar y sufrir (…)….el pueblo suspira por una renovación cuyo anhelo late en el corazón del Ejército. Para servirse a sí mismo y servir a la nación (…)se lanza (…) a la queja viva y resuelta, deseoso, no de interinidades ni de largos períodos constituyentes tan peligrosos, sino que la realidad responda en días a los apremios formulados, para entonces entregar el éxito en manos de la supremacía civil, de los hombres civiles, que son los llamados a gobernar y tienen práctica de gobernantes” Las Juntas decidieron emitir un manifiesto dirigido al Rey. El Gobierno insistió en que todos los mensajes que las Juntas dirigieran al rey debían pasar por el Consejo de ministros, y no sólo a través del ministro de la Guerra, lo que suponía una afirmación del poder civil. Por su parte, la Junta Superior de Infantería presentó a los representantes de las otras Armas el mensaje, el 24 de octubre. El mensaje pareció irrespetuoso a estas Armas, y por tanto sólo la de Infantería estaba dispuesta a remitir el texto. En el consejo de Ministros, Marina explicó estos hechos al monarca, pero éste decidió reclamar a las Armas que firmaran el mensaje y se lo enviasen. Los representantes de las Armas suscribieron el texto, excepto los de las Juntas de Ingenieros, y éste fue llevado a 327 Madrid, en espera del momento para ser entregado, sin pasar por el Gobierno . El texto, de estilo retórico, afirmaba que eran necesarias reformas, y que en ese momento no se guardaban las condiciones imprescindibles de gobierno: moralidad, justicia, equidad, y respeto al derecho, situación que no iba a cambiar, “pues los políticos turnantes ni han manifestado su contrición, ni han manifestado su propósito de 328 enmienda” . Se interpretó como la exigencia para la dimisión de todo el Gobierno y la convocatoria de Cortes Constituyentes. Este mensaje se hizo público el 26 de octubre. En el Casino Militar de Madrid, los junteros se declararon en asamblea permanente, y el Gobierno de Dato, sintiéndose desautorizado por el rey, dimitió el día 27. No obstante, el monarca no tenía intención de convocar Cortes Constituyentes. La presión de las Juntas había derribado un gobierno; y con él, se había derribado también el turnismo político. Así lo dijo Cambó: “Creo firmemente que ésta 327 Alonso Ibáñez, A.I., Las Juntas de Defensa, p. 178-180. 328 Lacomba, J.A., La crisis… p. 299. 255 no es la caída de un Gobierno, sino el fracaso, el derrumbamiento del sistema de los 329 partidos turnantes” ; y Romanones: “Se acabó, pues, el turno de partidos”. El 1 de noviembre, ante la imposibilidad de formar Gobierno por Joaquín Sánchez de Toca, García Prieto y Maura, se formó un gobierno de concentración, dirigido por García Prieto, en el que la cartera de Guerra fue ocupada por primera vez en la Restauración por un civil, Juan de la Cierva Peñafiel, al que habían ofrecido según él, o que ofreció, según Márquez, su apoyo a las Juntas. De la Cierva optó por restringir la concesión de recompensas y de ascensos, para tranquilizar los ánimos en el 330 Ejército . En todo caso, las Juntas habían devuelto en cierta medida un protagonismo político al Ejército. A ello se añadió la intervención militar en la represión de las huelgas de 1917, dando a Barcelona relevancia en esta relación entre el Ejército y el orden público, como demuestra la presencia al frente de importantes cargos de la Ciudad Condad de soldados con un fuerte apoyo por parte de sectores de la sociedad 331 local: Milans del Bosch, Martínez Anido o Miguel Primo de Rivera . Por último, las campañas de Marruecos dieron prestigio a una oficialidad que, aunque carecían en general de ambiciones de intervencionismo político, sí que recuperaron para el conjunto del Ejército un prestigio y adquierieron notoriedad en las páginas de los periódicos y 332 revistas, coadyuvando sin pretenderlo a dicho protagonismo político . 1.6.5.- La Cierva integra las Juntas. El tema de las Cortes Constituyentes quedó definitivamente aparcado. Para entonces, los soldados habían creado la Unión de las Clases de Tropas, lo que asustó a los oficiales porque podía suponer la insubordinación. La Cierva convocó y preguntó a las Juntas cuáles eran sus sugerencias sobre las reformas. El coronel Márquez reclamó 329 Lacomba, J.A., La crisis… p. 303. 330 De la Cierva, J., Notas de mi vida, Reus, Madrid, 1955, p. 191, afirma que sólo se concedieron Laureadas, estudiadas por él personalmente, y ascensos por estricta antigüedad. 331 No obstante, esta idea no se puede generalizar, porque dependía mucho de la personalidad del militar al mando: los empresarios catalanes no se llevaron bien con Weyler ni con Julio Amado o Federico Carlos Bas, mientras que otros como Gerardo Doval o Miguel Arlegui tuvieron tanto apoyo como rechazo por sus métodos: Rey Reguillo, F. del, Propietarios y Patronos. La política de las organizaciones económicas en la España de la Restauración, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Madrid, 1992, p. 463. 332 Rey Reguillo, F. del, “Las voces del antiparlamentarismo conservador”, en Cabrera, M. (dir.) Con luz y taquígrafos. El parlamento en la Restauración (1913-1923), Taurus, Madrid,1998, p. 321. 256 el relevo de varios generales contrarios a ellas: Luque, Carbó, Bazán, Fernando Primo de Rivera… De la Cierva inició una ley de reforma militar con una sustanciosa subida de sueldos, y comenzó a maniobrar para ganar apoyo y ascendiente en las Juntas. Recorrió las Academias militares y habló en todas ellas con profesores y alumnos, recabando voluntades. Las Juntas estaban formadas por oficiales en activo, que pretendían regularizar el orden de antigüedad promocionando a su oficialidad, en detrimento de la oficialidad de reserva, que podía ser reducida o mantenida en inferioridad. La Cierva alentó a los oficiales de reserva a que crearan sus propias Juntas. De hecho, los oficiales de reserva tenían mayor espíritu de cuerpo que los oficiales activos. Los oficiales de reserva carecían de ambición política, no habían querido buscar y aprovechar el favor del rey, y sólo querían mejorar su situación profesional. Además, La Cierva incitó a las Juntas de suboficiales a que se unieran a las Juntas de Clases de Tropas. Con estas maniobras, Márquez recelaba de La Cierva. En sus memorias, el coronel acusa al ministro de haber intentado sobornarlo y convertirlo en un títere del gobierno; por su parte, La Cierva acusó a Márquez de enfrentarse al Gobierno al ver defraudado su deseo de ser nombrado Director General de Infantería. Payne concede más crédito a la versión de Márquez, al que considera bien intencionado pero fácil de 333 engañar . La Cierva consiguió destruir el poder de Márquez, publicando las cartas 334 conminatorias que éste le dirigía y negociando directamente con otros miembros de las Juntas. El 13 de diciembre se publicaron declaraciones suyas alabando las Juntas: “hijas de un movimiento patriótico llamado a purificar la vida nacional y la vida íntima del Ejército (…) Sin petulancia, me considero como padre protector de todos 335 vosotros” . El 17 de diciembre de 1917 se creó la Junta Central de Defensa, donde estarán representadas las distintas juntas superiores, facilitando así los tratos del ministro con los directores de las Juntas. La Cierva ganó influencia sobre las Juntas, porque estas temían a las Juntas de suboficiales y de tropa. Se decía que los sargentos hacían proselitismo en las diversas guarniciones, y que dormían con sus fusiles por si los oficiales pretendían restaurar la disciplina, incluso estaban estableciendo contactos 333 Payne, S.G., Los militares…, p. 153. 334 De la Cierva Peñafiel, J., Notas de mi vida, p. 192. 335 Díaz-Plaja, F., España, los años decisivos, 1917, p. 49 257 336 con los socialistas . El temor a que el movimiento se extendiera a los soldados, como estaba pasando en Rusia con la formación de los soviets, decidió la urgencia de la maniobra. El ministro, con la aquiescencia del Gobierno y del monarca, reunió a los jefes de Cuerpo y ordenó la disolución de las Juntas de Unión de Clases de Tropas, enviando una extensa circular cifrada a las autoridades militares militares. Para ello, se requeriría a las tropas una declaración jurada acerca de su pertenencia o no a las Juntas, su compromiso de no formar parte de las mismas en adelante, y se ordenaba la inmediata disolución de las existentes. La obediencia fue absoluta, las Juntas de Clases se disolvieron, y los jefes y oficiales elaboraron listas con los nombres de los más levantiscos, expulsando del ejército a doscientos sargentos y soldados el 4 de enero de 1918, con la excusa de la ilegalidad de los viajes de los organizadores, sus comunicaciones cifradas, y los contactos que tenían con “elementos extraños” al Ejército, que podían empujarlas a la insurrección y la revolución. Muchos de los expulsados escribieron al ministro, rogando ser readmitidos en el Ejército, y La Cierva, 337 previo informe de los capitanes generales, y tal petición les fue concedida . La disolución de las Juntas de Clases fue un anuncio de lo que iba a suceder con las de Jefes y Oficiales. Para reconciliar a éstos con los generales, La Cierva organizó una gran fiesta para conmemorar la creación de la Academia General Militar. Tanto el monarca como el ministro de la Guarra aludieron en sus discursos a la concordia, la lealtad y la disciplina militar, ante una concurrencia de 1.500 militares de diversos grados. En octubre se había levantado la ley marcial, y en enero de 1918 se convocaron nuevas elecciones, cuyo resultado fue un parlamento aún más dividido, con 336 “Reuní a los jefes de Cuerpo de Madrid y luego a los Capitanes Generales de las regiones. Todos opinaron que constituían un peligro las Juntas de Defensa de esas clases de tropa.Por cierto que el capitán general Weyler, Jefe del Estado Mayor Central, se encaró con los coroneles jefes de Cuerpo y promovió una discusión violentísima sobre las Juntas de defensa, que tuve que cortar. Les recomendé la vigilancia y aportación de nuevos datos y yo intensifiqué el trabajo de investigación con la policía, que tenía gran interés en servirme. Se interceptaron telegramas y se escucharon conversaciones telefónicas que demostraban la extensión rápida del movimiento y su inteligencia con ‘El Abuelito’. Creyeron unos que se referían al primer Marqués de Estella, don Fernando Primo de Rivera (…) pero entonces no era presumible que siguiera protegiéndoles, dada la naturaleza de sus aspiracones y propósitos, y la actitud del Capitán General Primo de Rivera, frente a las Juntas de jefes y oficiales. Por eso predominó la creencia de que se trataba de Pablo Iglesias, a quien sus correligionarios solían llamar ‘El Abuelito’. Hice que se reuniera el Consejo de Ministros, y le di cuenta de mi propósito de disolver esas Juntas de las clases de tropa, y expulsar y castigar a los que se opusieran”: De la Cierva Peñafiel, J., Notas de mi vida, p. 194. 337 Alonso Ibáñez, A.I., Las Juntas de Defensa, p. 444-446 y 466-468; “No recuerdo el número de los expulsados. Poco a poco fueron pidiendo gracia y a muchos se les repuso. Muy pocos quedaron fuera, y con el tiempo, se les fueron dando algunos destinos civiles. No hubo un solo incidente desagradable. No se vertió una gota de sangre. Y desde entonces, clases y soldados se apartaron definitivamente del camino que venían siguiendo”: De la Cierva Peñafiel, J., Notas de mi vida, p. 196. 258 prácticamente un empate entre conservadores y liberales, estos grupos divididos entre sí. El Gobierno siguió gobernando, y La Cierva sacó delante su Ley de Reforma Militar, promulgada por Real Decreto el 6 de marzo de 1918, pese a la oposición de los partidos 338 políticos, que deseaba que se discutiera en las Cortes . Entre febrero y marzo de 1918 se celebró una Asamblea Superior de representantes de las antiguas juntas en Barcelona. Acudieron dieciséis delegados regionales, el presidente y uno de los vocales de cada una de las Juntas Regionales, a los que se unieron los coroneles de la ciudad condal. Entre los asistentes se encontraron el capitán Camilo Alonso Vega, el coronel Federico Berenguer Fusté. Estudiaron junto al ministro las propuestas de la Ley. El día 7 se publicó la reforma, basada en lo reclamado por las Juntas. Se establecieron quinquenios, y se amplió la concesión de la Cruz de San Hermenegildo, entre otras medidas. La Junta Superior de Infantería residenció al coronel Benito Márquez y le hizo dimitir el 8 de marzo de 1918, nombrando a otro coronel para sustituirlo. Márquez insiste en sus memorias en que se retiró. Seguidamente, La Cierva hizo comparecer al 339 coronel Benito Márquez ante un tribunal de honor, que le expulsó del Ejército . La Cierva afirmó en el Círculo Militar que “los males que sufría el Ejército habían engendrado las Juntas, pero que, providencialmente, habían dado el aldabonazo necesario para lograr el remedio, cuidando al mismo tiempo de conservar la adhesión fervorosa a la Patria y al Rey, [lo] que permitirá borrar el episodio histórico y 340 reintegrarse todos a la disciplina y al progreso militar” . De esta forma, La Cierva establecía que las Juntas, obtenidos sus objetivos, deberían disolverse. Para entonces, La Cierva era ya la figura central del gobierno. La Cierva inició su ofensiva contra las Juntas de Funcionarios civiles del gobierno. Estos funcionarios decidieron iniciar una huelga de celo para obtener un aumento de sueldo, como habían obtenido los militares. Para torpedearla, el 14 de marzo, La Cierva decidió militarizar a los empleados de Correos y Telégrafos (la llamada “ley del brazalete”), mientras las Juntas militares manifestaban que no apoyarían las reivindicaciones de los civiles. Los militares se hicieron cargo de los servicios en huelga. Para separar claramente ambas organizaciones, La Cierva declaró el 16 de marzo que las Juntas militares se convertirían en Comisiones Informativas, tuteladas por del Ministerio; habría una por 338 La Ley fue realmente aprobada en las Cortes, como Ley de Bases para la Reorganización del Ejército, el 29 de junio de 1918. 339 Tras su expulsión del Ejército, Benito Márquez emigró a Cuba. 340 De la Cierva Peñafiel, J., Notas de mi vida, p. 193. 259 cada Arma, y tratarían de temas exclusivamente de su propia Arma. La Cierva volvió a dirigir cuestionarios a las Juntas, ahora llamadas Comisiones, sobre la Ley de Reforma militar, que se estaba debatiendo en el Parlamento. En decretos publicados el 15 y 16 de marzo, se ordenó la inmediata disolución de las Juntas de funcionarios. Pero el resultado no fue el esperado, y los funcionarios de Correos, Hacienda, e Instrucción Pública se declararon en huelga. Al fracasar su línea de dureza, La Cierva dimitió el 19 de 341 marzo . Fue sustituido interinamente por Niceto Alcalá-Zamora, ministro de Fomento. Por un lado, muchos políticos cargaron contra las Juntas; por otro, muchos oficiales comenzaron a abandonar las Juntas, al haberse obtenido algunos de sus propósitos. Para muchos oficiales, las Juntas se estaban convirtiendo en auténticas camarillas que presionaban por sus propios intereses, y se temía la insubordinación de la tropa. El 23 de marzo la Junta de Artillería de Madrid votó a favor de la disolución de las Juntas militares; no obstante, al ser votada por todos los delegados de Artillería, dos tercios votaron en seguir con el movimiento de las Juntas. 1.6.6.- Se restringen los ascensos por méritos de guerra. Se formó entonces, con grandes dificultades, el 22 de marzo de 1918, un nuevo 342 gobierno de concentración dirigido por Antonio Maura , en el que estaban Dato, Romanones, García Prieto, Alba y Cambó, con el general Marina en Guerra y Alcalá- Zamora al frente de la Comisión Permanente de Guerra. Julián Besteiro atacó la Ley en la sesión del 19 de junio. El conservador independiente Sánchez de Toca publicó un folleto denunciando algunas prácticas corruptas del Ejército. La Ley de Bases de la Organización Militar fue aprobada por el Congreso el 29 de junio de 1918. Preveía un presupuesto militar de 317 millones de pesetas, más 112 para Marruecos; el Ejército sería de 180.000 hombres; se subieron los salarios; respecto a los ascensos por méritos de guerra, la sección 9 establecía que “En tiempo de paz, los ascensos por elección más allá del grado de coronel están prohibidos, excepto en circunstancias extraordinarias cuando se haya dado autorización especial”. Los ascensos serían estudiados por una Junta de Clasificación integrada por el Jefe del estado Mayor Central y cuatro tenientes generales, con la pretensión de dificultar el 341 Payne, S. G., Los militares… p.157, afirma que corrieron rumores de que el ministro pretendía instaurar un nuevo gobierno con apoyo de los militares y que legislaría por decreto, pero no parece probable, La Cierva no tenía tantas simpatías entre los militares y muy pocas entre los funconarios civiles. 342 Tusell, J., Queipo de Llano, G., Alfonso XIII, p. 314-315. 260 favoritismo. Las recompensas serían concedidas al final de la campaña si ésta duraba menos de seis meses, tras ser estudiadas en expedientes individuales de juicio contradictorio con deposición de testigos; después el expediente debía ser revisado por el Consejo Supremo de Guerra y Marina, y si su informe era favorable, debía ser 343 aprobado por las Cortes en proyecto de Ley . Las unidades del Ejército se reorganizaron en dieciséis divisiones, cada una compuesta de tres brigadas. Se suprimió el grado de brigada, reemplazado por el de subteniente. El servicio militar se establecía en tres años. Pero la Ley no abordaba otros problemas vitales del Ejército, como el exceso de oficiales, o la modernización del 344 material . Como acertadamente dice Gabriel Cardona, esta Ley fue hecha perjudicando a los militares destacados en Marruecos, cuya principal motivación eran los ascensos: la ley “no buscó la renovación militar que imponía la guerra mundial, sino la satisfacción de los oficiales de la Península, contra el interés de los destinados en Marruecos. (…) Era el triunfo del ejército burocrático contra el ejército colonial destacado en África. Y 345 el poder político madrileño pactó con el más fuerte” . Según Seco Serrano, el decreto 346 desmoralizó a los militares que luchaban en Marruecos . De esta forma, se endureció la pugna entre “africanos” y “junteros”, “los primeros luchando en suelo marroquí, los 347 segundos alejados del mundanal ruido en sus cuartos de banderas” . Es posible que la medida de restringir los ascensos por méritos de guerra estuviera pensada porque el Protectorado atravesaba una etapa de aparente tranquilidad. Maura fue menos indulgente con las Juntas que su ministro, y se negó a hacer nuevas concesiones tras la promulgación de la Ley. Como ahora las Juntas se habían convertido en Comisiones Informativas, integradas en el Ministerio de la Guerra, estaban sujetas al Código de Justicia Militar. Pero al cabo de unos meses, los dirigentes de las Juntas daban nuevamente muestras de descontento. A finales de 1918 se hicieron 343 Hernández Mir, F., Del desastre al fracaso. Un mando funesto, Madrid, Editorial Pueyo, 1922, p. 103. 344 Romanones, C. de, El Ejército y la política, critica que se mantenga el sistema de Capitanías Generales con guarniciones en las principales ciudades simplemente por motivos de conveniencia económica local, p. 116-117; afirma que se mantienen los Gobiernos militares para no suprimir destinos, p. 118; alerta del esfuerzo económico que suponen las reformas, y recuerda que a menudo las economías exigidas por el Ministerio de Hacienda se había cargado al de Guerra, porque los gastos militares eran mal calculados y poco precisos, p. 126-129. 345 Cardona, G., El poder militar en la España Contemporánea hasta la Guerra Civil, Siglo XXI, Madrid, 1983, p. 3. 346 Seco Serrano, C., Militarismo y civilismo en la España contemporánea, Instituto de Estudios Económicos, Madrid, 1984, p. 276. 347 Alonso, J.R., Historia política del Ejército Español, Editora Nacional, Madrid, 1974, p. 474. 261 peticiones para conceder a la Comisiones Informativas el derecho de supervisar a las fracciones del Ejército que les había elegido. En realidad, estos junteros pretendían situarse en Madrid para ocuparse de los temas de las Juntas. Maura no aceptó. En octubre, las disensiones internas de su gabinete, entre Santiago Alba y Francisco Cambó, por cuestiones de instrucción pública y de ferrocarriles, y la salida del Gobierno del primero, seguido de la de Dato, llevó a la caída del mismo en noviembre. Sucedió a Maura García Prieto, que nombró ministro de la Guerra al general Dámaso Berenguer Fusté. Poco después este Gobierno también dimitía, asumiendo la presidencia el conde de Romanones. Berenguer se mantuvo en la cartera de Guerra, hasta que al ser nombrado Alto Comisario en Marruecos, le sustituyó el general Diego Muñoz Cobo y Serrano. 1.6.7.- El Ejército y la huelga de “La Canadiense” en Barcelona. El Ejército seguía siendo de vital importancia para el mantenimiento del orden público, sobre todo en caso de disturbios obreros; un papel que de alguna manera convertía al Ejército en un instrumento de la política interior del Gobierno, lo que le hacía partícipe de la misma. En el invierno de 1918 aumentaron los conflictos sociales derivados de los problemas económicos provocados por el final de la Guerra Mundial. En Barcelona se había formado la Patronal, una agrupación de empresarios para resistir a las presiones de los trabajadores y destruir a la CNT. El terrorismo sindical del Sindicato Único (CNT) fue contestado por el Sindicato Libre y la Patronal. La violencia, que se extendió hasta el advenimiento de la Dictadura de Primo de Rivera, se cobró la vida de unas cuatrocientas personas, desde empresarios como Antonio Albareda a líderes sindicales cono Salvador Seguí o políticos como Francesc Layret. En febrero de 1919 se convocó una huelga de trabajadores del gas y electricidad de Barcelona, iniciada por una protesta de la llamada fábrica “La Canadiense” (Barcelona Traction Light and Power), que se extendió a otras empresas. El Gobierno de Romanones envió a Barcelona al subsecretario de Presidencia, Luis Morote, para negociar con los huelguistas, así como un nuevo gobernador civil, Carlos Montañés, y un nuevo jefe de policía, Gerardo Doval. El 21 de marzo, Barcelona se quedó sin energía eléctrica y tranvías. El capitán general de Barcelona, Joaquín Milans del Bosch, ante la presión de los patronos y las órdenes del Gobierno, ocupó las fábricas en huelga y se movilizó a los huelguistas como reservistas, poniéndolos bajo jurisdicción militar. 262 Aquellos que no se presentaron a trabajar, fueron detenidos y encerrados en Monjuich. Entonces, tras seis semanas, los negociadores civiles pusieron fin a la huelga, uno de cuyos requisitos era liberar a los presos de Monjuich,, y levantar el estado de guerra. Milans del Bosch se negó a liberarlos, y amenazó con dimitir si no eran procesados por tribunales militares, tal y como establecía la Ley de Jurisdicciones, y con ella mantuvo encarcelados en Montjuich a once líderes de la CNT. Romanones estaba en minoría de Congreso, y ante el ultimátum de Milans, decidió presentar su dimisión. Pero el 24 de marzo, antes que la dimisión fuera efectiva, la CNT, al no ser liberados sus compañeros, convocó una huelga general en Barcelona, que paralizó la ciudad. “La huelga, anunciada con carácter general, se extendió con fulminante rapidez, llegando a adherirse a ella hasta la gente más extraña al movimiento sindical, como sacristanes, campaneros de iglesia, bailarinas y coristas; por dos días estuvieron suspendidos los 348 enterramientos” . Romanones retiró su dimisión ante esta situación, dado que estaba convencido que podía estallar en la ciudad condal una revuelta, y envió tropas de refuerzo a Barcelona, fondeó buques de guerra en el puerto y se instalaron cañones en los cruces de las principales avenidas de la ciudad condal. Las Juntas de Defensa emitieron un manifiesto, poniendo condiciones a su actuación. Por un lado, afirmaban que la represión obrera no era misión del Ejército: “El Ejército, al intervenir como elemento de trabajo en las disensiones sociales, se aparta de su misión, se mueve entre la indiferencia de los unos, la hostilidad implícita de los otros y la energía de los más, ha de subsistir a lo que corresponde a la acción ciudadana, cada vez más dormida y egoísta, y que si no se ataja con urgencia esta marcha quedará pronto inutilizado para llenar aquellas funciones que la patria le ha encomendado”; pero por otro lado, estaba dispuesto a desarrollar los servicios públicos necesarios, y a mantener el orden público y la ley “mediante el uso de la fuerza, que ejercerá sin contemplaciones, por lo que no admite se le encomienden misiones de parlamentar, transigir y contemporizar. Las órdenes han de ser concretas, claras y expresivas. Sacadas las tropas a la calle, de lo que pueda ocurrir no serás responsable el Ejército”. Las Juntas advertían que en caso de estado de guerra, los tribunales militares tendrían plena jurisdicción, pues en el caso de intervención militar y de ley marcial “las leyes militares alcanzan a unos y otros por igual, y las sanciones han de aplicarse inexorablemente aun después de la movilización. En este sentido, el Ejército 348 Romanones, C. de, Notas de una vida (1912-1931), Espasa Calpe, Madrid, 1947, p. 162 263 no admitirá otras exenciones de culpabilidad ni más perdón que los otorgados por las Cortes con el Rey”. Por último, se permitía recomendar al poder político sobre la conveniencia de reformar la legislación social, previendo los choques y mejorando la 349 administración . El Gobierno tuvo que ceder, y la patronal consiguió el apoyo de las autoridades militares. El político de la Lliga y terrateniente Carlos Camps, apoyado por varios empresarios, consiguió de Milans del Bosch y del gobernador militar, Martínez Anido el establecimiento temporal del Somatén en Barcelona, convertido así en una milicia a las órdenes del Gobierno Militar de la ciudad. Actuó la “policía patronal”, dirigida por el expolicía Manuel Bravo Portillo, al servicio de Capitanía General, donde dirigía una 350 oficina de información financiada por los empresarios . El 6 de abril de 1919, Bravo Portillo y varios agentes de la Guardia Civil detuvieron a los sindicalistas José y Jaime Roca, partidarios de seguir la huelga. El gobernador civil de Barcelona, Montañés, reclamó a los detenidos, y éstos fueron entregados. Montañés pretendía utilizarlos como mediadores para negociar el final de la huelga, y por ello los liberó. En conflicto de competencias estaba servido. Al saberlo, Milans del Bosch pidió a Montañés que no lo hiciera, pero ya era tarde. El capitán general ordenó que fueran de nuevo buscados y arrestados. Milans del Bosch pidió al ministro de la Guerra que Montañés y Doval salieran de Barcelona. Romanones apoyó a ambos, y exigió que Bravo Portillo fuera trasladado a Madrid. Milans se negó, afirmó que Bravo Portillo le era imprescindible. La Federación Patronal se unió al capitán general, protestando por la exigencia de Madrid y reclamando la continuidad en 351 Barcelona de Bravo Portillo . La huelga fue aplastada en la segunda semana, se detuvo a centenares de sindicalistas, y muchos más se exiliaron. Como solidaridad con la CNT de Barcelona, estallaron huelgas en Madrid, Valencia y otros lugares. El 13 de abril, las autoridades militares decidieron asumir el poder civil para pacificar las calles, expulsando al Gobernador Civil, Montañés, y al jefe de la policía, Gerardo Doval, metiéndolos en el 349 Romanones, C. de., Notas de una vida,, p. 162-163. 350 Cardona, G., Los Milans del Bosch. Una familia de armas tomar, Edhasa, Barcelona, 2005, p. 273- 275; Rey Reguillo, F. del, Propietarios y Patronos. La política de las organizaciones económicas en la España de la Restauración, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Madrid, 1992, p. 524-542. 351 Cardona, G., Los Milans del Bosch… p. 275-277. 264 352 tren nocturno hacia Madrid . El gobernador civil de Barcelona no pudo hacer nada, salvo protestar. Martínez Anido asumió las funciones de gobernador civil, y coronel 353 Arlegui, de la Guardia Civil, las del jefe de policía . El 15 de abril de 1919 Romanones, pidió al Rey que interviniera ante Milans del Bosch. Por intermediación de don Alfonso, el capitán general habló por teléfono con Romanones, y según éste, “desde las primeras palabras que cruzamos, claramente vi que no le bastaba con haber alejado a Doval y a Montañés, sino que consideraba preciso que yo siguiera el mismo camino dejando el Gobierno”, por lo que Romanones 354 dimitió . Alfonso XIII llamó a Maura, con lo que los militares cedieron. Maura consiguió que el Somatén sólo pudiera organizarse bajo mando del capitán general, con organización militar y en estado de guerra. Se celebraron elecciones, pero pese a celebrarse en período de garantías constitucionales restringidas, Maura no obtuvo la mayoría, y el resultado fue muy dividido. Maura dimitió. Alfonso XIII llamó a Dato, que no aceptó la presidencia. Entonces, por encargo del rey, el conservador Joaquín Sánchez de Toca formó un nuevo Gobierno, con la oposición de los conservadores de Dato, y de Sánchez Guerra. El nuevo ministro de la Guerra era el general Diego Muñoz Cobo. Para mediados del verano de 1919, 15.000 cenetistas habían sido detenidos y expulsados, y algunas decenas asesinados. El Gobierno, consciente de su debilidad parlamentaria, decidió no actuar, sólo nombró un nuevo gobernador civil para Barcelona, Julio Amado. Bravo Portillo fue asesinado en agosto por un pistolero sindicalisa. El Gobierno indultó a los condenados por la huelga de la Canadiense, pero el capitán general Milans del Bosch se negó a liberarlos, dado que eran reos de 355 jurisdicción militar. El Gobierno quiso cesarlo, pero Alfonso XIII lo impidió . 1.6.8.- Nueva ofensiva de las Juntas. En 1919, era patente el malestar de los oficiales “africanos” o “africanistas” contra las Juntas. Según informaba El Sol, 352 Romanones, C. de., Notas de una vida, p. 163: “Ante el silencio del Gobierno, ni tardos ni perezosos, los militares casi a viva fuerza metieron en el tren y facturaron para Madrid al gobernador civil y al jefe de policía”. 353 Andrés Gallego, J., El socialismo durante la Dictadura 1923-1930, Tebas, Madrid, 1977, p. 34-35; esta es la versión de López de Ochoa, De la Dictadura a la República, Zeus, Madrid, 1930, p. 45 y ss; 354 Romanones, C. de., Notas de una vida, p. 163-164. 355 Cardona, G., Los Milans del Bosch… p. 279. 265 “entre la oficialidad del Ejército español que combate en tierras africanas existe profundo disgusto, más aún, encono vivo contra las Juntas militares de Defensa. “Aquellos bravos capitanes y tenientes que al frente de las fuerzas regulares, de la Policía, de la mehalla xerifiana y de los batallones de Cazadores, cunmplen con entusiasmo y con verdadera abnegación la misión que España les tiene encomendada, han acabado por odiar el burocratismo estéril, más aún, contraproducente, y dañoso de las Juntas de Defensa. Nuestro Ejército de 356 Marruecos es una de las víctimas de las Juntas” . El Ejército de África, que en ese momento estaba realizando un importante esfuerzo y una campaña muy prometedora, se desmarcaba totalmente de las Juntas, que le habían privado de recompensas. Frente a esta información, La Correspondencia Militar, favorable a las Juntas, replicó que “Lo que el colega recoge no es, en términos generales, un estado de opinión; es tan solo, en su caso, eco de manifestaciones aisladas que, aun revelando respetable suma de criterios personales, no puede poner hoy ni podrá poner jamás en peligro los hondos prestigios de la colectividad militar y 357 la firme e inquebrantable unión del cuerpo de oficiales de nuestro Ejército” ; tras esta alambicada declaración, no se negaba que existía un estado de opinión contrario a las Juntas en el ejército colonial. En el otoño de 1919, la enemistad entre las Juntas y el Estado Mayor estalló en un nuevo enfrentamiento. El Cuerpo de Estado Mayor estaba formado por oficiales de varias Armas que, tras los estudios en la Escuela Superior de Guerra, ingresaban en el Cuerpo de Estado Mayor con el grado de capitán, abandonando su escalafón de origen. Las Juntas, por medio de su presidente Silverio Martínez Raposo, coronel desde mediados de 1918, exigieron que se disolviera el Cuerpo de Estado Mayor, y que los graduados de Estado Mayor no pudieran abandonar su escalafón original y volvieran a sus Armas de origen. Alejandro Lerroux denunció que las Juntas pretendían obtener dicha supresión a través de presiones al Ejecutivo, sin someter la cuestión antes al 358 Congreso o a la opinión de la totalidad de los oficiales . Como protesta ante esta 356 El Sol, 21 de octubre de 1919, “El fracaso de las Juntas Militares de Defensa. El propio Ejército las condena”. 357 La Correspondencia Militar, 21 de octubre de 1919, “Sobre una información del día. La verdad y la razón”, p. 1. 358 El Sol, 19 de octubre de 1919, “Las Juntas de Defensa y el Cuerpo de Estado Mayor. Un telegrama del señor Lerroux”, p. 1. 266 postura de las Juntas, algunos capitanes alumnos de la Escuela Superior de Guerra se 359 dieron de baja de las mismas en octubre de 1919 . En la Escuela Superior de Guerra se formaban aquellos oficiales que iban a ascender a jefes. Las Juntas querían escalas cerradas y eliminar los ascensos extraordinarios. Para ello, presionaron sobre los oficiales que estudiaban en la Escuela Superior de Guerra, para que ingresaran en las Juntas y permanecieran en la escala normal, o bien que renunciaran a sus derechos de antigüedad. Para ello, antes de hacer las oposiciones, los aspirantes debían firmar un documento por el que comprometían a abandonar el Ejército si no aprobaban el examen de ingreso a los estudios de Estado Mayor, o bien, pese a cursar los estudios, no ingresar en el Cuerpo de Estado Mayor, y permanecer en Infantería como diplomados. El primer conflicto se suscitó con un alumno en 1918, el teniente Ramón Martínez de Aragón, que se negó a firmar el 360 documento . Las Juntas le acosaron, a él y a otros dos compañeros, con pleitos y declaraciones durante todo el curso. Al iniciarse el curso siguiente, en octubre de 1919, un grupo de estos alumnos escribieron un manifiesto, que acaba así; “Los oficiales que suscriben, considerando que no realizan las Juntas los actos que su primitiva orientación hacía esperar, no juzgan ni censuran por el momento las conducta de éstas; pero obrando con arreglo a los dictados de su conciencia, acuerdan separarse de dicho organismo, advirtiendo no obstante que están dispuestos a formar en todo momento al lado de sus compañeros para 361 el logro del ideal de justicia. Madrid, 16 de octubre de 1919” . El diario El Sol afirmaba que estos alumnos que estudiaban en la Escuela, hartos de las presiones, se habían dado de baja de las Juntas, y añadía que “Las Juntas han venido a ser, después de tanto estruendo vano, organismos que sólo sirven a la vanidad o a los deseos de mando de unos cuantos sin que la colectividad haya jamás advertido que de su actuación se derive el más pequeño beneficio” . Las Juntas replicaron creando un Tribunal de Honor que juzgó a veinticinco capitanes de la Escuela, y expulsó a 359 Cardona, G., El poder militar en la España contemporánea… p. 69. 360 Martínez de Aragón y Urbiztondo, G., Páginas de Historia Contemporánea. Las Juntas Militares de Defensa, 1923, p. 12-19. 361 El Sol, 21 de octubre de 1919, “El fracaso de las Juntas Militares de Defensa. El propio Ejército las condena”, p. 1. Firmaban el manifiesto Joaquín Alonso García, Antonio Roca, Fernando Gárate, Manuel de Quesada, Joaquín Boneta, José Díaz de Villegas, Juan Priego, Fernando Arniches, José Navas Samjuan, Ildefonso Domínguez, Fernando del Águila, José Lazcano, Antonio Aymat, Eleuterio Villanueva, Ramón M. de Aragón y Carrión, Juan Barja, José Coello de Portugal, Luis de Lamo, Francisco Domínguez, Miguel Martín Naranjo, Manuel Lombardero, Luis Montes, Ramón Mora; al día siguiente se publicaron los nombres de dos tenientes adheridos, Manuel Garcia Baquero y Luis Carranza de la Torre. 267 362 dieciséis de ellos del cuerpo de oficiales . El Consejo Supremo de Guerra, apoyado por el ministro de la guerra, general Tovar, no aceptó esta decisión, lo que disgustó a las Juntas. Sánchez de Toca decidió disolver las Juntas, y preparó para ello dos decretos, pero no se atrevió a hacerlo. Finalmente la presión de las Juntas logró que el ministro de la Guerra, general Tovar, cediera, y un nuevo Tribunal de Honor expulsó a veintitrés 363 capitanes, incluyendo los dieciséis anteriores . El gobierno de Sánchez de Toca, presionado por la actividad de los patronos y las huelgas, terrorismo, rebeliones campesinas e insubordinación militar, se colapsó. El capitán general de Barcelona, Milans del Bosch, se enfrentó a los huelguistas con dureza, y Sánchez de Toca se lo reprobó. “Con este motivo fue objeto de un veto por parte de las Juntas Militares que dio en tierra con él, demostrándose una vez más quiénes eran los que gobernaban en 364 España” . Los oficiales expulsados no consiguieron la readmisión en el Ejército hasta julio de 1922, tras haber visto rechazadas, por `presión de las Juntas, todas sus solicitudes de regreso. El Cuerpo de Estado Mayor luchó por su supervivencia y contra la hostilidad de las Juntas de 1918 a 1920. En agosto de 1919, el general Arsenio Martínez Campos presentó en las Cortes una proposición de ley para su disolución, pero la ley no pasó de la Comisión. Uno de los representantes del Estado Mayor en las negociaciones con la Junta de presidentes de Juntas de Defensa, fue el comandante Valentín Galarza Morante. Caído Sánchez de Toca, se formó otro gabinete dirigido por Manuel Allendesalazar, que tenía tres hermanos militares. Nombró ministro de la Guerra al general José Villalba Riquelme, que promulgó el Real Decreto del 30 de diciembre de 1919, sobre las Comisiones Informativas. Habría una por Arma o Instituto del Ejército, cuyos fines eran tramitar e informar sobre consultas realizadas a la superioridad, y auxiliar al mando en el mantenimiento de la dignidad profesional. El problema es que 362 Uno de los expulsados era hijo del comediógrafo Carlos Arniches, quien comentó a Indalecio Prieto: “Mi hijo, en vez de perder el tiempo, como la mayoría de sus camaradas, jugando al tute en el cuarto de banderas o dedicándose a entretenimientos peores, se entregó a estudios militares que complementaran los muy elementales de la Academia de su arma. Según parece, esto no es tolerable en el ejército español y consiguientemente el ejército lo ha expulsado”, a lo que Prieto añadió: “A los compañeros de armas, les molestaba que nadie ostentase sobre el uniforme la insignia de diplomado”, en Prieto, I., Con el Rey o contra el Rey… “Marruecos. Recuerdos personales”, 11 de abril de 1956, t. II, p. 223. 363 Alonso Ibáñez, A.I., Las Juntas de Defensa, p. 534. 364 Romanones, C. de, Notas de una vida (1912-1931), Espasa Calpe, Madrid, 1947, p. 183. 268 las propias Comisiones Informativas podían organizarse por sí mismas, y aunque quedaron debilitadas, no se disolvieron. A principios de 1920 los anarquistas prepararon una conjura en Zaragoza para apoderarse de un cuartel, con la complicidad de un cabo y varios reclutas. En la refriega murieron un teniente y un suboficial. La Guardia Civil sofocó el motín, y los sublevados fueron fusilados. En Barcelona, tras otro conflicto laboral, el capitán general Milans del Bosch dimitió, siendo nombrado en su lugar el anciano Weyler. Los junteros de Madrid boicotearon la ceremonia de despedida al anciano general en su salida hacia Barcelona. En su llegada a la ciudad condal, Weyler fue recibido por pocos oficiales, y los comerciantes catalanes cerraron sus tiendas dos horas en protesta porque consideraban que el Gobierno cedería ante la subversión. Allendesalazar dimitió, y le sustituyó Dato, para intentar frenar la protesta obrera. Weyler fue relevado por otro general más aceptable para las Juntas, y Martínez Anido fue nombrado gobernador militar de Barcelona. En 1920, la Junta Superior de Infantería, llamada Directorio, instalada en Madrid, se enfrentaba al creciente descontento hacia su gestión de un buen número de oficiales. Por un lado, los “africanistas” se sentían heridos por verse privados de ascensos, y otro, estaban molestos por las presiones que sufrían en sus destinos para que acataran las decisiones de las Juntas. La Junta Superior se empeñó en que su presidente, el coronel Martínez Raposo, fuera ascendido, y del Regimiento Wad-Ras llegó la propuesta de total supresión de los ascensos por méritos de guerra. El Grupo de Regulares de Larache nº 4, donde estaba destinado Varela, se opuso. La Junta envió allí a unos representantes para “residenciar”, es decir, castigar a los más revoltosos, pero como veremos, desistieron de ello. En 1921, todo el Ejército de África estaba en desacuerdo con la deriva de las Juntas. La Junta Superior quiso congraciarse, enviando a unos representantes para que entregaran al teniente coronel Castro Girona, al comandante Peña y al teniente Castelló las medallas militares otorgadas por sus méritos. Los comisionados fueron recibidos de forma claramente hostil. En mayo de 1921 unos trescientos oficiales del Ejército de África suscribieron un documento por el que se daban de baja de las Juntas. Una comisión enviada desde Madrid no consiguió la reconciliación entre ambas partes. Mola se dio de baja en estas fechas. Poco después, más oficiales africanistas abandonaron las Juntas en Tetuán y la Legión 269 Tras el Desastre de Annual, las Juntas estaban ya moribundas. Con la opinión pública en contra, y con buena parte de la oficialidad enfrentada, aún esquivaron su disolución por Maura y La Cierva en 1922, pese al enfrentamiento suscitado por el proceso al convoy de Tizza, donde fueron condenados por negligencia el general Carlos Tuero y los coroneles Juan Sirvent y Lacanal. Las Comisiones Informativas chocaron con el general Miguel Cabanellas, que las acusó de responsabilidad en del Desastre de Annual La prensa acusó a las Comisiones Informativas de obstaculizar las investigaciones y el esclarecimiento de las responsabilidades en Annual. Se criticó que el sistema cerrado de ascensos había llevado al mando a oficiales ineptos. El 17 de diciembre de 1921, la Comisión de Artillería exculpó a tres de sus coroneles, que luego 365 fueron condenados: Francisco Masaller, Manuel Rivera y Joaquín Gay . La reactivación de la campaña en Marruecos supuso el protagonismo de los 366 africanistas frente al desprestigio de las Juntas . El 7 de junio de 1922, en un discurso pronunciado en un banquete militar en Las Planas, en Barcelona, Alfonso XIII exaltó la disciplina militar y de una forma retórica atacó a las Comisiones Informativas, 367 aludiendo a que habían creado división en el Ejército . Después vinieron los plantes de los junteros a Varela y a los Regulares en la entrega de las dos Laureadas y la bandera respectivamente, en Sevilla en octubre de 1922, que ya se analizarán, y el enfrentamiento con el teniente coronel Millán Astray. Anticipándose a las propuestas que varios líderes liberales preparaban para presentarlas en el Congreso, el 14 de noviembre de 1922, el gobierno Sánchez Guerra disolvió las Comisiones Informativas. 365 Alonso Ibáñez, A.I., Las Juntas de Defensa, p. 584 366 Cardona, G., El problema militar… p. 136-138. 367 Cortes Cavanillas, J., Alfonso XIII. Vida, confesiones y muerte, Prensa Española, Madrid, 1956, p. 247- 250. En el discurso, el monarca aludió a los malos momentos provocados por la derrota, y que para superarlos, era preciso recuperar la unidad: “La guerra colonial hizo que se cargase al Ejército culpas que eran el producto de muchos errores. Pero el Ejñercito, comprendiendo la magnitud del desastre, bajó la cabeza dando pruebas de disciplina y de amor a la Patria. Y, lógicamente, no tardó mucho en sentir la necesidad de reorganizarse para conquistar su antiguo poderío. Se manifestaron ansias de mejora que, por qué no decirlo, no fueron bien recogidas. Estas aspiraciones parecían difusas y fueron, por consiguiente, las soluciones que se dieron. Tantas voces parecía que el Ejército estaba dividido en familias. En principio , la idea que a todos guíaba no podía ser más noble: el engrandecimiento de las fuerzas militares. Pero al agruparse la oficialidad en distintos sectores, al separarse en diversas famiklias –Ingenieros, Artilleros, Infantres y Jinetes-, actuando como movidos por sacudidas histéricas, sólo lograban el desprestigio de la colectividad”.Recordó el compromiso del Ejército con la bandera y la Nación, a través del juramento efectuado por el propio rey ante las Cortes, y rogó que todos se acrdaran que su único compromiso, es el juramento a la Patria y al rey. 270 368 Como dice Mola, “Las Juntas murieron, pero no los ‘junteros’” . Ya no existió la organización, pero las personalidades de las Juntas tuvieron un peso importante en el Ejército, y persistió la división creada por ellas en el seno del 369 Ejército . A las pocas semanas de disolverse las Juntas, se convocó una manifestación en Madrid para exigir responsabilidades por el Desastre de Annual. El 6 de diciembre de 1922 dimitió el presidente del Gobierno, Sánchez Guerra. En la noche del 7 de diciembre de 1922, el rey comunicó al nuevo Gobierno que en dicha manifestación iba a participar gran parte de la guarnición madrileña, uniformada. El ministro de la Guerra, Niceto Alcalá Zamora, llamó rápidamente al capitán general de Madrid, Orozco, y le ordenó que avisara a todos los oficiales de la absoluta prohibición de acudir de uniforme a la protesta. Además, Alcalá Zamora adelantó su presentación como ministro a los generales y jefes, y en su discurso, dijo que “los militares, a cambio de atribuciones muy honrosas, tenían la restricción flexible de sus derechos ciudadanos en la vida política y que en relación con ésta eran privativos y abrumadores en mí el deber de 370 interpretar el sentimiento del Ejército y el derecho de expresarlo” . Los militares obedecieron y ninguno acudió a la manifestación. Es significativo que Alcalá Zamora prohibiera hablar de política en el ministerio, y que recibiera a los que de ella habían de hablar en su casa. Que las Juntas seguían vivas tras su disolución, lo corrobora el propio Alcalá Zamora al comentar las medidas introducidas por él: “Logré acabar a la segunda semana con las recomendaciones y quitarle a la agitación juntera el pretexto de la arbitrariedad. Bastó convencerse de la inutilidad de las influencias, por altas que fuesen, y saber que en los destinos de libre nombramiento o por concurso estudiaba por mí, con balanza de precisión, los méritos 371 de los solicitantes” . El coronel Godofredo Nouvilas Aldaz presidente de la Comisión Informativa de Infantería, fue importante en el golpe de Estado que llevó a Primo de Rivera al poder; lo mismo se puede decir del general López de Ochoa. Los “junteros” asumieron cargos de relevancia con Primo de Rivera, e inspiraron muchas de sus medidas, entre ellas la eterna cuestión de la supresión de los ascensos por méritos de guerra, aunque Primo 368 Mola, E., El pasado, Azaña y el porvenir, p. 125. 369 Esta idea no es compartida por Sevilla Andrés, D., Maura, la revolución desde arriba, Aedos, Barcelona, 1954, p. 455, y Lacomba, J.A., Estudios sobre el siglo XX español, p. 169, donde dice que tras la disolución de las Juntas en 1922, el Ejército volvió a ser un cuerpo homogéneo. 370 Alcalá Zamora, N. Memorias, Planeta, Barcelona, 1977, p. 72. 371 Alcalá Zamora, N. Memorias, Planeta, Barcelona, 1977, p. 73 271 impuso los ascensos por elección, con lo que se ganó su enemistad; impidieron que Millán Astray se convirtiera en director de la Academia de Infantería de Toledo; se disolvió el Cuerpo de Estado Mayor, el 15 de diciembre de 1925. Ya en la República, según el testimonio de Mola, los “junteros” estaban detrás de bastantes decisiones del ministro de la Guerra Azaña, como la anulación de ascensos por elección, la revisión de empleos concedidos por méritos de guerra, la supresión del Cuerpo de Estado Mayor, o la persecución a determinados oficiales, jefes y generales significados antijunteros, como el propio Varela. Para Lacomba, las Juntas abrieron el camino que llevaría a la Dictadura de Primo de Rivera. El rey se acercó más y más al Ejército, y cuando el autoritarismo sea la, en apariencia, mejor salida a los problemas sociales y políticos del país, será un 372 militar el encargado de asumir el poder . 1.6.9.- Los militares africanistas. El militar africano o africanista es un concepto que surge al compás del alargamiento de las campañas marroquíes, y opuesto al de “juntero” o partidario de las Juntas de Defensa. Los africanistas eran un grupo de militares ligados al servicio prolongado en Marruecos, identificados con la defensa de la obtención de ascensos y recompensas por méritos de guerra, e interesados en mayor o menor medida por la lengua y costumbres del país, por cuanto que buena parte de su misión se realizaba con tropas indígenas. Por Marruecos pasaron muchos oficiales y jefes, pero no todos ellos se convirtieron en africanistas; en las Juntas de Defensa creyeron muchos profesionales, y no todos ellos se convirtieron en “junteros”. Lo que define por tanto al africanista es tanto su servicio en Marruecos como su oposición a las Juntas de Defensa y su criterio de ascenso por escalafón cerrado. La diferencia entre los africanistas españoles y otros colectivos de militares coloniales europeos, radica en la problemática española, y sobre todo en la oposición entre los Cuerpor Facultativos y las Armas Generales. Estos factores crearon una conciencia particular entre los Cuadros de Mando del Ejército de África, basada en un 373 estilo de vida y un sentido de la profesión diferente a otros compañeros de milicia . 372 Lacomba, J.A., Estudios sobre el siglo XX español, p. 170-171. 373 Mas Chao, A., La formación de la conciencia africanista en el Ejército español, Sevicio Geográfico del Ejército, Madrid, 1988, p. 10. 272 Como muy bien dice Togores, los lazos entre los africanistas se fraguaron en los cuarteles y campos de batalla marroquíes, y se vieron reforzados por los enfrentamientos con las Juntas de Defensa, “con los compañeros de armas que vivían 374 apoltronados en sus tranquilas vidas de guarnición en la metrópoli” : “La guerra [de Marruecos] creó entre los africanistas unos lazos de camaradería y lealtad que perdurarían a lo largo de toda su vida. Hombres como Sanjurjo, Franco, Millán Astray, Mola, Yagüe, Goded, Queipo de Llano, Varela y el propio Muñoz Grandes entraron a formar parte de un grupo de soldados profesionales, de compañeros de armas, llamados a decidir los destinos de su patria pocos años después. Soldados que, ebn buena medida, sólo confiaban en ellos mismos: la experiencia bélica, la Laureada y la Medalla Militar Individual, haber servido en la Legión, o en Regulares u otras unidades especiales eran los mayores méritos que, a sus 375 ojos, se podían tener” . María Rosa de Madariaga considera que el término “africanista” está mal 376 empleado, y propone “africanomilitaristas” para referirse a estos oficiales . Según Madariaga, características de estos africanistas eran “un bajo nivel intelectual y escasa 377 cultura” , lo que les conducía a odiar a los intelectuales, su oposición a la democracia, y en definitiva, su “mentalidad cerril, intransigente y autoritaria”. Estos juicios de valor son obviamente injustos y falsos, pero son seguidos por autores como Balfour o Blanco Escolá, el cual llega a ver la mística legionaria como de índole fascista, cuando en realidad fue adoptada del Bushido japonés.Frente a estos autores, las opiniones de 378 379 380 381 Togores , Sacanell , Núñez y de Martínez Roda son categóricas, totalmente contrarias y probadas. El Ejército colonial español de África tenía poco que ver con el Ejército colonial de 1898. Para empezar, las condiciones de lucha en Cuba y Filipinas eran muy diferentes, no sólo por la climatología o la tecnología militar, sino también por el hecho de que en estos territorios existía una población que apoyaba decididamente la presencia 374 Togores, L.E., Yagüe. El general falangista de Franco, La Esfera de los Libros, Madrid, 2010, p. 57. 375 Togores, L.E., Muñoz Grandes, La Esfera de los Libros, Madrid, 2007, p. 47. 376 Madariaga, MªR., Los moros que trajo Franco, RBA, Barcelona, 2006, p. 39. Cita a Blanco Escolá, que prefiere la de “africanos” 377 Madariaga, Mª. R., Los moros…p. 45. 378 Togores, L.E., Yagüe. El general falangista de Franco, La Esfera de los Libros, Madrid, 2010; Millán Astray, legionario, Madrid, 2003; Muñoz Grandes, héroe de Marruecos, general de la División Azul, Madrid, 2007. 379 Sacanell, E., El general Sanjurjo. Héroe y víctima, Madrid, 2004. 380 Núñez Calvo, J.N., “José Enrique Varela Iglesias. El Infante de Marina que fue Ministro del Ejército”, Boletín de la Escuela de Infantería de Marina nº 34, 2002, http://usuarios.multimedia.es/jesusnuñez/htm/varela-IM.htm 381 Martínez Roda, F., Varela. El general antifascista de Franco, Madrid, 2012. 273 española. Por otro lado, los Ejércitos colonial y el metropolitano de 1898 no estaban divididos ni habían generado diferencias entre ellos, porque la permanencia en Ultramar no era continuada, y no se generó una conciencia diferenciada entre unos y otros 382 compañeros . Los militares destacados en Marruecos comprendieron desde 1909 las graves deficiencias del Ejército, sobre todo la falta de material acecuado, de planos, y la necesidad de ganarse a la población indígena y obtener su colaboración armada. El coronel Larrea demostró en Quebdana la eficacia de las columnas ofensivas y la conveniencia de obtener el desarme indígena, así como la precisión de formar una fuerza de soldados marroquíes. Tras la Campaña del Kert quedó clara la necesidad de formar un Ejército profesional, especializado, formado por voluntarios e indígenas, adaptado a las circunstancias de la campaña. Este ejército precisaría oficiales voluntarios y con vocación colonial. La aparición de la Policía Indígena y de los Regulares llevó a la aparición de estos oficiales, que Mas Chao divide en dos grupos: los especializados en política indígena, conocedores de la idiosincrasia marroquí, de sus cabilas y jefes, pacificadores a través de la negociación y las “pensiones”, y los oficiales de combate, orientados hacia el valor extremo, porque en definitiva deberán dirigir a sus hombres, que son esencialmente fuerzas de choque y asalto. Con la aparición de la Legión nascerá el tercer modelo de oficial, el especializado en el mando de fuerzas de choque de 383 carácter europeo . Los contemporáneos conocían perfectamente quienes eran africanistas y quienes no, por el apelativo “africanista”, y por un sencillo sistema: el africanista era un militar de vocación colonial. Los africanistas eran muy populares, sus hazañas eran noticia en muchos periódicos, donde se publicaban sus fotografías, vestidos con chilabas y rodeados de un ambiente exótico. Una característica esencial de este grupo era su deseo de hacer carrera, y para ello eran prioritarios los ascensos por méritos de guerra, restablecidos por el ministro general Luque en 1910. El servicio en Marruecos era duro, más pronto o más tarde casi todos los profesionales de la milicia que pasaron por Marruecos deseaban volver a un servicio tranquilo en la Península, Baleares o Canarias. Los africanistas destacaron por su prolongado servicio en los campos marroquíes: 382 Mas Chao, A., La formación de la conciencia africanista en el Ejército español, Sevicio Geográfico del Ejército, Madrid, 1988, p. 15. 383 Mas Chao, A., La formación de la conciencia africanista en el Ejército español, p. 28-29. 274 Sanjurjo, Varela, Franco, González Tablas, Berenguer, Goded, Millán Astray, Mola Vidal, Muñoz Grandes, Alonso Vega, Yagüe, Riquelme, Miaja, Barrera, González Carrasco, Castro Girona, Gómez Jordana y Gómez-Jordana Sousa… Es absurdo ligarlos a una ideología política concreta, pues fueron un grupo heterogéneo: africanistas fueron oficiales izquierdistas como Fermín Galán o Hidalgo de Cisneros. Otra característica era que se encontraban a menudo al mando de tropas profesionales, europeas o indígenas, y utilizando armas innovadoras: aviación, bombardeos, químicas, automóviles blindados, etc. Es decir, que eran militares con formación, que hablaban idiomas, que viajaron por estudios al extranjeros como Millán Astray, Franco o Varela, que tenían una notable capacidad de adaptación, y lo más importante, que desarrollaron tácticas de guerra que 384 dieron a España la victoria contra un enemigo muy difícil, que luchaba en guerrillas . Un modelo de guerra, hay que recordar, que en el siglo XX ha derrotado a potencias y a ejércitos mucho más grandes y mejor equipados que el español de 1909-1927. 1.7.- Las Campañas contra El Raisuni y las Laureadas de Varela. 1.7.1.- El teniente Varela en Marruecos. 1.7.1.1.- La situación del Protectorado en 1915. Entre 1915 y 1918 el Protectorado estuvo relativamente tranquilo, sufriendo sólo pequeños golpes de mano y escaramuzas. Al acabar la Primera Guerra Mundial, El Raisuni reforzó su poder personal. Con la guerra acabada en Europa, los Gobiernos españoles temían el regreso de las ambiciones franceses sobre el territorio del Protectorado español. Era necesario optar una política más enérgica respecto a Marruecos, postura apoyada por el rey, el Ejército y algunos políticos. En 1915, la ocupación del Protectorado continuaba, el general Alfau había ocupado Tetuán, pero los convoyes de aprovisionamiento sufrían numerosos ataques y bajas. En la zona de Larache, el general Silvestre ocupó Alcázarquivir, a la que siguieron Cuesta Colorada, Seguelda, Trarkunt, etc., con las fuerzas españolas actuando del lado de la autoridad del Majzen Xerifiano o Gobierno marroquí. A este teatro de 384 Como muestra de esta “mala prensa” de los africanistas, se puede citar que según Madariaga los africanistas se convirtieron en un grupo de presión que impondría sus puntos de vista al Gobierno, incluso a Primo de Rivera durante su dictadura. En realidad no fue así, los Gobiernos no cedieron a las presiones militaristas africanistas, más bien al contrario, fue la falta de medios proporcionados a los soldados lo que alargó la guerra, y Primo de Rivera impuso su criterio a los africanistas. En cambio, sí se cedió a los “junteros”, que tenían una mayor fuerza. 275 operaciones llegó el segundo teniente José Enrique Varela Iglesias. La mayoría de las operaciones consistían en pequeños convoyes para abastecer los puestos de vigilancia y columnas volantes para vigilar los caminos. Contra estas acciones, los marroquíes rebeldes tanto a la ocupación española como al Majzen, actuaban tendiendo emboscadas, los llamados “pacos”, guerrilleros indígenas que actuaban como francotiradores, ocultos entre las rocas y la vegetación, que disparaban sobre las tropas, la mayoría de las veces para obtener algo de botín. La solución pasaba por desarmar a los indígenas sometidos, pero esto era imposible, por la inseguridad que se vivía en el territorio, con abundancia de malhechores, de conflictos entre las tribus. Como explicó a un periodista el general Berenguer: “para desarmar a las cabilas tenemos que ofrecerles garantías contra los merodeadores, que se aprovechan de esa circunstancia para robarles sus mujeres y sus ganados. Viven los cabileños en chozas diseminadas por el territorio, y sería preciso poner en cada una de ellas, o en el conjunto de varias al menos, fuerzas adictas que los defendiesen contra esas seguras incursiones.(…) …a la cabila de Wad-Ras se la desarmó, y fue preciso darle fusiles poco tiempo después, porque la saqueaban, y sus gentes se presentaron 385 diciendo que si no se les protegía tendrían que irse” Por otro lado, los agentes alemanes instigaban a las tribus marroquíes a rebelarse contra los franceses, introduciendo armas de contrabando en el Protectorado. Romanones denuncia estos manejos en sus memorias. Se pretendía que las cabilas, sobornadas y armadas con dinero germano, se sublevaran proclamando sultán a Muley Haffid. Los agentes eran Barttesl, Coppel, Rischta y Somarlach, apoyados por el turco Mohamed Ramsí, y por otros ciudadanos alemanes residentes en España. Así, el 11 de noviembre de 1916 se descubrieron en Melilla cinco cajas con dinero,municiones y planes para la insurrección, cuyo destinatario era Abd el-Malek, enviadas desde Madrid por un súbdito alemán. Notables rifeños intentaron reunirse en España con Muley Haffid, que residía en Barcelona, para planificar la insurrección. Los agentes germanos también visitaron a El Raisuni, y le hicieron llegar dinero para participar en un levantamiento a favor de Muley Haffid. Las autoridades españolas expulsaron del 386 Protectorado a Mohamed Ramsi y a Coppel, pero las intrigas siguieron . 385 Hernández Mir, F., Del desastre al fracaso. Un mando funesto, Madrid, Editorial Pueyo, 1922, p. 55- 56. 386 Romanones, C. de, Notas de una vida (1912-1931), Espasa Calpe, Madrid, 1947, p. 109-113. 276 La guerra de África era, en palabras de Pemán, el primer biógrafo de Varela, “guerra siempre: guerra permanente y difusa. Aire sonoro de "pacos" invisibles; bajas sueltas, desperdigadas, y a veces silenciadas, y diariamente "la protección al convoy", 387 la "columna volante"; el peligro oscuro y traicionero de la descubierta o la aguada” . 1.7.1.2.- Varela, segundo teniente en el Regimiento de Ceriñola nº 42. Como segundo teniente, Varela había sido destinado en julio de 1915 al Cuadro de Eventualidades de Melilla, y después, el 30 de julio, pasó al Regimiento Ceriñola nº 42, en Melilla, en el fuerte de Cabrerizas Altas, durante diez meses. En ese momento, era un joven oficial lleno de ambición. Poco antes de salir de la Academia, dijo a sus compañeros: “Casi todos sois más jóvenes que yo, por lo que tengo que darme prisa si 388 no quiero morir a lo sumo de comandante en una Caja de Reclutas” . Una vez incorporado, la mayor parte de su paga era enviada a San Fernando, para la manutención de su madre y hermanas. Cobraba 161’91 pesetas, más un 50% de 83’71 pesetas que recibía por su servicio en África: él se quedaba para sus gastos con esta gratificación. Siempre recordó que allí, en Cabrerizas Altas, conoció a el Hach Abd el- Kader. El día 11 de agosto marchó con su Compañía, al mando del capitán Isidro Casanova, a la posición de Avanzamiento, quedando allí destacado. El día 14 de ese mes pasó a formar parte de la plantilla del Regimiento de Ceriñola. El 1 de septiembre pasó con su Compañía a Segangan, quedando de columna volante para la protección de convoyes a la posición de Ishafen. El 27 de septiembre tomó parte en una marcha de resistencia y velocidad a Melilla, con su Compañía a las órdenes del capitán Rígulo Molino. Pasaron por el Sebt y el Gurugú, regresando el 30. El 11 de octubre, con el Batallón a las órdenes del teniente coronel Marcos Rueda, pasó a Zeluán, quedando allí de columna volante. Esta era la rutina del servicio marroquí. Pesadas marchas y servicios bajo el sol o sufriendo el frío, siempre alerta por la posible emboscada. El 27 de octubre se trasladó a la posición del Zaio, quedando allí de servicios de campaña y fortificación. El 15 de noviembre regresó a Zeluán, de nuevo en misión de columna volante. El 11 de diciembre pasó con su Compañía a Monte Arruit, y tras pernoctar pasó a Usugar 387 Pemán, J.Mª.: Un soldado en la Historia, p. 23. 388 ACGJEVI, Carpeta 167, fol 33. 277 occidental quedando allí destacado. El 15 de febrero pasó a Kaddur y a Ben Uahechía, en servicio de aguadas y descubiertas. El 28 de febrero pasó a Funcharet. La situación en Melilla era tranquila, y Varela, que deseaba promoción, solicitó el traslado a las Fuerzas Regulares Indígenas, para participar en la vanguardia de las operaciones. 1.7.1.3.- Varela ingresa en los Regulares de Larache nº 4. Por Real Orden del 28 de abril de 1916, fue destinado al Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Larache nº 4, donde se incorporó en junio de 1916. Antes de ello, pasó por San Fernando, donde el 27 de mayo de 1916 participó en un festival taurino benéfico en San Fernando. En él, Varela lidió un toro, estoqueó otro, y clavó las 389 banderillas a un tercero, que también mató . Los Regulares de Larache estaban organizados en dos Tabores de Infantería, mandados por los comandantes González Carrasco y Fernández Villa-Abrille, y un Tabor de Caballería, a las órdenes del comandante Enriles García. Allí en Larache luchaba una parte del Ejército de África a las órdenes de Fernández Silvestre contra Muley Ahmed El Raisuni, señor de Tazarut, faquí, Cherif y nakib de Cherifes, descendiente del Profeta, protegido por su carisma y por sus contactos con agentes alemanes y comerciantes de Tánger. Uno de sus baluartes era el Fondak de Ain Yedida, un edificio cuadrangular construido en 1838, y el nombre de Ain Yedida es el de un fuerte cercano. Era un patio central rodeado por una galería cubierta para resguardar las caballerías. Estaba a 35 Km de Tetuán. En la zona de Larache se habían ido tomando posiciones, la parte de Arcila que jalonaba el sector internacional de Tánger y desde Regaya se pretendía acercarse al Fondak. Silvestre era partidario de luchar contra El Raisuni, mientras que el Alto Comisario, Gómez Jordana, defendía el llegar a un acuerdo con él. Fernández Silvestre fue relevado tras el asesinato de un emisario del Alto Comisario en el río de las Tembladeras, a las afueras de Tánger. El 20 de mayo de 1916, Gómez Jordana habló con el Raisuni, en un diálogo triste y humillante. Mientras tanto, el ejército atravesaba penurias. La Correspondencia Militar denunciaba "para un batallón de 1034 plazas con 32 oficiales... (por fin se lograron tiendas de campaña) se han dado 25[tiendas]cónicas, en las que, habiendo a lo más 25 389 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 67 278 hombres, hay que hacinar, con riesgo de la salud, la higiene, la moral y a veces hasta la subordinación, 54 personas. Con hornos y elementos para fabricar 2000 raciones de pan cada día, se hacen 4000, y como es natural las condiciones son pésimas... No facilitan carne, mi vino, ni patatas y como no hay carreteras a ninguna parte y no pueden venir camiones ni carros, hay que organizar convoyes con los mulos del tren de las unidades para adquirir los 390 artículos necesarios... a 40 o 50 km de la posición" . Ésta era la situación: la Guerra de África no se ganaba porque no se invertía en ella, porque se pretendía ahorrar gastos, sencillamente porque España era una potencia de segundo orden con graves problemas de desarrollo económico, cuya estructura financiera no podía sostener el esfuerzo bélico. Se mantenía a duras penas un rosario de posiciones en las faldas de Beni-Gorfet, mantenidas en costosas operaciones de aprovisionamiento. Como argumentaba Goded, "todo esfuerzo es seguido de una parada, de una detención impuesta", y Franco, "nos llegan ecos de España: el apartamiento del país de la acción del Protectorado y la indiferencia con que se mira la 391 actuación y el sacrificio del Ejército” . Marcelino Domingo atacaba al ejército en un discurso en la Casa del Pueblo. Se suministraba armamento clandestino a los indígenas y no se aprovechó la tregua que para este suministro impuso en el territorio la guerra europea del 14. Primo de Rivera, gobernador militar de Cádiz, era partidario de abandonar Marruecos, y sus tesis de abandonista se contagiaban. Gómez Hidalgo explicaba que los marroquíes comparaban los ejércitos español y francés, y se daba cuenta de las grandes carencias del primero: la mala comida, sin cocinas de campaña (“por escasez de hornos se come en nuestras posiciones pan duro, convertido a veces en migajas y siempre en pedazos, por obra de los golpes que recibe al cargarse y descargarse, al bajar y tornar a subirse cien veces en los recuentos 392 obligados desde que sale del horno en la plaza hasta que llega al campo lejano…” ), la falta de ganado para transportar la impedimenta, municiones o artillería, la falta de tiendas (“para cobijo de nuestros jefes y nuestros oficiales han de construirse, donde se acampa, chozos sórdidos con ramaje seco, y que el soldado no tiene, por lo común, otro cobijo que el cielo…”) que provocaba además desperfectos en las armas, falta de ametralladoras y de municiones artillería. 390 Pemán, J.Mª.: Un soldado en la Historia, p. 24. 391 Pemán, J.Mª.: Un soldado en la Historia, p. 24. 392 Gómez Hidalgo, Marruecos. La tragedia prevista, Madrid, 1921, p. 36. 279 El 2 de junio de 1916, Varela tomó posesión de su nuevo destino en el 1º Tabor de Regulares Los Regulares eran un cuerpo idóneo para un oficial ambicioso y activo, 393 empático y humano, abierto, como Varela . El 28 de junio participó en la operación para ocupar Cudia Jamelich, cerca de Tánger, con su compañía de Regulares, al mando del general Villalba. En esa operación el teniente Varela tuvo su bautismo de fuego, y en la misma fueron bajas dos de sus compañeros, los tenientes Junquera y Urrutia. El 29 de junio formó parte de la columna del entonces teniente coronel Primer Jefe del Grupo de Regulares de Larache Federico Berenguer Fusté, y con ella subió hasta la cabila de Anyera, estableciendo las posiciones de Ain-Guemen y Melusa, participando en su fortificación y cubriendo la retirada consiguiente en el último escalón. Ese año, por Real Orden del 30 de diciembre de 1916, le fue concedida la cruz de 1ª clase al Mérito Militar con distintivo rojo por diferentes hechos de armas y operaciones realizadas en la 394 zona de Larache del 1 de mayo de 1915 al 30 de junio de 1916 . Varela recibió la notificación el 9 de enero. Era un oficial alegre y decidido. En 1917 estuvo en Melilla acompañando a un grupo de áscaris indígenas con destino al Grupo de Regulares de esta plaza en el vapor Vicente La Roda. El 25 de junio de 1917 fue promovido a primer teniente de Infantería por 395 propuesta extraordinaria de ascensos . El 1 de enero de 1918 Varela fue nombrado ayudante del 1º Tabor, y profesor de la escuela de cabos y sargentos. En febrero estuvo en San Fernando para visitar a la familia. A nivel familiar, para su madre y hermanas, Varela era Enrique; a nivel militar, para sus compañeros de armas, era José. Como prueba de su vinculación con su ciudad natal, en septiembre de ese año escribió desde Alcazarquivir un artículo para El Heraldo de San Fernando, relativo al orgullo que había sentido al ver la visita a Larache del diputado electo por San Fernando, muy 396 interesado por los pormenores de la campaña . El artículo fue publicado el 17 de octubre, y lo firmaba con su nombre familiar: Enrique Varela. 1.7.2.- El Alto Comisario Dámaso Berenguer y El Raisuni. El 18 de noviembre de 1918 falleció inesperadamente el Alto Comisario, general Gómez Jordana. Romanones, ministro de Estado en el breve gabinete liberal de García 393 Sobre las cualidades del servicio con marroquíes, Doménech Lafuente, A.: Un oficial entre moros, Editora Marroquí, Larache, 1948; insiste mucho en la profunda religiosidad de los marroquíes. 394 AGMS, Hoja de servicios de José Enrique Varela Iglesias, p. 14; ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 71-72. 395 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 75 396 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 78-79 y 81-82 280 Prieto, propuso entonces el nombramiento de un Alto Comisario civil, para así dar a entender que se deseaba una política en Marruecos más pacífica. Pero ningún civil quiso 397 aceptar el puesto, como explica el general Berenguer de forma muy prolija . El Gobierno, del que formaba parte el general Berenguer como ministro de la Guerra, dispuso la eliminación del cargo de comandante en jefe de Marruecos, hasta ese momento ligado al Alto Comisario, dado que no era posible coordinar las acciones militares entre Ceuta y Melilla, configurándose dos agrupaciones separadas, pasando Larache a depender de Ceuta, y quedando los comandantes generales a las órdenes del Alto Comisario. Este punto estaba muy claro en el artículo 4º: los comandantes generales recibirían del Alto Comisario las instrucciones “tanto en el orden político y administrativo, como para la ejecución de las operaciones militares y mantenimiento de 398 la seguridad en la región” . El decreto fue firmado el 11 de diciembre de 1918. El Gobierno comenzó a barajar nombres. Se pensó para este cargo en Miguel Villanueva Gómez, político liberal, con gran experiencia ministerial y que había visitado Marruecos en varias ocasiones. Pero, quizá conocedor de los graves problemas de la zona, “no 399 hubo manera de convencerlo” . También se habló para el cargo de Manuel González Hontoria y Fernández Ladreda, diplomático que había participado en la Conferencia de Algeciras y en los tratados de 1912 que supusieron la instauración del Protectorado. Pero González Hontoria tampoco aceptó. El designado, el 1 de febrero de 1919, entonces fue el propio ministro de la Guerra, general de división Dámaso Berenguer, que también había sido subsecretario de Guerra en el anterior gabinete de concentración de Maura de 1918. Berenguer tenía cuatro hermanos militares, había nacido en Cuba en 1878, tenía interés en Marruecos, y había estudiado las tácticas a aplicar en las guerras coloniales. Era partidario de avances cortos, bien planeados, conociendo el terreno y usando a las tropas nativas. También destacaba la importancia de llegar a acuerdos con los indígenas, y creía que la Administración española no debía intervenir en los poderes locales, pero sí explotar las divisiones internas de los marroquíes. Por otro lado, acabada la Gran Guerra y derrotada Alemania, era el momento de iniciar un acercamiento a Francia. Berenguer, que había puesto como condición para asumir la Alta Comisaría que se le proporcionarían los medios suficientes para cumplir la misión de pacificación, 397 De Mesa y otros, Las Campañas de Marruecos, p. 129. 398 Berenguer, D.: Campañas en el Rif y Yebala 1919-1920, tomo 1, p. 34. 399 Berenguer, D.: Campañas en el Rif y Yebala 1919-1920, tomo 1, p. 34. 281 llegó a Tetuán en febrero de 1919. Entonces, reclamó lo que había suprimido él mismo 400 dos meses antes: amplios poderes militares para su cargo de Alto Comisario . Tras conseguirlo de forma fáctica a través de poderes para inspección de las fuerzas, control sobre las operaciones, jefatura sobre fuerzas indígenas, fue nombrado general en jefe el 1 de septiembre de 1920. El Raisuni escribió el 22 de febrero de 1919 desde Ben Karrich una carta al coronel Gómez-Jordana Souza, hijo del general Gómez Jordana, relatando sus quejas y 401 agravios contra España . Según el Cherif, se habían producido ataques y desmanes por parte de oficiales y tropas españolas, y el Alto Comisario se había entrevistado con enemigos notorios del autor de la carta. En realidad, El Raisuni se quejaba de que las tropas españolas habían ejecutado represalias y persecuciones en zonas sometidas a su autoridad, y que por otro lado, los españoles amparaban en Larache y Ceuta a huidos de su justicia, sobre todo gomaríes y anyeríes. Si España no llegaba a un acuerdo con El Raisuni, o no lo sometía, debería renunciar a someter a la autoridad del Majzen y ocupar los territorios de la Yebala. En mayo de 1919, Berenguer convocó a una reunión a El Raisuni para discutir estos problemas, sobre la base de reconocer la autoridad del Jalifa como representante del Sultán. El Raisuni aceptaba la autoridad del Sultán, pero no la del Jalifa; por otro lado, sólo acataba al Sultán nominalmente, y deseaba seguir actuando como un caudillo local con poder independiente. Por ello se retiró a las montañas de Tazarut, se negó a ir a Tetuán, e intentó sublevar a las cabilas de la Yebala, así como cortar la carretera de Tetuán a Ceuta, Tánger y Larache para aislarla. El Raisuni contaba para su rebelión con las cabilas a él sometidas: Beni-Arós, Beni Mesauar, Uad Ras, Beni Hosmar, Beni Said, Beni Hassan, Beni Ider, Beni Latí, Beni Gorfet, Yebel Hebib, Beni Issef, y el Ajmás. Berenguer explica así la difícil situación española: “Reinaba, pues, el Raisuni en el impenetrable país rebelde siempre a toda penetración europea, y secularmente opuesto al Gobierno de Fez, país que puede considerarse como reducto del fanatismo musulmán, ¡buen cuidado hubo de ponerse para no dar motivo alguno que lo despertara!; nosotros no obrábamos por nuestra cuenta, apoyábamos al soberano, Su Alteza Muley el Mehdí [el Jalifa], tan descendiente del Profeta como el Raisuni, y Delegado del 400 Vivero, A., El derrumbamiento. La verdad sobre el desatre del Rif, Caro Raggio Editor, Madrid, 1922, p. 41-42. 401 Texto en Berenguer, D.: Campañas en el Rif y Yebala 1919-1920, tomo 1, p. 55-64. 282 Príncipe de los creyentes, el Sultán de Fez. Solo poniendo al Jalifa por delante podrían acallarse los escrúpulos de aquellos Xorfa del Yebel Alam [líderes religiosos de la Yebala; los Xorfa, plural de Cherif, alude a un grupo de descendientes del Profeta ], que era preciso respetar para evitar la proclamación de la guerra santa. Y así como el Raisuni quería presentar la situación a los montañeses en forma de guerra de independencia contra los españoles, la Alta Comisaría se esforzaba en hacer ver a los indígenas que no había guerra entre España y los musulmanes, sino entre Muley el Mehdí y el Raisuni, que un buen musulmán debe ayudar siempre al representante del Príncipe de los Creyentes, y que la guerra santa sólo puede proclamarla éste. Las autoridades marroquíes y nuestros agentes se ocupaban de propalar estas 402 ideas” . La cita resume la situación: España actuaba presionada por sus compromisos internacionales de pacificar Marruecos y que todo el territorio reconociera el gobierno del Majzen. Obviamente la solución más fácil hubiera sido pactar con los poderes locales y dejar a éstos obrar a su antojo, pero ese no era el planteamiento ni del Gobierno de Madrid ni de las autoridades españolas del Protectorado. Ya se ha visto lo cara que resultó mantener esta postura legalista en Melilla en 1909 y en la campaña del Kert, y también contra El Raisuni. Por otro lado, el Alto Comisario denuncia la manipulación que hacía El Raisuni de los hechos, actuando siempre en su propio beneficio. Lo sorprendente es que este planteamiento de considerar a estos caudillos como líderes independentistas, cuando sólo buscaban respaldar su propio poder, es seguido hoy en día por algunos historiadores. En principio, Berenguer intentó minar el poder de Raisuni apartando de él a las tribus. Pero fue inútil, así que el Alto Comisario preparó la acción militar. Estudió detenidamente las experiencias francesas en Argelia y Marruecos, y las campañas de Lyautey, Gallieni y D’Amade. Cualquier avance debía garantizar la seguridad en la retaguardia (teoría francesa de la “mancha de aceite”), se debía entender al enemigo y su forma de hacer la guerra. Pero el ejército español carecía de presupuesto, de formación, y, según Balfour, soportaba un excesivo peso de la tradición, para poder adecuarse al nuevo modo de guerra; opinión a mi parecer equivocada, habida cuenta de los acontecimientos posteriores. La guerra era impopular, y era muy difícil aumentar el presupuesto de guerra para atenderla debidamente, dada la parálisis parlamentaria. Parte de los gastos militares se invertían en sobornos o “pensiones” a los jefes marroquíes. En 1919-1920, el presupuesto militar fue de 447 millones de pesetas, de los que sólo se 402 Berenguer, D.: Campañas en el Rif y Yebala 1919-1920, tomo 1, p. 69-70. 283 dedicaron al ejército colonial en plena campaña de guerra 133 millones. La inversión civil en Marruecos, que debía ganarse a los indígenas, fue de sólo 10 millones de pesetas. Para la campaña de 1920 los comandantes evaluaron la construcción de fortificaciones en un millón de pesetas; Berenguer lo rebajó hasta 900.000 pesetas, de las que sólo se concedieron 300.000. El presupuesto creció tras las victorias del general Berenguer y de la visita del ministro de la guerra, vizconde de Eza. Pero los fusiles necesitaban ser calibrados, las ametralladoras eran defectuosas y se encasquillaban con facilidad, la artillería y la aviación eran escasas y con pocas municiones, el servicio sanitario carecía de de suministros y medicamentos. Los soldados tenían que dormir a menudo a la intemperie, alimentarse de raciones frías y de galletas duras en vez de pan, usaban un simple poncho como abrigo, y calzaban alpargatas, que se deshacían con el barro y les dejaban descalzos. La falta de recursos era, según Berenguer, la principal de las causas del fracaso. Otro problema era reclutar soldados eficientes. La mayoría de los reclutas tenían una instrucción deficiente, y cuando ya estaban preparados para la guerra, eran licenciados por acabar su período de servicio. La guerra era impopular, las deserciones y exenciones abundantes. A menudo el mando prefería utilizar a los soldados en la construcción de carreteras, en vez de enviarles a la lucha. Comenzó a utilizarse tropa indígena como fuerza de choque. Era una práctica común en las potencias colonizadoras, pero el problema es que España utilizaba tropas rifeñas en el Rif, se identificaban con aquellos a los que debían combatir. Por eso abundaban las deserciones, abandonando el servicio con la llegada de las cosechas o tras satisfacer venganzas, llevándose las armas. Los mejores reclutas de los Regulares eran los procedentes de la zona francesa. En la segunda mitad de 1919 la recluta de Regulares descendió a causa de la posibilidad de entrar a trabajar en empleos mejor pagados. Por otro lado, este sistema también tuvo sus críticos, sobre todo después de Annual, en 1921: los soldados españoles eran menospreciados por los indígenas al no participar en los combates más que desde la retaguardia, y esa fue una de las causas del citado 403 Desastre . Desde 1917, a causa de la limitación de los ascensos por méritos de guerra, muchos oficiales españoles, sin motivación ni vocación colonial, servían en Marruecos con descontento: “Se convencen de que están perdiendo el tiempo, de que hacen un sacrificio estéril que la nación ni conoce ni recompensa con las gratitud al menos, y 403 Hernández Mir, F., Del desastre al fracaso. Un mando funesto, Madrid, Editorial Pueyo, 1922, p. 76. 284 404 acaban por abatirse, por entregarse y por ceder a la imposición del buen sentido” . Pero por el contraste, otros muchos servían muy motivados. Uno de los problemas sociales indígenas de la zona española era la atomización del poder. Los caídes controlaban en realidad territorios muy pequeños, lo que dificultaba el establecimiento de acuerdos entre las autoridades españolas y los indígenas. Algunos de los jefes indígenas aparentaban ser proespañoles, en todo caso esperaban que España contribuyera a la modernización, pero sin establecer un dominio directo. Pero otros muchos lo eran sinceramente. España tampoco podía contribuir al desarrollo de Marruecos, enfrascada en los gastos de la guerra y sus problemas sociales. Se extendieron los cultivos de regadío, pero a cargo de colonos españoles llegados de Argelia; el presupuesto de educación y sanidad era muy pequeño, la mayoría de obras públicas tenían funciones militares, ejecutadas por soldados o por obreros españoles, y el general Barrera obligó a los marroquíes a trabajar sin sueldo y utilizando sus propios animales de carga. Gran parte del dinero de África se invertía no en obras públicas, sino en sobornos o “pensiones” a los jefes indígenas, para mantener la paz. En 1916, cuatro jefes de la zona de Alhucemas recibieron 20.000 pesetas en pagos mensuales; en 1921, los jefes de los Beni Urriaguel recibieron un total de 44.729 pesetas, entre ellos los Khattabi, con quinientas pesetas mensuales. En esa época, la libra de trigo estaba en torno a las dos pesetas. Según el testimonio de un teniente coronel, la vanguardia de los 405 avances estaba en el Banco de España . Por consiguiente, era más rentable rebelarse que ser fiel a España: los más levantiscos recibían pensiones para calmarlos. Los jefes recibían cantidades muy diferentes: los caciques de los Beni Said recibían entre 1.000 y 250 pesetas mensuales. Algunos rifeños criticaban a sus jefes por aceptar estos pagos. Muchos militares desconfiaban de la eficacia de los sobornos, que sólo servían para aumentar la codicia de los jefes tribales. Pero los jefes que cobraban utilizaban los lazos internos de las tribus para hacer respetar los acuerdos, y la paz se mantenía. 404 Hernández Mir, F., Del desastre al fracaso. Un mando funesto, Madrid, Editorial Pueyo, 1922, p. 100- 101. Cita concretamente el caso del capitán de los Regulares de Tetuán, Yagüe, que por incorporarse demasiado pronto a su unidad, aún convaleciente, no se le concedió la Medalla de Sufrimientos por la Patria; la única forma de ser distinguido era ser herido. 405 Fernández Tamarit, De Annual, p. 420; cit. por Balfour, S., Abrazo mortal, p. 125. 285 Los españoles no podían garantizar la seguridad de los marroquíes pro españoles, que a menudo eran objeto de ataques y represalias. Incluso algunos oficiales permitían que la Policía Indígena y los Regulares saquearan los pueblos sometidos. En la labor de Berenguer tuvo una gran relevancia la escrupulosa observación y respeto de las costumbres islámicas que practicaban los españoles. Esto hizo que El Raisumi no pudiera apoyarse en la religión como un motivo para luchar contra España. Por otro lado, su despotismo y crueldad para con las cabilas que le prestaban obediencia, sus tiránicos métodos, sus sangrientas represalias y sus horribles mazmorras, le fueron restando partidarios. Berenguer buscó la amistad de las tribus locales, en especial los Anyera, enemigos de El Raisuni, y envió tropas para expulsar a los hombres de El Raisuni de los alrededores de Tetuán. Berenguer quería seguir los pasos del mariscal Lyautey en su uso de la política de atracción de las cabilas y de enfrentar a unas con otras. Para ello, utilizó el soborno y el ofrecimiento de cargos en el Majzén, “que son las armas más eficaces contra los musulmanes, cuyo punto débil, 406 como es sabido es la codicia” . Berenguer visitó y consiguió la amistad de las cabilas de Anyera y el Haus, así como la de Uad Ras. Berenguer era un gran partidario del uso de las fuerzas Regulares indígenas, de las que en 1919 ya había cuatro Tabores. Los oficiales españoles a su mando sufrieron muchas bajas, pero se convirtieron en la élite de los africanistas. 1.7.3.- La guerra de El Raisuni. El papel de Varela. 1.7.3.1.- Primeras acciones del teniente de Regulares Varela. El Raisuni decidió aislar Larache y Tetuán con Ceuta; Berenguer procuró pacificar Anyera (Anjera), Wad-Ras (Uad-Ras) y Hauz, apartando a El Raisuni de Tánger y del mar, y cortando sus líneas de abastecimiento de Raisuni con el norte, sobre todo con la zona internacional. Berenguer diseñó su ofensiva en tres frentes: entrar en la zona de Anjera, al norte del Protectorado; y avanzar desde Tetuán y el sudeste por un lado, y desde Larache por otro, haciendo tenaza contra el Raisuni. Pero la oposición indígena fue muy fuerte. Era prioritario ocupar el Fondak de Ain Yedida y Xauen, comunicando así la Comandancia General de Larache (general Emilio Barrera Luyando) con la Comandancia de Ceuta-Tetuán (general Manuel Fernández Silvestre). 406 Berenguer, D.: Campañas en el Rif y Yebala, 1921-1922, p. 132. 286 En la zona de Larache, El Raisuni amenazó Alcarzarquivir. Era necesario expulsarlo, y a esta operación se destinó el Grupo de Regulares de Larache nº 4. El 22 de febrero, una columna de fuerzas al mando del teniente coronel del Grupo, Enrique Salcedo y Molinero y con él el Tabor, con las Compañías 2ª y 3ª completas, y la 1ª excepto un oficial y sesenta hombres que quedaban destacados, a las órdenes del comandante Manuel Pacheco, y en el mismo, el teniente Varela, salió hacia Hauta Mesauda, posición situada a doce kilómetros al este de Alcázar, también conocida como Monte Besbas. Llegaron a la posición a 5:30 de la mañana, donde se reunieron con el destacamento de la 1ª Compañía ya citado. A las 6:30 se inició la operación. El comandante Pacheco ordenó a la 3ª Compañía, del capitán Rafael Cotta, que avanzara siguiendo el movimiento de la Harka amiga y la Policía Indígena, que estaban a las órdenes del comandante Salvador Múgica, de la Policía. A las 13:30 horas, Pacheco recibió órdenes para, con todo el Tabor restante y el 1ª Escuadrón de Regulares, apoyaran a la Harka, la Policía Indígena y demás fuerzas que luchaban con el enemigo, ocupando la posición Besbas. Los Ingenieros subieron para explanar la loma y fortificarla. Pacheco movió a sus hombres a través de las lomas que preceden al monte Jorra. El Tabor tomó posiciones de combate, y a las 15:00 llegó la orden de cubrir la retirada. Pacheco dispuso que la 1ª y 2ª Compañías, capitanes José Rodríguez Izutarregui y Ildefonso Pérez Peral respectivamente, ocupasen las alturas inmediatas, para dominar al enemigo. Se desalojó al enemigo de sus posiciones, y protegiendo con su fuego la retirada de las fuerzas empeñadas en el combate, hasta que a las 16:30, habiendo quedado ya las Compañías de Pacheco en vanguardia, dispuso éste proceder a la retirada, realizándola en orden, por escalones, y aprovechando el terreno. A partir de las 17:30 la fuerza emprendió el regreso hacia Alcázar, manteniendo así ocupada Hauta como posición avanzada. La 1ª Compañía cubrió la retaguardia. Las bajas sufridas 407 fueron de tres soldados regulares y un ingeniero muertos . En el parte sobre la operación, se apuntó: “El Teniente Ayudante Don José Varela Iglesias, se ha multiplicado en su misión, por la extensión del frente y necesidades que aunbar esfuerzos, ha transmitido continuas órdenes con rapidez y riesgo personal, atravesando zonas de verdadero peligro, ha sido fiel intérprete de las órdenes recibidas, teniendo que desempeñar el cargo de Ayudante mayor por ausencia de éste. Este oficial 407 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 135. Recorte de prensa del Heraldo de San Fernando, 6 de marzo de 1919, firmada por LL. 287 que es el más antiguo en las Fuerzas demuestra en todas ocasiones inteligencia, espíritu y valor mereciendo el concepto de los Jefes, la certeza de que en 408 ocasiones se presenta como insustituible” . Días después, el 26 de febrero, el teniente Varela participó en la operación de apoyo a una columna indígena que debía tomar la posición de Gaitón, o Taatof. La misión de la columna donde estaba Varela era proteger el flanco derecho de una segunda columna que iba a ocupar el Taatoff. Esta acción fue descrita quizá por el propio Varela, firmada como LL., y publicada en el Heraldo de San Fernando, el 7 de 409 marzo de 1919, con el título “La ocupación de Taatof” . Tras la ocupación de Besbés, era necesario complementarla con la ocupación de esta altura, situada al noreste de Alcazarquivir, a unos dieciséis kilómetros de la misma. Desde el Taatof se controlaban numerosos aduares. El general Barrera dispuso dos columnas; la principal o de la izquierda, a las órdenes del teniente coronel Manuel Salcedo, con dos Tabores de infantería de Regulares, otro Tabor de Caballería, la 2ª Mía de Policía Indígena, a las órdenes del oficial Múgica, y una Harka amiga, tomar el Taatof; la segunda o de la derecha, mandada por el comandante Pacheco, debía proteger el flanco derecho de la primera. Varela marchaba como ayudante de la segunda fuerza. La fuerza llegó al Gaitón a las 6:30 horas, desde allí se protegió a la artillería que a su vez sostenía el avance de la columna de ocupación. La loma fue asaltada, tomando con rapidez los parapetos del enemigo. Ya en la cima, subieron a ella los ingenieros para fortificarla, y se instaló en ella una batería. A las 9:00 horas fue preciso que el Tabor bajara del Gaitón para contener al enemigo que amenazaba a dicha columna, lo que ordenó el general Barrera, y el Tabor realizó, ocupando posiciones de fuego, hasta las 17:00 en que se recibió la orden de replegarse, y cubriendo las labores de retirada. En esta acción la Policía tuvo un muerto, y los Regulares dos heridos. Los aduares vecinos se sometieron. En los días siguientes se realizaron labores de patrulla, los llamados “paseos militares”, 410 sin novedad . 408 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 124. 409 Se supone que era el propio Varela, porque en dicho diario el 11 de marzo se publicó una nota en la que se decía que “Nuestro distinguido amigo y colaborador el primer Teniente de Regulares destinado en la Comandancia de Larache, Don Enrique Varela, ha sido invitado por el Excmo. Sr. Marqués de Salobral en atenta carta, al hermoso acto de patriotismo que tendrá lugar en fecha próxima, de entregar la Bandera al Regimiento de Infantería de Cádiz base naval nº 67, cuya enseña patria ha sido regalada por la Excma. Sra. Marquesa, esposa del Gentil Hombre de S.M.”. Varela agradeció la atención pero tuvo que declinar el honor, al estar comprometido por el servicio en Marruecos; pero es significativo que se le considere “colaborador” del diario. ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 136. 410 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 131-132. 288 El día 11 de marzo salió Varela como Ayudante de una columna de Regulares para apoyar otra de la Policía, mandada por el capitán Uriarte y de la harka amiga del caíd Melali, que iban a realizar una acción de castigo, quemando los aduares de Borja, Megadí y Gara, cercanos a Teatoff. Estas labores de castigo se justifican en un artículo, publicado en el Heraldo de San Fernando, en el cual se describe la necesidad de realizar patrullas paseos, en los que “se procuraba la atracción de los sometidos, intentándose por medio de estas visitas lograr el acercamiento de otros aduares más recónditos que no habían llegado a impetrar el aman [paz, tregua] sino antes por el contrario, en su irreductibilidad había llegado al abandono de sus viviendas para refugiarse en él en espera del momento oportuno para sorprender a cualquier destacamento aislado o para cuando las fuerzas se retirasen, regresar a sus viviendas, sin rendir pleitesía, sin pedir el amán, que ellos consideraban prueba de 411 sometimiento . Por esa razón se ordenó la quema de esas aldeas. La columna, al mando del comandante Ángel Cuadrado Garcés, estaba formada por el 1º Escuadrón, las 1ª y 2ª Compañías del 1º Tabor y la 3ª del 3º Tabor; la 3ª Batería de la Comandancia de Larache, una estación óptica con teniente de Ingenieros de la Compañía de la Red, médico y dos artolas sobre baste, con sus conductores, de la Ambulancia de Sanidad Militar de Larache. Las tropas iban con equipo ligero y rancho frío. La columna salió a las 4:00 horas y se dirigió a Sidi Sadí. Allí, la Batería se instaló en la posición de Taatof. Al llegar cerca de los aduares, los marroquíes comenzaron a disparar sobre los servicios de exploración, parapetados en las casas. A las 7:00 horas el fuego era general. Pero los marroquíes no pudieron evitar que los harqueños y la Policía incendiaran el aduar Gara, tras expulsar a sus ocupantes. La infantería, al mando del comandante del 1º Tabor, Manuel Pacheco, se encaminó hacia el aduar Borja para ocupar las alturas situadas entre este aduar y el de Bier. El Escuadrón partió para explorar la situación del aduar Borja, donde se oía fuego, pues el teniente Castelló, de la Policía Indígena lo sostenía contra los habitantes de dicho aduar. El enemigo procedía de las cabilas de Erhona y Ait Cherif. Una parte del Escuadrón debía vigilar si se acercaban elementos hostiles desde la cabila de Erhona, mientras el resto se informaban de la situación del combate que sostenía la Policía. El capitán Uriarte indicó al comandante Cuadrado que podía avanzar con su infantería hacia Borja, pero dejando una Compañía en el flanco derecho para impedir que los combatientes de Erhona se 411 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 140. El artículo se publicó el 20 de marzo de 1919, firmado por LL. 289 deslizaran por allí. El comandante Pacheco, con tres compañías marchó hacia Bacara. El aduar Borja fue ocupado por la Policía y el Escuadrón de Regulares, apoyados por la infantería de Regulares marchando a la carrera, y entregado a las llamas. Se planteó entonces la necesidad de ocupar las alturas entre Borja y Taatof. De esta forma, quedó una línea de combate. La Harka de Melali llegó hasta el aduar Amegadi, y también lo destruyó. Cumplidos los objetivos de quemar los aduares, se planteó iniciar la retirada poco antes de las 12:00 horas. La 3ª Compañía del 1º Tabor cubrió la salida de la Harka amiga que había entregado al fuego los aduares de Gara y Megadi. Sin embargo, los cabileños no cejaban, y reocupando las posiciones abandonadas por las tropas españolas en su repliegue, hacían fuego sobre éstas. De esta forma, dificultado por la fragosidad del terreno y por el tiroteo emboscado, se fue realizando la retirada. El teniente Varela, que mandaba una sección de la 2ª Compañía del 1º Tabor, con veinticinco hombres, a las órdenes del capitán Pérez Peral, efectuaba en esa ocasión misiones de ayudante. El comandante Pacheco ordenó a Varela que notificara al capitán Pérez Peral para que efectuara la retirada, lo que se hizo “con todo orden aunque muy penosamente al principio por las malas condiciones del terreno se efectuó la retirada sosteniendo 412 constante y vivo fuego contra el enemigo que hostilizaba sin cesar” . Varela se quedó con la Compañía para acompañarla en su retirada, tomó el mando de una sección que no tenía oficial, y que con ella sostuvo fuego con los contrarios y protegió la retirada de la compañía. Varela así lo hizo; combatió prácticamente sin cesar, desde la llegada al lugar hasta la retirada, durante seis horas, actuando por propia iniciativa ocupó y mantuvo alturas para cubrir el repliegue, y teniendo tres bajas en su sección. Se certificó que Varela siempre ocupó los lugares de mayor peligro. Así lo cita el parte de guerra del comandante Cuadrado: “Me permito hacer resaltar el extraordinario comportamiento del Comandante Pacheco organizando y dirigiendo una retirada laboriosa y difícil; la pericia y valor del Capitán Don Ildefonso Pérez Peral de la 2ª Compañía del 1º Tabor; que ocupando con ésta durante la jornada, y por indicación del Capitán Uriarte, el puesto más hostilizado por el enemigo, se conservó en él hasta recibir la orden de retirada. En esta labor fue auxiliado eficazmente por el teniente Don José Varela Iglesias que aunque Ayudante del Tabor, a ruego del Capitán se hizo cargo del mando de una sección cuyo Jefe se había separado de su misión para comunicar al Capitán del escuadrón el orden y lugar que debía ocupar durante el repliegue y cuyo oficial, protegió con su iniciativa y decisión 412 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 138, Informe del Capitán de la 2ª compañía. 290 413 la retirada del resto de la Compañía ocupando el puesto de más peligro” . En palabras del capitán Pérez Peral, “cooperó al desarrollo de ésta [retirada] muy eficazmente con su iniciativa, decisión y valor tomando personalmente el mando 414 de una de las fracciones y protegiendo la retirada de la compañía” La columna se reorganizó al pie del Taatof, y a las 15:00 horas emprendió el regreso a Alcazarquivir, llegando a las 18:00 horas. Las bajas fueron siete heridos y ocho contusos de tropa. El teniente Varela destacaba por su iniciativa, algo que contrastaba mucho con las tradición europea que establecía la obediencia ciega y absoluta dejando poco margen al uso del criterio propio, frente a la tradición norteamericana, que da a sus oficiales mayores cotas de libertad en el mando. En este sentido, Varela prefigura un modelo de oficial que acabará imponiéndose tras la Segunda Guerra Mundial, con alto grado de iniciativa y de decisión sobre el terreno. Esto se debe al nuevo modelo de guerra, donde la formación a menudo se rompe, deja a los mandos aislados, y necesitados de tomar decisiones. Sin duda, la dura escuela de la guerra marroquí fue decisiva para este nuevo estilo de oficial. Entre el 16 y el 18 de marzo de 1919, fuerzas de Regulares, Policía Indígena, y la harka del caíd Ben Alí ocuparon posiciones que conllevaron la toma de Alcazarseguer, por las fuerzas arriba citadas más una compañía de fusileros y otra de ametralladoras del Regimiento Ceuta, junto con secciones de montaña de Intendencia, una ambulancia de Sanidad y una sección del Parque Móvil. En su avance para asegurar las comunicaciones, se ocupó Beni Madan. En estas operaciones tomó parte el teniente 415 Varela, en el Tabor a las órdenes del comandante Manuel Pacheco de Leyva . El teniente Varela marchó a la vanguardia en la ida, y a la retaguardia en la vuelta, es decir, siempre en el "sitio de los tiros", como se dice en el argot militar. El 29 de marzo, la columna se dirigió a T’Zelata, y de allí a Zoco el Hax y el 31 de marzo llegó a R’Gaia, donde se reunió todo el Grupo de Regulares de Larache, a las 416 órdenes del teniente coronel Enrique de Salcedo, dirigiéndose a Melusa . 413 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 130 y 151. 414 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 138. 415 Esta acción no aparece citada en la Declaración que se hizo para solicitar su ascenso a capitán, ACGJEVI, carpeta 1, fol 87; pero sí aparece en su citada Hoja de Servicios. En cuando al comandante Pacheco de Leyva, ascendió a teniente coronel por méritos de guerra en noviembre de 1924: http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1924/11/29/015.html 416 Aquí se cita en su Hoja de Servicios una acción que tuvo lugar el 2 de abril, pero que según su Declaración para solicitar su ascenso a capitán tuvo lugar el 10 de abril, ACGJEVI, carpeta 1, fol 87. Probablemente sea más correcta la versión de la Declaración. 291 1.7.3.2.- El rescate del cabo Juan Tapia. El 5 de abril, en Beni Salah, las harkas hostiles de Beni Salah y Beni Hosmar, y la Mehal-la de El Raisuni se enfrentaron a las tropas españolas, Regulares y fuerzas de Ingenieros. Murieron tres oficiales españoles y dos marroquíes, así como veintiocho suboficiales y soldados, y quedaron heridos cuarenta y tres hombres. Entre los días 10 y 15 de abril, se realizaron operaciones para conseguir la comunicación terrestre entre Larache y Ceuta. El 10 de abril el 1º Tabor de Varela salió de Melusa en vanguardia de la columna a las 3:30 horas, para ocupar la posición de Dar-Dara y establecer contacto con Alcazarseguer, ocupado por las fuerzas de Ceuta. A las 7:00 horas su avance se vio frenado por un ataque del enemigo, pero avanzó a fuerza de fuego y cubierto por los disparos de la batería. La posición fue ocupada a las 13:00 horas. De allí se descendió para proteger el avance del 2º Tabor, que estaba resistiendo un ataque del enemigo sobre el flanco derecho español. El 1º Tabor formó en orden de combate y avanzó, ocupando diversas posiciones de fuego para aliviar la presión enemiga. A las 18:00 horas se dio la señal de retirada, protegida por la artillería, a la posición citada, procediéndose a su fortificación. El Tabor tuvo 16 bajas. El 13 de abril, el Grupo de Regulares de Larache, y en él el 1º Tabor a las órdenes del comandante Pacheco de Leyva, y con el teniente José Varela, desde Dar-Dara, marchó hacia Kudia Tahar Angar (Kudia Dan-Har Angar) para ocuparla, lo que se hizo sin necesidad de combatir. La posición fue fortificada, y seguidamente el Tabor regresó a Melusa. El día 15 marchó hacia R’Gaia. Al día siguiente pasaron al Zoco el Hach, y al sucesivo, a T’Zenin, donde permanecieron hasta el 21 de abril. Ese día el Grupo, a las órdenes del teniente coronel Enrique Salcedo se dispuso a participar en la toma de Kudia Majzen. Esta acción supuso un duro combate. La columna de vanguardia estaba formada por tres Tabores menos una compañía de Regulares, y tres Escuadrones del mismo Grupo, y tres secciones de la Mía de Policía de T’Zenin. El grueso lo componían tres Compañías y la Compañía de ametralladoras del Batallón de Las Navas, una Compañía de ametralladoras de Marina, dos Baterías de Montaña, una compañía de Ingenieros y servicios; total, unos mil ochocientos hombres. Sus contrarios eran cabileños de Beni Aros. El mando inmediato de Varela era el comandante Manuel Pacheco. El 1º Tabor había avanzado y ocupado varias alturas cercanas a Kudia Majzen, para fortificarlas. Pero los cabileños consiguieron deslizarse hasta la extrema vanguardia española, y comenzó a luchar con ella. Se produjeron entonces momentos de confusión y pánico. La 1ª Compañía comenzó a retroceder. Varela, apercibiéndose de la situación, tomó el mando de una 292 sección que estaba de reserva y que no tenía oficial, y emprendió con ella una contraofensiva. En palabras de Varela en su Declaración de solicitud para el ascenso a capitán: “…el Tabor marchó en el centro de la columna de vanguardia cooperando su ocupación y situándose después en unas lomas al frente y flanco derecho de la posición sosteniendo un continuo fuego con el enemigo que trataba de aproximarse, próximamente a la una de la tarde el enemigo llegó á cuerpo á cuerpo con la 1ª Compañía del Tabor llevándose al cabo español de esta compañía Juan Tapia en cuyo momento tomé el mando de una sección de la 3ª Compañía que estaba de reserva y avancé hasta la altura de dicha compañía desalojando al enemigo y persiguiéndolo con el fuego y avance consiguiendo 417 rescatar al cabo antes citado y siendo herido leve al ejecutarlo” . En el proceso de caída de la posición, los moros capturaron al cabo Juan Tapia Donoso, al cual torturaron. Los gritos del prisionero llegaron hasta las filas españolas. Varela, con su sección, dio orden de avanzar, lo que provocó el repliegue enemigo, llevándose al prisionero. Varela y sus hombres atacaron a los torturadores y tras una lucha cuerpo a cuerpo, a revólver y machete, se llegó al cabo Tapia, aunque ya era demasiado tarde para él, rescatando su cadáver y recuperando su fusil. El episodio fue 418 muy comentado por la prensa , el alcalde de San Fernando le remitió una nota 419 felicitándole por sus brillantes hechos de armas , y Varela salió retratado en Blanco y 420 Negro . En esta acción, el Tabor sufrió seis bajas, de ellas dos oficiales, uno de ellos el propio Varela. “Con su actuación modificó ventajosamente el combate de la vanguardia ya que el enemigo de haber conseguido su objetivo hubiesen quedado en 417 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 88. 418 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 145, ABC, 24 de mayo de 1919; Heraldo de San Fernando, 4 de mayo de 1919; fol 150, Diario de Cádiz 28 de mayo de 1919; Carpeta 1, fol. 154, Blanco y Negro publicó el 1 de junio de 1919 una fotografía del teniente Varela, con una pequeña nota: “El teniente de Regulares de Larache . José Varela Iglesias, herido por los moros al rescatar el cadáver de un cabo español cogido por el enemigo”. Estos recortes de prensa pertenecen a la colección recolectada por su madre. Ver Apéndice Documental, nº 1. 419 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 153. 420 AGMS, Hoja de servicios de José Enrique Varela Iglesias, p. 17: “… quedó acampado hasta el 21 que con el Tabor a las órdenes del comandante don Manuel Pacheco de Leyva y formando columna con las demás unidades del Grupo alas órdenes del Sr. Teniente Coronel Don Enrique de Salcedo y Molinero salió en dirección a Kudia Majzen al objeto de proceder a su ocupación lo que se consiguió después de duro combate con el enemigo, el Tabor marchó en el centro de la columna y en vanguardia cooperando a su ocupación y situándose después en unas lomas al frente y flanco derecho de la formación sosteniendo nutridísimo fuego con el enemigo que trataba de aproximarse, a la una de la tarde el enemigo llegó a luchar cuerpo a cuerpo con la 1ª Compañía del Tabor llevándose al Cabo español de la citada Compañía Juan Tapia en cuyo momento [Varela] tomó el mando de una sección de la 3ª Compañía que estaba de reserva y avanzó hasta la altura de dicha Compañía desalojando al enemigo y persiguiéndole con el fuego y avance consiguiendo rescatar al cabo antes citado resultando herido levemente al ejecutarlo regresando una vez fortificada á pernoctar a T’Zenin en cuyo punto permaneció hasta el día 25…” 293 421 situación apuradísima la 2ª y 3ª Compañía del mismo Tabor” . Fue citado en el parte del Jefe de la columna. El cabo Juan Tapia ya estaba muerto, y sólo se rescató su cadáver. El Tabor regresó a T’Zenin, y el 26 regresó a Alcázar. Días después, el 2 de mayo, en la ceremonia de Jura de Bandera de los nuevos reclutas en Larache, su Tabor desfiló en columna de honor. Como muestra de la admiración que suscitó, en su archivo se conserva la carta escrita por un compañero de Academia, Isidoro Valcárcel, que le escribió desde Jaca interesándose por su salud. En ella, le felicita “por haber tenido la honra de verter su sangre por la Patria”, y se muestra interesado por obtener una vacante próxima en “el Grupo”, presumiblemente, la ambición de Valcárcel era pasar a África: “si no me lo dan no será porque yo no haya hecho cuanto me es posible. ¿Qué se dice por ahí de 422 ello, y de todo? Como ahora van las cosas supongo dará gusto de estar” . Esta carta demuestra que existía un cierto número de jóvenes oficiales una ansiedad por pasar a Marruecos para obtener gloria y fama, promociones y ascensos, todos ellos refrendados por un patriotismo muy vivo. Como resultado de estas acciones, varias cabilas decidieron aceptar la autoridad del Majzen y de España, como la Barkokinen, varias tribus de Beni Gorfet, cercanas a Larache, el 12 de mayo la cabila de Beni Said, con su caíd El Bakali, y entre el 20 y el 26 de mayo, los habitantes de Haus Sadini y Bab el Aonzar. Por su parte Varela permaneció en Alcázar hasta que el 22 de mayo, a las órdenes del comandante accidental don Miguel Manso de Zúñiga marchó a la posición de Gueisa, y al dia siguiente participó en vanguardia de la columna dirigida a la ocupación de las posiciones de Kudia Zaaza (Saaz) y Gorra, sosteniendo vivo fuego con el enemigo, cubriendo el Tabor todo el frente de la posición y el flanco izquierdo, causándole muchas bajas y haciéndole retroceder, a costa de diez bajas propias, una de ellas un oficial. La columna consiguió su objetivo, pernoctando en Gueisa (Gueixa), para realizar diversas misiones, entre ellas escoltar un convoy, el día 28 de mayo, regresando a Alcázar. El día 30 el Grupo de Larache pasó a T’zelataa, y después a Kesiva. El 1 de junio participó en el combate para ocupar Kudia Mansora (Mensak). El 1º Tabor marchó en vanguardia, forzando el avance frente al enemigo y ocupando la posición a las 12:00 horas al coste de dos bajas. Después la columna regresó a T’Zenin. 421 ACGJEVI, Carpeta 1, fol 92, “Declaración del Primer Jefe” incluída en el expediente abierto para su ascenso a capitán por méritos. 422 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 152. 294 1.7.3.3.- La recuperación de Rapta. El 6 de junio salió de T’Zelatza para participar en la recuperación de Rapta, a las órdenes del teniente coronel Salcedo, que mandaba el Grupo de Regulares de Larache, la 3ª Mia de Policía, y la Harka amiga del Kaid Melali, más las cuatro Compañías del Batallón de Cazadores de Las Navas, cuatro Compañías del Regimiento de Ciudad Rodrigo, dos compañías del Chiclana, tres secciones de ametralladoras de los citados batalones, dos compañías de Infantería de Marina, dos Baterías de Montaña, y una compañía de Ingenieros, más ambulancia e Intendencia, en total unos tres mil hombres. Varela, al mando de una sección de la 2ª Compañía del 1º Tabor, tenía como jefe superior al comandante Pacheco; iba en la vanguardia de la columna de la derecha. En su avance, las fuerzas españolas se encontraron con enconada resistencia, sosteniendo un duro fuego. A las 7:00 horas pasaron a orden de combate avanzando para ocupar unas alturas cercanas y a la izquierda de Cudia Rapta, donde el enemigo estaba parapetado e impedía el avance. Se tomaron las alturas con la 1ª y 2ª Compañías, quedando la 3ª en reserva. El comandante Pacheco recibió entonces órdenes para ocupar con sus tres Compañías Cudia Rapta. Se planificó un movimiento envolvente hacia el objetivo, donde el enemigo, bien cubierto, hacía fuego. Pacheco dispuso que la 1ª Compañía avanzara apoyada por la 3ª, protegiéndose mutuamente En el transcurso del combate cayeron heridos el jefe del Tabor, el comandante Pacheco, un capitán y un caíd de Mía, y muertos un capitán y un alférez; las bajas de tropa fueron de dieciséis hombres. Al caer el comandante herido, cedió el mando al capitán Yzurrategui, pero al caer éste muerto, tomó el mando del Tabor el capitán de la 2ª Compañía, Pérez Peral, encargando al teniente Varela el mando de su propia compañía, muestra de la confianza de que ya gozaba entre sus mandos. Varela, “dándose perfecta cuenta de lo difícil del momento cooperó por medio de un enérgico ataque dirigido contra numeroso enemigo que impedía el acceso a la posición, logrando recharlo (sic) y entablando contacto con el resto de las unidades, coronar la altura objetivo después de la reñida lucha que sostuvieron las unidades de su Tabor. El resultado obtenido fue cooperar eficazmente en momentos difíciles por la pérdida de Jefes y Oficiales a rechazar al enemigo concientemente parapetado y evitar que el enemigo apostado en el flanco 423 derecho continuara haciendo bajas numerosas” . En el parte redactado por el comandante Pacheco, se lee: 423 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 93. 295 “Hago resaltar como muy señalado mérito el extraordinario comportamiento de los capitanes D. José Rodríguez Yzurrategui (muerto) D. Rafael Cotta (Herido) y los tenientes D. José Varela Iglesias y D. Eduardo Ramos (muerto) que se vienen distinguiendo en repetidas ocasiones poniendo de manifiesto su entusiasmo y un gran acierto en el mando y dirección de las tropas haciendo resaltar constantemente sus relevantes y notorias condiciones para el mando. El teniente Varela Según ordenó V.S. tomó el mando de una sección de la 2 compañía cuyo oficial había sido herido y más tarde se hizo cargo del mando de la compañía cooperando con gran acierto a la ocupación, según me informa el 424 referido capitán que tomó el mando del Tabor” . A las 13:00 horas la posición de Rapta fue ocupada, al coste de las bajas ya citadas, a las que habría que añadir la del caballo de Varela, “Salmón”, que fue herido. Desde allí el Grupo regresó a Alcázar, donde permaneció hasta el 12 de julio. En julio, Raisuni contraatacó por Uad Ras, cortando la carretera de Tetuán a Tánger. Berenguer comprendió que debía atacar de nuevo. Los hombres de Raisuni, vestidos como soldados españoles, atacaron a una tribu proespañola y tomaron dos puestos de vigilancia en la carretera, obligando a los españoles a retirarse. 1.7.3.4.- El fracaso de Cudia Rauda. En el mes de julio, el general Domingo Arraiz de la Condenera y Ugarte, gobernador general de Ceuta, diseñó las operaciones contra Uad Ras. Estas acciones acabaron en el descalabro de Cudia Rauda, el 11 de julio de 1919. El objetivo era asegurar la ruta entre Tetúan y Larache, y más concretamente las lomas de Marylua. El Coronel Ángel Rodríguez del Barrio ocupó en la noche del 10 al 11 de julio, por sorpresa, la posición de Cudia Rauda. Sin embargo muy pronto comenzaron a ser hostigados, por un error español. La batería española, situada en Mingrel-la, confundió a tropas propias como hombres de El Raisuni, comenzó a disparar. Se les sacó de su error con disparos, banderas de señales y toques de corneta; pero toda esta algarabía alertó a los seguidores del Cherif, que decidieron atacar la posición de Cudia Rauda. El coronel Rodríguez organizó un frente defensivo mientras se construían los parapetos para la posición. Entonces se descubrió que se habían traído pocas herramientas y utensilios para facilitar la construcción. Los ocupantes se encontraron en una difícil situación, con el aprovisionamiento complicado y faltos de agua. El fuego enemigo arreciaba. La fortificación era precaria, de parapeto muy bajo, sin alambradas y con bastantes ángulos muertos. Los heridos aumentaban, y el enemigo crecía en número a cada hora que 424 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 144. 296 pasaba. El coronel Rodríguez del Barrio dispuso la evacuación de los heridos, así como la de la fuerza que no iba a quedar de guarnición, hacia Melusa. Pero la presión enemiga era terrible, y el fuego muy intenso. El teniente Enrique Carreño Velarde, de la Policía Indígena, murió defendiendo la posición del morabito. El coronel Rodríguez del Barrio inició el repliegue sobre las 17:00 horas. La batería de Mingrel-la inició el fuego creyendo la posición del Morabito había sido evacuada, lo que no había sido posible por la presión enemiga: pero el fuego amigo obligó a desalojar ésta de forma apresurada. Debían salir tres compañías del Regimiento de Ceuta, tres de Regulares, una batería y la mitad de otra, una compañía de ametralladoras, los escuadrones y la harka amiga. Pero ante la presión enemiga, el desorden se apoderó de la columna. El enemigo se deslizó entre Cudia Rauda y la loma del Uesti, atacando la columna, obligando a la mitad de ésta a retroceder y a refugiarse en las posiciones que acababan de abandonar. Moría la tarde, el fuego se mantenía intenso, y en la oscuridad creciente, el coronel pensaba que su plan se ejecutaba con regularidad, cuando a sus espaldas sólo marchaba el regimiento de Ceuta. Llegó por fin a Sel-la con las tropas, tras más de 24 horas sin descansar, y dio las órdenes para reabastecer la posición de Cudia Rauda. Por otro lado, parte de las tropas tampoco se habían movido. La compañía de ametralladoras, en la parte derecha, no recibió la orden de retirada, y por otro lado, el teniente coronel Emilio Canis Martínez, jefe del Grupo de Regulares de Ceuta nº 3, en la posición Sur, ordenó a dicha compañía que permaneciera en su puesto, dado que era necesaria para cubrir su posición. El comandante Cantero, responsable del repliegue de esa parte, al ver que era imposible contactar con la compañía de ametralladoras y que se acercaba la noche, decidió renunciar al repliegue y pasar la noche en la posición Norte, asumiendo el mando de la misma. Muchos miembros de Regulares y de la Policía Indígena comenzaron a desertar aprovechando el caos del combate y la creciente oscuridad. En la Posición Norte murió el comandante Antonio Vera Salas, y en la Sur el también comandante, de la Policía Indígena, Alejandro de La Guardia, que había comprobado con dolor que sus hombres habían huido. La escasa altura de los parapetos fue la responsable de las bajas. La Posición Este quedó sin oficiales ilesos sobre las 22:00 horas, y los soldados escaparon hacia las otras posiciones, abandonando muertos y heridos. Entonces, los rebeldes, reforzados por muchos Regulares desertores, concentraron su fuego sobre la posición Sur, que resistió con bravura. Destacó por su valor el teniente médico Manuel Ruigómez Velasco, que atendió a los heridos bajo el 297 fuego enemigo, sin protección ni cuidado de su propia vida; fue recompensando con la Laureada. Desde Sel-la partió el convoy de suministros hacia Cudia Rauda, a las órdenes del capitán del 2º Escuadrón de Regulares de Ceuta, Antonio Ferrer. Sufrió fuego, pero pasó y llegó a las posiciones a las 15:30 horas. Fue entonces cuando el comandante Cantero pudo informar de lo sucedido y de la caída de la Posición Este. Para entonces, en Tetuán, ante la escasez de noticias y no recelando nada bueno, Berenguer ordenó que partiera hacia allí la columna del general Serrano, con un grupo de Regulares, un batallón de Cazadores y dos baterías. El coronel Rodríguez del Barrio regresó a Cudia Rauda, y al día siguiente, reforzado con las columnas del general Serrano y del coronel Ruiz Trillo, que habían avanzado a marchas forzadas, ya con la tropa descansada, en la madrugada del 13 de julio, la Posición Este fue retomada sin disparar un tiro, descubriéndose los cadáveres de sus defensores por España, quemados y mutilados. Asegurada la posición, la presión de los rebeldes había desaparecido. Las bajas habían sido muy numerosas: setenta y cinco muertos, siete de ellos oficiales, y ciento ocho heridos, de ellos diecinueve oficiales. Los desaparecidos fueron entre sesenta y ochenta, algunos de ellos muertos cuyos cadáveres no fueron encontrados. Berenguer ordenó una investigación de los hechos al general López Sanz, y escribió al ministro de la Guerra, general Santiago, en la que de forma velada aludía a la necesidad de asumir él mismo el mando militar en Ceuta, y trasladar al general Arráiz. Pero el revés de Cudia Rauda provocó un arduo debate parlamentario, y la dimisión del ministro de Estado, Manuel González Hontoria, y la caída del cuarto Gobierno de Maura, en julio de 1919. Berenguer le escribió recomendando que, al menos en la zona de Tetuán y Ceuta, el mando político y militar estuviera unificado. El 20 de julio se supo en Tetuán que el nuevo Gobierno estaba presidido por Sánchez Toca, con el general Tovar como ministro de la Guerra. Es importante entender esto, para comprender lo que sucedió a continuación. Se ha escrito que al ser nombrado Berenguer Alto Comisario, y en consecuencia, inspector general de las fuerzas de Marruecos, el entonces gobernador militar de Ceuta, el general 425 Domingo Arraiz de la Condenera y Ugarte, más antiguo, dimitió como protesta . Pero ya vemos que no, que su cese se debió a la desgraciada operación de Cudia Rauda, en 425 Blázquez Miguel, J.: Auténtico Franco, p. 48. 298 julio de 1919, donde no había sabido prever las dificultades de la maniobra. Arraiz fue sustituido el 22 de julio por el general de división Fernández Silvestre. Para Madariaga, el nombramiento de Fernández Silvestre fue forzado por el Rey, que siguiendo el consejo del fallecido Gómez Jordana, deseaba a un militar más enérgico y agresivo al frente de la comandancia de Ceuta, frente al candidato del ministro de la Guerra, general 426 Tovar, que era el general Echagüe . Fernández Silvestre llegaba aureolado por el éxito de sus campañas en Larache, y por el hecho de haber sido encarnizado enemigo de El Raisuni, y los hechos parecían dar la razón a sus opiniones, frente a las de los partidarios de pactar con el Cherif. En todo caso, el deseo de Berenguer de asumir la comandancia general de Ceuta no fue atendido, y tampoco se le consultó sobre el nombramiento. En agosto de 1919, se publicó un decreto aumentando las atribuciones militares del Alto Comisario: tendría la iniciativa de las operaciones militares y debía aprobar los planes para su ejecución, pero no tenía mando directo sobre las tropas. Ese mismo mes, se estableció que habría una compañía de ametralladoras por cada batallón de Infantería en Marruecos y Tabor de Regulares, así como en cada regimiento de Caballería peninsular, y en cada Comandancia General. Se nombró al general Navarro Ceballos Escalera segundo jefe de la Comandancia General de Ceuta, y se destinó a ésta un batallón de infantería hasta entonces de guarnición en Melilla; este batallón regresaría en octubre. Estos acontecimientos sirvieron para que la prensa atacara al gobierno, e incluso los catalanistas independentistas manifestaron apoyar la lucha de los marroquíes. Se incrementó el presupuesto del Ejército para 1920, ampliándolo de 190.000 a 216.000 hombres. Pero los soldados seguían sin instrucción. Muchos reclutas eran analfabetos, había que invertir tiempo en formarlos, pero eran licenciados a los 18 meses, cuando ya eran plenamente útiles, por falta de fondos. Como se carecía de mapas fiables, se abusaba del "reconocimiento ofensivo", avanzando a ciegas por el territorio confiando en el valor. Se desperdiciaba la superior potencia de fuego española, porque los rebeldes avanzaban dispersos en guerrilla, minimizando los efectos de los proyectiles. El problema de Marruecos, además de la vetustez tecnológica del material militar y la cicatería de los presupuestos militares, era la confusión de responsabilidades en la cadena de mando. 426 Madariaga, Mª R.: En el barranco del Lobo, p. 123. 299 En el ejército del Protectorado imperaba el fraude y el favoritismo, la administración era corrupta. Los críticos afirmaban que muchos oficiales se portaban mal con la población y molestaban a las mujeres, lo que generaba un profundo malestar 427 entre la población indígena . Como en toda vida de guarnición, abundaba la 428 prostitución, el juego , las deudas del cual algunos oficiales corruptos liquidaban con los presupuestos de Intendencia, el alcoholismo. Los oficiales abandonaban sus deberes 429 en manos de los suboficiales. Los cuarteles estaban sucios y sin condiciones 430 sanitarias . Los blocaos, hechos de sacos de tierra, no tenían instalaciones sanitarias, con lo que los soldados debían salir del recinto para hacer sus necesidades, corriendo el riesgo de ser abatidos por el fuego enemigo. La moral era muy baja, y según el testimonio de Barea, algo exagerado, los soldados se automutilaban o buscaban enfermar para ser dados de baja en el servicio: “- No me digas que estoy ciego o tonto. Martínez tiene fiebre. Sotero tiene la mano como mi bota y Mencheta está chorreando pus. “-Sí, sí. Y ninguno de ellos quiere ir a donde voy yo. Martínez se puso una cabeza de ajo bajo el sobaco durante la noche. Sotero se metió ortigas machacadas en el rasguño que tenía y Mencheta se ha puesto un sinapismo. “-¿Un sinapismo? -Si señor. Uno de esos papeles de mostaza, que venden en la botica para los catarros. Hace usted un tubito delgado con ellos y se los mete en el caño de la orina y lo deja allí toda la noche; al día siguiente es un chorro. Ahora los tres irán al hospital, y cuando ya no puedan seguir más con sus trucos, las operaciones se han acabado. Yo lo he hecho muchas veces. Hay muchas cosas 427 Azpeitua, A., Marruecos, la mala semilla, Madrid, s/f, detalla anécdotas de la intolerancia de los españoles hacia musulmanes y judíos p.37-50, burlas ala Jalifa, p. 42, abusos a las mujeres, p. 43; críticas a los oficiales de la Policía Indígena, p. 60-64; Regan, G., Historia de la incompetencia militar, Crítica, Barcelona, 2001, p. 348-349. 428 “Melilla en aquella época era una ciudad tranquila (…). Las únicas variaciones consistían en que había casinos, en los que se jugaba fuerte, y en que la vida nocturna era mucho más animada que en provincias. Los oficiales que llegaban del campo con un permiso de tres días tenían dinero y ganas de divertirse. Solían alquilar un coche de caballos, y acompañados de muchachas alegres, previamente pagadas, iban a bailar y beber a unas ventas situadas en las afueras de la ciudad. Esta vida de noche era parecida, en algunos aspectos, a la que se hacía en Sevilla o en Málaga. No tenía la cosa sórdida y desagradable de las llamadas juergas en las provincias de Castilla o del norte”; Hidalgo de Cisneros, I., Cambio de rumbo, Laia, Barcelona, t. 1, p. 91. 429 Hernández Mir, F., Del desastre al fracaso. Un mando funesto, Madrid, Editorial Pueyo, 1922, p. 125- 131, en muchos campamentos no había agua, los ranchos eran pobres, y mientras un soldado tenía asignado un gasto de comida de 1’25 pesetas, los legionarios tenían 2; la manta se gasta para todo, en diciembre muchos almacenes sólo tienen ropa de verano. 430 Hernández Mir, F., Del desastre al fracaso. Un mando funesto, Madrid, Editorial Pueyo, 1922, p. 114. La incultura de muchos soldados hacía que desconfiaran de los métodos preventivos, y no los aplicaban. Sobre los Hospitales de Marruecos dice que “no son malos, son peores” (p. 117), con salas donde se hacinan los enfermos, sin sábanas ni cabezales; en el de Tetuán el techo se hundía, en el de la Alcazaba no había agua ni retretes, y los oficiales médicos compraban las medicinas de su peculio. 300 más que se pueden hacer: come uno tabaco y se vuelve amarillo, como si tuviera ictericia. Se calienta una perra gorda y se hace uno una úlcera en la pierna. Ahora estamos aquí en el campo y no se puede hacer nada, pero en Tetuán, seguro que toda la noche ha habido colas en las casas de zorras donde hay 431 alguna enferma. En una semana, docenas van a ir de cabeza al hospital” . Por otro lado, frente a la opinión de Barea y de otros autores, no se puede olvidar que muchos soldados españoles servían con abnegación y heroísmo, y sus historias jalonaban las páginas de los periódicos. El Ejército contribuía a mejorar la vida de muchos soldados. Hidalgo de Cisneros describe así a los hombres a sus órdenes: “Siempre recordaré la impresión de miseria que me produjeron los primeros reclutas que vi en nuestro cuartel de Melilla. Estaban agrupados en la compañía, casi todos vestidos con viejos pantalones de pana, blusa, boina y alpargatas, sucios, sin afeitar; despedían olor de cosa rancia. Más que mozos de reemplazo parecían mendigos raquíticos, con caras de temor, de asombro o de idiotez (…) Era impresionante ver cómo aquellos reclutas cambiaban de aspecto cuando empezaban a comer, a lavarse y a tratar con sus compañeros, a pesar de que el trabajo era duro, la comida modesta y el trato que en general recibían no era, precisamente, muy académico. Es decir, que por medianas que fuesen las condiciones en que vivían en el ejército, eran mejores que las de sus 432 pueblos” . Según Madariaga, Fernández Silvestre tenía amplios poderes militares al frente de la Comandancia de Ceuta, encaminados a liquidar la resistencia de El Raisuni, con pleno acuerdo con el Rey y el presidente del gobierno: crédito especial para adquirir armamento, y el refuerzo de cuatro Regimientos a elección del propio Silvestre, hasta 433 sumar unos 20.000 hombres . Berenguer era consciente de ello, y por esa razón sabía que no podía interferir y debía dejar libertad de acción a su subordinado. A los pocos meses, a principios de 1920, Fernández Silvestre fue transferido a Melilla. Berenguer interpretó que los especiales poderes de Fernández Silvestre, concedidos para acabar con El Raisuni, seguían vigentes, sólo que ahora su campo de acción sería la zona oriental del Protectorado. El carácter decidido y sus contactos políticos, habían convertido a Fernández Silvestre en el general favorito de Alfonso XIII. Con Fernández Silvestre al mando se reanudaron las operaciones. 431 Barea, A.: La forja de un rebelde, II: la llama, p. 86-87. Este tipo de picaresca, no obstante, ha existido siempre en todos los ejércitos y campañas. Vid. Hassel, S.: La legión de los condenados. 432 Hidalgo de Cisneros, I., Cambio de rumbo, Laia, Barcelona, t. 1, p. 86-87. 433 Madariaga, Mª R.: En el barranco del Lobo, p. 124-125. Madariaga se basa en un informe de un oficial francés a su gobierno 301 Tras años de convivencia, el Jalifa emitió un edicto contra el Cherif El Raisuni, y confiscó sus bienes. Berenguer ordenó ataques de artillería y aviación para batir el terreno mientras concentraba sus tropas. 1.7.3.5.- La toma del Fondak de Ain Yedida. Varela no participó en Cudia Rauda. El 12 de julio, su Tabor, a las órdenes del capitán Jefe accidental del mismo, Ildefonso Pérez Peral, formando columna con el resto del Grupo a las órdenes del comandante Ángel Cuadrado Garcés, marchó a T’Zelatza, a Zoco el Hach y a R’gaia, regresando a Alcázar días después. El resto del verano pasó con tranquilidad. Es significativo que el Ejército no aprovechara el verano para iniciar la ofensiva, estando las fuerzas rebeldes ocupadas en las labores de siega; actitud que se puede atribuir a los deseos políticos del mando militar y del Gobierno por establecer la paz, mostrando una actitud no beligerante en una época delicada para la economía de subsistencia de la región. Volviendo a Varela, el 16 de agosto marchó con permiso a España, regresando a Larache el día 20 de septiembre. El 20 de septiembre el Grupo de Regulares de Larache se puso en marcha a las órdenes del teniente coronel Manuel González Carrasco, con el 1º Tabor a las órdenes de Jacinto Jaquotot, marchó a T’Zelata, a T’Zenin, donde se incorporó Varela el día 21, a Zoco el Hach y a R’gaia en días sucesivos de marcha. El día 26 de septiembre salió con el Tabor desde esta posición a proteger diversos trabajos de fortificación de blocaos, sosteniendo fuego con los rebeldes; el Tabor tuvo catorce bajas, una de ellas un oficial. Al día siguiente participó con su Tabor en la ocupación de Ain Tin, lo que se logró tras un reñido combate a las 11:00 horas, en el que el 1º Tabor apoyó el avance del 3º y de los escuadrones. Hubo tres bajas, una de ellas un oficial. Después se volvió la fuerza a R’Gaia. En este lugar estuvieron Varela y el Tabor hasta el 2 de octubre. Entre el 27 de septiembre y el 5 de octubre se lanzó una ofensiva para ocupar el Fondak de Ain Yedida. Se dispusieron 10.000 hombres, repartidos en catorce batallones de infantería, ocho escuadrones de caballería, ocho baterías de artillería, seis compañías de ingenieros, dos de intendencia y servicios, más las harkas amigas de las cabilas de Anyera y unidades de la Policía Indígena. Las dos columnas, desde Tetuán y Larache, confluyeron en el Fondak. El 2 de octubre, el grupo de Regulares de Larache ocupó la vanguardia de la columna del teniente coronel González Carrasco, cuya misión era la ocupación de Asi El Abbas (Beib el Abbas), sosteniendo los hombres del 1º Tabor y con ellos el teniente Varela fuego con el enemigo y rechazando los ataques de una fuerza de 302 caballería de El Raisuni. A las 18:00 horas se inició el regreso a R’gaia. El día 4 de octubre el Tabor salió, y tras pernoctar en Arbi, el 5 de octubre Varela estuvo en la vanguardia de Gozález Carrasco que penetró y ocupó el Fondak de Ain Yedida: “…tomando el Tabor el orden de combate ocupando varias posiciones de fuego, protegiendo con sus movimientos el avance de la Caballería del grupo que reconocía el río de T’Zelate, llegando a posesionarse de varias alturas situadas al sur del Fondak sosteniendo nutrido combate con el enemigo hasta las 10, hora en que fue ocupada dicha posición quedando en ella fortificándola y prestando servicios de guarnición y seguridad sosteniendo por la tarde fuego con el enemigo permaneciendo en la citada posición hasta las 8 [20:00 horas] que con su Tabor y formando columna con las demás unidades del Grupo 434 marchó a R’gaia donde quedó acampado hasta el 11 [de octubre]…” . En una carta a su madre, Varela le relataba así la acción: “Mi querida madre: como había supuesto a escribirte desde Tánger, salimos a las cinco de madrugada y a las diez y media estaba el grupo nuestro en El Fondak, siendo los primeros que ocupamos la codiciada posición. El número de bajas ha sido muy reducido, pues como la operación estuvo perfectamente combinada y avanzaron fuerzas de Tetuán, Ceuta y Larache, resultó que El Raisuni abandonó El Fondak en la madrugada anterior y, por lo tanto, encontramos poca resistencia; el resultado ha sido magnífico. En todas las operaciones preparatorias que hemos hecho mi grupo sólo ha tenido un oficial muerto y dos caídos moros, después seis heridos, oficiales, pero todos están mejorando, de modo que ha sido un verdadero éxito para nuestras armas (…). Nos han sacado un grupo a los oficiales de Regulares que llegamos primero al Fondak y en él estoy yo; tú procura ver el Mundo Gráfico, Nuevo Mundo y 435 Esfera y comprar El Sol, que seguramente vendré yo” . Varela ya presagia su relación estrecha con los periodistas. También tiene interés las notas del coronel Gumersindo Manso, que le vio combatir ese día, y que describe sus costumbres, parcas: “La primera vez que le vi combatir fue en la ocupación del Fondak de Ain Yedida. Ni su cara aniñada recordaba el rostro de los antiguos guerreros, ni su atuendo correcto, el normal desaliño en el vestir del típico oficial de Regulares en campaña. No hacía nunca uso de bebidas alcohólicas, ni se conducía de forma estridente o alocada. Daba muestras de gran sangre fría y se percibía en él un marcado interés en que ni los gestos de su cara, ni los movimientos de su cuerpo, reflejasen la influencia del peligro. Una fe absoluta en su buena suerte o un concepto fatalista de la vida, parecían animar todas sus acciones. Un 434 AMGS, Hoja de servicios de José Enrique Varela Iglesias, f. 143 vto. 435 ACGJEVI, Carpeta 167, fol 59-60. 303 optimismo contagioso emanaba de su persona y constituía el rasgo más 436 característico de su fuerte personalidad en el combate” El Tabor tuvo 4 bajas. Las bajas españolas fueron de treinta y seis muertos y doscientos siete heridos. De esta forma, Varela, al mando del teniente coronel González Carrasco, había participado en la importante ocupación del Fondak de Ain Yedida, y en él permaneció su fuerza los días 6 y 7 de octubre. Con la toma del Fondak de Ain Yedida, se aseguraba el tránsito entre Tetuán, Tánger y Ceuta. El general Barrera cerró el hueco de Beni Arós y Yebel Hebif por donde mantenía El Raisuni comunicación con Tazarut y se abastecía. Allí en el Fondak de Ain Yedida, Varela fue testigo de una discusión entre los generales Berenguer, entonces Alto Comisario, y Fernández Silvestre, comandante general de Ceuta. Varela se había metido en una covacha, para descansar un poco en un montón de paja, y desde allí escuchó la acalorada conversación entre los dos generales, 437 pero nunca reveló la naturaleza de su discusión . Martínez Roda destaca que el joven teniente sufrió allí una cura de desilusión, al comprobar la disparidad de criterios entre 438 el alto mando . En estas primeras operaciones junto a Varela encontramos ya otros oficiales, que serían famosos: el comandante González Tablas, los capitanes Yagüe, Delgado Serrano y Monasterio, el teniente Martín Alonso. Del teniente Varela, una orden general de operaciones consideraba: “sus condiciones de mando y mucha serenidad". Varela era ya conocido como “Varelita”. En una carta a su madre, desde Alcazarquivir, decía: “estoy enamorado de mi profesión; indudablemente yo ya he cumplido con mi deber, pero cuanto más trabaje más cumplo y estos son mis deseos. Lo 439 que es necesario es que me acompañe la suerte” . 1.7.4.- La creación del Tercio de Extranjeros. Entre 1919 y 1920, el Ejército de África se dotó de un cuerpo que iba a ser relevante en las operaciones subsiguientes, el Tercio de Extranjeros, o como fue más conocido, la Legión. En 1893, Manuel Scheidnagel había propuesto en un libro la creación en España de un ejército profesional, compuesto de tropas españolas e indígenas, para servir en las 436 ACGJEVI, Carpeta 167, fol 60. 437 ACGJEVI, Carpeta 167, fol 60-62. 438 Martínez Roda, F., Varela. El general antifascista de Franco, p. 37. 439 Pemán, J.Mª.: Un soldado en la Historia, p. 27. 304 posesiones de Ultramar, en especial en Oceanía, como ya habían hecho británicos y 440 franceses . Pero con el Desastre de 1898, esta idea dejó de tener sentido. Durante la Paz Armada (1871-1914), los ejércitos europeos se modernizaron, y diversificaron sus unidades de infantería por especialidades, tanto a nivel colonial como metropolitano. Pero por lo demás, ambos modelos de ejército precisaban modelos de modernización diferentes. Los militares españoles, cuya en la época de entreguerras, estaban divididos entre la escuela francesa y la escuela alemana. La escuela francesa se centraba en el ejército colonial, y la alemana, en el ejército europeo. Los teóricos franceses, como Lyautey, pensaban que los ejércitos coloniales debían ser especializados, con doctrina colonial propia, porque la guerra colonial exigía un trabajo más continuado que la guerra europea. Era necesario utilizar tropas nativas, pero trasladándolas de su territorio a otro, para que no surgieran simpatías con los locales. Para los africanistas españoles, su ejército debía basarse en la movilidad, la moral el liderazgo y la potencia. Eso suponía un nuevo modelo de infantería: soldados sin apoyo artillero, con equipo ligero, de avance rápido apoyados por su propio suelo. Los africanistas (Millán Astray, Franco, Sanjurjo, Queipo, Valera, Yagüe, Mola) eran partidarios de diversificar la infantería. Los Regulares se habían mostrado insuficientes para pacificar el protectorado, era necesaria más tropa y de otro modelo. En 1919, el aún comandante José Millán Astray, que había sido alumno de la Escuela Superior de Guerra, y profesor en la Academia de Toledo, desarrolló su idea de la Legión: formar batallones de tropa de choque, soldados profesionales europeos, bien pagados, bien armados y entrenados al estilo de la Legión Extranjera francesa. Esta fuerza se haría cargo de las tareas de lucha y choque. Su plan fue presentado al general Tovar, entonces ministro de la guerra del gabinete de Sánchez Toca, en 1919. Tanto el rey Alfonso XIII como el Alto Comisario Dámaso Berenguer dieron su apoyo al proyecto, junto con los tenientes generales Weyler y Fernández Llanos. Las Juntas de Defensa, por su parte, no eran partidarias del Tercio, pero no pudieron oponerse a su organización. La Legión se puso en marcha en septiembre de 1920. Se empezó a reclutar voluntarios, siendo comandante de la primera Bandera Francisco Franco. Hubo recelos, 440 Togores Luis E.: Millán Astray, legionario, La Esfera de los Libros, Madrid, 2003; Rodríguez Jiménez, J.L.: ¡A mí la Legión! De Millán Astray a las misiones de paz, Planeta, Barcelona, 2005; Montes Ramos, J.: La Legión, Agualarga, Madrid, 1996; Montes Ramos, J.: El Tercio, Agualarga, Madrid, 2001; Millán Astray, J., La Legión, 1923; De Silva, C., General Millán Astray (El legionario), AHR, Barcelona, 1956, p. 106-135; Franco Bahamonde, F., “Diario de una Bandera”, en Papeles de la guerra de Marruecos, Fundación Nacional Francisco Franco, Madrid, 1986, p. 57-180. 305 temores de que a través de la Legión se reclutaran agentes bolcheviques o desestabilizadores que se introducirían así en el Ejército. Casi todos los integrantes eran voluntarios españoles. Millán Astray tenía una gran capacidad oratoria y presentó a la Legión como un modo de vida de redención por el servicio. Ascendido a teniente coronel en enero de 1920, Millán Astray estableció la disciplina en la Legión era la misma en cualquier otra unidad militar, con la diferencia y que eran los propios mandos los que aplican las sanciones con toda rapidez, energía y justicia, con castigos recios y severos, como arrestos, recargos en el servicio, prevención, compañía disciplinaria, etc. Estudió también la forma de saludar, la forma de mirar fija y rectamente, movimientos, cantos, comidas, estableciendo ceremoniales y simbologías. Si la disciplina era férrea en el combate, en retaguardia reinaba una relativa permisividad, que potencia el espíritu de cuerpo. La vida en campaña era dura, y los legionarios aceptaban el mando si los oficiales sabían ganarse su respeto, siendo mejores que ellos. El Tercio fue organizado en tres banderas, cada una de ellas equivalente en principio a una compañía. Cada bandera se componía de dos compañías de fusileros- granaderos, otra de ametralladoras y otra de depósito e instrucción. Millán Astray quiso y consiguió crear un credo legionario, una mística, unas señas de identidad, como la corneta larga o legionaria; los tambores, idénticos a los del siglo XVII; el bastón del tambor mayor. Franco introdujo el chambergo, y Millán Astray los guantes blancos con manoplas para los oficiales, y el gorrito con borla [chapiri con madroño]; se adoptó el capote manta con capucha. El arma decisiva en los combates coloniales era la bayoneta, apurada por los franceses Rosalie, por el tono rojizo que adquiría tras el combatir. Era un arma fundamental en el orden cerrado. La disciplina permitía ejecutar la lucha con descarga cerrada y asalto a la bayoneta. La concentración de fuego, movilidad y ferocidad en la lucha permitieron en la lucha colonial al soldado europeo imponerse al indígena. Su carácter exaltado y pasional le llevó a expresar las ideas del "Viva la Muerte", de los "Novios de la Muerte". A comienzos de 1922 la Legión contaba con cinco banderas. En 1920 se planteó la posibilidad de crear un escalafón diferente para los mandos del Ejército de África. La propuesta, de raíz juntera, no prosperó por la decidida 306 actitud contraria de los oficiales africanistas, entre ellos el entonces comandante 441 Francisco Franco, que destacó que África era una escuela para el Ejército español . 1.7.5.- La primera Laureada del teniente Varela. 1.7.5.1.- La ofensiva de las fuerzas españolas. Un real decreto aumentó las atribuciones de Berenguer: el mando de la Policía Indígena, de la aviación, del transporte y la recaudación de fondos para siguientes campañas militares. Al suroeste, el general Barrera avanzaba estableciendo blocaos de sacos de tierra. El resto del año 1919, Varela se dedicó a marchas y ocupaciones rutinarias, desde el campamento de Zoco el Hach, formando parte de la columna que ocupó y fortificó la posición de Eskaria el 11 de octubre, en la cabila de Beni Mesaguar. El día 15 participó en la ocupación de Kanoa, Harcha y Buha-Lifa, de la citada cabila de Beni Mesaguar y de la de Hebel Herir. El día 18 de octubre estuvo en la entrada de Dar Hame Akba y Zenuala. CFueron operaciones pacíficas. Después regresó a Larache y a Alcazarquivir, donde permaneció hasta final de año. El 11 de diciembre, en la zona de Larache, se ocuparon Teffer y Azib Mesinin, junto a la harka amiga de El Melali, y la Policía Indígena. A principios de 1920 se decidió ocupar el macizo de Gorgues, que domina Tetuán. El 14 de enero, una operación con la Mehal-la Jalifiana de Tetuán, una mía de la Policía Indígena de Uad Ras, y servicios españoles, al coste de dieciocho heridos, tomó el Gorgues y abrió el camino hacia el sur. Mientras tanto, en Larache, se actuó sobre Beni Arós. El 23 de enero se tomó la posición de Rhana, pero en cambio tuvo que perderse Ain Maraber, con la caída de todos sus defensores, entre ellos el comandante Trías. A finales de enero, Berenguer estuvo en Madrid. Allí se decidió que el general Fernández Silvestre pasaría a desempeñar la Comandancia General de Melilla, y el general de división Álvarez del Manzano pasaría a la de Ceuta. La Comandancia de Melilla permanecía tranquila. 441 Franco Bahamonde, F., Diario de una bandera, p. 77; Franco Bahamonde, F., “La maniobra”, en Papeles de la guerra de Marruecos, Fundación Nacional Francisco Franco, Madrid, 1986, p. 43, “Catorce años llevamos en nuestra acción marroquí y a duros golpes se fue forjando el alma del Ejército colonial educándose los mandos para la obra de mañana”.Escrito en Ceuta en febrero de 1924. 307 A principios de 1920, el gobierno español había decidido ocupar el Rif. Fernández Silvestre debía avanzar hacia el oeste, hacia Alhucemas, mientras que Berenguer lo hacía hacia el sur desde Tetuán, y Barrera hacia el este. Pero de nuevo los fallos estructurales se impusieron. La tropa carecía de instrucción, los soldados apenas habían disparado, los fusiles estaban descalibrados, las ametralladoras Colt se enganchaban a los pocos disparos, así como las pistolas Campo-Giro, no había arsenales de municiones, el ganado de carrera no tenía doma, ni sus conductores experiencia, no había equipo para la guerra de montaña, según el testimonio de Emilio Mola. Berenguer sabía todo esto. En medio de un combate y ante la falta de municiones, exclamó: "Esto es un protectorado de piojosos". Se acusa a Berenguer de no querer oponerse a los generales de mayor graduación, ni a los favoritos del rey, pero lo cierto es que sus dificultades eran económicas: no se le permitió mejorar los salarios de la Policía Indígena y se le regateaban recursos. Varela participó en algunos “paseos militares”, expediciones llevadas a cabo por columnas para reconocer el territorio y “mostrar el pabellón”: el 13 de marzo de 1920, con el Tabor, a las órdenes del comandante jefe, Jacinto Jaquetot Alcobendas, participó en la marcha por Dar Uxari y Gueixa. El 8 de abril, con la misma fuerza y unidad marchó a guarnecer la posición avanzada de Teffer hasta el 18 de abril; regresó a Alcázar y pasó a Larache, participando en la columna de honor de la Jura de Bandera. Fue declarado, por Real Orden del 6 de agosto, apto para el empleo de capitán, cuando por su antigüedad le correspondiera. Por orden de su teniente coronel, asumió el mando de la 2ª Compañía del 3º Tabor. En la primavera, Berenguer continuó dando pasos en el control de territorio. La Mehal-la Jalifiana llegó a la desembocadura del río Lau. El 22 de junio se decidió avanzar desde el Gorgues hacia Kudia Tahar y Ben Karrich con tres columnas: una por la parte superior del macizo de Beni Hosmar, otra saldría de Izarduy, y la tercera cortaría el paso entre las cabilas de Beni Ider y Beni Hosmar, para que los primeros no pudieran auxiliar a los segundos. El 25 de junio se ocupó Ben Karrich, abriendo el camino de Xauen. La maniobra había costado seis muertos y dieciocho heridos, la mayoría soldados indígenas al servicio de España. Ese verano, el vizconde de Eza, ministro de la Guerra, visitó el Protectorado, y se fundó la Legión. Tras completar la visita a Marruecos, Eza decidió dar todo el poder militar en Marruecos al Alto Comisario, si éste era general (Real Decreto del 1 de septiembre de 1920). Pero en la práctica esto no aprovechó a Berenguer. 308 En la zona de Melilla se avanzó en la Gomara con el apoyo del jerife El Baqqali, y en la de Larache también se ocuparon varias posiciones. 1.7.5.2.- La cueva de Ruman. El 23 de agosto de 1920 se aseguraron los poblados sometidos de los Beni Hosmar, ocupando las alturas de Kerikera y Aforit. El 30 de agosto se realizó una operación conjunta entre las columnas de Ceuta y Larache en las estribaciones de Beni Arós y Beni Gorfet, al precio de ocho muertos y setenta y cinco heridos. Por su parte el teniente Varela, el 27 de agosto, al mando de su compañía, formó en las fuerzas del teniente coronel González Carrasco y marchó a T’zlata, al día siguiente a T’znin, y el 29 de agosto a Megaret. El 30 se integró en la columna del comandante general, el general Emilio Barrera Lugando, para operar en la zona de Beni Gorfet. Varela, al frente de su compañía, trabó contacto con el enemigo, y participó en la toma de Kasba, objetivo que defendió del enemigo, hasta que a las 13:00 horas se le ordenó apoyar a la caballería de Regulares en su reconocimiento del río. Varela avanzó ocupando nuevas posiciones en las alturas de Kasba para batir mejor al enemigo, sosteniendo “violentísimo fuego con el enemigo hasta las 16 próximamente que ordenado el repliegue lo efectuó con el resto 442 de la columna a Megaret” . Su compañía tuvo cuatro bajas. El 2 de septiembre, Varela formó parte de la columna encargada de proteger con el artillado de las posiciones y establecimiento de blocaos. Regresaron a Alcázar y allí permanecieron hasta el 16 de septiembre. Se decidió entonces tomar la ciudad santa de Xauen lo que supondría contar las comunicaciones entre la Yebala y Gomara y dividir los dominios de El Raisuni. Xauen era un relevante enclave político y religioso para los marroquíes, situado en una comarca de orografía muy complicada. Se decía que sólo tres europeos habían entrado en Xauen, dos viajeros disfrazados y un misionero que fue ejecutado. Berenguer salió de Tetuán el 19 de septiembre de 1920. Hacia la ciudad, de difícil acceso y defensa, se encaminaron tres columnas. Las columnas de Ceuta, al mando del general Vallejo, y Larache, a las órdenes del general Berrera, consiguieron el 20 de septiembre vencer la resistencia de los Beni Hasán. Ese día 20 de septiembre, Varela, que ya contaba con dos cruces rojas, participó en la columna del general Barrera, en la vanguardia de tres tabores de infantería al frente de su sección del grupo de Regulares de Larache, actuando para ocupar posiciones en el Colóo. La idea era bajar 442 AMGS, Hoja de servicios de José Enrique Varela Iglesias, fol. 144/13 vto. 309 al valle del Colóo, atravesar el meandro del río Lucus, y ocupar objetivos, entre ellos establecer un blocao en el llano de Muires. Varela asaltó y tomó al frente de sus regulares varias trincheras defendidas con tenacidad por los marroquíes, y seguidamente se le ordenó cubrir con su compañía el flanco izquierdo del avance, lo que hizo con eficacia y prontitud. Entonces se le ordenó el avance y reconocimiento del río Lucus, donde la Policía Indígena desplegada en guerrilla había chocado con el enemigo y se había visto rechazada y obligada a retroceder, abandonando muertos y heridos. En Muires, cerca del río, dominando un recodo del Lucus en lo alto, en una cueva, llamada de Ruman, protegida por un trincherón natural y hábilmente cubierto, estaba parapetado el enemigo, un grupo de hombres de El Raisuni. El fuego se había suspendido, y parecía que el enemigo se había retirado. Las tropas españolas avanzaban para retirar sus bajas, cuando desde la cueva dispararon sobre la vanguardia. La columna tuvo que pegarse al terreno, inmovilizada. Tres hombres cayeron, pero fue imposible retirarlos, pues el enemigo disparaba a cuantos intentaban acercarse. El teniente Varela solicitó permiso para reconocer el terreno y desalojar al enemigo, oculto en la maleza. Conseguido el permiso, se puso al frente de tres sargentos y veinte hombres voluntarios de la Compañía que mandaba accidentalmente. Varela dispuso al resto de la Compañía para que se cubrieran las posibles salidas del enemigo: ordenó al teniente Fleita para que su sección hiciera fuego donde suponía que estaba el enemigo, y al teniente Grimal que le siguiera y cubriera con la suya. Bajó con sus hombres al cauce del río, siguiéndole a distancia el resto de la compañía, y allí sufrió fuego desde la posición oculta. Varela ordenó que una parte de la sección del teniente Grimal recogiera las bajas que pudiera, pues algunas de ellas estaban a tiro de los emboscados, mientras que el resto le cubriera en su avance. Pistola en mano, Varela avanzó sólo para reconocer el terreno y efectuó personalmente la descubierta, descubriendo el escondrijo de los emboscados, camuflado por la vegetación, y su entrada. Tras analizar su situación y puntos fuertes de la posición, situó al grupo ofensivo delante de la cueva, disparando sobre ella. El enemigo hizo fuego, y entonces Varela, aprovechando la breve pausa que siguió a la descarga del enemigo, apoyado por el fuego de la compañía, ordenó el asalto a los tres sargentos y veinte soldados que le seguían a la bayoneta, con él al frente. Saltaron dentro de la trinchera enfrentándose cuerpo a cuerpo con el enemigo. Varela, revólver en mano, entró en la cueva de Ruman, seguido de sus hombres. Luchó en la entrada de la misma, y al ver que era bastante profunda, aprovechando que era acodada se hizo fuerte la entrada. Entonces, paralizado el fuego enemigo, ordenó al teniente Grimal que le 310 siguiera, lo que éste hizo rápidamente con su sección. Seguidamente, Varela asaltó el interior de la cueva, en un combate cuerpo a cuerpo. Cuando Varela estaba rematando al arma blanca a un enemigo, un marroquí alzó su gumia para atacarle por la espalda, pero el teniente se giró y le disparó, inutilizándole el brazo y soltando el arma: será el único superviviente. Tuvo dieciséis bajas entre muertos y heridos, varios de ellos de gumia; de los defensores perecieron, veintiséis, quedando un prisionero. El prisionero desde ese momento le fue fiel a Varela, y en 1954 todavía estaba vivo, cuando Pemán redactó su biografía de Varela. Un grupo de rebeldes consiguió escapar aprovechando la maleza y la fragosidad del terreno En la cueva y trinchera se tomaron los fusiles del 443 enemigo, muchas municiones en las escaras (bolsas), y armas blancas . Se procedió entonces a rescatar a los heridos y muertos de la Policía Indígena. Los heridos fueron evacuados a Teffer. Al terminar la operación, Varela se presentó ante la tienda del general acompañado de otros oficiales de su Grupo, llevando al prisionero. Se propuso fusilarlo, pero el capitán de la Policía Indígena de Larache Joaquín Miguel, adscrito al Estado Mayor del general Barrera, rogó a éste que se le conservara vivo para interrogarlo y utilizarlo como guía, dado que se carecía de información topográfica de la comarca. Miguel interrogó al prisionero, que le dijo llamarse Abdselam, del aduar Ain Zieten, de la cabila Beni Scar. Contó que al saberse del avance de las tropas españolas, en los zocos se llamó a la guerra. Se concentraron hombres de las cabilas de Beni Issef, el Ajmás, Guezaua y Beni Scar, y de otras cabilas de la zona francesa. Se obligó a los hombres a ir a la guerra: el propio Abdselem era “taleb” en la mezquita de Ain Ziaten y carecía de dotes guerreras, pero “no obstante, tuvo que ir con los demás de la yemáa de 444 su aduar” . Este hecho nos hace pensar que muchos de aquellos combatientes marroquíes no acudían por patriotismo o protonacionalismo, sino obligados por sus cabilas o por los líderes de éstas, que a menudo se movían por intereses materiales. 443 http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1920/10/05/004.html: relato de los hechos por el comandante Jacinto Jaquetot, datado el 21 de septiembre, y notificando que había solicitado para el teniente Varela la Laureada de San Fernando; parte del jefe de la vanguardia, teniente coronel González Carrasco, fechado el 22 de septiembre de 1920, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 269-270. Tenemos también el relato de labios del propio Varela, con algunos detalles desconocidos y no consignados en el relato original de los hechos, plasmado años después, en una entrevista para Blanco y Negro del 12 de enero de 1936, “Hombres de España. De soldado a General: José Varela Iglesias”, realizada por el periodista Gabriel Greiner; hay que reseñar que en la copia mecanografiada del Archivo Varela la fecha en 1935, ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 74-76: Ver Apéndice documental nº 2, http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/blanco.y.negro/1936/01/12/114.html 444 ACGJEVI, Carpeta 1, fol 190-191. 311 El asalto a la cueva Muires se convirtió en un hecho de armas comentado por 445 toda la prensa . El Ayuntamiento de San Fernando envió al general Barrera y al teniente Varela un telegrama de felicitación, al que nuestro teniente contestó agradecido, así como el Jefe del Grupo de Regulares de Larache, el teniente coronel González Carrasco, anunciando al ayuntamiento que había solicitado de Cruz Laureada 446 447 para el joven oficial . Muchos compañeros le enviaron cartas de felicitación . El 28 de octubre de 1920, en la Orden General de la Alta Comisaria se ordenó la apertura de 445 Recortes del Diario de Cádiz del 23 y del 25 de septiembre de 1920, en ACGJEVI, Carpeta 1, fol 210 y 211; del Heraldo de San Fernando, del 24 de septiembre de 1920, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 214; de La Voz de San Fernando, del 25 de septiembre de 1920, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 215; Diario Marroquí, de Larache, 26 de septiembre de 1920, p. 2, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 216: el periodista estaba delante cuando el capitán Alfambra y el comandante Jaquetot, muerto pocos días después, el 25 de septiembre, comunicaron al teniente coronel González Carrasco de la resistencia de la cueva de Ruman; Diario Marroquí del 28 de septiembre de 1920, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 219; ABC del 29 de septiembre de 1920, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 220 y 222; ABC del 5 de octubre de 1920, p. 4, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 224, http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1920/10/05/004.html; ABC del 6 de octubre de 1920, p. 3 y 4, “Desde Larache a Yebala. Crónica desde Teffer”, crónica de Manuel Manrique de Lara, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 227 y 228; “La Isla”, de San Fernando, 27 de octubre de 1920, publicó su fotografía, sentado y sonriente en su uniforme de teniente, bajo el título “Sirviendo a la Patria”; ACGJEVI, Carpeta 1, fol 230; la misma foto publicó el Diario de Cádiz en su portada el 17 de octubre de 1920, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 231; A raíz de publicar esta última portada, el periódico El Guadalete de Jerez pidió al ayuntamiento de San Fernando que se le tributara un homenaje al teniente Varela, a lo que el ayuntamiento contestó que ya lo tenía planeado, Diario de Cádiz, 30 de octubre de 1920, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 232 y 233; La Cotorra, de San Fernando, 30 de noviembre de 1920, “Dos héroes”, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 236, equiparando y elogiando a Varela junto al periodista Joaquín Fernández Baena, anticaciquista; El Sol, Madrid, 18 de diciembre de 1920, referenciando la apertura del juicio contradictorio, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 237; en el mismo sentido, Diario de Cádiz, 24 de diciembre de 1920, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 239; La Correspondencia de España, de Madrid, 28 de septiembre de 1920; 446Acuerdo del ayuntamiento, en Heraldo de San Fernando, 25 de septiembre de 1920, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 248; Heraldo de San Fernando, 5 de octubre de 1920, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 221; ACGJEVI, Carpeta 1, fol 242; el primer telegrama decía así: “Por acuerdo ayuntamiento envio entusiasta felicitación nuevos hechos heroicos ultimas operaciones, deseando todos sus paisanos ver recompensado tanto valor tanta abnegación y sacrificio, abrázate y salúdate el alcalde – Salvador García”, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 245; otro telegrama decía: “Ayuntamiento conocedor brillante heroico hecho armas que realizo últimas operaciones acordó unánimemente dirigirte felicitación enorgulleciéndose porque con su abnegación y bizarría se aumentó episodios gloriosos de ese sufrido ejército enviándole nombre de este pueblo donde nació apretado abrazo. El alcalde Salvador García Suffo“ ACGJEVI, Carpeta 1, fol 246, ambos telegramas fueron enviados y recibidos el mismo día, 28 de septiembre, sólo les separan un par de horas de diferencia; el ayuntamiento también envío un telefonema al comandante general de Larache para que transmitiera a Varela la felicitación de su ciudad natal, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 247. Varela respondió desde Alcazarquivir, el 2 de octubre de 1920: “Emocionado leo campo telegrama felicitación Ayuntamiento nombre pueblo, envío profundo agradecimiento a queridísimos paisanos. “Cáusame inmensa alegría honrosa distinción, rogando acepten respetuoso saludo ilustre Corporación cuyo presidente abrazo. Varela”, en La Correspondencia de San Fernando, 5 de octubre de 1920, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 249 447 Carta del médico militar Octavio Palazón, fechada el 25 de septiembre de 1920 desde Paredes de Nava, Jaén, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 240; carta de Ramón Franco, desde Getafe, 25 de septiembre de 1920, pidiendo además noticias sobre la muerte del oficial Serrano: “He sentido la mar no haber podido compartir con vosotros las penalidades de la campaña y como siento una nostalgia grande de esa vida, para el mes que viene tal vez consiga ayudaros en algo pues he pedido mi destino a esa escuadrilla”, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 243 y 244; 312 juicio contradictorio para la concesión al teniente Varela de la Laureada, nombrando juez instructor al comandante del batallón de Cazadores de Ciudad Rodrigo nº 7, don Juan Franco Fernández, y como secretario al teniente Francisco Tobal Martínez, del 448 mismo Batallón . El 16 de noviembre, el teniente coronel de su Grupo le remitió un oficio considerando que su acto de Ruman estaba comprendido en los artículos 34 y 35 del Reglamento vigentes de recompensas, por lo que le había propuesto para su ascenso 449 a capitán . La madre de Varela coleccionó los recortes de prensa en una carpeta bajo el título "Acto heroico de mi hijo". Varela escribió a su madre: "¿Sabes lo de la Laureada? ¡Si viviera papá!... Me parece demasiada Cruz y yo no lo creo hasta que no 450 lo vea" . 451 El juicio contradictorio contó con el testimonio del interesado , del general 452 453 Emilio Barrera Luyando , del teniente coronel Manuel González Carrasco , del 454 455 comandante Amado Balmes Alonso , de los capitanes Luis Romero (de la Policía) , 456 457 Rafael Cota Garrido (de Cazadores) , Eugenio Santana Gros (de Regulares) ; de los 458 459 tenientes Ángel Martínez Grimal , Gumersindo Manso Fernández-Serrano , Juan 460 461 Castro López , los tres de Regulares; teniente médico Luis Saura del Pan ; sargentos 462 463 464 Santiago Muñoz Junio , Eduardo Méndez Alonso y Juan Cañas Monte , los tres de Regulares. Algunos declararon en el campamento de Jandak el-Yenna, el 5 de noviembre de 1920; otros, en el Hospital Militar de Alcazarquivir, el 8 de noviembre de 1920. El 9 de noviembre se remitieron las declaraciones y documentos. El 24 de noviembre de 1920, el juez instructor consideró que los hechos entraban dentro de lo requerido por los artículos 47 (título 3º) y en la base 5ª del artículo 50 del Reglamento 448 ACGJEVI, Carpeta 1, fol 268. La Orden va firma por el coronel de Estado Mayor Francisco Gómez Souza, y el teniente coronel de Estado Mayor Carlos Castro Girona; fol 303. 449 ACGJEVI, Carpeta 1, fol 271. 450 Pemán, J.Mª.: Un soldado en la Historia, p. 32. 451 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 311-312. 452 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 333-334. 453 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 307-308 y 310. 454 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 313-314. 455 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 315. 456 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 320. 457 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 321. 458 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 319. 459 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 323-324. 460 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 325. 461 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 322. 462 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 316. 463 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 317. 464 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 318. 313 de la Real y Militar Orden de San Fernando, y así lo remitió por oficio al Alto 465 Comisario . Se emitieron entonces por las diferentes regiones militares órdenes generales para que aquéllos que pudieran aportar testimonios, lo hicieran. Pero entonces, el Alto Comisario y comandante en Jefe del Ejército de África ordenó nuevas diligencias y que se tomaran nuevas declaraciones, nombrando secretario al teniente Emilio Meirás Méndez. Ahora se tomó declaración al general Barrera, al cual no se le había interrogado. El 4 de febrero de 1921 se nombró nuevo juez, en la persona de Pedro Royra Uriarte, comandante del Batallón de Cazadores de Cataluña, y nuevo secretario en el alférez Ricardo Vivas García. Aún se nombró un nuevo secretario, el alférez Francisco Borrachina Martín, y el 28 de marzo de 1921 se elevó el nuevo expediente a la superioridad. Fue devuelto para que el juez emitiera su parecer, y cerrado el 30 de marzo de 1921. El 27 de abril de 1921, el Alto Comisario, general Berenguer, lo remitió al Consejo Supremo de Guerra y Marina. El fiscal consideró que los hechos cubrían los requisitos reclamados por el artículo 47 del Reglamento de la Real y Militar Orden de San Fernando, “puesto que el Teniente Varela por su propio impulso se decidió a afrontar verdadero riesgo, el mismo que corrieron cuantos se acercaron a la posición enemiga, siendo muertos y heridos, logrando Varela dominar la situación allí establecida en aquellos momentos”, así como que los hechos acoplaban con el caso 5º del artículo 50, “puesto que el Teniente Varela fue el primero que entró por la boca del punto fuerte en que se habían afianzado los enemigos, posesionándose de la posición contraria y habiendo sostenido para lograrlo una violenta lucha al arma 466 blanca” . 467 De la marcha del expediente dio reseñas ocasionales la prensa gaditana . El juicio contradictorio se resolvió tras información del Consejo Supremo de Guerra y Marina, el 7 de diciembre de 1921, cuando el Rey otorgó la Cruz Laureada de San Fernando al teniente de infantería José Varela, con pensión de 1.500 pesetas anuales transmisibles a los herederos, al estar los hechos por él protagonizados comprendidos en el caso 5º del artículo 50 del Reglamento de la Real y Militar Orden de San Fernando, aprobado por Real Decreto del 5 de julio de 1920. El 12 de diciembre se publicó la Real 465 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 327 y 329-330-331. 466 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 196. El original en el Archivo General Militar de Segovia, legajo 579/4599. 467 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 2: Diario de Cádiz, 18 de febrero de 1921; El Liberal, de Sevilla, 23 de febrero de 1921, “Una cruz laureada”. 314 468 Orden, firmada por el ministro de la Guerra, La Cierva . Del hecho se hizo eco la 469 prensa local de San Fernando . También se le remitieron cartas oficiales de parabién, en algunas de las cuales se le deseaba pronta recuperación de las heridas que por 470 entonces había sufrido . El ayuntamiento de San Fernando acordó rotular la calle de 471 San Miguel con su nombre, y así se lo notificó por telegrama . Muy significativas fueron las misivas de felicitación de amigos y compañeros: la 472 de su vecino el marqués de Salobral , la del teniente coronel Santiago González 473 474 Tablas , y la de su Grupo de Larache y su jefe, González Carrasco . Una carta triste 475 le remitió su antiguo comandante, Ángel Cuadrado . En ella, su superior se explaya sobre la situación moral que sufría el ejército tras el desastre de Annual. La carta revela la desilusión y el desánimo de esos días entre los oficiales. Por esos días Varela se encontraba en juicio contradictorio para la concesión de su segunda Laureada, de ahí la mención. Otra carta la envió Enrique de Salcedo y Molinero, a la sazón coronel del Regimiento San Fernando 11, que le llama cariñosamente Varelita, y le relata sus 476 avatares . El coronel, en cuyas líneas se traslucen un cierto hastío hacia Marruecos, ignoraba que la vocación militar de Varela le iba a hacer volver precisamente a África. Es significativo que la concesión de la Laureada no mereció tanto respaldo por parte de la prensa e instituciones, como lo había sido la noticia de su hazaña. Quizá se deba a que el desastre de Annual había empañado la reputación del ejército, y esto salpicó a Varela. 468 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 193 y 194. 469 Diario de Cádiz del 8 de diciembre de 1921, y Heraldo de San Fernando, del 9 de diciembre de 1921, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 238; el 24 de diciembre, el Diario de Cádiz publicó una reseña extensa de la Real Orden de concesión de la Laureada, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 239; el Eco de Tetuán del 5 de enero de 1922, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 240. 470 Carta de la Comisión Provincial de Cádiz, fechada el 27 de octubre de 1921, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 255; telegrama del alcalde de San Fernando Salvador García, en nombre propio y del Ayuntamiento, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 264; 471 ACGJEVI, Carpeta 1, fol 266. 472 ACGJEVI, Carpeta 1, fol 262, fechada en Jerez el 14 de diciembre de 1921, y dirigida a Madrid. 473ACGJEVI, Carpeta 1, fol 263; entonces jefe del Grupo de Regulares de Ceuta nº 3, González Tablas escribe: “Mi querido amigo: Siento una verdadera alegría al poder felicitar al bizarro Varelita por la justa concesión de la más preciada recompensa militar en premio a su brillantísimo comportamiento. Orgullosos debemos sentirnos y yo desde luego lo estoy de tener en el Arma un compañero que tanta honra nos da con su ejemplar conducta”, está fechada en Ceuta el 10 de marzo de 1922, y murió apenas dos meses después, el 13 de mayo; 474 ACGJEVI, Carpeta 1, fol 267. 475 ACGJEVI, Carpeta 1, fol 257-258, fechada en Ben Karrish, el 10 de diciembre de 1921; ver Apéndice documental, nº 3. 476 ACGJEVI, Carpeta 1, fol 259-261, fechada el 25 de diciembre de 1925; ver Apéndice documental nº 4. 315 ¿Por qué se le negó a Varela el ascenso a capitán, y se le regateó la Laureada? Por la oposición de las Juntas, que tras el desastre de Annual cobraron nueva fuerza. No fue el único caso: el teniente coronel González Tablas tampoco fue ascendido. 1.7.6.- La ocupación de Xauen. Habiendo dado sobradas muestras de capacidad de mando y combate, se le dio a Varela el día 21 de septiembre de 1920 el mando provisional de la 3ª Compañía del 1º Tabor, por haber fallecido el día anterior el teniente que la mandaba. El día 25 de nuevo su Tabor se puso en marcha a las órdenes del comandante Jacinto Jaquetot Alcobendas para ocupar Yardia. Después recibió órdenes Varela de avanzar su compañía, junto con la 1ª de su Tabor, al mando del comandante Jaquetot hacia el Duar Hamma, que hostigaba con dureza y que debía ser quemado por una Harka amiga. Después de un “avance penosísimo”, según su Hoja de Servicios, consiguió llegar a una posición, situada en un alto, y desde allí disparar sobre el Duar para cubrir el avance de la Harka amiga. Sin embargo ésta huyó, con lo que Jaquetot ordenó por señales a Varela que continuara su avance con la 1ª Compañía y quemara el Duar y las casas contiguas. Varela cumplió las órdenes, cuando el comandante le notificó que debía reconocer un grupo que se les aproximaba por la derecha. En ese momento, el comandante Jaquetot fue herido. El comandante, perdiendo sangre, con voz entrecortada, indicó a Varela que el capitán Cabezas tomara el mando el mando del Tabor, y le ordenó que iniciara la retirada, lo que Varela cumplimentó, protegiendo con su compañía el repliegue. En la 477 marcha, el comandante perdió el conocimiento, y después murió . El 28 de septiembre, las columnas de infantería del coronel Castro Girona y del general Vallejo Vallejo, y la de caballería de Navarro, atacaron el Zoco el Arbaa. El 30 de septiembre se atacó Beni Issef, y el 3 de octubre una columna que salió Muires atacó a los Beni Sicar, compuesta por Regulares de Infantería y Caballería, compañías de ametralladoras y servicios, apoyándose en las harkas amigas de Ahl Sheriff y Alcázar, las cuales capturaron la posición de Akba el Kol-la. De esta forma, los Beni Sicar quedaron aislados, y ello facilitó la acción sobre Xauen. 477 http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1920/10/05/003.html; Diario Marroquí del 29 de septiembre de 1920, ACGJEVI, Carpeta 1-225: “Le asistió el teniente médici Sr. Montilla y le acompañaba el capitán Saura. Durante la noche habló varias veces, haciendo elogios del grupo de Regulares y preocupándose de quién mandaría su tabor cuando muriese… “Sentíase satisfecho de morir por su patria y el médico le oyó musitar varias veces ¡Viva España! Casi al alborear el nuevo día, a las cinco y media de la mañana, quiso entonar el himno de la academia de la Infantería Española”. 316 El 2 de octubre, la columna del Grupo de Regulares de Larache pasó de Jeffer a Muires, y al día siguiente, la compañía del teniente Varela marchó con el 1º Tabor para proteger el flanco izquierdo de la columna. Sostuvo vivo fuego con el enemigo, colaborando a la toma de Dar Akobba. El 4 de octubre las fuerzas del general Vallejo y del general Navarro ocuparon de forma pacífica las posiciones de Dar Akobba y Zahuia Xeruta, a pocos kilómetros de Xauen, pese a las intensas lluvias. El Zoco el Arbaa se convirtió en un almacén de suministros para el ejército en avance. El 12 de octubre se concentró la Guardia Civil que debía guardar el orden en Xauen una vez ocupada, en Ben Karrich. El Grupo de Larache, que había vuelto a Teffer, regresó a Muires y de nuevo formó parte de la vanguardia, el día 11 de octubre, de la columna que tomó y ocupó Salinas, y las colinas de su flanco izquierdo, desde donde sostuvo “nutrido fuego con el enemigo”. Una vez fortificada la posición, el Grupo regresó a Teffer. Las penosas condiciones de combate, entre el frío y la lluvia, obligaban a estos relevos. El día 13 de octubre de 1920, a las 21:00 horas salió de Dar Akobba la columna del teniente coronel Castro Girona, integrada por la Mehal-la y los Regulares, guiada en plena oscuridad por los indígenas del Kada, en cuyo monte se estableció una emboscada para proteger el flanco izquierdo español. Seguidamente salió la fuerza del teniente coronel Benito, ambas a las órdenes del general Vallejo. La niebla, las dificultades del terreno, y la dura oposición planteada por la cabila de Ajmar dificultaron el avance. Pero con habilidad, y con el apoyo de la brigada del general Navarro, que había salido a las 5:00 del día 14 de Zahuia Xeruta, y que avanzó por la izquierda del río Lau con su columna y la caballería, cubriendo el flanco derecho, se desalojó y rechazó al enemigo. De esta forma, Xauen se entregó a primera hora de las tarde del 14 de octubre, saliendo los notables con banderas blancas a recibir a las tropas. El coronel Alberto Castro Girona, disfrazado de carbonero indígena, había podido entrar en la ciudad y convencer a los ancianos que la villa estaba rodeada, 478 y que sería duramente bombardeada si no se rendía . Berenguer entró en ella el 15 de 478 Barea, A.: La forja de un rebelde, II: La ruta, Bibliotex, 2001 (1951), cap. VI, p. 84-85: “Este general [Castro Girona], que parecía fundido para ser el ‘Hombre de Marruecos’, disfrutaba de un prestigio tremendo entre los moros, muchos de cuyos dialectos hablaba bien. Político astuto, hizo posible la ocupación de Xauen sin derramamiento de sangre, a costa sólo de unos cuantos tiros sueltos; semanas antes de la operación entró en la ciudad disfrazado de carbonero moro y negoció el rendimiento con los notables, amenazándolos con un bombardeo del pueblo y ofreciéndoles a la vez beneficios pecuniarios. “Esta hazaña, indudablemente, salvó a cientos de familiar españolas de llevar luto, porque Xauen está escondida entre montañas en una posición casi inexpugnable. Pero le ganó la enemistad unánime de los generales que soñaban con una ‘conquista’ de Xauen, la ciudad sagrada y con escribir ‘una página gloriosa de historia’. En las operaciones siguientes Castro Girona no recibió ningún mando 317 octubre, triunfalmente a caballo; sin embargo, los alrededores no pudieron ser pacificados. Los únicos que recibieron con cierto gozo a los españoles fueron los judíos sefarditas que vivían en ella, y que serían vejados y expulsados de la misma cuando la ciudad volvió al control de los musulmanes. Las bajas en la operación fueron un soldado español muerto, dos oficiales y siete soldados heridos; el peso lo llevaron las fuerzas indígenas, con trece muertos y treinta y dos heridos. Por su parte, el Grupo de Regulares de Larache marchó el día 14 de octubre, con 479 su comandante Jefe Gregorio Verdú Verdú , y la Policía Indígena, a ocupar posiciones en Beni Isef, teniendo un enfrentamiento con el enemigo y protegiendo la fortificación de Ain Rabta. Una vez tomada Xauen, los Regulares de Larache, muy presionados y estancados en Beni Sicar, tuvieron que retirarse a Alcazarquivir. La toma de Xauen fue objeto de una gran alegría en los ambientes militares españoles. En Tetuán se lanzaron las campanas al vuelo, se engalanaron los balcones y ventanas, y se preparó el recibimiento a las tropas. El rey envió un telegrama de felicitación, y en la Academia de Toledo se declaró día festivo, se levantaron los 480 castigos y se concedieron permisos . El Raisuni no reaccionó, quizá porque había sido sobornado con 300.000 dólares, o porque los Beni Arós, sus seguidores, eran enemigos religiosos de los Ahms, dentro de cuyo territorio estaba la ciudad, y en consecuencia estaban contentos de su derrota. En 1927, el general Berenguer sería recompensado con el título de conde de Xauen. Los únicos que recibieron con cierto gozo a los españoles fueron los judíos sefarditas que vivían en ella, y que serían vejados y expulsados de la misma cuando la ciudad volvió al control de los musulmanes. Pero Xauen era una isla, en medio de una región hostil al dominio español y del Sultán, unida a Tetuán por un débil cordón umbilical. Fue necesario en días sucesivos asegurar el perímetro, ocupando el 21 de octubre Muria Tahar, y establecer blocaos. El 17 de octubre, el Grupo de Regulares de Larache, con la compañía del teniente Varela, pasó a Hendak el Yena, donde acampó, y de fuerza. Las condecoraciones y los ascensos se reservaban para los otros”. Estas opiniones de Barea son un testimonio, pero no son historia. Castro Girona dirigió las fuerzas que ocuparon en marzo de 1921 el puerto de Targa, en Gomara, y en esa primavera, al mando del general Álvarez del Manzano, dirigió una columna pacificando los alrededores de Xauen. 479 El día 1 de Mayo de 1925, queda organizada y constituida en Dar-Riffien la VII Bandera “Valenzuela”, quedando encuadrada en la que por Real Orden del día 2 de Mayo se denominó Segunda Legión siendo su primer Jefe el Comandante Gregorio Verdú Verdú. 480 http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1920/10/17/007.html 318 el 19, la compañía citada estuvo en vanguardia del combate para ocupar Taaferra. En este combate, el Tabor sufrió sensibles bajas. El 21 de octubre, los Ahms o Ajmás contraatacaron. Murieron once oficiales y ciento veinte soldados españoles, pero Xauen resistió. Desde ese momento se inició la construcción de blocaos de defensa. Por otro lado, los servicios médicos españoles comenzaron a funcionar en la ciudad. La cabila de Ajmás se mantuvo contraria a la ocupación de Gomara. El 14 de noviembre de 1920 se convocó una junta (agrau) en el Zoco el Had de Beni Ziat, donde incluso líderes de cabilas teóricamente sumisas a España se comprometieron a apoyar la presión sobre la ocupación española de Xauen. La única forma de mantener abierta la 481 ruta con Xauen era el soborno a los Beni Hasán . Los periódicos locales transmitían una sensación de seguridad, pero era falsa. La 482 Oficina de Prensa de la Alta Comisaría censuraba y manipulaba las noticias . Madariaga cita a este respecto que en un viaje de Castro Girona a Xauen, acompañado de su esposa, ambos grandes admiradores de la cultura árabe, fueron atacados. Tuvieron que refugiarse en una zagüía, y mientras una parte, al mando de un teniente marroquí, permanecía a cubierto con la mujer del coronel, el resto, con Castro Girona al frente, iba en busca de refuerzos. Sin embargo, poco después los periódicos de Tetuán afirmaron 483 que el viaje había sido realizado “sin ningún incidente” . Castro Girona creyó conveniente llevar a su esposa a Xauen, para remarcar la seguridad de que se gozaba en 484 la población . El día 20 de octubre el general Navarro fue destinado a Melilla, como segundo jefe, a las órdenes del general Fernández Silvestre. En su puesto de Ceuta fue nombrado el general Marzo Berenguer. A finales de año el general Vallejo Vila fue cesado como comandante de la tropa de Tetuán, siendo nombrado en su lugar el general José Sanjurjo Sacanell. Sanjurjo había regresado a Marruecos en el verano de 1919, había participado decisivamente en la toma del Fondak de Ain Yedida, donde comprendió que 481 Madariaga, Mª.R.: En el barranco del Lobo, p. 132. 482 Hernández Mir, F., Del desastre al fracaso. Un mando funesto, Madrid, Editorial Pueyo, 1922, p. 70- 72, afirma que el general Berenguer contaba con un gabinete de prensa, apodado entre los periodistas del Protectorado, “la Corte de Napoleón”. 483 Madariaga, Mª R: En el barranco del Lobo, p. 132-133. 484 ABC, 29 de octubre de 1921, p. 7: “La seguridad de la operación [de la ocupación de Xauen] la subrayó Castro Girona como nadie podía sospechar. Jamás un militar ofreció voluntariamente, sin que nadie se lo pidiera, más preciosos rehenes: Castro Girona llevó a su mujer a Xauen, donde pasó una temporada”. Estos hechos tuvieron lugar antes de la campaña de Gomara. 319 si atacaba al enemigo por el flanco del Monte Jadia, dominaría el desfiladero que llevaba al Fondak; lo hizo, y provocó la huida de El Raisuni. Esta acción, y su participación en la operación de Beni-Hosmar, zona montañosa que domina Tetuán, en la que Sanjurjo mandó dos columnas, le valieron el ascenso por méritos de guerra a general de brigada el 18 de marzo de 1920. Era un general muy querido por sus soldados. Franco relata cómo un soldado herido, al encontrarse en el hospital donde iba a ser operado con un hijo del general Sanjurjo, estudiante de Medicina, le dijo así: “…yo a su papá le quiero mucho; bueno, como todod los legionarios, ¡ese sí que es un hombre!... ¡más valiente!, es un General estupendo, es el General que acompaña a los soldados. Si nos encuentra en el campamento, nos habla como un canmarada, y 485 nosotros le queremos mucho” . 1.7.7.- El teniente Varela condecorado. En cuanto a Varela, el Grupo de Regulares de Larache regresó a Alcázar, de donde pasó a Larache para formar parte del desfile en celebración del término de la campaña, el día 17 de noviembre de 1920. La crónica del mismo, relatada por el periódico de Larache “El Popular”, detalla las emocionadas palabras con que el general Barrera recibió primero el modesto regalo de unas niñas, en nombre de una asociación local, y después una corona de laurel con los lazos de la bandera española, de manos de un grupo de señoritas de otra sociedad: “Yo os agradezco con toda mi alma, este regalo que me ofrecen tan lindas manos, pero no será para mí, sino para los héroes, pues el verdadero héroe es el que da su vida por la patria y allí en Teffer, hay un cementerio muy modesto, pero muy grande, porque en él están enterrados los verdaderos héroes y hoy mismo será enviada esta corona para que sea colocada sobre sus tumbas, para que vean que nos olvidamos de ellos”. En el desfile participaron las cofradías marroquíes, las fuerzas de Infantería de Marina, Cazadores de Cataluña, Figueras, Ciudad Rodrigo, Las Navas, y Chiclana, los Ingenieros, la Artillería, la Intendencia, la Sanidad, el regimiento de Caballería de Taxdirt y un grupo de Regulares: 485 Franco Bahamonde, F., “Diario de una Bandera”, en Papeles de la guerra de Marruecos, Fundación Nacional Francisco Franco, Madrid, 1986, p.157. 320 “Mandando a éstos, iba nuestro coterráneo, el heroico teniente de dicho Cuerpo, d. José Enrique Varela, y al verle el público, prorrumpió en vivas y aplausos para el joven y valiente militar. “También se tributaron aplausos al cabo de cornetas de Regulares por los 486 floreos que hacía con su instrumento” . Seguidamente hubo la consabida recepción y banquete de homenaje. El 21 ya estaba de nuevo en Alcázar, protegiendo con su compañía los caminos por donde había pasar en su visita a los nuevos territorios pacificados el Alto Comisario. El 28 de noviembre, la Orden General del Ejército de África, aplicando el nuevo reglamento sobre recompensas, ordena apertura de expediente para el ascenso del teniente Varela al empleo superior. El 7 de diciembre la Orden General dispuso la 487 recopilación de sus méritos. Éstos se basaron en su Hoja de Servicios , y la firmó como Teniente Ayudante del 1º Tabor. En el mismo, sus jefes escribieron: “Este oficial ha asistido a todos los combates que han tenido lugar en este territorio desde el año 1916 hasta la fecha, su notorio comportamiento se ha puesto de manifiesto con la intervención directa que ha tomado en ellos, merced a su inteligencia a conocimientos prácticos de esta guerra y sereno valor y a conseguido (sic) en varios hechos de armas cambiar en actos de su propia iniciativa, los pasos del combate y en la ultima etapa de operaciones nuevamente ha sobresalido este brillante Oficial en los combates librados en este Territorio, a los que asistió mandando Compañía aumentando a los anteriores méritos el haber sido propuesto para la Cruz de san Fernando, por su heroico comportamiento en la acción del 20 de septiembre último. “Por todo lo cual el Jefe que suscribe [teniente coronel Salcedo] lo cree con derecho al empleo [de capitán] por estar comprendido de lleno en el espíritu del 488 artículo 34 de vigente Reglamento de recompensas” . Por Real Orden del 2 de diciembre, se le otorga la medalla al Mérito Militar con distintivo rojo por los méritos contraídos en la zona de Larache, es citado como Distinguido en la Orden General. El 10 de diciembre se le nombró Ayudante mayor interino del Grupo de Regulares de Larache. El 2 de diciembre se emitió una Orden General en Larache, firmada por el coronel jefe de Estado Mayor Gómez Souza, citando a todos los Jefes y Oficiales que se habían distinguido en la campaña. En ella encontramos al teniente coronel Alberto Castro Girona, instructor de la Mehal-la Jalifiana; al capitán, también en la Mehal-la, 486 El Popular. Periódico de Larache, 18 de noviembre de 1920, “Por los héroes. Las fiestas de ayer”, ACGJEVI, Carpeta 1, fol 234 487 AMC, AC, Carpeta 1, fol. 86-91. 488 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 93. 321 Francisco García Escámez; al teniente coronel de Estado Mayor Carlos Castro Girona; al teniente coronel de Regulares Manuel González Carrasco; al capitán de caballería de Regulares José Monasterio y Duarte; el alférez de infantería de Regulares Antonio Bermúdez de Castro; Respecto del teniente de infantería de Regulares de Larache José Varela Iglesias dice: “En la operación del 20 de septiembre último mandando una compañía contribuyó personalmente a desalojar al enemigo de unas de las trincheras desde donde nos hacía bastantes bajas; en lucha cuerpo a cuerpo, logró apoderarse de la trinchera haciendo al enemigo 26 muertos y un prisionero, quedando aquellos en nuestro poder así como 26 fusiles y numerosas municiones. Su notorio comportamiento ha puesto de relieve sus condiciones extraordinarias de arrojo serenidad y valor. En la operación del 30 de Agosto último mandando accidentalmente una compañía demostró excepcionales condiciones, contribuyendo con sus fuerzas a desalojar al enemigo del flanco derecho de la posición de Kasba donde sostuvo fuego durante 6 horas, secundó más tarde con acierto las órdenes de apoyar la caballería del Grupo que practicaba un reconocimiento sobre el río Sepp; ocupó las posiciones avanzadas manteniéndose en ellas hasta recibir refuerzos dando ejemplo de extraordinario valor a su compañía que había consumido casi el total de sus 489 municiones conformando una vez más su entereza de ánimo” . Este breve texto aún nos revela un detalle sobre el combate de Kasba, donde las fuerzas de Varela casi se quedaron sin municiones. Pero sobre todo, revela que aquel teniente gozaba de la más alta consideración y estima de sus superiores. El 7 de diciembre de 1920 se emitió una nueva Orden General en Larache para abrir las informaciones especiales donde se enumerarían los méritos para premiar con ascensos “por los méritos y servicios prestados desde el 20 de junio de 1918 al 3 de febrero del año actual” [1920]. Además de los ya citados, porque aquí se incluyen oficiales de Tetuán y de Ceuta, encontramos al comandante de infantería de Regulares de Larache Amado Balmes Alonso, los también comandantes Santiago González Tablas y Eliseo Álvarez Arenas, el capitán de regulares de Tetán Juan Yagüe Blanco, el capitán de artillería de Ceuta Antonio Ordovás García, el teniente de Regulares de Ceuta Pablo Martínez Zaldívar, De Varela dice: 489 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 107-108. 322 “Como Ayudante del primer Tabor asistió a los combates de Besbas, Taatef, Borja Dardara, K. Majzen, Saasa, Mesera, Rapta, Blokaus R’Gaia, Ain Tin, Azin el Abba, Fondak de Ainyedida, Langerie, Borja, Escaria, Harcha, y Akba. “En Borja tomó el mando de una sección que no tenía Oficial siendo citado en el parte por haber protegido con su iniciativa y decisión la retirada de la compañía que ocupaba el puesto de más peligro. En Rapta, al ser herido un Oficial, tomó el mando de la sección y posteriormente el de la compañía por haber pasado el Capitán a mandar el Tabor por baja de sus Jefes naturales, cooperando con esta compañía a la ocupación de Rapta y poniendo de manifiesto sus condiciones de mando y mucha serenidad. En Kudia Malzen tomó parte en el rudo combate entablado, en el que después de ocho horas de fuego se entabló lucha cuerpo a cuerpo empezando a retroceder la primera compañía, en cuyo momento el Teniente Varela, dando pruebas de gran serenidad y arrojo extraordinario, obrando por su propia iniciativa se puso al frente de una sección de reserva realizando enérgico contraataque que contuvo el retroceso de la compañía haciendo huir al enemigo y rescatando el cadáver del Cabo que se llevaban aprisionado. Con este hecho en el que resultó herido, se logró cambiar las fase (sic) en este sector, siendo citado especialmente en el correspondiente parte. En Ain Tin demostró igualmente valor, inteligencia y 490 actividad infatigable” . Este texto nos revela dos detalles sobre la acción de Kudia Majzen: que Varela obró totalmente por propia iniciativa, y que pese a la celeridad de su acción, no consiguió rescatar con vida al cabo Tapia, como ya hemos explicado antes. 1.7.8.- El general Fernández Silvestre en Melilla. Como dijo Ruiz Albéniz, “Silvestre no podía ir a Melilla más que con un fin y una ilusión: la conquista del campo de Alhucemas. En la zona de Melilla sólo quedaba 491 eso por hacer” . En la zona de Melilla, el general Fernández Silvestre tomó posesión de su cargo como Comandante General el 14 de febrero de 1920. Ese mismo mes discutió con Berenguer los planes para extender el control sobre un área mayor. Entre los días 3 y 5 de mayo las tropas de Fernández Silvestre se reunieron en Kandusi, Telata de Bubeker y Batel: quince compañías de infantería, seis de ametralladoras, dos tabores, dos compañías y tres escuadrones de Regulares, Policía Indígena, ocho baterías, seis compañías de zapadores, cinco de ingenieros, y servicios: total, 7.368 hombres. El objetivo era envolver la cabila de Beni Said. El día 7 de mayo de 1920 se ocupó Dar Azugaj, Tamasmit y Arrayen. El 14 se ocupó Afsó, en la cabila de Beni Bu 490 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 93 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 121 491 Ruiz Albéniz, V., España en el Rif, Madrid, 1921, p. 207. 323 Yahi, que quedó fortificada y con una guarnición de 1.500 hombres. Al día siguiente se ocupó Dar Drius, por una columna de fuerzas indígenas al mando del coronel Morales. Con la harka de Beni Sidel, al precio de un muerto y seis heridos. Tras unos días de tregua, el 24 de junio se formaron dos columnas, integradas por dieciocho compañías de infantería, siete de ametralladoras, tres Tabores y dos escuadrones de Regulares, ocho baterías, cuatro compañías de ingenieros, servicios y harkas amigas, en total 6.601 hombres, a los que se añadió una columna de caballería con cuatro escuadrones de caballos y otro de ametralladoras, total, 450 hombres. Con esta fuerza se ocuparon la Zauia de Abd el Kader, Ababda y Ain Kert. El 12 de julio se reanudaron las operaciones, y el 5 de agosto un nuevo empujón entrando en Azur y Hamuda, el día 7 en Tafersit, el 10 en Tizzi Xarguas, y el 12 en Azib de Midar. La oposición era mínima, a cargo del líder Cherif el Tunzi. Fue asesinado, no obstante, el Cheik Buljerif, aliado de España. El 6 de septiembre se ocupó Isen Larsen, y el 30 Bu Hafora. Se creó una nueva mía de Policía Indígena, la 14ª o de Tafersit. El general Navarro y Ceballos-Escalera fue nombrado segundo jefe de la Comandancia de Melilla, sustituyendo a general Monteverde. Fernández Silvestre esperó a que pasara el otoño, y el 5 de diciembre se ocupó Ben Tieb, aunque la resistencia fuera más encarnizada que la presentada hasta entonces. Los avances del verano, quizá facilitados por la emigración temporera de Argelia, ahora ya no eran tan baratos. No obstante, las perspectivas no eran negativas. El 6 de diciembre se ocuparon las principales posiciones de la cabila de Beni Ulixech, con lo que ésta se sometió a Silvestre en ceremonia celebrada en Ben Tieb. El empuje llevó a tomar Kadur Naamar entre los días 8 y 11 de diciembre, coincidiendo con las celebraciones de la Inmaculada Concepción, Patrona de la Infantería. El Monte Mauro estaba ya bajo control español, y la cabila de Beni Said se sometió. Las perspectivas de continuar el avance eran muy buenas. 1.8.- La segunda Laureada de Varela. 1.8.1.- La segunda Laureada del teniente Varela. 1.8.1.1.- Varela regresa de permiso a San Fernando. En febrero de 1921 Varela marchó a la península de permiso. Fue despedido en un banquete por sus compañeros de armas, y pasó a San Fernando, donde recibió un homenaje de amigos y vecinos. Fue recibido en la estación por sus amigos Manuel 324 Casanova, oficial de la Diputación Provincial, y Gaspar Fernández de León, redactor del Diario de Cádiz. Pasó a su casa, donde fue a cumplimentarle el alcalde de san 492 493 Fernando, García Suffo . El día 6 de marzo se le homenajeó en una comida , organizada por sus amigos Manuel Casanova, el teniente Fernando López Alba, Gaspar Fernández y José Ruiz Marín. En el banquete, celebrado en el salón “La Mallorquina” estuvieron presentes o se adhirieron Enrique García de Movellán, Mateo J. Ramírez, Fernando Candón Rivera, Miguel Catalá, Luis Cardiel, Carlos Lazaga, Fernando Ruiz 494 Marcel, Carlos Colombo, José Faura, José Haro García, etc ; el alcalde José García Suffo, el diputado provincial Antonio Reyes Baulé, el teniente coronel de Infantería de Marina José García Sánchez, el coronel del mismo cuerpo Onofre Súnico y Leopoldo Vitini, director del Tranvía. que junto a Varela presidieron el acto; hablaron Rafael Ortega, contador del crucero Reina Regente, que glosó los hechos que hacían merecedor a juicio de los presentes a la Laureada y al ascenso a capitán, leyendo la Orden General donde se relataban los hechos; el citado teniente López Alba; el sacerdote Pablo López; el periodista Domingo Orellana, barón de Almajar; Jerónimo Gómez Cardona; el diputado por Cádiz Juan Lazaga, que por llegar tarde rehusó sentarse en la mesa presidencial, pero que pronunció unas emocionadas palabras, relacionando el valor del teniente Varela con el aire de San Fernando, nutrido por la gloria del Panteón de Marinos ilustres; José Rodríguez Alonso “Jaime”, el periodista que redactó la crónica para El Noticiero Gaditano; Jaime Togores, comandante de Infantería de Marina, que “nos pareció que estuvo algo irónico, y creemos que con justa razón, aludiendo 495 veladamente al señor Lazaga para que gestione ciertas mejoras justas y equitativas” ; el alcalde García Suffo, y el propio Varela, que agradeció emocionado las palabras y la presencia de todos, tuvo en recuerdo para sus compañeros en África, y pronunció los brindis por el España, el Rey, su pueblo, y por la Infantería de Marina. Al acabar, se acordó telegrafiar a varias instancias oficiales civiles y militares informando de la 496 realización del acto , y también llevar las flores que adornaban la mesa de la 492 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 4, Heraldo de San Fernando, 1 de marzo de 1921. 493 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 5, tarjetón del menú: Ostras; amontillado “Fino Escogido”, Tortilla a la Reina Victoria, Timbal de arroz a la Alicantina, Mayonesa de merluza, Rosbif de ternera, Postres: Capuchina Real, frutas variadas y quesos; entremeses: olivas, salchichón de León, embuchado de Extremadura y otros; vinos: Rioja, Franco española; Café, cognac. 494 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 6, Heraldo de San Fernando, 5 de marzo de 1921. 495 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 8, La Correspondencia de San Fernando, 7 de marzo de 1921 496 Contestaron felicitando a San Fernando por su iniciativa, González Carrasco y la Casa Real: ACGJEVI, Carpeta 2, fol 24, Heraldo de San Fernando, 16 de marzo de 1921, “Telegramas”. 325 presidencia a la madre de Varela. Al recibir el ramo, Carmen Iglesias dijo: “Mi hijo no 497 ha hecho más que cumplir con su deber” . En abril, el teniente Varela visitó Jerez, acompañado del Comisario de la Armada Rafael Ortega, el diputado provincial Manuel Casanova, y el periodista Gaspar Fernández de León, del Diario de Cádiz. En Jerez les recibieron el director de El Mensajero, el corresponsal de “El Sol”, y un periodista del diario local El Guadalete. Visitaron varios lugares de interés turístico, así como el cuartel de San Dionisio, siendo recibidos por el gobernador militar Zacarías González Chamber, coronel del Regimiento 498 de Lanceros de Villaviciosa, y las bodegas de Pedro Domecq . Sirva esta anécdota para ilustrar el prestigio y la fama de que gozaba el joven teniente, que hechos semejantes eran recogidos en las páginas de los diarios locales. El 21 de abril Varela 499 salió hacia Larache . 1.8.1.2.- Las operaciones contra El Raisuni en 1921. A principios de 1921, Berenguer se encontró con problemas. Se licenció al reemplazo de 1917, y ello disminuyó el número de tropas disponibles, por lo que el Alto Comisario recurrió a negociar con las cabilas. Se consiguió la amistad de un destacado jefe religioso, El Derkaui; pero siguieron los ataques menores y golpes de mano de las guerrillas rebeldes en la zona entre Tetuán y Larache, En Beni Gorfet murieron un alférez español, cincuenta y seis policías indígenas, y cuatro harqueños pro españoles. En marzo, se decidió dar un golpe importante a El Raisuni. Berenguer estableció como objetivos, para las fuerzas de la Comandancia de Larache ocupar Beni Gorfet y parte de Beni Aros, acabando con El Raisuni; desde Ceuta y Tetuán se debía dominar el río Lau, controlar la costa de Gomara y ampliar el perímetro de Xauen. En cuanto a las operaciones de las fuerzas de la Comandancia de Ceuta-Tetuán, durante la primavera de 1921 se ocupó Uad Lau, en la costa, para abrir una comunicación de Xauen con el mar. Se permitió a las cabilas importar alimentos por mar, y éstas aprovecharon para acumular víveres. Aparentemente, todo indicaba que 497 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 7, El Noticiero Gaditano, 7 de marzo de 1921, “El homenaje a un héroe”, firmada por “Jaime”, periodista y ex militar; fol. 10-11, La Voz de San Fernando, 8 de marzo de 1921, “En honor de un héroe”, firmado por J. Manuel de Lora; fol. 14 a 17, Heraldo de San Fernando, 8 de marzo de 1921, “Almuerzo de honor”, fol 18-22, El Popular, Larache, 12 de marzo de 1921, “En honor del teniente de Regulares D, José Enrique Varela”, firmado por el Barón de Almajar; fol 23, el mismo artículo publicado en el Diario de Cádiz, 8 de marzo de 1921; 498 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 26, El Guadalete de Jerez, 14 de abril de 1921, “Una visita. El teniente Varela”; fol. 27, “El Laureado Teniente de las Fuerzas Regulares, Sr. Varela en Jerez”. 499 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 28, Heraldo de San Fernando, 21 de abril de 1921. 326 parte importante de las cabilas se habían sometido a España. En realidad, las malas cosechas del año precedente les había obligado a aceptar la autoridad europea para no sufrir hambruna. El 18 de abril se inició la ofensiva. Las fuerzas terrestres, dirigidas por el teniente coronel Castro Girona, formadas por Regulares y la Legión, zapadores y servicios, fueron apoyadas desde el mar por el crucero Princesa de Asturias, los cañoneros Bonifaz y Recalde, y las gasolineras A3 y A6. La expedición fue un éxito, y se ocupó el objetivo ocupando el puerto de Targa en Gomara sin bajas. Al día siguiente se ocupó Tiguisas. Cumplida la misión, tras establecer posiciones y fortificaciones y reparar caminos, la fuerza regresó. El 30 de abril el general Álvarez del Manzano dirigió las columnas de Castro Girona y de Sanjurjo, ésta desde Dar Akobba, integradas por Regulares, legionarios, una compañía de ametralladoras y un escuadrón. El objetivo era limpiar los alrededores de Xauen. El 4 de mayo se patrulló por los valles del Gasusin y del Lau, y el 5, sobre monte Magó, estableciendo la posición de Miskrela y los blocaos 1, 2 y 3. De esta forma se consiguió el control sobre el valle de Xauen. En el área de Larache, el plan era ocupar Beni Gorfet, lo que se inició el 10 de mayo. 1.8.1.3.- El combate de Abdama. La mayoría de tropas de esta Comandancia de Larache eran españolas, excepto el Grupo de Regulares de Larache, uno de cuyos oficiales, recordamos, era el teniente Varela Iglesias, una Mía de Policía Indígena, y las harkas amigas de Saf, Jolot, Beni Merki, Kifan, Buhani y Lahara. Se contaba con apoyo aéreo. El 18 de abril, el teniente er de Infantería José Varela fue puesto al mando de la 1ª Compañía del 1 Tabor. El 22 de abril, toda la fuerza marchó al mando del teniente coronel Manuel González Carrasco hacia T’Zelata; al día siguiente, de esta posición al Zoco el Hax; y después el 5 de mayo a T’Zenin, y de allí el día 6 a Sidi-Ortman. Al amanecer del 10 de mayo, con la 1ª er Compañía del 1 Tabor en vanguardia, se formó la columna, al mando del general Emilio Barrera hacia las cabilas de Beni-Gorfet. La vanguardia sostuvo un duro fuego, desalojando al enemigo del flanco izquierdo y apoyando a la 2ª Compañía en su porfía; el combate le valió a su oficial, Varela, ser citado por su comportamiento en la orden general. Al amanecer del 12 de mayo de 1921, la columna del comandante general de la zona, general Emilio Barrera, emprendió la marcha hacia las alturas de Abdama, en una 327 espesa niebla. Eran crestas de gran valor estratégico, y el Raisuni había estado reclutando hombres entre los Beni-Arós para reforzarlas. La columna lo sabía, sabía que iban encontrar resistencia, y estaba poseída de ese nerviosismo de los militares españoles llaman "vísperas de boda". Las alturas estaban ocupadas por los harkeños. La fuerza estaba organizada en dos columnas, una formada por las “Mías” de Policía Indígena, que salió de su campamento de Montaimar, para flanquear la derecha y arrasar los aduares. La columna central debía avanzar por el macizo de Beni Gorfet, y someter a la esta cabila, reforzada como estaba por hombres de El Raisuni. Su vanguardia formada por el Grupo de Regulares de Larache nº 4, mandado por el teniente coronel Manuel González Carrasco con los capitanes Hidalgo y Cuadrado como oficiales de Estado Mayor, acompañado por las ametralladoras del Regimiento de Taxdirt; La vanguardia salió a las 4:30 de la mañana de su campamento, llevando en extrema vanguardia al 2º Tabor de Regulares, mandado por el capitán Juan de Mendoza Iradier; iba acompañado por la compañía de ametralladoras del mismo Grupo (capitán Fuensanta), 1ª Batería de Montaña (capitán Nonora), dos compañías del 3º Tabor de Regulares (comandante Celestino Navarro), compañía de ametralladoras del Batallón de Cazadores de Figueras, 2ª Batería de Montaña, una sección de Sanidad, Parque Móvil de Amunicionamiento, sección de Intendencia, y una sección del Batallón de Tarifa, que debía relevar a otra de los regulares destacada en Gailán, para que ésta se incorporase a la vanguardia. El grueso de la columna estaba contituido por un batallón de Cazadores de Las Navas, con tres compañías de fusiles y una de ametralladoras, una compañía de Ingenieros, una sección de Intendencia, dos compañías del Batallón de Figueras, otra compañía de Tarifa, una sección de Sanidad, y Parque Móvil de Amunicionamiento. Su misión era, al llegar a la meseta de Addama, y protegidos por la vanguardia, construir dos posiciones fortificadas y guarnecerlas. En su avance, la columna central se encontró con una espesa niebla, que ocultaba montañas y valles, en los que resonaba el tiroteo, mientras las baterías de Buassaf, Auleff, Aisi y Montaimar batían el terreno para facilitar el avance de los Regulares. Conscientes los rebeldes del importante avance realizado, decidieron atacar a los españoles para impedir que siguieran progresando. Valiéndose de la niebla, desplegados en guerrillas, embistieron a la extrema vanguardia de los Regulares. El teniente coronel González Carrasco, que mandaba la vanguardia, dispuso la defensa, con los oficiales José Varela, Pedro Aguilar, Jaime Gil, Julio Abella, Manuel Escribano, 328 Miguel Laguna, Manuel Cabeza, Manuel Sarasar, Carlos Núñez, Francisco Delgado Tejero, Celestino Navarro, Gabriel Benito, Ángel Martínez, Arturo González Fleitas y 500 Antonio Castejón . El teniente Varela, en extrema vanguardia, al mando de la 3ª Compañía del 2º Tabor, con ochenta y dos hombres, desde primeras horas de la mañana, se enfrentó al fuego enemigo de los Beni Aros. Sus regulares se desplegaron en guerrillas y subieron la loma de Addama por el flanco izquierdo, que parecía más fácil para ascender, pero que precisamente por eso el Raisuni las había guarnecido más, apoderándose de la misma. Una vez en ella, el 2º Tabor se distribuyó por ella, mientras en lo alto de la loma, en realidad dos alturas gemelas, se construían dos blocaos. La compañía de Varela se encontraba mirando al sudeste, en el flanco izquierdo, mientras el resto de la fuerza miraba al sudoeste, hacia la cresta de Debna. Entre ésta y Addama se extendía una vaguada o valle cubierto por la niebla. Se subió una batería de campaña, pero que no pudo hacer mucho, por la mala visibilidad impuesta por la niebla. Varela desplegó dos secciones, y dejó la tercera en reserva y a cubierto, instalando allí un puesto de socorro. Pero esta tercera sección fue enviada por el jefe del Tabor a cubrir la batería de ametralladoras en el flanco derecho. La sección del alférez José Macías de la Fuente desplegó a la izquierda, y la del alférez Rafael Tejero Saurina a la derecha. Los Regulares estaban pegados al terreno, camuflándose con el mismo, en una táctica muy novedosa para la época: “Nuestros soldados indígenas, para mejor disimular su situación en el terreno donde yacían cuerpo a tierra, envolvían su cabeza en tupidas coronas de follaje, y procuraban confundirse con los matorrales que por doquier les rodeaban, tachonando acá y acullá la aterciopelada pradera. Junto a cada uno de ellos, verdaderos montones de casquillos vacíos, más y más acrecentados a cada instante, demostraban palmariamente la intensidad del esfuerzo realizado, 501 renovado siempre y que había de prolongarse todavía” . Con esas Varela fuerzas rechazó un primer ataque de los marroquíes, sobre las 07:00 horas. Allí cayeron heridos los dos Alféreces que acompañaban a Varela, tomando el mando de las secciones los sargentos Manuel López López y Francisco 502 Herrera Núñez, éste la del teniente Tejero . Ya entonces hubo un amago de algunos 500 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 78, El Debate, 17 de mayo de 1921, “Enorme descalabro del Raisuni. Las fuerzas de Larache ocupan nuevas e importantes posiciones en el macizo de Beni-Gorfet”. 501 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 33 y 71-73, ABC, 8 de junio de 1921, “De Larache a Beni Gorfet-II”, firmado por Tristán de Leonís. 502 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 134, declaración del sargento de Regulares Francisco Herrera Núñez. 329 soldados de querer retirarse, lo que fue impedido por Varela. Habían muchas bajas, la niebla se espesaba y se temía un nuevo ataque de les rebeldes. Además, la niebla impedía una correcta comunicación visual en la línea española. Varela decidió enviar un cabo banderín al capitán de su compañía, Juan Mendoza Iradier, para que informara de su situación. El capitán Mendoza envió a su capitán ayudante, Francisco Delgado Serrano para que hablara con el teniente González Carrasco y éste tomara medidas, y se 503 encaminó hacia el flanco izquierdo . Al llegar, Varela estaba rechazando su primer ataque; Mendoza le avisó de que pronto le llegarían refuerzos, y le encareció que mantuviera la posición. Seguidamente, la niebla comenzó a despejarse y el fuego se recrudeció. Mendoza se desplazó para reinstalar las ametralladoras. Mientras tanto, el capitán Delgado había informado a González Carrasco, y éste dispuso que la 2ª sección de al mando del alférez Luis Cano Iriarte, de la la 1ª compañía del 3º Tabor, al mando del teniente Ángel Martínez Grimal se uniera a las ya muy mermadas fuerzas de Valera. Grimal acompañó a la sección de Cano hacia la posición de Varela. Al llegar, Varela estaba sufriendo un segundo ataque, muy violento, según vio Mendoza, a cargo de unos doscientos rebeldes que avanzaban a la carrera. Amparándose en la niebla, los marroquíes se habían deslizado hasta sus guerrillas y las atacaban con ferocidad. Las ametralladoras se habían silenciado al estar recalentadas por su uso excesivo. Viéndose superados en número, los hombres de Varela, apenas unos veinte o veinticinco, estaban retrocediendo. El teniente Varela, exasperado, cogió un fusil de un soldado muerto, amenazó y exigió a sus hombres mantener la posición hasta la llegada de refuerzos. Sus oficiales y sargentos desenfundaron sus pistolas y contuvieron la retirada, que llegó a 504 ser de unos diez o quince pasos . En eso se les unió la sección de Grimal, y Varela 505 ordenó calar machetes y contraatacar. El enemigo fue rechazado . A causa del intenso fuego y de las bajas, cayeron tres de los cuatro oficiales, los tenientes Tejero, Marías y Grimal, los sargentos Selma y López López, y cincuenta y uno de sus ochenta 506 507 soldados . Pero el ejemplo del teniente Varela galvanizó a los hombres . Llegó el 503 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 121, declaración del capitán Juan Mendoza Iradier. En Apéndice documental, nº 5. 504 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 131, declaración del soldado de Regulares, camillero dela 3ª Compañía del 2º Tabor, Fernando Palancelo Palancelo, en Apéndice documental, nº 6 ;fol 136: declaración del teniente Rafael Tejero Saurina: en Apéndice documental, nº 7. 505 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 130, declaración del alférez Luis Cano Iriarte: en Apéndice documental, nº 8 ; fol, 135, declaración del teniente José Macías de la Fuente; fol 146, declaración del capitán de infantería Manuel Nieto Fernández, que depuso en Larache el 18 de abril de 1922, en Apéndice documental nº 9. 506 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 124, declaración del capitán ayudante Francisco Delgado Serrano; fol. 126, declaración del sargento José García Selma: “gracias al arrojo, valor y sangre fría del Teniente Varela 330 general Barrera hasta el lugar de combate y se encontró a Varela de pie. Le ordeno: "¡Échese a tierra ahora mismo!". Varela le sonrió y le contestó: “Usted está en pie, mi general”. “¡Échese usted a tierra! –ordenó el general de nuevo-. No necesita usted 508 demostrar que es un valiente. Lo sé hace mucho tiempo.” . "Los episodios de Cudia Maczen y de la Cueva de Rumán han sido sobrepasados por la defensa de la meseta de Abdama… Varela ha perdido tres de sus cuatro oficiales, 51 de sus 80 soldados y dos de sus tres sargentos. El único de estos que permanecía indemne intentó alzarse al paso del general sin que éste se lo permitiese, y minutos más tarde recibió un balazo que, 509 atravesando en el cráneo, le produjo la muerte" . Varela sostuvo el lugar todo el día, manteniendo así el flanco izquierdo del 510 dispositivo de Barrera . Meses después, el 15 de septiembre, el diario El Mensajero publicó unas declaraciones del capitán Juan de Mendoza Iradier, que había estado presente en el combate de Abdama (o Addama), por el que Varela había sido propuesto para una 511 segunda Laureada . El capitán explicó que él mandaba el Tabor de vanguardia, con Varela a sus órdenes. Al empezar el combate, el capitán Mendoza ordenó al teniente Varela que desplegara a sus hombres en el flanco izquierdo, lo que éste hizo con gran precisión. El enemigo atacaba con furia. Al cabo de un tiempo recibió aviso del teniente: su línea flaqueaba. Dada la configuración de la posición, desde el frente y el flanco derecho era imposible ver lo que pasaba en el izquierdo. El capitán acudió, y se encontró con que la fuerza del teniente Varela ya acumulaba veinticinco bajas, imposibles de retirar por lo recio del fuego enemigo, y que la línea de Regulares se sostenía por el “singular ejemplo de arrojo, extraordinaria serenidad y grandísimo desprecio de su vida” que daba Varela ante sus hombres, lo que llevaba a contener su retirada y a rehacer su posición, llegando a contraatacar y a impedir al enemigo, muy superior en número, que retirara sus propias bajas. Mientras el enemigo se reagrupaba, una niebla cubrió la meseta de Addama, lo que dio tiempo al capitán a transferirle al contuvo al enemigo y que dicho Teniente alentaba a sus fuerzas animándolas constantemente”; fol 129, declaración voluntaria del comandante Celestino Naharro. 507 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 133, declaración voluntaria del coronel del Regimiento Expedicionario de Infantería de Marina, Manuel Manrique de Lara: en Apéndice documental, nº 10. 508 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 33 y 71-73 , ABC, 8 de junio de 1921, “De Larache a Beni Gorfet-II”, firmado por Tristán de Leonís. 509 Pemán, J. Mª: Un soldado en la Historia, p. 34. Reproduce prácticamente palabra por palabra el texto citado de Tristán de Leonís. 510 Este comportamiento le valió una citación en la orden general del Ejército de África: En Apéndice documental, nº 11 ; AGMS, Hoja de servicios de José Enrique Varela Iglesias, fol 147 (16) rto y vto. 511 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 47, El Mensajero, 15 de septiembre de 1921. 331 teniente una sección de la 1ª Compañía del 2º Tabor, e “Hice ver a este oficial la importancia grandísima que tenía la posición por él ocupada respecto a toda la línea de fuego, pues constituía el flanqueo absoluto de aquella, y que era necesario a toda costa sostenerse en la misma”. Mientras tanto, el enemigo aprovechó la niebla para acercarse a la línea española. El capitán, que se encontraba en otro punto disponiendo las ametralladoras, oyó descargas de fusilería y vio a unos doscientos rifeños atacar la posición de Varela. El capitán Mendoza corrió hacia allí; vio como los alféreces Tejero y Macías eran retirados heridos; “vi al teniente Varela que, dando enérgicas voces, disparaba una carabina sobre soldados que retrocedían y que al frente de un núcleo de hombres, las fuerzas de la primera compañía que habían acudido como tenía ordenado, unidas a otros soldados de los que quedaban, se había lanzado sobre el enemigo. “En la línea de fuego comprobé que la situación se había restablecido, huyendo el enemigo en completa derrota, abandonando bajas que tampoco pudo retirar; asimismo claramente observé la extrema habilidad del teniente Varela al emplear la sección de sostén de la primera compañía para contener la avalancha enemiga, puesto que sus dos secciones estaban ya diezmadas por haber perdido más de la mitad de su efectivo y gracias, pues, a la oportuna intervención del refuerzo y al desprecio que una vez más hizo de su vida, fuera ya de combate el teniente Grimal que acudió con fuerza de su compañía, el teniente Varela, dándose plena cuenta de la gravedad de la situación, no pensó un instante en ceder su puesto, sino que por el contrario animando a su tropa supo mantener la moral y energía dando con todo ello lugar a que el enemigo desistiera de repetir sus ataques. “Continuó el fuego con gran violencia por ambas partes, pero el enemigo había sido tan quebrantado que progresivamente fue disminuyendo la intensidad de aquél desistiendo ya de apoderarse de la posición tan brillantemente defendida por el teniente Varela que la conservó hasta el momento del repliegue. “Considerando por todo lo expuesto el aludido capitán que el teniente Varela en los primeros ataques se mantuvo en su puesto destacado al flanco izquierdo después de haber perdido más de la mitad del efectivo de sus dos secciones, le cree comprendido en el párrafo segundo del artículo cuarenta y nueve del Reglamento de la Real Orden de San Fernando”; a ello añadía que rehizo sus líneas, rechazó al enemigo e incluso le persiguió, lo que entra en el párrafo tercero del mismo artículo citado, y que mantuvo su posición pese a haber perdido a sus oficiales y a un tercio del total de sus fuerzas, lo que entra en párrafo cuarto del artículo 54 del citado Reglamento. Para el capitán, si Varela no hubiera defendido con uñas y dientes ese flanco, todo el dispositivo se habría colapsado, los marroquíes habrían rodeado la posición, y les hubieran ocasionado una dura 332 512 derrota . Con el avance del día se levantó la niebla, y el apoyo de la artillería obligó al enemigo a retirarse, dejando bajas importantes: dieciocho muertos y setenta y ocho heridos, muchos de ellos indígenas, lo que da fe de su fidelidad y ferocidad. Rechazado el enemigo, a las 15:00 horas, los escuadrones de Regulares lanzaron un ataque envolvente de distracción por el río Majzen. El enemigo se deslizó hacia allí, lo que permitió a la Policía incendiar y destruir el aduar de Lahara. A las 16:00 horas se inició el repliegue, escalonando con pericia por González Carrasco, “que hacía imposible que el enemigo pudiera asomarse a las crestas de los montes, pues estaban 513 éstas valladas por el fuerte e intensísimo fuego de nuestros escalones de repliegue” . Durante esta operación, el Batallón de Las Navas se destacó por su sección de ametralladoras; la tropa se dedicó al transporte de heridos. Como se aprecia, las fuerzas de choque eran las indígenas. 1.8.1.4.- El expediente para la segunda Laureada. De nuevo, Varela fue propuesto para la Laureada por el jefe del Grupo de Regulares de Larache, y por el comandante general de Larache. Por la Orden de la Plaza del 12 de junio de 1921, el Alto Comisario nombró juez instructor del consiguiente expediente para el Juicio Contraditorio en el comandante de Estado Mayor Abelardo 514 Amil y Soto, por su valerosa y férrea defensa de Abdama, Adamma o Addama . De 515 nuevo recibió telegramas y felicitaciones , apareció en primer plano en periódicos y 516 revistas . Para los envidiosos, estos triunfos eran tan sólo suerte. Pero Varela sabía que 512 Así lo relató el mismo Varela años después, en una entrevista para Blanco y Negro del 12 de enero de 1936, “Hombres de España. De soldado a General: José Varela Iglesias”, realizada por el periodista Gabriel Greiner; hay que reseñar que en la copia mecanografiada del Archivo Varela la fecha en 1935, ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 74-76: En Apéndice documental, nº 12. http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/blanco.y.negro/1936/01/12/116.html 513 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 78. 514 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 35, ABC, 14 de junio de 1921, “Acción de España en Marruecos”; fol. 84-85, Copia de la Orden de Plaza, firmada por González Carrasco y el capitán Ayudante Mayor Francisco Delgado. 515 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 98: Rafael de Ortega le escribió desde Madrid, felicitándole, y comprometiéndose a averiguar como iban los trámites de la primera Laureada; le preguntabas por su ascenso, y le añadía una pícara posdata, referente a la “vedette” Carmelita Sevilla. “La veré de su parte y ¡za…za…za!”;fechada el 28 de mayo de 1921; fol. 99-100, Leopoldo Vitini también le felicitó, y acompañó su firma con un “¡Viva el teniente Varela! Za…ya…ya”, fechada el 30 de mayo de 1921 en San Fernando; es posible que “Za…ya…ya” sea algún tipo de expresión que utilizaba Varela y que le era característica; fol. 102-103, nota de Luis Camps desde Barcelona, 28 de junio de 1921; fol 104-106, Juan Villar le escribe desde Cruces el 4 de junio de 1921, para felicitarle, encarecerle prudencia en sus actuaciones, y pedirle recomendación para un soldado; 516 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 68, El Mensajero, de Jerez de la Frontera, 31 de mayo de 1921, “El teniente D. José Varela. Leyendo la prensa. Los actos heroicos deben conocerse”; fol. 69, 25 de octubre de 1922, “Crónica”, firmado por Emilio Colombo Mellado, cabo de Infantería de Marina; fol. 77, Heraldo de San Fernando, 17 de mayo de 1921, “El teniente Varela”; fol. 79 y 80, Diario de Cádiz, 24 de mayo de 1921, 333 no era así. Para él, la suerte era otra cosa, como contaba al final de su carrera: "haber sido herido 12 veces y poder contarlo es una suerte, porque además han podido ser 13", y "Alguna vez, mi suerte ha consistido en acertar sobre el camino táctico mejor 517 para llegar a una posición" . El 1 de julio se le concedió la tercera cruz roja del Mérito Militar. En los meses siguientes, el comandante Amil fue recopilando información y realizando entrevistas. En junio de 1921 tuvo que ralentizar las diligencias al tener que ocupar la Jefatura de Estado Mayor por ausencia del teniente coronel que la desempeñaba, Carlos Castro Girona. No obstante, Amil aprovechó sus visitas al frente de batalla para seguir realizando entrevistas. Declararon como testigos el capitán Juan Mendoza Iradier, que subrayó el valor de Varela y lo inapreciable de su defensa para el 518 triunfo de la jornada ; el teniente coronel González Carrasco, el cual “considera de gran importancia la posición brillantemente defendida por el Teniente Varela pues de su conservación dependía el buen resultado del combate, pues de haber sido ocupada por la enemigo [esa posición] toda la fuerza de la vanguardia se hubiera visto 519 seriamente amenazada y comprometida” . De la misma opinión fue el general Emilio Barrera, quien añadió que las noticias recibidas sobre el combate sostenido por Varela eran unánimes alabando su serenidad y valor, que su posición era la más difícil de sostener por estar dominada por lomas más elevadas, pero que pese a ello Varela la defendió, y que la defensa de esa posición posibilitó las tareas de fortificación por el 520 grueso en la meseta de Addama, así como la retirada . Otros testigos fueron el coronel de Infantería de Marina Manuel Manrique de Lara, que formaba parte del Estado Mayor del general Barrera y declaró de forma voluntaria, el comandante Celestino Naharro, el comandante don Juan Botella, el capitán don Manuel Nieto, el teniente Ángel Martínez Grimal, el alférez Luis Cano, el capitán ayudante Francisco Delgado Serrano, el teniente José Macías de la Fuente, el teniente Rafael Tejero, el teniente médico Antonio Reboul Blanco, el sargento José García Selma, el también sargento Francisco Herrera, y el 521 soldado camillero Fernando Palancelo . “El Teniente Varela. Propuesto de nuevo para la cruz laureada”; fol. 81, ABC, Madrid, 27 de mayo de 1921, “Las tropas de Larache”; fol. 82, Heraldo de San Fernando, 29 de mayo de 1921; 517 Pemán, J. Mª: Un soldado en la Historia, p. 35. 518 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 87-88. 519 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 95.Declaró en Alcazarquivir el 17 de junio de 1921. 520 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 96. Emitió su declaración el 12 de junio de 1917. 521 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 113. 334 Dos puntos sobre los que Amil insistió, fueron las bajas y la causa del elevado número de éstas, pues el comandante quiso asegurarse que no se habían producido por una mala colocación de los hombres en las guerrillas. En este sentido, los entrevistados aseguraron que las bajas se produjeron en los combates cuerpo a cuerpo. El teniente Rafael Tejero señaló: “Que las bajas experimentadas por la compañía fueron debidas exclusivamente a la lucha que se entabló con el enemigo en los ataques resueltos que realizó contra la posición, sin que en manera alguna pueda atribuirse a defectuosa colocación de las guerrillas, pues estas se situaron en los lugares que tácticamente debieron estar para batir al enemigo con eficacia y resguardadas 522 en lo posible de los efectos del fuego de aquel” . Respecto a las bajas, Amil estudió éstas en sus conclusiones. En la Orden General del 4 de diciembre de 1921, se publicaron las conclusiones del Juez Instructor: “En cumplimiento del artículo 43 del Reglamento de la Real y Militar Orden de San Fernando, tengo el honor de manifestarle a V.E. que lo actuado en el juicio contradictorio que instruyo por orden de V. E. a favor del Teniente de Regulares, DON JOSÉ VARELA IGLESIAS, por los méritos que haya podido contraer en las operaciones realizadas en Beni Gorfet, el 12 de mayo último, durante la cual fue ocupada y fortificada la posición de Adama, se deduce que dicho Oficial, después de posesionarse con su compañía de una loma que por su situación topográfica constituía una posición de reconocida importancia, dada la configuración del terreno y la situación de las demás fuerzas desplegadas, sufrió dos ataques del enemigo, el segundo de extremada violencia, manteniendo la posición en su poder durante ocho horas próximamente que duró la operación, rechazando al enemigo y dando en todo momento ejemplares pruebas de valor, serenidad y energía, no obstante de haber sido heridos tres de los cuatro oficiales que tenía a sus órdenes, la mayor parte de las clases y más de la mitad de los individuos de tropa, rehaciendo a su gente en los momentos críticos en que por las bajas sufridas daba pruebas de gran quebranto moral, contribuyendo con elo al sostenimiento de las fuerzas desplegadas a su flanco derecho y, como consecuencia, a que la fortificación de las posiciones elegidas pudiera hacerse en buenas condiciones, circunstancias que la vez permitió que la retirada de la columna se efectuasen condiciones normales. “Lo que de Orden de S. E. se publica en la general de este día, exhortando a los Generales, Jefes, Oficiales y Clases e individuos de Tropa y marinería, que sepan algo en contrario o capaz de modificar la apreciación de los hechos 522 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 136, declaración del teniente Rafael Tejero Saurina. Tejero añadió además otro detalle: la resuelta postura de Varela impidió “que el enemigo se apoderase de una sección de ametralladoras de Cazadores de Figueras situada a la derecha de la Compañía y avanzada de la línea de guerrilla de ésta”. 335 expresados a que se presenten a declarar ante el expresado Juez en el plazo de 523 ocho días de palabra o por escrito. El Coronel Jefe de Estado Mayor” . El 21 de diciembre de 1922, al no presentarse alegaciones a las Orden General del 4 de diciembre, el juez instructor, Comandante Abelardo Amil de Soto, presentó sus 524 conclusiones . Hizo especial hincapié en las bajas habidas. Antes de iniciar el combate, la compañía de Varela contaba con dos oficiales, un Caid Mia, y ochenta y siete suboficiales y soldados, con un total de ochenta y dos fusiles. De éstas fuerzas se desgajó antes del combate la tercera sección, quedando Varela al mando de dos alféreces, dos sargentos y cincuenta y cuatro soldados, a los que se añadieron la sección de refuerzo, un oficial y veinticinco soldados, en el transcurso del segundo combate. De esta fuerza, cuatro oficiales y ochenta y un soldados y clases, a los que cabría añadir el teniente Grimal, que en realidad no tenía mando efectivo, fueron bajas tres oficiales, tres sargentos y cuarenta y siete soldados; es decir, un 62% del total de la fuerza. Amil detalla que Varela sufrió el peso de la ofensiva enemiga, y la soportó con una inferioridad tremenda y en circunstancial muy difíciles, y en una prosa que quiere ser fría, añade: “Estima por tanto el Jefe que suscribe, que los hechos realizados por el Teniente Varela no pueden considerarse exclusivamente comprendidos en uno de los casos previstos en el título tercero del Reglamento de la Real y Militar Orden de San Fernando, sino que lo son en espíritu igualmente de aplicación, el segundo y tercero del artículo cuarenta y nueve. “En consecuencia LO ESTIMA ACREEDOR A LA CONCESIÓN de aquella recompensa, teniendo en cuenta lo que preceptúa el artículo setenta y dos del citado Reglamento. “La circunstancia de ser el que informa testigo presencial de los hechos, le ha permitido aportar mayor número de elementos de juicio para el más completo conocimiento de los mismos, creyendo su deber hacer presente a V.E. la unanimidad con que fue reconocida por sus superiores, iguales e inferiores en el propio terreno, la ejemplar conducta de dicho oficial a quien méritos contraídos en anteriores hechos de armas han merecido el público reconocimiento de su valor excepcional, confirmada recientemente con la concesión de análoga recompensa a la que ahora se propone”. El expediente siguió el conducto reglamentario, y el 25 de enero de 1922 fue remitido al Consejo Supremo de Guerra y Marina desde Tetuán. El 3 de abril el expediente fue devuelto a Marruecos para que se le incorporara nueva documentación: 523 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 86; es una copia mecanografiada de Larache, de 1951; en la trascripción hemos corregido algunos errores tipográficos. 524 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 137-143. 336 el parte de la operación realizada el día 12 de mayo, con detalle de las fuerza en campaña y actuación del conjunto de la misma; y se reclamaba la declaración del comandante de artillería Juan Botella, y del jefe de la Compañía de Ametralladoras, presentes en la loma ese día. Tomados éstos, el comandante Amil remitió un nuevo 525 informe el 29 de mayo de 1922 , y el 15 de junio el Alto Comisario devolvió el 526 expediente al Consejo Supremo . En conjunto, las actuaciones habían durado un año y habían sido extraordinariamente prolijas, buscando resquicios en la actuación de Varela. 527 El 11 de octubre de 1922, el fiscal dio a conocer su veredicto . La segunda Laureada le fue otorgada por resolución del 15 de octubre de 1922, siéndole notificado el 21 de ese 528 mes. Para entonces, Varela ya era capitán . Tras el combate del 12 de mayo, Varela regresó a Sidi Ortman hasta el 16 de mayo, día en que todo el Grupo regresó a Alcázar o Alcazarquivir, donde permanecieron hasta el 21 de junio. 1.8.1.5.- Choque con las Juntas y herida grave. a.- La nueva ofensiva sobre Beni Aros y El Raisuni. El 13 de junio se celebró en Arcila una conferencia de los comandantes generales de Ceuta y Larache con el Alto Comisario, donde se fijó el plan para entrar en las cabilas de Beni Aros y Sumata. El objetivo era cerrar la llamada “brecha de Beni Aros” ocupando y fortificando posiciones, y estrangular a las fuerzas de El Raisuni. El 25 de junio comenzó a actuar la columna de Tetuán, al mando del general Sanjurjo. Se ocupó la cabila de Beni Loret. Los días 27 y 29 volvieron los ataques, enfrentados a una feroz resistencia de los cabileños. Las fuerzas españolas se impusieron al coste de tres oficiales y nueve legionarios muertos, y seis oficiales, once legionarios y treinta y siete indígenas muertos. b.- Varela se opone a las Juntas. Antes de desatarse esta nueva ofensiva, Varela había tenido un enfrentamiento con la Junta de Infantería. Las Juntas, o la Unión de Arma, como se llamaba a la Junta de Infantería, quería establecer la escala cerrada, y quería obligar a los oficiales premiados a que renunciaran a los ascensos por méritos de guerra a cambio de condecoraciones. El 8 de mayo de 1920, desde Alcazarquivir, Varela redactó una 525 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 147. 526 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 148. El expediente completo, fol 149-184. 527 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 109-111: en Apéndice Documental, nº 13. 528 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 107. 337 propuesta a la Junta Superior del Arma de Infantería. Manifiesta que pensó que las Juntas eran un instrumento de alcanzar justicia y eficiencia para el Ejército. Por eso le había sorprendido recibir una notificación desde la Península, en concreto desde el Regimiento de Wad-Ras, por la que se iba a presentar la proposición de que los ascensos fueran en adelante permutados forzosamente por la Cruz Sencilla. Fruto del rechazo indignado a esa propuesta, se había redactado el presente escrito, dado a la firma de los oficiales del Grupo de Regulares de Larache: “porque creemos muerto el estímulo que hoy más que nunca necesita nuestro Ejército, porque comprendemos el terrible daño que se causaría al Arma cercenando los nobles impulsos de honrada ambición, que aconsejan nuestras sabias Ordenanzas y por último porque estamos convencidos que nuestra carrera debe ser un culto constante al valor y a la capacidad práctica; Entendemos y deseamos que la citada propuesta debe ser retirada alejándola así de una solución improvisada, que debió ser presentada con mayor garantías de principios, recogiendo nuestras aspiraciones que deben ser las de todos y solamente hacer hincapiés en la interpretación fiel del Reglamento que su espíritu aleja todo temor a dudas si como suponemos de antemano existe el verdadero honor militar para actuar en los Expedientes Contradictorios que 529 deben preceder a toda propuesta de recompensas para el Empleo” . Al texto se añade una denuncia: la de que las Juntas obstaculizaban la concesión de dichas recompensas: “…creemos también llegada la hora de lamentarnos ante las Juntas del triste abandono en que se tienen a los Jefes y Oficiales heridos que desde hace tiempo se les concedió unas pensiones destinadas para su restablecimiento y que no han sido abonadas por falta de intervención (tachado) de las Juntas o por no haber nacido en España una proposición encaminada a este fin y sí se eleva una oportunamente cuando forzosamente es necesario dejar paso a los méritos contraídos en la guerra y contra aquellos que aspiraron a cumplir exaltadamente con las condiciones que dentro de nuestra carrera se estimaron siempre como honradas y legítimas (…) Exponemos respetuosamente que no estamos conforme con la citada proposición que nos creemos desamparados en nuestros derechos según indica el artículo 1 del reglamento de las juntas y que nos veremos con verdadero dolo expulsados de la UNIÓN si al discentir del resto de la opinión aceptamos los ascensos que creemos de justicia a los que con ellas se lo ganaron”. Sin embargo, la propuesta fue sometida a votación, a nivel de toda España, y ganó la escala cerrada. Al saberlo, los africanistas se negaron a asumirla. Muestra de estas tensiones la tenemos en el interrogatorio a que Varela fue sometido junto a otros 529 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 296. 338 compañeros. Si entre los Jefes los antijunteros más notorios eran Millán Astray y Orgaz, entre los oficiales se significaba el teniente Varela. La Junta del Arma de infantería decidió enviar una comisión de tenientes a Alcazarquivir para juzgar a los tenientes de Regulares, contrarios a la proposición de la Junta. En Alcazarquivir, el 19 de junio de 1921, a las 20:00 horas, en la Representación del batallón de Cazadores de Cataluña, los tenientes de la Junta Arturo González, Avelino Pereda, José Suárez Inclán, Álvaro Cruz, Victoriano Herrero, Jose Migual Marceliano Pedrero, José Garcúia Tejero, Ángel Gonzalo, Martín Hernández, Segundo Artillo, Fernando Alonso de Medina, Francisco García de la Mata, Francisco Suso y Manuel Gautier, sometieron a investigación a los tenientes del Grupo de Regulares nº 4 de Larache, José Varela Iglesias, Juan Castro López, Rafael Casanueva Usera y Ricardo Sanz Yturria. Al parecer, el 24 o 25 de mayo se había celebrado en Alcázar una Junta Económica, tras la cual se dijo que los oficiales del Grupo se reunirían por empleos para nombrar un representante para formar una comisión en Tetuán para modificar la resolución del Arma referente a la permuta del ascenso por la Roja sencilla (la cruz del Mérito Militar Roja); entonces, Varela le dijo al teniente coronel que él ostentaba la representación de los tenientes excepto del teniente Arturo González Fleitas, y que sus poderes alcanzaban incluso para separar a sus representados y a sí mismo de la Junta del Arma. Entonces, el teniente coronel González Carrasco, los capitanes Juan Mendoza, Francisco Delgado, los tenientes Castro, Casanueva, Sanz, y Varela, suscribieron un documento por el que defendían las escalas abiertas y los ascensos por méritos de guerra. Esto motivó una diferencia de opiniones entre Varela y el alférez Francisco Laborde: éste le dijo que no debía ir a Tetuán, pues era partidario de la escala abierta, llegando incluso a defender la salida de la Unión del Arma, extremo con el que el alférez no estaba de acuerdo. Algunos de los alféreces dieron su apoyo a Varela, así como los tenientes ya citados como interrogados, más Gumersindo Manso y Manuel 530 531 Santamaría . A este escrito se adhirieron Millán Astray, Franco y Mola . 530 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 291-292. 531 Martínez Roda, F., Varela, p. 43. Franco defendió los ascensos por méritos en su artículo “El mérito en campaña”, defendiendo “el sistema de ascensos por méritos como único capaz de premiar y mejorar el nivel del Ejército”. También defendió estos ascensos en su Diario de una Bandera, de 1922. Hidalgo de Cisneros afirma: “Más tarde, cuando se restablecieron los ascensos por méritos de guerra, es natural que deseásemos ascender. Era lógica esta honrada ambición, pues puedo asegurar que, por lo menos en aviación –que era lo que yo conocía-, los ascensos no se regalaban, había que ganárselos a fuerza de trabajo y de pasar malos ratos”: Hidalgo de Cisneros, I.., Cambio de rumbo, t.1, p. 110. 339 La situación se enrarecía. Tenemos el testimonio del entonces teniente coronel 532 González Carrasco : “Oficiales de los Cuerpos peninsulares, Batallones y Regimientos (me refiero a Larache) se reunieron y trataron de sancionar a los Oficiales de Regulares; pero como no podían constituirse en tribunal de Honor, pues por imperio de la Ley, éstos Tribunales sólo podían formarlos los oficiales del mismo Cuerpo del acusado, se vieron en la imposibilidad de hacerlo, si bien acordaron retirarles el saludo y considerarlos separados de ellos. Varela sufrió dos o tres de estos, pues como por su temperamento era el más impetuoso y luchaba con más ardor, despertaba más odios en aquella horda de... (no quiero calificarlos)”. Días después se envió una comisión para juzgar a Varela, pero para entonces el Grupo había salido de Alcazarquvir y estaba en plena campaña en la cabila de Beni Gorfet. Según González Carrasco: “Como la situación se había hecho insostenible en Larache, vino la Junta Central con su presidente, el Teniente Coronel Martínez Monje, el comandante Luis Castelló y el Capitán Guerrero. Estos señores, como nos encontrábamos en plenas operaciones en la cabila de Beni Gorfet (…) vinieron a dicha cabila en unos coches que les facilitó el Mando”. Llegaron al campamento y se instalaron en una tienda, donde el 4 de julio de 1921 juzgaron a Varela y consideraron su expulsión del Ejército. “A su llegada trataron de coaccionarnos y la situación se agravó de tal forma, 533 que amainaron y empezó el ‘chau-chau’ , como dicen los moros; después y para que se dieran perfecta cuenta de la situación, nos reunimos a comer la oficialidad de Regulares y la junta exclusivamente, y Enrique [Varela], que siempre me obedecía y me apoyaba con toda su lealtad y entusiasmo, se insolentó y amenazó a la Junta tan violentamente, que tuve que amenazarle con hacerle salir de la tienda donde se celebraba la comida, pero aquel acto suyo sirvió para que comprendiera la Junta el estado de espíritu de la Oficialidad de Regulares y tratase, como lo hizo, de arreglar aquello con todo honor para 534 nosotros, que tanta gravedad revestía” . Pero en esas, una ofensiva de los rifeños llevó al teniente coronel González Carrasco a ordenar a Varela que abandonara el juicio y se incorporara a su puesto. Al retirarse las tropas hacia Adama, los rifeños se habían deslizado por el flanco derecho, amparándose en unas rocas y disparando sobre las tropas españolas. Varela sufrió 532 AMC, AV, Carpeta 1, fol. 299. 533 Expresión rifeña, adoptada por los africanistas, para definir la charla intrascendente que precede o sucede a la negociación. 534 ACGJEVI, Carpeta 1, fol 299-300. En este punto la memoria traicionó al general al redactar esas líneas, años después de los sucesos, pues afirma que allí acabó todo, con un vino de honor y fraternización; aunque añun volverían los conflictos más adelante. 340 entonces el fuego de unos disparos que le causaron heridas en las piernas, una de ellas muy grave en el muslo derecho. c.- Varela es herido de forma grave. En efecto, el Grupo de Regulares de Larache salió de Alcázar el 21 de junio. Varela iba al mando de la 3ª Compañía del 2º Tabor. De nuevo pasaron por T’Zelata donde pernoctaron, y de allí a Memah, donde estuvo acampado el Grupo hasta el 4 de julio, cuando la fuerza salió a las 13:00 horas para auxiliar a la Policía Indígena, como veremos a continuación. Berenguer proseguía su ofensiva sobre Raisuni. A principios de julio de 1921, sus tropas entraron en la cabila de Beni Aros, a punto para iniciar el cerco de Tazarut. El 4 de julio la columna de Larache se puso de nuevo en marcha, apoyada desde el 6 por las de Ceuta desde el Yebel Sidi Embarek. El día 4 de julio, la Policía Indígena se encontró en una situación comprometida en su descubierta, y tuvo que retirarse. Varela, que en ese momento estaba siendo juzgado en una tienda por su oposición a las Juntas, hecho que se analiza en otro lugar, recibió la orden de acudir con su sección a protegerla, ocupando la extrema retaguardia. Según sus palabras: "El enemigo, oculto tras unas piedras, a unos 30 pasos, nos tiraba con gran insistencia. En unos de estos momentos recibir un balazo en el muslo derecho. Ahora me río, pero entonces parecía un conejo dando vueltas por el suelo (valga la comparación), y no contento con esto, me siguió tirando ya en el suelo y me hirió nuevamente en el izquierdo, pero leve (…) era lo único que me faltaba para ser militar completo: haber sufrido por la Patria. Y Dios me lo 535 concedió" . Según su Hoja de Servicios, los hechos fueron así: “…hasta el 4 del referido mes de Julio, que mandando la 3ª Compañía del 2ª Tabor en unión de las demás fuerzas del mismo á las órdenes del Teniente Coronel 1º Jefe del Grupo ya citado [Manuel González Carrasco] salió del 535 Pemán, J. Mª: Un soldado en la Historia, p. 35-36. ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 36, Diario de Cádiz, 6 de julio de 1921, “Desde Larache”; recoge el listado de heridos, entre ellos “teniente del mismo grupo [de Regulares], heroico oficial D. José Varela Iglesias, herido grave, atravesados los dos muslos”; fol. 37, 8 de junio de 1921, “Nuestra acción en Marruecos. Sigue el avance de los españoles”. Al día siguiente fue herido el teniente coronel González Carrasco; fol 38, fue visitado en el hospital por el general Barrera, ABC, 4 de agosto de 1921, “en la zona de Larache”. Así lo relató Varela años después, en la entrevista para Blanco y Negro del 12 de enero de 1936, “Hombres de España. De soldado a General: José Varela Iglesias”, realizada por el periodista Gabriel Greiner: “Cinco días más tarde [del combate de Abdama] volví, en otra operación, a aquel mismo lugar en que había estado tantas horas expuesto al fuego del enemigo y no sufriendo más heridas que las de mi chilaba. Sólo llegar, uno de los primeros tiros que se oyeron de un combate pequeño, fue para mí. Me dio en la ingle y tuve la femoral al descubierto. Fue, desde luego, la herida más grave que sufrí, ya que las otras cinco no fue ninguna de ellas de esa importancia”. http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/blanco.y.negro/1936/01/12/116.html 341 citado campamento a la una de la tarde con objeto de prestar auxilio a las fuerzas de Policía Indígena que ocupaban la posición de Debna, siendo el último escalón de la retirada en que resultó herido grave de arma de fuego en las dos piernas, siendo evacuado al hospital de sangre de Sidi Ortman, y al siguiente día al de Larache, donde quedó sujeto a curación hasta el 6 de septiembre que fue evacuado a la Clínica de Urgencia de Madrid con objeto de someterse á tratamientos eléctricos por tener lesionado el nervio ciático. Por proyecto de Ley de 25 de octubre (D.O. nº 239) se le propone para el empleo de Capitán de Infantería por méritos de guerra con la efectividad de 3 de febrero de 1920 como recompensa a su distinguido comportamiento y méritos contraídos en operaciones realizadas y servicios prestado en la zona de 536 Larache desde el 29 de junio de 1918 á 3 de febrero de 1920…. . Varela fue retirado al campamento. Entonces se dio la siguiente escena: “Como el ataque no había sido muy lejos del lugar donde se encontraban reunidos los señores de la Junta, pronto se enteran de que el Teniente Varela había sido herido de gravedad y efectivamente al poco tiempo ven venir a éste tendido en una camilla transportada por sus compañeros, los cuales, quizá para demostrar a los del Tribunal lo que era la vida de campaña y en que consistían los hechos heroicos que motivaban los ascensos colocaron al herido a la puerta de la tienda. En ese momento, el propio general Barrera se adelanta, coge la camilla por delante y pide a uno de los jefes que allí se encontraban que le ayude para llevar al procesado a presencia de sus jueces. “No cuesta mucho trabajo presumir el bochorno y la vergüenza que en aquellos instantes sentirían los señores del Tribunal, ante una realidad tan cruda que la casualidad o la Providencia ponía ante sus ojos, como aviso para que los abrieran de una vez y vieran en qué consistían los hechos que motivaban los ascensos y las recompensas en Marruecos. Lo cierto es que abandonaron la tienda con la cabeza baja, que desde aquel momento quedó disuelto el tribunal y suspendido que, por haber nacido muerto y sin fundamento, no volvió a 537 resucitar jamás” . En esos días de 1921, Varela escribió a su madre: "Estoy contento con mi nueva suerte: era lo único que faltaba para ser un militar completo, haber sufrido por la Patria ": era su primera herida grave. Sin embargo, él la calificó de “levísima” en el 538 telegrama enviado a su madre . La herida se describió así: “…a las quince horas del día de ayer ingresó en esta Clínica [Hospital Militar de Larache] el Teniente del Grupo de Fuerzas Regulares de Larache, don JOSÉ VARELA, presentando una herida por arma de fuego con orificio de entrada en 536 AMGS, Hoja de Servicios de José Enrique Varela Iglesias, p. 147 vto, 148 rto. 537 ACGJEVI, Carpeta 1, fol 294-295, escrito sin fecha ni firma. 538 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 197. 342 el tercio superior de la cara interna del muslo derecho y de salida tercio inferior de la cara externa del mismo y otra herida contusa en el tercio superior cara interna del muslo izquierdo pronóstico grave, y producido según infiere el interesado en combate frente al enemigo el día 4 del corriente en la posición de 539 Adam-na” . d.- Una recuperación complicada. La herida pudo ser fatal, pues tocó la arteria femoral. La herida cicatrizó, pero al haberse dañado el nervio ciático, se impuso una lenta recuperación para restablecer los movimientos. El primer facultativo que le trató fue el doctor Del Buey. Fue trasladado al Hospital de Larache, instalado en el castillo de San Antonio. La pierna estaba amoratada y con síntomas de gangrena en el pie, con lo que decidió amputarla. Al informar de ello a Varela, éste le contestó: “De ninguna manera; prefiero morir mil veces de una muerte gloriosa que vivir toda mi vida de inválido. Así que de ningún modo consentiré que me corten la pierna”. El doctor insistió, y Varela volvió a contestarle: “Nada, doctor, no se preocupe, la pierna es mía y por lo tanto yo soy el que arrostra toda la responsabilidad. No se canse en convencerme porque de ninguna manera me prestaré a ello”. Al día siguiente la pierna había empeorado. El médico le preguntó si tenía padre, y Varela le dijo que no tenía, y que no podía darle ese disgusto a su madre: “Llame Vd. a mi Jefe, el Teniente Coronel González Carrasco y bajo su responsabilidad y la mía se acuerde que no me corten la pierna”. Al día siguiente la pierna había mejorado notablemente, y Varela recordaba años después: “De haber sido 540 menos decidido, a estas horas sería un oficial de inválidos” . González Carrasco revivió los hechos años después: “No recuerdo la fecha en que fue gravemente herido, pero sí que estábamos juntos, Delgado [su capitán ayudante], Enrique [Varela] y yo. En el momento en que íbamos a retirarnos y al montar a caballo para efectuarlo, un grupo de moros, desde muy cerca, nos hizo fuego y una bala hirió a Enrique, creo que en la pierna derecha, cerca de la ingle, muy mal sitio, y con alguna dificultad lo retiramos, pues casi todas las fuerzas se habían replegado y estos repliegues los hacen los moros a la carrera. “Lo evacuamos y tan pronto como yo pude bajas fui a visitarlo al Hospital. Estaba muy animado pero preocupadísimo, a consecuencia de que los médicos entendían que debían cortarle la pierna; me habló de ello y me pidió consejo; yo estuve de acuerdo con él y acordamos no permitir que se la cortaran; discutimos 539 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 186, informe del Jefe de Clínica Manuel García, fechado en Larache, 6 de julio de 1921. 540 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 246. “Herida grave. Julio 1921”. 343 con los médicos, nos enfadamos y, al final, para su seguridad, se evacuó al Hospital de Madrid, y gracias a Dios quedó completamente bien. En aquella ocasión y como consecuencia de la herida de Enrique, aprendí mucho de cirujía (sic); con frecuencia hablábamos del triángulo escarpe, y no sé de cuantas 541 cosas más” . El 10 de julio el Hospital de Larache emitió un certificado por el que los firmantes consideraban que las heridas recibidas por Varela “deben calificarse de graves, hallándose incluidas en el artículo treinta y cinco, tercera categoría del cuadro clasificador, para la concesión de la MEDALLA DE SUFRIMIENTOS POR LA 542 PATRIA, de la Ley de siete de julio de mil novecientos veintiuno” . El 6 de septiembre de 1921 salió del Hospital de Larache hacia Madrid para seguir allí nuevo 543 tratamiento . El permiso de desplazamiento lo firmó el teniente coronel de Estado 544 Mayor, Manuel Goded . Varela remitió varios telegramas a su madre, afirmando que se recuperaba 545 rápidamente. La prensa de Cádiz se hizo eco del hecho . Al saltar la noticia en los periódicos, recibió numerosas cartas de amigos, lo que nos permite ver su popularidad y 546 su extensa red de amistades . Al menos en dos de ellas se le encarecía prudencia, y se 541 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 196, “Notas facilitadas por el general González Carrasco” 542 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 195, firmado por el capitán médico José Moreno Bastante, y los tenientes médicos Celso Sicilia Sicilia e Ildefonso Martín Rascón. 543 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 187, “Resumen histórico del padecimiento”, fechado en Larache el 9 de septiembre de 1921. 544 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 223. 545 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 206, reproduce el telegrama citado; fol 226, La Correspondencia de San Fernando, 6 de julio de 1921; fol 228, Heraldo de San Fernando, 6 de julio de 1921, “El teniente Varela”; fol 229, Diario de Cádiz, 7 de julio de 1921, “Notas de San Fernando. El heroico teniente Varela herido”; fol 230, ABC, Madrid, 8 de julio de 1921, “Las fuerzas de Larache ocupan Bebua”; fol 231, El Popular, Larache, 8 de julio de 1921, “Los heridos”; fol 232, Diario de Cádiz, 9 de julio de 1921, “Las heridas del teniente Varela. Visita al heroico militar”, fol 233, 9 de julio de 1921; El Mensajero de Jerez de la Frontera, 9 de julio de 1921, “El estado del heroico teniente Varela. Telegrama oficial del general Barrera”, que solicitó al comandante general de Larache noticias sobre el estado de Varela; fol 235, Heraldo de San Fernando, 9 de julio de 1921; El Mensajero de Jerez, 10 de julio de 1921, “Las heridas del teniente Varela”, reproduciendo un texto del Diario Marroquí de Larache, también reproducido por el Heraldo de San Fernando el 12 de julio de 1921, fol 237, en el que Varela afirma encontrarse bien, dio la mano a los periodistas y tuvo un recuerdo para el capitán médico doctor Peña, que le prestó los primeros auxilios de una forma muy eficaz; fol 238, ABC, 14 de julio de 1921, recogiendo la noticia del regreso del cuñado de Varela de Larache, a donde había acudido a visitarle; fol 239, Heraldo de San Fernando, 15 de julio de 1921, “Del teniente Varela. Cómo fue herido, según la prensa de Larache”; fol 240, Heraldo de San Fernando, 16 de julio de 1921; fol 242, La Voz, 16 de julio de 1921, “Desde Larache”; fol 243-244, ABC, 19 de julio de 1921, “De Larache”; fol 245, Diario de Cádiz, 30 de julio de 1921, “El teniente Varela”. 546 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 208, carta de Alfredo Asenjo, antiguo subordinado suyo, destinado en el Regimiento de Caballería de Victoria Eugenia nº 22, fechada en Valencia el 10 de julio de 1921; fol 209, carta de Julio López Olivares, cónsul de España, datada en Alcazarquivir, el 6 de julio de 1921; fol 210, carta de Vallés, diputado provincial por Huesca; fol 211, carta de Juan Ruiz, fechada en Madrid el 20 de julio de 1921, que se queja de que no le visitara en Madrid y le recomienda pasar la convalecencia en España “y dejarse ya de moros y lo lailas (subrayado en el original)”; fil 213.214, carta de Puig; fol 215, 344 le recordaba el dicho de “tanto va el cántaro a la fuente…”, lamentando su valentía y arrojo. El ascenso a capitán fue propuesto por el general en jefe del Ejército de África, tras un expediente de juicio contradictorio, y ratificado por las Cortes. Por RO del 12 de diciembre de 1921 se le concedió la Cruz Laureada de San Fernando, con pensión de 1.500 pesetas transmisibles a los herederos por la acción de Muires y la cueva de Ruman. Varela tuvo que permanecer en la clínica de Madrid el resto de 1921, hasta el 28 de enero de 1922. 1.8.1.6.- El precipitado final de la campaña contra El Raisuni. El día 11 de julio de 1921, las dos columnas de Ceuta y Larache convergieron y siguieron empujando a los harqueños de El Raisuni hacia Tazarut. El día 20 esta población, el “Nido del Águila” del Cherif, estaba al alcance de la artillería española. El Raisuni pidió una tregua al Alto Comisario el día 21 de julio. Entonces, se conocieron las inquietantes noticias de la suerte del ejército de Fernández Silvestre en Annual. Varela lo supo en Rokba el Gozal. Fue necesario interrumpir las operaciones, y trasladar tropas hacia Melilla: dos banderas y una compañía del Tercio, el Grupo de Fuerzas Regulares de Ceuta, dos baterías de artillería, dos compañías de zapadores, otros dos incompletas de Intendencia, y sanidad. Posteriormente Ceuta se vio reforzada con fuerzas enviadas desde la península, pero al no ser fuerzas de choque, no se emplearon en sostener la ofensiva contra El Raisuni, que quedó suspendida: veintitrés batallones de infantería, un regimiento de caballería, ocho baterías de artillería, dos compañías de ingenieros, una de intendencia y unidades de sanidad. El Raisuni volvió a atacar. En la noche del 27 al 28 de agosto atacó Akba el Kola, donde murieron diez oficiales y ciento setenta y cuatro soldados españoles y un indígena, quedando heridos nueve españoles y quince indígenas. Fue su canto del cisne. Gomara se rebeló, pero las cabilas de Beni Ziat y Beni Séller permanecieron fieles, y el alzamiento fue aplastado. carta de Ladislao Codergues, del Regimiento Mixto de Artillería de Campaña de Melilla, fechada el 7 de julio de 1921; fol 216-217, carta de Justo Lara, fechada en Alcazarquivir, 13 de julio de 1921; fol 218- 219, carta de Ubaldo Gastaminoza, fechada en Jaén el 8 de julio de 1921; fol 220, carta José León Samaniego, fechada en Úbeda el 17 de julio de 1921; carta datada en Fiume, el 28 de julio de 1921; 345 En la parte occidental del Protectorado, la derrota de El Raisuni en las últimas operaciones había sido tan recia, que éste no pudo recuperarse pese a la paralización de la ofensiva impuesta por el socorro a Melilla: “La población creyó en principio que aquellos luctuosos sucesos [de Annual] tendrían repercusión en este territorio; y la fantasía popular se desbordó como de costumbre. No faltaron quienes supusieron que el Raisuni, aprovechando el ‘río revuelto’ de Melilla, la concentración de fuerzas y de elementos y de atención hacia aquella parte, jugaría su última carta formando una jarka con sus pocos adeptos, para arrollar nuestras posiciones, venir a la plaza [de Larache] a hacer una degollina de cristianos y hacerse dueño del pueblo. “Afortunadamente, gracias a la eficacia de las últimas operaciones combinadas llevadas a cabo por el alto mando, a la labor política desarrollada desde que las fuerzas de Ceuta-Larache, en un decisivo y victorioso empuje, pusieron Tasarot [Tazarut] bajo el alcance de nuestros cañones, los rebeldes no nos molestasn; antes bien, las sumisiones se suceden a diario, y los sucesos de Melilla no tienen aquí otra repercusión que el natural sentimiento y coraje en la colonia española, que arde en deseos –como toda España- de que la traición sea 547 vengada” . Los militares españoles se sentían traicionados por los marroquíes, y ese sentimiento clamaba revancha. 1.8.1.7.- La convalecencia de Varela. Al conocer el desastre de Annual, Varela se retorcía de angustia en su cama del hospital, y escribía a su madre: "no puedes imaginate, mamá, lo que ha impresionado el asunto de Melilla" y "España debía sentir en estos días un recogimiento piadoso". La prosa de Pemán nos permite descubrir lo que significó Annual para una generación española: "El asunto de Melilla es el nombre evasivo y piadoso que daba el héroe a lo que España llamaba ya el "desastre de Annual"; Igueriben, asediado, con la aguada a 4 km y medio de la oposición; Monte Arruit; Nador, a cuyas puertas mueren misteriosamente el general Silvestre. Toda aquella película trágica que ennegrecía el gozo de la zona occidental, vencedora del Raisuni: prisioneros tratados inhumanamente; cadáveres mutilados; soldados bebiendo sus propias evacuaciones; Fernando Primo de Rivera, dejándose amputar un brazo a machetazos, en una cirugía extrema, en la que un tarro de agua de Colonia servía de anestésico; y aquel parpadeo angustioso e inútil del heliógrafo de Monte Arruit que acompasaba sus señales al jadeo agónico del soldado que, por él, transmitía la resolución desesperada y numantina de los sitiados. La herida 547 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 39, El Sol”, Madrid, 29 de agosto de 1921, “Después de la Guerra”, crónica de Rafael López Rienda. 346 de Varela es dolorosa: pero el dolor de España es más grande todavía. También 548 la Patria ha sido, como él, alcanzado en sus nervios y sus ventas" . Se planteó seriamente el abandono de Marruecos. Antonio Maura, en la plaza de toros de Madrid, afirma que todo lo paraliza Gibraltar, que sin Gibraltar España no puede defender el Estrecho, y que sin el Estrecho no se puede defender Marruecos. La recuperación de las heridas de Varela era lenta. El 6 de septiembre fue 549 enviado a la Península desde Larache ; el 7 de septiembre ya era esperado en san 550 Fernando por familiares y amigos , y llegó el 8, siendo recibido en la estación y 551 trasladado a su domicilio de San Rafael, nº 36, donde recibió numerosas visitas . El hecho de que estos movimientos fueran registrados por la prensa local delata su gran popularidad. El Centro Obrero de San Fernando le envió el 9 de septiembre un caluroso mensaje, dándole “a usted la más cordial bienvenida, y le felicito efusivamente por su heroico comportamiento en África, dando en todas ocasiones palmaria prueba de su valor y de su amor patrio; congratulándonos nosotros de que San Fernando cuente con un hijo y distinguido oficial del sufrido Ejército que tanto honra y enaltece a la ciudad 552 que por fortuna le vio nacer”, deseándole su pronta recuperación . Varela contestó: "al recorrer esas líneas y tropezar con el substantivo obrero me impulsa la afinidad de procedencia a recoger cuanto de sincero y noble tiene vuestro escrito... Siento la viva satisfacción de verme mezclado con los hombres del trabajo y abrigo el firme propósito 553 de que jamás veáis en mí más que aquel al que conocisteis" . No renegaba de su origen popular. Varela se trasladó a Madrid, al Hospital de Carabanchel (San Bernardo) para aplicarle corrientes eléctricas en los muslos para reactivar los músculos. Al hospital acudieron a visitarle en periodistas y personalidades, incluido un ayudante del rey en su nombre. Allí recibió la noticia tan esperada: el 12 de septiembre telegrafió a su madre: 554 “Firmó Rey Laureada Abrazos todos = Enrique” . 548 Pemán, J.Mª: Un soldado en la Historia, p. 36. 549 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 40, El Popular, Larache, 3 de septiembre de 1921, “El heroico Varela”. 550 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 41, Heraldo de San Fernando, 7 de septiembre de 1921. 551 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 42, Heraldo de San Fernando, 8 de septiembre de 1921, “El teniente Varela”. Le esperaban su cuñado Alfredo Naya, ricardo y Gonzalo Olivera, comandante y capitán de Infantería de Marina, Gaspar Fernández de León, periodista del Diario de Cádiz, y Manuel Casanova, oficial de la Diputación. En su casa le visitaron el alcalde, el padre Juan Pablo López, capellán de la Armada, y muchos otros; fol 46, La Correspondencia de San Fernando, 13 de septiembre de 1921, “Por San Fernando. El teniente Enrique Varela”, firmado por Gaspar Ruiz. 552 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 43-44, Heraldo de San Fernando, 10 de septiembre de 1921, “Acuerdo honroso”; fol. 47, El Mensajero, 15 de septiembre de 1921. 553 Pemán, J.Mª, Un soldado en la Historia, p. 45-46. 554 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 45. 347 El 17 de septiembre de 1921, Varela escribió desde Madrid una carta de agradecimiento al director del Diario de Cádiz agradeciendo la atención que le prestaba el periódico, y en sus palabras se trasluce la amargura que debían sentir los africanistas ante los ataques y el vilipendio que sufrían tras el desastre de Annual: “Reconozco todo el patriotismo que le anima cuando de ‘asuntos militares’ se trata, y esto más que nada me hace leer su Diario con verdadero cariño. Vivimos de fuerzas morales y es fuente de todas ellas las que emanan del cariño y aprecio del pueblo, y usted, D. Federico [Joly], con su constante y honrada 555 labor merece la gratitud de los buenos españoles” El 11 de octubre fue recibido en audiencia por el rey, que le presentó a La Cierva. Varela lo contó así a su madre: "Una gran alegría: ayer, 11, me recibió el Rey de una manera tan cariñosa tiene tuvo en la Regia Cámara media hora. Yo fui en automóvil a las 12:30 y en el acto, dándole preferencia a cuantos debían tener audiencia, fui recibido... Sentados vis a vis y fumando, conté a nuestro Monarca cuanto me pregunto y todo cuanto día es poco: pues según el Jefe del Cuarto Militar el recibimiento dispensado por S.M. ha sido, según él, uno de los más cariñosos por el visto. Terminó el rey abrazándome y presentándome a La Cierva, para cuyo fin se llamó. Es una fecha para mí memorable y mi suerte grande, pues todo le va 556 saliendo muy bien" . 557 Este hecho tuvo su reflejo en la prensa . El Rey le presentó al ministro de la guerra, La Cierva, y dijo “Esto es un caso hermoso, y celebro que el indomable valor de este oficial haya merecido la doble propuesta para la cruz laureada”. Se interesó por sus heridas, le manifestó su admiración por haber sido propuesto para dos Laureadas y para su ascenso a capitán, y que tendría una gran satisfacción en firmar esos Decretos. Para Pemán, Alfonso XIII era partidario de liquidar la guerra de Marruecos a través de una campaña decisiva, y muy probablemente fue este pensamiento, en la que coincidiría con Varela y con otros africanistas, el que le llevaría a aceptar la Dictadura, que efectivamente acabó con la guerra, pero que le costó la Corona. En Madrid, Varela, que se hospedaba en el mismo hotel que Millán Astray, recibió numerosas felicitaciones. Fue invitado, en diciembre de 1921, a almorzar el 555 AMV, AV, Carpeta 2, fol. 48, Diario de Cádiz, 22 de septiembre de 1921, “Carta del teniente Varela”. También envía un saludo de gratitud a su amigo Gaspar Fernández de León, redactor de ese periódico. 556 Pemán, J.Mª: Un soldado en la Historia, p. 40. 557 AMV, AV, Carpeta 2, fol. 49, ABC, 12 de octubre de 1921; fol. 50, “La Tarde”, 14 de octubre de 1921; fol 51, La Voz de San Fernando, 14 de octubre de 1921, “El teniente Varela. Justas recompensas”; fol. 52, Heraldo de San Fernando, 15 de octubre de 1921, “El teniente Varela en Palacio” Era el oficial de menor graduación de la audiencia. Ese día el Rey se entrevistó con el vicealmirante Francisco Yolif, con el general de brigada Torcuato Díaz Ferry, y otros jefes. 348 Palacio por el rey, junto a otros conocidos militares: los tenientes coroneles González Tablas y Millán Astray, los capitanes Arturo Gorostegui y Pablo Martín Alonso, y los 558 tenientes Sanz Prieto y Varela . 558 AMV, AV, Carpeta 2, fol. 53, “Almuerzo en Palacio”. 349 2.-El desastre de Annual y sus consecuencias 559 2.1.- Génesis del desastre de Annual . 2.1.1.- El general Fernández Silvestre en Melilla. En diciembre de 1918, las tres Comandancias de Marruecos fueron refundidas en dos, Ceuta y Melilla. Fernández Silvestre fue nombrado Comandante general de Ceuta. En 1919, el general Dámaso Berenguer, se convirtió en Alto Comisario del Protectorado. Berenguer era un oficial culto y de gran experiencia en Marruecos. Había luchado en las campañas de 1909 y 1911, y derrotado a El Mizzian en Beni Sidel, en 1912; en 1911 creó los Regulares; fue coronel de Estado Mayor del general Alfau en 1913; ascendió a general en 1916, a divisionario en 1918, y fue ministro de la Guerra. Manuel Fernández Silvestre, Manolo para sus amigos, a quienes se les llamaba “los manolos”, era un hombre bravo y osado, campechano y afable, pero también irascible. Era muy popular entre sus subordinados, a los que gobernaba con una disciplina flexible; era un jefe activo, eficaz, con fama de valiente y capaz. También tenía mucha experiencia en Marruecos. Berenguer y Fernández Silvestre se conocían, y tenían en común su amistad con el rey. Berenguer era partidario de la postura de Alfau: avances lentos y bien preparados, siguiendo el ejemplo del mariscal Lyautey, e implantando una administración indígena. En cambio, Fernández Silvestre era partidario de una acción más directa, un vía más militar En junio de 1920, el ministro de la Guerra, vizconde de Eza, visitó el Protectorado. En su informe, redactado a su regreso a Madrid, el ministro explicaba que a caída de Xauen, (que sería ocupada en octubre de ese año), supondría la pronta pacificación de la Yebala y la Gomara; se sometería a los Beni Said, y tomada Tafersit, su distancia hasta Alhucemas, 70 ó 80 km, hacía muy factible tomarla. Eza era optimista: “…no es exagerado aventurar la esperanza de que tal vez la conquista de este recorrido no sea tan difícil ni tan largo como a primera vista parece, ya que se va corriendo por todo Marruecos el éxito de España y su acción civilizadora (…) muchas [cabilas] piensan ya en parlamentar, porque reciben noticias de los beneficios que 559 Pando, J., Historia secreta de Annual, Temas de Hoy, 1999; Miguel Francisco, L., Annual 1921, Crónica de un desastre, AF editores, Valladolid, 2005; La Porte, P., El desastre de Annual. Frente al imperialismo europeo y los políticos españoles, Biblioteca Nueva, 2001; Leguineche, M., Annual 1921. El desastre de España en el Rif, Alfaguara, 1996, Carrasco García, A., Annual 1921. Las imágenes del Desastre, Almena, Madrid, 1921; Ortega y Gasset. E., Annual, Ediciones del Viento, La Coruña, 2009 (1922). 350 560 obtienen aquellas ya sometidas” . En consecuencia, la temeridad que siempre se ha achacado al general Fernández Silvestre estaba, de alguna manera, respaldada por un ambiente confiado y optimista. En la zona de Melilla, el general Luis Aizpuru, comandante general, se resistía a realizar la penetración porque desconfiaba de la lealtad de las tribus rifeñas, y así se lo explicó a Berenguer a mediados de enero de 1920. Una semana después, el 30 de enero de 1920, Aizpuru fue cesado y sustituido por el general Fernández Silvestre. Fernández Silvestre era impetuoso, pero sabía que era necesario atraerse a los rifeños, y manifestó su admiración por el coronel Morales, jefe de la Oficina de Asuntos Indígenas de la parte oriental. Fernández Silvestre se planteó la ocupación del Rif central. El primer obstáculo era la cabila de Beni Saíd, que protegidos por el Monte Mauro, auténtica fortaleza natural, impedían el avance español desde 1911. En febrero de 1920 el coronel Morales obtuvo la sumisión de la cabila de Tafersit. A continuación se ocupó el 15 de mayo de 1920 Dar Drius, en la llanura atravesada por el río Kert, al norte de Metalza. Fernández Silvestre quería convertir a Dar Drius en un centro político y militar para controlar las cabilas de la región: Beni Tuzin, Tafersit y Beni Ulichek, así como los Beni Saíd, para el avance hacia Temsamán. El 7 de agosto se ocupó Tafersit, no sin cierta resistencia indígena, y después Azib el Midar, al oeste de Dar Drius. Avanzando hacia el norte, los Beni Saíd quedarían rodeados y entonces tendrían que someterse. Ese verano aumentó la oposición indígena, y en septiembre y octubre un jerife, el Sheriff Tunzi, creó una harka en Beni Ulichek, integrada por gentes de Temsamán y Beni Urriaguel. También fue asesinado el cheij Mohamed Belcherif, favorable a España. Los Beni Tuzin y los Beni Ulichek dudaron sobre sus compromisos con España. Fernández Silvestre pensó que para asegurarse la fidelidad de estas dos cabilas e impedir que apoyaran la rebeldía de los Beni Said, había que instalar pequeños contingentes de fuerza española en el territorio. Los Beni Said estaban divididos. Una de sus cinco fracciones estaba dispuesta a someterse, y el resto eran partidarias de mantenerse neutrales siempre y cuando no se ocupase su territorio. El problema es que su comarca era esencial para consolidar el avance hacia Alhucemas. En el mes de julio, el vizconde de Eza, ministro de la guerra, visitó Marruecos. Consciente de los problemas de competencias entre el Alto Comisario y la comandancia 560 Berenguer, D.: Campañas en el Rif y la Yebala, 1919-1920, t. II, p. 102. 351 de Melilla, elaboró el Real Decreto del 1 de septiembre de 1920, por el que, si el Alto Comisario era general, tendría el mando supremo de las fuerzas españolas en Marruecos. Pero en la práctica, esto no tradujo en una mayor dependencia de Fernández Silvestre hacia Berenguer. El escalafón y el prestigio pesaban demasiado para que el Alto Comisario se pudiera imponer al inquieto comandante general de Melilla. Gómez Hidalgo relata una anécdota sobre las relaciones entre los dos generales. Al planificarse la toma del Fondak, tiempo atrás, siendo Berenguer comandante en jefe y Fernández Silvestre comandante general de Ceuta, el primero mostró al segundo su plan de operaciones. Fernández Silvestre quiso plantear objeciones, y entonces Berenguer le recordó que él era el director de la operación, a lo que el primero contestó. “Tú eres el jefe y a mí no me toca sino obedecerte”. Al día siguiente se celebró nueva reunión, a la que asistietron además de los citados, el general Barrera y el coronel Gómez-Jordana Souza. Barrera argumentó que el plan podía costar muchas bajas; el coronel le dijo que eso era anticiparse a los acontecimientos, a lo que Barrera, de forma seca, contestó: “Quien no tiene responsabilidad, como a usted le sucede, no tiene por qué poner reparos”. Berenguer le recordó a Barrera que él era el comandante en jefe, y Silvestre le apoyó. Barrera acató la superioridad de Berenguer, pero exigió que se levantara acta de la reunión y que se detallara en la misma sus críticas al plan. Ante esta 561 postura, Berenguer se avino a trazar un nuevo plan de campaña . Mientras Berenguer realizaba avances en la zona occidental del Protectorado, Fernández Silvestre decidió ocupar el territorio hasta Alhucemas, en el interior del Rif. Entre mayo y septiembre de 1920 ocupó, como ya se ha dicho, Dar Drius, Tafersit, Azum, Azib de Midar, Isen Lassen y Buhafora. En octubre de 1920, Fernández Silvestre quería seguir avanzando de este a oeste. Eza estaba de acuerdo en permitírselo, siempre y cuando no se opusiera el resto del gobierno. El plan de Fernández Silvestre era avanzar estableciendo blocaos hasta Alhucemas, a través de los territorios de Beni Ulichek y de Beni Said. Eza pensaba que la operación debía hacerse cuando la tropa estuviera bien preparada. El ministro estaba molesto porque se le había acusado de que la falta de sacos de tierra había provocado bajas, y quería que la campaña estuviera bien 562 preparada y abastecida antes de iniciarse . Tanto Eza como Berenguer sabían que a la 561 Gómez Hidalgo, F., Marruecos. La tragedia prevista, Madrid, 1921, p. 160-161. El autor, muy crítico con Berenguer, aprovecha esta anécdota para cargar la responsabilidad del Desastre sobre Berenguer. 562 Gómez Hidalgo, F., Marruecos. La tragedia prevista, Madrid, 1921, p. 193-197, carta de Eza a Berenguer, fechada en enero de 1921. 352 563 tropa le faltaba instrucción , equipo y moral; Berenguer prefería acentuar la “acción política” antes de seguir con el avance; en todo caso, no pararon a Fernández Silvestre. En palabras de Romanones, “El Alto Comisario y General en Jefe don Dámaso Berenguer consumía su tiempo más en refrenar los ímpetus y fantasías del General Silvestre que en combatir a la morisma. Sería ocultar la verdad no decir que Silvestre se sentía apoyado por el Rey, con quien comunicaba directamente, creyendo de buena fe que su antiguo ayudante era el hombre predestinado para lograr la paz en el 564 Marruecos español” . Fernández Silvestre era consciente de la dificultad de su tarea. En su última estancia en la Península, en una fiesta militar en Valladolid, mostró optimismo: “la empresa que vamos a acometer está erizada de peligros y llena de dificultades casi insuperables. Pero para nuestro ejército no hay nada que sea insuperable, nada imposible. Ahora bien, conviene que se sepa que estamos ante un macizo montañoso sólo comparable a la sierra de Gredos: agazapadas en los repliegues de las vertientes, escondidas en barrancos que son abismos, atrincheradas en las cumbres y en las defensas naturales de terreno, hay muchas docenas de cabilas que no han tenido relación con España. En esas tribus existen miles de hombres valientes, fanáticos y fanatizados que opondrán resistencia al avance de nuestras tropas. La ocupación de posiciones, el contacto con Alhucemas, podrás efectuarse, según las circunstancias, con lentitud, ganando adhesiones en los poblados montañeses y aprovechando sus rivalidades o, por el contrario, marchando laderas arriba y llegando a la cumbre ¡a todo trance! Claro que esto último requiere sacrificios. No los ha escatimado ni los escatima el ejército (…). Allí sólo han subido hasta hoy los 565 montaraces cabileños. ¡Allí subiremos” En noviembre de 1920 los hombres de Fernández Silvestre entraron en Ben Tieb, y en las tierras de los Beni Said. El 1 de enero de 1921 se sometió en Dar Drius la cabila de Temsaman, excepto la facción de Trugut, lo que llevó a Fernández Silvestre a ordenar al coronel Gabriel Morales, de la Policía Indígena, persona muy respetada entre los rifeños, y con fuerzas indígenas, ocupar las cabilas de Beni Ulishek y Beni Said. El día 11 se entró en Mahayait, de Beni Said, el 12 en Afrau, en un desembarco apoyado por el cañonero Lauria; el 15 de enero de 1921 Fernández Silvestre se posesionó de la aldea abandonada de Annual, en la cañada de Beni Ulishek, en el monte Azumar, a unos 100 km de Melilla. 563 Cabanillas, A., La epopeya del soldado Diputación de Córdoba, 2010 (1922), p.41-42 564 Romanones, C. de, Notas de una vida (1912-1931), Espasa Calpe, Madrid, 1947, p. 184. También afirma que “No es posible determinar hasta qué punto procedió Silvestre apartándose de las instrucciones del Alto Comisario Berenguer”, en p. 191. 565 Leguineche, M., Annual 1921. La tragedia de España en el Rif, Alfaguara, Madrid, 1996, p. 170-171. 353 Este hecho era relevante, porque hasta ese momento, la cabila de Beni Said era el principal obstáculo que existía en el camino hacia Alhucemas, y con la sumisión de la misma, la ruta parecía franca. Ante la hambruna que reinaba en el Rif, era previsible que 566 el avance sería factible, y Fernández Silvestre lo sometió al Gobierno y a Berenguer . El 21 de enero, se ocupó Izummar, en la misma cabila. Fernández Silvestre no hizo caso de las recomendaciones de prudencia de Berenguer. Su ambición era penetrar en el territorio más hostil a España, el de los Beni Urriaguel, a unos treinta km de distancia. Su avance estaba jalonado de pequeños blocaos, construidos de forma apresurada. Los puestos o blocaos eran numerosos, entre ciento treinta y ciento cincuenta, la mayoría muy pequeños, tanto que carecían de depósitos de armas, municiones, víveres y agua. Todo este material debía ser suministrado cada pocos días. Sus paredes eran de tablones, con tejado de hierro acanalado, y rodeados de sacos terreros hasta la altura del pecho, como de metro y medio sobre el suelo,, a menudo menos, y alambradas. El puesto de Abarrán, de 64 por 12 metros, sólo contaba con un muro de sacos terreros de un metro de altura, y las alambradas eran tan poco densas que los atacantes las sortearon con facilidad. Allí se concentraban de doce a veinte hombres, durmiendo en pobres literas. Las necesidades se hacían en un cubo o un barril que debía vaciarse en el exterior del blocao, lo que les exponía al fuego de los enemigos emboscados. Cada soldado contaba con cuarenta cartuchos, y para todo el ejército de Fernádez Silvestre se contaba con seiscientos obuses. La posición de Telatza, al sur, debía recoger el agua con dos camiones a 38 km. Veintiuna posiciones utilizaban camellos para el acarreo del agua. Los blocaos no estaban interconectados con columnas, ni habían establecidas reservas cerca del frente. Cada soldado acantonado en un blocao precisaba tres o cuatro hombres en retaguardia para asegurar su 567 abastecimiento y servicio . 2.1.2.- Abd el-Krim. El principal obstáculo era la cabila de los Beni Urriaguel y su caíd, Mohamed ben Abd el Krim el Khattabi nació en Axdir en 1882, en el clan Ait Yusuf de los Beni Urriaguel, hijo de un alfaquí de Axdir, amigo de España. En 1906, con 24 años, Abd el- Krim se convirtió en director del suplemento árabe del diario El Telegrama del Rif, de 566 Declaraciones de Berenguer ante la Comisión de Responsabilidades, en Seco Serrano, C., Alfonso XIII y la crisis de la Restauración, p. 143-144. 567 Un estudio pormenorizado en: García del Río Fernández, J., González Rosado, C.: Blocaos. Vida y muerte en Marruecos, Almena, Madrid, 2009 354 Melilla. Al año siguiente, fue secretario de la Oficina de Asuntos Indígenas, a las órdenes de Gabriel Morales. En 1912 era asesor de la Oficina. Se dedicó a los aspectos legales de derecho y escrituras de títulos de minas de hierro de Beni Tuzin. En 1914 fue designado qadi l qudat (cadí en jefe) de la zona de Melilla y en 1915 fue profesor en la Escuela Hispano Árabe de Melilla. Durante la Primera Guerra Mundial, Abd el-Krim y su padre adoptaron una 568 postura abiertamente germanófila, y el segundo a favor del sultán de Turquía . Francia presionó a España para que reprimiera estas actitudes. La casa de Abd el-Krim padre en Axdir fue incendiada, por lo que éste huyó a las montañas y clamó venganza. Abd el- Krim criticó públicamente la sumisión del sultán a los franceses, y dijo que España no debía extender su soberanía más allá de sus plazas. Abd el-Krim fue arrestado y encarcelado en la prisión de Rostrogordo, al norte de Melilla, en agosto de 1917. Años después, el propio Abd el-Krim manifestó que fue encarcelado por negarse a luchar con el renegado Abd el-Malek contra los franceses. Su cuñado le proporcionó una cuerda con la que intentó huir de Rostrogordo, con el resultado de caerse durante su escapada, rompiéndose las pierna izquierda y quedando cojo de por vida. Fue capturado, y pasó once meses en prisión. Una vez liberado, volvió a El Telegrama del Rif, cuando supo que hombres de los Beni Snassen, que habían hostigado a los franceses al mando de Abd el-Malek, refugiados en Melilla, estaban siendo entregados por los españoles a aquéllos, que los reclamaban. Abd el-Krim no tenía constancia de que los españoles le fueran a entregar, pero decidió escapar. En enero de 1919 pidió veinte días de vacaciones, y se marchó al Rif. Hizo llamar a su hermano a Madrid, y se reunieron en Axdir. En septiembre de 1920 su padre murió, se sospechó que envenenado por alguno de sus enemigos de Axdir. Por entonces, las minas de Melilla ya eran productivas, y su exportación, a través del puerto de Melilla, importante. Abd el-Krim pensaba que tras la Gran Guerra, los europeos intensificarían su presión sobre Marruecos, y decidido a impedirlo, había estado acumulando armas. Los Beni Urriaguel estaban dispuestos a ceder las minas a la explotación europea, pero no iban a tolerar la ocupación de su tierra. Los hermanos Abd el-Krim no eran imgaren (notables) ni caídes, pero tenían formación y experiencia, y estaban dispuestos a utilizar el espíritu rebelde de los 568 Madariaga, Mª.R. de, Abd el-Krim el Jatabi. La lucha por la independencia. Alianza, Madrid, 2009, p. 129. 355 rifeños. Conocían los defectos de organización de los españoles. Se dieron cuenta que Fernández Silvestre se adentraba en territorio sin incrementar el número de sus hombres y alargando sus líneas de abastecimiento. La principal dificultad era superar las reticencias de las distintas tribus y unirlas bajo un solo mando, así como acumular reservas de alimentos, municiones y medicamentos, y desarrollar elementos diplomáticos para obtener apoyo exterior. A mediados de 1920, los servicios secretos españoles detectaron que Muhammad Abd el Krim estaba reuniendo tropas. Esta información fue subestimada, porque se ignoraba que los Abd el Krim habían comprado muchas armas con el dinero proporcionado por los alemanes durante la Gran Guerra y por la venta de concesiones mineras a empresas europeas y españolas, como Setolázar. Abd el Krim unificó a las tribus del Rif en su rechazo a España. Fernández Silvestre ignoraba todo esto, creía que los rifeños estaban mal armados y desunidos, y que las promesas de sumisión que recibía eran sinceras. El mismo Abd el Krim seguía enviando cartas a sus contactos españoles facilitando información a través de las compañías mineras españolas, mientras ya movilizaba a sus hombres y mandaba realizar ataques. Incluso manifestaba estar dispuesto a aceptar puestos militares españoles para proteger las minas. Tanto los Abd el-Krim como El Raisuni, eran líderes pragmáticos, que se movían por sus intereses. Raisuni quería mantener su status social y religioso; Abd el 569 Krim quería la emancipación de su pueblo del atraso . ¿Fue Abd el Krim un precursor de la independencia de Marruecos? De alguna manera así se ha querido presentar al líder rifeño, pero resulta cuanto menos complicado si se analizan las fuentes históricas. En 1920, no era Abd el Krim el caudillo que más preocupaba a Fernández Silvestre. Es cierto que en ese momento existía una importante corriente nacionalista desarrollada tras la Primera Guerra Mundial y los “Catorce Puntos” del presidente norteamericano Woodrow Wilson. Pero Abd el Krim no actuó hasta que las tropas españolas entraron en el territorio de su cabila. Fue tras su aplastante triunfo en el derrumbamiento español en Annual, cuando su resistencia se convirtió en movimiento independentista, pero no de Marruecos, sino del Rif. Fernández Silvestre decidió eliminar las pensiones tras las críticas a las mismas de los Abd el Krim. Esta supresión, sin embargo, no reconcilió a los Abd el Krim con España. Algunos empresarios españoles intentaron una negociación, pero Fernández 569 Balfour, S.: Abrazo mortal, p. 134. 356 Silvestre se negó. Gabriel Morales mantuvo el contacto con Abd el Krim a través de varios empresarios: en mayo de 1921 Abd el Krim aún se manifestaba leal a España, pese a que ya estaba en situación de distanciamiento e incluso de rebeldía desde 1919. Los Abd el Krim rompieron con España cuando a mediados de 1920 Fernández Silvestre cruzó el Kert. Gabriel Morales sabía que estaban reuniendo tropas y mantenía conversaciones con empresas mineras españolas, pero Abd el Krim seguió insistiéndole en su fidelidad a la causa española mientras ganaba tiempo para reconciliarse con las tribus antiespañolas. El 19 de julio de 1920, el coronel Gabriel Morales explicó a Fernández Silvestre el peligro de avanzar hacia el oeste dejando a la retaguardia a los Beni Said: “No puede darse un paso más hacia occidente dejando a la espalda un enemigo fuerte con elevada moral que en un momento dado podría crearnos un conflicto ya que el límite oriental de la cabila no dista más que treinta y dos kilómetros 570 de Melilla” . Sin embargo, Fernández Silvestre no apreció enemigos en su avance, y su impetuosidad le impelió a seguir adelante. Otro asunto es la intervención del rey, partidario de la ocupación total del territorio, pero esta responsabilidad nunca se ha podido demostrar documentalmente. Durante el invierno de 1920-1921 hizo bastante frío, y la cosecha de 1921 fue pobre. La población estaba inquieta. Para entonces, Abd el-Krim había reunido una harka con hombres de Beni Urriaguel, Bucoya, Temsaman, Beni Tuzin, yBeni Ammart. La lucha sería de guerrillas, tradicional en el Rif, basándose en la sorpresa, la movilidad y la emboscada. Tenía a sus órdenes unos 4.000 hombres, que se incrementarían con las noticias de sus victorias. Para unificar a las tribus, los Abd el-Krim utilizaron los lif, designando caídes de igual importancia para cada lif, para crear armonía.y apoyo mutuo. Mhamed era más europeo, el comandante en jefe del ejército y la eminencia gris. Sus fuerzas en el verano de 1921 oscilaban entre tres mil y seis mil hombres, armados con fusiles comprados de contrabando a los franceses, y Mauser españoles hurtados o comprados a los 571 Regulares . 570 “Memoria de la situación política”, 19 de julio de 1920, en SHM Legado Silvestre, apéndice 56, cit. en Balfour, 2002, p. 137. 571 Ortega y Gasset, E., Annual, p. 131-133, explica los diferentes tipos de fusiles que utilizaban los rifeños (Lebel (Arbaia), Mauser (Yamsaia o “cinco tiros”), y Remington (Bu Scrum), y detalla las formas de proveerse de los mismos: el contrabando costero, la donación por parte de las autoridades españolas so pretexto de defenderse de cabilas vecinas, la deserción de la Policía Indína quedándose con el armamento entregado; el capitán Moiran, francés, jefe del Parque de Aprovisionamiento de la zona oriental del 357 2.1.3.- Fernández Silvestre penetra en Beni Urriaguel. Ni Fernández Silvestre, ni Berenguer, pensaron en detener las operaciones. El Rif atravesaba una hambruna, lo que debilitaba la resistencia, y era el momento de aprovechar la situación. Muchos rifeños emigraron a Tetuán, y otros muchos se alistaron en los Regulares. A principios de diciembre de 1920 y enero de 1921, como ya se ha dicho, Fernández Silvestre ocupó varias posiciones en Beni Uchilek, obteniendo la sumisión de varios jefes de la cabila, y sobre todo, la de los Beni Said, y entre ellos, la de Kaddur Na’amar. Se entró en Dar Kebdani, y el 11 de enero se izó la bandera española en Monte Mauro. Su política audaz parecía verse confirmada por los éxitos. El 15 de enero de 1921 estableció una posición en la aldea abandonada de Annual. El ministro de la Guerra, vizconde de Eza, exigía conocer todos los movimientos para prever el presupuesto; Berenguer, como comandante en jefe y Alto Comisario, quería también ser conocedor de las operaciones de Fernández Silvestre, y en dos ocasiones le recriminó el no ser informado, aunque también le dio libertad de planteamiento de estrategia. Las líneas avanzadas de Fernández Silvestre se extendían desde Sidi Dris, en el Mediterráneo, hasta el Zoco el-Telata de Metalza, cincuenta y cuatro kilómetros al sur. Las posiciones más avanzadas eran Annual, en Beni Ulishek, y Buy Meyan, a 130 km de Melilla. Fernández Silvestre contaba con 25.700 hombres, 20.600 españoles y 5.100 regulares, repartidos en 144 guarniciones, la inmensa mayoría pequeños blocaos, con de doce a veinte hombres, excepto algunos campamentos como Batel, Dar Drius, Buy Meyan y Annual tenian ochocientos hombres o más. El frente parecía tranquilo, las cabilas aparentaban sumisión: Beni Said, Ben Tieb y Buy Meyan, incluso alguna fracción de Beni Urriaguel. Parecía que la audacia de Fernández Silvestre estaba justificada, y Berenguer anunció al ministro de la Guerra, Vizconde de Eza, la próxima ocupación de Alhucemas. A principios de enero de 1921, el coronel Gabriel Morales había recibido a los jefes de la cabila de Temsaman, que deseaban someterse a España. Únicamente la cabila vecina a los Beni Urriaguel, la fracción de Tugrut, se negaba a acatar la autoridad española, pero se justificaba por el temor a represalias. En Tugrut estaba la harka de los Beni Urriaguel, en Yub el Kama. Abd el Krim impuso severas multas a los cabileños de Beni Urriaguel partidarios de Protectorado francés, realizó durante bastante tiempo venta ilegal de armas y municiones, siendo descubierto en marzo de 1921, y condenado a veinte años de trabajos forzados y a la degradación. 358 España: todos pagaron excepto su primo Solimán El Jatabi, que tuvo que escapar y refugiarse en el Peñón de Alhucemas. Las tribus no fueron desarmadas. En realidad, muchos hombres de Beni Said y Beni Ulishek estaban en Argelia, expulsados temporalmente de su tierra por las malas cosechas. Por esta razón, las tribus no oponían resistencia. En febrero de 1921, Silvestre escribió a Berenguer: “La risueña esperanza con que miran los labradores el porvenir contrasta horriblemente con la miseria que domina en la actualidad todo el territorio. Cuanto puedo decirte es poco ante la realidad y renuncio a pintarte el cuadro de hambre y de horror que se muestra a los ojos de todos, no sólo en el campo, sino aquí mismo en Melilla”. Relata que la Policía Indígena buscó “un local donde puedan cobijarse y dormir bajo techado más de doscientas mujeres, niños y viejos que pululan por las calles en un estado lastimoso”, y añade: “aquí son muchos los que entran en el 572 hospital para morir al día siguiente” . Uno de los motivos que tenía Fernández Silvestre para avanzar con rapidez, era establecer una ocupación para aliviar la hambruna a través del establecimiento de trabajo en obras públicas. Pese a que distribuyó alimentos entre la población hambrienta, no consiguió ganarse su confianza. Los soldados españoles estaban mal pagados, mal vestidos y alimentados. En febrero de 1921, Berenguer envió un informe a Eza detallando las deficiencias en los suministros. Eza reconoció ante las Cortes que en Teffer, cerca de Alcazarquivir, las guardias en los blocaos no tenían descanso, los barracones de Larache y Melilla eran sucios, las bajas por malaria eran excesivas, y había que mejorar la Sanidad militar. También había que pagar mejor a los Regulares y a la Policía Indígena. Dado que la paga era mínima, muchos soldados tenían que aceptar trabajos extras para sobrevivir, estaban subalimentados, y sin médicos ni hospitales de campaña. El 15 de febrero se constituyeron cabeceras de mías de Policía Indígena en Temsaman y Beni Tuzin. En marzo de 1921, Berenguer visitó Melilla, y Fernández Silvestre no le pidió refuerzos, porque pensaba que no iba a encontrar demasiada resistencia. El 12 de marzo ocupó Sidi Dris en la costa, con tres columnas, la derecha al mando del teniente coronel Marina, la central dirigida por el coronel Morales, y la izquierda a cargo del teniente coronel Núñez del Prado. En la operación participó la harka amiga de Beni Said, el cañonero Laya y el remolcador Reina Victoria. Fernández 572 Carta de Fernández Silvestre a Berenguer del 28 de febrero de 1921, SHM Legado Silvestre, apéndice 56; cit. Balfour, p. 138. 359 Silvestre era impulsivo y poco diplomático. Por entonces, se estaba sobornando a los líderes rifeños para que aceptaran la presencia española. Sin embargo, Fernández Silvestre era partidario de la fuerza, despreciaba la práctica del soborno y era partidario de la acción militar decisiva. La situación en Marruecos parecía muy segura, como explica en sus memorias el entonces ministro de Fomento Juan de la Cierva: “De Marruecos se hablaba poco en los Consejos [de Ministros], porque la campaña de penetración y sumisión de las kabilas, se iba haciendo sin excesivo esfuerzo y con grandes esperanzas de consolidación. Ocupado Xauen y pacificada gran parte de la zona occidental, Berenguer perseguía al Raisuni, con quien se rompieron tratos (…) Nos había ayudado en Arcila, pero luego cometía toda clase de intolerables abusos y, sobre todo, era una constante amenaza de rebeldía y desorden. Berenguer le conoció bien y le iba a los alcances, seguro de que expulsado de Tazarut tendría que refugiarse en Yebel- Alam, santuario de los Chorfas, de gran prestigio en el mundo musulmán, y allí le daría caza. “Abd-el-Krim parecía en buenas relaciones con Berenguer, y por la parte oriental se avanzaba poco a poco, creyendo que la labor se completaría y terminaría con más o menos dificultades, pero, en definitiva, felizmente. El Ministro de la Guerra, señor Vizconde de Eza, que lo fue también en tiempo de Dato, había visitado la zona en tiempo de éste último y volvió satisfecho de la 573 campaña y de los servicios todos del Ejército y de penetración y gestión” En marzo de 1921 Fernández Silvestre presentó a Berenguer su plan de asalto final. Entre las dos opciones, avanzar por la costa en un frente estrecho, o por el interior en un frente amplio, Fernández Silvestre se decantó por ésta última. Se establecería una línea defensiva de unos 40 km desde Sidi Dris, en la costa, en la desembocadura del rio Amekran, hasta el Zoco el-Telata, al sur de Métalza. Seguidamente se lanzaría la ofensiva hacia Alhucemas, atravesando el territorio de los Temsaman, y después el de los Beni Urriaguel. El frente mediría 20 km cerca de la costa y atravesando las montañas en tres columnas, que convergerían en tierras de los Beni Urriaguel para tomar Alhucemas. En abril, Berenguer estudió el plan, y aunque era factible, pensó que era mejor esperar el lanzamiento de la ofensiva final a haber acabado las operaciones contra El Raisuni. Esto suponía que la acción militar de Fernández Silvestre debía verse paralizada, pero no la acción política, es decir, los contactos con las cabilas con vistas a obtener tratados para una penetración pacífica. El coronel de la Policía Indígena, Gabriel Morales aconsejó a Fernández Silvestre un avance lento, consolidando los territorios ocupados y entrenando a los hombres. La operación entrañaba riesgos. En el 573 De la Cierva Peñafiel, J., Notas de mi vida, p. 238. 360 574 sector oriental había teóricamente 25.720 soldados la mayoría sin instrucción , reclutas del reemplazo de 1920, llegados a Marruecos hacía poco tiempo, y sin práctica de tiro; pero muchos de ellos estaban de permiso o de baja por enfermedad: 13.000 de infantería, 1.000 de caballería, 3.000 de artillería, 1.500 ingenieros, 1.200 de intendencia, 600 sanitarios y 3.500 soldados indígenas. Fernández Silvestre, realmente, disponía para su ofensiva de unos 12.000 soldados. De hecho, la mayoría de los fusiles 575 de Melilla tenían deficiencias importantes . El frente se había alargado a 92 km de Melilla. El ferrocarril llegaba sólo hasta Tistutin, a 50 km. Madariaga destaca que Fernández Silvestre era consciente de que no 576 podía estirar más sus líneas antes de consolidar su posición . Pero tras su estancia en España, en abril, regresó dispuesto a seguir avanzando para mejorar sus posiciones respecto a la cabila de Temsaman. Basándose en los informes del comandante Villar, jefe del sector de policía del Kert, y en las garantías y peticiones de los Temsaman, Fernández Silvestre decidió ocupar Abarrán. El jefe de la Sección de Campaña, teniente coronel de Estado Mayor Fidel Dávila, no estaba de acuerdo, pero Fernández Silvestre insistió. Villar estaba convencido de la buena fe de los rifeños sometidos, y quizá fue engañado por ellos. La harka de la zona parecía poco activa, pero como en abril había informado el coronel Riquelme a Fernández Silvestre, eso se debía a que estaban en etapa de organización e instrucción, y que estaba integrada por unos 3.000 577 combatientes . Para entonces muchos rifeños se habían posicionado claramente contra España. Para amedrentarlos, se bombardeó Axdir desde el Peñón de Alhucemas con artillería, el 13 de abril, día de mercado. El resultado fue claramente negativo, y creció el odio contra los españoles. Era necesario reforzar los lazos de lealtad con los caciques locales hacia España. Un coronel organizó una fiesta en el territorio de Beni Said, en la que repartió a las esposas de los caídes pañuelos bordados en plata. Pero el principal de los jefes rifeños le dijo claramente al coronel que sólo la llegada de más soldados podría evitar el estallido de una revuelta antiespañola, que arrastraría a los jefes proespañoles. 574 Según Prieto, la mayoría de los soldados presentes en Annual tenían apenas un mes de instrucción: Prieto, I, Con el Rey o contra el Rey… “Responsabilidades del derrumbamiento de la Comandancia de Melilla”, 21 de noviembre de 1922, discurso parlamentario, t. II, p. 75. 575 Vivero, A., El derrumbamiento, p. 139-140 576 Madariaga, Mª.R.: En el barranco del Lobo, p. 138; “…pensaba que el momento oportuno para un nuevo avance no había llegado, y que era necesario formular y estudiar con anterioridad un plan, conforme al cual las tropas avanzarían en Tensamán…”. 577 El Expediente Picasso. Las sombras de Annual, Almena, Madrid, 2003, p. 20. 361 Fernández Silvestre reaccionó ordenando más bombardeos. Abd el Krim notificó al gobernador militar del Peñón de Alhucemas que tales bombardeos sólo causaban más irritación entre los rifeños. A finales de mayo, los rifeños hostilizaron la línea de aprovisionamiento de Fernández Silvestre. La línea de blocaos era débil y sin personal suficiente. Fernández Silvestre pensaba de su fuerza de vanguardia desbarataría la respuesta rifeña, pero no era así. El 29 de mayo, Fernández Silvestre confió a Berenguer que necesitaría refuerzos para seguir avanzando. Fernández Silvestre envió al coronel Gabriel Morales, jefe de la Policía Indígena, a Alhucemas, para conferenciar con los jefes de los Beni Urriaguel. Su propósito era pacificar durante el verano a los Temsaman y a los Beni Tuzin, no avanzar más, y mantener la amistad, necesaria, con los Beni Urriaguel. Con esta intención, Gabriel Morales y el profesor Antonio Got, de Tetuán, desembarcaron en Alhucemas, para parlamentar. Morales volvió varias veces, en una de ellas con el empresario vasco Horacio Echevarrieta. Se comprometió a entregar a Abd el-Krim siete millones de dólares para poder realizar la ocupación del área de Alhucemas, pero el líder rifeño no accedió. Abd el-Krim deseaba negociar la explotación de las minas con empresas europeas, pero sin que supusiera la ocupación del Rif. Comprendiendo que los planes de Berenguer y de Fernández Silvestre eran precisamente la ocupación, decidió presentar combate. Abd el-Krim, cuyo prestigio aumentaba día a día, impuso una multa a los jefes que se habían entrevistado con Berenguer. El hecho de que fuera pagada, ya da una idea de su autoridad creciente. Fernández Silvestre lo supo y se indignó, y quiso atacar, pero Berenguer le detuvo. Abd el-Krim había dicho a Antonio Got que los españoles no debían cruzar el río Amerkan, pues entonces los Temsaman y los Beni Tuzin irían a la guerra. Esta advertencia fue considerada por Fernández Silvestre como una insolencia. 2.1.4.- La caída de Abarrán. A finales de mayo de 1921, una delegación de los Temsaman se presentó ante Fernández Silvestre y le pidió que estableciese una posición española en la colina de Abarrán, dentro del territorio Temsaman. Silvestre aceptó, y el 1 de junio envió al comandante Jesús Villar, de la Policía Indígena al mando de una unidad de 1.461 hombres, tres mías de la Policía Indígena, reforzada por Regulares y tropas españolas, a cruzar el río Amekran y establecer una posición en territorio Temsaman, en el monte Abarrán. Fue una decisión estratégica, aparentemente apoyada por jefes locales, pero la 362 montaña era sagrada para los rifeños, que vieron en el puesto español un desafío. La construcción fue muy deficiente, no había piedras y solo se hizo un pequeño parapeto son sacos terreros, muchos podridos y desfondados, que ni siquiera rodeaba todo el perímetro. Una vez construida, el comandante Villar con la escolta emprendió la retirada por camino distinto al de la ida, para evitar emboscadas. La posición quedó guarnecida por siete oficiales, uno de ellos marroquí, unos doscientos indígenas, muchos de ellos con meses de pagas atrasadas, la mía de Temsaman y una compañía de Regulares, y españoles, veintiocho artilleros de la batería de montaña de cuatro piezas y tres telegrafistas de la estación óptica. Pero la posición es insostenible, carece de agua y de piedras, y sólo se puede construir un muro bajo de sacos terreros. Entonces se descubrirá el peligro de haber volcado el esfuerzo de guerra en fuerzas indígenas. Una vez instalada la fuerza, la columna de ocupación regresa hacia Annual. Apenas perdió de vista Abarrán, la posición fue cercada y comenzó a ser hostigada, pero la columna no volvió atrás. Abarrán resistió cuatro horas. Cuando se la posición se encontró cercada por los Temsaman, parte de la policía indígena se amotinó y atacó a sus oficiales o desertó. De los doscientos cincuenta hombres, ciento setenta y nueve desertaron, o fueron muertos. Entre los caídos estuvieron los españoles con los oficiales de Regulares, 578 su capitán, Juan Salafranca Barrio , y oficiales Vicente Camino y Antonio Reyes, y los oficiales de Policía Indígena, capitán Ramón Huelva, y alférez Luis Fernández, así como el oficial marroquí Haidra, que se quitó la vida con su última bala. Los rifeños ofrecieron la vida al oficial artillero, Diego Flomesta, si les enseñaba a manejar los cañones capturados. Pero Flomesta, que había conseguido inutilizar tres de las cuatro 579 piezas, se negó, y murió de hambre, en cautividad, el 30 de junio . Los supervivientes, 580 setenta y un hombres, de ellos quince heridos, se retiraron hacia Buy Meyan . 578 Salafranca resistió cuatro horas; fue laureado a título postumo. Su hermano mayor, Mariano Salafranca, nacido en 1878, veterano de guerra en Filipinas, como teniente coronel, consiguió ser destinado a África al mando del Batalón Expedicionario de Navarra nº 25, integrado únicamente por españoles y que se negó a ser precedido por fuerzas indígenas en los ataques. Participó en la toma de Peña Tahuarda, sector de Tizzi-Assa del 5 de junio de 1923, junto con la Legión, donde murió el teniente coronel Valenzuela, y descrito por Ramón J. Sender en su novela Iman. Se comentó que Salafranca sucedería a Valenzuela, pero el elegido fue Francisco Franco, con quien el primero tuvo un altercado en el casino de Melilla. Gobernador militar de Ciudad Real, se mantuvo en el bando de la República durante la Guerra Civil, fue derrotado en Talavera en 1936, permaneció en Andalucía casi toda la contienda. Se exilió primero a Francia y tras la derrota de ésta por Alemania, pasó a México vía Casablanca. Murió en México el 29 de junio de 1946. 579 Pando, J.: Historia secreta de Annual, Altaya, Barcelona, 2008 (1999), p. 125-126. En cambio, Casado afirma que murió defendiendo las piezas con su pistola: Casado y Escudero, L.: Igueriben, 7 de junio-21 de julio de 1921, Almena, Madrid, 2007, p. 20. 580 Berenguer, D.: Campañas en el Rif y la Yebala, 1921-1922, p. 37 363 La harka capturó fusiles, y la batería de montaña, cuyos cañones serán paseados por los zocos como símbolo de la victoria y acicate de la rebelión. La captura de Abarrán sumó los clanes de Temsaman a la revuelta, mientras los cañones capturados se mostraban por los poblados como muestra de la fuerza de los muyahidín. La harka rebelde se incrementó en esa primera semana de junio hasta los 11.000 hombres. 2.1.5.- Fernández Silvestre mantiene su plan. Tras la caída de Abarrán, Fernández Silvestre ordenó reforzar y ampliar el campamento de Annual. En esta posición se situáron una compañía del África 68 y cinco del San Fernando, hasta entonces la primera en zoco Telata y las segundas en Dar Drius, encargando al teniente coronel Tamarit la ampliación del recinto, que pasó a situarse entre tres lomas: una para los Regulares, otra para el regimiento de Ceriñola 42 y la artillería, y otra para el San Fernando y el África. Ese mismo día los rifeños atacaron Sidi Dris durante un día y una noche, provocando un centenar de bajas entre los españoles, pero la posición, al mando del comandante Julio Benítez, del Regimiento Ceriñola 42, no cedió, apoyada por el cañonero Laya y un trozo de desembarco de un oficial, un suboficial y catorce marineros, y los atacantes se retiraron. Berenguer se alarmó; pero en un telegrama enviado el 4 de junio, Fernández Silvestre le aseguró que actuaría con prudencia. El comandante general de Melilla intentó minimizar las noticias acerca del fracaso en Abarrán y la defección de la cabila de Temsaman Berenguer embarcó en Ceuta, y se entrevistó con Fernández Silvestre frente a Sidi Dris, a bordo de un barco, el Princesa de Asturias, el 5 de junio. Berenguer propuso suspender el avance y esperar a que acabaran las operaciones en la Yebala para poder disponer de más fuerza, y poder enviar una columna de refuerzo desde Xauen. Fernández Silvestre le contesto que necesitaba más hombres para llegar hasta Alhucemas, un grupo más de Regulares, así dinero, que era escatimado por el 581 Gobierno . Fernández Silvestre afirmó que los ataques rifeños habían sido esporádicos y no representativos de una auténtica oposición, sólo eran una respuesta tibia a la ocupación, y que el día 3 había ocupado Talilit, entre Annual y Sidi Dris, sin disparar un tiro, y dos posiciones más entre Ben Tieb y Annual, y que la cabila de Beni Said había 581 Uno de los posibles motivos de la deserción de tropas en Abarrán, fue que uno de los oficiales, el capitán Ramón Huelva, llevaba consigo una importante cantidad de dinero para pagar a una mía de Regulares; pero esa mía no estaba entre las tropas que guarnecieron la posición, las cuales llevaban desde enero sin cobrar, y con los uniformes harapientos. Pando, J.: Historia secreta de Annual, p. 125. 364 aportado una harka amiga. Berenguer era consciente que la caída de Abarrán era un hecho normal en la guerra colonial, y que tras el rechazo del enemigo en Sidi Dris la situación parecía haberse calmado. De todas formas, el día 5 aún no se sabía qué había pasado exactamente en Abarrán, sólo que habían muerto ocho españoles y que del marroquíes, una parte había muerto y otra desertado. No obstante, el botín de Abarrán, cañones, fusiles y municiones, habría envalentonado a los rebeldes. Berenguer le exigió prudencia y Fernández Silvestre le tranquilizó: había renunciado de momento a avanzar sobre la orilla izquierda del Amekrán y a ejecutar una expedición de castigo por lo de Abarrán, aunque deseaba avanzar sobre Midar para garantizar la seguridad de los Beni Tuzin, de cuya fidelidad a España estaba seguro. Berenguer le dijo que debía paralizar el avance sobre el Amekrán, y que cualquier movimiento le debía ser consultado. Los avances sobre Temsaman y Alhucemas quedaron paralizados. Fernández Silvestre quería su triunfo, y quería más soldados, para operar por la orilla izquierda del Amekrán hacia el cabo Quilates; pero Berenguer no podía proporcionárselos, estando comprometido con las operaciones contra El Raisuni. Fernández Silvestre aseguró al Alto Comisario que la situación era delicada, aunque estaba controlada, y este mensaje fue el que Berenguer hizo llegar al ministro de la guerra, Eza, al día siguiente. Berenguer le recordó a Fernández Silvestre con insistencia, por carta el día 7, y telegrama el 8 de junio, que no iniciara operaciones sin garantía de éxito. Otras versiones de la entrevista del Princesa de Asturias es que fue tensa, con recriminaciones y descalificaciones mutuas. Al acabar, Fernández Silvestre afirmó que el Alto Comisario le había indicado que hasta tres meses más tarde no podría enviarle 582 tropas . Se suponía que la harka de Abd el-Krim estaba integrada sólo por 2 o 3000 hombres, y todo el frente parecía tranquilo. Se concedió licencia ilimitada a los soldados de la quinta de 1918 y temporal a los de 1918-1919, reemplazados por soldados bisoños de la quinta de 1920. Como incremento de armamento se le cedieron a Fernández Silvestre veinte ametralladoras Colt, bastante deficientes. 2.1.6.- Igueriben. Para consolidar su ocupación, Fernández Silvestre ordenó la construcción de cinco blocaos más: los ya citados de Talilit, Intermedia A (entre Annual y Ben Tieb), Intermedia B y C, ambos sobre el paso de Izzumar, y un quinto, el 7 de junio de 1921, 582 Pando, J.: Historia secreta de Annual, p. 129. 365 en la ladera del monte Igueriben, a 6 km al sur de Annual. La posición quedó guarnecida por una compañía del Ceriñola 42, una sección de ametralladoras del mismo, una batería ligera del regimiento mixto de Artillería de Melilla, una estación óptica y nueve policías indígenas. Su mando fue encargado al comandante del Ceriñola, Mingo. De esta forma, reforzaba las líneas de comunicación. Pero Igueriben era una posición complicada de sostener, expuesta y sin agua, debía abastecerse de una fuente a 4’5 km a la que se llegaba a través de desfiladeros, con el camino de acceso flanqueado de barrancos. Los convoyes de suministros eran presa de tiroteos, y para mayor dificultad, se contaban con pocas acémilas y cubas de transporte. Obviamente, las aguadas sufrieron frecuentes ataques. Se ocupó una pequeña loma, Sidi Brahim, llamada por los españoles “Loma de los Árboles”, para proteger un tanto el camino de la aguada. Durante el mes de junio y parte de julio, los rifeños recogieron sus cosechas, mientras Abd el Krim reunía su harka, y el coronel Morales se encontraba con evasivas en su búsqueda de alianzas y compromisos con los jefes marroquíes. Por confidencias se supo que los Beni Said y los Beni Ulixech estaban en tratos con la harka rebelde, pero Fernández Silvestre, convencido de la fidelidad de estas cabilas, no las creyó. Parecía claro para los rifeños que Fernández Silvestre no se iba a detener, y que desde Annual se podía enlazar con Alhucemas y apoyar un desembarco en esa bahía. Durante las semanas anteriores, Abd el-Krim había predicado a los rifeños, afirmando que las intenciones de los españoles era arrebatarles sus tierras y mujeres y obligarles a abandonar su religión, recordando los preceptos del Corán acerca de la guerra santa. La derrota española en Abarrán le había granjeado el respeto de los rifeños, y Abd el-Krim la utilizó para subrayar la debilidad de los españoles y el espíritu de resistencia del Rif, que rechazaba los poderes extraños desde hacía 800 años. Llamó a la harka el “Ejército de Liberación del Rif”. El 16 de junio, una columna que iba a hacer aguada de Buy Meyan, posición cercana a Igueriben, cayó en una emboscada cerca de la Loma de los Árboles, quedando atrapada. Desde Igueriben se alertó a Annual del movimiento de tropas, y desde este campamento se envió una columna de socorro. El enemigo comenzó entonces a moverse hacia Igueriben, para flanquear Annual, pero desde ésa se castigó y detuvo su movimiento, y se retiró. Estaba claro que la situación de las posiciones españolas había sido bien calculada, y que se podían apoyar unas a otras. La columna de aguada tuvo sesenta bajas, de Regulares y Policía Indígena. Pero a partir de ese momento se percibió 366 que la Loma de los Árboles estaba muy expuesta al fuego enemigo, y tuvo que ser evacuada. El 8 de julio, Berenguer informo al ministro Eza que consideraba a Melilla bien abastecida de tropas. En la segunda semana de julio, los rifeños intensificaron sus actos de hostilidad, haciéndose difícil abastecer a los puestos avanzados. Los blocaos carecían de suministros, y como el propio Annual, estaban mal situados y dominados por las alturas circundantes. Cuando el general Navarro visitó Igueriben, el comandante Mingo le encareció la necesidad de contar con un depósito de agua, pero éste nunca fue enviado. El día 13 de julio, se realizó el relevo de mandos, pasando a ocuparlo el comandante Julio Benítez. De este movimiento se aprovecharon los rifeños que aprovechando que estaba desierta, comenzaron a cavar trincheras en ella el 9 de julio, con el fin de impedir la aguada y dificultar la llegada de suministros al campamento español. Fernández Silvestre estaba inquieto, perdió el sueño, y tenía dificultades digestivas. Se ha dicho que el rey le había enviado un telegrama: "Ole los hombres. El 25 (día de Santiago) te espero". Por consiguiente, Fernández Silvestre ocultó lo crítico 583 de su posición . Pero Tusell afirma que en los archivos del Palacio Real no se conserva documento alguno que demuestre que hubo comunicación entre Silvestre y el 584 monarca . El 16 de julio, la columna de suministros desde Annual no pudo llegar a Igueriben. El día 17 de julio el cerco se cerró: ya no se pudo realizar la aguada y con muchas dificultades pasó el último convoy de municiones y víveres, al mando del capitán Cebollino, perdiendo buena parte de lo transportado en el camino. Ese día se acabó el agua: cada hombre recibió sólo un cuarto de litro, y los oficiales renunciaron a su parte. Mientras tanto, Abd el Krim hostiga también Annual y Buy Meyan, intentando cerrar la pista de Izummar e impedir la llegada de suministros a estas posiciones. La situación en Annual fue resuelta por los Regulares del 2º Tabor, que realizaron una 583 La idea de que el rey era quien estaba detrás del temerario avance de Fernández Silvestre fue defendida sobre todo por Indalecio Prieto, con el fin último de atacar a la monarquía. Prieto, I., Con el Rey o contra el Rey, “Ocho mil cadáveres españoles”, discurso parlamentario, octubre de 1921,t. I, p. 184: “¿Quién, entonces, autorizó la operación sobre Alhucemas, quién la decretó? Está en la conciencia de todos vosotros; lo dijo el general Silvestre, al vover a Melilla, desde la borda del barco: fue el Rey”. Esta frase fue contestada por el presidente del Congreso y por el ministro de la guerra: “Es absolutamente contrario a la verdad”. 584 Tusell, J., Queipo de Llano, G., Alfonso XIII, p. 391 y 393. 367 salida. Berenguer no se preocupó, hasta que el 19 de julio le llegó un telegrama angustioso del propio Fernández Silvestre pidiendo refuerzos, bombardeos navales en la costa como distracción y desgaste y apoyo aéreo. Igueriben estaba totalmente cercada por Abd el-Krim, que sólo contaba con 3.500 hombres armados con fusiles iguales o superiores a los que disponían los soldados españoles. Los rifeños situaron el cañón capturado en Abarrán, y con él comenzaron a hostigar la posición española. El hedor de los cadáveres de hombres y bestias que jalonaban la posición era insoportable. Las mulas muertas expelían tal hedor pudriéndose bajo el sol que los soldados tuvieron que taparse las narices con algodones empapados en yodo. El enemigo impedía con su fuego que se cavaran zanjas para enterrar los cadáveres, no había material para quemarlos y se temía que el humo apoyara un asalto. El 18 se agotaron los víveres y escasearon las municiones. El día 19 de julio salió desde Annual un nuevo convoy, escoltado por una columna de Regulares al mando del teniente coronel Núñez del Prado; no pudo llegar. Un segundo convoy, 585 que salió ese mismo día, tampoco pudo cubrir los 6 km entre una posición y la otra . El asedio duró cuatro días. Los sitiados se quedaron sin agua, y recurrieron a machacar patatas, a lamer las rocas húmedas, a beber colonia, tinta y orina endulzada con azúcar. Se metían arena en la boca para provocar la salivación, y cavaban hoyos para buscar la humedad de la tierra. Los rifeños cavaron una trinchera entre Igueriben y Annual, para impedir la llegada de socorro. Fernández Silvestre, imposibilitado de liberarles, les autorizó la rendición, pero los españoles se negaron: sabían que serían masacrados por los rifeños. Un nuevo intento de salvar la posición, el día 21, fracasó también. El comandante Benítez, jefe de Igueriben, pidió ayuda por el heliógrafo a Fernández Silvestre, diciendo que no podía creer que se dejara morir a sus hombres a la vista de tropas españolas. Fernández Silvestre, desde Annual, indicó al comandante Julio Benítez, jefe de la posición de Igueriben, que negociara, pero éste se negó: “Los 586 oficiales de Igueriben mueren; pero no se rinden” . Fernández Silvestre, al comprobar que las fuerzas de socorro no podían pasar ante lo duro del fuego enemigo, que literalmente estaba machacando a las fuerzas de harkas amigas, Policías y Regulares de extrema vanguardia, y amenazaba con envolverlas por retaguardia aprovechando la 585 Ortega y Gasset. E., Annual, p. 29-34. 586 Casado y Escudero, L.: Igueriben, 7 de junio-21 de julio 1921. Relato auténtico de lo ocurrido en esta posición desde el día en que fue ocupada hasta aquél en que gloriosamente sucumbió por el único oficial superviviente, Almena, Madrid, 2007, p. 124 368 fragosidad del terreno; por eso, autorizó por heliógrafo a Benítez a evacuar la posición y retirarse hacia Annual, intentando llegar hasta las fuerzas de socorro. Benítez contestó: “Nunca esperé recibir orden de V. E. de evacuar esta posición; pero cumplimentando lo que en ella me ordena, en este momento, y como la tropa nada tiene que ver con los errores cometidos por el mando, dispongo que empiece la retirada, cubriéndola y protegiéndola la oficialidad que integra esta posición, pues conscientes de su deber y su cumplimiento de juramento prestado, sabremos morir como mueren los oficiales españoles”. No obstante, Benítez esperó a que las fuerzas de Annual rompieran la resistencia de los hombres de Abd el Krim, que bien parapetados, habían clavado al terreno a aquéllas. Sabía que abandonar la posición representaba dejar a su suerte a los heridos y exponer los cadáveres a las mutilaciones. Sobre las 14:00 horas, repartió veinte cartuchos por hombre, envió el último telegrama por heliógrafo: “Sólo quedan doce cargas de cañón, que empezaremos a disparar para rechazar el asalto. Contadlos, y al duodécimo disparo, fuego sobre nosotros; pues moros y españoles estaremos envueltos en la posición”, es decir, que sólo le quedaban doce cargas de artillería, y que después de lanzarla los cañones de Annual podrían disparar sobre la posición, porque ésta estaría 587 siendo asaltada y ocupada por el enemigo . Se dispuso la salida, encabezada por el teniente Justo Sierra, herido en la cabeza. Se destruyeron las ametralladoras y los cañones, y con gritos de vivas a España y al rey, los sitiados salieron. Benítez murió junto a las alambradas, junto a algunos oficiales que quedaron para cubrir la retirada como el teniente Galán. Los rifeños asaltaron la posición, arrastraron a los heridos a un almiar y los quemaron vivos. Se luchó cuerpo a cuerpo para abrirse paso y llegar hasta las guerrillas de vanguardia de la fuerza de socorro. Dos cayeron prisioneros, un soldado y el teniente Julio Casado. Sólo once hombres llegaron hasta Fernández Silvestre, cuatro muertos al beber afanosamente agua tras la larga abstención de la misma. 2.1.7.- Annual. Fernández Silvestre comprendió que falto de municiones y con posibilidades que quedar rodeado, debía retirarse, con las tribus de Beni Said y Beni Ulichek en su retaguardia. Comenzó a redactar telegramas incongruentes, pidiendo envío de material ferroviario, de tropas. Telegrafió al rey para que intercediera ante el arma de aviación para que bombardearan la zona y le facilitaran el repliegue. Eza le comunicó que estaba 587 Casado y Escudero, L.: Igueriben. p. 124-125. 369 dispuesto a enviar en su socorro soldados desde Ceuta por mar, pero Silvestre rechazó la propuesta. Berenguer propuso desembarcar en Alhucemas y bombardear los pueblos de la costa, pero él mismo sabía que la operación llevaría varios días para prepararla. Tampoco era factible el desembarco de hombres en Alhucemas por falta de barcos. La única solución factible era movilizar a todos los hombres disponibles en Melilla para cubrir los puestos de retirada. En la mañana del 21 de julio, Fernández Silvestre se levantó y fue de Melilla a Annual en automóvil, tardando medio día por el mal estado del camino. Por la tarde se intentó dar una carga de caballería para romper el cerco de Igueriben, pero los rifeños contaban con ametralladoras y cañones, bien capturadas a los españoles o de contrabando. Ante la ofensiva enemiga, se hicieron evidentes las deficiencias estratégicas de la posición de Annual. En la posición había 5.000 soldados, de ellos dos escuadrones de Regulares y 470 de Policía Indígena, y 194 oficiales. Estaba rodeada por montañas que la dominaban, y la aguada estaba a tres km, en un barranco batido por el fuego de los rifeños. Las fuerzas atacantes sumaban entre 8.000 a 10.000 hombres, Antes de hacerse de noche, Fernández Silvestre llegó al campamento de Annual. El campamento estaba siendo hostilizado Fernández Silvestre envió a Berenguer tres radiogramas el 21 de julio, pidiendo refuerzos. Le faltaba munición y suministros. Fernández Silvestre reunió a sus oficiales, y convinieron en que la situación era insostenible. El consejo de oficiales votó por emprender la retirada durante la noche. El coronel Morales propuso resistir, porque si aguantaban se evitaría que las cabilas titubeantes se sublevaran, pero sólo había comida para cuatro días y ya faltaban agua y municiones. La operación era evacuar Annual hacia Ben Tieb por el paso de Azumar; se saldría a las 6:00, al amanecer, ocultando a los soldados y a los oficiales inferiores la auténtica entidad de la maniobra, es decir, no debía organizarse, debía hacerse "por sorpresa". En teoría podía resistir. Se encontraba en una loma elevada, cuyo camino hacia Ben Tieb, por donde podría retirarse o recibir refuerzos, era escarpado, a través de un desfiladero. Era un camino de 18 km que costaba cuatro horas de marcha. Pero horas después, sobre las 5:00, Fernández Silvestre convocó una nueva reunión, ahora con más oficiales, y anunció que no se retirarían, porque tanto el ministro como el Alto Comisario, con quienes había hablado, le habían prometido el envío de refuerzos. Pero, ¿podrían aguantar? El coronel Manella propuso contactar con Abd el Krim para solicitar una tregua, pero Morales le disuadió, al afirmar que los rebeldes sólo obedecerían a Abd el Krim si los llevaba a la batalla, no a un pacto. 370 Entonces se avistaron a las harkas enemigas, avanzando hacia Annual en tres columnas. Los rifeños estaban organizando el asalto y marchaban desde los valles hacia el campamento en columnas compactas, no en dispersa acción de guerrillas. La noticia de la caída de Igueriben había propiciado el apoyo de las cabilas vecinas a la resistencia. El capitán Carrasco, de la Policía Indígena, informó de ello al coronel Manella. Al notificárselo al general Fernández Silvestre, éste perdió los nervios, y sobre las 10:00 de la mañana del 22 de julio, ordenó la retirada. Otras versiones afirman que la decisión se tomó tras una conferencia por radio entre el general y el Alto Comisario. En todo caso, el ataque rifeño no había comenzado. Lo que el capitán Carrasco vio fue la llegada de grupos de rifeños que acudían a relevar a los que vigilaban y hostilizaban el campamento. Lo que éstos no podían imaginar, era asistir a una caótica y precipitada 588 retirada de los españoles . 2.1.8.- La retirada caótica. La retirada se planificó rápidamente, formando dos convoyes, uno formado por la impedimenta a lomo de mulos, y otro con la tropa, heridos y artillería. Pero para entonces los rifeños ya controlaban el desfiladero de salida de la posición. Al efectuarse la salida, parte de los miembros de la Policía Indígena desertaron y dispararon a sus 589 oficiales. Se desató el caos . El doctor Carlos Puig estaba situado con un destacamento en una posición a 200 m del campamento para cubrir la retirada de las tropas. Fue testigo del caos en que se produjo la salida de las tropas españolas del campamento, desorganizadas, presa del pánico. Algunos oficiales intentaron organizar la salida, pistola en mano. Se abandonaba el armamento, las municiones, las tropas españolas mezcladas con las indígenas, mientras sufrían el ataque de los rifeños, circunstancia que aprovecharon los insurgentes para introducirse entre la desordenada tropa: los soldados españoles salían “primero formados y muy despacio; después en grupos formados y abigarrados, y por último en hileras desiguales, donde el plomo rifeño abría claros numerosos. Ya en el camino se mezclaban moros y soldados. Los uniformes y los jaiques iban revueltos en aquella masa apelotonada, que se deslizaba, entre gritos, lamentaciones, órdenes contradictorias, imprecaciones, ayes y blasfemias, por la cinta de la estrecha carretera, brillante el sol, entre los bermejos cerros desnudos. Los de la jarka amiga regresaban a sus aduares. Llevaban el mismo camino que nuestros batallones. Y los soldados marchaban a 588 Madariaga, MªR.: En el barranco del Lobo, p. 153. 589 Ruiz Albéniz, V., Ecce Homo, p. 379. 371 su lado sin desconfianza. Creían que los otros quedaban atrás. Mas los otros descendían como aludes de las lomas, salían de los barrancos y de los cauces de los arroyos y se incorporaban a la extraña columna, que se replegaba sin orden ni concierto. Y de pronto, no se supo en ella quiénes eran los rifeños de Kaddur [Kaddur había sido aliado de los españoles] y quiénes los de Abd el Krim. Casi automáticamente, se dividieron las razas. De un lado, los cristianos, las víctimas. Del otro, los moros, los verdugos. Yo esperaba una orden de retirada, 590 que no venía. Se habían olvidado de nosotros” . Los convoyes se mezclaron, los oficiales perdieron el control de la situación. Las tropas indígenas comenzaron a atacar a los españoles. Muchos oficiales no cumplieron con su deber y abandonaron a sus hombres, huyeron en automóviles, o se arrancaron las 591 insignias para no ser reconocidos por el enemigo . La retirada se convirtió en un caos, en una estampida humana. Se abandonaban las piezas de artillería, a los heridos, armas, dinero, equipo, ropa… el ejército intentaba escapar. “La carretera toda continuaba llena de despojos. No había trozo alguno exento de ellos. Los arreos, las prendas, las armas, aparecían en unos sitios en profuso y heteróclito montón; en otros, esparcidos. El ejército entero, en su parte material, estaba allí abandonado. En un sitio había un grupo de cañones; más allá, ametralladoras con sus cajas de municiones rotas o volcadas; botiquines, cajas de caudales de los regimientos y hasta billetes de Banco tirados por el suelo. ¿Quién haría 592 caso de nada?” Se llegó al paso de Izumar, con seis kilómetros de subida, y allí se perpetró la matanza, en la que participaron incluso mujeres y ancianos rematando a los heridos en busca de botín. Morales y Manella intentaron resistir, sin éxito. El camino del desfiladero de Izumar bordeaba un precipicio, rodeando la falda de un monte, donde las tropas españolas eran fácil blanco para los francotiradores rifeños. Las tropas se acumulaban, camiones, individuos, mulas con artolas cargadas de heridos, vehículos, se apelotonaba, Algunas mulas se despeñaron. El pánico cundió. Muchas posiciones fueron evacuadas precipitadamente sin ser atacadas. Al llegar a Izumar, ésta estaba desierta. 590 Balfour, S.: Abrazo Mortal, p. 149-150: La cita es de Carlos Puig, “De la tragedia de julio”, El Solm, Madrid, 2 de enero de 1922; sin embargo, revisado este diario, y los días anteriores y posteriores, no aparece el citado texto. 591 Ortega y Gasset. E., Annual, p. 63: “Hartos de matanza, dejaban pasar a veces algunos soldados, pero a los oficiales los mataban sin remisión. Por eso el oficial de San Fernando quería morir matando; pero ante las exhortaciones de sus acompañantes, se dejó vencer, y para intentar el único medio de salvarse, quiso borrar todos los signos que le distinguían de los soldados. Se quitó las polainas de cuero, volvió del revés la gorra, ponsiendo hacia fuera el forro, y comenzó a arrancarse las estrellas”. 592 Ortega y Gasset. E., Annual, p. 44-45. 372 En la vorágine de la retirada, los oficiales desaparecieron. Se afirma que Fernández Silvestre se suicidó, y otros que pereció luchando, pistola en mano. Manella y Morales también cayeron. Los rifeños, se dijo, profanaron el cadáver del general, lo descuartizaron y dispersaron sus restos. Abd el Krim lució como trofeo el fajín de general de Silvestre. En cambio, ordenó respetar los despojos de su amigo, el coronel Morales. Las posiciones cercanas a Annual, aisladas, quedaron cercadas y fueron asaltadas, resistiendo hasta el último hombre: Buy Meyan, Izumar, Yebel Uddia, Ulad Aisa, Dar Hacs Buscan, y Terbibin. Dar Quebdana se rindió, pero su guarnición fue descuartizada. Las de Timyast y Sidi Abadía se replegaron hacia Tizi Johonen, pero perecieron en la retirada. Los supervivientes de Ras Tikerman, Tisinga y Ain Mesauda se retiraron hacia Subs Sbash, donde sólo llegaron unos pocos. También cayeron los blocaos de Kandusi, Buhafora, Azru e Ishafen. En Yart el Bax, las tropas nativas degollaron a sus oficiales y se pasaron al enemigo. Los supervivientes de este infierno llegaron a Ben Tieb. Allí, el jefe de la posición intentó en vano frenar la evacuación y organizar la defensa, siendo ignorado tanto por los soldados como por los oficiales, que entraban por una puerta y salían por la otra, sin apenas detenerse. Los hombres de Annual y de las posiciones evacuadas se dirigieron a Dar Drius, a diez kilómetros. Ben Tieb fue evacuado porque el comandante no recibió órdenes en contra. El regimiento de Caballería de Alcántara, mandado por Fernando Primo de Rivera, realizó varias cargas para intentar contener a los rifeños y 593 proteger la retirada, con cierto éxito a costa de un enorme número de bajas . Los fugitivos fueron llegando a Dar Drius, sin orden, sin mando, con muchos heridos. Su comandante era el teniente coronel Pérez Ortiz. Era una posición dotada de víveres, municiones y con una aguada muy cercana. Pérez Ortiz estaba dispuesto a resistir, pero en la tarde del 22 llegó en automóvil el general Felipe Navarro, ahora al mando tras la desaparición de Fernández Silvestre, que decidió abandonar Dar Drius el 23 de julio, sin admitir discusión. Pero la orden no fue notificada al campamento de Cheif, que fue asaltado por los rifeños: de los 604 soldados allí acantonados, sólo sobrevivieron treinta y siete. Berenguer decidió establecer una línea de defensa desde el sur hasta Dar Drius, y desde el norte hasta Dar el Quebdani. Pero la sublevación de las 593 Albi, J., El “Alcántara” 1921. La Caballería en el desastre de Annual, Almena, Madrid, 2011, p. 55- 64. 373 tribus locales hizo inviable este plan. Los colonos y el personal de las minas huyeron hacia Melilla. Las vanguardias rifeñas llegaron a las estribaciones del Gurugú. Cuatro mil soldados se arriesgaban entre retirarse o quedar cercados en sus posiciones. Al evacuar Dar Drius, el grueso de las tropas españolas al mando del general Felipe Navarro huyó hacia El Batel, sin sufrir ataques, y tras descansar allí una noche, prosiguieron la retirada hacia Tistutin, hacia el ferrocarril. Los soldados se peleaban por los caballos y las mulas, los oficiales se arrancaban los galones e insignias y se despojaban de polainas y guerreras, los automóviles y camiones iban tan cargados que se les partían los ejes. La mayoría del Regimiento de Caballería de Alcántara murió o quedó herida tras las repetidas cargas cerca del río Igan, a medio camino de El Batel. El arma de Aviación apenas pudo emplearse, por la escasez de aparatos, pues sólo se contaba con ocho aviones, faltaban enlaces entre las posiciones avanzadas y el aeródromo de Zeluán, donde radicaba la escuadrilla del capitán Fernández Mulero. En la noche del 23 al 24 de julio, los aviadores, que iban a pernoctar a Melilla, perdieron todos sus aparatos, sencillamente porque el avance de los rebeldes tomó el aeródromo, y Fernández Mulero ya no pudo regresar al mismo desde Melilla, al quedar esta ciudad rodeada. La ausencia de los pilotos impidió evacuar los aeroplanos. Berenguer ordenó que se contruyera un nuevo campo de aterrizaje en el Hipódromo, y reclamó aparatos a la Península, desde donde se le enviaron dos, uno de los cuales se averió al aterrizar. El 29 de julio el aparato, con dos aviadores, sobrevoló el área desde Melilla, y observó que todo el camino entre Annual y el Batel estaba sembrado de cuerpos, camiones, piezas de artillería, y humaredas que indicaban las posiciones capturadas. Se comprobó que Navarro resistía en Monte Arruit. Se intentó abastecer la posición por aire. El día 6 594 de agosto el propio Sanjurjo en el avión observó cómo la posición era bombardeada . El triunfo de Abd el-Krim supuso que se le sumaran las tribus del Rif, y los Regulares comenzaron a desertar. Las posiciones españolas de retaguardia no estaban preparadas para soportar un asedio, estaban construidas con sacos de tierra y débiles techos de madera, que podían ser fácilmente asaltadas con granadas de mano. Sólo habían tres o cuatro campamentos semi fortificados, pero sin suministros para resistir. Todos cayeron como un castillo de naipes. Los relatos de crueldad y salvajismo de los rifeños aumentaron el pánico de los soldados españoles, que no resistieron. Algunos 594 Garriga, R., Ramón Franco, el hermano maldito. Apogeo y decadencia de una familia, Planeta, Barcelona, 1978, p. 44-46. 374 centenares fueron hechos prisioneros, pero otros españoles fueron fusilados, acuchillados o torturados. Los soldados murieron más por la desorganización que por la pericia bélica de los rifeños. Algunos oficiales intentaron organizar a los hombres, pero era imposible. Apenas se conseguía reagrupar una unidad, la llegada de soldados presa del pánico hundía de nuevo la resistencia. El general Navarro, segundo al mando, siguió la retirada desde Tistutin, saliendo de allí el 29 de julio, perdiendo la artillería, y pudo reunir a 3.000 hombres en el puesto de Monte Arruit, a unos 30 km de Melilla, pero sin provisiones. Sólo una parte de la guarnición de Sidi Dris pudo romper el cerco y llegar hasta los barcos que los evacuaron. Mayor éxito tuvo la evacuación de Afrau, también evacuada por mar. La guarnición de Zoco el Telata de Metalsa optó por retirarse hacia el sur y alcanzar el Marruecos francés en Hassi Ouenzga, a donde sólo llegaron una tercera parte. 2.1.9.- Nador. Las posiciones fueron cayendo en poder de los rifeños: El Batel el día 27, Tistutin el 29, y Nador, ésta a 17 km de Melilla, el 2 de agosto. El comandante militar de Nador era el teniente coronel Pardo. El 22 de julio por la tarde fue llamado a Melilla, donde se le informó del fallecimiento del general Silvestre y de la retirada de Annual. Era importante sostener Nador y con ella la vía férrea. Pardo informó que carecía de fuerza suficiente: contaba con una sección del Regimiento de Infantería de Ceriñola y los destinos de oficina de la Brigada Disciplinaria. Solicitó la presencia de un oficial de Ingenieros para fortificar las Tetas de Nador y el Reducto, puntos estratégicos que dominaban la plaza. Pero el coronel jefe de Estado Mayor de la Comandancia General de Melilla desestimó esta petición: era prematuro pensar que Nador pudiera verse atacada por los rebeldes. Las horas transcurrieron, la población se alarmó al ver pasar a civiles y militares que evacuaban Batel, Zeluán y Segangan camino de Melilla. Parte de la población de Nador abandonó también la ciudad y marchó a Melilla. El 23 por la noche Pardo solicitó un tren militar para evacuar a los heridos y enfermos del hospital militar, pero desde Melilla se le reiteró que tranquilizara a la población. A las 7:00 horas, muchos soldados en retirada cruzaban Nador. Pardo intentó detener a estos hombres sin conseguirlo. Sus fuerzas eran ciento sesenta y cinco hombres, entre oficiales y soldados. Decidió fortificar la fábrica de harinas y defenderse allí para detener el paso al enemigo, si es que llegaba a Nador. Dos horas después salió el último tren para Melilla, y las 375 vanguardias de Abd el-Krim comenzaron a disparar en las calles de la ciudad. Pardo se encerró en la fábrica con sus hombres y quince civiles. A partir de ese momento, la fábrica fue tiroteada, se lanzaron sobre ella granadas de mano, se utilizó dinamita para volar las paredes y se intentaron introducir sacos de paja mojada en petróleo para incendiarla. Los sitiados rechazaron todos los ataques. Durante diez días, los asediados se quedaron sin agua dulce, carecían de material sanitario, y se alimentaban de trigo en grano y cebada. El 29 de julio comenzó el fuego de cañón. El día 31 llegó un emisario, un soldado español capturado: los sitiadores se comprometían a respetarles la vida si se rendían. Las negociaciones siguieron al día siguiente, y el 2 de agosto Pardo se rindió. Él y sus hombres fueron evacuados hacia el Atalayón, respetándoseles la vida. Murieron durante el asedio un jefe, un oficial, cinco soldados y tres paisanos; quedaron heridos dos oficiales europeos y uno marroquí, treinta y un soldados y un civil; contusos, un 595 jefe, dos oficiales y cinco soldados . Su heroica resistencia fue crucial, porque ganó el tiempo necesario para que tropas desde Ceuta llegaran hasta Melilla y la pusieran en estado de defensa. El 3 de agosto cayó Zeluán, dejando aislado Monte Arruit. En Zeluán fueron asesinadas más de quinientas personas, y sus defensores, el capitán Carrasco y el teniente Fernández, fueron atados, tiroteados y quemados vivos. 2.1.10.-Monte Arruit. Navarro pudo haberse replegado hacia Melilla abandonando a los heridos y enfermos, pero se negó a abandonarlos y permaneció en Monte Arruit, donde el agua se hallaba a 500 metros de la posición. Los hombres estaban atontados por el calor, la insolación, asfixiados por el polvo y sin servicios sanitarios: durante el breve asedio, 167 hombres murieron de gangrena. Se intentó abastecer la posición por aire, pero fue imposible, porque los disparos impedían que los aviones volaran bajo, y los suministros caían en manos de los rifeños. El 21 de julio, al conocer la situación de Fernández Silvestre en Annual, Berenguer ordenó retirar las tropas de la Yebala, y embarcar hacia Melilla a dos Banderas del Tercio y dos tabores de Regulares. Berenguer llegó a Melilla el día 23 por la noche, y al día siguiente, en la mañana del 24 de julio, llegaron a Melilla los primeros refuerzos de la zona occidental. Un batallón de la Legión, al mando de Francisco 595 Ramírez, A., En ese lugar… Los Lanceros de Villaviciosa en la Campaña de Larache de 1924, Grupo Publicaciones del Sur, 1999, p.46-55. 376 Franco, tras recibir las órdenes el día 21, abandonó el asedio del cuartel general de El Raisuni y realizó la marcha hasta Tetuán, 96 km, en 17 horas, descansando sólo tres horas y media. En Tetuán subieron al ferrocarril hasta Ceuta, donde embarcaron. Eza ofreció enviar tropas desde España, pero Berenguer las rechazó: no estaban preparadas ni entrenadas. “Eza conferenció con Berenguer y éste manifestó que se había hundido la comandancia de Melilla. No había quedado nada. Ni tropas, ni material de artillería, ni aviación, destruidos los aparatos en Nador. Pidió refuerzos y se preparó a defender la plaza. En la noche triste, que así puede llamarse a la primera que pasó allí Berenguer, la situación de la plaza era peligrosísima, y el espíritu del vencindario de profunda alarma Todo el Rif venía sobre Melilla. La extensa montaña del Gurugú la ocuparon los moros y pronto bombardearon la 596 ciudad” . Entonces se descubrió que buena parte de los 20.500 hombres que guarnecían Melilla estaba de permiso, o ya no existían. Berenguer buscó hombres frenéticamente, y sólo encontró 1.800, la mayoría reclutas bisoños sin apenas instrucción, soldados de oficina y de Intendencia. Además la ciudad estaba mal protegida por fortificaciones, y la mayoría del material de guerra se había perdido y ahora estaba en manos del enemigo. Melilla se salvó gracias a los 4.500 hombres llegados de Ceuta al mando de Sanjurjo, junto con González Tablas y sus Regulares, y Franco y su primera Bandera del Tercio. El 1 de agosto, Berenguer ya tenía 14.000 hombres aunque muchos de ellos no eran soldados regulares, carecían de preparación, y a la artillería le faltaban piezas para 597 entrar en combate . Como no quería arriesgar a sus 4.500 hombres más fiables, y los rifeños controlaban el macizo del Gurugú desde el que hostigaban a la población, Berenguer desistió de socorrer Zeluán, Nador y Monte Arruit. Para ello se necesitaban tropas entrenadas, pues las barrancadas del Gurugú permitirían aislar y rodear a las tropas enviadas hacia el sur. Se barajó la posibilidad de realizar un desembarco en la Restinga y atacar al enemigo desde atrás, pero el Gobierno se negó a utilizar a la Marina. El 7 de agosto se acabó el agua en Monte Arruit: un jarrillo de agua cada ocho hombres y un chusco de pan para tres. Las bajas ya eran del 35%, se acaban las municiones y se luchaba cuerpo a cuerpo con palos y piedras. El 9 de agosto, Monte Arruit se rindió, con promesa de vida para los supervivientes. Los soldados entregaron las armas y abrieron las puertas de la posición, pero los harqueños no respetaron lo 596 De la Cierva Peñafiel, Notas de mi vida, p. 240. 597 Cabanillas, A., La epopeya del soldado, Diputación de Córdoba, 2010 (1922), p. 43. 377 tratado, y masacraron a los supervivientes con horribles torturas, excepto a seiscientos, entre ellos el propio Navarro, por los que pensaban pedir rescate. En total, murieron unas 2.600 personas, entre militares y civiles. Las instalaciones militares fueron 598 entregadas al fuego . 2.1.11.- Melilla amenazada. La ciudad vieja de Melilla se asienta sobre una península rocosa fortificada, y desde el istmo se extiende la ciudad moderna. Sus 40.000 habitantes se apiñaron en la ciudad vieja. Los rebeldes llegaron hasta los arrabales, pero no pudieron avanzar más, porque carecían de la artillería necesaria para batir las fortificaciones españolas. Los rifeños habían expulsado a los españoles, habían conseguido un gran botín; ahora debían volver a sus casas y entregarse a los trabajos de cosechas; “estaban cansados de 599 cortar cabezas”, según un testimonio . A mediados de agosto de 1921, los rifeños abandonaron la comarca de Melilla. Posteriormente, Abd el-Krim declaró que no tomó 600 Melilla por temor a las repercusiones internacionales . En cualquier caso, la retirada del Ejército español del territorio provocó el levantamiento masivo de las cabilas. Debe entenderse que el Ejército español en África carecía de moral. Sus oficiales, a menudo, estaban excusados del servicio por enfermedades más o menos fingidas, demasiado a menudo estaban ausentes de sus puestos de mando. Las unidades quedaban al mando de sargentos o de cabos, a menudo sin formación suficiente para ello. 2.2.- Después del desastre. 2.2.1.- La búsqueda de responsabilidades. Como dijo Álvarez Arenas, Annual no fue en realidad una derrota militar, “sino efecto de abandonos y despreocupaciones nacidas de la irresponsabilidad impune [que] vino a dejar al descubierto realidades lamentables e incluso limitaciones 601 escandalosas” . No hubo batalla; una retirada precipitada y mal planificada degeneró en una hecatombe. Alcalá Zamora la resume en sus memorias basándose en la declaración de un fraile: “al principio mucha confianza imprevisora y al final mucho 598 Rodríguez de Viguri y Seoane, L.: La retirada de Annual y el asedio de Monte Arruit, Madrid, 1924, contiene la defensa del general Navarro, y ofrece una visión de estos hechos favorable al general; De la Cierva Peñafiel, Notas de mi vida, p. 240-241 refleja las dificultades de socorrer la posición. 599 Woolman, D.: Abd el-Krim y la Guerra del Rif, p. 113. 600 Leguineche, M., Annual 1921, p. 208. 601 Álvarez Arenas, E., Teoría bélica de España, Revista de Occidente, Madrid, 1972, p.289. 378 602 pánico, que llegó a la locura” . La matanza se extendió durante 18 días, y se calcula que murieron entre 8.000 y 12.000 hombres soldados y civiles, colonos y funcionarios. Las pérdidas oficiales, según el informe final de las Cortes, se calcularon en 13.192 muertos, que Caballero Poveda rebaja hasta los 7.915 hombres, incluyendo 119 muertos 603 en cautiverio de los 514 prisioneros . Algunos cálculos exagerados las incrementan 604 hasta los 19.000 hombres . Es difícil conocer el número exacto, dado el gran número de permisos que se concedían. Pero en Annual habían unos 5.000 hombres, de ellos 3.000 europeos y 2.000 indígenas; de esta fuerza murió, en las primeras cuatro horas, unos 2.500 hombres, a los que se sumarían 1.500 más en las posiciones intermedias perdidas (Talilit, Dar Buy Meyan, Intermedias B y C, Izumar, Yebel Uddia, Mehayast, Axdir Asus, Tuguntz, Yemaa de Nador, Halaun y Morabo de Sidi Mohamed), a los que hay que sumar los más de 2.500 soldados y civiles muertos en Monte Arruit. Por consiguiente, los cálculos del comandante Caballero Poveda son muy realistas. Casas de 605 la Vega rebaja la cifra hasta unos 6.000 hombres . Prieto calculó que las bajas eran 606 8.668 hombres . El impacto del desastre en una sociedad que no apoyaba la guerra, fue enorme. Surgieron mitos sobre la crueldad de los marroquíes, o sobre la ineptitud del Ejército. Se perdieron más de 20.000 fusiles, 400 ametralladoras, 129 cañones, depósitos de municiones y víveres suficientes para mantener en pie al ejército de Abd 602 Alcalá-Zamora, N., Memorias, Planeta, Barcelona, 1977, p. 67. 603 Caballero Poveda. F., “La Campaña del 21. Cifras reales”, en Ejército, nº 522 (julio de 1983) y 523 (agosto de 1983), en Albi, J, El “Alcántara”1921, p.70; casi 8.000 bajas es la cifra que cita Hidalgo de Cisneros, I., Cambio de rumbo, Laia, Barcelona, t. 1, p. 109. 604 Regan, G., Historia de la incompetencia militar, Crítica, Barcelona, 2001 (1987), p. 353. 605 Según el ministro de la Guerra, Eza, en Annual y sus cuatro posiciones accesorias habían 2.053 hombres, de ellos 1.301 españoles, el resto marroquíes. La retaguardia, centrada en Dar Drius, con catorce posiciones, contaba con 2.721 hombres, de los que 2.462 eran españoles. Es decir, que en la zona había un total de 3.763 soldados españoles. El día 19 de julio, llegaron a Annual desde la retaguardia cinco Compañías de fusiles y dos de ametralladoras del Regimiento África, tres baterías artilleras, dos Compañías de Zapadores y dos de Servicios, una de Intendencia y otra de Sanidad, en total unos 1.600 hombres; desde Dar Drius se incorporaron a Annual cuatro Compañías de fusiles y una y media (seis máquinas) de ametralladoras, una Batería de Montaña y elementos de Servicios, unos 900 hombres, dando un total de 2.500 soldados que se unen a las fuerzas de Annual, a los que hay que añadir el Regimiento de Alcántara, con 700 hombres. Es decir, que en Annual había una fuerza total de unos 4.500 soldados. En Dar Drius quedaron unos 1.600 hombres. Suponiendo que sucumbieran todos los hombres de Annual, y la mitad de los de Dar Drius, el total no rebasa los 6.000 hombres: Casas de la Vega, R., Seis generales de la Guerra Civil, Fénix, Madridejos, 1998, p. 210-211; Eza, V. de, Mi responsabilidad en el desastre de Melilla como Ministro de la Guerra, Madrid, 1923, p. 227-232. 606 Prieto se basó en que, según el estado de fuerza en Melilla en julio de 1921, habían 24.332 hombres, y en agosto, 11.140; por consiguiente, faltaban 13.192, de llos que hay que descontar 4.524 indígenas, que presumiblemente desertaron. Por consiguiente, quedan 8.668 europeos. El ministro de la Guerra, vizconde de Eza, elevó esta cifra en 10.126 según el mismo cálculo, per basándose en un estado de fuerza mayor, de 25.790 hombres, pero ignorando los permisos concedidos. Prieto, I., Con el Rey o contra el Rey… “Ocho mil cadáveres españoles”, discurso parlamentario, octubre de 1921, t. I, p. 144-145. 379 el-Krim durante un año. También se perdió el Marruecos oriental, con sus instalaciones, ferrocarriles, minas, hospitales y escuelas, y por supuesto las posiciones militares. Frente a los españoles, las pérdidas rifeñas fueron alrededor del millar. Abd el- Krim se había convertido en una figura de relieve internacional. El 25 de julio, el gobierno impuso una censura transitoria para controlar las noticias y evitar una crisis. Tras la caída de Monte Arruit fue ya imposible disimular. El general Berenguer dimitió como Alto Comisario, y el 2 de agosto escribió al ministro de la Guerra afirmando que en los hechos acaecidos aparecían aspectos que sería preciso investigar y actuaciones a depurar. El ministro Eza nombró el 4 de agosto una comisión de investigación dirigida por el rígido e independiente general Juan Picasso González. A continuación, dimitió. Cuatro días después de la caída de Monte Arruit, el Gobierno de Manuel Allendesalazar dimitió. El rey llamó a Antonio Maura, que formó su quinto gobierno, éste de concentración nacional, con La Cierva al frente del ministerio de la Guerra. El nuevo ministro de la Guerra, La Cierva, y el rey, se negaron a aceptar la dimisión de Berenguer. Era un administrador eficaz, conocía Marruecos y su labor militar en el Marruecos occidental casi se corona con el éxito. Pero la opinión pública, la oposición política y la prensa lo consideraban responsable del desastre. También estas mismas fuerzas exigían el rescate de los prisioneros, algo que repugnaba el espíritu de los militares, y Berenguer era uno de ellos. Alcalá Zamora, en sus memorias, exculpa a Berenguer: para él había sido un oficial comprensivo, respetuoso y tolerante con los indígenas; es cierto que Fernández Silvestre era subordinado suyo, pero también era su inferior jerárquico, el Protectorado estaba dividido en dos zonas independientes la una de la otra por las dificultades de comunicación. Su reproche al Alto Comisario, es no haber emprendido la reconquista del territorio de forma más enérgica, pero en ello se 607 vio detenido por la cautela del gobierno de concentración de Maura . El Consejo de Guerra y Marina defendía que había que investigar también al Alto Comisario, así como depurar las responsabilidades de los políticos, algo que también exigía la oposición, en especial los socialistas, con Prieto al frente. El Ejército quedó en entredicho. La corrupción, la ineficacia, la cobardía, fueron señaladas como las causantes directas del Desastre. Pareció demostrado que no se podía confiar en los Regulares, y lo cierto es que habían sido mal dirigidos por qué se les había llevado a luchar contra sus propias tribus. Tras la derrota, los leales fueron 607 Alcalá-Zamora, N., Memorias, Planeta, Barcelona, 1977, p. 67-68. 380 desarmados y expulsados, con lo que algunos se unieron a Abd el-Krim. Fernández Silvestre no tenía Estado Mayor, porque le fastidiaba la planificación técnica (le apodadba el “Estorbo Mayor”) y no había pedido asesoramiento. Los aviones de la base de Zeluán no se habían utilizado porque los pilotos en realidad vivían en Melilla. Se 608 destapó la corrupción y los desfalcos , se supo que en 1920, once capitanes habían dimitido para evitar que se descubrieran sus chanchullos, y que incluso alguno se había suicidado. A menudo los soldados vendían sus municiones para poder comer. También los Regulares y la Policía Indígena pasaban penurias, ésta última tenía retrasos en sus pagas, llevaban uniformes viejos y rotos, y estaban descontentos. No era de extrañar su deserción. Más adelante, se valoró la responsabilidad política del acontecimiento. Buena parte de la culpa se debía también a la pobreza del Ejército, a unos soldados mal nutridos, mal pagados y mal vestidos; a la desidia de los controles políticos sobre el Ejército; a los titubeos de la política colonial de Madrid. 609 Para los políticos, la responsabilidad era la mala dirección militar . Para muchos militares, la culpa era de los políticos que no habían querido proveer al ejército de los medios necesarios para desarrollar la campaña. Si bien la causa inmediata fue la mala estrategia planteada por el general Fernández Silvestre, los Gobiernos fueron tan responsables como el Ejército en del desastre: no dotaron al Ejército de medios suficientes, no establecieron un plan de ocupación coherente, no supieron reformar al 610 Ejército para llevar a cabo la tarea . Pero tampoco faltaron militares que achacaron la responsabilidad a sus compañeros. Uno de ellos fue el general Weyler, jefe del Estado 608 Regan, G: Historia de la incompetencia militar, Crítica, Madrid, 2001, p. 351-352. 609 “…yo tengo el firme convencimiento de que en Annual pudieron defendersedurante mucho tiempo y los socorros habrían llegado oportunamente para evitar el trágico desastre. El pánico colectivo se apoderó de todos. Bravos jefes y oficiales se ofuscaron y perdieron la serenidad, empujados por la masa desbordada; Silvestre creyó que venían muchas fuerzas [contra Annual] pero si enardece, como tantas otras veces a sus fuerzas, nada habría ocurrido. Contra aquella posición [Annual] nada podían los enemigos sin cañones ni ametralladoras. Y la zona oriental no se habría sublevado si no hubieran visto correr a nuestras tropas. Entonces el espíritu guerrero de los bereberes, que constituye la esencia y tradición de la raza, surgió impetuoso y se lanzó contra los vencidos. Se dirá que este juicio mío atribuye mayor responsabilidad a los militares que directamente intervinieron en el suceso, pero mi convencimiento es profundo”, añadiendo que episodios semejantes de pánico colectivo han sufrido muchos otros ejércitos coloniales: De la Cierva Peñafiel, J., Notas de mi vida, p. 241. 610 Ortega y Gasset. E., Annual, p. 96: “Si dispusiéramos de tanques, de camiones blindados y de aeroplanos en la cantidad precisa paea que sirviesen últimamente, no sólo se podría castigar rápidamente a la jarka y volver a la obediebncia a los kabileños, sino que sería perfectamente hacedero, sin comprometer arriesgadamente grandes fuerzas, el socorrer a las posiciones aisladas. Dos camiones blindados y provistos de ametralladoras, montados por una veintena de soldados expertos, permitirían aprovisionarlas”; p. 122-123, denuncia la ineficacia política de los ministerios de Instrucción Pública, Hacienda y Guerra, como causantes últimos del desastre. 381 Mayor Central, muy crítico con Berenguer, y defensor de la idea de que Monte Arruit se 611 podía haber socorrido. Weyler acabó dimitiendo por discrepancias con La Cierva . El 20 de octubre de 1921 se reabrieron las Cortes, y en ellas se atacó a los militares y al gobierno, se denunció el enorme gasto que suponía, y que a pesar de ello se carecía de equipo y de mando adecuado. El día 21, el exministro de la Guerra, vizconde de Eza, inició la exposición de su defensa. Afirmó que el Ejecutivo había provisto a las tropas de África de material de guerra y armamento, y que era conocedor de los planes de combate: “El Gobierno iba sabiendo, carta por carta e informe por informe, lo que ocurría, y precisamente estando yo, como estoy, completamente identificado con todo cuanto ha hecho el General Berenguer (y, naturalmente, esa había de ser una de mis conclusiones, porque no estoy concluyendo, estoy empezando la exposición de los hechos, y esto no va como censura a nadie, quería demostrar que no había habido por parte de ningún Comandante general nada de independencia ni de autonomía, que no había habido por parte del General Berenguer separación de Madrid, sino que seguramente por error de todos, por 612 fatalidades del destino, había ocurrido lo que todos lamentamos…” . Eza explicó que la tranquilidad en el Protectorado era absoluta, y que nada hacía pensar que se iba a producir un hecho de la magnitud de Annual; publicó la correspondencia que había mantenido con los oficiales para demostrar que estos no preveían en absoluto la traición de los rifeños ni la posibilidad de un desastre. El acuerdo entre Berenguer y Fernández Silvestre sobre la estrategia a seguir era absoluto, y que la ocupación de Alhucemas se presentaba como una operación segura. Explicó que una persona allí presente en la Cámara “que había estado en Melilla en días aciagos, que me decía en el invierno del año pasado, en enero o febrero, que venía maravillado de la tranquilidad absoluta, de la confianza plena que había en todas las zonas. Que había vuelto en automóvil, con los faros, que son delatores para cualquier ‘paco’ que quiera disparar, a las nueve de la noche, y la seguridad era total, y venía una porción de kilómetros nada más que con un jefe y un ayudante, y él mismo se maravillaba del estado de confianza, de seguridad, que había en Melilla y en 613 toda su zona hasta Tafersit, que son 70 kilómetros” . Eza recordó las grandes dificultades encontradas para controlar el Protectorado 2 español, de cuyos 25.000 km sólo se controlaban tras varios años de ocupación unos 6.000, utilizando un ejército en ese momento de 64.666 soldados; mientras que la zona 611 De la Cierva Peñafiel, J., Notas de mi vida, p. 255-256. 612 Eza, V. de, Mi responsabilidad en el desastre de Melilla como Ministro de la Guerra, Madrid, 1923, p. 45, y 415-419, carta del general Fernández Silvestre al general Berenguer comentando las tranquilidad de la zona, fechada el 29 de mayo de 1921. 613 Eza, V. de, Mi responsabilidad en el desastre de Melilla como Ministro de la Guerra, Madrid, 1923, p. 51 382 francesa era veinte veces mayor que la española, y se controlaba con sólo 64.000 2 614 hombres un territorio de 400.000 km . Propuso varias medidas en una prolija descripción y exposición de informes y documentos. Uno de los problemas principales, era la reducción del servicio militar de tres a dos años, lo que iba a provocar en 1921 la inevitable reducción del cupo de soldados fogueados en Marruecos, y que acabó siendo 615 una de las causas del Desastre . Otro gran problema era la falta de fondos y de dinero, sobre todo para mantenimiento militar y obras públicas. A preguntas del exministro Alcalá Zamora, manifestó la dificultad de conceder las recompensas con justicia. Mostró los telegramas remitidos por Fernández Silvestre, en los que pedía municiones, lo que demostraba que los combates a los que se enfrentó eran imprevistos y no estaba preparado para ellos: “Se ve, pues, que, desgraciada y fatalmente, todo se sustanció allú en términos brevísimos, y que los acontecimientos se arrollaron a sí mismos, impidiendo toda acción desde fuera, confirmándose una vez más lo que desde el primer momento se dijo, o sea que el General Silvestre consideró el aprovisionamiento de Igueriben como una operación corriente, y que cuando llegó allú fue cuando 616 se encontró con que (…) la moral de aquellas tropas se había extinguido” . El derrumbamiento, después de Abarrán, fue totalmente imprevisto. Para Eza, en sus reflexiones al publicar la documentación de su defensa, la causa del desastre fue que “el malogrado Silvestre, pundonoroso siempre y bravo militar, equivocó su puesto, y en ves de permanecer a la retaguardia para dominar y sostener con los puntales de su defensa el combate de la primera línea, y, en caso de caer Annual, la retirada que esto motivara, creyó que debía, guiado de su noble enardecimiento, ponerse en el sitio de mayor peligro, con lo cual fue el primero a caer; y claro es que su caídatuvo forzosa y fatalmente que provocar la de todo aquel Ejército, arrastrando a los jefes que podían haberle sustitudo en el primer 617 momento” . Pero Eza se consideraba a cubierto de responsabilidad: siempre se le aseguró que la región estaba en calma, y al ser consciente de la gravedad de los hechos, rápidamente se dispuso el envío de fuerzas desde la Comandancia de Ceuta. 614 Eza, V. de, Mi responsabilidad en el desastre de Melilla como Ministro de la Guerra, Madrid, 1923, p. 91-92. 615 Eza, V. de, Mi responsabilidad en el desastre de Melilla como Ministro de la Guerra, Madrid, 1923, p. 205-207, carta del general Berenguer al ministro de la Guerra Eza, proponiendo varias soluciones para paliar el problema: incrementar el voluntariado y la recluta de indígenas. 616 Eza, V. de, Mi responsabilidad en el desastre de Melilla como Ministro de la Guerra, Madrid, 1923, p. 440. 617 Eza, V. de, Mi responsabilidad en el desastre de Melilla como Ministro de la Guerra, Madrid, 1923, p. 511-512. 383 618 En los debates parlamentarios se destacó que en Marruecos no estaban en realidad todas las tropas que figuraban sobre el papel, y que una minoría significativa de oficiales había dado muestras de cobardía. Se habían perdido 117 cañones, pero sólo había muerto un oficial superior de artillería. Se criticó el gran presupuesto del Jalifa del Protectorado, 8,5 millones de pesetas, frente a los 9 millones que suponía la familia real española. Se explicó que Francia contaba con un Protectorado diecinueve veces más grande y el español, y que ha mantenido con un ejército de 70.000 hombres, unas tres veces superior al español. Se contó que los marroquíes decían: "Inglaterra pega y paga, Francia pega y no paga, y España ni pega ni paga". En los primeros debates parlamentarios se eludieron los temas más espinosos, como la relación de Fernández Silvestre con el rey, o el escaso esfuerzo de Berenguer para controlar a su subordinado. Pero el 27 de octubre, Indalecio Prieto, para erosionar a la monarquía, hizo referencia a 619 la confianza entre Fernández Silvestre y el monarca , y sus contactos. La única prueba que existía era el famoso telegrama enviado a Silvestre, pero se supuso que la 620 responsabilidad del rey en el tema era superior . El 29 de octubre, Alfonso XIII aprobó el ascenso de Berenguer a teniente general, y quiso nombrarle su ayudante de campo; pero las críticas por la lentitud de las operaciones de reconquista, y por no haber hecho nada por rescatar a los prisioneros españoles lo desaconsejaron. Berenguer quiso dimitir de nuevo, pero La Cierva y Maura no lo aprobaron, le confirmaron como comandante en jefe de las fuerzas del Protectorado y le ordenaron proceder a la contraofensiva. En el cierre de su discurso, Indalecio Prieto afirmó que la responsabilidad correspondía a los gobernantes que no dispusieron una división de reserva en la Península, cuyo rápido traslado a Melilla hubiera supuesto salvar Monte Arruit, Zeluán 618 Moreno Luzón ha destacado que estos debates realzaron de forma importante el papel del Congreso en el sistema político: Moreno Luzón, J., “Partidos y Parlamento en la crisis de la Restauración”, en Cabrera, M. (dir.) Con luz y taquígrafos. El parlamento en la Restauración (1913-1923), Taurus, Madrid,1998, p. 97. 619 Prieto, I., Con el Rey o contra el Rey… “Ocho mil cadáveres españoles”, t. I, p. 181, 184. 620 Esta idea ha sido rechazada por Tusell y Queipo de Llano: no existe ni una sola prueba de que Alfonso XIII estimulara la imprudencia de Fernández Silvestre. Tusell, J, Queipo de Llano, G., Alfonso XIII, un rey polémico, Taurus, Madrid, 2001, p. 389-395; en el mismo sentido, Seco Serrano, C., Alfonso XIII y la crisis…, p. 144, recoge unas declaraciones del monarca sobre Fernández Silvestre: “El general Silvestre era un bravísimo soldado, al que yo sinceramente quería y al que había distinguido con mi aprecio como a cuantos en lucha desigual estaban defendiendo el honor de España. De ahí la burda leyenda de que la catástrofe se produjo por una orden directa mía a Silvestre para que conquistara Alhucemas el día de Santiago. La verdadera responsabilidad de aquel desastre adjudíquensela los que se negaron a votar los créditos militares imprescindibles en aquellas circunstancias. Mi Gobierno no pudo facilitar las armas y el material necesarios a un ejército desangrado, día a día, por una partida de rifeños que creía llegado el momento de desembarazarse del Protectorado español”: en Cortés Cavanillas, J., Confesiones y muerte de Alfonso XIII, ABC, Madrid, 1951, p.64. 384 y Nador que habían llevado a cabo la reforma militar de 1918, y que realizaron la reforma de 1918, bajo la presión de las Juntas, “que dieron lugar a aquel desenfreno de destinos y a aquel corrimiento de escalas, sin dejar a través de la orgía ni el esbozo de una mediana organización militar (…). Por que aquí, las más grandes faltas militares se han cubierto, aun cuando estuvieran ennegrecidas por las tintas del crimen, con un fallo expulsatorio de un Tribunal de Honor, cuando no ha servido para cometer una injusticia, como la de los alumnos de la Escuela Superior de Guerra, ha servido para cubrir infamias que tenían una sanción penal en el Código de Justicia 621 Militar” . Prieto denunció en el Congreso que La Cierva se había plegado a los deseos de las Juntas, las había patrocinado, y ahora pretendía descargar en ellas toda la responsabilidad del Desastre. De la misma manera, Prieto responsabilizó al Rey de amparar a las Juntas. Argumentó que las Juntas eran en buena medida culpables de la catástrofe, porque siendo ellas las que debían velar por el Ejército, cerraron los ojos a la corrupción: “Éste es el pecado de las Juntas, no haber velado por el honor de los 622 Cuerpos y de las Armas que representaban” ; pero con ellas, también eran culpables la monarquía y los partidos dinásticos, que les dieron a las Juntas un exceso de atribuciones sin freno. El 3 de noviembre, en el Congreso, criticando la propuesta de ascenso de Berenguer a teniente general, Besteiro acusó directamente al rey por haber impulsado la guerra, y abogó por el abandono de Marruecos, o ejercer una acción 623 colonial correcta y más civil que militar . El presidente del Gobierno, Maura, decidió atender al clamor que exigía responsabilidades. El gabinete anterior había encargado la investigación al general Juan Picasso. Pero dos Reales Órdenes en agosto y septiembre eximieron no de responsabilidades, como afirma Balfour, sino de la investigación de las mismas, al Alto Mando de Marruecos, es decir, a Berenguer Esta actitud, muy criticada por Balfour, está explicada en las memorias de La Cierva. Berenguer, al tener el mando supremo militar y judicial sobre el territorio y sobre él mismo, no podía estar sometido a una jurisdicción inferior a él. El problema se planteó en Consejo de Ministros, y por unanimidad se acordó que el Alto Comisario no podía ser investigado por el general Picasso. La Cierva recuerda en sus memorias que Berenguer no podía ser procesado por su alto 621 Prieto, I., Con el Rey o contra el Rey… “Ocho mil cadáveres españoles”, t. I, p. 189-190. 622 Prieto, I., Con el Rey o contra el Rey… “Un discurso que no puede ser contestado por el Gobierno”, octubre de 1921, t. I, p. 204. 623 Madariaga, Mª.R.: En el barranco del Lobo, p. 184. 385 cargo, y que el Expediente de Picasso se transformó de un expediente gubernativo e informativo, en procesal: “No podíamos obrar de otro modo [con Berenguer], so pena de quebrantar la indisciplina y suprema autoridad del Jefe de un Ejército en campaña. (…) Entre el Gobierno y el Jefe del Ejército no debía actuar ninguna otra persona o jurisdicción. Y la prueba de que ningún daño se hacía al principio de justicia es que, con el expediente Picasso y los datos que en el Ministerio existían, se procesó y condenó a Berenguer por el Consejo Supremo de Guerra y Marina. Picasso no objetó nada cuando yo dicté las Reales Órdenes, pero luego en su informe insinuó que no pudo obrar con plena libertad por virtud de esas disposiciones. Hay que tener en cuenta que el expediente Picasso era gubernativo, aunque aquél se llamaba también juez, pero con arreglo al Código de Justicia Militar y a otras disposiciones, así como a la Real Orden designándole no debía atribuírsele otro carácter, lo cual no impedía que después el Consejo Supremo y el Ministro resolvieran gubernativamente o convirtieran el expediente en proceso, en el cual se habrían de practicar entonces las diligencias y trámites legales, con 624 designación de juez ponente por el indicado Consejo ” Picasso llegó a Melilla a finales de agosto para iniciar la investigación, pero no pudo acceder a los documentos de Berenguer, Fernández Silvestre o Eza. Picasso exigió a Berenguer conocer los planes de la campaña, pero el Gobierno no quiso que el Alto Comisario declarara. Picasso sólo pudo recoger los testimonios de los oficiales y soldados, y remitir los casos a los jueces militares. El Expediente dolió mucho a los africanistas, porque mientras se resolvía, se iba reconquistando el territorio y se luchaba mucho y duro, haciendo retroceder a las 625 huestes de Abd el-Krim hacia el Rif, retomando Nador, el Gurugú, Monte Arruit… El general Picasso entregó su informe el 18 de abril de 1922 donde reflejaba la ineficacia, incompetencia y corrupción de la oficialidad española en la zona oriental, y proponía el procesamiento de treinta y siete militares. En la investigación, Riquelme denunció ante el general Picasso que las tropas maltrataban a la población indígena, faltaban el respeto a las costumbres locales e incluso cometían violaciones y saqueos. Para el general Picasso, las causas del desastre fueron el excesivo estiramiento de las líneas, dejando cabilas enemigas y armadas en retaguardia, basándose en un sistema de blocaos dispersos, poco organizado, posiciones mal abastecidas y guarnecidas, sin escalones de apoyo; y desguarnecimiento de la plaza y de la retaguardia, que impidieron una retirada organizada. En resumen, hubo poca vigilancia antes y mucho miedo 626 después . Las responsabilidades finales estaban demasiado diluidas entre los mandos 624 De la Cierva Peñafiel, J., Notas de mi vida, p. 254-255. 625 Casas de la Vega, R., Seis generales de la Guerra Civil, Fénix, Madridejos, 1998, p. 229. 626 El Expediente Picasso. Las sombras de Annual, Almena, Madrid, 2003, p. 279-282. 386 importantes y subordinados, entre los que organizaron mal la operación y los que 627 huyeron . Uno de los principales fallos fue la excesiva dependencia de los mandos intermedio e inferiores del Alto Mando para tomar decisiones por sí mismos: se había perdido la costumbre de resolver situaciones, no se actuaba más que en función de órdenes recibidas, y de esta forma pocos oficiales tuvieron iniciativas en medio del 628 pánico . En consecuencia con el Expediente, se constituyeron consejos de guerra para juzgar a los oficiales sospechosos de actuación indebida durante la retirada de Annual. Se nombraron cinco jueces militares para actuar en los procedimientos, que tuvieron muchas dificultades en la investigación. Los oficiales protegieron al teniente coronel Riquelme y no hubo forma de enjuiciarle. En noviembre de 1922 el rey emitió un decreto que establecía que un oficial sólo podía abandonar su puesto para declarar ante un juez en circunstancias especiales establecidas por el alto mando. Los instructores trabajaron en oficinas sin luz eléctrica, sin recibir documentación, ni testimonios. Uno de los cinco jueces, el coronel Domingo Batet, se quejó de que no debía estar allí, de que solo podía evaluar casos investigados de oficiales procedentes de órganos legales del Ejército. Solicitó el traslado, sin conseguirlo. Las pesquisas debían quedar limitadas a los diez días centrales del Desastre. Batet escribió que le “torturaba” castigar a 629 oficiales subalternos por órdenes emitidas por superiores que se libraban del castigo . De los quince casos que se le presentaron, Batet sólo llevó a juicio a seis. Uno de ellos fue el alférez Juan Cisneros Carranza, destinado en Annual el 20 de julio. Quedó al mando de su destacamento, y con él consiguió llegar a Monte Arruit agotado; fue enviado a reponerse a Melilla con sus hombres, pero apenas llegado allí, de nuevo fue llamado a luchar, siendo herido dos veces. Aún así, fue acusado de deserción. Según Batet, su envío a Melilla se debió a la confusión reinante en Monte Arruit, un 630 “batiburrillo de cuerpos y unidades” . Otro caso fue el del coronel de infantería Francisco Jiménez Arroyo, jefe del Zoco el Telatza. Jiménez Arroyo se encontraba en Melilla en el momento del Desastre, no en su puesto. Recibió órdenes de dirigirse a Batel para esperar allí al general Navarro, pero en vez de eso, se quedó en Monte Arruit, desguarneciéndola de 627 Martínez de Campos, C., España bélica. El siglo XX. Marruecos, Aguilar, Madrid, 1972, p. 252. 628 El Expediente Picasso. Las sombras de Annual, Almena, Madrid, 2003, p 297. 629 Balfour, S.: Abrazo mortal, p. 158. 630 Balfour, S.: Abrazo mortal, p. 159. 387 cuatrocientos hombres que retiró hacia Melilla ante el escaso número de armas. Entonces, afirmó que sufrió un infarto leve, por lo que fue trasladado en coche a Melilla. Sin embargo, los testigos adujeron que gozaba de buena salud en ese momento. En su descargo presentó un historial de infartos, pero fue condenado a seis años de arresto y expulsión del Ejército. Jiménez Arroyo era presidente de la Junta de Infantería, por lo que Balfour afirma que no tenía la protección de los africanistas, pero Madariaga, 631 con el Expediente Picasso, demuestra que su posición es insostenible . En junio de 1922, el rey pronunció su discurso ante la guarnición de Barcelona, reclamando a los militares fidelidad y unidad, abriendo el proceso que llevaría en noviembre de ese año a la disolución de las Juntas por Sánchez Guerra. En ese verano de 1922, el Consejo Superior del Ejército de Tierra y Marina abrió su propia investigación y exigió el procesamiento de treinta y nueve oficiales más, aparte de los denunciados por Picasso, e incluyendo al propio Berenguer, apelando al Senado para que el general perdiera la protección otorgada por los reales decretos. Su presidente, el general Aguilera, recibió el 17 de julio de 1922 una carta firmada por veintiséis intelectuales que demandaban la investigación. Aguilera contestó agradeciendo la 632 confianza . Los consejos de guerra en Melilla impusieron penas importantes a los encausados. Estos procesos podían ser revisados por el Consejo Supremo de Guerra y Marina, presidido por el general Aguilera, que a menudo agravaba las condenas al 633 añadir nuevos cargos . Pero el Consejo Supremo quiso llegar a donde no había llegado Picasso, a los altos cargos del Protectorado, declarando procesado al general Navarro y solicitando al Senado el suplicatorio para procesar a Berenguer. Estas decisión planteó un conflicto, pues el cargo de Alto Comisario era tanto militar como político, y este último aspecto quedaba fuera de las atribuciones del Consejo. No faltaron quienes achacaron esta decisión a la animadversión de Aguilera hacia Berenguer. Éste pidió al Senado que se otorgara el suplicatorio, y la Alta Cámara así lo hizo; pero las pasiones desatadas por estos temas provocaron el enfrentamiento entre Aguilera y Sánchez Guerra, que destruyeron el liderazgo del primero para establecer una dictadura militar. Berenguer presentó su documentación, y afirmó que no apoyó la ofensiva de Fernández 631 Madariaga., Mª.R.: En el barranco del Lobo, p. 158. 632 Alía Miranda, F., Duelo de sables, p. 121. El autor destaca que Aguilera se convirtió así en un general con fama de izquierdista. 633 Benzo, E., Al servicio del Ejército. Tres ensayos sobre el problema militar de España, Javier Morata, Madrid, 1931, p. 114-115. 388 Silvestre. El Senado aprobó el suplicatorio para que Berenguer fuera juzgado, pero dieciséis días después el general Primo de Rivera dio el golpe de Estado y se cerraron los intentos de aclarar las responsabilidades del desastre. Por otro lado, el Expediente Picasso aludía a personajes civiles, ministros del Gobierno en el momento de la derrota, en concreto el Vizconde de Eza, el marqués de Lema y Juan de la Cierva y Peñafiel. Republicanos, socialistas y albistas reclamaron que el Congreso analizara el Expediente Picasso y creara una comisión de investigación. El presidente del Gobierno desde marzo de 1922, Sánchez Guerra, decidió que también se debían dilucidar las responsabilidades políticas, lo que llevó a que en 1922 y 1923 se 634 abrieran comisiones parlamentarias sobre el desastre . Una vez el Consejo Supremo de Guerra y Marina emitió el listado de militares que debían ser procesados, el Congreso se vio llamado a formar una Comisión, llamada “de los veintiuno”, siete diputados ministeriales y catorce de las minorías, para esclarecer las responsabilidades a la luz del Expediente, el día 11 de julio de 1923. Los debates fueron largos y apasionados en esta Comisión de las Cortes, presidida por Alcalá Zamora, sin que se llegara a nada, hasta que al llegar el verano se suspendieron las sesiones por las vacaciones parlamentarias hasta el otoño. Al reanudarse las sesiones, la situación del debate se habnía agravado, pues el Expediente se había hecho público, el Consejo Supremo había emitido sus sentencias, se había iniciado el procesamiento de Berenguer, y el fiscal del Consejo Supremo señalaba la responsabilidad de los Gobiernos en el desastre de Annual. Se organizaron maifestaciones, convocadas por el Ateneo de Madrid, y los liberales se unieron a la exigencia de responsabilidades. La expectación en torno a los debates del Congreso era máxima. Esta polémica se agudizó al producirse una derrota militar griega ante los turcos, que llevó a la caída del Gobierno de Atenas y a ejecuciones de militares helenos. Prieto acusó al rey, y Maura exigió hacer efectiva la responsabilidad de los ministros. En el Gobierno de Sánchez Guerra, dos de los ministros, Ordóñez y Fernández Prida estaban entre los acusados, así como el presidente del Congreso, Bugallal. Ante las presiones, decidieron dimitir. Se realizó un debate para dar una moción de confianza a Bugallal, que derivó en una bronca. Sánchez Guerra decidió presentar la dimisión. Aquí muchos militares encontraron diferencias, pues mientras los soldados eran severamente castigados, y perdían su grado o eran expulsados de la carrera de las armas, 634 Martorell Linares, M., José Sánchez Guerra, p. 310-312. 389 los civiles recibían penas muy inferiores, y podían seguir en sus puestos de responsabilidad; a ello se añadía que el Ejército continuaba batiéndose duramente en África, restableciendo el prestigio de España y recuperando territorio. Consideraban que no era justo “que fueran únicos responsables de un desastre que no fue militar, sino nacional, unos cuantos jefes y oficiales y un general que ciertamente era responsable de graves errores, pero no en mayor cuantía que los imputables a los hombres civiles 635 que regían los destinos de España” . Para muchos militares, las responsabilidades debían ser asumidas por todos, políticos y militares, por igual. Diez meses después de instaurada la Dictadura de Primo de Rivera, el Consejo Supremo de Guerra y Marina falló en la causa contra los generales Navarro y Berenguer: el primero fue absuelto, y el segundo condenado por negligencia y separado del servicio. Entonces, el Directorio militar publicó una amplia amnistía, recordando en el texto que durante tres años tanto el Ejército como la Marina estaban luchando por recuperar el prestigio perdido, y que era el momento de pasar página sobre tan luctuosos hechos El escándalo del desastre minó la figura del rey, a quien se veían como impulsor de la ocupación de Marruecos y alentador de la audacia de Fernández Silvestre. Nunca 636 se pudo probar nada, pero era un rumor insistente . Todo tenía su origen en el apoyo prestado por el monarca a los oficiales de África, y a la protección que siempre brindó al general Berenguer. En todo caso, estuviera o no detrás de Fernández Silvestre la figura del rey, la incompetencia de militares y políticos fue la auténtica causa del Desastre, y no unas palabras de aliento o de entusiasmo. Alfonso XIII iba a servir de escudo para muchos, para no verse acusados por su mal hacer en sus momentos de 635 Benzo, E., Al servicio del Ejército. Tres ensayos sobre el problema militar de España, Javier Morata, Madrid, 1931, p. 116. 636 “Recogiendo el dictamen cierta especie, hace a Don Alfonso de Borbón responsable único de los desastres de Marruecos, achacándole inteligencias con unos u otros generales, que yo no voy a nombrar ahora, en virtud de aquellas ansias imperialistas que, según el dictamen, le movían y por eso se deduce la acusación que fue el Rey quien trajo el desastre. Con tal argumento se almacena las responsabilidad toda sobre el acusado; los que eran Gobierno entonces no tenían responsabilidad alguna; sola, total y absolutamente se hace recaer sobre el ex Rey. ¿Qué podía hacer? ¿Es que el expediente Picasso, tan discutido, tan examinado, hay rastro, hay pruebas fehacientes, ni tan siquiera pruebas indiciarias de esa acción directa de Don Alfonso con los jefes? ¿Es que hay en ello siquiera trasunto? No lo hay, y por eso no ha podido encontrarse; no hay más que supuestos; no se pasa del supuesto, y la Comisión no había podido recoger de los testimonios de los generales a quienes ha citado, nada que se relacione con esto ni que pueda servir de cargo a Don Alfonso”, Romanones, C. de, “Discurso del señor Conde de Romanones en las Cortes Constituyentes, con motivo de la acusación al que fue Rey de España, Don Alfonso de Borbón. Sesión del 19 de noviembre de 1931”, e, …Y sucedió así, p. 101-102. 390 637 responsabilidad . En torno a Annual se desarrolló una auténtica campaña de propaganda contra la monarquía, y el propio Expediente Picasso fue impreso, como 638 afirma Seco Serrano, como un instrumento más de la propaganda . Años después, Romanones afirmó que esta búsqueda de responsabilidades fue perniciosa e inútil, porque fue utilizada como arma política para desgastar a los Gobiernos, primero el de Maura, y después el de su sucesor, Sánchez Guerra: “Seguíamos todos ciegos. Sánchez Guerra empeñado en llevar el Expediente Picasso al Congreso y que el Congreso se constituyera en acusador y en juez de los responsables, olvidando que en el Gobierno suyo figuraban Ministros que lo fueron con Allende 639 Salazar y, por tanto, acusados por la opinión de posibles cómplices del desastre” . Según Romanones, se pactó así la caída del Gobierno de Sánchez Guerra para ser sustituido por García Prieto, mientras Alfonso XIII se convenció de que era temerario llevar el Expediente Picasso al Congreso. La Cierva critica esta decisión de Sánchez Guerra: “Sánchez Guerra ofreció enviar al Congreso el Expediente Picasso y así lo hizo. Fuer pólvora sobre una hoguera. La crítica hecha por Picasso era implacable al describir y explicar cómo se produjo y desarrolló lo de Annual. Ya tenían las izquierdas 640 revolucionarias una bandera y un tema: ¡las responsabilidades por lo de Annual” . Actualmente, se admite que la causa más inmediata del desastre fue la incompetencia militar. El mando español subestimó al enemigo. Fernández Silvestre desconocía los planes y preparativos de Abd el Krim, el incremento de su autoridad 637 El tema de las responsabilidades fue un asunto espinoso, que los gobiernos se pasaron unos a otros. El conde de Romanones lo resumió asi: “…a razón del desastre se constituyó un Gobierno de carácter nacional, presidido por don Antonio Maura, cuya principal finalidad era averiguar y discutir las responsabilidades por lo ocurrido en Marruecos; que tras ese Gobierno vino el del señor Sánchez Guerra, recogió el expediente Picasso, y seguramente lo recogería para traerlo a las Cortes, habiendo dicho personalmente a Don Alfonso que ese era su programa de gobierno o una de sus finalidades; que el ex Rey no puso dificultad ninguna (rumores); que el expediente vino aquí; que al señor Sánchez Guerra sucedió en el Gobierno mi ilustre amigo el Marqués de Alhucemas [García Prieto]; que el señor Marqués de Alhucemas siguió el camino indicado por el señor Sánchez Guerra y nombró una Comisión que iba a entender en el expediente Picasso. ¡Ah! Se me dirá: es que precisamente cuando llegó el momento de discutir el expediente Picasso, surgió el golpe de Estado al grito dado por el general Primo de Rivera en Barcelona, y con él la Dictadura”. Romanones, C. de, “Discurso del señor Conde de Romanones en las Cortes Constituyentes, con motivo de la acusación al que fue Rey de España, Don Alfonso de Borbón. Sesión del 19 de noviembre de 1931”, e, …Y sucedió así, p. 103-104. 638 Seco Serrano, C., Alfonso XIII y la crisis de la Restauración, p. 142-143. 639 Romanones, C. de, Notas de una vida (1912-1931), Espasa Calpe, Madrid, 1947, p. 197. 640 De la Cierva Peñafiel, J., Notas de mi vida, p. 278. La Cierva destaca que él fue el principal atacado en el Congreso, pese a no tener nada que ver, y que tanto Fernando de los Ríos, Besteiro y Villanueva plantearon su procesamiento, mientras que el vizconde de Eza no fue molestado porque había presidido el Instituto de Reformas Sociales y los socialistas le debían gratitud. 391 entre los rifeños, los sentimientos desatados en éstos ante la victoria de Abarrán o en Igueriben, que les llevó a una reestructuración militar. Berenguer se equivocó al desarrollar una guerra en dos frentes con un ejército tan pequeño, y Fernández Silvestre al realizar una penetración en un área demasiado amplia. Muchas posiciones se establecieron no por criterios militares o logísticos sino políticos, por presiones de las tribus proespañolas para su protección. El avance en el Rif no tuvo en cuenta dejar tropas de reserva o asegurar la retaguardia. De hecho, Fernández Silvestre no tenía planes para una retirada. El Ejército estaba afectado por la indolencia, pues la Reforma de 1917, impulsada por las Juntas, estableció un sistema de ascensos basado en la antigüedad y el escalafón, y abolió los bonos de campaña. El servicio en Marruecos dejó de ser atractivo y estimuló la ociosidad de muchos oficiales con escasa vocación de servicio. Los interrogatorios después del Desastre muestran que los oficiales estaban en retaguardia y no donde debía estar, en el frente, lo que provocaba falta de continuidad en el mando y minaba la confianza de los soldados en sus oficiales, lo que explica el derrumbe de la disciplina. A ello habría que añadir la división creada en el Ejército por las disputas de los ascensos, ejemplificada en las tensiones de las Juntas. El mando español había confiado en exceso en los pactos con las cabilas indígenas. Los soldados españoles no estaban preparados ni entrenados para una guerra. De eso se encargaban las tropas indígenas, como era usual en los Ejércitos coloniales. Pero en el caso español, al contrario que en los ejércitos británico o francés, las tropas indígenas eran de la misma zona en la que servían, por lo que se identificaban con los problemas, ideas y creencias locales. Por eso, en la crisis, parte de las tropas indígenas apoyaron a los rifeños y no a los españoles. Los militares quedaron avergonzados tras el Desastre, en ellos prendió el deseo de venganza y revancha. El Ejército, humillado y resentido, se dividió aún más. En cambio, las clases medias reaccionaron apoyando al Ejército, disminuyeron las deserciones y se recaudaron fondos para armas nuevas. Tras el desastre, comenzaron a publicarse una serie de libros y estudios que intentaban dilucidar las causas del desastre. Estos autores bucearon sobre todo en causas morales: la abundancia de juergas y fiestas, el uso desmesurado de alcohol, el juego, la 392 641 prostitución, el maltrato a los indígenas, la corrupción en la administración militar… ; 642 y las leyendas, como la bofetada de Fernández Silvestre a Abd el-Krim . Mas Chao critica duramente el proceso de investigación. Se consideró que las responsabilidades del mando debían acarrear consecuencias penales, lo que es muy discutible desde el punto de vista del Derecho, idea que también suscribió Alcalá 643 Zamora . El proceso se basó en entrevistas, siempre subjetivas, en borradores de informes oficiales, en mandos intermedios que no podían conocer los hechos o que intentaban descargar su propia responsabilidad. El proceso sirvió en realidad no para dilucidar los hechos, que fueron en sí mismos bastante sencillos, sino para atacar a la Corona y al Ejército como instituciones, y al Gobierno de turno, mezclando hechos 644 verídicos con falsas acusaciones, rumores y medias verdades . 2.2.2.- La reacción española. De una forma muy clara, Seco Serrano establece que en África, hasta 1921, no hubo guerra. Hasta ese momento, lo que había habido era una serie de campañas limitadas en tiempo, espacio y medios, de escaso alcance, aunque costosas. Durante doce años, España se había limitado a ampliar el hinterland de Melilla y a ocupar algunas ciudades del sector occidental. El motivo, era la resistencia de los gobernantes a establecer una política de ocupación, contraria al espíritu del Protectorado, pero la única viable habida cuenta la debilidad del gobierno indígena y la irreductibilidad de los 645 indígenas, celosos de la independencia de sus tribus frente a cualquier poder . Los militares africanistas españoles se aprecibieron muy pronto de que la única solución para pacificar el territorio era la ocupación efectiva y el desarme, y para ello era necesario lanzar una campaña profunda, domeñando a las cabilas montañesas y estableciendo una comunicación directa terrestre entre Ceuta, Tetuán, Larache y 641 Guixé, J., El Rif en sombras, Madrid, 1922; Ruiz Albéniz, V., Ecce Homo. Las responsabilidades del desastre; Azpeitua, A., La mala semilla, Madrid, 1921; Gómez Hidalgo, La tragedia prevista, Madrid, 1921, especialmente crítico con Berenguer; Leguineche, M., Annual 1921. El desastre de España en el Rif, Alfaguara, 1996, p. 125. Respecto al juego, en esos años era una afición muy común en toda España: Hidalgo de Cisneros, I., Cambio de rumbo, t. 1, p. 113-114. 642 Prous i Vila, J.Mª, Cuatro gotas de sangre, Seix Barral, Barcelona, 2011 (1936), p. 245-247. 643 Alcalá-Zamora, N., Memorias, Planeta, Barcelona, 1977, p. 68: “Pero me detuve en la censura enérgica y resuelta del yerro político. Por eso no me presté ni por un momento a aquella arbitraria solución de acusar criminalmente a hombres cuya rectitud e inocencia eran para mí evidentes y a cuya conducta era imposible aplicar ninguna figura penal de delito. El ingenio muy hábil de Rodés inventó, con el auxilio de precedentes franceses, que a los ministros se les puede acusar e incluso condenar, aun sin figura delictiva aplicable; y el enorme ascendiente de Cambó arrastró en esa tendencia peligrosa e ilegal a Maura mismo” 644 Mas Chao, A., La formación de la conciencia africanista en el Ejército español, p. 48-49. 645 Seco Serrano, C., Alfonso XIII y la crisis de la Restauración, Ariel, Barcelona, 1969, p. 136-137. 393 Melilla. Pero los Gobiernos, tanto de un signo como de otro, no querían correr riesgos, y por ello mantenían la postura de avances muy cortos, buscando la paz y el tratado con los cabileños, sobornándoles y permitiéndoles mantener sus armas. A ello se añadía la inestabilidad de los ministerios, y la falta de una política de Estado con relación al Protectorado, lo que llevaba a cambios y a virajes a veces incomprensibles para los militares. En esta confusión, Alfonso XIII intentaba poner orden, animando a los jefes 646 militares en África a mantener su labor . Annual demostró el absoluto fracaso de esa política. Las cabilas de retaguardia, que se creían seguras y fieles, se habían sublevado ante la perspectiva del botín. Fernández Silvestre y sus comandantes se habían visto engañados por las promesas de fidelidad de los caídes del Rif, y habían pagado muy cara la confianza depositada en aquellas largas sesiones de chau-chau, y en la sangre de los animales sacrificados para sellar los pactos. En la victoria de Abd el-Krim hubo una conjunción de factores favorables al líder rifeño. El factor fundamental, es que Fernández Silvestre no contaba con tropas aguerridas, sino con reclutas bisoños y con poca instrucción. Pero el Ejército disponía de esas tropas profesionales, en ese momento empeñadas en la derrota de la que parecía a principios de ese verano de 1921 la mayor amenaza, El Raisuni. El Desastre despertó un espíritu de revancha: se quería vengar a los compañeros 647 muertos . El odio se despertó al ver los cadáveres abandonados y mutilados:“Obrar contra los rifeños como ellos obraron contra nosotros, no sería bastante: haría falta arruinar el territorio, exterminar la raza… Y aún permanecería como una eterna acusación contra ellos el recuerdo de estas infamias y de estos crímenes que han herido 648 de muerte a nuestra España amantísima” . Se deseaba rescatar a los prisioneros. El Ejército de África se cohesionó. Los periodistas apoyaron a los soldados, pero sin abandonar el espíritu crítico, y denunciaron las calamidades de la vida del combatiente o 649 las torpezas de los oficiales . 646 Seco Serrano, C., Alfonso XIII y la crisis de la Restauración, p. 139; Carr, R., España 1808-1939, Ariel, Barcelona, p. 454. 647 Cordón, A., Trayectoria. Recuerdos de un artillero, 1971, p. 74. 648 Cabanillas, A.. La epopeya del soldado, p. 276. 649 Cabanillas, A.. La epopeya del soldado, p. 105-113, describe cómo un oficial demasiado vehemente mete a sus hombres en una trampa. Un automóvil blindado que iba a abastecer la posición de Casabona cayó en una zanja disimulada con ramajes excavada en el camino, a unos 800 metros de la posición del Zoco-el-Had. Se ordenó salir a tres compañías de Infantería del Regimiento de Extremadura, con tanta rapidez que muchos hombres lo hicieron sin armas, así como a un auto-aljibe para remolcar el automóvil. El conductor del auto-aljibe manifestó que el vehículo carecía de potencia, pero se le obligó a salir. Para 394 La derrota también implicó un sentimiento e necesidad de reformas y mejoras: se buscaron nuevas armas, como los gases y las bombas incendiarias. Se imponía una guerra de desgaste, de destrucción de objetivos tanto civiles como militares. Había que cambiar la ideología estratégica utilizada hasta ese momento: dividir las fuerzas, realizar avances estableciendo blocaos aislados y precariamente comunicados, hacer incursiones temporales… se había revelado inútil. Se planteó el uso de unidades móviles interconectadas que debían vivir sobre el terreno con los recursos del enemigo, atacando a éste por los flancos y envolviéndolo. Se comprendió la necesidad de usar más a la Legión y a los Regulares como fuerzas de choque. En definitiva, se adoptó la doctrina del general francés Gallieni: “siempre movimiento adelante con la sanción de la ocupación definitiva del territorio y desarme de las cabilas; nada de posiciones estáticas, sino Columnas móviles empujando siempre al enemigo; plena cooperación y apoyo entre todas las Armas y Cuerpos con Unidades instruidas dotadas de buen 650 material” . La población española reaccionó al Desastre con una oleada de patriotismo, pero también se incrementó la postura del abandonismo de Marruecos: “Se puso de moda que cada provincia regalase por suscripción un avión; la entrega se hacía con gran ceremonia. El aparato, que llevaba en el fuselaje el nombre de la ciudad que lo regalaba, era bautizado con solemnidad por el obispo, para que con la ayuda de Dios sus bombas hiciesen el mayor número de bajas entre los moros y sus familiares. Las autoridades civiles, que también asistían al acto, exaltaban nuestro heroísmo y nos incitaban, en discursos muy patrióticos, a que vengásemos lo más duramente posible ‘las afrentas hechas a 651 España’” . Otro testimonio nos lo da La Cierva, ministro de la Guerra: “…el admirable patriotismo que en todo el país se manifestó, y del que era reflejo en entusiasmo de las tropas que marchaban a África , con el aliento de todas las clases sociales, sin que se vieran al salir los trenes escenas de 652 lágrimas, que todos reprimían” . entonces, los rebeldes, parapetados y ocultos en los viñedos que flanqueaban el camino, dispararon sobre los soldados. Al llegar el auto-aljibe, un grupo de rifeños saltó sobre él, degollando a un conductor y apresando a otro. Fue preciso enviar dos secciones del Regimiento de Sevilla, se llegó al cuerpo a cuerpo, se lanzaron al campo otros cien hombres del Regimiento de Segovia, que finalmente consiguieron hacer huir al enemigo. En total, hubo 115 bajas españolas “por el desacierto de alguien, por falta de tacto o de perspicacia para prevenir las atrocidades de que son capaces los moros”. 650 Gallieni, General, Dittle, Coronel, La Guerre dans les Colonnes, Paris, 1926, p.57, en Mas Chao, A., La formación de la conciencia africanista, p. 50 651 Hidalgo de Cisneros, I.., Cambio de rumbo, t.1, p. 121, se aprecia la ironía del autor, de ideología comunista. 652 De la Cierva Peñafiel, J., Notas de mi vida, p. 246. 395 Las tropas españolas no estaban preparadas para la contraofensiva. Sólo se disponía como fuerza de choque preparada a la Legión y a los Regulares de la zona occidental, pues los de la oriental habían desertado o se desconfiaba de ellos. Las cabilas también se unido a la rebelión excepto la de Beni Sicar, de Abdel Kader, al norte de Melilla, que con su postura salvaguardó la ciudad. Berenguer reconoció a Eza que no podía hacer nada de forma inmediata. Se enviaron tropas a Melilla hasta agotar las tiendas y los colchones disponibles en los almacenes militares. Tras la euforia inicial por la victoria, los hombres de Abd el Krim se disolvieron: unos habían conseguido botín, otros regresaron para recoger sus cosechas. Abd el Krim no pudo tomar Melilla por falta de hombres, y hubo de contentarse con rodear la ciudad hostigando los puestos avanzados de vigilancia y cañonearla con las piezas capturadas a los españoles desde el Gurugú. El 5 de septiembre varios proyectiles cayeron en el casco urbano. La Cierva, ministro de la Guerra, aceleró el embarque de tropas. La zona occidental se mantruvo, gracias a las disposiciones de Berenguer y de Barrera, éste en la zona de Larache. El Estado Mayor Central organizó la instrucción de todas las fuerzas de la Península. Se dispuso vestuario, mantas y tiendas de campaña. La Cierva visitó Melilla, sin honores, entrevistándose con Berenguer, Sanjurjo y Cavalcanti, éste nombrado comandante general de Melilla, visitando el Zoco el Had, zona “paqueada” por los francotiradores rifeños, y hablando con el fiel Abd el-Kader; se apercibió del 653 mal estado de los hospitales, con lo que dispuso su mejora y abastecimiento . Se adquirió en Europa material de Ingenieros y cañones Schneider de montaña de tiro rápido, de campaña tipo medio y de 15 cm; se compraron para el Ejército caballos y mulos. Se dispuso que, de los regimientos que debían pasar a Marruecos, lo hiciera en realidad un Batallón al mando de un teniente coronel, mientras en resto del regimiento y el coronel quedaban en la Península a cargo del entrenamiento y preparación de los soldados. En Melilla se concentraron veinticinco batallones de infantería, cinco regimientos de caballería, nueve baterías de montaña, doce baterías ligeras y tres 653 Se adquierieron remesas sobrantes de material hospitalario alemán de la Gran Guerra, y mucha quinina para combatir el paludismo. La Cierva refiere una anécdota sobre la excesiva burocracia militar: al visitar uno de los hospitales, se apercibió que los enfermos carecían de orinales, cuando él era conocedor que existía una importante remesa de los mismos en los almacenes militares, preguntó qué pasaba. Se le contestó que los orinales no se habían entregado porque al encargado de Intendencia del hospital no se le habían entregado los vales para retirarlos, problema que el ministro resolvió con celeridad: De la Cierva Peñafiel, J., Notas de mi vida, p. 248. 396 pesadas, compañías de zapadores, fuerzas de telégrafos, ferrocarriles, transportes, ambulancias e intendencia: un total de 47.000 hombres a las órdenes de Sanjurjo y Cavalcanti, de los que 22.000 serían destinados a la campaña de reconquista, 3.500 que actuarían como reserva, y el resto para proteger Melilla y sus alrededores. Como fuerzas de choque actuarían la Legión y los Regulares, procedentes de la parte occidental. Se construyó un puente de barcas en el canal de la Restinga para facilitar el avance hacia Nador, a cargo del Rergimiento de Pontoneros del coronel Mayendía, y se organizaron bombaerdeos aéreos de las posiciones y concentraciones rebeldes. El 25 de julio, la 1ª Bandera de la Legión tomó Taguel Manin. El 12 de septiembre, desde la Restinga, el general Cabanellas tomó Rasquiviana y el Zoco el- Arbáa de Arkeman, ambos de la cabila de Quebdana, con muy poca resistencia. Ese mismo día, el teniente coronel Mola Vidal recibió el mando del Grupo de Regulares de Ceuta nº 3. El 17 de septiembre de inició la contraofensiva, bombardeando las posiciones rifeñas con artillería tanto terrestre como naval, y aviación. Se decidió abandonar el sistema de blocaos. Ahora el terreno por el que se avanzaba era bien conocido, y el enemigo ya no sería subestimado. Se concentró la potencia de fuego en tres columnas, con una central y dos cubriendo los flancos. Una cuarta columna fue embarcada para recuperar la Restinga, y atacar a los rifeños por detrás. Se controlaron las faldas del Gurugú y la Mar Chica. El avance fue decidido y firme, desde Melilla hacia Nador, y desde la Restinga hacia Zeluán. El 17 de septiembre se recuperaba Nador, en una operación dirigida por el general Berenguer, a 15 km de Melilla. Nador estaba defendida por unos 9.000 rifeños, pero era una población perfectamente visible desde Sido Ahmed el Hach y la Mar Chica. Con apoyo de la artillería, catorce baterías con sesenta piezas, y de la aviación, avanzó la vanguardia al mando del general Sanjurjo: dos Banderas de la Legión, dos Tabores de los Regulares de Ceuta, cuatro Batallones de Infantería, un Regimiento y dos Escuadrones de Caballería, seis baterías artilleras, cincio unidades de Zapadores, Transmisiones y Servicios, en total 8.500 hombres. Atrás quedaba el Grueso, al mando del general Federico Berenguer, con 7.500 hombres, y la Reserva, con el general Tuero y 3.000 soldados. Se asaltaron y desalojaron las trincheras de los rebeldes, siendo herido, entre otros, el teniente coronel Millán Astray. Los legionarios tomaron Monte Arbós, y los Regulares las Tetas de Nador, convergiendo todos sobre la población. Se descubrieron entonces los primeros restos de las torturas infligidas por los rebeldes a los prisioneros, y de las que se tenía noticia por 397 relatos. Seguidamente se avanzó sobre Tahuima el día 23, donde la resistencia fue escasa ante el ímpetu de los legionarios y los Regulares, dirigida la extrema vanguardia por el coronel Castro Girona. El testimonio del periodista Eduardo Ortega y Gasset sobre la recuperación de Nador es muy importante, porque, frente a las críticas a la colonización que intentan explicar el salvajismo de los rifeños, acredita la crueldad gratuita de los marroquíes para 654 con los colonos españoles : “Los moros de Nador, y en general los de toda la zona sumisa, recibían continuos favores de los españoles y del Gobierno. En los dos últimos años, una gran escasez de las cosechas les hubiera hecho perecer de hambre, sin los socorros con que fueron atendidos. “Los agricultores [españoles] que aquí se habían establecido les hicieron anticipos de dinero y semillas para labrar. No obstante, cuando vino la desgracia, han sido de una impiedad, de una saña que deja perplejo todo cerebro europeo. “Han matado con crueldad, con torturas infamantes y los cuerpos mutilados, con las trágicas muecas de la putrefacción avanzada, han permanecido insepultos hasta que piadosamente sus hermanos les han dado ayer tierra. Dura y brutal psicología la de estos montañeses, que saben aparentar sonrisas afables y súplicas de mendicante en los momentos de necesidad, y ocultan un odio de fieras”. En estas circunstancias se dio el combate del convoy a Tizza, el 27 de septiembre, en el que la columna se vio cortada, y la tropa, al mando del general Tuero, sufrió más de cien bajas. Los hechos sucedieron de la siguiente manera. Los días 16, 20 y 26 de septiembre de 1921 se intentó llevar a la posición de Tizza agua, víveres y municiones, impidiéndolo el enemigo. En esas acciones el general Tuero, responsable de las operaciones, se condujo torpemente, llegando el día 26 a dejar totalmente desprotegido al convoy, lo que hizo que el enemigo disparara a placer sobre las mulas, y se perdiera toda la carga, que después pudo ser saqueada por los rifeños. Tizza amenazaba con convertirse en un segundo Igueriben, así que el comandante en jefe ordenó el 27 que el 29 se formase un gran convoy con provisiones para quince días, y que se relevase a la guarnición. Se dispusieron dos columnas: una por el Gareb, a las órdenes del coronel Lacanal, transportaba los pertrechos, y otra por el Zoco-el-Had, en el flanco izquierdo, a las órdenes del coronel Eduardo Sirvent, protegía a la primera. Ambas estarían gobernadas por el general Tuero, que marcharía entre las dos. Tras una 654 Ortega y Gasset, E., Annual, p. 189, fechado en Melilla el 19 de septiembre de 1921. 398 reunión el 28 en la Comandancia general, con el general Cavalcanti, la columna de la derecha partió a las 8:00 de la mañana del día 29 de septiembre, con el general Tuero, desde Sidi Amaran, con una intensa preparación artillera, alcanzando a las 9:00 el Gareb y prosiguiendo hacia el norte. Los rifeños, que contaban con fusiles y una pieza de artillería, hostigaron el avance de la columna por el flanco derecho. Los soldados se tiraban a tierra constantemente, sin poder ver al enemigo que les disparaba a cubierto y camuflado. El fuego artillero, en su afán por despejar el camino a las columnas, caía demasiado cerca de las líneas españolas. A las 9:15 Tuero, instalado en el blocao Valero, desde el cual no podía seguir bien la operación, ordenó el asalto para abrirse paso: avanzaron los batallones de la Reina y de Borbón, reforzados después con los de Vergara y Valencia, pero no se consiguió avanzar. A las 11:00 el fuego enemigo comenzó a herir a las acémilas, mientras pese a los esfuerzos del batallón de Valencia no se consiguió romper el freno. La columna seguía avanzando, y los soldados se apelotonaban en un espacio muy estrecho, sufriendo el fuego enemigo sin poder ver a éste. El coronel Lacanal se deprimió y se mostró pasivo. La columna Sirvent no actuó. La actuación estuvo trufada de errores: salida precipitada, despliegue desacertado, desconocimiento del terreno, no enviar exploradores, falta de fijación de objetivos, mal empleo de las fuerzas… El general Berenguer, que examinaba la operación desde Zoco- el-Had, al ver que en las columnas cundía el desorden y el desconcierto, preguntaba qué hacían los coroneles. Se requirió a la artillería naval de los buques Alfonso XIII, Bonifaz y Cataluña, cerca de Tres Forcas, para acallar las piezas enemigas y despejar los barrancos de Tizza, pero el convoy apenas podía avanzar, cosido a balazos e incluso pedradas de los rifeños. No aparecían ambulancias ni camillas. Entonces, el comandante general de Melilla, José Cavalcanti, que seguía la operación desde Sidi Amarach, tras hablar con Berenguer, decidió intervenir. Encontró a Tuero encolerizado, a Lacanal que, revólver en mano, intentaba ser obedecido. Cavalcanti, a caballo, organizó el convoy, movilizó a la 2ª Compañía del 5º de Zapadores y marchó hacia Tizza. Consiguió abrir el camino, al despejar de enemigos los llanos de la derecha, y el convoy pasó, pero solo llegó poco más de la mitad de la carga, que quedaron en el camino, con cincuenta y un 655 mulos muertos. Las bajas fueron más de ochenta hombres . Los atacantes huyeron. Las Juntas intervinieron en el caso, como se verá, y Cavalcanti fue cesado. El episodio 655 ABC, 22 de febrero de 1924, pp 15-19; http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1924/02/22/019.html; Cabanillas, A., La epopeya del soldado, p. 181-193, afirma que las bajas subieron de seiscientas. 399 fue juzgado en consejo de guerra en 1924, y en él Cavalcanti, también procesado, fue absuelto, pero el resto de mandos superiores fueron severamente criticados por el fiscal. Una vez más, se planteaba el control del macizo del Gurugú, para poder proseguir hacia el Kert. La operación se planteó en dos fases: en una primera, se ocuparía Uad Lau, Segangan y Sebt. Después, Atlaten, y el poblado de los Chorfas, abriendo el camino hacia la meseta de Tazuda, la retaguardia del Gurugú. El 2 de octubre se dispuso la primera fase: Sanjurjo se dirigió con su Columna de la derecha hacia Uad Lau; Cabanellas, en el centro, hacia Segangan; y Federico Berenguer, en la izquierda, hacia Sebt. En la columna de Sanjurjo iban los Regulares de Ceuta a las órdenes del teniente coronel Mola, que tuvieron que vencer un contraataque enemigo, ganando ese día la Medalla Militar Colectiva, y legíonaros, mandados por el comandante Francisco Franco. Mola resultó herido en la rodilla, y tuvo que ser evacuado, regresando a la Península. El 5 de octubre, el general Sanjurjo avanzó hacia Atlaten, se ocupó seguidamente Tazuda, y el 10 de octubre se dominó el Gurugú. El 14 de octubre se 656 entró en Zeluán volviendo a la línea de 1909 . El 24 de octubre se recuperó Monte Arruit, donde se descubrieron 3.000 cadáveres esparcidos por los alrededores con evidentes muestras de salvajes torturas. Barea lo describió: cuerpos quemados y mutilados, sin cabeza, brazos, piernas, ojos, lengua o genitales: “…resultó evidente que muchos españoles habían sido matados después de haberse rendido, y que muchos habían sufrido torturas salvajes antes de morir. Algunos tenían los genitales cortados y metidos en la boca, o les habían arrancado los ojos, las orejas o la lengua. Algunos cuerpos tenían las manos atadas con sus propios intestinos, y a otros les habían metido por el ano palos con alambre de espino. Había cuerpos decapitados, o sin piernas, o sin brazos. Cubiertos de moscas, los aproximadamente 3.000 cuerpos de Monte Arruit estaban desperdigados por todas partes, dentro y fuera de la fortificación. Los chacales y los cuervos habían arrancado ya gran parte de su carne, y el sol y la 657 lluvia los había desfigurado hasta el punto de quedar irreconocibles” . La posición estaba rodeada de restos de cajas quemadas y rotas, ropas ensangrentadas, armas inútiles… Los cuerpos, en avanzado estado de descomposición, fueron apilados y quemados. 656 Prieto, I., Con el Rey o contra el Rey. Guerra de Marruecos. Crónicas, artículos y discursos sobre las campaña africana de 1921, “Crónica cablegráfica desde Melilla”, 15 de octubre de 1921, t. I, p. 121, Prieto describe la entrada en Zeluán y el descubrimiento de los cadáveres españoles; “El osario”, 21 de octubre de 1921, t. I, p. 133-136. 657 Balfous, S.: Abrazo mortal, p. 175. 400 El 17 de noviembre se ocupó Monte Uixán, controlando a la cabila de Beni Bu Ifrur. El 21 de noviembre, la contraofensiva alcanzó el río Kert, ocupando Ras Medua, y se reinició la explotación minera, que se iría recuperando hasta que en 1923 se alcanzaron prácticamente las 400.000 toneladas de hierro de 1920. La crecida del río en invierno impedía cruzar el Kert con seguridad, y de todas formas Maura decidió detener la ofensiva, pues el objetivo era asegurar Melilla. Además, en un discurso en el Congreso el 10 de noviembre de 1921, Maura aseguró que una vez pacificado el territorio y asegurada la autoridad del Majzen, las tropas españolas serían retiradas hacia la costa. Por otro lado, se negó a entregar a Abd el-Krim los cuatro millones de pesetas exigidos como rescate de los prisioneros, alegando que eso sólo le haría más fuerte. La Cierva era partidario de proseguir la campaña y destruir al enemigo, pero no consiguió convencer a sus compañeros de la idoneidad de su estrategia. El 5 de diciembre se tomó El Zaio, cerca del río Muluya. Maura decidió que las tropas españolas cruzaran el Kert hacia el Rif y ocuparan Dar Drius, a finales de 1921. 2.2.3.- Abd el-Krim establece el Estado del Rif. Por entonces, Abd el-Krim, que controlaba buena parte de la mitad oriental del Protectorado, pensó en constituir un Estado independiente del Rif, con capital en Axdir. A sus filas llegaban muchos voluntarios, armados con fusiles españoles, con lo que se inició la creación de un ejército regular del Rif, dando grados de oficial a los hombres más capacitados, y buscando instructores extranjeros. Durante la primavera de 1922, los combates fueron escasos. El 1 de febrero de 1922, Abd el-Krim proclamó el Emirato del Rif, con un ejército de 10.000 hombres, aunque con pocas armas y se dispuso a crear un embrión de estado. Abd el-Krim no se sentía intimidado por las columnas volantes de Burguete o las ocasionales ofensivas. Intentó formar una fuerza aérea del Rif con mercenarios extranjeros, que fracasó. También intentó comprar más armas y formar una milicia de 60.000 hombres. 2.2.4.- La reactivación de las Juntas de Defensa. La reactivación de las Juntas se dio porque se consideró que los militares en Marruecos no estaban cumpliendo su cometido, porque los africanistas habían fracasado y estaban desacreditados. En el primer Consejo de ministros presidido por Maura tras el desastre de Annual, tanto el propio Maura como Cambó, ministro de Hacienda, solicitaron a La Cierva, ministro de la Guerra, la disolución de las Juntas de Defensa. La Cierva afirmó que no era el momento, porque se iban a pedir a los militares grandes 401 sacrificios, y no era el momento de complicar la situación. En ese momento las Juntas radicaban en la Costanilla de los Ángeles. La Cierva sabía que no podía utilizarlas por la prevención que despertaban en el Gobierno. Pero tampoco quiso suprimirlas, porque las juzgaba inocentes de lo acontecido en Marruecos: “Si el desastre en África hubiera sobrevenido por nocivas intervenciones de las Juntas en la disciplina y organización de las fuerzas, yo habría podido invocarlo y llamar a todos a la vida militar, suprimiendo easos órganos que fueron creados para otros fines y en momentos muy diferentes a los actuales. Pero nada supe que me permitiera alegar esa causa, y tenía que esperar a que se presentara ocasión más propicia. Consulté a los Jefes del Ministerio, personas de lealtad y buen sentido; a los Capitanes generales; a Berenguer y a los Generales a sus órdenes, y todios sin excepción, exponiéndome razones bien fundadas, me aconsejaron que no lo hiciera. Todos eran opuestos a la existencia de las Juntas, pero todos temían que sobreviniera una perturbación tal vez grave, que dificultara nuestra acción en África, donde pronto se vio que 658 necesitábamos reunir un ejército considerable” . En ese momento, a raíz del desastre de Annual, volvió a resurgir el espíritu de las Juntas de Defensa, las cuales, críticas y con espíritu de revisión, llegarán a violentar la disciplina. Las Juntas se posicionaron contra Maura, utilizando contra él la exigencia de responsabilidades: “La acción latente y constante de las Juntas de Defensa seguía cada vez con mayor fuerza y constituía un obstáculo insuperable para la marcha de 659 aquel Gobierno, del mismo modo que lo había sido de los anteriores” . Para Romanones, las Juntas fueron determinantes en la caída de Maura, y su sustitución por Sánchez Guerra. El Desastre ahondó las diferencias entre africanistas y junteros. La división entre junteros y anti junteros dividía a los militares. Como ya se ha dicho, los junteros estaban ligados a las guarniciones de la Península y archipiélagos, y los africanistas se relacionaban con las campañas en el Protectorado; pero no era una división clara, tajante. Varela se opuso a las Juntas, en la línea de Luis Orgaz y José Millán Astray. Se acusaba a las Juntas de que su objetivo era promocionar a sus hombres. El teniente coronel González Carrasco redactó un escrito contra las Juntas, atacando la escala cerrada, que fue suscrito por muchos oficiales. En mayo de 1921, unas semanas antes del Desastre de Annual, se dieron de baja de las Comisiones o Juntas trescientos jefes y oficiales de Regulares y de la Legión, por la imposición de renunciar a los 658 De la Cierva Peñafiel, J., Notas de mi vida, p. 244. Añade que el capitán general de Madrid, general Primo de Rivera, que le acompañó en una visita junto al rey al hospital militar de Carabanchel, le dio importantes razones para no perturbar la vida militar con la supresión de las Juntas. 659 Romanones, C. de, Notas de una vida (1912-1931), Espasa Calpe, Madrid, 1947, p. 192. 402 ascensos a favor de la condecoración al Mérito Militar o Cruz Roja Sencilla. En Marruecos se dieron mandos importantes a los generales Burguete y Sanjurjo, claramente contrarios a las Juntas, como también lo era el general Miguel Cabanellas, quien junto con Sanjurjo se manifestó contra las mismas. Por otro lado, el objetivo general de las Juntas, eliminar los ascensos por méritos de guerra, se había conseguido en parte; por eso, en agosto de 1922, la Comisión Informativa del Arma de Artillería, antigua Junta, se autodisolvió. El ministro La Cierva no estaba dispuesto a tolerar ineficacias tras el Desastre, y cuando varios oficiales dieron muestras de ineptitud, los castigó. Así sucedió con los citados convoyes enviados a Tizza, el primero con muchas bajas, el segundo fracasando y el tercero arribando gracias al comandante general, Cavalcanti. La responsabilidad de lo sucedido se achacó al general Tuero, y a los coroneles Francisco Sirvent, del Regimiento San Marcial, y Ricardo La Canal, del Vergara, queb era además presidente electo de la Junta de Infantería . El ministro La Cierva, tras consultar con el rey, los cesó. Pero estos jefes estaban muy relacionados con las Juntas, por lo que éstas quisieron defenderlos. Las Juntas manifestaron que no se podía separar a un mando de su destino sin la celebración de un consejo de Guerra, y llegaron a advertir a La Cierva que debía levantar sus disposiciones; en caso de sostenerlas, pedirían su dimisión. Tres 660 jefes junteros quisieron visitar a Maura, pero éste evitó recibirlos . Las Juntas de Infantería y Caballería protestaron también por el nombramiento de Sanjurjo como gobernador militar de Melilla, y la benevolencia del Gobierno hacia Berenguer. Ambos generales eran contrarios a las Juntas, y éstas por su parte procuraban obstaculizar sus carreras todo lo posible. Tras el Desastre, los militares de África se revelaron fundamentales para aplastar la rebelión en Marruecos, recuperar el prestigio perdido, y con él, recuperar la credibilidad del sistema político. Los africanistas pasaron a primer plano, apoyados por el rey y el gobierno, y pasaron a la ofensiva contra las Juntas. A principios del año 1922, La Cierva recibió quejas de las Juntas, que afirmaban que no se les consultaba nada sobre la campaña de reconquista del territorio en el Protectorado, la organización de las fuerzas, no estaban de acuerdo con que los coroneles de los regimientos en Marruecos se quedaran en la Península, y estaban disgustadas con la separación del servicio del coronel La Canal, presidente de la Junta de Infantería, y de Tuero y de Sirvent, por el asunto del convoy de Tizza. Las Juntas 660 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 282, Heraldo de San Fernando, 23 de octubre de 1921. 403 llegaron a amenazar a La Cierva con echarle del Ministerio a través de una acción de fuerza. La Cierva averiguó que detrás de esta actitud provocadora estaban el coronel La Canal y el general Burguete, enemigo de Berenguer y gobernador militar de Madrid. El presidente interino de la Junta de Infantería, un teniente coronel, presentó una nota al general Feijoo, jefe de la Sección de esta Arma en el Ministerio, donde aseguraba que si La Cierva no dimitía, le echarían los militares. La Cierva, tras informar de esta balandronada al Consejo de Ministros y al monarca, reunió a dicho teniente coronel, al capitán general y al gobernador militar de Madrid, y al general Feijoo y a otros presidentes de Juntas, y les leyó la citada nota; seguidamente, La Cierva se encaró con el teniente coronel y “le dije que yo no vestía el uniforme militar, pero que allí esperaba a que cumplieran sus amenazas y, si podían, me tiraran por el balcón, porque por la puerta yo no había de salir vivo. Además, delante de ellos entregué al Capitán General, señor Orozco, la Real Orden mandando proceder contra la Junta y contra los que se hubieren solidarizado con ella”. Después se encaró con Burguete y le exigió lealtad, y éste se la aseguró. Las Juntas se retractaron, pero La Cierva llevó adelante su proyecto de convertir a las Juntas en órganos consultivos para temas militares, las 661 llamadas Comisiones Informativas . Según el testimonio de La Cierva, las Juntas anunciaron protestas, y el rey manifestó sus temores, por lo que la nueva normativa se publicó por Real Orden, para que Alfonso XIII no tuviera que firmarla y enemistarse con los junteros. Maura se negó a esta componenda, y amenazó al monarca con dimitir, 662 por lo que éste acabó cediendo y firmó el Decreto . Al frente de la Comisión Informativa se puso al general Nouvillas. En mayo de 1922, cuando iba a discutirse el proyecto de recompensas militares, el senador González Chavarri manifestó que antes debía de conocerse con pormenores las conclusiones del expediente sobre las responsabilidades de Annual llevado a cabo por el general Picasso. El general Luque recordó entonces el nefasto papel de las Juntas que habían obstaculizado la concesión de recompensas a oficiales tan capaces y valerosos como el teniente coronel González Tablas, al cual llegó a amenazársele con su expulsión del Ejército si aceptaba el ascenso. Estas afirmaciones dispararon los 663 rumores . 661 De la Cierva Peñafiel, J., Notas de mi vida, p. 268-269. 662 De la Cierva Peñafiel, J., Notas de mi vida, p. 270-271. 663 Heraldo de San Fernando, 26 de mayo de 1922, ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 273 404 En el archivo de Varela se conserva un memorándum sin fecha, título ni firma, de mecanografía apretada, en el que se analiza la evolución de las Juntas. Afirma que las Juntas se crearon en 1916 como entes para “trabajar por su mejora [del Arma] y progreso para mayor gloria y poderío de la Patria; para defender el derecho y la equidad en los intereses colectivos y los individuales de los miembros de ella; para fomentar el compañerismo, ayuda mutua y perfecta y legendaria caballerosidad desarrollando estas virtudes en la Oficialidad y velando por su decoro y prestigio profesional”, así como mejorar las aptitudes profesionales, la situación económica, y 664 obtener satisfacción en el cumplimiento de la labor profesional . Se adoptó la postura de llegar a las decisiones por vía de votación democrática. Estas ideas y propósitos fueron rechazados por los políticos, que combatieron a las Juntas. Por esta razón, sus miembros decidieron agrupar sus reivindicaciones en tres órdenes: moral, técnico y económico. El primero denunciaba la corrupción social de los valores morales; en el segundo se señalaba la necesidad de instrucción militar, de abreviar lo “frondoso y complicado de la selva administrativa”, de solucionar “las deficiencias del material”, y de establecer un organismo superior de coordinación militar. Por último, se exigía “el mejoramiento económico de la Oficialidad, de las clases y de la tropa, buscando la solución no en mejoras de sueldos sino en soluciones económicas que proporcionando ventajas y facilidades de venta, libraran del riesgo de que éstas quedaran á beneficio de intermediarios y comerciantes”. Siguiendo el texto del Memorándum, el problema se planteó cuando había que realizar acciones reivindicativas que no chocaran con la disciplina. Por ello, “la unión renunció a toda aspiración de ejercer autoridad o poder externo reservándose la facultad de hacerlo internamente cosa necesaria para sus fines 665 morales, para su conservación” . Es decir, que las Juntas se diseñaron para un control interno de la acción exterior; el problema vendrá, como veremos, cuando este control se quiera ejercer a favor de las propias Juntas. Y siguiendo el texto, ¿qué han hecho las Juntas en esos años? “La realidad es bien triste; la Patria hoy más que ayer está en peligro, sigue su indefensión y la amenaza el desequilibrio económico que por nosotros se agravó; la Infantería no ha hecho nada para depurarse ni mejorarse, si creció el número de sus unidades, estas son tan ficticias como las antiguas, sin fuerzas, sin material, sin campos de tiro e instrucción, sin ejercicios militares; 664 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 285. 665 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 286, subrayado en el original. 405 anquilosadas en prácticas y servicios rutinarios de guarnición que pervierten la teoría militar y hasta la hacen olvidar; corroídos por las prisas, por las 666 falsedades y mixtificaciones” . Se aumentaron el número de regimientos, pero no su calidad. Las reformas de las escalas y los aumentos de sueldo no han repercutido en una mayor eficacia del Ejército, y en cambio han provocado el rechazo de la opinión pública. Las Juntas se equivocaron al aceptar las subidas salariales renunciando a otras reivindicaciones más urgentes e importantes para el Ejército en su conjunto, y más cuando en principio se dijo que no les guiaba el interés crematístico. Al renunciarse a las escalas abiertas, se ha denunciado la presunta amoralidad y corrupción de éstas, vertiendo así descrédito sobre el Ejército. De todo aquello se ha llegado a que la opinión pública desconfíe de sus Fuerzas Armadas: “Nada tan lesivo para los intereses de la Patria como el divorcio entre la opinión y el Ejército; vivimos de fuerzas morales y es fuente de todas ellas la que emana del cariño y aprecio del pueblo; malquistarnos con la opinión es anularnos; solo obtenemos dignificación como fuerza cuando representamos ‘La fuerza justa’ envoltura material de la noble idea nacional por todos sentida y querida”. Sin embargo la actuación de las Juntas “ha concitado odios, culminando entre ellos varios que por estar torturantes en la conciencia de todos no es preciso señalar (…) La Unión motejó de podridos á los organismos oficiales y antes de variarlos se convirtió en organismo oficial”. La Unión o las Juntas han dividido más al Ejército al enfrentar intereses particulares; ha quitado objeto a la ambición, pues no tiene recompensa el emplearse en misiones de riesgo. En el texto se explica que el fracaso de las Juntas y el enconamiento de las divisiones se ha debido a los usos democráticos: al imponerse las votaciones, se hizo en perjuicio de la minoría, con lo que “venció el número, pero ¿qué se ganó para la Unión, para el fomento del compañerismo?”. Este texto revela que aquí se forjó el desencanto hacia la democracia en un sector de la oficialidad: “Aparte de lo antimilitar del procedimiento vulnerador de todas nuestras esencias dogmáticas, se cayó en el error de creer que la masa era apta para construir: que era una fuerza 667 social completa; y no es así” . Las Juntas, prosigue se crearon para exponder quejas y proponer reformas, no para desarrollar un “poder con aquella acción fiscalizadora de conductas y procederes, precisamente entre nosotros no hacia arriba, por subvertir los principios militares”. Y aquí encontramos el meollo de la cuestión: lo que dolió a los 666 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 287. 667 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 288, subrayado en el original. 406 africanistas como Varela, fue que las Juntas, amparándose en las resoluciones democráticas, quisieran imponer a través de presiones y coacciones a los oficiales que renunciaran a sus ascensos: la fuerza de la masa contra los intereses particulares. La solución es “arrancar de cuajo el hito aquel que al principio del camino lejos de orientarnos hacia el ideal, nos confundió y desorientó, y este hito es ‘la solución colectiva’, ‘la votación’. Quede en pié firme, entusiasta y abnegada la santa y noble unión de la Oficialidad pero sin votaciones ni Juntas, viviendo estrictamente dentro de nuestros reglamentos y Leyes”. Acaba el texto con una velada alusión a la imposición de una solución militar al estado del país: “El bien de la Patria exige que lancemos á la publicidad nuestras ansias y anhelos y dando la seguridad de haber vuelto entusiastas y convencidos a los fueros de nuestra disciplina, pedir a la Nación que quien bien la quiere y pueda, recoja nuestra fuerza, se inspire en nuestros ideales y venga pronto a dar desde el poder las soluciones que en todos los órdenes de la vida apetecen los buenos españoles”. El legado de las Juntas no era, por tanto, un Ejército mejor, sino mayores conflictos y tensiones en su seno. El general Cabanellas escribió contra las Juntas una carta abierta recordando que Zelúan, donde se encontraron quinientos cadáveres, y Monte Arruit, se podían haber salvado si se hubiera dispuesto de más material y más soldados, que no existieron por la negativa labor de las Juntas: “Creo a ustedes los primeros responsables, al ocuparse sólo de cominerías, desprestigiar el mando y asaltar el presupuesto con aumentos de plantillas, sin ocuparse del material, que aún no tenemos, ni de aumentar la eficacia de las unidades. Han vivido ustedes gracias a la cobardía de ciertas clases, que jamás 668 compartí” . Las Juntas contraatacaron acusando a Cabanellas de escribir la carta por presiones del Gobierno ante la amenaza de ser procesado por abandono de puesto. Las Juntas perdían influencia, pero ganaban en virulencia. A finales de diciembre de 1921, las Juntas se pusieron en contra del ministro La Cierva, su antiguo portavoz, ministro de la Guerra desde el 14 de agosto de 1921, amenazando incluso con expulsarlo de su despacho. Maura decidió entonces integrar a las Juntas en la estructura del Ministerio como había propuesto Berenguer cinco años atrás, como Comisiones Informativas. De esta forma, las Comisiones informativas quedaban sujetas al Código de Justicia Militar. Alfonso XIII no obstante se resistió a 668 Payne, S.G., Los militares… p. 185. 407 firmar el decreto; quizá porque pensaba que aún podía manipular a las Juntas en su favor. Maura no cedió, y durante cinco días España no tuvo Gobierno en la práctica. Al comprobar el rey que su impopularidad aumentaba, el 16 de enero de 1922 firmó el Decreto y Maura continuó al frente del Gobierno. La Cierva las convirtió en Comisiones Informativas del ministerio de la Guerra. Desde ese momento sólo la de Infantería, presidida por el general Nouvillas mostró actividad, al insistir en su propósito de imponer la escala cerrada, y al intentar interferir en la sentencia contra el general Tuero y otros dos oficiales acusados de negligencia. Ahora, el ministro de la Guerra nombraría a los miembros de las Comisiones Informativas. Pero en la práctica, la situación no cambió, porque la influencia de las Juntas y su rebeldía continuaron. En marzo de 1922, las Juntas instaron a los oficiales a la “sindicación obligatoria”. El 17 de marzo, el coronel Nouvillas, jefe de la Junta de Infantería, afirmó que las Juntas seguían presionando para obtener todas sus reivindicaciones, añadiendo que el 30% de la oficialidad debía ser destituido, es decir, los contrarios a las Juntas. El 12 de abril, las Juntas reiteraron la exigencia de la abolición de los ascensos por méritos de guerra, así como la finalización del expediente Picasso. Los oficiales africanistas redactaron un manifiesto, “Lo que queremos”, en el cual reclamaban seguir sirviendo al país, bajo la unidad del Ejército basada en la sinceridad, y el respeto a las opiniones contrarias. La Junta de Infantería era ya una Comisión Informativa del Ministerio de la guerra, pero “¿Quién tiene interés en que subsistan la organización misteriosa, el acuerdo secreto, la investigación imperfecta, incompleta y sigilosa de la opinión colectiva del Arma? Lo ignoramos: pero sabemos que la situación perdura, que 669 se trata de que perdure aún más y a eso nos oponemos” . La denuncia continúa: “Se nos presentó unas Bases para la reglamentación de las Comisiones Informativas, fueron aprobadas y, cuando esperábamos ver el proyecto de reglamento de la COMISIÓN INFORMATIVA se nos presenta bajo este título un nuevo Reglamento de la Unión y Junta de defensa, con su distinción entre asuntos que debe conocer y resolver todos los infantes y asuntos que solo es dado a conocer y resolver a los elegidos, con sus amenaza sencubiertas para “el que no piense igual que pienso yo” con su promesa (bajo palabra de honor de auxilio al que pierda la carrera en la ejecución del mandato de sus compañeros; En una palabra, nos proponen una continuación del antiguo estado de cosas, como si nada hubiese ocurrido desde 1917 como si el estado de zozobra, de 669 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 297-298, sin fecha ni firma. 408 inquietud, de indisciplina, de ilegalidad hubiese de ser eterno, a pesar de haberse puesto el real nombre al pie de una disposición por la que se crea el organismo oficial apto para conocer nuestros anhelos y transmitirlos a la Superioridad sin quebranto de la disciplina. Si aprobamos eso, la COMISIÓN INFORMATIVA sería la máscara de la Junta de Defensa: Puede aceptarlo el que quiera: nosotros lo rechazamos”. La propuesta era restablecer “el imperio de la ley; queremos que cese el estado de indisciplina latente en que se encuentra el Arma; queremos que nadie pueda hacer pasar sobre nosotros la acusación de “Poder oculto y subversivo” de que, con razón, nos hablaba el Directorio; queremos que no pueda conculcarse la LEY ni desposeer a nadie de su legítimo derecho por el capricho de cualquier innovador”; en resumen, se deseaba “reglamentar la existencia y la función de la COMISIÓN INFORMATIVA”, que tuviera carácter plenamente oficial, eliminando la cuota obligatoria “que recuerda las asociaciones obreras”, cambiando el sistema de votaciones, garantizando la libertad de expresión acorde al Código de Justicia Militar, y “no invitando a nadie para que haga nada, absolutamente nada, en contra de la LEY mientras esta exista”. Es decir, que la Comisión de Infantería seguía adelante como una Junta de Defensa. A raíz de estos escritos, los oficiales africanistas comenzaron a verse 670 presionados Además de las Juntas, otros generales, como Luque o Aguilera, éste presidente desde el 8 de junio de 1921 del Consejo Supremo de Guerra y Marina, exigían una profunda investigación de las causas del desastre, según algunos, para desacreditar a altos mandos en el poder. El 25 de noviembre de 1921, el general Miguel Primo de Rivera dijo en el Senado que “un solo soldado más allá del Estrecho es perjudicial 671 para España” . El general Weyler, con 79 años, jefe del Estado Mayor, dimitió, según declaró, porque estaba harto de que no se le hiciera caso, el 3 de enero de 1922; pero siguió al frente del Consejo Supremo de Justicia Militar, desde donde atacaba a los africanistas. Varela estaba posicionado contra las Juntas de Defensa, y la enemistad era mutua. El junio de 1922, Varela redactó una carta dirigida la Comisión Informativa del Arma de Infantería (nombre oficioso de las Juntas de Defensa), en nombre de los jefes y oficiales del Grupo de Regulares de Larache, por el cual se negaban a aceptar y votar las 670 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 299, “Juntas de Defensa, notas facilitadas por el General González Carrasco”. 671 Payne, S.G., Los militares… p. 186. 409 propuestas de la Comisión informativa, por considerar que ésta pretendía volver “al antiguo estado ilegal en que se movían las Juntas de Defensas, comprobándolo la insistencia de hacer mención al compromiso contraído con el antiguo reglamento que a 672 nuestro juicio no debe existir” . Por consiguiente, se niegan a votar las propuestas, protestan contra la citada Comisión y hacen presente “que nos consideramos desligados en absoluto de todo compromiso anterior y no pertenecemos por tanto a ninguna clase de Junta de defensas; limitándonos a cumplir los Reglamentos vigentes, y oponiéndonos amparados por las Ordenanzas a que existan otros organismos que no sean los debidamente autorizados. Alcazarquivir, 3 de junio de 1922, José Varela”. Varela se había convertido en una de las cabezas de la oposición a las Juntas y los junteros. Pero estaba claro que eran un motivo de desunión y tensión en el Ejército. En junio de 1922, Alfonso XIII visitó Barcelona, y en un gran banquete celebrado en Las Planas, pidió a los oficiales la disolución de las Juntas. El 7 de noviembre de 1922, Millán Astray dimitió por su enfrentamiento con las Juntas de Defensa. Las Juntas eran en un principio un instrumento de protesta y reivindicación por las pagas congeladas, la arbitrariedad de los ascensos y el favoritismo. Las Juntas pretendieron la abolición de los ascensos por méritos de guerra, con lo que se ganaron la enemistad de los “africanistas”. El poder de las juntas consiguió, el 13 de noviembre de 1922, la destitución de José Millán Astray como comandante de la Legión. Más adelante volveremos sobre este asunto, y la involucración en el mismo de Varela. 2.2.5.- La conferencia de Pizarra. Maura sabía que no se podía emprender una campaña total contra las cábilas, y por eso se contentó con que se defendieran las principales ciudades. Por otro lado, estaba sufriendo una intensa presión sobre los prisioneros de Abd el Krim. Berenguer estaba dispuesto a proseguir el avance desde Melilla hacia el oeste, así como conseguir el control de la Yebala, e incluso ocupar el Rif lanzando un desembarco en Alhucemas para tomar Axdir y sorprender a los rebeldes por la retaguardia. El ministro de Estado, González Hontoria, pensaba que estos planes eran irrealizables. Con la toma de Dar Drius, Maura, cuyo gobierno estaba dividido entre paralizar y continuar la ofensiva, celebró una conferencia en Pizarra, del 4 al 6 de febrero de 1922, entre sus ministros y altos jefes de Ejército y la Armada. Asistieron el presidente de Gobierno Antonio Maura, el Alto Comisario Dámaso Berenguer, los ministros de Guerra, Juan de la 672 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 274. 410 Cierva, Marina, marqués de Cortina y Estado, Manuel González Hontoria; el jefe del Estado Mayor Central, Luis Aizpuru Mondéjar, el segundo jefe, general Agar, el subsecretario de Guerra, Julio Ardánaz Crespo, el jefe del Estado Mayor de la Armada, 673 almirante Buhigas, y el jefe de la escuadra de África, Aznar . Fue notoria la ausencia del ministro de Hacienda, Francisco Cambó. Pero entre los presentes se encontraban oficiales con dilatada carrera africana. En la Conferencia se pasó revista a la campaña de reconquista del territorio realizada hasta entonces. Berenguer había ocupado Dra el Azef, aislando la Yebala por el sur y cerrando a los Beni Aros. Se estableció una vez más que el propósito no era conseguir una ocupación militar del territorio, sino su pacificación. Para ello era necesario expulsar o controlar al Reisuni, y controlar el Rif dominando las costas de Alhucemas y Gomara. Había que recuperar el prestigio perdido en Annual, y ello supondría un castigo sobre los Beni Urriaguel a través de Alhucemas, pero sin fecha. Se desechó el sistemas de avance “de cerro en cerro” con la instalación de débiles puntos de control, y que se había revelado inoperante dada la hostilidad de los indígenas; se abandonaría el puesto de Sidi Dris, en la costa de Temsaman, por inútil en la práctica. Berenguer propuso, y fueron aceptados, tres puntos como límites de la máxima penetración española: los límites para la ocupación militar de la zona oriental serían los tres campamentos ya alcanzados y consolidados: Dar Drius en el centro, desde donde se podía controlar Metalza, Midar y Tafersit, y la zona de Beni Ulixech; Ras Tikermin, para controlar Monte Mauro; y Monte Arruit, para irradiar sobre el Garet y los Ziata. Desde estos fuertes se podría “irradiar” la influencia a través de columnas móviles que controlarían el territorio, apoyadas en retaguardia con concentraciones de reservas, abandonando la idea de establecer en primera línea todos los elementos disponibles para la acción, como había pasado en Annual. El ministro de Hacienda, Francisco Cambó, no asistió a la reunión, pero entregó una carta a González Hontoria donde expresó la necesidad de contener el gasto y repatriar lo antes posible a unos 30.000 hombres, para acantonarlas en la costa peninsular desde donde podían ser enviadas con rapidez hacia el Protectorado si eran necesarias.. El ministro de la Guerra, La Cierva, creía que era el momento de acometer la ofensiva que acabara con el 674 problema marroquí, al menos parcialmente . 673 “La conferencia de Pizarra”, en Revista Jábega, nº 17, año 1977, p. 29. http://www.cedma.com/archivo/jabega_pdf/jabega17_29-31.pdf 674 Fernández Riera, Vicente: “La Conferencia de Pizarra” (1977) www.cedma.com/archivo/jabega_pdf/jabega17_29-31.pdf 411 Estas conclusiones fueron a última hora matizadas. Se mantendría Sidi Dris y se ocuparían tres puntos de la playa de Alhucemas. Respecto a los prisioneros, el ministro de la Guerra y Berenguer eran partidarios de realizar un desembarco por la fuerza en Alhucemas para rescatar a los cautivos. Se comprarían barcazas como las usadas por los británicos en el desembarco de Gallipolli, y se sondaría la costa para buscar un buen punto de fondeo para la flota de invasión. La noticia se filtró a los periódicos que criticaron a Berenguer; éste, por su parte, lamentó que Abd el-Krim pudiera informarse de sus planes de campaña leyendo los periódicos españoles. Al llegar a Madrid, Cambó se opuso al acuerdo, porque pensaba que el desembarco debía ser aplazado. Maura, tras reflexionar sobre las razones expuestas por su ministro de Hacienda, le apoyó, y el plan quedó aparcado. No obstante, La Cierva designó una Comisión, presidida por el coronel de Estado Mayor, Pardo, para que desarrollara el plan. Se recorrió la costa, se sondeó la bahía de Alhucemas, y se calculó la necersidad de proyectiles y pertrechos para llevar adelante el plan. Pero éste no se llevó a cabo. Por su parte, Berenguer emprendió una ofensiva contra El Raisuni que lwe llevaría a tomar Tazarut y obligar al caudillo de la Yebala a refugiarse en Yebel-Alam. 2.2.6.- El temor a un nuevo Desastre. El miedo a una nueva derrota hizo muy prudentes a los Gobiernos de Madrid. Durante el otoño e invierno de 1921-1922, España trasladó más soldados a Marruecos, muchos de ellos voluntarios, así como oficiales de complemento, porque muchos en activo se negaban a ir. También se enviaron jóvenes que, habiendo pagado la redención al servicio, debían servir unos pocos meses. La presencia de estos reclutas y el ambiente de simpatía despertado sirvieron para mejorar las condiciones de los cuarteles, y reforzaron la moral. Se planteó un pequeño desembarco en Alhucemas para intentar rescatar a los prisioneros. Como preparación, se efectuaron bombardeos aéreos y navales sobre la costa, y ésta se bloqueó. Abd el-Krim conoció estos planes. El bombardeo rifeño realizado el sábado 18 de marzo de 1922, desde varias baterías costeras, sobre el buque 675 de la naviera Juan de Juanes , que pertenecía a la flota de la Compañía Trasmediterránea, y que se encontraba fondeado en las proximidades del peñón de Alhucemas, aprovisionando a la población del Peñón y transportando el correo provocó 675 Font Betanzos, “ La Compañía Transmediterránea en el Desembarco de Alhucemas”; www.trasmeships.es/.../La_Compania_Trasmediterranea_en_el_desembarco... 412 su hundimiento al impactar los proyectiles sobre el timón del buque y la maquinaria propulsora. Afortunadamente, el pasaje había sido desembarcado en las primeras horas de la mañana. Gracias a la eficaz intervención del destructor Bustamante fueron rescatados trece tripulantes y ocho soldados. Cuando el fogonero del buque Enrique Crorca se encontraba a punto de alcanzar la isla a nado, una granada le alcanzó, desapareciendo. También, otro tripulante, el marmitón José Salcedo, recibió graves heridas cuando se encontraba nadando. Mandaba el Juan de Juanes en esta ocasión el capitán José Bois. La plaza respondió al fuego, acallando el de los rifeños. Abd el Krim también hostigó el Peñón de Vélez de la Gomera. La consecuencia inmediata fue el envío al Peñón de varios barcos de guerra, que 676 bombardearon la costa . En abril de 1922 fue necesario, en numerosas ocasiones, que los buques de la Armada que escoltaban a los convoyes intervinieran ante los ataques que desde tierra efectuaba la artillería marroquí. El destructor Bustamante, el acorazado Alfonso XIII, los torpederos 5 y 14, así como los submarinos Isaac Peral, A3 y B1 realizaron numerosas misiones en la zona del Peñón, tanto de aprovisionamiento como de defensa. Con los Beni Urriaguel es este estado de vigilancia y hostigamiento, se abandonó la idea de asaltar Alhucemas. Las negociaciones sobre los prisioneros quedaron suspendidas, y Fernández Almeida manifestó que abandonaba su labor. En marzo de 1922, como explicó el ministro de Marina, se habían avanzado 35 km, invirtiendo 700 millones de pesetas y movilizando 160.000 hombres; los prisioneros seguían en poder de los rifeños. En esas fechas, los españoles comenzaron a utilizar vehículos blindados para apoyar el avance de la infantería de choque. Pero los rifeños pronto aprendieron a vencerlos: los rodeaban, asaltándolos en masa desde abajo, disparaban por las mirillas e incendiaban el motor. El gobierno Maura cayó, y el 7 de marzo se formó nuevo gobierno, con el conservador José Sánchez Guerra al frente. Fue nombrado ministro de la Guerra el general Olaguer, que tenía buenos tratos con las Juntas. Berenguer, sabiendo que el nuevo Gobierno desaprobaba sus planes, dimitió, pero de nuevo no fue aceptada. En una nueva reunión en Madrid, se le permitió llevar adelante sus planes, operaciones en la zona oriental contra las tribus de Beni Said, y en la occidental contra un cada vez más 676 ABC, 19 de marzo de 1922, p. 21. Woolman dice erróneamente que era un buque de guerra, op. cit, p. 119. 413 debilitado Raisuni; pero debía aplazar indefinidamente la ocupación del Rif, y aceptar que todas las decisiones importantes se tomaran en Madrid. Además, en junio de 1922 20.000 reclutas acababan su servicio en Marruecos y debían licenciarse y regresar a la península. Berenguer hacía progresos en el sector occidental, pero era ya muy criticado por la prensa, y el 27 de junio en “El Imparcial”, Weyler afirmó que con él al frente no sería probable el rescate de los prisioneros. A Berenguer se le echaba en cara que tiempo atrás había dicho que con una columna de 4.000 hombres podría pasearse por todo el Protectorado, pero en la realidad no había hecho nada para rescatar a los prisioneros. El 9 de julio, el Consejo Supremo de Justicia Militar aprobó el informe de la Comisión Picasso, y aprobó que se procesara a los generales Berenguer, Fernández Silvestre, si se le encontraba vivo, y Navarro, cuando fuera rescatado. Berenguer presentó su dimisión como Alto Comisario, por cuarta vez, y en esta ocasión el Gobierno la aceptó. Como senador, Berenguer se defendió en el Congreso el 14 de julio, y renunció a su condición de parlamentario para ser procesado. De estos hechos, el ministro de la Guerra, general Olaguer-Feliu, no había informado al presidente del gobierno, y cuando éste se enteró que los hechos, se enfureció, obligó a Olaguer-Feliu a dimitir, y asumió el mismo la cartera de Guerra. El 21 de julio, una comisión de las Cortes fue nombrada para analizar el informe Picasso. Indalecio Prieto, que había formado parte de la Comisión del Congreso, atacó en éste al Ejército, pero también al Gobierno, acusándolo de negligencia, de debilidad y de complicidad en la ineficacia y la corrupción de los militares, mientras la prensa y la oposición exigían responsabilidades. Prieto denunció el malgasto del dinero invertido en Marruecos, y exigió la derogación de la Ley de Jurisdicciones, la supresión del Cuerpo de Intendencia por su corrupción manifiesta, y el cierre de las academias militares, por ineficaces, y la apertura de las mismas a todas las clases sociales. Por último, responsabilizó a los gobiernos y exigió su procesamiento por el Senado; pero su 677 propuesta no prosperó . Con el desastre reverdeció el antimilitarismo. Se realizaron mítines contrarios a la guerra, como el organizado en Madrid el 30 de julio de 1922 por la Cruzada de Mujeres Españolas en el Teatro de la Comedia, presidido por la periodista Carmen de 677 Madariaga, Mª.R.: En el barranco del Lobo, p. 181-182, citando las intervenciones de Prieto en el Congreso los días 21 y 22 de noviembre de 1922, durante el debate sobre el Expediente Picasso. 414 Burgos, y donde habló Indalecio Prieto por la Sociedad Económica Matritense, porque el mitin sólo se autorizó si no se hablaba de política o de una guerra concreta. Se desarrolló un movimiento pacifista entre las mujeres, que tuvo su reflejo en la publicación izquierdista Vida Nueva, a donde llegaban continuamente adhesiones contrarias al conflicto. Madariaga detalla también la oposición a la guerra del entonces 678 incipiente PCE . Como nuevo Alto Comisario fue nombrado el general Ricardo Burguete, que había sido capitán general de Madrid, y que tenía buena relación con los junteros. 2.2.7.- El Alto Comisario general Burguete: la política de negociación con El Raisuni. Ricardo Burguete y Lana, general de división, laureado y veterano de las campañas de Marruecos de 1893 y de 1909, era partidario tanto de la acción como de la negociación. Estaba de alguna manera ligado a las Juntas, pero era africanista, ascendido a coronel por méritos, y había apoyado la formación de un gobierno por Santiago Alba. Alba, que en ese momento era ministro de Estado, le apoyó para ser Alto Comisario. Burguete llegó a Marruecos con unas instrucciones claras del gobierno: utilizar a las autoridades indígenas, mejorar la administración civil, negociar con El Raisuni, pacificar el Rif, disminuir los gastos militares, rescatar a los prisioneros y promover proyectos de educación y obras públicas. Burguete volvió a la política de paz a cambio de sobornos, y entabló conversaciones con un Raisuni ya prácticamente vencido. Fue un gran error político. El desastre de Annual supuso levantar el sitio de Tazarut, cuartel general de El Rausuni. El 6 de julio se había ocupado Rokba el Gozal, y el 15 Bab es Sor, ya muy cerca de Tazarut. Pero el 21, al recibirse noticias de Annual, y la necesidad de enviar refuerzos a Melilla, la operación se paralizó. Los españoles se replegaron, y entonces las tribus del Lucus, los Sumata, los Beni Issef, y los Beni Skar, envalentonadas por las noticias que llegaban del Rif, se levantaron en armas. Los rebeldes de Ahl Sherif y Sumata atacaron los días 27 y 28 de agosto la guarnición de Akba el Kola, en Beni Issef, matando a sus doscientos defensores. Al día siguiente llegó a este puesto la columna de socorro, para encontrarse con las ruinas quemadas y los cadáveres desfigurados y mutilados. 678 Madariaga, Mª. R.: En el barranco del Lobo, p. 188-189. 415 En octubre de 1921, Mhamed Abd el-Krim, al frente de una harka, entro en la Gomara, llegando hasta Wad Lau, para levantar a los rifeños. Pero la eficaz acción de Berenguer sofocó estos conatos de rebelión. El 19 de diciembre de 1921, las tropas españolas del coronel Dabán ocupan Afermín, distinguiéndose en la acción el capitán de Caballería Segismundo Casado, en prácticas para obtener el diploma de Estado Mayor., 679 agregado al Batallón del Regimiento de León nº 38 . A finales de abril de 1922, el general Emilio Barrera, gobernador militar de Larache durante los últimos seis años, fue nombrado subsecretario del ministerio de la Guerra. Fue reemplazado en Larache por el general Sanjurjo, porque Berenguer quería seguir presionando sobre la Yebala. Para ello, se trasladaron fuerzas de élite desde Melilla. El 12 de mayo de 1922, Tazarut fue tomada al asalto, muriendo en la acción el 680 teniente coronel González Tablas . El Raisuni consiguió escapar a las montañas, a Buhaxen. La muerte de González Tablas impresionó profundamente a Varela, como demuestra el que se guardaran en su archivo recortes de prensa del hecho. Varela escribió una carta al hermano del fallecido, y éste le contestó con una nota, en la que palpita el resquemor hacia las Juntas y su labor obstruccionista de los ascensos por méritos de guerra: “Honda emoción me produce el sentimiento general que en toda España ha producido, pero no encuentro consuelo posible pues considero que su muerte ha sido injusta y prematura, pues no hay que olvidas que si sus meritísimos servicios hubieran sido recompensados a su debido tiempo, su puesto hubiese sido otro y por consiguiente no habría caído donde cayó, como jefe perpetuo de la extrema vanguardia. ¡Que la responsabilidad de su muerte caiga sobre aquellos a quien corresponda! “Está V. en lo cierto al no creer que en sus últimos momentos decayese su espíritu; murió como vivió, con la tranquilidad que dá el exacto cumplimiento 681 del deber” En julio se mantuvo la presión sobre El Raisuni, iniciándose el día 27 las operaciones sobre Beni Arós, Beni Issef y Ajmás. Pero el Gobierno necesitaba la paz, y por ello se buscó el acuerdo, que El Raisuni aceptó rápidamente, tras dos meses de 679 Casado se distinguió en esta campaña, obtuvo el Diploma de Estado Mayor, y regresó a la Península. Ascendió a comandante por elección el 7 de noviembre de 1929, cargo del que fue privado al revisarse los ascensos decretados por la Dictadura de Primo de Rivera, compensándole con la Cruz al Mértito Militar con distintivo blanco, siendo finalmente ascendido en 1934: Casas de la Vega, R., Seis generales de la Guerra Civil, Fénix, Madridejos, 1998, p. 231-237. 680 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 269-270, ABC, 16 de mayo de 1922, “El cadáver de González Tablas”, “La muerte de González Tablas y la sección al revés” 681 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 273-274; carta de ángel González Tablas, fechada en Madrid el 2 e junio de 1922. 416 negociaciones dirigidas por Castro Girona y el traductor Clemente Cerdeira, en septiembre de 1922. En ese momento, Raisuni también estaba en tratos con Abd el- Krim para que le enviara refuerzos contra los españoles. No obstante, Raisuni obtuvo importantes concesiones por parte de los españoles: se obtuvo la paz en la Yebala, pero cediendo el control de ésta a El Raisuni, se le fijó un estipendio, e incluso consiguió que España reconstruyera su palacete de Tazrut. Algunos de sus parientes ocuparon posiciones de poder en el Protectorado. Burguete ni siquiera se preocupó de desarmar a los yebalíes o establecer fortificaciones en las colinas de Beni Aros, tan estratégicas para evitar futuras rebeliones. Como resultado, se redujo la guarnición española en la Yebala. El Raisuni se vengó de todos aquellos que habían apoyado a los españoles, o que habían luchado contra él. A los pocos meses, El Raisuni no sólo persiguió a sus enemigos, sino que también se entrometió en las cabilas vecinas sobre las que no tenía autoridad. Pero el que ya era Alto Comisario, Luis Silvela, y el comandante militar de Ceuta, Castro Girona no deseaban romper la paz. En principio, el ministro de la Guerra, Niceto Alcalá Zamora, en el gabinete de García Prieto, tampoco deseaba que estallara un conflicto; pero cambió de postura y decidió una política ofensiva para liquidar estas contradicciones. Sin embargo el presidente del gobierno no apoyó la postura de su ministro, con lo que Alcalá Zamora, molesto porque no se le informaba de lo que sucedía en el Protectorado, dimitió, y fue reemplazado por el general Aizpuru. 2.2.8.- La reconquista del territorio rebelde. De la misma forma, en la zona oriental Burguete quiso aplicar su “diplomacia de la peseta”, sobornando cabecillas, junto con bombardeos en la zona de Alhucemas, intentando recuperar la línea en el Rif. Burguete estaba incluso dispuesto a aceptar una autonomía indígena, un gobierno de las cábilas. Burguete visitó en Málaga al ex sultán Muley Hafiz para pedirle que intercediera ante Abd el-Krim para obtener la paz y la libertad de los prisioneros, pero no se consiguió nada. Abd el-Krim, viéndose victorioso, ambicionó entonces la independencia absoluta. Abd el-Krim quería consolidar la línea entre Afrau, en el mar, hasta el Zoco el-Telata de Metalsa, pasando por Beni Said y Beni Ulishek. En ese momento era un gran personaje, y le seguían casi todas las cabilas rifeñas. Mientras tanto, España seguía enviando hombres a Marruecos. En diciembre de 1921, los militares españoles habían cruzado la llanura de Garet, reconquistando Batel y Tistutin, utilizando como fuerzas de choque al Tercio y a los 417 Regulares, mientras las fuerzas peninsulares eran situadas en retaguardia o en labores de guarnición, en Ceuta, Melilla, Tetuán o Larache. Durante el verano de 1922, los españoles rechazaron los ataques de los irregulares rifeños de Abd el-Krim. En septiembre y octubre, Burguete reorganizó las unidades españolas para darles más capacidad de maniobra y logística. Intentó atraerse a algunas cábilas, sin éxito, y siguió negociando el rescate de los prisioneros. Mientras tanto, los avances de las tropas españolas proseguían. Durante el otoño de 1922 Burguete acumuló en el sector oriental 30.000 hombres, 7.000 vehículos y vehículos blindados, para acosar y aislar el Rif y rendirlo por hambre. También se bombardeó la costa entre Wad Lau y Alhucemas, para presionar a Abd el-Krim haciéndole llegar el malestar de las cabilas costeras así hostigadas, y que liberara a los prisioneros. La Legión desembarcó en Wad Lau. Se vigiló la costa para impedir el contrabando de armas y suministros a los rifeños, con guardacostas, cruceros, un dirigible y un pequeño portaaviones, el Dédalo. Los rifeños situaron algunos de los cañones capturados en la costa para disparar sobre los barcos. Abd el-Krim utilizaba Tánger para conseguir suministros y financiación. A finales de octubre de 1922 se llegó a Tizi Azza, donde se unían las cabilas de Temsaman y Beni Ulishek. Los rifeños decidieron recuperar la posición expulsando a los españoles y la acometieron el 1 de noviembre de 1922. El combate, muy duro, se saldó con 2.000 bajas españolas, pero la posición se mantuvo firme. El gobierno prohibió entonces todo avance, lo que impidió asegurar la posición de Tizi Azza, que quedó debilitada, en un terreno con una orografía tan complicada. En diciembre los rifeños volvieron a atacar la posición, siendo de nuevo rechazados. Por entonces, los españoles descubrieron sorprendidos que los rifeños, al cavar trincheras, en vez de arrojar la tierra delante, hacia el enemigo, para crear un parapeto, lo hacían hacia atrás, dada su inexperiencia en la guerra moderna. En esta reorganización, Burguete descubrió casos de corrupción como el desfalco de un millón de pesetas realizado por los oficiales de Intendencia del distrito de Larache. Las investigaciones del Consejo Supremo también destaparon escándalos. El 3 de octubre de 1922 ya se habían presentado acusaciones contra setenta y siete oficiales (de ellos nueve con alto mando), pero la opinión pública y política quería responsabilidades políticas del gobierno y del monarca. De una forma inoportuna, Alfonso XIII afirmó en un banquete militar celebrado el 7 de julio de 1922 que los oficiales debían estar unidos, como lo habían estado los alemanes tras la derrota, y que 418 debían recordar el juramento de fidelidad a la Corona, porque unidos al trono no tenían nada que temer. Éstas palabras fueron interpretadas como que la Corona se esforzaría para que no se buscarían los responsables del Desastre. Para colmo, el rey se tomó unas largas vacaciones, y corrieron rumores de negocios dudosos. Los junteros seguían disgustados con el rey porque no había disuelto su camarilla y seguía apoyando a los africanistas. La guerra se prolongaba, los prisioneros no se rescataban, y la opinión pública se puso claramente en contra de la acción militar y del Gobierno. El 4 de diciembre de 1922, el gabinete de Sánchez Guerra dimitió. 2.2.9.- El rescate de los prisioneros. Un problema espinoso, era el de los soldados y civiles prisioneros de Abd el Krim. La retirada apresurada de las posiciones generó una riada humana que intentaba llegar a Melilla, acosados por la población rifeña. Muchos de ellos fueron apresados. Prácticamente desde los mismos días del Desastre, la Oficina de Asuntos Indígenas de Melilla realizó gestiones para su liberación. Ello fue posible por las buenas relaciones que se mantenían con muchos de los antiguos “moros amigos de España”, como Abd el Kader, de los Beni Sicar, o Ben Chel-lal, de la cabila Beni Bu Ifrur. Hasta el 6 de septiembre fueron rescatados, normalmente a través de canjes con prisioneros marroquíes en Melilla, 350 personas, de ellos veinte civiles, cuatro oficiales, cuatro guardias civiles, y el resto, soldados. El coronel Riquelme comenzó a retener a los rifeños que regresaban de los trabajos de siega en Argelia a través del puerto de Melilla, ignorantes de lo sucedido, para utilizarlos como moneda de canje. Fue una práctica reprobable e injusta, pero desesperada. Otro sistema, fue el rescate por dinero. Riquelme, cuya Oficina no tenía fondos, obtuvo de un capitán de Regulares una suma de 9.838’05 pesetas, procedentes de la caja de su Mía, para pagar por la vida y la libertad de otro grupo de soldados. Hasta abril de 1923, la Policía Indígena realizó nuevas gestiones, rescatando 50 prisioneros por 3.150 pesetas. Estos prisioneros fueron en general bien tratados, bien porque se esperaba cobrar un rescate por ellos, pero también porque sus captores les conocían e incluso les apreciaban. En el Expediente Picasso aparecen varios de estos casos, como el del teniente Rucova, de la 14ª Mía de la Policía Indígena, herido en Izen Lasen, que fue protegido por su asistente y su ordenanza marroquí, y llevado a una casa, de donde fue 419 trasladado a Axdir. Sus protectores le dijeron que “no temiese mucho, por haberles 682 tratado siempre bien y no tener líos con las mujeres de la cabila” . También hubo otros que fueron ayudados por marroquíes a escapar, como Juan José Echevarría Arteche, empleado de la Compañía Española de Minas del Rif, que con un grupo de trabajadores pudo llegar a Melilla protegidos por cabileños de Sidi-bus-Bar. En cambio, otros quedaron prisioneros de los rifeños, y fueron conducidos a 683 Axdir, por orden expresa de Abd el-Krim, quedando así bajo su tutela . Como destaca Madariaga, este hecho ratificó a Abd el-Krim como líder de las cabilas rifeñas, al ser 684 obedecido casi por todas éstas . El prisionero más importante era el general Navarro, rendido en Monte Arruit el 10 de agosto de 1921. En principio, su captor, Ben Chel-lal, quería negociar con los españoles su liberación a cambio de 50.000 pesetas, pero Abd el-Krim le exigió su entrega. España hubiera preferido negociar con los jefes de las cabilas. En Axdir se reunieron unas 545 personas, 54 civiles, 48 oficiales, y 443 suboficiales y soldados, aunque la cifra fluctúa según autores. Berenguer confió en un amigo de Abd el-Krim, Dris ben Saíd, la negociación para la liberación de estos prisioneros., y más tarde envió al coronet Patxot, del Tabor de Regulares de Tánger, junto a Dris ben Saíd y Abderrahman ben Abd Esssadik. Abd el-Krim, que sólo aceptó negociar con su antiguo amigo, exigió tres millones de pesetas en concepto de rescate, más un millón adicional como indemnización, y la liberación de todos los presos rifeños. En su contestación al gobierno, Berenguer razonaba que los rifeños aprovecharían el dinero del rescate para reforzar su armamento y potencia de combate, pero que el país no entendería el sacrificio de sus compatriotas “a la vista de nuestra 685 plaza de Alhucemas” . Maura optó por no pagar. Las negociaciones prosiguieron, mientras parte de la sociedad española exigía el pago del rescate. En estas condiciones la familia del capitán de ingenieros Jesús Aguirre recurrió a las amistades madrileñas de la Escuela de Minas del hermano de Abd el-Krim, M’hamed. Abd el-Krim contestó a través de una carta amable a los amigos del capitán Aguirre. El Cuerpo de Ingenieros consiguió reunir 150.000 pesetas para rescatar a sus compañeros, pero el ministro de la Guerra, La Cierva, se negó. También la Compañía Minera La Alicantina quiso obtener 682 Madariaga, Mª.R.: En el barranco del Lobo,, p. 207; http://www.hispanista.org/libros/alibros/18/lb18a.pdf, p. 88 683 Pérez Ortiz, De Annual a Monte-Arruit y diez y ocho meses de cautiverio. Crónica de un testigo, Melilla, 1923, describe vívidamente sus experiencias como prisionero. 684 Madariaga, Mª. R.: En el barranco del Lobo, p. 209. 685 Berenguer, D.: Campañas en el Rif y la Yebala, 1921-1922, Madrid, 1923, p. 121. 420 la liberación de sus empleados, a cambio de 100.000 pesetas, sin conseguirlo, porque se argumentó que el rescate debía de hacerse en bloque. Aproximadamente un tercio de los obreros presos murieron en el cautiverio. En estas condiciones, se desarrolló una campaña de prensa para convencer al Gobierno de que cediera en sus exigencias. El propio Abd el-Krim escribió una carta a 686 La Libertad, de Melilla , explicando que sus motivaciones para concentrar a los prisioneros en Axdir habían sido salvar sus vidas, pues corrían peligro en manos de sus captores; que había rechazado a los emisarios del Alto Comisario por considerar “inmoral y fracasada” la labor desarrollada por Abd Essadik en el gobierno del sultán Abd el-Aziz; exigía la entrega del dinero y la liberación de los presos musulmanes en poder de España; afirmaba que si no visitaba a los presos, era porque no se lo pedían, que estaba dispuesto a facilitar salvoconductos. En realidad, Abd el-Krim deseaba, a través de los prisioneros, establecer negociaciones con España que le dieran rango de interlocutor, algo a lo que Gobierno de Madrid se resistía. La Federación de Obreros y Empleados del Ayuntamiento de Madrid comenzó a plantear movilizaciones para exigir al Gobierno, si no la libreración, al menos que no impidiera los tratos entre familiares y Abd el-Krim. El Gobierno buscó el concurso de la Cruz Roja, y así se encargó de las negociacionmes Manuel Fernández Almeida, delegado de la misma. El Gobierno afirmaba que las condiciones de Abd el-Krim eran inaceptables, una de ellas la independencia para Beni Urriaguel: pero éste, a través de cartas en la prensa, afirmaba que no era así, que sólo exigía el dinero, tres millones de pesetas, más otro millón en concepto de daños y perjuicios al pueblo rifeño, y la liberación de los presos y rehenes rifeños en poder de los españoles. El Gobierno quedó en entredicho, y Fernández Almeida pidió formalmente a Madrid la aprobación de las condiciones y el envío del dinero para entrevistarse con Abd el-Krim. Berenguer adujo entonces que iba a ser difícil entregar a Abd el-Krim los presos marroquíes, porque él podría utilizarlos como rehenes frente al resto de cabilas, para asegurarse su fidelidad. El 8 de enero de 1922, el ministro de Estado solicitó la relación de todos los presos marroquíes en poder de las autoridades españolas. El día 9 de enero, Fernández Almeida debía entrevistarse con Abd el-Krim, pero entonces, el día 10, el general Sanjurjo recuperó Dar Drius, punto estratégico para los rifeños. Estaba clara la voluntad española 686 Publicada en El Heraldo de Madrid el 13 de diciembre de 1921, p. 2; http://hemerotecadigital.bne.es/datos1/numeros/internet/Madrid/Heraldo%20de%20Madrid,%20El/1921/ 192112/19211213/19211213_00000.pdf#page=1 421 de recuperar el territorio y no retirarse. Abd el-Krim, el 13 de enero, manifestó la suspensión de negociaciones, y fusiló al comandante Villar en represalia por el fusilamiento de prisioneros rifeños derrotados en el avance español. El Gobierno se manifestó dispuesto a liberar a los presos, pero sólo a los retenidos en Melilla, 224, y no a los de Larache, Alcazarquivir, Arcila o Ceuta, porque no deseaba incrementar el prestigio de Abd el-Krim fuera del Rif. El 2 de marzo, Abd el-Krim contestó, traspasando el asunto a la “Daula” o Estado rifeño, nombrando para ello delegado a su cuñado, Mohamed Buyibar. Buyibar exigió la liberación de los presos que pertenecían a los Beni Urriaguel y a los de Gomara, mientras el Gobierno ordenaba a Fernández Almeida concluir las negociaciones antes del día 6. Las negociaciones estuvieron a punto de romperse, pero se mantuvieron. Otras iniciativas hacia los prisioneros fueron las del marqués de Cabra y la del Padre Revilla, un ex capitán y fraile capuchino alistado en la Legión, sin resultados. En julio de 1922 fue nombrado como nuevo Alto Comisario el general Burguete, que mantuvo la postura de Berenguer de oponerse a un rescate masivo, y pensó en lanzar proclamas sobre las cabilas para que entregaran a sus prisioneros a cambio de dinero. Sin embargo, no obtuvo resultado, por el férreo control que Abd el-Krim mantenía sobre los cautivos. Entre los militares, muchos eran partidarios de forzar la penetración en el territorio del Rif y conseguir la libertad de los prisioneros. En el archivo de Varela encontramos un poema alusivo a esta cuestión, redactado por el oficial Antonio de León y Manjón, y que según consta fue leído a Varela en una tienda de campaña. En él, León acusa de cobardía a los gobernantes, por negarse a la acción militar contra “un bandido 687 turbulento” . En diciembre de 1922 fue designado nuevo Alto Comisario Miguel Villanueva, quien no pudo hacerse cargo del puesto por problemas de salud; se abrió un período de interinidad hasta el nombramiento en febrero de 1923 de Luis Silvela. Silvela era hombre de García Prieto, pero era desconocedor del Protectorado y de sus problemas. El ministro de Estado, Santiago Alba, había manifestado que haría todo lo posible para liberar a los prisioneros. Se estableció como intermediario con Abd el-Krim a Dris ben- 687 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 374, “Desperta ferro!”, escrita el 19 de diciembre de 1922, con dedicatoria a Varela del 26 de diciembre de 1925. Antonio de León y Manjón perteneció a la Hermandad del Rocio de Sanlúcar de Barrameda. Su hijo, del mismo nombre, estuvo muy vinculado al mundo de la literatura y de la cultura andaluza. 422 Saíd, amigo del empresario vasco Horacio Echevarrieta, millonario que había comprado muchas de las concesiones mineras de los Mannesman en el Rif. El 18 de enero de 1923, Alba nombró a Echevarrieta representante del gobierno español en las negociaciones. Éstas se concluyeron rápidamente, en opinión de Madariaga, “Esta vez, 688 porque había voluntad política por parte del Gobierno” . En los días siguientes zarparon los buques Antonio López y el España número 5, con familiares y periodistas hacia Alhucemas, mientras el Vicente la Roda lo hacía desde Río Martín con los presos marroquíes que iban a ser canjeados. El día 27 se celebraron los pagos e intercambios, no sin algunas discusiones acerca del pago de compensaciones económicas por el mantenimiento de los prisioneros, y por la ausencia de algunos presos marroquíes, resueltas con la palabra y la generosidad de Echevarrieta. Se pagó en total la suma de cuatro millones de pesetas, uno en plata y tres en billetes españoles, por 326 supervivientes, de ellos 44 eran oficiales, 239 soldados, 43 civiles, de ellos 33 mujeres y niños, del total de 534 prisioneros. La mayoría de los supervivientes se encontraban en un estado lastimoso, con cicatrices de las cadenas. La liberación pactada de los prisioneros fue vista por muchos militares africanistas como una concesión al enemigo, incluso como una humillación, y aumentaron las críticas de éstos hacia los políticos, al tiempo que se criticaba la paralización de las operaciones. Hubo protestas en algunos cuarteles, que obligaron al ministro de la Guerra, Alcalá Zamora, a prevenir a los capitanes generales que debían 689 estar atentos a estas manifestaciones de descontento y evitarlas . 2.2.10.- El Alto Comisario Silvela y el fracaso de la política de paz. Tras la caída del gobierno de Sánchez Guerra, en diciembre de 1922, Alfonso XIII llamó entonces a los liberales, con Manuel García Prieto. Para incrementar la negociación, García Prieto y su ministro de Estado pensaron en la posibilidad de nombrar a un civil como Alto Comisario, y de desmilitarizar algunas zonas. Sondearon para ello al coronel Castro Girona, quien dio su opinión de que sería totalmente aceptado por los africanistas. El 19 de enero de 1923, un Real Decreto revocó la concentración de poder militar en el Alto Comisario. Burguete dijo: "A mí me parece demasiado pomposo el título de general en jefe de un ejército que se procura por todos los medios posibles que no opere". 688 Madariaga, Mª R.: En el barranco del Lobo, p.229-230. 689 Tusell, J., Radiografía de un golpe de Estado. El ascenso al poder del general Primo de Rivera, Alianza, Madrid, 1987, p. 55-56. 423 Se nombró nuevo Alto Comisario interino en la persona de Luciano López Ferrer, cuyo informe inicial sobre la administración militar fue negativo, destacando la necesidad de incrementar el progreso económico local, respetar la cultura autóctona, retirar el poder político a los comandantes militares, e instaurar políticas civiles en las zonas pacificadas. El nuevo Alto Comisario fue Luis Silvela, nombrado el 16 de febrero de 1923. Silvela recibió la instrucción, según Alcalá Zamora, entonces ministro de la Guerra, de controlar las acciones bélicas, cortando la comunicación entre las autoridades militares y el ministerio de la Guerra. Esto irritó a Alcalá Zamora, que se negó a asumir la responsabilidad por los posibles fracasos que se pudieran derivar. En principio esto no revestía mayor importancia, porque García Prieto pretendía llegar a una paz pactada. Abd el-Krim celebró una conferencia de tregua con Castro Girona y Cerdeira; pero el rifeño pretendía que España reconociera a la República del Rif, y ello suponía romper la integridad territorial del Sultanato, por lo que las negociaciones se rompieron. Por otro lado, Silvela intentó formar un gobierno proespañol alternativo al de Abd el-Krim en el Rif, sin conseguirlo. Con el retorno de las hostilidades, y también por la excesiva 690 condescendencia con El Raisuni, como ya se ha dicho, Alcalá Zamora dimitió . Abd el-Krim se dispuso a lanzar una ofensiva a finales de mayo de 1923, sin embargo las tropas españolas mantuvieron Tizzi Azza, donde murió el jefe del Tercio, teniente coronel Valenzuela. De nuevo se reabrieron las negociaciones. Fue asesinado el rifeño Dris en Said, favorable a un acercamiento a España; para Madariaga, el crimen pudo haber sido urdido por Martínez Anido y otros oficiales belicistas españoles, lo cual es cuanto menos absurdo. España estaba dispuesta a otorgar a Abd el-Krim el caidato del Rif, ayuda económica y militar, pero no la independencia del Sultán. Las negociaciones se cerraron en vano tras una carta del ministro de Exteriores de Abd el-Krim, Sid Mohammed Azerkan “Pajarito”: 690 Alcalá Zamora, N. Memorias, Planeta, Barcelona, 1977, p. 87: “Era imposible que yo siguiera teniendo responsabilidad sin conocimiento. Pero hice alguna comprobación y vi con indignado asombro que, a más de ocultárseme la verdad, se alteraba ésta, pues entre otros casos, un día en que por primera vez al cabo de muchos meses había vuelto a hostilizar Abd-el-Krim, empleando el cañón, se me dijo que la jornada no había tenido otro incidente que el regocijado o picaresco rapto de una cantinera. No podía seguir expuesto a un conflicto del que me habría enterado por los vendedores de periódicos y después que éstos. Dimití”. Respecto a El Raisuni, Alcalá Zamora se molestó porque toda la negociación se llevó a espaldas suyas, y porque las concesiones le parecieron excesivas, previendo, según él, la próxima pérdida de la zona occidental: p. 87. Al abandonar el Gobierno, Santiago Alba le pidió que no hiciese público el pacto con El Raisuni. 424 “Nos extraña que España no haya comprendido que su interés está en llegar a un acuerdo de paz con el Rif, reconocer sus derechos a la independencia, conservar las mejores relaciones de vecindad y consolidar su unión con el pueblo rifeño, en vez de invadirlo, humillarlo y atropellar sus derechos humanos y legítimos, contraviniendo con ello los principios de la civilización y lo estipulado en el Tratado de Versalles, redactado después de la guerra 691 mundial” . El gobierno no encontró otra salida que proseguir la guerra. Una parte importante del Gobierno y de la opinión pública era partidaria de abandonar Marruecos, y otra, de cumplir los compromisos internacionales. Para Maura y los conservadores, había que mantener Marruecos por que era una frontera estratégica, un muro de defensa ante una posible agresión exterior. Para Romanones y los liberales, Marruecos era “toda la política internacional” de España, la única manera de mantener un prestigio en el concierto de las naciones. Frente a esta postura de los partidos dinásticos, los antidinásticos adoptaban una postura contradictoria. Para un sector del republicanismo, España debía abandonar Marruecos; para el Reformismo de Melquíades Álvarez, España debía mantenerse en Marruecos para hacer frente a sus compromisos 692 internacionales , y en este sentido, Lerroux coincidió con él. Los socialistas mantuvieron su postura contraria a la guerra, criticaban el excesivo gasto militar, la necesidad de invertir en mejoras no en el Protectorado sino en España, y criticaban el servicio militar que invariablemente llevaba a los obreros a la muerte en África. Periódicamente, los socialistas realizaban movilizaciones contra la guerra. Sin embargo, estas protestas no eran lo suficientemente enérgicas como para provocar una respuesta del Gobierno. También los nacionalismos vasco y catalán estaban en contra de la guerra, porque consideraban que los rifeños tenían derecho a la independencia. La lucha contra el Rif debilitaba a la monarquía española, y favorecía sus aspiraciones de derrumbarla. Para ahorrar vidas españolas, la solución más inmediata era el uso de armas químicas, solicitado por el Alto Comisario Silvela, y apoyado por Santiago Alba, pues no era posible ni una repatriación de las tropas, ni una nueva movilización. La retirada suponía además abandonar a las cabilas fieles a España a las represalias. Silvela propuso un avance hacia el corazón del Rif a través de Alhucemas, pero el Gobierno no aceptó. 691 Balfour, S.: Abrazo mortal, p. 185; Madariaga, Mª. R.: España y el Rif, p. 543. 692 Madariaga. Mª R.: En el barranco del Lobo, p. 172. 425 Abd el-Krim mantuvo su ofensiva y atacó los puntos avanzados españoles, en especial el de Tizi Azza, y casi consiguió a aislarlo en la primavera de 1923 cortando la carretera. No lo consiguió por la acción del Tercio y el sacrificio del teniente coronel Valenzuela, el 5 de junio de 1923. La muerte de Valenzuela supuso el ascenso de Francisco Franco, comandante de la primera Bandera, a teniente coronel y a la jefatura de la Legión. El gobierno de García Prieto prohibió al general Vives, comandante militar de Melilla, emprender nuevas acciones, por lo que Vives dimitió. Federico Pita, con “Corrochano”, denunció que “Las columnas reciben órdenes concretas y terminantes de no disparar un tiro; no se hace la necesaria preparación artillera para despejar los barrancos que hay que cruzar y que están llenos de enemigos envalentonados; los aviones vuelan sin bombas y sin munición de ametralladora; es decir, vamos a un combate previsto, desarmados, por no caer en lo que califica de 693 provocación el ministro de Estado” En el verano de 1923 se creó una comisión para estudiar el proyecto del desembarco en Alhucemas, presentado por el general Martínez Anido, comandante 694 general de Melilla . El ataque fue diseñado en gran parte por Cándido Pardo Gónzález. El avance sería efectuado por tierra y por mar, precedido por bombardeos aéreos con 695 bombas incendiarias “y hasta si fuese posible gases asfixiantes” . Se preveía un contingente de 20.000 hombres y 50 millones de pesetas, con dos meses de preparación. El Gobierno lo juzgó demasiado costoso y arriesgado, y fue abandonado. Martínez Anido dimitió. Silvela consiguió liberar la posición asediada de Tifaruin, asaltando las posiciones marroquíes mientras desembarcaban en la playa de Afrau, con el cañonero Lauria y los guardacostas Arcila y Alcázar, un tabor de la Mehal-la de Tafersit y la 693 Pita, F., en El Amalato del Rif, cit. en Armiñán, J.M. y L., Francia, el Dictador y el Moro, Madrid, 1930, p. 37. 694 Severiano Martínez Anido se había convertido en el general de división más antiguo, pero dado su prolongado servicio al frente del Gobierno Civil de Barcelona, carecía de tiempo servido en mando militar para ascender. Por ello, solicitó al subsecretario de Guerra, general Barrera, un destino. El ministro de la Guerra, Alcalá Zamora, no estaba dispuesto a ascender a Martínez Anido, pero tampoco deseaba estrangular asu carrera, así que le destinó a Cartagena. Pero al presentarse en el ministerio para agradecer su destino, le explicó a Alcalá Zamora que no podía ir a Cartagena: “con más dificultad o lentitud en la sosegada voz y mirando hacia un ángulo o arista de la pared con el suelo, me dijo que su repugnancia no obedecía a eso y sí a que daba la fatal coincidencia de ser de Cartagena y de sus alrededores los más de los ‘desaparecidos’ bajo su mando en Barcelona; y que por ello le resultaba muy peligroso vivir cerca de las familias de aquéllos. (…) Preguntéle asombrado ante tal resistencia dónde correría menos peligro su vida: me respondió que en África, y mientras tanto en Coruña, y fue atendido”: Alcalá Zamora, N. Memorias, Planeta, Barcelona, 1977, p. 84. 695 http://www.aeropinakes.com/entrada/civicraft/avionesdescrip/fokkercivspain1924.html; de “El Proyecto de desembarco del general Martínez Anido”, en Revista de Historia Militar, nº 49, 1980. 426 Harka de Guelaya, a las que se unió la Harka de Beni Said, mandada por Amar Uchen, 696 atacando a los Beni Said por la espalda . Silvela se sintió aislado; pese a los éxitos, el Gobierno no le apoyaba con recursos y hombres; finalmente dimitió el 13 de septiembre de 1923. Ese mismo día Primo de Rivera dio el golpe de Estado y exigió la entrega del poder al Rey. 2.3.- El ascenso de Varela a Capitán. 2.3.1.- La concesión de honores por su primera Laureada. El rey pidió al ministro La Cierva que se acelerara el proceso de trámites para el teniente Varela, para su ascenso, porque había sido demorado anteriormente. El 27 de 697 octubre de 1921 la prensa publicó la noticia de su ascenso a capitán , y el 28 de 698 octubre Ayuntamiento de San Fernando le remitió una sincera y emotiva felicitación , deseando que pronto se restableciera de sus heridas, y se le concediera también la 699 Laureada. Ésta por fin llegó el 12 de diciembre, la primera, por la cueva de Ruman . El Ayuntamiento de San Fernando acordó encabezar una suscripción popular para 700 costear las insignias de la Cruz . En el Hotel Barrazal, en la Gran Vía, donde residía Varela en Madrid, se recibieron muchas felicitaciones. El diario El Mensajero, de Jerez, con su director al frente, Joaquín Fernández Baena, propuso organizar en esta ciudad un banquete en honor, y se adhirieron el alcalde, el juez, y toda la oficialidad de la misma, con su gobernador militar, y a esta iniciativa se sumaron los diarios de San Fernando y 701 de Cádiz . Varela agradeció las felicitaciones de sus paisanos a través de un telegrama 702 al Ayuntamiento . El 23 de diciembre de 1921 Varela llegó a San Fernando, acompañado por el diputado Juan Bautista Lazaga, recibiéndole en la estación una comisión del Ayuntamiento encabezada por el alcalde, así como amigos y representantes de diversas asociaciones y corporaciones. Varela se emocionó. La comitiva le acompañó a casa y cumplimentó a su madre. Varela relató las atenciones 696 Balfour da unas cifras exageradas tanto de las tropas que operaron como de las bajas, y afirma que se empleó gas fosgeno. Una visión más realista y detallada en De Mesa Gutiérrez, J.L. “!919-1927, casi una década de sangre”, en Las Campañas de Marruecos, Almena, 2001, p. 148-151. 697 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 54, “Merecido ascenso”. 698 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 55 y 56 699 AMGS, Hoja de Servicios, fol. 148/17 rto. 700 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 58, Diario de Cádiz, 10 de diciembre de 1921, “El teniente Varela”. 701 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 66, Heraldo de San Fernando, 30 de diciembre de 1921, “En honor del teniente Varela”. 702 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 60, Heraldo de San Fernando, 17 de diciembre de 1921, “El laureado teniente Varela” 427 que había recibido del Rey, y entregó a su madre una fotografía dedicada de la reina 703 María Cristina, en la cual la felicitaba por su heroico hijo . En enero de 1922 se le obsequió con un banquete en su honor. Se quiso que 704 fuera popular y no se exigió traje ni uniforme para la asistencia . Se celebró el 9 de 705 febrero, en el Círculo Obrero, y costó el cubierto 7’50 pesetas . El 25 de febrero salió 706 de nuevo hacia Marruecos . El 10 de marzo, González Carrasco remitió un telegrama de felicitación a la madre de Varela, notificándole su hijo había sido recibido por las autoridades, y que los Regulares de Larache habían acordado regalarle la condecoración 707 de la Cruz Laureada, y las autoridades civiles, un sable de honor . Se celebró un banquete en su honor en el Casino Español de Alcazarquivir, organizado por el Círculo “Unión y Recreo”. El salón se adornó con escudos y banderas españolas, lemas con 708 vivas a España, al Rey, al Ejército, a los héroes, a Alcázar y al Círculo; lo presidía un 709 retrato del rey . Varela llegó acompañado del teniente coronel González Carrasco y del capitán Delgado. Asistieron muchos militares, socios del Círculo. Hablaron el presidente del Círculo Miguel Rodríguez, el presidente del Casino e ingeniero del ferrocarril Tánger-Fez señor Frutos; el vicesecretario del Círculo, sargento de Regulares José María Díaz Robledo, superviviente del encuentro de Cudia Majzen le dedicó una poesía: "Allí donde voluntario / fui con él a la pelea,/ allí donde un adversario / oculto en una palmera / se abalanza sobre un cabo / y le quita la defensa / allí di muerte al 710 traidor / cómo se mata en la guerra" ; el teniente coronel González Carrasco; el señor 703 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 62, Heraldo de San Fernando, 23 de diciembre de 1921, “Llegada del teniente Varela”; fol. 64, El Mensajero de Jerez, 25 de diciembre de 1921, “Oficial laureado”; fol, 65, Diario de Cádiz, 26 de diciembre de 1921, “Llegada a San Fernando del laureado oficial Sr. Varela” 704 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 249, Heraldo de San Fernando, 6 de enero de 1922, “El banquete al teniente Varela”. 705 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 250. 706 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 251, Heraldo de San Fernando, 24 de febrero de 1922; fol 253, “El Teniente Varela”, fol 255, ABC, 6 de marzo de 1922. 707 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 256, Heraldo de San Fernando, 12 de marzo de 1922; fol 257, telegrama original: “En nombre jefes y oficiales guarnición Alcazarquivir felicito efusivamente madre nuestro querido Varelita recibido Alcazarquivir por todos elementos civiles recuerdos banquete popular su honor asistencia autoridades civiles y militares acordándose regalo cruz Regulares Larache y sable honor elemento civil. Carrasco” 708 Los militares españoles abreviaban normalmente el topónimo de la población Al-Qasr Al-Kabir o Ksar-el-Kebir, Alcazarquivir, y decían simplemente “Alcázar”. 709 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 259, ABC, 16 de marzo de 1922, “ABC en la Zona Occidental”; fol 260, ABC, 20 de marzo de 1922; fol 261-262, El Popular, Larache, 20 de marzo de 1922; fol 263, Diario de Cádiz, 4 de abril de 1922, “El teniente D. Enrique Varela. Agasajo en Alcazarquivir. Imposición de la Cruz Laureada”. 710 Pemán, J.Mª, Un soldado en la Historia, p. 42. La poesía completa, en: ACGJEVI, Carpeta 2, fol 261- 262, El Popular, Larache, 20 de marzo de 1922, fechada en Alcázar el 18 de marzo de 1822, y firmada por José María Díaz Robledo, Sargento de Regulares; ver Apéndice documental nº 14. 428 Armario, director de El Popular de Larache; y Varela agradeció el homenaje con sencillas palabras. Es de destacar la íntima unión existente entre civiles y militares en este acto y en la propia sociedad colonial. Por entonces, abril de 1922, ya comenzó a comentarse que le sería impuesta la Laureada en un acto que se celebraría en Sevilla, donde también se entregaría una bandera a los Regulares de Larache. El ayuntamiento de Sevilla tenía pensado pedir la 711 asistencia del monarca a este acto . En San Fernando, a iniciativa del Alcalde y por aclamación ante su propuesta, el Ayuntamiento le dedicó una calle, antes de San 712 Miguel, inmediata a su lugar de residencia . El 28 de abril, el Grupo de Regulares de Larache participó en la ofensiva sobre Xauen, sobre Beni Aros, en el combate de Feddan Yebel. Allí fue gravemente herido el 713 teniente coronel González Carrasco, que mandaba la vanguardia . El combate fue muy sangriento, llegándose a las trescientas cincuenta bajas españolas. Varela escribió a su madre: “Iba de ayudante de Carrasco (…). Pienso que éste ha sido el combate más duro que hemos tenido por Larache: Carrasco herido grave en la pierna; dos de los comandantes del Grupo heridos también y 17 oficiales más de Regulares todos, y 10 714 entre Policía y otros cuerpos. Hasta el comandante de Estado Mayor heridos” . González Carrasco fue reemplazado por el teniente coronel Luis Orgaz Yoldi, siguiendo Varela en su cargo de ayudante. 2.3.2.- El expediente para ascenso a capitán. 711 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 263, Diario de Cádiz, 4 de abril de 1922, “El teniente D. Enrique Varela. Agasajo en Alcazarquivir. Imposición de la Cruz Laureada”. 712 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 264, Diario de Cádiz, 20 de abril de 1922, “El Teniente Sr. Varela. Se da su nombre a una calle de San Fernando. El expuesto de la Alcaldía”. El texto decía así: El Alcalde Presidente del Excmo. e Ilustrísimo Ayuntamiento de esta ciudad tiene el honor de someter a la Corporación Municipal el siguiente expuesto: Exmo. e Ilmo. Señor: De todo San Fernando es conocido el comportamiento en África de un modesto hijo de esta población, de un bizarro oficial del arma de Infantería, que en más de una ocasión puso a prueba no sólo su valentía y heroísmo, sino también su arrojo y bizarría. “El Teniente de Regulares D. José Enrique Varela, propuesto para dos cruces laureadas y que ya ostenta en su pecho una de tan preciadas condecoraciones, es merecedor a que el pueblo de San Fernando le tribute un homenaje de admiración y simpatía, homenaje que quede grabado como recuerdo en la memoria de todo isleño; y a tal objeto el Alcalde que suscribe, recogiendo el ambiente de la ciudad, y siendo de opinión que todo homenaje debe realizarse en vida, por cuantos merecimientos atesora el Teniente Sr. Varela, se atreve a proponer a la Corporación que una de las calles de San Fernando sea rotulada con el nombre del Teniente Varela, para estímulo de las sucesivas generaciones y para orgullo de la ciudad que cuenta con hijos como el Sr. Varela, que lleva una actuación en África que si bien ha sido coronada con éxito, en cambio fue salpicada con sangre en repetidos hechos. “Los pueblos que saben enaltecer a sus hijos son dignos de elogios, y por ello hace este ruego a la Excma. Corporación, el Alcalde que suscribe, Salvador García Suffo. San Fernando Abril 1922”; fol 266, oficio del alcalde notificándole a Varela la decisión municipal. 713 http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1922/05/02/007.html. 714 ACGJEVI, Carpeta 167, fol 198. 429 En junio obtuvo por fin Varela el ascenso a capitán. El expediente informativo se abrió el 14 de diciembre de 1920, por los combates ocurridos entre el 29 de junio de 1918 al 3 de febrero de 1920: Besbas, Taatof, Borja, Dardara, Cudia Majzen, Saasa, Rapta, Blocao Regaia, Ain Tin, Azib el Abbas, Fondak de Ain Yedida, Langerie, Borja, 715 Escaria, Harcha y Akba . El juez instructor del Expediente fue Manuel González y González, coronel de la Primera Media Brigada de Cazadores de Larache, y el secretario, el teniente Juan Tapioles Tapioles, del Batallón de Cazadores de Figueras nº 716 6, nombrados respectivamente el 28 de noviembre y el 14 de diciembre de 1920 . Por desgracia, este proceso se vio frenado por la ofensiva de las Juntas de Defensa, de esos meses, que tan duramente salpicó a Varela y a otros oficiales. La primera medida que tomó el coronel González fue entrevistar al jefe del Cuerpo de Regulares de Larache, el 19 de diciembre de 1920. González Carrasco declaró las fuerzas españolas que había mandado en cada una de las operaciones, y quienes eran los jefes superiores de Varela. Carrasco explicó las acciones de Borja, donde Varela sostuvo la posición durante seis horas; la de Cudia Majzen, donde rescató al cabo Juan Tapia, aunque cuando llegó hasta él ya estaba muerto, y “siendo él herido 717 leve al practicarlo” [el rescate] ; el combate de Rapta (o Rabta), donde tuvo que asumir el mando de la Compañía ante las bajas de los oficiales, y donde consiguió coronar la altura objetivo. Entonces, el coronel González le preguntó a qué recompensa le creía acreedor, y Carrasco respondió, anotando el secretario: “…que este oficial ha asistido a todos los combates que han tenido lugar en este territorio desde el año 1916 hasta la fecha; que su notorio comportamiento se ha puesto de manifiesto por la intervención directa que ha tomado en ellas merced a su inteligencia, conocimientos prácticos de esta guerra, sereno valor y muy especialmente en su último hecho de armas citado, por todo lo cual el testigo le cree con derecho al ascenso al empleo inmediato por estar comprendido de lleno en el espíritu del artículo 34 del reglamento de 718 Recompensas” . Seguidamente, fueron declarando los diferentes testigos. El comandante Manuel Pacheco de Leiva certificó su entusiasmo, ejemplo y profesionalidad en los choques de Besbas, Taatof, citado como distinguido en Borja-Amegadi, brillante comportamiento en Dardara y nueva citación, así como en Cudia Majzen; destacó su serenidad y 715 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 275. 716 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 276. 717 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 277; subrayado en el original. 718 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 278. 430 abnegación en Saara y Gorra, Bumegasdi y Menzora, Rabta, donde demostró aptitudes para el mando y fue citado como muy distinguido; en resumen, Pacheco pensaba que 719 Varela merecía el ascenso . De igual opinión era el capitán Francisco Delgado, que 720 relató por ser testigo los hechos de Cudias Majzen y Rapta . Varela fue entrevistado en Larache el 16 de enero de 1921, y relató las acciones en las que había tomado parte con sencillez: “…tomando parte en el de Borja como ayudante del primer Tabor en una de las fases de éste y con motivo de ir a comunicar órdenes de retirada al Capitán Peral, que mandaba la segunda del primero que se encontraba amenazado en la línea de fuego, recibió indicaciones del citado Capitán de la conveniencia de tomar el mando de una sección, por no tener en la Compañía más oficial que el Teniente Castro y apreciar que esta unidad sería duramente hostilizada durante la retirada, e inició el repliegue: comprendiendo el declarante que el enemigo situado en unas alturas próximas y dominantes podía impedir una retirada en perfecto orden, para proteger el resto de las fuerzas, avanzó con 25 hombres a dichas alturas, dispersó al enemigo y se retiró en orden cumpliendo de esta forma la misión señalada, habiendo tenido las bajas de un sargento y dos soldados moros, todas ellas retiradas, ignorando las que pudo haber hecho al 721 enemigo” . En este tono desgranó los acontecimientos ya citados de Cudia Majzen y Rapta, detallando a preguntas del coronel juez instructor quienes eran los oficiales más cercanos a su posición. El general Emilio Barrera Luyando detalló en su encuesta las fuerzas a su mando en la acción de Borja del 26 de mayo de 1919, de Cudia Majzen del 21 de abril de 1919, de Ain Tin del 27 de septiembre de 1919; no sabía exactamente las fuerzas que había mandado Varela en cada combate, por ser información propia del Jefe del Cuerpo; en cuanto a si lo creía merecedor del ascenso, se explayó: “Que por su notorio comportamiento en cuantos hechos de armas ha tomado parte muy principalmente en la ocupación de la posición de Cudia Majzen durante la cual y en un momento difícil para la primera Compañía del primer Tabor ante repentino y violento ataque del enemigo, este oficial toma el mando de una sección de reserva ejecutando vigorosa contraofensiva consiguiendo restablecer la situación en aquel punto de la línea de fuego; rescatando al propio tiempo el cadáver del cabo Juan Tapia que había sido apresado por el enemigo, lo considero comprendido en el artículo 34 del vigente Reglamento de 719 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 279. 720 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 280. 721 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 281. 431 Recompensas en tiempo de guerra y por tanto merecedor al ascenso al empleo 722 inmediato” . El 18 de enero de 1921 declaró el alférez Basilio Parra Soriano, de manifestó haber “asistido con el Teniente Varela a muchas de las operaciones que se citan en la orden general de referencia y en todas ellas ha demostrado un valor sereno, gran entereza y capacidad para el mando, teniendo rara aptitud para apreciar los momentos difíciles y decisión y buen golpe de vista para resolverlos 723 favorablemente” . En parecidos términos se expresó el capitán Rafael Cotta Garrido, del Batallón de Cazadores de Las Navas nº 10, y añadió un pequeño detalle del combate de Rapta. En dicho combate, el capitán cayó herido, pero antes “el declarante se ofreció para que utilizara sus servicios en la Compañía que me faltaban oficiales y habiéndole encargado que con unos treinta hombres avanzase para impedir que pudiese llevarse el enemigo que de cerca lo intentaba varios de nuestros heridos entre los cuales se encontraba un Teniente y un Sargento, consiguió evitarlo con su arrojo y decisión, causando al enemigo 724 algunas bajas de las cuales quedaron tres en nuestro poder” . El alférez Isaac López Galán, presente en varios de los combates, se expresó 725 también en términos muy elogiosos hacia Varela . El capitán Ildefonso Pérez Peral había sido testigo privilegiado de estos combates, y juzgaba a Varela muy digno y 726 merecedor del ascenso . El teniente Juan Castro López explicó con gran detalle la acción de Cudia Majzen, en especial cómo se hizo cargo de la crítica situación de las armas españolas: “… en cuya operación el interesado desempeñaba el cargo de ayudante del Primer Tabor mandado por el comandante Don Manuel Pacheco de Leyva, y en un momento crítico en que la Compañía del Capitán Izurralegui (muerto posteriormente) empezaba a retroceder sorprendida por un fuerte ataque del enemigo, el declarante que formaba parte de la Compañía del Capitán Pérez Peral perteneciente al mismo Tabor y como a unos seiscientos metros de distancia, pudo ver perfectamente cómo el Teniente Varela al darse cuenta de las funestas consecuencias que este retroceso pudiera ocasionar a toda la línea, tomó el mando de una sección de la Compañía del Teniente Serrano (muerto también más tarde) y la cual se encontraba sin oficial, logró hacer reaccionar a 722 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 283; fechado en Larache el 4 de enero de 1920; debe ser un error, por 1921. 723 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 284. 724 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 285, declaró en Larache el 21 de enero de 1921. 725 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 286, declaró en Larache el 22 de enero de 1921. 726 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 287, declaró en Huelva el 2% de enero de 1921; estaba entonces destinado en el Huelva nº 8. 432 la Compañía que retrocedía, normalizando la situación y seguido de diez o doce hombres, y apoyado por el fuego del resto de la Compañía, persiguió al enemigo que se llevaba al cabo Juan Tapia, consiguiendo rescatar su cadáver, siendo herido leve al efectuarlo, sufriendo la fuerza que mandaba tres o cuatro bajas, que fueron retiradas, no pudiendo precisar las que tuviera el enemigo, que se presentó en grupos cuyo total no pasaría de cincuenta o sesenta hombres, con respecto al Teniente Varela teniendo en su sección unos 727 treinta” . El teniente Castro lo creía merecedor del ascenso. El coronel Enrique de Salcedo Moliner afirmó no haber sido testigo directo de los hechos del teniente Varela, pero recordó como “un hecho muy brillante” su participación en Cudia Majzen, y le calificó como “acreedor a la más alta recompensa y al empleo superior inmediato”, al ser siempre “excepcionalmente distinguido y brillante, destacándose notablemente sus actuaciones por su gran entusiasmo, inteligencia y valor personal que evidenciaba en 728 todos los momentos y ocasiones” . El teniente coronel Ángel Cuadrado Garcés refirió la acción de Taatof, del 11 de marzo de 1919, cuando “El Teniente Varela solicitó y obtuvo de su jefe autorización para auxiliar al capitán en el mando de la Compañía que carecía de oficiales del Ejército y constituía el ala derecha de la Infantería de la línea general del combate y no había dejado de ser hostilizada desde que se inició el despliegue. Con la sección a sus órdenes ocupó el aduar Borja que había sido incendiado y abandonado (…) “Permaneció en él sosteniendo continuado tiroteo con el enemigo que varias veces intentó atacarlo hasta que ordenado el repliegue en dirección a Taatof, inició este movimiento el Escuadrón, en cuyo momento tuvo necesidad de pedir un refuerzo al Capitán de la Compañía para sostener los obstinados ataques del enemigo que a toda costa intentaba posesionarse de aquella altura y repelerlos con movimientos ofensivos.(…) “Por su brillante comportamiento, valor indudable y acierto en la disposición de sus fuerzas, fue muy elogiado por su Capitán y Comandante durante la 729 operación, y citado en el parte como distinguido por el Jefe que declara…” . También le consideraba merecedor del ascenso. En sus conclusiones, el coronel González destacó la unanimidad de los testigos en el merecimiento del ascenso por parte de Varela, resumía los hechos relatados por los 727 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 288, declaró en Larache el 27 de febrero de 1921. 728 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 289, declaró en Melilla el 24 de febrero de 1921; era entonces coronel del Regimiento de Infantería de San Fernando nº 11. 729 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 290, declaró en Estella el 25 de enero de 1921;estaba destinado en el Regimiento Órdenes Militares nº 77; ver Apéndice documental nº 15. 433 testigos, y subrayaba el hecho de que el interesado estaba en posesión de dos cruces rojas, muy buen concepto por parte de sus superiores y ninguna nota en su hoja de hechos. El coronel consideraba que Varela “por su actuación en los combates referidos y muy especialmente en el de Kudia Majzen se hece acreedor a ser recompensado por el ascenso al empleo inmediato con arreglo al artículo 34 del Reglamento de 730 Recompensas en tiempo de guerra” . El Juez cerraba la instrucción el 26 de marzo de 1921. Significativamente, unas semanas después, el 12 de mayo de 1921, el coronel González y González mandaría la columna hacia Addama, en la que Varela ganaría su 731 segunda Laureada . Obtenido el ascenso en junio de 1922, el coronel de Infantería de Marina, Manuel Manrique de Lara, le escribió una carta laudatoria, “Nunca he de olvidar la impresión de asombro que me produjo (…) su actitud de arrojo abnegado, de generoso sacrificio en la meseta de Addama. Con que V. sostuvo, para gloria suya y suerte de todos, el irresistible empuje enemigo. Si yo fuera capaz de sentir envidia, la tendría de 732 V., que es un dechado de heroísmo y puede servir de orgullo a toda una raza” . En la Orden del Grupo de Regulares de Larache del 8 de junio de 1922, figura el ascenso de Varela: “Artículo 3º: Ascendido a Capitán por méritos de Guerra en Teniente de este Grupo Sr. Don José Varela Iglesias quedará agregado para servicio en su nuevo empleo el mismo; haciéndose cargo del mando de armas del 3er Tabor últimamente 733 organizado” . El 11 de junio, Varela le envió un telegrama a su madre para darle la 734 noticia: “Ascendido mérito de guerra te abraza tu hijo el capitán Varela” . Se publicó 735 su fotografía en Blanco y Negro , por su Laureada. Su paisano el músico don José del Río escribió un pasodoble, "Teniente Varela", que fue interpretado por la banda del 736 regimiento 67 . 2.3.3.- Nuevo hecho de armas del capitán Varela. El general Sanjurjo, jefe de la columna donde estaba integrado el Grupo de Regulares de Larache, continuó la campaña para pacificar a las cabilas rebeldes. Se 730 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 293-294. 731 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 314-315, conclusiones del fiscal sobre la segunda Laureada. 732 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 323-324, fechada en 7 de junio de 1922. 733 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 325. Firmado por el Coronel Jefe, Orgaz, y el capitán ayudante Mayor, Francisco Delgado. 734 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 326. 735 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 329, fechada en 7 de agosto de 1922; aún se le nombra como Teniente de Regulares. 736 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 331, Heraldo de San Fernando, 8 de agosto de 1922, “Nuevo pasodoble titulado ‘Teniente Varela’” 434 decidió la conquista de la zauia o centro islámico de Sidi Issef Tilidi. Varela, como er capitán, estaba al mando del 3 Tabor del Grupo de Regulares de Larache, aunque su destino fuera el Regimiento de Infantería de Segovia nº 75, al que no se incorporó, pues 737 el 2 de agosto se le destinó a su unidad efectiva, los Regulares de Larache . El 26 de junio de 1922, Varela se vio implicado en un nuevo hecho de armas. En Beni Abdallah, la harka amiga había salido de noche, sorprendiendo al enemigo y ocupando una posición estratégica sobre el valle del Azla. Se envió entonces a una columna para realizar trabajos de fortificación en ese lugar, que fue bautizado como Merino, en memoria de un soldado fallecido ese día. El general Sanjurjo inspeccionó el frente de guerrillas. Los marroquíes, comprendiendo las intenciones de los españoles, decidieron expulsarlos de la posición. Se acercaron apoyándose en los accidentes del terreno hasta llegar muy cerca de los trabajos. El Grupo de Regulares de Larache estaba al mando del teniente coronel Orgaz, que había reemplazado a González Carrasco, herido. Orgaz llamó a Varela. El flamante capitán estaba accidentalmente al mando de un Tabor, de cuatro compañías de fusiles y una de ametralladoras. Varela, a caballo, erguido ante el enemigo, recibió las órdenes, y acto seguido ordenó al Tabor avanzar y desalojar al enemigo de sus posiciones, lo que se logró con facilidad y muy rápidamente. Esta forma de actuar de Varela, despreciando al fuego enemigo o incluso atrayéndolo deliberadamente, le granjeaba el respeto de sus subordinados y de sus 738 soldados indígenas . 2.3.4.- Más honores y reconocimientos. En agosto de 1922 regresó a San Fernando, y cuando unos periodistas le preguntaron por el nuevo comandante en jefe, general Burguete, contestó: “No he de ocultarles que el prestigio del laureado General Burguete es un Jefe competentísimo en 739 asuntos africanos y de gran ascendiente entre los moros” . Dado que en esos días el teniente coronel Manuel González Carrasco se encontraba en Jerez, los periodistas de Jerez tuvieron la iniciativa de organizar un banquete de homenaje a ambos militares. Se celebraría en Sanlúcar, en la caseta Viena Miramar. Era una auténtica excursión, "16 pesetas, incluidas en ellas, tren, coche y tranvía, ida y regreso, y la asistencia al 737 Martínez Roda, F., Varela. El general antifascista de Franco, p. 56. 738 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 338, El Mensajero, Jerez, 18 de agosto de 1922, “Recuerdos de Campaña”, por Tomás García Figueras. 739 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 332, Heraldo de San Fernando, 10 de agosto de 1922, “El Capitán Varela”; fol 334, “Sea bien venido”, 10 de agosto de 1922. 435 740 banquete, que Pepe Caballero jura que será espléndido” .Se abrieron listas de adhesión en las diferentes asociaciones de Jerez: Casino Nacionañ y Jerezano, Círculos La Peña, Lebrero y Taurino, Centro Mercatil. Se estableció que la mesa sería presidida por los homenajeados, el alcalde de Jerez señor González Pineda, el secretario del Ayuntamiento señor Ríos Flores, el comandante militar de la plaza señor Merry, el abad de la Colegiata señor Daza, El juez decano señor Monzón, y el encargado de Hacienda señor Barroso Calzadilla. Varias casas de vinos y licores se ofrecieron a surtir el 741 banquete . La crónica del evento ofrece un párrafo muy revelador: “De clarín sonoro han servido en esta ocasión los modestos periodistas jerezanos, que así como hace un año supieron frenar sus plumas en holocausto de esta desgraciada e inmortal patria española, han sabido igualmente aunar sus esfuerzos para que condensara esa comunidad de sentimientos en homenaje rendido a la bizarría, representativa del espíritu valeroso y legendario de la 742 raza” . Existía por tanto en la sociedad española un sentimiento de revancha; los periodistas que en un momento dado atacaron a un ejército y a unas instituciones que no habían sabido cumplir su papel, no eran remisos a apoyar una labor bien hecha, y a unos militares valientes y decididos. A continuación se daban detalles del acto: Varela llegó de San Fernando a Jerez acompañado del comandante de Infantería de Marina Jaime Togores, del oficial de la Diputación Provincial Manuel Casanova, y del periodista Gaspar Fernández. Tras realizar algunas visitas, marcharon a Sanlúcar, donde se celebró el ágape. Asistieron numerosos militares y civiles. Desde Sevilla llegó en aeroplano el general Sanjurjo, quien le dijo al saludarle: “¡Hola Varelita!, vengo a asistir a tu homenaje”. El total de presentes fue de 108 personas. La comida estuvo presidida por las autoridades civiles y militares, los homenajeados, y los directores de los periódicos organizadores. Después se pronunciaron varios discursos, abiertos por el redactor de El Guadalete, Rafael Pozo; los alcaldes de Sanlúcar, Jerez, que tuvo un recuerdo para el fallecido Fernando Primo de Rivera en la retirada de Annual, y San Fernando, tuvieron palabras de elogio para los héroes de África. En un artículo, Tomás García Figueras explicaba el modus operandi del Ejército de África: una vanguardia de tropas de choque indígenas, y detrás el resto de fuerzas. 740 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 335, El Mensajero, Jerez, 11 de agosto de 1922, “Homenaje a dos héroes”. 741 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 336, El Mensajero, Jerez, 12 de agosto de 1922, “Homenaje a dos héroes”. 742 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 337, El Mensajero, Jerez, 17 de agosto de 1922, “Homenaje a dos héroes”. 436 Este sistema, explica, ahorra vidas de soldados españoles, pero supone un gran sacrificio en oficiales, abnegados y arrojados: “Las tropas indígenas tienen, ante todo y sobre todo, un ambiente de infantilidad que las hace atrozmente simpáticas. Marchan al combate entre risas y cánticos, reflejado en el rostro de los más el ansia que sienten por la pelea; los pequeños incidentes son coreados con risotadas, con chistes dichos en el argot especial de ellos, en un castellano deplorable pero graciosísimo salpicados de interjecciones y de modismos árabes. (…) Estos Regulares de Larache tienen pasión por su teniente coronel González Carrasco, lo miran como a un padre, le respetan y obedecen hasta dar con gusto la vida si él se lo manda. En el combate, en la guerrilla, cuando más intenso es el fuego no desfallece nunca, porque al volver los ojos encuentra siempre de pie, erguido, indiferente al peligro, a su teniente coronel, que los anima con la voz, con el gesto, con el ejemplo. Y en esa actitud serena cobran fuerzas y se lanzan al postrer asalto entre feroces gritos de entusiasmo, sin preocuparse del que cae, sin que el que muere tenga un gesto de tristeza…(…) …Varela, con ser admirable por su valor electrizante y sereno, ese valor que le hace, cuando sus moros están echados al suelo, disparando protegidos por el terreno, pasear lentamente, erguido, con su suljan blanco, vaporoso, llamando la atención sobre su persona del enemigo, que tira y tira, sin cesar sobre él, y que no acierta sobrecogido, sin duda, por aquella fantasía del cristiano, mucho más audaz que todas sus fantasías legendarias, lo es aún más por sus conocimientos y por sus cualidades excepcionales para el empleo de las tropas, por la arrolladora impulsión, por la fuerza ofensiva que da a los que manda, lanzándolos decididos a la maniobra, esa maniobra que el enemigo no resiste 743 jamás” . Seguidamente relata los hechos del 26 de junio, ya referenciados. 2.3.5.- La concesión de la Segunda Laureada. 744 El 12 de septiembre fue invitado a almorzar con el Rey en el palacio de Miramar, en San Sebastián. Anteriormente, en enero, el Rey decidió conceder una bandera al Grupo de Regulares de Larache nº 4, dado su heroísmo en los combates, con más de 1.500 bajas de tropa y ciento cuarenta de oficiales en combates, lo que suponía que todos sus integrantes habían sido, en alguna ocasión, heridos; a ello se añadía la necesidad de resaltar la fidelidad de estas tropas, en contraste con lo sucedido en Annual. El Ayuntamiento de Sevilla decidió regalar la bandera, dado que su teniente 743 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 338, El Mensajero, Jerez, 18 de agosto de 1922, “Recuerdos de la Campaña. González Carrasco y Varela”. 744 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 340, Saluda del teniente general Milans del Bosch como comandante general del Real Cuerpo de Alabarderos, fechada el 12 de septiembre 1922; fol 341: menú de dicho almuerzo; fol 342; recuerdo del mismo; asistió la reina María Cristina. 437 coronel, Manuel González Carrasco, era sevillano. La bandera fue bordada por las mujeres sevillanas, un auténtico homenaje al "moro amigo" con que "España tenía una deuda", tal y como tituló la crónica de Gregorio Corruchano. La ceremonia se desarrollaría en Tablada, en 15 de octubre, domingo, y en el mismo se entregarían 745 diversas condecoraciones, entre ellas la Laureada al capitán Varela . Para dar mayor solemnidad al acto, el rey decidió asistir. Para Pemán, iba a ser una celebración para levantar el ánimo y tranquilizar a los militares tras el desastre de Annual. Esto es relativo, pues en ese momento el Ejército había reconquistado mucho de lo perdido en julio de 1921. Los regulares de Larache embarcaron hacia Sevilla, y montaron su campamento en Tablada, donde Varela recibió la noticia de la concesión de su segunda Laureada. Tenemos el testimonio de su amiga, Carmen Martel: “Brillaba el sol. Primavera de Sevilla. Como por arte de magia Tablada se había convertido en un campamento moro. Tiendas de lona, jaiques. Los Regulares habían venido a Sevilla para recibir de manos del Rey la corbata de la Medalla Militar. Entre ellos venía el capitán Varela que había obtenido ya su primera laureada. En aquella tarde se esperaba en el campamento la visita del capitán General de Sevilla, el infante Don Carlos. Nosotras fuimos también, acompañando a nuestro padre que ostentaba entonces un alto cargo en la Milicia. Conocíamos a Varela. Nos unía el lazo de ser ambos gaditanos, aunque entonces vivíamos fuera de nuestra provincia. Se dedicó a hacernos los honores. Poco después sentados en cojines en una tienda tomábamos el té moruno. Se charlaba. Reinaba el buen humor. De pronto, Varela fue llamado y tuvo que marcharse, pero volvió casi enseguida. “Venía radiante de alegría y había motivos para ello. Nos enseñó un telegrama mientras nos decía: “-Me han concedido la segunda laureada. Sois las primeras en saberlo. “Aquel oficial, hacía poco casi desconocido empezaba a ascender por el camino de la gloria, y aquella primavera, Varela, el capitán de las dos laureadas fue el 746 ídolo de las sevillanas” . 745 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 346, Diario de Cádiz, 10 de octubre de 1922, “Solemnidades en Sevilla”; fol. 347, ABC, 12 de octubre de 1922, “La bandera de los Regulares”. 746 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 348, escrito mecanografiado, “Escenas de la Vida del General Varela”, firmado por Carmen Martel, sin fecha. Referente a esos días, añade: “Sevilla de nuevo. Un teatro céntrico. Un grupo de chicas y de chicos asistía al beneficio de un primer actor. Era algo natural. Hacía poco les había dirigido una función hecha por personas de la buena sociedad sevillana con fines benéficos. Se fue allí para aplaudirle y Varela se unió a la pandilla. Se le consideraba un héroe y se le preguntaba por sus hazañas. Él hablaba con sencillez. “Contó entre otras cosas, su emoción al ver días atrás que al quitarse en el Teatro Real su capote donde ostentaba bordada por manos egregias de la Reina Victoria, que le hizo tal honor, la laureada, fue reconocido por los asistentes que de pie lanzaban vivas, y aplaudían”. Referente a su ingreso en la Maestranza, relata: “Aquello era algo extraordinario y nuestro paisano, modestamente, declinó tal honor. No se consideraba digno de ello. 438 En efecto, la concesión de la segunda Laureada fue muy oportuna, y es posible que el ella interviniera el rey. Según El Popular de Larache, “Su Majestad llamó al capitán Varela y díjole que el viernes [13 de octubre] reunióse el Tribunal supremo de Guerra y Marina y unánimemente concediéndole al heroico militar la segunda cruz laureada de San Fernando que tenía pendiente. “Mañana el Rey impondrá las dos laureadas a Varela. “Como solo hay adquirida una, dijo el Rey que la otra cruz la regalaba él, ordenando que fuera traída en avión para estar aquí en la solemnidad de la 747 bandera de los Regulares” . La condecoración llegó a Sevilla poco tiempo antes de la ceremonia, según un periódico, por aire; según otro, en el expreso. 2.3.6.- La imposición de las Laureadas en Sevilla. A Sevilla se desplazaron muchos gaditanos e isleños, orgullosos de su paisano. Acudieron personalidades políticas, desde José Sánchez Guerra, presidente del Gobierno y ministro de la Guerra, a diputados provinciales como Reyes Baulet. El sábado 14 de octubre, víspera del acontecimiento, por la tarde, el rey visitó a los Regulares en Tablada. La caballería de los Regulares realizó un vistoso espectáculo de “correr la pólvora”, mostrando sus habilidades escuestres. Acompañado del general Sanjurjo, del teniente coronel González Carrasco y de sus ayudantes, pasó revista a los Regulares, desfilando la banda de cornetas, tambores y chirimías, infantería y caballería, 748 destacando la escuadra de gastadores, “formada por cinco moros negros” . El Rey se dio un auténtico baño de multitudes. Visitó las tiendas de los regulares, y en la del general Sanjurjo, y allí se entrevistó con los caídes de las Mías, uno de los cuales lucía en el pecho la cruz de María Cristina, y con el faquir. Tomó el té moro en la tienda, en “Pero los Maestrantes insistieron. Alegaban razones de peso y es que las mayorías de las noblezas habían empezado con hechos de armas. Y por fin, un día con toda solemnidad ingresó en la Maestranza y le vimos poner emocionado su mano sobre los Santos Evangelios para jurar defender el dogma de la Inmaculada, como es preceptivo. “Jamás sentí – confesó después – tal impresión. Ha sido aún mayor que la emoción que tuve en la acción de la Cueva de Ruman cuando gané mi primera Laureada”. También relata que años después, en 1928, vio a Varela en Marruecos, cuando ya era coronel: “Pasamos una tarde deliciosa en aquel cuartel de Regulares donde Varela era considetrado como un semidios por aquellos moros que, gracias a él, habían aprendido a amar a España. ¡Que ajenos estábamos entonces del papel brillante que estaba llamado a representar en nuestra Cruzada de Liberación el insigne Varela y sus queridos regulares, aquella tarde, en que por complacer a nuestro paisano merendamos por segunda vez en su magnífico despacho”. 747 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 382, El Popular de Larache, 16 de octubre de 1922, “La otra laureada para Varela”. 748 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 385, El Liberal de Sevilla, 15 de octubre de 1922. 439 compañía de los oficiales, y después se marchó siendo aclamado por el público y los Regulares. Más tarde se celebró una lucida función en el teatro de San Fernando, a la cual también asistieron los reyes, y que Varela presenció desde el palco del presidente del Gobierno. Por la noche hubo una fiesta en la casa de Miguel Sánchez Dalp, en honor de 749 los reyes, donde actuó la artista Pastora Imperio. También estuvo en ella Varela . En el Certamen Literario convocado por la Real Academia Hispano-Americana, fue premiado un texto redactado por el cabo de Infantería de Marina, Emilio Colombo 750 Mellado, donde se explicaba la hazaña de Varela en Addama . En Sevilla, en la plaza de España, el 15 de octubre de 1922, un día triste gris y lluvioso, el rey le impuso las dos laureadas. La prensa se hizo eco del hecho, 751 enalteciendo al capitán Varela . En la plaza se dispusieron varios palcos y al centro un altar para la misa de campaña, escoltado por la escuadra de gastadores del Regimiento Soria. Formaron las tropas, que fueron revistadas por el Infante don Carlos de 752 Borbón , capitán general de la Región. Después llegaron los reyes, sobre las 10:20 horas, primero la reina en un carruaje, y después el Rey, a caballo, con su escolta y ayudantes, entre ellos los generales Neulant, marqués de la Garantía, y Milans del Bosch. A las 10:40 horas entraron los Regulares de Larache, encabezados, a caballo, por el teniente coronel González Carrasco, el infante don Felipe y el capitán Varela, con su fez rojo, su jaique blanco y sus guantes de gamuza. Llegaron ante el altar, junto al cual se encontraba la bandera, y hacia ella se adelantaron el alcalde de Sevilla, la Reina y el arzobispo, señor Ilundain. El alcalde tomó el estandarte, regalo de la ciudad, y pronunció un discurso, haciendo hincapié en las virtudes representadas en la tela, y en las de la soberana. Doña Victoria pronunció a continuación unas palabras, recordando que el rojo representa a la sangre derramada, y el oro la pureza de los ideales. Después, entregó la bandera al teniente coronel. Contestó a sus palabras un breve parlamento de González Carrasco, y otro del general Barrera, subsecretario de Guerra, recordando que 749 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 384, Diario de Cádiz, 15 de octubre de 1922, “La solemnidad militar de Sevilla”; fol 396, Diario de Cádiz, 17 de octubre de 1922, reseña las personalidades de la ciudad de San Fernando, así como de Cádiz y Jerez, presentes en las celebraciones. 750 AMC,AV, Carpeta 2, fol 405, “Crónica. Lema. La raza Hispana”, premiado en el Certamen del Día de la Raza, 12 de octubre de 1922. 751 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 383, 15 de octubre de 1922, “Dia de Júbilo”; fol 391, Heraldo de San Fernando, 18 de octubre de 1922, “el doble laureado”; 752 Príncipe de las Dos Sicilias, y padre de la Infanta Doña María de las Mercedes de Borbón y Orleáns, madre del rey Juan Carlos I. 440 la donación de la bandera había sido iniciativa del concejal sevillano Manuel Piñal. Barrera ensalzó el valor y la acometividad de las fuerzas de Larache, y anunció que la nueva bandera les daría más orgullo pues la habían ganado con “fidelidad, lealtad y 753 bravura” . El teniente coronel González Carrasco tomó la bandera de manos de la Reina y se arrodilló, y el arzobispo bendijo la enseña, mientras la música de los Regulares resonaba en el aire. El teniente coronel entregó la bandera al teniente Rafael Tejero, que había sido designado como abanderado. En ese momento, el rey distinguió al grupo de oficiales de Regulares heridos, y ordenó que fueran trasladados a su lado. “En el momento en que va a dar comienzo la misa, el capitán Varela ordena media vuelta y los moros quedan dando espaldas al altar. Antes de salir el oficiante ordena marcha y los moros salen de la Plaza de España, en medio de un silencio sepulcral. “Nos agrada en extremo este respeto a las creencias. Las fuerzas Regulares no profesan nuestra religión y no tienen por qué oír la misa, que cuantos quedan en la plaza oyen con gran devoción”. Durante el momento de alzar el Santísimo Sacramento, todas las músicas de la plaza interpretaron la Marcha Real, y sobrevolaron la plaza doce aviones. Tras la misa, presidida por las imágenes de las santas Justa y Rufina, patronas de Sevilla, comenzó a llover copiosamente. El Rey bajó del caballo, soportando el chaparrón a pie firme. Comenzó el desfile, y al pasar la bandera de los Regulares de Larache, el rey prendió en la bandera la Medalla en Militar, con las palabras: “Impongo a la Bandera del Grupo de Regulares de Larache nº 4, las insignias de la Medalla Militar que he concedido a este brillante Cuerpo en premio a sus servicios de campaña y a su comportamiento”. Seguidamente, el infante don Felipe leyó las normas que regían la imposición de la cruz Laureada, y a continuación el rey dijo: “En nombre de la Patria, con arreglo a la Ley y como premio a vuestro heroico comportamiento, os hago Caballero de la Orden de San 754 Fernando” . El monarca avanzó hacia el capitán Varela, seguido de Sánchez Guerra y de los fotógrafos y periodistas, e impuso las dos Laureadas en su pecho de Varela, y le abrazó. La lluvia caía de forma torrencial, y el público vitoreaba a don Alfonso, a Varela y a España. Entre la multitud, una más, estaba la madre de Varela, que había 753 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 389, El Liberal de Sevilla, 16 de octubre de 1922, “En la Plaza de España. Solemne entrega de la bandera a los Regulares de Larache”; ver Apéndice documental, nº 16; fol 393, ABC. Madrid, 16 de octubre de 1922, “La Visita de los Reyes a Sevilla”; fol 397, El Correo de Andalucía, Sevilla, 17 de octubre de 1922, “La fiesta de los Regulares. S.M. recuerda a los militares el juramento a la bandera”. 754 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 386-387, nota mecanografiada con membrete “José Díez de Vargas”, que copia información de El Correo de Andalucía del 17 de octubre de 1922. 441 755 rechazado un puesto de honor . En su lugar, en el palco regio estaba la duquesa de Guisa. Seguidamente, el rey pronunció un discurso a los Regulares, todo un programa 756 de las intenciones de España hacia Marruecos . Después, el monarca, completamente 757 empapado, montó a caballo, y situó a Varela a su derecha . Desfilaron las tropas, y el 758 monarca y su séquito se encaminaron al Alcázar . En el almuerzo íntimo que el rey y el capitán Varela compartieron en Sevilla, el rey le ofreció un título nobiliario. Alfonso XIII le dijo: “Varelita, ¿Quieres ser duque de Ruman o marqués de Abdama? Te lo tienes bien ganado”. El siempre modesto Varela contestó: “Vuestra Majestad acaba de darme el nombre que más me agrada. Se 759 lo agradezco en el alma, señor; pero prefiero seguir siendo Varelita” . De nuevo, Varela fue felicitado por amigos e instituciones: el ayuntamiento de 760 761 San Fernando , Millán Astray en su nombre y en el de los legionarios , 755 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 408, Diario de Cádiz, 18 de octubre de 1922, “La madre de un héroe”, crónica de G. Fernández. 756 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 389, El Liberal de Sevilla, 16 de octubre de 1922: “Regulares de Larache: En nombre de España he tenido la satisfacción de concederos la bandera que por vuestro heroísmo os habéis ganado. (…) la causa de España, que representa en Marruecos el avance de vuestra cultura, de vuestro bienestar, con el deseo de incorporaros a la moderna civilización. Nosotros no vamos ni contra vuestra religión, que respetamos, ni contra vuestras costumbres, que en ningún caso cabe destruir violentamente. Luchamos fundiendo vuestro interés y el nuestro porque España siempre que luchó fue por una causa noble y justa, y porque sabéis comprenderlo lucháis a nuestro lado gallarda y noblemente.(…) “Regulares de Larache: ¡Viva España!”. 757 Este detalle lo testimonia en una carta la duquesa de la Victoria a doña Casilda de Ampuero, viuda del general Varela: ACGJEVI, Carpeta 2, fol 412-413:“Yo tuve la suerte de estar en Sevilla cuando S.M. el Rey don Alfonso XIII le recibió, concediéndole los mayores honores que nunca a ninguna persona que ni perteneciese a familias reinantes concedió.- En el desfile de tropas que se verificó en Sevilla, el Soberano a caballo, colocó a su derecha al invicto General Varela, quedando los dos solos, separados del resto del estado Mayor, para hacer ver al pueblo la forma inusitada con que quería honrar al joven y dos veces laureado Capitán. No se ha conocido nunca semejante distinción ante las tropas y el pueblo. “Bien puedes estar orgullosa de haber conquistado después de esta gloriosa exhibición el corazón del glorioso soldado. Y ahora entre nosotras te diré que en aquella ocasión, todas las sevillanas hubieran querido ser las escogidas para compartir su vida con el simpático General, que pasó unos días verdaderamente perseguido por el bello sexo… (…) “He compartido toda la campaña de África bajo su mando, y puedo, como nadie, atestiguar de su valor, de su agrado y simpatía entre los demás Jefes, y siempre de un humor igual, nunca tuvo palabras duras para los que le rodeaban y estaban a sus órdenes, lo que es una virtud no muy corriente entre las personas que ocupan altos cargos”. 758 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 383, El Mensajero, Jerez de la Frontera, 18 de octubre de 1922, “En Sevilla. S.M. el Rey impone al Capitán Varela dos cruces laureadas”. En otras fuentes erróneas se afirma que también fueron condecorados en esa ceremonia el general Sanjurjo y al teniente coronel González Carrasco; fol 400, 21 de octubre de 1922, “Imposición de la segunda laureada al heroico capitán Varela”; fol 401, Mundo Gráfico, Madrid, 25 de octubre de 1922, “La Reina entrega a los regulares la bandera que les regala Sevilla”; fol 402, Mundo Gráfico, Madrid, 25 de octubre de 1922, “El rey impone la corbata del mérito militar a la bandera de los Regulares”; fol 403, Informaciones, 21 de octubre de 1922; 759 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 404, “Imposición de las Laureadas por el Rey en Sevilla”, nota manuscrita, sin firna ni fecha. 760 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 406, 25 de octubre de 1922, “En honor de un héroe”; fol 410, telegrama dirigido al alcalde de Sevilla por el alcalde de San Fernando, García Suffo. 761 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 409, telegrama. 442 A la mañana siguiente, los reyes y su séquito se dirigieron al puerto, e impusieron la Medalla Naval al cañonero Laya, y a la Gasolinera nº 3. Ese lunes en el Alcázar comieron con los Reyes el general Sanjurjo, el teniente coronel González Carrasco, el capitán Varela, y la oficialidad de Regulares. Éstos realizaron la guardia del palacio ese día. El relevo congregó a mucha gente, y el monarca, así como los militares citados, se vieron obligados a salir a saludar al balcón. Una consecuencia política de la fiesta sevillana, fue que Sánchez Guerra pareció afianzarse como nuevo líder de los conservadores. Se le ofreció un banquete, en el que pronunció un breve discurso en loor del partido conservador y con un recuerdo a 762 Dato . Sin embargo, la discusión del Expediente Picasso precipitaría su caída el 7 diciembre de ese mismo año 1922, y su sustitución por García Prieto. Fue al calor de esta homenaje que el marqués de Tablantes, Teniente del Hermano Mayor de la Real Maestranza de Sevilla, tuvo la idea de nombrar a Varela Caballero Maestrante, dado que los hechos de nobleza se remontaban a actos heroicos, y la doble Laureada acreditaba al capitán isleño como hombre merecedor de reconocimiento. Comunicó su pensamiento al marqués de la Garantía, militar como el mismo Tablantes, que apoyó el proyecto, así como con otros maestrantes, y finalmente 763 con el Rey. Todos ellos manifestaron su entusiasmo ante la idea . Para otros, la iniciativa fue del Rey. En todo caso, quizá Varela no supo nada hasta que en octubre se le notificó su admisión. La marquesa del Mérito le invito a su finca de San Jerónimo de Córdoba. Sin embargo, todos estos honores no ensoberbecieron al joven capitán, Varela no desdeñó nada, y tampoco se dejó deslumbrar. Semanas después, en Málaga, le preguntaron si regresaría a África, y respondió que lo haría "mientras haya tiros", y que deseaba reincorporarse a su unidad por si ésta entraba en fuego. 2.3.7.- El desplante de los junteros. No obstante, parte de la guarnición sevillana, de simpatías junteras, había amenazado con no asistir, y se inhibió de la celebración. Su razonamiento era que parte de las tropas Regulares habían desertado en el desastre de Annual, y que sus oficiales, por brutales, o por ineficaces, no habían sabido controlarlos o gobernarlos; en consecuencia, eran indignos de recibir honores tanto las tropas, en la bandera, como sus 762 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 416, El Correo de Andalucía, 17 de octubre de 1922, “Sánchez Guerra en el banquete ofrecido por los conservadores”. 763 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 27-28, Diario de Cádiz, 7 de abril de 1951, “El General Varela, Maestrante. De mi Archivo”, firmado por el marqués de la Garantía. 443 764 oficiales . Para otros, los Regulares, como “fuerzas asalariadas y coloniales no tenían 765 derecho a ostentar como propia la enseña española” . En estas condiciones, celebrar el acto era “una bofetada” a las Juntas, en palabras de Cordón. Según González Carrasco, el general Perales, gobernador militar de Sevilla, dirigió las hostilidades. Ya se anunció que no iban a ir a recibir al Grupo de Regulares, que llegaban a la ciudad a bordo del vapor Escolano, y que tampoco asistirían al banquete en el Círculo de Labradores en día 17 de octubre en honor a González Carrasco. En consecuencia, los oficiales de Regulares decidieron no visitar al gobernador militar, aunque al día siguiente llegó el general Barrera, subsecretario de Guerra, y les pidió que le acompañaran a cumplimentar al general Perales, y por no desairar a su antiguo jefe, lo hicieron. Mientras tanto, la población y la oficialidad de la Escolta Real se deshacían en demostraciones de afecto hacia los Regulares. Al saberse que parte de la oficialidad sevillana no asistiría al banquete, Varela lo comunicó al monarca. Alfonso XIII, en uno de sus arranques, en los que orillaba la Constitución, ordenó al presidente del gobierno Sánchez Guerra que presidiera el banquete del Círculo, celebrado el día 16, para darle el mayor realce. Por su parte, esa tarde el monarca fue al Casino Militar, donde se celebró un lunch en su honor. Alfonso XIII estuvo acompañado por Sánchez Guerra, el capitán general, el comandante del Departamento Marítimo, el Gobernador militar general Perales, los generales Barrera, Milans del Bosch y Sanjurjo, y las autoridades civiles señor Piñal, el Gobernador civil, el Presidente de la Audiencia, y el arzobispo Ilundain. Al destaparse el champagne, el capitán general, Infante don Carlos, tomó la palabra, agradeció el lunch ofrecido y brindó por el rey. Don Alfonso tomó entonces la palabra. Sánchez Guerra, que no sabía qué iba a decir el rey, “estuvo con el alma en vilo 766 mientras duró el discurso” . El presidente, que conocía el carácter impulsivo del monarca, tenía miedo de que se extralimitase. El soberano inició su discurso expresando su satisfacción, y a continuación desgranó las unidades que habían tomado parte en el desfile: los Regimientos 9 y 24, que evocaban el pasado de Flandes, los hombres de Intendencia y Sanidad, la Guardia Civil, la Artillería ligera y los cazadores de Alfonso XII, que le recordaban a su padre. Entonces, dijo: 764 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 278; diario Informaciones, 17 de octubre de 1922, “Dos cruces laureadas”, por Juan de Aragón. 765 Cordón, A., Trayectoria. Recuerdos de un artillero, 1971, p. 102 766 ACGJEVI, Carpeta 1, fol 300-301, testimonio del ya general González Carrasco. En el mismo texto, se afirma que Sanjurjo fue reemplazado al frente de la comandancia de Larache por el general juntero Peralta, “ambicioso, sin cultura alguna, muy poco inteligente y muy violento”, que hizo la vida imposible a los “antijunteros”. Varela intervino ante el general Barrera, que consiguió trasladar a Peralta. 444 “Por último, la bandera más joven, la de los regulares de Larache, que acababa de condecorar con la medalla conquistada por ellos a costa de más de 150 bajas de jefes y oficiales y más de 1.900 de tropa; fuerzas que han pasado por momentos difíciles y a los que la exigüidad de la zona que los Tratados nos han concedido en Marruecos dificultan la recluta; pero el tacto de sus jefes ha sabido conservar sus valientes soldados y su suerte en los combates y los laureles en ellos conquistados, les ha permitido sustituir a los que mueren con otros que vienen en busca de nuevos triunfos. (…) “Los del quinto hicieron unas recordatorias de los que en tan gloriosa ocasión [Tisza] murieron; en ellas, como en todas, había una cruz y unos nombres y debajo, tan sólo, se había reproducido este juramento: ‘¿Juráis a Dios y prometéis al Rey seguir constantemente sus banderas, defenderlas hasta perder la última gota de sangre y no abandonar al que os esté mandando en acción de guerra o disposición para ella?’ “Y los muertos hablaban para decir. ‘Lo juramos y lo cumplimos’. Esto es hermoso y debe enorgullecernos y este mismo ejemplo debe animarnos porque todos los que vestimos el uniforme del Ejército español, somos capaces de hacer lo que ellos hicieron y, si alguno no lo fuera, estaría de más en la familia militar. 767 “¡Por España, por el valiente Ejército español!” . De esta forma, el rey pidió respeto y cariño hacia aquellos hombres de Regulares. Obviamente, este tipo de actitudes del monarca no le granjearon la amistad de muchos militares, junteros, que estaban enfrentados a los africanistas y que disfrazaban sus desavenencias o sus celos profesionales con protestas de patriotismo. Al día siguiente, en el banquete del Círculo de Labradores, dado en honor también a González Carrasco, un comandante de Ingenieros, Miguel García de la Herranz, quiso dar lectura a un telegrama de adhesión enviado por Millán Astray. Pero el presidente de Gobierno, Sánchez Guerra, antes de empezar el banquete, lo prohibió, temeroso de que el temperamental oficial hubiera dicho inconveniencias, enfrentado como estaba a las Juntas, y que llevarían a su dimisión al frente de la Legión unas semanas después. Al llegar la hora de los brindis, García de la Herranz soslayó la prohibición y propuso la lectura. Mientras los presentes pidieron a gritos que se leyera, Sánchez Guerra le miró, y con la mirada indicó su desaprobación. García de la Herranz pronunció un breve discurso en honor a Varela, y de nuevo hizo alusión al telegrama, siendo apoyado por voces de “¡Que se lea!”. Sánchez Guerra se encolerizó, se puso en pie, golpeó la mesa con el puño, y dijo: “Aquí no deben hablar sino los señalados para 767 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 399, El Correo de Andalucía, Sevilla, 17 de octubre de 1922, “En el militar. Notable discurso de Don Alfonso”; ver Apéndice documental, nº 17. 445 ello. Está en pie el teniente coronel sr. González Carrasco, y no hay que hacer, sino oírle”. Los presentes callaron, García de la Herranz, afrentado, cogió su gorra y 768 abandonó el salón. El texto, en realidad, era completamente legible , pero la postura de Sánchez Guerra sentó muy mal a los presentes, pues utilizó, según el periodista 769 testigo, puñetazos en la mesa, gestos y mirada iracundos . Tomó entonces la palabra el homenajeado, que agradeció el gesto de sus compañeros, y quiso hacer extensivo el honor que se le brindaba a la oficialidad del Grupo de Regulares nº 4, y acabó con vivas a España, al Ejército y al Rey. Se levantó el presidente del Gobierno, que afirmó hallarse allí por encargo del monarca y por propio deseo; que se sentía satisfecho de ver reunidas allí diversidad de clases sociales unidas por un mismo ideal, el amor a la Patria, y ello unía juntos a labradores y militares: “Cada uno en su esfera, todos debemos cultivar la cordialidad, la solidaridad de todas las clases sociales. Sin ella una nación no es digna de tal nombre, es una masa gregaria, un conjunto de elementos diversos sin coordinación; no nación, sino manada. Nación es el conjunto de todas las glorias pasadas y de todas las aspiraciones presentes, con comunidad de deseos y de medios de satisfacerlos. Si los civiles se sienten amparados por los militares, y éstos por los civiles, entonces hay nación y hay Ejército. Éste, a toda hora necesita sentirse asistido, acariciado, impulsado por la opinión, tener conciencia cuando lucha, de que la nación está con él. Eso vale más que los pertrechos de guerra, sin esa cooperación nacional no se logra el triunfo. “(…) Morir por la Patria es sacrificio que siempre supieron hacer los españoles. Es más difícil el sacrificio callado, lento de todos los días en el que la voluntad, el entendimiento y el corazón ofrecen a la Patria un tributo de abnegación y obediencia. “(…) He visto con júbilo la fraternidad y la cordialidad que reina en este acto. Cierto es sin embargo, que he de lamentar algunas ausencias que no concibo, porque hombres nacidos en el mismo territorio, unidos por idénticos vínculos, espirituales y vistiendo iguales uniformes, solo deben sentir entre ellos aquella 768 El telegrama decía: “Sevilla hermosa, cuna de la gentileza, aposento del patriotismo, orgullo de España. Un soldado de Infantería te saluda y te da gracias por el homenaje que hacer al valeroso infante González Carrasco, que llevó siempre a la victoria a los Regulares, que derramó con ellos su sangre; porque entregas una bandera de combate a la Infantería, para que la tremole siempre victoriosa en los campos de batalla, y siempre sea respetada por todos y en todos los lugares; porque albergas al jefe del Gobierno, símbolo de la autoridad que ha de ser siempre acatada e indiscutida; a los Reyes, símbolo de la Patria, una, única, indivisible y grande, y porque en esta fiesta solo pensáis en exaltar a la Patria y en abrazaros fraternalmente. ¡Sois felices!. Millán Astray”; ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 419, El Correo de Andalucía, 18 de octubre de 1922, “En el Círculo de Labradores”. 769 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 276-277; artículo del Heraldo de San Fernando”, 21 de octubre de 1922. 446 emulación a que en otras palabras aluden las Ordenanzas de distinguirse y 770 anteponerse a los demás en el cumplimiento del deber” . Acabó el discurso recordando la fidelidad a la bandera y al rey, que implicaba disciplina, que estaba seguro, el Ejército sabría cumplir, y brindó por el Rey, por lo poderes constitucionales “que representan obligaciones que cumplir, prerrogativas que ejercer y sanciones que aplicar”, y por la memoria del teniente coronel González Tablas, de quien admiró su sencillez. De las palabras de Sánchez Guerra se puede deducir la profunda división que aquejaba al Ejército, y cómo ésta inquietaba al Gobierno; pero también se presagiaba la solución militar que unos meses después iba a plantear Primo de Rivera a la crisis gubernamental. Posteriormente se ofreció a González Carrasco y a Varela un multitudinario banquete de homenaje en Puerto de Santa María, donde Varela pronunció un largo y sentido parlamento. 2.3.8.- Regreso del capitán Varela al Protectorado y nuevos homenajes. Varela regresó al Protectorado, y en el buque Escolano que le trasladaba a Ceuta 771 recibió la noticia de que había sido elegido Caballero Maestrante de Sevilla . Al llegar a Ceuta, el 23 de octubre envió a su madre un telegrama, notificándole que había recibido por unanimidad la concesión de caballero de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, honor al que no era ajeno don Alfonso. Varela añadió: “Contentísimo haber 772 honrado apellido padres escribo. Enrique” . La Junta general de la Maestranza se reunió el 19 de octubre de 1922, y en ella, a propuesta del Teniente del Hermano Mayor (que era el rey de España), marqués de Tablantes, y del conde de Berlanga, se acordó nombrar a Varela Caballero Maestrante, eximiéndole de los requisitos exigidos por el reglamento de la Corporación, como caso extraordinario y dados los excepcionales 773 méritos del capitán de Regulares . El Rey, como Hermano Mayor, aprobó el 770 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 420, El Correo de Andalucía, 18 de octubre de 1922, “En el Círculo de Labradores”. 771 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 47. 772 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 16. 773 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 24-25, El Popular de Larache, 20 de octubre de 1922, “El Capitán Varela Caballero Maestrante de Sevilla”; fol 26, Heraldo de San Fernando, 22 de octubre de 1922; fol. 41-46, acta de la Junta de ,la Maestranza, donde se dice que “…el motivo principal de haber reunido la Junta General del Cuerpo era para que se conociese una proposición de nombramiento de Caballero de esta Real Maestranza a favor del Capitán Varela, y que las razones y motivos que a ello le movían eran los siguientes:”; a continuación explica que el origen de la nobleza viene de hechos de armas heroicos en servicio del rey y de la Patria; le apoya en su propuesta el conde de Berlanga; “verificada la votación resultó admitido por unanimidad Caballero de esta Real Maestranza, don José Enrique Varela Iglesias, Capitán de Infantería y Caballero de la orden de San Fernando. “El Sr. Fiscal, Marqués del Valle de la Reina, propone que sean dispensados los derechos de ingresos, y que la Corporación regale al Capitán Varela la condecoración propia de la Maestranza, como también la correspondiente al señor Arzobispo, acordándolo así la Junta por unanimidad” (fol 45). 447 nombramiento el 12 de noviembre. Varela agradeció el nombramiento, y recibió como contestación una amable carta del marqués de Tablantes, en la que éste manifestaba la gran honra que suponía a la misma la presencia de Varela en sus filas, así como el 774 contento del monarca ante la noticia . En África recibió una carta fechada el 10 de noviembre de su amigo el marqués de Salobral, en la cual lamentaba no haber podido asistir a la ceremonia sevillana, y le contaba que había obsequiado un retrato del 775 monarca al regimiento de Infantería nº 67 en la base Naval . A su regreso a Marruecos, se ofreció al capitán Varela un homenaje en el Teatro Reina Victoria de Tetuán. Estaba previsto para el 7 de noviembre de 1922, pero el automóvil en que viajaba hacia la capital del Protectorado se averió, y tuvo que pernoctar en el Fondak. El 776 homenaje se celebró al día siguiente . Al teatro acudieron prestigiosos personajes: el Alto Comisario general Burguete, que llegó acompañado de Varela, los generales Jordana, Castro Girona y Peralta, y Damián Sala, concejal del Ayuntamiento de Ceuta.. El acto consistió en una actuación musical de la Banda del Batallón de Madrid nº 2. Seguidamente se proyectó una película, “La bandera del honor”, de tema patriótico; después se levantó el telón, apareciendo al fondo del escenario una bandera nacional extendida con el lema “Viva el capitán Varela”, lo que provocó una enorme ovación hacia este oficial. La actriz Luna Benamor procedió a la lectura de un breve discurso redactado por el señor José López, uno de los empresarios organizadores del acto, en 777 honor a Varela ; actuaron los músicos Agustín Serena y Alfonso Gorrosal, soldados del Regimiento Aragón con música popular española; “Bailables” por la danzarina Elsa Nori; canciones interpretadas por Araceli Bárcena, una de ellas el cuplé “A Varela”, con 778 letra del capitán Fernando Gárate y música de los maestros Gatón y Blanco . La “El Augusto Señor [Alfonso XIII], al recibir el citado documento, se enteró de su contenido con sumo interés, y al terminar su lectura, se dignó decretar al margen de él, de Su Real mano, Su expresiva felicitación a la Real Maestranza, por acto que tanto la enaltece, como la admisión, en su seno del heroico Capitán, dos veces Laureado, Don Enrique Varela e Iglesias” (fol 46). 774 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 17-18, fechada el 6 de noviembre de 1922. 775 ACGJEVI, Carpeta 2, fol 414-415, fechada el 10 de noviembre de 1922, en contestación a otra escrita por Varela el 4 de noviembre en Alcazarquivir. 776 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 349. 777 Actriz que había tomado su nombre de un personaje de Blasco Ibáñez. “Al terminar fue ovacionada y le fue entregada una pulsera de oro y un ramo de flores, regalo del Capitán Varela”. ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 350, El Eco de Tetuán, 10 de noviembre de 1922, “El homenaje al Capitán Varela”. Idéntico regalo recibió la bailarina Elsa Nori. 778 Araceli Bárcena era canzonetista de varietés. Interpretó, acompañada por la Banda militar presente, la canción citada “con un traje negro de ‘soiré’ y cruzaba su pecho una bada de los colores nacionales, anudada al costado izquerdo”. Varela le obsequió con “dos violeteros de plata y un ramo de flores”; ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 350, El Eco de Tetuán, 10 de noviembre de 1922, “El homenaje al Capitán Varela”. http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1924/09/20/025.html; 448 canzonetista dedicó la canción “La enfermera de la Cruz Roja” a la duquesa de la 779 780 Victoria, que se emocionó . Al día siguiente, Varela regresó a Larache . Por entonces, sus compañeros del Grupo de Regulares se plantearon realizarle un homenaje. 781 A él se adhirió el coronel Manrique de Lara . Este homenaje consistiría en obsequiarle con una Cruz Laureada de oro, brillantes y esmaltes, encargada en Madrid por el comandante del Grupo de Larache Gabriel de Benito Ibáñez de Aldecoa, aprovechando 782 su convalecencia de unas heridas . A finales de noviembre, Varela tuvo que ir a Madrid, para agradecer al Rey que le hubiera dado investidura de nobleza en su apellido, y permitirle así ingresar en la Maestranza de Sevilla. Varela salió de Larache el 783 27 de noviembre de 1922 . En este viaje le acompañó el teniente coronel González Carrasco y la esposa de éste, muy delicada de salud. Desembarcó en Málaga, y en Córdoba fue entrevistado. Manifestó que su deseo era regresar a África mientras “se estimase precisa su actuación”, que “no le embargaba más inquietud en su viaje sino la de que durante su ausencia se suscite cualquier operación que afecte a sus tropas. “El que como yo –dijo el capitán Varela- ha recibido de la Patria tan altas recompensas, no tiene derecho a faltar un solo minuto del mejor en que mejor pueda 784 servirla” . Relató que recogería la insignia regalada por sus compañeros del Grupo. Al preguntársele por el problema de Marruecos, Varela respondió “que será muy difícil toda labor positiva, en tanto no se combata enérgicamente a los beniurriagueles”. Para ello, opinaba que dominar Alhucemas “sería el golpe definitivo para la implantación del protectorado”. Al preguntarle por su inmediato futuro, Varela respondió que tras pasar por Madrid regresará a Ceuta y Tetuán, y que más adelante juraría el cargo de maestrante en Sevilla, y pasaría unos días en Córdoba invitado por la marquesa del 785 Mérito. Estos planes fueron alterados, pues de Madrid pasó a Sevilla y Córdoba . http://hemerotecadigital.bne.es/datos1/numeros/internet/Madrid/Eco%20artist%C3%ADco/1923/192305/ 19230530/19230530_00412.pdf. 779 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 353, El Eco de Tetuán, 10 de noviembre de 1922. 780 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 360, El Norte de África” de Tetuán, 10 de noviembre de 1922, “Para Larache”. 781 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 357-358, carta con membrete de la Gran Peña de Madrid, fechada el 29 de noviembre de 1922. 782 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 362, ABC, Madrid, 27 de noviembre de 1922. 783 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 31, 10 de enero de 1923, texto mecanografiado, “El capitán Varela, Caballero Maestrante de Sevilla” 784 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 363, Diario de Córdoba, 29 de noviembre de 1922, “Anoche en los andenes. El capitán Varela a Madrid” 785 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 368, El Popular de Larache, 6 de diciembre de 1922, “El capitán Varela”. 449 Aparece entonces fugazmente una mujer en la vida de Varela, una “madrina de guerra”, María Isabel de Castro, que le escribió una carta con cierto aire de sorna, donde le dice que de vivir en tiempos del paganismo, sus éxitos le hubieran convertido en un semidiós. La señorita Castro se confesaba su admiradora, “impulsiva, vehemente” y se ofrecía a ser su madrina de guerra, “tema que ya está muy explotado y hasta algo 786 ‘demodé’ pero a el me acojo para brindarle mi sincera amistad” . En el Archivo aparece, datado a lápiz el 18 de diciembre desde Alcázar, que se le envió un telegrama notificándole que el 24 de diciembre el Grupo se concentraría en 787 Ragala, y “convendría viniese” . Sin embargo, pienso que la fecha es errónea, porque va dirigido a un Varela “teniente de Regulares”, y por tanto debe estar mal datado. Poco antes del 28 de diciembre Varela seguía en Madrid, recibiendo parabienes 788 789 y felicitaciones por parte de la sociedad , asistiendo a teatros y recepciones . Pero se debió marchar rápidamente, como se deduce de la nota escrita por María del Carmen, en la que le felicita el Año Nuevo, y se queja por haberse marchado nuestro capitán “a la 790 francesa” . En efecto, Varela se marchó a San Fernando, para ver a su familia, 791 llegando a ella el día 28 de diciembre . Por esos primeros días de enero de 1923, el periodista amigo de Varela Gaspar Fernández de León fue condecorado con la cruz del mérito naval de 1ª clase, regalándole el primero las insignias. En el acto de entrega, celebrado en casa del citado periodista, estuvieron presentes autoridades locales –el alcalde de San Fernando García Suffo- y amigos tanto de Varela como de Fernández de León –los periodistas Joaquín Fernández Baena, Marciano González Vallés, Manuel Pece Casas.. el marino Felipe de 792 Pinto, etc . En la Isla, Varela manifestó su deseo de ser socio protector del Centro Obrero de San Fernando, lo que la junta directiva le agradeció al tiempo que 786 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 364-367, fechada en Ribadesella, el 2 de diciembre de 1922. 787 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 369. 788 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 370, Heraldo de San Fernando, 29 de diciembre de 1922, “El capitán Varela”. 789 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 372, La Correspondencia de España, Madrid, 30 de diciembre de 1922, “el capitán de las dos Laureadas”, glosa la presencia de Varela en una representación del Teatro Real de Madrid. 790 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 371, carta fechada en Madrid el 30 de diciembre de 1922, firma por Mª del Carmen. 791 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 21, ABC, 29 de diciembre de 1922. 792 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 62, La Correspondencia de San Fernando, 8 de enero de 1923, “Un homenaje. Entrega de una cruz”. La condecoración le había sido concedida por la publicación de la Guía Anuario de San Fernando. En realidad, la recompensa fue otorgada en abril, pero se demoró la entrega hasta que Varela estuvo en su ciudad natal, en esas Navidades. 450 793 manifestaba su admiración hacia él . Quizá durante la estancia de Varela en San Fernando, germinó la idea de rendirle un homenaje en su ciudad natal, y se propuso regalar al capitán Varela un sable de honor. La idea fue propuesta por sus amigos el periodista Manuel Pece Casas y el teniente coronel de Infantería de Marina Ángel Cousillas Barandiarán. Se hizo un banquete, de adscripción libre, en “La Mallorquina”, con una cuota máxima de 5’10 pesetas, y un libro álbum con las firmas de todos los 794 asistentes . En mayo de 1923, el sable, realizado en la fábrica de armas de Toledo, estaba ya en San Fernando. En la hoja figuraba la inscripción: “Los ciudadanos de San Fernando al heroico capitán Excmo, sr, D. José Enrique Varela Iglesias”. Llevaba grabado el emblema de Regulares, la cruz Laureada, y en la empuñadura, el escudo de San Fernando, e iba guardado en una caja artística, realizada en Cádiz. El álbum con las firmas de los aproximadamente seiscientos donantes, estaba encuadernado en piel de 795 Rusia, con las iniciales en plata . El acto de entrega se celebró en la casa de Varela, el lunes 11 de junio a las 17:00 horas, de forma popular. En el diario se anunció el acontecimiento, y se aclaró: “…la comisión organizadora no hace invitaciones especiales ni personales, porque considera a todos los señores donantes con idénticos 796 derechos” . Por esta razón, se anunció el acto en la prensa. La comisión también pidió al Ayuntamiento que Varela fuese declarado hijo predilecto de San Fernando. Al acto acudieron ciudadanos de todas clases, y en el listado encontramos tanto militares como civiles, muchos de ellos amigos de toda la vida del homenajeado. Varela, ante sus familiares y amigos, recibió el sable de manos de Pece Casas, que leyó un pequeño discurso. En el mismo, Pece hizo algunas referencias a obstáculos por parte de “almas mezquinas y miserables”, y añadió: “Dichoso tú, capitán Varela, dichoso tú que has merecido todo esto y lo has merecido sin discusión ni atenuante alguno, dichoso tú porque en España entera nadie puede discutir este homenaje, dichoso tú porque unánimemente los ciudadanos españoles han de decir lo mismo: Si todos hubieran dado el pecho a las balas, como Varela, no hubiéramos padecido la vergüenza del más ignominioso de los rescates. 793 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 65, carta mecanografiada, fechada en San Fernando el 21 de enero de 1923, firmada por Salvador Jiménez Castro. 794 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 61, El Popular de Larache, 11 de enero de 1923, “Desde San Fernando. Un sable de honor para el capitán Varela”; fol 63, Heraldo de San Fernando, 10 de enero de 1911, “Homenaje al capitán Varela” 795 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 68, El Popular de Larache, 17 de mayo de 1923, “Para el Capitán Varela”; fol 69, Heraldo de San Fernando, 3 de junio de 1923, “Del homenaje al laureado Capitán Varela”. 796 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 72, Heraldo de San Fernando, 9 de junio de 1923 “Entega del sable de honor al heroico Capitán Varela”. 451 “Aquí tienes esta sable de honor, capitán Varela. Entiéndalo bien es de honor, y el honor como dijo el poeta es patrimonio del alma, y el alma solo es de 797 Dios” . Acabó su parlamento recordando la devoción de Varela por la patrona de San Fernando, la virgen del Carmen, y felicitando a la madre de éste por tan esclarecido hijo. Es de destacar cómo existía un sentimiento de revancha hacia la derrota de Annual, y de humillación ante el pago de los rescates de los prisioneros. Al acabar, se bendijo el sable, y el farmacéutico Francisco Escuin propuso que una comisión visitara a la familia del recientemente muerto en combate, también isleño, capitán de Regulares Rafael Chacón Gómez, para ofrecer sus condolencias. Se enviaron telegramas notificando del acto a la Casa Real, al ministro de la Guerra, y al teniente coronel Jefe del Grupo de Regulares de Larache, González Carrasco, los cuales acusaron recibo de los mismos y se unieron a los parabienes. El 7 de junio de 1923, el coronel del Regimiento de Lanceros de Villaviciosa, 798 Francisco Merry y Ponce de León, requirió su presencia . El motivo era que los alumnos de la Academia de Caballería visitaban el Cuartel de San Dionisio en Jerez de la Frontera, sede del Villaviciosa, y Varela fue invitado de honor a los actos. Se realizó una misa y recepción a los alumnos, discurso del coronel en el que destacó la presencia de Varela, un partido de fútbol entre el Jerez FC, y el equipo de los Lanceros de Villaviciosa, que acabó en empate, y un vino de honor en el que hablaron el alcalde de Jerez, el gobernador civil, el gobernador militar y coronel del Villaviciosa, y el capitán 799 Varela, y otras personalidades . El día 15 de junio de 1923, el Ayuntamiento de San Fernando acordó declararle 800 Hijo Predilecto de la ciudad A principios de enero de 1923, Varela juró el cargo de caballero de la Maestranza de Sevilla. El marqués de Tablantes le escribió y le pidió que acudiera a Sevilla el día 7 de enero, para poder tener juntos una entrevista en la cual le explicaría 801 los pormenores de la ceremonia de jura . El día 6 de enero de 1923, Varela tomó el 797 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 76-77, 12 de junio de 1923, “Homenaje al Capitán de Regulares D. José Enrique Varela Iglesias”; fol 78, Heraldo de San Fernando, 14 de junio de 1923, “Telegramas”; fol 79, Heraldo de San Fernando, 15 de junio de 1923, “Telegrama del Rey”; fol 80, El Correo de Andalucía de Sevilla, 15 de junio de 1923. 798 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 70. Acuse de recibo de telegrama en el Ayuntamiento de San Fernando. 799 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 73-75, El Mensajero de Jerez, 12 de junio de 1923, “El el Cuartel de San Dionisio. Los alumnos del Arma de Caballería son agasajadísimos”. 800 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 81-82, notificación del acuerdo municipal, fechado el 18 de junio de 1923. 801 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 19-20, fechada el 3 de enero de 1923. 452 expreso hacia Sevilla, para participar en la ceremonia el día 10, y después seguir viaje a 802 Córdoba y Madrid . Junto a Varela ingresaron y juraron el infante don Alfonso de Borbón, la infanta doña Isabel, el Arzobispo de Sevilla, el militar José María Coronel Torres, Pedro Manjón Palacios, Ignacio de Torres y Santiago Calvo de la Banda, Mariano Simó y Delgado de Mendoza, Joaquín, Manuel y José Antonio de León y 803 Adorno, y Roberto de Mancos y Ezpeleta . La ceremonia, presidida por los infantes don Carlos, doña Luisa y don Alfonso, se realizó en el palacio de los marqueses de Tablantes y revistió mucho esplendor. Estaban presentes autoridades, y una nutrida representación de la aristocracia andaluza. Tablantes, tras hablar de la infanta doña Isabel, y del infante don Alfonso, veterano de África, glosó la figura y los méritos del 804 capitán Varela, al cual la Maestranza le regaló las insignias y el uniforme para el acto . Varela recibió numerosas muestras de aprecio, entre ellas cartas de la marquesa de 805 Villapanés . En enero de 1923, Varela fue admitido como socio en la Gran Peña de Madrid, sin aguardar turno, siendo avalado por el duque de Bivona, presidente de la misma, el barón del Castillo de Chirel, el duque de Santa Lucía, don Diego de Patiño, el general 806 Saro, el teniente general José Marina, y el marqués de Perales . Varela agradeció por 807 escrito a los mismos su propuesta y apoyo . El 14 de octubre de 1922, Alfonso XIII nombró al capitán José Varela Gentilhombre de Cámara con ejercicio, lo que fue notificado a éste por el Sumiller de 808 Corps, marqués de la Torrecilla . El 21 de junio de 1923, Varela juró el cargo de Gentilhombre, y se le entregó la llave acreditativa; fue invitado a un almuerzo informal por el marqués de Viana, Montero Mayor del Reino en su domicilio de Madrid, al que 802 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 22, Heraldo de San Fernando, 7 de enero de 1923, “El capitán Varela”. 803 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 23, texto mecanografiado sin fecha ni firma, “Jura de los cargos de Maestrante” 804 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 32, El Noticiero Sevillano, 10 de enero de 1923, “Jura en Sevilla del cargo de Maestrante”; fol 33, El Noticiero Sevillano, 11 de enero de 1923, “La Real Maestranza de Caballería. Reunión del Capítulo de Caballeros. Ingreso de dos infantes de España”. 805 La marquesa de Villapanés era doña María de la Consolación Moreno y Zulueta, hija del conde de los Andes, casada con marqués, Juan Antonio Duque de Estrada y Cabeza de Vaca; era una dama muy piadosa, y devota del Sagrado Corazón de Jesús; ACGJEVI, Carpeta 3, fol 48, telefonema; fol 50-51, hace referencia a la presencia de Varela en un Teatro Cervantes, donde fue muy ovacionado, sin fecha, firmado por Rosario Llorente; fol 52-53, tarjeta postal de una bandera española, firmada por la marquesa de Villapanés, Dama de S.M. la Reina, en la que le dice que le envía una medalla de la Inmaculada Milagrosa rogándole que la lleve siempre consigo; fol 54-59, la marquesa le pide que ponga el Corazón de Jesús en la bandera de los Regulares, carta fechada el 12 de enero de 1923. 806 ACGJEVI, Carpeta 3, fol. 2. 807 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 3-5. 808 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 10-11. 453 asistieron el rey, y los nobles Villargordo y el duque de Santoña. Tras el almuerzo, el capitán Varela acompañó a la Reina María Cristina y a los infantes don Jaime y don 809 Juan a una exposición de trabajos de inválidos de Marruecos . El documento 810 acreditativo del juramento está fechado el 22 de junio . El Rey le invitó a pasar unos días en agosto en el palacio de la Magdalena, en Santander, en compañía de la familia real. Esta cercanía a la familia real tuvo que suscitar muchas envidias. Varela siguió 811 recibiendo muestras de admiración y cariño . 2.3.9.- Enfrentamiento con los junteros. La concesión de las Laureadas a Varela y la fiesta de Sevilla puso de relieve que eran necesarias las recompensas si se quería derrotar a los rebeldes en Marruecos. Era de justicia recompensar a los soldados que se arriesgaban en tan difícil teatro de operaciones. En este sentido, tras el desastre de Annual, se había extendido la idea de que las Juntas habían sido un error, y su labor tan sólo había sido corporativa e ineficaz. En consecuencia, estaban desprestigiadas. En 1923, Martínez de Aragón acusaba directamente a las Juntas de ser una de las causas directas de la derrota de Annual: “Y la nación, que aunque soñolienta, no está dormida, recordó que a impulsos del movimiento de primero de junio de 1917 y por presión y acoso de las Juntas Militares de Defensa se habían hecho por Cierva , que entonces era el qwue las llamó ‘providenciales’, las famosas ‘Bases para la organización del Ejército’ aplicándolas inmediatamente por su Real Decretlo de 7 de Marzo de 1918 sin aguardar siquiera a que las Cortes las aprobasen (…). Y la opinión que había fiado en la eficacia de aquellas aparatosas disposiciones sobre efectivos generales y constitución orgánica del Ejército, (…), sobre categorías y recompensas, al darse cuenta que todo eso no había servido en tres años sino para que los sueldos, haberes y devengos de nueva creación se percibiesen con puntualidad y para que las unidades que llegaban a Africa lo hicieran en las lamentables condiciones que expresaba en Alto Comisario, culpó severa y lógica a las Juntas de lo que en Marruecos ocurría, determinando para ellas una aversión del cuerpo social honda, intensa y ensañada. Las Juntas (…) se sentían morir al ver en África el aborto malaventurado de sus andanzas y 812 manejos” . El oficial Cordón, de ideología izquierdista y que había apoyado las Juntas, escribió que su único valor positivo era la destrucción de los africanistas: 809 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 7-9; “De sociedad”, recorte de prensa fechado el 28 de junio de 1923.. 810 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 11. 811 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 34, San Fernando Artístico, de San Fernando, 15 de enero de 1923, le dedicó su portada y un tríptico de sonetos; fol 29, Heraldo de San Fernando, 4 de enero de 1923, “Y… va de cuento”, por Manuel Pece Casas, el autor se lamenta irónicamente que San Fernando se haya dejado ganar por Sevilla en honrar a Varela; fol 36-37, el 14 de enero de 1923 fue homenajeado con un banquete por la Maestranza: asistieron el conde de Berlanga, el conde del Fresno, el barón de Gracia Real, el marqués del Valle, etc., que estamparon sus firmas en el reverso del tarjetón del menú. 812 Martínez de Aragón y Urbiztondo, G., Páginas de Historia Contemporánea, p. 230-231. 454 “Las Juntas murieron como habían vivido, rodeadas de un creciente y cada vez más extenso descrédito en el país y también en el seno del Ejército, entre los oficiales que pertenecíamos a ellas (…) no cumplieron ninguno de los objetivos patrióticos ni profesionales que, según las manifestaciones de sus dirigentes, habían motivado su creación. Tampoco contribuyeron a aumentar el prestigio ni la eficacia del ejército. (…) Lo único positivo que muchos veíamos en ellas era 813 su carácter de instrumentos de lucha contra la oficialidad colonialista” . Las palabras de Cordón son muy claras: el Ejército estaba dividido en dos facciones enfrentadas, los africanistas, entre los que se contaban los “caponíferos”, oficiales que pedían el destino en el Protectorado para cobrar los suplementos económicos, y los junteros. Las Juntas podían parecer muertas, pero aún tenían mucha fuerza y defendían sus ideas. El periodista Juan de Aragón, defensor de las Juntas, afirmaba que era firme partidario de implantar la escala cerrada en Infantería, pero no porque la impusieran las Juntas, sino porque debía ser la voluntad de la Nación, de las Cortes y del Gobierno. La escala cerrada, existente en Artillería, Ingenieros y Sanidad, establecía que un ascenso era permutado por una Cruz de María Cristina, pero en Infantería se dotaba a los oficiales de libertad para escoger entre ambos. Las Juntas pretendían obligar a renunciar al ascenso en favor de la Cruz. Los africanistas eran firmes defensores de los ascensos. Los Junteros y los partidarios de la escala cerrada afirmaban que tras los ascensos habían favoritismos: “Es innegable que se han cometido polacadas inauditas y que en el Ejército tenemos algunos generales y coroneles que no serían sin el favor otra cosa que comandantes o capitanes”. El dilema se planteaba ahora, porque si se establecía la escala cerrada, se iba a perjudicar a los oficiales que ahora combatían: “¿No será injusticia que Sanjurjo, Cabanellas y Marzo no asciendan cuando ascendieron tantos otros que no pelearon como ellos? ¿No será injusticia que Millán Astray, Franco, Varela y muchos más continúen en los lugares que ocupan en el escalafón, cuando tantos y tantos ascendieron antes que ellos bajo un régimen de padrinazgo? ¿No será injusticia que quienes han combatido en África reconquistando el territorio perdido por otros estén condenados a estar siempre detrás de quienes sin combatir perdieron toda la Comandancia encomendada a su custodia?¿No será injusticia que quienes casi siempre estuvieron en campaña sean de igual condición que aquellos que tuvieron la cuquería de pasarse su vida militar en oficinas o en mandos cómodos sin más 813 Cordón, A., Trayectoria. Recuerdos de un artillero, 1971, p. 103-104. 455 envites azarosos que los sufridos en los casinos al adiestrarse en juegos de 814 envite y azar?” . El autor acaba criticando que muchos que en el pasado se beneficiaron de la escala abierta, ahora clamaban por la escala cerrada. Los africanistas aún hicieron algunos intentos de llegar a una concordia con los junteros, sobre la base que suponía aceptar las votaciones o renunciar a las donaciones en metálico, pero no fue posible. Millán Astray, jefe de la Legión, escribió al rey una carta abierta el 7 de noviembre de 1922, en la que airadamente presentaba su dimisión, afirmando que se retiraría del Ejército si el Gobierno no disolvía las Juntas, porque, manifestaba, no se podía pertenecer a un ejército con dos jerarquías distintas, en referencia a las Juntas, y él se declaraba fiel servidor del gobierno. Esta actitud fue apoyada por el comandante Francisco Franco así como por los oficiales del Tercio, añadiéndose también a la carta que los oficiales de artillería exigían la disolución de las Juntas. Para Cabanellas, esta toma de postura supuso el fin de las Juntas. La dimisión no fue aceptada, pero las Juntas exigieron el traslado de Millán, apoyadas por políticos liberales. Hubo manifestaciones antijunteras en Madrid ante el Casino Militar, al entender 815 que las Juntas presionaban y desafiaban al poder civil . El 11 de noviembre de 1922, los líderes de varios grupos liberales estaban preparando una moción contra las Juntas, cuando el Gobierno Sánchez Guerra se les adelantó proponiendo una ley que disolvía las Juntas y las Comisiones Informativas, prohibiéndolas para el futuro. El Congreso aprobó por Ley el 14 de noviembre de 1922 la disolución de las Juntas, aunque se 816 fiscalizarían todos los ascensos por méritos . Era la reafirmación del poder civil, tarea que Sánchez Guerra estaba realizando con una serrie de medidas, como la destitución del general Martínez Anido como gobernador civil de Barcelona, en octubre de 1922, 817 tras el asesinato del dirigente anarquista Ángel Pestaña . No obstante, el 13 de noviembre, Millán Astray fue apartado del mando del Tercio, por R.O. del 3 de noviembre, con el pretexto de sus muchas heridas. Los africanistas vieron en esto una concesión a las desaparecidas Juntas. Entre los papeles de Varela se conserva un telegrama de Millán Astray al capitán Varela, que debe ser de esos días: “Ante la patria 814 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 280, “Vivir para ver”, por Juan de Aragón, Informaciones, Madrid, 19 de octubre de 1922. 815 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 282, Heraldo de San Fernando, 17 de noviembre de 1922. 816 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 282, Heraldo de San Fernando, 16 de noviembre de 1922. 817 Martorell Linares, M., José Sánchez Guerra, un hombre de honor, Marcial Pons, Madrid, 2011, p. 302; para el asesinato de Pestaña y los disturbios que siguieron, p. 294-295. 456 818 nada es sacrificio vosotros seguid peleando en África yo lucharé en España” , escrito y enviado el 12 de noviembre de 1922, al serle notificado su cese y por tanto su regreso a la península. La concesión de las Laureadas a Varela, así como el prestigio alcanzado por otros oficiales como el teniente coronel González Tablas, el coronel González Carrasco, el teniente coronel Valenzuela, o el comandante Francisco Franco, inclinó a la opinión pública hacia una revisión de las propuestas de las Juntas. Se propuso castigar la cobardía y la deshonra de algunos oficiales en Annual, pero recompensar debidamente a los valientes y a los sacrificados. Un artículo se dolía de que la Ley de Recompensas de 1918, exigida por las Juntas e inspirada en los abusos cometidos en el pasado en la concesión de ascensos y medallas, había llevado a la supresión de éstos; y que la dureza de ese texto impedía ahora recompensar debidamente a los héroes, y dividía al Ejército: “Pero con el transcurso del tiempo, con la sanción de la práctica, se ha visto cómo se iba derechamente a la división irreductible del cuerpo de oficiales. De un lado formaron los que peleaban en primera línea; de otro los que encontraban más cómodo seguir la marcha automática del escalafón. De esta división peligrosísima nacieron actitudes que están en la memoria de todos. Sánchez Guerra disolvió las Juntas, y la paz exterior quedó afirmad;, pero es un hecho que la paz no ha vuelto a los espíritus. “Es preciso, es urgente poner término a un estado de cosas en el que todos han de salir perjudicados. Hay que crear un sistema por el cual se recompense a los bravos con tanta liberalidad como sea la severidad que se emplee en castigar a los cobardes y a los incapaces. Lo contrario equivale a decretar la muerte de todo estímulo. Los que hemos asistido, con legítimo orgullo, a las proezas de un Sanjurjo, de un Millán Astray, un Ortega, un Franco, un Yagüe, un Varela (dos veces laureado), un Romero, un Jurado, un Arredondo, y otros –por citar sólo algunos nombres de los supervivientes de la tragedia-, que son los portaestandartes del decoro militar español, no podemos mirar con indiferencia el desamparo en que quedan esos hombres por no tomarse el trabajo de implantar un sistema de recompensas más en armonía con el interés de España 819 y del Ejército” . En este mismo sentido, el periodista Eduardo Ortega y Gasset puso de manifiesto que el problema no eran las recompensas. La verdadera discrepancia entre los partidarios y los detractores de las mismas, se basaba en que éstos pensaban que 818 ACGJEVI, Carpeta 1, fol. 279; el telegrama fue publicado por la prensa con una ligera rectificación: fue enviado a Varela, con el siguiente texto: “Ante la Patria nada es sacrificio. Pelead vosotros en África; yo pelearé en Madrid”, ABC, Madrid, 14 de noviembre de 1922, “Un telegrama a los Regulares de Larache”. 819 ACGJEVI, Carpeta 3, fol. 64, Informaciones, 19 de enero de 1923, “Problemas candentes. Las recompensas”. 457 “las propuestas de recompensas han venido siendo consagración del favor y la recomendación, [que] lejos de de producir el bien encaminado estímulo, sembraban fermentos de disgusto y de rivalidad. El verdadero mérito y sacrificio permanecía 820 muchas veces desdeñado. En cambio, las mercedes llovían sobre los privilegiados” . Por consiguiente, el problema era “la falta de justicia”. En este aspecto, se podría decir que el rey fue más sensible al problema o más clarividente. Cuando el teniente coronel Rafael Valenzuela murió en el asalto a Tizzi Azza, el 7 de junio de 1923, el monarca propuso al Gobierno propuso para sustituirle al frente de la Legión al comandante Francisco Franco Bahamonde, pese a su juventud, y a su falta de rango en el escalafón. De esta forma, Franco fue ascendido a teniente coronel 821 por méritos de guerra y puesto al frente del Tercio . En mayo de 1923, se estaba realizando el expediente para conceder la Medalla Militar a Manuel Goded. Varela declaró en ella, y Goded le agradeció por escrito su testimonio, pronunciado. Según el propio Goded, de forma “terminante, muy clara, muy 822 valiente y muy inteligentemente enfocada” . En la carta, Goded desgrana el pesimismo que reinaba entre los militares africanos, derivado de la ofensiva juntera y también antimilitar imperante tras Annual: “No sé qué saldrá de la información, no espero recompensa alguna dada la época triste que para el espíritu militar estamos atravesando; pero es para uno una satisfacción muy grande saber he podido hacerme ahí buenos amigos de la valía de V. (…) Yo estoy contento en mi nuevo destino [la Escuela Superior de Guerra], tranquilo y apartado de las luchas y malas personas que hay ahora por aquí. En él pienso estar algún tiempo hasta que me canse de trabajar poco o 823 hasta que cambien los vientos que hoy corren” . Goded se ofrecía a Varela y a los oficiales del Grupo de Larache, para declarar en su favor en los juicios de ascensos, en concreto en los del teniente coronel González Carrasco, los del propio Varela, Benito, Utrilla, Delgado y Polavieja; sobre todo, Goded 820 Ortega y Gasset, E., Annual, p. 146. Artículo fechado el 23 de agosto de 1921. 821 Rodríguez Jiménez, J.L., A mí la Legión, p. 204-205. Se cuenta la anécdota que Franco, al regresar desde Oviedo a Marruecos, fue obsequiado con un banquete homenaje en Madrid, en el hotel Palace. El acto fue muy concurrido. En los brindis, el padre don Basilio Álvarez, dijo: “Pido, como gallego, al Gobierno, que si Franco encuentra en África una muerte gloriosa, su cadáver sea enterrado al lado del sepulcro del Apóstol Santiago, en Compostela, lo mismo que Valenzuela lo ha sido en Zaragoza, cerca de la Virgen del Pilar”. Al oír semejante propuesta, los presentes se alarmaron, dado el mal presagio que suponían las palabras del sacerdote, pero Franco se rió. 822 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 66, carta datada el 17 de mayo de 1923, con membrete de la “Escuela Superior de Guerra”. 823 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 66-67. 458 estaba interesado en ayudar a González Carrasco, a quien consideraba merecedor del ascenso sobre todo por sus operaciones de Deba el Kola. El 26 de agosto de 1923, en Alcazarquivir, el capitán Varela declaró como testigo para la concesión de la Laureada al comandante de Estado Mayor Abelardo Amil de Soto. La declaración de Varela fue tensa. En ella se lee: “No comprendo la segunda pregunta en la que el Señor Juez me dice que ‘Debió ser probable no viera la retirada de la retaguardia’ puesto que en mi anterior declaración dije que desde la atura que ocupaba el 4º Tabor podía verse perfectamente el repliegue y en ella me afirmo y ratifico y estimo cohación [sic] por parte del Señor Juez que me hace consideraciones sobre hechos que concretamente he expuesto”. Varela consideraba que la actuación del comandante Amil no había sido decisiva en el combate, ni era merecedora de la Laureada; denunció que no se había llamado a suficientes testigos, entre ellos al jefe de la retaguardia comandante de Infantería Gregorio Verdú y Verdú, que fue uno de los últimos en retirarse “casi solo y herido”, ni 824 a otros testigos . Varela declaró que ya quiso declarar anteriormente, al abrirse la investigación para conceder la Medalla Militar al comandante Amil, y que elevó oficio al Juez general Peralta, pero no fue llamado porque su escrito se extravió, y que cuando lo volvió a enviar, se le contestó que ya no era necesaria pues se había acordado conceder dicha condecoración. Y Varela añadía ácidamente a su declaración: “…el declarante sabe perfectamente que en ese combate quedó abandonada y en poder del enemigo una sección de Mallorca con su Oficial, un oficial Moro con varios individuos de la Policía y dos Tenientes Españoles de Regulares con otros soldados, es decir, que todas las bajas que fueron muy pocas, quedaron en poder del enemigo, ¿cómo se explica que hubiera orden en aquel repliegue ni que nadie contuviera como Jefe aquel desorden una vez que el Jefe Comandante Verdú, herido, venía acompañado de dos ó tres soldados y un Oficial, creo el Teniente Siqueras de Artillería pero perteneciente a la Policía. “Y de este relato indudablemente el mando comprendió que algo anormal debió ocurrir pues aquella misma noche se practicó una información de la cual era Secretario el Comandante Amil, para averiguar si recaía responsabilidad en alguien, no sucediendo nada lo que demuestra que todo el mundo cumplió con su deber, después del combate nada se oyó hablar de pedir LAUREADAS para nadie y nadie debió recordar más aquella desgraciada acción y después de 824 El comandante Abelardo Amil de Soto desapareció el 31 de agosto de 1924 en combate en el territorio de Larache; contaba cuarenta y dos años, y estaba en posesión de la Medalla Militar, las cruces de María Cristina y de San Hermenegildo, tres cruces rojas, una pensionada y otra blanca, amén de otras recompensas. Su esquela apareció en ABC: http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1926/04/11/045.html 459 practicada la información ya se susurraba que el Comandante AMIL pedía la Cruz de SAN FERNANDO”. Seguidamente, adjuntó un listado de los jefes y oficiales que se encontraban en la retaguardia y que eran los que realmente podían testificar sobre el comportamiento 825 del comandante Amil . Sin duda, esta postura, sincera y valiente de Varela, no le granjearía amistades; pero demuestra la rectitud y la honradez intrínseca de su carácter, y nos permite ver por qué se oponía a las Juntas, siempre rodeadas de presiones, de chanchullos y de corporativismos. Esto explica que cuando en octubre Varela acudió a Madrid, llamado por el Rey, que le concedió la Medalla de Sufrimientos por la Patria, y después pasó a Comillas a pasar unos días, en el Diario de Cádiz se leyera: “Varela tiene cada día más preponderancia, y cada vez su nombre se destaca de modo ostensible entre los timbres del Ejército Español. “Al consignar estas breves impresiones que tratan de un bravo soldado en el que jamás germinó la envidia, lo hacemos rotundamente para desvirtuar por nuestra cuenta –cumpliendo así uno de los más sagrados deberes de amistad- los insistentes y malévolos rumores que en estos días se propalan, seguramente por seres que no anidan en su corazón el fervor del patriotismo, ni ansían el 826 resurgir de la amada Patria” . La realidad era muy sencilla: Varela no había disfrutado de su licencia por herida en 1921, y ahora la obtuvo. Pero esto fue interpretado por sus enemigos como que había ido a Madrid a ser hospitalizado, presumiblemente por una enfermedad 827 vergonzante, y propagaron el insidioso rumor, que desmintió la prensa . El 13 de noviembre de 1923 se le reconoció y concedió la Medalla de Sufrimientos por la Patria, tras la conclusión del Expediente abierto en abril de 1922, realizado por el comandante Vicente Pérez Crespo, y el teniente Juan Moñivar Bernales, ambos del Grupo de Regulares de Larache nº 4. El objeto de este Expediente era averiguar si Varela era el único sustento económico de su familia, y su prolongación es harto sospechosa. Se inició con un oficio requiriendo al comandante averiguar si Varela mantenía con su sueldo a su madre viuda y a sus dos hermanas, fechado el 1 de abril de 825 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 84-86, texto mecanografiado, “DECLARACIÓN jurada que presta el Capitán de Infantería Señor D. JOSÉ VARELA IGLESIAS, de 4º Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Larache, en el expediente que para la concesión de la Cruz Laureada de S. Fernando se instruye al Comandante de E.M. Don Abelardo Amil de Soto”. Finalmente, no se le concedió la Laureada. 826 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 87, Diario de Cádiz, 9 de octubre de 1923, “El Capitán Sr. Varela” 827 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 88, El Mensajero de Jerez, 10 de octubre de 1923; se añadió una nota manuscrita en la que se explica el rumor, pero la misma está borrada al explicar la causa de la supuesta hospitalización. Varela llegó a Comillas el 4 de octubre. 460 828 1922 . Testificaron en este sentido los capitanes de Regulares José Sánchez Tostafada, 829 Francisco Delgado Serrano, y el teniente Luis Oller . El 6 de agosto de 1923 Varela declaró que en efecto su madre era viuda, y que tenía dos hermanas, Carmen y Elena, de nueve y quince años, “y que no perciben sueldo ni pensión del Estado o Municipio. Que con su sueldo mantiene a éstas, como consta y es público entre la Oficialidad de este 830 Grupo” . También declaró su madre. Este expediente se cerró el 28 de agosto de 831 1923 . A finales de noviembre de 1923, cumplido el permiso, Varela regresó a San Fernando, siguiendo el 30 hacia Algeciras, para pasar más adelante a Tetuán para 832 reincorporarse a su regimiento en Larache . Antes de eso, Varela pasó por Jerez, donde visitó el estudio del pintor Miguel Barrón Regife, que le estaba haciendo un retrato con la placa de Maestrante de Sevilla. Visitó también el Gobierno Militar y las Escuelas Maternal y Graduada. Allí se encontró con doña Isabel García Pérez y Sánchez Romate, tía de de la que entonces era la prometida de nuestro capitán, Carmen de Movellán y Sánchez Romate. El día 5 de diciembre salió desde San Fernando hacia 833 Larache . 828 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 93. 829 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 94-95. 830 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 97. 831 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 98 832 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 89, “El Capitán Varela”, 26 de noviembre de 1923. 833 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 9, El Mensajero de Jerez, 5 de diciembre de 1923, “El capitán laureado D. Enrique Varela en Jerez”. El pintor citado estaba realizando también un retrato de Miguel Primo de Rivera, marqués de Estella y presidente del Directoro Militar. 461 3.- El pronunciamiento de Primo de Rivera. 3. 1.- Marruecos antes de la toma del poder del Directorio Militar. 3.1.1.- Los intentos de llegar a la paz con Abd el-Krim. Pese a los avances de recuperación de territorios, en España creció la oposición a la guerra, tanto en ambientes mesocráticos como el Ateneo de Madrid, como entre los obreros, como la UGT, que organizó manifestaciones de protesta. Por otro lado, Estat Català y Acció Catalana aplaudieron la proclamación de la República del Rif y enviaron telegramas de apoyo a su líder. Entre muchos militares africanistas existía malestar porque al reclamarse el enjuiciamiento de los culpables del Desastre, interpretaban que se atacaba al Ejército como institución. El ministro de Hacienda, Bergamín, manifestó que el Gobierno no podía sufragar más operaciones militares. A principios de 1923, el gobernador militar de Melilla advirtió al Gobierno del creciente descontento de los oficiales por las investigaciones sobre el Desastre de Annual. Muchos junteros seguían reuniéndose en privado, a pesar de las prohibiciones, y tenían mucha influencia en los cuarteles, desarrollando un resentimiento hacia los políticos. No obstante, el ejército estaba demasiado dividido para plantear una acción común. Tras la proclamación de la República del Rif, Abd el-Krim mantuvo la presión sobre los españoles, pero sin poder evitar que éstos recuperaran territorio. Uno de los enemigos de Abd el-Krim era Abd el-Malek Meheddin, nieto del famoso Abd el-Kader, líder de la resistencia argelina contra los franceses. Nacido en el exilio, Abd el-Malek luchó con El Rogui, pasó después a servir en el ejército francés en Argelia, después con el sultán Abd el-Aziz, encarcelado por el rival de éste, Mulay Hafiz, que después lo liberó y nombró jefe de la policía jerifiana de Tánger. Después luchó contra los franceses durante la Primera Guerra Mundial, a sueldo de los alemanes, aliado con Hadj Mohand Biqqish, cabecilla de Gueznaya; pero no con Abd el-Krim, que sólo atacaba a los alemanes desde las páginas de los diarios. Con la derrota alemana, Abd el-Malek pasó al servicio de España con una Harka. El general Burguete intentó utilizarle para sublevar a las tribus de Marnisa y de Branes, del suroeste del Rif, contra Abd el-Krim, sin conseguirlo. El Gobierno de García Prieto nombró un Alto Comisario civil, Luis Silvela. En junio de 1923, Abd el-Krim volvió a atacar Tizi-Azza, siendo de nuevo rechazado con 462 grandes pérdidas. Los rifeños consiguieron derribar un avión pilotado por Alfredo Kindelán. En la defensa murió el comandante de la Legión, el teniente coronel Valenzuela, siendo sucedido por Francisco Franco. Tras su fracaso en 1923 ante Tizi- Azza, Abd el-Krim planteó a las autoridades españolas de Melilla un alto el fuego, pensando que España estaba ya dispuesta a retirarse de Marruecos. En junio de 1923 hubo conversaciones entre representantes españoles y rifeños en un barco en la bahía de Alhucemas. Por el lado español, las negociaciones las dirigió Diego Saavedra, secretario general para el Marruecos Español, y por el rifeño, Mohamed Azerkan, ministro de Asuntos Exteriores del pretendido gobierno del Rif. Azerkan era apodado “Punto” por los españoles, porque en el pasado recogía colillas o puntos de tabaco. Saavedra estaba dispuesto a ceder al Rif un alto grado de independencia económica y administrativa, así como confirmar los cargos de Abd el-Krim y de los demás líderes rifeños, pero no la independencia política del Majzen. España se comprometía a incrementar el desarrollo económico y cultural del Rif, siempre que se mantuviera la paz. Saavedra le dio a Azerkan un plazo de 48 horas para contestar, pero Abd el-Krim no lo hizo hasta nueve días después, el 24 de julio. En una larga carta, Abd el-Krim achacaba los males y daños al “partido colonial español”; deseaba que España reconociera la independencia política, así como económica, del Rif, y desde esta base, negando el Protectorado, se mantendría la paz y las buenas relaciones con España. Se apelaba al Tratado de Versalles y al derecho de autogobierno de las naciones en él reconocido, para instar a España a aceptar la voluntad de los cabecillas de las cabilas rifeñas. En consecuencia, no habría negociaciones de paz, hasta que España reconociera la independencia del Rif respecto a 834 las demás naciones . En junio de 1923, Abd el-Krim autorizó a Charles Gardiner para crear un Banco del estado Rifeño, y la acuñación de moneda. Gardiner tendría también concesiones mineras y derechos sobre ferrocarriles, telégrafos, teléfonos, muelles, puertos y pesca. Gardiner representaba a un consorcio que debían pagar a Abd el-Krim 300.000 libras esterlinas en un banco francés, pero el dinero nunca se entregó, y el consorcio no fraguó. Los jefes rifeños estaban convencidos de que el éxito de la rebelión les haría tener aliados económicos poderosos. Pero no todos estaban de acuerdo. El 30 de julio de 1923 algunos miembros de la tribu de los Bucoya, situados al oeste de la bahía de Alhucemas y vecinos de los Beni Urriaguel, ofrecieron a los españoles su apoyo para 834 Woolman, D.: Abd el-Krim y la guerra del Rif, pp. 131-134. 463 realizar un desembarco; pero la oferta no fue aceptada por los problemas financieros y militares que conllevaba la operación. En agosto, una comisión del Estado Mayor visitó Marruecos para estudiar la situación, y establecer un plan para futuras campañas. Se pensó en establecer una línea defensiva, la “Línea Silvestre”, compuesta de dos: una primera, con centro en Tizi- Azza, y otra detrás, de segunda defensa. Entre ambas se situarían unidades móviles para acudir allí donde fuera necesario. El 22 de agosto de 1923, un grupo de cabileños disparó contra una muchedumbre en Tetuán, sembrando el pánico en la capital y matando a ocho personas e hiriendo a otras veinte. Esta acción quería demostrar la inseguridad de la posición española en Marruecos. El mismo día, 22 de agosto de 1923, Abd el-Krim atacó con 9.000 hombres un convoy de abastecimiento español, que rechazó al enemigo, y le causó 600 bajas. 3.1.2.- La situación de Tánger. Ese verano de 1923, Gran Bretaña, Francia y España celebraron una conferencia en Londres, abierta el 29 de junio, sobre la situación de Tánger. En 1912, y por deseo de Francia, Tánger se convirtió en un territorio de carácter internacional, con un estatuto propio. Pero las tensiones diplomáticas, la Gran Guerra y las dificultades de la posguerra aplazaron el establecimiento de la ciudad. El enviado británico, Gerald Villiers, mostró que la postura británica era establecer la internacionalización de Tánger; Francia, a través de Pierre Beaumarchais, quería Tánger bajo protección francesa, al tiempo que España, por boca del marqués de Torre Hermosa, deseaba integrar la ciudad en el Protectorado español. Tánger se había convertido en un centro de refugio para los rebeldes yebalíes y rifeños, donde se aprovisionaban de armas y pertrechos. Las conversaciones se prolongaron durante semanas. Primo de Rivera asumió el poder, y no pudo cambiar el cariz de la situación. Francia y Gran Bretaña acordaron mantener la internacionalización de la zona, y España tuvo que ceder. El 18 de diciembre de 1923 se acordó el tratado, por el que Tánger sería una zona 2 internacional, de 380 km , gobernada por un Mendub, un delegado del Sultán, asistido por un administrador francés, el cual a su vez tendría un auxiliar español y otro británico. El Mendub presidiría una asamblea legislativa integrada por seis musulmanes, tres judíos, cuatro franceses, cuatro españoles, tres británicos, dos italianos, un belga, un portugués y un holandés. Las fuerzas de orden se compondrían de doscientos cincuenta gendarmes indígenas al mando de un capitán belga, asistido por 464 835 oficiales españoles y franceses . El Tratado entraría en vigor el 1 de junio de 1925. España sólo obtuvo dos pequeñas ventajas del Tratado: controlar las fuentes de agua del interior, que abastecían tanto a Tánger como a Ceuta, y el derecho a reclamar a cualquier marroquí del Protectorado español refugiado en la ciudad. Pero en la práctica no consiguió evitar que el puerto siguiera siendo un centro importante del contrabando de armas y abastecimientos para Abd el-Krim. Con relación a este tema, Varela, que había regresado a Marruecos a principios de diciembre de 1923 tras gozar de un permiso en la Península, escribió a su amigo el marqués de Tablantes. En la misiva, Varela parece confiado en que el Directorio de Primo de Rivera diera solución definitiva al problema marroquí. En cuanto al tema de Tánger, dice: “Nada importa de momento el asunto Tánger, sin que haya perdido su importancia para nosotros, que sigue siendo capital. Es forzoso reconocer que en las actuales circunstancias, la presión que debió realizarse estaba exente de la fuerza que da la organización de un país y que es el único argumento, apoyo de la razón, cuya carencia existe en el nuestro, desgraciadamente, aunque por fortuna se va notando el equilibrio; quizás pronto estaremos en condiciones de 836 hacer valer nuestros derechos y Tánger no pasará a manos extranjeras” . Se aprecia la confianza de Varela en que Primo de Rivera restaurara la fuerza internacional de España. Abd el Krim estaba apoyado por un sector de comerciantes de Tánger, que se beneficiaban del tráfico de mercancías, y por los comunistas franceses, que le aseguraron que una cooperación española y francesa sobre él era prácticamente 837 imposible . Buena parte de la opinión pública y la prensa internacionales lo veían como un líder que luchaba por la libertad de su pueblo. 3.2.- El general Primo de Rivera asume el poder. 3.2.1.- Miguel Primo de Rivera. Entre 1917 y 1923, no se había planteado ni realizado ninguna reforma política como las exigidas por amplios sectores de la sociedad. No se había producido la regeneración propugnada desde principios de siglo: eliminación del caciquismo, o reforma de la Constitución, los dos grandes partidos políticos estaban fragmentados, y 835 Maura Gamazo, G., Al servicio de la Historia. Bosquejo histórico de la Dictadura, Javier Morata, Madrid, 1930, tomo 1, p.83-86. 836 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 91, Carta de Varela al marqués de Tablantes, fechada en Mesera, 28 de diciembre de 1923. 837 Woolman, D.: Abd el-Krim y la guerra del Rif, p. 143. Los dirigentes comunistas Sémard y Doriot apoyaron a Abd el Krim. 465 los partidos no dinásticos presentaban programas maximalistas o revolucionarios. Muchos intelectuales reclamaban un "cirujano de hierro", una dictadura capaz de regenerar el sistema. En septiembre de 1923, el capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, exigió la entrega del poder para establecer una dictadura. Primo de Rivera era un militar de carrera, nacido en Jerez de la Frontera en 1870, apreciado por sus subordinados, y de trato llano y sencillo. Provenía de una familia de terratenientes y 838 militares andaluces . Participó en la Guerra de Melilla de 1893 como teniente, donde recapturó un cañón y le fue concedida la Cruz Laureada de San Fernando; ascendido a capitán, hizo las campañas de Cuba y Filipinas, donde fue ayudante de campo de su tío, el capitán general Fernando Primo de Rivera y participó activamente en la obtención de la paz de Biac-na-Bató. En 1905 era teniente coronel del Estado Mayor Central. Realizó un viaje de estudios por Europa. En 1909, como coronel, participó en la campaña de Melilla, al mando del Regimiento de Melilla nº 59, y en 1911 en la del Kert en Marruecos, donde fue herido, y ascendido a general de brigada. Estuvo como observador en la Primera Guerra Mundial. En 1917, siendo Gobernador Militar de Cádiz, propuso intercambiar Marruecos por Gibraltar con Gran Bretaña, siendo cesado. Ese mismo año se acercó a las Juntas, como tantos otros militares descontentos. Recorrió el país dando conferencias y defendiendo una reforma militar con un sistema de reclutamiento mixto, mejoras técnicas y la formación de una reserva territorial, el Somatén. En 1919 fue ascendido a teniente general, y en 1920, nombrado capitán general de la Tercera Región Militar. Allendesalazar pensó en él para nombrarlo ministro de la guerra cuando fue presidente de gobierno, pero no lo hizo por considerarle "demasiado peligroso". Primo de Rivera era partidario de abandonar Marruecos. Un nuevo discurso le costó la capitanía general de Madrid, en 1921. Participó brevemente en política. Primo de Rivera se acercó a los liberales para poder entrar en las listas electorales de las elecciones de mayo de 1923 por Cádiz. Pero el cacique local le vetó porque el pasado Primo había estado muy cercano a los conservadores de Maura. En el otoño de 1922 Primo de Rivera fue nombrado capitán general de Barcelona, donde se ganó a las clases dirigentes catalanas, que deseaban una mano firme que controlara a los anarquistas. El 8 de marzo de 1923, Salvador Seguí, uno de 838 Aunós, E., El general Primo de Rivera, Alhambra, Madrid, 1944. 466 los principales líderes de la CNT, convocó una reunión de líderes sindicales. Su intención era detener el terrorismo sindical y convertir a la CNT en un sindicato que consiguiera mejoras sociales por medios pacíficos. Pero dos días más tarde fue asesinado de un disparo en el barrio del Raval de Barcelona, presumiblemente por pistoleros del Sindicato Libre, rival de la CNT; pero no debe olvidarse que para muchos cenetistas, los presupuestos ideológicos de Seguí no eran puramente anarquistas. En junio de 1923, Primo de Rivera estuvo en Madrid, donde pidió plenos poderes para declarar la ley marcial en Barcelona y aplastar al terrorismo sindicalista. El Gobierno se negó. Primo regresó a Barcelona, donde fue recibido con entusiasmo por miembros de Somatén, la milicia rural catalana. Primo afirmó que si fuese necesario, impondría el orden apoyándose en el Somatén. Por otro lado, el general se manifestó partidario del proteccionismo a favor de la industria catalana, con lo que sumó muchos 839 apoyos en esta región . 3.2.2.- La búsqueda de un líder militar y el descrédito del general Aguilera. En la primavera de 1923, el principal militar en los círculos políticos era el veterano teniente general Francisco Aguilera, presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar y senador. Aguilera había solicitado en 1922 una investigación sobre Annual completa y estrictamente militar. Para muchos, Aguilera era un candidato perfecto a presidente del Gobierno, para acometer las reformas necesarias. Miguel Primo de Rivera, capitán general de Barcelona, le postulaba como candidato para derribar al Gobierno; pero Aguilera, que estaba enemistado con el rey, no alentaba esa 840 salida . Para él, era imprescindible esclarecer las responsabilidades de Annual. Primo de Rivera intentó convencerle de que encabezara la rebelión, pero Aguilera se negó. En estas circunstancias, en Madrid, se debatía el suplicatorio para procesar al general Berenguer, Alto Comisario en 1921. La postura de los conservadores era negarse a conceder el suplicatorio, y ésta era la opinión del ministro de Justicia, Joaquín Sánchez de Toca, expresada el 28 de junio de 1923, alegando que antes era perentorio establecer quiénes eran los culpables, y estableciendo que había un defecto de forma, pues siendo él en esa época presidente del Senado, no se le había cursado el suplicatorio a través de los Ministerios de la Guerra o de Gracia y Justicia, como era preceptivo. El 30 de junio, Aguilera, presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, que no había 839 Ben-Ami, S., La Dictadura… p. 41-42. 840 Alía Miranda, F., Duelo de sables, p. 128, se basa en testimonios aportados por Martínez Ramírez, F., El General Aguilera, Madrid, 1935. 467 asistido a la sesión, escribió a Sánchez de Toca, y le acusó de haber mentido al decir que no se le había remitido el suplicatorio a través del Ministerio de la Guerra. Aguilera remataba su escrito con una amenaza: “Como esta maldad de usted va dirijida (sic) contra mi persona, como Presidente del Consejo Supremo de Guerra y Marina, maldad muy en armonía con su moral depravada, he de manifestarle que la repetición de estos casos u otros parecidos me obligarán a proceder contra Vd. con todo el rigor y la 841 energía que se merecen hombres de su especie” . La intención de Aguilera era batirse en duelo. Pero Sánchez de Toca, que acababa de cumplir setenta años, no hizo lo esperado. Indignado, leyó la carta el día 3 de julio ante el Senado como ejemplo de las presiones que ejercían los militares sobre el poder civil, y calificó los duelos de “un reto 842 de barbarie” , por lo que se negaba a batirse; además, mostró que la misiva llevaba el membrete del Consejo Supremo, y estaba por tanto firmada como responsable del citado organismo, exigiendo que Aguilera fuera denunciado ante el Tribunal Supremo por 843 pretender violar la inmunidad parlamentaria . Los conservadores pidieron procesar al general, mientras los liberales como Romanones le criticaban. Tanto Aguilera como Sánchez de Toca recibieron muestras de apoyo, el primero por parte de líderes de la izquierda como Marcelino Domingo. El 5 de julio, en la sesión del Senado, Romanones, presidente de la Cámara, intentó que Aguilera se disculpara, sin éxito. El presidente del Gobierno, García Prieto, también lo intentó, y de nuevo el general se negó. Se propuso enviar la carta del general al fiscal y procesarlo: Aguilera protestó por ello, y García Prieto, con firmeza, le contestó que tendría que acatar la resolución del Senado. En la sesión, el general Arsenio Martínez Campos denunció que había una conspiración en marcha impulsada por Aguilera. Por la tarde, antes de reanudar la sesión, Sánchez Guerra fue al despacho de la presidencia para leerle a Romanones unas palabras de amenaza proferidas por Aguilera la noche anterior en una reunión. En ese momento entró el general en el despacho. Tras unas palabras de Sánchez Guerra, Aguilera le contestó: “Es que los militares tenemos un concepto del honor distinto del que tienen ustedes”. Sánchez Guerra abofeteó al general, y ambos se enzarzaron cayendo sobre un 844 sofá, con el consiguiente alboroto, siendo separados por los presentes . Aguilera 841 Alía Miranda, F., Duelo de sables, p. 132. 842 Ver Apéndice: El duelo como expesión del honor militar en la vida política. 843 Martorell Linares, M., José Sánchez Guerra, p. 327-328. 844 Alía Miranda, F., Duelo de sables, p. 135; Romanones, C. de, Notas de una vida, Marcial Pons, Madrid, 1999, p. 475; Martorell Linares, M., José Sánchez Guerra, p. 329-330, ofrece una visión algo distinta en los detalles 468 reconoció que llevaba una pistola en el bolsillo, y que había tenido el impulso de usarla, pero se contuvo. De este choque, el general “no salió muy airoso, pero sí lo bastante enardecido para balbucir en sesión pública vagas amenazas contra el régimen 845 parlamentario y sus mantenedores” ; y es que tras el incidente, en la sesión, Aguilera tomó la palabra de forma lamentable. Estas circunstancias mermaron rápidamente la popularidad de Aguilera: había sido abofeteado públicamente. Un grupo de fieles le apoyó en una manifestación, pero casi toda la prensa le atacó por lo que juzgaron una actitud provocadora, y sentaron que había habido un triunfo del poder civil sobre el militar. Aguilera intentó rectificar en el Diario de Sesiones sobre sus palabras en la Cámara en día 5, al querer evitar ser procesado por la carta. Esas palabras fueron interpretadas como que Aguilera amenazaba con un golpe de Estado, y al querer rectificarlas, llamó más la atención sobre ellas. El pundonor del general estaba dañado por no haber contestad debidamente, con un desafío, al bofetón. Perdió peso político rápidamente y se apartó de la actividad pública. Para Alía Miranda, que sigue a los partidarios del general, Aguilera era un demócrata sincero que fue apartado del poder en una maniobra para cercenar la 846 búsqueda de responsabilidades y el acceso de la izquierda al poder . Sin embargo, para la mayoría de sus coetáneos, Aguilera había intentado jugar la carta de su popularidad para obtener el poder, como denunció Martínez Campos en el Senado, y el bofetón de 847 Sánchez Guerra truncó su carrera . Quien sí preparaba una conspiración, una solución militar a la crisis del sistema político, era el general de caballería José Cavalcanti, africanista, monárquico y miembro de la camarilla militar del Rey. Cavalcanti se atrajo a los generales Federico Berenguer 848 (hermano pequeño de Dámaso), Leopoldo Saro y Antonio Dabán . Estos cuatro generales, “el Cuadrilátero”, habían tenido mando y por tanto eran muy conocidos en Madrid, y formaban parte del círculo íntimo de militares del rey. Su idea era obtener el apoyo real para desarrollar una política agresiva en Marruecos. Querían unificar al Ejército para imponer soluciones a los problemas del país. Ante la indecisión de los 845 Maura Gamazo, G., Al servicio de la historia, Javier Morata, Madrid, 1930, t. 1, p. 28. 846 Alía Miranda, F., Duelo de sables, p. 139-142. 847 Martorell Linares, M., José Sánchez Guerra, p. 333, toma de Primo de Rivera la siguiente coplilla satírica que circuló por las calles: “Ríe de los militares / ríe de ademanes fieros / pues con una bofetada / fuerte, sonora, bien dada / se acaban todos los fueros”. 848 Hijo del general Luis Dabán, colaborador de Martínez Campos en el pronunciamiento de 1874. 469 altos mandos militares, el Cuadrilátero llegó a la conclusión que había que apoyar a un general de alta graduación, enérgico, que impusiera una dictadura o que gobernara con poderes de excepción. A esta idea se llegó en junio de 1923, y Cavalcanti escribió a Primo de Rivera solicitando su apoyo, que éste confirmó. Uno de los generales más respetados era Valeriano Weyler, pero era fiel al poder civil; otro general prestigioso era Aguilera, pero deseaba procesar a los africanistas por el Desastre, y pronto sería humillado por el bofetón de Sánchez Guerra y se apartaría de la política; una tercera posibilidad era el propio Miguel Primo de Rivera, pero este general había manifestado demasiadas veces su oposición a mantener el Protectorado. Para él, la guerra de Marruecos había sido una sucesión de escaramuzas, sorpresas, agresiones y emboscadas. Mola, Franco y Castro Girona desconfiaban de Primo de Rivera, porque 849 sabían que las intenciones del Dictador de abandonar Marruecos iban en serio . Existía inquietud entre algunos sectores militares, sobre todo en Barcelona, donde a mediados de 1923, un grupo de oficiales fundaron “La Traza”, una organización política que pretendía “la unión patriótica de todos los españoles de 850 buena voluntad” , pero desligados de Primo de Rivera, y que no se identificaron del todo con su Dictadura. Se disolvieron pocos años después. En todo caso, en Barcelona esta inquietud fraguó en un grupo juntero, que apoyaban al general Miguel Primo de Rivera, ya muy popular en Cataluña. Primo de Rivera comenzó a sondear a las diferentes guarniciones sobre su intención de tomar el poder, se encontró con que Cavalcanti también lo estaba haciendo. El Cuadrilátero desconfiaba de Primo de Rivera por su postura abandonista respecto de Marruecos. Pero entonces se dieron dos circuntancias. El Consejo Supremo de Guerra y Marina decidió, por un estrecho margen de votos, nueve contra siete, procesar al general Cavalcanti por extralimitarse de sus funciones en el combate del convoy de Tizza, demostrando una vez más la profunda división del Ejército en el tema de las responsabilidades. Cavalcanti pidió apoyo a Primo de Rivera ante el proceso. Por otro lado, a principios de julio, el general Aguilera se enfrentó con Sánchez de Toca amenazándole por escrito. La cuestión se zanjó a bofetadas entre el general y el presidente del Gobierno, Sánchez Guerra. Aguilera quedó ridiculizado, y su principal 849 Franco Salgado Araujo, F., Mis conversaciones privadas con Franco, Planeta, Barcelona, 1976, p. 136. 850 Payne, S. G., Los militares y la política en la España contemporánea, Sarpe, Madrid, 1986, p. 203, nota. 470 valedor para llegar al poder, el general Leopoldo Saro, le abandonó y se decantó por 851 Primo de Rivera . Éste se vio forzado a cambiar su postura sobre el Protectorado, matizando que lo que él deseaba no era abandonar Marruecos, sino evitar pérdidas y gastos. También apoyaban su toma de poder los generales Emilio Barrera, Eduardo 852 López de Ochoa y Francisco Mercader Zufia. También prometió a los catalanes autonomía regional y proteccionismo arancelario, a cambio de su apoyo. La implicación del Rey es desconocida. Según el general López de Ochoa, el rey y Primo se entrevistaron a finales de agosto en San Sebastián para discutir detalles del 853 golpe . Pero no hay pruebas directas de ello, aunque don Alfonso debía de conocer las 854 conversaciones entre Primo y el Cuadrilátero . Indalecio Prieto escribió que don Alfonso dio su apoyo al golpe para impedir que en septiembre se debatiera el 855 Expediente Picasso en las Cortes y se descubriera su implicación en el Desastre . A finales de agosto, don Alfonso XIII sondeó a Antonio Maura sobre la conveniencia de un gobierno militar. Maura contestó que tal acción podría suponer el fin de la monarquía. Era mejor que la monarquía no se implicara, porque el fracaso arrastraría a la Corona. Pero Alfonso XIII no le hizo caso. Para el rey, se trataba de una suspensión temporal de la Constitución, para instaurar el orden reclamado por parte de la sociedad española. Una parte que englobaba desde grupos sociales de todo el espectro político, sobre todo en Barcelona, sectores de la intelectualidad y la opinión pública, y parte del 856 Ejército. Por el contrario, se oponían políticos como Maura , o militares como el capitán general de Valencia. 851 Tusell, J., Radiografía de un golpe de Estado. El ascenso al poder del general Primo de Rivera, Alianza, Madrid, 1987, p. 86-92. 852 Eduardo López de Ochoa y Portuondo, era su nombre completo, aunque a menudo, incluso en la prensa de la época, se le cita asimplemente como López Ochoa. 853 López de Ochoa y Portuondo, E.: Memorias de un soldado, Belacqua, Barcelona, 2007, p. 237. 854 Tusell llama la atención sobre el hecho de que en los documentos sobre la preparación del golpe de Estado no se cita al monarca, y que aunque conociera los contactos entre los generales, ello no significa que estuviera de acuerdo en la necesidad de un gobierno militar: Tusell, J., Radiografía de un golpe de Estado. El ascenso al poder del general Primo de Rivera, Alianza, Madrid, 1987, p. 127-131. 855 “¿Qué interés podía tener la Corona en facilitar el triunfo del movimiento militar? Iban a abrirse las Cortes, a plantearse de nuevo ante ellas el problema de las responsabilidades por la hecatombe de Melilla que ya había dado al traste con el anterior Parlamento, en el debate acaso con inculpaciones mutuas se destrozasen los partidos del régimen y asomaran de nuevo altas responsabilidades personales… Quizá este espectáculo demoledor hiciera surgir el motín en las calles. La sedición militar, amparada y tutelada desde arriba, podría frustrarlo”, Prieto, I., Con el Rey o contra el Rey…”La conmoción política en España. Una sublevación de Real Orden”, publicado en El Diario Español, Buenos Aires, octubre de 1923, t. II, p. 141; “Marruecos. Recuerdos personales”, 11 de abril de 1956, t. II, p. 221. 856 Martínez Roda, F., “El 98 y la crisis del sistema político de la Restauración (1898-1914)”, p. 90, recoge una cita de Maura en referencia al rey por aceptar el golpe de Primo de Rivera: “Este hombre está 471 Para el historiador Ben-Ami, en 1923 la sociedad española iba camino de una democratización, y la Dictadura fue una respuesta contra la misma, apoyada por el rey 857 que temía que el Congreso investigara su responsabilidad en Marruecos . Sin embargo, esta interpretación no explica el respaldo popular inicial de la Dictadura, y el Expediente Picasso no reveló la posible implicación regia en el desastre de Annual. Al regresar de San Sebastián, Primo de Rivera fue recibido por toda la oficialidad de la capital catalana. En el andén, según el testimonio de López de Ochoa, pidió a éste que le visitara en su despacho de Capitanía General esa misma tarde, y que acudiera vestido de paisano. En esa reunión, Primo de Rivera le expuso sus motivaciones para que el Ejército asumiera el poder: la situación en Marruecos, donde el Ejército “está sometido a hombres civiles que juegan a ser militares y lo llevan al desastre”; la inseguridad ciudadana, motivada por los enfrentamientos armados entre 858 los sindicalistas y la patronal; el separatismo , y la incapacidad del Gobierno de 859 depurar las responsabilidades civiles y militares del Desastre de 1921 . Estas manifestaciones demuestran que Primo de Rivera no deseaba silenciar, al menos en ese momento, las acusaciones sobre los responsables de Annual. El “ruido de sables” llegó al Gobierno, pero no adoptó ninguna medida. Primo escribió una carta al Gobierno protestando por la pasividad en Marruecos. Alba propuso que fuera destituido de la capitanía general de Barcelona, pero el resto del gabinete decidió no hacer nada. 3.2.3.- El catalizador marroquí del Pronunciamiento. En Marruecos, se descartó el plan de desembarco en Alhucemas de Martínez Anido, comandante militar de Melilla. La operación se presentaba, a los ojos del Alto Comisario Luis Silvela como una empresa complicada y arriesgada, para la que harían falta 50.000 hombres, y en consecuencia “sería muy mal recibido por la opinión y quizá rechazado”; ningún gobierno deseaba enfrentarse a otro Annual. Además, otro enclave 860 a defender representaría más gastos . Martínez Anido, disgustado ante lo que juzgaba loco, éste es el fin de la Monarquía; vendrá una República y luego el caos; y después, claro, los militares”. 857 Ben-Ami, S., La Dictadura de Primo de Rivera, Planeta, Barcelona, 1984, p. 27-29. 858 El 11 de septiembre de 1923, unos días antes del Pronunciamiento de Primo de Rivera, los nacionalistas catalanes depositaron coronas de flores a los pies de la estatua del conseller Casanova, a gritos de “Mori Espanya” y “Visca Abd el-Krim y la República del Rif”, Milego, J., El general Barrera, Imán, Madrid, 1936, p. 39 y 48, señala que fue la gota que empujó a Primo a levantarse. 859 López de Ochoa, E., Memorias de un soldado, p. 238. 860 Maura Gamazo, G., Al servicio de la historia, t. 1, p. 200. 472 861 pusilanimidad de los gobernantes civiles, dimitió . El Gobierno de García Prieto insistió en que el Estado Mayor tuviera relevancia, y nombró a su frente al general Weyler, de 81 años. Como tal, Weyler encabezó una comisión que llegó a Melilla el 16 de agosto para establecer una línea de defensa tras la cual se pudieran replegar las tropas en caso necesario. Pocos días después, los marroquíes lanzaron un ataque contra las posiciones avanzadas con 9.000 hombres. El Gobierno temía una tormenta política si enviaba nuevas tropas o realizaba una ofensiva. Cambó, desde La Veu de Catalunya, reclamaba el abandono del Protectorado. El 23 de agosto, un grupo de reclutas se negó a embarcar en Málaga y mató a su sargento. El dirigente, el cabo Barroso, fue condenado a muerte, pero la sentencia fue suspendida y conmutada por una campaña de prensa a favor del cabo, y se suspendieron los envíos de tropas a Marruecos. Estos hechos 862 irritaron a los africanistas . Primo de Rivera afirmó posteriormente que “La absolución de Barroso me hizo comprender las dimensiones del horrible abismo al que 863 ha sido arrojada España” . Para entonces, los trenes de tropas debían ceder el paso a los trenes civiles, y costaba transportar cuatro días un tren de reclutas desde Lérida a Málaga. En este puerto, dados los retrasos para el embarque, los soldados gozaban de permiso, con lo que se creaban tensiones. El 29 de agosto, el Estado Mayor pronunció sus conclusiones sobre la actuación a seguir en Marruecos. El Gobierno esperaba que apoyara su postura prudente. Por el contrario, el Estado Mayor, dando la razón a Martínez Anido, defendía seguir con las operaciones para lograr una línea defensiva estable, y realizar el desembarco en Alhucemas, como sistema para pacificar el Protectorado. Cuando las notas llegaron a la prensa (se publicaron oficialmente el 3 de septiembre) el Gobierno entró en crisis. Alba era partidario de seguir los planes del Estado Mayor, pero otros ministros se negaron, y tres dimitieron. El Gobierno fue disuelto el 1 de septiembre, y se reconstituyó al día siguiente con casi los mismos ministros. Cavalcanti comprendió que solo la fuerza derribaría el sistema constitucional, y por ello contactó con el general Primo de Rivera y le ofreció la jefatura de la conspiración. Primo de Rivera aceptó, y viajó a Madrid los días 7 y 8 de septiembre, pretextando reuniones con los ministros. El general Sanjurjo, destinado en Zaragoza, 861 Escribió a Primo de Rivera, diciéndole: “Tuve que mandar al cuerno a toda esa gentuza”: Tusell, J. Queipo de Llano, G., Alfonso XIII, p. 414. 862 La Correspondencia Militar, editoriales del 25 de agosto al 1 de septiembre de 1923. 863 Entrevista en L’Etoile Belge, 9 de junio de 1926, cit. por Ben-Ami, S., La Dictadura… p. 31. 473 ofreció su apoyo a Primo de Rivera, como también hizo el coronel Nouvillas. Los militares estaban divididos, pero coincidían en su temor a los desórdenes y a la debilidad gubernamental; otros sectores deseaban la paralización de las responsabilidades de Annual. El pronunciamiento contaba con el temor a las luchas sociales que tenían las clases altas y medias. Cavalcanti inició conversaciones con los diversos jefes militares, informándoles de las intenciones de parte del Ejército de asumir 864 el poder . El ambiente en muchos sectores del Ejército era que había que pacificar Marruecos, y quizá tomar el poder por breve tiempo para restablecer el orden, pero no establecer una Dictadura. Como el 18 de septiembre se reabrían las Cortes y con ellas el segundo comité investigador parlamentario sobre el Desastre, se acordó dar el golpe el domingo 13 se septiembre por la mañana. Uno de los principales activistas a favor del golpe era Sanjurjo, segundo jefe en Zaragoza. El rey estaba en San Sebastián, y le acompañaba el ministro Santiago Alba, conocido por su postura opuesta a la injerencia de los militares en la política. ¿Conocía el rey la conspiración? Alfonso XIII reconoció haber recibido a dos generales en Santander, que le hicieron ver el malestar del Ejército, 865 pero no le dijeron nada, y él les recomendó no hacer ninguna locura . Dos días antes del golpe, el capitán de Artillería Cruz Conde, destinado en Córdoba, recibió un telegrama del general Cavalcanti para asistir a una reunión en su casa, con los otros tres generales implicados (“el Cuadrilátero”) y varios jefes y oficiales de la guarnición de Madrid. En la capital, los mandos de las unidades no estaban decididos a apoyar la sublevación, pero Cavalcanti decidió seguir adelante. Envió a Cruz Conde a Zaragoza para alentar a Sanjurjo, gobernador militar de la ciudad, a sublevarse, y que desde allí 864 Sousa y Regoyos, F., Lo que recuerdo de mi vida, Madrid, 1944, p. 146, narra la entrevista del entonces coronel Sousa con Cavalcanti, pero entre las motivaciones expuestas por éste no figura en absoluto las responsabilidades por Annual, y sí el desorden social: “Salimos juntos de la reunión y me dijo el estado de descomposición en que estaba España por el proceder de los políticos; se robaba en la calle y ponían en libertad a los ladrones en seguida, reinando la disciplina más vergonzosa, indicándome que se acabaría por tener que intervenir el Ejército si se quería salvar a España”; debe recordarse que Sousa era africanista, y por tanto hubiera sido sensible al tema, pues muchos amigos suyos podían ser procesados, por lo que no parece que la cuestión figurara entre las motivaciones principales de los conspiradores. Si así fuera, es muy probable que Cavalcanti hubiera incidido en la cuestión. 865 Tusell afirma que el único testimonio que involucra al rey en la conspiración, es el testimonio de un alabadero, Juan Roncero, que declaró ante el Comité de Responsabilidades de la República que los militares implicados en la conjura visitaron al rey en Palacio, y que un ayuda de cámara escuchó que pronto habría un golpe y el Goblerno sería “arrastrado”; pero Roncero era de izquierdas, y el testimonio es dudoso: Tusell, J. Queipo de Llano, G., Alfonso XIII, p. 415; Tusell, X., La política y los políticos en tiempos de Alfonso XIII, afirma que el Rey desconocía la conspiración, pero aceptó el golpe de Estado porque su criterio coincidía con la opinión pública, p. 103. 474 pasase a Barcelona. Por su parte, Saro, Berenguer, Dabán y Cavalcanti convencieron al capitán general de Madrid, Muñoz Cobo, de que se uniese al golpe, lo que tras vacilaciones, hizo. En la tarde del 12 de septiembre, Alba fue informado que Primo de Rivera había contactado con los capitanes generales por telegramas cifrados al llegar a Barcelona el día 9, y el 10 por la mañana había convocado una reunión de jefes y oficiales, en la que se les informó que los capitanes generales iban a derribar a Alba y al Gobierno esa semana. En realidad, la respuesta de las autoridades militares a Primo de Rivera había sido muy tibia: sólo Barcelona, Zaragoza y Bilbao, con el general Viñe, apoyaban decididamente el golpe. Esa misma tarde del 12, García Prieto envió a Alba un telegrama de apoyo y adhesión a su persona del Gobierno; pero el general Aizpuru, como ministro de Guerra no estaba dispuesto a quitarle el mando a Primo de Rivera. El Gobierno en Madrid se reunió a las 18:00 horas. García Prieto informó que sabía que Primo de Rivera se había puesto en contacto con Milans del Bosch, jefe de la Casa Militar del rey; y que el capitán general de Madrid, Muñoz Cobo, no apoyaba al Gobierno: le había ordenado que arrestara a los miembros del Cuadrilátero, pero se negó 866 a hacerlo sin una orden expresa del rey . Aizpuru fue encargado de hablar por teléfono con Primo de Rivera y disuadirle; así mismo, se comentó hablar con el general Cavalcanti, pero su intimidad con el rey coartó a los ministros, que decidieron no decirle nada. García Prieto no se atrevió a actuar ordenando detener a los conspiradores, quizá temiendo no ser obedecido. Con el Gobierno indeciso, la decisión final quedaba en manos del monarca. A las once de la noche del día 12, llegó Cruz Conde a Barcelona e informó a Primo de Rivera de que tenía el apoyo de Zaragoza y Madrid. Primo 867 telefoneó al ministro de la Guerra, general Aizpuru, y le dijo que se había sublevado . Con la medianoche, Primo de Rivera proclamó la ley marcial en Barcelona y sacó las tropas a la calle. A las 2:00 horas convocó a los periodistas a su despacho y les 868 entregó copias de su manifiesto. Fechado el 12 de septiembre en Barcelona , en él, Primo de Rivera afirmaba que pese a sus deseos de vivir en la legalidad, atendiendo al "clamoroso requerimiento" de los españoles que deseaban ser liberados de "los profesionales de la política", que habían sumido al país en la desdicha y secuestrado la voluntad real; acusaba a los políticos de repartirse el poder “y entre ellos mismos 866 Ben-Ami, S., La Dictadura… p. 50. 867 Alía Miranda, F., Duelo de sables, p. 145. 868 ABC, 14 de septiembre de 1923, p. 7 y 8. 475 designan la sucesión” al frente del mismo; hacía referencia a los asesinatos y el desorden imperante, a la corrupción, a la “sospechosa política arancelaria”, a las “rastreras intrigas políticas tomando por pretexto la tragedia de Marruecos”, a la indisciplina social, la "propaganda comunista", la impiedad, las injusticias derivadas de la política, la propaganda separatista, las “pasiones tendenciosas alrededor del problema de las responsabilidades”, y la persecución del juego. Su propósito era establecer un directorio militar que asegurara el funcionamiento del Estado hasta la aparición de un gobierno de “hombres rectos, sabios, laboriosos y probos” que ofrecer al Rey para dirigir el país. El texto tiene un marcado carácter catalanista, al insistir en la necesidad de mantener el orden y perseguir el terrorismo y las huelgas, citar la política aduanera, y sobre todo reivindicar la creación de un Somatén, “reserva y hermano del Ejército”, una milicia que encuadrara a “los hombres de bien”. Sobre Marruecos decía que "ni somos imperialistas, ni creemos pendiente de un terco empeño en Marruecos el honor del ejército, que con su conducta valerosa a diario lo vindica". Afirmaba que el Ejército de África era ajeno a la sublevación realizada, pero que en cuanto se cumplieran las órdenes recibidas, “buscaremos al problema de Marruecos una solución 869 pronta digna y sensata" . Respecto del tema de las responsabilidades del Desastre de Annual, el manifiesto las mezclaba con las derivadas de la acción política de los partidos, y afirmaba tajante: “El país no quiere hablar más de responsabilidades, sino saberlas, exigirlas, pronta y justamente, y esto lo encargaremos, con limitación de plazo, a Tribunales de autoridad moral y desapasionados de cuanto ha envenenado hasta ahora la política o la ambición. La responsabilidad colectiva de los partidos políticos la sancionamos con este apartamiento total a que los condenamos…”, Establecía el anonimato para los denunciantes de corrupciones, prevaricaciones y cohechos, y anunciaba la apertura de un proceso contra Santiago Alba y contra el jefe de Gobierno García Prieto, por haber no haberlo apartado de su ministerio. Se anunciaba la destitución de los gobernadores civiles, y la incautación de las centrales y medios de comunicación, centros de carácter “comunista o revolucionario”, bancos, centrales de luz, depósitos de agua, etc. Se asegurará el orden, todo el Ejército debía estar alerta. Por último, hacía un llamamiento al pueblo trabajador, al Ejército y la 869 Payne, S. G., Los militares… p. 208 476 Marina, pidiendo confianza y orden para alcanzar la paz y la prosperidad, con la única ambición de servir a España. El Gobierno se reunió en la madrugada del domingo con la certeza de que no podía contar ni con el ministro de la Guerra ni con la guarnición de Madrid. La Dirección de la Guardia Civil manifestó que no estaba dispuesta a luchar contra el Ejército. Sólo se podía contar con el general Weyler, que se encontraba descansando en su casa de Mallorca. García Prieto telegrafió a Weyler, pidiéndole que fuera a Barcelona a restaurar el orden. El anciano general, que había rechazado las insinuaciones de Primo de Rivera, aceptó. García Prieto le nombró capitán general de Barcelona y le avisó que le enviaría un buque de guerra para trasladarlo a la Ciudad Condal. Ello era posible porque la Marina era relativamente apolítica, y no estaba complicada en el golpe. Pero el ministro de Marina, el almirante Aznar, reconoció que no veía factible utilizar a la Marina para recuperar Barcelona y quizás abrir una guerra civil. El único capitán general que realmente apoyaba a Primo de Rivera era Palanca, de Zaragoza. En Sevilla, el capital general Carlos de Borbón era constitucionalista, y el de Madrid, Muñoz Cobo, esperaba a que se pronunciara el rey. En Valencia, el capital general Zabalza estaba al lado del gobierno, y de hecho corrieron noticias de que estaba 870 preparando tropas por orden del Gobierno para marchar sobre Barcelona . Primo de Rivera comprendió que todo estaba en manos del rey. Alfonso XIII envió a Madrid a Milans del Bosch, y anunció que él iría al día siguiente, 14 de septiembre. Milans llegó a Madrid y se entrevistó por la noche con Muñoz Cobo y Cavalcanti, que le pedían al monarca la dimisión del gabinete. Alfonso XIII llegó a Madrid a las nueve de la mañana, y en la estación le esperaban por un lado el Gobierno, y por otro, el grupo de Cavalcanti. Según Sousa, “Aquella mañana llegó el Rey, que estaba en San Sebastián, y tuvieron con él una conferencia los Generales Cavalcanti, Federico Berenguer, Dabán y Saro, que tuvo momentos de violencia al decirle Cavalcanti que no podía volverse atrás el Ejército, y parece ser que la intervención de Saro hizo que no acabara mal la 870 El general Zabalza no apoyaba el pronunciamiento, pero el gobernador militar de Valencia, general Balbino Gil Dolz del Castellar, sí. Gil Dolz envió a Barcelona a su ayudante, el comandante Manuel Zabala, para que Primo de Rivera le diera instrucciones. En Castellón estaban comprometidos el gobernador militar, general García Trejo, y el coronel del Regimiento de Tetuan, Lillo. García Trejo decidió enviar a Valencia al teniente coronel Joaquín Tirado. Ya en la capital del Turia, Tirado se reunió con el general Gil Dolz, convocaron a los coroneles de la guarnición, y se arrebetó el mando a Zabalza, asumiendo la capitanía general Gil Dolz: Marco Miranda, V., Las conspiraciones contra la Dictadura. Diario de un testigo, Madrid, 1930, p. 14-16. 477 871 entrevista” . El rey se entrevistó con García Prieto quien le pidió la destitución de los dos capitanes generales, de Zaragoza y Barcelona, y la disolución de las Cortes para el 17 de septiembre y la convocatoria de nuevas elecciones. El rey se negó, y García Prieto 872 dimitió . Su último acto fue enviar un telegrama a los gobernadores civiles, notificando la dimisión de su Gobierno Alfonso XIII informó al capitán general de Madrid que escucharía las propuestas de Primo. El Cuadrilátero se alarmó, parecía que el rey no quería decidirse e iba a jugar con ellos al gato y al ratón. Insistieron en ser recibidos junto con el capitán general esa misma mañana, y convencieron al rey de que otorgara el poder a los militares. Al salir de la reunión, Muñoz Cobo anunció que el rey encargaba Primo de Rivera formar gobierno, y que le recibiría al día siguiente. De forma interina se formó un Directorio militar, compuesto por Muñoz Cobo y el Cuadrilátero, hasta la asunción del poder por Primo de Rivera. En Barcelona, Primo de Rivera había retenido al barco que debía ir a buscar a Weyler. La CNT intentó convocar una huelga, pero se impuso la ley marcial. Cuando Primo de Rivera tomó el tren para salir hacia Madrid, el presidente de la Mancomunidad de Cataluña, Puig y Cadafalch, le despidió pidiéndole que fuera “un Milans del Bosch para todo el país”. Primo llegó a Madrid en la mañana del 15 de septiembre. Apenas hubo oposición al golpe de estado. Alfonso XIII aceptó la Dictadura, la suspensión de la Constitución y la formación de un Directorio militar. Según manifestó a la prensa extranjera, no supo nada del golpe hasta que se produjo, pero conocía el malestar de la cúpula del Ejército, y esa noche telefoneó a diversas partes del país recabando información. Adquirida la convicción de que el golpe era apoyado por una amplia mayoría del país, y que su objetivo era reformar la 873 Administración, cedió el poder . Se proclamó el estado de guerra, y Martínez Anido se convirtió en el responsable del orden público. 3.2.4.- El Directorio Militar. 871 Sousa y Regoyos, F., Lo que recuerdo de mi vida, Madrid, 1944, p. 147. 872 Según el conde de Romanones, Alfonso XIII preguntó a García Prieto si se podía comprometer a restaurar el orden y proteger la Corona y el Gobierno. El presidente le contestó que no podía garantizar nada. En eso llegó la noticia de la sublevación de la guarnición de Madrid, y poco después un telegrama de Primo de Rivera garantizando el mantenimiento del orden público, lealtad de los sublevados a la Corona y restablecimiento de los derechos constitucionales en cuanto fuese eliminada la anarquía: Romanones, C. de, Notas de una vida, p. 490. 873 Cortes Cavanillas, J., Alfonso XIII. Vida, confesiones y muerte, Prensa Española, Madrid, 1956, p. 187- 188. 478 Primo de Rivera estableció un Directorio Militar de ocho generales de brigada y un almirante. Afirmó que no suprimía la Constitución, sólo la suspendía; se formaría un parlamento; se eliminaría el caciquismo rural. Primo de Rivera rechazaba el término “Dictadura”, él se definía como “un hombre al que sus camaradas de armas, quizá erróneamente le han concedido el honor de encargarle la difícil misión de dirigir y 874 reconstruir la Patria” . En carta pública a Alfonso XIII, Primo afirmaba que abría “un breve paréntesis en el Gobierno constitucional de España”. Primo habló con los directores de periódicos el 17 de septiembre. El golpe fue, al parecer, bien recibido por la sociedad, incluso por liberales como Ortega y Gasset. El socialismo optó por colaborar con el nuevo régimen, no enfrentarse a él, indicando a sus afiliados que no 875 participaran en manifestaciones de protesta . En realidad, el sistema fue derribado porque los partidos políticos estaban muy divididos, y este fraccionamiento, representado en el Congreso, hacía muy difícil formar Gobierno, y éste parecía inoperante ante los problemas. Muchos intelectuales reclamaban una mayor democratización, eliminar los escaños designados y no elegidos, recortar los poderes del rey, y destruir el caciquismo. Solucionar estas cuestiones parecía que era el objetivo de Primo de Rivera, y muchos lo creyeron así. El dictador parecía llano y franco, y se le consideraba simpático. Buena parte del Ejército no se entusiasmó con la dictadura. Se consideraba que Primo de Rivera formaba parte de la camarilla palaciega, y era partidario de abandonar Marruecos. Se dice que en Ceuta, el 14 de septiembre, Queipo exclamó: "Le dan el poder a Miguel Primo, nos llevará a la anarquía". Pero el general Casas de la Vega no opina así, pues en enero de 1924, en la Revista de Tropas Coloniales, Queipo escribió: “Por fortuna [los deseos] que de regenerarnos sentíamos todos los buenos españoles, encarnaron en unos cuantos hombres de corazón que, arriesgándolo todo, afrontaron la ardua tarea de hacer resurgir en espíritu español… para ello cuentan hoy con el 876 apoyo y la inspiración de nuestro soberano” . En todo caso, un buen sector del Ejército la aceptó, porque pensaban que podría mejorar el orden público, imponer una solución para la situación de Marruecos, y mejorar los bajos sueldos y la paralización de las carreras. 874 Payne, S. G., p 211. 875 Ben-Ami, S., La Dictadura… p. 63. 876 Casas de la Vega, R., Seis generales de la Guerra Civil, Fénix, Madridejos, 1998, p. 250. 479 Los miembros del Directorio eran generales de brigada, inferiores por tanto a Primo de Rivera, y tenían el título de consejeros. Pero muchas de las decisiones quedaron en manos de los funcionarios civiles de cada departamento, organizados en comités técnicos. El único que tenía poderes ministeriales directos era el Dictador. Primo de Rivera utilizó la experiencia en Barcelona para liquidar el terrorismo anarquista, imponiendo la ley marcial. Se nombró a Martínez Anido como secretario de Interior, y a Arlegui como Director General de Seguridad. Primo impuso la censura de prensa, e inició un programa de obras públicas. Para afrontar el problema marroquí fue nombrado Alto Comisario el general Aizpuru, de gran experiencia en Marruecos. La Dictadura tenía como principales objetivos restaurar el orden público y reforzar la unidad nacional. El golpe demostró que, al igual que en el siglo XIX, el Estado dependía de los militares, pues muchos de ellos ocupaban cargos políticos. Extendió el Somatén a toda España como cuerpo parapolicial, una especie de milicia para apoyar el mantenimiento del orden. Primo de Rivera afirmó que la Dictadura iba a durar tres meses, era "una letra a noventa días". Visitó Italia junto al rey Alfonso XIII, que le presentó como "éste es mi Mussolini". Sin embargo, Primo de Rivera no era un fascista, en un militar "aristocrático, ingenuo y paternalista (…) un espadón del siglo 877 XIX deslumbrado ante el fascismo italiano” . Su ideología era una mezcla de militarismo y de conservadurismo clásico español donde se mezclaban España y el Ejército. Ya en una fase posterior del Régimen, cuando su objetivo era prolongarlo en el tiempo, y a consecuencia del viaje, Primo de Rivera organizó la Unión Patriótica, sobre la base de las antiguas Juventudes Mauristas. Con la supresión de las Cortes, el Comité parlamentario de investigación sobre Annual quedó paralizado, trasladándose las investigaciones al Consejo Supremo de Justicia Militar. Conservadores y liberales pensaban que el ejercicio parlamentario se suspendería 90 días, previstos en la Constitución, como si fuera un período entre Parlamentos, pasados los cuales se convocarían Cortes Constituyentes. Sin embargo, el 3 de octubre, ya con las Cortes disueltas, se constituyó una Junta judicial militar para examinar los actos irregulares de diputados y senadores, ignorando en cambio la corrupción militar. El 30 de septiembre se destituyeron por Real Decreto los concejales de los Ayuntamientos, siendo reemplazados por "miembros asociados", comisiones gestoras para eliminar la corrupción, y la administración local pasó a ser supervisada 877 Cardona, G., El problema militar en España, Historia 16, Madrid, 1990, p. 142. 480 por delegados militares gubernativos, en teoría capitanes o superiores, en todas las ciudades de alguna importancia, y los alcaldes y gobernadores civiles nombrados desde Madrid. Primo de Rivera había hablado el 13 de septiembre de descentralización administrativa y autonomía municipal. El resultado sería la Ley elaborada por Calvo 878 Sotelo . El 9 de enero de 1924 visitó Barcelona, y se entrevistó con treinta líderes catalanes moderados, explicándoles que se debería reformar la Mancomunidad. No se llegó a ningún acuerdo sobre este tema. El 12 de enero se disolvieron las Diputaciones provinciales por decreto, excepto en el País Vasco. El poder de los catalanistas en la administración local se esfumó. Se publicó el decreto "contra el separatismo", por el que se prohibía desplegar banderas regionales. Al declararse el golpe, los socialistas optaron por la pasividad, excepto por las críticas en la prensa, pronto censuradas, y una huelga general en Bilbao. La oposición más cerrada a la Dictadura vendrá de comunistas y sobre todo de los anarquistas. Pero la 879 UGT se negó a establecer un pacto de acción común con la CNT . La Dictadura estableció una política social, en la que tuvieron una gran influencia los socialistas, estudiada por Andrés Gallego, que se prolongó hasta el final del régimen, con los consiguientes altibajos y un progresivo distanciamiento a partir de 1927. 3.3.- La Dictadura y Marruecos. 3.3.1.- Reducir el Ejército. Primo de Rivera nombró como Alto Comisario al general Aizpuru, sustituyendo a Silvela. El 17 de diciembre de 1923 anunció que estudiaría el informe que el nuevo 880 Alto Comisario haría para tomar decisiones en el Protectorado . El dictador proyectaba rebajar la cifra de reclutados de 92.000 a 78.000 hombres para 1924. Subió 25 pesetas el sueldo a los suboficiales. Para reducir las exigencias que se planteaban al 878 Primo de Rivera contactó con José Calvo Sotelo a través del general Cavalcanti, a causa de los estudios de régimen local realizados por el político. Primo de Rivera deseaba establecer, según Calvo Sotelo, “un nuevo régimen local ciudadano, anticaciquil, democrático. Representación proporcional; voto de la mujer; supresión de los recursos gubernativos;autonomía municipal plena; desaparición de concejales interinos y alcaldes de Real orden; Carta municipal; régimen de gerencia...”, Calvo Sotelo, J., Mis servicios al Estado, p. 8-11, cit. por Bullón de Mendoza. Calvo Sotelo fue nombrado Director General de Administración, para enprender la reforma del régimen local, que daría pie al Estatuto Municipal. Bullón de Mendoza, A., José Calvo Sotelo, Ariel, Barcelona, 2004, p. 131-136. 879 Andrés Gallego, J., El socialismo durante la Dictadura 1923-1930, Tebas, Madrid, 1977, p. 62-67; Paniagua, J., Anarquistas y socialistas, Historia 16, Madrid, 1989, p 174-175. 880 Gómez-Jordana Souza, F., La tramoya de nuestra actuación en Marruecos, p. 56. 481 Ejército, Primo confiaba en crear el Somatén, que asumiría las funciones de seguridad. Primo planteó retirar tropas de Marruecos, y se licenciaron los soldados del reemplazo de 1920. También, para un caso de emergencia, el 1 de noviembre de 1923, ratificando una medida del Gobierno de García Prieto, Primo de Rivera estableció la creación de un Ejército africano de reserva, acantonado en Almería y Alicante, dispuesto para ser embarcado hacia el Protectorado en caso necesario. También se creó en 1924 la Oficina Marroquí, a propuesta del general Gómez-Jordana Souza, para centralizar los asuntos del Protectorado, hasta entonces dispersos entre varios ministerios (Presidencia, Estado y Guerra), y que había llevado a “desbarajuste y natural desorientación, sino a constantes discrepancias de criterio dentro del mismo Gobierno”, sobre todo en los 881 últimos años . En esta Oficina trabajaron los diplomáticos Aguirre de Cárcer y López Oliván, así como Duque Sampayo. A finales de 1925 fue ampliada y reorganizada como Dirección de Marruecos y Colonias, a cuyo frente Primo de Rivera puso al citado general Gómez-Jordana Souza. Primo de Rivera no ocultó su propósito de abandonar parte del territorio del Protectorado al gobierno indígena, fuera éste el que fuera. Ya el 25 de noviembre de 1921, en el Senado, había dicho que “Yo estimo desde el punto de vista estratégico, que un solo soldado español más allá del Estrecho, es perjudicial para España”. En marzo de 1924 afirmó ante el periodista inglés Webb Miller: “Personalmente soy partidario de una completa retirada de África y de permitir a Abdelkrim la posesión de sus dominios. Hemos gastado incontables millones de pesetas en esta empresa, sin jamás recibir un solo céntimo. Decenas de miles de hombres han muerto por un territorio 882 cuya posesión no vale” . 3.3.2.- El pacto con El Raisuni en la zona occidental. Aizpuru, siguiendo órdenes de Primo de Rivera, buscó una solución negociada que suponía la retirada española hacia la costa. Estas propuestas e iniciativas abandonistas de Primo de Rivera respecto al Protectorado llenaron de inquietud a los africanistas. La operación de retirada se acometió en principio en la zona occidental. El Directorio discutió las opciones en Marruecos y, con la opinión contraria de Gómez- Jordana Souza, Primo de Rivera decidió pactar con El Raisuni. Aizpuru habló con El Raisuni en octubre de 1923 en Sidi Musa. Raisuni le agasajó espléndidamente. Pocos 881 Gómez-Jordana Souza, F., La tramoya de nuestra actuación en Marruecos, p 60-61. 882 Martínez Roda, F., Varela. El general antifascista de Franco, p. 60. 482 días antes había muerto el Jalifa, Mulay el-Mehdí, y Raisuni ambicionaba el puesto. El cargo de Jalifa suponía unos ingresos de 215.000 dólares, pagados por España, 71.000 dólares menos que la familia real española. El Raisuni ofreció paz, lo que permitiría la retirada de las tropas españolas y la disminución del gasto. El Raisuni llegó a un acuerdo con el nuevo Alto Comisario, general Luis 883 Aizpuru, en octubre de 1923 . El Cherif era reconocido suprema autoridad en la Yebala, con capacidad para pacificar su zona de influencia con ayuda española. En secreto, se le ofreció el cargo de Pachá de Tetuán, lo que le convertía en califa efectivo, toda vez que el titular de este cargo acababa de fallecer. Esta postura de cesión ante Raisuni soliviantó a los africanistas, entre ellos a Gómez Jordana y Mola. Para Gómez Jordana, los rifeños seguían robando y asesinando sin respetar las treguas. En junio de 1924, las autoridades españolas informaron a Raisuni de su intención de retirarse, lo que alarmó a éste, que temía la intervención francesa. Abd el-Krim decidió invadir la zona occidental del Protectorado. Ahmed el- Jeriro (Heriro, Kheriro, Jariro), de 25 años, exRegular de Tetuán, había sido subordinado de El Raisuni hasta que discutió con él en 1923 por el reparto de un botín, y le abandonó cuando éste se negó a nombrarle caíd de Beni Hosman. Jeriro se pasó a Abd el-Krim, y a las órdenes de éste y de su hermano M’hammed, atacó por el oeste, hacia la región de Xauen y la Gomara, mientras Abd el-Krim atacaba por el este convoyes españoles, a principios de mayo. Raisuni estaba muy enfermo de los riñones, apenas se movía del lecho, y los médicos españoles no podían hacer nada por él. Sus compatriotas le abandonaban por Abd el-Krim. Raisuni quiso lanzar a sus hombres contra Abd el-Krim, pero sin resultado: “Cuando los musulmanes luchan entre sí, 884 muchas balas se pierden en el aire” . Raisuni informó a los españoles de algunos de los movimientos de Abd el-Krim, y propuso bombardear la cabila de Beni Hmed donde se estaban concentrando tropas. Los primeros meses de 1924 fueron de mal tiempo, y las acciones bélicas se redujeron. El 6 de febrero los rifeños atacaron M’ter, en la costa de Beni Busra, en el corazón de Gomara, posición en malas condiciones defensivas. Los españoles bregaron durante un mes por M’Ter, rechazando el ataque. Prueba de la intensidad de la ofensiva 883 Cordón describe uno de estos encuentros con el Raisuni, describiendo el banquete: Cordón, A., Trayectoria. Recuerdos de un artillero, 1971, p. 128-131. 884 Balfour, S.: Abrazo mortal, p. 197. 483 rebelde fue que los artilleros rifeños consiguieron impactar en el Cataluña, causándole bajas, entre ellas la muerte del segundo comandante Jaime Janer, y averías. Ahmed Jeriro mantuvo la presión en el Wad Lau, al norte de Xauen, El Raisuni, ya muy enfermo, no pudo actuar contra el Heriro y su creciente rebelión. En junio de 1924, Jeriro consiguió que los Beni Hosman, Beni Said y Beni Hassan se sublevaran contra los españoles. Los españoles, en represalia, comenzaron a bombardear por aire a los Beni Hassan. 3.3.3.- La situación en la zona oriental. Abd el-Krim busca apoyo diplomático. Primo de Rivera sabía que abandonar Marruecos era difícil sin atender los compromisos internacionales. Decidió intentar pactar con Abd el-Krim y con Raisuni. Si sus tentativas de pacto fracasaban, Primo estabas decidido a retirar las tropas españolas hasta una línea defensiva desde la que bloquear el territorio de Abd el-Krim para la llegada a éste de armas y municiones, mientras se bombardeaba el territorio 885 hostil con TNT, bombas incendiarias y químicas . Se celebraron conversaciones con el Cherif Tiyani (Tidjani), un tunecino amigo de Abd el-Krim, que en París se había presentado como representante de éste. El Tiyani entró en contacto con las autoridades españolas del Protectorado, que tras exigir la 886 entrega de dinero, desapareció . Los aventureros y estafadores se sucedieron. Primo de Rivera recurrió entonces al millonario vasco Echevarrieta. Los servicios secretos españoles interceptaron una carta de Abd el-Krim a su hermano, que en París negociaba el reconocimiento de la República del Rif, en la que se descubría que la pretensión de los rifeños era ganar tiempo y obtener la independencia efectiva del territorio tras una 887 ofensiva . Primo de Rivera aguantó la primavera de 1924 esperando lograr un acuerdo pacífico. Durante el otoño de 1923 y el invierno de 1923-24, se intentaron reformas administrativas. El 18 de enero de 1924 el Alto Comisario recibió poderes civiles y militares completos sobre el Protectorado, creándose en Madrid un departamento de 885 Madariaga, Mª R.: Abd el-Krim…p. 219-236. 886 Madariaga, Mª R., Abd el-Krim El Jatabi. La lucha por la independencia, Alianza, Madrid, 2009, p 327-337. 887 Abd el-Krim envió a MacDonald, primer ministro británico, laborista, la siguiente carta: “En nombre de la Humanidad os dirijo un llamamiento para que invitéis a España a poner término a las espantosas hostilidades que han destruido tantas vidas. Yo soy el Emir reconocido del Estado del Rif y estoy dispuesto a designar un embajador para discutir las condiciones de la paz, siempre que no ataquen el honor de mi reino ni comprometan su independencia. De otro modo será indispensable que la espada decida este asunto y la victoria está en manos de Alá, que la otrorga a quien mejor desea”, en Maura Gamazo, G., Al servicio de la historia, t.1, p, 123-124. 484 coordinación de las diversas ramas de la administración de Marruecos. Abd el-Krim se negó a negociar. Su situación era sólida, y tenía relaciones internacionales. Empresas británicas y alemanas estaban muy interesadas en las posibilidades mineras del Rif. El capital que movía Abd el-Krim para sostener la guerra era de procedencia germana. Los mineros alemanes estaban representados por agentes como los Mannesmann, los Stinnes, o Hacklander. Hacklander y el coronel Barry propusieron la mediación de la Sociedad de Naciones en el conflicto rifeño, sin resultado. El 11 de agosto de 1924, el diario The Times daba la noticia de que el Gobierno español estaba dispuesto a ceder a Abd el-Krim la autonomía, con apoyo económico y militar español, si se aceptaba la soberanía del Sultán, se liberaban los prisioneros y se 888 devolvían los cañones . En un esfuerzo por establecer un gobierno que fuera reconocido internacionalmente, Abd el-Krim envió emisarios a Francia y Gran Bretaña. En 1922 una delegación rifeña visitó Londres con varios asociados. Su objetivo era entablar conversaciones con el Sr. Austen Chamberlain, el Secretario de Asuntos Exteriores británico, pero no fue recibido por el Sr. Chamberlain ni por ningún miembro del Gobierno británico. Mientras que los rifeños encontraron mucha simpatía popular a su 889 causa en Londres, la visita no logró la asistencia diplomática que estaban buscando . Uno de los hombres estrechamente asociadas a la rebelión del Rif en sus primeros años fue el capitán Charles Alfred Paroy Gardiner, a veces conocido como Percy Gardiner. Poco se sabe del capitán Gardiner antes de su relación con Abd el-Krim y las tribus del Rif. Había sido director de la Compañía de construcción naval Gardiner, y la Compañía de Ingeniería de Poole, que quebraron alrededor de 1921 debido a la insuficiente financiación. Antes de su fracaso, Gardiner había solicitado una línea de crédito del Gobierno británico, pero el Ministerio de Hacienda había rechazado la solicitud. Gardiner apareció relacionado con la revuelta del Rif en marzo de 1923. En ese momento la embajada española en Londres escribió a las autoridades británicas, señalando que el hermano del jefe rebelde rifeño, M’hammed Abd-el-Krim, había llegado a París, acompañado de un tal señor Percy. Se sospechaba que Gardiner estaba involucrado en el contrabando de armas para el Rif, lo cual era cierto. Sus actividades, 888 Armiñán, J.M. y L., Francia, el Dictador y el Moro, Madrid, 1930, p. 78-79, y 84-90 889 Madariaga, Mª R., Abd el-Krim El Jatabi. La lucha por la independencia, Alianza, Madrid, 2009, p. 448-451. 485 sospechosas tanto para los españoles como para los británicos, fueron confirmadas por Abd el-Krim después de la guerra. Las autoridades británicas sabían que Gardiner había comprado armas para Grecia algún tiempo antes de su presencia en el norte de Marruecos. Durante su participación en la revuelta del Rif, Gardiner se asoció con el señor Hacklander, ligado a la empresa minera alemana Mannesmann. Hacklander era un traficante de armas conocido, después de haber suministrado armas para la lucha serbia contra los búlgaros. Cómo Gardiner se puso en contacto con Abd el-Krim se desconoce. Quizá contactó con M’hammed Abd el-Krim en París; en todo caso, este encuentro es el primero conocido de los rifeños. M’hammed informó más tarde que en París, Gardiner cerró un acuerdo para suministrar armas a un precio que M’hammed consideró más bien alto. Sin embargo, la relación era beneficiosa para ambas partes. En mayo de 1923 Gardiner adquirió concesiones mineras en el Rif en nombre de un sindicato, del que era codirector, a cambio de un préstamo al pretendido Estado 890 Rifeño . Las negociaciones se establecieron entre él y M’hammed durante su estancia en París, figurando como firmante del contrato de las concesiones el Vice-Presidente Heredero de la República Rifeña. Según un posterior informe del New York Times, por 300.000 libras esterlinas Gardiner adquirió los derechos para establecer un banco de emisión en Axdir, así como todos los derechos para el desarrollo de aguas, del petróleo, carbón, oro, plata y recursos de cobre del país, además de las concesiones con respecto a telégrafo, explotaciones postales, puertos y muelles y el ferrocarril. También obtuvo los derechos para organizar y construir escuelas, escuelas técnicas, teatros, cines, operas, así como tranvías y líneas de ómnibus. Teniendo en cuenta que no había tranvías en el Protectorado, y menos teatros de ópera, las concesiones parecen fantasiosas. En todo caso, el alcance de las concesiones indica las ambiciones de los líderes rifeños, así como las pretensiones de Gardiner. A principios de agosto de 1923 el capitán Gardiner se presentó como Agente General de Gobierno Rifeño. A finales de agosto se le otorgó el título de Ministro Plenipotenciario del Gobierno del Rif, y en la cabecera de sus cartas utilizadas en la correspondencia se podía leer “El Agente General del Gobierno del Rif (Marruecos)”. En calidad de tal, invitó al Gobierno británico a establecer una Embajada y servicios consulares en Axdir, la capital del Rif. Invitaciones similares fueron enviadas a muchos 890 Woolman, D.S.: Abd el-Krim y la guerra del Rif, Oikos-Tau, Barcelona, 1971, p. 143. 486 gobiernos del mundo, pero parece que todas las invitaciones fueron tratadas con el mismo desprecio. Mientras que el capitán Gardiner y Lord Teynham continuaban con su actividad de contrabando sin romper las leyes británicas (ya que ninguna de las armas y municiones de contrabando salían de un puerto británico), no había nada que los británicos pudieran hacer para frenar sus actividades. Un informe sobre las actividades del capitán Gardiner en el Rif, escrito en diciembre de 1924 por el Foreign Office británico, describe a Gardiner, Lord Teynham y a sus asociados como personas indeseables y que afrentaban al Gobierno británico por las operaciones ilegales, por lo que serían abandonados a su suerte y sufrirían las consecuencias de sus propias acciones, sin protección británica. Estas consecuencias suponían cierto optimismo de los británicos, como el mismo informe concluye: Es evidente que correspondía a los españoles atraparlo, pero no había mucho que temer demasiado por ese lado. En el momento de escribir el informe del Foreign Office, Gardiner parecía haber cesado sus actividades en el norte de Marruecos. Las concesiones otorgadas a Gardiner en junio de 1923 parecían grandes y de largo alcance, pero los pagos no pudieron ser efectuados. Al parecer, Gardiner y Lord Teynham no podían financiar sus empresas, a pesar de los esfuerzos. En julio de 1924, la relación entre Gardiner y el Gobierno del Rif terminó. El New York Times informó el 20 de julio 1924 que los rifeños habían presentado documentos en los tribunales franceses demandando por incumplimiento de contrato a Gardiner. Gardiner no había podido pagar las primeras 10.000 libras a los rifeños, y por ello éstos iniciaron acciones legales contra el inglés. Es probable que el proceso judicial no fuera más allá. Sin embargo, por ese tiempo había terminado la asociación entre Gardiner y Hacklander, dejando Hacklander una deuda de dinero a Abd el-Krim, mientras que Gardiner desapareció de la escena. En 1926 Hacklander fue identificado como sponsor de otro inglés, el capitán Robert Cecil Gordon-Canning, seducido por el romanticismo de la figura de Abd el-Krim, y que visitó el Rif en dos ocasiones: la primera en 1924, con una delegación de la Cruz Roja para visitar a los heridos rifeños, y la segunda en 1925, como enviado del gobierno 891 francés, que deseaba mantener la paz con Abd el-Krim . Gordon-Canning apoyó a la 891 Gordon-Canning habías luchado en la Primera Guerra Mundial en Oriente Medio, y como el más célebre T.E. Lawrence, se sintió fascinado por la cultura árabe. Posteriormente, Gordon-Canning se involucró en la causa de la independencia árabe y pro-palestina, y evolucionó hacia el antisemitismo y el fascismo. 487 pretendida “República del Rif” mediante la organización de un grupo defensor en Gran Bretaña. En diversas ocasiones representó a Abd el-Krim en Francia, con el fin de negociar la independencia del Rif, y quizá fuera representante oficial del Gobierno del Rif en Gran Bretaña. También parece que, aunque el acuerdo con el capitán Gardiner fracasara, la búsqueda de obtener concesiones en el Rif continuó durante varios años. Uno de los competidores más fuertes de las concesiones fue el Señor Echevarrieta, que había negociado previamente con Abd el-Krim en nombre del Gobierno español para el rescate de los prisioneros y que representaba los intereses españoles interesados de las concesiones. Otros enfoques de concesiones en el Rif provinieron de los intereses franceses. Sin embargo, parece que todos los intentos para adquirir concesiones por parte de diferentes llegaron a nada. Recordando los extranjeros diversos que le ayudaron a establecer la República del Rif, Abd el-Krim habló favorablemente de Gordon-Canning y de Hacklander. Él cree que cada uno de estos caballeros no tenía motivos ulteriores para su apoyo a su causa, aunque la evidencia en ocasiones puede sugerir lo contrario. De Gardiner, dijo sólo que el inglés le ofreció un préstamo extranjero, así como toda clase de moderno armamento y municiones para continuar la guerra. Pero es difícil saber la opinión que Abd el-Krim tenía que Gardiner y si era sincero en la compra de las concesiones, pues 892 este sujeto parece ser pasado por alto en sus Memorias . 3.3.4.- La situación en la zona oriental. La fracasada ofensiva de Abd el-Krim. Abd el-Krim reanudó la ofensiva bloqueando Tizi Azza a principios de 1924, y siendo rechazado el 7 de enero. Abd el-Krim había comprado en el extranjero un avión con el que se proponía bombardear Málaga. Los pilotos españoles atacaban en vuelos rasantes o “vuelos españoles”, y el 23 de marzo de 1924, el joven as Juan Antonio Ansaldo destruyó el avión rifeño en su pista de aterrizaje cerca de Axdir. A principios de marzo de 1924 los rifeños atacaron de nuevo Afrau, Tizi Azza y Midar en el frente de Melilla. Se luchaba cuerpo a cuerpo, pero los españoles no cedieron. En marzo, el barón Wrangel, general del extinto ejército ruso blanco, se ofreció al gobierno español para liderar una expedición al Rif con sus hombres, pero la oferta 892 "Las notas de la revuelta del Rif" por Peter Symes. Publicado por primera vez en la Internacional Bank Note Sociedad Diario Tomo 41, N º 3, 2002, en http://wc.rootsweb.ancestry.com/cgi- bin/igm.cgi?op=GET&db=carlprowse&id=I2162 488 fue rechazada. El general Sanjurjo sustituyó al general Marzo al frente de la Comandancia General de Melilla. En mayo, los rifeños atacaron Sidi Mesaud, cerca de Annual, y la línea de blocaos. Los ataques eran muy sangrientos. Los rifeños atrapaban a los coches blindados con zanjas y les lanzaban granadas. A principios de julio, las tropas de Abd el-Krim amenazaban Xauen, sitiando los puestos montañosos españoles, pese al dominio aéreo de éstos, que atacaban los campamentos rifeños. Paradójicamente, es muy posible que esta ofensiva de Abd el-Krim llevara a Primo de Rivera a pensar que su política colonial estaba equivocada. Como dice Ben- Ami, Primo estaba dispuesto a una retirada pacífica y negociada, pero “lo que no podía 893 permitirse era verse obligado a hacerlo por una derrota militar” . Quizá por esta razón retrasó sus planes de retirada hasta después del verano. 3.3.5.- La Revista de Tropas Coloniales. En respuestas a las inquietudes de los africanistas, Queipo de Llano fundó en Ceuta la Revista de las Tropas Coloniales, donde se defendía la continuidad y la realización de una ofensiva en el Rif. Allí escribió Franco “Pasividad e inacción”, en abril de 1924. En el texto se criticaba la política defensiva del Gobierno y la cesión a Abd el-Krim de la iniciativa. Para Franco, “La pasividad y la inacción, son en la guerra forzosos aliados del vencido”. La única solución para el Protectorado es ganar la guerra, y ello es imposible permaneciendo inmóviles. La política de atracción ha fracasado: “la vieja y desacreditada política de atracción, se estrella contra la rebeldía rifeña, que sólo ve en nuestro deseo de paz un seguro temor para la guerra... No es posible sostener el "mito" del llamado estado de paz y operaciones de policía. No olvidemos que siempre los heraldos pacíficos de la nota oficiosa han tenido el triste eco de contratiempos y agresiones (…) La época en que la política, el tiempo y el dinero facilitaban nuestra labor, y la razón parecía acompañar a los prudentes y tímidos en operar, dejó paso a ésta en que la pasividad y la inacción pueden ser un engendro de reveses y contrariedades”. Para Franco, era el momento en que los profesionales de la guerra debían tener libertad de acción en Marruecos y llevar adelante la campaña sin interferencias ni obstáculos. La conquista militar supondría la pacificación efectiva. 3.4.- Varela, comandante y aviador. 3.4.1.- Varela, observador de aeroplano. Varela sintió la inquietud y ampliar su campo de conocimiento militar a otras armas, como la Aviación. En 1924, España tenía ella Centros de aviación en Cuatro 893 Ben-Ami, S., La Dictadura… p. 81 489 Vientos y en Guadalajara. Por entonces, en las Aviación no era aún un Arma, sino un "servicio", que se nutrió con oficiales de todas las Armas y Cuerpos. En diciembre de 1923, Varela, solicitó y obtuvo permiso para cursar estudios de observador de aeroplano en Madrid el año 1924. Como escribió a su madre: "Deseo tener el título y que cuando sea General nadie me cuente camelos": quería conocerlo todo, crecer profesionalmente, estar al día de los avances que en técnica militar se estaban realizando. Apenas regresado a Larache a principios de 1924, como capitán de la 2ª Compañía del Tercer Tabor de Regulares de Larache, se encontraba destacado en el Campamento General de Vexerali, en servicios de protección de convoyes, el 11 de enero de ese año, cuando le 894 fue concedido el permiso solicitado . El día 13 se le ordenó trasladarse a Alcazarquivir, donde esperaría la llegada de su pasaporte para dirigirse a Madrid, pues el curso se impartía en el aeródromo de Cuatro Vientos. El 19 de enero estaba en Cádiz, y el 20 en Madrid. Allí superó el examen previo, y el 22 de enero inició sus estudios de observador en Cuatro Vientos, que incluían 895 896 clases de meteorología . El 12 de marzo obtuvo el ascenso a comandante por méritos de guerra, con antigüedad de 31 de julio de 1922. Parecía que de esta forma su 897 carrera, ralentizada por la incisiva ofensiva de las Juntas, se reanudaba con brío . El 28 de marzo de 1924 apareció citado en una Orden del Día del servicio de Aviación: "Jefe de Servicio, comandante don José Varela Iglesias". Fue cesado el Grupo de Regulares y dado de alta como disponible, y el 31 de marzo pasaportado a la Aviación, con destino a los Alcázares (Cartagena). Allí, conoció las técnicas del bombardeo aéreo. En abril participó en el curso de bombardeo en hidroavión y aeroplano. Fue pronto destinado a la Escuadrilla Breguet de Bombardeo, con base en el aeródromo de Tahuima, en Melilla. Varela realizó vuelos de reconocimiento y bombardeo: "¡Que pena ver todo aquello desde el aire y recordar al pobre Silvestre!", escribe a su madre. Por entonces, tiene ofertas: "tanto el jefe del Tercio como el de Regulares me quieren llevar con ellos; pero yo no pienso por ahora nada hasta 898 terminar aquí. Veremos después cuál será la orientación" . 894 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 100. 895 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 282: “Relación jurada de los servicios prestados por el comandante de Infantería Excmo. Señor Don José Varela Iglesias”, texto mecanografiado. 896 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 282: “Relación jurada de los servicios prestados por el comandante de Infantería Excmo. Señor Don José Varela Iglesias”, texto mecanografiado. Otras fuentes señalan el 5 de mayo. 897 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 102. 898 Pemán, J.Mª: Un soldado en la Historia, p. 49. 490 3.4.2.- El ascenso a comandante de Varela. El ascenso a comandante de José Varela tiene interés, por el proceso seguido. A raíz de su extraordinario comportamiento en Abdama, se barajó la posibilidad de premiarlo con un ascenso al empleo inmediato, es decir, a capitán, dado que entonces era teniente, con arreglo al artículo 34 en relación con el 28 del entonces vigente Reglamento de Recompensas. El período para analizar era el comprendido entre el 1 de noviembre de 1920 y el 31 de julio de 1921, dado que figuraba como distinguido en la Orden General del 22 de febrero de 1922. Sin embargo, el expediente no se abrió hasta el 17 de noviembre de 1922, nombrándose Juez instructor al coronel del Regimiento de Cazadores de Taxdir, 29 de Caballería, Antonio Matres de la Torre, y secretario al 899 teniente Manuel Frontenla Froix . Para entonces, las Juntas estaban ya desprestigiadas, y este tipo de recompensas pudieron replantearse. Dado el tiempo transcurrido, fue necesario rehacer el certificado de distinguido y parte. El expediente se abría al teniente Varela; pero como entonces ya era capitán, constantemente se repite la fórmula de “Teniente (hoy Capitán) Varela”. En el resumen, se le anotaban los hechos del 10 de mayo de 1921, cuando mandando la 1ª Compañía del 1º Tabor, desalojó al enemigo del flanco izquierdo, y reforzando la 2ª Compañía; y la acción del 12 de mayo de 1921 en Abdama, cuando rechazó al enemigo pese a las terribles pérdidas de su Compañía. El 17 de enero de 1923 depuso el primer testigo, Serafín Sánchez Fuensanta, capitán de la 900 901 Policía Indígena de Larache ; el capitán de Regulares Manuel Santamaría Osorio ; el 902 teniente coronel Manuel González Carrasco, que declaró el 30 de enero ; el teniente 903 904 Rafael Tejero, que lo hizo el 15 de febrero ; el teniente José Macías de la Fuente ; el 905 capitán Juan Mendoza Iradier, de los Regulares de Ceuta nº 3 ; el capitán Francisco 906 907 Delgado Serrano ; el teniente Ángel Martínez Grimal ; el general Emilio Barrera Luyando, entonces subsecretario de Guerra, que declaró el 4 de mayo de 1923, que afirmó tajantemente: “Considero al referido Oficial Varela comprendido de lleno en los artículos correspondientes del Reglamento de Recompensas en tiempo de guerra, por 899 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 104. 900 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 107. 901 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 108. 902 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 109. 903 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 110-111 904 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 112. 905 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 113-114. 906 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 115. 907 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 116. 491 consiguiente acreedor al ascenso por haber variado con actos de su propia iniciativa, la faz del combate por su valor, desprecio de la vida y golpe de vista, y porque sus condiciones cuanto mayor sea la esfera en la que pueda desarrollar sus iniciativas, mayores beneficios obtendrá el Estado de su 908 actuación” . Es fácil colegir que con esta postura tan clara y enérgica por parte del subsecretario de Guerra, las protestas e intrigas de las Juntas quedaban en nada. Las conclusiones del Juez Instructor fueron claras. En su argumentación recoge los hechos, cita las condecoraciones y recompensas ya obtenidas por el capitán Varela: dos Cruces de primera clase del Mérito Militar con distintivo rojo, dos Cruces Laureadas de la Real y Militar Orden de San Fernando; ascenso a Capitán por méritos de guerra con efectividad del 3 de febrero de 1920, por méritos contraídos en campaña entre el 29 de junio de 1918 a 3 de febrero de 1920. Fue citado como distinguido en la Orden general del Ejército el 2 de diciembre de 1920 “por su brillante comportamiento y méritos contraídos en los hechos de armas realizados del 20 de agosto y 20 de septiembre último”. Se citaba también la Orden general del 12 de mayo de 1921: “En la operación del 12 de mayo distinguióse este oficial de modo heroico en extrema vanguardia, cuando llevaba una hora en la altura ocupada, numeroso enemigo de la cabila de Beni Arós y contingente del Raisuni rompió el fuego sobre sus fuerzas llegando hasta la misma guerrilla donde se entabló dura lucha, siendo rechazado el enemigo merced al arrojo y valor del citado oficial; dirigió sus tropas con admirable ejemplo, las dos secciones de su Compañía sufrieron numerosas bajas y comprendiendo este oficial que nuevamente tendría otro choque empleó otra Sección, consiguiendo derrotar al enemigo, siendo propuesto dicho oficial por el Teniente Coronel primer Jefe del Grupo para la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando. “La citación que antecede es la que ha servido de base igualmente para la 909 formación de este expediente” . Se recordaba que llevaba casi cinco años de servicio, participando en treinta y seis hechos de armas, y siendo herido tres veces, teniendo en el Anuario de 1922 el número 180 del escalafón de tenientes (total, 1.324), y en el de 1923, el número 1.772 del escalafón de capitanes. Tras enjuiciar los combates en que Varela se había visto envuelto, recordaba el instructor que virtualmente cuando aquéllos tuvieron lugar, Varela ya era capitán, pues se le dio antigüedad del 3 de febrero 1920; por consiguiente, “el Juez Instructor que suscribe considera al capitán don JOSÉ VARELA IGLESIAS 908 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 117. 909 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 118-119. 492 comprendido de lleno en los artículos 24 y 25 del vigente Reglamento de Recompensas 910 en tiempo de guerra; y capacitado para el ascenso al empleo de COMANDANTE” . La resolución estaba firmada el 26 de mayo de 1923. El pleno del Supremo de Guerra y 911 Marina no lo ratificó hasta febrero de 1924 . La prensa se hizo eco del galardón, con 912 913 encendidas palabras hacia el ya comandante Varela , así como asociaciones y particulares. Varela contestó públicamente a la felicitación del Centro Obrero de San 914 Fernando, entidad a la que estaba muy ligado . En el texto encontramos la preocupación social de Varela: “A orgullo tengo de figurar en vuestras listas de socios protectores. Poco podré hacer en vuestro honor pero si siento la vida satisfacción de verme mezclado con los hombres del trabajo, y abrigo el firme propósito de que jamás veáis en mí más que a quien conocisteis. Ni siento ni quiero las diferencias exaltadas, mentís de todo principio justo de humanidad, vibra en mi alma el cariño a mi clase y por mucho que evolucionara la sociedad yo seré siempre un defensor de su pura esencia, por base ya tenemos la importancia de nuestro ser, imposible atajar los derroteros de los ideales que animan a la clase obrera, pero consciente siempre de nuestra propia naturaleza, vivir en ella, afán de gloria para mejorarla pero espíritu de sacrificio para vivirla”. Varela se manifiesta como hombre comprensivo y abierto a los ideales de reivindicación social de los obreros, pero enemigo de que dicha reivindicación vaya por los caminos de la “exaltación” o del “atajo” hacia los objetivos, es decir, de la revolución. 910 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 120. 911 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 121, Diario Marroquí de Larache, 18 de febrero de 1924, “El laureado capitán Varela, es ascendido a comandante”; fol 146, ABC, 14 de marzo de 1924. 912 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 122, La Tarde de San Fernando, 19 de febrero de 1924, “El comandante Varela”: “Los que como nosotros conocemos la épica y luminosa trayectoria, la áurea cadena de méritos y heroísmos de tan esclarecido soldado, nos congratulamos y nos enorgullecemos de este nuevo galardón que viene a entrelazar una nueva rama de laurel en la corona del blasón que con su sangre y su bravura se ha labrado el joven comandante Varela, para gloria de su Patria grande y de su Patria chica, esta querida y nobilísima ciudad de San Fernando. “La Tarde reitera con este motivo al comandante Varela el doble y sincero testimonio de su admiración y su cariño”; fol 123, datado 23 de febrero de 1924, “El comandante Sr. Varela”, fol 124, El Mensajero de Jerez, 23 de febrero de 1924, “El comandante Varela”, recuerda que aún está pendiente celebrar el homenaje a Varela con motivo de su nombramiento como hijo predilecto de la población; fol 148, El Mensajero de Jerez, “¡San Fernando, sí!”, su autor Alfredo Roca apoya la proposición de celebrar un merecido homenaje; fol 131, La Acción de Madrid, “Los hombres y los días”, exaltaba su valor y arrojo como capitán. 913 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 125-127, Carta de felicitación del Centro Obrero de San Fernando, del 28 de febrero de 1924, recordando que el ya comandante es socio protector de la asociación, y rogando que se haga extensiva kla felicitación a su madre; fol 128, Diario de Cádiz, 1 de marzo de 1924, “El Centro Obrero de San Fernandso”; fol 129, 1 de marzo de 1924, “Carta Patriótica”, referente a la felicitación al comandante Varela por el Círculo de Artes y Oficios. 914 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 130, Diario de Cádiz, 6 de marzo de 1924, “Hermosa comunicación. El heroico capitán señor Varela al Centro Obrero de San Fernando”, 493 A principios de marzo de 1924, al parecer, Varela regresó muy brevemente a Marruecos a realizar sus prácticas de vuelo. Antes de ello pasó por San Fernando y Jerez, para saludar a familiares y amigos. El sábado 3 de marzo de 1924 el Tribunal Supremo de Guerra y Marina comenzó a estudiar su ascenso a teniente coronel. En Jerez, Varela tenía muchas amistades, tanto entre los empresarios como los Domecq, como entre sus compañeros de armas, como el coronel de artillería y político Juan B. 915 Lazaga . Después, con una escuadrilla de Breguet, emprendió el viaje por aire desde Sevilla. Días después, al pasar sobre Melilla, lanzó un ramo de flores con una tarjeta en 916 homenaje a las hijas de su amigo Pepe Tamarón . 3.4.3.- Felicitaciones y homenajes por el ascenso a comandante de Varela. Varela gozaba de gran popularidad entre los periodistas. Fueron ellos los que impulsaron bastantes de sus homenajes. En marzo de 1924, instaron al ayuntamiento de San Fernando a cumplir su compromiso de nombrar al comandante hijo predilecto de la ciudad. Los diarios La Unión de Sevilla, Diario de Cádiz, El Mensajero de Jerez, La Tarde y La Correspondencia de San Fernando, recordaron a la corporación su compromiso, entre otros a través del periodista Joaquín González Baena. El 6 de marzo se celebró una sesión municipal en la cual los concejales Salvador Lebrero e Indalecio de Coca se hicieron eco de esta demanda, de forma que el alcalde, José Garzón Ruiz, contestó que dicho homenaje se había aplazado porque el artista que estaba 917 confeccionando el diploma en pergamino se había retrasado en su entrega . El coronel de Lanceros de Villaviciosa, Francisco Merry, gobernador militar de Jerez, escribió al alcalde de San Fernando ofreciéndose a lo que hiciera falta para apoyar el homenaje a 918 Varela . A mediados de abril, el diploma, obra del artista Palmarola, estaba listo. En él se reflejaba la simbología de las Laureadas, la heráldica de los Regulares, de la Maestranza de Sevilla y la llave de Gentilhombre de Su Majestad, un paisaje de la Carraca y de San Fernando. El homenaje se pospuso hasta mayo, cuando se esperaba 915 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 133, El Mensajero, Jerez de la Frontera, 6 de marzo de 1924, “El comandante Varela”. 916 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 145, se deduce del telegrama que le fue enviado desde Melilla: “Agradecidísimas mis hijas y demás chicas tu delicada atención al dejar caer ramo con taerjeta que recibimos amigos todos reconocidos tu telegrama devuelve cariñoso saludo deseando continúen tus brillantes éxitos que tanto enaltecen a la Patria recibe fuerte abrazo extensivo general Sanjurjo, Pepe Tamarón”. 917 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 134, La Unión, 7 de marzo de 1924, “Información de Jerez. ‘La Unión se lee y atiende”; fol 142 y 156, Diario de Cádiz, 21 de marzo de 1924, “Héroe isleño”. Firmado por Benito Cellier; fol 157, reproducción del mismo en otro diario, 22 de marzo de 1924. 918 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 158, El Mensajero de Jerez, 23 de marzo de 1924. 494 que el comandante hiciera una breve visita a San Fernando, y finalmente no pudo hacerse en condiciones, limitándose el consistorio a entregar a Varela el diploma en su domicilio, y celebrar un almuerzo “íntimo” el 11 de mayo en el hotel “La Mallorquina” 919 en honor suyo . En dicho almuerzo se pronunciaron discursos por parte del comandante Benito Cellier, del coronel Ferry Ponce de León, del comandante Jaime Togores, el coronel Sánchez Lamadrid, ambos infantes de marina, Eloy Escobar, el laureado oficial Rafael Ramos Izquierdo, el director del Heraldo de San Fernando Enrique llamas, el doctor Manuel Pece Casas, y el propio Varela. Desde allí, un grupo se trasladó en automóviles al domicilio de Varela, para entregar a su madre el gran ramo de flores que adornaba la mesa, con un lazo con los colores nacionales. Su madre, Carmen Iglesias, recibió el ramo, pero a continuación pidió que fuera depositado, en el Panteón de Marinos Ilustres, en la tumba del alférez de navío José María Lazaga y Ruiz, 920 ilustre isleño . El marqués de Movellán se emocionó al oír estas palabras. La comitiva se dirigió al Panteón, y se depositaron las flores en la tumba del alférez. El padre del fallecido, Juan Lazaga, que se encontraba presente, cayó de rodillas, abrumado por la pena y el honor. A iniciativa de Fernández Baena, director de El Mensajero, el lazo del ramo fue troceado, y repartido entre los presentes como recordatorio de tan emotivo 921 día . El ascenso fue finalmente publicado el 13 de marzo de 1924 en el Diario Oficial, con fecha de la circular del 12 de marzo de 1924. Se le ascendía al empleo superior por 922 servicios prestados en el Protectorado entre el 1 de febrero y el 31 de julio de 1922 . 923 Varela notificó a su madre el ascenso lleno de entusiasmo, en un telefonema . Ese 924 mismo día fue recibido en Palacio por los reyes , e invitado a una sesión cinematográfica en el Ministerio de la Guerra, donde asistió el Directorio Militar con su 919 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 162, “Agradecidos”, seguramente mal datado el 1 de abril de 1924, se da cuenta de la visita del marqués de Movellán al rey para relatarle el citado homenaje; fol 165, 15 de abril de 1924, “Artístico diploma”; fol 182, menú. 920 José María Lazaga y Ruiz (1896-1921) estaba destinado en el cañonero Laya. En 1921, tras el Desastre de Annual. estaba realizando con botes la evacuación de la posición de Sidi Dris. Al regresar en el último bote hacia el barco, fue alcanzado por una granada lanzada por los rifeños, que le causó graves heridas, muriendo cuatro días después en el hospital de Melilla. 921 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 185. 922 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 138. Otros ascendidos fueron los tenientes de Regulares de Tetuán nº 1 Miguel Rodríguez Bescansa y Julián Rubio López; firmó la circular el general Luis Bermúdez de Castro y Tomás. 923 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 136, fechado el 12 de marzo de 1934; 924 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 150, ABC, 4 de marzo de 1934: “La familia real y la Corte”: “Ha sido recibuido por el Soberano el comandante de aviación, dos veces laureado, D. José Varela”; fol 151, “El comandante Varela”, 15 de marzo de 1924. 495 presidente, Miguel Primo de Rivera, y varios representantes de la nobleza: marqueses de Movellán, marqués de Comillas, Benicarló, Villanueva… Se proyectó un reportaje sobre la imposición de las dos Laureadas, por lo que fue muy aplaudido. Días después asistió a varias comidas invitado por familias de la nobleza: los condes de los Corbos, los marqueses de la Camarena Real, Movellán, de una de cuyas hijas era novio, Comillas, etc. También fue obsequiado en el Hotel Ritz por el exdiputado por Cádiz Juan Lazaga, y el expresidente del Consejo de Ministros, José Sánchez Guerra, y en el 925 Ministerio de la Guerra . Fue felicitado por sus compañeros César Álvarez, Antonio 926 Urzaiz, José Maeztu, Ángel Limos y Julián Agut , por el Círculo Unión Española de 927 928 929 Tánger , por el general Gómez Jordana , por el general Despujol , el Alto 930 Comisario general Aizpuru . Con motivo de su ascenso y homenajes, en la prensa se recapituló su hoja de servicios: comandante con 33 años, bilaureado, tres cruces rojas del Mérito Militar, dos 931 veces herido, conocedor del francés y del alemán . Se destacó que era el único bilaureado, más cuanto que el general Cavalcanti también fue propuesto para una 932 segunda Laureada por su heroísmo en la acción de Tizza . 3.4.4.- El comandante Varela, observador aéreo. Varela realizó su primer servicio como comandante en su destino, el aeródromo 933 de Cuatro Vientos, y como tal es citado en la Orden del 28 de marzo de 1924 . Varela deseaba regresar a Marruecos. El 29 de abril se expidió la documentación para que el comandante Varela, junto a un capitán, cuatro tenientes y un alférez, pasara desde la 925 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 149, “Mas homenajes”, texto mecanografiado. 926 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 137. 927 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 138. 928 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 141, carta mecanografiada y manuscrita, fechada el 13 de marzo de 1924, con membrete del Directorio Militar. 929 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 154, carta fechada en Barcelona el 17 de marzo de 1924, con membrete del General Jefe de Estado Mayor de la Capitanía General de la 4ª Región. 930 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 159, fechada en Tetuán el 27 de marzo de 1924, membrete del Alto Comisario de España en Marruecos y General en Jefe del Ejército de España en África. 931 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 152, Heraldo de Madrid, 15 de marzo de 1924, “El capitán de las dos Laureadas. Varela ha ascendido a comandante”; fol 153, La Acción, 17 de marzo de 1924, “Los hombres y los días”; El Mensajero, 19 de marzo de 1924, “Felicidades. Al heroico José E. Varela Iglesias en su onomástica. Nuestro homenaje”. 932 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 180, ABC, 3 de mayo de 1924, “Expediente para la concesión de la laureada al general Cavalcanti”. 933 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 160-161, Aeronáutica Militar. Orden del día 28 de marzo de 1924. (…) Servicio para el día 29. Jefe de Servicio: Comandante Dr. D. José Varela Iglesias. Imaginaria: Comandante D. José Ortiz Echagüe”. En dicha Orden se comunica la formación de dos escuadrillas para su paso a Sevilla y de allí a África, en la que encontramos citados al entonces comandante Joaquín González Gallarza, y a su hermano, el capitán Eduardo González Gallarza, que sería herido en Tetuán y Laureado. 496 base de los Alcázares en Murcia, a Sevilla, en cuya base aérea se organizaban las escuadrillas. El día 4 de mayo fue pasaportado a Sevilla, y posteriormente pasaportado a Melilla. El 11 de mayo se celebró el citado banquete homenaje de despedida en San Fernando. En la estación de Jerez se despidió de la que se pensaba sería su familia política, el marqués de Movellán, su hija Amalia de Movellán y Sánchez Romate y su 934 prima María Ivisón . Fueron a despedirle amigos, militares como el capitán de corbeta Rafael Ramos, también laureado, el teniente coronel Benito Cellier Buitrago, el capitán de corbeta Francisco Benavente, el teniente coronel Rafael Moratinos… y amigos de toda la vida, como Leopoldo Vitini, Manuel Casanova, Joaquín Fernández Baena… 935 Varela regresaba, remarcaba la prensa, de forma voluntaria a Marruecos . Llegó a Málaga, en tránsito hacia Marruecos, aunque se encontró con mala mar y se retrasó el 936 viaje. . Varela regresó a Marruecos como aviador el 16 de mayo de 1924, destinado al 937 aeródromo de Tahuima, en Melilla . Se integró como observador de aeroplano en la 938 Escuadrilla Breguet de bombardeo , a las órdenes del jefe de Grupo, Joaquín González Gallarza. El día 15 de mayo, hizo una prueba de motor, el 19 participó en el bombardeo de Alhucemas, y el 21, nueva prueba de motor, los tres con el capitán Cañizares; el 25, con el comandante González Gallarza, nuevo bombardeo de la bahía de Alhucemas; el 29, prueba de motor con el teniente Sequeira; el 30 y el 31, nuevos bombardeos de 939 Alhucemas con el comandante González Gallarza . En junio de 1924 realizó vuelos de bombardeo de Alhucemas los días 6 y 9 con el comandante González Gallarza; el mismo 9 se bombardeó también Quilates y Annual; el 21, las orillas del río Mekor y el cuartel general de Abd el Krim; el 25 se bombardeó en apoyo de la instalación de una posición con blocao entre Holant y Afrau. La escuadrilla aterrizó en Drius, y al día siguiente desde este punto se bombardeó de nuevo en apoyo de la posición. El 27 se bombardeó el cabo Quilates y Sidi Mesaut. El 30, Morro Nuevo. La media de estos 934 Varela estaba prometido a su hija, Maria del Carmen de Movellán y Sánchez Romate. Sin embargo, el compromiso se rompió, y Carmen de Movellán se casó en mayo de 1930 con Eduardo Gómez Bea. ABC, 14 de mayo de 1930, p. 20. Su hermana Mariana se casó el Madrid el lunes 15 de diciembre de 1924 con el comandante de Infantería Joaquín Ortiz de Zárate y López de Tejada: ACGJEVI, Carpeta 3, fol 192, El Mensajero de Jerez, 16 de diciembre de 1924, “Boda aristocrática en Madrid ayer Lunes 15”. 935 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 163-164; fol 183, El Mensajero de Jerez, 13 de mayo de 1923, “¡A la campaña de África!”. 936 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 184; ACGJEVI, Carpeta 3, fol 232, telegrama puesto en Málaga, reexpedido desde Puerto Real. Fechado a mano el 20 de mayo de 1924, posiblemente sea de unos días atrás: “Estoy bien cariñoso abrazo todos no abandoné tratamiento médico. Enrique”. 937 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 149, “Mas homenajes”, texto mecanografiado. 938 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 282: “Relación jurada de los servicios prestados por el comandante de Infantería Excmo. Señor Don José Varela Iglesias”, texto mecanografiado. 939 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 170. 497 940 vuelos era de hora y cuarenta minutos . Nuevos vuelos se acumularon los días 3, 8, 10, 17, 19, 21 y 23 de julio, con bombardeos en cabo Quilates, Axdir, el zoco de Beni Ulex, Annual, Infermin… El 19 de julio viajó a Ben Tieb, con el teniente Burguete como piloto, llegando allí a las 9:55 de la mañana y regresando a Tahuima a las 20:58 horas. Fue entonces cuando tuvo lugar el famoso incidente. Unos días antes, el 13 de julio, se le concedió el uso del distintivo de Regulares “con la adición de una barra bordada en 941 oro y dos en rojo” . 3.5.- El incidente de Ben Tieb. 3.5.1.- La retirada en el sector occidental. Ante la ofensiva de Abd el Krim en la primavera de 1924, Primo de Rivera, que siempre había defendido el abandonismo del Protectorado, o de parte de él, decidió retirar las tropas españolas a una posición más segura y más fácilmente defendible. Según Gómez-Jordana Souza, el plan de Primo de Rivera era retirarse a líneas que permitieran ser defendidas con pocas fuerzas y esperar el momento de atacar y recuperar el territorio; este repliegue desplazaría el centro de gravedad de la rebelión 942 desplazándolo hacia la zona francesa, a la que acabaría atacando . Pero este extremo Primo de Rivera lo mantuvo en secreto. La noticia de la retirada preocupó en Europa, por lo que podía suponer la derrota de una potencia europea en África y en un país 943 musulmán. Francia volvió a recelar de las ambiciones alemanas en Marruecos . Este hecho coincidió con una ofensiva generalizada de Abd el-Krim, con caída de los dominios de El Raisuni, Gomara y Yebala, en poder de El Jeriro, y la captura de aquél. Los militares destacados en África no aprobaban esta estrategia. En enero de 1924, Abd el Krim solicitó el ingreso de la República del Rif en la Sociedad de Naciones. La bandera del Rif ondeaba sobre el territorio, tenía un ejército de unos 80.000 hombres y unos doscientos cañones. El 30 de mayo de 1924, el Directorio aprobó el plan de retirada de las tropas españolas a una nueva línea de defensa, bautizada como “Estella”. En la nueva línea de defensa, al oeste se debía proteger la vía de ferrocarril que unía Tánger con Fez, y las carreteras entre Tánger, Tetuán y Ceuta. Xauen sería abandonada. Se calculaba que los 940 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 172. 941 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 177-178. Membrete de “Aviación Militar. Fuerzas Aéreas de Marruecos”, fechada el 13 de julio de 1924, firmada por el teniente coronel Ruedas Ledesma. 942 Gómez-Jordana Souza, F., La tramoya de nuestra actuación en Marruecos, p 64. 943 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 194, traducción mecanografiada de el texto de la Revue de deux Mondes. 498 125.000 soldados presentes en el Protectorado se verían reducidos a 50.000, y el presupuesto se establecería en 100 millones de pesetas. La retirada era una operación peligrosa, porque facilitaba las emboscadas y los golpes de mano. Abd el-Krim estaba apoyado en la Yebala por Jeriro y Sacan, ambos antiguos seguidores de Raisuni. Abd el-Krim se comunicaba con ellos a través de teléfono y telégrafo. Incluso se podía alertar a la zona de la llegada de aviones españoles desde los aeródromos orientales. En junio de 1924, la inquietud de los africanistas, inversores y diplomáticos era evidente. Primo de Rivera intercambió varios telegramas en este sentido con Sanjurjo y los comandantes generales de Ceuta y Melilla. Unos meses antes, el teniente coronel Franco había manifestado al Alto Comisario, general Aizpuru, su disconformidad con el plan de retirada, augurando un levantamiento general contra los españoles en Marruecos. Aizpuru, según el testimonio de Franco, estaba de acuerdo con él, pero 944 manifestó que, como militar que era, lo que se le ordenara estaría forzado a obedecer . El 6 de enero de 1924, en la comandancia general de Ceuta, el general Montero exigió a los oficiales empeñar su palabra de honor en cumplir las órdenes del gobierno; Franco quiso matizar su compromiso, afirmando que seguiría lo que dicen las ordenanzas: en caso de duda, haría lo que le dictase su honor, lo que provocó el apoyo de los oficiales presentes a su postura y la rápida disolución de la reunión. Ante la insistencia de los rumores sobre las intenciones abandonistas de Primo de Rivera, Franco, y otros oficiales, manifestaron entre ellos que de darse tal caso, pedirían automáticamente cambio de destino. Primo castigó brevemente a Queipo de Llano por manifestarse en su contra. Estas circunstancias fueron comentadas por el cónsul británico en Tetuán: “La solidaridad del ejército, proclamada repetidas veces por el marqués de Estella, brilla por su ausencia en Marruecos. El ejército de ocupación, incluso si se juzga según los cánones latinos, se parece más a una sociedad griega en pleno debate que a un instrumento de lucha, vista su pasión por la política; se da rienda suelta a las críticas internas, y se gastan energías en defender esta política o condenar aquella otra (…) No es posible que [Primo] no se haya fijado en la evidente atmósfera anti-Junta Directiva. En el casino militar incluso 945 se ha oído a los oficiales lanzando invectivas contra el Rey” . 944 De la Cierva, R.: Francisco Franco, Biografía histórica, t. 1, p. 235. 945 Cit. por Balfour, S.: Abrazo mortal, p. 203-204. 499 A estos hechos, se añadieron otros. El 23 de junio, el general Weyler, presidente del Consejo Supremo de Guerra y Marina, dictó sentencia sobre las responsabilidades 946 de Annual: el general Navarro fue absuelto , pero el general Dámaso Berenguer quedó 947 condenado por el artículo nº 275 del Código de Justicia Militar , y aplicándole los 948 atenuantes consiguientes fue castigado con la separación del servicio . Esta condena, según Maura, no convenció a nadie, pues el artículo se refiere a los oficiales, no a los generales, pero se interpretó como una manera de licenciar a Berenguer sin infligirle un 949 castigo mayor . Entonces, se promulgó una amnistía el 4 de julio, en que se incluían las sentencias y procesos del Desastre de 1921, por entender que la situación de Marruecos pronto iba a regularizarse. De esta forma, se indultó a los generales Berenguer y Tuero, éste condenado por el convoy a Tizza, y a otros jefes y oficiales; la amnistía incluía a otros condenados por atacar a la Dictadura: el intelectual Unamuno, el político Rodrigo Soriano, periodistas, etc. Poco después, Berenguer fue ascendido a teniente general, presumiblemente por deseo expreso del Rey. De esta forma, a muchos pareció que don Alfonso pretendía lavar su mala conciencia ante el general, con lo que los rumores sobre su responsabilidad en el Desastre de Annual aumentaron. Para Primo de Rivera, Marruecos en un problema esencial para España, y de alcance internacional. Sin embargo, el Dictador decidió el repliegue, coincidiendo con una ofensiva de Abd el-Krim sobre Xauen. En principio, la retirada de las tropas hacia la costa se haría manteniendo algunas posiciones cerca de la misma defendidas por destacamentos de legionarios y Regulares, apoyados por una fuerza de ciento cincuenta 946 Durante algún tiempo, se dudó qué hacer con el general Navarro. Alcalá Zamora, entonces ministro de la Guerra, en sus memorias, muy críticas con Alfonso XIII, explica que al ser liberado el general Navarro, el monarca le comentó que tendría que ser fusilado; pero pocos días después, indicó que debería ser ascendido. “Díjele que no estaba de acuerdo ni con lo otro y que entre las dos soluciones las había intermedias y más fundadas. Suponiendo que el Consejo Supremo condenara a Navarro a muerte aconsejarían el indulto los casi dos años transcurridos para tan tardía ejemplaridad y tambien los sufrimientos padecidos en el cautiverio. Admitiendo que por el contrario el final del proceso fuera la absolución, se oponían en mi opinión al ascenso la falta mostrada de dotes de mando sobre todo de ascendiente o influjo sobre las tropas, cuya retirada no logró impedir que se convirtiese en huida”, Alcalá Zamora, N. Memorias, Planeta, Barcelona, 1977, p. 76. 947 “Sufrirá la pena de prisión militar mayor o la pérdida de empleo el oficial que por negligencia u omisión en el cumplimiento de sus deberes sea causa de daños considerables en las operaciones de guerra” 948 Según contó Franco al doctor Soriano Garcés, el procesamiento se realizó para devolver el prestigio al general Berenguer. Soriano Garcés, R., La mano izquierda de Franco, Planeta, Barcelona, p. 126. 949 Maura Gamazo, G., Al servicio de la historia, t. 1, p. 138-139. Afirma que la sentencia se hizo pública el 27 de junio. Berenguer fue amnistiado el 4 de julio. Según La Cierva, Berenguer dudó antes de aceptar la amnistía, pero “finalmente la aceptó, con pérdida de varios puestos, por haber ascendido otros Generales durante el proceso”: De la Cierva Peñafiel, J., Notas de mi vida, p. 314. Posteriormente, Berenguer, que pertenecía al Partido Liberal, acudió a un banquete organizado por liberales contrarios a Primo de Rivera, por lo que éste le arrestó en un castillo. 500 aviones, que a imitación de la táctica inglesa en Mesopotamia, debía vigilar e intimidar a las tribus. Tras el repliegue, el poder en la zona pasaría a ejercerse a través del jalifa y sus representantes, como El Raisuni. Este plan suponía disgustar a los africanistas y abandonar a las cabilas amigas. Pero Primo de Rivera estaba convencido de que era la mejor opción, dada la fuerza de Abd el-Krim, y el agotamiento y desmoralización de las tropas españolas. Para Primo de Rivera, España se mantenía en el Protectorado para proteger los intereses británicos y Gibraltar, impidiendo que Francia controlara el territorio. Pese a la oposición y al disgusto de los africanistas, Primo de Rivera no cedió en su plan. En julio de 1924 los rifeños incrementaron sus ataques. Pero las líneas españolas resistían. Entre el 27 de junio y el 6 de julio, la línea del Lau se restableció, levantándose el asedio sobre la posición de Cobba d’Arsáa. Ramiro de Maeztu insistió en el Testamento de Isabel la Católica, y en la necesidad española de controlar el norte de África, pero no convenció a Primo de Rivera. El problema era persuadir a los africanistas de la necesidad del repliegue. Para ello, Primo de Rivera decidió visitar Marruecos. El Dictador decía que había aprendido a gobernar en las tertulias y discusiones del casinillo “El Lebrero” de Jerez; pensaba que sabía pulsar las conciencias, y ganarse voluntades. De esta forma, el 10 de julio de 1924, Primo de Rivera llegó al Protectorado para visitar los acuartelamientos y explicar su plan a la oficialidad. En el crucero que le trasladó a Marruecos apareció un cartel de “Viva Berenguer”; en un desfile en Ceuta, una compañía de la Legión miró hacia la izquierda, donde estaba su fundador, Millán Astray, en vez de a la derecha, donde estaba el Dictador. En un banquete celebrado en Tetuán, el Dictador recordó que el problema del Protectorado era común a toda España, y todos debían obedecer las directrices impuestas, sobre todo los militares, obligados 950 por el juramento de obediencia . Cordón participó en el banquete de recepción a Primo de Rivera en Larache. Afirma que explicó que pretendía abandonar posiciones que no eran útiles, y por el contrario muy costosas en hombres y material mantener. Este plan, asegura, “fue 951 acogido con satisfacción” Visitó la zona del Lau, revistó a las tropas en Tisgarin y Kobba Darsa, donde ordenó que Franco se uniese a su séquito. El Dictador adscribió el general Castro 950 Maura Gamazo, G., Al servicio de la historia, t. 1, p. 146. 951 Cordón, A., Trayectoria. Recuerdos de un artillero, 1971, p. 127. 501 Girona como asesor al general Aizpuru, Alto Comisario, entre otros cambios de oficialidad. Acompañado de los teniente coroneles Franco, jefe de la Legión, y Luis Pareja, jefe de los Regulares de Larache, pasó Primo de Rivera a Melilla. El día 19 de julio estuvo en Dar Quebdani, y allí explicó que “aunque su corazón está joven, su experiencia de gobernante le dice que es una locura conservar algunas de las 952 posiciones que hemos reconquistado” después de Annual . Al terminar de hablar, unos pocos aplaudieron, la mayoría permaneció en silencio, y los Regulares abandonaron el salón. 3.5.2.- La discusión de Ben Tieb. Seguidamente, Primo de Rivera y sus acompañantes se dirigieron al cuartel avanzado de la Legión de Ben Tieb, cerca de Tizi-Azza, donde tras revistar a tres banderas del Tercio y los Tabores del Grupo de Regulares de Melilla, se realizó la comida de recepción por los oficiales de la Legión y de Regulares. Sanjurjo, según el testimonio del propio Franco, ordenó a éste organizar el almuerzo. Siempre según Franco, se habilitó para ello un barracón que servía de dormitorio a la tropa. Se quitaron de las paredes los típicos lemas legionarios, excepto el de “El espíritu de la Legión es el de ciega y fervorosa acometividad”, al ser muy difícil de retirar. En el lugar se encontraban el general Sanjurjo, muchos oficiales de la Legión y de Regulares, y por supuesto, el teniente coronel de Regulares Fernando Pareja, y el teniente coronel de la Legión Francisco Franco. También acudieron en avión, pretextando una avería, el comandante Varela y el hijo del general Burguete. La comitiva entró en el comedor. Allí, en la pared del comedor, frente a la mesa, se encontraba el citado cartel del espíritu de fiera y ciega acometividad de la Legión. El periodista autor del texto del Archivo de Varela afirma que se comentó que el que se iba a poner era “Los caudillos son los que llevan a sus tropas a la victoria, no al fracaso”, pero pareció “un poco fuerte” y se retiró, cambiándose por el citado. Varios autores (Cordón, Woolman, Balfour, Payne) afirman que el menú fue a base de platos con 953 huevos, en clara referencia a los “huevos” o “cojones”, pero esto no fue verdad , y el 952 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 201-202, texto mecanografiado sin firmar, escrito por un periodista testigo de los hechos, que debió circular de forma clandestina, “Las cosas de Marruecos”. Según Gabriel Maura, varios periodistas fueron encausados por difundir los incidentes: Maura Gamazo, G., Al servicio de la historia, t. 1, p. 157. 953 Al parecer, esta especie fue propalada por los mentideros cuarteleros, como atestiguan Cordón, Arturo Barea y Rafael García Serrano, pero Franco lo desmintió años después: De la Cierva, R.: Francisco Franco. Biografía histórica, ed. Planeta, Barcelona, 1982, tomo 1, p. 235. Según el mito, al preguntar el Dictador por el menú, se le respondió que quienes deseaban abandonar Marruecos no necesitaban huevos, 502 texto del Archivo de Varela no recoge nada de esto. Francisco Franco, “muy emocionado, pero muy entero y con brío” ofreció el primer brindis, diciendo: “Por ser ésta la primera vez que un jefe de Gobierno pisa el solar de la Legión quisiéramos que la alegría rebosara en nuestros corazones; pero no es así, porque una terrible duda nos inquieta. General: nuestros legionarios, como los soldados de la Península desean mantener la línea, quieren llevar la bandera donde reclama el honor y la memoria de Valenzuela, González Tablas y tantos otros compañeros nuestros. Queremos colaborar con el Directorio y ser fieles al Rey, pero que quienes nos manden nos lleven a la gloria y no al fracaso. Como queremos que el honor de España se sobreponga a toda conveniencia de Gobierno, la Legión espera con ansia vuestras palabras (Ovación prolongada y 954 delirante)” . Los presentes exclamaron “¡Viva la Legión!”. Primo de Rivera tomó serenamente la palabra, y abrió su discurso con decisión: “No ha podido abordar Franco más sinceramente la cuestión palpitante de este viaje y voy a corresponder con la misma sinceridad”. Tras un recuerdo a los héroes, dijo: “Después de haber estudiado este problema en muchas horas de inquietud y amargura, afirmo más mis convicciones de prescindir de esas posiciones que significan que nos hemos excedido en construir bases pero que en la Legión habían huevos de sobra, y porque “los necesitaban solo aquellos que querían quedarse a luchar”: Woolman, D.: Abd el-Krim y la guerra del Rif, p. 149. Según Cordón, se criticó el hecho de que no se castigara a Franco, una prueba más de la profunda diferencia que separaba a africanistas y junteros. 954 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 201-202. Payne cita el discurso con palabras muy similares, pero matizándolo, pues según sus fuentes Franco afirmó que “para evitar mayores desastres” la solución era “avanzar”, Los militares y la política en la España contemporánea, p. 220-221; según Franco, a través de De la Cierva, el discurso fue así: “En mis palabras de ofrecimiento de la comida le dije que estas comidas se caracterizaban siempre por una especial alegría y un ambiente de sana camaradería: pero que suponía que no se le habría escapado que en esta ocasión no sucedía así, porque pesaba sobre la oficialidad el temor de que se llevasen a cabo los planes de abandono. Que si estábamos allí no era por nuestro capricho sino porque así lo habían ordenado los planes del Gobierno y los de nuestros superiores. Y que lo mismo que cuando el general (Primo de Rivera) mandaba la brigada de cazadores escuchaba a sus oficiales y los tranquilizaba, yo esperaba que al contacto con las inquietudes de todos los generales, jefes y oficiales tuviera la reacción que siempre había tenido y que los tranquilizara también. Y que en esa idea solo podía condensar mis pensamientos en un grito de ‘¡Viva España! ¡viva España! ¡viva España!’ que continuaron hasta que se quedaron roncos”, Francisco Franco. Biografía histórica, ed. Planeta, Barcelona, 1982, tomo 1, p. 238. Balfour plantea un discurso diferente, pues según él, el teniente coronel Franco, dijo: “Quisiéramos llevar la bandera donde la reclaman el honor y la memoria de nuestros hermanos (…) que regaron con su sangre estas tierras (…). Queremos, general, llegar hasta el último peñasco del Rif, para hacernos dignos del cariño de nuestra Patria y para enaltecer a los que cayeron en el surco (…). Queremos que quien nos mande no nos lleve al fracaso. Queremos ir a pecho descubierto, cara a la gloria, y como queremos que el honor de España se sobreponga a toda conveniencia del Gobierno, la Legión espera con ansia e inquietud vuestras palabras”. Primo apeló a la disciplina ciega, y recalcó: “No tenéis derecho a creer que monopolizáis vosotros el patriotismo”. Sus palabras fueron contestadas con gritos de desacuerdo, destacando los de Enrique Varela; Abrazo mortal, p. 203; Guzmán, E. de, 1930. Historia política de un año decisivo, Tebas, Madrid, 1973, p.58-60. reproduce en parte el texto conservado en el Archivo de Varela, y afirma que fue la noticia fue difundida por los periodistas Emilio Herrero y Victor Ruiz Albéniz, los cuales fueron detenidos por ello, 503 fundamentales sin haber llevado un firme protectorado. Creo que no debemos ir a Alhucemas, sino que ésta sea la que debe venir a nosotros (siseos y empiezan las interrupciones y la caraba). La aridez de esta tierra no merece que se aumente con exceso el sacrificio y se inquiete a España con nuevos embarques. Hay sectores que no sirven para nada (siguen los murmullos)”. Entonces, afirmó que antes que el espíritu de ciega acometividad, según rezaban las paredes del salón, estaba el deber de ciega obediencia al mando. Entonces, una voz, de entre los oficiales que acompañaban al Dictador, dijo “Muy bien”, pero Varela 955 exclamó “¡Muy mal!” . Primo de Rivera, que conocía a Varela, que además era tío de su novia, Carmen de Movellán, y había hablado brevemente con él antes de entrar al comedor, dijo: “¿Qué le pasa a ese oficial? ¿Qué quiere ese oficial? ¿Quiere decir algo?”. Varela respondió: “Yo, nada”. Primo le interpeló: “Aparte de otras razones (Primo es tío de la novia de Varela), las de cortesía le obligan a guardar respeto”. Varela le contestó: “Lo he guardado. Ya no decía nada a usted”. Para entonces, el comedor era un hervidero de murmullos, y Primo prosiguió su discurso entre interrupciones: “¿Para qué queremos ir a Alhucemas? ¿Para que sea una comandancia más? ¿Y otra plaza cerrada ocho meses por los temporales y con camino de tierra cerrado? (Fuertes murmullos y voces: Si. Si). No tenéis derecho a creer que monopolizáis la exclusiva del patriotismo. He madurado el plan y he venido a sembrar en las mentalidades de los oficiales para que puedan DISCURRIR (recalca las palabras) pero lo mismo que hoy hago esa siembra, el día que 956 ordenemos en firme, no dejaremos más derecho que el de la obediencia” . Siguiendo con el testimonio, al terminar el discurso hubo un silencio profundo, roto con tres vivas a España, y a Valenzuela, Millán Astray, Franco y Varela, pero no al Dictador. Primo de Rivera llamó a Franco y le expresó su disgusto por el comportamiento de su oficialidad. Franco le contestó que estaba muy conforme con sus 957 hombres, y que en ese momento le ponía su mando a su disposición . El teniente 955 Franco dice textualmente: “…y Varela, que estaba enfrente, lo agarró a través de la mesa y chilló ‘mal, muy mal’, diciendo entonces Primo de Rivera. ‘ese señor, que se calle’. Acabó entonces el discurso y al sentarse no hubo ni un aplauso”, Francisco Franco. Biografía histórica, ed. Planeta, Barcelona, 1982, tomo 1, p. 238. 956 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 201-202; según Payne, Primo se tragó su orgullo herido y explicó que se debía seguir la campaña, pero que los oficiales no debían cuestionar las medidas estratégicas, entre ellas las retiradas. Recordó que a veces hay que retroceder para avanzar, que los oficiales legionarios no tenían la exclusividad del patriotismo, y dijo: “Ahora os hablo así, pero el día en que os sean dadas las órdenes, sean las que fueran, no tendréis derecho más que a obedecer”; Payne, S.: Los militares y la política en la España contemporánea, p. 220-221. 957 Según el testimonio de Franco: “Se levantó [Primo de Rivera] entonces violentamente, volcando un poco el café, y me dijo: “-Para eso no me debiera usted invitado. 504 coronel Luis Pareja añadió que como sus oficiales de Regulares estaban de acuerdo con los mandos del Tercio, también dimitía. El teniente coronel Pozas se adhirió, así como otros oficiales y suboficiales. Había mucha tensión. El periodista observó que un oficial de la Legión fue desarmado en la puerta del comedor, y como al acercarse al aeródromo el Dictador, los pilotos que allí se encontraban, ostensiblemente, se retiraron para no saludarle. El texto acaba: “Estella no puede disimular su gran contrariedad. La primera orden que ha dado al volver del campo ha sido la de que no se consienta a los periodistas ni siquiera aludir a los discursos. La efervescencia es enorme”. Según Franco, poco después él mismo tuvo una entrevista con el Dictador en la comandancia militar de Melilla. El incidente causó mella en Primo de Rivera, como él mismo anotó: “Otro tanto ha pasado con el viaje del Presidente a Marruecos. Ha oído, como era de esperar, porque ya se lo habían anticipado algunos, y fue a solicitar las informaciones leales y sinceras contrarias a su parecer, que ha modificado en parte, conservando, no obstante, el nervio del propósito de hacer el problema más fácil de resolución y desarrollo; pero en todas partes y por todos, generales, jefes y oficiales, no sólo se le han tributado las consideraciones oficiales , sino los más extremados agasajos particulares. Y por todas partes, y no podía ser de otro modo, todos han terminado sus informaciones sometiéndose a que harán lo que se les mande con la mejor de las voluntades, 958 cualquiera que sea el esfuerzo o sacrificio que ello requiera” . Dejando aparte las inexactitudes del texto, llama la atención el reconocimiento por parte del Dictador que “ha modificado en parte”, al oir las protestas, sus planes iniciales. Balfour afirma que Primo de Rivera no pensó en abandonar totalmente Marruecos, pero ante este testimonio, parece clara la postura del Dictador de evacuar el Protectorado, y por tanto, su error de análisis. Martínez Roda destaca acertadamente, en cambio, que fue después de Ben Tieb y de percibir el malestar de los militares, cuando “A lo que contesté: “-Yo no le he invitado a usted, a mí me lo ha ordenado el comandante general. Si no es agradable para usted menos lo es para mí. “-A pesar de todo he de considerar que es una oficialidad: (iba a decir buena pero rectificó) mala. “-Mi general, yo la he recibido buena. Si la oficialidad ahora es mala, la he hecho mala yo. “Al salir el general les dije a los oficiales que podían dormir tranquilos por el incidente, pues yo lo había provocado y yo respondería por él”; De la Cierva, R.: Francisco Franco. Biografía histórica, Planeta, Barcelona, 1982, tomo 1, p. 238. 958 Benzo, E., Al servicio del Ejército, p. 131-132. 505 Primo de Rivera cambió sus puntos de vista abandonistas, y de hecho esta operación no 959 se llevó a cabo en la zona oriental, donde tuvo lugar el incidente . 3.5.3.- Las represalias de Primo de Rivera. Primo de Rivera tomó algunas represalias sobre algunos de los participantes en el incidente. La carrera de Varela, cuyo expediente de ascenso a teniente coronel iba a ser abierto, se vio una vez más obstaculizada. Otro represaliado fue el teniente coronel Luis Pareja, militar muy prestigioso, que fue el único que finalmente dimitió como jefe de su Grupo. Pareja volvió a la Península, y le sustituyó al frente de los Regulares de Larache el teniente coronel Mola. A finales de agosto de 1924, Varela envió un telegrama a su amigo, el teniente coronel Luis Pareja, interesándose por su situación. Le contestó con una carta su hermano, el también oficial Fernando Pareja, destinado en el Grupo de Regulares de Larache nº 4, a Varela, explicando cómo la prensa atacaba a los partidarios de mantener las líneas, acusándoles de “que por su solo medro personal abogan por la continuación del actual estado de cosas”. Ante ello, “Franco y Luis [Pareja] y no sé si algún otro, acordaron elevar respetuosa queja al mando y solicitar sus destinos en España, como medio convincente de que no querían medrar á costa de nadie”. Según Fernando Pareja, la petición de su hermano Luis Pareja fue atendida con bastante lentitud, y “hasta el 19 que se ha publicado oficialmente su cese, han dejado transcurrir unos cuantos días, que el mando no ha dejado de sacarle bien el jugo pues lleva dos meses cubriendo la pista de Tetuán-Xauen y sosteniendo tiroteos diarios con buen chorreo de bajas pues el plan de los rebeldes es cortar a toda costa dicha comunicación, pues ella es cuestión vital para todos”. La carta acaba con una cariñosa despedida: “Mil gracias por tu interés en ello, pues en estos momentos es cuando se demuestra la buena amistad. Deseándote nuevos triunfos en tu brillante carrera, te 960 abraza tu subordinado y buen amigo” . El 2 de septiembre, Varela escribió a su amigo, el marqués de Tablantes, En la que le comenta que sigue como comandante de aviación, y comenta: “No fui arrestado y hasta hoy nada pasó aunque veo mal que Franco se marche de la Legión y Pareja de su Grupo; ambos elementos valiosísimos y más en las circunstancias actuales”. Para Varela, la responsabilidad de la situación en Marruecos en ese momento no era ni de los 959 Martínez Roda, F., Varela. El general antifascista de Franco, p. 61. 960 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 199-200. Fechada en Alcazarquivir el 28 de agosto de 1924, con membrete del Grupo de Regulares de Larache nº 4 “banderas y estandartes”. Luis Pareja fue destinado al regimiento de infantería Tetuán nº 45, en Castellón, y regresó a África con un batallón expedicionario del mismo cuando se realizó la retirada de Larache. 506 961 políticos ni de los militares, pero el momento era crítico . Días después, desde Melilla, el 19 de septiembre, Varela escribió una nueva carta a Ricardo Tablantes. En ella, el comandante razonaba que la Dictadura se prolongaba, y que si tal circunstancia se hubiera previsto, se hubiera dado entrada antes en el Gobierno a civiles. Por otro lado, se manifiesta contrario al abandono: “Nuestra Zona no puede abandonarse, porque en ella tenemos grandes intereses y millares y millares de compatriotas que aquí tienen su medio de vida. (…) Pueden rectificarse las líneas de vanguardia haciéndoles todo lo fuerte que se necesite, pero sin dar un paso atrás; suprimir posiciones inútiles, es decir, estabilizar el frente. Una vez hecho esto, ocupar Alhucemas por medio de un desembarco. (…)Después de esto, que debe ser rápido, debemos dedicarnos con mucho celo y patriotismo a la organización, a retaguardia de nuestras líneas, cosa preferente y que hemos tenido abandonada. Nombrar nuevos Caídes y obligarles al desarme. “Te equivocas al creer que en el acto de Ben Tieb pudo haber estas reservas, que mi presencia te podía haber disipado. Solo un pensamiento nos animó ¡¡España!!, y en esto tu estarás conforme conmigo; nadie pensó en mezclar al 962 Sr. (el Rey) en estas cuestiones. El pleito era nuestro exclusivamente” . Varela, por tanto, opinaba de forma diametralmente opuesta al Dictador. Pero estaba dispuesto a la obediencia, como lo estaba todo el ejército de África. Pero Varela estaba inquieto, y escribió a finales de agosto a Manuel Goded, manifestándole sus temores. Goded le contestó desde San Sebastián el 3 de septiembre, recomendándole prudencia y calma: “Habrá V. visto ya de todos modos que, como yo le indicaba eran innecesarias actitudes violentas para oponerse a lo era totalmente irrealizable, pues la realidad vestida con chilaba y babuchas era la que había de encargarse como le anuncié de oponerse, y así ha sido. Ahora la situación en la zona occidental , como yo siempre creí, es mucho más difícil y oscura y solo cabe en todos, bien los que actúan discretamente, y a los que solo con sus comentarios intervienen, desear sinceramente el acierto y el espíritu en los que dirigen y apoyar con la 963 mayor voluntad” . Goded relata además que ha visitado a la reina doña Cristina en el palacio de Miramar, y que su expediente ya se encuentra en Madrid, donde espera que se resuelva favorablemente, liquidado así la intriga urdida contra él en Ceuta. Acaba diciendo: “Por 961 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 196, fechada en Melilla el 2 de septiembre de 1924. 962 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 195, “Carta del comandante Varela al Marqués de Tablantes”, fechada en Melilla, el 19 de septiembre de 1924, copia mecanografiada, en Apéndice documental, nº 18. 963 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 197-198, Carta manuscrita, fechada en San Sebastián el 3 de septiembre de 1924, y firmada con rúbrica: “Manuel Goded”. 507 aquí se ha hablado mucho de V. y hasta han dicho estaba V. en un castillo. Le deseo mucha suerte y vuelvo a aconsejarle prudencia y calma”. De cualquier forma, ese día en Ben Tieb Primo, con su gallardía y sinceridad, se ganó a muchos africanistas. Primo de Rivera no tomó excesivas represalias por el incidente de Ben Tieb, no aceptó la dimisión de Franco y paralizó la retirada hacia Melilla. Pero el 23 de julio Primo de Rivera insinuó que los culpables de fomentar la división entre los militares serían castigados. 3.6.- La retirada en la zona occidental. 3.6.1.- Las operaciones de retirada. Primo de Rivera ordenó en primer lugar la retirada de Yebala, incluyendo Xauen y el Wad Lau, hasta la línea de 1918. Se establecería una línea defensiva, la “Línea Estella” o “Línea Primo de Rivera”, desde Río Martín en el Mediterráneo, cerca de Tetuán, siete kilómetros al sur de esta ciudad, pasando por el Fondak Ain Yedida, protegiendo la carretera Tánger-Tetuán, siguiendo por el este de Alcazarquivir, hasta el Atlántico, en Larache. Tras la línea, las tropas estarían más seguras y podrían ser reorganizadas y adiestradas. La retirada se inició el 18 de agosto de 1924, y duró cinco 964 meses, “los más duros y peligrosos de toda la guerra de África” . Los meses de julio y agosto de 1924 fueron muy lluviosos, y los caminos se convirtieron en barrizales. Los rebeldes seguían presionando a las tropas españolas. En julio atacaron Cobba D’Arsáa, en Beni Said, que fue abastecido por aire, lanzando desde los aviones sacos de hielo y resistió. Al sur, en Shentafa, en Wad Lau y en Solano, los españoles sufrieron constantes ataques. Los españoles tomaron rehenes de los Beni Said, y a todo guerrero apresado le obligaban a pagar la multa de un fusil o una multa. En agosto, Abd el-Krim intensificó la presión sobre todo en Xauen, que llegó a quedar aislada junto a otros puestos avanzados. Se envió a la zona una de las brigadas de reserva de España. Los ataques crecieron en el Lucus, el Gomara y Yebala. En Shentafa, los españoles pelearon hasta el último hombre, incendiando el puesto en el ataque final de los harqueños. Teffer y Berharash estuvieran asediadas cuarenta y un días por parte de los Sumate y los Ahl Sherif. Seriya soportó sesenta y seis días de asedio. En agosto, en la zona de Melilla, murió Abd el-Malek, “amigo de España” en 964 Francisco Franco. Biografía histórica, ed. Planeta, Barcelona, 1982, tomo 1, p. 243. 508 Midar, lo que llevaría al comandante Varela a asumir el mando de su Harka; pero la ofensiva rifeña sobre la línea Afrau-Tifarauín fracasó. Primo de Rivera temía el desmoronamiento de las líneas españolas, que 25.000 hombres quedaran atrapados, con sus armas y municiones, en manos de los rebeldes. El 18 de agosto se inició la retirada, por el sector del Lau. Allí estuvieron juntos Franco y Mola, al mando del general Julián Serrano Orive. Ambos oficiales evitaron que el teniente Fermín Galán fuera sometido a consejo de guerra por un grave error en las operaciones. Ante la ofensiva de los hombres de Abd el Krim, el 25 de agosto el teniente coronel Mola, al mando del Grupo de Regulares de Larache nº 4 recibió el encargo de defender la posición de Dar Akobba, en el cruce del camino entre Tetuán y 965 Xauen . Franco fracasó en su intento de socorrer la posición de Solano, en el Lau. A principios de septiembre de 1924 cayeron Solano y Tazza, provocando una honda depresión en el general Julián Serrano. Abd el Krim intentó un golpe de mano sobre Tetuán, que fracasó. Ante la gravedad de estas noticias, el Dictador decidió trasladarse a la zona, y llamó a Queipo de Llano, a quien el 27 de mayo había relevado de la jefatura de la Comandancia de Ceuta, de nuevo a África. Entre el 3 y el 6 de septiembre, Queipo actuó para llegar a Zinat y liberar a la columna del general Riquelme, bloqueada en esta posición. Al regresar a Tetuán, ambos generales discutieron sobre la operación realizada, pues Queipo afirmó que las tropas cercadas carecían de moral y de disciplina. El 5 de septiembre de 1924, Primo visitó la zona acompañado de tres generales del Directorio: Gómez Jordana, Rodríguez Pedré y Muslera. Ese día Primo de Rivera puso en marcha el plan de retirada, que consistía en reorganizar las columnas, liberando las posiciones sitiadas; replegar los puestos al interior de líneas ya designadas, con buenas comunicaciones y fácil defensa. Desde este punto, se procedería al desarme de la retaguardia, dejando que se revelara el contraste entre la paz de la zona de ocupación española y de gobierno del Majzen, y la anarquía de la zona rebelde. La situación era delicada. El día 7, el propio Primo y su Alto Mando quedaron aislados por el enemigo, tuvieron que ocultarse tras unas balas de paja y ser rescatados por un tren militar. El enfrentamiento entre Queipo y Riquelme por el rescate de Zinat llevó a que Primo de Rivera ordenara al primero abrir el camino entre Tetuán, Larache y 965 Mola Vidal, E., Dar Akobba. Páginas de sangre, de dolor y de gloria, en Obras Completas, Santarén. Valladolid, 1940; Vigón, J., General Mola (El Conspirador), AHR, Barcelona, 1957, p.37-39. 509 Tánger por el Fondak de Ain Yedida, y romper el cerco de la posición de Gorgues, al sur de Tetuán. Para ello, Franco pasó a Tetuán, dejando la operación del Lau en manos del eficaz comandante Agustín Muñoz Grandes. Ese día se evacuaba Taguezut y Adgoz, en la línea del Lau, y al día siguiente, 8 de septiembre, la disputada posición de M’Ter, en la costa de Gomara, y Wad Lau, por mar, embarcando las tropas hacia Ceuta. El día 9 de septiembre inició el programa de atrincheramientos, que suponía la evacuación de Xauen y la retirada de las tropas, el equivalente a cuatro o cinco Divisiones, hacia el norte, hacia la línea Tetuán-Larache. Por su parte, Franco abrió de nuevo la comunicación por el Fondak, llegando a Tánger el día 13 de septiembre. Queipo, por su parte, consiguió romper el cerco de Gorgues los días 19 y 20 de septiembre, tras terribles combates. Sin embargo, Queipo no fue recompensado por ello, sino que fue arrestado y encarcelado en el castillo de Ferrol. Como veremos, la razón, posiblemente, fue la crítica de Primo de Rivera a la operación de Gorgues, y la contestación desabrida 966 o insolente de Queipo . El principal problema era sacar a los 10.000 hombres de Xauen y sus numerosos blocaos defensivos del perímetro. En Larache, a primeros de septiembre, Primo había dicho a las tropas: “Que la fatigosa vida militar os aburra. Aseáos, lavad vuestra ropa y 967 portadla bien” . Pero lo cierto es que la retirada fue muy complicada. Los generales Castro Girona y Queipo de Llano controlaron el Fondak restableciendo las comunicaciones con Larache y la línea del Fondak, Uad-Ras y Beni Ider, mientras en Dar Akobba, al mando del teniente coronel Emilio Mola, se rechazaba al enemigo. La operación se retrasaba por las dificultades climáticas y la ferocidad de los combates, y una crisis de confianza parecía a punto de estallar entre los oficiales españoles. Uno de los generales de Tetuán que más criticaban este estado de cosas era Queipo de Llano, hombre impulsivo, pero buen jefe de campaña, crítico sincero y sin miedo al enemigo. 968 Según su testimonio posterior , Queipo comprobó la incapacidad táctica de Primo de Rivera en las operaciones del Fondak y en Gorgues, ésta el 18 de septiembre de 1924, donde hubo gran número de bajas inútiles. Siguiendo a Queipo de Llano, el día 21 de septiembre, encontrándose en su despacho, fueron a verle, sucesivamente, el teniente coronel del Batallón de Segovia, y el teniente coronel Álvarez Arenas. Ambos le 966 Casas de la Vega, R., Seis generales de la Guerra Civil, Fénix, Madridejos, 1998, p. 250-257. 967 Primo de Rivera, M.: Pensamientos. 968 Queipo de Llano, G.: El general Queipo de Llano perseguido por la Dictadura, 1930, p. 104-107; De la Cierva, R., Francisco Franco, I, p, 245-246. 510 manifestaron por separado su inquietud por la ineptitud del jefe supremo de dirigir la maniobra. Después compareció el teniente coronel Franco, que tras manifestar el disgusto de la oficialidad, le explicó que varios jefes de fuerzas de choque y peninsulares en Tetuán habían acordado encerrar a Primo de Rivera en el Hacho de Ceuta, e iban a rogarle a Queipo de que aceptara la jefatura de la conspiración. Franco afirmó tener una bandera dispuesta, y que “iría a detener a los generales en el momento que lo ordenase”. Pero Queipo de Llano disuadió a Franco: la situación de las tropas españolas en Marruecos era muy delicada, y un golpe así podría desencadenar una catástrofe. Esta postura levantisca de Franco y de sus compañeros muy probablemente no pasó de ser un gesto de malhumor, y depusieron su actitud. Ese día 21, Queipo fue despojado de su mando en campaña, y se quedó en Tetuán, mientras se avanzaba hacia Xauen. Ante su situación, Queipo de Llano pidió a Primo que si no se le daba mando o puesto, se le retirara de Marruecos. Días después, Queipo remitió un oficio a Primo de Rivera quejándose de la excesiva y a menudo inmerecida concesión de condecoraciones y ascensos, crítica que también había hecho 969 Franco . Primo de Rivera le contestó agradeciendo la sugerencia, pero también le condenó a un mes de arresto en un castillo de Ferrol por crearle obstáculos al mando. 970 También Primo de Rivera alejó de Madrid y del Cuarto Militar al general Cavalcanti . Que la situación era complicada, lo confirma Varela en una de sus cartas: “El 28 [de septiembre de 1924], conociendo los rumores que había sobre Larache, fui en un aparato; hice un viaje precioso de dos horas y media; llegué y vi cuanto pasaba; me dio pena enterarme de la situación general del territorio, que siempre estuvo tan tranquilo y que hoy es el que reviste mayor 971 gravedad (…) Esta mañana he comido con Sanjurjo explicándole todo” . En Tetuán se reunió una fuerza al mando del Alto Comisario, Aizpuru, para avanzar hacia Xauen y romper el cerco rifeño. La primera fase la llevaron a cabo Castro Girona y Federico Berenguer, que con el teniente coronel Franco, y el teniente coronel José Miaja Menant, tomaron los altos de Gorgues, eliminando una batería rifeña que hostigaba Tetuán, y avanzando hacia el sur por el valle de Beni Hassan el 23 de septiembre. Aizpuru organizó la fuerza en tres columnas: en el flanco occidental, Castro Girona avanzaría por las montañas al sur de Gorgues; en el centro, el coronel Ovilo marcharía por el valle; en el flanco oriental, el general Serrano avanzaría por las faldas 969 Queipo de Llano, G.: El general Queipo de Llano perseguido… p. 127-128; es el propio Queipo quien afirma que Franco era de su misma opinión. 970 Queipo de Llano, G.: El general Queipo de Llano perseguido… p. 152-153. 971 ACGJEVI, Carpeta 167, fol 304. 511 de las sierras. El general Federico Berenguer se quedaría en la reserva, en Ben Karrish. Castro Girona tuvo grandes obstáculos en su avance por las montañas, así que bajó de ellas y se unió a la que avanzaba por el valle. Otra columna salió desde Larache, al mando del coronel González Carrasco, pero no pudo abrirse paso hasta Xauen, y tuvo que retroceder desde el Zoco el Jemis, en Beni Aros. Mientras tanto, los puntos vitales de la carretera a Xauen, Dar Akobba, Xeruta y el Zoco el Arbaa, seguían cercados, y no fueron liberados hasta el día 28 de septiembre por la columna del general Serrano. Mientras, en Gomara, el 27 de septiembre, se evacuaban Targa y Magán. El 29 de septiembre llegaron al Zoco el-Arbá, a medio camino de Xauen. Primo de Rivera, que vigilaba la operación desde la retaguardia, sufrió una emboscada en Ben Karrish, lo que demuestra la extrema habilidad guerrillera de los harqueños. El 30 de septiembre Primo rompió el bloqueo de Xauen. Los españoles sufrían el ataque constante de francotiradores. Según Arturo Barea, los españoles ofrecían a los rebeldes dos fusiles por cada soldado rescatado de los blocaos sitiados. El 1 de octubre, una columna de cuarenta camiones que regresaba hacia Tetuán fue atacada y se perdieron la mayoría de los vehículos. 3.6.2.- La evacuación de Xauen. Abd el-Krim, consciente de las dificultades de los españoles, decidió repetir su golpe de Annual en Xauen. La retirada de Xauen duró seis semanas, y se hizo contra 972 reloj para evitar la estación lluviosa . El 16 de octubre, Primo de Rivera asumió el cargo de Alto Comisario y con él el mando supremo –y por tanto, toda la responsabilidad- del ejército y de la operación. La retirada no estaba bien vista entre los africanistas: se abandonaba territorio que había costado mucha sangre y mucho dinero, pero las órdenes se cumplían. El 26 de octubre se evacuó sobre Xauen todo el sector de Dráa el Assef. El 3 de noviembre Primo de Rivera estableció que cualquier militar que discutiera las órdenes recibidas fuera sometido a Consejo de Guerra: 972 Franco evoca esta escena de retirada de Xauen, y la contradicción de muchos marroquíes, que deseaban la paz, pero estaban obligados por su religión a apoyar a los muyahedines: “a los Muyahediin todo buen musulmán ha de ayudarles siempre. No hay poblado que directa o indirectamente no les socorra y albergue; unos con sus armas, otros con sus munas, los más tímidos con su silencio. Es el derecho de adilo del Muyahediin. No evoquéis pues, las conveniencias, los sentimientos, los afectos… son razones que ante aquéllos se desvanecen (…) El día que [los españoles] estéis lejos, volverán las cabilas a sus luchas; guerrearemos incesantemente por gobernarnos, por defender nuestros campos y nuestros ganados y al fin los extranjeros [los rifeños] serán expulsados… Sólo entonces, cuando cansados de guerra, la paz llegue, lloraremos con lágrimas de sangre por el bienestar perdido… Esa es tu única verdad, ¡pero Dios así lo ha escrito!”: Franco Bahamonde, F., “Xauen, las triste”, en Papeles de la guerra de Marruecos, Fundación Nacional Francisco Franco, Madrid, 1986, p. 195. 512 “Es lamentable que en estos momentos las tropas se entreguen al pesimismo, el cual está destruyendo la moral del ejército. A fin de poner remedio a un tal desgraciado relajamiento, ordeno a todos los jefes, oficiales y soldados que se abstengan de toda crítica o discusión sobre estas cuestiones; en cambio deberán poner inmediatamente bajo arresto a cualquier subordinado militar, o personal civil, que me desobedezca, entregándomelo para ser procesado en un consejo de guerra, donde, a menos que se demuestre su inocencia, será ejecutado. El Alto Mando del ejército se halla autorizado, desde esta fecha, a imponer el citado castigo a aquellas persona que se resista o que muestre señales de 973 desobediencia en el campo de batalla” . En la noche del 15 de noviembre, la mayor parte de las tropas españolas abandonaron Xauen. La vanguardia, al mando de Castro Girona, llegó al Zoco el Arbá el 18 de noviembre. El resto, unos 40.000 hombres, estaban entre el Zoco y Xauen. La retaguardia, en Xauen, estaba al mando de Franco, con la Legión cubriendo la retirada; salieron de Xauen en la medianoche del 17. El día 19 de noviembre estallaron las tormentas de otoño y las lluvias convirtieron los caminos en cenagales. Siete mil rifeños, a las órdenes de M’hamed Abd el-Krim, de las cabilas de Ajmas, Beni Aros, Beni Ider, Beni Hassan, y otras, atacaron a los españoles. Mientras tanto, Castro Girona llegó a Ben Karrish, pero a su espalda, las tropas españolas se abrían paso luchando cuerpo a cuerpo. En Dar Koba, los españoles fueron rodeados y diezmados. En Sheruta, murieron unos mil soldados, entre ellos el general Serrano. Con grandes penalidades, arrastrando por el barro los heridos y los cañones, las tropas consiguieron llegar a Zoco el Arbáa. Allí aguardaron tres semanas, sitiados, esperando a que mejorara el tiempo y soportando continuos ataques. Allí fue herido el general Federico Berenguer. Faltaban suministros, adiestramiento y moral. Parte del equipo tuvo que ser abandonado. A mediados de diciembre se habían abandonado ciento ochenta puestos. Los bereberes de la región atacaban a los españoles en retirada para obtener botín, igual que había pasado en Annual. La carretera de Xauen a Tetuán es de 65 km muy accidentados, entre barrancos y hondonadas ideales para un combate de guerrillas. Se sufrió mucho para mantener la carretera abierta, así como las columnas que por los flancos protegían la evacuación de las guarniciones más alejadas. En Wad Nakhla, tres vehículos blindados con catorce soldados españoles se quedaron a cubrir la retirada. Aguantaron durante tres días dentro de los vehículos, sin comida, sin agua y sin esperanzas de rescate. Se rindieron al quedarse sin municiones, cuando sólo cuatro de ellos estaban ilesos, y dos 973 Woolman, D.: Abd el-Krim y la guerra del Rif, p. 154. 513 gravemente heridos. En atención a su extremo valor se les perdonó la vida y fueron canjeados. Pero la mayoría de prisioneros fueron pasados a cuchillo. El 13 de diciembre, en Tetuán, Primo arengó a las derrengadas tropas: “Entráis triunfantes en Tetuán. Bravo, señores generales, jefes, oficiales, soldados”. Se contaba la anécdota del soldado que al desembarcar en Málaga gritó “¡Viva el mar!”, y al ser preguntado, respondió que “Si no fuera por él, ya estarían los moros en la bahía de Vizcaya”. La retirada de Xauen estuvo a punto de degenerar en desastre por exceso de pánico e incompetencia. Para el general Ignacio Despujol, los rifeños obtenían éxito en sus ataques por sorpresa “debido mucho más a la incapacidad o negligencia nuestra que a la inteligencia del enemigo. Muy a menudo los soldados avanzaban en orden cerrado, medio dormidos, con las orejas tapadas por el cuello de sus capotes y sin tener 974 preparadas las armas” . Aún no se había asimilado que había que avanzar en orden abierto con los flancos protegidos y con las armas preparadas. Falta la instrucción para "nuestros soldados que son tan obedientes, tan pacientes, tan disciplinados, tan honrados, pero tan confiados y tan inexpertos". Las tropas, decía Despujol, debían ser instruidas, acostumbradas a montar guardia, e inspeccionadas a minuto. 975 Las bajas fueron numerosas, pero según Gómez-Jordana Souza, necesarias . Se pudieron repatriar 23.000 soldados, y se paralizó en buena medida la ofensiva de Abd el-Krim. Primo de Rivera regresó a la Península el 19 de enero de 1925. 3.6.3.- La caída de El Raisuni. La retirada española tuvo una víctima: El Raisuni. La caída o abandono de 976 posiciones dio a Abd el-Krim gran cantidad de armas y municiones . Los bombardeos no impidieron el avance de Abd el-Krim sobre Ceuta, cortando las comunicaciones con Tánger y Tetuán y bombardeando esta última con artillería. Las tribus de Anjera y Hauz 974 Payne, S.: Los militares… p. 224. 975 Gómez-Jordana Souza, La tramoya… p. 71-72; afirma que no hay datos para cuantificar las bajas. Como se analiza más adelante, la retirada costó unos 1.500 muertos, 600 desaparecidos y unos 6.000 heridos, según cálculos de Payne, S.G., Ejército y sociedad en la España Liberal, p. 298. Los detractores de Primo de Rivera criticaron mucho la maniobra: ya conocemos la opinión de Queipo; para Cordón fue una “operación desastrosa”, Cordón, A., Trayectoria. Recuerdos de un artillero, 1971, p.140 976 Goded, M.: Marruecos, las etapas de la pacificación, p. 66: “Hasta el año 1924 el ebnemigo no tuvo cañones ni artillería (…). A partir de 1924 y 1925, a consecuencia del gran número de elementos de guerra cogidos por el enemigo en las posiciones españolas y francesas que cayeron en su poder, y como consecuencia de la organización militar impuesta por Abd-el-Krim a sus guerreros, se lucha contra un enemigo bien armado, provisto de artillería, que llega a tirar organizada en baterías de dos y cuatro piezas con enlaces telefónicos, que cava trincheras y se sujeta más por ello al terreno y que combate con un embrión de organización en profundidad” 514 se sublevaron contra España y el Majzen en diciembre de 1924 y contra ellos se envió desde Ceuta a Franco, y por el norte desde Tetuán a Saro. No fueron dominados hasta abril de 1925, estableciéndose una línea de blocaos desde El Borrj hasta Punta Altares, en el estrecho de Gibraltar. España mantenía su alianza con El Raisuni, ahora alojado en Tazrut, y le había invitado a refugiarse en Tetuán. Abd el-Krim había intentado que El Raisuni le reconociera como superior, sin conseguirlo. Ahmed Jeriro, al frente de 1.200 yebalíes y 600 rifeños de Beni Urriaguel y Temsaman, con cuatro ametralladoras y con una reserva de 2.500 gomaríes, asaltaron Tazrut en la noche del 25 de enero de 1925. Raisuni pidió a los españoles que atacaran a los asediantes desde el aire con gases y no con bombas, para que no dañaran su palacio. En febrero de 1925, Ahmed Jeriro capturó a Raisuni, que se había negado a huir. Si Mohamed n-Si Hamid nj-Mqaddin de Temsaman, fue el primero en entrar en la casa palacio de El Raisuni. Parte importante de los hombres de El Raisuni le traicionaron en el último momento. El Raisuni, enfermo de hidropesía, fue trasladado a Axdir en un viaje de siete días, metido en una caja, portada por dieciséis hombres. De allí pasó a Targuist, donde fue encerrado. En una mazmorra, donde falleció en abril. Otras fuentes afirman que murió en Tamasint. En Tazrut fue capturado también el caíd de Jebel Habib, quien se pasó con su tribu a Abd el-Krim. El botín de Tazrut fue respetable: 100.000 Máusers españoles, con municiones y equipo, caballos, sillas de montar, libros y dinero español. Las cabilas de Raisuni se unieron a Abd el-Krim La caída de El Raisuni y su prisión por Abd el-Krim provocó inquietud, por lo que suponía políticamente en el Protectorado. Ya la derrota que había sufrido el Cherif a manos de los españoles había debilitado su prestigio, y muchos musulmanes vieron en ello la pérdida del favor divino que hasta entonces le suponían. A eso se unía el descontento por su gobierno despótico, y la fama de Abd el-Krim. El lugarteniente de El Raisuni, Ahmed Jeriro, le había abandonado cuando su señor adjudicó el caidato de Beni Hozmar a Hertiti. Mientras España mantuvo el dominio de la zona, nada pasó; pero al cumplirse las órdenes de repliegue dadas por el general Primo de Rivera, el poder de El Raisuni se desmoronó. El hermano de Abd el-Krim, M’hammed, ocupó con su Mehal-la Teguesut, Xauen y el Ajmás; Beni Hassan y Beni Lait ocuparon Beni Aros; Uadrás y Beni Hozmar se rebelaron contra el Cherif en Beni Ider. La marcha de Jeriro se vio así facilitada, y a su paso los aduares realizaban actos de sumisión con los 515 preceptivos sacrificios. No obstante, los yebalíes no estaban abiertamente dispuestos a 977 aceptar el gobierno de los rifeños . El caíd de Beni Latí, que odiaba a El Raisuni, no entregó a éste el ultimátum de Abd el-Krim antes del asalto final; al descubrirse, fue fusilado. 3.6.4.- Balance de la retirada. El 10 de diciembre se completó la evacuación. Los españoles se situaron tras la línea Ceuta-Tetuán-Tánger-Larache, se calcula que a costa de 2.000 vidas, 190 de ellas oficiales, entre ellos un general, Serrano. Payne presenta las cifras más ajustadas: unos 978 1.500 muertos, 500 desaparecidos y unos 6.000 heridos . Pero para otros historiadores, que siguen a periodistas de la época, como Balfour, entre agosto y octubre, se calcula que las bajas ascendieron a entre 12.800 y 18.000 hombres, incluyendo enfermos, y unos 3.000 prisioneros. Madariaga aplica la fórmula de calcular veinte soldados por cada oficial herido, y como fueron 600 los oficiales en este estado, se arroja una cifra de 979 16.000 soldados heridos . El periodista norteamericano Vincent Sheean calculó ver en Xeruta unos 600 cadáveres de soldados españoles. El enorme número de bajas de la maniobra obligó a Primo de Rivera a dar explicaciones y prometer venganza. Se habían evacuado cuatrocientos puestos desperdigados. La Línea Estella se componía de blocaos, separados entre sí unos cuatrocientos metros unos de otros, situados en terreno dominante y dotados de potentes focos. Entre los blocaos, sobre todo cerca de Tánger, se montaron campos de minas. Se estableció un bloqueo naval para cortar los suministros a Abd el-Krim. El ejército comenzó a confiar en los planes del Dictador. El coste en vidas y armamento sin duda persuadió a Primo de Rivera que la estrategia de retirada había sido demasiado onerosa, y no realizó el movimiento paralelo en la zona oriental. Allí, por el contrario, el general José Sanjurjo impondría una postura de conservar las líneas en una defensa activa que se revelaría muy exitosa, con fuerzas adaptadas al terreno, como la Harka Varela, de la cual hablaremos después. Como muestra de las críticas realizadas a la maniobra de Primo de Rivera, está esta carta que recibió el comandante Varela cuando estaba al frente de su Harka. En ese momento, Varela se reafirmaba en sus posturas y creencias estratégicas, contrarias a las 977 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 43-44, El Telegrama del Rif, Melilla, 14 de febrero de 1925, y Heraldo de San Fernando, 21 de febrero de 1925, “La caída del Raisuni. Algunas consideraciones”, texto de Emilio L. López. 978 Payne, S.G., Ejército y sociedad en la España liberal, p. 298. 979 Madariaga, Mª R., En el Barranco del Lobo, p. 343. 516 de Primo de Rivera. El 20 de noviembre de 1924, Varela escribió a su madre: “Cada 980 vez me siento más africanista, en el sentido honrado de la palabra” . En diciembre de 1924, el general Dámaso Berenguer escribió una nota a Varela para agradecerle la felicitación por su onomástica. Varela, al parecer, le había escrito lamentándose de la postura abandonista de Primo de Rivera, y Berenguer, desde Fuente de Guadalupe, le contestó: “Los términos en que V. se expresa son los que corresponden a su valor y a su patriotismo, ya puede V. figurarse que yo sufro las mismas amarguras, ellas me han traído aquí. Desgraciadamente todo se derrumba sin que la mayoría se dé cuenta de la trascendencia de lo que está pasando.(…) Vd. que tenga mucha suerte en el cumplimiento de su triste deber es lo que le deseo. Hace pocos días murió en Tien-Lau el tte. Vila, hijo de un íntimo compañero mío; su cadáver quedó en poder del enemigo. Yo le agradecería mucho todo lo que hiciera por rescatarlo y proporcionar un consuelo a su pobre padre. Muchas felicidades le deseo en las Pascuas, Amigo Varela; mi espíritu está siempre con Vd., que es lo único que puedo ofrecerle ahora, pero tampoco me resigno aunque tasque el freno en la impotencia de mi rebeldía. Reciba V. un fuerte abrazo de su buen 981 amigo y comp. Dámaso Berenguer” . La carta es reveladora de la oposición del general Berenguer a la maniobra de abandono de Primo de Rivera, y además demuestra la confianza que tenía con Varela, y la influencia que sabía que tenía entre los marroquíes. Woolman destaca como, aparte de los españoles, los sucesos de Marruecos eran poco conocidos en Europa, excepto para algunos periodistas y viajeros. La derrota de los cabileños era en realidad muy difícil, pero en Europa no se entendía que España fuera derrotada por guerrilleros inferiores en número y armamento, harapientos y famélicos, que Abd el-Krim llevara la iniciativa de los ataques y consiguiera algunos 982 éxitos menores . El periodista Boyd Cable, del London Daily Chronicle, explicó que los rifeños seguían empeñados en romper las líneas españolas. Cable explicaba que las tropas españolas tenían material, cañones, armamento y moral; que la disciplina había mejorado mucho y que los oficiales ya no tenían que pegar a los soldados; parte del problema estaba en que esos soldados no entendían qué estaban haciendo en Marruecos. Boyd Cable visitó un campamento español, pero nunca estuvo en un combate. En realidad, los soldados españoles comían mal, y no se aprovechaban las victorias. Un 980 ACGJEVI, Carpeta 167, fol 350. 981 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 272-273, carta manuscrita con membrete del Senado y fecha 13 de diciembre de 1924. 982 Woolman, D.: Abd el-Krim y la guerra del Rif, p. 157. 517 soldado de la Legión cobraba dos pesetas diarias y un bono de ochenta pesetas al año, pero se le descontaba una peseta diaria por la comida. En 1922, el gobierno de Londres prohibió a sus ciudadanos alistarse en la Legión española. Primo de Rivera temía la influencia de los agentes mineros en el Rif, porque suministraban fondos a Abd el-Krim a cambio de las concesiones. Gomara y Yebala se habían unido a la rebelión, y ésta se encontraba en su apogeo. El escritor americano Vincent Sheean recorrió el Rif en esas fechas junto a los rebeldes, entrevistó a los hermanos Abd el-Krim, fue testigo de ataques a Xauen, y acompañado a una harka cruzó la Línea Estella y entró en Tánger. Con todas estas tribulaciones, el Ejército español se había convertido en una máquina de guerra eficaz, mejorando su armamento, instrucción y coordinación. Las tropas de reemplazo eran utilizadas en labores de segunda fila, empleando a los profesionales, Legión y Regulares, como tropas de choque eficaces. La cuestión de las recompensas seguía candente. En una carta al general Gómez-Jordana Souza, escrita el 29 de mayo de 1925, Primo de Rivera afirmaba: “Las bases del reglamento de recompensas han sido muy bien recibidas, y todo el mundo reconoce que es un progreso en materia de aquilatar las distinciones y señalar la recompensa correspondiente. Por el nuevo procedimiento, y en un período tan movido y sangriento como el de estas operaciones, podrá salir un centenar o más de empleos y un par de centenares de Cristinas y el doble de rojas (…) y las acordadas de concesión se podrán ver por todos, incluso por los ausentes, tan propicios a encontrar excesiva toda recompensa, olvidando que la 983 cifra de los que perdieron la vida o la utilidad es bien crecida” El 20 de febrero de 1925, el Majzen Cherifiano publicó una proclama ofreciendo la amnistía y el perdón a todos aquellos que abandonaran la rebelión y a Abd el-Krim, y se llamaba a prestar a “la Nación protectora, la Poderosa, su ayuda en hombres y demás elementos de guerra, pues está dispuesta a someter a todos aquellos que desobedecen las órdenes emanadas de Dios, su Profeta y Autoridades, y a prestar en cambio auxilio a los que obedecen a Dios, su Profeta y Autoridades, para que sean 984 felices y dichosos” . El texto, pese a apelar a la intensa religiosidad musulmana y establecer claramente que Abd el-Krim era un rebelde a la autoridad del Sultán y del Majzen, no tuvo demasiado éxito. 983 Armiñán, J.M. y L., Francia, el Dictador y el Moro, p. 206. 984 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 48, texto impreso. 518 El plan de Primo de Rivera de obtener la pacificación con retiradas y negociaciones pareció que había fracasado. Entonces, comenzó a imponerse la solución militarista, atacar el Rif en su propio corazón con un desembarco en Alhucemas. Primo 985 temía que la pretendida República del Rif se convirtiera en un foco comunista o que fuera utilizada por Francia, posibilidad que también incomodaba a Gran Bretaña. En marzo de 1925, un desembarco realizado en Alcazarseguer, entre Ceuta y Tánger, demostró la viabilidad de la maniobra anfibia, al sorprender a los Anjera. No obstante, Primo siguió insistiendo en llegar a un acuerdo negociado con Abd el-Krim, engañado por las palabras de éste. A finales de marzo, Primo escribió al contralmirante Magaz que el acuerdo estaba próximo. El 4 de junio de 1925, Primo de Rivera escribió a Sanjurjo explicándole las conversaciones preliminares con los franceses, y en ellas aún se planteaba llegar a un acuerdo con Abd el-Krim, que sería nombrado gran Caíd del Rif si aceptaba la soberanía del Sultán y del Jalifa, con territorio bajo su gobierno en ambos protectorados; el dictador expresaba su temor de que Abd el-Krim formara un “estadito independiente” que sirviera de base a comunistas o alemanes, y anunciaba que iba a 986 enviar al negociante Horacio Echevarrieta . En efecto, ese mismo mes Primo de Rivera envió a Abd el-Krim a Echevarrieta, ofreciendo dinero y comida a cambio de permitir el establecimiento de los españoles en Alhucemas y la liberación de los prisioneros. Echevarrieta también ofreció concesiones mineras y comerciales, a cambio del sometimiento de los rifeños y la liberación de los prisioneros. Pero Abd el-Krim rechazó todo ofrecimiento. 3.7.- Las misiones de vuelo del comandante Varela en el sector oriental. En agosto de 1924, Varela participó en nuevas misiones, con aviones Potez, y con el capitán Ortiz Echagüe, como bombardeos en Afrau. El día 7 de agosto salió en misión con el piloto teniente Reina para proteger el avance de la Harka del Cherif Abd el-Malek sobre Midar; tuvo que regresar el avión al aeródromo para recargar bombas, aterrizó en Drius, y ya reaprovisionado despegó de nuevo y bombardeó protegiendo la retirada de la Harka, regresando a la base. La aviación pasó a proteger las columnas 985 Tras el desastre de Annual, los dirigentes comunistas franceses Sémard y Doriot enviaron un mensaje de apoyo a Abd el-Krim, instándole a que “tras la victoria definitiva sobre el imperialismo español, continúe, en alianza con el proletariado francés y europeo, la lucha contra todos los imperialistas, franceses incluso, hasta la liberación completa del suelo marroquí”. Abd el-Krim difundió este mensaje entre las cabilas rifeñas. Seco Serrano, C., Alfonso XIII y la crisis de la Restauración, Ariel, Barcelona, 1969, p. 139, nota 13. 986 Armiñán, J.M. y L., Francia, el Dictador y el Moro, p. 208-212. 519 987 desde el aire con apoyo de ametralladoras y bombas . Varela prestó continuamente servicios en esos días. Nuevos bombardeos en los días 17 y el 18 en Afrau y, protegiendo con bombas y fuego de ametralladoras desde el aire el avance de las columnas que intentaban romper el cerco que los rifeños mantenían sobre la posición, 988 extendido hasta el vecino reducto de Tifisuín ; y el 22, en Bocoya; el 30 de agosto realizó un vuelo de clase. El 2 de septiembre voló con el capitán Ortiz con el Breguet blindado en un vuelo de prueba. El día 4 de septiembre, en un Bristol 24, Varela realizó su primer vuelo como piloto. Siguió realizando vuelos como observador todo el mes de septiembre, con bombardeos en Azib de Midar, Annual, Tahuarda, las trincheras de Dar Mizzian, las cuevas del alto Kert… El día 5 realizó un bombardeo en Aid Kamara “con bombas de gases y trilita”, y el día 11, poblados de Azib de Midar “con trilita”; son las 989 únicas referencias que encontramos sobre la naturaleza de los bombardeos . Obtuvo la titulación de observador de aeroplano con antigüedad del 19 de agosto de 1924, firmando su carnet el general Director de la Aeronáutica Militar, Joaquín Nieves, con el 990 número 269 . La situación tenía tintes dramáticos para las posiciones de extrema vanguardia. En septiembre, Buharrax quedó cercado, y se envió un resignado y triste mensaje a la Aviación, que demuestra que los combates mantenían la línea del frente: “Lleva este sector más de 20 días asediado tenemos rancho frío para 8 días sin agua. Hemos llegado al punto en que no tenemos pan, agua ni vinagre, estamos sin nada, lo que vosotros arrojáis no es culpa vuestra pero es insignificante para todos. Hemos hecho números para desalojar enemigo, hemos intentado llegar aguada, está lejos y destruida sin lograr aproximarnos causa bajas. Hoy salimos a la desesperada porque no nos queda ni para los enfermos, apoderarnos de un charco que costó 30 bajas, sin saber de un teniente y de otro que quedó muerto en campo, la gente no se puede mantener en pie, ni tienen fuerzas para llevar fusil, habiéndonos visto muy apurados en la retirada hasta punto de haber peligrado se metiera enemigo dentro posición. Ahora es tarde ya, gente no ha probado bocado, cuarta parte ración que es todo lo que queda no pueden pasarlo quince hombres que son los que se mantienen en pie el resto son muertos o heridos y extenuados que no levantan cabeza del suelo. Parece visto tener que sucumbir para dejar salvo honor, ¡A nuestros buenos compañeros los aviadores nos dirigimos, a vosotros que tanto habéis agradecido el insignificante esfuerzo que hicimos para salvar a los dos vuestros, 987 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 174 988 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 282: “Relación jurada de los servicios prestados por el comandante de Infantería Excmo. Señor Don José Varela Iglesias”, texto mecanografiado. La operación sobre Afrau tuvo lugar los días 16 y 17. 989 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 175-176 990 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 168-169-170. 520 quedamos agradecidos por lo que hagan, por nosotros, que nuestro espíritu se conservó hasta última hora estos 400 españoles no contando a los oficiales que 991 supimos cumplir con su deber . La posición de Buharrax resistió hasta ser evacuados sus ocupantes a Tetuán, junto con los de los blocaos Serrama y Gallego, en octubre de 1924. Llegaron a Tetuán tres capitales, ocho subalternos, trescientos siete soldados europeos, dos caídes y 992 veintisiete indígenas . Varela prosiguió sus misiones de vuelo. El 23 de septiembre salió de la base de Mar Chica, en Melilla, en hidro, como observador en comisión de servicio a la Plaza de Larache, pasando por Ceuta, donde tomó aguas en 29, y regresó a Melilla el 30. El día 6 de octubre, el Comandante General de Melilla, general Sanjurjo Sacanell, le ordenó tomar el mando de la Harka de Abd el-Malek, por la muerte del Cherif y del comandante Valdés. 3.8.- El Estado del Rif. 3.8.1.- El Gobierno del Estado del Rif. Los hermanos Abd el Krim confiaban en la victoria cercana. La retirada española en la zona occidental les persuadió de que era muy factible expulsar a España de todo el Protectorado, y se envalentonaron. En enero de 1925, Abd el Krim estaba invicto, había formado un gobierno, se había autoproclamado jefe del Estado Rifeño o Príncipe del Rif, se le llamaba “Sidna” (“nuestro señor”), y era de hecho un dictador. Se sabía admirado y odiado por los rifeños. Sufrió varios atentados, por lo que se mostraba poco y vivía casi siempre escondido. Formó un grupo de colaboradores, los imgaren, consejeros: Mulay Abdesalam El-Khattabi, tío suyo, ministro de Finanzas; Ahmed Budra, ministro de la Guerra; Mohamed Azerkan, cuñado de Abd el-Krim, y ministro de Asuntos Exteriores; Mohamed n-Amar, de Temsaman, ineficaz ministro de Industria; Shaik el-Yazid, ministro de Interior y encargado de mantener la unidad de las tribus; Mohamed Bu Jibar, inspector general, experto en política francesa y española; Mohamed Wuld Hadj Cheddi, segundo de Azerkan, de 25 años; Mohamed Muhammadi, también cuñado de Abd el Krim, primer secretario; “Severa” de Bucoya, ministro de Marina y jefe de la flota de pequeños botes; Hassan ben Abd el-Aziz, 991 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 190-191, Telegrama de Buharrax a Aviación, 21 de septiembre de 1924, recibido a las 17:40, del Jefe Sector al Jefe de Aviación (Aeródromo). Manuscrito. 992 ABC, 12 de octubre de 1924, “La acción de España en Marruecos, Han sido evacuadas las posiciones de Buharrax, Serrama y Gallego, llegando sus guarniciones a Tetán”, p. 13. 521 argelino, segundo secretario y hombre de la confianza de Azerkan, y de Bu Jibar; M’hamed Abd el Krim, comandante en jefe del Ejército. La gran mayoría de estos hombres eran jóvenes, menores de cuarenta años. Otras figuras relevantes del régimen rifeño fueron el caíd Hadidan, jefe de la guardia personal de Abd el-Krim; Mohamed Amgar, jefe de protocolo; el caíd Seddik, secretario personal de Abd el-Krim; Hamon Ben Hadj, jefe de gabinete de Bu Jibar; Abd el-Krim Haddu n-Si Ziyan, jefe del Estado Mayor del Ejército; Abd el-Krim Hadj Ali Loh era el agente político en Tánger, que acabó pasándose a los españoles y fue bajá de Villa Sanjurjo, en la bahía de Alhucemas; Haddu el-Kahal, de Bucoya, fue el intermediario con los franceses; Mohamed Gomari, jefe de compras de municiones para el Rif, el caíd Hammush, encargado de prisiones. La mayoría de estos hombres eran de las tribus de Beni Urriaguel, y de Axdir. Esto molestó a los Temsaman, Bucoya y Beni Tuzin. Los Ahmas, y uno o dos tribus más del área de Xauen, se negaron a servir a Abd el-Krim, por lo que éste ordenó el asesinato de cuarenta y una personas de estas tribus como advertencia. Algunos jefes fueron envenenados, otros encerrados en prisión y muertos de hambre y privaciones. Se incendiaban casas y cultivos como represalia y para asegurar la fidelidad a la rebelión. Otros caídes fueron cegados con hierros candentes, o rociados de gasolina y quemados vivos, o se les cortaron los genitales, todo para mantener la unidad de lucha frente a los españoles. Abd el-Krim utilizaba o ignoraba el sistema lif en función de sus intereses. Cuando dos jefes lif se negaron a reconciliarse, Abd el-Krim los nombró a ambos caíd el-Miyá, ambos de la misma categoría. Cuando la guerra se alargó, algunas tribus intentaron abandonar la coalición rebelde, y Abd el-Krim reaccionó con violencia. Se cuenta que en una ocasión mató a un mecánico suizo y a su ayudante porque no podían reparar el avión con el que el rifeño pensaba bombardear Melilla. Los que colaboraban con españoles eran asesinados; ordenó envenenar a Biqqish, amgar de Gueznaya, por esta razón. Abd Sra. N-Sidi Hamid Bu Rjila, y Hammu nj Adj Aisa, junto a otros cinco hombres, fueron lapidados con la misma acusación en el mercado dominical de Thisan. 993 El caíd Aqqa, de Beni G’mil pudo escapar con vida . Algunos santos o morabitos apoyaron a Abd el-Krim, pero luego se volvieron contra él: El Raisuni, o Abderramán Darkawi, entre otros. Sabiendo de su influencia, Abd el-Krim decidió desacreditarlos y minar su poder e influencia. Otros, los bajás de 993 Woolman, D.: Abd el-Krim y la guerra del Rif, p. 164. 522 Beni Hamid, Beni Ammart y Gomara, o los caídes de Beni Smih o Beni Akhamlish fueron recompensados por su colaboración. 3.8.2.- El Ejército del Estado del Rif A principios de 1925, el ejército rifeño tendría unos 80.000 hombres, según estimaciones de Goded, cifra que algunos autores incrementaban hasta 120.000, pero mal armados. El grupo numérico menos importante pero más aguerrido era el de los Beni Urriaguel, seguido por los Gueznaya y los Beni Ammart. Bucoya y Gueznaya aportaron a la rebelión cada tribu unos 5.000 hombres. Cada tribu tenía su propia milicia, organizada por sus bajás y caídes, éstos a su vez nombrados por Abd el-Krim. Cada hombre prestaba una media de una semana al mes servicio de lucha, a veces algunos días más, hasta un máximo de quince días. El resto del tiempo volvía a su cabila a trabar. Los participantes en los combates solían ser gente de los pueblos cercanos. Los jefes y oficiales del ejército rifeño se llamaban caídes o caídes kebir (grande); una división era una mejala; un tabor se componía de tres o cuatro mías. [la organización era calcada de los Regulares que servían a España]. Un kebir mejala equivaldría a un general de brigada europeo; un caíd de tabor, un coronel o comandante; un caíd de mía era jefe de cien hombres; un caíd de hamsain, de cincuenta; un hamsain- u-ashreen dirigía a veinticinco hombres, y un t’nash, a doce. Los grados se distinguían con insignias. El caíd de tabor lucía tres cordones rojos alrededor del turbante, y cobraba doscientas pesetas mensuales. Un caíd de mía lucía dos cordones y ganaba ciento veinte pesetas. Generales importantes del ejército rifeño fueron Haddu n-Muh Amzzyan, de Beni Urriaguel, comandante de Kifan, al sureste del Rif central; Mohamed Cheddi, también ministro de Asuntos Exteriores; Ahmed Heriro, de Beni Hosma, del Yebala; Sabih el-Yacubí, de Temsaman, comandante del frente oriental; Sabih n-Muh, de Temsaman, que gobernaba al norte del río Werga; el caíd Buhut, desertor de los Regulares, jefe de adiestramiento de los rifeños y que obtuvo resultados notables en su labor. Los éxitos rifeños hicieron pensar que habían europeos actuando como instructores y mercenarios, y aunque los hubo, fueron muy pocos y poco importantes. [En realidad, muchos combatientes rifeños tenían instrucción militar adquirida en su servicio en los Regulares españoles]. Algunos de estos europeos eran desertores españoles o franceses, pero no faltaron los aventureros como Otto Noja, un alemán 523 especialista en comunicaciones telefónicas; un capitán serbio que dirigía la artillería; Walter Heintgent, un médico noruego; pero su influencia en la toma de decisiones era mínima. El alemán Joseph Klemms fue uno de los más famosos, e inspiró una novela de P.C. Wren. Hijo de un rico marchante de vinos de Düsseldorf, Klemms abandonó la casa de su padre tras falsificar unos cheques de su progenitor, en pos de una cantante a la que siguió hasta París. Tras convertirse sucesivamente en traficante de alfombras en Oriente, espía de Alemania en Marruecos, actuando como agente doble, vividor en la Riviera y Turquía, desertó del ejército alemán en 1913 y se enroló como legionario en la Legión Extranjera Francesa, combatiendo con ella en la Primera Guerra Mundial y alcanzando el grado de sargento. En 1922 fue degradado, a su juicio injustamente, por lo que desertó, se refugió e integró con los Beni Warain, abrazó el Islam y se casó con varias muchachas bereberes. Aprendió los dialectos rifeños y sus costumbres, y encabezó harkas contra Francia. Antes de atacar los puestos franceses, en la zona de Fez y Taza, se infiltraba en ellos vestido con su viejo uniforme legionario, para descubrir sus puntos débiles. Con un alfiler clavaba papelitos en la frente de sus víctimas, a modo de firma de sus crímenes, con las palabras "el Hadj alemán" (Hadj o Hach, es el título del musulmán que ha peregrinado a La Meca). En 1923 ó 1924 se ofreció a Abd el-Krim, como oficial de comunicaciones, instructor de artillería y cartógrafo. Sus mapas fueron de decisiva importancia en el duro hostigamiento sometido a los españoles en la retirada de Xauen. Durante la ofensiva contra Francia redactaba octavillas en alemán incitando a desertar a sus compatriotas alistados en la Legión Francesa, con éxito en alguna ocasión. El final de Klemms, tras la derrota de los rifeños, estuvo a la altura del resto de su historia. Denunciado ante los franceses por una muchacha despechada en Mekn'es, eludió la 994 pena de muerte, y enviado a la prisión de la Guayana . El ejército rifeño contaba con infantería y artillería. La caballería era simbólica, sólo se contaba con la de los Metalza y la del Beni Bu Yahi, un escuadrón de veinticinco jinetes, que actuaban sobre todo de mensajeros. Abd el-Krim compró tres aviones, sobre todo por prestigio, que llegaron desde Argelia, y tres automóviles, un Ford, un Renault y un Turcat-Méry, que tampoco se utilizaron. 994 http://likebook.ru/books/view/109756/?page=10; “Modern Romance of the Foreign Legion”, por Hay, Lady Drummond: The Mail , 24 May 1930, http://trove.nla.gov.au/ndp/del/article/63658241 524 Abd el-Krim ordenó ahorrar todas las armas y municiones posibles, comprando a los rifeños los cartuchos que encontraban, En enero de 1925, los rifeños tenían Máusers, viejos Remington, Chassepots, Grass, Saint-Etiennes, incluso Lebels de 1886, así como Bu Hafras del ejército del Sultán. Se desmontaban las bombas españolas de 200 kg y con ellas se hacían, de cada una, cuatrocientas cincuenta granadas. La tribu de los Taghzat se convirtió en una experta en esta tarea. Los rebeldes disponían de unos doscientos cañones Schneider de 155 mm, 75 mm y 65 mm, capturados a los españoles. Los instructores eran el citado capitán serbio, un desertor del ejército del Sultán llamado Bomoz, y Mohamed Barnusi, “el hombre del cañón victorioso”, que había estado en el ejército de Abd el-Aziz. La artillería rifeña se acercaba mucho al objetivo. Un artillero rifeño cobraba al mes 11’50 dólares o 77’5 riffians (moneda del Estado Rifeño, equivalente a pesetas), y un ametrallador, 2’50 dólares o 17’5 riffians. Las municiones se almacenaban en cuevas en Xauen, Targuist y Axdir. Se instaló un sistema telegráfico bajo la dirección de M’hamed Abd el-Krim y un prisionero español de nombre Antonio. Los desertores de los Regulares españoles pasados a Abd el Krim conocían mucho de construcción de reductos y trincheras, aprendido en su servicio a España. Los rifeños tenían mucha puntería. Un infante rifeño cobraba dos riffians o pesetas diarias. Se acuñaron billetes del Estado del Rif, pero los propios rifeños preferían que se les pagara en moneda española. La disciplina era muy estricta, y la obediencia ciega; la implantación de ambas premisas es uno de los grandes éxitos de Abd el-Krim. El uniforme era mínimo: los artilleros usaban un turbante de lana negra, los miembros del Gabinete y de la Guardia, verde. La bandera del Rif era roja, con un rombo blanco en el centro, y en él una media luna creciente y una estrella de seis puntas verdes. Los rebeldes rifeños eran valientes, sufridos, de gran resistencia, capaces de cubrir 50 km en una noche caminando por senderos agrestes. Cada hombre llevaba un fusil, una daga, cartuchos, pan y fruta. Dormían en el suelo cubriéndose la cabeza con la chilaba. Estaban llenos de fe y fanatismo. Afirmaban que era mejor morir rápidamente en combate, que vivir lentamente bajo yugo extranjero; que según el Corán la muerte en batalla representaba entrar al Paraíso. Para rendir los blocaos, M’hamed intentaba asaltarlos acercándose sigilosamente. Si este sistema fallaba, se les intentaba rendir por hambre o cuando se les agotaran las municiones. Pero tras el Desastre de Annual, los españoles aprendieron la 525 lección y mejoraron mucho sus blocaos, y poco a poco, fueron recuperando la iniciativa en la guerra. Los rifeños nunca plantearon batalla en grandes formaciones, sólo realizaban emboscadas. Pese a la Línea Estella y los bloqueos navales, los suministros para Abd el-Krim seguían llegando vía Tánger. Abd el Krim obtuvo fondos estableciendo un impuesto sobre los zocos, así como donaciones de empresas europeas interesadas en la rebelión, sobre todo alemanes, así como consorcios comerciales europeos interesados en la 995 explotación minera y comercial del Rif . 3.8.3.- La República del Rif. Abd el-Krim fue entrevistado por periodistas extranjeros: Vincent Sheean, Paul Scout, Mowrer… A ellos explicó que su movimiento era nacionalista y no panislámico, y que deseaba la reconciliación con España, pero que ésta debía abandonar el territorio marroquí y retirarse a sus plazas de soberanía, Ceuta y Melilla. Abd el-Krim estableció un gobierno, el Jummrhika Rifiya (“República del Rif”), que otros, como Hart, denominan Jibha Rifiya (“Frente Rifeño”), que tenía un carácter provisional hasta el fin de la guerra. Abd el Krim pretendía fundar un estado moderno, basado en los principios del Corán pero incorporando los avances científicos y tecnológicos europeos. Pero la rebelión del Rif afectaba al propio estado marroquí, al Blad el-Majzen. Abd el-Krim estaba creando un Estado diferente e independiente, con un gobierno centralizado, un ejército y una administración, mientras que aumentaba su territorio ocupando el abandonado por los españoles, mantenía controladas a las tribus, y evitaba los enfrentamientos con los franceses. Pero el enfrentamiento con Francia era inevitable, porque la partición de 1912 dividía a los Metalza y a los Beni Bu Yahi entre ambos Protectorados. Abd el Krim reclamó el dinero entregado por el Sultán a los españoles en 1860 para obtener su retirada de Tetuán, bajo la excusa de que España ocupaba Tetuán. Walter Harris, corresponsal del London Times en Tánger, quiso hacerle entender a Abd el-Krim que era un peón en manos de los intereses comerciales europeos, y que la lucha con España, un país mucho más grande y moderno, era desigual. Pero Abd el Krim estaba convencido de que España estaba agotada. 995 Wollman, D.: Abd el-Krim y la guerra del Rif, p. 173. 526 996 3.9.- Un nuevo modelo de combate: la Harka Varela . 3.9.1- El comandante Varela asume el mando de la Harka de Abd el-Malek. A sus 30 años, Varela ya era capitán de Regulares, y tenía grandes honores. Seguía bajo el influjo de su superior y amigo González Carrasco: “Yo creo que en año 1915, si no fue antes, vino Varela destinado al Primer Tabor de Regulares de Larache nº 4, que yo mandaba; a poco de llegar le nombré Ayudante del Tabor y a mi lado permaneció hasta el 18 que yo ascendí a Teniente Coronel y marché a España, y a los pocos meses regresé para mandar otra vez el Grupo y como Varela seguía de Teniente, le nombré Secretario mío, y a Delgado, que era capitán, le nombré Ayudante. “Continuó conmigo, ascendió a Capitán y a Comandante, vivíamos juntos, pues yo estaba solo, ascendí a Coronel y seguí mandando el grupo y a finales del 22 me destinaron a Aviación, y como es natural tiré de Enrique y fue destinado también a Aviación. Después yo hice el despliegue de las posiciones en Larache y ascendí a General. Enrique estaba muy obligado con Sanjurjo, que le había dado el mando de la Harca que después llevó su nombre “HARCA VARELA” y por estas circunstancias no pudo venir de Ayudante mío; vino Delgado, y ya continuamos separados; él fue a mandar los Regulares de Ceuta y Melilla, 997 aunque operábamos juntos, no estaba a mis órdenes directas” El 7 de agosto de 1924 salió con el Grupo de Escuadrillas de Tahuima de madrugada. Su objetivo era proteger la Harka del Cherif Abd el-Malek, que había salido a atacar el poblado del Midar, y después replegarse hacia Ben Tieb. Harka significaba en árabe tanto expedición como contingente militar, formado temporalmente para asistir a una campaña, sobre todo en aquellas regiones del imperio marroquí exentas de formar parte de los ejércitos del Sultán. El julio de 1924 se creó una harka contra Abd el Krim, con los hombres del cherif Abdel Malek, de Gueznaya, en Beni Tuzin. La harka estaba dividida en varios grupos, cada uno de ellos integrado por hombres de la misma tribu, familia o yemaa, al mando de sus propios caídes. Esta organización daba a la Harka una gran fuerza guerrera, pero carecía de disciplina militar. La dirección táctica estaba encomendada a oficiales españoles, que distribuían también el armamento, la munición, víveres y animales. Esta fuerza se dotó de un grupo 996 Núñez, J., “La Harka Varela”, en revista Serga, nº 17 (mayo-junio 2002) y nº 20 (noviembre- diciembre 2002). 997 ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 196, “Notas facilitadas por el general González Carrasco” 527 de caballería procedente de Larache a las órdenes del teniente Ángel Hernández 998 Menor . Acabada la munición, la escuadrilla emprendió el regreso para recargar hacia el aeródromo, cuando se observó que la Harka se replegaba: el Cherif había caído en Tauriat Tiasagut, y se había roto la disciplina ante la desaparición del jefe. La Harka, hasta ese momento perseguidora, se transformó en perseguida y comenzó a replegarse precipitada y desordenadamente. Varela protegió la retirada, contemplando y pensando en el potencial bélico de las Harkas. Seguidamente, Varela optó por dirigirse a Drius para informar directamente al general Sanjurjo del fracaso de la operación. Allí, Varela, recibió, dice Pemán, "una orden original, una de esas improvisaciones de ingenio, tan 999 del estilo del gran general que mandaba con gorro y chaquetilla de pijama" : debía hacerse cargo de la Harka. Mientras se aprestaba una columna en socorro de la Harka, Varela entonces regresó en avión hasta la posición de aquella y volvió a bombardear y ametrallar a los rebeldes. Esa misma noche Varela, uniformado con su mono de aviador, se incorporó a la Harka y comenzó a dar órdenes, conteniendo al enemigo, evitando el desastre, y recuperando el cadáver del Cherif Abd el-Malek. El cuerpo del Cherif fue trasladado a la Zauia de Sidi Mohammed Harrach, cercana a Tetuán, y entregado a sus familiares. Varela estuvo al mando provisional de la Harka reorganizándola, y el 15 de agosto la trasladó hasta Drius, y después se reintegró a Tahuima. Por entonces, Ésa noche, Sanjurjo y Varela tuvieron una larga conversación en la Comandancia Militar, en la que el primero le ofreció al segundo el mando de la Harka. Varela sólo le exigió libertad para nombrar a sus oficiales, y provisión de dinero para confidentes y sobornos. De esta forma, Varela creaba una unidad moderna, en la que se englobaba el embrión de lo que luego se llamó “inteligencia militar”. De momento, se encargó del mando de la Harka al laureado comandante José Valdés Martel. Varela aún estuvo en la Aviación dos meses, en uno de sus vuelos contempló otra derrota de la Harka, en la que murió el comandante laureado Valdés, el 5 de octubre de 1924. Con la Harka se pretendía aprovechar las cualidades guerreras de los rifeños, además de ahorrar esfuerzos y penalidades a las tropas peninsulares, dada la resistencia a la guerra. Entre estas fuerzas indígenas, ya se había formado la Policía Indígena, los 998 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 107, “Historial de la ‘Harka Varela’”, por Rafael Fernández de Castro y Pedrera, cronista de Melilla. 999 Pemán, J.Mª: Un soldado en la Historia, p. 50. 528 Gums, las Idalas, las Mehal-las, y ahora, las Harkas. Frente a la influencia de los Beni Urriaguel, se buscó la del famoso Cherif Abd el-Malek Abd el-Kader, enemigo de Abd el-Krim. Era hijo del Emir Abd el-Kader, que había derrotado a los franceses en la batalla de Isly, en Argelia; era partidario de la independencia de Argelia, y por ello se encontraba refugiado en Melilla, en la zona española. Desde las montañas de Kifan, en la cabila de Gueznaía, apoyado por su hijo Hassan, Abd el-Malek comenzó a actuar proporcionándole España elementos montados de la Garbia (mogarbas occidentales), experimentados en la Guerra de Montaña. Abd el-Malek llegó a reunir a 1.443 combatientes agrupados en Yemaas, cada una al mando de un caíd, y añadiendo dos mías de caballería. Los grupos eran formados por vecinos o parientes entre sí, por lo que dan más conocidos por los nombres de sus cabilas. Si por un lado esto facilitaba las operaciones, también por otro se corría el peligro de las deserciones. Los miembros de la Harka tenían valor, pero carecían de disciplina militar. El mando táctico fue asumido por oficiales europeos, de los cuales el principal era el comandante José Valdés Martell, que murió en combate. Pero en su primera operación importante, la captura del poblado de Beni Bu Yary del Llano, como se ha dicho, la Harka fue derrotada, muerto su jefe, el Cherif Abd el Malek, y siendo muertos o heridos cerca de quinientos hombres. Esto 1000 suponía prácticamente la disolución de la fuerza . La idea era crear una unidad muy móvil y maniobrera, como las harkas marroquíes. La Harka requería un mando riguroso y osado. El 30 de septiembre de 1924, el comandante general de Melilla, general Sanjurjo, envió un mensaje al General en Jefe del Protectorado, general Aizpuru, en Tetuán, proponiendo abiertamente la designación de Varela como comandante de la Harka de Abd el Malek: “Independientemente dar a V.E. detalles organización tabor y Mía Mehal-la nº 6 a base askaris actual harka Abd el Malek, y como según mis noticias proporcionadas especialmente por comandante Valdés, capitán Rodríguez Bescansa no tiene por su juventud y falta de experiencia aptitudes bastantes para quedar de Jefe primero de dicha harka, y como de conversaciones que he tenido con el Comandante Varela de Aviación, este Jefe no tendría inconveniente al ponerse al frente de expresada harka mientras se lleva a cabo dicha organización y como estimo que la presencia de este Jefe es muy conveniente por su práctica y conocimiento de fuerzas moras y política, ruego a V.E, me autorice a ello y en caso de aprobarlo le interese su baja en Aviación y 1000 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 277, Texto mecanografiado,”Apuntes para la historia militar del Teniente General Varela, I. La Harka Varela”, p. 1. 529 alta en Servicio Protectorado. Tramitado de O. de S. E., El Coronel Jefe de 1001 E.M.” . En esas fechas, Varela estuvo presente en la ceremonia de nombramiento del nuevo caíd de Metalza, Abd el-Lah Ben Buzian. A la celebración acudió el general 1002 Sanjurjo con varios oficiales, entre ellos Varela . Aizpuru dio su visto bueno a que Varela se pusiera al frente de la Harka en un telegrama del 4 de octubre. Ese mismo día 4 de octubre recibió un radio de Sanjurjo aceptando sus condiciones, y nombrándole el jefe de la Harka, como comandante 1003 Varela. Varela telegrafió a su madre para contárselo , y después le escribió: "Mi asombro fue esta noche cuando se recibe un radio: ‘Conforme, póngase al frente como jefe al Comandante Varela’. Aquí me tienes con el mando más importante y dispuesto 1004 empezar a trabajar que tanto me gusta" . El nombramiento fue fechado el 6 de 1005 octubre de 1924 , y con él, su traslado del Arma de Aviación al Servicio del 1006 1007 Protectorado . La noticia tuvo su pequeño relieve en la prensa . Para entonces, el comandante Valdés había muerto. 1008 El comandante José Valdés había servido en la Policía Indígena, mandó la 3ª Bandera del Tercio, y después se le nombró instructor jefe de la Harka de Abd el- Malek, junto a los capitanes Martí, Alonso Artillero y Agustín Muñoz Grandes. Al ser derrotada la Harka frente al poblado de Beni Bu Yari del Llano, donde su fuerza, de 1.443 hombres, sufrió quinientas bajas, entre ellas la del Cherif, fue reorganizada: una parte de ella fue trasladada a Tetuán, al mando del comandante Valdés. El 5 de octubre, esta Harka se posicionó como vanguardia de la columna del general Ovilo, que acudía en socorro de Buharrax, y tras cruzar el río Hayera, en plena lucha, el comandante Valdés murió en las lomas de la derecha de Kudia Arcegar, cerca de Tetuán, así como el 1001 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 233. 1002 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 243, Posiblemente Mundo Gráfico, 10 de octubre de 1924; Varela figura en una foto de grupo, detrás del coronel Sánchez, jefe del Estado Mayor de Sanjurjo, reconocible por la estrella de comandante en su bocamanga, y una cruz situada sobre su cabeza. Sanjurjo aparece uniformado con informalidad, con una bufanda y gafas de motorista sobre la visera de la gorra de plato. 1003 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 234, telegrama del 5 de octubre de 1924, desde Melilla: “Hoy me conceden importante mando esta zona Harca Abd el-Malek. Enrique”. 1004 Pemán, J.Mª: Un soldado en la Historia, p. 54. 1005 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 236, R.O. nº 802 de fecha 6 de octubre de 1924. Copia mecanografiada. 1006 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 237, Tetuán, 11 de octubre de 1924, copia mecanografiada. 1007 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 235, “Nuevo impuesto. Un encargo al Comandante Varela. Paseos militares”, 7 de octubre de 1924. 1008 Ganó su Laureada siendo teniente de Regulares del Tabor de Arcila nº 3, en el combate de Xal-el- Haman, el 13 de septiembre de 1914, asaltando un reducto enemigo al frente de sus hombres; García Pérez, Heroicos Infantes en Marruecos, p. 51-52. 530 capitán Alonso Artillero, mientras el capitán Muñoz Grandes sufría dos heridas en el 1009 vientre, pese a lo cual se mantuvo en su puesto . En la orden de nombramiento se especificaba que debía ponerse al frente de la Harka y reorganizarla como “un tabor de Infantería y una Mía de Caballería, en cuya labor será auxiliado por el Capitán de la Intervención de Tafersit Don Francisco Alonso, por el del mismo empleo Don José Rodríguez Bescansa y Teniente de la Harka Don Juan Menor, significándole que se ha interesado de aquella autoridad el destino a dichas Unidades de los oficiales que han de integrar el cuadro de las mismas y que en esta fecha doy conocimiento de lo que se dispone al Jefe de las Fuerzas 1010 Aéreas de este territorio” . Tenemos el relato del mismo Varela años después, en una entrevista para Blanco y Negro del 12 de enero de 1936, “Hombres de España. De soldado a General: José Varela Iglesias”, realizada por el periodista Gabriel Greiner: “Puse todo mi cariño en la harka Varela y empleé en ella la táctica del enemigo, haciendo incursiones por la noche en su propio campo. Tuve un plantel de colaboradores que recuerdo con la máxima emoción. No quiero de ningún modo dejar de citarlos: capitán Cardeñosa, que era el número 1 de mi promoción, y murió en el desembarco de Alhucemas. Los actuales jóvenes comandantes Lapatza y Carrasco, oficiales bravos y brillantes. Capitanes García Pumariño, Tejero, Rodríguez Rivero, Eyaralar (muerto heroicamente), Juan Domínguez… De todos ellos he de hacer siempre los máximos elogios, por su espíritu de sacrificio, valor, inteligencia, preparación y competencia profesional. “Por nuestra parte [habla el periodista] recordamos el papel brillantísimo que desempeñó la harca Varela en el desembarco de Alhucemas, brillantez reconocida por el mando, y que hizo que él mismo la propusiera, colectivamente, para la Medalla Militar. Al ascender Varela a teniente coronel y ser destinado a mandar los Regulares, la harca se convirtió en Mejala. Así fue como Varela, que en 1915 entró de alférez en Regulares, era, en 1925, teniente 1011 coronel, jefe de Regulares” . Varela relató a su amigo al marqués de Tablantes como asumió el mando de la Harka de Abd el Malek: 1009 ABC,12 de octubre de 1924, “Entierro del comandante Valdés”, p. 17. http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1924/10/12/015.html; a su entierro acudieron el marqués de Estella, el general Aizpuru, los hermanos del difunto, Juan, capitán de Regulares, y Pedro, teniente del Tercio. 1010 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 240. Fechado en Melilla el 6 de octubre de 1924. 1011 http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/blanco.y.negro/1936/01/12/116.html. La copia mecanografiada del Archivo Varela la fecha en 1935, ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 74-76. 531 “Ocurrió la muerte del emir Abdel-Malek, jefe de esta Harka que él creó con el prestigioso Comandante Valdés, también fallecido ambos de combates. Los planes que animaban al virtuoso musulmán y al heroico caballero Valdés, estaban en los principios de ejecución cuando sucedió la muerte al dar el primer paso; como siempre nos ayuda la desgracia, yo creo que merecida, porque no sentimos ya deseos ni aspiraciones. Pues bien en mala situación quedó este núcleo indígena, importante desde luego y arma de dos filos en su utilización, cuando el mando creyó debía dejar de momento la Aviación y ponerme al frente de esta Harka. No vacilé querido Ricardo y de ahí mi destino que tú conoces a las ´órdenes del Alto Comisario, o sea que me tienes en Melilla mandando la Harka amiga, fuerzas que dependen del Alto Comisario. “Mi vida, claro está, trabajando mucho, pasando malos ratos e incomodidades de la tienda de campaña, pero sin embargo satisfechísimo si logro ayudar en algo. 1012 “Escríbeme y sabes que te quiere tu amigo Enrique” 3.9.2.- El comandante Varela reorganiza su Harka. El comandante Varela, que había solicitado su pase a la Guardia Civil, retiró su 1013 instancia, y se hizo cargo de la Harka el 7 de octubre de 1924 . Se fijó su contingente en ochocientos cincuenta hombres. Varela los dividía en Mías o compañías de ciento veinte hombres, seis de infantería y una de caballería, cada una al mando de un caíd Mía, tres sargentos (mokademin) y seis cabos (maun) más diez hombres destinados a la Plana Mayor. Tenía a sus órdenes inmediatas a un Caíd Tabor, Sid Mesian Mohamadi Hammuahs, de Metalza. Sus caídes era Si Mizzan Ben Chaib, de Metalza; Si Bennasar Al-lal Mehand, de Midar; Si Hamadi Ben Abdalah, el Tusani; Si Bennasar Ben Mizzian, de Beni Tuzin; Si el Hach Hammú Bu Sfia, de Quebdana; Si Bagdad Ben Chelal, de Ulad Chaib, de Beni Bu Ifrur; y Si Benaisa Si Hamed el Kelay. Todos ellos eran hombres de probada fidelidad a España y de gran prestigio entre los marroquíes. Un Caíd Tabor cobraba 6.200 pesetas anuales; un Caid Mía, 4.400 pesetas; un sargento o Mokademin, 2.007’50 pesetas; un cabo o Maun, 1.460 pesetas; un harqueño de 1ª, 1.368’75 pesetas, y uno de 2ª, 1.277’50 pesetas al año. Los oficiales españoles eran el capitán de Infantería Simón Lapatza de Valenzuela, el teniente de Infantería Joaquín Esponera Valero de Bernabé, el teniente de Ingenieros José Cistué de Castro, y el capitán Médico, laureado, Miguel Vázquez de Bernabeu. Varela conocía a algunos de 1012 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 274, Copia mecanografiada, carta fechada en Melilla el 19 de diciembre de 1924. 1013 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 390, “Relación jurada de los servicios prestados en esta Harka por el Comandante de Infantería Excmo. Sr. Don José Varela Iglesias desde el 7 de Octubre de 1924 al 31 de Octubre de 1925”, fechada en Axdir, noviembre de 1925; Carpeta 5, fol 414, “Harka Varela, Diario de operaciones de la misma desde el día 7 de Octubre de 1924 a 31 de diciembre de 1925”. 532 ellos, porque habían sido compañeros suyos en Larache. El 10 de octubre, por las tarde, 1014 Varela telegrafió a su madre notificándole que ya había asumido el mando . A partir de ese momento se iba a iniciar una agotadora etapa de instrucción, coordinación y disciplina de aquellos hombres. Varela reorganizó la Harka, reduciéndola a 850 hombres, y "peinó" a los kabileños, distribuyéndolos arbitrariamente sin tener en cuenta los lazos de sangre o de vecindad, en seis Mías de infantería y una de caballería. Pudo además nombrar a sus oficiales. Varela occidentalizó un tanto a sus rifeños. A su madre le escribió: "Ten fe y tranquilidad, voy en magníficas condiciones; mis oficiales son todos mis amigos de Larache y es seguro el triunfo y el servicio de España (…) de política y guerra. (…) no te preocupes que siendo el jefe no podré nunca hacer lo que 1015 hacía del Teniente" . Varela se dedicó con ahínco a inculcar a sus harqueños la disciplina militar, y los entregó a un intenso entrenamiento en marchas, ejercicios nocturnos, emboscadas y ataques, realizando operaciones muy arriesgadas, infiltrándose en territorio enemigo, hostigando así al enemigo. Todo ello, realizando siempre los ataques y sorpresas con él al frente, y haciendo gala de su carácter alegre y generoso, ganándose el respeto y el afecto de sus hombres. De esta forma, la convirtió en una fuerza adiestrada, móvil y elástica. Al día siguiente de tomar el mando, 8 de octubre, ya realizó una primera incursión, con cuatrocientos hombres. Como sabía que los hombres de Metalza se deslizaban por los barrancos del macizo del Bu Sfedauen y Fum Beni Bu Yahie, para cortar las comunicaciones españolas entre las posiciones de Tistutin y Driuch, y entre Driuch, Tafersit y Midar. Al atardecer se puso en marcha la Mía del caíd Ben Nazar Mizian, que al alba sorprendió a una partida enemiga en dirección a Azib de Midar, entablándose un tiroteo, causándole dos muertos y apoderándose de su ganado, al precio 1016 de un harqueño muerto . Por esta acción ya fue felicitado: “Jefe circunscripción al Comandante Varela. Me entero al regresar este campamento de la actuación fuerzas a su mando con todo detalle y quiero expresar a V.S. la satisfacción que me ha producido el éxito alcanzado esas 1014 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 241, telegrama puesto en Melilla: Estoy bien contento me encuentro posición Midar con harca abrazos. Enrique”.Al día siguiente envió otro muy similar: fol 242, “Estoy bien en Midar mucho trabajo impide escribiros abrazos todos. Enrique”. El 31 de diciembre envió uno felicitando a los suyos en nuevo año, fol 275. 1015 Pemán, J.Mª: Un soldado en la Historia, p. 55- 1016 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 414, “Harka Varela, Diario de operaciones de la misma desde el día 7 de Octubre de 1924 a 31 de diciembre de 1925”. 533 fuerzas reflejo fiel del buen espíritu que ha sabido inculcar tan pronto esas tropas por la inteligencia del mando y el noble afán que tiene V.S. por demostrar la eficacia ese instrumento de guerra que en sus manos es de esperar 1017 coseche continuamente triunfos. Felicito a todos y particularmente V.S.” . El texto nos permite sospechar que Varela defendió, anteriormente a asumir el mando, el modelo de guerra irregular que suponía la Harka, lo que evidencia su estilo ofensivo y arrojado, pero también original e innovador. Desde ese momento, la Harka realizó una guerra de guerrillas imitando el estilo de guerra de los cabileños. El Ejército era demasiado vulnerable frente a las partidas, pero el estilo de guerra que impuso Varela dañó mucho a los rebeldes, al atacar sus bases económicas. Los oficiales de Varela recibían en su puesto de mando muchas confidencias e informaciones del enemigo, para pagar las cuales empleó el dinero que había pedido a Sanjurjo como condición para tomar el mando. En principio, se basaba en las “confidencias”, informaciones obtenidas de indígenas por afecto o dinero. Así tenían noticias que servían para preparar emboscadas y razzias. En el Archivo de Varela existe un resumen del diario de informaciones mecanografiado, que arranca en noviembre de 1924, en el que se anotaron las mismas. Hace referencia a movimientos de tropas rebeldes, a preparación de emboscadas y golpes de mano, y a lo que se 1018 pregonaba en los zocos . El registro abarca los meses que la Harka estuvo activa en Azib de Midar, hasta su desembarco en Alhucemas. Entre ella encontramos algunas informaciones curiosas, como que se predicaba a los Beni Urriaguel no sembrar, porque los españoles abandonarían la zona y se cosecharían los campos de los sometidos a 1019 España . También recompensada con dinero los actos heroicos de sus hombres, y a través de ellos y de sus familiares obtenía información de los movimientos de los Beni- Urriaguel. Otros temas que también preocupaban a Varela, era la información que Abd el-Krim podía obtener de su Harka a través de infiltrados, la presencia y actividad de 1020 1021 extranjeros , y el estado de los prisioneros españoles en poder de los rebeldes . A 1022 menudo, los correos secretos eran mujeres . Otras noticias, ya en la primavera de 1925, eran las recogidas sobre los efectos de los bombardeos. Así, se supo 1017 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 256, telegrama de Drius para Midar, 9 de octubre de 1924. 1018 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 1 a 364. La primera anotación es del 27 de noviembre de 1924, y la última del 12 de agosto de 1925. 1019 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 4: esto fue pregonado en nombre de Abd el-Krim en el Zoco de Arbaa de Midar 1020 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 37, 39. 1021 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 54-57. 1022 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 38, 53. 534 “Que han muerto a consecuencia del bombardeo, un indígena de Beni Melul y tres heridos graves en el mismo duar; dos muertos de Midar, dos de Gueznaya (Midar) y heridos dos de Gueznaya. A consecuencia de los gases doce muy 1023 graves y dice que en el duar hay más de cincuenta heridos de gases” ; “Que las bombas de gases arrojadas el domingo último sobre el poblado de Midar han causado muchos daños tanto en las personas como en los sembrados. Que el número de personas que ha alcanzado los efectos de las bombas asciende a más de sesenta contando niños y mujeres y que por los mismos efectos han sido varios los sembrados y árboles que se han secado. Que de seguir tirando 1024 dichas bombas el enemigo confiesa que tendrá que huir…” . Otra confidente, que fue a visitar a su hijo preso, testimonió: “Que durante su viaje a la zona insometida ha notado mucha miseria y ha sabido que contingentes han marchado a pelear contra los franceses que son muy pocos los hombres que ha visto, dice que los efectos de los bombardeos de nuestros aparatos son temibles habiendo causado gran número de muertos y heridos especialmente en el Zoco celebrado el miércoles último en Tauriat que mató 16 hombres y seis mujeres, hubo también crecido número de heridos a consecuencia de la yperita, a su regreso a esta Posición observó el domingo en el Zoco que se celebra en Midar la muerte de tres mujeres y dos hombres por 1025 bombas arrojadas por la aviación” . Respecto a los prisioneros, añadió: “Tiene muy mala impresión del trato que dan a los prisioneros tanto indígenas como europeos, que estuvo en Tahanus (Axdir) lugar del cautiverio de su hijo al que le dejaron entrevistar tan solo el tiempo necesario para hacerle entrega de alimentos sin que pudiera cambiar con él más frase que el saludo y que al intentar conversar fue rechazada violentamente por los celosos guardianes”. También afirmó que los cabecillas rebeldes no se fían de sus hombres, y que al terminar las guardias deben entregar las armas, que son custodiadas por los jefes de mayor confianza de Abd el-Krim. A causa de los bombardeos, a los indígenas les resultaba difícil sembrar, y así lo recogían las confidencias. Las cosechas eran recogidas a medio crecer, por el hambre y 1023 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 234, Confidencia de Mohamed Al-lal Mehand, caíd de Beni-Tuzin, 20 de abril de 1925. Esta es la primera y más antigua noticia de un ataque de bombardeo con gases. Se citan también noticias de formación de harkas rebeldes y emplazamientos de armas, así como otros daños de bombardeos. 1024 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 154, Confidencia de Al-lal Mehand, Caíd de Beni-Tuzin, Azib de Midar, 24 de abril de 1925. 1025 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 185-187, Confidencia de Nunut Bentz Musa de Tanut Arroman, de Beni Sidel, padre de Mohamed Ben Mohamed Amar, del Grupo de Regulares de Alhucemas nº 5, preso en Axdir por Abd el-Krim, fechada en Azib de Midar, el 20 de mayo de 1925. La iperita o gas mostaza no fue prohibida hasta la firma del Protocolo de Ginebra, sobre prohibición de empleo en la guerra de gases asfixiantes, tóxicos o similares y de medios bacteriológicos, el 17 de junio de 1925, el cual entró en vigor el 8 de febrero de 1928. Francia fue el primer país en adherirse, en 1926. Hasta 2008, sólo lo habían ratificado treinta y ocho países. 535 el miedo a los bombardeos. A causa de eso, muchos se veían obligados a emigrar a Argelia, en busca de trabajo, pese a las severas prohibiciones establecidas por Abd el- Krim. Además, éste obligó a los rifeños a vender su cebada a las harkas rebeldes y en 1026 los zocos a precios bajos . Varela ordenó que en cada Mía se instruyera diez hombres en el lanzamiento de granadas. Esta distinción motivó mucho a los integrantes de la Harka. Varela sabía "vestir el cargo", daba gran importancia al aspecto externo y simbólico. Por ello surgió como símbolo de su Harka, bajo la corona real, la mano de Fátima, el talismán islámico que ahuyenta a los demonios o yins, y bajo ella, 2 hachas cruzadas y la media luna. Eran símbolos muy importantes para los musulmanes, pero para los jóvenes oficiales de Varela, el significado del blasón era: "somos los hachas 1027 que damos las tortas a la luz de la luna" . Las acciones de la Harka se pueden agrupar en tres tipos. La represión del contrabando se efectuaba por medio de patrullas y emboscadas, situándose en puntos estratégicos por los que iba a pasar el enemigo, sorprendiéndole y confiscando sus mercancías. Otra actividad, poco frecuente, era el castigo al enemigo, atacando aduares y razziando poblados. Pero las más espectaculares, fueron los golpes de mano contra las guardias enemigas, posiciones elevadas desde las cuales los rebeldes controlaban a los españoles y vigilaban sus movimientos. Estas posiciones, fortificadas con alambradas y trincheras, eran atacadas con la táctica de acercarse sigilosamente lo más cerca posible de las mismas, para saltar a su interior lanzando granadas o bombas de mano y luchando cuerpo a cuerpo. El día 9 de octubre de 1924, por la noche, el enemigo atacó el campamento de la Harka en Azib de Midar, siendo rechazado. Dos Mías efectuaron una salida, y el 1028 enemigo huyó. Un harqueño resultó herido grave . Del 10 al 21 de octubre de 1924, Varela se dedicó a instruir y disciplinar a la Harka, al tiempo que la misma protegía los aduares del Azib de Midar. El día 10 se incorporó a la Harka el sargento Saturnino Peñas, procedente de la Mehal-la nº 2, y el día 14, el teniente de Ingenieros José Cistué de Castro, el 18 el capitán Simón Lapatza. La noticia de que el comandante Varela 1026 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 135-137. “Resumen general de confidenciaas”, fechado en Melilla el 13 de febrero de 1925. 1027 Pemán, J.Mª: Un soldado en la Historia, p. 56; en el Archivo Varela se conservan las propuestas de diseño para el emblema: ACGJEVI, Carpeta 3, fol 204-206. En ellas se barajaron los símbolos de las iniciales de Varela, las dos Laureadas, y emblemas de tradición marroquí. 1028 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 446, “Harka Varela. Copia de los partes de operaciones, emboscadas y demás servicios dados por esta Unidad desde el día 8 de Octubre de 1924 a fin de Diciembre de 1925”. 536 organizaba una Harka movió a admiración. Uno de sus antiguos subalternos le remitió un breve pero entusiasta telegrama, testimonio de la admiración que sentía por el comandante: “El primero que quiere morir por España a su lado sargento Felipe 1029 Redal” .La pausa duró poco, pues el 19 de octubre se remitió al campamento de la Harka en Azib de Midar la orden siguiente: “El Jefe Circunscripción al Comandante Harka, póngase de acuerdo con el Interventor de Azib de Midar para servicio de emboscada que trate de evitar destruya enemigo líneas telefónicas. No necesita V. unas órdenes para asegurar tan importante servicio dadas las condiciones tan excelente de 1030 V.E. Contesto se telegrama de hoy” . El texto es muy expresivo: se consideraba a Varela un oficial con capacidad de iniciativa suficiente como para no tener que darle instrucciones prolijas acerca de su misión. Claramente, la instrucción, más que una orden, contiene un reconocimiento a su eficacia, capacidad de mando, y estima de sus superiores. Varela se preocupaba mucho por sus oficiales. Así lo atestigua el doctor Álvarez Pérez, que fue médico de la Harka: “Tuve el mejor destino del Territorio y el mejor Jefe; él era nuestro mejor amigo, participaba de nuestras penas y alegrías, estaba al corriente de nuestra vida familiar. Durante nuestra estancia en la Plaza [de Melilla], estábamos casi siempre reunidos, a la hora del vermut, el almuerzo. Se enteraba de todos los pormenores agradables y desagradables, hasta tal punto, que éstos últimos le afectaban con tanta intensidad, que no descansaba hasta encontrarles 1031 remedio” . Álvarez recordó una anécdota personal. Un día, el coronel Goded, jefe enérgico y puntilloso, Jefe de las Intervenciones Jalifianas de Melilla, le sorprendió en la calle con un uniforme antirreglamentario, gris muy claro, y le reprendió públicamente, exigiéndole que se presentara en su despacho al día siguiente, vestido de forma reglamentaria. Álvarez entró en el Café Alfonso, donde estaban reunidos los oficiales de la Harka, y Varela se apercibió al momento de su disgusto. Al día siguiente le acompañó al despacho de Goded: 1029 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 245, remitido desde Alcazarquivir a Melilla, fechado el 15 de octubre de 1924. Varela anotó: “¡Buen telegrama! Amor a España afición a la carrera, cariño a su antiguo teniente. Varela”, fol 246. 1030 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 247, remitido desde Drius a Azib de Midar , fechado el 19 de octubre de 1924, a las 20:30 horas. 1031 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 279-281, “A la memoria del Capitán general Varela (q.e.p.d.). Cuartillas escritas por el Dr. Álvarez Pérez, primer Médico que tuvo la Harca”. 537 “…subí con él y me ordenó que esperara en el antedespacho, mientras él pasó a presencia del Coronel. Yo oí algunas palabras sueltas y algo elevadas de tono, y a los pocos minutos salió muy tranquilo y, cogiéndome del brazo, me dijo que no tenía que entrar ya en el despacho del Coronel, él ya lo había arreglado y, además, para que este señor supiera que en su ‘gente’ sólo mandaba él y a ninguno de los suyos podía darles un disgusto cualquiera, me encargó y ordenó que en lo sucesivo, siempre que estuviera en Melilla, usara sólo el uniforme claro, motivo de la ‘bronca’, cuya vista tanto había molestado al Coronel. Así lo hice. A los pocos días, pasamos a depender directamente del Alto Comisario”. Esta anécdota explica el cambio de jurisdicción de la Harka a mitad de su vida, y también ilustra sobre el carácter de Varela como jefe. El día 16 de octubre, el general Sanjurjo visitó la Harka con su Estado Mayor. El 22 de octubre, por la noche, sorprendió con la Mía del caíd Ben Nazar Al-lal Mehan a una partida enemiga recogiendo contrabando y ganado, dos mulos cargados de azúcar y 1032 velas, cuyo importe fue repartido entre los harqueños . Hubo un harqueño herido. El 23 tuvo lugar un nuevo combate de fusilería cerca del Azib de Midar, de nuevo la Mía del caíd Ben Nazar Al-lal Mehan sorprendió una partida enemiga, ganando como botín 1033 un fusil Remington y cinco vacas . El 24 se realizó una emboscada por la Mía del Caíd Ben Nazar el Mizian, capturando un prisionero herido, que fue trasladado a Drius 1034 y después al Hospital de Melilla y puesto a disposición de la Intervención Jalifiana . La actividad que desplegó la Harka Varela fue intensa desde el primer momento, y queda patente en que el 26 de octubre de 1924, apenas tres semanas después de tomar el mando, el comandante Varela ya fue felicitado por el coronel jefe de la circunscripción de Melilla: “Felicito al comandante Varela por los notables servicios que viene prestando la Harca a sus órdenes, con lo que se evidencia la utilidad de 1035 dicha fuerza como era de esperar mandándolas tan acreditado jefe” . Ese día se incorporó a la Harka el teniente Joaquín Esponera y Valero de Bernabé, procedente del 1036 Batallón Expedicionario de Guipúzcoa, como agregado y voluntario . 1032 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 390, “Relación jurada de los servicios prestados en esta Harka por el Comandante de Infantería Excmo. Sr. Don José Varela Iglesias desde el 7 de Octubre de 1924 al 31 de Octubre de 1925”, fechada en Axdir, noviembre de 1925; ACGJEVI, Carpeta 5, fol 415, “Harka Varela, Diario de operaciones de la misma desde el día 7 de Octubre de 1924 a 31 de diciembre de 1925”. 1033 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 446, “Harka Varela. Copia de los partes de operaciones, emboscadas y demás servicios dados por esta Unidad desde el día 8 de Octubre de 1924 a fin de Diciembre de 1925”. 1034 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 446, “Harka Varela. Copia de los partes de operaciones, emboscadas y demás servicios dados por esta Unidad desde el día 8 de Octubre de 1924 a fin de Diciembre de 1925”. 1035 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 144. 1036 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 415, “Harka Varela, Diario de operaciones de la misma desde el día 7 de Octubre de 1924 a 31 de diciembre de 1925” 538 3.9.3.- La Harka Varela comienza a actuar. La Harka efectuó emboscadas, incursiones o incluso “razzias”. Se situaban para emboscar al enemigo en el terreno por el que penetraba para hacer aguada, llevando rebaños o para hostilizar las posiciones españolas. Se estudió el terreno, se aprecian a la exactitud de las confidencias, y se preparaba los hombres, varias mías, armando siempre de su jefe, en marcha en la que las siluetas se confundían con el terreno, sujetando las "cargas" para evitar choques metálicos. Para ahuyentar a los perros que pululaban por los campamentos y evitar que dieron la alarma, Varela creó la "sección de los chacales", harkeños desnudos que se untaban el cuerpo de sebo de chacal y se cubrían con pieles de este animal, porque los perros no ladraban a este animal, y permanecían en silencio hasta la llegada del grupo de la Harka. Al llegar al lugar se escalonaban las unidades, la caballería se mantenía en reserva para decidir la victoria o explotar el éxito. Al aparecer el enemigo se iniciaba el combate. Varela hacía gala de un gran valor, lo que le agigantaba ante sus subordinados. Varela se ganó la confianza y la admiración de sus superiores. Estos textos lo demuestran con largueza. El primero es un telegrama remitido por el Jefe del Sector al Comandante Varela desde Drius a Midar: El Coronel Jefe de Circunscripción en telegrama de ayer dice: Felicito al Comandante Varela por los notables servicios que viene prestando la Harca a sus órdenes en lo que se evidencia la utilidad de dichas fuerzas como era de esperar mandándola tan acreditado jefe. Lo que traslado a V.S. 1037 para su conocimiento y satisfacción” . El segundo es otro telegrama remitido desde Drius: “El Jefe Circunscripción al Comandante Varela. Con mi visita realizada al nuevo campamento de la Harka digno mando V.S. he sacado mi favorable impresión. Al dar la satisfacción le expreso mi confianza en que proseguirá V.S. sin desmayo la instrucción de personal para alcanzar de él en las ocasiones oportunas máximun 1038 rendimiento” . Estos textos no sólo demuestran la calidad de mando de Varela, sino que también son un espaldarazo a las tácticas novedosas para la lucha propuestas por los oficiales africanistas. El 3 de noviembre de 1924, la Harka, reorganizada en dos Tabores de Infantería, cada uno de tres Mías, y una Mía de Caballería con cien hombres, y purgados los elementos sospechosos, se trasladó a un nuevo campamento, cercano al primitivo, pero 1037 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 249, remitido desde Drius a Midar, fechado el 26 de octubre de 1924. 1038 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 248, remitido desde Drius a Midar, el 5 de noviembre de 1924, copia mecanografiada. 539 1039 más seguro, al sureste de Azib de Midar . El día 5 el campamento fue visitado por el coronel Dolla, Jefe de la Circunscripción, con su Jefe de Estado Mayor, felicitando a Varela de palabra y por escrito a través del telégrafo. Al día siguiente, la Harka se vio envuelta en su primera acción importante, en la cabila de Metalza. Conocedores del lugar donde los rifeños rebeldes de Metalza llevaban sus rebaños a abrevar, un paso llamado Tisi-Laud que conducía al Zoco del Telata, así como de la colina donde se situaba la guardia, Varela decidió tenderles una emboscada y quitarles el ganado que servía para alimentar a los insurgentes. El 6 de noviembre, a las 22:00 horas, Varela, previo aviso a las posiciones de Tama-Susin, Ain –Quert y a la Aviación, salió con cuatro Mías de Infantería, a las órdenes del capitán Lapatza y del teniente Cistué, y la de Caballería, mandada por el teniente Esponera. Cada hombre iba armado y municionado con cien cartuchos, y se llevaron cargas de municiones adicionales. La columna se movió de forma prudente para no ser descubierta. La Caballería se reunió con la Infantería en la posición abandonada de Carra-Midar (Garra-Miaar) a medianoche. Tras un somero descanso, a la una de la madrugada la Infantería se puso de nuevo en marcha, alcanzando el lugar previsto para la acción a las 3:00. El capitán Lapatza se situó con dos Mías en dos alturas, las utilizadas habitualmente por la guardia de los rebeldes para controlar el lugar mientras el ganado bebía, perfectamente oculto; las otras dos Mías se situaron a cien metros, camufladas tras unas chumberas cerca del río que cruzaba el valle, con el comandante Varela y el teniente Cistué. La Caballería, al mando del teniente Esponera, se quedó en retaguardia, oculta tras unas casas en ruinas, preparada para intervenir en caso de necesidad. A las 10:00 horas del 7 de noviembre aparecieron en las alturas de Busfetdauen algunas parejas de rifeños, que llegaban de descubierta. Tras comprobar que no había enemigos, lanzaron dos disparos para indicar a los suyos que el terreno estaba despejado. Una hora y media después llegaron unos veinte rifeños armados, que se dirigieron a la loma donde estaba oculto el capitán Lapatza, y que era el lugar desde el cual se vigilaba el valle. Tras ellos, venía el ganado. Al remontar la loma, los rifeños descubrieron, como estaba previsto, al capitán Lapatza. Se rompió el fuego, y los harqueños atacaron, remontando el Busfetdauen, con el flanco izquierdo cubierto por las fuerzas de Varela, surgiendo entonces la caballería. Se capturó unas trescientas cabezas de ganado lanar y se inició el repliegue, antes que la noticia del golpe de mano 1039 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 415, “Harka Varela, Diario de operaciones de la misma desde el día 7 de Octubre de 1924 a 31 de diciembre de 1925”; las obras fueron dirigidas por el teniente de Ingenieros Cistué. 540 llegara al cercano aduar de Iharrichen, y llegaran refuerzos para los rifeños. La Caballería cubrió la retaguardia de la retirada. En la acción murió el cabo Mohamed ben Mohamed, y otro indígena resultó herido. Por el lado contrario, murieron cinco rifeños. Se consumieron quince mil cartuchos, y se perdieron dos caballos, cuatro cubas de agua y doce paños de tiendas individuales. Varela estableció en su informe: “Respecto al personal de estas fuerzas es forzoso reconocer y al mismo tiempo hacerlo presente a V.E. que esta Harka ha demostrado en su primer encuentro de conjunto valor y disciplina, siendo digno de hacer constar no haya desertado todavía ni aún en las noches que como la pasada tanto la aprovecha este personal para desertar con armamento, ni un solo caso y aunque todavía no se puede formar un juicio concreto de esta Harka, sin embargo, inspiran ya estas tropas mucha confianza al Jefe que suscribe y al mismo tiempo les sumo el convencimiento de que dentro de no largo plazo serán unas fuerzas que sin perder sus características de harka pueda aprovecharlas el mando en cometidos de importancia. Azib de Midar, 7 de noviembre de 1924, El Comandante 1040 Jefe” . 1041 El ganado fue vendido y su producto repartido entre los harqueños . Se volvió 1042 al campamento a las 16:00 horas del día 7. De estas acciones la prensa se hizo eco . En noviembre de 1924 fue condecorado en el campamento de Azib de Midar Mohamed Al-Lal-Hamed, que había salvado al oficial aviador Lecea, al tener que aterrizar éste en 1043 territorio enemigo. Mohamed Al-Lal-Hamed fue nombrado caíd de Midar . En estos 1040 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 252-253, texto mecanografiado. 1041 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 391, “Relación jurada de los servicios prestados en esta Harka por el Comandante de Infantería Excmo. Sr. Don José Varela Iglesias desde el 7 de Octubre de 1924 al 31 de Octubre de 1925”, fechada en Axdir, noviembre de 1925 1042 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 257, ABC, 10 de noviembre de 1922, “La acción de España en Marruecos. En Bab el Sor tuvo el enemigo setecientas bajas…”: “Zona oriental.- Melilla, 8, 2 tarde. La harca mandada por el comandante Varela estableció emboscada en Tizzi-Lau (Metalza) y sorprendió al enemigo, al que cogió cinco muertos con armamento y numeroso ganado”. “Ardid de guerra”: “La harca que manda el laureado comandante Varela, destacada en Midar, venía observando que durante la noche las guardias enemigas situadas en aquellas proximidades hacían dos disparos, al propio tiempo que se veían descender algunos rebaños para hacer la aguada. Estos rebaños sirven para abastecer a los rebeldes. “También se observó que, cuando nuestras fuerzas montaban algún servicio en aquella cercanía, la guardia enemiga no hacía los dos disparos ni el ganado bajaba a hacer la aguada. “El comandante Varela estableció anoche tropas cerca de la aguada, y al poco tiempo ordenó que se hicieran dos disparos. “Los rebeldes, creyendo se trataba de la señal convenida con las guardias, descendieron con los rebaños, y, cuando se acercaron, la harca abrió fuego, que produjo gran confusión entre los cabileños. Algunos de éstos huyeron y otros contestaron el ataque, entablándose tiroteo, que duró más de media hora. “La harca se apoderó de cinco cadáveres de rebeldes, seis fusiles y más de 300 cabezas de ganado lanar. “La harca amiga tuvo un muerto y un herido. “El general Sanjurjo felicitó a las tropas por su brillante comportamiento”. 1043 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 263, 5 de noviembre de 1924. 541 días Varela envió regularmente telegramas a su madre para decirle que estaba bien de 1044 salud, contento por su trabajo y satisfecho . El general Sanjurjo, junto al coronel Sánchez Ocaña, y el coronel Morales, Jefe de la Circunscripción, visitó el campamento de Azib de Midar el 10 de noviembre, y 1045 felicitó a Varela y a sus hombres . En la semana posterior prosiguió la instrucción de la tropa, emboscadas para evitar el contrabando, y protección de los aduares próximos. En día 17, el Comandante General, Sanjurjo, repitió la visita, acompañando a periodistas, junto al general Fernández Pérez, su ayudante el coronel de Estado Mayor Sánchez Ocaña, el comandante Antonio León Manjón, Pepito Sanjurjo, el comandante Joaquín González, el teniente coronel López Canti, y varias personalidades, entre ellas los Pickman, y los toreros Cañero y Sánchez Megías. Sánchez Megías se sintió tan impresionado, que solicitó pernoctar en el campamento, y Varela le cedió su propia 1046 tienda . La crónica periodística de esta visita nos explica el ambiente que se vivía en 1047 la Harka . Recuerda que frente a su campamento de Azib de Midar “se encuentra la posición de Tauriat-Tausar, la más avanzada de este sector, desde donde se ven las guardias moras metidas en sus trincheras, una de cuyas guardias –veintinueve moros enormes- cayó íntegra en poder de la harka de Varela, que mató a veintiocho y se trajo un morito para recuerdo”. Llegaron en coches, escoltados por aire por dos aparatos de caza y un Nieuport. A su arribada, la caballería harqueño rodeó los coches, en homenaje al general: “Entramos en la posición que manda Varela. Los moros están dando cara al parapeto, con el fusil en posición de firme. El general Sanjurjo revista la fuerza. Los caídes estrechan la mano del general. Algunos tratan de besársela y él lo impide. Están los soldados que parecen de bronce. Ni pestañean. Cada uno viste como su mamá le dio a entender. Hay quien calza babuchas morunas y quien tiene unas esparteñas sujetas con cuerdas de esparto. Otros están descalzos”. Seguidamente, el periodista Galerín entrevistó al comandante Varela. El periodista se había asustado al oír los tiros con que fue recibido el general, como era usual entre los Regulares. Ya tranquilizado, preguntó al comandante Varela sobre cuántos hombres mandaba y la confianza que le merecían, a lo que Varela respondió 1044 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 259, 261, 262, y 266-271. 1045 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 258, ABC, 10 de noviembre de 1924, “Visita a las posiciones avanzadas”. De esta visita se publicó una fotografía, fol 260. 1046 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 263, recortes de prensa, 18 de noviembre de 1924. 1047 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 263, El Liberal de Sevilla, 14 de noviembre de 1924, “Desde Melilla – II. La Jarka amiga del comandante Varela”, firmado por Galerín; en Apéndice documental, nº 19. 542 que tenía 600 de infantería y 200 caballos, y que confiaba plenamente en los 1048 harqueños . Allí, Varela y Sanjurjo, éste con una bufanda sobre la guerrera, estaban en su ambiente. Los aviadores, a falta de balas, cargaban pedruscos "para no perder el viaje". Varela agasajó a sus visitantes con una “comida a usanza mora”, sentados en el suelo sobre cojines, y los harqueños realizaron diversas exhibiciones. Se realizaron incursiones contra las cabilas de Metalza y Beni Tuzin, sobre Dar Mizzian y Amar u Farás, sobre el Zoco de Telata de Bu Bekar, o sobre Yebel Uddia, 1049 donde los granaderos de la harka aniquilaron a la guardia . El 20 de noviembre de 1924, por la noche salieron del campamento las Mías de los caídes Ben Nazar Al-lal Mehand y Mizian, mandadas por el capitán Lapatza y el teniente Esponera, para frustrar una operación de contrabando revelada por las confidencias. Pero ésta no tuvo lugar, y la tropa regresó sin novedad al amanecer del día siguiente. 3.9.4.- La represión del contrabando y la lucha contra las guardias. Uno de los principales problemas de Varela era la represión del contrabando. Los indígenas de la zona rebelde intentaban pasar a zona de control español ganados para venderlos, algo que perjudicaba a los marroquíes leales. En noviembre de 1924, Varela supo que un grupo de marroquíes rebeldes había adquirido ganado lanar y vacuno en el Zoco el Had de Miadar para venderlo en zona del Majzen. Para impedirlo, se situó a la 3ª Mía, la del caíd Ben Nazar Al-lal Mehand con el teniente Cistué en el camino de Midar a Tauriat Azugag, lugar de paso del contrabando. A las 8:00 horas del día 30 de noviembre, aparecieron tres hombres, seguidos de otros nueve, armados, y de 1048 Pemán, J.Mª, Un soldado en la Historia, p. 61, recoge en parte el texto. 1049 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 254: “En la Orden General del Ejército de operaciones del día 24 de septiembre de 1925 en Tetuán figura V. como distinguido en la forma siguiente: Son muchos y todos excepcionalmente distinguidos, los hechos en que ha intervenido este Jefe de valor y méritos notorios, al frente de una Harka en el territorio de Melilla hasta el 11 de Abril del año actual mereciendo señalarse la incursión en M’Talza el día 6 de noviembre de 1924, el combate en el camino de Ulal-dris, el 8 de enero de 1925, a la operación del 19 de igual mes para sorprender la guardia enemiga de Tamerit, los ataques a las guardias enemigas de Figuerat y Dar Salah los días 3 y 11 respectivamente de febrero del mismo año y el asalto a Monte Ifermich, para apoderarse de un cañón enemigo el 24 de Marzo último en los cuales y como siempre demostró sus excepcionales aptitudes para el mando y empleo de fuerzas Indígenas, su valiente acometividad y su singular pericia, cualidades que no es necesario ponderar dada su brillante historia militar. Además el día 16 de Agosto de 1924 en la operación de Afrau cooperó como observador en vuelos de reconocimiento y bombardeo sobre el enemigo coadyuvando al éxito que en aquella se obtuvo. Lo que traslado a V. para su conocimiento y satisfacción. Dios guarde a V.muchos años. Tetuán 18 de octubre de 1925”. 543 dos mujeres, que conducían cuatro vacas, tres mulos cargados de huevos y veinticinco borregos. Al llegar a poca distancia de la Harka, se ordenó abrir fuego para hacerlos retroceder. Los rebeldes contestaron y en el tiroteo cayó herido uno de ellos. A los pocos minutos llegaron hombres del cercano poblado de Tauria Tazugag, con sus chiujs, y comenzaron a disparar a los harqueños, pero éstos recibieron orden de no hacer fuego. Entonces el tiroteo se interrumpió, y el caíd de la Mía se identificó ante los del poblado. Los chiujs de Tauria Tazugag insultaron al caíd, y siguieron haciendo fuego, y después se retiraron, llevándose al herido y al ganado a su poblado. Este incidente motivó una investigación del Capitán Interventor de Tafersit, que alegó que todo había sido una confusión. Varela defendió a su Mía y al caíd: demostró que el herido era cuñado de un chij de Tauriat Azugag, que fue curado en su casa y devuelto a su propio poblado, Midar, donde murió días después; que Tauriat Azugag era centro de contrabando, desde donde salía hacia zona sometida ganado, y desde donde entraba en zona rebelde tejidos, té, azúcar y otros productos. El ganado de contrabando era vendido a las tropas españolas para su alimentación, con lo que de alguna manera se estaba beneficiando a los rebeldes. Todo esto fue corroborado por indígenas leales al teniente de la Intervención de Tafersit, señor Nombela. De todas formas Varela fue advertido de que antes de emprender iniciativas de este tipo debía dar aviso a la Oficina de Intervención Indígena, algo sobre el cual el comandante de la Harka discrepó, porque para evitar incidentes se debería alertar a los del poblado, lo que precisamente daría al 1050 traste con las operaciones . Este encuentro tiene otra versión, en la que se afirma que en el encuentro no tuvo lugar ningún disparo, y los contrabandistas se limitaron a 1051 escapar abandonando su carga . El día 4 de diciembre, ante la confidencia de que se iba a producir una entrada de contrabando desde Metalza, por la Abadda, salió a las 17:00 horas la Mía del caíd Ben Nazar Al-lal Mehand con el capitán Lapatza. La tropa se emboscó, pero no hubo presencia enemiga y regresó al campamento. Al día siguiente, 5 de diciembre de 1924, 1050 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 24-26, fechada en Azib de Midar el 1 de diciembre de 1924. En otro oficio, fol 27-28, fechado el mismo día, Varela afirma que lo único que pretende dicho capitán es demostrar su superioridad sobre él: “¿Qué se conseguiría pues avisando previamente? ¡Nada en absoluto! Satisfacer la necesidad del interventor de que un superior dependa de un inferior, (siempre agradable especialmente cuando como en este caso se lleva mucho tiempo de Capitán)”. Por último, alega que él conoce la situación política de la región tan perfectamente como el capitán de Intervención Indígena citado. 1051 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 417, “Harka Varela, Diario de Operaciones de la misma desde el día 7 de octubre de 1924 a 31 de diciembre de 1925”, fechada en Azib de Midar a 31 de diciembre de 1925. 544 al atardecer, salió de nuevo la Mía del caíd Ben Nazar Al-lal Mehand con el teniente Esponera para realizar la misma operación cerca de Azrú. Poco después de las 18:00 horas, la Harka, fue alertada por una llamada telefónica del Jefe del Sector, teniente coronel Artero, del Batallón de la Constitución nº 29. Al parecer, durante la noche anterior el enemigo había situado en la alambrada de la posición española de Issen- Lassen una bomba de aeroplano, a modo de trampa. Un cabo y un teniente, éste de apellido Villa, salieron para retirar el artefacto, momento que aprovecharon los rifeños para hacerla estallar con un cable disimulado. Varela ordenó la rápida salida de cuatro Mías a las órdenes del capitán Lapatza, teniente Cistué y sargento Peñas hacia la posición, llegando a Issen-Lassen sobre las 19:00 horas, y tras reconocer el terreno, Varela ordenó un reconocimiento ofensivo, y se atacaron las guardias enemigas con bombas de mano y tiroteo, desalojándolas. Las guardias eran los puestos avanzados instalados por los rebeldes para vigilar y hostigar las posiciones españolas. Sólo se encontraron “pruebas materiales de la muerte” del teniente, y se retiraron varias bombas de aviación colocadas en las alambradas, conectadas entre sí con cuerdas y alambres para hacerlas estallar. Los harqueños parlamentaron con el enemigo, y se supo así que el teniente Villa había caído por fuego de fusil de la guardia enemiga, mandada por el caíd de Gueznaya Mohand Amar Ohto, herido en la cabeza, y su cadáver se encontraba en la posición enemiga de Timegar. El cabo también fue herido, pero pudo aguantar hasta regresar a la posición española, donde murió pocos minutos después de entrar la Harka. Acabada la misión, la Harka regresó al campamento a las 23:00 horas, con la única baja 1052 de un herido . Al día siguiente, 6 de diciembre, tras la visita del Comandante General, Sanjurjo, salió de nuevo la Harka a las 15:00 horas, junto con otras fuerzas indígenas e Ingenieros, al mando del Coronel Dolla, Jefe de la Circunscripción, para proteger los trabajos de fortificación de Issen-Lassen, de nuevo sosteniendo fuego con los rifeños, y regresando al campamento a las 22:00 horas. En los días siguientes, estos combates a distancia se convirtieron en la rutina, se practicaba instrucción, revisión de armas, emboscadas y protección de los aduares vecinos. El día 9 se instaló una emboscada cerca de la Abadda, con treinta hombres al mando del sargento Kanduchi, de la 3ª Mía, 1052 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 417, “Harka Varela, Diario de Operaciones de la misma desde el día 7 de octubre de 1924 a 31 de diciembre de 1925”, fechada en Azib de Midar a 31 de diciembre de 1925. Hay una contradicción en el texto, pues se dice al final del mismo que la Mía que estaba en servicio de emboscada era la del caíd Ben Aixa. 545 apresándose de los contrabandistas 4.000 huevos y cinco burros. El día 22 de diciembre, a las 2:00 horas, Varela salió con cuatro Mías del campamento, las de los caídes Al-lal Mohand, Hamadi, Mizian y Ben Aixa, más el capitán Lapatza y el teniente Cistué, emboscándose en Bu-Hasaren (Busfedauen) para sorprender a la guardia enemiga que procedente de Timegar vigilaba la Harka; pero la guardia no apareció sólo se consiguió capturar un enemigo, Al-lal Hiam, desertor de la Harka de tiempos de Abd el-Malek, y dios camellos; se regresó al campamento a las 22:00 horas. El desertor fue entregado al Comandante General. El 24 de diciembre, de madrugada, tres Mías de la Harka, las de los caídes Ben Nazar Al-lal Mehand, Hamadi y Ben Nazar Mizian, con el capitán Lapatza, se emboscaron en los barrancos que conducían a Midar para disolver el Zoco y estorbar la siembra en el llano. A las 6:00 horas la Mía de Caballería, con el comandante Varela al frente y el teniente Cistué, salió para cubrir la retirada en caso de necesidad. Se atacó el zoco enemigo reunido en Midar, disolviéndolo a primera hora de la mañana, y se regresó sin bajas al campamento a las 10:00 horas, siendo perseguidos débilmente por el enemigo. Varela pasó a situación B en el servicio de Aeronáutica Militar, el 6 de diciembre de 1924 (D.O. nº 277), adscrito al Servicio del Protectorado y a las órdenes del Alto Comisario. Este cambio quizá se debió a un enfrentamiento con el coronel Goded, con el que, no obstante, siempre mantuvo una excelente relación. A principios de año, las confidencias indicaban que las harkas enemigas de la 1053 zona occidental se retiraban hacia la oriental, para preparar una concentración . El día 5 de enero de 1925 se licenció el caíd de la 1ª Mía El Bagdad Ben Chel-lal, hermano del caíd de Beni Bu Ifrur Ben Chel-lal, que intervino en el Desastre de 1921 y en la evacuación de Monte Arruit, y que había servido en la Harka ya a las órdenes de Abd el-Malek. Varela vio con cierto alivio su marcha, pues desconfiaba de él. En los días siguientes el comandante se dedicó a recoger noticias para preparar un golpe contra las guardias enemigas de Timegart, en Beni Tuzin. 1054 Al día siguiente, 8 de enero de 1925, enterado Varela de que gentes de Beni Tuzin, Gueznaya y Beni Urriaguel se estaban concentrando en el Zoco el Telatza de Ulad Buker para unirse a los Metalza y formar una harka, decidió se internarse cuatro 1053 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 420, “Harka Varela, Diario de Operaciones de la misma desde el día 7 de octubre de 1924 a 31 de diciembre de 1925”, fechada en Azib de Midar a 31 de diciembre de 1925. 1054 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 99-100, preparación del golpe de mano, fechado en Azib de Midar el 6 de enero de 1925. 546 kilómetros en territorio enemigo para atacar por sorpresa la guardia de Timegar (Tisegart), en Beni Tuzin, y emboscar al enemigo en el camino de Ulad Dris hacia Ulad Buker, y que en esos días estaba muy transitado. Este punto era estratégico, porque los Beni Urriaguel y los Gueznaya utilizaban diariamente el camino de Ulad Dris para llegar al Zoco el Telata de Ulad Buker, en M’Talza, para organizar una harka rebelde junto con otra harka integrada en el Zoco del Sebt de Beni Uliches. A las 2:00 horas Varela salió con seis Mías de Infantería, llegó al puerto que cruzaba el camino de Ulad Dris, y distribuyó a sus hombres al acecho, acabando esta tarea a las 4:30 horas, con sus oficiales Esponera, Lapatza y Cistué, junto con una Mía, en una loma central que dominaba el terreno y desde se podía auxiliar ante cualquier contrariedad a las fuerzas en liza. La 3ª Mía vigilaba la parte hacia M’Talza, para impedir que acudiera gente desde Ulad Dris. Detrás de ésta, la 2ª Mía se distribuyó por varias colinas para atacar a los que transitaban por el camino, y dominando ambas, la 1ª Mía, en la loma que utilizaban las guardias rebeldes, con los oficiales ya citados. Las 4ª, 5ª y 6ª Mías se situaron en los barrancos que descendían hacia el río, para su vigilancia. La Caballería, al amanecer, salió del campamento hacia la casa de Hach Fechún, donde debía quedar a la espera, y si oía romper el fuego, debía acudir hacia las últimas casas abandonadas de la orilla izquierda del Kert, desde donde protegería el flanco derecho de la Infantería e impediría que el enemigo intentara cortar la retirada a la Harka de Varela. Sobre las 7:30 horas, apareció el enemigo desde Timegart, dirigiéndose hacia las colinas ocupadas por las 4ª, 5ª y 6ª Mías, iniciándose entonces el combate. La Harka Varela avanzó hacia Timegart, capturando los puestos ocupados por el enemigo, apoyados por la Caballería. El golpe de mano fue un éxito, causándole al enemigo ocho muertos y cogiéndole un fusil Máuser. Dióse la alarma entre los rebeldes, que acudieron de Beni Tuzin y Gueznaya para intentar cerrarle la retirada, pero Varela había previsto ésta, estableciendo escalones de repliegue. A las 8:30 se inició la retirada, que se realizó de forma escalonada y con apoyo entre las Mías. Al fuego acudían gentes de Midar y Gueznaya, que tiroteaban a la Harka, mientras ésta se retiraba en orden. A las 9:30, la Harka se reunió en el poblado de Azib. Los enemigos tuvieron siete muertos, uno de ellos Mizian Ali U-Amar de Beni Bu Yahi (Beni Buyari), de la cabila de Beni Tuzin, jefe de mucho prestigio. La Harca tuvo dos muertos, el cabo nº 408 Abs es-Selan Mohamed, y el soldado nº 220 Dris Ben Hammú, resultando heridos el Caíd Mía Ben 547 1055 Nazar Mizian, y trece harqueños más. También se perdieron tres caballos ; pero había causado un duro descalabro al enemigo al demostrarle que estaban a merced de sus golpes de mano, por lo que fue felicitado tanto por el Dictador como por el Comandante General, Sanjurjo. Varela estaba muy satisfecho del comportamiento de la Harka: “… de esta Harca pueden obtenerse resultados excelentes como tropas de choque por haber adquirido en la actualidad disciplina e instrucción y aunque conserva sus características de Harca, no obstante llegará a conseguirse un núcleo de tropas utilísimas al mando como elemento principal de choque; para ello hay que perseverar en ofensiva y movilidad no desatendiendo la política que pudiéramos llamar interna pues dada la especial constitución de estos indígenas que en la mayoría han salido de sus casas para prestar sus servicios en esta Harca ligados a sus Kaides que fueron hasta hace poco sus Jefes de poblado, casi todos con prestigio personal bien, por su valor o por los familiares a quien representan, todo ello induce a conceder importancia a esto último ya que difícil es desprenderse de esta rama que tan íntimo e importante papel juega en estas tropas y más especialmente en esta Harca, que acampa en las proximidades de los poblados que están en contacto con el enemigo y de los 1056 que son naturales la mayoría de su efectivo” . En el documento hay palabras de elogio para los oficiales tanto españoles como 1057 marroquíes . El texto es muy revelador sobre la sociología de los integrantes de la Harka, y el equilibrio interno de la misma. Los indígenas luchaban a las órdenes de sus jefes tradicionales, y es de destacar el mérito contraído por parte de los oficiales españoles que consiguieron ganarse el aprecio y la fidelidad de estos hombres. 3.9.5.- Abd el-Krim pone precio a la cabeza del comandante Varela. El 19 de enero se rompió de nuevo la rutina de vigilancia de la Harka, al atacar dos guardias situadas en Midar de los Beni Tuzin, Dar-Mizzian y Amar-Farah. Previamente, Varela se dedicó a recoger noticias y confidencias para preparar el ataque. Las guardias enemigas ocupaban una casa de Darmisin, situada en una altura que 1055 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 449, “Harka Varela. Copia de los partes de operaciones, emboscadas y demás servicios dados por esta Unidad desde el día 8 de Octubre de 1924 a fin de Diciembre de 1925”: “…los números 39 denominado Moro, 650 Perjurar del Grupo de Regulares de Melilla número 2 y el número 4307 Bibliotecario del Regimiento Cazadores de Alcántara 14º de Caballería” 1056 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 2-4, copia mecanográfica, texto fechado en Azib de Midar el 8 de enero de 1925; también en ACGJEVI, Carpeta 5, fol 449, “Harka Varela. Copia de los partes de operaciones, emboscadas y demás servicios dados por esta Unidad desde el día 8 de Octubre de 1924 a fin de Diciembre de 1925”. 1057 En concreto se cita al capitán Simón Lapatza, a los tenientes Joaquín Esponera y José Cistué, el sargento Saturnino Peñas, los caídes Ben Nazar Mizian, Ben Nazar Al-lal, Mizian Amar y el Hach Hamuad Bosfia, los cuales “se han batido con bravura dando ejemplo a sus Mías que llevaron el peso del combate”. 548 dominaba el poblado de Beni Nuyahi del llano y las de Amar Farah entre la citada altura y la de Cudia Tizza. El encargado de planificar la operación fue el comandante Valera, tras un exhaustivo reconocimiento del terreno. Para la operación se dispusieron la Harka Varela, dos Mías de Infantería y un Tabor de Caballería de la Mehal-la de Melilla nº 2, a las órdenes del teniente coronel Abriat. A las 00:00 del día 19 de enero se concentró Varela con sus hombres en Azrá (Azrut), de donde emprendió la marcha, siguiendo la línea de barrancos aproximándose al enemigo, estableciendo los escalones de retirada. Varela debía atacar las posiciones enemigas de Dar-Mixin y Amar Farah, guarnecidas con cincuenta y veinticinco hombres respectivamente, mientras las Mías de Infantería de la Mehal-la, al mando del comandante Antonio Heredia y del capitán Manuel Gavilá avanzaría por los barrancos próximos hacia Beni-Buyahi del llano, de forma que al darse la alarma, atraerían sobre sí a buena parte del enemigo, mientras la Harka aniquilaba a las guardias y se retiraba. La Caballería, al mando del capitán Larrea, permanecería en reserva. Varela escaló con dos Mías de sus hombres la altura de Dar- Mixin, mientras el capitán Lapatza, con una Mía, avanzaba hacia la izquierda rodeando la casa de las guardias. Al mismo tiempo, el teniente Joaquín Esponera, al mando de otra Mía, rodeaba la casa de Amar-Farah, y otras dos Mías de la Harka ocupaban Cudia- Tizza y el barranco. Las dos Mías de Infantería de la Mehal-la avanzaron hacia el poblado de Beni-Buyahi cerrando la retirada de las guardias. En su avance, Varela dispuso que los diferentes barrancos quedaran ocupados por hombres en escalones para facilitar la retirada. Los harqueños silenciaron a un centinela. Los rifeños rebeldes estaban agrupados, calentándose en torno a una gran hoguera. A las 6:00 horas la Harka atacó cuerpo a cuerpo, con bombas de mano, el comandante Varela el primero, al frente de sus hombres, arrastrando tras de sí a los suyos desafiando el nutrido fuego enemigo, tomando ambas posiciones enemigas y aniquilando a sus ocupantes, salvo un prisionero, y capturando quince fusiles, sufriendo la Harka, quince bajas entre muertos y heridos, duro precio por una lucha salvaje y dura. Al oír el tiroteo, las Mías de la Mehal-la atacaron el poblado de Beni-Buyahi. El enemigo se vio desconcertado y sobrepasado, pero se rehízo, y al iniciar su retirada la Harka, comenzó a atacarla intentado cortarle la retirada, pero entonces se encontraron con las fuerzas de la Mehal-la que les cerró el paso. La Caballería actuó entonces cubriendo la Mehal-la, mientras aparecieron en el cielo aviones que volando muy bajo ametrallaron y bombardearon al enemigo que se deslizaba por los barrancos para rodear a las tropas españolas, en una coordinación perfecta. La disposición del asalto fue muy elogiada por su inmediato superior, el 549 teniente coronel Abriat, que destacó que su estudio del terreno y la disposición de sus fuerzas posibilitó un éxito absoluto, al cortar al enemigo la retirada. El repliegue, hecho en pleno día, con el enemigo alertado y pisándole los talones, fue ejemplar, con un relevo de escalones ejemplar y pausado, castigando al enemigo: “Destácanse por tanto con fuerza sus méritos en la preparación de la operación, en la ejecución y dirección de ella, en haber logrado los objetivos con escaso número de bajas, sobre todo si se tiene en cuenta en intenso fuego y número del enemigo, en haber aniquilado a éste casi en su totalidad y en el 1058 valor frío, reflexivo y sereno con que se condujo en todo momento” . Se provocaron al menos cincuenta bajas en el asalto a los rebeldes, recogiéndose trece fusiles, además de los heridos y muertos por la acción de las Mías de la Mehal-la y la Aviación, cinco aparatos al mando del comandante Fernández. Los muertos propios fueron tres, con doce heridos, por la Harka, más un muerto y tres heridos de la Mehal- 1059 la . Respecto a los aviones, todos recibieron impactos, y unos de ellos, averiado, tuvo 1060 que aterrizar en Midar. La noticia fue recogida por la prensa . Varela fue de nuevo felicitado por Primo de Rivera, por el Comandante General Sanjurjo, por el Jefe de la Circunscripción y el Jefe de las escuadrillas de Aviación. Su prometida, Carmen Movellán, envió un telegrama de felicitación a la que, se pensaba, iba a ser su 1061 suegra . De resultas de este golpe, Abd el-Krim ofreció en el zoco de Midar por boca de Moh Hemis la recompensa de 10.000 duros por la muerte del comandante Varela, y 1062 pagos en dinero por la cabeza de los oficiales, caídes y guías de la Harka . El 22 de enero, Varela marchó a Melilla por asuntos del servicio. Pero esa noche varias familias de Azib de Midar se pasaron al enemigo, y con ellas cuatro individuos de la Harka, lo que hizo que el comandante regresara rápidamente al campamento en aeroplano, ordenando la detención de cuatro jefes indígenas de la misma al haberse 1058 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 6-7, “Parte propuesta unipersonal [solicitud de recompensa] del Teniente coronel [Abriat], que suscribe, a favor del comandante don José Varela Iglesias por los méritos evidenciados en la operación del 19 de enero de 1925 para sorprender la guardia de Tamerit”, fechado en Melilla el 7 de mayo de 1925; copia del mismo fechada en Melilla el 14 de junio de 1925, fol 8-9. 1059 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 12-14, y también Carpeta 5, fol 101-103, informe del teniente coronel Abriat, fechado en Zahia de Abd-da, el 19 de enero de 1925. Sin embargo, en ACGJEVI, Carpeta 4, fol 390, “Relación jurada de los servicios prestados en esta Harka por el Comandante de Infantería Excmo. Sr. Don José Varela Iglesias desde el 7 de Octubre de 1924 al 31 de Octubre de 1925”, fechada en Axdir, noviembre de 1925, se cifran las bajas en tres muertos y dos heridos; Carpeta 6, fol 174, Copia `parcial del Diario de Operaciones de la Comandancia General de Melilla. 1060 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 15, ABC, Madrid, 20 de enero de 1925, “Efectos de una sorpresa”; fol 18, ABC, Madrid, 21 de enero de 1925, “La acción de España en Marruecos. La Harca del Comandante Varela ha sorprendido a una guardia enemiga recogiéndoles 23 muertos y 13 fusiles”. 1061 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 17, telegrama fechado el 21 de enero de 1925: “Muy contenta éxito Enrique le abraza dándole enhorabuena afectos a todos. Carmen”. 1062 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 89. 550 demostrado su connivencia con el enemigo. El ganado de las familias huídas fue confiscado y repartido entre los harqueños y los miembros de la Policía de la Mehal- 1063 la . El 27 de enero se incorporó a la Harka el capitán médico Antonio Vázquez Bernabeu. 3.9.6.- Destrucción de las bases económicas rebeldes y respeto a sus costumbres. Días después, supo el comandante Varela por confidencias que algunos grupos rebeldes estaban congregándose en el Zoco el Telatza de Ulad Buker, en M’Talza, para proteger los trabajos de siembra de estos terrenos. Dispuesto a destruir las bases económicas de la rebelión, el mando autorizó una operación para impedirlo. Varela 1064 preparó la acción cuidadosamente . El 28 de enero, con Varela al frente, cinco Mías de Infantería al mando del capitán Lapatza y una de Caballería a las órdenes del teniente Esponera de la Harka, todos ellos con Varela al frente, armados a la ligera con cien cartuchos, salieron a las 21:00 horas. A las 22.30 horas establecieron un puesto de socorro cerca de Tamasusin con el capitán médico Vázquez Bernabeu, depositando allí diez cargas de municiones de repuesto. Seguidamente se internaron en el territorio de Metalza, llevando en vanguardia la Mía de M’Talza, que conocía perfectamente la comarca, seguidas de la 2ª, 3ª, 4ª y 5ª, con grupos de flanqueo y servicio de exploración al frente. Se internaron unos catorce kilómetros en plena zona enemiga. Establecieron posiciones en Tixera y Reyan Laun, ambas abandonadas en 1921, y que fueron ocupadas ahora por dos Mías, con otra de enlace y que debía servir de protección en la retirada. Prosiguieron el avance hasta un barranco situados a tres kilómetros del Zoco el Telatza de Ulad Beker, sobre las 3:00 horas del 29 de enero, donde se ocultaron la caballería y las otras dos Mías, éstas algo avanzadas hacia el objetivo, y esperaron el amanecer. Sobre las 7:00 horas se avistó al enemigo, que llegaba escoltando su ganado. La Caballería atacó, sorprendiendo al enemigo. Fueron capturados dos enemigos, uno de ellos una mujer, y muriendo dos indígenas, tomando además seis mulas. El enemigo huyó ante el reconocimiento ofensivo, ordenando Varela replegarse rápidamente para impedir que el enemigo se reagrupara y recibiera refuerzos. En efecto, apareció un grupo de jinetes rebeldes que intentó reiteradas veces cortar la retirada a los harqueños, impidiéndolo los distintos escalones de repliegue. La Caballería cubrió la retirada, 1063 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 394-395, “Relación jurada de los servicios prestados en esta Harka por el Comandante de Infantería Excmo. Sr. Don José Varela Iglesias desde el 7 de Octubre de 1924 al 31 de Octubre de 1925”, fechada en Axdir, noviembre de 1925 1064 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 90-94, planificación de la ofensiva; fechada en Azib de Midar el 26 de enero de 1925. 551 llegando sin novedad al campamento a las 15:00 del día 29 horas sin sufrir bajas más 1065 que un caballo herido . De nuevo, Primo de Rivera le felicitó. La mora prisionera, de nombre Zahara, fue devuelta al enemigo con varias cartas. Varela usó de su ingenio y de su diplomacia para tratar con los rifeños. El día festivo musulmán se respetaba en la Harka. Pero más se demuestra en la carta dirigida a los rebeldes a través de la mujer rifeña Zahara, capturada en la incursión de M’Talza, y dirigida a los jefes rebeldes de esta cabila, Burrahail Musa Kaluri, Chaib Tuzani Buhiani, Hamed Acodak Buker, Buhatala, Hamed Abd Allhah Buhiani y Mohamed Si Allah: "Dios sobre todo. Dios es uno. La paz de Dios. Yo, el jefe de la Harka de Midar, Comandante Varela, os saludo a todos y os digo que la mujer Zahara que he cogido cuando el otro día fui con mi Harca por nuestro terreno y la hice prisionera, además de vuestro ganado y hombres que cogí, he puesto en libertad a ella y la hago conducir para que vuelva a casa de sus padres, para que veáis vosotros como se porta el Gobierno con la gente aun cuando sean enemigos. Además os digo que cuantas cosas pidáis al Gobierno se los concederán. Esta mujer vuestra, mientras la he tenido prisionera, ha estado en casa un hombre bueno, bien tratada y no se le ha hecho nada malo; pero ya veis nuestra fuerza cuando hemos paseado por vuestro propio terreno. El gobierno tiene deseos de que seáis buenos musulmanes y no quiere ningún mal para vuestra gente; pensad bien sobre esto que es la verdad y además yo el Jefe de la Harca no tengo más que una palabra y os castigaré con dureza todos invitándoos antes a venir por aquí si queréis, avisarme que no os pasará nada a nadie, hablaréis conmigo y si queréis volver al campo enemigo os dejaré en libertad, pero yo pienso que estáis mejor al lado del Gobierno como cuando fuisteis antes amigos de España. Yo os daré terrenos para sembrar y casa para vivir. El Gobierno sólo hace favor a los que son sus amigos. El Gobierno es grande y llegará el día en que por la fuerza os cogerá prisioneros. Y que os saluda a todos. Y la 1066 paz" . Con estas acciones lo que se pretendía era amedrantar al enemigo, y sobre todo más que realizar daños humanos, maltratar sus estructuras materiales, para forzarles a la rendición. 3.9.7.- Hostigamiento a las guardias enemigas. 1065 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 21-22, Informe del comandante Varela fechado en Azib de Midar, 29 de enero de 1925, copia mecanográfica. Con algunas discrepancias en las horas, ACGJEVI, Carpeta 4, fol 395, “Relación jurada de los servicios prestados en esta Harka por el Comandante de Infantería Excmo. Sr. Don José Varela Iglesias desde el 7 de Octubre de 1924 al 31 de Octubre de 1925”, fechada en Axdir, noviembre de 1925 1066 Pemán, , J.Mª: Un soldado en la Historia, p. 58; ACGJEVI, Carpeta 4, fol 36-37. Por Gobierno debe entenderse el Majzen Cherifiano. La transcripción de Pemán presenta ligeras correcciones de puntuación. 552 El 2 de febrero de 1925, tras recabar las informaciones pertinentes, Varela trazó un plan para desalojar al enemigo de la guardia situada en Taxarut Figrat (Axaro- Figaras o Azaro-Fuizar), en el contrafuerte de Yebel Udia, desde la que hostilizaba las fuerzas españolas, y frente a la posición española de Tayudait, en el sector de Beni- Ulises (Ulisis o Uliches). Tras obtener el permiso de Sanjurjo, Varela salió al anochecer con cinco Mías de Infantería y la de Caballería pie a tierra, dejando la 1ª Mía de guardia en el campamento. Salieron de éste a las 00:00 horas, y a las 1:00 horas llegó a Hamuda (Tafersit), donde se concentró la fuerza, incorporándose el capitán de Intervención de Tafersit Carlos Lázaro y el teniente Carlos Medialdea. A las 2:00 se llegó a Tayudait, donde gentes de Beni Ulises establecieron los servicios de flanqueo y exploración. Varela distribuyó las fuerzas. La Mía de Caballería y dos de Infantería asegurarían la retirada ocupando las alturas que dominaban la izquierda y derecha del camino, así como unos barrancos, estableciendo así un fuerte escalón de repliegue. Con las tres Mías restantes prosiguió Varela el avance, escalando en completo silencio y oscuridad las alturas de la posición, que fue rodeada al mando de Varela, Lapatza y Esponera. En la oscuridad, se oían los cantos y las conversaciones de los rebeldes, confiados en su seguridad. A las 5:30 horas se atacaron las trincheras y cuevas enemigas con fuego de 1067 fusil y granadas Lafitte , Varela por el centro, el capitán Lapatza por la izquierda y el teniente Esponera por la derecha. Los rebeldes se defendieron con fiereza refugiándose en sus parapetos y cuevas. La posición enemiga cayó en poder de los harqueños tras un cuarto de hora de dura brega, provocando ocho muertos entre el enemigo, y capturando tres fusiles. Desalojada la posición de enemigos, se inició el repliegue, hostigados por el enemigo. Fue necesario contraatacar para recoger algunas bajas propias, y se realizó la retirada hacia Tafersit. Se llegó al campamento a las 10:00 horas del 3 de febrero. Murió el sargento nº 231 Kanduchi Buhiauí, y quedaron cinco soldados heridos. Varela elogió 1068 el comportamiento de sus oficiales y soldados . Esta noticia fue celebrada por la 1069 prensa, en especial por la jerezana . Días después, el general Sanjurjo visitó el campamento de Azib de Midar y felicitó a la Harka. 1067 Según el informe de Varela, Carpeta 4, fol 24-25, fue éste quien dio la orden de asalto lanzando una granada; según el informe oficial, Carpeta 4, fol 26, los harqueños fueron descubiertos al llegar a unos veinte pasos de la trinchera enemiga, lanzándose entonces al asalto; Carpeta 6, fol 174, Copia `parcial del Diario de Operaciones de la Comandancia General de Melilla. 1068 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 24-25, Informe del comandante Varela, Azib de Midar, 3 de febrero de 1925. 1069 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 27, El Liberal de Sevilla, 6 de febrero de 1925, “Detalles de la incursión de la harka del comandante Varela”; fol 28, ABC de Madrid, 7 de febrero de 1925, “Noticias oficiales de 553 Paralelamente, las Harkas del capitán López Bravo, del comandante Muñoz Grandes o del capitán Castelló cosechaban éxitos similares en la zona occidental. En 1070 esos días la primera razzió los aduares del río Asmir , y la segunda emboscó a un convoy que desde la zona internacional de Tánger pretendía cruzar las líneas para 1071 abastecer las fuerzas rebeldes . A las 15:00 horas del 9 de febrero salió del campamento un Escuadrón y dos Mías de Infantería para impedir que una partida enemiga que se acercó a las casas de Buhasar, cerca de Azib, al otro lado del Kert, se llevara el ganado propiedad de los habitantes de Azib, y que allí pastaba. Tras sostener fuego con el enemigo, éste fue 1072 rechazado, frustrándose sus planes . De nuevo el 10 de febrero la Harka se puso en movimiento, a las 23:00 horas, para atacar las tres posiciones o guardias enemigas de Yebel Udia, en el sector de Beni- Ulises frente a la posición española de Dar-Salah. La operación fue muy preparada, y el terreno estudiado gracias a observaciones aéreas. Estas posiciones enemigas estaban en torno a la antigua posición española llamada A, instalada al principio del desfiladero que conduce a Annual. Salieron siete Mías al mando del comandante Varela, el capitán Lapatza y el teniente Esponera. A las 3:00 horas se había llegado al pie de Dar-Salah, a las inmediaciones de la posición, para atacar las tres guardias establecidas en torno a las llamadas posiciones A y Sidef. El capitán Lapatza, con el teniente Medialdea de la Intervención de Tafersit, al mando de dos Mías, debían capturar la guardia más lejana, a la derecha de la loma A. Otras dos Mías, al mando de Varela y del capitán Carlos Lázaro, de la Intervención de Tafersit, avanzarían por la divisoria que conduce a la posición, para atacar la guardia central. Un tercer grupo de una Mía, al mando del África”; fol 29, El Mensajero de Jerez, 7 de febrero de 1925, “Marruecos. De la brillantísima operación de la harca del comandante laureado Enrique Varela. El castigo impuesto a los rebeldes ha sido durísimo”, y fol 31-31, Heraldo de San Fernando, 10 de febrero de 1924, recogiendo el publicado en El Telegrama del Rif de Melilla, “La Harka de Varela castiga duramente a las guardias enemigas”, recogen la versión del asalto de Varela; al día siguiente, fol 30, 8 de febrero de 1925,”El comandante Varela obtiene otra victoria sobre los rebeldes. El quebranto del enemigo en Marruecos”, recogió el informe oficial; en cambio, figura con mala datación ACGJEVI, Carpeta 4, fol 5, El Mensajero de Jerez, “Siguen las sorpresas al enemigo”, 11 de enero de 1925, y ACGJEVI, Carpeta 3, fol 264, 20 de noviembre de 1924, “La Harca que manda el comandante Varela efectúa otra brillante operación de castigo”. Obviamente, las fechas de estos recortes de periódico están mal puestas. 1070 ABC, 12 de febrero de 1925; otras incursiones en ABC, 2 de mayo de 1925, p. 9, donde se citá también una acción de la harka Castelló, o en ABC, Madrid, 8 de diciembre de 1926, p. 15. 1071 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 26, “Copia de la Conferencia con Tetuán del día 6 de febrero de 1925 (mañana). 1072 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 396-397, “Relación jurada de los servicios prestados en esta Harka por el Comandante de Infantería Excmo. Sr. Don José Varela Iglesias desde el 7 de Octubre de 1924 al 31 de Octubre de 1925”, fechada en Axdir, noviembre de 1925 554 teniente Esponera, asaltaría la guardia avanzada a la central. El avance, sigiloso en plena noche con luna llena y por un terreno abrupto, era difícil. Las columnas iban precedidas de guías y de servicios de exploración que marcaban los caminos. Varela había estudiado detenidamente el terreno, y había establecido que se la Harka se ocultaría en un profundo barranco. La 7ª Mía fue emplazada en puestos dominantes de la divisoria, y en pequeños barrancos situados a la izquierda, para proteger flancos y retaguardia del asalto. A las 4:30 horas, las columnas estaban en sus posiciones de ataque, escuchando en la oscuridad las conversaciones de los centinelas rebeldes. Se lanzó una bomba como señal de asalto, y seguidamente se procedió a éste, con granadas y fuego de fusil. Un grupo de insurrectos se hicieron fuertes en una cueva, que fue preciso hundir con granadas, quedando sus tenaces defensores enterrados. La lucha fue breve, en media hora estaban los tres lugares tomados, dejando doce cadáveres enemigos, aparte los ocultos en los escombros, y los agonizantes por sus heridas en la huída, y once fusiles. La alarma cundió en el campo rebelde, por ser una zona muy poblada, y hubo que emprender una rápida retirada, facilitada por las fuerzas dejadas en retaguardia. La Harka, que sufrió algunas bajas, se reorganizó de nuevo al pie de Dar Salah, y regresó a su campamento, llevándose algunos de los cadáveres enemigos, y recibiendo el aplauso de los habitantes musulmanes de los aduares. Al llegar a Tafersit, la Harka desfiló y fue felicitada por el coronel Vera, Jefe de la Circunscripción, y telefónicamente la del general Sanjurjo. Las bajas sufridas fueron el sargento nº 202 Mohamed Ben Laarbi y 1073 un soldado muertos, y diez soldados heridos . Se consumieron 47.200 cartuchos Máuser y ciento cincuenta granadas de mano Lafitte. Varela elogió especialmente la actuación del teniente Esponera, que rodeó la posición a él asignada y cerró la huida del 1074 enemigo. En el asalto central, se distinguió por su arrojo el capitán Lázaro . La 1075 operación fue comentada por la prensa en tonos elogiosos . Todas estas operaciones 1073 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 454, “Harka Varela. Copia de los partes de operaciones, emboscadas y demás servicios dados por esta Unidad desde el día 8 de Octubre de 1924 a fin de Diciembre de 1925”, listado de los muertos y heridos; Carpeta 6, fol 174, Copia `parcial del Diario de Operaciones de la Comandancia General de Melilla. 1074 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 33-35, Informe de Varela, fechado en azib de Midar el 11 de febrero de 1925, copia mecanográfica. 1075 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 38-39, El Telegrama del Rif, Melilla, 12 de febrero de 1925, “La Harka que manda el comandante Varela efectúa otra brillante operación de castigo”; el mismo recorte en fol 163, pero incorrectamente datado el 12 de diciembre de 1925; idéntico errors en ACGJEVI, Carpeta 3, fol 264, 20 de noviembre de 1924, “La Harca que manda el comandante Varela efectúa otra brillante operación de castigo”.; fol 40-41, ABC, Madrid, 12 de febrero de 1925, “La acción de España en Marruecos. La Harca del Comandante Varela realiza otra incursión afortunada, cogiendo al enemigo 12 muertos y armamento”; 555 eran planeadas minuciosamente y presentadas al general Sanjurjo, que daba su consentimiento a las mismas. Ese año de 1924, Primo de Rivera, ya Dictador, planteó el repliegue, con lo que la Harka se convirtió en integrante de un sistema, en palabras de Pemán, "deslucido y aparentemente derrotista". Según Goded, la moral y el espíritu de combate se mantenían en la comandancia de Melilla gracias a Sanjurjo y a la Harka de Varela. Abd el-Krim puso precio a la cabeza de Varela, primero 10.000 duros, y después, 20.000 duros. Un indígena de Gueznaia fue enviado por Abd el-Krim, con tres fusiles como acto de sumisión, a la Harka de Varela, y no a Intervención, para pedir el ingreso en la Harka; Ganada la confianza, a la primera oportunidad daría muerte al comandante, a cambio de 3.000 duros. Pero fue delatado por otro confidente, Al-lal Ben Mehan, caíd de Beni Tuzin, que demostró que había sido enviado por el jefe de la Guardia enemiga de Timegart (Gueznaia) Moh Amar Ohto, y fue arrestado. Abd el- Krim responsabilizó del fracaso a Amar Ohto y le relevó, imponiéndole además una 1076 fuerte multa . Varela acompañó al general Sanjurjo a la Península durante unos días en febrero 1077 de 1925. Así lo anunció a su madre . El día 14 de febrero, la Harka salió con dos Mías, al mando del capitán Lapatza, en ausencia de Varela, para rechazar el hostigamiento por parte de los rebeldes de la posición de Issen-Lassen y la entrada al 1078 poblado de Azib, por Tissi Dris . En esos días el general Vallespinos, a la salida del Consejo del Directorio, manifestó que “las noticias de Marruecos eran muy buenas y que la harca que manda el comandante Varela seguía realizando, con buen éxito, 1079 incursiones en las guardias enemigas” . Es decir, que la Harka Varela se estaba convirtiendo en un arma propagandística del Directorio, dada su reputación y eficacia. El 1 de marzo de 1925, a petición de Varela, fueron destinados a la Harka los tenientes de infantería Rafael Tejero Saurina, procedente del Regimiento América nº 14, fol 45, El Sol,, Madrid, 13 de febrero de 1925, “La acción del Comandante Varela”; fol 164, “La harka de Varela castiga duramente a las guardias enemigas”, incorrectamente datado el 12 de diciembre de 1925. 1076 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 116-117. En el documento también se informa de movimientos de harkas rebeldes, así como de la recuperación de bombas aéreas y otros artefactos que eran reutilizados por los rebeldes para colocar al paso de carros de combate y tropas españolas, fol 118. Sobre la traición, también en fol 123-124 y 126. 1077 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 46, telegrama enviado el 14 de febrero de 1925. 1078 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 455, “Harka Varela. Copia de los partes de operaciones, emboscadas y demás servicios dados por esta Unidad desde el día 8 de Octubre de 1924 a fin de Diciembre de 1925”. 1079 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 47, ABC, Madrid, 17 de febrero de 1925, “La Harca del Comandante Varela sigue realizando con buen éxito incursiones en las guardias enemigas”. 556 y Julián García Menéndez, del Tarragona nº 78; días después, llegó el también teniente de infantería Manuel Rodríguez del Rivero, del Grupo de Regulares de Larache nº 4 y 19 de marzo, el capitán Benito Cardeñosa Carrozas, de la Zona de Pravia n` 111. También se incorporó como Caíd Mí Si Mohamad Moh el Hach Chojo, que años después sería Caíd de Beni Tuzin. Fue baja el teniente Cistúe, que pasó al 2º de Zapadores Expedicionario en Larache. 3.9.8.- La popularidad del comandante Varela. El jueves 26 de febrero de 1925, el comandante Varela estaba en Madrid, y participó en una recepción dada en casa de los que iban a ser sus futuros suegros, los marqueses de Movellán, en honor del nuncio, monseñor Tedeschini, y donde también estuvieron presentes los generales Dámaso Berenguer y José Sanjurjo, así como el coronel de Estado Mayor, Sánchez Ocaña, y personalidades de la nobleza madrileña. Varela fue obsequiado con un almuerzo en el Hotel Ritz por los duques de la Unión de Cuba y otros prohombres, y con una cena en el Hotel Palace por el duque de Andría Durante su estancia en la capital, Varela fue felicitado por el Rey, y por el general Primo de Rivera. En un orden más personal, se fijó la fecha de su matrimonio con la señorita Carmen de Movellán y Sánchez Romate, la cual finalmente no se llevaría a 1080 cabo . Varela salió de Madrid hacia Sevilla acompañando al general Sanjurjo el 3 de marzo, donde se le esperaba para celebrar un banquete, y después se detendría unas 1081 horas en San Fernando el día 5 para ver a su madre, y después regresaría a Melilla . Durante su estancia en Sevilla se les obsequió con un almuerzo en la Venta de Carlo, en Antequera. Asistieron el ayudante del general Sanjurjo, comandante de artillería Valenzuela, el comandante de artillería Juan Ternero, el hijo del general, Pepito, y varios prohombres y toreros sevillanos, como los hermanos Pickman o Ignacio Sánchez Mejías. Los periodistas quisieron entrevistar a Sanjurjo, acerca de la situación en el Protectorado, que el general calificó de muy tranquila, y de su próximo ascenso; pero éste los desvió hacia “Varelita” para que les contara historias de su Harka, añadiendo: 1082 “A Varela, que les diga Varelita lo que quiera. ¡El mejor día se lo meriendan!” . El 1080 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 49, El Mensajero de Jerez de la Frontera, 3 de marzo de 1925, “De Sociedad. En el palacio de los marqueses de Movellán”. 1081 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 52, El Mensajero de Jerez de la Frontera, 4 de marzo de 1925; fol 55, El Liberal de Sevilla, 5 de marzo de 1925, “Ha llegado a Sevilla el general Sanjurjo, acompañado del comandante Varela. Y mañana marcha a Cádiz para trasladarse en hidroavión a Melilla”. 1082 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 56-57, El Liberal de Sevilla, 5 de marzo de 1925, “La estancia del general Sanjurjo en Sevilla. Almuerzo del general y del comandante Varela en la Venta de Antequera”; fol 62, El 557 viaje en automóvil de Sevilla a San Fernando se hizo en el coche de Sánchez Mejías. Hicieron una breve parada en Jerez para almorzar, y saludar a amistades y personalidades. A su llegada a San Fernando fueron recibidos por los amigos y admiradores de Varela, y Sanjurjo una vez más se negó a hacer declaraciones sobre la marcha de la guerra, desviando su atención hacia Varela y su actuación, a quien calificó 1083 de “figura de la campaña” . En San Fernando, Sanjurjo y Varela fueron invitados a un almuerzo por sus amigos. El viaje hacia Melilla tuvo que ser pospuesto por el mal tiempo y porque el hidroavión había sufrido desperfectos al chocar con él 1084 accidentalmente un remolcador . Varela fue obsequiado a una comida por su amigo, el político y coronel de artillería de Marina Juan Bautista Lazaga, y al día siguiente otra en Cádiz, en su honor y en el del general Sanjurjo, en el restaurante Los Cisnes, organizado por el teniente coronel Francisco Cantos. La mayoría de asistentes eran 1085 militares y periodistas El día 7 de marzo, Varela recibió en su domicilio el título y artístico diploma de Hijo Predilecto de San Fernando, que le había sido concedido el 15 1086 de junio de 1923 . Esta entrega, tan discreta, fue bastante criticada por la prensa, tanto por el Diario de Cádiz como por El Mensajero de Jerez, éste último cuyo director propietario, Joaquín Fernández Baena, era gran amigo de Varela. Al despegar de Cádiz el hidroavión que llevaba al comandante Varela hacia Melilla, éste pidió al piloto que sobrevolara San Fernando, donde dejó caer, como homenaje a su ciudad natal, un ramo de flores, dedicado a la Virgen del Carmen, patrona local, con una tarjeta: “Saludo a San Fernando y deseo a mi pueblo todas las prosperidades. Comandante Varela”. Tan hermoso rasgo, según los periodistas, era para agradecer el nombramiento de hijo predilecto que, sin embargo, fue realizado en el domicilio del héroe con la sola 1087 asistencia del alcalde y un concejal por toda representación popular . Este seguimiento exhaustivo de la prensa demuestra la enorme popularidad de ambos militares, y también cómo los triunfos de Varela actuaban como arma propagandística para suavizar la oposición a la contienda. Durante su estancia en Mensajero de Jerez, 6 de marzo de 1925, “La estancia del general Sanjurjo en Sevilla y el Jerez. Almuerzo en honor del general y del comandante Varela”. 1083 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 58, 5 de marzo de 1925, “El general Sanjurjo y el comandante Varela”; fol 60 y 63, El Mensajero de Jerez, 6 de marzo de 1925, “En Jerez. Los heroicos y laureados jefes Sanjurjo y Varela, permanecen dos horas y media en Jerez”. 1084 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 64, Diario de Cádiz, 6 de marzo de 1925, “Agasajo al general Samjurjo”. 1085 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 75, “En San Fernando y Cádiz. Agasajos a los Sres. Varela y Sanjurjo”. 1086 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 71, El Mensajero de Jerez, 7 de marzo de 1925. 1087 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 81-82, El Mensajero de Jerez, 13 de marzo de 1925, “Las flores del héroe”. 558 Sevilla, Varela fue entrevistado por los periodistas acerca de sus métodos, y elogió a sus hombres: “Con los moros empecé, y con ellos sigo. Son buena gente, abnegados, valientes, decididos. Yo, ahora que soy jefe, les dejo opinar, acepto sus consejos, y aunque luego hago lo que me parece y mando lo que llevo estudiado, ellos se callan y terminan diciendo: ‘Tienes mocha suerte, comandante, Estar santón’. Hace un par de meses empecé a combatir de noche. Me está dando un resultado admirable. No falla un golpe”. Explicó sus métodos de combate, que suponían un estudio previo de la situación con aeroplano, discusión de la operación con los caídes, y planificación final. Se avanzaba con precaución en el campo enemigo, y se lanzaba el ataque por sorpresa aprovechando las últimas horas de oscuridad de la noche. Afirmaba tener pocas bajas y provocar muchas a Abd el-Krim. Varela se mostraba alegre y confiado en la entrevista. En el resto de la misma, Varela reconoció que había sido propuesto para ser ascendido a teniente coronel, y que quizá llegara a general en seis o siete años; que su nombre había sonado para ayudante del Rey, pero que pensaba que su sitio estaba en Marruecos mientras durara la guerra; y que acabada ésta, deseaba contraer matrimonio y se destinado a la embajada de París. Respecto a las amenazas sufridas por Abd el-Krim, explicó que ya había pasado por un intento de asesinato: -“Estamos preocupados con eso de estar pregonado por Abd el Krim. -“Y yo también. Ya ha venido uno por mí. Lo supe por una confidencia. Lo dejé llegar hasta que estuvo a tiro, y yo fui por él; es decir, yo no, mi pistola, que no falló ese día. -“Afortunadamente, amigo, Y que siga esa suerte. -“Usted lo ha dicho, suerte. Estas cosas se hacen mientras se cuenta con ese 1088 importantísimo factor” . En esta entrevista, descubrimos a un Varela muy activo, pero también a un oficial comprometido con sus hombres y obediente al mando, muy lejos del militar impulsivo y aventurero. Es un profesional que medita sus movimientos y planifica sus acciones con cuidado. Otro factor, es la actitud de sus hombres, que cortaban las cabezas de sus enemigos, pero que también estaban sometidos a la disciplina de los oficiales españoles. Mientras Varela estaba en la Península, la Harka seguía activa, con instrucción y adiestramiento. A principios de marzo se inició el reclutamiento de una nueva Mía de 1088 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 74, El Mensajero de Jerez, 8 de marzo de 1925, “Los combates nocturnos en la zona de Melilla. Hablando con el comandante Varela”, en Apéndice documental nº 20. 559 Infantería, a las órdenes del caíd Al-lal Hammu de Bufarcuf. En la noche del 3 de marzo de 1925, dos indígenas fueron sorprendidos intentando sabotear la vía del ferrocarril. Uno de ellos estaba emparentado con el caíd Hamadi de la Harka de Varela, y se le 1089 sorprendió con un fusil Máuser propiedad de éste, que al parecer le había prestado . 3.9.9.- El cañón del monte Infermín. La Harka intervino en treinta y dos acciones de guerra, la principal de las cuales fue la del cañón de Infermín. En el monte Infermín, al oeste de Beni-Ulixec, el enemigo emplazó un cañón que hostilizaba las posiciones españolas, en especial la de Tafersit. Aquel cañón era una clara muestra desafiante del poder de Abd el-Krim. Varela pidió permiso a Sanjurjo para acallar el cañón. Obtenido el permiso, Varela supo por un confidente, el Caíd de Beni-Tuzin, la situación del cañón. Por otro lado, los cabileños de Beni-Ulixec le tenían manía a la pieza porque la aviación española, al buscarlo, bombardeaba los alrededores, destrozando casas y cosechas. El cañón estaba oculto en una batería de artillería tan oculta que se describía como un pozo. Varela solicitó a Sanjurjo permiso para destruirlo. La incursión sería sin 1090 aviación, sin carros ni artillería. Previamente, Varela revió informes , y envió a la zona rebelde a Hassan Ben Haddu, cuya familia vivía en el poblado de Bugassi, situado en la vertiente occidental del Monte Iferni, para que estudiara el emplazamiento del cañón y las guardias cercanas. El 23 de marzo de 1925, por la tarde, Hassan Ben Haddu regresó. Explicó que en los poblados de Beni-Medien y Beni-Azru había un grupo de ciento cincuenta hombres que guarnecían las guardias y barrancos próximos a la posición de Tissi Aza; que la guardia establecida en el morabo de Sidi Yahia, lugar bien fortificado, se había retirado a causa del mal tiempo, yéndose los hombres a los poblados; y que la fuerza que custodiaba las trincheras que rodeaban al cañón, se había reducido a cincuenta hombres. Una de estas trincheras era semicircular, con la convexidad vuelta hacia afuera, hacia Tafersit; en su interior, una explanada en declive servía de resguardo a la pieza. A dos kilómetros, en el poblado de Misab-Zauia, y custodiados por hombres de total confianza de Abd el-Krim, se guardaban el cierre y los 1091 proyectiles de la pieza . 1089 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 168-171. 1090 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 105, confidencia de Al lal Mehan U Aixa, caíd de Beni Tuzin. 1091 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 173-174, Informe del Comandante Varela, fechado en Azib de Midar el 24 de marzo de 1925; ACGJEVI, Carpeta 5, fol 455-457, “Harka Varela. Copia de los partes de operaciones, emboscadas y demás servicios dados por esta Unidad desde el día 8 de Octubre de 1924 a fin de Diciembre de 1925”. 560 Varela, plenamente confiado en Hassan Haddu, que iba a servir de guía, y avalada esta confianza por el Cheg de Beni Tuzin, Alan Mejant U’Aisa, notable al servicio de España, decidió aprovechar la oportunidad, porque el abandono de la posición de Sidi Yahia facilitaba extraordinariamente la aproximación al objetivo. Varela sabía que la retirada se vería obstaculizada por los hombres del poblado de Beni- Medoen, cercano al objetivo, que acudirían al fuego en unos veinte minutos dada la alarma, con unos ochenta fusiles, así como los de Bugassi, y que se podrían reunir unos mil enemigos Pero el afán de destruir ese cañón, que durante dos años había martirizado las líneas españolas, y cuya destrucción, a la vista de Tafersit, supondría un enorme golpe moral para los rebeldes, así como el incondicional apoyo que le brindaba en sus operaciones el general Sanjurjo, le decidió. Esa misma noche del 23 de marzo de 1925 la Harka, con sus siete Mías divididas en cuatro grupos, salió a las 21:00 horas hacia su objetivo, las 2ª, 4ª y 5ª Mías, al mando del capitán Lapatza y del teniente Tejero, eran el grupo central, y debían llegar hasta el cañón e inutilizarlo; la 6ª Mía y la mitad de la 7ª Mía, con el teniente Esponera, debía cubrir el flanco derecho, ocupando los barrancos que desde los poblados de Imediuen y Bugassi daban acceso por la vertiente occidental a la divisoria de las aguas; la 1ª Mía y la mitad de la 7ª Mía, con el teniente Rivero, cumpliría idéntica misión en el flanco izquierdo, cubriendo puestos a lo largo del camino de Beni-Medien a Tissi-El-Ma, para cerrar el acceso a la divisoria en la parte oriental, y cerrar el paso al enemigo que pudiera converger desde Beni-Medien y Beni Azrú, así como desde la hoyada de Tafersit; la retaguardia sería cubierta por el teniente García Menéndez para cubrir el camino de la divisoria, ocupando los escalones previstos para la retirada, y formando la reserva. Los hombres iban equipados a la ligera, con bombas de mano y cien cartuchos por individuo. La Harka llegó a Tafersit a las 22:30 horas. Allí se estudió con el jefe de la circunscripción, el jefe del campamento de Tafersit teniente coronel del África 68 Fernández Ampón, y el jefe de Estado Mayor comandante Ortega el apoyo que podía recibir la Harka de los carros de asalto (en realidad camiones blindados), al mando del comandante de Ingenieros Sastre, y de la artillería de la posición española, así como de la Aviación. Se incorporaron el capitán Lázaro y el teniente Medialdea, ambos de la Intervención Indígena, con algunos mehazníes de paisano. Se reanudó la marcha sobre las 23:00 horas, y se concentró la Harka, dividida en cuatro grupos, al pie de Tizi Alma (Tissi El Ma), por su camino cubierto, a las 3:00 horas del 24 de marzo. Tras un breve descanso, salieron los exploradores, que verificaron el abandono de las trincheras de las 561 guardias. Entonces se avanzó, desplegándose en el frente convenido. Varela, al frente de su escolta, avanzó hacia el punto donde se encontraba el cañón. Varela había dispuesto que el capitán Lapatza y al teniente Tejero realizaran un ataque frontal contra la cresta de Infermin, mientras que por los flancos avanzarían los tenientes Esponera y Rodríguez del Rivero (que llegaría a coronel de Aviación), mientras el teniente García Menéndez quedaba al mando de la reserva. El día amaneció con nieve y ventisca. Al amparo del mal tiempo, los harkeños, entre la lluvia y la nieve, escalaron el Ifermin y llegaron a las cercanías de la pieza sin ser descubiertos. Ya inmediatos al cañón, los hombres de Lapatza fueron descubiertos. El enemigo hizo fuego, quedando herido el comandante Varela en el vientre, que, no obstante, ordenó el ataque asaltado los harqueños con granadas de mano y fuego de fusil las trincheras enemigas. Los defensores, totalmente sorprendidos, fueron rápidamente neutralizados. El cañón era un modelo Saint- Chaumond de fabricación española, demasiado pesado para arrastrarlo, por lo que Lapatza y Tejero le introdujeron en el tubo seis cargas de trilita, y seguidamente se le despeñó junto con la cureña sobre la hoya de Tafersit, de una altura aproximada de 700 metros. Seguidamente, se procedió al repliegue, ordenado bajo el apoyo de las posiciones establecidas en los flancos y retaguardia. El ruido de las explosiones atrajo a los contingentes enemigos de Bu-Median y de Beni-bu-Yari del Uta, dificultando la operación de retirada, obstaculizada además por la nieve, y porque las malas condiciones meteorológicas impedían el apoyo de carros, artillería y aviación para cubrirla. Se entabló un vivo fuego de fusilería. Cuando la Harka se concentró e Tissi El Ma, Varela se apercibió que el núcleo central del ataque, con Lapatza y Tejero, no se habían retirado, y estaban en dificultades. El capitán Lapatza había sido herido en el pecho, y el teniente Tejero sostenía la embestida enemiga. Varela, vestido con su chilaba, herido levemente en el vientre, pero dirigiendo la maniobra, al ver en apuros a sus hombres, ordenó a las fuerzas del flanco y de reserva que contraatacasen. La porfía entre las alambradas al arma blanca consiguió desviar al enemigo hacia las derecha en dirección a Asgoul, facilitando el repliegue del capitán Lapatza y sus hombres por la izquierda. Varela se mantuvo al mando hasta cubrirse en Tissi El Ma, perseguido de 1092 cerca por el enemigo, y no quiso hospitalizarse . Allí los heridos fueron atendidos por el teniente médico de Intervención Castro, y seguidamente se completó el repliegue hacia Tafersit, llegando allí a las 10:00 horas. La Harka tuvo trece muertos y veintiún 1092 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 210. 562 heridos, a los que hay que sumar Lapatza y el propio Varela. Se consumieron 48.000 cartuchos Máuser y unas cuatrocientas granadas Lafitte. Varela atribuyó el éxito de la operación a sus oficiales, en especial al capitán Simón Lapatza y al teniente Rafael Tejero: “…solo con oficiales del temple de éstos, se concibe la conducción al combate, de una importancia como este, al personal que compone una Harka y cuya bravura es hija del espíritu que le han sabido imprimir sus oficiales; la salida de la posición de Tissi El Ma, con enemigo próximo a la alambrada, sin dudas de la moral que este tuvo siempre en este sector donde como he dicho anteriormente se han desarrollado combates sangrientos, fue un ejemplo hermoso de compañerismo, el ser ellos los primeros que al frente de sus Harqueños pistola en mano se lanzaron a una lucha difícil que trajo como consecuencia un combate encarnizado con arrollo total del enemigo, en estos últimos momentos hicieron notoria ofrenda de sus vidas tan ejemplarmente que estimo como mi mayor honra militar mandar Oficiales de condiciones tan brillantes, en cuantas ocasiones fueron necesarias se excedieron en el cumplimiento del deber y sus brillantes cualidades de valor, inteligencia y disciplina quedaron selladas en este combate tan singularmente como la digna ejecutoria de la labor que al frente de estas fuerzas vienen desarrollando especialmente el Teniente Esponera que se encuentra en esta Harca desde su creación. “La tropa se comportó bravamente aunque no desconocía el Jefe que suscribe que los indígenas sentían temor ante la empresa que no llegaron a conocer hasta el momento de la ejecución, sin embargo hubo ejemplo repetido de valor distinguiéndose los indígenas que en relación aparte acompaño a los que creo 1093 merecedores de recompensas para estímulo de los demás” . Queda clara la extraordinaria dificultad de la empresa, y la pericia con que fue planificada y realizada. Una vez más queda de relieve que Varela establecía un plan de batalla complejo y meticuloso, con reconocimiento del terreno y acción temeraria pero calculada, con un esquema sólido de repliegue. Varela fue trasladado a Melilla en el 1094 automóvil del general Sanjurjo. El comandante fue felicitado por el Rey , el Dictador, 1095 1096 el general Sanjurjo y otros oficiales . El hecho fue comentado por la prensa . 1093 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 173-176, Informe del Comandante Varela, fechado en Azib de Midar el 24 de marzo de 1925; fol 180, Diario de Operaciones, establece que los muertos con cinco y los heridos y de treinta a cuarenta heridos; Carpeta 6, fol 174, Copia `parcial del Diario de Operaciones de la Comandancia General de Melilla. 1094 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 183, telegrama del Rey fechado el 24 de marzo de 1925, a las 16:25 horas: “Te envío muy cariñosa felicitación que hago extensiva a los que bajo tus órdenes coadyuvaron a brillante y arriesgada hazaña enviando también capitán Lapatza mi afectuoso saludo. Alfonso”, Esa misma noche, el Rey felicitó también a la prometida de Varela, Carmen de Movellán, la cual remitió un cariñoso telegrama a la madre del comandante, fol 184; fol 208, “Noticias del sector de Melilla”, texto de un segundo telegrama del rey, y contestación al mismo; fol 186, Varela le envió a su madre el siguiente 563 Por tal hecho de armas, el general Sanjurjo propuso a ambos oficiales, Varela y Lapatza, para la Medalla Militar individual, escribiendo en su parte sobre el comandante de la Harka: “…esto da perfecta idea de su inagotable iniciativa, acometividad, y 1097 prudencia a la vez, cuando es necesaria…” . La Medalla les fue concedida por Real 1098 Orden del 13 de mayo de 1925 , e impuesta en Tafersit por el general y Dictador 1099 Primo de Rivera el 18 de abril, ante la Harka . Simón Lapatza Valenzuela sanó de su herida, y en 1927 era comandante. telegrama: “Me honro nuevamente viéndome herido por mi Patria”, 25 de marzo de 1925; fol 189, envió un nuevo telegrama afirmando que había sido operado con éxito, y se encontraba muy bien y levantado; fol 207, 27 de marzo de 1925, telegrama en el mismo sentido; fol 196, telegrama de Sanjurjo a la madre de Varela, notificándole su buen estado; fol 214 y 216, Varela telegrafió a su madre comunicándole su rápida recuperación. 1095 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 181 y 194, telegrama del general Sanjurjo al coronel Lazaga, en San Fernando, notificándole que la herida de Varela es leve, 24 de marzo de 1925 a las 17:25 horas; fol 182, telegrama de Varela a su madre notificándole que su herida es “muy leve”, 24 de marzo de 1925 a las 17:25 horas; fol 192, telegrama de felicitación del general Saro; 26 de marzo, telegrama de felicitación del coronel Salcedo; fol 202, carta del comandante Joaquín Ortiz de Zárate, fechada el 26 de marzo de 1925, con membrete de la Escuela Central de Tiro (murió como coronel en la Guerra Civil al mando de tropas requetés, del Tercio de Lácar); carta de Eleuterio Peña, fechada fechada el 27 de marzo de 1925, con membrete de la Escuela Central de Tiro, con recuerdos para “Don José [Sanjurjo], a Pepe, Justo [Sanjurjo], Pablito [Martin Alonso], Valenzuela y López Comte (el coronel Eleuterio Peña fue nombrado Delegado de Asuntos Indígenas por el Frente Popular en 1936); fol 218, carta de felicitación de Abd-el- Kader Hach, fechada en Melilla el 25 de marzo de 1925, con membrete del Delegado del Gran Visir en el Territorio del Rif; fol 222, telegrama del general Barrera; fol 223, telegramas del general Dámaso Berenguer, del coronel Goded, de Manuel García Herrán, y del Marqés de Alventós en nombre de la Maestranza de Sevilla; fol 224, telegramas dxel general Sanjurjo, del alcalde y Ayuntamiento de San Fernando, del coronel Francisco Franco y del coronel Millán Astray. 1096 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 177, 25 de marzo de 1925, “El parte de esta madrugada”; fol 178; fol 179; fol 185, “”La jarca de Varela coge un cañón enemigo”; fol 187, El Telegrama del Rif, 25 de marzo de 1925, “La Harca del comandante Varela se apodera del cañón rebelde del Ifarni. Durante el combate nieva copiosamente”; fol 188, La Libertad, “La audaz aventura del comandante Varela”; fol 190 y 201, El Mensajero de Jerez, 26 de marzo de 1925, “Otro éxito del comandante Varela”; fol 191, 25 de marzo de 1925, “El comandante Varela herido”, fol 197-198, El Correo de Andalucía, 26 de marzo de 1925, “Detalles de la operación del comandante Varela”; fol 199, 25 de marzo de 1925, “El comandante Varela”; fol 200, 26 de marzo de 1925, “La operación sobre Ifernin. Los moros tuvieron importantes bajas”; fol 204-205, Heraldo de San Fernando, 27 de marzo de 1925, “Nueva hazaña de Varela”; fol 206, 27 de marzo de 1925, “En Alcázar”; fol 211, “La última operación de la Harca de Varela”; fol 212, El Mensajero de Jerez, 28 de marzo de 1925, “La Harca del comandante Varela se apodera del cañ´pn rebelde del Ifarni”; fol 215, Diario de Cádiz, 29 de marzo de 1925, “Ha tenido la honra de ser herido” 1097 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 210. 1098 ACGJEVI, fol 220, “Recompensas”; fol 221, Diario Oficial nº 108. 1099 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 287, copia el texto de la concesión del Diario Oficial de fecha 17 de mayo de 1925 y Circular fecha del 13 del mismo, que confirma la concesión de la citada recompensa: “El General en Jefe del Ejército de España en África el 18 de abril próximo pasado y en uso de las atribuciones que le confiere el artículo 3º del Reglamento de la Medalla Militar y el 25 de recompensas en tiempo de guerra, dio cuenta de haber concedido dicha Medalla al Comandante de Infantería D. José Varela como recompensa ejemplar e inmediata a su muy notorio y distinguido comportamiento en la operación que preparó para sorprender y asaltar la posición enemiga del Ifermin, con objeto de apoderarse e inutilizar un cañón con el cual nos hostilizaban realizándolo en la mañana del día 24 de marzo último al mando de su Harka, logrando con su arrojo y pericia el objetivo propuesto no obstante la tenaz resistencia enemiga que venció por completo poniendo de relieve una vez más sus excepcionales dotes de mando y valentía demostrado anteriormente en muchas ocasiones con motivo de su brillante actuación al frente de la referida Harka en cuyo hecho resultó herido, en su vista y de acuerdo con el 564 Su madre le escribió: "Mi queridísimo dijo: Hoy, a las 11 de la mañana, cuando estaba leyendo en el Diario de Cádiz la brillante operación que con tu harka habías realizado, recibo el rayo comunicándome había sido herido nuevamente. ¡Orgulloso te encontrarás por ser muy honroso derramar la sangre por la querida Patria! Yo también lo estoy, sin que con esto pueda quitarme el dolor que hoy siento el verte herido por cuarta vez y sólo pido a Dios que sea leve como dices". Varela le contestó: "Queridísima madre: (…) La operación ha tenido una brillantez aplastante; ha sido de mucha importancia, tanto en el orden material, moral; quizá más en este último. El General que la presenció me abrazó llorando; he sido propuesto telegráficamente para la Medalla Militar y ya me la han concedido. Única recompensa que me faltaba, ya la tengo. Mi herida es leve, en el costado izquierdo, sin penetrar mucho. Siempre Dios conmigo y tengo fe que continuará en la misma forma. Y nada más por hoy. No te preocupes que no tengo nada, te aseguro por mi honor que estoy ahora mismo en la habitación escribiéndote ya 1100 levantado" . La pérdida del cañón supuso un revés moral para Abd el-Krim. Con el esfuerzo de doscientos hombres el cañón fue devuelto a su posición, pero no se consiguió recuperar las ruedas, y estaba totalmente inutilizado. Para desmentir la noticia, el hermano de Abd el-Krim ordenó traer uno de los tres cañones situados en Sidi Dris (Tensaman), con el trabajo de cien hombres. Pero para la nueva pieza sólo se disponían 1101 de diez cartuchos . La Harka Varela se había hecho famosa. El 5 de abril de 1925 le fue impuesta al comandante Varela, así como al capitán Lapatza, la Medalla Militar, en 1102 Tafersit, por parte del general Primo de Rivera . Ese día, Primo de Rivera inauguró el monumento a los caídos en Monte Arruit, marchó después a Dar Drius, donde tras revistar a la columna del Regimiento Ceriñola arengó a los oficiales, y después a Tafersit, donde esperaba formado el Regimiento África, donde impuso las citadas Medallas, así como al capitán de Regulares de Alhucemas, Helios Rolando, y al teniente de Ingenieros Lorenzo Becerril. En su discurso, Primo de Rivera recordó las figuras de Directorio Militar y por resolución fecha de ayer se confirnma la referida concesión de la Medalla Militar”; también en Carpeta 5, fol 430-431, “Harka Varela, Diario de Operaciones de la misma desde el día 7 de octubre de 1924 a 31 de diciembre de 1925”. 1100 Pemán, J.Mª, Un soldado en la Historia, p. 60. 1101 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 178. 1102 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 84, notificación de la ceremonia de imposición de la Medalla; fol 85, telegrama a su madre dando la noticia de la imposición; fol 86, Heraldo de San Fernando, 28 de marzo de 1925, “Justa propuesta”, donde se explicaba la proposición para la Medalla por parte del general Sanjurjo; fol 87, 8 de abril de 1925, “El general Primo de Rivera en Melilla”; fol 90, La Unión Ilustrada, 12 de abril de 1925, fotografía del acto. 565 los tenientes coroneles Valenzuela y Temprano, y anunció la concesión de una bandera para los Regulares de Alhucemas. La Medalla Militar de Varela fue un regalo de su prometida, Carmen de Movellán. Durante la primavera de 1925, Abd el-Krim comenzó a fortificar las playas de Alhucemas. El registro de confidencias de la Harka Varela registra las nuevas obras y armamento que se instaló en ellas. Se anotaban posiciones de cañones y ametralladoras, 1103 así como dirección de las trincheras y el número de hombres que las ocupaban . Era notorio el descontento de los rifeños bajo el gobierno de Abd el Krim. En abril de 1925 ordenó que las fiestas de Ait el Sguer se celebraran al pie de las guardias de cada poblado, para que no decayera la moral de los combatientes, y que los faquíes mantuvieran excitado al pueblo, con rezos y ceremonias, “para no desmayar en la 1104 guerra contra el cristiano” . Repartió recompensas y botín, pero fue criticado por su avaricia, pues “la gratificación que ha dado no ha excedido de cien pesetas”. También 1105 se daban noticias de enfrentamientos internos y de rebeliones contra Abd el-Krim . Los bombardeos impedían la siembra y el comercio, el hambre y el descontento crecían. A finales de abril de 1925, Abd el-Krim, según el confidente herido por iperita, reunió a los jefes de las cabilas de Temsaman, Beni Tuzin, Gueznaya y M’Talza, y “les ha reconvenido por el comportamiento de las citadas Kábilas pues opina que no hacen una labor provechosa y que pueden trabajar mucho más y mejor; les ha puesto como ejemplo las kábilas de Tetuán que han hecho casi por si solas la insurrección sin ayuda, o muy poca, de los Rifeños. Todos ellos contestaron que la culpa no era suya, pues en todas las kábilas citadas el mando procede del Rif, lo mismo en la harka que en el territorio, lo cual les disgusta a todos por creer que se bastan a sí mismos, con sus propios Jefes y que ese procedimiento del cabecilla les hace aparecer ante sus gentes como mujeres o hebreos”. Abd el-Krim añadió que el Jeriro iba a acudir al mando de una harka importante, pero los jefes de Beni Tuzin, al salir de la casa, se reunieron y redactaron un escrito de protesta pues no deseaban ser mandados por “individuos de fuera”. De todas formas, los rumores insistían en que Heriro estaba disgustado con Abd el-Krim porque éste 1103 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 147-148. 1104 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 151. Confidencias de Mohamed Chojo, caíd de la Harka, y de Mohamed Al- lal Mehand, caíd de Beni Tuzin, fechada en Midar el 13 de abril de 1925. Sello de la Harka Varela, emblema en forna de almendra con la Mano de Fátima y una media luna con las puntas hacia arriba. 1105 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 152. 566 mantenía en prisión a Haled, hijo de El Raisuni. También Abd el-Krim notificó sus 1106 planes de situar cañones ante el posible desembarco de los españoles en Sidi Dris . El 2 de abril, el capitán medico de la Harka, Vázquez Bernabeu, ingreso en el Hospital, y fue reemplazado por el Practicante Alfredo Donaire, de Intervención Militar. El día 15 de abril, a las 11:00 horas, un aeroplano español realizó un aterrizaje forzoso cerca del campamento de Azib de Midar, con su piloto, teniente Enrique Muñoz, herido por las guardias de Timegart. El aparato tomo tierra gracias a su observador, teniente de Artillería Alamán. El teniente Muñoz falleció de su herida poco después. 3.9.10.- Nuevos ataques contra las guardias. El Diario de Operaciones de la Comandancia General de Melilla registró, el 19 de abril de 1925, que en el bombardeo aéreo del zoco el Had de Beni-Bu-Yari del Llano, con bombas de trilita y ráfagas de ametralladora, los aviones fueron tiroteados, quedando heridos los tripulantes de un Bristol 14, teniente piloto Juan Moneo, y sargento bombardero Jesús Cartagena. El aparato cayó en barrena y se estrelló en la llanura entre Azib de Midar y Beni Bu Yari, frente a Tauriat Uchen. Ambos tripulantes, teniente piloto Moneo y sargento bombardero Cartagena, murieron, y quedaron carbonizados. La Harka, al mando del capitán Cardeñosa y los tenientes Rivero y Tejero salió a recoger los cadáveres, junto a hombres de otras fuerzas de Regulares y Mehal- las, entablándose un tiroteo con el enemigo. Los harqueños consiguieron también 1107 incendiar el aparato, para que el enemigo no pudiera aprovechar nada del mismo . Durante el tiroteo, varios aparatos que estaban en vuelo sobre Midar apoyaron a la Harka, manteniendo alejado al enemigo. Uno de los aparatos, pilotado por el teniente Sernén Ordiales, aterrizó en plena línea de fuego para informarse de lo ocurrido e informar al mismo tiempo de los lugares por los que avanzaba el enemigo, en un alarde 1108 1109 de valor y sangre fría . La Harka tuvo cinco bajas y un caballo muerto . 1106 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 251, Confidencia de Moghamed Al-lal Mehand, caíd de Beni Tuzin, 30 de abril de 1925. 1107 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 157, “Copias parciales del Diario de Operaciones de la Comandancia General de Melilla”. 1108 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 458, “Harka Varela. Copia de los partes de operaciones, emboscadas y demás servicios dados por esta Unidad desde el día 8 de Octubre de 1924 a fin de Diciembre de 1925”. Se adjuntan los nombres de los heridos. 1109 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 400, “Relación jurada de los servicios prestados en esta Harka por el Comandante de Infantería Excmo. Sr. Don José Varela Iglesias desde el 7 de Octubre de 1924 al 31 de Octubre de 1925”, fechada en Axdir, noviembre de 1925. 567 Días después, la Harka de Varela intervino en un nuevo combate. Conocedores de que los rebeldes estaban fortificando las alturas de Afriat (Afriu) hasta Tauriat Usar, y que habían robustecido las guardias frente a Issen Lassen y Tauriat Tausat, se dispuso que la Harka golpeara dichas posiciones para obstaculizar los trabajos. En la madrugada del 28 de abril de 1925, a la 1:00 horas, la Harka de Varela, con siete Mías de Infantería y una de Caballería pie a tierra, salió de su campamento de Azib de Midar, por el cauce del río Melul, dividida en tres columnas: una, al mando del capitán Cardeñosa, con los tenientes Esponera y Rodríguez Rivero, con la 3ª y 6ª Mías, debía rodear el macizo que termina en Afriat para coger de través o por la retaguardia a las guardias; con él iban también la 5ª Mía, que al mando de su Caíd quedaría apostada en el cauce del Melul para proteger el flanco derecho, y la Caballería desmontada , más retrasada, en Tauriat Hamí, para impedir que el enemigo procedente de Midar o de Beni Melul pudiera trepar hacia el Afriut. La segunda columna, al mando del teniente Tejero, con la 7ª Mía, debía atacar las guardias rebeldes de Tauriat Askar (Escart), ocupando la posición y manteniéndola, para proteger el flanco izquierdo del ataque e impedir que se acercara en su socorro la Harka enemiga de Timergat, a través de los barrancos de ese lado. La tercera fuerza, en el centro, al mando directo del comandante Varela y del teniente García Menéndez, con las 2ª y 4ª Mías, debía marchar hacia las guardias de Axaro Druch, rodearlas, atacarlas, desalojar al enemigo y destruir sus fortificaciones. Las fuerzas se acercaron sigilosamente, precedidas de pequeñas patrullas de exploración, que evitaban las sorpresas. En Tauriat Hamú se organizó el despliegue. A las 4:00 horas, los harqueños de Varela estaban ya dispuestos para el asalto sin haber sido descubiertos. Cuando el capitán Cardeñosa, que era quien debía dar la señal de ataque dado que era quien más camino debía recorrer, la lanzó, se atacaron los objetivos por sorpresa simultáneamente, Tauriat Tausar, Axaro-Bruch y Afriut. Estos dos últimos puntos ofrecieron más resistencia, pero ésta finalmente se doblegó. Los rebeldes vencidos huyeron, siendo recogidos cinco muertos, tres fusiles Máuser y un Remington, municiones, ropas y mantas. Se destruyeron las fortificaciones, y se dio la orden de retirada cerca de las 5:30 horas. El capitán Cardeñosa y su fuerza se unieron a la columna de Varela para replegarse hacia Tauriat Tausat, ocupando las lomas de Tauriat Tusir, reuniéndose con las tropas de reserva del río Malul, y la columna del teniente Tejero. Para entonces, la alarma provocó que sobre los hostigadores cayeran los rebeldes. La Harka, muy hostigada, se replegó en buen orden hacia Tauriat Taisat (o Tauriat Tausat). El enemigo, amparándose en lo quebrado del terreno, le disparaba de 568 cerca. El repliegue fue protegido por las baterías de la posición de Tauriat Taisat, mandada por el teniente Del Monte y por las ametralladoras de Issen Lassen. La Harka tuvo ocho muertos y once heridos, siendo contuso por arma de fuego en la cabeza el capitán Benito Cardeñosa. Se consumieron en la operación 45.000 cartuchos y 1110 doscientas bombas de mano . El 2 de mayo, a las 21:00 horas, Varela recibió aviso telefónico desde la posición de Tauriat-Tausat (Taumat) de que había un grupo enemigo de unos veinte hombres merodeando cerca de las alambradas. Se dio la alarma y Varela, al mando de cuatro Mías, con los tenientes García Menéndez y Esponera. Se realizó un movimiento envolvente sobre el enemigo por el frente de Midar y de Issen-Lassen, y se le puso en fuga, rechazándolo tras el tiroteo. Se encontró un saco de municiones, y se retiraron cinco bombas de aeroplano colocadas por los rifeños en las alambradas. Por un desertor de las filas de Abd el-Krim, se supo del temor que despertaba la Harka y del profundo respeto que inspiraba el comandante Varela, que “es hombre joven que viste en el combate con chilaba igual que los harqueños y marcha al frente de 1111 las fuerzas y cuando tiran bombas de mano él es el primero que las arroja” , por lo que se ofrecía una importante recompensa por su muerte o captura. El 20 de mayo, a las 7:00 horas, la Harka salió para proteger las obras de fortificación de la casa de Hach Fechum, en el poblado de Azib de Midar, cruzando fuego con el enemigo. A finales de mayo, las noticias sobre los avances franceses en el sur deprimieron a los rifeños, y se movilizaron a muchos hombres para detenerlas. Los franceses bombardeaban la zona e impedían el comercio. Varela estuvo planeando apoderarse de un cañón enemigo situado en Yebel Uddea, pero éste fue retirado más al interior de las líneas rebeldes, a Karrucen, cerca de Tanut. Fue por entonces cuando Abd el-Krim ofreció 20.000 duros por la cabeza de Varela. Se sabía que Abd el-Krim podía presionar a miembros de la Harka, por tener en la zona rebelde familiares que podían ser empleados como rehenes; y que en Timegart un grupo de muyahidines se comprometió 1110 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 92, 29 de abril de 1925, “Por tierras de África. La jarca del comandante Varela riñe un rudo combate con los rebeldes”; fol 93-95, Informe del comandante Varela, mecanografiado y fechado en Azib de Midar el 28 de abril de 1925; fol 96, 29 de abril, “La harca enemiga dirigida por el comandante Varela atacó varias posiciones de los rifeños en la zona oriental”; fol 97, 29 de abril de 1925: “Una emboscada. Incursión de una harca”; fol 101-102, Heraldo de San Fernando, 3 de mayo de 1925, “La Harka del comandante Varela inflinge duro castigo al enemigo”; Carpeta 5, fol 430, “Harka Varela, Diario de Operaciones de la misma desde el día 7 de octubre de 1924 a 31 de diciembre de 1925”. 1111 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 271, Confidencia de Haddux Ben Moh Abdal-lal, 4 de mayo de 1925. 569 a capturar al comandante, liderados por un antiguo sargento de la Harka, desertor y conocedor de los métodos de Varela. Por ello, se decidió que Varela dejaría de utilizar en lo sucesivo su característica sirena para impartir las órdenes en combate, y así no señalar la posición, y que los oficiales no formarían parte del contingente del último escalón de retirada, quedando el mando de éste a cargo de clases especialmente valientes y dotadas. Los de Beni-Ulises pidieron que se les retirara el cañón instalado en su cabila, pues la Aviación española, en su empeño por destruirlo, bombardeaban de continuo sus campos, incendiando las cosechas, y temían un avance de la línea española sobre su cabila. Pero el cherif Abd el-Melek, que expuso estas quejas, fue asesinado el 1 1112 de mayo de 1925 . Este sargento desertor, Hamadi Mehund, sin embargo, no estaba tan dispuesto a la misión, pues era consciente de que tenía pocos hombres para ello, 1113 dada la vigilancia extrema que tenía el comandante . En la mañana del 20 de mayo, a las 7:00 horas, salió la Harka al mando del comandante para proteger los trabajos de fortificación de la casa Hach Fechum, sosteniendo algo de fuego con el enemigo. A las 16:00 horas, cumplida la misión, se 1114 retiró al campamento . Varela consiguió el traslado a su Harka, en junio de 1925, del teniente de Caballería Gonzalo Ortiz Portillo, con destino en la Mehal-la de Tafersit nº 5, y el de Infantería Juan Domínguez Catalán, procedente del Regimiento de Infantería Isabel II nº 32; y a finales del mismo mes, del también teniente de Infantería Arnaldo Eyaralar Almazán, procedente del Tercio. Los tres habían solicitado el destino en la Harka de 1115 forma voluntaria . El 4 de junio, el capitán Lapatza y el teniente Tejero marcharon a Larache para reclutar miembros para la Harka, regresando el 1 de julio con ochenta y nueve reclutas indígenas. El 3 de julio de 1925 se reconoció oficialmente la existencia de la Harka cuando Varela y los capitanes Benito Cardeñosa Carrozas y Simón Lapatza de Valenzuela, destinados “al servicio del Protectorado en las Harkas auxiliares de 1116 Melilla”, fueron destinados a la “Harka de Melilla” . De esta forma, la Harka de 1112 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 191-194, 3 de mayo de 1925. 1113 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 278, Confidencia de Amar Hamedi, de B. U´Strabn y Al-lal Mohamed Hach, de Yraharinen, 6 de mayo de 1925. 1114 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 431, “Harka Varela, Diario de Operaciones de la misma desde el día 7 de octubre de 1924 a 31 de diciembre de 1925”. 1115 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 431, “Harka Varela, Diario de Operaciones de la misma desde el día 7 de octubre de 1924 a 31 de diciembre de 1925”. 1116 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 105, copia del escrito publicado en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, nº 146, del 4 de julio de 1925; fol 106, alta de los oficiales Varela, Cardeñosa y Lapatza en la Harka de Melilla. 570 Varela pasaba a integrarse en las fuerzas orgánicas de la Comandancia general de esta 1117 Plaza . Por Real Orden del 17 de julio fueron destinados a esta Harka los tenientes Manuel Rodríguez Rivero, Julián García Menéndez, Joaquín Esponera y Valero de Bernabé, Rafael Tejero Saurina y los ya citados Eyaralar y Ortiz Portillo. Además se 1118 incorporarían dos sargentos, un cabo , cuatro soldados escribientes y diez 1119 ordenanzas . A En agosto se incorporó el teniente de Caballería José Luis Martínez González, y el 1 de septiembre, el teniente de Caballería Alejandro Manso de Zúñiga y Churruca, procedente del Grupo de Regulares de Alhucemas nº 5, y el alférez de la misma Arma Isidro Mellado Pascual. Por R.O.C. del 3 de julio de 1925, el mismo Varela pasó de la situación de “al servicio del Protectorado” en las Harkas auxiliares de la zona de Melilla, a la Harka de Melilla. Por esa época se le hizo a Varela una entrevista en el campamento de Azib de Midar. El periodista vio en el lugar encantadores de serpientes y un ambiente 1120 profundamente marroquí. Varela defendió sus métodos de combate nocturno : “Las salidas nocturnas en busca del enemigo, sorprendiendo sus guardias y ‘razziando’ sus aduares, son operaciones de positivo resultado. El moro es un gran impresionista –continúa Varela- y estos golpes de osadía, que es hacer la guerra como él nos la hace, le desconciertan y le amedrantan. A mis harkeños les entusiasman los asaltos a los poblados enemigos que incendiamos y regresan con las cabezas de los enemigos en las bayonetas. Esto lo tengo prohibido terminantemente, pero el moro es sanguinario. El botín lo repartimos entre los harkeños equitativamente, excepto las municiones y armas. (…) “Les damos una preparación militar especial y de acuerdo con su temperamento y psicología, pues en cuanto comienza la lucha, el moro es individual y absoluto. El ejemplo de serenidad y valor es lo que más le admira y es la mejor arma para llevarle donde uno quiere. “¡Esta es una fuerza muy guerrera y muy política!”. El periodista entrevistó a un caíd Mía, Ben Aisa Ben Mohamed Budid, mientras éste le invitó a tomar el té en su tienda. El caíd llevaba catorce años al servicio de 1117Martínez Roda, F., Varela, p. 73. 1118 Eugenio Hoya Mateos, citado en el Parte propuesta unipersonal, por su valor en las operaciones subsiguientes al desembarco de Alhucemas, ACGJEVI, Carpeta 5, fol 553-554, fechado en Axdir el 24 de octubre de 1925. 1119 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 403, “Relación jurada de los servicios prestados en esta Harka por el Comandante de Infantería Excmo. Sr. Don José Varela Iglesias desde el 7 de Octubre de 1924 al 31 de Octubre de 1925”, fechada en Axdir, noviembre de 1925. 1120 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 271-272, El Mensajero de Jerez, 18 de septiembre de 1925, “Figuras de la Guerra. El heroico Comandante D. Enrique Varela Iglesias”. Ver Apéndice Documental, nº 21- 571 España, y era un gran admirador de Varela: “Harka estar valiente –dice- porque tener a Varela”. El 7 de julio de 1925, a las 9:30, dos aeroplanos, los Bristol nº 33 y nº 35, aterrizaron forzosamente cerca de Midar. El enemigo intentó capturarlos, y la Harka salió rápidamente para protegerlos, así como desde la posición de Midar, el escuadrón de la Mehal-la nº 2, y la Mía de Infantería de la Mehal-la nº 5, una sección del Batallón del Regimiento Constitución, los Mejaníes de la Intervención Indígena al mando de su teniente, e indígenas afectos; también desde la posición de Tauriat Uchen salieron un sargento y quince hombres. Varela asumió la dirección del rescate, ordenando a la fuerza de Infantería socorrer al nº 35, caído entre Arrut y las guardias enemigas de Dar- Mixit, mientras la caballería hacía lo propio con el nº 33 El nº 33, dañado en su tren de aterrizaje, y en terreno abrupto, hubo de ser incendiado, pero el segundo, pese a tener rota una de las ruedas del tren de aterrizaje, se pudo rescatar y arrastrar hasta la posición de Tauriat-Uchen. La retirada fue eficazmente cubierta por la batería de Tauriat-Tausat 1121 y las ametralladoras. Los pilotos resultaron ilesos . La Harka tuvo tres muertos, seis heridos, atendidos por el Practicante de Intervención Militar Alfredo Donaire, y cinco caballos también muertos. El 20 de julio, seis Mías de la Harka, al mando del capitán Benito Cardeñosa y tenientes Tejero, Eyaralar y Rivero, realizaron un reconocimiento en el Busfedauen hasta la posición de Tamasusin, saliendo a las 7:00 horas y regresando a las 17:00, sin novedad. El 27 de julio, el primer Tabor, al mando del capitán Lapatza, se emboscó en Busfedauen, pero el enemigo no apareció, así que al día siguiente por la mañana regresó al campamento, con la única baja del teniente Eyaralar, contuso en una rodilla por caída del caballo. El 1 de agosto de 1925, a las 9:30 horas, Varela se apercibió de que se sostenía combate cerca de Tafersit. Un convoy que se dirigía hacia la posición de Tauriat Imaran (o Amaran), sitiada por los rebeldes, estaba siendo hostigado por rebeldes muy bien 1122 camuflados y atrincherados, entre ésta y la de Bulcherif . Rápidamente se formó la Harka y de ésta salieron cinco Mías, cuatrocientos cincuenta hombres, al fuego. Varela llegó a la altura de Arrut, y por el llano se dirigió hacia Tauriat Amaran, con dos Mías 1121 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 460, “Harka Varela. Copia de los partes de operaciones, emboscadas y demás servicios dados por esta Unidad desde el día 8 de Octubre de 1924 a fin de Diciembre de 1925”. 1122 En el lenguaje militar de la época, la operación de abastecer una posición con un convoy se denominaba “convoyar”. 572 de vanguardia que, al llegar al poblado de Tauriat Tisuagen, en encontraron con el enemigo, que ocupaba todas las lomas cercanas, y atrincherado en las estribaciones que descendían de Bulherit. Tras una entrevista con el coronel de la Circunscripción, recibió orden de desalojar con sus hombres al enemigo que atrincherado ante las posiciones de Bulherif y Tauriat-Imaran, incluso a retaguardia de las líneas españolas, las hostilizaba y amenazaba con tomarlas. La Harka, y la ídala de Tafersit, así como un grupo de indígenas de Tafersit, al mando del teniente Medialdea, conjunto de fuerza puesta al mando de Varela, se situó cerca de la avanzadilla de Bulherif. Varela dispuso que una Mía, al mando del teniente Esponera, ocupara las lomas frente a la citada avanzadilla de Bulherif, y el resto hacia las posiciones enemigas hacia Tauriat Amarán, señalando a cada Mía su objetivo, y dejando el puesto de socorro en Bulherif Principal. Protegida por el fuego de otras armas, de la columna de socorro y de los Regulares de Alhucemas, que avanzaron para proteger el flanco izquierdo, la Harka se lanzó a la lucha cuerpo a cuerpo, con bombas de mano y arma blanca, expulsando al enemigo de sus defensas y liberando a las posiciones asediadas, en especial a la segunda, que ya se quedaba sin municiones. Los Regulares de Alhucemas llegaron hasta Tauriat Amarán y ocuparon las alturas a vanguardia de dicha posición. El enemigo abandonó en su huída nueve muertos y tres fusiles, útiles de fortificación y variados enseres. El convoy entró en la posición, y acto seguido la Harka se retiró protegida por la Artillería, Aviación y los Regulares de Alhucemas. La Harka sufrió sesenta y dos bajas, quince de ellas muertos y el resto heridos, dos de de ellas los tenientes Julián García Menéndez, grave, y Manuel Rodríguez Rivero, leve, así como el caíd Mía Ben Nazar Mizian, grave. También fue herido el teniente Medialdea. Se consumieron 81.137 cartuchos y 200 granadas de mano 1123 Laffitte . Varela fue felicitado por el coronel Félix de Vera, jefe de la Circunscripción 1124 1125 de Drius y por el general Sanjurjo . El día 3 de agosto, Varela fue requerido por el coronel Jefe de la Columna de Tafersit, en la posición de Tauriat Tausat, para preparar con la Harka la entrada del convoy de suministros en la posición de Issen-Lassen, dado que el enemigo había tomado disposiciones para impedirlo. Varela, con la 1ª, 3ª, 4ª, 5ª 6ª y 7ª Mías, 1123 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 433, “Harka Varela, Diario de Operaciones de la misma desde el día 7 de octubre de 1924 a 31 de diciembre de 1925”; ACGJEVI, Carpeta 5, fol 460-461, “Harka Varela. Copia de los partes de operaciones, emboscadas y demás servicios dados por esta Unidad desde el día 8 de Octubre de 1924 a fin de Diciembre de 1925” 1124 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 111, escrito fechado en Zauia Abab-dda el 1 de agosto de 1925. 1125 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 110, Heraldo de San Fernando, 13 de agosto de 1925, “Desde África. La Harka Varela”. 573 colaborando con un conglomerado de fuerzas indígenas, Mías disponibles de las Mehal- las 2 y 5, y Mahaznias e Idalas de Azib de Midar, se dispuso a desalojar al enemigo de las posiciones desde las cuales hostilizaba al convoy. Las fuerzas fueron concentradas al pie de Tauriat Tausat. Varela distribuyó sus fuerzas: tres Mías debían ocupar posiciones en los barrancos del Melul hacia Tauriat Hammuch, para proteger el flanco derecho de las fuerzas que debían ocupar Tauriat Tausir, a la derecha de Issen-Lassen; otras tres Mías debían avanzar y desalojar al enemigo de Tauriat Tausir, apoyadas por la Idala y Mehazníes en las estribaciones que desde ésta posición bajan al Melul. Lanzado el ataque, todos los objetivos fueron rápidamente alcanzados, facilitando así el paso del convoy, que no sufrió bajas. Llegó entonces la retirada, facilitada por la Mehal-la nº 2, al mando del teniente Lostaló, que protegió con valentía el repliegue de la Infantería desplegado en el llano hacia Midar. La Harka tuvo dos cabos y siete harqueños 1126 heridos . El día 6 de agosto, a las 23:30 horas, se realizó una salida de la 4ª Mía, con dos secciones de la 3ª y la 7ª, al mando del teniente Esponera, para vigilar el exterior de las líneas y emboscar a los insurgentes cerca de Issen-Lassen, regresando al amanecer sin 1127 novedad . El día 10 se incorporó a la Harka el teniente de Caballería José Luis Martínez González, procedente de la Harka Castelló, de Larache, que había sido disuelta, así como el sargento de Infantería José Arjona Costarrosa. El 13 de agosto, a las 14:00 horas la Harka salió nuevamente para proteger al convoy de Issen-Lassen, desalojando al enemigo de las posiciones en las cuales estaba emboscado, a base de bombas de mano y fuego de fusil. Varela, con quinientos cincuenta hombres, dispuso que un Tabor de la Harka, dirigiéndose por la derecha de Tauriat Tausat, asaltase las posiciones enemigas de Tauriat Tusir, mientras el segundo Tabor flanqueaba por la derecha ocupando posiciones en el llano de Midar en dirección a Tauriat Hamut. La posición enemiga de Tauriat Tusir se defendió bravamente, pero el avance prosiguió. Se descubrieron bombas de aeroplano enterradas hábilmente a modo de minas, así como el 1126 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 404, “Relación jurada de los servicios prestados en esta Harka por el Comandante de Infantería Excmo. Sr. Don José Varela Iglesias desde el 7 de Octubre de 1924 al 31 de Octubre de 1925”, fechada en Axdir, noviembre de 1925; ACGJEVI, Carpeta 5, fol 434, “Harka Varela, Diario de Operaciones de la misma desde el día 7 de octubre de 1924 a 31 de diciembre de 1925”. 1127 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 227, ABC, 10 de agosto de 1925, “Tres prisioneros enemigos”, da la noticia de una reciente emboscada de las fuerzas de Intervención Militar y de la Harka Varela, que emboscó y dispersó un convoy enemigo, haciéndole tres prisioneros. ACGJEVI, Carpeta 4, fol 404, “Relación jurada de los servicios prestados en esta Harka por el Comandante de Infantería Excmo. Sr. Don José Varela Iglesias desde el 7 de Octubre de 1924 al 31 de Octubre de 1925”, fechada en Axdir, noviembre de 1925. 574 fuego apoyo de un cañón enemigo defectuoso. La Harka consiguió sus objetivos, permitiendo el paso del convoy, aunque la retirada fue muy complicada por lo expuesto del terreno y persecución cercana del enemigo. Murió un harqueño, el teniente Esponera fue herido de gravedad, y quedaron heridos un soldado y ocho indígenas, así como otros 1128 cinco harqueños contusos de bomba . 3.9.11.- Hacia una nueva ofensiva: el desembarco de Alhucemas. En esos días del verano de 1925 había un ambiente de deseo de revancha. Un buen ejemplo es el artículo “La tienda de Miramamolín”, firmado por José Ajenjo en Melilla el 2 de agosto de 1925, que recordaba la humillación infligida a España por Abd el-Krim en el maltrato a los prisioneros, que había sido sin embargo bien vista por algunos periodistas, y también la injusticia con que había sido considerado el Ejército 1129 por parte de algunos políticos e intelectuales . Es muy posible que los recientes éxitos del Ejército en contener a Abd el-Krim, y entre ellos, las noticias sobre las actuaciones de la Harka Varela, tuvieran su peso para este cambio en la opinión pública, que ya no defendía un abandono de Marruecos, sino una ofensiva generalizada sobre el territorio. El 18 de agosto, el campamento tuvo la visita del general Jefe de la Zona de Vanguardia, Emilio Fernández Pérez, que felicitó calurosamente a Varela y a sus oficiales por el buen estado, orden y limpieza de las instalaciones y por la presentación de las fuerzas durante la revista. Esa noche, el cabo de la 3ª Mía nº 295, Abdel-la Ben Hammuch, y el harqueño de la misma nº 294, Hammu ben Mehand, cortaron el cable telefónico enemigo en una longitud de dos kilómetros que enlazaba Midar con Riel- Druch (Arrús-Druch), para obstaculizar la llegada de noticias a los rebeldes. El 27 de agosto murió en el Hospital el caíd de la Harka Ben Nazar Mizian Mohamedí, a causa de una septicemia provocada por la explosión de una bomba enemiga. Esta pérdida fue muy sentida por los harqueños. El 31 de agosto de 1925, el ayuntamiento de San Fernando remitió a Varela un caluroso telegrama de felicitación por sus éxitos en tierras 1130 africanas . El mismo día se incorporó a la Harka el teniente de Caballería Alejandro Manso de Zúñiga, procedente de los Regulares de Alhucemas nº 5. 1128 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 404-405, “Relación jurada de los servicios prestados en esta Harka por el Comandante de Infantería Excmo. Sr. Don José Varela Iglesias desde el 7 de Octubre de 1924 al 31 de Octubre de 1925”, fechada en Axdir, noviembre de 1925; ACGJEVI, Carpeta 5, fol 461, “Harka Varela. Copia de los partes de operaciones, emboscadas y demás servicios dados por esta Unidad desde el día 8 de Octubre de 1924 a fin de Diciembre de 1925”. 1129 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 228, 2 de agosto de 1925, “La tienda de Miramamolín”, por José Ajenjo. 1130 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 229, Heraldo de San Fernando, 31 de agosto de 1925, “Desde África. Al fin …”, firmado por “Justito”, seudónimo de Alfredo Donaire, uno de los hombres de Varela. 575 Decidido el desembarco de Alhucemas, la Harka Varela fue adscrita a la Brigada de Desembarco del general Emilio Fernández Pérez. El 1 de septiembre, a las 8:00 horas se revistó en el campamento a la mayor parte de la Harka, setecientos cincuenta hombres, que seguidamente salieron hacia Bufarcús (o Bufarcuf), quedando el resto, unos cuarenta hombres, al mando del teniente José Luis Martínez González, reforzados con una Mía de la Mehal-la nº 5, para custodiar el campamento, que fue reducido para facilitar su defensa. El resto, unos sesenta hombres, estaban hospitalizados por heridas. La Harka fue allí embarcada en unos treinta camiones del Centro Electrotécnico a las 10:30 horas y trasladada a Melilla, a donde llegó a las 16:00 horas de ese mismo día. Los oficiales al mando eran: el comandante Varela, los capitanes Cardeñosa Carrozas y Lapatza de Valenzuela; los tenientes Tejero Saurina, Rodríguez Rivero, Domínguez Catalán, Eyaralar Almazán, Ortiz Portillo y Manso de Zúñiga; Practicante de 1131 Intervención Militar Donaire Aguilar; el sargento Saturnino Peñas , un cabo y once soldados europeos; seis caídes Mías, veintitrés sargentos, setenta y cinco cabos y seiscientos treinta y tres harqueños indígenas. Tras bajar de los camiones, la Harka formó y desfiló ante la Comandancia General de Melilla y el general Sanjurjo, siendo vitoreada. Del 2 al 4 de septiembre la Harka estuvo acuartelada en Cabrerizas Altas, en 1132 Melilla, en espera de órdenes, recibiendo entrenamiento . Se incorporó a la misma el alférez de Caballería Joaquín Mellado Pascual, del Servicio de Aeronáutica, el teniente 1133 médico Rafael Álvarez Pérez y el sargento Enrique Pelufo . El día 4 la Harka fue revistada por el general Fernández Pérez, y se hizo el aprovisionamiento de material y 1131 El sargento Saturnino Peñas Vallhonrat llegaría a teniente. El 18 de junio estaba destinado como tal en el Cuerpo de Seguridad de la Comandancia Militar de Barcelona, La Vanguardia de Barcelona, 18 de junio de 1936, p. 11, “Noticias militares”, http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/1936/06/18/pagina-11/33139783/pdf.html .Su nombre aparece en un listado de oficiales con orden de presentarse el 1 de julio de 1939 en el Juzgado de oficiales generales nº 5 de Barcelona: La Vanguardia de Barcelona, 1 de julio de 1939, p. 4, “Citaciones y requisitorias”, http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/1939/07/01/pagina-4/33117612/pdf.html. Al final del mando de Varela en la Harka estaba en posesión de cuatro cruces de plata al Mérito Militar, Carpeta 5, fol 551-552, Parte propuesta unipersonal, fechada el 24 de octubre de 1925. 1132 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 230, El Telegrama del Rif, 1 de septiembre de 1925, “En la ensenada de Cazaza,. Maniobras de una columna”, relata los entrenamientos de desembarco en lanchones en las playas entre Melilla y la desembocadura del Kert, así como el ambiente en los campamentos; fol 233, El Telegrama del Rif, 2 de septiembre de 1925, “La columna maniobrera que acampa en Iazanen”, anuncia la llegada de la Harka de Varela en camiones del Centro Electrotécnico, formada por setecientos cincuenta hombres, al mando del comandante Varela, capitanes Lapatza y Cardeñosa, tenientes Golleira, Domínguez, Eyaralar, Tejero, Ortiz y Manso de Zúñiga; fol 234, ABC,2 de septiembre de 1925, “Noticias diversas”; fol 235, El Sol, 3 de septiembre de 1925, “La Harka Varela”; Informaciones de Madrid, 4 de septiembre de 1925, “Crónica de Melilla. Ochocientos moros entran en Melilla”, texto de Ruiz Albéniz (El Tebib Arrumi), redactado a bordo del España nº 5. 1133 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 436, “Harka Varela, Diario de Operaciones de la misma desde el día 7 de octubre de 1924 a 31 de diciembre de 1925”. 576 víveres para la marcha. El 5 de septiembre, a las 17:00 horas, se recibió la orden de salida, y sobre las 18:00 horas embarcó en el vapor Alhambra, de la Compañía Transmediterránea, que zarpó a las 20:00 horas, quedando al ancla a la vista de 1134 Melilla . La fuerza, desarrollada por el comandante Varela, se reveló eficacísima en 1135 los combates siguientes . 3.10.- El Desembarco de Alhucemas. La Harka Varela como unidad de combate convencional. Es difícil saber si Primo de Rivera tenía un planteamiento claro sobre qué quería hacer en Marruecos. La guerra había socavado el sistema político de la Restauración y desestabilizado el presupuesto del Estado. El conflicto era impopular y era un argumento para los enemigos del sistema monárquico y bipartidista. Pero por otro lado España estaba obligada a cumplir sus compromisos internacionales. En su biografía de Varela, Pemán afirma que era lógico que una parte de la población española y que algunos sectores militares no quisieran retroceder en Marruecos. Pero, razona, en la guerra moderna el objetivo es la destrucción del enemigo, y ello supone aprovechar el terreno, retroceder a un punto donde el enemigo sufra el máximo desgaste y se debilite en la operación. Este fue el objetivo de Primo de Rivera, que dejó intactas las líneas de Melilla, y replegó las más débiles de Larache y Tetuán, para preparar la ofensiva de Alhucemas. De esta forma, para Pemán, en realidad Primo de Rivera nunca quiso abandonar el Protectorado. Gómez-Jordana Souza no es tan tajante, para él la retirada se debió a un movimiento estratégico que debía desembocar en el ataque rifeño a la zona francesa. En todo caso, la postura pública de Primo de Rivera, era en un principio, soltar el lastre que Marruecos y su contienda suponían para España. Esta contradicción, abandonar o no el Protectorado, fue abordada con el repliegue, maniobra muy criticada por los militares africanistas, y con el intento de llegar a acuerdos con El Raisuni. Quizá Primo de Rivera pensaba que sería posible llegar también a un acuerdo con Abd el Krim, y de hecho se intentó a través del Tiyani, del cónsul de Uxda, del 1134 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 405-406. 1135 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 281-288, “Relación jurada de los servicios prestados por el comandante de Infantería Excmo Seño don José Varela Iglesias”, texto mecanografiado, sin firnar, fechado el 31 de diciembre de 1925 en Azib de Midar, y redactado por el propio Varela, sin firma. 577 1136 propio Raisuni y del empresario Echevarrieta . Pero no fue así, y las hostilidades continuaron. 3.10.1.- Abd el Krim ataca la zona francesa. Por otro lado, con la retirada española, Abd el Krim inició, según él decía muy a su pesar, una ofensiva sobre la zona francesa. Abd el-Krim quiso evitar la guerra con Francia, pero parte del territorio rifeño estaba bajo control francés: las tribus del río Werga, los Metalza, Gueznaya, Senhaja, Srir de Beni Beshir, Beni Bu Slibet, y las de Ketama, así como las tribus del Lucus, Guezawa. El valle del Werga proporcionaba al Rif importantes cosechas de grano. Buena parte de este territorio nunca había sido ocupado efectivamente por europeos. Sus tribus habían luchado contra los franceses durante la Primera Guerra Mundial al mando de Abd el-Malek. En 1923, las tribus del norte del Werga (Uergha, Uarga) aceptaron la jefatura de Abd el-Krim. El choque tuvo lugar en la cabila de Beni Serwal, en el centro del valle del Werga, entre Ketama, al este, y Guezawa, al oeste. La zona era de jure de administración española, pero de facto estaba ocupada por los franceses, basándose en que estas tribus dependían del Werga. España había intentado recuperar la zona por medios diplomáticos, pero Francia se había resistido, porque había establecido una alianza con el jerife de los Darkawa, bajo cuya influencia religiosa estaban los Beni Serwal, gobernados por su caíd Bu Monaca. Si el control de la zona era devuelto a España, la alianza y el equilibrio de la región podrían debilitarse y perderse. Era mejor dejar las cosas como estaban, y España lo había aceptado así. Pero con los triunfos de Abd el-Krim, los Beni Serwal comenzaron a mostrarse inquietos. La necesidad de controlar esas tribus y sus ricas cosechas, llevó a Abd el-Krim a intervenir en la zona. Por otro lado, la necesidad de preservar la totalidad del territorio marroquí obligaba a Francia a impedir la extensión de la rebelión rifeña. Francia, que había reducido sus guarniciones en Marruecos de noventa y cinco mil hombres en 1921, a sesenta y cuatro mil en 1923 por motivos presupuestarios, temía la propaganda derivada de las victorias de Abd el-Krim, y su extensión a Argelia y Túnez. Los Beni Warain, que vivían en “el hueco de Taza”, se habían sublevado en 1923, y sofocarlos había costado la vida a más de 3.000 soldados franceses. 1136 Gómez-Jordana Souza, F.: La tramoya de nuestra actuación en Marruecos, Editora Nacional, Madrid, 1976, p. 65. 578 Cuando Primo de Rivera anunció su decisión de retirar sus líneas, los franceses 1137 se horrorizaron. El mariscal Hubert Lyautey había pacificado con eficacia el Marruecos francés. El lema de Lyautey era “gobierna con los mandarines, nunca 1138 contra ellos; no ofensas una sola tradición, no cambies una sola costumbre” . Mantuvo a las autoridades locales y realizó esfuerzos por mejorar las condiciones de vida, mejoras agrarias, pozos, hospitales, mercados, etc. Convenció a los indígenas de que su intención era la prosperidad de todos. Construyó ferrocarriles, carreteras y escuelas. Transformó Casablanca y Kenitra en ciudades modernas, activas y populosas. En campaña, Lyautey compartía las penalidades con sus hombres, era asequible, vigoroso y firme, justo y respetuoso con las tradiciones y derechos indígenas. Pero también era partidario de la iniciativa privada europea, y favoreció el traspaso y la venta de tierras a colonos franceses. No obstante, los marroquíes de la zona francesa no tenían la tradición belicosa, ni la pobreza económica de los rifeños, éstos más abocados a la violencia. El general Lyautey conoció los problemas que atravesaban los españoles, pero los franceses no querían apoyarles, porque el abandono de aquéllos supondría para éstos la posibilidad de ocupar la totalidad del territorio marroquí, lo que había sido imposible años atrás por la oposición de Alemania y Gran Bretaña, y por la creencia en su prestigio quedaría dañado si se aliaban a una potencia que tenía tantos problemas con los indígenas Cuando se produjo la rebelión de Abd el-Krim, pocos cabileños de la zona francesa lo respaldaron. Para Woolman, la forma de evitar la extensión de la rebelión de Abd el-Krim en la zona francesa, fue provocar la guerra con la misma. Lyautey y las autoridades francesas temían la instalación de un estado musulmán independiente en el Rif, pero también pensaban que el Estado rifeño no era tan eficiente como parecía. Lyautey mantenía que los enemigos de hoy pueden ser los amigos de mañana, y pensaba que quizá sería posible obtener la sumisión de Abd el-Krim al sultán, como ya se había obtenido las del jeque Thami el-Glaui, rebelde de la región de Marrakech. Lyautey buscó aseguarse a las tribus, sobre todo a los Beni Serwal (Zerual), y procuró no enfrentarse a Abd el-Krim, al tiempo que pidió refuerzos a París 1137 Nacido en Nancy en 1854, fue oficial de caballería, sirvió con Gallieni en Indochinas y Madagascar, donde demostró sus dotes como administrador colonial. Combinando tacto y fuerza, manifestó a los indígenas que la administración francesa podía mejorar sus condiciones de vida. Pasó a Argelia, y en 1912 a Marruecos, se estableció con valentía en Fez, desde donde en dos meses restauró la tranquilidad y sofocó los levantamientos. En 1921 fue ascendido a mariscal. 1138 Woolman, D.: Abd el-Krim y la guerra del Rif, p. 186. 579 Abd el-Krim se encontró con que ya no podía abastecerse de armas capturadas a los españoles, faltaba comida en el Rif, y la mayor vigilancia española impedía la llegada de contrabando. El principal problema era que el Rif necesitaba abastecimiento y apoyo. Quizá por eso, Abd el-Krim decidió atacar la zona francesa. Francia contaba con 60.000 soldados en Marruecos, de los que más de la mitad eran indígenas. Si se repetían los hechos que habían sucedido en la zona española y los indígenas desertaban, Francia podría perder Marruecos. Abd el-Krim intentó no entrar en guerra con Francia. El 28 de marzo de 1924 propuso a ésta el nombramiento de una comisión conjunta para delimitar la frontera exacta entre las zonas francesa y española. Francia se negó, porque eso hubiera supuesto reconocer a los rebeldes como interlocutores, y por consiguiente, reconocer al Rif como un estado y a Abd el-Krim como su jefe de gobierno. A principios de 1924, el ministro de la Guerra francés declaró que los rifeños rebeldes habían saqueado los graneros de los Beni Serwal (Zerual), por lo que autorizaba al ejército a intervenir y ocupar la zona al norte del río Werga para evitar la penetración de Abd el-Krim hacia el sur. En mayo de 1924, el caíd de los rifeños Haddu ben Alí pidió al comandante francés Chastenet que el ejército frenara su avance por el Werga, para permitir a los rifeños explicar a Abd el Krim por qué se retiraban, Pero los franceses cruzaron el río sin encontrar resistencia y construyeron fuertes y blocaos en una línea de 120 km, desde Bibar, al norte de Fez, hasta Kifan, al norte de Taza. El cuartel general francés se instaló en Ait Aixa, en la orilla sur del Werga. Cerca, en el aeródromo de Ain Mediuna, se estacionaron cinco escuadrillas. El mando supremo lo asumió el general Chambrun. Los blocaos franceses estaban bien construidos y se apoyaban con el fuego unos a otros, pero su punto débil, inevitable, era el aprovisionamiento, el mismo problema que habían tenido los blocaos españoles. La línea de blocaos francesa era muy superior a la española, y se pensaba que resistiría los empujes de los rifeños. Los Abd el-Krim se dieron cuenta que no podían derrotar a Francia, pero tampoco podían perder su principal fuente de abastecimiento alimentario. Los Beni Serwal exigieron a Abd el-Krim que ahora les devolviera el apoyo militar que en su momento ellos le prestaron. Los franceses, por su parte, rechazaron parlamentar. Abd el-Krim comenzó a socavar con rumores y propaganda la autoridad del jerife de Darkawa. Los franceses respondieron fusilando a trece caídes acusados de conspirar con Abd el-Krim. Entonces, los Beni Serwal decidieron atacar a los franceses y expulsarlos. 580 Mientras tanto, Abd el-Krim mantenía la presión sobre los españoles, hostigándolos. Abd el-Krim se consideraba enemigo de España, no de Francia. Cuando se cumplió el centenario de la batalla de Ayacucho en 1924, escribió un artículo relacionando la lucha independista de Hispanoamérica con la rifeña, pues ambas comunidades luchaban por la libertad. Los ataques contra las líneas españolas seguían. En la primavera de 1924 El Jeriro estaba a las puertas de Tetuán. En mayo, Abd el-Krim atacó simultáneamente la línea del Lau, en la región occidental, y Sidi Mesaud, en el frente oriental. Se nombró al general Sanjurjo para la Comandancia General de Melilla, sustituyendo al general Marzo. El ejército mantuvo la línea del Lau durante el verano de 1924, pero Primo de Rivera ya había decidido el repliegue, y lo hizo público, lo que le costó incidentes ya detallados como el de Bien Tieb. Cuando en el otoño de 1924 los españoles iniciaron la retirada hacia la costa, la alarma cundió en París y en Rabat. Lyautey comenzó a plantear medidas para evitar el abastecimiento de armas de los rifeños por contrabando. Abd el-Krim estaba decidido a extenderse hacia el sur, hacia Uergha-Taza. Sabía que la URSS apoyaba su lucha, y que el Partido Comunista Francés le apoyaría dificultando la aprobación en el parlamento del presupuesto colonial. En enero de 1925, Primo de Rivera dejó Marruecos, dejando las posiciones españolas sólidamente establecidas en la llamada “Línea Estella” o “Línea Primo de Rivera”, e iniciando acciones ofensivas limitadas, dentro de una política de defensa 1139 activa, a cargo de Harkas amigas, como la de Varela o la de Muñoz Grandes , y bombardeos. A principios de 1925, Abd el-Krim decidió apoyar a los Beni Serwal atacando a los franceses; sus motivaciones fueron mantener su honor y su prestigio de líder antieuropeo, y detener el avance francés recuperando el control del valle del Werga. El plan rifeño era tomar Taza, romper las comunicaciones francesas y obligar a éstos a negociar. Abd el-Krim pensaba que incluso podría caer Fez, lo que supondría una gran oportunidad para los rebeldes. En realidad, los rifeños sobreestimaban su fuerza. Al constatar que las autoridades francesas no le iban a ceder pacíficamente la zona, en abril de 1925 Abd el-Krim atacó. En marzo de 1925 Primo de Rivera regresó a Marruecos a inspeccionar las líneas. En esos días murió El Mudden, líder yebalí, atacando un blocao español cerca de 1139 Togores, L.E., Muñoz Grandes. Héroe de Marruecos, general de la División Azul, la Esfera de los Libros, Madrid, 2007, p. 62-74. Al mando de su Harka, operando en la zona occidental del Protectorado, fue herido, ascendido a comandante y propuesto para la Laureada, pero no la obtuvo quizá por su excesiva modestia. 581 Larache, y poco después fue asesinado el caíd Bu Monala, de Beni Serial, amigo de los franceses: esto allanó la alianza entre Abd el-Krim y los rebeldes del Werga. El 9 de abril de 1925, las fuerzas rebeldes atacaron a la cabila proespañola de Beni Serwal. El 13 de abril de 1925, Abd el-Krim lanzó su ataque contra las guarniciones francesas en el río Werga. Cinco harkas, de las cabilas de Guezawa (de la Yebala), Beni Yahmed (Senhaja Srir), y Beni Mestara (al oeste de los Beni Serwal), bajo el mando de M’hamed Abd el Krim, atacaron la zona ocupada de Beni Serwal por tres puntos aniquilando a las fuerzas francesas: los que resistían eran muertos, y las poblaciones saqueadas e incendiadas. También se atacaron las posiciones en Kifan, al norte de Taza. Con solo 3.000 hombres, los rifeños llegaron a 30 km de Fez, defendida por el general Chambrun, en pocos días. Fue una sucesión de combates menores, escaramuzas, emboscadas y asedios de blocaos aislados. Las tribus fronterizas se enardecieron con los triunfos y se unieron a Abd el-Krim. Las autoridades francesas estaban confusas, habían subestimado a los rifeños y pensaban que las derrotas sufridas por los españoles nunca podrían ser padecidas por los soldados galos. Los franceses descubrían lo duros que podían ser los muyahidines. El mariscal Lyautey esperaba la ofensiva, pero no había recibido refuerzos, y solo contaba con 64.000 hombres para todo el territorio marroquí. Pidió tropas a Argelia, y organizó el dispositivo francés en tres frentes: al oeste, en Wazzan, al mando del general Colombat; al centro, el coronel Freydenberg; al este, en Taza, el coronel Combay. El mando supremo del frente lo ostentaría el general Chambrun, con su cuartel general en Ait Aixa. Corrió el rumor de que Abd el-Krim había prometido entrar en Fez antes de la fiesta de Aid el-Kebir (fiesta del cordero), que conmemora el sacrificio de Abraham. La tradición era que el sultán degollaba en Fez al primer carnero. Si Abd el-Krim lo hacía, sería como proclamarse verdadero jefe religioso de Marruecos, al considerar indigno de tal puesto a un sultán sometido a los extranjeros. Pero esto no es muy creíble, pues Abd el-Krim era un musulmán ortodoxo y reacio a las tradiciones locales. Fez estaba dividida entre los partidarios y los enemigos de Abd el-Krim. El sultán Muley Yusuf marchó a Fez con sus tropas para presidir la ceremonia. El sultán publicó peticiones de paz entre las tribus, y visitó varias cabilas pidiendo voluntarios para las fuerzas francesas. Cinco mil cabileños de Sheraga, Hayaima y Ulad Aisa se unieron al ejército francés, lo que demostraba que la gran mayoría de tribus de la zona francesa se mantenían leales a Francia. 582 Biban, al norte de Fez, fue sitiada, resistió, acabó cayendo, y fue reconquistada en un asalto de la Legión Extranjera Francesa al mando del comandante Deslandes con granadas de mano. Costó a los franceses 103 muertos y más de 300 heridos. El 5 de junio los rifeños la retomaron, aniquilando a la guarnición, reteniéndola hasta finales de septiembre. Los rifeños incendiaron el Cuartel general del Jerife de los Darkawa en Beni Serwal. Ese verano de 1925 fue largo y muy cálido. El capitán De Lattre de Tassigny, que en los años 1950, como general, participaría en la guerra de Indochina, organizó una campaña aérea de abastecimientos de los puestos aislados. En Aulai, los rifeños machacaron a la guarnición francesa con morteros durante tres semanas, día y noche. Arrojaban a las inmediaciones de las trincheras francesas los cuerpos horriblemente mutilados de los prisioneros para que se pudrieran a la vista y derrumbar la moral de los defensores. El vigésimo segundo día los supervivientes fueron rescatados y la posición abandonada; los rifeños la arrasaron. El blocao número 7, con treinta soldados, aguantó quince días; fue asaltado y sus defensores pasados a cuchillo. En Beni Dorkul, cerca de Biban, la guarnición senegalesa al mando del teniente francés Pol Lapeyre, resistió dos meses. El 16 de junio, ya sin posibilidades, Lapeyre y los pocos supervivientes hicieron explotar el polvorín y murieron allí. Bab Wender, Ain Jenan, y Bu Azin en el centro; Augur y Asherkan en el oeste, Anizar y Ain Leuh en el este, fueron abandonadas. Sker-Taumate al norte con Ait Aixa, eran mantenidas con grandes dificultades. Sker fue tomada y perdida varias veces. Wazzan fue evacuada por los europeos. A finales de junio, los hombres de Abd el-Krim atacaron Taza. Las tribus de los Tsuls y los Branes desertaron del campo francés, y ello sutuó a Taza en el ojo del huracán, pues la pérdida de la plaza podía acarrear la de todo el Atlas, al sublevarse las tribus de la región. La situación de Taza, a principios de julio, llegó a ser desesperada, pero el mariscal Lyautey se negó a evacuarla, dejando en la misma seis batallones para defenderla, y replegando sus tropas hacia Fez. Pero entonces llegaron los refuerzos desde Francia. Es muy posible que Francia sufriera en esos días más bajas que España en 1140 Annual . Las bajas fueron al menos 3.000 soldados muertos y desaparecidos, además de muchos civiles. Se enviaron rápidamente refuerzos desde Francia: tres divisiones 1140 Sin embargo, esta situación, al contrario que Annual, no calificada de “Desastre”, y ello se debió a varias razones: en Francia no existía una oposición tan grande a la guerra ni a la empresa colonizadora como en España, donde se magnificaban los reveses; y la mayor parte de las bajas fueron unidades de la Legión Extranjera, senegalesas, norteafricanas y spahis argelinos. 583 destacadas en el Rhur, fuerzas de las colonias vecinas, y se reclutaron tropas indígenas 1141 adictas . 3.10.2.- La búsqueda de la colaboración hispano francesa. A principios de julio, la situación se estabilizó. 60.000 hombres de las fuerzas armadas francesas contenían el frente de 320 km. La artillería y la aviación eran poco eficaces, dados los hábitos dispersos de lucha de rifeños. Lyautey, agotado, dimitió,y fue relevado por el general Naulin, y más tarde por Pétain. Era necesario buscar la colaboración con España para acabar con el problema, y fueron los franceses los que solicitaron el acuerdo con los españoles. Según Gómez-Jordana Souza, ése fue siempre el plan de Primo de Rivera: lanzar a Abd el-Krim contra los franceses, y obligar a éstos 1142 a actuar conjuntamente con los españoles . Martínez Roda, en cambio, matiza que el cambio de postura francés fue determinante para que Primo de Rivera virara su estrategia en el Protectorado, y se decidiera a dejar de lado el abandonismo, 1143 planteándose la reconquista del territorio, asumiendo las tesis de los africanistas . Al poco tiempo de producirse los primeros ataques de Abd el-Krim a las líneas francesas, 1144 París comenzó a buscar un entendimiento con Madrid . Un primer contacto fue facilitado por el hispanófilo francés doctor Bandelak, entre el ex ministro francés Malvy y Primo de Rivera. El Dictador estaba dispuesto a olvidar deslealtades y desprecios, en aras del entendimiento común. El ministro de Asuntos Exteriores francés, Briand, se entrevistó en París con el embajador español Quiñones de León. El 4 junio de 1925 se celebró un encuentro en Madrid entre el embajador francés conde Peretti de la Roca, y el general Gómez Jordana Souza, del que salió un principio de acuerdo, firmado el 22 de junio de 1925. Se decidió realizar ataques combinados, cada potencia podría penetrar en el territorio de la otra, con derecho de persecución y sobrevuelo, y se delimitarían cuidadosamente los territorios de ambos Protectorados. Un segundo acuerdo, del 8 de julio, estableció la represión del tráfico de armas, la prohibición de asilo para los rebeldes de una u otra zona, y la vigilancia sobre el tráfico de mercancías para los rebeldes desde Tánger. Otro acuerdo del mismo día impedía a ambas potencias negociar 1141 De Mesa Gutiérrez, J.L.: Las Campañas de Marruecos 1909-1927, Almena, Madrid, 2001, p 151-152. 1142 Gómez-Jordana Souza, F.: La tramoya de nuestra actuación en Marruecos, Editora Nacional, Madrid, 1976, p. 65 1143 Martínez Roda, F., Varela, p. 66. 1144 Madariaga, Mª. R., Abd el-Krim el Jatabi, p. 277, afirma que dichos contactos se iniciaron en el mismo mes de abril, al producirse la ofensiva rifeña. 584 la paz por separado con los rebeldes. Por otro lado, Francia solicitó a España la cesión del control sobre el territorio de los Beni Serwal (Zerual), para la mejor vigilancia de Fez. Por el acuerdo del 25 de julio, España accedió, lo que supuso ceder a Francia dos 1145 tercios de Beni Serwal . Woolman destaca que en cada revisión fronteriza, España 1146 perdía territorio a favor de Francia . Pero en definitiva, si España tenía el Protectorado, era por cesión de Francia En una carta aneja a los acuerdos, Primo de Rivera hizo constar que la colaboración militar entre ambos países se plasmaría en un desembarco en Alhucemas, que se coordinaría con una ofensiva de las tropas francesas. Según el testimonio de Aunós, esta operación era vista con recelo por algunos franceses, parte del Directorio y el propio rey, que le recordaron a Primo los sonados fracasos de desembarcos en 1147 Gallípoli y Salónica . En junio de 1925 los franceses habían hecho retroceder a los rifeños al norte del Werga, pero las tribus de Tsul y Branes, cerca de Taza, se unieron a la revuelta. Taza fue evacuada de civiles europeos, pero Lyautey resistió. Un golpe de mano de los rifeños destruyó el aeródromo de Ain Mediuna. El famoso piloto capitán Merzegues fue derribado y muerto. Ain Maatuf sufrió dos ataques. A finales de junio, los rifeños controlaban cuarenta y tres de los sesenta y seis puestos franceses; los hombres de Abd el-Krim habían capturado a las tropas francesas cincuenta y un cañones, treinta y cinco morteros, doscientas ametralladoras, cinco mil fusiles, 16.000 proyectiles de artillería, 60.000 granadas, treinta y cinco morteros con 10.000 proyectiles, setenta soldados franceses y dos mil soldados senegaleses o de otras zonas del imperio. El 12 de julio los rifeños sitiaron Kelaa de Sles y tomaron la fortaleza de Jebel Amergu, construida por los portugueses en el siglo XVII, al sur del Werga y noroeste de Fez. En julio, Lyautey perdió el mando de las tropas, aunque se mantuvo como Residente General; le reemplazó el general Naulin. El mariscal Pétain fue enviado desde París para inspeccionar las fuerzas de Marruecos. Se intentó pactar con Abd el-Krim, enviando unos negociadores, el francés Gabrielli y el español Marín en julio de 1925. En una entrevista con Leon Gabrielli, Abd el-Krim afirmó que no deseaba la guerra con Francia, pero que se había visto 1145 Gómez-Jordana Souza, F.: La tramoya de nuestra actuación en Marruecos, Editora Nacional, Madrid, 1976, p. 75-84; la cesión de Beni Serwal en p. 86, fue hecha contra el criterio del general Gómez-Jordana Souza, y por acuerdo entre Primo de Rivera y el embajador francés, Peretti de la Rocca, p. 93-94. 1146 Woolman D.: Abd el-Krim y la guerra del Rif, p. 202. 1147 Aunós, E.: El general Primo de Rivera, Alhambra, Madrid, 1944, p. 79. 585 obligado a hacerla. Las condiciones ofrecidas: el Rif tendría autonomía, se liberaría a los prisioneros y se publicaría una amplia amnistía; se sentarían los límites geográficos de cada distrito, se organizaría una policía, y se establecería la libertad comercial excepto para armas y municiones; España se reservaba el derecho de mantener una base en la costa rifeña. Abd el Krim, que deseaba ganar tiempo para recoger las cosechas, abrió negociaciones a través de sus agentes en Tánger y Tetuán, los cuales mantuvieron la independencia del Rif como condición previa a las mismas. España se negó a hacer la paz por separado. Abd el-Krim pidió la mediación británica, pero Gran Bretaña se negó a intervenir. El líder rifeño publicó una carta en el diario francés de izquierdas Le Quotidien, en la que establecía sus condiciones de paz. El 14 de agosto de 1925, el primer ministro y ministro de la Guerra francés, Paul Painlevé, hizo públicas las condiciones de paz: la autonomía del Rif era posible, pero la independencia no, pues ésta estaba sometida a los tratados internacionales. España corroboró estas propuestas, y añadió que la autoridad del sultán en el Rif sería puramente nominal. Los agentes rifeños intentaron convencer a Abd el-Krim de que aceptara, pero éste se negó, quizá envalentonado por sus triunfos, quizá empujado por algunas potencias europeas. Tras leer el informe redactado por el mariscal Pétain, el gobierno de París decidió enviar a Marruecos una fuerza de 100.000 hombres. Cuando Abd el-Krim se enteró, comentó a un empresario español que no le preocupaba el número, porque un rifeño valía por diez franceses: porque de esos diez franceses, tres enfermarían, cuatro se emplearían en custodia de convoyes, y sólo quedarían tres hombres excesivamente equipados para combatir al estilo ágil y ligero de los rifeños, que además conocían el 1148 terreno . El modo de lucha rifeño, atacando al enemigo en bandas aisladas y siempre en movimiento, era muy difícil de combatir. Este sistema de lucha era obra de los propios líderes rifeños, no de extranjeros. A los franceses les aterrorizaba la capacidad rifeña de infiltrarse en las líneas, apuñalando a los centinelas para robarles las armas o incluso entrar en los campamentos. Los soldados franceses llegaron a atarse el fusil a la muñeca, enterrando la culata en el suelo, a sus pies. Pero aún así los rifeños entraban en las tiendas, degollaban a sus ocupantes y se llevaban los fusiles. Los rifeños organizaron una base de aprovisionamiento en Targuist, desde donde distribuían las municiones a lomo de mulas. Recogían a sus heridos y los cuidaban con métodos tradicionales, con curanderos, cauterizando las heridas con brasas para 1148 Woolman, D., Abd el-Krim y la guerra del Rif p. 206. 586 contener las hemorragias, o aplicando tela de araña. Pensaban que el plomo era atraído por el plomo, y colocaban en el borde de las heridas de bala, otra, pensando que ésta sacaría a la incrustada en el organismo. Aplicaban a las heridas barro, o leche agria con miel. En Ourtzag, cerca de Taubate, la guarnición francesa fue salvajemente torturada y después despeñada. En Telagza, al oeste de Taubate, la guarnición fue aniquilada durante su retirada. Los franceses intentaron recuperar una y otra vez la posición de Biban, donde en el mes de mayo murieron cuatrocientos franceses y mil rifeños. En ese momento, Francia contaba ya con 160.000 hombres en Marruecos, y España, 200.000. Abd el-Krim concentró a sus tropas en los fuertes capturados, lo que fue un error, porque la aviación europea comenzó a bombardearlos, como en Biban o en Jebel Amergun. Además, las cosechas eran escasas, al haber sido quemados los campos bien por los franceses, bien por los rifeños. Se declaró una epidemia de tifus. En el “bolsillo de Taza”, el teniente de spahis Henri de Bournazel, “el hombre rojo”, por su guerrera roja que usaba en combate, venció a las tribus de Tsul y Branes, dejando Taza fuera de peligro tras el enfrentamiento de El Mers, donde entró el primero, con la cara cubierta de sangre, cantando un fox-trot de moda, “The love need”. Comenzó a correr el rumor de su suerte, de su baraka. Murió en combate como capitán sofocando una 1149 revuelta de los Ait Atta, en Bu Gafar, cerca de Marrakech, en 1933 . El general Freydenberg liberó Wazzan en agosto, en una ofensiva apoyada por vehículos blindados. El 10 de agosto, los españoles y franceses se encontraron en Arbawa, en el extremo oeste. Pero el puesto de Rihana, en el Lucus, se rindió a los rifeños. También cayó Beni Ruten, donde el polvorín se incendió y mató a un centenar de rifeños. Estas victorias rebeldes se ensombrecieron con la recuperación de Biban, y poco después los rifeños eran expulsados del territorio francés, entre el 11 y el 15 de septiembre. Pétain detuvo el avance. 3.10.3.- La preparación del desembarco en Alhucemas Primo de Rivera estaba convencido, decía, que pronto los moros dejarían de ser enemigos. Primo tenía tres objetivos: reorganizar el ejército, pactar con Abd el-Krim, y obtener apoyo de los franceses en el Rif. La reorganización del ejército pasaba por 1149 http://pagesperso-orange.fr/le.burnous%20/notre-memoire/bournazel.html. 587 incrementar la instrucción de los soldados. Se necesitaban de cuatro a cinco meses de instrucción para formar un soldado, pero lo más normal era desembarcarlos en Marruecos a las pocas semanas de ser reclutados, y en algunas regiones el 80% eran analfabetos. La moral era baja, y los soldados eran sumisos indiferentes. Durante el invierno de 1924-1925, tras efectuar el repliegue, el Estado Mayor puso el énfasis en la instrucción. Primo de Rivera concedió más atención a los oficiales combativos y a las fuerzas de choque, como la Legión. El Tercio fue ampliado a siete Banderas, reorganizado, y se subió el sueldo a sus integrantes. En febrero de 1925, Francisco Franco ascendió a coronel, y fue confirmado como jefe del Tercio. En el Tercio se comía mejor que en el resto del Ejército, y porque la disciplina era severa, poco a poco mejoraba el espíritu de Cuerpo. La idoneidad de la línea de defensa española quedó demostrada a principios de 1925, ante el repetido fracaso de las ofensivas bereberes. Durante cuatro meses, como ya se ha explicado, los franceses lucharon contra los bereberes, retrocediendo poco a poco. Taza estuvo a punto de caer. Algunas cabilas se unieron a los rebeldes. Abd el-Krim pasó el verano de 1925 hostigando también las líneas españolas. En mayo de 1925 los Beni Said, a retaguardia de las líneas españolas, se rebelaron. España se mantuvo a la defensiva. Sanjurjo rechazó todos los ataques a convoyes y destacamentos, en el Rif oriental. Pétain visitó Tetuán el 28 de julio, y revistó a las tropas españolas, comprobando que habían mejorado mucho. El 21 de agosto, Pétain y Primo de Rivera se entrevistaron en Algeciras. Fue allí donde, según Gómez-Jordana, el primero expuso sus temores ante la operación de desembarco, que tan funestos resultados había dado en la Gran Guerra. Pero al conocer los planes, “sus 1150 reservas se disiparon” . Los generales Pétain y Primo de Rivera fijaron las condiciones de la cooperación. Vencidas sus reticencias, los franceses ofrecieron cuatro buques de guerra para apoyar la operación. Tras llegar a un acuerdo con Francia para aplastar la rebelión con un desembarco en Alhucemas, el general Primo de Rivera publicó el 31 de agosto de 1925 un artículo en la Revista de Tropas Coloniales, en el que explicaba por qué había variado su actitud hacia Marruecos, por qué pasaba de la retirada a la ofensiva. Reconocía que al asumir el poder no era “partidario de que se removiera el avispero de Marruecos, y después de comenzada la labor [del Directorio], le juzgué por su extensión y momento poco 1150 Gómez-Jordana Souza, F., La tramoya de nuestra actuación… p. 120. También el rey Alfonso XIII expuso sus temores al general Gómez-Jordana, que le demostró la viabilidad del proyecto, p. 121, 588 compatible con el interés genuinamente español y propuse una rectificación de 1151 política” . Pero después surgió “una figura que complicara el problema con otros apetitos, ambiciones y peligros de fuera de Marruecos, que pudieran dañar a España”. Esta figura, Abd el-Krim, había iniciado un “incendio que por desarrollo y llamas inflamadas por el bolcheviquismo, podría prender en nuestra propia casa”. En resumen, que rectificaba, porque “en asuntos de interés patrio, no hay derecho a dejarse guiar por el amor patrio, ni negarse a las rectificaciones”. La idea de Primo de Rivera, largamente acariciada por muchos militares españoles, era realizar un desembarco en Alhucemas para atacar el corazón de Beni Urriaguel. Ya en 1913 lo propuso Gómez Jordana, entonces comandante general de Melilla, pero fue desestimada por el Alto Comisario, general Alfau. El proyecto volvió 1152 a discutirse en 1916, en 1918, en 1921 y en 1922 . Primo de Rivera decidió asumir esa tarea, y encargó al general Gómez –Jordana Souza el estudio de la operación. El 9 de marzo de 1925, Gómez-Jordana expuso su informe, que fue adoptado como plan de operaciones. Sobre el mismo, los Estados Mayores comenzaron a trabajar para 1153 desarrollarlo. Mientras tanto, prosiguieron las negociaciones con los franceses . El planteamiento era muy novedoso para la estrategia española en África. Se pretendía realizar un desembarco para pasar de la estrategia basada en cortos avances realizados por columnas, para proceder a la fortificación de puntos conquistados, a realizar movimientos de vanguardia en un frente amplio con grandes efectivos, primando la velocidad para impedir al enemigo parapetarse o preparar un 1154 contraataque . El propósito de la operación de desembarco se fijó en la depositar en las playas de Alhucemas 18.514 hombres, aunque finalmente serían 13.000 los desembarcados, para ocupar una base de operaciones en la zona de Alhucemas y hacer frente a unos 1151 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 232, El Telegrama del Rif, 1 de septiembre de 1925, “El general Primo de Rivera nunca fue partidario de que se removiera el avispero de Marruecos”, firmado por Novelles. 1152 Gómez-Jordana Souza, F., La tramoya de nuestra actuación… p. 99-116 estudia exhaustivamente dichos proyectos. 1153 Gómez-Jordana Souza, F., La tramoya de nuestra actuación… p. 118-119, polemiza con el general Goded, que en su obra Marruecos. Las etapas de la pacificación, afirmaba que Primo de Rivera no llegó a ningún convenio de índole militar con Francia hasta 1926, y que con el desembarco de Alhucemas el Dictador no pretendía ocupar el Protectorado, sólo dar “un golpe moral que restableciese la situación creada en 1924”; de forma muy clara, Gómez-Jordana explica lo erróneo de las aseveraciones de Goded, Para Gómez-Jordana, esta postura de Goded se debe a su enfrentamiento con Primo de Rivera, derivado de un roce que tuvo con el general Sanjurjo, del que era general segundo jefe. Goded presentó su dimisión, y Primo se la aceptó; Goded fue destinado al Gobierno militar de Cádiz, pero quedó resentido con Sanjurjo y con el Dictador, p. 119, nota.. 1154 Servicio Histórico Militar, Historia de las Campañas de Marruecos, vol 4, Madrid, 1981, p. 120. 589 11.000 hombres que se calculaba que podrían haber reunido los rifeños. Esta operación constituía la primera acción anfibia en la que participaba España en la era moderna y ello, junto al fracaso de la similar operación anglofrancesa en Gallípolli, en 1915 durante la Primera Guerra Mundial, constituía un motivo de preocupación. Por si fuera poco, el terreno presentaba dificultades para realizar el desembarco, además de ser una región que los rifeños conocían al dedillo. Ello llevó a Primo de Rivera a investigar los motivos del desastre de Gallípoli y preparar una cuidadosa planificación. El objetivo consistía en ocupar una base de operaciones capaz de albergar a 20.000 hombres, que debía extenderse desde la playa de la Cebadilla hasta Adrar Sinun inclusive, comprendiendo la península de Morro Nuevo, cala del Quemado, Morro Viejo, cala Bonita, Taramara, Buyibar, cala del Empalmadero, Monte Palomas y Monte Malmusi. La operación se desarrollaría en cuatro fases: en una primera fase, se haría un amago de desembarco sobre Uad Lau y Sidi Dris; en la segunda fase, en dos días, se desarrollaría el desembarco, en dos días: en el primero, la columna de Ceuta desembarcaría en la playa de la Cebadilla para envolver Morro Nuevo; en el segundo desembarcaría la columna de Melilla, bien en las playas al este de Morro Nuevo, o en la Cebadilla, según la resistencia encontrada, dado que entonces ya no se contaría con el factor sorpresa. La tercera fase consistiría en reorganizar las fuerzas desembarcadas; la cuarta, en lanzar una enérgica ofensiva, para ampliar y fortificar la zona ocupada. Paralelamente, se emprenderían ofensivas desde Azib de Midar, en la zona oriental, y desde Ben Karrich y Larache, en la occidental, amenazando Xauen. Todo este plan se vio alterado, sin embargo, por la ofensiva de Abd el-Krim sobre Cudia 1155 Tahar . El plan conjunto suponía que los franceses harían operaciones de diversión presionando desde el sur. Los españoles desembarcarían en la bahía de Alhucemas, pese a estar guardada por cañones españoles y franceses capturados. En el desembarco intervendrían tropas y barcos españoles, apoyando los franceses con una escuadra, al mando del almirante Hallier, para la protección del convoy debería zarpar desde Melilla transportando una Brigada. La escuadra española, al mando del contraalmirante Guerra, zarparía desde Ceuta escoltando a otro convoy similar. Abd el-Krim conocía los preparativos de los españoles, pero no el lugar exacto de la operación. Pensaba que sería en las playas del centro de la bahía, en la desembocadura del río Guis. Por eso, reforzó 1155 Servicio Histórico Militar, Historia de las Campañas de Marruecos, vol 4, Madrid, 1981, p. 35-36. 590 sus defensas y trincheras en la parte occidental de la bahía, entre Cala Quemada, al sur del macizo del Morro Nuevo, y el río Guis; fortificó, artilló y minó la zona, tareas supervisadas por un capitán alemán, desertor de la Legión francesa, e instalando cañones capturados a los franceses en el Uarga. Estas circunstancias obligaron al mando español a cambiar el lugar del desembarco, eligiéndose la Playa de la Cebadilla, al oeste de la bahía de Alhucemas. El primer esfuerzo, y principal, para apoderarse de la cabeza de playa se ejercería en las citadas playas; una vez conseguido con éxito este desembarco, el segundo esfuerzo se realizaría en algunas de las calas adyacentes o bien se aprovecharía el éxito inicial para profundizar y ampliar la cabeza de playa, dependiendo de las circunstancias. Además, Abd el-Krim ordenó realizar un ataque hacia Tetuán, acometiendo el frente de Cudia Tahar, en los Morgues. El 3 de septiembre la posición de Cudia Tahar, guarnecida con hombres del Regimiento del Infante nº 5, quedaba aislada; el día 6 los rebeldes terminaron de instalar nueve cañones, morteros y varios nidos de ametralladoras, y comenzaron a machacar la posición. El día 5 murió el jefe de la posición, el capitán Zarazíbar. Se prepararon en Tetuán dos columnas de socorro a las órdenes de los coroneles Fanjul y Perteguer. Se impidió la progresión de los rebeldes, pero no el auxilio de la posición. Primo de Rivera ordenó que dos Banderas de la Legión, a las órdenes del teniente coronel Balmes, y un Tabor de Regulares, del comandante Romagosa, acudieran a Tetuán, ya preparada para el desembarco en Alhucemas, regresara hacia Tetuán como refuerzo. El general Souza, con estas fuerzas y otras, un total de cuatro mil hombres, lanzó el día 11 de septiembre la operación de rescatar Cudia Tahar. La fuerza de rescate se abrió paso desde Ben Karrish hacia Cudia Tahar, palmo a palmo. El día 12, la guarnición de 200 hombres había quedado reducida a treinta y cuatro combatientes, de los cuales veintidós estaban heridos, y sólo un oficial restaba ileso. Al día siguiente, se levantó el asedio sobre Cudia Tahar. El prestigio de Abd el-Krim quedó muy dañado, y ya no se recuperó en la Yebala Cada uno de los defensores supervivientes recibió de manos del Dictador un cigarro y veinticinco duros. El desembarco fue precedido por un intenso entrenamiento. El 20 de agosto el general Sanjurjo observó desde el aire las fortificaciones del enemigo. Antes del desembarco se realizó un ultimátum en forma de octavillas lanzadas desde el aire, anunciando la próxima invasión del Rif y ofreciendo tres días para rendirse; no se le hizo caso. También se realizó una maniobra de distracción por el este para alejar a los rifeños de Alhucemas, y se hizo correr el rumor de que el desembarco sería en Sidi Dris, 591 cerca de la desembocadura del Amekran, al este de Alhucemas. Las instrucciones y órdenes finales se entregaron a los mandos militares una vez embarcados. El 5 de septiembre, Primo de Rivera publicó un Manifiesto, “Al Ejército de España en África”, llamaba a los soldados a tener confianza en sus jefes, y a cumplir 1156 con su deber . Primo de Rivera había preparado el desembarco para el 7 de septiembre, con la participación de más de treinta barcos de guerra españoles y franceses. El ataque lo dirigiría Sanjurjo, como general de División. Las fuerzas navales, al mando del almirante Yolif y de los contraalmirantes Guerra y García, se componían de dos acorazados Jaime I y Alfonso XIII, éste el buque insignia, con la plana mayor del desembarco a bordo; cuatro cruceros, los Méndez Núñez, Blas de Lezo, Victoria Eugenia y Extremadura, el portaaviones Dédalo, dos destructores, Alsedo y Velasco, aunque finalmente no intervinieron, el primero por hallarse en pruebas y el segundo por ser abordado por el Canalejas, lo que obligó retirarlo; siete cañoneros, Cánovas del Castillo, Canalejas, Eduardo Dato, Lauria, Laya, Recalde y Almirante Bonifaz; once guardacostas, los Uad Muluya, Uad Kert, Uad Martin, Uas Ras, Uad Lucus, Uad Torga, Tetuán, Ardía, Larache, Alcázar y Xauen, seis torpederos Clase T1, T-1, T-11, T-16, T-18 y T-22, siete guardapescas: Marinero Jarano, Cardólo, Maquinista Macías, Condestable Zaragoza, Marinero Gante, Torpedista Hernández y Contramaestre Castelló, cuatro remolcadores, dos buques aljibes, África y E, veintiséis barcazas de desembarco tipo K de 300 T., y veintisiete transportes de entre 900 y 4.000 T, una parte de ellos de la Compañía Transmediterránea como transportes de tropas, vituallas, municiones, bombas y agua potable en barriles. Se construyeron muelles flotantes. A estas fuerzas navales, se unió una escuadra al mando del almirante Hallier, integrada por el acorazado París, los cruceros Metz y Strasbourg, los torpederos Anammite y Tonkinois, dos monitores 1157 avisos, Reims y Amiens, así como el remolcador Homar con globo cautivo , y un batallón de infantería de marina, que desembarcó a las 24 horas. 1156 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 366, impreso. 1157 Goded, M., Marruecos. Las etapas de la pacificación, p.157. Sin embargo, se cita la siguiente flota participante en la operación: avisos de guerra Calais, Amiens, Tralloux, Montmirail y Hamelin; destructores Touareg, Bambara, Annamita, Tonkinais y Somalie; cañoneros Diligent y Tapageuse; transporte Yar, acorazado Paris; cruceros Metz y Strasburg; remolcador Homar, con un globo cautivo, y una escuadrilla de aviones de la Marina francesa Farman F60 Goliath: ACGJEVI, Carpeta 3, fol 214, “Historial de la Harka Varela-II”, por Rafael Fernández de Castro y Pedrera, cronista de Melilla, folios mecanografiados. En el ABC del 54 de septiembre de 1925, p. 10, se citan el acorazado Paris, cruceros 592 Apoyarían la operación ochenta y ocho aviones Bristol, Hispano y Breguet, y 1158 doce hidroaviones . Las fuerzas aéreas, al mando del general Soriano estaban integradas por tres escuadrillas, formada cada una de ellas por un grupo de reconocimiento y otro de bombardeo, seis hidroaviones de caza-reconocimiento Savoia S-16, y otros seis hidroaviones de bombardeo Machi M-18AR, más un globo cautivo tipo Avorio Prassone de 1.100 m3, un dirigible semirígido de SCA de 1500 m3, para guiar el bombardeo naval de los buques de guerra españoles y franceses sobre la costa. y dos aviones Junkers F-13 de la Cruz Roja; los franceses añadieron una escuadrilla de bombardeo Farman F60 Goliath compuesta por seis aparatos. Los convoyes de Ceuta y Melilla conjuntamente formaban una División bajo el mando del general Sanjurjo, estando la Brigada de Ceuta al mando del general de brigada Leopoldo Saro, con los coroneles Franco y Martín; la Brigada de Melilla estaba al mando del general de brigada Emilio Fernández Pérez, con los coroneles Manuel Goded Llopis y Félix Vera. La Brigada de Ceuta, Agrupación Oriental o Primer Escalón, integrada por dos banderas del Tercio de la Legión, siete tabores de Regulares, los Batallones de África 3 y 8; una batería de obuses de 105 mm y dos de 75; una unidad de ingenieros, otra de intendencia, y una tercera de Sanidad, bajo el mando del general Leopoldo Saro Marín, y de los jefes teniente coronel Miguel Campins y coroneles Francisco Franco Bahamonde y Emilio Esteban Infantes. Centraremos nuestra descripción y relato en la Brigada de Melilla, Agrupación occidental o Segundo Escalón. La primera era la columna del coronel Manuel Goded Llopis, llevando como Jefe de Estado Mayor al capitán de Estado Mayor Luis Martín Montalvo, y en ella se encuadraban la Harka Varela de Fuerzas Indígenas, la Mehal-la de Melilla nº 2, un tabor del Grupo de Regulares de Melilla nº 2, las 2ª y 3ª Banderas del Tercio (teniente coronel Balmes), 2º Batallón de Cazadores de África nº 16, 1º batallón del Regimiento de Melilla 52 (teniente coronel Mulet), un Batallón Expedicionario de Infantería de Marina (Compañía del Mar, teniente coronel Aubareda), dos baterías de 7 cm del 3º Montaña, el Parque Móvil, dos Compañías de Zapadores menos una sección (comandante Patero), media Compañía de Intendencia, Strasbourg y Metz, destroyers, Tonarch, Banibaza, Annamita, avisos Hamelin, Diligent, Tapahense, Trallon, Amiens y Montmirail, remolcador Homar. 1158 Según Balfour, en su particular planteamiento de la campaña, el total de aviones presentes en la operación fue de ciento sesenta, y eleva el número de barcos franceses a dieciocho. También afirma, sorprendentemente, que “lo cierto es que [el desembarco] tuvo lugar el día equivocado, en el sitio equivocado y en el momento equivocado”, p. 219. 593 una Ambulancia de Montaña, y fuerzas de Comunicaciones, Fuerzas de Intendencia 1159 (capitán López López), Sección de Depósito y Camilleros ; las fuerzas del coronel Félix de Vera Valdés eran dos Tabores de Regulares de Melilla (teniente coronel Pozas), un Batallón del Regimiento África, a las órdenes del teniente coronel Álvarez Coque), una compañía de zapadores, una batería de obuses de 105 mm (capitán Echanove) y dos de 75 con parque móvil; una unidad de ingenieros con sección de alumbrado, otra de tendido telefónico con veinte aparatos, estaciones ópticas, dos de 1160 ellas a caballo, estaciones radiotelegráficas y una sección de sondeo. . La Harka Varela sería la vanguardia de Goded en el desembarco. La Harka Varela salió de su campamento de Azib de Midar para ser concentrada en Bufarcús (Metalza), con su paso peculiar y sus gritos característicos. Al frente, el comandante Varela, vestido como sus hombres, con la chilaba y el cráneo rapado, a sus 34 años, con 1161 el sobre de órdenes cifradas en la mano . La Harka estaba dolida por la pérdida de su Caíd Mía, Si Bennasar Mizzian Mohamed, muerto en el Hospital Indígena de Melilla por las heridas sufridas en el combate de Issen-Lasen. El 1 de septiembre fue trasladada en camiones al campamento de Cabrerizas Altas, en Melilla, y según unas fuentes, a las playas al oeste de Tres Forcas, donde fue sometida a entrenamiento; pero según otras, más veraces, el Diario de operaciones, esos días permaneció en su acuartelamiento, 1162 descansando . La Brigada de Melilla fue reunida en Yazanen, donde se entrenó en las playas de Beni Bu Gafar. El 4 de septiembre estas fuerzas fueron revistadas por el general Sanjurjo y trasladadas al campamento de Rostrogordo. Mientras tanto, desde el 1159 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 371, texto mecanografíado, composición de la Primera Columna de Desembarco; figuran también los barcos en que debían ser transportados. 1160 Tanto Goded como Vera, así como Francisco Franco y Joaquín Fanjul, serían ascendidos a generales de brigada por méritos de guerra: ABC, 4 de febrero de 1926, p. 12. El general Navarro, el derrotado en Monte Arruit, recibió la cruz de Maria Cristina, así como el general de división Federico Berenguer Fusté; los generales de brigada José Riquelme y Federico de Sousa recibieron la Gran Cruz Roja al Mérito Militar; el general de brigada Juan García Aldave recibió la Gran Cruz bicolor al Mérito Militar; ascendieron a coronel los tenientes coronel, entre otros, Amado Balmes Alonso, Emilio Mola Vidal, Miguel Campíns Aura, y Fernando Martínez Monge. 1161 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 246, La Correspondencia Militar, 12 de septiembre de 1925, destaca los dieciséis jefes de la Plana Mayor del Ejército formado por la Comandancia de Melilla, y entre ellos, en el centro de la fila superior, encontramos al comandante Varela; en la misma publicación aparece una fotografía del comandante vestido con la chilaba, junto a su tienda, otra de los mandos de la Harka; fol 268, El Diario Español de Melilla, 16 de septiembre de 1925, “Los sueños del comandante Varela”. 1162 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 406, “Relación jurada de los servicios prestados en esta Harka por el comandante de Infantería don José Varela Iglesias desde el 7 de octubre de 1924 al 31 de octubre de 1925”, fechada en Azib de Midar en noviembre de 1925; ACGJEVI, Carpeta 5, fol 435-436, “Harka Varela, Diario de Operaciones de la misma desde el día 7 de octubre de 1924 a 31 de diciembre de 1925”. 594 día 2, iban fondeando en la rada de Melilla los buques de transporte de la Compañía Transmediterránea, así como la escuadra francesa. La Brigada del general Fernández Pérez recibió las órdenes de embarque y viaje en la noche del 4 de septiembre. La Harka Varela iba integrada en la columna Goded, y 1163 sus mandos eran: comandante Varela, capitanes Benito Cardeñosa Carrozas y Simón 1164 1165 Lapatza Valenzuela , tenientes Rafael Tejero Saurina , García Menéndez, Rodríguez de Rivero, Ortiz Portillo, Domínguez Catalán, y Eyaralar Almazán, alféreces Manso de Zúñiga y Mellado Pascual, Médico 2º de Sanidad Militar Rafael Álvarez Pérez. La Compañía del Mar de Melilla, con el teniente Vázquez y los alféreces Ángel y Arturo Morán Alcalá, coordinó el embarque de tropas e impedimenta de esta fuerza en la tarde del 5 de septiembre. Las fuerzas de vanguardia de Goded, la Mehal-la de Melilla, con su comandante, el teniente coronel Miguel Abriat Cantó, y la Harka Varela, formada por seis caídes Mía, setecientos once indígenas y diez europeos, embarcaron respectivamente en los vapores Sagunto y Alhambra. Acabada la operación, ambos buques se separaron del muelle para dejar paso a otros, donde fue embarcando la Brigada: A. Lázaro, Navarra, Aragón, Florinda, Menorca, Jorge Juan, Romeu, Roger de Flor y Cullera. Las fuerzas del coronel Vera fueron las últimas en embarcar, ya en la madrugada del día 6, haciéndolo a las 9:00 horas el general Fernández Pérez en el vapor Romeu, con su Estado Mayor, teniente coronel Alfredo Guedea, y capitanes Montero, Ysasi y Ostáriz. A la misma hora, el almirante Hallier izó su insignia en el acorazado Paris, dando orden de zarpar a la flota, iniciándose la navegación a las 11:00 horas, dirigiéndose ésta hacia el cabo de Tres Forcas en perfecto orden. Cerraba la formación el vapor Villarreal, habilitado como barco hospital, con capacidad para 350 heridos. A medio día la flota llegó al Cabo Viejo (Ras Tagsef). La vanguardia entró en la ensenada de Betoya, hacia la posición de Afrau. Las unidades francesas comenzaron a hacer fuego sobre las posiciones artilleras rifeñas, señaladas por las descubiertas de la aviación militar. Se bombardeó toda la zona, en especial la antigua posición española de Sidi Dris, realizando movimientos de simulación para hacer creer al enemigo que el 1163 Citado como fallecido en Alhucemas en ABC, 21 de octubre de 1925, p. 11. 1164 Murió como comandante al intentar ocupar Morón de la Frontera, el 24 de julio de 1936, tras secundar a Queipo de Llano en Sevilla. 1165 Era capitán cuando el 23 de julio de 1936 evitó que Pío Baroja fuera detenido. Fue teniente coronel de la 2ª Agrupación de la 1ª Brigada de Navarra durante la campaña del Norte en agosto de 1937. Murió el 18 de febrero de 1938. Casó con Mª Carmen Trías Saralegui, y significativamente, su hijo fue bautizado como José Enrique Tejero Trías, es decir, con los nombres de pila de Varela. 595 desembarco iba a tener lugar en aquella rada. Los buques franceses comenzaron a navegar en paralelo a la costa, de punta Abdun a punta Babazun, mientras los mercantes dejaban caer las barcazas de desembarco, a unas dos millas de la costa, sobre las 17:00 horas. Los destructores franceses lanzaron cortinas de humo. Entonces, las barcazas fueron reembarcadas, y los buques comenzaron a salir de nuevo al mar, mientras la artillería seguía batiendo la costa. La flota permaneció frente a ese punto toda la 1166 noche . Paralelamente, desde Ceuta zarpó también el día 6 la flota del almirante Yolif escoltando a la Brigada de Ceuta. El buque insignia era el Alfonso XIII, donde iban el Dictador y el general en Jefe de la División de desembarco, José Sanjurjo Sacanell. Esta fuerza realizó el día 6 un simulacro de desembarco frente a Uad Lau, bombardeando la desembocadura del Támeda, destruyendo baterías allí emplazadas, y atrayendo a la zona a la cabila de Bocoya. El coronel Goded copió la Orden General del 4 de septiembre de 1925 para sus hombres, estableciendo que cada hombre llevaría “sobre sí dos días de rancho en frío con pan, municiones, doble cantimplora, cuatro sacos terreros, útiles de zapador, paquete de cura individual, medalla de identidad, pistolas y cohetes de señales e 1167 iluminación” . La tropa desembarcaría con su arma, municiones y material. El desembarco de la Columna de Goded sería en barcazas K compradas a los británicos en Gibraltar, siendo las mismas que éstos habían empleado en su fracasado desembarco en Gallípoli. La primera oleada sería en catorce barcazas: la Harka en tres barcazas, el Tabor el dos, la Mehal-la en tres, el Tercio en cuatro, los Zapadores y comunicaciones en una, y la Batería en otra. De estas catorce barcazas, una se quedaría varada a modo de base de desembarcadero. La segunda oleada estaría formada por el Batallón de Melilla en cuatro barcazas, la Batería y el parque Móvil en dos, el Batallón de Cazadores nº 16, en tres, las municiones de Infantería en otra, las de Artillería en dos, y 1168 la de Material sanitario, en otra . 1166 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 288, “Relación jurada de los servicios prestados por el comandante de Infantería Excmo Seño don José Varela Iglesias”, texto mecanografiado, sin firmar, fechado el 31 de diciembre de 1925 en Azib de Midar, y redactado por el propio Varela, sin firma. 1167 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 370, texto mecanografiado. 1168 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 373, texto mecanografiado, Primera Columna de Desembarco, Melilla, 4 de septiembre de 1925; fol 384-385, “Prevenciones de la 1ª Columna”, texto mecanografiado, firmado por el coronel Manuel Goded a bordo del Lázaro, el 7 de septiembre de 1925; fol 386-388, “Orden de la Primera Columna del día 7 de septiembre de 1925, a las 17 horas a bordo del Lázaro”, firmada por el coronel Manuel Goded. 596 1169 3.10.4.- Las operaciones de desembarco . Al llegar la flota de desembarco frente a Alhucemas, la organización de las columnas de desembarco y el fuerte viento de levante reinante impusieron cambios en la organización. La niebla y las corrientes aconsejaron aplazar la operación del 7 al 8 de septiembre, que era la fiesta de Nuestra Señora de la Victoria, patrona de Melilla. No obstante, la flota de Ceuta penetró en la bahía de Alhucemas, amenazando con desembarcar en la playa de Suania, retirándose al caer la noche. La flota de Ceuta machacó Wad Lau con fuego artillero. Durante el día 7, la flota que transportaba desde Melilla, que inició su navegación a las 17:00 horas, la Brigada Fernández Pérez barajó la costa de la rada de Betoya, hasta el cabo Quilates, de nuevo amenazado Sidi Dris simulando un desembarco, amparado tras una cortina de humo. De esta forma, algunas fuerzas rebeldes se vieron obligadas a quedar vigilantes, desguarneciendo la península de Morro Nuevo y sobre todo la playa de Ixdain, donde estaba previsto realizar el desembarco del coronel Franco Bahamonde. Por esa razón, por la tarde esta flota realizó un nuevo simulacro de desembarco frente a la desembocadura del río Amekran, en Tensaman. La Harka Varela, que debía ser la vanguardia de Goded en el desembarco, no participó en la primera oleada de desembarco y ataque, protagonizada por la Brigada de Ceuta, y en ella, las tropas del coronel Franco. No obstante, Varela era uno de los oficiales más carismáticos del desembarco, como lo testimonia el que su fotografía 1170 figurara en primera plana el día 9 de septiembre . A las 6:00 ó 6:30 horas del 8 de septiembre de 1925 se inició el bombardeo sobre la costa, junto con ataques aéreos, sobre las baterías de Morro Nuevo. Apoyados por los cañones de las escuadras navales y el bombardeo de la aviación, las barcazas tipo K de la Brigada de Ceuta se acercaron a los buques de transporte, y en ellas 1171 comenzaron a instalarse los legionarios, regulares y harqueños de Tetuán y Larache . La primera oleada comenzó a desembarcar a las 11:30 en las playas de Ixdain y la Cebadilla, al lado de la de Alhucemas, con una costa más accesible y no fortificada. 1169 Carrasco García, A.: Las imágenes del desembarco. Alhucemas 1925, Almena, Madrid, 2011, reproduce los partes oficiales de la campaña; Servicio Histórico Militar, Historia de las Campañas de Marruecos, tomo IV, Madrid, 1981. Gómez-Jordana Souza, F., La tramoya de nuestra actuación… 1170 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 237, El Imparcial de Madrid, 9 de septiembre de 1925, “Desembarco de las tropas españolas en la bahía de Alhucemas”. 1171 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 240, ABC, 10 de septiembre de 1925, p. 10. 597 En la costa, los rifeños disponían de catorce piezas de campaña de 70 y 75 mm que habían sido capturadas a los españoles y que ahora eran manejadas por instructores mercenarios extranjeros. También disponían de ametralladoras. Pero los bereberes fueron sorprendidos, y la resistencia fue débil, afortunadamente, porque los hombres fueron lanzados en un punto con más de un metro de profundidad, y tuvieron que llegar desde él a la costa. Debido a la presencia de rocas, el contingente de la playa de Ixdain se impuso un cambio táctico, y debió desembarcar a unos 50 metros de la costa. El comandante de las lanchas recibió la orden de retirarse, pero los legionarios, al mando del coronel Franco, cruzaron con el agua al cuello, con armas y municiones por encima de la cabeza hasta llegar a la orilla, soportando el fuego y escalaron los pequeños acantilados. Al no poder acercar debidamente las lanchas a la orilla, no se pudo desembarcar los diez tanques ligeros ni las mulas de carga, y hubo que transportar a brazo las piezas de las tres baterías de montaña, municiones, reservas de agua, alimentos, etc. En consecuencia, faltó el agua y la comida, y los soldados sólo pudieron beber un litro de agua diario en pleno verano. Muchas tropas tampoco pudieron desembarcar en un primer momento. Entretanto, se descubrió que la playa de Ixdain estaba minada, y hubo de detonarse unas 40 minas enterradas en la arena. La Brigada de Melilla, mientras tanto, esperaba en sus buques frente a la costa de Beni-Said y Tensaman. La playa de la Cebadilla estaba muy batida por la artillería enemiga. Después comenzó la segunda oleada a las 13:00 horas, emprendiéndose a continuación un rápido avance hasta ocupar las alturas que dominaban la playa. Las alturas de la Cebadilla fueron ganadas y se iniciaron rápidamente trabajos de fortificación a cargo de los zapadores, cuyos mandos, dado lo nutrido del fuego enemigo, cayeron todos heridos o muertos. La lucha cuerpo a cuerpo permitió capturar las piezas de artillería enemigas. Ocupadas las playas, se avanzó hacia la península del Morro Nuevo, en la parte occidental de la bahía de Alhucemas. Las tropas españolas sufrían el fuego de artillería y de los francotiradores. Los hombres de Abd el-Krim encadenaban prisioneros españoles a las piezas de artillería a modo de escudos humanos. En un primer momento desembarcaron 9.000 hombres y durante el resto del día se procedió a desembarcar el material necesario para continuar la operación. Al caer la tarde, la artillería rifeña reanudó el fuego con intensidad contra las tropas españolas y la escuadra, causando numerosas bajas y alcanzando a los acorazados Alfonso XIII y Jaime I, sufriendo éstos daños menores. La artillería fue respondida con un ataque aéreo español y al final del día, 8.000 hombres estaban ya en tierra. Entre ellos, el general 598 Sanjurjo y su ayudante, Canti, que desembarcaron en una gasolinera. En las primeras horas de la noche, se ocuparon las alturas de Morro Nuevo. Las bajas fueron de siete oficiales y de ciento diecisiete soldados. Hubo rumores de traición entre los rifeños, porque se decía que los cabileños de Bucoya abandonaron sus posiciones poco después del desembarco. Abd el-Krim desconfiaba de los Bucoya. También se dijo que “Severa”, ministro de Marina rifeño, estaba vendido a los españoles. La línea de defensa se estableció a 1’5 Km de la costa. Al día siguiente, 9 de septiembre, Primo de Rivera ordenó el regreso a Ceuta de los mercantes que transportaban las 2ª y 3ª banderas de la Legión, del teniente coronel Balmes, y el Tabor de Regulares de Melilla, del comandante Romagosa, para su inmediato traslado a Tetuán. Su objetivo ahora era el socorro a la posición de Kudia Tahar, defendida por el Regimiento del Infante. El 11 de septiembre salieron tres columnas para desalojar a los moros que hostigaban Tetuán, despejando de enemigos el puesto avanzado de Ben- Karrish. Pero después, el Dictador comprobó que los lugareños clavaban cabezas de moros en sus bayonetas, lo que reprochó y prohibió. Cabe destacar que en Alhucemas se utilizaron por primera vez en la historia de la guerra carros de combate en un desembarco, concretamente Renault FT modelo 1917, que fueron poco útiles, aunque causaron gran impresión. Además, fue la primera vez en la historia en la que las fuerzas de apoyo aéreo al desembarco, las fuerzas navales y las fuerzas de tierra actuaron bajo un mando unificado, el del general Primo de Rivera, creándose el concepto moderno de desembarco anfibio. En la madrugada del día 8 de septiembre, la flota donde estaba embarcada la fuerza de Melilla zarpó a todo vapor desde Sidi Dris, situándose frente a Morro Nuevo a las 14:00 horas, para regresar a Sidi Dris, y de nuevo volver a pernoctar frente a Morro Nuevo, obligando así a los rifeños a agotarse en marchas y contramarchas para vigilarla. Al amanecer del día 9 de septiembre, habiendo aumentado la marejada de Levante, el capitán de fragata Boado, que había reconocido la playa de los Frailes, inmediata a la Punta de este nombre, propuso al Mando dicho lugar para el desembarco de la Brigada del general Fernández Pérez. La razón era el colapso de la playa de la Cebadilla, donde se acumulaba el material el ganado y los hombres. A las 17 horas se dispuso que el buque Sagunto, con la Mehal-la de Melilla nº2 a bordo, se dispusiera a desembarcarla, lo que hizo rápidamente en la playa de la Cebadilla. La Mehal-la del teniente coronel 599 Abriat pisó tierra y abrió el ala izquierda del frente, enlazando con las fuerzas del coronel Franco, estableciendo su vivac y fortificando su posición. 3.10.5.- Desembarca la Harka Varela. La Casamata del Cañón. En Alhucemas, la Harka Varela cambió totalmente su funcionalidad. Ello fue posible gracias a la plasticidad de su comandante, y la instrucción de sus hombres. De ser una unidad dedicada a acciones furtivas, golpes de mano, emboscadas, pasó a convertirse en fuerza de choque, de primera línea, que actuaba en coordinación con otras unidades. El día 10 de septiembre, aún con mal tiempo, el vapor Alhambra desembarcó rápidamente en Morro Nuevo a una Bandera del Tercio y a la Harka Varela, ésta a las 14:00 horas, en las barcazas K 12 y 21, hasta las 16:00 horas. La Harka se dispuso a ensanchar el frente por su izquierda, mientras su derecha guardaba contacto con la Mehal-la de Melilla, que destacó una sección a la Casamata del Cañón, que en el extremo de la península del Morro Nuevo conquistaron los legionarios el mismo día 8 en que se inició el desembarco. Ese mismo día 10, por la tarde, desembarcó en la playa de los Frailes el Batallón Expedicionario de Infantería de Marina, con el coronel Goded, su jefe de Estado Mayor, capitán Martín Montalvo, y los capitanes Carlos Lázaro y Manuel Civantos. A causa de la marejada sólo se pudieron emplear dos barcazas “K” para llevar las tropas a la playa, lo que llevó a que el desembarco fuera lento. Se formó una cabeza de playa con un frente de 3 km con menos de 3.000 hombres. La Harka vivaqueó en las estribaciones de Morro Nuevo. Era una fuerza muy pequeña, desembarcada de forma muy precaria, y con la 1172 misión de cubrir un frente muy amplio . Goded describió esta situación comprometida, con escaso material de fortificación, sin apenas víveres, agua ni municiones. Por ello, conservó con él : “una reserva de fuerzas escogidas, acostumbradas a maniobrar y combatir de noche, y que pudiera marchar con rapidez en la oscuridad a los sitios amenazados, designando para ello la harca Varela, tropa indígena escogida, con una oficialidad brillantísima y que especializada en las sorpresas de guardia y ataques nocturnos en el frente de Melilla, reunía condiciones excepcionales para el objeto perseguido. La harca con sólo una compañía en línea en el llamado Collado de la Harca conservó las restantes mías reunidas 1172 Gómez-Jordana Souza, F.: La tramoya de nuestra actuación en Marruecos, Editora Nacional, Madrid, 1976, p. 141. 600 vivaqueando a inmediación de éste, donde establecí mi puesto de mando. Sorprendió a algunos que contando con tan reducidas fuerzas mantuviese en reserva una unidad completa indígena de las más acreditadas como fuerzas de choque, pero esta precaución me salvó y salvó a toda la columna en aquella 1173 dura noche del 11 de septiembre” Estas horas de incertidumbre fueron muy duras. La resistencia ante el enemigo se basaba en cuatro puntos: el que sería llamado collado de la Harka, donde el coronel Goded tenía el puesto de mando; el puesto de mando de la Mehal-la, que era el puesto de mando del teniente coronel Abriat; el puesto del proyector; y la Casamata del Cañón. Esta Casamata era una obra fortificada en el Morro Nuevo, armada con un cañón. Al iniciarse el desembarco, los moros la abandonaron. Estaba en el extremo izquierdo de la línea avanzada. Allí se estableció una Mía de la Mehal-la de Melilla. La parte izquierda del fuerte estaba ocupada por un Tabor de Regulares. Al centro, estaba la Mehal-la de Abriat. La derecha estaba cubierta por una Mía de la Harka Varela, y las fuerzas del regimiento de Melilla se enlazaban con un batallón de Tarifa, perteneciente a la columna de Franco. El día 11 se realizó una descubierta. La Harka Varela, a las 13:20 horas, se trasladó desde su vivac o campamento provisional al collado de Morro Nuevo, a espaldas del mismo y en dirección a la bahía de Alhucemas, quedando en primera línea del sector asignado a la columna de Melilla. Varela, junto a sus oficiales, recorrió minuciosamente la línea de frente de su unidad, calculando las distancias de tiro, señalando los accidentes del terreno susceptibles de facilitar el avance, o de dificultarlo. Varela ordenó incrementar el número de granadas, y advirtió a sus hombres de que quizá se realizaran ataques nocturnos, y cómo actuar eficazmente en ellos. Los rifeños contraatacaron en las noches del 11 y 12 de septiembre, con elementos modernos de guerra. El día 11, la artillería rifeña abrió fuego a partir de las 18:00 horas sobre la Cebadilla y otras posiciones, y seguidamente se comenzó a disparar con fusiles y ametralladoras sobre las posiciones españolas, sobre todo en el flanco izquierdo español, sobre Morro Nuevo. El coronel Goded ordenó a la Harka Varela que se retirara de primera línea y estuviera preparada para lanzarse al contraataque en plena noche, previniendo la ofensiva de los rifeños. Abd el-Krim lanzó a sus guerreros juramentados (muyahidín), que buscaban la muerte, para romper las 1173 Goded, General: Marruecos, las etapas de la pacificación, CIAP, Madrid, 1932, p. 200-201. Ver Apéndice Documental, nº 22. 601 líneas españolas, con fusiles, bombas de mano y arrojo suicida. Ochocientos muyahidines se habían juramentado recuperar la Casamata del Cañón de Morro Nuevo. El peso de la ofensiva, como ya se ha dicho, recayó sobre el flanco izquierdo, sobre el Morro Nuevo, y sobre todo el ataque se centró en la Casamata del Cañón. El enemigo consiguió entrar en la Casamata, apoderándose del cañón de 7’5 allí situado, y en otros dos puestos, en el extremo izquierdo de la línea defendidos por la Mehal-la nº 2 de Abriat, cuyos hombres resistieron heroicamente hasta quedar muertos o heridos y sin municiones. Goded ordenó a Varela que con su Harka y otras fuerzas de la Mehal-la reforzase la línea, lo que se hizo con la 6ª Mía al mando del teniente Tejero. A las 11:30 horas, el teniente coronel Abriat de la Mehal-la nº 2 ordenó al teniente Tejero que hiciera una salida para desalojar al enemigo de un barranco situado en el centro de la línea, próximo a las ametralladoras del Batallón de Cazadores nº 16. Goded solicitó más refuerzos a Varela, y éste envió a la 5ª Mía con el capitán Lapatza y el teniente Eyaralar. El capitán rechazó al enemigo que amenazaba la extrema izquierda, siendo reforzado con la 7ª Mía al mando del teniente Ortiz. Poco después, Varela se trasladó al frente con la 1ª y 2ª Mías, y los tenientes Rivero y Mellado a su mando, respectivamente, y el capitán Cardeñosa sobre ambas. Goded pidió a Varela que reconquistase las posiciones, sobre todo la Casamata y su cañón de 7’5. Varela atacó con las 5ª, 6ª y 7ª Mías batiéndose cuerpo a cuerpo, con cuchillo-bayoneta y bombas de mano. Los harkeños de la Mía del teniente Tejero, con el comandante al frente, lanzaban gritos de “¡Mi comandante Varela, Viva Ispania!”seguidos de las demás, con sus oficiales Lapatza y Domínguez al frente. La lucha en la Casamata, cuerpo a cuerpo, fue terrible, desde las 23:00 a las 3:00 horas; al fin los muyahidines se retiraron, dejando atrás noventa y cinco muertos y cincuenta y cinco heridos, clara muestra de su desesperada lucha. La Harka, recuperada la casamata y el cañón, permaneció en el lugar hasta el amanecer, por haber sufrido importantes bajas, veintiún hombres, de ellos tres muertos. Se consumieron 45.521 cartuchos y trescientas bombas de mano, lo que evidencia la crudeza de la porfía. Ese lugar pasó a llamarse Collado de la Harka. A las 5:30 horas de la mañana, todo había acabado, y la Harka se replegó hacia su vivac. Varela fue vivamente 1174 felicitado por esta defensa . Para Goded, aquella noche fue la más amarga de su vida militar. 1174 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 407, “Relación jurada de los servicios prestados en esta Harka por el comandante de Infantería don José Varela Iglesias desde el 7 de octubre de 1924 al 31 de octubre de 602 El día 12 de septiembre se dedicó a seguir con las tareas de fortificación de las posiciones y mejora de los servicios, mientras proseguía lentamente el desembarco, dificultado por el viento de levante. A las 22:30 horas los rifeños volvieron a atacar sobre toda la línea, y sobre las 23:00 horas intentaron atravesar el Collado de la Harka, con fuego de fusil y bombas de mano. Ante la firmeza de la posición española, el fuego fue aminorando, hasta las 4:30 de la madrugada. Durante estos combates de nuevo la Harka luchó con su 3ª y 4ª Mías, al mando del capitán Cardeñosa, y tenientes Domínguez y Manso de Zúñiga, defendiendo la posición con serena firmeza, y disciplina en el fuego, al precio de tres heridos. Los harqueños se burlaban a gritos del enemigo, y lo excitaban con puyas sobre su imposibilidad de romper las líneas españolas. El enemigo siguió batiendo, con diez piezas de artillería, las líneas españolas hasta el día 20, mientras los españoles iban fortificando el frente. El día 13 llegó a tierra el general Fernández Pérez. La operación de desembarco duró hasta el día 20 de septiembre. El viento de levante entorpecía el desembarco, siendo por ello problemático el suministro de agua potable, y muy difícil desembarcar el ganado que debía transportar la artillería, imprescindible para continuar el avance. Los días 12 y 13 siguieron los ataques. Se hizo necesario retirar el cañón de la Casamata, que los moros deseaban recuperar, y por ello atacaban insistentemente. Para la operación hubo muchos voluntarios, harqueños de Varela y legionarios, y fue presenciada por el coronel Goded 1175 y el comandante Varela . Las Mías se relevaban en los servicios de protección. Por la noche de esa semana, legionarios, Mehal-las y harqueños de Varela efectuaban incursiones para reconocer el terreno, y regresaban con las cantimploras llenas para aliviar el problema de la falta de agua, al haber descubierto una fuente en sector 1176 enemigo . 1925”, fechada en Azib de Midar en noviembre de 1925: “Columna Goded, Estado Mayor. Con fecha 19 del corriente recibió el telegrama siguiente: El teniente coronel Jefe Accidental Oficina Central intervención al Coronel Jefe vanguardia Columna Fernández Pérez. Al tener noticias este Cuerpo de que cupo a la columna de su mando rechazar bravamente la violenta reacción ofensiva del enemigo en la noche del pasado día once entre los que se encontraban doscientos juramentados decididos a morir, según información comprobada y al que se causaron 150 bajas, en nombre del personal de estas Intervenciones y en el mío propio me permito enviar a V. E. y a las sufridas fuerzas de su mando la más cariñosa felicitación y nuestro más expresivo saludo. Lo que comunico para conocimiento y efectos”. 1175 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 260, ABC, 15 de septiembre de 1925, “Para rescatar un cañón”. 1176 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 267, ABC, 16 de septiembre de 1925, “La situación en el Sector de Alhucemas. Una aguada”. 603 Los rebeldes capturados se declaraban “amigos de España”, afirmaban que eran prisioneros de Abd el-Krim, y que éste había impuesto un régimen tiránico en el Rif. Tenían que construir trincheras y luchar contra los españoles bajo la amenaza de fusilamiento. Relataban que la cabila de Beni Urriaguel imperaba la miseria, que Abd el-Krim les había obligad a luchar impidiéndoles sembrar; que había tomado como rehenes a los caídes, y a los desertores, Abd el-Krim les hacía sacar los ojos y quemar 1177 lentamente . Durante los días 13 al 16 de septiembre, las Mías se turnaron diariamente en establecer servicios de seguridad. Los días 17 y 18, el vivac de la Harka fue hostilizado con fuego de fusil, sin sufrir bajas. El 19 de septiembre, a las 18:00 horas, Varela recibió la orden de enviar fuerzas para reforzar a los Regulares de Melilla, que habían sostenido un combate en el extremo izquierdo de la línea. El comandante Varela envió a la 6ª Mía con el teniente Tejero, a quien el jefe del Tabor de Regulares, comandante Solans, ordenó ocupar unas lomas avanzadas, desde las que sostuvieron fuego con el enemigo, causándole bajas, y recuperando algunas de los Regulares. Los rebeldes disparaban con cañón y fusil sobre los campamentos españoles, y en el de la Harka causaron un muerto. 3.10.6.- La ocupación del Monte Malmusi. Era necesario ensanchar el frente, aún sin el ganado que podía facilitar el trasiego de la artillería, y se designó como objetivo la ocupación del Monte Malmusí y 1178 el Morro Viejo, para instalar en ellos la artillería de 10’5 . Esta maniobra se veía obstaculizada porque el enemigo había instalado tres ametralladoras con las cuales batían Cala Cebadilla. Como medida inicial, se ordenó un reconocimiento ofensivo para tomar una idea de la resistencia enemiga, conocer la situación del enemigo e intentar acallar dichas ametralladoras, que por su posición no podían ser silenciadas con 1177 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 262, El Mensajero de Jerez, 15 de septiembre de 1925, “Noticias de la guerra”; fol 256, El Telegrama del Rif, 13 de septiembre de 1925, “Las cabilas de la bahía de Alhucemas”, por Cándido Lobera, relata la brutal represión de Abd el-Krim, como Jefe de la Dula Yemaria sobre Ajemas, “privando de la vista a muchos hombres, con hierros candentes o mutilando la virilidad de otros, en presencia de las mujeres enloquecidas”, para indicar que esa era la razón de la pronta rendición de Bocoya; fol 273, Heraldo de San Fernando, 18 de septiembre de 1925, “Desde África. Crónica de la guerra”, por Justito, narra otros episodios similares de crueldad con prisioneros. 1178 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 375-377, Texto mecanografiado, “Columna Goded”, orden de operaciones fechada el 22 de septiembre de 1925. 604 1179 artillería . Esta operación de tanteo en territorio enemigo en las huertas del río Tixdit fue encargada a las Harkas de Valera y del comandante Agustín Muñoz Grandes, saliendo respectivamente por los flancos izquierdo y derecho hacia las alturas del Monte Malmusí a las 4:00 horas del 22 de septiembre. No se esperaba la dura resistencia que 1180 iba a plantear el enemigo, lo que demuestra que éste estaba alerta y muy preparado . La vanguardia de Varela la ostentaba el capitán Cardeñosa, y se dirigió hacia la loma oriental del Malmusi; la vanguardia de la Harka Muñoz Grandes iba al mando de capitán Rodríguez Bescansa, con su Tabor. A las 4:00 horas, el primer Tabor de la Harka Varela, al mando del capitán Cardeñosa, y los tenientes Rivero y Domínguez, y el alférez Mellado, se deslizaron hasta una casa ocupada por hombres del Tercio. Allí se reunieron con el comandante Varela, y los capitanes Lapatza y Carrasco. Varela dispuso que la 1ª Mía avanzara y desplegara a la izquierda de las huertas y arenales situados delante de la casa, la 2ª se situara hacia la derecha, y la 3ª doscientos metros a retaguardia, para actuar de apoyo. El 2º Tabor quedó en reserva, al mando de su capitán y los tenientes Manso, Eyaralar, Tejero y Ortiz. Una sección de la 2ª Mía y otra de la 1ª, avanzaron, cubiertas por el resto, para reconocer el terreno. Los rebeldes se vieron sorprendidos, y al descubrir a los harqueños, éstos ya ocupaban posiciones ventajosas. El capitán Cardeñosa consiguió vencer la resistencia enemiga, desafiando el nutrido fuego enemigo, hasta llegar a la oculta trinchera rifeña. La resistencia encontrada fue tan dura, que los harkeños comentaron al escritor Fernández de Castro, cronista de Melilla, que "de bala a bala no poder pasar viento". Se incendiaron unos almiares de paja, llenando de consternación a los rifeños al ver que la ofensiva cambiaba de manos. Reconocido el terreno, se dio la orden de retirada, protegida en su flanco por el comandante Varela. El capitán Cardeñosa, tras informar a Varela de los accidentes descubiertos, dirigió personalmente el repliegue, primero la sección de la 1ª Mía, y después la sección de la 2ª. En ese momento fue herido el jefe de ésta, el alférez Mellado, con lo que Cardeñosa asumió su mando, en medio de una intensa presión 1181 enemiga, siendo herido mortalmente . La Harka, dirigida por Varela, se replegó sobre 1179 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 262, El Telegrama del Rif de Melilla, 23 de septiembre de 1925, “Nuestras harcas arrebatan al enemigo tres ametralladoras”. 1180 Gómez-Jordana Souza, F.: La tramoya de nuestra actuación en Marruecos, p. 142. 1181 Benito Cardeñosa Carrosas nació el 2 de julio de 1898, ingresó en la Academia de Toledo en 1912, siendo el número uno de su promoción. Sirvió en Regulares, y desde el 19 de marzo de 1925, en la Harka Varela. Don Benito, como era llamado, era hombre bondadoso, oficial íntegro y recto administrador de la harka. El 12 de octubre de 1925, Varela consiguió que se celebrasen por él, y por el teniente Arnaldo Eyaralar Almazán, ambos muertos, solemnes funerales en la iglesia del Sagrado Corazón de Melilla. 605 la casa ocupada por el Tercio, perdiendo en la operación al capitán Cardeñosa, y al Caíd Mía Sid Bennasar Al-lal Mehana, así como el alférez Mellado herido, y un harqueño muerto y otros dieciséis heridos. Pero las Harkas habían cumplido sus objetivos, 1182 describiendo la situación y profundidad de las defensas rifeñas , y capturando las tres máquinas. Otro caído en acción fue el capitán Rodríguez Bescansa. Los tres oficiales fueron galardonados con la Medalla Militar individual; los europeos fueron sepultados en el cementerio de Melilla, y el Caíd Mía, en Azib de Midar, en Beni Tuzin, por deseo 1183 de sus familiares . Los generales Sanjurjo, Saro y Fernández Pérez conferenciaron y decidieron iniciar el ataque en la madrugada del día 23. La Brigada de Ceuta debía ocupar Malmusí Alto (Cuernos de Xauen), y la de Melilla, debía tomar el Morro Viejo y el Malmusí Bajo (posición rebautizada como de Cardeñosa); las vanguardias atacantes eran dirigidas, la de la derecha por el coronel Franco Bahamonde, y la de la izquierda, por el coronel Goded Llopis. La columna de Goded estaba formada por la Harka Varela, la Mehal-la de Melilla nº 2, la 2ª y 3ª Banderas de la Legión, que habían regresado de Tetuán, el Batallón de Cazadores de África nº 16, una batería de montaña de 7 cm, y tres compañías de Zapadores. A las 7:30 horas se inició la ofensiva, apoyada por fuego naval, artillería de la isla de Alhucemas y la aviación, mientras los rifeños se defendían con fiereza. Ambas columnas avanzaron hacia sus objetivos. La vanguardia de Goded era la Harka Varela, cuyo objetivo era el Malmusi Bajo. La Harka avanzó por el collado ACGJEVI, Carpeta 4, fol 275, El Heraldo de San Fernando, 29 de septiembre de 1925, “Muerte del capitán Cardeñosa”, por Alfredo Donaire “Justito”; fol 282, El Telegrama del Rif, 24 de septiembre de 1925, “El Comandante General señor García Aldave, impone la Medalla Militar a los cadáveres de los capitanes Bescansa y Cardeñosa”. Carpeta 4, fol 297: Madrid, 30 de octubre de 1948, “Aquí, Marruecos. Ayer y Hoy. De Beni Urriaguel. Evocación del capitán Cardeñosa y del moro Moham”: Varela recordaba así la caída del capitán Cardeñosa: “Los rifeños más valientes (…) son estos de Beni Urriaguel y los de Beni Tuzin. Muchos de los que aquí se han concentrado hoy estuvieron un día contra nosotros. Otros muchos, también, combatieron en mi jarca. Aquí murió un magnífico capitán español. Cardeñosa. Habíamos salido a efectuar un reconocimiento ordenado por el general en jefe de aquellas operaciones de desembarco, Sonó un tiro, y Cardeñosa cayó. Corrió hacia él, para sostenerle, un caíd de mi jarca,Moham. Cuando éste cogía al capitán, un segundo tiro derribó al moro. Murieron juntos, abrazados. Yo me acerqué, besé a Cardeñosa, abracé a Moham… Entre tantos recuerdos de guerra, no olvidaré el de aquel momento aquí, ante esta bahía de Alhucemas…”.Allí Varela, entonces Alto Comisario, fue saludado y obsequiado por el caíd Budra, que fue ministro de la Guerra de Abd el-Krim, y cuyos dos hijos lucharon después en la Guerra Civil en el bando nacional. 1182 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 408, “Relación jurada de los servicios prestados en esta Harka por el comandante de Infantería don José Varela Iglesias desde el 7 de octubre de 1924 al 31 de octubre de 1925”, fechada en Azib de Midar en noviembre de 1925- 1183 Otro caído fue el teniente Felipe Pérez de Lema y Tejero, de la Harka Muñoz Grandes, hijo del coronel Pérez de Lema, director de la Academia de Infantería de Toledo varios años, y hermano del general José María Pérez de Lema: Iniesta Cano, C., Memorias y recuerdos. Los años que he vivido en el proceso histórico de España, Planeta, Barcelona, 1984, p. 27-28. 606 de su nombre, al abrigo de unas casas derruidas y apoyado por carros. El 2º Tabor, al mando del capitán Lapatza y los tenientes Tejero, Eyaralar y Manso de Zúñiga, iba en vanguardia; el 1º Tabor, con el capitán Carrasco y los tenientes Rodríguez y Domínguez, más la Mía de Caballería del teniente Ortiz, marchaba en reserva. La columna Goded envolvió así el Morro Viejo, empujando al enemigo hacia el mar. Variando la línea de avance, la Mehal-la de Abriat y la 2ª y 3ª Banderas aislaron el Morro Viejo, alcanzando las playas de Cala Quemada; sus defensores tuvieron que refugiarse en las cuevas, que fueron tomadas una a una, y los rifeños, que se negaban a rendirse, fueron exterminados. La Harka Varela, en el ala derecha de la columna, amenazó por el este el monte Malmusi, en un avance imparable, venciendo todos los obstáculos. En la vanguardia, el 2º Tabor de la Harka Varela se concentró al abrigo de unas casas derruidas. Varela ordenó que la 4ª y 5ª Mías reconocieran las huertas y desalojaran al enemigo de las tapias que las circundaban. Las Mías avanzaron, pero el enemigo se hizo fuerte en un barranco que se extendía frente a la posición de Malmusi como una trinchera natural hasta el mar. Varela ordenó un ataque frontal al mismo de la 5ª Mía y otras dos, mientras la 3ª y la 7ª lo flanqueaban y envolvían, cubiertas por el fuego de los tanques y la artillería. La lucha fue muy dura, por la oposición decidida de los rebeldes, pero la acción de los carros fue decisiva. Así lo describió el teniente Juan Urzaiz Durán: “A la derecha del barranco por donde nosotros marchamos hay unas huertas y en ellas, perfectamente atrincherado, un enemigo numerosísimo que recibe a los nuestros con un fuego muy eficaz, obligando primero a detenerse y después a chaquetear. El escenario bélico parece congelado En ese momento aparecen los primeros carros en el llano, que inician la marcha hacia las huertas para envolverles. Movimiento que ellos perciben. Nos disparan, las balas chocan inofensivas contra nuestros carros. No conseguirán pararnos y ellos, al darse cuenta, inician la retirada. Yo descresto en ese instante y me incorporo a la batalla, soy el último, ¡justo a tiempo! Persigo al infiel con fuego de ametralladora acompañado de los otros carros, estamos a no más de 700 u 800 metros del enemigo, que todavía huye, la Harka de Varela apoyada por la Legión aprovecha esta circunstancia para subir un peldaño más. Tengo el convencimiento de que si no fuera por nosotros este avance hubiera costado 1184 mucho” . La Harka ocupó los objetivos, desalojando al enemigo de sus barrancadas y posiciones, donde se había hecho fuerte, luchando con bombas de mano y al arma 1184 Miguel Francisco, Luis: 1925. Nuestro día en Alhucemas. La unidad de carros de asalto en el desembarco de Alhucemas,Galland Books, Valladolid, 2008, p. 46. 607 blanca, la 3ª, 4ª y 6ª Mías desbordándolo por sus flancos, y la 5ª y la 7ª coronando la altura y sus caseríos situadas a la derecha, ocupando el Malmusi Bajo. La Harka se desplegó y protegió los trabajos de fortificación. A las 18:30, el Coronel Jefe de la Vanguardia, Goded, ordenó la retirada de la Harka a su vivac. La Harka capturó al enemigo treinta prisioneros, tres ametralladoras, ciento cincuenta fusiles y municiones, así como algunos cárabos y una lancha gasolinera de Abd el-Krim. La posición fue ocupada y bautizada como "Capitán Cardeñosa". Las bajas fueron siete oficiales, y doscientos dieciocho soldados, de ellos la Harka como bajas tuvo dos oficiales entre ellos el teniente Eyaralar, herido grave, el caíd Mía Ben Nazar Al-lal Mehand, muerto y sesenta y tres hombres, de ellos nueve muertos. Se consumieron 54.400 cartuchos y doscientas cincuenta bombas de mano. El teniente de la Harka Varela Arnaldo Eyaralar Almazán, antiguo legionario, ya condecorado con la Medalla Militar individual, el 7 de octubre en el Hospital de Málaga a causa de sus heridas. Ese mismo día cayó Monte Malmusi, cuyos defensores rifeños murieron sin retroceder, siendo vencido el último a machetazos en una desesperada lucha cuerpo a cuerpo. La lancha gasolinera fue puesta 1185 al servicio de la isla de Alhucemas . A las 11:30 horas se comunicó a Sanjurjo que los objetivos habían sido alcanzados. Ahora se podían utilizar las calas septentrionales de la península de Morro Nuevo en la bahía de Alhucemas, y que en los días siguientes se convirtieron en bases para el retrasado y urgente aprovisionamiento de la Brigada de Melilla. En el combate habían destacado las Harkas de Varela, Muñoz Grandes y Jiménez Pajarero, y sus jefes fueron calurosamente felicitados por el alto grado de eficacia desplegado. Al día siguiente fue capturado el cuartel general de Abd el-Krim en Alhucemas, requisando sus reservas de gasolina. Para entonces ya había unos 12.000 hombres desembarcados. La resistencia rifeña era feroz, y los españoles tuvieron setecientas bajas esa jornada. Se ocupó la línea de alturas que domina la bahía de Alhucemas el día 26. 1185 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 285, El Telegrama del Rif, 25 de septiembre de 1925, “Nuevos e interesantes detalles de la ocupación de Morro Viejo y Malmusi”; fol 287-288, El Sol, 25 de septiembre de 1925, “La ocupación del Morro Viejo”; fol 289, ABC, 26 de septiembre de 1925, “En el frente de Alhucemas”, fol 290, El Sol, 26 de septiembre de 1925, “La víspera del avance en Alhucemas”; ACGJEVI, Carpeta 5, fol 439, “Harka Varela, Diario de Operaciones de la misma desde el día 7 de octubre de 1924 a 31 de diciembre de 1925”. 608 El vivac de la Harka sufrió fuego de cañón el día 24, y del 26 al 28 de septiembre, causando algunas bajas, como los sargentos Apiaden y Kilo, ambos de la 7ª Mía, heridos. Varela y su Harka fueron felicitados por el Rey. La madre de Varela le escribió: "Mi felicitación más grande y la de todos los de esta casa por el feliz desembarco que hicieron las fuerzas en Alhucemas. ¡Qué días de más impaciencia del 6 al 8, a las 12 del día, que según la prensa ondeó nuestra Bandera en Morro Nuevo! Te veía emocionado y lleno de alegría viéndote en tierras de Abd el-Krim, queriendo vengar lo que desde el 21 estaba en deuda pendiente y tú como todos los buenos españoles tenías deseos de pagar. El Sagrado Corazón de Jesús y María os protegió. ¡Cuántas gracias tenemos que darle y pedir os siga protegiendo hasta el final que sea pronto y alcance y llenar 1186 de Gloria a España y colocarla a la altura que se merece!" . Varela contestó días después, escribiéndole a renglón seguido la madre, hacia el 28 de septiembre: "En este momento recibo tu cariñosa carta y aquí imaginadas me alegría y la de todos en la casa al saber que te encuentras bien y muy contento por el triunfo que hasta ahora alcanzan nuestras armas. ¡Quiera Dios que todo termine con el acierto del mando y el heroísmo de las tropas! Ya deben toda la prensa lo valientes que son tus harkeños. ¡No hay que preguntar quién es su Jefe! Que ya saben que es el más valiente de todos. El Corazón de Jesús te libere tanto peligro. Todavía las operaciones que faltan creo son las más duras. ¡Qué pena el pobre Capitán que te han matado! Y considero el mal rato que habrás pasado 1187 con lo que tú quieres a tus oficiales, ¡y tan valientes como son todos!" . Varela permaneció acampado con sus hombres en la línea de Morro Nuevo hasta el 30 de septiembre. Ocupados Morro Viejo, Yebel (o Monte) Malmusi y la Cala Quemada, quedando a resguardo la Cala Bonita, entre las fuerzas españolas y las rebeldes quedaba el cauce del río Tixdit, terreno abrupto y difícil. El tiempo empeoró, dificultando las tareas de aprovisionamiento de las fuerzas desembarcadas por el encrespamiento del mar. 3.10.7.- La ocupación del Monte de las Palomas. El 30 de septiembre, tras el periodo de mal tiempo que impedía el desembarco del apoyo logístico necesario, así como el apoyo aéreo, se inició la fase final de la penetración terrestre destinada a consolidar la base de operaciones, finalizando el 13 de 1186 Pemán, J.Mª, p. 71. 1187 Pemán, J.Mª, p. 71-72. 609 octubre. Ese día 30 de septiembre se planteó la ocupación del monte de las Palomas, la altura de Taramara, y Buyibar Bajo, e incluso, si se presentara la ocasión, poner el pie en el macizo de Adrar Seddun. La operación era complicada por lo muy accidentado del terreno: el cauce del Tixdit tiene las orillas muy cortadas; el monte Taramara y el monte Buyibar descienden hasta el mar, por Punta Palomas y Punta Salinas respectivamente, dando origen a formaciones de fácil defensa. Pero Sanjurjo creía en la capacidad de su gente. Asignó a la columna del coronel Franco Bahamonde ocupar las lomas Cero, Uno y Dos, así llamadas en la panorámica, y tomar el Monte de las Palomas. A la zaga de Franco iría la columna del coronel Martín, consolidado y guarneciendo el terreno. La columna Goded avanzaría ocupando las casas de Buyibar Bajo y el Monte Cónico, del macizo de las Palomas. Después, en una segunda fase, tomaría las cuadrículas 183 y 184, enlazando con la columna Franco. Al mismo tiempo, la columna del coronel Vera asaltaría Taramara, enlazando en Buyibar Bajo con la columna Goded. A las 7:30 horas del 30 de septiembre se lanzó el ataque, con apoyo de artillería y Aviación. La artillería estaba al mando del teniente coronel de Artillería Modesto Aguilera, con baterías de 10’5 y 7 cm de las Brigadas, más una batería de desembarco de 7’62 de la Armada. La escuadra española se dividió en dos grupos, a oriente y occidente de Morro Nuevo, para batir a las posiciones artilleras enemigas. La escuadra francesa bombardeó las baterías rifeñas de la ensenada de Betoya, sobre todo las de Afrau y Sidi Dris, para fijar a las cabilas de Tensaman y Beni Said. En la columna del coronel Franco Bahamonde destacaba la Harka del comandante Muñoz Grandes, que al tomar las trincheras de la Loma Cero, resultó gravemente herido en una pierna. Otra Harka que se distinguió fue la de Giménez Pajarero. A las 9:00 horas fuerzas de la Brigada de Melilla ocupaban la altura de Taramara, dominando Cala Bonita, mientras Franco se apoderaba de las crestas occidentales del monte de las Palomas. Goded decidió apoderarse de las posiciones enemigas del Morro Viejo mediante un ataque de frente combinado con un ataque de flanco. El ataque de frente lo iba a realizar la Mehal.la del teniente coronel Abriat, partiendo de Morro Nuevo y Morro Viejo; el de flanco, quedaba a cargo de la Harka Varela. Abriat se encontró fuerte resistencia en el Monte Cónico, por el intenso fuego de cañón enemigo. Por su parte, la Harka subió por las laderas con penalidades, al ser terreno muy escarpado y tener que soportar la resistencia enemiga. 610 A las 4:30 horas, la Harka de Varela se desplazó desde su campamento hacia la posición de Cardeñosa, donde se organizaron las fuerzas para el asalto. La Harka se descolgó por la pendiente del barranco que bordea el Monte de las Palomas, desafiando el fuego enemigo. La Harka Varela , protegida por carros de asalto y apoyada por las banderas del Tercio del teniente coronel Balmes, iba en vanguardia con la misión de apoderarse del extremo Sur, el pico más elevado del Monte de las Palomas, cubriendo el flanco derecho de la columna de Melilla y enlazando con la de Ceuta. A las 7:00 horas, 1188 Varela dispuso que el 1º Tabor de la Harka, con el capitán Manuel Carrasco Verde , sustituto del capitán Cardeñosa, y los tenientes Rodríguez Rivero y Domínguez, ocupara la vanguardia. La Harka, con la 1ª y 2ª Mías, al mando del teniente Rivero y del caíd Ben Aixa Ben Mohamed, en extrema vanguardia, atravesó un terreno abrupto, asaltó con bombas de mano un barranco, el río Islí, situado al sur de la Posición Cardeñosa y desalojó del mismo al enemigo, que huyó hacia un caserío, en donde fueron atacados con granadas y al arma blanca, y expulsados. La 1ª y 2ª Mías fueron reforzadas por la 7ª, y prosiguieron su ascensión del Monte en constante combate con el enemigo, soportando el fuego y capturando puntos que le servían para su progresión. En vanguardia, el 1º Tabor se encontró con un nudo de resistencia enemiga, con dos ametralladoras, y con el flanco derecho descubierto por no haber llegado a la cima que lo constituía las fuerzas que debían ocuparlo. Sin dudarlo, se ordenó el asalto de la posición de la cima a la 7ª, 1ª y 2ª Mías, con bombas de mano y a cuchillo, provocando 1189 la huída de sus defensores . Allí se mantuvieron pese al nutrido fuego enemigo. Carrasco pidió seguidamente ser relevado por la 3ª Bandera del Tercio para concentrar su Tabor, y reunirse con el resto de la Harka, que se disponía asaltar la posición de la loma 7, defendida por un cañón. Conseguido su objetivo y relevado por fuerzas de la columna de Ceuta, Varela y la Mehal-la de Melilla recibieron la orden del coronel Goded de avanzar por el valle de Taganin, hacia las laderas del este del monte de las Palomas, para enlazar con el coronel Franco. Para ello, Varela debía tomar la Loma 7, en la que se apreciaba la presencia de una fuerte presencia enemiga, reforzada por un cañón. Varela decidió asaltar la posición 1188 Manuel Carrasco Verde sería en 1956 general de división y subsecretario del Ejército, ABC, 18 de julio de 1956, http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1956/07/18/049.html; y en 1959, como teniente general, capitán general de la VII Región militar (Valladolid): ABC, 10 de octubre de 1959, p. 37, http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1959/10/10/037.html. 1189 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 295, telegramas de felicitación por la toma del Monte de las Palomas, de sus amigos Pepe Tamarón, Joaquín Baena, Pelayo, Etc, y de su madre. 611 con la Harka, y para ello solicitó permiso al coronel Goded a través del teléfono de campaña. En ese momento, Varela lo ignoraba, en lo alto de la loma se habían situado trescientos muyahidines. Goded comprendió rápidamente el riesgo de la operación, y dispuso que la 3ª Bandera de la Legión la apoyase, y ordenó a Varela que esperase su 1190 llegada . Seguidamente, Goded se trasladó al punto para controlar personalmente el desarrollo de los acontecimientos. Varela ordenó que la 3ª Mía comenzara la ascensión hacia el objetivo principal, seguida por el 2º Tabor, al mando del capitán Lapatza y los tenientes Manso de Zúñiga y Tejero, con la 4ª y 6ª Mías desplegadas. La resistencia del enemigo era tenaz, pero el avance de los harqueños era imparable, y estaban cada vez más cerca del objetivo. El cañón de la Loma 7 impedía que los lugares conquistados fueran fortificados. Los defensores, al apercibirse que la Harka se concentraba, intentaron retirar el cañón allí situado, pero la llegada del 1º Tabor del capitán Carrasco decidió a Varela, que conseguida la reunión de sus hombres los lanzó en un asalto desesperado, desafiando el fuego de metralla de la pieza. El choque fue brutal, con granadas de mano y arma blanca, pero el enemigo fue derrotado y la pieza capturada, un Schneider 7’5 cm francés, junto a muchos proyectiles. A las 9:45, el comandante Varela informó que había ocupado la posición donde se encontraba el único cañón que no habían podido retirar y que con su fuego a corta distancia hacía peligroso el avance de la columna. Junto a la pieza se habían capturado municiones, siete fusiles y tiendas de campaña. En su empuje, los defensores murieron, entre ellos su jefe, el caíd Haddu Tahar, pariente de Abd el-Krim, que por su valor Goded deseaba respetar la vida: "El episodio tuvo extraordinaria grandeza; el numeroso enemigo, concentrado en la cumbre de la Loma 7, protegía con fuego de fusilería y granadas de mano, el cañón; los artilleros de éste, atados con cadenas a sus ruedas e imposibilitados de huir, servían febrilmente la pieza, que no cesaba de disparar a escasamente 500 m de nosotros, un Kaid alto y fornido, anciano de gran barba blanca, de pie, sin cubrirse ni buscar protección alguna, con un enorme bastón, animaba a su tropa y detenía a bastonazos a los que vacilaban (...) Impresionado por la gallardía de aquel anciano, recomendé a Varela y a los oficiales de la Harka, antes de lanzarse al asalto, procurarse en coger vivo al 1190 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 367, Orden manuscrita de coronel Goded a Harca Varela, 30 de septiembre de 1925, 8:35 horas, “Reconstituir las unidades antes de dar el otro salto, que lo estoy preparando con Artillería y en cuanto tenga unidades reconstituidas lanzarse. D. O, de S. S.,el Capitán Ayudante, Miguel Fonseca”; fol 368, Orden manuscrita de coronel Goded a Jefe Harca Varela, 30 de septiembre de 1925, a las 8:50 horas, “Columna Saro ha ocupado su objetivo. Hay que avanzar a ocupar el metro corriéndose por la derecha de (tachado) de la trinchera gris. (Tachado) El capitán de (ilegible); Orden manuscrita de coronel Goded a Harca Varela, “Un abrazo de General Sanjurjo de General Fernández Pérez y mío muy apretado. D. O. de S. S., El Capitán de E, M. (ilegible)”. 612 valiente jefe, con intención de hacerlo aquel mismo día Kaid de nuestra Harka. No pude cumplir mis deseos: el comandante Varela rodeado de sus valientes oficiales y tirando personalmente granadas de mano, se lanzó al frente de su Harka en ciego empuje; y en breves minutos todo aquel gesto heroico del enemigo fue aniquilado, quedando en nuestro poder el cañón, el anteojo de batería, numerosos proyectiles y fusiles y gran número de cadáveres, entre ellos el del Kaid, caído de espalda, cara al sol, con el bastón en la diestra, su barba ensangrentada y los ojos muy abiertos como si aún quisiera galvanizar con su fiera mirada a los valientes guerreros que con tanto tesón defendieron el acceso 1191 a la cresta de la Loma 7" . La Harka permaneció en la posición hasta que fue fortificada, y después se retiró 1192 hacia Buijíbar, donde vivaqueó . En el choque, murieron por parte de la Harka el Caíd Hach Hamed Bu Sfia, hijo del Caíd de la Cabila de Quebdana, así como dieciséis hombres, quedando heridos el Caíd Mía Hamadi Ben Abdallah (Hamadi Al-lal Abdel- la), de Beni Tuzin, y otros sesenta y dos indígenas. Se consumieron 48.500 cartuchos y la imponente cantidad de ochocientas diez granadas de mano. Se juzgó que por este 1193 hecho la unidad merecería una recompensa colectiva . A las 10:00 horas, la vanguardia de la columna Goded tomaba el Monte Cónico, y a las 11:00 horas, enlazaban, por un lado, las columnas de Franco y Goded en el Collado de las Palomas, y las de Goded y Vera en el Alto Buyibar, llegando así a las playas de Alhucemas. Los zapadores dispusieron rápidamente obras de fortificación, mientras los hombres de Abd el Krim disparaban sobre las nuevas posiciones españolas 1191 Pemán, J.Mª, p. 72, cit. Goded, M: Marruecos. Las etapas de la pacificación. 1192 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 409-410, “Relación jurada de los servicios prestados en esta Harka por el comandante de Infantería don José Varela Iglesias desde el 7 de octubre de 1924 al 31 de octubre de 1925”, fechada en Azib de Midar en noviembre de 1925 1193 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 440, “Harka Varela. Diario de operaciones…”; Carpeta 4, fol 133-134, Informe sobre Intervenciones Militares en la zona de Melilla, redactado para la oficina central de la Comandancia General de Melilla, fechado el 27 de octubre de 1925; fol 156, El Cantábrico. Diario de la Mañana, 25 de noviembre de 1925, “Páginas de guerra- El segundo avance”, de Ricardo Corazón, describe los momentos del asalto final: “Vemos como Varelita suspende en la cresta militar de la altura la marcha de los suyos. ¿Es que no puede seguir? No, no es eso, argüimos los que conocemos su clásica manera de combatir. Es que está municionando a sus harqueños; es que se halla repartiendo las granadas Lafitte, el proyectil especial de la harca, con el que gallarda, atrevida y heroicamente, se lanzan al asalto. ¿Veis? ¿Oís? ¿Os convencéis de mis palabras? “Aunque la distancia es corta, atenazamos los prismáticos a nuestros ojos, que, ávidos, contemplan la mediana figura de Varela, que se agiganta y crece, flotando al aire la parda chilaba. ¿Oís? Son las explosiones de las granadas de piña, anunciadoras de que al asalto del cañón enemigo se han lanzado, cañón que es defendido por treinta moros con la misma decisión que vemos pintada en esos cuadros que nos rememoran la pieza de artillería de la puerta del 2 de Mayo. “Cuando subimos contemplamos alrededor de la pieza los cadáveres de sus defensores, entre ellos el kaíd que los mandaba, cuya chilaba impecable y nueva le sirve de mortaja. “Más allá, una tienda de campaña, unos fusiles, un telémetro, que Varelita nos muestra como trofeo. Al pasar junto al cañón enemigo, le maldecimos, le insultamos: “¡Granuja! ¡Las emociones que debemos a sus mensajeros de plomo!...” 613 desde baterías situadas en Yebel Seddun y la Rocosa por el este, y Tamastás y Sidi el Hach Mohamed por el oeste. Por su parte la Harka de Varela protegió los trabajos de fortificación, y al acabar éstos a las 20:00 horas, se retiraron para vivaquear cerca del Buyibar. Había tenido ochenta bajas. La falta de ganado, provocada por las dificultades meteorológicas que dificultaron su desembarco, obligó a las tropas en los primeros días a cargar con las armas pesadas y las municiones, así como con la impedimenta. Si a esto añadimos el cansancio de los combates, entenderemos que el general Sanjurjo ordenara detener la ofensiva para que los hombres descansaran. El día 1 de octubre se debía ocupar el macizo de Adrar Seddun y la Rocosa, por la columna Goded, y el monte Amekrán, por los Regulares de Tetuán del teniente coronel Piscer. Goded reunió a sus oficiales en el collado entre el Monte Cónico y la Loma 7, explicándoles la forma desarrollar el avance, y les recomendó vigilar los enlaces entre las fuerzas. A las 10:00 horas, el general Sanjurjo dio la orden de avanzar. La Harka Varela, concentrada al pie de Taramara, y situada en el centro de la línea, debía dirigirse a la línea de Adrar-Seddun, Rocosa y Amekrán, siendo su objetivo inmediato las estribaciones y el poblado de Adrar-Seddun. La Harka inició su avance por el collado entre Buyibar (Bujíbar) y el Monte Cónico, con el 2º Tabor, capitán Lapatza, en cabeza y al frente de él la 6ª Mía, pronto reforzada con la 4ª y la 5ª, abriéndose paso pese al fuego enemigo por la barrancada del Yely, frontera de las cabilas de Beni Urriaguel y Bocoya, cruzando el río Isli, y entrando así en territorio de la cabila de Beni Urriaguel. Los rebeldes ofrecían dura resistencia con fuego de fusil, cañón y de ametralladora. En su progresión por la falda sur de Adrar-Seddum, la Harka estaba apoyada por las banderas de la Legión del teniente coronel Balmes. Al comprobar que las fuerzas españolas avanzaban con firmeza, los defensores comenzaron a flaquear y muchos abandonaron sus puestos para ir a buscar a sus familias y ganado y ponerlos a salvo en Targuist. La Harka Varela logró el contacto por la izquierda con los Regulares, realizó un movimiento envolvente con la 7ª Mía, apoyada de cerca por el 1º Tabor, capitán Carrasco, y se lanzó al asalto sobre las casas donde el enemigo estaba parapetado. Se capturó el caserío, y con él muertos, heridos y prisioneros, una ametralladora de posición y un fusil ametrallador de modelo francés, amén de municiones, fusiles, víveres y enseres. Resultó herido en el asalto el Caíd Mía Si Hamed Ben Alal, que fue evacuado a Melilla y operado, y que salvó su vida. El comandante Varela tuvo que refrenar a los hombres, que al ver al enemigo en desbandada, pretendían perseguirlo. Pero Varela, en mangas de camisa, con 614 faja colorada y gorrillo azul, era consciente que era necesario actuar con prudencia. Se estableció un servicio de vigilancia en el poblado, ya en territorio de los Beni Urriaguel, y la Harka se dispuso a pernoctar en el mismo. Las bajas de la Harka fueron de treinta y siete heridos de tropa. A las 19:00 horas, el coronel Goded, al mando de la Vanguardia, ordenó que se enviara un Tabor para reforzar a los Regulares de Tetuán, que estaban siendo duramente atacados en el monte Amekran. Varela designó para la misión al 1º Tabor, al mando del capitán Carrasco, el cual cubrió el extremo izquierdo de la línea, el más amenazado. La Harka permaneció en el lugar hasta el amanecer, rechazando en el curso de la noche dos ataques e intenso fuego de cañón, mortero y fusil, que se cobraron siete heridos. Mientras tanto, a las 11:00 horas, el Tabor de Regulares de Melilla del comandante Solans ocupó la cima oriental de Yebel Seddun, tras vencer la resistencia de los rifeños, al tiempo que Varela ocupaba con sus hombre el pico occidental, y después las casas de la parte baja del Adrar Seddun, capturando la citada ametralladora. Tras el mediodía, las fuerzas de Goded sobrepasaron el Yebel Seddun llegando a las huertas de Axdir y Suanis, destruyendo los aduares de Mohamed Azarcan “Pajarito·, Quijote, Chifa, el Maalen y Abd el Krim. En esta tarea, les guió el antiguo prisionero de los rifeños Manuel Civantos, teniente de Intervenciones Militares, que conocía a su pesar muy bien el terreno. La Harka Varela era lo suficientemente famosa como para ser 1194 objeto de interés de los medios de comunicación . Los Regulares de Tetuán del teniente coronel Piscer, apoyados por la Mehal-la de Melilla, ocuparon la primera cresta del Amekrán, y rápidamente los ingenieros procedieron a su fortificación. De esta forma, se había alcanzado la línea que se pretendía establecer para pasar el invierno. Sólo faltaba tomar la Rocosa, pero a primera hora de la tarde el coronel Goded ordenó cesar el fuego para que descansaran los combatientes A media tarde, dos Mías de la Harka Varela, como ya se ha dicho, del 1º Tabor, guarnecieron como reserva el Amekrán. Fue un acierto, porque esa misma noche rechazaron un vigoroso contraataque de los hombres de Abd el Krim. 3.10.8.- La ocupación de la Rocosa y el Monte Cónico. 1194 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 244, Mundo Gráfico, s/f, fotografía de Díaz Casariego: “Moros de la harca del comandante Varela en sus puestos avanzados de la Rocosa, vigilando el campo enemigo” 615 Varela logró convencer a Goded para que no detuviera la operación de ocupar la Rocosa. El 2 de octubre, a las 5:00 horas, con treinta granaderos de su Harka, es decir, una sección de la 6ª Mía, apoyada muy de cerca por las otras dos, y el resto del 2º Tabor, y doce legionarios al mando del sargento Sangiorgio, avanzó sigilosamente y atacó por sorpresa la posición de la Rocosa y se apoderó de ella, provocando la huída del enemigo y capturando un cañón con municiones que disparaba sobre la isla de Alhucemas. A continuación razzió el poblado de Axdir, donde encontraron doce fusiles, gran cantidad de cartuchos, víveres y enseres, al precio de dos heridos de tropa, y apoyó la recogida de tres cañones abandonados en dicho poblado. Los primeros en alcanzar los objetivos fueron el sargento Mohan Bel Kaid Hamed y el cabo Minun Ben Alí. La 1ª y 2ª Mías, del 1ª Tabor, regresaron de su guardia en Amekran, quedando allí la 3ª con el teniente Domínguez al mando. Esa noche sería atacada, pero rechazó al enemigo, con dos heridos. Respecto al resto de la Harka, al ser relevada en la Rocosa, la misma pernoctó en Axdir, montando los servicios de seguridad en este poblado hasta el día 12 de octubre. En ese momento se habían paralizado las operaciones, desarrolladas de una forma tan dificultosa, frente a un enemigo bien parapetado, artillado, con moral alta, y además con la dificultad del mal tiempo. Se había demostrado que una operación anfibia era posible. Se capturaron cañones franceses de 75 mm, mejores que los españoles. Las tropas del ejército de Abd el-Krim comenzaron a desertar; en un esfuerzo por evitarlo, 1195 los artilleros moros eran encadenados a las piezas para que no pudieran huir . La cabeza de puente estaba integrada por las playas de la Cebadilla y los Frailes, la Punta de los Frailes y el Morro Nuevo. Por el oeste, una línea fortificada salía de la Cebadilla, atravesaba la ladera sur del Monte Malmusi hasta el monte Amekran. Por el sur, la línea alcanzaba el castillo de los Muyahidin en la playa de la espina, cerrando al este las aguas de la rada de Alhucemas, y las calas de los Islotes, Quemado, Bonita y Empalmadero. Axdir, a once kilómetros del lugar del desembarco, fue sitiada y como ya se ha dicho “razziada” el 2 de octubre, capturando cinco de piezas de artillería, municiones y abundantes víveres. En estas operaciones se destacó la participación de la harka de Varela, cuyos hombres, vestidos con las “yilabas” montañesas, llevaban un distintivo 1195 Testimonio oral recogido por Payne 616 1196 con la bandera española . El comandante Varela, por su comportamiento destacado, 1197 fue citado en la Orden General . Sin posibilidad de recibir armas ni municiones, la resistencia rifeña se hundía. Solimán el Jatabi, jefe favorable a España, publicó una proclama que fue lanzada sobre el Rif en aviones para intimar a los rebeldes a la rendición. Recordaba el pasado de Abd el-Krim como hombre que adulaba a los españoles. Afirmaba que su única ambición era conseguir el poder y la riqueza, y para eso había traicionado y engañado a los suyos, arrastrándolos a una guerra insensata: “Abdelkrim, que vivió de un sueldo de los españoles en Melilla y que hacía befa y burla de su propia religión, que llevaba vida de cristiano alegre y transigente y que escribía artículos en los periódicos en favor de España, sintió un día la tentación de hacerse rico explotando la mentira de las minas de Beni Urriaguel y se unió a los extranjeros que le imbuyeron la idea de hacer la guerra a España, para tener así comercio de armas en el mundo y ganar dinero a costa de vuestra sangre. “Tuvo unos días de fortuna el año 1921, y cogiendo desprevenidos a los españoles los derrotó y asesinó indefensos, cobrando cuatro millones por el rescate de prisioneros, de los que no os dio ni un céntimo, ni en los días que pasabais hambre”. Pero estaba siendo derrotado, y pronto la devastación arrasaría el Rif y el castigo llegaría para los rebeldes. Si los rifeños no querían sufrir las represalias y sufrimientos, debían abandonarle, entregar las armas y liberar a los prisioneros, con la promesa de que no habría venganzas: “…no solamente podríais volver a vuestras casas, sino que se os dará dinero y cebada, y lo que necesitéis para vivir. En vuestra mano está la felicidad y no tenéis que ser leales a quien os traicionó y os engañó y os robó. “Pensad esto muy de prisa, porque antes de ocho días el Majzen español avanzará a Tafrast y a Ali Kamara y a donde quiera y no tendréis tierras que pisar ni campo que cultivar. “Os lo dice un rifeño de Beni Urriaguel que conoce bien el traidor Abdelkrim y que conoce también a España y sabe lo leal y generosamente que cumple sus compromisos. Os espero con otros buenos rifeños para hacer feliz a nuestra tierra, establecido con mi Mehal-la en la playa de Axdir, en el castillo de los Muyahedin. 1198 “La paz y la justicia sean con todos los verdaderos hijos del Creyente” . 1196 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 113, El Telegrama del Rif, 2 de octubre de 1925, “En plena cabila de Beni Urriaguel”. Fol 114, El Telegrama del Rif, 3 de octubre de 1925, “El general en jefe, desde la Isla, informa al gobierno”; fol 115, El Sol de Madrid, 5 de octubre de 1925, “La guerra en Marruecos. El toque de clarín”, por López Rienda. 1197 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 116, ABC de Madrid, 5 de octubre de 1925, “Citados en la Orden General” 617 En el territorio de Melilla, el coronel Dolla ocupó el 4 de octubre el Zoco el Telata de Ulad bu Beker, al que siguieron Tixera, Arreyen, Avanzadilla, Ben-Hidur y Reyem del Guerruao. En la zona de Larache, el 3 de octubre las columnas francesas y españolas ocuparon la posición de Saf sobre el Lucus, enlazando ambas zonas. Primo de Rivera autorizó la repatriación del Regimiento del Infante nº 5, héroe de la defensa de Cudia Tahar, que fue recibido y homenajeado por el rey en Madrid, en el Cuartel del Infante don Juan. A finales de octubre los franceses habían recuperado el territorio perdido de su zona. La guerra es, ante todo, política. Primo de Rivera no deseaba el aniquilamiento del Rif, pero tampoco estaba dispuesto a detener el avance por una promesa dudosa de pacificación. El Peñón de Alhucemas fue liberado del hostigamiento sufrido desde la costa. El general Saro fue nombrado jefe del sector de Axdir. Comprendió que era necesario asegurar los enlaces, en especial entre las posiciones de la Rocosa y el Amekrán. Era necesario ocupar el Monte Cónico o Xixafen, al Sureste de Amekran, y cerrar los barrancos que desde dicho monte van a parar al Islí. Esta ocupación fue encomendada a la Harka de Varela, reforzada. Por ello ordenó a la Harka Varela, y a la 1199 1200 ídala de Solimán el Jatabi , amigo de España, en la cual se encontraba el famoso jefe Si Mohamed Asmani “el Gato”, de Mezquita, en Mazuza, que se ocupara el citado monte Xixafen, y una casamata del mismo. El día 12 de octubre la Harka se preparó para la nueva operación. La Harka fue dividida en dos grupos. El 2º Tabor, mandado por el capitán Lapatza y el teniente Manso de Zúñiga fue enviado al Amekran, saliendo del vivac de la Harka a las 17:00 horas del 12 de octubre, pernoctando en el Amekran. El 1º Tabor, con el capitán Carrasco, y los tenientes Rodríguez Rivero, Domínguez y Ortiz, salió del vivac a las 4:00 horas del día 13 de octubre, llegando a una casa situada 1198 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 126-127, traducido del árabe y publicado por El Telegrama del Rif; texto mecanografiado; en Apéndice documental, nº 23. 1199 Una ídala era una fuerza formada íntegramente por marroquíes y ligada al Majzen. Solimán el Jatabi era primo de Abd el Krim. 1200 Solimán el Jatabi era fiel amigo de España. Caíd de Beni Urriaguel, fue apodado “el meyáhed”, el esforzado. Era hombre muy valeroso. Se enemistó con su primo Abd el Krim, al que quemó dos veces la casa, y éste fue uno de los motivos que llevaron al futuro líder de la rebelión a marchar a Melilla. Nombrado por su tribu interlocutor con España, fue desbancado por Abd el Krim en una violenta reunión en el Zoco del Arbáa en Axdir, cuando Solimán se negó a traicionar a la nación Protectora. Solimán se refugió en el Peñón de Alhucemas, mientras venía la derrota española de Annual. Pasó a Tetuán, y en el verano de 1922 organizó una Harka, con la que combatió con fiereza al lado de las fuerzas españolas. Fue herido gravemente en Tiguisas, de un tiro en la cabeza. Organizó con sus familiares una red de apoyo a los prisioneros españoles. Tuvo gran amistad con militares españoles, como los generales Larrea y Primo de Rivera. Al estallar la Guerra Civil, favoreció y apoyó que muchos rifeños se alistaran en las filas nacionales. Murió a principios de septiembre de 1950. ACGJEVI, Carpeta 4, fol 128-129, “Ha muerto el gran kaid Solimán”, por Enrique Arques. 618 en el collado entre la Rocosa Sur y Compairé. A las 5:30 horas, el 2º Tabor se puso en marcha, avanzando por el crestón del Amekran hacia la casamata, mientras a la misma hora Varela hacía avanzar el 1º Tabor, con la 3ª Mía al frente, directamente hacia el Monte Cónico. A las 5:45 horas el 2º Tabor llegó a la casamata y la atacó con granadas de mano, y Varela ordenó a la 3ª Mía asaltar rápidamente la cima del Monte Cónico, mientras la 7ª Mía, apoyada por la harka de Solimán el Jatabi ocupaba las casas situadas a la izquierda del Cónico, para cubrir el flanco derecho español. La Mía del teniente Domínguez coronó rápidamente la cima con bombas de mano y la ocupó. Varela ordenó que se ocuparan también dos collados inmediatos. Una sección de sostén ocupó las casas numeradas como 362 y 365, y la harka de Solimán, la 359. El resto de las unidades del 1º Tabor se refugiaron tras un barranco, para actuar de apoyo y reserva. El enemigo, alertado, acudía hacia sus antiguas posiciones para expulsar de las mismas a los harqueños, haciendo fuego con fusiles, ametralladoras y un cañón, sobre todo sobre el flanco izquierdo de las fuerzas de Varela. Fue entonces cuando cayó herido el teniente Ortiz Portillo. El enemigo presionaba cada vez con mayor intensidad. El comandante bilaureado contuvo el ataque, con disciplina de fuego, lanzando descargas cerradas de forma contundente y metódica. Entre las 14:00 y las 16:00 horas, la presión sobre los harqueños se hizo terrible, los enemigos llegaron a escasa distancia de las casas, llegando a tener que utilizarse bombas de mano para detener los asaltos, Varela alertó a sus fuerzas de reserva refugiadas tras el barranco, para el caso que tuviera que lanzar un contraataque, mientras febrilmente se fortificaban los lugares hacia el lado rebelde, e iban llegando refuerzos y relevos en forma de una Bandera del Tercio. Se dio la orden de retirada para las Harkas. Varela dispuso que media sección de la 2ª Mía ocupase una casa situada a la vanguardia y derecha de la Rocosa Sur, para impedir el acceso del enemigo por el barranco que se extendía a su frente. También dio instrucciones muy concretas acerca de la ruta a seguir en el repliegue. El resto de la 2ª Mía ocupó la Loma Abalconada a vanguardia y derecha de Compairé, para desde allí constituir el primer escalón de apoyo. La 1ª Mía, por la izquierda de Compairé, se instaló tras unas tapias, formando otro escalón de retirada. La 3ª y 5ª Mías dejaron en último lugar una escuadra con el banderín, que fueron los últimos en retirarse: era la señal convenida con la artillería. Tal y como estaba acordado, la Artillería comenzó a bombardear las posiciones antes ocupadas por las tropas de España, y la columna de apoyo cubrió el repliegue con sus ametralladoras. Las unidades procedieron al repliegue, por un terreno muy descubierto y muy cercano al enemigo, pero que por 619 haber sido estudiado y establecido previamente y ordenado, no presentó problemas, las bajas fueron pocas y todas ellas retiradas. De esta forma, quedó rectificada la línea española. En esta porfía fue herido, junto a doce de sus hombres, el teniente de 1201 Caballería Gonzalo Ortiz Portillo . No obstante, el teniente se mantuvo al mando de sus hombres y no quiso ser evacuado. El total de heridos de tropa fue de diecisiete. La 1202 Harka salió de la posición a las 18:00 horas, pasando a pernoctar en Axdir . Como relataba un periodista, “eso del descanso aquí es un mito, siempre hay que estar pendiente de la voz de mando, siempre dispuestos para rechazar las agresiones temerarias de esos bandidos enemigos de la civilización y del progreso y atender a uno de los más sagrados de los deberes: ¡Ayudar al caído al grito de ¡Viva España!, nuestra patria querida, la patria de nuestros amores y cariños! “El héroe [Varela] tampoco duerme, está siempre ‘vizor’ como dicen nuestros harqueños que cada día se sienten más orgullosos de tener por Jefe a nuestro 1203 paisano y al que tanto quieren y admiran” . Ese día se dio una anécdota que muestra la visión bélica de Varela, y el cuidado con que vigilaba a sus hombres. El doctor Álvarez, médico de la Harka, estaba con los combatientes sobre las lomas de Adrar Sedum, avanzando hacia las casas de Axdir. La Harka debía ocupar “el Cónico”, una altura, y guarnecerla con una sección del Tercio. Varela consideraba que era una operación arriesgada e innecesaria, y así se le había confiado la noche anterior al doctor Álvarez. Era martes y trece. Por la mañana, como se ha dicho, se ocuparon sin un tiro los objetivos, pero los rebeldes reaccionaron, y al mediodía comenzó el fuego, que se mantuvo hasta que al anochecer se inició la retirada. Varela ordenó a Álvarez que se retirara con heridos y camilleros, y para ello le marcó sobre el terreno la ruta a seguir. Pero a Álvarez el itinerario le pareció muy largo, y decidió acortarlo: se equivocó, y cogió un camino muy batido por el enemigo, sufrió varias bajas, y el propio médico, agotado por el esfuerzo, cayó al suelo. Varela, al apercibirse, varió su ruta de salida, recogió personalmente al médico arrastrándole de la chilaba, y lo dejó tras las líneas de apoyo de los Regulares. Varela le riñó paternalmente. Esa noche, la posición del “Cónico” fue asaltada por los rebeldes, y la guarnición de 1201 Este oficial murió en 1936 luchando en el Alto de los Leones, en el bando nacional. 1202 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 289, “Relación jurada de los servicios prestados por el comandante de Infantería Excmo Seño don José Varela Iglesias”. 1203 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 131, Heraldo de San Fernando, 21 de octubre de 1925, “Desde África. Crónica de la guerra”, fechada en Axdir el 14 de octubre, firmada por Justito. 620 legionarios que lo ocupaba, fue muerta o herida: el vaticinio de Varela se había 1204 cumplido . El día 14 de octubre, el servicio avanzado de la Harka fue atacado por fuego de cañón, con el resultado de un harqueño muerto, y el 18 de octubre fue tiroteado el vivac, resultando un hombre herido. Lo mismo sucedió los días 20 al 22 de octubre, con dos bajas. Esta excesiva actividad bélica tuvo que desgastar a la Harka. Así se desprende de una carta, remitida por el general Sanjurjo el 19 de octubre de 1925 desde Melilla, en la que dice: “Mi querido amigo: He recibido su carta y reconozco que tiene V. razón. “Pero me parece un poco expuesto sacar la harka de ahí en estos momentos donde puede hacer falta. Creo que se podría solucionar algo dando permiso a unos cuantos para venir por aquí y relevarlos cuando cumplieran el permiso. “Respecto a V. puede venir a conferenciar conmigo cuando guste y hablaremos de todo lo que V. quiera. “Sabe V. es su amigo y compañero que le quiere y abraza. José Sanjurjo. [Añadido manuscrito]: “Ya sé que una vez más estuvo su Harca muy bien el día 1205 de la última operación” . Esta carta demuestra que el mando español era consciente de la fatiga que la unidad padecía, y que era sensible a su estado y necesidad de descanso. La Harka Varela estableció su campamento en las casas de Solimán el Jatabi, origen de la ídala ya citada, en la región de Axdir. Aprovechando la pausa en los combates para que su fuerza descansara, Varela visitó, junto con sus oficiales, el Peñón de Alhucemas, por expresa invitación de su guarnición y habitantes. Fueron allí homenajeados y agasajados. En la Orden General del Ejército de Operaciones del día 24 de septiembre fechada en Tetuán, se citó al comandante Varela como distinguido: “Son muchos y todos excepcionalmente distinguidos los hechos en que ha intervenido este Jefe, de valor y méritos notorios al frente de una Harka en el territorio de Melilla, hasta el 11 de Abril del año actual mereciendo señalarse la incursión a Metalza el día 6 de Noviembre del 24, el combate en el camino de Ulad-Dris el 8 de Enero de 1925, la operación del 19 del mismo mes para sorprender la guardia enemiga de Tamerit, los ataques a las guardias de Figrat y de Dar-Salah los días 3 y 11 de Febrero del mismo año y el asalto al monte 1204 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 280-281, “A la memoria del capitán general Varela. Cuartillas escritas por el Dr. Álvarez Pérez, primer Médico que tuvo la Harca”. 1205 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 130. 621 Ifermin para apoderarse de un cañón enemigo el día 24 de Marzo último, en los cuales como siempre demostró sus excepcionales aptitudes para el mando y empleo de fuerzas indígenas, su valiente acometividad y singular pericia, cualidades que no es necesario ponderar dada su brillante historia militar. Además el 16 de Agosto de 1924 en la operación de Afrau cooperó como observador en vuelo de reconocimiento y bombardeo sobre el enemigo, 1206 coadyuvando al éxito que en aquella operación se obtuvo” . Por Real Orden del 2 de octubre de 1925, se le aumentó la cantidad a percibir por pensión de su Medalla de Sufrimientos por la Patria que le había sido otorgada el 13 de noviembre de 1923, pasando a cobrar 7.065’50 pesetas, y no 5.690 pesetas, como se le señalaron en un principio. Por los méritos contraídos en la acción del 30 de septiembre, en la Orden General del 26 de octubre se le propuso para la Medalla Militar de Guerra, nombrándose juez instructor del expediente al coronel de Ingenieros Emilio 1207 Luna Barba . La Harka permaneció esos días en Axdir. Abd el-Krim, primo de Solimán el Jatabi, decidió castigar a éste por su apoyo a la causa española y del Majzen. En la noche del 23 de octubre, sus muyahidines atacaron las Casas de Solimán el Jatabi, para apresarlo o matarlo, cortaron las líneas telefónicas y con el apoyo de un mortero, ametralladoras, bombas de mano y fuego de cañón, cercaron el caserío. Al escuchar las granadas que atacaban las casas del “moro amigo”, y comprobar que la línea telefónica estaba cortada, Varela ordenó salir a la Harka en su auxilio. Varela dividió la fuerza en tres grupos, el flanco derecho con la 3ª Mía, el grupo central con la 5ª Mía tomándola bajo su mando, y secundado en los flancos por los oficiales Tejero Saurina y Domínguez, se enzarzó un combate cuerpo a cuerpo con los fanáticos muyahidín de Abd el-Krim, que morían antes de retroceder. La lucha, en plena noche, fue favorable a los harqueños de Varela, que tras dura porfía con granadas y arma blanca, rompieron el cerco impuesto por los muyahidín a las casas de Solimán, y los expulsaron. Los rebeldes reaccionaron, y Varela dispuso que el capitán Carrasco desplegara la 6ª Mía y una sección de la 1ª para cubrir el espacio comprendido entre la casa del caíd Solimán y el emplazamiento de la 3ª, en unas casas situadas en el flanco derecho. El enemigo fue de nuevo rechazado. El combate duró desde las 23:00 a las 2:00 horas de la madrugada del 1206 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 276, Copia de un escrito, mecanografiado. Oficio transmitido a Varela de su citación en la Orden General del Ejército de Operaciones, fechado en Tetuán el 18 de octubre de 1925. 1207 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 293, impreso. En la misma Orden se citan al teniente coronel Sebastián Pozos Perea y al comandante Luis Solans Lobedan; en ambos, el juez sería el coronel Francisco Franco Bahamonde. También aparece propuesto el teniente Rafael Tejero Saurina. 622 24 de octubre. A los 2:15 se inició el repliegue, quedando de guardia en la casa del caíd la 5ª Mía, que se retiró al amanecer. Entre los muertos, estaba el caíd que había dirigido la incursión, y que llevaba encima las órdenes de aprensión del caíd. Fue apresado otro de los jefes, Hamed Ben Amedi, antiguo amigo de España hasta el Desastre de Annual, 1208 que relató que el ataque lo habían realizado unos cuatrocientos cincuenta hombres . La Harka tuvo doce bajas en esta acción, de ellas dos muertos. Se consumieron 1.978 cartuchos Máuser y ciento cincuenta y seis granadas. Solimán el Jatabi agradeció al general Saro la defensa de que había sido objeto por los hombres de Varela. Se propuso entonces a la Harka para que recibiera la Medalla Militar colectiva por sus muchos hechos de armas: “Han demostrado con su actuación estas tropas disciplina, cohesión, valor y entusiasmo y sin perder las características de fuerzas indígenas en el combate desempeñaron los servicios de campaña y actuaron como fuerzas de asalto y como fuerzas en posición con igual cohesión y espíritu que pueden hacerlo las 1209 unidades regulares” . Fue el último hecho de armas de la temporada para la Harka Varela. Durante el resto del mes y en noviembre la Harka permaneció en Axdir, en servicio avanzado, en misiones de vigilancia y seguridad. El día 24 de octubre el vivac de la Harka fue hostilizado con fuego de cañón, con el resultado de un herido, lo que muestra la extrema vanguardia en que se encontraba. El 9 de noviembre realizó la Harka un reconocimiento junto con los hombres del caíd Solimán el Jatabi hasta la desembocadura del río Guis. Mientras tanto, Varela escribió una carta al coronel Goded en Melilla. Goded le contestó acerca de varios temas. Uno de ellos era la situación de la Hoja de Servicios de Varela, en vista del expediente acerca de su ascenso a teniente coronel, la cual se había traspapelado, y sobre la cual Goded le aconsejaba que escribiera a Orgaz para ponerla al día; otro, era la concesión de la Medalla Militar colectiva a la Harka; un tercero, el relevo de la Harka del frente de guerra, algo que Goded afirmaba que se dilataba porque 1208 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 132, El Popular de Melilla, 27 de octubre de 1925, “Información de Alhucemas”, reportaje por Fernando Carballeda. El periodista entrevistó a Varela en su campamento, conoció a los suboficiales marroquíes, caídes Busifia, Ben-Hasa, Alal-Mehan, y el sargento Mohamed Ben-Uklader, que le obsequió con un bastón recogido en una tienda enemiga. También habló con Solimán el Jatabi, que le aseguró que el poder de Abd el-Krim estaba quebrantado; fol 135, ABC de Madrid, “Noticias oficiales de África”; fol 136, ABC de Madrid, 28 de octubre de 1925, “Ataque enemigo rechazado”; fol 137, Heraldo de San Fernando, 3 de noviembre de 1925, “La Harca Varela”, fol 140, El Mensajero de Jerez, 30 de octubre de 1925; fol 141, Unión, 1 de noviembre de 1925, “La ayuda de la Harka de Varela. Hablando con Solimán” 1209 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 133-134, Informe sobre Intervenciones Militares en la zona de Melilla, redactado para la oficina central de la Comandancia General de Melilla, fechado el 27 de octubre de 1925. 623 Sanjurjo “no se atreve a quitar de ahí ninguna fuerza; la solución que yo indico es relevar la Harca y la Mehal-la 2 por la Mehal-la 5 y un batallón de los pequeños, pero 1210 como ahora se va a hacer algo por aquí hay que esperar unos días” . Otro tema fue el relevo del general Jiménez Pérez, porque éste comentó en el ministerio que en Melilla “lo habían reventado con el cargo y el general Primo de Rivera dijo que él no quería traerle obligado y ese ha sido el motivo del cambio; con el Presidente no conviene tirarse faroles”, lo que le llevó a ser sustituido por el general Castro Girona. Por último, Goded le felicitaba efusivamente por el éxito de la Harka en la defensa de las casas de Solimán. El 11 de noviembre de 1925 se redactó en Axdir un resumen de las actividades de la Harka desarrolladas tras el desembarco en Alhucemas el día 10, para la propuesta 1211 de Medalla Militar colectiva para la Harka . En el informe se destacaba que de un jefe, nueve oficiales, siete caídes y ochocientos cincuenta hombres, ha tenido como heridos a su jefe, dos oficiales muertos y seis heridos, cuatro caídes muertos y dos heridos, noventa y cuatro hombres muertos y más de cuatrocientos heridos; es decir, que un 70% de los integrantes de la Harka habían sufrido heridas. Este texto fue enviado por Varela a su amigo, el marqués de Tablantes, “porque tengo la seguridad que te 1212 agradará” . El 25 de noviembre de 1925, el nuevo coronel jefe de Estado Mayor de la Comandancia General de Melilla, Sánchez Arana, envió copia de la declaración a favor de la concesión de la Medalla Militar a la Harka, y en nota manuscrita en el oficio, le notificó que la Mehal-la 5 pronto partiría hacia allí para relevar a la Harka y la Mehal-la 1213 de Abriat . El día 29 de noviembre de 1925, por ausencia del Jefe de Circunscripción, teniente coronel del Tercio Amado Balmes, se hizo cargo de la misma el comandante Varela. El 2 de diciembre Varela cesó como jefe del Sector, entregando el mando al comandante de la Legión Francisco García Escámez. El 3 de diciembre, por orden del comandante general de Melilla, general Alberto Castro Girona, a las 15:00 horas, la Harka Varela fue relevada por la Mehal-la de Tafersit. Marchó al Empalmadero, donde mediante barcazas K embarcó en el transporte España nº 5, al mando del capitán Mauro 1210 ACGJEVI, fol 142-143, carta del coronel Manuel Goded fechada en Melilla el 2 de noviembre de 1921. 1211 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 144-152, “Propuesta de Medalla Militar para la Harka del Comandante Varela”, texto mecanografiado, sin firma. 1212 ACGJEVI, fol 155, fechada en Axdir el 22 de noviembre de 1925. 1213 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 154. 624 Uribarren, junto a la Mehal-la de Melilla nº 2 del teniente coronel Miguel Abriat Cantó, zarpando a las 22:00 horas. El día de Santa Bárbara, 4 de diciembre, a las 10:00 horas, entró en Melilla el transporte España nº 5. Los barcos surtos en el puerto saludaron con sus sirenas la llegada de estas unidades, que se habían hecho célebres por sus hazañas, mientras la nuba de la Mehal-la interpretaba una de sus típicas marchas guerreras. Mucha gente se congregó en el muelle para recibir a los hombres de Varela y Abriat, que formaron en el muelle Villanueva. Los melillenses no habían olvidado las horas angustiosas del verano de 1921. A la cabeza del comité de recibimiento, en la dársena Villanueva, se encontraban las autoridades de la plaza, y al frente de ellas, el comandante general, general Castro Girona, y el jefe de las Intervenciones Indígenas, coronel Goded, así como otros muchos jefes y oficiales. La Harka de Varela y la Mehal- la de Abriat, tras rendir honores al general Castro Girona con la nuba interpretando la Marcha de Infantes, y ser revistados por él, desfilaron por la avenida de Alfonso XIII en triunfo, siendo aplaudidos y felicitados: “…desfilaron orgullosos, marcialmente, por la Avenida de Alfonso XIII entre atronadoras ovaciones del público a los héroes, que se vieron detenidos muchas veces en su marcha por los apretones del gentío que pugnaba por estrecharles en sus brazos como febril testimonio de admiración y entusiasmo, oyéndose durante el trayecto incesantes clamorosos vivas para estas unidades, y sus 1214 destacados jefes” . La Harka Varela pasó esa noche en el Cuartel del Hipódromo, pero también se dice que acampó en la meseta de Cabrerizas Altas, donde se les repusieron uniformes y 1215 armamento . Tras unas horas libres, el 5 de diciembre se trasladaron a su campamento de Azib de Midar, cerca de sus familiares, en camiones del Centro Electrotécnico. Llegaron a Azib de Midar a las 12:00 horas. Se procedió entonces a recoger el armamento, pagar munas y conceder permisos hasta el día 17. No se les pudo conceder la Medalla Militar colectiva, por ser una unidad irregular, pero se concedieron varias recompensas. Para el general Fernández Pérez, los méritos de la Harka Varela eran extraordinarios, y citó en el parte oficial refiriéndose al comandante José Enrique Varela Iglesias: “Este culto y brillante Jefe, honra del Arma de Infantería, a quien le fueron concedidas por su valor dos Cruces Laureadas de San Fernando, ha sabido 1214 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 228, “Historial de la Harka Varela”, por Rafael Fernández de Castro y Pedrera, cronista de Melilla, mecanografiado, p. 17; fol 161, El Telegrama del Rif, 5 de diciembre de 1925, “La Mehal-la número 2 y la harca de Melilla”. 1215 La primera versión es el testimonio de Varela, ACGJEVI, Carpeta 3, fol 291; la segunda, la versión del cronista Fernández de Castro. 625 organizar una Harka instruida y disciplinada de forma tal, que puede muy bien competir, en todos los servicios de campaña, con las unidades de fuerzas 1216 regulares” . Cuando el Batallón Expedicionario de Infantería de Marina regresó a su base de San Fernando, el ayuntamiento obsequió a sus mandos con un vino de honor. En el mismo, se tuvo un recuerdo para Varela y su Harka, apoyado por vítores y aplausos. El alcalde, José Vázquez, remitió a Varela un telegrama relatándolo, y éste contestó con otro, emocionado, felicitando a la corporación municipal por la 1217 iniciativa . El 17 de diciembre, Varela escribió a su amigo el marqués de Tablantes desde Melilla, respondiendo a su felicitación por la actuación de la Harka. En ella, Varela critica la actuación de Primo de Rivera, pero reconoce que éste rectificó al comprender su error: “[La Harka] La he vivido desde su organización y he atravesado con ella épocas difíciles como señalaban el repliegue en la otra zona (occidental), la situación crítica de aquella, la repercusión que iba tomando en ésta (oriental) recogiendo los latidos que, con más fuerza, se hacían sentir en esta Unidad tan flexible, tan llena de peligros por la recluta y condición de los indígenas que la componen. Me uní tan íntimamente a ellos en aquellos días tan azarosos para España, que hoy fríamente reconozco los peligros que se habrían derivado de haber llevado a cabo la retirada en esta zona. Por fortuna Don Miguel [Primo de Rivera] rectificó y con ello ganó un acierto y terminó su rectificación con la 1218 ocupación de Alhucemas, cuyo empeño glorioso jamás se le podrá discutir” . Varela le anunciaba que pronto sería ascendido a teniente coronel y destinado a Jefe del Grupo de Regulares de Ceuta, anunciaba un próximo viaje a Madrid, y añadía: “no te preocupes de esos ruines a que aludes en tu carta; fueron durante su vida militar malos profesionales y su historia ‘caballerosa’ está salpicada de polvo de un camino defectuoso que corrieron siempre por encrucijadas y laberintos que repugnaban al honor militar; en su mayoría son despechados por la justicia que con ellos se hizo”. El comandante Varela fue condecorado con la Cruz del Mérito Militar de 2ª Clase con distintivo rojo (de guerra), por Real Orden del 18 de diciembre de 1925 (Diario Oficial nº 284 del 20 de diciembre de 1925) por méritos contraídos entre el 1 de febrero al 31 de julio de 1924 como observador del Grupo de Escuadrillas de 1216 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 229, “Historial de la Harka Varela”, por Rafael Fernández de Castro y Pedrera, cronista de Melilla, mecanografiado, p. 18. 1217 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 167, Heraldo de San Fernando, 23 de diciembre de 1925, “Desde África. Crónica de la guerra”, firmada por Justito 1218 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 165, fechada el 17 de diciembre de 1925. 626 1219 Melilla . El 24 de diciembre, Varela solicitó al coronel jefe de las Intervenciones Militares que le fuera borrada de su hoja de servicios, un arresto de ocho días que le fue impuesto en marzo de 1923 por el General Jefe de la zona de Larache, entonces destinado en los Regulares de Larache, al creerse comprendido en el Real Decreto del 23 de octubre de 1923. A finales de 1925, las tropas españolas avanzaban con seguridad para acorralar la rebelión. En mayo de 1926, el general Castro Girona viajó de Alhucemas a Melilla por tierra, y recibió la sumisión de numerosas cabilas, así como el general González Carrasco. El médico y escritor Víctor Ruiz Albéniz, El Tebib Arrumi, resumió las estrategias empleadas. España inició la ocupación del Protectorado con la teoría francesa de la “mancha de aceite”, elaborada por el general d’Amade: se establecía en cada sector o comarca disidente un punto central estratégico, desde el cual se ejercía la acción militar y política. Este sistema no dio resultados, y entonces se pasó a establecer objetivos claramente definidos, avanzando hacia ellos en un solo frente y en cuña, desde la base de las posiciones firmemente establecidas (Ceuta-Larache y Melilla-Nador) hacia el objetivo (Tetuán-Xauen, Annual-Alhucemas). Este sistema fracasó, y el nuevo sistema consistía en dividir el territorio a través de cortes dados por columnas, aislando los territorios rebeldes entre sí, y aprovechando la principal debilidad de las cabilas: la necesidad y exigencia de defender la propia cabila antes que las vecinas. Claro que este sistema exigía lo que Ruiz Albéniz calificaba de cuidado postoperatorio, pues una vez aislada la cabila había que desarmarla, lo que suponía más labor política que armada, pero necesaria, “porque lo que se hará ya será el dejar moros con fusil a espaldas de 1220 nuestras líneas” . 3.10.9.- El ascenso de Varela a teniente coronel. Varela fue ascendido a teniente coronel por méritos de guerra contraídos y servicios prestados entre el 1 de agosto de 1924 y 1 de octubre de 1925, por Real Orden 1221 del 27 de febrero de 1926, con antigüedad del 1 de octubre de 1925 . El juicio 1219 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 169, titulo firmado por el Rey Alfonso XIII, 19 de julio de 1926. 1220 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 171, La Nación, 19 de mayo de 1926 (documento mal datado), “España y Francia en Marruecos. En las operaciones victoriosas de estos días en la región oriental, se han cogido al enemigo 16 cañones, 2 morteros, 22 ametralladoras y numerosos fusiles”; “Lo que ya está conseguido y lo que aún queda los lograr”, artículo firmado por El Tebib Arrumi, publicado originalmente en Informaciones. 1221 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 181, “Relación jurada de los servicios prestados por el que suscribe desde primero Enero 1925 hasta la fecha”, fechado en Azib de Midar el 4 de marzo de 1926; ACGJEVI, 627 contradictorio para ello se inició el 30 de septiembre de 1925, y se cerró el 24 de octubre de 1925, siendo el juez instructor el coronel de Artillería Federico Gómez Membrillera y Godos, y el secretario el comandante de Artillería Juan Botella y Donoso 1222 Cortés . Se adjuntaron siete partes unipersonales, firmados a raíz de la operación de Afrau el 16 de agosto de 1924; por la incursión de la Harka el 6 de noviembre de 1924, por el mismo; por el combate de la Harka el 8 de enero de 1925; por el combate contra las guardias de Timegart del 3 de febrero de 1925; por el ataque a las guardias de Tamerit, del 19 de enero de 1925; el ataque cerca de Dar Salah del 11 de febrero de 1925; por la destrucción del cañón de Infermin, el 24 de marzo; todos ellos firmados por el general Sanjurjo. Declararon el coronel de Estado Mayor José Sánchez de Ocaña, el coronel de Estado Mayor Manuel Goded Llopis, que afirmó que en Varela “concurren en él méritos notoriamente conocidos, condiciones sobresalientes, por su cultura, servicios y mando, así como por su aptitud, disciplina, espíritu y entusiasmo por su profesión; sumado todo ello a su ejemplar comportamiento en todas ocasiones y a su largo tiempo de campaña (…) posee gran cultura, desarrollada inteligentemente la iniciativa, es rápido en la comprensión y ejecución de las órdenes, sereno, previsor en todo momento y audaz y decidido, cuando las circunstancias lo reclaman, poseyendo cualidades de mando difíciles 1223 de superar” . También testificaron el comandante de Intervenciones Militares Antonio Heredia Pérez, que participó directamente en el combate del 10 de enero de 1925 con fuerzas de la Mehal-la nº 2, y en la del 24 de marzo sobre el monte Infermin; el coronel de Infantería Félix de Vera Valdés; el comandante de Estado Mayor Manuel Álvarez de Sotomayor presenció las acciones de los días 8 y 19 de enero de 1925, y elogió ambas como modelos. La Junta de Generales nombrada para calibrar los méritos consideró probados su “excepcional aptitud para el mando y empleo de Fuerzas Indígenas, su valiente acometividad y su singular pericia, cualidades que no es necesario ponderar 1224 dada su brillante historia militar” . En consecuencia, el Consejo Supremo de Guerra y Marina propuso que se concediera el ascenso al comandante Varela, y el Consejo de Ministros lo acordó. El conjunto de sus méritos fueron publicados en el Diario Oficial Carpeta 6, fol 198, notificación de la Comandancia General de Melilla, fechada el 4 de marzo de 1926; Carpeta 6, fol 204, copia mecanográfica del Diario Oficial del 28 de febrero de 1926. 1222 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 206-225. 1223 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 219. 1224 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 229. 628 1225 1226 del Ministerio de la Guerra . Varela lo notificó rápidamente a su madre . En consecuencia hubo de abandonar el mando de la Harka, y fue destinado al mando del Grupo de Regulares de Ceuta nº 3, de guarnición en Axdir, por Real Orden del 27 de 1227 febrero de 1926 . Escribió entonces a sus hombres una alocución que refleja su espíritu militar. Recordó la labor desarrollada por la Harka en la zona de Melilla y en Alhucemas, y sus promesas de amistad y protección, así como de respeto por sus creencias y costumbres “Desde que llegué a vuestro campamento de Azib de Midar, en el diario cambio de impresiones con vosotros, mis Harqueños queridos, os hice promesa de mi decidida protección en el sentido más amplio de la palabra, llevando principalmente mi interés hasta vuestras propias familias. Habéis visto que respeto me inspiró siempre vuestra religión y costumbres. Jamás permití que se quebrantaran éstas ni aquella, cuyos ritos se practicaban públicamente en nuestro campamento, con gran complacencia mía, pues del creyente y buen musulmán esperé siempre fidelidad y cariño, esperanzas que habéis colmado con la misma lealtad que la noble Nación Protectora os ofrece un mañana lleno de tranquilidad y bienestar para vuestro país”. Agradecía el valor y los sacrificios desplegados, la fidelidad y el servicio: “Habéis escrito una página admirable como tropas aguerridas y disciplinadas y a vuestro Jefe le habéis hecho sentir el legítimo orgullo, con las creación de vuestra personalidad individual que os caracterizaba en todos los actos, con la expresión sentida de “Harka Varela·”, nombre que todos aprendisteis y supisteis comprender”. ; y daba una clara señal de que el Protectorado era un régimen temporal, que acabaría con la independencia de Marruecos: “(…)¡Sólo Dios sabe, cuál será el destino de los pueblos, pero yo os aseguro que los españoles desean para el vuestro una era de paz con aspiración suprema de que al gobernaros solos en vuestro país, tendáis las manos desde vuestras costas a las nuestras, que tan cerca están, y que éste sea el lazo más firme y fuerte que una a los dos pueblos hermanos!”. Recontó sus numerosas bajas, testimonio de la entrega y el valor: 1225 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 196-197, Diario Oficial del Ministerio de la Guerra del 27 de octubre de 1926. 1226 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 201-202, telegrama, fechado el 31 de enero de 1926, lo que nos indica la fecha en que Varela se enteró de su ascenso, casi un mes antes de que se hiciera oficial; la firma del rey se hizo esperar tres semanas. 1227 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 199, notificación de la Comandancia General de Melilla, fechada el 3 de marzo de 1926; ACGJEVI, Carpeta 6, fol 200, notificación de la Oficina Central de Intervención y Fuerzas Jalifianas de Melilla, fechada el 2 de marzo de 1926; 629 “Tened siempre a orgullo haber servido en esta Harka, cuyo epílogo en el corto tiempo de su Historia, acredita un rendimiento máximo, como pocos Cuerpos consiguieron, sus efectivos fueron alcanzados casi en su totalidad por el fuego enemigo. Hoy contamos más de seiscientas bajas de sangre en tropa, no llegando a un centenar más, el número de los que en dichos combates intervinieron; del cuadro de Oficiales, reducido al número de diez, fueron bajas ocho; esta proporción canta, la largueza de vuestros sacrificios y lo hermoso de vuestra abnegación; solo con Oficiales como vosotros se hacen fáciles los mandos por difíciles que estos sean”. Alabó el cumplimiento del deber para los oficiales, y tuvo un emotivo recuerdo para los caídos. Acabó deseando a la Harka nuevos e importantes triunfos, y cerró su discurso con los tradiciones gritos de: “Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Harka!. 1228 Azib de Midar, 27 de febrero de 1926. Vuestro Comandante, VARELA” . La arenga fue impresa, y difundida entre amigos y conocidos, así como 1229 reproducida en prensa . En el texto, Varela agradece los servicios prestados por sus oficiales y harqueños, destacando en éstos su fidelidad, bravura y piedad religiosa. No encontramos alusión a su valía como comandante, a su visión táctica o a su capacidad de organización y trabajo, sino que cede todo el mérito a sus hombres. Se muestra orgulloso de ellos, de su entrega y valor. Para Varela, la milicia es sacrificio extremado, arrojo. En cambio, no aparece el concepto de obediencia ciega. Varela aprecia la iniciativa individual, con lo que su concepto de guerra y de combate es más moderno 1228 ACGJEVI, Carpeta 3, fol 229-231, “Historial de la Harka Varela”, por Rafael Fernández de Castro y Pedrera, cronista de Melilla, mecanografiado, p. 18-20; parte en Pemán, J.Mª, p. 77. Para Pemán, el futuro Alto Comisario Varela se forjó en la Harka; Carpeta 6, fol 238, impreso de la citada arenga; fol 239, ver Apéndice documental, nº 24. 1229 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 243, El Mensajero de Jerez, 5 de marzo de 1926; fol 244, Heraldo de San Fernando, 9 de marzo de 1926; fol 270-271, carta del oficial y antiguo subordinado suyo, Víctor de Torres Espejo, agradeciendo el envío de la arenga impresa y del librito Heroicos infantes de Marruecos, manifestando su admiración y afecto hacia Varela. 630 1230 que el de muchos de sus compañeros . El texto mereció calificativos elogiosos por 1231 parte de varios oficiales . Las formalidades para la entrega del mando de la Harka se establecieron el 4 de marzo de 1926. Varela firmó los comprobantes de armamento, 1.240 fusiles y 1232 doscientos quince mosquetones, así como una carabina y once fusiles Remington , entregó el recibo por 29.824’75 pesetas presentes en la Caja, integradas por el fondo de Cantinas, los débitos para pagar hospitalizados, pagos de Intendencia de febrero y el 1233 fondo para responder a cargos , y entregó los inventarios de la barbería de 1234 1235 1236 oficiales , del comedor de oficiales , cocina de oficiales , de herramientas de 1237 1238 carpintería del inventario de la oficina , y del total del armamento, municiones y 1239 arreos de caballería , fechados en Azib de Midar el 4 de marzo de 1926. 1240 Varela fue felicitado por la reina madre María Cristina , de forma fría por el 1241 general Primo de Rivera , por el general Dámaso Berenguer, entonces Capitán 1242 1243 General de La Coruña y fundador de los Regulares , por el general Sanjurjo , por 1230 ACGJEVI, Carpeta 4, fol 277-278, Diario de África de Tetuán, 24 de septiembre de 1946, “Feliajiá Harka Varela. Crónica de Fernández de Castro con motivo del viaje triunfal del General Varela al Rif y Melilla en septiembre de 1946”, narra el encuentro de Varela con sesenta y seis veteranos de su Harka en Midar. El caíd Mia Chojo enarboló el banderín de la Harka, y Varela reconoció a sus antiguos compañeros de armas: “Varela, que sobre su proverbial excelente memoria, es admirable fisonomista, iba recordando uno a uno a sus viejos soldados, llamándoles por sus nombres, motes o apodos, según hiciera en los tiempos de la guerra en el Rif y al estrechar la mano ya rugosa de sus queridos harqueños, tenía para ellos la más amorosa y comprensiva de sus sonrisas, según solía hacer en el rigor de los combates, animándoles con su ejemplo, con el gesto y la mirada, en lo más recio de la pelea”. Estuvo en casa del caíd Abaidalah, y allí recibió la visita de un antiguo Mokaden desertor de la Harka, con quien Varela se reconcilió de inmediato, entre el aplauso de los jefes musulmanes allí presentes. 1231 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 182, carta de Manolo Valenzuela fechada en Tetuán el 11 de marzo de 1926, con membrete de “El Ayudante de Campo del Alto Comisario y General en Jefe del Ejército de España en África”. 1232 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 625. 1233 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 626. 1234 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 629. 1235 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 630. 1236 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 631 1237 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 632. 1238 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 633. 1239 ACGJEVI, Carpeta 5, fol 634. 1240 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 230, telegrama de felicitación por su nombramiento como nuevo Jefe del Grupo de Regulares de Ceuta, fechado el 1 de marzo de 1926; fol 237. 1241 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 240, fechada el 5 de marzo, le felicita por la orden de despedida de la Harka “por el calor y entusiasmo vibrante puesto en la misma”, y después, añadido de puño y letra, “suerte en el nuevo mando”. 1242 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 175, telegrama: “Reciba mi más cariñosa felicitación por su ascenso así como destino al glorioso Grupo de Ceuta de mi predilección por su historia y servicios prestados. Berenguer”, fechado a lápiz el 27 de febrero de 1926; fol 241, carta mecanografiada fechada en La Coruña el 6 de marzo de 1926, en la que le felicita por el texto de la arenga de despedida de la Harka, añadiendo de puño y letra: “Va V. al mando de mis más gratos recuerdos”. 631 1244 1245 Abd el Kader Hach Tieb, delegado del Gran Visir , por el coronel Millán Astray , por su antiguo profesor del Colegio de La Salle de San Fernando, el Hermano Hilario 1246 1247 Felipe , por su antiguo superior el general Enrique de Salcedo , por el general 1248 1249 1250 Pardinas , por sus futuros subordinados de Ceuta , por amigos militares , por el 1251 alcalde de San Fernando, en representación de su pueblo . La prensa se hizo eco del 1252 hecho, cubriendo de elogios al nuevo teniente coronel . En el archivo se conserva una 1253 poesía anónima escrita en su honor . El general González Carrasco felicitó a la novia de Varela, Carmen de Movellán, por el ascenso de su prometido, así como el general 1243 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 231; en el telegrama se descubre que el mando de los Regulares de Ceuta le fue dado por propuesta del propio Sanjurjo. 1244 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 232, telegrama. 1245 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 233, telegrama. 1246 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 179-180, carta manuscrita, recuerda que era “un muchacho travieso y simpático que jugaba en nuestro colegio de San Fernando, ataviado con una marinera de color azul marino; de aquel soldado, cabo y sargento de Infantería de Marina que dicharachero y alegre nos acompañaba desde el cuartel hasta la calle Real ¡Qué tiempos aquéllos! Cuántas veces me he acordado de tu padre…”. 1247 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 183-184, carta manuscrita, fechada en Barcelona el 12 de marzo de 1926, con membrete de “El General de la 1ª Brigada de Batallones de Montaña”. El general Salcedo se manifestaba además muy contento con su mando, bajo las órdenes directas el capitán general, general Emilio Barrera. 1248 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 185, telegrama, fechado el 2 de marzo de 1926. 1249 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 186, telegrama, fechado el 2 de marzo de 1926, firmado por el comandante Castro. 1250 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 187, carta del capitán Segundo Manday, con membrete del Regimiento de Infantería de Zamora nº8, fechada en Lugo el i de marzo de 1926; ACGJEVI, Carpeta 6, fol 188, telegrama del Círculo Lebrero de Jerez; ACGJEVI, Carpeta 6, fol 189, telegramas de Barneto y de sus compañeros de promoción Cuartero, Verez Sánchez, Cabezudo, Bordonado, Priede y Orzaiz. 1251 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 236, telegrama, fechado el 27 de marzo de 1926. 1252 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 176-177, y fol 263-264, Heraldo de San Fernando, 2 de marzo de 1926, “Honrémonos honrando al héroe”, firmado por Enrique Llamas, cita a Franco como otro gran héroe de la guerra de África; fol 268-269, texto del artículo mecanografiado; ACGJEVI, Carpeta 6, fol 191, ABC, Madrid, 28 de febrero de 1926; ACGJEVI, Carpeta 6, fol 192; ACGJEVI, Carpeta 6, fol 193, El Telegrama del Rif, 28 de febrero de 1926, fotografía; fechado el 2 de marzo de 1926; ACGJEVI, Carpeta 6, fol 194, Ideales de San Fernando, febrero de 1926; ACGJEVI, Carpeta 6, fol 195, recorte de prensa “Otras Informaciones”, Carpeta 6, fol 245-246, El Mensajero de Jerez, 2 de marzo de 1926, “Historial de las Harca Varela. Ascenso a Teniente Coronel por méritos de Guerra, de Creador y Organizador. Bendición de Dios. Una fecha”, con dos fotografías del comandante Varela; fol 248 y 254, El Mensajero de Jerez, 6 de marzo de 1926, “El prestigio, heroísmo y patriotismo del heroico Varela, hace tiempo que está justificado”, y “El nuevo mando de Varela”, reproduce los telegramas de parabién del general Sanjurjo y del coronel Millán Astray, así como los remitidos por el propio Varela a los oficiales y soldados de su nuevo mando; fol 256, Heraldo de San Fernando, 2 de marzo de 1926, artículo de Eduardo Juliá “Una vez más”, en el que afirmaba que Varela nunca había sido objeto de favoritismo; fol 250, El Mensajero de Jerez, 4 de marzo de 1926, reproduce el mismo artículo; fol 266-267, texto del artículo “Una vez más”, de Juliá, mecanografiado; Carpeta 6, fol 257, El Mensajero de Jerez, 3 de marzo de 1926, “El laureado Comandante hoy teniente coronel D. José Enrique Varela que ha sido de la Harca, cuta fuerza irregular ha sido propuesta por al Alto Mando para la Medalla militar de guerra”, reproduce la biografía de Varela del libro Heroicos infantes en Marruecos, así como la lista de sus condecoraciones y citaciones. 1253 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 205. 632 1254 Goded. Varela agradeció estos elogios . Le fue concedida la placa de segunda clase del Mérito Militar de Guerra. La Harca le regaló un artístico bastón de mando como testimonio de afecto y respeto. Sus compañeros de promoción decidieron realizarle un homenaje. Uno de sus impulsores fue Antonio de Urzáiz Guzmán, que inició una labor de recopilación de 1255 ideas y adhesiones, como le reconoció en una carta . Como primera provisión hacia su nuevo mando, remitió dos telegramas, uno para el Comandante Mayor del Grupo de Regulares nº 3, y otro al Jefe Accidental del mismo, ambos muy similares. En ellos, notificaba su nombramiento, saludaba a los integrantes del Grupo, y manifestaba su entusiasmo por mandar tropas de tanto prestigio y en la que grandes héroes, como González Tablas o Ayuso, le habían precedido, y 1256 esperaba la colaboración de todos para seguir la tradición de bravura y ejemplo . Le contestó el comandante Castro, que manifestó su satisfacción de verse dirigidos por un 1257 jefe tan prestigioso y agradeció sus frases de alabanza hacia el Grupo . 1254 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 258, El Mensajero de Jerez, 3 de marzo de 1926. 1255 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 234-235, carta manuscrita fechada en Toledo el 28 de febrero de 1926. 1256 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 251-252; reproducidos por la prensa, fol 255, Heraldo de San Fernando, 4 de marzo de 1926; fol 248 y 254, El Mensajero de Jerez, 6 de marzo de 1926. 1257 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 253, telegrama, fechado el 2 de marzo de 1926 en Cala del Quemado. 633 3.11.- La Pacificación. El teniente coronel Varela al frente de los Regulares de Ceuta. 3.11.1.- El teniente coronel Varela. Todas las actuaciones del comandante Varela habían demostrado su gran valor como jefe. Varela recibió una Harka desmoralizada por la pérdida de sus jefes y la derrota, indisciplinada y anárquica. Como escribió a su madre entonces: "Al hacerme cargo de ese mando, he evitado que este contingente se pase al enemigo". En un año, Varela la convirtió en una fuerza efectiva que contaba con la confianza del Mando. Varela lo había conseguido, dice Pemán, "enterrándose en el campo con sus harkeños: durmiendo con cuatro oficiales entre 800 hombres de cuya lealtad podría dudarse, en la primera línea, a los paros del campo enemigo; poniéndose en cabeza de ellos para el combate sin temor a los proyectiles enemigos ni a los que por la espalda podían terminar en un momento con una actuación que llegó a ser obsesionante para Abd el-Krim. La “Harka de Melilla”, la “Harka del Príncipe Abd el-Malek”, se había llamado bien pronto “Harka Varela” porque el pueblo captó rápidamente que era “suya” totalmente, en heroísmo, en virtudes, en dureza, en lealtad, aquella unidad peculiar de pardas chilabas y gritos de victoria en el combate: “¡Mi 1258 Comandante Varela! ¡Viva Ispania!”" . Como ya se ha dicho, por los méritos contraídos entre el 1 de agosto de 1924 y el 1 de octubre de 1925, fue propuesto para el ascenso a teniente coronel, y la concesión de la Medalla Militar de Marruecos, que le fueron otorgados en febrero de 1926. Tuvo por tanto que dejar su Harka en una emotiva Orden General. El teniente coronel Varela pasaba a mandar el Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Ceuta. 3.11.2.- La retirada de Abd el-Krim. La victoria de Alhucemas fue cara en vidas para los españoles, porque la resistencia de los rifeños fue muy dura y obstinada. Pero el Ejército español obtuvo el triunfo definitivo. El 3 de octubre de 1925 se terminó la batalla, con el incendio de Axdir y la instalación del campamento español en Alhucemas. Los generales Sanjurjo, Saro, jefe de las fuerzas de Ceuta, y Fernández Pérez, de Melilla, fueron ascendidos. Francisco Franco reforzó su aureola de héroe al ser el primer oficial en desembarcar: era un jefe exigente, admirado y respetado, y fue ascendido a general de brigada, con treinta y tres años. 1258 Pemán, J.Mª, p 76. 634 Los Beni Urriaguel no perdieron su espíritu de lucha. M'hamed Abd el Krim, que combatía en el área occidental del Protectorado, reunió a sus jefes y les amenazó con cortarles la lengua si mostraban desánimo o preocupación, pues muchos combatientes deseaban regresar para defender sus comarcas amenazadas. Abd el-Krim se vio obligado a avanzar hacia el sur, con sus 20.000 hombres, acosado por las tropas españolas. El ejército español había abandonado la táctica de los blocaos, ahora utilizaba columnas con movimientos rápidos y coordinados. A finales de octubre la lluvia convirtió los caminos en barro y obligó a detener la ofensiva. Entró en juego la actividad política, negociaciones, sobornos y amenazas para obtener la sumisión de los rifeños. Se utilizaba la artillería para disuadir a los poblados de sostener la rebelión, el llamado “tiro político”. Los franceses se asombraban de la eficacia de los bombardeos de la aviación. Paralelamente, los franceses lanzaron una ofensiva sobre el Werga. Una columna española, al mando del coronel Dolla, salió de Dar Drius y contactó con los franceses en Zoco el Telata de Metalza, el 8 de octubre. Una semana después, el mariscal Pétain y el general Sanjurjo conferenciaron en Zoco el-Sebt de Ain Amar, en Beni Bu Yahi. El 24 de septiembre de 1925, el mariscal Lyautey, que estaba enfermo, fue 1259 relevado de todos sus cargos . Se criticó a Lyautey el no haber revisto la importancia de la ofensiva rifeña, olvidándose de forma interesada las reiteradas peticiones de refuerzos hechas por el mariscal, así como su predicción del ataque. Por otro lado, el mariscal Pétain, más realista, reconoció que los rifeños eran “el más potente y mejor 1260 armado enemigo que jamás tuvimos en nuestras operaciones coloniales” . Pétain rindió homenaje de admiración a Lyautey, y le sustituyó al frente de las fuerzas de Marruecos. Lyautey fue despedido cariñosamente por un grupo de jerarcas marroquíes con lágrimas en los ojos. El barco que lo transportaba a Marsella fue saludado por una escuadra británica a su paso. Pero nadie le esperaba en Marsella, ni recibió honores ni agradecimiento por su dilatada carrera. El nuevo Residente General fue Teodora Steeg. El 2 de noviembre, Primo de Rivera dejó el cargo de Alto Comisario, y nombró en su lugar al general José Sanjurjo. El nuevo Jalifa fue el hijo del anterior, Muley 1259 Para entonces, el mariscal Lyautey se había ganado muchos enemigos en París al oponerse a una explotación salvaje del Protectorado a manos de empresarios y capitalistas, y a que Marruecos se convirtiera en una colonia de doblamiento repartiendo tierras a veteranos franceses. Además, el nuevo gobierno liberal de Francia deseaba recortar el presupuesto militar y planteaba un desarme. 1260 Woolman, p. 219. 635 Hassan el-Mehdi, que entró en Tetuán los días 8 al 10 de noviembre de 1925, y proclamado en la Gran Mezquita con la presencia del Dictador. El 25 de noviembre, Primo de Rivera se entrevistó con el Residente General, Steeg, y con el comandante en jefe de las fuerzas francesas, general Naulin, en Alcazarquivir. En esa campaña, Francia había perdido 12.000 hombres. Para entonces, los rifeños estaban agotados y cercados, pero Abd el-Krim mantenía la lucha, pensando que las desavenencias entre españoles y franceses acabarían aflorando, y entonces él podría negociar. Trasladó su gobierno a Tamasint, en las faldas del Yebel Haman. Durante los meses de octubre de 1925 a febrero de 1926, las operaciones se paralizaron, para proceder a una reorganización de fuerzas, planificar la nueva campaña, y esquivar los meses de frío. Esta paralización dio pie a que Abd el-Krim hiciera creer en los territorios por él controlados, que el desembarco no había servido para nada, y que al contrario, las tropas de Alhucemas eran en la práctica cautivas suyas. Pero, consciente de la realidad, reorganizó sus fuerzas, que se podían sumar en unos 60.000 1261 hombres . En diciembre de 1925, el enviado de Abd el-Krim, el capitán Gordon- Canning, intentó llegar en París a una paz separada con Francia. Los rifeños se comprometían a aceptar el poder religioso del Sultán a cambio de su independencia, e incluso, a aceptar las condiciones ofrecidas antes del desembarco de amplia autonomía. Pero era tarde, el gobierno francés se negó a negociar, y a petición de España, ordenó a 1262 Gordon-Canning abandonar el país . 3.11.3.- La campaña de 1926. Francia decidió seguir apoyando a España en su campaña y así acabar con Abd el-Krim. En febrero de 1926, Pétain y Primo de Rivera se encontraron en Madrid. Se trazó un nuevo plan de operaciones entre ambos generales, respaldados respectivamente por los generales Georges y Gómez-Jordana Souza. El 6 de febrero se firmó un nuevo tratado de coordinación de operaciones entre Francia y España. España debería, desde Axdir, dirigirse hacia el Yebel Haman, obtener la sumisión de los Beni Tuzin, y desde Melilla atacar Temsaman; Francia también avanzaría desde el sur hacia Yebel Haman y rodear Beni Urriaguel por el sudoeste. Se preveía que el 1 de septiembre de 1926 las fuerzas de España y Francia enlazaran en Beraber. Las operaciones se iniciarían por 1261 Servicio Histórico Militar, Historia de las Campañas de Marruecos, t. IV, p. 112-113. 1262 Gómez-Jordana Souza, F.: La tramoya de nuestra actuación en Marruecos, Editora Nacional, Madrid, 1976, p. 163-167. 636 parte francesa el 15 de abril, y por parte española, el 1 de mayo de 1926. Una nueva reunión, celebrada en Uazán el 17 de marzo, con la presencia de los generales españoles Sanjurjo, Goded, y el coronel Orgaz, y los generales franceses Boichut, Georges, Hellé, Freydemberg y Dosse, y el comandante Cybout, perfiló los planes de 1263 avance y ocupación . Durante esos meses se obtuvo la sumisión de la cabila de Anyera, gracias a la labor política del coronel Orgaz, el Interventor capitán Boix, y el caíd Ben Alí. La cabila se sometió en Alcazarseguer el 13 de enero de 1926, y en Tetuán, el 12 de febrero, ante el Gran Visir, admitió la soberanía del Majzen. Entregó trescientos setenta y tres fusiles, completando el desarme el comandante general de Ceuta Federico Berenguer, que recogió mil setecientos tres fusiles más. Las cabilas de la Yebala estaban en su mayoría sometidas a España. No obstante, Ahmed el Jeriro (el-Kheriro) lanzó nuevos ataques al sur de Tetuán, e instaló un cañón en Bu-Zeitung con el cual bombardeaba la ciudad. La idea de Abd el-Krim era presionar a los españoles para intentar que se distanciaran de los franceses. La población musulmana de Tetuán solicitó a España que eliminara esa tortura para la ciudad. Se lanzó entonces una operación para aislar a los Beni Hosman, cabila de Jeriro, de los Beni Said, y así asegurar la tranquilidad de Tetuán. Entre el 4 y el 7 de marzo de 1926, cuatro columnas y una masa artillera a las órdenes de los coroneles Orgaz, Millán Astray, Perteguer y Prats, y los tenientes coroneles Álvarez Coque y Buruaga, sometieron a los Beni Said. En esta lucha fue herido Millán Astray. El día 7, la columna Orgaz ocupó el Yebel Bu Zeitung, capturando el cañón. Las bajas de la operación fueron de tres oficiales muertos y catorce heridos, y sesenta y tres soldados muertos y 1264 trescientos veintiséis heridos . En el Lucus, el teniente coronel Asensio pacificó a los Ahl Sherif y a los Beni Issef. Pero Abd el-Krim no podía ya sostener la rebelión mucho tiempo. La campaña había impedido a los rifeños efectuar la siembra, al llamar Abd el-Krim a las armas a casi todos los hombres del Rif, lo que supondría que no habría cosechas y la región se 1265 enfrentaba a la hambruna . El bloqueo y la presión en la retaguardia rifeña impedía abastecer a los muyahidines. El Comité del Rif, organización establecida en Londres para apoyar el independentismo rifeño y respaldada por un consorcio minero alemán, 1263 Gómez-Jordana Souza, F.: La tramoya de nuestra actuación en Marruecos, Editora Nacional, Madrid, 1976, p. 155-161. 1264 Servicio Histórico Militar, Historia de las Campañas de Marruecos, t. IV, p. 115-117. 1265 Sánchez Pérez, A.: La acción decisiva contra Abd-el-Krim, Toledo, s/f, p. 13. El autor fue capitán de una compañía del Grupo de Regulares de Alhucemas. 637 con Gordon Channing como secretario, intentó negociar un alto el fuego con los franceses, pero éstos se negaron, y conjuntamente con los españoles rechazaron en principio la propuesta. Pero, presionados por una parte de la opinión pública 1266 internacional, atizada por prensa favorable de los rifeños , Francia y España accedieron a iniciar dichas conversaciones el 9 de abril, acordándose celebrar un encuentro en Uxda para principios de abril. Asistieron Si Mohamed Azerkan “Pajarito”, como ministro de Exteriores rifeño, y Haddur el-Kahal, y Si Mohamed Cheddi, estos dos últimos designados por un consejo de rifeños y no por Abd el-Krim, lo que puede interpretarse como que éste estaba perdiendo poder y prestigio. Francia estuvo representada por el general Simon, director del Servicio de Inteligencia para Marruecos, Mr. Ponsot, subdirector de África del Ministerio de Asuntos Exteriores, y el comandante Duclós, director de Asuntos Indígenas de Marruecos; por España participaron López Oliván, jefe de la sección de Marruecos de la Dirección General de Marruecos y Colonias, el comandante Aguilar, jefe del servicio de Intervención, y el capitán De Miguel. De entrada, se iba a discutir el reconocimiento de la soberanía del Sultán sobre el Rif, el desarme de los rifeños, la liberación de prisioneros y la expatriación de Abd el-Krim. Pero en una reunión previa, celebrada el 18 de abril de 1926 en Camp Berteaux, los europeos exigieron a los rifeños garantías de la buena fe de Abd el-Krim, es decir, liberación de los prisioneros, y que se permitiera a las fuerzas francesas y españolas ocupar puntos estratégicos durante las conversaciones, para evitar posibles ofensivas de los rifeños durante la tregua. Los rifeños se declararon ofendidos. Haddu al-Kahal regresó al Rif para discutir estas condiciones con Abd el-Krim, en un avión cedido por los franceses para la ocasión. Franceses y españoles decidieron entonces mantener la celebración de la Conferencia de Uxda según la agenda inicial, renunciando a las garantías exigidas. Por su parte, Abd el-Krim hizo declaraciones en la prensa poco conciliadoras. El día 21 se celebró una nueva reunión, y de nuevo los representantes rifeños exigieron un aplazamiento para consultar con su líder La Conferencia se inició el 27 de abril. El Rif reconocería la autoridad del Sultán y se realizaría el desarme, supervisado por Abd el-Krim para que no resultara ofensivo ni humillante para los rifeños. Abd el-Krim admitía también el ser deportado. Pero la liberación de los prisioneros, defendieron los rebeldes, no se realizaría hasta después de 1266 Según Gabriel Maura, la iniciativa partidó de un caíd indígena a través de la intervención civil francesa y de Mr. Steeg, Maura Gamazo, G., Al servicio de la historia, t. 1, p. 295. 638 declarada la paz; aunque se permitiría a equipos médicos entrar en el Rif y atender a los prisioneros heridos y enfermos. Esta reticencia a la liberación de los cautivos se podía deber a las pésimas condiciones de vida de éstos, tanto físicas como emocionales, por la dureza del trato a que eran sometidos. Y al hecho de que aproximadamente la mitad habían muerto. Abd el-Krim temía que si este hecho era conocido por franceses y españoles, las condiciones de paz se endurecerían. Es cierto que los rifeños eran un pueblo pobre que no disponían de suficiente alimentos ni de condiciones sanitarias adecuadas para atender debidamente a los prisioneros. Pero para los europeos, este punto era fundamental, y este fue uno de los principales motivos de la posterior ruptura de las negociaciones. Los europeos exigían a los rifeños el reconocimiento de una unidad marroquí y de la autoridad del Sultán; pero para Abd el-Krim, eso representaba reconocer el Protectorado, emanado de la autoridad del Sultán, del Acta de Algeciras, y la igualdad comercial entre las potencias, así como la Ley de Minas de 1914, con lo que la pretendida autonomía y el negocio de cesión de concesiones a empresas europeas quedaban seriamente limitadas. Los rifeños manifestaron estar dispuestos a entregar las armas, a aceptar la autoridad religiosa del Sultán, y a liberar a las mujeres, niños y heridos y enfermos prisioneros, pero manteniendo ciertas prerrogativas. Parecía clara la intención de Abd el-Krim de alargar inútilmente las negociaciones, sabedor como era que la ofensiva aliada ya estaba diseñada y preparada. Franceses y españoles estaban dispuestos para el ataque conjunto, y se había establecido que los franceses la iniciaran el 15 de abril de 1926, los españoles el 1 de mayo. España y Francia, con la guerra prácticamente ganada, no estaban ya dispuestas a aceptar condiciones ni dilaciones, por lo que presentaron un ultimátum el 1 de mayo de 1926, exigiendo la entrega de todos 1267 los prisioneros en una semana . El 6 de mayo, los rifeños, negándose a aceptar sólo la autonomía, es decir, cualquier tipo de control tanto europeo como xerifiano, y la expatriación del Rif de su líder, interrumpieron las negociaciones. Abd el-Krim aún contaba con mucho prestigio y podía atraer a los hombres a la lucha; confiaba en un distanciamiento y ruptura entre Francia y España, confiaba en que ésta última se contentara con recuperar algo de territorio y paralizara la campaña para fortificarlo, lo 1267 Madariaga, Mª R., Abd el-Krim el Jatabi. La lucha por la independencia, Alianza Editorial, 2009, p 303-304. 639 que originaría una nueva dilación, y decidió jugar sus últimas cartas. Reunió a trescientos notables en los cedros de Ketama para reorganizar sus harkas. El 17 de marzo, los altos mandos español (generales Sanjurjo y Goded, coronel Orgaz, teniente coronel Aranda, y el diplomático señor Aristegui) y francés (general Boichut, general George, jefe del Estado Mayor del mariscal Pétain para Marruecos, generales Hollé, Freydemberg y Dosse, comandante Civout) se reunieron en Uazan. Allí se acordó, a partir del 15 de abril, conquistar la base de partida del Kert, de forma simultánea: los españoles atacarían desde Azib de Midar, y los franceses desde Tizzi Uzli y zoco el Sebt de Ain Amart; a partir del 1º de mayo, lanzar la ofensiva sobre Beni Tuzin y Beni Urriaguel, saliendo las tropas españolas desde el Kert y desde Axdir, amenazando Temsaman, mientras los franceses lo hacían desde el Alto Nekkor. Este plan fue aplazado mientras duraban las conversaciones de paz con los enviados de Abd el-Krim. Al quedar claro el fracaso de dichas negociaciones, se puso en marcha la operación. 3.11.4.- El teniente coronel Varela se incorpora a la campaña. 1268 A principios de 1926, Varela era un militar ya muy conocido y prestigioso . Había sido ascendido a teniente coronel. La prensa se hizo eco de su ascenso y de su 1269 emotiva despedida de la Harka . Al tomar posesión del mando del Grupo de Regulares de Ceuta, el 7 de marzo de 1926, fue felicitado por el coronel Millán Astray, 1270 1271 1272 por el general Sanjurjo , el general Salcedo , el general Dámaso Berenguer , el 1273 general Primo de Rivera y miembros de la familia real . Se convirtió en la figura central del libro Heroicos Infantes en Marruecos, escrito por el teniente coronel García 1268 ACGJEVI, Carpeta 6, fol. 3, carta de Carmen de Movellán a la madre de Varela, fechada en Madrid el 13 de enero de 1926. 1269 ACGJEVI, Carpeta 6, fol. 7, El Mensajero de Jerez de la Frontera, 4 de marzo de 1926, “Una vez más”; fol 8 y 9, ABC de Madrid, 5 de marzo de 1926, “La despedida de Varela de su Famosa Harca”; fol 10, El Mensajero, “El prestigio, heroísmo y patriotismo del heroico Varela, hace tiempo está justificado”; fol 12, El Telegrama del Rif, 7 de marzo de 1926, “La marcha del teniente coronel Varela”, firmado por A. de Aizpuru; fol 14-15,Heraldo de San Fernando, 28 de marzo de 1926, “A un héroe”, firmado por Blanca de la Rubia, destacaba que en seis años había pasado de teniente a teniente coronel; fol 16, El Mensajero, 9 de marzo de 1926, “Así son todos”. 1270 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 10, El Mensajero, “El prestigio, heroísmo y patriotismo del heroico Varela, hace tiempo está justificado”. 1271 ACGJEVI, Carpeta 6, fol. 24, Carta fechada en Barcelona el 12 de marzo de 1926. Enrique de Salcedo era entonces general de la 1ª Brigada de Batallones de Montaña. 1272 ACGJEVI, Carpeta 6, fol. 25, El Mensajero de Jerez, 16 de marzo de 1926, “Una carta patriótica y de importancia del General D. Dámaso Berenguer”, agradece el envío del texto impreso de la despedida de Varela de su Harka. 1273 ACGJEVI, Carpeta 6, fol. 25, El Mensajero de Jerez, 12 de marzo de 1926, reproduce los telegramas del Rey, la Reina, la Reina Cristina, y la Infanta Isabel de Borbón. 640 1274 Pérez , y tuvo la atención de regalar varios ejemplares del mismo a las bibliotecas 1275 escolares de San Fernando . Regresó brevemente a San Fernando el día 9 de marzo de 1926 para saludar a sus familiares, pasando a Madrid para visitar al Rey, y se 1276 incorporó a su destino en Tetuán ; fue un hecho menor, pero el seguimiento que hizo de él la prensa demuestra su popularidad. En el transcurso de un almuerzo en su honor, celebrado en Puerto Real, Varela fue nombrado hijo adoptivo de esta población, dado 1277 que había fijado su nueva residencia en ella . El 18 de marzo estuvo en San Fernando, y regresó a Puerto Real. En esa estancia en San Fernando se le celebró una recepción en el ayuntamiento en la que tomó la palabra el teniente coronel de la armada Pedro Font de Mora, que expuso la necesidad de elevar el nivel cultural y formativo de los 1278 obreros . El 25 de marzo se celebró en su honor un almuerzo popular patrocinado por el Ayuntamiento de San Fernando en el teatro de Las Cortes, al que asistieron unas doscientas personas de todas las clases sociales representativas de la localidad. Participaron autoridades locales, familiares y amigos, representación del Ejército. Hablaron el comandante de Infantería de Marina Jaime Togores; el alcalde José Vázquez Delgado, el escritor Felipe Sassone, el coronel Gómez Caminero, el teniente de alcalde García de la Torre, el señor Llamas, y se leyó el telegrama de Joaquín Fernández Baena, periodista. Contestó Varela agradeciendo los aplausos. Seguidamente, hablaron más personas, y se acordó remitir telegramas a la Casa Real y al presidente del 1274 El libro conoció al menos dos ediciones, la de 1926, y la de 1927, ésta obsequio de la fábrica de armamento “Stokes Gun Company”, fabricante de morteros, a la oficialidad de la Infantería española. En el texto se referencian los hombres condecorados con la Cruz Laureada de San Fernando. La referencia a Varela, en la segunda edición, en la p. 53-55. 1275 ACGJEVI, Carpeta 6, fol. 11, El Mensajero, 6 de marzo de 1926, “Carta del laureado señor Varela”, contestación de Varela a la carta de agradecimiento del alcalde de San Fernando, José Vázquez Delgado. 1276ACGJEVI, Carpeta 6, fol. 18, Diario de Cádiz, 11 de marzo de 1926, “El heroico Varela”; fol 19, Heraldo de San Fernando, 11 de marzo de 1926, “Llegada del teniente coronel Varela”; fol 21, 11 de marzo de 1926, “El comandante Varela”, fol 23, ABC, 11 de marzo de 1926, “Felicitaciones al teniente coronel Varela”; ACGJEVI, Carpeta 6, fol. 25, ElMensajero de Jerez, 12 de marzo de 1926. 1277 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 27, El Mensajero, “Un almuerzo en Puerto Real”, refleja los actos celebrados en su honor; fol 28, El Mensajero, “En las Canteras. El héroe isleño”; fol 29, menú del Almuerzo en su honor celebrado en Puerto Real el dá 14 de marzo de 1926; ACGJEVI, Carpeta 6, fol. 31, ElMensajero de Jerez, 16 de marzo de 1926, “El banquete del domingo en Puerto Real”; fol 33-34, Diario de Cádiz, 16 de marzo de 1926, “De Puerto Real”, fol 35-36, El Mensajero, 17 de marzo de 1926, “El banquete dado el domingo en Puerto Real al Teniente Coronel señor Varela”; fol 37, Diatio de Jerez, 17 de marzo de 1926, “En el puerto de Santa María. Almuerzo íntimo en honor del teniente coronel Varela”; fol 49, Notificación oficial del nombramiento, fechado el 25 de marzo de 1926; ACGJEVI, Carpeta 6, fol 178, telegrama de felicitación de su amigo Joaquín Baena, fechado el 30 de marzo de 1926. 1278 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 39-40, Heraldo de San Fernando, 18 de marzo de 1926, “Varela en san Fernando. Invisibles vibraciones del espíritu”; fol 45, Heraldo de San Fernando, 19 de marzo de 1926, “Visita de Varela al Ayuntamiento”; fol 46-47, Heraldo de San Fernando, 20 de marzo de 1926, “Comida en honor del héroe”. 641 1279 Directorio notificándole el homenaje realizado . Al día siguiente, 26 de marzo, Varela marchó a Madrid para cumplimentar al rey. El 6 de abril Varela regresó a Marruecos, a Ceuta, y cumplimentó al Alto 1280 Comisario . Tomó posesión de su mando, relevando al coronel Álvarez Arenas, y 1281 pronunció una arenga a sus nuevos hombres . Se le reconoció el uso de los pasadores 1282 en su Medalla Militar, en referencia a las campañas en que había sido ganada , así como el uso de cuatro aspas rojas de herido en campaña en la Medalla Militar de 1283 Marruecos . La situación militar había mejorado mucho. Pero las fuerzas de Abd el-Krim aún sumaban entre 60.000 y 80.000 hombres, todos ellos armados, a los que había que añadir los simpatizantes de su causa en la retaguardia española, a los que había que vigilar. Según Goded, de las sesenta y seis cabilas que contenía el Protectorado, cuarenta seguían en rebeldía tras el desembarco de Alhucemas, y otras diez tan sólo estaban parcialmente sometidas. En los cinco meses, de mayo a octubre de 1926, se recogieron de las fuerzas de Abd el-Krim 28.000 fusiles, 135 cañones, 8 morteros y 240 ametralladoras. La Campaña continuaba, y en ella Varela iba a participar como jefe de columna. El 8 de mayo de 1926, rotas las negociaciones con los emisarios de Abd el-Krim en Uxda, se reanudaron las operaciones. El teniente coronel Varela fue nombrado jefe de Vanguardia de la columna del coronel Balmes que debía avanzar hacia Asgar. Varela, con 35 años, estaba prácticamente al frente de una brigada. Muchos de sus mandos inferiores eran mayores que él, pero ya lo había pensado. Lo comentó a su madre, en una carta: "añado a esto que he caído muy bien dentro del Tabor, pues yo preveía mi situación difícil, ya que se compone de cuatro capitanes que todos ayer eran mis superiores y que hoy les mando. Puede suponer en las condiciones que iba yo a 1279 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 51, Menú del almuerzo; fol 53-54, Diario de Cádiz, 25 de marzo de 1926, “El San Fernando. Homenaje popular en honor del heroico teniente coronel señor Varela”; fol 55-60, Heraldo de San Fernando, 26 de marzo de 1926, “Almuerzo popular en honor de Varela en San Fernando”, fol 63, La Correspondencia de San Fernando”, 26 de marzo de 1926, “Un homenaje. Banquete popular a Varela”; fol 64, El Mensajero de Jerez, 26 de marzo de 1926, “El homenaje del ilustre pueblo de San Fernando a su predilecto hijo Teniente Coronel Varela, ha sido estupendo ayer”; fol 65, Heraldo de San Fernando, 27 de marzo de 1926, “De la Alcaldía”. 1280 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 76, 7 de abril de 1926, “El teniente coronel Varela”; fol 77, El Eco de Tetuán, 7 de abril de 1926, “El teniente coronel Varela”, 1281 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 78, 10 de abril de 1926, “En la zona occidental”. 1282 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 72, fechada en Azib de Midar el 14 de abril de 1926. 1283 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 73, fechada en Ceuta el 14 de abril de 1926. 642 hacerme cargo en definitiva del mando. Pues ha sucedido que todos han aceptado mi 1284 mando con gran alegría, tanto es así que me han dado una comida" . La táctica española de avanzar, realizar “razzias”, establecer un punto, fortificarlo y luego retroceder hacia la base, propia de una etapa anterior, había sido abandonada. Ahora, los españoles practicaban un avance amplio, con apoyos laterales para ocupar el terreno. La resistencia debía ser vencida, y no había lugar al repliegue. Frente a los avances de la columna, Abd el-Krim continuaba resistiendo. Se aspiraba a que todo el territorio volviera a la autoridad del Majzen, ahora bajo el nuevo Jalifa S.A.I. Muley el Hassan, y la infantería, calzada con alpargatas, siguió avanzando. Para ello, se contaba con 40.000 hombres, divididos en dos Grupos: el de Beni Tuzin, a las órdenes del general González Carrasco, con 15.000 hombres; y el cuerpo de Operaciones y fuerzas de Axdir, a las órdenes del general Castro Girona, con 25.000 hombres. Esta última fuerza estaba formada por tres columnas: la de la izquierda, al 1285 mando del coronel Mola ; la central, a las órdenes del coronel Balmes; y la de la derecha, del coronel Fixer, más una cuarta columna de reserva mandada por el general Dolla, y otra de caballería, dirigida por el coronel Ponte. El plan consistía en quebrar la resistencia de los rebeldes uniendo Alhucemas con Melilla por tierra, así como con el ejército francés. El primer paso era romper el frente del río Iberloquen. Los moros habían construido una línea de trincheras que si continúa desde el Monte Cónico al oeste de las fuentes del Iberloquen siguiendo el sur de este río. Seguía la llamada "pista de los prisioneros", de Axdir a Ait Kamara, y a su derecha se apoyaba en el mar frente al Castillo de Muyahedin en la desembocadura del Iberloquen. Abd el- Krim, tras perder Axdir, estaba obligado a demostrar a los suyos que la resistencia era posible, y para ello debía detener a las fuerzas de España y el Majzen entre el Nekor y el Guis. Los rifeños habían establecido una línea de trincheras a lo largo del río Iberloquen, guarnecida con ametralladoras, y una segunda línea para la resistencia y protección de los emplazamientos artilleros. Detrás se encontraban puestos vitales para la rebelión: depósitos de municiones y la central telefónica de Tamasint. Los rifeños se habían beneficiado de la presencia en sus líneas de aventureros y desertores enemigos, 1284 Pemám,J.Mª, p.78-79- 1285 Mola ascendió a coronel por méritos de guerra en febrero de 1926, y poco después a general de brigada; también fue recompensado con la Medalla Militar Individual: Casas de la Vega, R., Seis generales de la Guerra Civil, Fénix, Madridejos, 1998, p. 263-266. Su papel en la guerra es minimizado e incluso ridiculizado por Blanco Escolá, C., General Mola. El ególatra que provocó la Guerra Civil, La Esfera de los Libros, Madrid, 2002, p. 50-56, quien no duda en afirmar que fue ascendido por la arbitrariedad de Primo de Rivera, le acusa de hipócrita, ególatra, antipático… 643 como el famoso alemán Klems, que les habían asesorado militarmente. Los asentamientos estaban protegidos por ametralladoras, construidos a prueba de artillería y aviación. A continuación, una segunda línea se apoyaba en la loma de los Morabos, loma de las Trincheras, meseta de Irjoben, y meseta de Asgar, formando una barrera fortificada que defendía Temasint, antiguo Cuartel General de Abd el Krim. El gozne de giro para esta maniobra era la loma de los Morabos, que dominaba el camino hacia Axdir. Se llamaba así porque en ella estaban los sepulcros de Sidi Yusef y Sidi Brahim (o Sidi Mesaud y Sidi Ahmedi), y era la clave de la defensa. En la loma de los Morabos, rodeada de barrancas, el enemigo estaba bien atrincherado, con control sobre las fuerzas que se acercaban. Desde el frente del río Iberloquen se tenía que producir una ruptura en un terreno fortificado, romper el frente rebelde, extenderse por la izquierda hacia el sureste, y cambiar de dirección de ataque girando desde el sureste hacia el oeste para enlazar con los franceses. Si era tomada la loma de los Morabos la columna de la izquierda llegaría a Tamasint, y se rompería la resistencia rifeña. Una vez tomadas estas montañas, en ellas se podría instalar artillería que batiría el territorio de Beni Urriaguel y facilitaría el avance de las tropas y el sometimiento de la región. Además, la loma de los Morabos poseía un gran valor religioso y simbólico para los musulmanes, y su toma podía indicar el favor divino. 3.11.5.- El teniente coronel Varela, jefe de vanguardia. El 8 de mayo de 1926 se inició el nuevo ciclo de operaciones. Desde Melilla saldrían hacia Alhucemas varias columnas, las fuerzas de González Carrasco. Desde la Rocosa, en Alhucemas, hacia Asgar por las márgenes del río Iberloquen, se movieron las fuerzas del general Castro Girona, divididas en las cuatro columnas ya descritas: derecha, centro, izquierda, y la de caballería, independiente, más una quinta columna de reserva. La columna central, al mando del coronel Balmes, estaba integrada por la Harka de Tetuán, tres Tabores del Grupo de Regulares de Ceuta; cuatro Tabores del Grupo de Regulares de Larache; la 8ª Bandera del Tercio; los Batallones 3º, 5º y 6º de los Cazadores de África; dos Baterías de 10’5 y dos de 7’5 cm. En vanguardia de la columna central del coronel Balmes, avanzaba el teniente coronel Varela con su Grupo de Regulares de Ceuta, con sus tres Tabores de Infantería y uno de Caballería, más la Harka amiga de Tetuán, un Tabor de Regulares de Larache, la 4ª Compañía de Zapadores, una batería de montaña, una estación óptica a caballo, una sección del Parque móvil y otra de acemileros y artolas. El mando de la vanguardia de la columna 644 recayó en el teniente coronel Varela, que había reemplazado pocos días antes en el mando al teniente coronel Eliseo Álvarez Arenas, ascendido a coronel. La marcha se inició a las 4:00 horas, con la Harka de Tetuán y los Regulares de Ceuta en vanguardia, desde la Rocosa. Pronto el enemigo intentó detener el avance con fuego de artillería y fusilería. Los Regulares, bien entrenados, eran capaz de pasar rápidamente del orden cerrado al despliegue de combate, cayendo cuerpo a tierra con eficacia y celeridad. Como dijo Rico de Fe en sus observaciones, “En estas tropas jamás se advierte la clásica guerrilla, esa línea rígida, regular y uniforme en su intervalación y alineamiento a que tan acostumbrados está la vista del profesional en los campos de instrucción. Sin existir aún reglamentos que así lo prescriben, sin haber llegado hasta aquí las orientaciones tácticas dimanadas de la gran guerra, veo con regocijo que funciona en esencia el ‘grupo de combate’ sin la impedimenta francesa del arma automática, pero con toda la aptitud combativa del espíritu alemán. La escuadra de fusileros- granaderos de Regulares es una unidad apta para el fuego, para el avance a 1286 cualquier velocidad para toda clase de maniobras y para el asalto” . Rico destacaba que para mandar estas tropas era necesario ganarse “el cariño apasionado y la admiración fanática” de las mismas, es decir, buscar su afecto y su respeto al mismo tiempo, con actitud y ejemplo. Rico de Fe destacó que los Regulares eran muy eficientes en ataque ortodoxo por pelotones de apoyo y avance mutuo, pero que eran realmente espectaculares en el asalto, esa maniobra que la prensa describía como “asalto a la bayoneta”, cuando los Regulares no utilizaban bayonetas ni armas blancas, sólo su arma de fuego, y granadas de mano. Al llegar a unos cincuenta metros del enemigo, en plena carrera no frenada, se lanzaban las granadas sobre la trinchera enemiga, destrozando cuanto se hallaba en ella. A ello se unía la superioridad moral que daba la certeza de la victoria. Los Regulares de Varela, observó Rico de Fe, no cedían en su avance sin que el fuego enemigo les 1287 detuvieran, provocando en cambio el derrumbamiento del enemigo, amedrantado . El día 8, Varela, al mando de la vanguardia, con gran habilidad táctica, ocupó la meseta de Asgar y la cuenca del Iberloquen. Varela distribuyó con acierto la artillería y las ametralladoras, y lanzó las unidades de Regulares al avance, llegando a asaltar las lomas que dominaban el valle del Guis por el oeste. A las 5:00 la fuerza estaba en la Rocosa, y a las 8:00 se inició el avance sobre las alturas de Asgar para enlazar con las columnas de la derecha y la de reserva. El enemigo, muy bien parapetado en el poblado 1286 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 132, “Los Regulares de Ceuta”, de Rico de Fe. 1287 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 136, “Los Regulares de Ceuta”, de Rico de Fe. 645 de Asgar, resistió. A las 9:00 el 1º Tabor y la Harca de Tetuán llegaron a las casas y las desalojaron, apoderándose de armamento y municiones, siguiendo por la margen izquierda del río Iberloque. Llegó el 2º Tabor, y finalmente se coronaron las alturas de 1288 Asgar, venciendo el duro y eficaz fuego del adversario . Fue una maniobra realmente 1289 brillante, por la que el teniente coronel fue calurosamente felicitado . Se avanzaron tres kilómetros, y hubo treinta bajas de oficiales y quinientas diez de tropa. Los Regulares ocuparon el morabito de la colina de Asgar para vivaquear en ella, pese a hallarse en el escalón avanzado y sufrir el fuego del enemigo. Los rebeldes instalaron un cañón y con él comenzaron a bombardear el morabito, mientras éste era fortificado. En el edificio hicieron impacto hasta siete granadas, pero los oficiales instaron a los regulares a seguir trabajando en los parapetos. El capitán de la sección de ametralladoras resultó herido, asumiendo el mando el teniente Riera, el cual, con su ejemplo, mantuvo a sus hombres en activo para impedir el asalto, hasta que un impacto artillero enemigo segó su vida. El oficial al mando solicitó voluntarios para informar de la situación de la posición al mando y solicitar apoyo artillero, presentándose todos voluntarios para la difícil misión de exponerse al fuego enemigo siendo portadores del mensaje. Finalmente, se encargaron de tal hecho los soldados Ignacio López Molinas y Ben Aixa Ben Said, cada uno por un itinerario diferente. El teniente coronel Varela contestó: “Acabo recibir su comunicado que me complace por su alto espíritu, lamento las bajas sufridas que mañana serán evacuadas y tenga la seguridad que en caso de ataque nocturno, las guarniciones de su línea sabrán poner muy alto el nombre de los Regulares de Ceuta que desde hoy empiezan a escribir una 1290 brillante página bajo mi mando, del que tan honroso estoy. Varela” . Al día siguiente, 9 de mayo, de nuevo en la vanguardia, ahora encabezada por la 8ª Bandera del Tercio, Varela avanzó a las 8:00, hacia la Loma de los Morabos, pese al numeroso enemigo atrincherado, que enfilaba a las tropas de España con cañones, ametralladoras y fusilería, batiéndolo, y ocupando el objetivo, unas casas, junto a las 1288 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 294, Diario de Tetuán, 1 de abril de 1947, “La Tercera Laureada. El episodso más brillante de la campaña del Rif”, escrito por José Carrasco Téllez. 1289 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 79. “Regulares de Ceuta. Operación del día 8 de mayo de 1926”; Carpeta 6, fol 274, “Méritos contraídos por el Tte. Coronel del Grupo de Regulares de Ceuta Don José Varela Iglesias en la operación del día 8 de mayo sobre ASGAR y que figuran en parte propuesta formulado por el Jefe de la Columna [coronel Balmes]”; Carpeta 6, fol 290, felicitación del general en jefe al teniente coronel Varela y al comandante Capaz, a través del jefe de la Columna, coronel Balmes, fechada el 8 de mayo de 1926 en Asgar. 1290 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 143-146, “Los Regulares de Ceuta”, de Rico de Fe, fechado en Ben Ituz el 5 de junio de 1926. 646 1291 fuerzas a las órdenes del teniente coronel Buruaga . Pero la presión enemiga y el fuego artillero fueron tan intensos, que provocaron la baja de veintiún oficiales y doscientos cincuenta y uno de tropa. El Gobierno dio entonces la orden de suspender la operación ante el temor a un desastre. Pero Sanjurjo tenía confianza en sus hombres, y el día 10 ordenó atacar. 3.11.6.- La Loma de los Morabos. El día 10 de mayo, el frente se endureció. La loma de los Morabos, un conjunto sagrado de cuatro cimas, era el último escalón de defensa del Cuis, y su toma representaría un golpe muy importante para el prestigio de Abd el-Krim. El avance, que no había dejado de encontrar fuego enemigo, y que había costado al Grupo más de un centenar de bajas, se hizo más lento al acercarse a la Loma de los Morabos, donde el enemigo se había atrincherado. El teniente coronel Varela, en la vanguardia, se encontró con resistencia enemiga al estar fortificado. La Loma resistía, y el ataque español fue frenado. Fue necesario el apoyo de artillería y aviación para intentar abrirse camino durante dos horas, pero el enemigo, bien parapetado, no cedió. Los Regulares de Ceuta estaban a unos 1.500 metros del enemigo, separados de él por dos hondos barrancos. La ortodoxia imponía salvar la distancia a través de un avance escalonado entre pelotones que saltaran y otros que cubrieran con fuego. Varela, no obstante, buscó una manera diferente de hacer las cosas. No hubo improvisación. De nuevo condujo sus fuerzas preparando minuciosamente los asaltos, instalando con habilidad el apoyo de las ametralladoras y aprovechando en terreno. El enemigo estaba bien atrincherado, y se defendía con cañones y armas automáticas, pero Varela orquestó los asaltos de su Grupo de Regulares y la Bandera del Tercio, con él en cabeza, provocando la retirada del 1292 enemigo ante el impetuoso avance . Formó a los Regulares en líneas de a cuatro, 1291 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 80, “Regulares de Ceuta. Operación del 9 de mayo de 1926”; Carpeta 6, fol 275, “Méritos contraídos por el Tte. Coronel del Grupo de Regulares de Ceuta Don José Varela Iglesias en la operación del día 9 de mayo sobre la loma de los Morabos y que figuran en parte propuesta formulado por el Jefe de la Columna [coronel Balmes]” 1292 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 81, “Regulares de Ceuta. Operación del 10 de mayo de 1926”; Carpeta 6, fol 276, “Méritos contraídos por el Tte. Coronel del Grupo de Regulares de Ceuta Don José Varela Iglesias en la operación del día 10 de mayo sobre “la loma del Cañón”, “Del arbolito” y “de las Trincheras” y que figuran en parte propuesta formulado por el Jefe de la Columna [coronel Balmes]”: “En este día puso otra vez de manifiesto el Teniente Coronel Varela el valor heroico que posee, revelando un conocimientoperfecto de nuestra misión en la actual campaña y de la importancia que en determinados momentos tiene una acción rápida y vigorosa encaminada a ganar la moral del contrario, 647 reunió a los jefes de los tres Tabores, estableció los objetivos, y poniéndose al frente, ordenó el asalto, gritando “¡Arriba mis Regulares! ¡Viva España!”, mientras el cornetín tocaba “ataque”. Los Regulares se lanzaron a una carrera desenfrenada por el terreno desafiando el fuego enemigo, encabezados por el menudo teniente coronel, que sonreía a sus hombres, que le contestaban con gritos de guerra. La masa de los Regulares coronó rápidamente las cuatro cimas de la Loma de los Morabos, chocando con los sorprendidos defensores, muchos de los cuales optaron por arrojar las armas y salir huyendo, abandonando las municiones, víveres y armas: fusiles, ametralladoras y tres 1293 cañones, de procedencia francesa . Goded lo describe así: "Al amanecer del día 10 la agrupación Varela, de la columna Balmes, inició la ataque de las posiciones de la Loma de las Trincheras o de los Morabos, después de una intensa preparación artillería y de aviación. Al mismo tiempo la Harka de Tetuán y los Regulares de Melilla atacaron la Loma del Cañón. A las nueve y tres cuartos de la mañana ambos objetivos estaban en nuestro poder, realizando los Regulares de Ceuta y los Legionarios de la 8ª Bandera, dirigidos por Varela, uno de los episodios más brillantes de esta campaña en el asalto a la Loma de las Trincheras, en el que se llegó a la lucha cuerpo a cuerpo, pues el enemigo resistió hasta el último momento para tratar de retirar y salvar su 1294 artillería" . El enemigo dejó muchos muertos y cinco piezas de artillería. El Grupo de Tetuán perdió doce oficiales y ciento quince de Tropa. Sanjurjo, ya Alto Comisario se dio cuenta de la relevancia del ataque y contó a El Noticiero: "es un caso de Laureada". tan necesaria para futuros avances”; Carpeta 6, fol 284, “La tercera jornada. La línea de Asgar a los Morabos”. 1293 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 133, “Los Regulares de Ceuta”, de Rico de Fe; fo l 152, El Mensajero de Jerez, 15 de junio de 1926, “Los Regulares de Ceuta en sus últimas operaciones”: “Bastó que el mago de las audacias inverosímiles, de las hazañas sobrenaturales mostrase en alto su varita encantada y todos siguieron a Varela sugestionados, fanatizados, enloquecidos, los gritos eran ensordecedores, el triunfo se mascaba, nadie reparaba en lo que atrás pudiera quedar, sólo convergían las miradas y los corazones en la silueta invencible y sublimizada del as del heroísmo, del Jefe de estos bravos, que con sus pulmones de titán y sus piernas de acero marchaba siempre delante, siempre el primero. “De vez en cuando este mago volvía la cara a su gente y con esa risa peculiar de su carácter, con esa risa plena de esperanzas, de alegría y de irresistible fuerza sugestionadora, les infundía nuevos y pujantes alientos a los que ellos respondían agradecidos con vibrantes y atronadores gritos de guerra. Y así llegó la tromba a coronar las cuatro lomas de los Morabos, y luego vino el choque, y por fin la huída del enemigo a la desbandada, cayendo de cabeza por las barrancadas que afluyen al Guis y abandonando todo: cadáveres, heridos, víveres, municiones, fusiles, ametralladoras y hasta tres cañones”. ACGJEVI, Carpeta 6, fol 287, La Nación, 11 de mayo de 1926, “España y Francia en Marruecos. Durante el avance por el sector de Axdir numerosos grupos de cabileños de la zona insumisa se unen a nuestras tropas”, relata que Varela se apoderó de dos cañones, y tres más inutilizados; Carpeta 6, fol 289, 11 de mayo de 1926, “La operación de ayer. Posiciones asaltadas por las tropas indígenas del teniente coronel Varela”, afirma que las armas capturadas fueron dos cañones de 7’5, un mortero de trinchera, seis ametralladoras, tres fusiles ametralladores, municiones y abundante material telefónico. 1294 Pemán, J.Mª, p. 81. 648 Sanjurjo aconsejó a Varela que la pidiera, pero éste no quiso, "porque las recompensas 1295 deben ser propuestas por los jefes para sus subordinados" . Para Rico de Fe, el artífice del triunfo fue Varela, que supo imprimir a sus hombres el coraje para, en cinco minutos, recorrer el accidentado kilómetro y medio que les separaba del enemigo, hazaña conseguida gracias a su estupenda forma física, a su elevado grado de disciplina, y a la confianza que les inspiraba su teniente coronel. Fue una hazaña que bordeó la locura: lanzarse contra un enemigo bien atrinchero y armado. Pero que tuvo más de inteligencia, y preparación, que de aventura, sino obra de un jefe dotado de visión táctica, intuición de la oportunidad, voluntad férrea, sangre fría y “una 1296 cultura profesional harto tamizada en esta dura experiencia africanista” En "El Noticiero Sevillano", del 4 de junio de 1926, el periodista describe: "Tenemos que llegar a los escalones más avanzados para encontrar a Varela. Está como siempre oteando el horizonte y parece que no es sólo su vista, sino que todos sus sentidos vibran y reciben de las guerrillas y de todo el frente misteriosas 1297 comunicaciones impalpables" . Al ser preguntado por la técnica utilizada, respondió que percibió el momento del asalto, y decidió atacar, pidiendo autorización al mando: "Comprendí que no había más que un camino, lo propuse al mando y pedí orden por escrito. Era demasiado grave. Cuando tuve la orden monte a caballo. Había que atacar en masa con toda la infantería disponible. Dispuse toda la vanguardia en líneas de a 4 y que porque es preciso para encender a la gente: ¡Vivan los Regulares! ¡Viva la Legión! ¡Viva España!... Piqué espuelas y ya no 1298 volví a mirar hacia atrás..." . Para los rifeños, el triunfo de Varela fue una manifestación de la voluntad divina. En opinión de un caíd, enunciada años después, “Desde aquel día comprendimos que Dios está con el majzen y decidimos en nuestro corazón obedecer 1295 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 282, nota manuscrita añadida al texto mecanografiado “Jefes de Vanguardia: Varela”, copia del artículo aparecido en El Noticiero Sevillano, del 4 de junio de 1926. La nota dice: “Oí contar a Varela que Sanjurjo le dijo que pidiese la Laureada por esta operación. Varela no quiso pedirla porque decía que estas recompensas no las deben pedir los interesados sino sus jefes. Es posible que en esta ocasión le perjudicara tener ya dos dos laureadas, porque el caso de tres parecía aplastante” (subrayados en el original); Pemán, J.Mª, p. 81; ACGJEVI, Carpeta 6, fol 296, Diario de Tetuán, 1 de abril de 1947, “La Tercera Laureada. El episodso más brillante de la campaña del Rif”, escrito por José Carrasco Téllez, recoge una conversación entre Sanjurjo y Varela, en que éste le dice que tan sólo ha cumplido con su deber y se consideraba pagado con la distinción de sus superiores y la satisfacción de servir a la Patria. 1296 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 136, “Los Regulares de Ceuta”, de Rico de Fe; Carpeta 6, fol 156, El Mensajero de Jerez, 27 de junio de 1926 “Los Regulares de Ceuta en Marruecos”, reproducido de La Correspondencia Militar, del 5 de junio de 1926, crónica de Rico de Fe, escrita en las Lomas de Tamasin, en 12 de junio de 1926. 1297 Pemán, J.Mª, p. 80. 1298 Pemán, J.Mª, p. 80. 649 este aviso del cielo, poniéndonos dentro de la legalidad, de la que nos vimos forzados 1299 apartarnos” . Con la caída de la Loma de los Morabos, el poder de los Beni Urriaguel se quebró definitivamente. El día 11 comenzó el envolvimiento del frente, a cargo de la columna de la izquierda del coronel Mola, que se dirigió hacia la izquierda del frente, y ocupó la meseta de Tafras, en la orilla derecha del Guis, con muy pocas bajas. La columna de Caballería, deslizándola a la izquierda de Mola, llegó a la playa y al río Nekor. La salida de los Beni Urriaguel al mar estaba cortada. Paralelamente, en el sector oriental, la columna española del coronel Campins, al mando supremo del general González Carrasco avanzaba desde Isen Lasen y Azib de Midar, por la orilla izquierda del río Kert hacia el zoco el Telata de Aslef. La columna Ponte cruzó el desfiladero de Sidi el Hach Abd el Kader y apoyó a los franceses en la ocupación del Yebel Rekbaba, para enlazar tropas francesas y españolas. El día 9 de mayo las columnas de Campins y Ponte ocupaban el Zoco el Telata de Aslef. Desde este punto, las columnas españolas giraron hacia el oeste, avanzando hacia río Nekor y cerrando la cabila de Beni Tuzin por el sur. Desde el día 11 de mayo, las tropas españolas controlaron la llanura entre el Guis, al oeste, y el Nekor, al este. Un poco más al sur, las tropas francesas avanzaban por la región de Fez con muy poca resistencia, y al mando de los generales Ibos y Dosse, y del general Vernois, avanzaron hacia el norte desde el valle del río Werga; pero tropezaron con encarnizada resistencia en el Yebel Izcriti, un baluarte para la defensa del Rif, que fue conquistado cuerpo a cuerpo por la División Marroquí. Una parte de las fuerzas españolas de Axdir, tras la ocupación de la línea del río Guis, avanzaron hacia el sur, hacia el corazón de Beni Urriaguel. El 15 de mayo, una vez más en la vanguardia de la Columna del centro, Varela, tras cruzar el Guis, operó sobre la loma del Morabo de Sidi Yusef. La barrera montañosa del Guis, que protegía el fértil corazón de las cabilas rebeldes, debía ser defendida por éstas a cualquier precio. Tras un bombardeo de artillería v establecimiento de las tres compañías de ametralladoras, se inició el avance. Un Tabor marchó a toda velocidad por la margen amiga del río para hacer creer al enemigo que iba a rebasarlo y rodearlo por su flanco izquierdo, mientras otro Tabor se descolgaba hacia el valle, seguido por un tercer Tabor. 1299 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 295, Diario de Tetuán, 1 de abril de 1947, “La Tercera Laureada. El episodso más brillante de la campaña del Rif”, escrito por José Carrasco Téllez. 650 Se cruzó el río y se inició la escalada de la orilla enemiga, ante la pasividad de los rebeldes. Al coronar la primera meseta, los rebeldes rompieron el fuego, con ametralladoras. La artillería y fusilería españolas rápidamente hicieron fuego sobre la loma enemiga, para silenciar el fuego hostil. La artillería española disparaba con una pulcritud exhaustiva para no dañar el santuario de Sidi Yusef. Los Regulares del 2º Tabor llegaron hasta el recinto sagrado a las 9:00 horas, y entonces fue la artillería rebelde la que impactó y derribó parte del ermitorio, dejando al descubierto del sepulcro. Los Regulares de Ceuta establecieron rápidamente un perímetro de seguridad en torno al lugar para que no fuese profanado. Al llegar a la puerta de la mezquita, en ella se halló clavado un papel que decía, en árabe: “Se ruega al Gobierno Español que respete este lugar sagrado para que cuando nos sometamos podamos volver a hacer nuestros rezos”. Tal petición no hizo falta. En resumen, Varela guió a las tropas por la ruta más adecuada y desenfilada del enemigo para el asalto gracias a su visión táctica 1300 del terreno, realizando una tenaza, hasta ocupar la posición . El coronel Ponte, apoyado por Mola, se dirigió con la columna de Caballería tras cruzar el Guis hacia el este, para ocupar el Zoco Tenin de Beni Bu Ayast, cruzó el Nekor, y llegó a Sidi Baki. El 17 de mayo, Varela, tras señalar el cometido a la Caballería de su Grupo, lo que puso de manifiesto su gran aprovechamiento de esta Arma, concentró a la columna de Infantería desenfilada del fuego de fusilería enemigo, y escaló rápidamente las alturas sobre el arroyo Tamasint, cota 540 y alturas y bosque de Sidi Brahim, ocupándolas de forma brillante, con pocas bajas y escasa resistencia enemiga, capturándole morteros, ametralladoras francesas, cañones de respeto, municiones y 1301 enseres . Los días 18 al 20 se enlazó el dispositivo de Varela con la columna de la izquierda, avanzado la vanguardia hacia el valle de Tamasínt, cayendo así el cuartel general de Abd el-Krim. 1300 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 82, “Regulares de Ceuta. Operación del 15 de mayo de 1926”; ACGJEVI, Carpeta 6, fol 141-142, “Los Regulares de Ceuta”, de Rico de Fe; Carpeta 6, fol 277, “Méritos contraídos por el Tte. Coronel del Grupo de Regulares de Ceuta Don José Varela Iglesias en la operación del día 15 de mayo de 1926 sobre el Morabo de Sidi Yusaf y que figuran en parte propuesta formulado por el Jefe de la Columna [coronel Balmes]”. 1301 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 83, “Regulares de Ceuta. Operación del 17 de mayo de 1926”; Carpeta 6, fol 278, “Méritos contraídos por el Tte. Coronel del Grupo de Regulares de Ceuta Don José Varela Iglesias en la operación del día 17 de mayo sobre Tamasit y que figuran en parte propuesta formulado por el Jefe de la Columna [coronel Balmes]”: el teniente coronel Varela “Evidenció como siempre extraordinarias aptitudes y un especial conocimiento de la acción combinada de las distintas armas y servicios”; Ensayo sobre el Historia del 3er Grupo de Regulares, p. 77. 651 Por otro lado, la columna de González Carrasco proseguía su avance, coordinado con la división francesa del general Dosse, y el día 15 de mayo dominaba el desfiladero de Tizi-Nandrar, que une los valles del Kert y del Nekor, gracias a que la Harka de Melilla, los antiguos hombres de Varela, mandada por el comandante Martínez Zaldívar, ocupó de noche y por sorpresa el Yebel Tisimil y su batería. El día 17, González Carrasco pisaba la meseta de Tessef, a catorce kilómetros de Axdir y se comunicó con ella por telégrafo óptico. El día 18 de mayo el coronel Pozas llegó a las ruinas carbonizadas de Annual, tras someter a la cabila Tasaguin. Envió entonces el siguiente emotivo telegrama: “Al pisar de nuevo Annual después de cinco años ausencia, saludamos emocionados a España entera, dedicando sentido recuerdo a los héroes que aquí murieron en defensa Patria. Se unen este saludo jefes indígenas me acompañan, agradecidos al Majzen que los ha liberado yugo cabecilla, que los tenía esclavizados, rogando transmita a V.E. ferviente homenaje y firme 1302 adhesión España” . El texto es muy significativo: España perdonaba la rebelión, cargaba toda la culpa sobre Abd el-Krim y actuaba como simple agente pacificador del Majzen y liberador de la tiranía rebelde. Esta actitud ayuda a explicar la rápida y absoluta sumisión de los hasta entonces irreductibles rifeños. Castro Girona encontró resistencia para mantener su avance en el norte, pero presionó hacia el norte y el oeste, cruzando el Nekor el 20 de mayo, enlazando con las tropas de González Carrasco, a poca distancia de Targuist, y siguió, atravesando Zoco el-Telata de Azlef en Beni Tuzin. El 22 de mayo el general Sanjurjo y su estado Mayor recorrieron a caballo el camino entre Axdir hasta el Kert. Allí, el general tomó su automóvil, cruzó el llano del Garet y llegó a Melilla. 3.11.7.- La rendición de Abd el-Krim Varela tenía establecido un servicio de información e “inteligencia”, muy novedoso para la época, gracias al cual pudo establecer importantes relaciones y obtener revelaciones muy importantes. Varela recibió el día 19 de mayo de 1926, a un pariente del caíd Solimán, Hamedan-Hamadi, natural del Duar Esessefen cerca de Amekran, que le reveló que amplias porciones del territorio enemigo estaban prestas a someterse; que 1302 Servicio Histórico Militar, Historia de las Campañas de Marruecos, t. IV, p. 131. 652 gentes huídas de los poblados abandonados por el enemigo deseaban someterse al Majzen a través de la intercesión del caíd Solimán el Jatabi, y que en nombre de ellas había acudido a los Regulares de Ceuta. Manifestó que la cabila de Bocoya deseaba también la paz, y que se había negado a suministrarle hombres a Abd el-Krim, así como Temsaman y Beni Tuzin, y que la mayoría de estos poblados mostrarán banderas blancas al paso de los españoles. También explicó que había una pequeña concentración rebelde cerca de Ait-Kámara con un cañón, y que Abd el-Krim estaba en su oficina de Tamasin, con su familia, su ministro “Pajarito”, su secretario Si Hamed Bel Hachs Chidi, y otros cabecillas rebeldes con teléfonos para comunicarse con otros, y con los prisioneros franceses; que los prisioneros españoles, ante el avance de las fuerzas de España, habían sido trasladados de Tamasin a Bu Salah, donde muchos habían muerto de fiebres, pero donde aún habían unos doscientos, así como mujeres, en general bien tratadas. Dijo también que la caída de Tamasin sería decisiva para conseguir la 1303 rendición de muchas familias . El 20 de mayo, una maniobra salvó a la Harka auxiliar del ejército español del desastre. El avance se había realizado sin demasiados problemas, y se había ocupado la cota 850 con pocas bajas. Pero en un flanco, la Harka auxiliar se metió en una difícil situación, batida por numeroso enemigo bien parapetado en el terreno. La Harka comenzó a retroceder, comprometiendo al resto de la columna al abrir una brecha en la línea, pero Varela acudió en su apoyo con una parte de su Grupo de Regulares, y gracias a su valor y su prestigio contuvo la retirada y la redirigió, poniéndola a salvo de una 1304 forma fácil y sin bajas . Se planteó abandonar la cota 850, pero Varela fingió conservarla y fortificarla, con lo que la presión enemiga cedió. Al anochecer, Varela dio la orden de resistir, pero al mismo tiempo mandó el repliegue del Tercio, después de los Regulares del 2º Tabor, y por último la Harka. Al darse cuenta del engaño, los rebeldes intentaron reaccionar, pero el escalonamiento de la retirada, metódico y riguroso, impidió que éstos rodearan la retaguardia española. Los rebeldes se vieron frenados por la fusilería, las barreras móviles de ametralladoras y las granadas de mano en descargas 1303 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 85. 1304 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 84, “Regulares de Ceuta. Operación del día 20 de mayo de 1926”; Carpeta 6, fol 279, “Méritos contraídos por el Tte. Coronel del Grupo de Regulares de Ceuta Don José Varela Iglesias en la operación del día 20 de mayo y que figuran en parte propuesta formulado por el Jefe de la Columna [coronel Balmes]” 653 colectivas. A las 00:00 horas, la columna llegó a su vivac. Las bajas fueron de un muerto y veintisiete heridos. La maniobra de retirada era llamada, en el argot africanista, como “despegarse”, “descolgarse”, “chaquetear”, “enculamiento”, “petaqueo”, y siempre era peligrosa porque los rebeldes intentaban envolver el extremo de la retaguardia, conseguir “el copo de la retambufa”, para aniquilarlo, provocando la angustia y el pesar en el resto de la columna, y su desmoralización ante la impotencia de abandonar a un grupo de 1305 sacrificados compañeros en manos del enemigo . La conclusión respecto a Varela de sus superiores fue clara: se había revelado una vez más como un jefe competente, con “aptitudes extraordinarias y méritos de gran relieve que el mando debe sacar partido para ser utilizado en cometidos y 1306 misiones superiores al que le corresponde en su actual empleo” . Mientras tanto, Abd el-Krim perdía partidarios con sus derrotas y su actitud tiránica. Los caídes más importantes del Rif, como Amar-Boaza, Ahmed Cheddi, que había participado en la conferencia de paz de Uxda, Haddu Ben Mohamed Amizzien y Allal ben Hach de Tensaman, se sometieron. Abd el-Krim ordenó a sus lugartenientes lanzar una ofensiva contra las posiciones españolas en Tetuán, en Beni-Madan. El 10 de mayo, El Jeriro y Ahmed Budra asediaron las posiciones españolas de Bodara (Budara), Barcáiztegui y Castillo, llegando hasta a once kilómetros de Tetuán, hostilizando el llano del río Martín para obstaculizar la llegada de víveres y refuerzos. Pero Sanjurjo mantuvo la ofensiva principal y no desplazó tropas hacia Tetuán. Asumió el mando de las fuerzas allí situadas, mientras el coronel Perteguer coordinó las fuerzas de artillería, apoyado por los cañones de los cruceros Princesa de Asturias y Reina Victoria, y cañoneros Cánovas del Castillo y Uad Martín. La operación se realizó el 19 de mayo de la siguiente manera: una pequeña columna de Intervenciones, con camiones blindados, efectuó un intento de cruzar el río Martín por el vado frente al campo de aviación. Los rebeldes, atrincherados frente a dicho vado, se propusieron resistir, y no se apercibieron que durante la noche las columnas de los coroneles Prats y Sanz de Larín construían sendos puentes, por los que cruzaron el cauce y envolvieron a las posiciones rebeldes entre Bodara y el río. Sanz de Larín, muy rápidamente, mientras los 1305 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 139-140, “Los Regulares de Ceuta”, de Rico de Fe; fechada en Azgar el 24 de mayo de 1926. 1306 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 279, “Méritos contraídos por el Tte. Coronel del Grupo de Regulares de Ceuta Don José Varela Iglesias en la operación del día 20 de mayo y que figuran en parte propuesta formulado por el Jefe de la Columna [coronel Balmes]” 654 rifeños frenaban a Prats y a la columna de Intervenciones, alcanzó la posición de Castillo y atacó a los rebeldes por la espalda, que dejaron setenta y ocho muertos y veintiún prisioneros. Los rebeldes huyeron abandonando todos sus cañones. El 18 de mayo, Mohamed Meknassí, su secretario, reveló a los franceses el escondite de Abd el-Krim en Targuist, que bombardearon la población. Cuando las fuerzas españoles de Axdir y Melilla convergieron en el Nekor, el día 20 de mayo, Abd el-Krim comprendió que no podría escapar hacia Tánger. En principio, según recogió de los rifeños el capitán Sánchez Pérez, el líder rifeño se planteó organizar una resistencia desesperada en Sidi Abd-lah Ben Yusef, pero su familia le convenció para que abandonara la idea. Huir alcanzando la costa, para embarcar en un falucho que le transportara a Tánger o a Gibraltar suponía abandonar a su familia. Por ello, Abd el- Krim intentó negociar la paz. El 23 de mayo, las tropas españolas entraron en Targuist. Abd el-Krim se refugió en Snada, en Beni Iteft, en casa del jerife Hamido el-Wazzaní. Aprovechando los esfuerzos de negociación del Residente General francés, Mr. Steeg, disfrazados bajo la cobertura de una misión sanitaria, Abd el-Krim escribió a Steeg y a Sanjurjo pidiendo el cese de hostilidades y la apertura de nuevas negociaciones en Uxda. España se opuso al envío de una nueva comisión de paz, pero de todas formas los acontecimientos se precipitaron. Abd el-Krim comprendió que la mejor solución era rendirse a los franceses, pues los españoles deseaban ejecutarlo por su crueldad con los prisioneros. Decidió rendirse a las tropas francesas más cercanas, las del coronel Corap, escribiéndole una nota de rendición. Según Gómez-Jordana, Steeg envió al citado coronel para convencerle, prometiéndole la vida, e incluso el perdón, para él y sus familiares. El coronel le envió a dos de sus oficiales, el capitán Zufren y el teniente de 1307 navío Montagne, quienes finalmente convencieron al líder rifeño . El día 25 de mayo, Abd el-Krim notificó a los franceses que se rendiría, pidiendo protección para sí y su familia, y que ya había ordenado la liberación de los prisioneros. Los franceses aceptaron las condiciones. De estas conversaciones los españoles no supieron nada: incluso el día 26 de mayo se bombardeó la ciudad donde se estaban desarrollando, cuando en ella se encontraban los enviados franceses. Ese mismo día llegaron a Targuist 1308 los prisioneros franceses y españoles . 1307 Gómez-Jordana Souza, F.: La tramoya de nuestra actuación en Marruecos, p. 181. 1308 Sánchez Pérez, A.: La acción decisiva contra Abd-el-Krim, p. 140-141. 655 El 27 de mayo de 1926, Abd el-Krim y los suyos salieron de Snada de 1309 madrugada, y en Targuist se entregaron al general Ibos y al coronel Corap . Entre su comitiva estaba su hermano M’hamed, Azerkan, Cheddi, el ministro de finanzas y tío suyo Abdesalam el-Khattabi, la madre de Abd el-Krim, sus dos esposas, Thaimut y Fátima, sus tres hijos e hija, así como la esposa e hijos de M’hamed, El equipaje fue cargado en doscientas setenta mulas, y entre ellas se supone que iba una fortuna, 1310 250.000 dólares . Abd el-Krim y su familia y ministros fueron bien recibidos y tratados, conducidos a Taza y a Fez. De esta forma, Abd el-Krim se escapó, tanto de los españoles, como de sus enemigos del Rif. Los franceses lo deportaron a la isla de Reunión, pero Azerkan y otros menos peligrosos pudieron quedarse en Marruecos. En Reunión, hacia donde embarcaron el 2 de septiembre, Abd el-Krim gozó de la propiedad de una finca rural y una subvención de 100.000 francos anuales. El total de exiliados rifeños sumaba unas ciento cincuenta personas. El mismo día que Abd el-Krim se entregaba, el 27 de mayo, los españoles lanzaron un ataque sobre la Loma Negra, que había sido ocupada y abandonada en día anterior dado lo precario de la posición. Se inició la progresión desde la cota 850, sin problemas, a las 5.00 horas, por la vanguardia de la columna del centro, a las órdenes de Varela, y tras establecer contacto con la columna de la izquierda, se avanzó hacia el Guis. Al coronar la cresta, se descubrió que las trincheras enemigas estaban vacías, y las casas deshabitadas. La sorpresa se trocó en alegría al llegar al galope tendido un ayudante del jefe de la columna, con el mensaje de que Abd el-Krim se había entregado a los franceses. La emoción se desató entre todos. Los oficiales decían entre ellos. “ya 1311 se acabó la guerra”, y prorrumpieron en un entusiasta “Viva España” . Estaban felices por que representaba el fin de las hostilidades. Pero los soldados regulares no estaban contentos, y murmuraban según el periodista Rico de Fe, que la guerra no había acabado: “Susi, susi; Abdelkrim marchar, otros quedar”. Los Regulares de Ceuta recibieron la orden de proseguir el avance hacia la cabila de Ait Kámara, y en medio de un calor sofocante, por barrancos profundos y escasez de agua, se siguió hacia la loma Gredosa, llamada así por su composición mineral y su blancura. Los aduares del camino, arruinados por la contienda, ostentaban la bandera blanca. Al coronar la cresta 1309 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 86, Heraldo de San Fernando, 27 de mayo de 1926, “Abdelkrim se rinde a las autoridades francesas”. 1310 Woolman, p. 234. 1311 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 147-148, “Los Regulares de Ceuta”, crónica de Rico de Fe, escrita en Beni Bu Frah el 12 de junio de 1926. 656 de la loma Gredosa el enemigo les recibió con fuego, entablándose combate, con pocas bajas hasta las 18:00 horas, pese a lo cual la posición fue ocupada y guarnecida. En esta jornada, el periodista Rico de Fe testimonió dos mitos falsos sobre los oficiales africanistas. Al constatar la alegría por la cercana paz, preguntó a los jóvenes oficiales si no amaban la guerra, que les reportaba honores y ascensos, y le respondieron que en absoluto, que su arrojo y valor se debía a su amor al servicio y a España, pero no a la ambición. Devorado por la sed, descubrió también que los oficiales no portaban bebidas alcohólicas, sino que en sus cantimploras llevaban café frío, agua con café, o como mucho agua con coñac. Al preguntar por la fama de alcohólicos de los oficiales africanistas, le contestaron: “En épocas pasadas, ya lejanas por fortuna, se toleró la costumbre inexplicable y desde luego contraproducente de que algunos espíritus apocados cargasen el motor en plena presión para entrar en funciones; pero tal costumbre, que sobre ser una indignidad, incapacita el cerebro para regular oportunamente los impulsos del corazón, ha desaparecido para siempre; sin perjuicio de que cada cual dé rienda suelta a sus alegrías y aficiones, cuando ya en la plaza se encuentra desligado de las responsabilidades del mando, y aún entonces dentro de la corrección e hidalguía que por doquier han caracterizado al Caballero 1312 que se honra con las insignias de Oficial del Ejército español” . Retórica aparte, estaba claro que el oficial del Ejército de África de 1926 era muy diferente del de etapas anteriores: más profesional, menos clasista, e integrado con sus hombres. En esta época, los oficiales africanistas ya están plenamente consolidados como grupo. Sus características, establecidas por Mas Chao, son la profesionalidad y entrega a la Milicia, apartado de la política e incluso en buena medida de la vida civil, la mayor consideración y prestigio de la Infantería y la Caballería frente a Artillería, Ingenieros y Estado Mayor, y dentro de ello, la predilección por las fuerzas de voluntarios y profesionales, y el prestigio del personal combatiente, la formación de una estrecha unidad entre todas las Armas, y una intensa camaradería entre los Cuadros de Mandi, fruto de las campañas y de los combates, frente a la rigidez que imperaba en las relaciones entre los Mandos en otras zonas de España. Mas Chao plantea otros aspectos, más negativos, que sin embargo quizá deben ser matizados o discutidos. Es cierto que el africanismo contribuyó a la división del Ejército; pero decir que los oficiales africanistas desdeñaban las tareas de Estado Mayor quizá fuera cierto en algunos oficiales como 1312 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 150, “Los Regulares de Ceuta”, crónica de Rico de Fe, escrita en Beni Bu Frah el 12 de junio de 1926 657 Fernández Silvestre, pero no se puede generalizar como, por otro lado, el propio autor reconoce. Las acciones arriesgadas de choque también eran concienzudamente preparadas y ejecutadas, como se aprecia muy bien en diversos documentos del Archivo 1313 del general Varela . Los Beni Urriaguel intentaron presentar nuevo combate en las laderas de Jebel Haman, el 28 de mayo, y en la orilla izquierda del río Guis, en el mercado de Thisar, el 29 de mayo, siendo nuevamente derrotados. El 29 de mayo, las columnas del cuerpo de Axdir, avanzaron sin obstáculos. El Grupo de Regulares de Ceuta se concentró en la vanguardia en Sidi Yusef, ocupándose sin resistencia Ait-Hámara. Por su parte, la columna de González Carrasco, que había ocupado Cudia Chekran, encontró resistencia en el zoco el Had de Tizar, en la confluencia de los ríos Isken y Guis. El día 30 de mayo, las columnas de Mola y Dolla avanzaron hacia el sur para apoyar a González Carrasco, ocupando la fracción de Beni Abdallah, de los Beni Urriaguel, mientras las columnas de Ponte, Castillo y Balmes ocupaban las fracciones de Tigidit y Bocoia, y las er cabilas de Beni Itef y Bebni Bu Frah. Ese mismo día, el 30 de mayo, el 1 Tabor del Grupo de Ceuta socorrió a la Harka de Tetuán, hostilizada desde las alturas de U’Kreixa. Fue el último combate de la contienda para los hombres de Varela. El 10 de junio, el Gran Visir del Protectorado, Sidi Ben zús, recibió en Eizoren, en nombre del Jalifa, la sumisión de la cabila de Beni Urriaguel Los prisioneros españoles fueron liberados. Al principio habían sido relativamente bien tratados mientras los rifeños creyeron que serían rescatados a cambio de dinero. Pero después fueron tratados con rudeza, obligados a realizar trabajos forzados, mal alimentados, sufriendo mucho frío. Los prisioneros llegaron el 26 de mayo a Targuist. No había sobrevivido ningún oficial superior, de los cuarenta que habían caído prisioneros. De los ochocientos veinticuatro cautivos españoles, llegaron a Targuist sólo ciento sesenta y dos soldados, dos mujeres y cuatro niños. Si a ellos añadimos veintidós huidos, la cifra de españoles muertos en cautiverio era de seiscientas 1314 cuarenta personas . De ellos, al menos ciento sesenta y dos soldados y diecinueve 1315 oficiales aún estaban vivos el mes anterior . Los franceses eran catorce oficiales, veintisiete soldados y diecinueve civiles, así como ciento doce argelinos y senegaleses. Menos de la mitad de los capturados había sobrevivido. El teniente Clerguet testimonió 1313 Mas Chao, A., La formación de la conciencia africanista, p. 56-62. 1314 Sánchez Pérez, A.: La acción decisiva contra Abd-el-Krim, p. 140-141. 1315 Gómez-Jordana Souza, F.: La tramoya de nuestra actuación en Marruecos, p. 182. 658 que los franceses habían sido mejor tratados que los españoles, y que aquellos que no habían podido andar, habían sido fusilados. El doctor Mosnier, que atendió a los supervivientes, declaró que muchos presos habían fallecido de hambre, tifus o por maltrato. España nombró a un juez que realizara una investigación sobre lo sucedido con los prisioneros, y con sus conclusiones se elaboró un pliego de cargos contra Abd el- Krim expuesto en la Conferencia de París de 1926. Se incautaron las propiedades de Abd el-Krim en el Rif, y aquellas que en su nombre habían sido arrebatadas a sus propietarios por la fuerza, les fueron a éstos devueltas. Como dijo el general Goded, España “jamás olvidará ni perdonará la traición, la ingratitud, el odio y la inhumanidad de Abd el Krim”, aunque admirara sus triunfos y su capacidad de 1316 organización . Entre el 14 y junio y el 13 de julio de 1926 se celebró en París la Conferencia entre España y Francia. Por España acudieron el embajador Quiñones de León y el general Gómez-Jordana Souza; por Francia, el mariscal Pétain y Mr. Berthelot, secretario general del Ministerio de Asuntos Extranjeros. España hubiera querido someter a juicio a Abd el-Krim por su brutalidad con los prisioneros, manifestada en el asesinato masivo de muchos de ellos pocas semanas antes de su rendición. Según el tratado del 13 de julio de 1925, los rebeldes de la zona española del Protectorado debían ser entregados a España; pero Francia adujo que Abd el-Krim no podía ser entregado en virtud de dicho acuerdo, porque se había rendido a ellos bajo el compromiso de su seguridad, y Francia estaba obligada a cumplirlo. España sólo obtuvo el destierro del líder rifeño a la isla de Reunión, en el Índico. Por otro lado, Francia abusó de su posición, al no retirarse de las zonas ocupadas del Protectorado español: Gueznaya, Beni Serwal, y parte de Guezawa. España prefirió pasar por alto esta usurpación del territorio. 3.11.8.- Pacificación sin represalia: Gomara, Xauen. La rendición de Abd el-Krim no significó el fin de la lucha. Fue sustituido por Mulay Hamid el Baggar, pero sólo podía dirigir hombres en franca retirada. En la sierra de Senhaja Srir, Citar, un morabito de Akhamlish, quiso proseguir la lucha contra los europeos. Otro líder fue Danfil, identificado por Balfour como Ahmed Ben Ahmed El 1316 Woolman, p. 235. 659 1317 Amrani, de la Yebala . Pero en el verano de 1926, ya ocupada buena parte de Beni Urriaguel y de Beni Tuzin, los rifeños comprendieron que era el fin y comenzaron a entregar las armas. En el Lucus, el teniente coronel José Asensio Torrado se dispuso a recuperar Xauen. Enfrentándose al terreno abrupto, el calor, la falta de suministros y los francotiradores, fue avanzando hacia Xauen durante tres meses, desde el 26 de junio al 29 de septiembre de 1926, por Taatof, Mesera y Draa el-Asef, entrando en el territorio 1318 de los Ahmas . Para entonces, el comandante Capaz había pacificado la Gomara y ocupado ya Xauen. Una columna, al mando del comandante Oswaldo Capaz Montes, gran conocedor de la zona y de la lengua y cultura árabes, integrada por mil hombres de su Mehal-la, reforzada con dos Mías de Regulares de Tetuán, y ocasionalmente con un Tabor de Mehal-la, un escuadrón y una harka auxiliar, tenía como misión someter a toda una serie de cabilas de la región de Gomara, desarmándolas y nombrando autoridades indígenas adictas al poder colonial español. Capaz, desembarcó en Wad Lau, en cala Mestasa, el 12 de junio. Valiéndose de sus contactos con las tribus de Gomara, Capaz avanzó por Beni Said, Beni Hassan y Beni Beyyel, atravesó la Gomara, al oeste del Rif, en mes y medio, sometiendo diez tribus, recogiendo tres mil armas y enlazando por tierra Tetuán y Melilla. En su avance, Capaz estaba apoyado por la aviación, que bombardeaba aduares sospechosos. Esta marcha le daría fama de brillante jefe militar y, sobre todo, de poseedor de grandes cualidades políticas. Utilizó sobornos, retuvo rehenes, convenció a las autoridades locales, destituyó a los jefes rebeldes de sus cargos, y bombardeó a los pueblos rebeldes, pacificando la región. En Tetuán, el 30 de julio, se concentraron las tropas para “dar el último salto” hacia Xauen: desde Dar Riffien llegaron la 4ª y la 6ª Bandera del Tercio al mando del teniente coronel Valcázar, y comandantes Badía y Ortiz de Zárate; el escuadrón de Legionarios del capitán Pitacho; el Grupo de Regulares de Ceuta, al mando de Varela, del que hablaremos después. Con el avance, las cabilas de Anjera, Barkokien, Hadak, Zesarda y Rumán comenzaron a entregar las armas. A finales de julio, el capitán Delgado, con una Mía, la Mehal-la y Harka de Kerfa el Bakali, sometió Beni Said 1317 Balfour, S., Abrazo mortal, p. 230. 1318 ABC, 19 de agosto de 1926, p. 11. 660 expulsando a los ladrones y llegando a Kudia Mafora, cumbre central de la cabila, 1319 donde recibió la sumisión de casi todos los poblados vecinos . El 2 de agosto de 1926, se inició en avance sobre Xauen, con tres columnas al mando del general Federico Berenguer, Comandante General de Ceuta. Las columnas iban al mando de los coroneles Canís, Balmes y Martínez Monge. Las vanguardias estaban mandadas, la primera, del coronel Canís, por el teniente coronel Varela con sus Regulares de Ceuta; la segunda, de Balmes, el teniente coronel Sainz de Larín con los Regulares de Tetuán; y la tercera, el teniente coronel Valcázar con dos banderas del Tercio. El mando supremo lo ostentaba en general Sanjurjo. Esta fuerza, avanzando desde el norte coordinada con la columna del comandante Capaz desde el este, y la de teniente coronel Asensio, con las fuerzas jalifianas de Larache por el oeste, realizaron un ataque concéntrico, entrando Capaz el 10 de agosto en Xauen, sin disparar un tiro, 1320 precediendo en unas horas a las fuerzas de Tetuán y la vanguardia de Asensio . Esta fuerza había obrado con diplomacia, recuperando además material de guerra y desarmando a las tribus. Allí mismo, en Xauen, el 11 de agosto, Capaz fue ascendido a teniente coronel. A mediados de septiembre, el general Federico Berenguer llegó a Xauen con más tropas. De pacificar Senhaya y Ketama se encargó el general Castro Girona, comandante general de Melilla, el cual encomendó la tarea de pacificar Senhaya al capitán de Intervenciones Ostáriz, auxiliado por el notable Mohamed el Fellah; y de la sumisión de Ketama se encargó el coronel Pozas, jefe de Intervenciones y Fuerzas Jalifianas de Melilla, reforzadas por la Harka de Melilla del comandante Zaldívar y otra harka auxiliar. En su labor se vería apoyado por el teniente coronel Capaz. El 20 de agosto parecía sometida la comarca, pero dos días después Ketama se rebeló, por lo que fue necesario batir a los rebeldes, que fueron totalmente derrotados entre el 14 y el 23 de septiembre de 1926. Es de destacar que la mayor parte de operaciones se hacían con tropas indígenas y sin represalias. Por ello, resultan significativas las afirmaciones de Balfour acerca de las brutales prácticas de sometimiento de los españoles, que según él sorprendían a los franceses: se ejercía una política de castigo, consistente en destruir las cosechas y cultivos, en ejecutar prisioneros, retención de rehenes, desalojo de los jefes tribales de 1319 ACGJEVI, Carpets 6, fol 94, 31 de julio de 1926, “De la situación en África. Notas de las diversas zonas”. 1320Servicio Histórico Militar, Historia de las Campañas de Marruecos, t.IV, p.140-146. 661 1321 sus casas para alojar oficiales en ellas . Sin embargo, Woolman, y todos los testimonios coetáneos afirman lo contrario. El capitán Sánchez Pérez citó como una de las causas de la rápida victoria en 1926, “el respeto a los sometidos aun teniendo todos presente la tremenda circunstancia del martirio incalificable de nuestros prisioneros (…). La convivencia (…) nos hace creer en la sinceridad de aquellas palabras de un rifeño amigo: ‘Ni las balas ni las bombas pudieron aplacar lo que está aplacando 1322 vuestra generosidad’” . España continuó las operaciones de limpieza del territorio, sometiendo a los líderes aún rebeldes. Primo de Rivera impuso una pacificación lo menos cruenta posible. Se exigió a cada rebelde capturado la entrega de un fusil como prenda de sumisión. No habría saqueos, ni crueldades ni represalias. Muchos rifeños se unieron entonces a las tropas españolas, unos por odio a Abd el-Krim y por deseos de venganza, y otros por hastío de la guerra y deseo de paz, la cual podría ser impuesta por España, entre las tribus; tampoco faltaron los que deseaban unirse a los vencedores. Los españoles asimilaron a su gobierno a parte del antiguo gabinete de Abd el-Krim: Ahmed Buara, Haddu n-Muh Amzzyan, Shaib n-Hammad… Mohamed Wuld Hadj Cheddi, secretario de Abd el-Krim y responsable de malos tratos a los prisioneros del campo de Tamasint, escapó tras robar un fajo de billetes, pero las traiciones de este tipo fueron raras. 3.11.8.- El teniente coronel Varela en las últimas fases de la campaña de 1926. A principios de junio, el periodista José María Sevillano entrevistó al teniente coronel Varela, esquivo con la prensa por hallarse siempre en la conflictiva vanguardia. Pero aprovechando la tranquilidad del frente y el avance pacífico, “las columnas 1323 avanzan de a cuatro sin oír un tiro” , el periodista pudo llegar hasta la extrema vanguardia de la columna del centro. La tranquilidad se rompió con algo de fuego de fusilería, y Varela explicó que quedaban disidentes, pero el avance proseguía. El periodista le preguntó por la acción de los Morabos, pero Varela se quitó mérito: “El éxito siempre es del soldado. De esta gloriosa infantería española. Yo no hice más que apreciar la situación. Comprendí que no había más que un camino, lo propuse al Mando y pedí orden por escrito. Era demasiado grave. 1321 Balfour, S.: p. 228-229. 1322 Sánchez Pérez, A.: La acción decisiva contra Abd-el-Krim, p. 148-149. 1323 ACGJEVI, Carpets 6, fol 89, El Noticiero Sevillano, 4 de junio de 1926, “Notas de campaña. Jefes de vanguardia: Varela”, firmado por José María Sevillano. 662 Cuando tuve la orden monté a caballo. Había que atacar en masa con toda la infantería disponible. Dispuse toda la vanguardia en líneas de a cuatro y grité, porque es preciso para encender a la gente: ¡Vivan los Regulares de Ceuta! ¡Viva la Legión! ¡Viva España!... piqué espuelas y ya no volví a mirar atrás. Estaba seguro que todos me seguían. El enemigo inició después de aquello esta huida que aún continúa. Costó al grupo 125 bajas, 12 de oficial, pero allí acabó la rebeldía de Abd el-Krim”. El periodista destacaba el valor de Varela, que con el grado de teniente coronel se seguía jugando la vida en los combates como un alférez. Un valor que le granjeaba tanto admiraciones como envidias, y que le había supuesto bastantes zancadillas. Cuando fuera ascendido a coronel, alguno afirmaría que era un escándalo, pero si no se le ascendía a él, ¿a quién? Llevaba barba de dos días, los labios sangrantes, comía poco, hacía grandes esfuerzos, acumulaba ya quinientas bajas en su vanguardia… Pero, afirmaba el periodista, Varela era noble hasta el extremo de no dar importancia a sus méritos y sacrificios. Siempre destacaba a los demás: “Yo siento un amor infinito por el Arma (Varela es de Infantería); me quisiera traer y premiar a todo aquel que dentro del arma encarna un valor positivo. Aquí tengo a Medialdea mandando un tabor. Medialdea es más que un prestigio del arma. Es un prestigio del Ejército. Fue mi profesor y ahora me llama su maestro. Tengo también a San Juan y a otros muchos, orgullo del Arma. Aún lloro a Cardeñosa, que valía tanto y me lo mataron. A todos nos guía una idea común: la gloria del arma a que pertenecemos. Yo quisiera que la fiesta que organizan para mí en Toledo fuese dedicada al peludo desconocido, al humilde y admirable ‘paisa’ que subió a hombros al Malmusi los cañones y el material con que se abrió esta hermosa epopeya de Alhucemas…”. Varela era en efecto un gran defensor del uso de la Infantería. En el prólogo para un libro de texto para la Academia de Infantería de su oficial Alfredo Sanjuán, escrito esos días, Varela afirmaba que la experiencia de la Gran Guerra estaba sobrecargando al infante de armamento. Esta postura era correcta, la Infantería debía estar bien armada, pero dichas armas debían ser sencillas: cañones y morteros de una pieza, ametralladoras sólo pesadas y ligeras, fusiles ametralladores de funcionamiento simple, movilidad, adaptación táctica, funcionamiento regular y refrigeración fácil, fusil más ligero y granadas de mano. Además, era necesario que el soldado fuera consciente de sus pasiones, capaz de arrebatarse en la acción y llegar al sacrificio, que era la clave del 1324 triunfo . Durante el mes de junio, la vanguardia de Varela avanzó rápidamente, ocupando la zona de forma pacífica hasta el Bades, entrando así en Yebel Tzufist (Beni Iteft), 1324 ACGJEVI, Carpets 6, fol 91, “Prólogo para un libro de texto en la Academia de Infantería”, fechado en Beni Urriaguel, 17 de junio de 1926. 663 Kaláa de Beni Hariza (alto Bades) y altos de Ferrachs, hasta el día 12, en que se ocupa el zoco de T’Zenin de Benil G’mil y las alturas de Beni Bu Frah que lo dominan. El 28 de junio de 1926, tras rechazar una agresión al zoco del T’Zenin de Beni G’mil (Tid- Imamen), los hombres de Varela apresaron a un rebelde, al que interrogaron. En su declaración, explicó que formaba parte de un grupo de unos ochenta hombres liderados por Sidi Abdselan y Sidi Mohamed, de Tensaman, formada por gentes de las cabilas de Beni Urriaguel, Tensaman y Beni Zerual, armados de arbaías con tres cargas de municiones y cien cartuchos. El plan era atacar el zoco y la casa del jefe. Llegaron sobre las 5:00 horas y se apostaron, y cuando había entrado la gente, dispararon. Se robó 1325 ganado, y encontró a dos mujeres muertas, cuando fue apresado por los Regulares . En el combate murió el oficial Sidi Dris Ben Hosain y tres hombres más heridos. Como se aprecia, los rebeldes no sólo atracaban a los españoles, sino también a los marroquíes sometidos, con ánimo de pillaje y castigo. El 29 emprendieron los Tabores 1º y 3º la marcha a la Cala del Quemado, para embarcar y regresar a Ceuta, a donde llegaron, junto con el escuadrón de Caballería, en los días 1 y 2 de julio. El 2º Tabor llegó a Ceuta el 6 de julio. Tras reorganizarse, salieron el 28 de julio hacia Tetuán, a donde llegaron el 31. El 17 de julio de 1926 se celebró en el cuartel de Haddú, en Ceuta un homenaje a los Regulares, organizado por Varela, para ser condecorados. Asistieron los generales Sanjurjo, Federico Berenguer, Goded y Morato. Se corrió la pólvora y se celebró un 1326 baile, amenizado por la banda del Tercio . Los de Ceuta eran los “Regulares de Varela”, lo que evidencia la enorme popularidad de su teniente coronel. Después, el Grupo marchó a Tetuán, a donde llegó el 31 de julio, como ya se ha dicho, formando parte de del dispositivo que iba a operar sobre Xauen. El 1º y 2º Tabores y dos escuadrones se integraron en la vanguardia de la columna de la derecha, y el 3º Tabor y un escuadrón, en la vanguardia de la columna central. Las operaciones no encontraron 1327 resistencia. Ahora los marroquíes apoyaban el avance de los españoles . Varela se encontró al mando de la vanguardia de la columna de la derecha, a las órdenes del jefe de ésta, coronel Emilio Canís. Se concentraron las fuerzas de la columna, los dos Tabores y dos escuadrones citados, más una Bandera del Tercio y una sección del 1325 ACGJEVI, Carpets 6, fol 91. 1326 ACGJEVI, Carpets 6, fol 93, 17 de julio de 1926, “Territorio de Ceuta. Brillante festival para condecorar a los Regulares de Varela” 1327 Lo que contradice notablemente las afirmaciones ya citadas de Balfour sobre los abusos de los europeos sobre la población sometida. 664 Parque Móvil, el 2 de agosto en Ben Karrich, a las 5:00 horas, para avanzar y ocupar Cudia Gensura y el espolón de Keri-kera con poco fuego y pocas bajas, ocupando Zinat y vivaqueando allí. Al día siguiente se entró en Taranes, el 4 de agosto al Zoco el Arbáa de Beni Hasan, que tras un breve combate fue guarnecido por el 2º Tabor, y Cudia Taimutz, regresando el resto de la columna a Taranes. El 9 de agosto se disolvió la formación, y el Grupo se trasladó por orden al Zoco el Arbáa, para integrarse en la primera columna, a las órdenes del coronel Balmes, y seguir hacia Xauen. El 11 de er agosto salió del Zoco, el 3 Tabor ocupó Hámara, y el resto del Grupo avanzó y ocupó L’Achaix para cubrir la ocupación de Xauen, a donde llegó la caballería del Grupo y otras fuerzas. Ese día, el Alto Comisario y general en Jefe, con el general Jefe de Estado Mayor y el comandante General de la Zona entraron triunfalmente en Xauen, que regresaba así a la fidelidad del Sultán. Tras la entrada en Xauen, la Plana Mayor del Grupo se quedó en Dar Akobba hasta el 4 de septiembre, en que regresó a Ceuta. Los Tabores guarnecieron en servicio de campaña la cuenca del Mitzal y el alto Lau, en Xauen. Sufrieron algunas agresiones esporádicas en Abada: el 26 de agosto fue herido el capitán Venancio Tutor Gil, y el 28 lo fueron el capitán Fernando Sánchez Fiol, el teniente Alfredo Moreno Torres, y cinco muertos y veinticuatro heridos de tropa. El 14 de septiembre la posición de Abada fue de nuevo atacada, siendo heridos el oficial Sidi Hosain Ben Hamed el Jeje y doce soldados, la mayoría por impactos de granada. Hubieron nuevos ataques en los días 26 y 1328 30 de septiembre, y el 5 de octubre en Mixkrel-la . 1329 A finales de agosto, Varela regresó a la Península, y estuvo en San Fernando . 3.11.9.- El homenaje a Varela de sus compañeros de promoción. La idea de hacer a Varela un homenaje por parte de sus compañeros de promoción, la XIX, arrancó a principios de 1926. Los promotores fueron Alejandro Sánchez Cabezón, Julián Cuartero, Antonio Urzaiz, César Álvarez, Cándido Marcos, Francisco Priede, y Carlos Bordonado, en Toledo. La razón, es que ellos estaban destinados en la Academia, y desde ella era más fácil localizar a los compañeros, ya destinados por todo el territorio. Era la segunda vez que se intentaba. Anteriormente se había querido aprovechar que Cristino Bermúdez de Castro, secretario del general Luis 1328 Ensayo del Historial del 3er Grupo de Regulares de Ceuta, p. 78-79. 1329 ACGJEVI, Carpets 6, fol 95, Heraldo de San Fernando, 26 de agosto de 1921, “El teniente coronel Varela”. 665 Bermúdez de Castro, su padre, a la sazón subsecretario de la Guerra, podía convocar la reunión al tener acceso a la información completa de los destinos; pero Bermúdez de Castro no había querido hacerse cargo, pues era muy amigo de Varela y no deseaba que se pensara que él era el promotor del homenaje, impulsado por su amistad. Se redactó una carta, proponiendo la celebración del homenaje de la Promoción de 1912 a su 1330 compañero el comandante Varela . El total de alumnos de la promoción de 1912, era de 472, según figuran en el álbum con que se obsequió a Varela. Se conservan en el Archivo de Varela aproximadamente doscientas sesenta respuestas positivas, algunas de ellas quejándose de no haber recibido la primera circular o de no haber recibido ninguna, fechadas entre enero y abril de 1926. En las contestaciones, había un consenso entre las ideas y propuestas, de celebrar el acto en Toledo, y ofrecerle un pergamino alusivo, o una Laureada, o un sable de honor, o un objeto repujado con inscripción alusiva. Se propuso incluso otorgar un premio al mejor alumno de árabe de la Academia, lo que demuestra que en Toledo se daban clase de lengua árabe a los alumnos, y por tanto la oficialidad española la conocía, o realizar un generoso donativo 1331 a los huérfanos del Arma o a los harqueños de Varela . Era un hecho relativamente frecuente, que cuando algún miembro de una promoción destacaba, sus compañeros le homenajearan. Contestaron muchos, y muy rápidamente, desde diversidad de puntos de la geografía española y con variedad de destinos. A mediados de febrero se realizó un nuevo envío de cartas de convocatoria para aquellos que no habían contestado la 1332 primera vez, y se publicó en prensa . La mayoría eran capitanes, algunos tenientes; otros estaban en la Guardia Civil, y no faltaban los integrados en el Somatén o en la función pública civil establecida en la Dictadura a cargo de militares. Algunos enviaban 1333 recuerdos a Vicente Rojo Lluch , o a otros compañeros. Como simple muestra de la dispersión de los oficiales, diremos que Pablo Ferrer estaba en la Intervención Militar 1334 1335 de Beni Bu Yahi , Manuel Hacar en la Intervención Militar de la 2ª Región , 1336 Fernando Melero, destinado en el Regimiento Inmemorial del Rey , Federico Laguía, 1330 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 22-23, carta sin fecha. 1331 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 389-390, carta fechada en Arcila el 19 de abril de 1926, firmada por Jacinto Zabalegui. 1332 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 438, El Mensajero de Jerez, 11 de marzo de 1926, “Los Comandantes del Arma de Infantería de la promoción del año 1919 organizan un homenaje al laureado Comandante D. José Enrique Vafrela por su ascenso a Teniente Coronel”. 1333 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 74, carta fechada en Axdir el 24 de enero de 1926. 1334 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 2, carta fechada en Arruit el 26 de enero de 1926. 1335 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 3, carta fechada en Sevilla el 26 de enero de 1926. 1336 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 4, carta fechada el 20 de enero de 1926. 666 1337 capitán sargento mayor de la plaza de Jaca , Francisco González, en el Regimiento 1338 de Infantería nº 60 en Ceuta ; los tenientes de la Academia de Carabineros José 1339 Flores, Martín Ayuso, José Jareño, y Luis Espinar ; Luis Gómez Lafuente, en 1340 1341 1342 Valladolid , Amado Gallego en Llerena , José Garrigó Bernabeu en El Pardo , 1343 Joaquín Ríos Capapé y José Castelló en Intervenciones Militares de Tetuán , y así sucesivamente. Los destinados en Melilla hicieron una reunión y presentaron una 1344 propuesta conjunta . En general, se aceptó la propuesta de celebrar el homenaje en el Alcázar de Toledo, realizar una misa en honor a los difuntos, un banquete, y de confeccionar un álbum con las fotografías y firmas de los miembros vivos, y con un cariñoso recuerdo para los fallecidos en acción. Pedro García Pelayo, destinado en Zafra, y Publio Sánchez, en Burgos propusieron ampliar el homenaje a José Castelló del 1345 Olmo, condecorado con la Medalla Militar . Algunas cartas reflejan que el ambiente militar en España había cambiado mucho respecto a un par de años atrás. Una carta, firmada por Eduardo Urtirbeses, destinado en el Cuerpo de Miqueletes de Guipúzcoa, afirma que en el año 1923 ya se había hablado de realizar a Varela un homenaje, pero 1346 que al sondear a los compañeros “vi desgraciadamente un ambiente tan contrario” que prefirió no hacer nada. La iniciativa tuvo un parón, o se desenvolvió muy lentamente, al encontrarse con algunos problemas, debidos a falta de entusiasmo de 1347 1348 unos compañeros de promoción , o a problemas económicos de otros . No fue hasta principios del año siguiente, 1927, cuando comenzó a publicitarse el acto y a 1337 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 5, carta fechada el 28 de enero de 1926. 1338 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 7, carta fechada el 22 de enero de 1926 1339 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 10-11, carta fechada en El Escorial el 20 de enero de 1926. 1340 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 12, carta fechada el 20 de enero de 1926. 1341 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 13, carta fechada el 22 de enero de 1926. 1342 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 14, carta fechada el 28 de enero de 1926. 1343 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 264, carta fechada el 24 de febrero de 1926. 1344 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 90-91, carta firmada por Bartolomé Martínez, y fechada el 26 de enero de 1926. 1345 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 20-21, carta fechada en Zafra el 23 de enero de 1926; fol 56, fechada en Burgos el 21 de enero de 1926. 1346 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 160, carta fechada en Tolosa el 21 de enero de 1926. Sin embargo, Urtibeses no figura en el álbum de homenaje. No es extraño, pues hubo varios que cambiaron de Academia. Con la misma indiferencia se tropezó en 1923 Cristino de Ramos, Carpeta 7, fol 252-253, fechada en Ferrol el 5 de febrero de 1926. 1347 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 555-556, carta fechada en Ceuta el 13 de noviembre de 1926, de firma ilegible. 1348 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 553-554, carta fechada en Logroño el 1 de diciembre de 1926, firma ilegible. 667 1349 recaudarse el dinero . Cada participante donó veinticinco pesetas para el homenaje, y 1350 la comida costaba quince . No todos pudieron costearse la comida, pero sí satisficieron la cuota de los obsequios. Varela fue visitado dos veces por la Comisión, y 1351 la fecha se fijó en el 5 de marzo de 1927 . Cerca ya de la celebración, Varela recibió algunas cartas de adhesión de antiguos compañeros que no podían asistir por motivos de 1352 servicio o de salud . La carta de convocatoria definitiva está fechada el 5 de febrero de 1927, se encarece a los miembros de promoción a asistir, y se anuncia que se admiten adhesiones 1353 al acto hasta el 25 de febrero . El día anterior al homenaje se publicó en la Academia de Infantería una Orden, en la que se establecía la celebración del homenaje, se reproducían los relatos de la defensa de Adama y de la cueva de Rumán, por los que Varela había ganado sus Laureadas, y se hacían votos para que el ejemplo inspirara a los 1354 1355 cadetes . El uniforme, fue de diario . El almuerzo fue público, pudo concurrir todo aquel amigo, conocido o admirador del teniente coronel que lo deseó, tan solo pagando el precio establecido, pues los regalos fueron costeados exclusivamente por sus 1356 compañeros de promoción. A tal fin, así se anunció en la prensa . El programa de actos consistió en una concentración en el Museo de Infantería del Alcázar. Llegaron las autoridades, el general Martínez Anido, ministro de Gobernación y representante del Gobierno; el coronel director de la academia, Pérez de Lema, el Gobernador civil y el Alcalde de Toledo; los generales Martín, Ardanaz, Capitán general de la Región, los generales Andrade y Franco, los coroneles Millán Astray, Caballero, Mena, de la Guardia Civil Rodríguez de la Torre, de Ingenieros García de la Herranz; los tenientes coroneles Crespo, laureado, García Álvarez, Mateo, García Pérez, los jefes de Regulares de Alhucemas y Larache, Serrador y Pacheco de Leiva respectivamente, y numerosos jefes y oficiales, la mayoría de la XIXª Promoción, 1349 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 450, El Eco de Tetuán, 26 de enero de 1927, “Homenaje al Teniente Coronel Varela”; fol 451; 1350 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 178, carta de Germán Ramos fechada en Cuenca el 28 de febrero de 1927; fol 527-528, carta de Eleuterio Villanueva, fechada en Ceuta el 5 de enero de 1927. 1351 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 266-267, carta de Julián Cuartero a Varela, fechada en la Academia de Infantería el 8 de febrero de 1927. 1352 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 385-386, carta fechada en Melilla el 28 de febrero de 1927, firmada por Enrique Barbasón. 1353 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 445. 1354 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 452-453, “Orden de la Academia del día 4 de Marzo de 1927 en Toledo”. 1355 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 446. 1356 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 448, 2 de marzo de 1927, “Homenaje al Teniente Coronel Varela”; fol 449, El Norte de África, 25 de febrero de 1927. 668 pero otros adheridos por amistad o admiración, como el comandante de Infantería de Marina Togores, el capitán de Artillería duque de Santa Cristina, y el capitán de Sanidad Romero Plá; civiles como los señores Gallardo y Martínez, Gastón, el marqués de Tenorio, el torero Sánchez Mejías y el cronista Corrochano, así como periodistas. El general Martínez Anido pasó revista al Batallón de Alumnos. Seguidamente se celebró una misa, a las 11:45, por los fallecidos de la promoción, por el capellán de la Academia, P. Juan Díaz Hernández. Seguidamente se realizó un acto de besar la 1357 bandera. El capitán Manuel Flores Soler, número uno de la Promoción , sacó la bandera antigua de la Academia de su vitrina, se colocó al pie del altar con ella, dándole escolta el coronel Pérez de Lema y el teniente coronel Varela, y los miembros de la promoción desfilaron, besando la bandera. A continuación, se pasó al salón amarillo, donde se sirvió un vino de honor. Después los concurrentes salieron a la explanada para presenciar el desfile de la Academia ante el general Martínez Anido, éste acompañado por Pérez de Lema y Varela. Seguidamente se realizó una visita al Alcázar y sus dependencias, y Varela escribió en el álbum de la Biblioteca: “En el inolvidable día de mi reunión con los compañeros de promoción, firmo este álbum poniendo toda mi alma y cariño en el solar de la gloriosa Infantería”. Se celebró a continuación el almuerzo en el comedor de la Academia. Al acabar, el coronel Pérez de Lema inició los discursos, exaltando a Varela como ejemplo de valor y abnegación. Millán Astray recordó a los heroicos caídos: González Tablas, Cruz Lacaci, Arredondo, Valdés, recordando que tras las condecoraciones hay sacrificio, dolor y sangre, y que debe rendirse culto al Honor. Los alumnos, enardecidos por sus palabras, cantaron el Himno de la Academia. Tomó la palabra el capitán Flores, el número uno de la promoción, y reconoció la conversión de 1358 Varela en un hombre célebre y popular, por sus condecoraciones y sus ascensos . Flores entregó a Varela las dos Laureadas en oro, esmaltes y brillantes y un pergamino conmemorativo. Hablaron a continuación Varela, precedido por una larga ovación, con palabras de agradecimiento; el alcalde de Toledo Fernando Aguirre, el coronel García 1359 de la Herranz en nombre de San Fernando, el comandante Togores , y el general Martínez Anido. Éste manifestó que Varela estaba en acto apadrinado por dos hombres valiosos, Franco y Millán Astray; hizo votos porque sus méritos le permitieran el pronto 1357 En realidad era el número dos; pero el número uno, Manuel Simón Varela, había fallecido. 1358 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 444-456, Texto mecanografiado, probablemente pronunciado por el número uno de la Promoción al entregar las condecoraciones y el diploma. 1359 El comandante Togores comparó a Varela con Toledo, afirmando que ni en Toledo hay bullicio ni en Varela fanfarronería, pero que Toledo era un valor artístico, y Varela un valor positivo. 669 ascenso a coronel; tuvo un recuerdo para el general Primo de Rivera, y palabras laudatorias para la Academia y el soldado español. De esta forma se cerró el acto. Entonces, al salir, los alumnos despidieron a Varela y a Millán Astray, rodeando su 1360 coche y entonando el Himno de la Legión . El acto demostró que para los cadetes y futuros oficiales del Ejército, Varela, Franco y Millán Astray tenían un poderoso prestigio. Se confeccionó un álbum, en que se inscribieron los nombres de los miembros de la promoción, encabezada por los cuarenta fallecidos en acto de servicio, en ese momento casi un 10% de la promoción, seguida del cuadro de honor por las condecoraciones obtenidas, tres Laureadas, dos de ellas de Varela, y tres Medallas Militares, una de ellas de Varela; el listado de los ascensos por méritos de guerra, obviamente encabezado por Varela como teniente coronel, los miembros de Estado Mayor, los integrados en la Guardia Civil, en Carabineros, en Intervención, y el listado 1361 general, todo ello encuadernado en piel con dorados . Tras el acto, el capitán Julián Cuartero envió una carta a Varela, en la que esperaba que los actos celebrados hubieran sido de su agrado, y le rogaba que intercediera por el caso de Masero, el cual ya estaba regenerado y rehabilitado, para ver 1362 qué podía hacer por él . Por su parte, Varela agradeció la carta de adhesión al 1363 homenaje enviada por el ayuntamiento de San Fernando desde Ceuta . En cuanto a las adhesiones, el general Dámaso Berenguer, a la sazón Jefe de la Casa Militar del Rey, remitió un telegrama a través del cual el monarca enviaba un 1364 afectuoso saludo a los asistentes al acto . El general Sanjurjo se excusó en sus 1365 deberes de Alto Comisario . También enviaron telegramas de adhesión al homenaje 1366 1367 1368 Ricardo Tablantes , el general Castro Girona , el general Emilio Barrera , el 1360 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 457-458, África. Revista de Tropas Coloniales, marzo de 1927, “Homenaje al Teniente Coronel Varela”, firmado por Eduardo Sáenz Arranz; fol 459, Informaciones de Madrid, 8 de marzo de 1927, “Una fiesta militar en Toledo. Los compañeros de promoción rinden un homenaje al dos veces laureado teniente coronel Varela”. 1361 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 407-432, “Homenaje al Teniente Coronel Varela, 5 de marzo de 1927”. 1362 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 14, carta fechada en Toledo el 8 de marzo de 1927. 1363 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 460, Heraldo de San Fernando, 20 de marzo de 1927, “Del homenaje en Toledo. Carta de Varela”. 1364 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 467, telegrama. 1365 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 468, telegrama. 1366 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 469, telegrama. 1367 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 471, telegrama. 1368 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 472, telegrama. 670 1369 1370 general González Carrasco , el general Leopoldo Saro , el general Sánchez 1371 Ocaña , el teniente coronel Juan Bautista Sánchez González, de la Mehal-la de 1372 Tafersit , el teniente coronel Agustín Muñoz Grandes, en Cazadores de Montaña nº 9, 1373 en Alcalá de Henares , el teniente coronel Pablo Martín Alonso, de los Cazadores de 1374 1375 África nº 8 , Ramón Miró Noriega, de Intervenciones Militares , el marino 1376 1377 Eduardo Juliá , el comandante Gerardo Uriarte, de Intervenciones militares , el 1378 teniente coronel José Martínez Prats , el comandante Pablo Martínez Zaldívar, 1379 sustituto de Varela al frente de la Harka de Melilla , el exdiputado Diego 1380 1381 1382 Saavedra , el periodista Manuel Pece , el diario Heraldo de San Fernando , el 1383 1384 Centro Obrero de San Fernando , la Diputación de Cádiz , el Sindicato de 1385 Periodistas de Ceuta , los jefes y oficiales y soldados de su Grupo de Regulares de 1386 1387 Ceuta , Abd el Kader Hach Tieb , Aureliano Álvarez Coque, teniente coronel de la 1388 1389 Mehal-la nº 1 , el comandante Manuel Álvarez Sotomayor , el duque del 1390 Infantado , compañeros de promoción que no podían asistir por impedirlo sus 1391 1392 obligaciones o destinos , y oficiales de otros regimientos . 1369 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 473, telegrama. 1370 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 474, telegrama. 1371 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 494, telegrama. 1372 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 475, telegrama, fechado el 27 de marzo de 1927. 1373 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 477, telegrama; se excusó por la reciente muerte de su padre. 1374 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 479, telegrama. 1375 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 481, telegrama, fechado el 27 de marzo de 1927. 1376 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 482, telegrama, fechado el 29 de marzo de 1927 desde San Fernando. 1377 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 484, telegrama, fechado el 27 de marzo de 1927. 1378 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 485, telegrama, fechado el 29 de marzo de 1927. 1379 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 486, telegrama, fechado el 27 de marzo de 1927; la Harka estaba de operaciones en Ketama en esos días. 1380 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 496, telegrama. 1381 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 487, telegrama, fechado el 25 de marzo de 1927. 1382 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 501, telegrama. 1383 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 511, telegrama. 1384 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 512-513, telegrama. 1385 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 513, telegrama. 1386 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 490, fol 511, telegrama. 1387 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 504, telegrama 1388 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 517-520, carta, fechada el 27 de febrero de 1927; había sido profesor suyo en la Academia.. 1389 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 521-523, carta fechada a lápiz como 28 de febrero de 1927, y 24 de marzo de 1927; en ella, Álvarez le reconoce como un hombre bravo, capaz de convertir a un grupo “de indígenas miserables y sin ideales en la inolvidable Harka Varela, una de las causas más eficaces del derrumbamiento de la moral enemiga, con sus atrevidas incursiones de las que siempre os vi volver con la alegría del triunfo…”; y por otro lado, haber demostrado que la decadencia española es un mito. 1390 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 552, carta. 1391 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 493-516, telegramas; fol 524, carta; fol 541, carta del capitán Francisco de Prieda; fol 542-543, carta de Celestino Blanco; fol 544-545, carta de José Gallego; fol 546-547, carta de 671 También remitieron mensajes amigos admiradores de Varela, como Francisco 1393 1394 Paniagua, interventor del Banco de España, y otros , sus profesores de la infancia . 1395 Incluso su madre recibió telegramas de felicitación por parte de amigos , de los 1396 oficiales compañeros de promoción de su hijo . La prensa de San Fernando recogió el 1397 homenaje y publicó textos exaltando el heroísmo de Varela . Su madre agradeció a sus compañeros de promoción el homenaje tributado a su 1398 hijo . Carmen de Movellán, novia de Varela, le remitió a éste un telegrama de 1399 1400 felicitación . Varela notificó a su madre que estaba muy contento por el homenaje . er 3.11.10.- El Historial del 3 Grupo de Regulares de Ceuta. Durante el año 1926, Varela propició la publicación de un pequeño libro, Ensayo er de Historial del 3. Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas, publicado en Ceuta en septiembre de 1926. Muy posiblemente, la motivación para ello fue el final de la campaña en la Yebala con la recuperación de Xauen, y la reivindicación de que el Ejército, en especial las fuerzas indígenas, y no los políticos, o las soluciones pactadas, habían sido los auténticos causantes de la pacificación del Protectorado. El volumen, con un total de ochenta páginas, recoge un listado de los condecorados con la Laureada, entre los que se encuentran el entonces teniente coronel Sanjurjo, el teniente coronel González Tablas, el capitán Gómez Arteche, y el propio Varela; los oficiales muertos en combate, y la estadística de bajas del Grupo. El Grupo había tenido 4.238 hombres como bajas, cuatro Jefes del mismo fueron Laureados, así como seis oficiales. Después se relata la historia del Grupo, desde la formación de la Compañía de Moros Tiradores del Rif, la Milicia Voluntaria de Ceuta, reorganizada en 1910, hasta la formación de los Grupos de Fuerzas Regulares Indígenas en 1914, y la constitución del Enrique María Valenzuela; fol 548, tarjetas de José Muñoz Bayardo y Pedro Morales Silvera, carta de Manuel García; fol 550, carta de Fernando de Cárcer; 1392 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 511, telegrama; fol 529, carta de Lucio González Tablas; fol 530-531, carta de Antonio Camacho; fol 534-535, carta de Carlos Taberas; fol 536-537, carta de Luis Oller; fol 538-539, carta de Joaquín de Isasi-Isasmendi; fol 540, carta de Fernando Fornés del Palacio. 1393 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 488; fol 509-510 telegrama. 1394 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 532, carta firmada por el hermano Lorenzo y el hermano Filoteo, agradeciendo además el envio del libro Historial del Grupo de Regulares de Ceuta. 1395 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 491, telegrama firmado por Serrano. 1396 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 492, telegrama. 1397 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 461, Heraldo de San Fernando, 4 de marzo de 1927, “¡Varela!”, firnado por Manuel Pece Casas. 1398 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 464, telegrama. 1399 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 465: “Unida en pensamiento estoy contigo y todos los españoles que honran nuestra querida patria fuerte abrazo, Carmen”, fechado el 5 de marzo de 1927. 1400 ACGJEVI, Carpeta 7, fol 489, telegrama. 672 Grupo nº 3 de Ceuta, consolidado en 1915. En esta primera parte, con un carácter historicista, Varela, presunto redactor del texto, explica que Berbería es una “región íbera” con la que España tiene el deber moral de mantener la integridad de su suelo, evitando el desgajamiento de regiones, clara alusión a la postura separatista de Abd el- Krim, así como un compromiso de honor con las potencias internacionales sobre dicho 1401 territorio . Para Varela, España tiene sus raíces en la civilización íbera, que considera africana, y por consiguiente España es africana, y su población está hermanada con la 1402 marroquí . Es sabido que esta época se consideraba que el poblamiento ibérico de la Península procedía del Norte de África. Seguidamente se pasa revista a sus hechos de armas: el combate del Biutz el 29 de junio de 1916, la campaña contra El Raisuni en 1919, la entrada en Xauen en 1920, y las operaciones subsiguientes. Un nuevo capítulo se abre tras el Desastre de Annual, con el rápido traslado del Grupo de Ceuta a Melilla y la laboriosa reconquista del territorio, con la ocupación de Nador, el 17 de septiembre de 1921 y el combate del Seb, el 2 de octubre. Tras esta campaña el Grupo regresó a Ceuta, y el rey les concedió el uso de la bandera española, con la corbata de la Medalla Militar. El Grupo reanuda la campaña sobre la Yebala, y en Tazarut, en mayo de 1922, murió en combate su teniente coronel Santiago González Tablas, pero se quebranta el poder de El Raisuni. Varela no regatea sus críticas a Primo de Rivera, al afirmar que “Cuando una enérgica respuesta por nuestra parte a las violencias de los rebeldes, virilmente sostenida a pesar de momentos de desgracia, y en las que tantas nobles vidas hallaron gloriosa ocasión de ofrendarse, había colocado el problema marroquí en vías de una sólida solución, la adopción de funestas 1403 orientaciones políticas fue el fermento de la rebelión del año 1924” . Para Varela, el año de 1923 veía la consolidación de la presencia española, y ésta se podía haber mantenido, si no fuera por la orden de retirada y abandono del territorio establecida por el Directorio. La retirada de la Yebala fortaleció a Abd el-Krim y le envalentonó para crear el Estado del Rif, mientras aumentaban las agresiones a las fuerzas españolas. Se detallan las duras operaciones consiguientes a la evacuación, con especial mención de los caídos en las acciones bélicas, y al desembarco de Alhucemas. Acaba el texto con Varela al frente del Grupo y los combates últimos en Beni Urriaguel, el regreso a la zona occidental para la recuperación de Xauen y el final de la campaña. 1401 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 42; Ensayo de Historial del Grupo 3er Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas, p. 79. 1402 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 14-15; Ensayo de Historial del Grupo 3er Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas, p. 23-25. 1403 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 31; Ensayo de Historial del Grupo 3er Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas, p. 57. 673 El texto es en definitiva una sucesión de combates, y un recuerdo a los que sacrificaron su vida por la victoria. Una victoria obtenida con mucha sangre y mucho esfuerzo. El Historial del Grupo de Regulares de Ceuta fue reeditado por Espasa Calpe al año 1404 1405 siguiente, 1927 . Varela remitió el libro a algunos amigos y colegas . Varela era un jefe preocupado por la imagen del Ejército. Como muchos oficiales, se disgustaba ante los ataques que sufrían las Fuerzas Armadas, y sabía que el simbolismo era muy importante para dotar de espíritu a sus hombres, y para hacer crecer el papel social del Ejército, dando a conocer sus funciones y sus logros. 3.11.11.- La campaña del otoño e invierno de 1926. Para el verano de 1926, la Dictadura entraba en su fase de declive. La popularidad de Primo de Rivera se estaba deteriorando, por la prolongación de la Dictadura, la represión de las organizaciones obreras y la censura de prensa. Pero además, un sector del Ejército se situó frente a Primo de Rivera. En junio se descubrió una conspiración contra el Dictador a cargo de los generales Weyler y Aguilera, junto con el conde de Romanones. También Primo se enfrentó al cuerpo de artilleros, por mantener los ascensos por méritos de guerra: la solución de Primo de Rivera fue disolver el Cuerpo. En el Protectorado, quedaban por someter cuatro cabilas y algunas fracciones de Gomara y Yebala. El norte de Gomara había sido pacificada con el “raid Capaz” y la rendición de Senhaya, pero la cabila de Beni Jaled seguía rebelde. Las cabilas de Ketama y Senhaya se habían declarado sometidas al Majzen, pero no habían sido ocupadas, y se temía que una retirada de las tropas españolas provocara que los rebeldes, refugiados en el Alto Ajmás, Beni Jaled y suroeste de Ketama, invadieran la región y la llevaran de nuevo a la rebelión. Tampoco se podía establecer una hilera de puestos de vigilancia, posibilidad onerosa. La propuesta fue realizar un despliegue con pocas tropas, con un frente flexible, sin posiciones fijas fortificadas, basado en fuerzas 1406 Jalifianas que apoyarían a las idalas de los caídes . De esta forma se mantuvo este frente durante el invierno de 1926 a 1927. 1404 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 267-319, edición de Espasa-Calpe, 1927. 1405 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 320-323, carta manuscrita, fechada en La Coruña el 30 de mayo de 1927, firmada por Fermín Giménez, membrete de “Capitanía General de la 8ª Región. Estado Mayor. Particular”. En el texto, Giménez se confiesa fervente admirador de Varela, hace votos por su pronto ascenso a general, y comenta algunas noticias personales de amistades comunes, la familia Puga. 1406 Servicio Histórico Militar, Historia de las Campañas de Marruecos, t. IV, p. 149-150. 674 A finales de septiembre de 1926, el general Castro Girona invadió Beni Urriaguel y Ketama, mientras el coronel Pozas lo hacía por Terguist, y el capitán Ostáriz por el sur, por Senhaja Srir; Capaz salió de Xauen hacia Ketama. Pozas fue ayudado por el caíd ris Mimoun Joya, antiguo partidario de Abd el-Krim. En octubre de 1926, cincuenta y cinco de las sesenta y seis tribus estaban sometidas, y siete más estaban a punto de ceder. Solo los Sumata, en el Lucus, los Beni Lait en Yebala, los Guezawa y los Beni Ahmed resistían. A través de dos cartas escritas en octubre de 1926 por Varela a su amigo, el marqués de Tablantes, conocemos que Varela estaba contento y optimista con la situación bélica: “el problema está casi terminado y del todo lo estará en la 1407 primavera” . Este optimismo sin duda sería compartido con los oficiales del Protectorado. Varela se muestra satisfecho de “la gestión de Don Miguel; estamos mejor que nunca y lo de Marruecos francamente orientado, mejor dicho terminado el problema militar grande. Ya no tendrá el país que preocuparse de operaciones ni incertidumbres en los duelos de sangre; esto virtualmente ha terminado y del todo en la primavera”, después habría que buscar un gobernante administrador, “emprendedor y 1408 hacendista” , para poner en producción el territorio y que no fuera gravoso al Estado. Varela se muestra contento con la Dictadura, y no aparece partidario de un gobernante militar en Marruecos, lo que vendría a demostrar que el Ejército no se iba a manifestar humillado si el Alto Comisariado era encomendado a un civil. En octubre, los militares del Protectorado prepararon una nueva campaña. Un sector de los rebeldes huidos de las cabilas sometidas se refugiaron en Beni Ider, cercana a la carretera del Fondak y a Xauen. Era necesario someter ese territorio, pero era prioritario forzarles a abandonar el sector oriental de Beni Ider, desde donde podían hostilizar las comunicaciones y a Xauen. La región estaba muy dividida entre los partidarios de someterse al Majzen y los defensores de continuar la lucha. Para cumplir la misión, se decidió lanzar una invasión muy rápida y simultánea en varios puntos. Ello representaría un movimiento poco ancho, para limitar el frente de contacto a guarnecer después, pero que bastaría para alejar a los rebeldes. La invasión estaría limitada por la línea Kerikera –Tan Aisa – Seviet – Buharrax – Zoco T’Zelata - Yebel Telefta – Ain Gorra – Mesetas de Anasul – Luhorna – Yebel de Sidi Ben Nuar y Bugabex. Para entrar 1407 ACGJEVI, Carpets 6, fol 96, carta fechada en Ceuta el 6 de octubre de 1926. 1408 ACGJEVI, Carpets 6, fol 96, fechada en Ceuta el 19 de octubre de 1926. 675 en la zona existían tres vías naturales: el camino de Ben Harrich por el Blocao de Amegar al Collado entre Seviet y Ajayat al Zoxo T’Zelata, que era transitable para hombres y ganado; el camino central por el valle del Xekor; o la cresta que desde Bugabex, por el Yebel de Sidi Ben Nuar va a las Mesetas de Luhorna y Ain Gorra. Se formarían tres columnas, al mando del general Gómez Morato, bajo el mando supremo del general Sanjurjo. La columna derecha, al mando del coronel Manuel López Gómez, con el teniente coronel Varela como segundo jefe, formada por los Regulares de Ceuta, las Intervenciones e Idalas de Beni Mezauar y Wad Ras, una Bandera del Tercio, un Batallón de Cazadores y una Batería; columna izquierda, al mando del coronel Francisco Patxot, con el teniente coronel Sáinz de Larín como segundo jefe, formada por cinco Escuadrones de Caballería, una unidad de Ametralladoras, los Regulares de Tetuán, una Bandera del Tercio, un Batallón de Cazadores y una Batería; y columna 1409 central, la principal , integrada por la Harka de Beni Urriaguel al mando del comandante Miguel López Bravo y la Mehal-la de Tetuán, al mando de Álvarez Coque. Además, actuaría una columna ligera a las órdenes del capitán Ferrer, para cubrir el flanco izquierdo. Era una zona de cabilas rebeldes y terreno muy abrupto: los Beni Lait, los Beni Gorfet, los Beni Aros y los Beni Ider. La campaña debía desarrollarse desde Tetuán en noviembre, estableciendo la campaña de pacificación y llegando a Tazrut 1410 antes de las lluvias del invierno . 1411 El 3 de noviembre, las tropas españolas entraron en Beni Ider , logrando una 1412 rápida sumisión de la misma, cuando había sido siempre rebelde al Majzen . El teniente coronel Varela era el jefe de vanguardia de la columna derecha, mandada por el coronel López Gómez. Las operaciones de Beni Ider se desarrollaron entre el 3 y el 7 de noviembre de 1926. La vanguardia española, a las órdenes del teniente coronel Varela, estaba formada por las idalas de Wad-Ras y Beni-Mesauar, ambas débiles y de escasa consistencia, un Tabor de Regulares de Larache, la 5ª Bandera del Tercio, una batería y servicios (Parque Móvil de Ambulancia). Era una fuerza escasa para la difícil misión planteada. Dado lo accidentado del terreno, en caso de apuro poco apoyo podría prestarse desde el grueso de la columna, formado por un batallón de Cazadores. El 3 de 1409 ACGJEVI, Carpets 6, fol 98-118: “Orden General del día 31 de octubre de 1926”. 1410 Servicio Histórico Militar, Historia de las Campañas de Marruecos, t. IV, p. 150-151. 1411 ACGJEVI, Carpets 6, fol 119, El Eco de Tetuán, 5 de noviembre de 1926, “Nuestras tropas irrumpen triunfalmente en Beni Ider” 1412 ACGJEVI, Carpets 6, fol 126, Orden General del día 7 de noviembre de 1926, firmada por el Jefe del estado Mayor, General Manuel Goded. 676 noviembre, como se ha dicho, se iniciaron las operaciones, cuyo objeto era la ocupación del Zoco del Tzin y poblados de Amekri y Suaki. Estos poblados estaban encerrados en un valle rodeados por montañas cubiertas de matorrales y chumberas. Era una ocupación complicada, pero Varela la resolvió. A las 00:00 horas concentró la vanguardia en Dar Xaui, la dividió en dos núcleos y emprendió la marcha. El primero, pasó por la casa del caíd Zel-lal, flanqueó las alturas del Zoco del Tzin y ocupó las estribaciones de Sidi B.Nuar, instalándose en Imamegal, la extremidad de los mismos; el segundo grupo se encaminó directamente al Zoco, dirigido por el propio Varela. El enemigo, al descubrir al primer grupo, se enfrentó a él, lo que permitió a Varela ocupar rápidamente el Zoco, para seguir hasta ocupar las colinas al sur del mismo, y que, situadas al norte de los poblados citados, los dominaban. Ocupadas las colinas, el enemigo que mientras tanto seguía oponiéndose al avance del primer grupo de la vanguardia, descubrió de pronto que las tropas españolas se habían situado en su flanco y retaguardia y les cerraban la retirada. Varela ordenó incrementar el fuego artillero y la presión de la Infantería sobre el enemigo. Ante el evidente peligro de verse copado y machacado por la artillería, al caer las primeras granadas los rebeldes huyeron, y los objetivos fueron ocupados en su totalidad. La columna de la derecha debía avanzar por el Yebel Luhorna a Telefta; la de la izquierda debía llegar a Buharrast, y la del centro, por Tazerut, Sab-ba y Taead Amas, al zoco el Telata. En esa campaña, el 3 de noviembre de 1926 murió Ahmed Jeriro en Serrama, se dijo que asesinado por la espalda por uno de sus hombres. Los españoles entregaron a los rifeños el cuerpo, los cuales lo sepultaron con honor en las montañas. Por su parte, García Figueras avanzó sin problemas a Rock-ba el Gozal, obteniendo, tras la muerte de el Jeriro y el castigo a Beni Ider, la sumisión de las fracciones Umras de Beni Aros y Beni Hamed de Beni Ider. En los días siguientes Varela ocupó Amekri Suakri, Mamedai, y Sidi Ben-Nusa. El 5 se estableció como objetivo Yebel Luhorna, posición de gran altura, muy rocoso y casi inexpugnable por su fácil defensa. Las idalas del Majzen, tras recibir un duro fuego, se mostraron demasiado prudentes al avance, por lo que Varela encomendó éste al Tabor de Regulares de Larache, poniéndose a su frente dando ejemplo, que inició la ascensión desafiando el fuego enemigo. Ya cerca de la cima, fue necesario detener la subida para municionar y estudiar el último escalón. En esa posición, un grupo de enemigos, deslizándose por un barranco, atacó a las tropas de España por el flanco izquierdo, pretendiendo deslizarse hacia la retaguardia. Varela, con sangre fría, ordenó 677 que la compañía de ametralladoras del Tabor se situara al borde del barranco y rompa el fuego, mientras otra de fusileros avanzara el frente por la izquierda y la cubriera en su 1413 posicionamiento, y la idala del caíd Abd el-Krim , hombre muy valeroso, se enfrentara al grupo atacante desde unas casas. El caíd así lo hizo y los rebeldes fueron detenidos, pero al caer herido sus hombres se desperdigaron y abandonaron las casas. Varela, sin perder los nervios, ordenó que la artillería dejara de machacar la posición de la cima de la montaña, y que las idalas la asaltaran; pero éstas, desmoralizadas por la tenaz resistencia de los rebeldes y las bajas, se pegó al terreno y no avanzó. Varela dispuso entonces que lo hicieran dos compañías de Regulares, las cuales arrastraron a las idalas y coronaron el objetivo. Como resultado, los poblados de Asla y Dechira se sometieron. Habían sido días de combate y persecución en un terreno difícil, en los que Varela sobresalió por sus “sobresalientes cualidades de experto guerrillero de montaña, conocedor del valor militar, del terreno que pisa y de las astucias guerreras 1414 del enemigo” . Pero después, quebrantadas por tan severa derrota, las tropas españolas y del Majzén avanzaron sin dificultades sobre Talefta en día 7, recibiendo las sumisiones de las aldeas al paso. En los días siguientes, las lluvias torrenciales y la falta de ganado debido a las bajas sufridas en mulos, impuso una paralización de las operaciones. En diciembre mejoró un tanto el tiempo, y se decidió ocupar Beni Lait. Se trataba de cerrar el cerco sobre el macizo de Yebel Alam. Para ello se montaron dos columnas, una de ellas en el zoco el Arbáa de Beni Hassan, al mando del coronel Canis, que avanzó en el eje este- oeste; la otra desde Buharrast, con la Harka de López Bravo, la Mehal-la y los Regulares de Tetuán, para avanzar hacia el sur. El día 5, López Bravo ocupó la posición Muñoz Crespo, y al día siguiente, 6 de diciembre la cabila, totalmente ocupada, se sometió. En esta conquista de Beni Lait Varela apenas intervino. Ese año el invierno de 1926-1927 no paralizó las operaciones militares, que siguieron entre la nieve. A finales de 1926, los españoles habían apresado 58.000 fusiles, ciento setenta y cinco ametralladoras, ciento diecinueve cañones, cinco mil granadas de mano, y otras armas y bagajes. Con casi todas las tribus sometidas, de 1413 Obviamente, el nombre es común en el Rif; Abd el-Krim significa “siervo del Generoso” (Abdul=siervo de) 1414 ACGJEVI, Carpets 8, fol 207. Declaración del coronel de Estado Mayor Mariano Santiago Guerrero en el expediente de ascenso a coronel de José Enrique Varela Iglesias. 678 hecho treinta y seis, siete sometidas en parte y solo tres insumisas (Beni Aros, Sumata y Beni Lait) la guarnición española del Protectorado fue reducida a 90.000 hombres. El 19 de noviembre, y de nuevo a principios de diciembre, se requirió del teniente coronel Varela que entregara, por orden del Comandante General de Melilla, un 1415 registro de sus acciones y servicios al frente del grupo de Regulares de Ceuta . Sin embargo, por debajo de los triunfalismos y las felicitaciones, estaba la realidad. El Ejército de Marruecos estaba desarrollando un enorme esfuerzo, como testimonia la carta remitida a Varela desde Xauen por el comandante Federico 1416 Medialdea, de los Regulares de Ceuta . En la carta se aprecia que en las operaciones, Varela había sido marginado a un puesto de difícil cometido: “Ante todo le reitero por escrito el telegrama de felicitación que en nombre del Tabor y en el mío propio le dirigí a Dar-Xaui por el brillante resultado de su intervención en las operaciones, a pesar del encasillado en que le colocaron, lo cual ha hecho en fin de cuentas que su labor haya quedado aún más de relieve”. Se lamenta de que finalmente el Tabor no interviniera en las operaciones, a pesar de estar prevista su participación. Informa de que llegaron los suministros: “Llegaron los dos camiones con casi todo lo que le había pedido a V., sobre todo las alpargatas ¡Dios se lo pague! No puede V. imaginar lo que he sufrido viendo descalzos a todos estos buenos soldados, tan sufridos que en estos días aciagos, a pesar de no tener calzado y de estar ateridos de tanta agua y de tanto frío (ayer amanecimos rodeados de nieve) no se haya registrado una sola deserción. Claro es que he agotado el tarro de la vaselina”. Al parecer, el conseguir las alpargatas y otras prendas de uniformidad habían costado mucho de conseguir, y no había habido más remedio que recurrir a Varela en plena campaña, el cual, a tenor de la carta, había recurrido a algunas tretas para conseguir el equipamiento. Medialdea notificaba que quizá fueran licenciados los españoles de la quinta de 1924, lo que supondría “la liquidación de las ametralladoras y del tren”. La misiva, en definitiva, denunciaba la penosa situación del Ejército, y la existencia de envidias y jugarretas contra Varela. No en balde, todos sus servicios como teniente coronel solo fueron recompensados con una 1417 Cruz de 2ª Clase al Mérito Militar con distintivo rojo . 1415 ACGJEVI, Carpets 6, fol 120 y 121. 1416 ACGJEVI, Carpets 6, fol 122, manuscrita, fechada el 23 de noviembre de 1926. Los subrayados figuran en el texto original. 1417 ACGJEVI, Carpets 6, fol 129. En diciembre de 1926 Varela tenía, además de la citada Cruz, tres Cruces al Mérito militar con distintivo rojo, dos Laureadas, la Medalla de Sufrimientos por la Patria, la 679 3.11.12.- La última fase de la Pacificación y el papel de Varela. Los muyahidines se desmoralizaron, era imposible reorganizarse ante el rápido avance de españoles y franceses, las represalias con destrucción de cultivos y ganados y ejecuciones amedrentaban a los rifeños. Las áreas más rebeldes se vieron despobladas, pero la resistencia se sostuvo aún unos meses. En 1927 sólo quedaban dos focos rebeldes. El 17 de enero, fuerzas Jalifianas de Larache ocuparon, sin resistencia, el macizo de Beni Gorfet, sometiendo esta cabila, y disponiendo el cerco sobre las de Beni 1418 Aros y Sumata . Tras pasar unos días de permiso, Varela regresó a Ceuta el 19 de enero de 1927 1419 desde la península . Sus hombres, oficiales y admiradores le hicieron un recibimiento grandioso al desembarcar, encabezados por el Comandante Mayor del Grupo de 1420 Regulares de Ceuta, Lagarde Aramburu . Le acompañaban su ayudante el capitán Morendeira, el comandante Lapatza, los capitanes García Menéndez, Carrasco Verde, el teniente Castillo, y otros oficiales. Para entonces, el general Sanjurjo ya había establecido el plan para la ocupación de Beni Aros, para iniciar el 15 de enero de 1421 1927 . El plan preveía una fase preparatoria de acción sobre Tesar, y después un avance desde Rokba el-Gozal, Buharrax y Zoco Arbáa de Beni Hasan. En la fase preparatoria se aseguraría el flanco derecho del avance enviando una columna para vigilar el valle de Aiaixa, y ocupar Chefraueux y Tesar, estableciendo guarniciones que pudieran actuar como reserva. En el avance sobre Beni Aros, se establecerían tres columnas: la de la derecha, integrada por fuerzas de Larache, saldría de Rokba el-Gozal; la del centro, al mando del general Balmes y con fuerzas de Harka y Regulares de Tetuán, y un Tabor de Regulares de Ceuta, así como la 6ª Bandera del Tercio y otras unidades, desde Buharrax; y la de la izquierda, a las órdenes del coronel Emilio Canis, desde el Zoco el Arbáa. En una primera fase, se avanzaría hacia el Zoco el Jemis de Beni Aros, Ain-Gorra, Taiensa y Talaiamin. En la segunda fase, el general Sousa, al mando de las columnas derecha y centro, ocuparía los macizos de Silos, Rof y Aiuen, así como Tazarot, convergiendo en este lugar con la columna de la izquierda. Desde Medalla Militar con distintivo y pasador de Larache, y el distintivo de Regulares de Infantería con una barre de oro y dos rojas. Llevaba sirviendo en África once años y seis meses. 1418 Servicio Histórico Militar, Historia de las Campañas de Marruecos, t. IV, p. 152. 1419 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 108, El Eco de Tetuán, 20 de enero de 1927, “El Teniente Coronel Varela”. 1420 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 89, Heraldo de San Fernando, 27 de enero de 1927, “Llegada a Ceuta del Teniente Coronel Varela”, firmado por Mohamed Garbani 1421 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 90-107, “Orden General del día 12 de enero de 1927 en Ceuta” 680 estos puntos se prepararía el avance sobre Sumata en el Zoco el Jemis, Sido Otzman y Mexerah El teniente coronel Varela recibió en febrero de 1927 a una comisión compuesta de representantes de Sevilla, Córdoba y Málaga, que realizaban una visita al Protectorado. El cuartel de Haddú fue engalanado. Los visitantes fueron recibidos por la Nuba, la banda de música propia de los Regulares, que había visitado recientemente Sevilla formando parte de la cabalgata de los Reyes Magos. Varela, acompañado de su Ayudante, el capitán Morandeira, y de sus oficiales, recibieron a los cerca de trescientos invitados: los marqueses de Marzals y sus hijas, la marquesa de Margallo, el general Sanjurjo y los generales de Marina Lazaga y García Velázquez, los coroneles Sotelo, Losada y Fernández Jiménez, el teniente coronel del Tercio Valcázar, oficiales de Marina de los buques fondeados en Ceuta, y de distintos cuerpos de la guarnición, la comisión del Ateneo de Sevilla, representantes de la prensa de la capital hispalense y otras localidades, el torero José García “el Algabeño”… Se sirvió té, champán, fino gaditano, y se bailó a los compases de la Banda de la Legión. Entonces se anunció la llegada del 2º Tabor, que regresaba de la ocupación de Xauen, y el comandante Lapatza fue recibido al frente de sus hombres, mientras la Nuba interpretaba el Himno de los 1422 Regulares, y los chóferes de los coches allí aparcados hacían sonar sus bocinas . Siempre inquieto, sin duda espoleado por su experiencia en las recientes 1423 campañas con vehículos a motor, Varela obtuvo el carnet de automovilista . Al frente del Grupo de Regulares, Varela tuvo varias iniciativas: edificó un almacén nuevo, así como un depósito de armas, adquirió un autobús para los oficiales, creó un gabinete fotográfico, reorganizó el depósito de víveres… Los oficiales a sus órdenes eran, entre otros, el capitán Manuel Carrasco Verde, el teniente Esponera Valero, veterano de la Harka, el suboficial Guillermo Raga, muy veterano del 1424 Grupo… . En esa época, las principales aficiones de Varela eran montar a caballo, leer y estudiar las costumbres marroquíes. En una entrevista días después, el periodista le sorprendió con un libro de poesía de Cristina de Arteaga. Según los periodistas, era admirado e idolatrado por sus hombres, era inteligente, bueno y generoso. Tenía una escolta formada por diez negros, antiguos miembros de su Harka. Estaba dotado de 1422 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 44-45, Heraldo de San Fernando, 18 de febrero de 1927. 1423 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 47-48, expedido el 24 de febrero de 1927. 1424 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 50-51, La Esfera, 26 de febrero de 1927 “Las gestas de España en África. El teniente coronel Varela y sus Regulares de Ceuta”, p. 24-25. 681 optimismo, alegría y elegancia mundana. En una entrevista concedida al ABC, Varela afirmó que la derrota decisiva de los “Hijos del Ogro”, como él llamaba a los seguidores de Abd el-Krim, tuvo lugar el 10 de mayo de 1926. El enemigo rifeño, según él, había sido un enemigo temible, capaz de derrotar al ejército francés, vencedor de la Gran Guerra, en el Uarga, y que había sacudido los cimientos de la colonización gala en el protectorado marroquí, siempre citada como ejemplar y modélica. Sólo tras estos éxitos los franceses se dieron cuenta que era necesaria una acción conjunta de ambos países para derrotar la rebelión. Varela relató que tras la toma de Asgar tuvo lugar la ocupación de la loma de los Morabos, posición bien defendida que cerraba el paso del Guis. El asalto de la posición fue para él la mayor emoción de su vida: “Después de una fuerte preparación por el fuego, y habiéndose cerrado lenta y penosamente la distancia, me lancé al asalto, al frente de mis tres tabores y de la bandera del Tercio. Puede usted creer que fue la mayor emoción de mi vida, y su recuerdo el más grato que guardaré hasta mi muerte. La gran masa, formada por aquellos bravos muchachos, cuyos corazones movíanse por idéntico impulso, al son del toque de ataque, que nos empujaba al triunfo, sin una vacilación, coronó la loma, decidiendo la situación y, realmente, la campaña, lanzando al Guis los últimos restos del vencido enemigo. Y aquí comienza el éxodo hacia la rota del caudillo moro, que acaba por entregarse a los franceses, temiendo como es natural, el justo castigo que le hubiéramos infligido los que 1425 sufrimos su innoble comportamiento cuando nos creyó débiles” . Varela relató el resto de la campaña, así como el regreso a Xauen, y también sus experiencias en la Harka. Al ser preguntado por el futuro, Varela contestó que faltaba muy poco para que el protectorado estuviera totalmente pacificado, y la gloria correspondía a los que supieron arbitrar los medios y las formas de obtener la victoria: al general Primo de Rivera, a los generales Sanjurjo y Goded, a los comandantes generales de Ceuta y Melilla; y a lo que alentaron al Ejército, el pueblo y el Rey, “el Monarca, que ni un solo momento dejó de prestarnos a todos los entusiasmos de su amor al Ejército y a la Patria”. Varela seguía gozando del favor popular, sobre todo 1426 entre sus paisanos gaditanos . 3.11.13.- La rebelión en Ketama y Senhaya. 1425 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 52-55, ABC, 18 de marzo de 1927, “Hablando con el teniente coronel Varela”, firmado por R. Martínez de la Riva. 1426 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 58, Heraldo de San Fernando, 31 de marzo de 1927, “¡Loor al héroe!”, poesía en honor a Varela; fol 62, Heraldo de San Fernando 4 de junio de 1927, “Te enaltece y te dá gloria”, artículo, ambos firmados por José Carretero Troya. 682 Ketama, donde sólo se había sometido la fracción del caíd Tulud, al norte de la cabila, seguía insumisa. En la zona se habían refugiado muchos rifeños rebeldes huidos. Los rebeldes, dirigidos por el Cherif Ali Ajamelich El Selliten atacaron en la noche del 5 al 6 de febrero la idala del caíd Tulud. Se ordenó desde Melilla apoyarla con un Tabor de la harka de Melilla y otro de la Mehal-la nº 5, fuerzas al mando del capitán Oztáriz, y que el teniente coronel Capaz, con dos Tabores de fuerzas jalifianas, avanzara sobre Ben Berret para amenazar a los rebeldes en su retaguardia. Oztáriz avanzó sin resistencia hasta Uahaxied, pero el 12 de febrero fue atacado, viéndose obligado a retroceder hacia la Zauia de sidi Ahmed Suni, su base. Los rebeldes, no obstante, fueron contenidos, pero entonces se preparó una harka rebelde en el sur de Ketama, con el fin de atacar Zercat y Beni Hamed. El 3 de marzo de 1927, en una operación, se arrojó al enemigo de Yebel Tamtani, que amenazaba el acceso al zoco de Telata de Ketama y la base de Tainza. Ese mes de marzo de 1927, en Gomara, 2.000 reclutas indígenas desertaron para unirse a las guerrillas. Seguían dándose golpes de mano, asaltos a convoyes y emboscadas por parte de las cabilas recién sometidas, pero la eficacia de las columnas móviles españolas era innegable. El general Castro Girona avisó a Sanjurjo de la situación, y éste, que se encontraba en Madrid conferenciando con Primo de Rivera, ordenó que se situara un Tabor de Regulares o Jalifianas en reserva para socorrer en caso de apuro a los puestos más alejados del sur de Senhaya; pero esta medida no se llevó a cabo a tiempo. Los rebeldes del Cherif Ali Ajamelich amenazaban la pequeña cabila de Tagsut, delante de la línea española de Zercat-Adman-Taberrant, al sur de Senhaya. El caíd de Tagsut, sometido al Majzen, pidió que se estableciera una posición española en su territorio. El comandante general de Melilla accedió, estableciéndose en Uartet una Compañía de Regulares al mando de los tenientes Ortega y Díaz de la Serrana, que fueron acogidos con muestras de afecto. Pero pocos días después, el 26 de marzo de 1927, la posición fue atacada por los cabileños de Tagsut, unidos a rebeldes de Ahmas, Beni Yahmed y Beni Khaled. Tras seis horas de lucha, la posición fue tomada, y los Regulares que la guarnecían todos muertos menos uno. El teniente Díaz de la Serrana fue salvajemente torturado. La captura del puesto costó a los rebeldes setenta y una bajas. Al día siguiente, el capitán Oztáriz, salió de Targuist al frente de dos Tabores de la Mehal-la, escoltando un convoy y llegando a Adman sin problemas. Allí supo que el puesto de Taberrant, lindante con la zona francesa, estaba siendo atacado, por lo que 683 decidió dejar a un Tabor con el convoy, y acudir con el otro en apoyo del puesto. Al llegar a Taberrant, encontró la posición abandonada, pues sus defensores se habían visto forzados a huir a la zona francesa. Mientras tanto, el Tabor que escoltaba el convoy fue atacado en el desfiladero de Util. Oztáriz volvió para ayudar al Tabor atacado, pero fue a su vez atacado. En la porfía pereció el capitán con los tenientes Cuevas, Alemán Castell, Primo Ruiz y Sousa, y tuvo doscientas cuarenta y cinco bajas entre sus hombres. El capitán Valdés y los tenientes Antonio y Alba consiguieron replegar a los supervivientes sobre Adman. Al conocer la noticia, que recordaba dramáticamente los hechos que precedieron a Annual, el comandante general de Melilla ordenó enviar refuerzos. Se organizaron dos columnas, una al mando del coronel Pozas, en Gainza, con 4,840 hombres, y otra a las órdenes del coronel Mola, en Adman, con 5.940 hombres, más una tercera de reserva al mando del general Dolla, situada en Targuist, con 3.620 hombres. Ambas columnas debían converger sobre Tagsut. Las dos columnas de operaciones se componían de catorce Tabores de harkas auxiliares, Mehal-las y Regulares, cuatro banderas de la Legión, un batallón de Infantería, una Mía de Caballería de Mehal-la, dos baterías de obuses, dos compañías de zapadores, dos de intendencia, dos secciones de Transmisiones y Sanidad. La columna Dolla, de reserva, estaba integrada por dos Tabores de Metal-la, una Bandera del Tercio, dos batallones de Infantería, dos baterías y servicios. El día 11 de abril, una terrible tormenta de nieve impidió lanzar la ofensiva, prevista para el día siguiente. Las tropas y convoyes quedaron estancadas, pero los duros combatientes rebeldes atacaron en estas condiciones a la columna del coronel Solans situada en el macizo de Bochaib para proteger de los insurrectos a la cabila sometida de Beni Bechir. El temporal se cobró la destrucción de la base de hidros y el embarcadero de Alhucemas, y el hundimiento de tres barcazas con veinte hombres. Las lluvias arrasaron el campamento de Torres de Alcalá y provocaron una riada donde perecieron dos oficiales y varios soldados. En Imasimen, la nieve alcanzó metro y medio de altura, sepultando al ganado. La mitad de los efectivos de la columna Pozas fue baja por congelación, y la mayoría del ganado pereció. Los destrozos afectaron a instalaciones en casi todo el territorio. Pese a todo, las columnas españolas mantuvieron sus posiciones. 684 El día 14 de abril el tiempo mejoró y Mola pudo socorrer a la columna de 1427 Solans, que había quedado sitiada y sufría bajas de doce oficiales y doscientas noventa y dos de tropa, con una columna al mando del comandante De Miguel, la cual tuvo que vencer la crecida del Uarga para llegar a su objetivo. El 18 de abril, Solans y Mola atacaron, ocupando Ugriden, Bu Remdan, Tamezarin y Asenjo. El cabecilla rebelde Selliten (Slitan) huyó, y el 19 se llegó al Zoco el Arbáa e Imugzen. Tras tomar el paso de Bab Tilua, el 22 se recuperó Taberrant. El 28 de abril, con el avance de la columna del coronel Mola desde Adman, y la toma del Yebel Afegag, se inició la ocupación del valle de Tagsut. El coronel Pozas derrotó la concentración rebelde en la 1428 meseta del Talgunt, y el 29 de abril, y toda la cabila quedó sometida . Uno de los jefes principales de la rebelión, el caíd Mohamed Asdat, atacó en Zerkat el puesto de Sidi Mezquin, para cortar las comunicaciones de Targuist con Adman. La posición estaba defendida por cuarenta hombres del Regimiento de Infantería de Melilla, al mando del teniente López de Haro. La posición fue defendida con heroísmo, quedando el 90% de su guarnición muerta o herida. En uno de los asaltos pereció Mohamed Asdat. La campaña de Senhaya había acabado. Una fracción de los Beni Ider también se rebeló a mediados de abril de 1926 y reunieron una harka de unos ochocientos a mil hombres, atacando a un Tabor de la Mehal-la de Tetuán y a una compañía de Regulares de Alhucemas. Se formó una columna para batir esta fuerza enemiga al mando del teniente coronel Varela. Varela 1429 dispuso la expedición, su columna se concentró en el Fondak de Inllerida , convergió con otras en Si B. Nuar, y el enemigo fue batido y ahuyentado. 3.11.14.- La ocupación de la cabila de Beni Aros. 1427 La columna, formada por dos Tabores, uno de Regulares y otro de Mehal-la, quedaron separados y aislados. El 3er Tabor de Regulares de Larache tuvo que vivaquear a 1.500 metros de altura, al mando del comandante Barba, en una situación difícil. Allí fue localizado por la partida de Mohamed Asdat, que lo atacó en cinco ocasiones. Murieron el comandante Barba, dos capitanes, un alférez y dos sargentos, así como trece tenientes y alféreces y seis sargentos heridos, más doscientos tres soldados muertos y heridos, más treinta y ocho mulos y once caballos muertos. En la mañana del 14 de abril, la Aviación pudo por fin volar, y ametralló a los rebeldes desde el aire, provocando su huida. Los Regulares escribieron en la nieve, para que fuera leído por los pilotos: “Nada nos falta, ¡Viva España”. Por fin pudo llegar hasta ellos el Tabor de la Mehal-la y el coronel Solans… y éste supo entonces que su caballo, herido, había sido rematado, y comido por la tropa ante la falta de provisiones. http://fuerzasregularesindigenas.com/articulos.php?subaction=showcomments&id=1304349125&archive =&start_from=&ucat=& 1428 Servicio Histórico Militar, Las Campañas de Marruecos, t. IV, p. 153-157. 1429 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 301, Declaración del comandante Morandeira en el expediente para ascenso a coronel del teniente coronel Varela 685 En abril de 1927 se decidió la ocupación de la cabila de Beni Aros, a cargo de tres columnas al mando del general Federico Berenguer, comandante general de Ceuta. La de la derecha, mandada por el general Souza, partiría de Mensak, en Beni Gorfet, con 4.750 hombres; la del centro, del coronel Balmes, basada en Rokba el Gozal, en Ben Aros, con 3.950 hombres; y la de la izquierda, del teniente coronel Canis, con 5.300 hombres, desde Buharrás, en Beni Ider. El objetivo inicial era capturar el Zoco el Jemis de Beni Aros. El primer paso era la ocupación de Ain-Gorra y Afernún. Varela, reincorporado al frente de sus Regulares de Ceuta, ostentaba el mando de la vanguardia de la columna del teniente coronel Canis. En la madrugada del 30 de abril, tras reconocer el terreno, fraccionó su vanguardia en tres núcleos: uno caería sobre Anasul y las alturas que dominan a Menla, otro atacará Ain Gorra, y el tercero, a sus órdenes directas, se colocaría entre los dos anteriores a modo de apoyo. Las fuerzas se pusieron en marcha, escalando las alturas, y al amanecer atacaron con granadas de mano por sorpresa. Alertado el enemigo, se concentró sobre Afermún, por lo que el avance sobre ésta se hizo difícil por la tenaz resistencia enemiga, favorecida por la maleza y los peñascos. Varela optó por instalar una batería que bombardeada las alturas, mientras solicitaba apoyo artillero al grueso de la columna. Ordenó que una de las harkas auxiliares y el 2º Tabor de Regulares de Ceuta avanzaran por la derecha para ocupar unas lomas, y desde ellas hostigar el flanco izquierdo enemigo. Al apreciar que el enemigo vacilaba al temer que estaba siendo rodeado, Varela ordenó un ataque frontal con el otro Tabor, lo que provoco la huida del enemigo. A continuación, se planteó la toma del Zoco el Jemis de Beni Arós. Era una operación complicada, porque suponía penetrar en un territorio muy hostil, abrupto, y con un enemigo difícil. El 3 de mayo, a las 7:30, Varela concentró la vanguardia al pie de Afermún, y a las 10:00 la columna se puso en marcha hacia el objetivo, con el 2º Tabor de Regulares de Ceuta en vanguardia. Al rebasar la avanzadilla, ordenó al 2º Tabor que ocupara posiciones en el flanco izquierdo para proteger el paso de la columna, encabezándola ahora el Tabor de la Mehal-la de Tetuán. El 2º Tabor de Ceuta siguió el camino, reconociendo los poblados de Rokba-Alía y Ain Akbar. Al llegar la extrema vanguardia al llano al pie de Acab y Xumna comenzó del fuego enemigo en el flanco izquierdo, gracias a la táctica desarrollada por Varela, el 2º Tabor de Ceuta contraatacó ocupando las alturas de Acab, y el Tabor de la Mehal-la desplegó a la izquierda de aquel, tomando las lomas inmediatas. El 1º Tabor de Ceuta asumió la cabeza de la columna, prosiguiendo el avance y coronando las alturas de Xumna y 686 Xarquia sin encontrar resistencia, por estar el enemigo clavado luchando contra el 2º Tabor y el de la Mehal-la. La columna prosiguió la marcha y ocupó el citado Zoco, comenzando su fortificación, así como las alturas de Tahar Yarda. Ocupado el objetivo, 1430 los rebeldes emprendieron la fuga . En esta operación Varela hizo gala de su resistencia física “que le tiene más de dieciséis horas a caballo recorriendo infatigable toda las extensa línea, y un valor sereno, que le permiten en todo momento tener un conocimiento exacto de la situación, apreciándola siempre desde las primeras líneas, en donde su presencias es un estímulo para sus subordinados que en todo momento ven en 1431 su jefe la encarnación de la serenidad y el valor” . El 5 de mayo de 1927, el teniente coronel Varela se incorporó a la columna Balmes con su Grupo de Regulares de Ceuta, siendo designado jefe de la Vanguardia. El día 6, Varela formó parte de la columna que al mando del teniente coronel de Estado Mayor José Martí Prats fortificó la línea Zoco el Jemis-Rokba Alia, para proteger la pista que atraviesa el macizo montañoso del Buxhaven por el pie del Afernún, paso 1432 calificado de dificilísimo y peligroso . Varela estaba al mando de la Vanguardia de la columna, en una misión complicada porque buena parte del trayecto era abrupto y 1433 cubierto con un espeso bosque, lo que lo hacía proclive a ser teatro de emboscadas . Varela estableció que un Tabor de los Regulares de Ceuta y otro de la Mehal-la de Tetuán abrieran la marcha. Tan pronto se coronaron las alturas de Afernún se constituyeron en flanqueo y ocuparon sobre la marcha Rokba Alia. Dejando allí una pequeña guarnición hasta la llegada del grueso, la vanguardia prosiguió el avance hasta cerca del cementerio junto al duar de Ain Abahar, cuando fue violentamente atacada por el flanco. Pero el teniente coronel ya lo había previsto, y las disposiciones estaban hechas y las órdenes establecidas, de forma que el ataque fue rechazado por los Regulares de Ceuta y el enemigo perseguido y desalojado de las alturas de Acab. Mientras tanto, la Mehal-la reconoció el duar. Al llegar al Zoco el Jemis, la fuerza se vio atacada por la retaguardia, con el objetivo de apoderarse de la impedimenta, pero de 1430 ACGJEVI, Carpeta 60, fol 86- 87/1, Hoja de servicios del Capitán General Varela; Carpeta 9, fol 243, Declaración del alférez de Infantería Nicanor Rovira en el expediente para ascenso a coronel del teniente coronel Varela. 1431 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 247-248, Declaración del capitán de Artillería Criado en el expediente para ascenso a coronel del teniente coronel Varela. 1432 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 207, Declaración del coronel de Estado Mayor Mariano Santiago Guerrero, en el expediente para ascenso a coronel por méritos de guerra del teniente coronel Varela. 1433 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 203, Declaración del teniente coronel de Estado Mayor José Martí Prats, en el expediente para ascenso a coronel por méritos de guerra del teniente coronel Varela. 687 1434 nuevo el enemigo fue rechazado sin que logara sus deseos . En todo el trayecto, Varela protegió a los zapadores, estableció un buen servicio de enlace y realizó su trabajo de forma tan eficiente que ese día fueron fortificados diez kilómetros de pista, tal y como deseaba el teniente coronel Martí, cuando el mando superior había previsto dos días. 3.11.15.- La operación de Tahar Berda. Al día siguiente, 7 de mayo, se ordenó la ocupación de Tahar Berda para la próxima jornada. El coronel Balmes ordenó a Varela que tomara el mando de la vanguardia de su columna. El día 7, por la noche, fuerzas de las idalas ocuparon el lugar, y al día siguiente, 8 de mayo, Varela las relevó y dispuso la fortificación de la posición. Varela realizó su tarea e forma eficaz, desplegando a sus hombres y ocupando los objetivos establecidos con maestría, él siempre en la extrema vanguardia. Mientras se fortificaba Tahar Berda, ordenó al Tabor de Regulares de Ceuta del comandante Asensio que ocupara las lomas situadas a la izquierda y a vanguardia de la posición, y al er 1 Tabor de Regulares de Ceuta que cubriera los flancos y vigilara. El enemigo entonces atacó, llegando a hacer vacilar a las idalas situadas al frente. Varela ordenó er reforzar el 1 Tabor y ocupar posiciones que aseguraran más Tahar Berda. Varela estaba manteniendo estrecho contacto con el resto de la columna, había rebasado la posición y ocupado lugares resguardados al sur de ésta, desalojando de los mismos al enemigo allí situado que hostilizaba los trabajos de fortificación. Acabados éstos llegó el momento del repliegue, en el que los rebeldes, Sumata y Beni Abdalah, guerreros muy valientes y tenaces, arreciaron su ofensiva sobre las tropas españolas, intentando acercarse e intensificando su fuego. Pero Varela lo previó, estableció itinerarios de salida divergentes para los distintos pelotones, y situó nidos de ametralladoras que cruzaban sus fuegos, para retirar las guerrillas. Avisó que mandaría la orden de salida de cada unidad por medio de banderas, y ordenó que cada Tabor debía hacer una señal para indicar su abandono de la posición: lanzamiento simultáneo de un número de granadas establecido previamente De esta forma, se daría de inmediato la orden a la artillería propia de machacar las trincheras recién abandonadas. Así, manteniendo el fuego sobre las posiciones desiertas, de forma que el enemigo no osara asomarse a las mismas, y retirando uno a uno a sus hombres, engañó al enemigo y le ocultó que se estaba 1434 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 219,declaración del comandante Carrasco en el expediente para ascenso a coronel por méritos de guerra del teniente coronel Varela, esta hoja está mal puesta, en realidad debería ser la 218, pues su texto viene de la 217 y sigue en la 218. 688 realizando la retirada. El movimiento se efectuó con precisión matemática. Cuando los rebeldes se apercibieron que las tropas de España se habían replegado, avanzaron hasta la línea de guerrillas, para encontrarse con el fuego de las ametralladoras y el bombardeo artillero. Varela les había tendido una sutil trampa, que le valió la admiración de sus compañeros: “Este éxito que tan sólo costó contadísimas bajas, hubiera sido, repito, episodio cruento de no haberse tomado por el laureado Teniente Coronel Varela las bosquejadas disposiciones, que le acreditaron de Jefe expertísimo, en quien el fuego enemigo parece aumentar, si fuera posible, las portentosas dotes militares que posee (…) el prestigioso Teniente Coronel Varela, en quien se reúnen, por rara coincidencia, el valor con la reflexión, la audacia con la prudencia, sus envidiables conocimientos tácticos con la práctica más depurada; eslabones de 1435 la cadena de éxitos que constituyen su brillante carrera militar” . Hay que destacar que la operación costó muy pocas bajas. 3.11.16.- En la cabila de Sumata. Con la ocupación de Tahar Berda, el Ejército disponía de una base para proceder a la ofensiva sobre Sumata. Conscientes de ello, los caídes de la cabila intentaron negociar, aceptando la instalación de puestos españoles en su territorio. Pero el Mando español ya no estaba dispuesto a ser engañado de nuevo, como lo fue en Abarrán y en Tagsut, y exigió la entrega de las armas. Los caídes se negaron, y las negociaciones se rompieron. Se organizaron dos columnas, la de la izquierda al mando del coronel Balmes, y la de la derecha al mando de Castelló. El 13 de mayo de 1927, para penetrar en la cabila de Sumata, con la ocupación de Buhasen y collado de Akersan, la columna Balmes se dividió en dos partes, y Varela mandó la Infantería de una, la fracción de la derecha, mientras la fracción de la izquierda estaba al mando de López Bravo. Era un terreno abrupto y con abundante vegetación, a menudo intransitable, que dificultaba los movimientos de aproximación y municionamiento, y que favorecía la defensa del poblado de Buhamsi (Buhansin), aprovechado por los rebeldes para parapetarse y hostigar a las tropas españolas. Los rebeldes fingieron ser idalas amigas e izaron una bandera española, pero Varela no se fió, y ordenó a un grupo de idalas hacer un tanteo para intentar tomar la posición por sorpresa, al tiempo que posicionaba sobre el poblado la batería a sus órdenes y las 1435 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 204, Declaración del teniente coronel de Estado Mayor José Martí Prats, en el expediente para ascenso a coronel por méritos de guerra del teniente coronel Varela; en términos similares, fol 219, declaración del comandante Carrasco en el mismo expediente. 689 compañías de ametralladoras, para disparar sobre las casas y crestas si fuera necesario. Al acercarse la idala, el enemigo rompió el fuego, y en respuesta el teniente coronel dio la orden de batir el objetivo. Las idalas se quedaron estacionadas, por lo que Varela er ordenó al 1 Tabor de Regulares de Ceuta que avanzaran hacia Buhamsi, poblado ocupado por un enemigo bien armado y parapetado. Varela, con su aguda visión táctica, 1436 rehuyó el asalto frontal y decidió atacar por los flancos . Ocupó el mando en primera línea de combate, dando instrucciones a sus hombres, saltando de un grupo a otro, desafiando el fuego contrario, de forma que comenzó a batir al enemigo por la derecha y le obligó a retirarse detrás del poblado. Mientras tanto el 2º Tabor, más retrasado y a la izquierda del 1º, se movió hacia adelante. De esta forma, la línea española pudo avanzar, según los escalones y la ruta marcados por Varela, protegiéndose mutuamente las unidades y cubiertas con fuego artillero. Se contempló el objetivo final, el collado de Akersan, situado al final de una pendiente ancha, dominada por su frente y por las alturas de Zaharrora a la izquierda, cerca de las cuales estaba el duar de Akersan, que se suponía amigo. Pero apenas las fuerzas españolas rebasaron Buhamsi, desde el duar comenzaron a hacer fuego. Varela ordenó cubrirse a los hombres, y situó a una compañía del Tabor disparando sobre el duar. En ese momento, Varela supo que grupos er enemigos se habían situado en el flanco derecho del 1 Tabor. El poblado fue incendiado, y los rebeldes, uniformados como harqueños y enarbolando banderas españolas intentaron infiltrarse a la retaguarda del 1º Tabor, amenazando el flanco derecho español. La situación se complicaba, pero Varela impartió rápidamente órdenes: Varela ordenó fuego de ametralladoras por el flanco, batiendo al enemigo; la batería se situaría a retaguardia del 2º Tabor para hacer fuego el collado de Azerkan, y pidió al grueso de la columna apoyo artillero, éste situado en Tahar Berda. Se desarrollaría una barrera artillera móvil que abriría camino delante del 2º Tabor. Las compañías fueron situadas cubriéndose con el fuego unas a otras, en su avance hacia el collado. Las ametralladoras fueron situadas en el flanco derecho, cubriendo así las 1437 infiltraciones enemigas y segándolas . Al llegar a cien metros del objetivo, Varela ordenó el asalto, siendo rápidamente obedecido dado el ejemplo de valor, serenidad e inteligencia dado, según el testimonio del comandante Carrasco. Se llegó así al objetivo 1436 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 248-249, Declaración del capitán de Artillería Criado en el expediente para ascenso a coronel del teniente coronel Varela 1437 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 218,declaración del comandante Carrasco en el expediente para ascenso a coronel por méritos de guerra del teniente coronel Varela, describe las disposiciones de Varela de forma muy prolija y detallada. 690 final, las alturas situadas al norte del collado de Akersan. El fuego artillero español, situado en Tahar Berda, y el fuego de la infantería en avance, habían quebrantado ya a los rebeldes, por lo que el coronel Balmes ordenó a Varela ocupar el objetivo. El teniente coronel dispuso el orden de avance y ataque, lo que hizo con celeridad y eficacia. El enemigo huyó abandonando a sus muertos, y se capturaron tres mil cabezas de ganado. Varela permaneció en la posición hasta la llegada del resto de la columna de 1438 Balmes . El día 23 de mayo de decidió ocupar el poblado de Ain-Baida, que estaba separado de Zaharrora por un valle boscoso, rodeado de alturas cubiertas de vegetación, sobre todo la del Yebel Heis, situado a la izquierda de las posiciones españolas. La Orden General establecía atravesar el valle, pero Varela ordenó antes ocupar las alturas de la izquierda y el Yebel Heis, lo que solicitó al jefe de columna, que aprobó su iniciativa. A las 5:30 horas se inició el avance, con la Harka de Beni Urriaguel i las Idalas de Larache, con el apoyo del 2º Tabor de Regulares de Ceuta en cabeza. Las diversas posiciones enemigas, como la de la loma del Arbolito, fueron desalojadas una a una venciendo la resistencia enemiga, tensionando la línea de avance de Varela dado lo abrupto e intrincado, cubierto de vegetación y maleza, entre la que se tenían que abrir paso los hombres a machetazos. La Harka de Beni Urriaguel, escaló rápidamente y por sorpresa el bosque, protegida por la aviación y apoyada por el 2º Tabor de Regulares de Ceuta, alcanzando las alturas del Yebel Heis, asomándose a la fracción de Beni Abdalá, a las 8:15 horas. Para proseguir el avance, Varela ordenó instalar entonces la batería de 7 cm en la altura, y con ella barrer el boscoso fondo del valle y las barrancadas hasta el poblado de Ain Baida, mientras la Harka era relevada en el Yebel Heis por los 1º y 2º Tabores de Regulares de Ceuta. La Harka, mandada por el comandante Bravo, se unió a las Idalas, a las órdenes de García Figueras, para municionar. Desde las alturas se pudo ver como al compás de la artillería iban abandonando el valle grupos enemigos emboscados, lo que demostró la pericia y prudencia del teniente coronel. A las 15:00 horas, la Harka, dividida en dos núcleos se dirigió hacia el poblado de Ain Baida escalando la cima que lo dominaba, mientras las Idalas marchaban directamente hacia el caserío que fue ocupado, razziado e incendiado a las 16:30 horas. La Harka y las idalas lo rebasaron y coronaron la línea de colinas que lo dominaban. Murieron catorce 1438 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 234, Declaración del teniente Sebastián Jiménez en el expediente para ascenso a coronel de Varela; Servicio Histórico Militar, Las Campañas de Marruecos,, t. IV, p. 162-163. 691 soldados, y quedaron heridos un oficial, un caíd y treinta y cinco hombres. El comandante general de Ceuta, general Federico Berenguer, se personó en la vanguardia 1439 y felicitó al teniente coronel . Debe destacarse que de no haberse llevado a cabo la operación de esta manera, ocupar un terreno tan abrupto y con tanta maleza hubiera sido una auténtica carnicería. Con la derrota de la cabila de Sumata, la de Beni Issef decidió someterse pacíficamente, presentándose el 16 de mayo en el zoco el Jemis der Beni Aros, dispuesta a ser desarmada. Seguidamente, por estos días, el general Sanjurjo le destinó como Jefe de enlace con el Alto Mando de la zona francesa, para establecer las siguientes operaciones 1440 combinadas entre ambos ejércitos . Quizá por esta razón, en junio de 1927, corrió el rumor de que Varela iba a ser ascendido a coronel, y la prensa se hizo eco del hecho, en términos elogiosos, recordando la frase que en cierta ocasión dijo de él el rey Alfonso 1441 XIII: “De la Isla tenía que ser” . Fue felicitado por el alcalde interino de San 1442 Fernando . Sin embargo, no era cierto. 3.11.17.- La ocupación de Tazarut. El 1 de junio, Varela recibió orden de llevar sus hombres desde Zaharrora hacia D’xiar. El día 3 de junio, de nuevo al mando de la vanguardia, Varela avanzó desde D’xiar para ocupar Ain Grena y Tazarut, la que fuera capital El Raisuni. Se emprendió la marcha a las 5:30 horas, concentrándose cerca de Sidi Musa. El primer objetivo, Ain Grena, fue ocupado por las idalas de Larache del teniente coronel Villalba, sin encontrar er resistencia. Desde allí, Varela ordenó al 1 Tabor de Regulares de Tetuán del comandante Asensio desplegar y ocupar las antiguas avanzadillas de Ain Grena emplazando dos compañías de ametralladoras en previsión de un posible ataque enemigo, que se avistaba amenazador descendiendo del Yebel Alam; el 2º Tabor de los er Regulares de Ceuta debía vigilar y cubrir el flanco izquierdo, y el 1 Tabor de Regulares de Ceuta quedó a cubierto en el poblado y en reserva. Seguidamente mandó al jefe de las idalas que reconociera Tazarut y entrara en ella, así como las alturas 1439 ACGJEVI, Carpeta 60, fol 87-88/1, Hoja de servicios del capitán general Varela; Carpeta 9, fol 244, declaración del alférez Nicanor Ruvira en el expediente para ascenso a coronel de Varela. 1440 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 204, Declaración del teniente coronel de Estado Mayor José Martí Prats, en el expediente para ascenso a coronel por méritos de guerra del teniente coronel Varela. 1441 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 63, Diario de Cádiz, 15 de junio de 1927, “El ascenso del heroico Varela a coronel”. 1442 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 64, Heraldo de San Fernando, 16 de junio de 1927, “El coronel Varela”. 692 circundantes y el bosque de Sidi Abderrahman; y el Tabor de Caballería de la Mehal-la debía extenderse a la derecha hacia Selalem; Para proteger los movimientos de las Idalas y del Tabor de Caballería emplazó las baterías a la izquierda de Ain Grena, y pidió que los obuses del grueso hicieran fuego donde lo hicieran las baterías de vanguardia. Los Regulares de Tetuán en las avanzadillas sufrieron mucho fuego, siendo reforzados por una batería de 7 cm y otra de 10’5 cm, para detener el avance enemigo. Por su parte, la posición de las idalas en el bosque de Sidi Abderrahman estaba muy expuesta desde las estribaciones del Buhassen, pero dicha posición era imprescindible por cubrir el flanco derecho del dispositivo de Varela. Por estas razones fue el objeto preferente de la embestida enemiga, y las idalas que la guarnecían se vieron obligadas a er iniciar la retirada. Su jefe pidió refuerzos, y Varela le envió el 1 Tabor de Ceuta, además de personarse en el lugar para examinar in situ las posibilidades de defensa. El bosque fue vuelto a ocupar por un Tabor de la Mehal-la de Larache, y al regresar Varela a su puesto, su caballo fue herido. Varela informó de la situación al jefe de la columna, y seguidamente ordenó que una Compañía de la 4ª Bandera del Tercio, al mando del capitán Díaz Montero releve a las fuerzas de Sidi Abderrahman, y que espere a la noche para fortificarse allí. El resto de la Bandera quedó en Ain Grena, y el Tabor de Regulares de Tetuán, en la avanzadilla principal. Establecida la defensa, se procedió al 1443 repliegue escalonado y en orden hacia el vivac . Murió un alférez de los Regulares de Ceuta. De esta forma se ocupó Tazarut, y el morabito de Muley Abd el-Selam, que también cayó. El palacio de El Raisuni estaba destrozado por la artillería de Abd el Krim, y en junio de 1927 fue visitado por el Alto Comisario, el general Goded, el 1444 coronel Asensio, y otras personalidades . 3.11.18.- El avance definitivo. Con la sumisión de Sumata, Beni Aros y Beni Issef, los rebeldes quedaron cercados Yebel Alam y Buhacem. Varela recibió la orden de trasladar a sus hombres a Timisal (T’mial) para integrarse en la columna del coronel Canis, lo que hizo en tres días, el 7 de junio hasta el Zoco el Jemis de Beni Aros, el 8 de junio al Zoco T’zelata de 1443 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 220-221, declaración del comandante Carrasco en el expediente para ascenso a coronel por méritos de guerra del teniente coronel Varela; Carpeta 60, fol 88/1-88, Hoja de servicios del capitán general Varela, donde dice que la Bandera del Tercio era la 7ª; Carpeta 9, fol 244, declaración del alférez Nicanor Ruvira en el expediente para ascenso a coronel de Varela. 1444 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 110-111, Heraldo de San Fernando, 16 de julio de 1927, “Del palacio del Raisuni en Tazarut solo quedan ruinas”, escrito por el Abate Bussoni, datado en Larache el 28 de junio; reproducido del Diario Marroquí. 693 Beni Ider, y el 9, hasta Timisal. El coronel Canis le nombró jefe de la vanguardia de la columna. El 16 de junio de 1927, el general Sanjurjo, comandante en Jefe del Ejército de África, ordenó iniciar el segundo ciclo de la Pacificación, un nuevo avance para rebasar el Yebel Buhacem (Yebel Alam y Buhaxen), acorralando a los rebeldes y desarmando a los poblados incluidos en la zona de avance. Se pretendía avanzar hacia el sur del Ajmas, adelantando los extremos de la línea para cerrar además los valles del río Monzira y del río Lau, para cortar la retirada del enemigo por estas vías, e impedir su huída hacia Beni Isef o hacia Beni Hassan y Beni Zeyel respectivamente. Se establecieron tres columnas. En la columna del coronel Canis, en la vanguardia, se situaron dos Tabores de Infantería de Regulares de Ceuta, junto a otro Tabor de los Regulares de Alhucemas, la Intervención de Beni Hassan, la 7ª Bandera del Tercio, y una batería de 7cm. De nuevo, las tropas profesionales abrían el camino. Esta vanguardia se dividió en dos grupos, uno de los cuales, integrado por los Regulares de Ceuta y la batería, se puso al mando del teniente coronel Varela, y partió de Timisal. Las otras columnas iban al mando de los coroneles Martínez Monge y Balmes, más otra pequeña columna de reserva al mando del comandante Valiño, encargada de la defensa del campamento en Tanacob, y la masa artillera de Lachaix. La fuerza iba apoyada por dos escuadrillas, la de aviones Bristol de Tetuán y la de aparatos Breguet de Larache. Las columnas recibieron la expresa orden de no quemar nada ni hacer daño a los poblados sometidos, su acción sería sólo contra los grupos rebeldes, encargándose del desarme las Intervenciones, apoyadas en esta labor por los Regulares. Según la Orden General, Varela debía salir de la posición artillera de Meyahedit y collado de Timisal el 22 de junio a las 6:00 horas, marchando a Lachaix por la línea de los Abadas, apoyando 1445 al primer grupo de la vanguardia . El 16 de junio, se dispusieron tres columnas, al mando de los coroneles Balmes, Canis y Álvarez Coque. El peso principal iba a recaer en estas dos últimas columnas. Varela, en la columna Canis, realizó una valiente progresión en Bab-Stah. El objetivo era ocupar los collados de Bab-Stah y Bab-Arosa, enclavados entre el Yebel Alam y el Buhacem, un terreno sembrado de duares, bosques y colinas rocosas. Un vez tomados estos collados, se podría cercar, en combinación con fuerzas que avanzaban por otra vertiente, el Yebel Alam, centro de la resistencia rebelde. La operación, preparatoria del 1445 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 65-69, “Orden general del día 20 de junio de 1927 en el campamento de Dexiar”. 694 avance definitivo de Sanjurjo, era muy complicada, porque en la comarca se encontraba el llamado Monte Santo, donde se encontraba una tumba de varios santones y guerreros célebres, como Mulet Abdeselam, Hamido Succan, El Jeriro, Muley Ahmed el Bakar, y otros, y donde se encontraba la residencia de una comunidad de los Chorfa, y que según la tradición no podía ser hollado por cristianos. Era de esperar que esta creencia exacerbara la pasión religiosa de los rebeldes. Antes de iniciar la operación, el Mando pidió consejo al Gran Visir Mohamed Ben Azuz, el cual a su vez se entrevistó con los Chorfas de Tetuán. El Gran Visir aconsejó al general Sanjurjo que antes en entrar con las tropas en el recinto sagrado, entregara a los Chorfas del Yebel Alam una carta redactada por él. En ella, el Gran Visir aconsejaba la sumisión de los Chorfas al Majzen, y si no lo hacían, ellos serían los únicos responsables de todo el daño provocado al 1446 santuario y a sus personas . Varela, con cuatro Tabores de Regulares, una bandera del Tercio, una batería de montaña de 7 cm, una compañía de Zapadores, Parque Móvil, ambulancia, estación óptica, y las fuerzas de Intervención de Beni Hassan, emprendió la marcha al amanecer, sobre las 6:30 horas, tras una intensa preparación artillera desde Meyahedit, con dos baterías de 15’5 cm, dos de 7’5 cm, además de otras baterías repartidas en el frente hasta Buhacem. La vanguardia se concentró en el poblado de Tayenssa. Las idalas de Beni Hassan, al mando del capitán Cean, reconocieron un poblado, desde el que fueron tiroteadas. Las idalas se enfrentaron al enemigo, mientras los 1º y 2º Tabores de Regulares de Ceuta, al mando directo de Varela, avanzaron bajo el fuego enemigo para ocupar unas alturas situadas a la derecha del eje de marcha, dominantes del poblado de Talayamús. Las lomas ocupadas por los Regulares de Ceuta estaban dominadas por otras, a donde se había retirado el enemigo, y desde las cuales hacía fuego. Era perentorio tomarlas. Tras una preparación artillera sobre las mismas, los Regulares de Ceuta se lanzaron al asalto. El enemigo huyó, para encontrarse con otra unidad, dispuesta por Varela, que les hizo fuego en su retirada. Seguidamente los Regulares de Ceuta siguieron avanzando, mientras la 4ª Bandera del Tercio les relevaba en las alturas recién conquistadas. Prosiguió el avance, en cabeza los Regulares de Ceuta y de Tetuán, desalojando al enemigo de puntos fuertes, con Varela en primera línea estableciendo las líneas de avance, dando instrucciones a la artillería y organizando las fuerzas, socorriendo a las que se encuentran con mucha resistencia. Al llegar cerca del objetivo, 1446 Servicio Histórico Militar, Las Campañas de Marruecos,, t. IV, p. 165-166. 695 el collado, la resistencia enemiga se convirtió en desesperada. Varela concentró el fuego de artillería y ametralladoras, pero los rebeldes, parapetados en cuevas y trincheras, seguían resistiendo. Entonces Varela decidió probar otra táctica. Tras reconocer el terreno, mandó que el fuego continuara con la misma intensidad sobre el enemigo, y que un Tabor se mantuviera empecinado en la ofensiva, manteniendo las posición y minimizando las pérdidas. Teniendo así ocupado a los rebeldes, otros Tabores se situarían, rápida y sigilosamente, en el flanco derecho, uno de ellos desplazándose hacia la retaguardia enemiga. Así se ejecutó, y al darse la señal convenida, los tres Tabores atacaron al unísono. La sorpresa fue total, y la resistencia se desmoronó en segundos, al creerse los defensores rodeados. Un Tabor de Tetuán, con sus tres compañías de fusiles, er y el 3 Tabor de Regulares de Alhucemas ocuparon rápidamente los collados de Bab- Stah y Ban Arosa a las 16:00 horas, siendo abandonados en el campo mujeres y niños, 1447 ganado, armamento y munición, provisiones, enseres y aperos de labranza . Hubo un soldado muerto, y dos oficiales, siete soldados europeos y treinta y ocho soldados indígenas heridos. Para el capitán Criado fue una proeza, se recorrieron casi veinte kilómetros en muy poco tiempo, combatiendo con el enemigo y desalojándole de tres líneas de resistencia. Fue tal el descalabro rebelde, que éste ya no hostilizó el avance español hasta el 29 de junio, marchando así sin un tiro desde Timisal a Bab Amegai, y de allí a Lachaix hasta el molino de Sidi Ali, donde se inició la ocupación de 1448 Akarrat . En el Yebel Alam se enlazó con las columnas de Larache, siguiendo el plan establecido por Sanjurjo. Como explicaba el capitán de Estado Mayor Fernando del Águila, Varela realizaba sus asaltos con dos Tabores, dejando un tercero en reserva, y alternándolos, de forma que en el siguiente asalto entraría en acción el que había permanecido en reserva, descansado uno de los que habían participado en el combate. Es el principio de economía de fuerzas. De esta forma, Varela siempre disponía de tropas de refresco, y podía proseguir sus avances y disponer de tropas para eventualidades imprevistas. En batalla estaba tranquilo, realizando las maniobras con exactitud matemática y serenidad, 1447 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 221-222, declaración del comandante Carrasco en el expediente para ascenso a Coronel del teniente coronel Varela. Carrasco cita que la mencionada operación tuvo lugar el 16 de junio; Carpeta 60, fol 89/1, hoja de servicios del capitán general Varela; Carpeta 9, fol 244, declaración del alférez Nicanor Ruvira en el expediente para ascenso a Coronel del teniente coronel Varela; para Ruviera, ese día Varela “se superó a sí mismo”, por la extraordinaria dificultad de la operación. 1448 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 249-250, Declaración del capitán de Artillería Criado en el expediente para ascenso a coronel del teniente coronel Varela 696 como si estuviera en el campo de maniobras o sobre un plano. En esta operación, Varela demostró que sobresalía en las cuatro funciones de concebir, decidir, preparar y dirigir 1449 una misión . El 17 de junio se tomó sin dificultad la cumbre norte del Buhaxem, en un golpe de mano de la Mehal-la de la columna Balmes, al mando del teniente coronel Villalba. El 21 de junio, el general Sanjurjo subió al Yebel Alam junto al Gran Visir y a los Chorfas de Tetuán para hacer la ofrenda (hedia) a Muley Abdesalam, cuyo santuario durante mucho tiempo había estado cerrado y controlado por los rebeldes. El 23 de junio se avanzó sobre Bab de Bu Megait y Amelait para perseguir a los huidos que intentaban refugiarse en el Buhaxem. Aquí se apreció la flexibilidad del plan de maniobra de Varela, para prever cualquier contingencia. El único peligro real era el que podía venir del flanco derecho, amenazado por el macizo de Buhaxem y el Sugna. Por ello, Varela destacó una fuerza que actuando como guardaflanco, permitió que el avance prosiguiera, conteniendo a los huidos en el Buhaxem, y evitando que bajaran a Mitral a obstaculizar la marcha. Las fuerzas de Varela coadyuvaron a la dominación del Monte Santo, realizada por las fuerzas del Majzen. Muchos huidos de la Yebala, allí refugiados, se sometieron, 1450 en opinión del coronel Gorostegui, gracias a la actuación de Varela . Los grupos rebeldes, ya muy reducidos, huyeron hacia el sudeste para unirse al núcleo de Alam el- Foki, en los macizos de Jessana, Tanrais (Tamgaia) y Taria. El siguiente objetivo de Sanjurjo era coronar estas cumbres y llegar a la línea francesa de Gueznaia. Se planteaba ocupar Bab Taza, asaltar Yebel Jassana, cercar y asaltar Yebel Tanraia y Yebel Taria, y proceder a la limpieza del área de Gueznaia situada entre dichas crestas y la línea francesa. Esta misión estaría a cargo del coronel Mola y del teniente coronel Capaz. Las fuerzas eran, las de Larache, con base en Tanacob al mando del general Federico de Sousa, compuestas por las columnas del coronel Balmes y la del teniente coronel Asensio; las fuerzas de Ceuta-Tetuán, con base en Xauen, al mando del general Agustín Gómez Morato, dividida en tres columnas, la del coronel Canis, en la que se encontraban los Regulares de Ceuta, la columna del coronel Martínez Monge, a las órdenes inmediatas del Comandante General, y la ligera del teniente coronel Sáenz de 1449 ACGJEVI, Carpets 8, fol 226, declaración del capitán de Estado Mayor Fernando del Águila en el expediente para acenso a coronel de Varela. 1450 ACGJEVI, Carpets 8, fol 213, declaración del coronel de Infantería Antonio Gorostegui en el expediente para acenso a coronel de Varela. 697 Buruaga, con la Harka de López Bravo; y las fuerzas de Gomara, con base en Ankod, a las órdenes de Mola, repartidas en dos columnas, al mando de Mola y de Capaz, respectivamente. A estas fuerzas hay que añadir la masa artillera y la aviación, compuesta por el grupo de Escuadrillas de Tetuán. El total suponía 20.750 hombres, situadas en arco frente al Ajmás. El plan de batalla preveía una intensa preparación artillera y con bombardeos de aviación. Las agrupaciones de Larache y Ceuta avanzaron y ocuparon Dra el Asef y Bab de Akarrat durante los días 26 al 29 de junio, envolviendo el Yebel Sugna. El 29 de junio la columna del coronel Emilio Canis salió de la posición de Lachaix para ocupar las antiguas posiciones de Dardara, Amegri y Akarrat. La vanguardia, compuesta por tres Mías de Intervenciones del comandante Federico Galviz, dos Tabores de Regulares de Ceuta nº 3, con sus ametralladoras, un Tabor de Regulares de Alhucemas nº 5, una Bandera de la Legión, una batería de 10’5 del Regimiento Mixto de Ceuta, una Sección del Parque Móvil, otra sección de Ambulancias y otra de Transmisiones, estaba al mando del teniente coronel Varela. Éste ordenó a las Mías de Intervenciones explorar el curso del río Lau, tropezando con fuerzas enemigas que quedaron fijadas en el molino de Sidi-Alí. Varela ordenó un amplio reconocimiento del terreno al frente y el flanco derecho. Siguió el avance hacia Akarrat (Dakarrat, Akarrab), que fue ocupada por la Harka de Beni Urriaguel. Al ser ocupada esta posición, el enemigo hizo fuego sobre ella desde la antigua avanzadilla, imposibilitando los trabajos de fortificación e hiriendo al capitán de Artillería Criado, mientras Varela le daba las órdenes para emplazar la batería de 10’5. Varela, manteniendo la serenidad, ordenó evacuar al herido y siguió impartiendo instrucciones. Varela ordenó a los Regulares que ocuparan las cimas que dominaban Akarrat, Dardara er y Amegri, asegurando así su flanco derecho, lo que hizo rápidamente el 1 Tabor, venciendo la tenaz resistencia rebelde sosteniendo fuego todo el día. Desde las nuevas posiciones se dominaba la avanzadilla, pero Varela ordenó suspender los trabajos y esperar a la noche para asaltar la avanzadilla, lo que se hizo a cargo de una Compañía. La avanzadilla, abandonada por los rebeldes, fue tomada sin una sola baja, y entonces se procedió a la fortificación. Varela había supuesto que esta posición era la clave de la resistencia, y manteniendo la confianza y la serenidad, y consiguió mantener al grueso 698 de la fuerza a cubierto del fuego enemigo, alcanzando los objetivos. En esta operación 1451 se expuso mucho, y corrió grandes peligros . 3.11.19.- La ocupación de Bab Taza. El siguiente paso era la ocupación de Bab-Taza, el 30 de junio. El general Federico Berenguer encomendó esta misión a la Columna del coronel Canis. La concentración de tropas se retrasó y se inició a las 13:00 horas. Para evitar que se hiciera de noche antes de cumplir los objetivos, o quedar en posiciones desfavorables, hubo de realizarse todo con celeridad. La Columna Canis, de nuevo con la vanguardia al mando de Varela, debía avanzar el dos grupos desde Akarrat y Kudia Amegri (cota 660) a la meseta de Sidi Arsul, neutralizando las barrancadas y la altura del Yebel Tassa con la artillería. De nuevo se repitió “la prohibición terminante de incendiar casas ni 1452 quemar sembrados, así como producir daños innecesarios” . El terreno tenía al frente el cauce del río Sig Lau, formando barranco hasta Bab-Taza; A la izquierda había una loma que descendía suavemente hasta Bab-Taza, y la derecha estaba dominada por las estribaciones del Monte Hossna, cubierto de maleza o gaba alta y espesa, y ocupado por el enemigo. Varela, en la vanguardia de la columna del coronel Canis, dispuso ocupar las lomas del flanco derecho por las Mías de Intervenciones, idalas del comandante Galvis, apoyadas por el 2º tabor de Regulares de Ceuta, tropezando con resistencia del enemigo, en un terreno abrupto y boscoso; mientras éstas combatían al enemigo, las lomas del flanco izquierdo fueron reconocidas por una Compañía de Regulares de Alhucemas, y el resto de fuerzas avanzó por el cauce del río. La vanguardia se vio acometida por derecha e izquierda, y Varela se vio con pocas tropas para atender la extensión de la línea de combate. Ante la resistencia encontrada en el er flanco derecho, se envió de refuerzo al 1 Tabor de Ceuta, y después a las dos Compañías restantes del Tabor de Alhucemas para que desplegara a la derecha de las idalas. El enemigo, alarmado se desplazó hacia ese flanco para evitar ser arrollados por el mismo. Varela lo había previsto, y concentró allí el fuego nutrido de ametralladoras y artillería. Entonces Varela estimó debilitado el frente, por lo que ordenó al 2º Tabor de Regulares de Ceuta que avanzara rápidamente hacia Bab-Taza. Ante el peligro de ser 1451 ACGJEVI, Carpeta 60, fol 89, hoja de servicios del capitán general Varela; Carpeta 9, fol 245, declaración del alférez Nicanor Ruvira en el expediente para ascenso a Coronel del teniente coronel Varela. 1452 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 70-77, “Orden general del día 26 de junio de 1927, en Ceuta”. El texto entrecomillado en fol 76, el subrayado va en mayúsculas en el original. 699 rebasados y rodeados, los rebeldes comenzaron a ceder, y fueron entonces desalojados de sus posiciones. Bab Tazal fue ocupada de forma tan rápida y arrojada que el enemigo huyó, con lo que los hombres coronaron las posiciones y dominaron las alturas de Jessana con gran audacia. A la caída de la tarde, Bab Taza, importante nudo de 1453 comunicaciones, había sido tomado . La resistencia rebelde se hizo imposible, y se rindió. Varela y Canis fueron felicitados allí mismo por el Comandante General. Para el capitán Ramos Casas, la ocupación de Bab Taza fue modélica. Allí se enlazó con las fuerzas de Capaz, que habían salido de Had de Beni Derkul. En este punto, Sanjurjo decidió dividir el asalto definitivo en dos fases: envolvimiento del Yebel Jossana, y asalto del Yebel Tangaia y Yebel Taria. El 4 de julio se procedió a la ocupación del Yebel Jossana (Jessana, Jezana, Hossana), picos rocosos de altura significativa, envueltos en masa vegetal y separados por profundos barrancos y simas, que obstaculizaban el avance, el funcionamiento de servicios, el aprovisionamiento y la evacuación de heridos. La Columna Asensio tomó el Yebel Guerguer, Balmes ocupó Sidi Arsul, Martínez Monge se apoderó de Yebel Tassó, y la Columna Canis envolvió el Jossana y se adueñó de Bab Keros. Varela dividió la vanguardia en tres núcleos: uno, formado por la Harka de Beni Urriaguel y un Tabor de Regulares debía ocupar el objetivo; un segundo, integrado por las idalas y otro Tabor, debía vigilar el flanco izquierdo, para impedir un ataque o la llegada de refuerzos a la posición; el tercer grupo quedó el reserva. La fuerza se concentró a las 3:00 horas, sin ganado ni impedimenta, al pie del macizo. Tras impartir órdenes y consignas se inició la ascensión hacia el objetivo, haciéndose complicado el enlace entre los grupos; pero ésta se realiza en sigilo. Al amanecer, los hombres de Varela estaban cerca de las posiciones enemigas, sin haber sido descubiertos. Se lanzó el ataque, que sorprendió totalmente a los defensores, ocupando el bosque que dominaba el poblado de Jossana y los primeros crestones. Los rebeldes se retiraron precipitadamente a un pico situado detrás, rodeado de un parapeto rocoso natural. Varela se dio cuenta que un ataque frontal sería cruento, por lo que ordenó al grupo de flanqueo que siguiera avanzando y desbordara al enemigo por el flanco derecho. Varela suponía que los rebeldes estarían desmoralizados, y al ver la posibilidad de verse copados, huirían: así fue. La posición 1453 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 222, declaración del comandante Manuel Carrasco en el expediente para el ascenso a coronel del teniente coronel Varela; Carpeta 9, fol 238-239, declaración del capitán Antonio de Ramos Casas en el expediente para el ascenso a coronel del teniente coronel Varela. 700 1454 fue ocupada a las 7:30 horas, al coste de 4 muertos y 16 heridos, todos soldados . Se capturaron prisioneros y se requisó armamento. El enemigo se parapetó en la vertiente sur del Yebel Jossana. El 5 de julio se tomó el collado de Bab-Kern. Ese día, examinando el terreno y dando órdenes a las guerrillas en extrema vanguardia, Varela fue herido levemente en la cabeza, pero se negó a darse ni por contuso, y rogó al jefe de columna que no lo citara como tal, lo que consiguió a fuerza de insistencia. Por su parte, la Columna Asensio ocupó Sidi Ifrach y Bab Abartel, cortando la retirada de los rebeldes hacia la zona francesa. Capaz tomó Duar Arab, y el Yebel Jossana quedó totalmente rodeado. Las bajas de esos dos días de combates fueron de siete oficiales y ciento cincuenta y un soldados entre muertos y heridos. Comprendiendo que la resistencia era inútil, muchos rebeldes se entregaron. Por otro lado, los franceses establecieron contacto con las Columnas de Mola y Asensio. El Selliten decidió refugiarse en zona francesa, pero las autoridades galas sólo aceptaron su entrada tras solicitar conformidad con el Mando español, y éste con Madrid. El Selliten entregó todas sus armas, y él y sus hombres, unos ochocientos según Woolman, pasaron al Protectorado francés. El día 7 se iniciaron los combates para la ocupación de Yebel Tangaia y Yebel Taria, interviniendo en los combates de forma acertada e incluso relevante el teniente coronel Varela. Los objetivos fueron ocupados tras una preparación artillera y de fuego 1455 de ametralladoras, al coste de 4 muertos y 5 heridos . El frente que debía atender era muy extenso, porque se veía obligado a diseminar fuerzas de la vanguardia al ir ocupando posiciones establecidas a lo largo del Yebel Jossana. Esto suponía maniobrar con fuerzas cada vez más reducidas, para poder reunir las necesarias a fin de cumplir los objetivos señalados. Varela conocía el carácter de los indígenas, sabía que estaban desmoralizados. Utilizó la artillería para cubrir el avance de sus cada vez más mermadas fuerzas, sin detener el impulso, variando los objetivos en los momentos precisos para conseguir máximo resultado con mínimo esfuerzo y economía de medios. A las dos 1454 ACGJEVI, Carpeta 60, fol 89-90/1, hoja de servicios del capitán general Varela; Carpeta 9, fol 244, declaración del alférez Nicanor Ruvira en el expediente para ascenso a Coronel del teniente coronel Varela; 1455 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 222-223, declaración del comandante Manuel Carrasco en el expediente para el ascenso a coronel del teniente coronel Varela; fol 227, declaración del capitán de Estado Mayor Fernando del Águila. ACGJEVI, Carpeta 60, fol 89-90/1, hoja de servicios del capitán general Varela; Carpeta 9, fol 245, declaración del alférez Nicanor Ruvira en el expediente para ascenso a Coronel del teniente coronel Varela. 701 horas de avance consiguió en el Taria el enlace con la columna del coronel Asensio, y en el bosque de Kourt con la del teniente coronel Capaz. El 8 de julio por la noche, el caíd de Alam el Foki, el Mel-li pidió una tregua de 24 horas para conseguir la rendición de su gente. El general Sanjurjo accedió, y el 10 de julio la cabila de Ajmás entregó sus armas a los oficiales de Intervenciones, ocupándose 1456 el Yebel Taria y el rincón de Guezaua sin resistencia por las Columnas . Entre el 5 y el 13 de julio Varela permaneció en el Yebel Taria, ocupando diversos lugares del macizo, hasta que éste último día se disolvió la Columna, y Varela er marchó con el 1 Tabor de Regulares de Ceuta a Bab Taza. Los combates habían terminado. Entre el 14 y el 15 de julio, los Regulares de Ceuta regresaron a su cuartel en Haddú. Es de destacar, en resumen, el talento táctico del teniente coronel Varela, para encontrar soluciones a problemas, así como su conocimiento de las capacidades bélicas de sus hombres, y de la psicología del enemigo. Durante estas últimas campañas de Marruecos, sus superiores le otorgaron el mando de las vanguardias porque confiaban en su iniciativa, dándole prácticamente carta blanca, según el testimonio del comandante Carrasco. Los oficiales y tropas a su mando le admiraban por su valor y su inteligencia. Para sus Regulares, Varela era el caíd Kebir (jefe grande). Antiguos enemigos acudían a servir en sus filas seducidos por su personalidad y llamados por su fama, como el caíd Alux, de la Harka de Beni Urriaguel, que hasta 1926 combatió a España. Un hecho como éste demuestra la amplitud del perdón con que España admitió a los que la habían combatido. Varela había conseguido su maestría gracias a sus doce años de campaña en Marruecos, adquirido un gran conocimiento sobre los principios de la guerra irregular, y obtenido un enorme prestigio. Este prestigio, y su entrega a su labor, hizo que colaborara muy eficazmente al desarme de las cabilas por él sometidas, realizándolas él por iniciativa propia, recogiendo las armas a cambio de recibos correspondientes, cargándolas en camiones del Parque Móvil de la vanguardia, y entregándolas al oficial 1457 de Intervenciones, facilitando la labor de éste . 3.11.20.- El final de la Guerra. 1456 Servicio Histórico Militar, Historia de las Campañas de Marruecos, t. IV, p. 169-170. 1457 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 228-229, declaración del capitán de Estado Mayor Fernando del Águila en el expediente para el ascenso a coronel del teniente coronel Varela. 702 El día 10 de julio, el general Sanjurjo firmó una Orden del día estableciendo el fin de las hostilidades. “Se ha dado fin a la campaña de Marruecos, que durante dieciocho años ha constituido un problema para los Gobiernos, llegando en momentos críticos a producir serias inquietudes a la Nación que, pródiga, vertió aquí su sangre y sus energías morales y económicas para mantener el legado de altivez y 1458 gallardía que nos dejaron nuestros antepasados, conquistadores del Mundo” . Sanjurjo afirmaba que la rebelión había sido extinguida, gracias al desembarco de Alhucemas, forma resuelta y valiente de atajar el problema marroquí. El 8 de mayo de 1926 se inició la última campaña, de quince meses de duración, que ha acabado con la guerra, sin tratos, sólo con la voluntad de victoria y la acción política de los musulmanes leales a la Nación protectora, convencidos de los beneficios que Españas podía reportar a Marruecos. Sanjurjo pasaba revista a la dureza de la campaña, al clima duro, el terreno montañoso y abrupto, el enemigo sobrio y resistente, “una de las mejores infanterías del mundo”. Pero todos estos obstáculos habían sido vencidos por los soldados de España. Se habían ocupado treinta y nueve cabilas completas y fracciones de otras doce, capturados 42.000 fusiles, ciento treinta cañones, doscientas treinta y seis ametralladoras, ocho morteros, cinco fusiles ametralladores, más material de guerra y municiones. Sanjurjo agradecía a sus hombres la entrega y el cumplimiento 1459 del deber, y en su último párrafo saludaba a Francia y a sus caídos . Cumplida la misión, las columnas fueron disueltas. El coronel Canis, en la Orden del día 12 de julio de 1927, publicó una alocución a sus hombres, en la que exaltó los cuerpos y grupos participantes de su columna, así como citó los nombres de los más relevantes combates. Y añadió: “Vuestras excelentes condiciones, soldados, han sido dignamente aprovechadas por los valerosos y competentes Oficiales y Jefes que os han dirigido entre los que destaca de modo sobresaliente la actuación del Excelentísimo Señor Teniente Coronel Jefe de la Vanguardia de esta Columna Don José Varela Iglesias cuyo historial, competencias y dotes de mando excusan todo 1460 elogio” . Quedaba claro que Varela había realizado en esta última parte de la campaña un excelente papel, al ser el único oficial citado en la Orden de su coronel. 1458 Goded, Marruecos, pp. 433-435 1459 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 80-82, “Orden General del día 10 de julio de 1927 en Bab Taza. Al Ejército y a las Fuerzas Navales de Marruecos”. 1460 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 79, “Orden de la Columna del día 12 de Julio de 1927 en Bab-Taza”. 703 En esos días corrió el rumor de que Varela, que había sufrido un rasguño en la cabeza en las últimas operaciones, había muerto de paludismo, al publicarlo el periódico cubano Diario de la Marina, con un artículo de Manuel Aznar: "un ataque de paludismo... le lleva la tumba. Rodeado de sus familiares ha muerto en el lecho quien 1461 centenares de veces había burlado la muerte. Tenía 36 años..." Varios periódicos se hicieron eco de la noticia, dudando de su veracidad o rebatiéndola, lo que demuestra una 1462 vez más su popularidad . A Varela este episodio le hizo mucha gracia, y comentaba que si bien pocos consiguen ganar dos Laureadas, pocos podían presumir de tener dos necrológicas, una en vida, y otra cuando le llegará la hora. 3.11.21.- El uso de gases. Una de las polémicas más recientes sobre las campañas de Marruecos, tienen que ver con el uso de armas químicas por parte de las tropas españolas. Los desastres de 1909 y de Annual de 1921 espolearon a los españoles en el uso de métodos de combate más efectivos. El drama de 1921, con el asesinato de civiles y la tortura salvaje a soldados que se habían rendido en Dar Quebdani, Monte Arruit, y Zeluán, eliminaron muchos escrúpulos en la sociedad española hacia los rifeños. El mito del marroquí cruel y sádico pareció confirmarse ante la tragedia de Monte Arruit y la llegada y relatos de los prisioneros. Era necesario pacificar el territorio y ocuparlo efectivamente, en cumplimiento de los compromisos internacionales y con el Majzen. Pero España no podía sostener adecuadamente la guerra, era impensable recurrir a una leva masiva dada la impopularidad de la guerra, y la Legión no era suficientemente grande para sostener la guerra abierta en dos frentes. Por ello se pensó en ablandar al enemigo recurriendo a 1463 la guerra química . 1461 Pemán, J.Mª, p. 86. 1462 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 85, El Liberal de Sevilla, 13 de julio de 1927, “Noticias ultramarinas. ¿Ha muerto Varela? Un artículo necrológico de Manuel Aznar”; fol 88, “El jefe español que desaparece”; Heraldo de San Fernando, 30 de julio de 1927, “Desde África”, escrito por Justito, fechado en el Zoco el Jemis de Anyera, julio de 1927, relata la reacción de Varela al leer la noticia. 1463 Las armas químicas se desarrollaron durante la 1ª Guerra Mundial. El primer gas usado fue el lacrimógeno, tanto por Francia como por Alemania. En abril de 1915, en Ypres, los alemanes usaron por primera vez el gas cloro, y en mayo, en el frente de los Cárpatos, el gas fosgeno, contra los rusos, más difícil de detectar. En otoño de ese año, Gran Bretaña comenzó a usar el gas cloro. El uso de estos gases era problemático, las protecciones eran insuficientes y se corría el peligro de que un cambio de viento llevara el gas hacia las líneas propias. En 1916 se comenzaron a lanzar proyectiles cargados con gas venenoso. Se desarrollaron el difosgeno y la cloropirina, así como el dicloretil sulfúrico, también llamado gas mostaza o yperita (por Ypres, donde se utilizó por vez primera el 12 de julio de 1917), vesicante, que provocaba la muerte incluso días después de la exposición al mismo y que contaminaba el terreno y el 704 España utilizó armas químicas en Marruecos entre 1924 y los comienzos de 1926. Pero las referencias a uso son escasas porque fueron poco utilizadas al lado de las convencionales bombas de trilita. El Desastre de Annual se decidió el uso de los gases. En agosto de 1921, Berenguer escribió al ministro Eza: “Siempre fui refractario al empleo de los gases asfixiantes contra estos indígenas, pero después de lo que han hecho, y de su traidora y falaz conducta, he de emplearlos con verdadera fruición”; y dos meses después, el rey le escribía: “Lástima que no te hayamos podido mandar una escuadra aérea de bombardeo para llevar la desolación al campo rifeño con gases y hacerles sentir nuestra fuerza rápidamente en su terreno y, obrando con todos los aparatos a la vez, el efecto se multiplica y no creo resistiesen arriba de siete u ocho focos violentamente 1464 disueltos” . La guerra química, al ser tan eficaz, actuaría como disuasoria y ahorraría vidas. En realidad, los militares españoles no eran conscientes del daño que se infligía a la población, y no sería hasta ver los resultados de otras campañas, como la de los italianos en Abisinia en 1935, que comprendieron la tragedia que representaba. Hemos de esperar hasta el verano de 1921, constatadas las matanzas perpetradas por los rifeños, cuando España comenzó a enviar comisiones a países europeos para comprar gas y cuando se pensó en crear una fábrica en La Marañosa, cerca de Madrid, y al Taller de Gases de Melilla, situado cerca de Nador. El Servicio de Guerra Química se interesó por gases asfixiantes, como el fosgeno, la cloropicrina y el Dick, y un agua, o bien enfermedades del aparato respiratorio, del corazón, y cáncer. En el verano de 1918 comenzó su uso por los aliados en proyectiles, uno de los cuales hirió al cabo Adolf Hitler. El uso de estas armas no era considerado inadecuado por las prácticas de guerra. En 1919, Winston Churchill propuso el uso de esta sustancia en bombas de aviación, pero los jefes de la RAF alegaron que podía alcanzar a la población civil. Se comenzó a utilizar el caucho en la confección de caretas y prendas de protección, lo que hizo descender el porcentaje de bajas por gas del 40% al 2’5% en 1918. El gas se convirtió en un arma más psicológica que efectiva. Incrementó el miedo, y también el odio al enemigo. Al terminar la Gran Guerra se establecieron tratados para evitar su uso. Ya en las Conferencias de Paz de La Haya, en 1899 y en 1907, se había proscrito su uso, infructuosamente. En Tratado de Versalles, en 1919, ilegalizó la importación, manufactura y uso de armas químicas, desembocando en el Protocolo de Ginebra de 1925 sobre Gas, que prohibió el uso de las armas químicas y bacteriológicas entre los países firmantes, con bastantes excepciones, y que entró en vigor en febrero de 1928. Estos Tratados estaban concebidos para Europa, pero las armas químicas, baratas, eficaces y que ahorraban vidas de soldados propios, se usaron en las guerras coloniales. Los británicos utilizaron el humo arsénico contra el Ejército Rojo en Murmansk y Arcángel, en el verano de 1919; poco después se lazó fosgeno y gas mostaza contra los afganos y las tribus de las montañas entre Pakistán y Afganistán; en 1920, contra los árabes. Churchill manifestó “Estoy totalmente a favor de usar gases venenosos contra tribus no civilizadas”1463. Italia usó gases fosgeno y mostaza en Libia en 1923-1924 y 1927-1928, y también en Etiopía años después. En 1936, la Sociedad de Naciones aceptó las denuncias que por el uso de gases lanzó contra Mussolini el emperador de Etiopía, Haile Selassie, por lo que Italia abandonó la Sociedad de Naciones. Japón uso gases en Manchuria contra los chinos en 1928. 1464 Balfour, S.: Abrazo mortal, p. 256-257. 705 vesicante, la iperita o gas mostaza. Los tres primeros fueron suministrados por Francia y Gran Bretaña, y el gas mostaza por Alemania, que en realidad vendió su material prima, 1465 el oxol, que era inofensivo y de libre circulación . Por su parte, los rifeños también compraban gases a través de Tánger. Las bombas se podían lanzar bien con cañones o por aviones; en este último caso el bombardeo era muy dificultoso, pues debía hacerse a baja altitud, con riesgo de ser ametrallado por los rifeños En el verano de 1922, en Melilla ya estaba instalado el Taller de Gases para rellenar proyectiles de artillería calibre 155. El 3 de septiembre de 1922 se lanzaron las primeras bombas desde Drius sobre la artillería rifeña en Tayuday. Rápidamente, Abd el-Krim protestó a la Sociedad de Naciones denunciando que España utilizaba “armas prohibidas”; pero no lo eran, ni lo fueron hasta seis años después. Las acciones con bombas químicas debieron ser muy aisladas, y hasta el verano de 1923, con artillería. En esta fecha, ya rescatados muchos prisioneros españoles en enero, con la proclamación de la República del Rif el 1 de julio de 1923, y la sangrienta tentativa de ocupación de Tizi Azza, donde murió el teniente coronel Valenzuela, se decidió recrudecer la guerra química. En este combate, en julio de 1923, se hizo un pequeño ensayo que provocó el terror entre los marroquíes. El Alto Comisario, Luis Silvela, vio en este sistema “la solución rapidísima del problema de Marruecos”, y solicitó el envío de bombas de gases asfixiantes, para su lanzamiento por aeronaves. El primer bombardeo aéreo con esta tipo de proyectiles se efectuó con dos bombas lanzadas sobre un poblado de Temsaman; el día 26, se bombardearon los poblados de las orillas del río 1466 Kebir con sesenta y dos bombas de trilita, veintiocho incendiarias y una de gas . Se debían lanzar por la noche o al amanecer, dado que eran muy sensibles al calor, y a baja altura, para impedir que el gas se dispersara. También el sucesor de Silvela, Luis Aizpuru, era partidario del uso de armas químicas tras el fracaso en las conversaciones de paz con Abd el-Krim y Raisuni. El historiador británico Balfour hace del gas su principal argumento. Para él, la estrategia de Primo de Rivera era fingir una retirada a líneas defensivas seguras, y seguidamente bombardear el territorio rebelde. En consecuencia, Primo de Rivera nunca planteó 1465 Enrique García, J.Mª, “Fabricación y empleo de gases en el Rif: una nueva leyenda negra”, en Estela. Monografías de Historia Militar de España, UNED de Ceuta- Fajardo el Bravo, Lorca, 2010, p. 22. 1466 Enrique García, J.Mª, “Fabricación y empleo de gases en el Rif: una nueva leyenda negra”, en Estela., p. 29. Según Balfour en esta fecha los españoles ya lanzaban bombas de iperita, basándose en el testimonio novelado de Ramón J. Sender en Imán, pero Enrique demuestra que eran proyectiles de fosgeno y cloropicrina, y que no se utilizó la iperita hasta el año siguiente. 706 1467 seriamente retirarse de Marruecos . Sin embargo, si así hubiera sido, la oposición de muchos oficiales a los planes de retirada no hubiera tan virulenta, y ni siquiera hubiera hecho falta la retirada. Es más: si los bombardeos con gases hubieran sido tan masivos como sugiere –que no afirma, por falta de evidencias- Balfour, la resistencia rifeña no hubiera sido tan enconada. Balfour se pregunta por qué fue tan lenta la puesta en marcha del programa de bombardeos, y plantea varias respuestas, una de ellas, que la producción fue lenta y se retrasaron los envíos de bombas. La primera zona en ser bombardeada, según él, fue la de los Beni Urriaguel, desde el aeródromo de Nador. El subsecretario de la Guerra, general Correa, estaba impaciente porque los rifeños recibieran su castigo. El 24 de mayo de 1924 el general Primo de Rivera notificó al Alto Comisario, general Aizpuru, que se le iban a remitir las primeras “bombas especiales”. Sin embargo, a tenor de los acontecimientos militares, su impacto tuvo que ser mínimo. Después de Annual, las tácticas de bombardeo cambiaron. Anteriormente se hacían desde una altura superior a los 500 m, para eludir el tiro de los francotiradores. Ahora los aviadores comenzaron a hacer vuelos más bajos para no errar el tiro en el bombardeo, ametrallar en sus ataques a los rifeños, o para socorrer con suministros a las posiciones cercadas. Se utilizaban aviones como el cazabombardero De Havilland 4, el caza Bristol F2B Fighter, o el bombardero De Havilland 92A, y 4 Farman F60 Goliath. Los aviones iban cargados normalmente con nueve bombas, o con seis bombas y una ametralladora. Los muyahidines pronto aprendieron a esconderse: si el avión dejaba caer las nueve bombas, se podía salir a atacarlo porque no llevaba ametralladoras. Dado el elevado número de pilotos abatidos, se decidió que se llevara puesto un chaleco salvavidas para caso de amerizaje, así como una carta en árabe donde se prometía la entrega de 5.000 pesetas si el piloto era conducido a las líneas españolas. El aventurero norteamericano Shean, que convivió con los Metalza, afirmó que los pilotos españoles bombardeaban con desinterés: los jueves, días de mercado, llegaban tres aviones, los domingos uno, y el resto de la semana dos, siempre a la misma hora del día: “Las bombas se lanzaban con tal desinterés por causar daños que uno llegaba a pensar que los aviadores españoles parecían más bien unos chavales 1468 repartiendo octavillas” . Señal evidente de que eran más disuasorios que efectivos 1467 Balfour, S.: Abrazo mortal, p. 268-269. 1468 Balfour, S.: Abrazo mortal, p. 273-274. 707 Siguiendo la experiencia de los aviadores de la RAF en Irak, los españoles realizaron los bombardeos en vuelo rasante, sobre todo en la época de cosechas, entre abril y mayo. Balfour explica que se disponía de ciento veintisiete aviones para la campaña. Las bombas de gas mostaza eran demasiado pesadas para los aeroplanos normales, y se cargaban en los Farman F60 Goliath. En 1925, el Reichswehr envió a Marruecos dos oficiales vestidos como mecánicos de aviación, para estudiar la ofensiva española. En su informe criticaban y menospreciaban a los españoles, al igual que hacían británicos y franceses. Era innegable que el gas había provocado daños, pero Abd el-Krim no se había rendido. Los europeos pensaban que España había lanzado un número insuficiente de bombas y sobre objetivos mal escogidos. En 1925, Primo de Rivera optó decididamente por la reconquista del territorio. Esto suponía limitar los bombardeos, porque los soldados españoles carecían de equipo contra gas. También había habido accidentes por avanzar demasiado pronto sobre zonas recién atacadas con gas, como pasó en Anjera en mayo de 1925. Por esta razón, los soldados desconfiaban del gas. A causa de esto, se desestimó la recomendación de Despujols de bombardear Alhucemas con bombas químicas en los días previos al desembarco. Donde sí se bombardeó fue en las aldeas de las montañas circundantes, y Axdir. Se compraron 1.000 máscaras antigás en Gran Bretaña y se embarcaron en el “portaaviones” Dédalo, que participó en el desembarco. Los rifeños, al sufrir los ataques con gas, huían colina arriba, y muchos afectados se desplazaban a zonas menos belicosas para entregarse y recibir tratamiento. El gas mostaza fabricado en España era muy básico, no estaba destilado, lo que lo convertía en difícil de controlar y de caducidad rápida. Los accidentes en la fábrica de Melilla fueron relativamente frecuentes, siendo herido el propio director de la unidad de guerra química, el capitán Planell. Según Balfour, se instalaron fábricas de gas mostaza en Melilla, en La Marañosa (Madrid), en un taller del Ministerio de la Guerra en Guadalajara, en la planta electroquímica de Flix, en la Fábrica de Pólvoras y Explosivos de Granada, en La Puebla (Mallorca), en El Puig (Valencia), en Denia (Alicante) y en Vizcaya, según informaciones de fuentes francesas y británicas, que no españolas. Los alemanes calcularon que España fabricó entre 1923 y 1925, 400 toneladas de gas mostaza. Las bombas para aviones eran de 2, 5, 10, 12, 20 y 25 kg; en menor cantidad las hubo de 100 kg, pero sin alcanzar las de 280 kg que lanzarían los italianos en Abisinia. El 25 de febrero de 1925 habían almacenadas en Melilla 915 bombas de gas 708 mostaza, 9.388 incendiarias y 114 de cloropicrina. Costó convencer a los pilotos para que usaran estas bombas. El comandante de los dos escuadrones de aviones de Tetuán quiso que se realizaran pruebas sobre la estabilidad de las bombas. Los mecanismos de disparo de los aviones eran delicados y se corría el peligro de que se activaran las bombas por accidente en el aeroplano o que se bloqueara el mecanismo, y se tuviera que aterrizar con una bomba colgando. Hidalgo de Cisneros afirma que él fue el primer piloto el lanzar bombas de iperita desde un avión. Según su testimonio, eran bombas de 100 kg, provenientes de los arsenales no utilizados de la Gran Guerra. Se bombardeó una posición con cuatro proyectiles, pero al día siguiente la posición estaba de nuevo ocupada. Los bombardeos no parecían producir efectos, y sólo cuando se rompió por accidente una bomba, que no 1469 llegó a estallar, en un aeródromo, se apreciaron las quemaduras que podía provocar . El almacenaje de las bombas también era problemático por el riesgo de una fuga o por caducidad. Quizá sólo los Farman 60 Goliath tenían un mecanismo de liberación de bombas. Las bombas se lanzaban desde fuera del aparato, dotadas de una espoleta instalada después de colocar las bombas para su lanzamiento sobre el tren de aterrizaje de las alas. Las bombas debían explotar durante la caída para rociar el terreno. Las bombas se enganchaban al mecanismo, después se liberaban y dejaban caer manualmente. El uso de estas bombas de bombardeos era primitivo, y sólo dos aparatos de cada diez llevaban bombas químicas. Muchas bombas no explotaban, los rifeños las recogían, las metían en carros de paja que luego lanzaban contra las posiciones 1469 Hidalgo de Cisneros, I., Cambio de rumbo, t. 1, p. 161-162. El autor afirma que en su primer bombardeo lanzó cuatro bombas de 100 kg, y cada avión Goliat podía transportar de cuatro a seis bombas, y el arsenal contenía cien proyectiles. Pero Balfour afirma que las primeras bombas de gas mostaza se lanzaron el 22 de junio de 1924. Eran llamabas bombas C1, de cincuenta kg de peso. Se lanzaron dieciséis sobre el cuartel general de Abd el-Krim en Ait Kamara, veinte sobre su casa, veinte sobre el cauce del río Guix, doce sobre Tizimoren, nueve sobre los pueblos situados entre los ríos Guix y Nekor, dieciocho sobre Axdir, cuatro sobre el Zoco el Hadh. Al día siguiente se lanzaron ciento una bombas más. Paradójicamente, estas bombas fueron poco útiles: el explosivo, al estallar, destruía buena parte de la iperita, con lo que al suelo caía una cantidad tan pequeña que apenas hacía efecto, además de ser difíciles de manipular. Comenzó a bombardearse casi a diario, con gas mostaza, TNT y bombas incendiarias. El 23 de junio comenzaron a lanzarse bombas C2, de diez kg de gas mostaza, y en diciembre, las C5, de veinte kg., que fueron finalmente las que se impusieron. Para los militares franceses, los efectos de estas bombas no fueron apreciables. En la zona occidental se bombardeó con bombas C1, más ligeras. Entre el 15 y el 30 de diciembre de 1924 se lanzaron ciento ochenta y cuatro bombas, de todo tipo, en la zonas; el día 11 se lanzaron quinientas cincuenta y nueve bombas sobre el Zoco el Arbaa. La resistencia de la zona de Anjera impulsó a bombardearla de forma más dura. Dada la cercanía de la frontera con Tánger, algunas bombas cayeron dentro de la zona internacional. La llegada a Tánger de heridos y afectados descubrió que España estaba utilizando bombas químicas, lo que fue criticado por Lyautey. 709 españoles tras encender las espoletas. Al parecer, Abd el-Krim pagaba dos pesetas por cada bomba entregada. En 1925 se compraron más aviones bombarderos: 20 Breguet, 30 Fokker, 2 hidroaviones Savoia y un hidroavión Dornier. El número de bombas de gas disparadas por la artillería es más difícil de averiguar, sólo se puede elucubrar a través de los inventarios de almacén. Se disparaban con cañones de 156’5 cm. Los rifeños recuperaban las bombas que no explotaban y las volvían a disparar contra los españoles. También diseñaron una bomba química rudimentaria a base de chile, que pretendía crear una nube que entorpeciera la visión y reacción del enemigo. En el desembarco de Alhucemas, los rebeldes utilizaron iperita para rociar las zonas que iban a ocupar los españoles, dándose casos de soldados intoxicados que tuvieron que ser desplazados a Melilla A partir de 1926, muy probablemente por sus escasos resultados prácticos, el uso de bombas químicas disminuyó. En abril de 1926 el aeródromo de Drius contaba con 200 bombas, y por esas fechas, 114 el de Nador. Comenzaron a utilizarse de forma más selectiva sobre fortificaciones e instalaciones de cañones. La presencia de tropas españolas o francesas en esas áreas obligaba a no hacer uso de estas bombas. También muchos pueblos daban señales de rendición, tendiendo telas blancas en el suelo para no ser bombardeados. En principio el uso de las bombas de gas no parecía afectar a los marroquíes, y un piloto comenzó que quizá fuera de más utilidad bombardearlos con la gaseosa de los 1470 cuarteles de Melilla, porque quizá la bebieran y enfermarían . Dado que el efecto real era aterrorizar y disuadir, se bombardeaban las aldeas en días de mercado, y sobre todo para castigar las líneas de resistencia. En enero de 1925 Abd el-Krim publicó carteles por el Protectorado acusando a España de “rociar con gas asfixiante toda la región, sobre gente inocente, mujeres, niños y animales, que no han cometido falta alguna (…) Hemos enviado cierto número de mujeres y niños al hospital de Marshan [en el Protectorado francés] para que les atienda el doctor francés Forraz. Algunos murieron y se han presentado 1471 ante el Señor con el hígado abrasado por el veneno” . A largo plazo, el gas mostaza provocaba ceguera, náuseas, úlceras en la piel, lagrimeo y catarro, y contaminaba los alimentos en los árboles. Se dice que la epidemia de tifus que afectó a la zona rebelde, explicable por la subalimentación que padecían los 1470 Hidalgo de Cisneros, I., Cambio de rumbo, t. 1, p. 161-162. 1471 Balfour, S., p. 292-293. 710 rifeños por la falta de cosechas, se puede explicar por el gas mostaza, cuyos síntomas – enrojecimiento de la piel- son similares. Pero esto es difícil de demostrar, pues el gas mostaza produce efectos en las mucosas muy irritantes, distinguibles de la enfermedad. En julio de 1924 Abd el-Krim emitió una circular ordenando a los habitantes de Beni Urriaguel a refugiarse en cuevas en caso de bombardeos. En septiembre de 1925, los españoles constataron la gran cantidad de ciegos que había en los pueblos que iban ocupando. En la actualidad se mantiene la tradición oral, recogida por Balfour, en los pueblos del Rif sobre los efectos de los bombardeos españoles: úlceras, pérdidas de visión, problemas gástricos, y que al hacer sus abluciones coránicas con agua o piedras la piel se les desprendía “como monda de una patata”. Intentaban librarse del olor del gas mostaza tapándose la nariz con ajos, o fabricándose máscaras de tela. Balfour afirma que el gas mostaza, a largo plazo, desarrolla el cáncer, pero para ello es necesaria una continua exposición, como las de los trabajadores de las fábricas 1472 del producto . La guerra química quizá debilitó la resistencia de los rifeños, pero no consiguió la rendición de los mismos. Se puede hablar por tanto de fracaso de esta guerra química, y la causa fue el escaso uso que se hizo de la misma. Según Hidalgo de Cisneros, en cada bombardeo se tiraban pocas bombas químicas: “El año 1925 hablé con un moro que había presenciado varios bombardeos con iperita: me confirmó que no hacían daño. Debíamos de haber tirado las cien bombas de que disponíamos sobre una posición y hubiésemos obtenido los mismos resultados que se obtuvieron en Iprés, 1473 donde la iperita corría en arroyos por las calles” . Por otro lado, la cooperación entre los Ejércitos alemán y español por la guerra química fortaleció las relaciones mutuas. Actualmente el gas mostaza se sigue fabricando y utilizando como arma: Saddam Hussein lo lanzó contra los kurdos en sus campañas de represión en la década de 1990. 3.11.22.- Recuento de bajas. 1472 Enrique García, J.Mª, “Fabricación y empleo de gases en el Rif: una nueva leyenda negra”, en Estela, p. 44, desmonta las tesis en este sentido de Balfour, seguidas, casi al pie de la letra, por Alvarado, D., “Cuando España envenenó el norte de Marruecos”, en Kántara, nº 4, marzo de 2011, p. 44-59. 1473 Hidalgo de Cisneros, I., Cambio de rumbo, t. 1, p. 162. 711 El Rif, por primera vez en su historia, se incorporaba al Blad el-Majzen. Para los africanistas, el mérito de la pacificación correspondía al Ejército: la psicología del indígena marroquí era acatar la ley del más fuerte, y “para imponerle esta ley había que 1474 ganársela por la fuerza” . Una lista aproximada de bajas, según Payne, sería ésta: Españoles Regulares 1916 281 sin datos 1917 281 -- 1918 370 -- 1919 487 10 1920 549 12 1921 10.225 13 1922 584 227 1923 366 142 1924 3.266 1.091 1925 399 220 1926 213 310 1927 195 369 Total 17.082 2.394 Se supone que las fuerzas de Regulares sufrieron más bajas. El Tercio sufrió 8.096 bajas (2.000 muertos, 6.096 heridos) entre los 20.883 oficiales y soldados que 1475 sirvieron durante 7 años en Marruecos . Comenzó el regreso de los soldados y en 1928 quedaban en el Protectorado 61.000 hombres, casi el 50% moros. 3.11.23.- El final de los líderes de la rebelión. ¿Qué impulsó a luchar a Abd el-Krim? Al parecer, los motivos principales fueron la venganza contra España, país al que odiaba profundamente; su deseo de pactar con compañías mineras alemanas; y su ambición de crear un Estado del Rif 1474 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 228, declaración del capitán de Estado Mayor Fernando del Águila en el expediente para el ascenso a coronel del teniente coronel Varela 1475 Payne, S.G. Los militares…, p. 230. 712 independiente, con él como jefe. La rebelión de Abd el-Krim estaba condenada al fracaso, porque ni España ni Francia podían dejar de cumplir sus compromisos internacionales, y entre ellos, la indivisibilidad de Marruecos. Pero lo cierto es que los rifeños ansiaban administrarse por ellos mismos. Para Abd el-Krim, su derrota se debió a su enemistad con los morabitos. Él era un musulmán, creyente ortodoxo, que consideraba a los morabitos como unos fanáticos ignorantes, intrigantes y 1476 supersticiosos . Abd el-Krim buscó la unidad de las tribus del Rif, poniendo el urf (derecho consuetudinario rifeño) en consonancia con la Sharía o Ley Islámica ortodoxa. En este sentido nombró caídes, y realizó grandes reformas en el Rif: obligó a orar cinco veces al día, al hombre que no lo hacía, se le castigaba con quince o veinte días de servicio en el frente, y a la mujer, con la multa de un pollo. Obligó a los hombres a recortarse la barba, a abandonar el cubrecalvas y a adoptar algún tipo de calzado. Las bodas se redujeron de siete a tres días durante el período de guerra, para que el dinero ahorrado fuera donado para el gasto de la contienda. Obligó a los marroquíes a dejar de fumar quif o marihuana, algo que sentó muy mal a gomaríes y yebalíes. Eliminó los lif y las querellas. Ordenó derribar los blocaos propios de las viviendas populares rifeñas. En suma, Abd el Krim implantó la legislación coránica en el Rif. De esta forma impuso la uniformidad en el Rif, lo que allanó el camino a la posterior administración española y marroquí. Woolman afirma que “España gobernó su zona marroquí según el patrón diseñado, no por los propios administradores, sino por Abd el-Krim. Los españoles, sencillamente, se limitaron a sustituir la autoridad del líder rifeño por la suya 1477 propia” . La rebelión dio a los marroquíes un primer esbozo de nacionalismo, e inspiró a los jóvenes intelectuales en su lucha nacional. Por otro lado, la rebelión dañó al gobierno constitucional de España y facilito o propició la llegada de la Dictadura de Primo de Rivera. Mulay Abd el-Aziz murió en 1943 en su quinta de Tánger; Muley Hafiz vivió en Málaga y murió en París en 1937; Mulay Yusuf falleció en 1927. Primo de Rivera murió en París en 1930, y Alfonso XIII en Roma, en 1941. Dámaso Berenguer, en 1953; José Sanjurjo en 1936. Franco aún vivía y gobernaba en España cuando se redactó el libro de Woolman. Lyautey murió en 1934. Si Mohamed Azerkan también vivía durante 1476 Woolman, D.: Abd el-Krim y la guerra del Rif, p. 246. 1477 Woolman, Abd el-Krim y la guerra del Rif, p. 247. 713 la redacción del libro, en Tánger. Ahmed Budra, ministro de la Guerra de Abd el-Krim, fue nombrado por los españoles caíd de Beni Urriaguel y aún vivía en 1967. Selliten (Slitan) de Senhaja Srir regresó al Rif en 1927, fue caíd de Targuist y Beni Mesdui en 1940. Se ignora el destino de Josep Klemms. Muley Hassan ben el-Mehdí, jalifa desde 1925 hasta 1956, tras la independencia de Marruecos, fue nombrado embajador en Gran Bretaña. Mohamed ben Abd el-Krim murió en El Cairo el 8 de febrero de 1963. Había vivido veintiún años en Reunión. En 1947 se le autorizó a residir en Francia, pero cuando su barco cruzaba el Canal de Suez, desembarcó en Egipto y pidió asilo político. Él y su familia se convirtieron en huéspedes de la Casa del Magrib, creada por Franco [y Varela] para los estudiantes hispanomarroquíes en El Cairo, y que era un centro de nacionalistas marroquíes, como Allal el-Fasso o Abdelhalek Torres. Desde allí, Abd el- Krim contactó con los nacionalistas. Después, el rey Faruk le regaló dos quintas en la ciudad balneario de Alejandría, donaciones respetadas por el coronel Nasser. Por su parte, M’hamed Abd el-Krim regresó a Marruecos en 1957 falleciendo en Rabat poco después, y sepultado en Axdir. Abd el-Krim no participó en el proceso independentista de 1956. Era un símbolo de la resistencia contra Francia y España, pero no era noble, ni tenía la misma concepción de Marruecos que los nacionalistas. Era un bereber rifeño en un país árabe (254). Los líderes eran ahora Medí ben Barka, Allal el-Fassi, o Ahmed Balafrey. En 1943, en la Conferencia de Casablanca, el presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt afirmó al sultán Mohamed V que Estados Unidos ayudaría a los marroquíes a alcanzar la independencia. El movimiento independentista fue creado por el partido Istiqlal (“independencia”), fundado en Rabat en 1944. En los años 1954 y 1955 aparecieron disturbios, tensiones, terrorismo urbano y revueltas. El sultán Mohamed ben Yusuf o Mohamed V se convirtió en líder de la independencia, cuando en 1947 pronunció un discurso en Tánger contra la ocupación francesa. Fue exiliado a Madagascar en 1953. A consecuencia de las revueltas, en 1955, Francia cedió, liberó al sultán e inició el proceso de emancipación. Mohamed V fue recibido como un héroe en las ciudades de Marruecos. 3.11.24.- El Rif, de nuevo en rebelión contra el Gobierno marroquí. Pero el nuevo gobierno de la independencia decepcionó a los rifeños. Si en 1955 se habían levantado contra los franceses, el Istiqlal les ignoró al formar gobierno y 714 aumentó los impuestos. España se retiró el 7 de abril de 1956. El gobierno de Rabat impuso en el Rif el francés y la administración de nuevo modelo, lo que molestó a los rifeños, acostumbrados al español y a la administración de cuño español. También les molestó la presencia de numerosos funcionarios de Fez. Se denunciaron torturas por parte de las nuevas autoridades a los rifeños para acallar las protestas. En octubre de 1958, los Beni Urriaguel decidieron rebelarse contra Rabat. Había dos grupos rebeldes, el “Movimiento rifeño para la liberación” y el “Movimiento Popular”. Uno de sus líderes era Mohamed Amzzyan, de los Ait Bu Ayyash, de los Beni Urriaguel, y Abd es- Saddek Sharrat Khattahi, educado en Madrid. Se pidió el regreso de Abd el-Krim, pero éste contestó que sólo regresaría a un Rif libre de tropas extranjeras, y aún quedaban pequeñas guarniciones francesas, españolas y norteamericanas en Marruecos. El gobierno de Rabat reaccionó con rapidez. Restituyó a la familia de Abd el-Krim las propiedades confiscadas en 1928 por los españoles, y declaró al líder rifeño héroe nacional en diciembre de 1958. Pero la rebelión se mantuvo, e inició contactos con las guerrillas argelinas. Mohamed V apeló a la obediencia y exigió a los rebeldes que cesaran en su actitud. Algunos se rindieron, pero otros bloquearon la carretera que unía Tetuán con Alhucemas, rodearon los barracones del ejército en Alhucemas y capturaron el pequeño aeródromo. El rey envió a las dos terceras partes del ejército a las montañas, a las órdenes del príncipe heredero, Muley Hassan. Los rifeños resistieron los ataques de las tropas, artillería, y seis aviones. Entonces, Hassan ordenó desembarcar en Alhucemas, contando con la neutralidad de la Legión española. Requisó todas las embarcaciones posibles en Tánger, y efectuó el desembarco, que sofocó la sublevación. En 1968, el gobierno de Rabat se había esforzado por mejorar la situación del Rif y desarrollado el turismo. No obstante, el Rif continuaba siendo una región pobre. En 1960, Abd el-Krim manifestó que estaba en contra de Francia. En 1961 murió Mohamed V. Los rifeños comenzaron a emigrar en busca de trabajo. Woolman afirma que Tetuán “es menos bullicioso y próspero que durante la administración 1478 española” , pero el viejo Marruecos desaparecía bajo la modernización. Abd el-Krim murió soñando con un Rif independiente; pero este hecho, que pudo haber sido realidad en los años 1920, ya no puede ser realidad hoy día. 3.11.25.- Varela, defensor del coronel Federico Caballero. 1478 Woolman, Abd el-Krim y la guerra del Rif, p. 260. 715 El 1 de julio de 1927 corrió la noticia de que el Regimiento de Infantería de Marina situado en San Fernando, donde Varela ingresó en el Ejército, había encargado un retrato de éste para regalárselo, como testimonio de su afecto y admiración. El artista 1479 fue Manuel Iglesias, de Jerez, que se basó en una fotografía como modelo . A finales de agosto, el retrato fue expuesto al público en el escaparate del Bazar Iris, y por entonces el periodista José Carretero Troya lanzó la idea de que San Fernando debía 1480 erigirle una estatua . En esta estela de admiración y popularidad entre sus paisanos gaditanos, alguien pidió una recompensa para doña Carmen Iglesias, madre de Varela, a través de un emotivo texto, en forma de carta abierta al general Primo de Rivera, recordando el 1481 sufrimiento de esta mujer . En julio de 1927, Varela fue encargado por el coronel Federico Caballero García de su defensa en el expediente abierto contra él el 25 de septiembre de 1926 por 1482 irregularidades administrativas en el Batallón del Serrallo nº 69 . El juez instructor era el general Agustín Gómez Morato. Además, otro tribunal, presidido por el ya general Francisco Franco, estudiaría estas irregularidades. Los hechos fueron de la siguiente manera. El coronel Caballero se hizo cargo del Regimiento del Serrallo nº 69 en julio de 1922, en sustitución del coronel Sosa, cuando descubrió, al hacer el arqueo de la caja, graves irregularidades en la caja, concretamente que faltaba dinero. La explicación era que los capitanes lo habían cogido a modo de adelanto. Deseando no enfrentarse a sus nuevos oficiales, Caballero aceptó una solución: los oficiales devolverían el dinero, descontándoselo de su sueldo, y el coronel no daría cuenta a la superioridad ni haría público en desfalco, pues ello redundaría en un descrédito del Arma y del Ejército en un momento tan delicado para el mismo. Por su cuenta, el comandante Mayor Cervera creyó subsanar el error pidiendo un crédito de 60.000 pesetas a un banquero, Salvador Benhamur (también citado como Salomón Benhamur). Al saberlo, Caballero se indignó. El comandante había solicitado el crédito con los 1479 ACGJEVI, Carpeta 8, fol Heraldo de San Fernando, 1 de julio de 1927, “Un retrato de Varela. ¡Ese es el héroe”, firmado por José Carretero Troya 1480 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 109-110, Heraldo de San Fernando, 27 de agosto de 1927, “Un retrato al óleo de Laureado Coronel Varela”. 1481 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 114, Diario de Cádiz, 27 de agosto de 1927, “Mensaje abierto”, firmado por “Una madre española”; fol 117, Diario de Cádiz, 29 de agosto de 1927, “Una madre española”, firmado por G. Fernández, apoyando la iniciativa. 1482 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 118-132, “Antecedentes para la defensa que he de formular a favor del Coronel de Infantería Don Federico Caballero García” 716 sellos del Regimiento, y eso era una ilegalidad pues una unidad militar no podía contraer deudas con particulares. El coronel Caballero ordenó la inmediata devolución del dinero a Benhamur y la cancelación del préstamo. Seguidamente Caballero acudió al Comandante General de Ceuta, general Manzano, a quien explicó la situación. Manzano le dijo que debía solucionar el problema con tacto, discreción y energía. El desfalco había sido cometido por los capitanes Juan Urbina Cheli (23.341’70 pesetas.), Fernando de Olaguer Feliu García (16.350 pesetas), Mariano Cabezas Carlés (7.465’40 pesetas), Alfonso Gómez, Zarazíbal (8.825 pesetas), Ginés Muñoz Macías (13.595’50 pesetas), Joaquín Cañada Pera (8.102 pesetas) y el teniente Enrique Pámies Méndez (3.046’88 pesetas), secretario del coronel, y ascendía el total a 80.726’48 pesetas. No obstante, los soldados del Regimiento estaban bien vestidos, alimentados y disciplinados, por lo que el extravío de los fondos no había redundado en perjuicio de la tropa. Estaba claro que la responsabilidad recaía en el anterior coronel y en los jefes encargados de la contabilidad, que no habían obrado con rectitud. Manzano y Caballero acordaron no divulgar el asunto para evitar el escándalo, y para ello el coronel asumió que castigaría con severidad a los culpables y conseguiría que éstos restituyeran el dinero. Manzano autorizó los castigos que Caballero impuso a los oficiales, reprensión al teniente y un mes de castillo a los que debían hasta 5.000 pesetas, cuarenta días para los que debían hasta 10.000 pesetas, y dos meses para los que sobrepasaban dicha cantidad; y para ello se les acusó de haber solicitado el préstamo al banquero, y no de desfalco. En la Caja del Regimiento había gran cantidad de cargos que figuraban sin responsable directo y recibos de anticipo para oficiales firmados no por quien tomaba el dinero, sino por quien lo necesitaba. Los capitanes habían cogido el dinero de las cajas de sus Compañías, y después habían remitidos los gastos como cargos a la caja del Regimiento. Caballero redactó nuevos pagarés para los deudores, en los que éstos reconocían la cantidad que debían y se comprometían por su honor a devolverla. Cervera fue destituido, y fue nombrado nuevo comandante Mayor en Sánchez Casas; Caballero informó al general Berenguer de sus pasos de forma oficiosa. Pero esta gestión generó dos problemas. El más inmediato, es que la Junta de Información de Infantería, intrigada o molesta por los castigos a los capitanes, decidió investigar sobre ellos, a espaldas del coronel. Por otro lado, al hacer todas estas gestiones y nueva documentación el propio Caballero, éste apareció como principal responsable del desaguisado, por lo que fue procesado años después. Según su propio testimonio, el 8 de noviembre de 1923 los oficiales ya habían devuelto la cantidad de 26.591’60 717 1483 pesetas . Para entonces, el capitán Cañada había sido destinado a los Regulares de Melilla nº 2, y el teniente Pámies al Regimiento de Infantería de Burgos nº 25. En febrero de 1924 el coronel dejó el Regimiento, siendo sustituido por el coronel Benito Martín, que alcanzaría el generalato al año siguiente. El 22 de noviembre de 1926, al iniciarse su proceso, Caballero argumentó que sólo faltaban por devolver unas 20.000 pesetas, que los capitanes Cañada, Cabeza, y Muñoz, y el teniente Pamies, habían saldado sus cuentas; el capitán Gómez Aracibal había muerto en combate antes de saldar su deuda, pero el coronel se responsabilizaba de la misma. Para Caballero, su postura había sido acertada, al regenerar a los siete oficiales, y conseguir que el Regimiento funcionara y se perfeccionara como fuerza militar relevante, que le llevaría a su siguiente coronel a ser rápidamente ascendido. Pero el interés de este proceso, radica en que la Junta Informativa quiso mediar en el asunto. El 14 de agosto de 1922, el coronel Caballero escribió indignado al presidente de la Junta de Infantería, al saber que ésta estaba indagando sobre los motivos de los correctivos impuestos a los capitanes de su Regimiento. Caballero se consideraba fiscalizado, y manifestaba estar dispuesto a dar explicaciones, pero no a ser espiado. El presidente de la Junta de Infantería, desde Madrid, el 23 de agosto, le contestó recalcando que el coronel no acataba la autoridad de la Junta, pese a que un Real Decreto le obligaba a ello; que la Junta tenía como misión vigilar “el aspecto moral de cuanto atañe a la oficialidad”; y que consideraban su actitud de desplante como un pretexto para reñir con la Junta, sin que ello fuera a hacer cambiar la postura de la misma. Caballero contestó desde el Zoco el Arbáa el 30 de agosto de 1922, afirmando estar molesto por la contestación, y que la Junta debía haberse preocupado por el 1484 Regimiento antes de estar él al frente, cuando se cometieron las irregularidades . El mismo día, Caballero escribió a su compañero Julián Serrano, del Regimiento de Infantería de Ceuta nº 60, y en la carta le recordó que sabía que el Regimiento del Serrallo tenía problemas administrativos, pero que el propio Serrano le aconsejó tacto. Le relató todos sus avatares, y de la Junta opinó que su carta “la retrata de cuerpo 1485 entero, toda soberbia e ineptitud” . En nombre de la Junta le contestó al coronel Caballero el general de Brigada Godofredo Nouvilas Aldaz, el 30 de agosto. Nouvilas le dijo que sabía que en el Serrallo nº 69 había muchas irregularidades con el dinero; que 1483 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 124. 1484 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 127. 1485 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 129. 718 comprendía que se debían imponer castigos a los capitanes, pero que “imponer castillos” había sido excesivo, y que la necesidad de preservar el prestigio del Arma había llevado a la recabar información sobre lo sucedido. Consideraba que la amenaza por parte de Caballero de no acatar a la Junta era extemporánea, pero en su opinión el coronel está decidido a hacerlo y a apartarse de la Junta. Caballero le contestó el 11 de septiembre, reiterando sus quejas por haber sido investigado sin su conocimiento, y a continuación expresa su sentir sobre las Juntas: “Dice V. que forma esa Junta cabeza directora y vigilante del Arma; yo entendía que era portavoz de las aspiraciones de ella, mandataria, que era su misión recoger el sentir de la colectividad, no el imponerla su criterio. Esta equivocación que ya padecía, me explica el estilo de sus cartas que aunque encabezadas con el dictado de compañero, nada tienen que justifique ese título y con solo órdenes de director y dictador que tiene el convencimiento de la infalibilidad de su proceder. También afirma que en la particular manera de desarrollarse la Unión, las jerarquías se esfuman un tanto: yo entendía que el propósito de la Junta era fomentar las virtudes militares y yo en mi pobre criterio, sin duda estaré equivocado, juzgaba como una de las principales la disciplina que mal se aviene con esa anulación de empleos en asuntos derivados del ejercicio de las funciones militares, que es lo que ha dado origen a todo 1486 esto…” . Afirma que no desea combatir la Unión o la Junta, pero no entiende por qué se le amenaza si ese organismo fue ya disuelto por el Gobierno, y pide una aclaración a esto. La Junta entonces escribió al coronel del Ceuta nº 60 preguntando si le constaba que Caballero formaba parte o no de la Unión, lo que aquél a su vez trasladó a éste, en carta fechada en Buharrax el 2 de octubre. El 14 de octubre de 1922 Caballero contestó a la Junta desde La Carolina, a donde se había trasladado por enfermedad familiar. Manifestó que entró en la Unión del Arma por compromiso firmado, y que se mantiene en ella, “conforme con la idea que la inspiró, disconforme con el modo como funciona”, y advierte que dicha disconformidad persistiera, se daría de baja de la misma. La Junta le contestó desde Madrid el 18 de septiembre de 1922. El firmante, cuyo nombre no consta, afirmaba que compañeros son desde el alférez al capitán general; que si bien había enviado a los capitanes a un castillo, los jefes que toleraron el desfalco, en alusión clara al comandante Mayor, no habían sido castigados; se pretendía salvaguardar el prestigio del Arma, y se ha revelado todo el escándalo; si la Justicia exige que se esfumen las jerarquías, éstas deben desaparecer; acusa a Caballero de tirano, porque no respeta a quien no piensa como él; las Juntas se sujetan al Real Decreto, pero en su 1486 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 130-131 719 funcionamiento interno se rigen por la opinión de la mayoría; si Caballero deseaba salir de la Unión, era cosa suya, pero suponía una violación de la palabra dada. La contestación de Caballero no consta en el sumario, pero sí la nueva contestación de la Junta, fechada en Madrid el 18 de octubre. Al parecer Caballero decía que seguía en la Unión, pero al parecer amenazaba con su salida, y la Junta le advertía: “…quien pertenece a estas asociaciones, tiene que sujetarse a lo que opinan los demás y se nos asegura por los organismos de esa [Junta Regional de Ceuta] que opone V. resistencia a todo lo que de aquí dimana, esperamos ceses en esa actitud o que los informes sean 1487 exagerados. Ilegible y rubricado” . Se aprecia un conflicto similar al mantenido entre Varela y las Juntas, un doble poder en el que las Juntas pretendían imponerse a los criterios del mando. En la documentación no consta cómo acabó el proceso. Pero es interesante señalar que Caballero escogió como su defensor a Varela, quizá por ser también un enemigo de las Juntas, lo que venía a demostrar que la división abierta en el Ejército casi diez años atrás, seguía abierta. 3.11.26.- Varela ve negado su ascenso a coronel. Sanjurjo propuso el ascenso de Varela a coronel, con un encendido elogio: "Con ese instinto especial que posee de la guerra, aprecia al oído o ve a distancia qué unidades pasan por momentos difíciles, y a la vez que envía el refuerzo adecuado, allí acude personalmente para servir con su ejemplo de poderoso y seguro acicate a sus tropas y, con su presencia, de tranquilidad y seguridad en el tiempo...(…) imposible de describir el espectáculo por su sublimidad. Los estampidos de las granadas de mano se mezclan en estrepitosa algarabía a los gritos de entusiasmo de nuestras fuerzas y a los alaridos del enemigo presa de la más espantosa desesperación (…). Por todo lo expuesto, por las excepcionales actitudes del teniente coronel Varela, lo considero acreedor al empleo superior inmediato y mirando a los sagrados intereses de mi Patria y del Ejército en general y a los de la Infantería en particular, aspiro a verle escalar rápidamente los altos costos de la milicia, seguro que ha de proporcionar días de gloria a la primera y considerables beneficios al Ejército 1488 y a su Arma…” . Sin embargo, muy probablemente por el reproche realizado al Dictador en Ben Tieb, sólo recibió como recompensa por la campaña la Cruz de María Cristina , "una Cristina". Fue una tremenda desilusión, porque el general Martínez Anido le había 1487 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 132 1488 Pemán, J.Mª, Un sodado… p. 82. 720 anunciado en el homenaje que le rindió su promoción en Toledo, que iba a ser 1489 ascendido . El 2 de octubre de 1927, Varela lo contaba a su madre: "Ayer se llevó a la firma todo lo referente a recompensas del periodo pasado; a mí me dan la Cruz de María Cristina, premio que no tenía. Nuevamente a esperar el expediente que se instruye por este período, por el cual me ascenderán. Nada me extraña todo esto, pero bien puedes tener la seguridad que sigo contentísimo como siempre; mis recompensas llevan el lema de Varela 1490 y a éste le cuesta más trabajo que los temas" . Añadía que estaba ocupado con la visita de los reyes, y que su principal preocupación, era la salud de su madre. Algunos enemigos del Dictador aprovecharon la ocasión para escribirle e intentar despertar su resentimiento para que se inclinara hacia la oposición al régimen. Pero su madre también escribió, el 6 de octubre: "Ya veo te cambiaron el ascenso por la Cristina. ¡Injusticia más grande no puede cometerse! Pero no te disgustes y te pido tengas paciencia; con ella ganarás gloria para con Dios, todas no han de ser glorias para esta vida que sólo son temporales y las de Dios son eternas; así que a seguir cumpliendo con el deber sagrado de buen militar y que yo te vea, como siempre, contento y satisfecho ya que todos tus ascensos y condecoraciones te las ganaste con hechos de armas más grande que todos exponiendo siempre tu heroísmo, buena 1491 voluntad y amor a la Patria" . Su madre le recordó que sus ascensos por méritos de guerra le habían costado “muy grandes amarguras, el de Capitán por la Junta de Defensa, que se oponía ello, el de Comandante te calumniaron para detenerlo, el de Tte Coronel lo último que se firmó casi a la fuerza, por no poder quitártelo como hacen ahora con la de Coronel que no solo te quitaron el ascenso que te quitaron una Laureada que fue lo que ganaste con el asalto a la bayoneta en la toma de los Morabos, dicho por muchos que tomaron parte en la operación y publicado por la prensa”; pero al fin, decía su madre, había hecho muchas obras humanitarias y propiciado a otros que ganaran recompensas, aunque no fueran tan valiosas como las suyas, porque habían sido ganadas con mucho menos esfuerzo. Los reyes de España visitaron el Protectorado: el 5 de octubre de 1927 llegaron a Ceuta, el 6 entraron en Tetuán, y el 7 en Villa Sanjurjo. Alfonso XIII visitó las ruinas de Annual, El 9, entró en Melilla. El 21 de noviembre de creó la Medalla de la Paz marroquí, con la leyenda: “España, siempre dispuesta a toda empresa de civilización universal, contribuyó a la de Marruecos con la preciosa sangre de sus hijos y el oro de 1489 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 177, carta fechada en Ceuta el 4 de octubre de 1927. 1490 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 144, carta fechada el 2 de octubre de 1927, subrayado en el original; Pemán, J.Mª, p. 82-83. 1491 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 145, carta fechada el 6 de octubre de 1927, subrayado en el original; Pemán, J.Mª, p. 83. 721 sus arcas. El triunfo de sus armas y la cultura de sus métodos constituyeron los 1492 cimientos de esta gran obra de humanidad . Varela participó con su Grupo de Regulares en la recepción a los reyes en su visita a Marruecos, vestido con su capa blanca y su fez rojo. Así escribió a su madre, en una carta citada por Pemán: "Ya se marcharon los Reyes, que estuvieron muy amables conmigo. También me saludo el Presidente (después de darme la Cristina). Claro: el 1493 ascenso tardará el tiempo que este señor le parezca" . Clara referencia a que fue Primo de Rivera quien impidió el ascenso. En otra carta fechada el 12 de octubre, Varela contaba a su madre que “pasado el primer momento de la injusticia (del Presidente exclusivamente) me quedo dueño de mí mismo, satisfecho de haber cumplido 1494 con mi deber” , que el tema estaba ya superado, aunque no consideraba perdido el caso y estaba decidido a esperar. Afirmaba que recibía muchas muestras de cariño y de apoyo. Muestra de ellas son muchas cartas. Una de ellas, redactada por su antiguo subordinado, el capitán Manuel Carrasco Verde, en la que, tras repasar los diversos enfrentamientos en que la acción de Varela había sido decisiva, manifestaba su disgusto y malestar por la preterición de que había sido objeto su admirado comandante de la 1495 Harka . Del mismo tenor es otra carta, en la que hay una clara crítica a Primo de Rivera, de quien se afirma que ha perpetrado “venganzas ruines y nunca explicables en 1496 cosas tan sagradas como la justicia en tu brillantísima actuación” . Otra misiva 1497 subraya que “se acaba de cometer una injusticia y un atropello contigo” . La idea de que se había cometido una injusticia con Varela fue compartida por muchos de sus amigos y compañeros, y es muestra también de que la noticia corrió por los cuarteles 1498 africanos : “…en todas partes, tertulias, casinos, y excepto algún envidioso, que los 1492 Woolman, D.: Abd el-Krim y la guerra del Rif, p. 242. 1493 Pemán, J.Mª, Un soldado… p. 84. 1494 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 146, carta fechada el 6 de octubre de 1927, subrayado en el original. 1495 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 148-152 carta fechada el 2 de octubre de 1927. 1496 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 155-156, carta fechada en Xauen el 7 de octubre de 1927, firma ilegible (Fernando …), el texto está subrayado en el original. 1497 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 157, carta fechada en Tetuán en octubre de 1927, membrete de “El Ayudante de Campo del Alto Comisario y General en Jefe del Ejército de España en África”, firma ilegible (Manolo Val…) 1498 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 158-159, carta fechada en Madrid el 21 de octubre de 1927 firmada por Alfonso Criado, agradece unos favores hechos por Varela, y lamenta la “manifiesta injusticia” (subrayado); fol 160-161, carta fechada en Tetuán el 22 de octubre de 1927, firmada por Juan Asensio, membrete del Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Tetuán nº 1, 1er Tabor, Comandante; fol 162-163, carta fechada el 18 de octubre de 1827, firmada por Gonzalo Ortiz Portillo, con membrete de la “Harka Melilla. Oficiales”, confiesa “No quiero hacerle presente mi indignación, ni los comentarios que me sugiere lo ocurrido; son demasiado fuertes”; fol 164-165, carta fechada en Alcázar (Alcazarquivir) en 10 de octubre de 1927, firma ilegible, membrete del 4º Grupo de Regulares (de Larache), testimonia su 722 hay, todos se lamentan de lo que te ha ocurrido y no le encuentran justificación. No 1499 deja de ser un motivo de satisfacción para ti” ; “La sorpresa ha sido tan general, que ni un solo compañero, con los que he hablado de esta cuestión, ha dejado de 1500 asombrarse, y parecerle imposible” . Uno de los que le escribió fue Millán Astray, 1501 quien le aconsejó gozar de la vida y ser feliz, que todo se arreglaría . En este viaje de los reyes se dio una anécdota, pues fueron acompañados por el Dictador, y por el Jefe de la Casa Militar del Rey, general Dámaso Berenguer. En su discurso, Primo de Rivera enumeró a los principales actores de la Pacificación, sin mencionar a Berenguer. Entonces, la hermana de don Dámaso, Nene Berenguer, comenzó a sollozar. El rey, apercibido, le dijo unas palabras a Primo de Rivera por lo bajo, el cual, siguiendo su discurso, anunció que Su Majestad acababa de conceder al general Dámaso Berenguer el título de conde de Xauen. El cariño con que Alfonso XIII trató siempre al general Berenguer actuó en su contra, porque para muchos, éste era uno 1502 de los principales responsables del Desastre de Annual . Obviamente no lo era, “dolorosa impresión” al conocer la noticia; fol 166, carta fechada en Xauen el 10 de octubre de 1927, firmada por Antonio de Ramos, membrete de “Regulares de Ceuta nº 3, 1ª Ametralladoras. Oficiales” dice: “queremos llegue a ti nuestro dolor por tal injusticia que nos llena de indignación”, y testimonia que a Varela se le había asegurado que iba a ser coronel, aunque sus oficiales de Regulares de Ceuta afirman que se alegran porque así no le pierden como Jefe; fol 167-168, carta fechada en Burgos el 15 de octubre de 1927 firmada por Mariano Zamalloa, contestando al telegrama de pésame enviado por Varela con motivo del fallecimiento de su suegro, afirma que se encuentra mejor de salud, y que se sorprendió mucho al ver en las noticias de recompensas que Varela no era ascendido, sino recompensado con una Cristina; fol 169-170, carta fechada en Zoco del Telata el 20 de octubre de 1927, firmada por Miguel López Bravo, membrete de “Intervenciones Militares de Tetuán. Particular”; fol 175, carta fechada en Madrid el 4 de octubre de 1927, firma ilegible, membrete del “Ministerio de la Guerra. El Director general de Instrucción y Administración”; fol 176, carta fechada el 27 de octubre de 1927, firmada por Antonio de León, con un comentario que incita a pensar en que Varela confiaba en la caballerosidad de Primo de Rivera: “Querido Enrique: Te has convencido!!! Te has convencido!!! Por fin te la jugó y para colmo he visto que ha ascendido a (tachado) Serrador que según lo que he oído fue el que más se señaló en …hacerlo mal”; es una clara insinuación de la inquina que le tenía guardada Primo de Rivera desde el incidente de Ben Tieb, y que, por lo que se insinúa, Varela estaba convencido que no iba a sufrir ninguna represalia; el autor también pregunta por Don Pepe (Sanjurjo) y Goded; fol 177, carta fechada en Ceuta el 4 de octubre de 1927, firmada por tres subordinados de los Regulares de Ceuta, firmas ilegibles. 1499 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 171-172, carta fechada en Madrid el 7 de octubre de 1927, firmada por Bartolomé Narbo, 1500 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 179, carta fechada en Madrid el 14 de octubre de 1927, firmada por el teniente Enrique López del Pecho, agradece la propuesta que hizo Varela de concederle la Cruz de María Cristina, que se ha convertido en realidad, y lamenta que en cambio éste no haya sido ascendido. 1501 ACGJEVI, Carpetas 8, fol 173-174, carta sin fechar, con membrete de “General Millán-Astray”: “Queridísimo Varelita: Con el cariño especialísimo que te profeso, unido al alto concepto de tu valer militar y a la esperanza de que en su día ocuparás altos puestos que merecerás por tu prestigio y tus condiciones sobresalientes; te envío mi deseo de que seas feliz y goces la vida, sin que se enturbie por circunstancias pasajeras. Todo se arreglará, mírate en mí, que tanto he sufrido. Escríbeme, cuéntame y ten siempre fe y alto el espíritu. Tu mejor amigo Millán-Astray” 1502 Tusell, J., Queipo de Llano, G., Alfonso XIII, p. 399. Alfonso XIII hizo constantes nmanifestaciones de aprecio a Berenguer: le recibió en la estación en noviembre de 1921, sorprendiendo al propio general, 723 porque la derrota se debió a la incapacidad de Fernández Silvestre de organizar el repliegue, pero Berenguer era su superior directo. Seguidamente se inició la campaña de pacificación. El discurso oficial hablaba de la necesidad de reconciliación (Manual para el servicio oficial de intervención en Marruecos, Madrid, 1928). Las potencias coloniales castigaron duramente la subversión: Gran Bretaña exilió entre 1859 y 1939 a unos 80.000 hindúes en las islas Andaman, donde fueron encarcelados; Francia utilizó la isla del Diablo, en la Guayana, y bien entrado en siglo XX reprimió con dureza al Frente de Liberación Nacional de Argelia. Sin embargo, en España, en 1928 se publicó el Manual para el Servicio Oficial de Intervención en Marruecos, que insiste en la necesidad de paz y de reconstrucción humana y material. Los españoles no fueron tan duros en su represión contra los rifeños, pero establecieron servicios de información que incluían detenciones e interrogatorios, ejercidas también por los mismos marroquíes. Según Balfour, hubo un centro de interrogatorios en una casa situada entre Xauen y Bab Taza, y en la casa llamada Al 1503 Kasaba de Xauen . Se consideraba necesario controlar a la población para evitar nuevas rebeliones. Los marroquíes delataban a los rebeldes, a los que consideraban 1504 bandidos y ladrones . Muchos se exiliaron, y no fueron perdonados. Pero es obvio que no gozaban del apoyo de buena parte de la población, que les denunciaba a las autoridades indígenas y españolas. Se vigilaban mercados, salones de té, peregrinaciones, cruces de carreteras y pasos de montaña. También la administración colonial se esforzó por borrar los residuos de la contienda, pagando por la entrega de restos de proyectiles. Los oficiales franceses que visitaban el Protectorado español en 1928 constataban la construcción de obras públicas, y la creación de infraestructuras y hospitales. También descubrieron que el Ejército de África era una máquina militar que llegaba de paisano; poco después le felicitó su santo de forma clara y ostentosa, lo que provocó ataques en la prensa y motivó explicaciones del presidente del Gobierno, Gsrcía Prieto. 1503 Balfour, S., Abrazo mortal,p, 234; sus datos provienen de fuentes orales. 1504 Balfour, S., Abrazo mortal,p 235, basándose en fuentes orales, afirma que en los interrogatorios se realizaban torturas, que consistían en azotes con una cuerda mojada, y la aplicación de sal en las heridas; palizas con rotura de extremidades; se les obligaba a cargar con objetos calientes que les quemaban las manos. Los muyahidin apresados eran encarcelados, ejecutados o sometidos a trabajos forzados. A veces escondían cuchillos con los que se suicidaban. Se les contrataba para ejercer trabajos manuales, y se les prohibió aprender a conducir. También se cometieron injusticias. Un individuo escribió a un amigo pidiéndole una tetera (barred), pero al examinar los censores la carta, creyeron que la palabra era pólvora (barud), lo que acarreó la detención del remitente y su azotamiento hasta que se aclaró el malentendido. 724 eficiente, y con una mentalidad muy diferente y más militar a la del ejército metropolitano. 3.12.- Primo de Rivera y el Ejército. El final de la Dictadura. 3.12.1.-La pugna entre africanistas y junteros y la oposición del Ejército a la Dictadura. Años después de la instauración de la Dictadura de Primo de Rivera, surgieron voces de protesta contra el régimen, en la que podemos denominar fase descendente o declive del mismo. Estas voces, con el paso del tiempo, se fueron ampliando a más sectores políticos y sociales. Aquí nos centraremos en la oposición que se desarrolló entre los estamentos militares, que contribuyó de forma decisiva al deterioro de la Dictadura. Sin embargo, hay que recordar que muy pronto, apenas instaurada la Dictadura, surgieron opiniones contra ella en el seno del Ejército. Como dice Rodríguez Labandeira: “Si es verdad que los militares arroparon al dictador a la hora de acceder al Poder, no es menos cierto que también le amargaron la vida mientras permaneció en él. Apenas establecido el Directorio, los políticos privados de sus poltronas intentaron utilizar al General Berenguer como referente de militar constitucionalista para deshacerse de Primo de Rivera, quien después de haberlo indultado al ser condenado por el Supremo de Guerra por el desastre de Annual, lo encerró por sanción disciplinaria en un castillo por asistir ‘a 1505 manifestaciones políticas’” El Dictador intentaba mantener el equilibrio entre africanistas y junteros, pero los africanistas sabían que el secretario del Directorio, general de brigada Godofredo Nouvillas había sido el último jefe de la Junta de Infantería. El 31 de diciembre de 1923, el Directorio denunció que un periódico de Pamplona había reproducido un artículo extranjero donde se afirmaba que las Juntas presionaban al Gobierno para que aceleraran las investigaciones y procesos sobre el Desastre. El Directorio afirmaba que las Juntas ya no existían, y no era posible hacer presiones. Sobre el papel, era verdad, pues las Juntas habían sido abolidas en 1922, pero lo cierto es que los junteros seguían gozando de mucha influencia. 1505 Rodríguez Labandeira, J., España antes del odio. Calvo Sotelo en la política de su época (1902- 1931), Claudia, Madrid, 2007, p. 275-276. 725 Al poco de llegar en 1923 al poder, Primo de Rivera hizo nombramientos y traslados, apartando del Gobierno a los generales de mayor graduación; reorganizó la Junta de Clasificación de Generales, por el Real Decreto del 22 de octubre de 1923, de forma que fuera este organismo el que decidiese los ascensos a general, y los de dentro del generalato. Reemplazó a los cuatro tenientes generales retirados que la formaban junto con el Inspector General del Ejército, por otro modelo de junta, integrada por el General Jefe del Estado Mayor Central, en ese momento el general Weyler, e integrada por dos vocales, Tenientes generales o generales de división, consejeros del Consejo Supremo de Guerra y Marina; un secretario, el general segundo jefe en el mando en el Estado Mayor Central; ponentes, los capitanes generales y el general en jefe del Ejército de África, los cuales informarían de los generales y coroneles susceptibles de ascenso. Esta reforma fue interpretada como el deseo de Primo de Rivera de controlar el acceso al generalato. Esta pretensión de Primo de Rivera chocó frontalmente contra los defensores del escalafón cerrado. En noviembre de 1923, con ocasión del entierro en Madrid del hermano del Dictador, teniente coronel Fernando Primo de Rivera, muerto en Monte Arruit, el general López de Ochoa, a la sazón gobernador militar de Barcelona, se trasladó a la capital, y allí, en una conversación privada, Miguel Primo de Rivera le aseguró que en enero sería general de división. López de Ochoa era el general de brigada más antiguo, con antigüedad del 24 de noviembre de 1918, a los 41 años, pese a la oposición de las Juntas de Defensa. En enero de 1924 quedaron vacantes dos puestos de general de división. Los generales de brigada más antiguos, López de Ochoa y Sosa, eran liberales, y de hecho el primero era un militar prestigioso y había sido colaborador de Primo de Rivera. Pero no fueron ascendidos, sino que lo fueron los números tres y cuatro de la escala. López de Ochoa, indignado, escribió a Primo de Rivera primero, y después fue a Madrid para pedir explicaciones sobre su postergación. Él pensaba que la Junta de Clasificación y el 1506 Rey estaban en contra de su ascenso, por su carácter poco amigo de subordinaciones . 1506 López de Ochoa y Portuondo. E., Memorias de un soldado, Belacqua, Barcelona, 2007, p. 256. En realidad, las memorias del general López de Ochoa abarcan hasta 1916, siendo continuadas hasta 1936 por los recuerdos de su tercera esposa, Purificación Celeiro, y de su hija, Libertad López de Ochoa. La supuesta enemistad de López de Ochoa con el rey podría venir de que él primero era republicano, y consideraba que Alfonso XIII tenía responsabilidades en el Desastre de Annual; De la Dictadura a la República, Zeus, Madrid, 1930, contiene prácticamente el mismo texto que el anterior, pero redactado en primera persona, p. 82-85. López de Ochoa había sido jefe de la Junta de Defensa de Melilla en 1918, y desde ese momento estaba enfrentado al entonces coronel y después general Luis Bermúdez de Castro; 726 Para entonces se había decretado que las deliberaciones de la Junta de Clasificación fueran secretas. Primo de Rivera manifestó a López de Ochoa que “lo que se estaba haciendo con él no tenía otro fundamento que el temor que inspiraba por su carácter 1507 harto independiente, y que no era precisamente el dictador quien le temía” . López de Ochoa se entrevistó entonces con Alfonso XIII, quien le aseguró que intercedería por él, pero a través de Primo de Rivera. En días posteriores, López de Ochoa vio denegado su ascenso, y fue pasado a la reserva. El general presentó un recurso por vía contenciosa 1508 ante el Tribunal Supremo, pero no consiguió cambiar su situación . Un decreto posterior, del 8 de febrero de 1924, dio a la Junta de Clasificación poderes especiales para recoger y utilizar información política y personal sobre los candidatos, y elaborar las listas de ascenso seleccionando a unos y suprimiendo a otros. Además, dispuso que a las sesiones asistiese el ministro de la Guerra como presidente. La Junta de Clasificación aún obtuvo más poder el 4 de julio de 1925 por un Real Decreto, por el cual la Junta no explicaría sus decisiones y éstas no podrían apelarse, porque eran potestad discrecional del poder público. Al mismo tiempo, se alteró de nuevo su composición, por el Real Decreto del 14 de diciembre de 1925. Su presidente sería el teniente general presidente del Consejo Supremo de Guerra y Marina, y sus vocales, los generales directores de la Guardia Civil, de Carabineros, el comandante general de Inválidos y los dos directores generales del Ministerio de la Guerra, es decir, todos cargos designados por el propio Primo de Rivera. De esta forma, algunos generales y jefes liberales, conservadores y monárquicos de espíritu independiente se sintieron perjudicados en sus intereses. Así, Cavalcanti y otros generales de Madrid, desilusionados con el Dictador, además, por su postura abandonista en Marruecos, comenzaron a reunirse en secreto, por lo que fueron arrestados y sometidos a consejo de guerra. Cavalcanti fue absuelto quizá por su amistad con el rey, pero otros tres generales fueron castigados levemente, como solía López de Ochoa también era africanista, pero una vez ascendido a general nunca pudo conseguir destino en África, lo que achacaba a la enemistad del monarca, por haberle dicho en una carta que el Ejército estaba dispuesto a luchar contra Alemania si España entraba en la Primera Guerra Mundial, De la Dictadura a la República, p. 86-88. 1507López de Ochoa y Portuondo. E., Memorias de un soldado, p. 257. 1508 Según el testimonio del general Emilio Barrera, la desilusión de López de Ochoa hacia la Dictadura se inició a las pocas semanas de instaurarse ésta. López de Ochoa, que trabajó muchísimo para conseguir que Primo triunfara en el golpe, ambicionaba el Gobierno Militar de Valencia; pero la Junta Clasificadora, que establecía los ascensos del generalato, no lo consideró apto para el mismo, y ello le indispuso con Primo y con el rey. Milego, J., El general Barrera, p. 94-95. 727 hacer Primo de Rivera, a cortos periodos de confinamiento. Por otro lado, Weyler fue sustituido a finales de 1925 por oponerse a la Dictadura. En febrero de 1924, se juzgaron en el Consejo Supremo de Guerra y Marina algunos casos por incumplimiento del deber en Marruecos, en concreto el del convoy a Tizza, en el que fue absuelto el general Cavalcanti, y condenados a penas leves el general de brigada Tuero y dos coroneles. Este organismo estaba dotado de un estricto celo antiimpunista, y Primo de Rivera decidió atenuarlo. Para ello, nombró dos nuevos generales, Zabalza y Ardanaz, como miembros del Consejo Supremo, sin pedir la aprobación de su presidente, el general Aguilera. Aguilera, ofendido, dimitió. Primo de Rivera le sustituyó por el general Valeriano Weyler, marqués de Tenerife. El dictador dotaba así al Consejo Supremo de un presidente severo y dos nuevos vocales sensibles a los africanistas, pues el general Ardanaz fue comandante general de Melilla. De esta forma, en palabras de Gabriel Maura, “Primo de Rivera acertó a maniobrar entre junteros y junteros con la clásica maestría con que Sagasta supo asentar su dominación 1509 sobre las peligrosas heterogeneidades de su partido” . Pero poco después, el 27 de marzo de 1924, Primo disolvió la Junta de Defensa del Reino y transfirió sus funciones al Directorio Militar. El 19 de junio de 1924 comenzó ante el Consejo Supremo de Guerra el juicio contra los generales Dámaso Berenguer, Navarro y otros por sus responsabilidades en África. Navarro fue absuelto, junto con Cavalcanti, y otros generales recibieron condenas leves: un año de prisión para Tuero y el coronel Sirvent, seis meses para el 1510 general Lacanal . Berenguer tuvo que abandonar el servicio activo, pero amnistiado. El Rey le distinguió más tarde con un título nobiliario. En 1924, Alfonso XIII y Primo de Rivera estuvieron en Roma. Según López de Ochoa, Mussolini aconsejó al general jerezano mantener un control estricto sobre los 1511 militares, y de aquí pudo derivar el rompimiento . Ello explicaría, según López de 1509 Maura Gamazo, G., Al servicio de la historia, t. 1, p. 111. 1510 Ben-Ami, S., La Dictadura… p. 233. 1511Alpert, M., “Introducción”, en López de Ochoa y Portuondo. E., Memorias de un soldado, p. 25; López de Ochoa y Portuondo, De la Dictadura a la República, Zeus, Madrid, 1930, p. 88-89: el ayudante del general López de Ochoa, Eduardo Dávila, habló con el teniente coronel Ibáñez, ayudante y secretario del dictador, y al preguntar el primero al segundo por el ostrascismo a que estaba sometido el general, Ibáñez respondió que Mussolini le había dicho a Primo que “para conservar la Dictadura, era condición precisa que todo aquel a quien se le considerase como obstáculo o peligro para sus planes futuros, bien por su carácter o por otras condiciones, debía ser anulado, implacablemente, sin misericordia, por numerosos e importantes que fueran los servicios prestados o que pudiera prestar a la patria”. 728 Ochoa, la marginación a que fueron sometidos los generales Sosa, Martínez Peralta, García Moreno y él mismo, así como otros jefes. En ese momento, Primo de Rivera escribió una carta a Antonio Maura, en la que le explicaba las diferentes reformas que estaba introduciendo en el Ejército, y afirmaba que ya no existían las Juntas en el Ejército. Maura le respondió: “Afirma usted que no existen ya las juntas militares. He perdido la cuenta de las veces que había leído u oído afirmación igual, con anterioridad a los sucesos, harto inequívocos, que determinaron mi salida del Gobierno, la vez última que lo tuve a mi cargo. Dios quiera que resulte 1512 más exenta de error la actual aseveración de usted” . Para entonces, algunos oficiales estaban inquietos por que consideraban inadecuada una dictadura militar. El 20 de abril de 1924, el capitán de ingenieros José Martínez de Aragón escribió al Dictador en este sentido, en una carta que le decía que él no le aprobaba, y por tanto no le apoyaba "todo el Ejército", como solía decir Primo en sus arengas. Martínez de Aragón fue detenido y confinado dos meses en el castillo de Mahón. En su juicio, Martínez de Aragón alegó que era superior la obediencia al poder civil constituido, y la supeditación del Ejército a la Nación. El Consejo de Guerra absolvió a Martínez de Aragón, pero el Consejo Supremo le condenó a un año de prisión, aunque después Primo le amnistió. Cavalcanti, nombrado jefe de la Casa Militar de Alfonso XIII siguió conspirando, entrando en contacto con políticos liberales, quizá a instancias del monarca que deseaba mantener el contacto con los políticos civiles. El Dictador convocó al general Cavalcanti a su despacho en septiembre, poco antes de partir hacia Marruecos. Cavalcanti publicó una declaración negando sus contactos con los opositores a la Dictadura, y fue enviado de viaje a los Balcanes. Poco después, Berenguer fue invitado a presidir un banquete de homenaje a un literato. En los brindis, se habló en contra de la Dictadura. Al saberlo Primo, ordenó detener y condenar a Berenguer a seis meses de residencia forzosa por "incitar a la rebelión". No fueron éstos casos únicos. Se prohibió a los jefes y oficiales asistir a un banquete en honor al general López de Ochoa por la concesión de la placa de San 1512 Maura Gamazo, G., Al servicio de la historia, t. 1, p. 151. 729 Hermenegildo a sus treinta y cinco años de servicios. Dos periódicos que publicaron 1513 una nota del general fueron multados . El descontento del Ejército hacia la Dictadura estaba tan dividido como el propio Ejército. Una parte del mismo esperaba que Primo de Rivera instaurara un régimen militarista y que favoreciera los intereses de las Fuerzas Armadas: este sector desarrolló 1514 un pequeño movimiento cuyo objetivo era resucitar las Juntas de Defensa . Otra parte del Ejército estaba disgustado con Primo por el abandono de Marruecos: los africanistas. Una tercera, por el uso del aparato militar para sostener a la Dictadura. El ejército se oponía a los delegados militares gubernativos, militares situados para supervisar los gobiernos locales, que en teoría debían controlar y eliminar el caciquismo, pero que, en algunos casos, acabaron ratificando los poderes locales. En Murcia, feudo de La Cierva, fue nombrado delegado gubernativo el teniente coronel Joaquín Tirado para Cartagena. Tirado había sido un activo conspirador para el golpe de Primo en Valencia y Castellón, y era un anti caciquista convencido. Pero al cabo de unos meses se dio cuenta que las autoridades militares no hacían nada para eliminar el caciquismo en Murcia, mientras que él había destituido y pretendía procesar a varios funcionarios municipales. Lo mismo pasó en Granada, donde el comandante de artillería Claudín, africanista, intentó destruir el caciquismo en Baza. Sus medidas provocaron la protesta, y Claudín fue destituido. Muchos oficiales de infantería de Granada protestaron por la destitución de Claudín y la utilización de oficiales para estos menesteres. Ante la protesta, expuesta por un enviado en Madrid, Claudín fue destinado 1515 a un puesto en Marruecos, pero poco después abandonó el Ejército . El director de la administración local fue José Calvo Sotelo, quien recibía las quejas de las ciudades por la arbitrariedad o inexperiencia de los militares. El 19 de octubre de 1924, Calvo Sotelo expuso por escrito al Dictador los problemas existentes, y que los delegados militares debían ser sustituidos poco a poco por civiles. En este sentido, Calvo Sotelo insistió en reinstaurar los gobernadores civiles, cuyas tareas habían sido asumidas por los militares desde septiembre de 1923. Primo de Rivera, Martínez Anido y Calvo Sotelo confeccionaron un listado de personas, de muy diversa 1513 López de Ochoa y Portuondo. E., Memorias de un soldado, p. 259; De la Dictadura…, p.95: los diarios fueron El Noticiero Universal y La Vanguardia. 1514 Ben-Ami, S., La Dictadura… p. 234. 1515 Marco Miranda, V., Las conspiraciones contra la Dictadura. Diario de un testigo, Madrid, 1930, p 47-50. 730 1516 índole política, para cubrir los cargos . Primo de Rivera inició esta sustitución al año siguiente. Otro tema era la intervención del Ejército en la aplicación de la ley marcial, al tener los tribunales militares la atribución de procesos de quienes serán acusados de "rebelión armada", y así condenar a muchos anarquistas. Se aplicó hasta mayo de 1925. El 7 de noviembre de 1924, un grupo de 30 trabajadores españoles en Francia cruzaron la frontera por Vera de Bidasoa para repartir propaganda en el lado español. Se enfrentaron a tres carabineros, dos de los cuales murieron, pero el superviviente, con ayuda de los gendarmes franceses, detuvo a varios propagandistas. En el juicio no quedó claro que los detenidos fueron los culpables del choque armado, y se intentó demostrar que los carabineros estaban complicados en acciones de contrabando. De los detenidos, unos fueron absueltos, y otros condenados a penas leves. Los carabineros se enfadaron y entonces Primo destituyó al fiscal del caso, encarceló a los tres oficiales del tribunal durante un mes, y envió el caso al Consejo Supremo, el cual condenó a muerte a tres de los acusados. Estos hechos, junto con la retirada de Xauen, llevaron a una parte del Ejército a distanciarse del Dictador, y hubo conatos conspirativos, uno de ellos a cargo del general Cavalcanti, en septiembre de 1924. No obstante estos hechos, la oposición a la Dictadura era muy pequeña, apenas la CNT. Las clases medias se beneficiaban de la creciente prosperidad, y no les molestaba el régimen. La censura informativa sólo pareció molestar a los intelectuales. El problema principal del Ejército, la enemistad entre africanistas y junteros, no se solucionaba, más bien se exacerbaba. Las victorias en África parecían reforzar a los africanistas, y con ello surgieron los celos de otros grupos militares. El odio de los junteros se centró en Millán Astray. Milán Astray iba a dar una conferencia, el 4 de mayo de 1925, en el Centro Militar y de la Marina de Madrid. Corrió el rumor de que después sería nombrado director de la Academia de Infantería de Toledo. Los oficiales de Infantería junteros protestaron, la conferencia fue suspendida y el nombramiento se 1517 olvidó . Quizá amargado por ello, en 1926 Millán Astray solicitó su pase a Marruecos, donde en combate perdería un ojo. Los junteros hicieron correr el rumor de que Millán se automutilaba. Los junteros también se opusieron a la Millán Astray fuera nombrado director de la Academia General Militar de Zaragoza. También se intentó 1516 Bullón de Mendoza, A., José Calvo Sotelo, p. 135. 1517 Maura Gamazo, G., Al servicio de la Historia, p. 217. 731 bloquear el ascenso de Francisco Franco a general de brigada en 1926, pero sin 1518 éxito . Ya se ha dicho que la retirada de Xauen provocó descontento en parte de la oficialidad africanista. Varios generales, como Weyler, Cavalcanti, Bermúdez de Castro o Aguilera se oponían a la Dictadura, porque Primo de Rivera se apoyaba para gobernar en generales de brigada, y los divisionarios y tenientes generales se sentían 1519 preteridos ; pero el único oficial que en 1925 se planteó organizar la resistencia a 1520 Primo dentro del Ejército fue Segundo García , coronel de Caballería de la Reserva. Segundo García había ascendido desde soldado, consiguió los galones de sargento en 1521 Filipinas en la campaña 1895-1897, y tenía la Laureada . Estudió Derecho y entró en el Cuerpo Jurídico del Ejército. García estaba en contra de la utilización del Ejército por la dictadura, y era de convicciones liberales. Con el pretexto de recaudar fondos para los familiares de los fallecidos en Marruecos, apoyado por el general López de Ochoa y el coronel Pardo, García convocó una reunión el 6 de enero de 1925 en el Café Nacional de Madrid, de doscientos setenta y siete oficiales en Madrid, entre ellos Weyler, donde explicó sus planes, consistentes en formas unas juntas para recaudar fondos para la conspiración. En ese momento, sólo se pretendía volver a la normalidad constitucional, con la Corona y sus prerrogativas intactas. Pero la policía conocía sus movimientos y fue detenido en mayo de 1925 junto a otros oficiales, como el capitán Heredia, el coronel Pardo, o los generales Sosa y López de Ochoa, éste totalmente inocente, y once suboficiales de la batería de Vicálvaro. López de Ochoa se hallaba de viaje privado en Sevilla, cuando fue arrestado y conducido a Madrid, al ser considerado sospechoso de 1522 haber participado en la conspiración . Tras denunciar al general Martínez Anido por haberle calumniado, fue puesto en libertad. Fueron condenados a prisión el coronel García y el capitán Heredia, pero Primo de Rivera condonó las sentencias. De hecho, el 1518 Payne, S.G., Los militares…p. 239. 1519 Gómez-Navarro, J.L., El régimen de Primo de Rivera. Reyes, dictaduras y dictadores, Madrid, Cátedra, 1991, p. 364. 1520 En las memorias de López de Ochoa aparece citado como Segundo Díaz; López de Ochoa y Portuondo. E., Memorias de un soldado, p. 266-267. 1521 La ganó en Filipinas siendo sargento al desalojar con cuatro soldados a enemigos tagalos de una ermita en el pueblo de Santo Tomás, el 14 de junio de 1898: García de la Fuente, O., El general Laureado Segundo García, Málaga, 1997, p. 43. Ascendió a coronel en 1921 1522 López de Ochoa y Portuondo. E., De la Dictadura…, p.97. López de Ochoa acusó a Martínez Anido por confidencia del capitán general de Sevilla, infante Carlos de Borbón; según su testimonio fueron detenidos también el general Sosa, el coronel Segundo García, el coronel Pardo, el capitán Heredia… las Prisiones Militares estaban “llenas de jefes y oficiales y hasta un general. (…) Estaban también presos gran número de sargentos y suboficiales, casi todos del arma de Artillería”; Marco Miranda, V., Las conspiraciones contra la Dictadura. Diario de un testigo, Madrid, 1930, p. 51-54. 732 coronel Segundo García no había pisado la cárcel, había estado arrestado en el Casino 1523 Militar, en el centro de Madrid, desde donde pudo seguir conspirando . En octubre de 1925, aprovechando que Weyler le había criticado públicamente por su plan de desembarco, Primo de Rivera le destituyó como jefe del Estado Mayor 1524 Central . Semanas después, López de Ochoa tuvo un enfrentamiento con el coronel del Regimiento de Infantería de Vergara, Luis Franco. Se decidió dirimir la disputa en un duelo, pero el general fue denunciado por ello y sentenciado a catorce días de arresto domiciliario. Dolido con lo que juzgaba como persecución, López de Ochoa escribió al rey una carta, en la que afirmaba que las injusticias de que era objeto sólo acabarían cuando fuera restablecida la Constitución y “cesasen de tener fuerza de ley las simples 1525 voluntades de los gobernantes” . Por esta misiva, López de Ochoa fue procesado cuatro meses después. El proceso se alargaría hasta que el julio de 1928 la causa fue elevada a plenaria. El 15 de diciembre de 1925, Primo disolvió el Estado Mayor Central y lo dividió creando un Estado Mayor para cada una de las cuatro Armas. En ese momento, la Dictadura estaba en su apogeo: había restaurado el orden, había solucionado el problema marroquí, se había acabado con la corrupción y la 1526 economía estaba en crecimiento . Primo de Rivera buscó el sistema de perpetuar la Dictadura, con el apoyo del rey. El marqués de Magaz, en nombre de la Marina pidió un cambio político que implicara menos compromisos a los militares. El 3 de diciembre de 1925, Primo de Rivera disolvió el Directorio Militar y formó un gobierno en nueve ministros, varios de ellos civiles para las carteras de Estado, Hacienda, Fomento, Instrucción, Trabajo y Justicia. El general Martínez Anido fue nombrado ministro de Gobernación y vicepresidente. Se redujeron el número y funciones de los delegados militares en las provincias, pasando a ser tres por provincia, y se pusieron bajo las órdenes de los gobernadores civiles. Los cuatro jefes militares de región serán también gobernadores civiles, abandonaron este último cargo. El propósito de Primo de Rivera era alargar la Dictadura aprovechando la bonanza económica. Se emprendieron obras públicas, se bajaron los tipos de interés, se establecieron comités paritarios para los 1523 García de la Fuente, O., El general Laureado Segundo García, Málaga, 1997, p. 88. 1524 Cordón, A., Trayectoria. Recuerdos de un artillero, 1971, p. 141. El resentimiento de Weyler le empujó, según Cordón, a conspirar contra el Dictador. 1525 López de Ochoa y Portuondo. E., Memorias de un soldado, p. 262-263; De la Dictadura…, p. 100- 101; De la Dictadura…p. 101 1526 Martínez Roda, F., Valencia y las Valencias. Su historia contemporánea (1800-1975), Fundación Universitaria San Pablo CEU , Valencia, 1998, p. 388. 733 conflictos laborales; se firmaron acuerdos con la UGT, lo que permitió a este sindicato formar parte de los comités paritarios y mejorar las condiciones de los trabajadores, al mismo tiempo que reforzaba en su organización. 3.12.2.- La Sanjuanada. El conflicto con los Artilleros. En 1926, Primo de Rivera publicó nuevos decretos ampliando los poderes legislativos y administrativos de la Dictadura. La oposición creció tanto entre los intelectuales como entre la alta jerarquía militar. Para entonces, Segundo García había comprendido que la única salida era convocar Cortes Constituyentes. Otro grupo de oposición se estaba formando en Madrid, Valencia y Cartagena, y buscaron atraerse a los generales Queipo de Llano, Luque, Weyler y Aguilera. A estos conspiradores militares – el coronel Batet, el general Gil Dolz de Castellar, el general Riquelme- se les unió un grupo de antiguos políticos en la primavera de 1926: Melquíades Álvarez, 1527 Alejandro Lerroux, el conde de Romanones, Niceto Alcalá Zamora , Miguel Villanueva o Vicente Marco Miranda; conocidos intelectuales –Blasco Ibáñez, Ortega y 1528 Gasset, Antonio Machado, Gregorio Marañón-, y la Masonería . El epicentro del golpe sería Valencia, donde se impondría como capitán general al general Riquelme. Romanones y Álvarez hablarían mientras tanto con el rey para que cesase a Primo de Rivera y nombrara al general Aguilera primer ministro. El coronel Segundo García, ayudado por el capitán de Infantería Juan Pérez Capulino, y por el teniente de Infantería Jesús Rubio Villanueva, contó con el capitán Fermín Galán Rodríguez para contactar con elementos sindicalistas anarquistas, con los que acordaron restablecer el régimen político, establecer una amplia amnistía, reconocer sociedades obreras y depurar responsabilidades. Francisco Martínez Ramírez, íntimo amigo de Aguilera, se reunió con el Comité de Alianza Republicana. Desde París, Santiago Alba también conspiraba. La conjura parecía radicalizarse, algo que no gustó a Sánchez Guerra, que no quiso involucrarse. Alejandro Lerroux escribió un texto que circuló en ambientes militares en ese 1529 año de 1926, y del cual se conserva una copia en el Archivo de Varela ; síntoma 1527 Según Cortés Cavanillas, Alcalá Zamora se enemistó con la Dictadura cuando Primo de Rivera vetó su entrada en la Real Academia Española: Cortés Cavanillas, J.: La caída de Alfonso XIII. Causas y episodios, San Martín, Madrid, 1932, p. 126; obviamente, también influyó el que fuera un político constitucionalista. 1528 Alía Miranda, F., Duelo de sables, p. 184. 1529 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 160-164. 734 evidente de que le fue enviada. Lerroux, en 1923 había pronosticado un rápido final a la 1530 Dictadura en una carta a Blasco Ibáñez . La carta figura una respuesta ante una consulta realizada al que era jefe del Partido Radical. Para Lerroux, la Dictadura había nacido con grandes esperanzas, en medio del apoyo o la tolerancia de la mayor parte del país. Pero la Dictadura se había revelado incompetente, había caído en los mismos errores que la monarquía, basándose en valores tradicionales caducos, No habiendo sometido al Rey, vivía sometida al Rey. Primo de Rivera no había gobernado, había supeditado el país al mantenimiento de la monarquía; es decir, lo mismo que el sistema político que había manifestado derribar. Además, el Rey estaba conspirando contra la Dictadura, y así explicaba la desaparición política de los generales Cavalcanti y Berenguer. La opción del ciudadano español era estar con el Rey y la Dictadura, o con la revolución que acabe con ambos. Para Lerroux, los gobiernos de la monarquía han mantenido al país en el atraso, y la Dictadura sigue sus mismos caminos. La solución es la Revolución, pero una Revolución con el Ejército, pues sin él, o sólo por él, la Revolución degeneraría en indisciplina. En este punto, Lerroux afirma que ha estado pulsando la voluntad nacional para salir del atolladero en que la Dictadura ha sumergido al país. Entre ellos, dice que habló con políticos ligados a la monarquía pero opuestos a la Dictadura. Su plan era convocar elecciones para reunir Cortes Constituyentes, que establecieran el modelo de régimen político sin violencia. La vía más lógica para llegar ello, era que la iniciativa partiera del monarca, que formara un gobierno provisional de concentración para la convocatoria de dichas elecciones. Pero sus gestiones, afirma, no dieron ningún fruto, y de ello acusa de forma velada al Rey. Como resultado, la situación, afirmaba, se había degradado, con el agravamiento de la situación en Marruecos, cuando nadie había explicado claramente la importancia del Protectorado para España. La solución al problema no puede venir de un régimen político provisional como era la Dictadura. El problema, si se establecieran dichas elecciones y Cortes Constituyentes, podría venir de una oposición por parte del Rey. El conflicto vendría porque, para Lerroux, la sociedad civil no tiene fuerza para imponer sus derechos a unas libertades cívicas; y el Ejército se encuentra también sin fuerza, y además envuelto en la guerra de Marruecos, que le impide actuar por patriotismo. Lerroux propone que la joven oficialidad del Ejército, mucho más formada y culta que su antecesora, consciente 1530 ACGJEVI, Carpeta 6, fol 171, carta impresa, de Blasco Ibáñez a Lerroux, fol 171, y fol 172, la contestación de éste, también impresa. 735 de que deben defender los derechos fundamentales de la sociedad, debe representar al pueblo y reclamar el establecimiento de una legalidad que permita la participación de los ciudadanos en las tareas de gobierno. Esta acción libraría a España de revoluciones violentas y de luchas de clases. Por último, se ofrecía como hombre civil para sacrificarse por la Patria. Existía por tanto un consenso entre algunos políticos y un grupo de militares para derribar a Primo de Rivera, y aunque Lerroux se deja llevar por cierta demagogia, su análisis de que sólo un golpe de estado que aunara Ejército y sociedad civil podía tener éxito, augura el planteamiento de Mola en la primavera de 1936. El plan inicial de Segundo García era detener a Primo de Rivera en la estación de Guadalajara o en la de Alcalá de Henares, mientras el general Weyler se apoderaba del Ministerio de Guerra, y Aguilera de la Capitanía General. Pero Weyler se negó a sublevarse abiertamente, y su negativa frustró este primer proyecto. Ya en la primavera, se decidió dar el golpe en Valencia, y tras algunas discusiones, pues Aguilera proponía Cádiz, por el mito de la Revolución de 1868, a principios de junio se optó por Valencia, y como fecha se estableció el 24 de junio de 1926, noche de San Juan. Aguilera acudiría a Valencia, se adueñaría de la Capitanía General y anunciaría el cambio de Gobierno. Se contaba con dos o tres regimientos en Madrid y en Valencia, algunos en Cataluña, Zaragoza, Galicia y Andalucía, así como Cartagena. Primo de Rivera era consciente de la imposibilidad de mantener el enorme ejército español, y deseaba reducirlo a cuatro divisiones bien equipadas, apoyadas por marina y aviación. Pero no se atrevió a plantear el problema de la reducción de oficiales. Por ello, intentó realizar una homogeneización de los diversos cuerpos, cuestión siempre polémica, porque suponía que los oficiales de artillería e ingenieros debían abandonar su tradicional sistema de ascensos por estricta antigüedad, algo que no estaban dispuestos a hacer. El Directorio no creía en este sistema cerrado, y de hecho las reformas en la Junta de Clasificación le permitían intervenir con toda libertad en los ascensos a general. En 1926 Primo de Rivera preparó un decreto que pretendía extender los ascensos por méritos a todos los escalafones militares. Esto inquietó a los artilleros. Además, el general Correa, jefe de la Sección de Artillería del Ministerio de la Guerra, pretendía conceder a Primo de Rivera el rango de coronel de artillería (el grado más alto del Arma). La protesta de los artilleros hizo que Correa abandonara el asunto, lo cual disgustó mucho al Dictador. 736 La Artillería se regía desde 1822 por ascensos en escala cerrada, por antigüedad en el escalafón, sin tener en cuenta los méritos de guerra o de campaña. Los tenientes que salían de la Academia de Segovia pronunciaban un juramento por el que se 1531 comprometían a no aceptar ningún ascenso por méritos que alterara el escalafón . Este sistema fue sancionado por una ley, que permitía permutar el ascenso por una recompensa o condecoración. Los ascensos se regían por la Ley de Bases de 29 de junio de 1918. En dicha ley, las recompensas por méritos de guerra se establecían: cruz de Mérito Militar con distintivo rojo, Medalla Militar Individual, Cruz Laureada de San Fernando, Medalla de Sufrimientos por la Patria, y ascenso al empleo inmediato. Los ascensos hasta coronel eran por antigüedad, y los ascensos a general, y dentro del generalato, por elección. La imparcialidad de esta elección era garantizada por la Junta de Clasificación. Los ascensos por méritos de guerra no estaban eliminados, pero sí muy restringidos. Para ser concedido, se necesitaba una propuesta del general en jefe, la instrucción de un expediente de juicio contradictorio sumarísimo, y si la resolución era favorable, se pasaba al Consejo Supremo de Guerra y Marina, que aprobaba o rechazaba el ascenso. No obstante, los defensores del escalafón cerrado no quedaron satisfechos, y siguieron presionando a los ministros sucesivos para que restringieran los ascensos por méritos. Una vez en el poder, Primo de Rivera centralizó en el Gobierno el examen y la resolución definitiva de los ascensos por méritos de guerra, a través del Real Decreto del 11 de mayo de 1924: una vez superado, o no, el dictamen del Consejo Supremo de Guerra y Marina, el expediente pasaba a manos del ministro de la Guerra y del Gobierno, que decidía la resolución final. Un Real Decreto de 16 de marzo de 1925 estableció una nueva escala de recompensas: citación en la Orden General del Ejército; cruz de Mérito Militar con distintivo rojo; Cruz de María Cristina; ascenso al empleo inmediato superior. Se estableció la citación y la Cruz bicolor del Mérito Militar para recompensar servicios en áreas de combate; la Medalla de Sufrimientos para prisioneros 1531 En el Alcázar de Segovia se conservaba un álbum, suscrito por todos los jefes y oficiales de Artillería suscrito en 1901, y cuyo texto juraban todos los nuevos oficiales: “Los artilleros que juran en este álbum quieren conservar en el cuerpo y transmitir con su ejemplo a los que vengan a fiormarlo el tradicional espíritu de honor, unión y compañerismo que recibieron de los anteriores con el que alcanzó las glorias y prestigio de que goza para bien de la patria y honra de sus individuos. “Y considerando que la escala cerrada es condición indispensable para el logro de tan altos fines, resuelven mantenerla entre sí, ofreciendo por su honor renunciar (por los medios que la ley permite) todo ascenso que obtengan en el Cuerpo o en vacante de General a éste asignada y no les corresponda por rigurosa antigüedad”, en Maura Gamazo, G., Al servicio de la historia, p. 327-328. 737 y heridos, y la Medalla Militar y la Cruz Laureada, al valor. En el texto se permitía permutar el ascenso por la Cristina o la del Mérito roja, siguiendo las tradiciones de 1532 algunos Cuerpos . Pero unos meses después Primo de Rivera decidió agilizar los trámites de concesión de recompensas, pues se habían acumulado numerosos expedientes por la campaña del 1 de agosto de 1924 al 1 de octubre de 1925. Algunos oficiales acumulaban méritos, al dilatarse la campaña, por lo que emitió un nuevo Real Decreto, el 21 de octubre de 1925, estableciendo un plazo de quince días para resolver el expediente, los cuales serían elevados a una Junta, compuesta por altos mandos del Protectorado, que una vez estudiados y resueltos, serían tramitados al Ministerio. Para muchos oficiales, se concedieron las recompensas con excesiva prodigalidad, suscitándose malestar y reavivándose viejas reivindicaciones junteras: “La orgía de las recompensas alcanzó en aquella época su momento culminante, con grave detrimento de la interior satisfacción; el dolor, las amarguras y las humillaciones que engendraron las Juntas de defensa resurgían y se acrecentaban con vertiginosa rapidez, por lo que no era premisible no tardarían en condensar una protesta, cuya exteriorización se haría por procedimientos más o menos reprobables, pero que en el fondo 1533 estarían saturados de razón” . El Real Decreto del 9 de junio de 1926, derogó la capacidad de los ascendidos de renunciar a un ascenso por méritos, a cambio de una condecoración. Primo de Rivera justificó su medida porque con el nuevo sistema la concesión de un ascenso atravesaba muchos filtros para eliminar el posible favoritismo, y porque era necesario respetar la disciplina que entrañaba aceptar la recompensa. El Dictador quiso unificar el sistema de ascensos para todas las Armas, y estableció que el escalafón sería abierto (con ascensos por más motivos aparte de la estricta antigüedad, es decir, por elección, o por méritos de guerra) en todas las Armas, con efectos retroactivos de comienzos de 1925 para aquellos oficiales hubieran recibido ascensos pero que no los hubieran podido hacer efectivos por las tradiciones de sus cuerpos. El sistema se justificaba por la necesidad de llevar a los más altos puestos, a los jefes y oficiales más aptos. Este Real Decreto liberaba de los juramentos contraídos en este sentido, “recordándoles la obligación en que están de aceptar las mercedes que les sean concedidas por el Gobierno”, y establecía que en caso de no aceptar el nuevo rango de ninguna manera, se perdería la antigüedad del 1532 Navajas Zubeldia, C., Ejército, Estado y sociedad en España (1923-1930), Instituto de Estudios Riojanos, Logroño, 1991, p. 128-131. 1533 Benzo, E., Al servicio del Ejército, p.157. 738 rango que se disfrutaba, y se tendría la antigüedad propia del rango rechazado es decir, totalmente nueva. La Artillería se opuso a los ascensos por elección, y sobre todo a la obligatoriedad de aceptarlos, renunciando a su tradición de ascender por escalafón, junto a los Ingenieros y Sanidad. Los ingenieros eran pocos, pero los artilleros eran muchos y estaban muy unidos. El 10 de junio, se iniciaron las reuniones de oficiales artilleros en sus cuarteles de toda España; en Valencia se impusieron sanciones, y los oficiales fueron encarcelados en la prisión de las Torres de Quart. Uno de los detenidos fue el general Riafrecha: todos los artilleros de la guarnición, así como jefes y oficiales de otras Armas, pasaron por su domicilio dejando sus tarjetas como emblema de su solidaridad. Se acusó al teniente coronel de Infantería Joaquín Tirado haber organizado esta “manifestación de las tarjetas”, por lo que fue arrestado durante un mes en 1534 Montjuich . El 12 de junio, unos veinte altos oficiales de la Artillería se reunieron en Madrid en una asamblea, autorizada por el Dictador y el ministro de la Guerra para estudiar medidas. Su representante, el general Arzadun, visitó al rey el 14 de junio, y le pidió que mediara con el Dictador. El rey intentó convencer a Primo de Rivera. El Dictador se reunió con Arzadun, y le dijo que no podía desdecirse sin caer en el ridículo, y que si algún oficial de Artillería pedía pasar a la Reserva por este asunto, el Gobierno dimitiría responsabilizado a los artilleros, y se volvería al caos político. Al tener conocimiento de que se preparaba una segunda conspiración, Primo de Rivera decidió entablar conversaciones con los artilleros para ganar tiempo, y según asegura López de Ochoa, el Dictador cedió de palabra, llegando a un acuerdo verbal con el general Correa el 17 de junio. Correa informó a sus compañeros que el Dictador le había asegurado que los ascensos por méritos se darían en casos extraordinarios, que los ascendidos no tendrían mando sobre los oficiales de mayor antigüedad, y que el 1 de octubre se publicarían nuevos decretos por los que se abolirían definitivamente los ascensos por méritos de guerra, y las quejas serían atendidas en la Sala 3ª del Consejo Supremo de Justicia Militar. Se comentó que el rey estaba detrás de este acuerdo. Mientras tanto, la conspiración seguía su curso. El manifiesto de los golpistas, al parecer, obra de Melquíades Álvarez, firmado por Aguilera y Weyler, fue leído a un pequeño grupo de personas en el Casino Militar de Madrid en la noche del 24 de junio de 1926: de ahí que se le llamara la “sanjuanada”. El manifiesto denunciaba que la 1534 Marco Miranda, V., Las conspiraciones contra la Dictadura, p. 102. 739 Dictadura se estableció sin permiso del pueblo ni del Ejército, pues Primo de Rivera había utilizado al Ejército en su provecho para acceder al poder; que se había incumplido el compromiso de que la Dictadura sería breve y limitada a garantizar el orden público, robustecer la autoridad del Estado y solucionar el problema de Marruecos, frente a lo cual intentaba prolongarse en el tiempo; declaraba al Ejército defensor de las libertades públicas, y por tanto, con el deber de devolver al país a su “normalidad jurídica constitucional”, y que ello era no un acto de fuerza, sino de acatamiento a la voluntad soberana de la nación. Se pretendía volver a la normalidad constitucional, configurando un gobierno provisional de civiles y militares para preparar las elecciones, que dieran como resultado unas Cortes que reflejaran la voluntad 1535 nacional, mientras el Ejército era devuelto a sus funciones propias . 1536 Como los conjurados sentían que no tenían suficiente apoyo en la capital , Aguilera y el coronel Segundo García se desplazaron a Valencia, donde el teniente coronel de Caballería José Bermúdez de Castro aseguraba tener apoyos. Aguilera, con su amigo Francisco Martínez salieron de Madrid el 22 de junio, desde Ciudad Real, mientras Segundo García lo hacía desde Madrid. Cerca de Requena, el 23, a las 19:00 horas, Aguilera debía reunirse con algunos de los conjurados, pero allí no le esperaba nadie. Poco después llegaron el blasquista Marco Miranda y Alejandro Gómez, quienes le notificaron que algunos de los militares de Valencia conjurados habían sido detenidos, y el resto de la oficialidad de allí vacilaba, pese a tener el respaldo de los 1537 blasquistas . Marco Miranda animó a Aguilera a proseguir. El general llegó a Valencia, donde pensó en asaltar Capitanía General, pero tuvo que desistir. Francisco Martínez regresó a Madrid. Bermúdez de Castro fue denunciado, y detenido junto a Segundo García. También fue detenido en Valencia el senador José García Berlanga. Aguilera, con solo un pequeño grupo de hombres, estaba decidido a seguir adelante, y se desplazó de Valencia a Tarragona, donde el comandante militar de la plaza, el general Domingo Batet, era liberal y amigo suyo. Allí, Batet y Aguilera fueron detenidos por la policía. El teniente general exigió asumir toda la responsabilidad. En Madrid se detuvo a muchos sospechosos: Marcelino Domingo, Gregorio Marañón, y 1535 Guzmán, E. de, 1930. Historia política de un año decisivo, Tebas, Madrid, 1973, p. 74-76. 1536 López de Ochoa y Portuondo, E., De la Dictadura… p. 111-112, en Madrid no sucedió nada, y eso que se contaba con el apoyo de tres Regimientos de Infantería y buena parte de la Artillería, pero nunca se aclaró lo que sucedió en realidad. 1537 Martínez Roda, F., Valencia y las Valencia, p. 388; ; La Valencia Contemporánea, Real Academia de Cultura Valenciana, Valencia, 2003, p 156-157; Marco Miranda, V., Las conspiraciones contra la Dictadura (1923-1930). Relato de un testigo. Tebas, Madrid,1975. 740 otros, así como en Barcelona y otras ciudades. Primo de Rivera, que calificó la conjura de “mosaico”, condenó a los implicados a pagar “multas extrarreglamentarias” según su 1538 1539 capacidad económica ; Segundo García fue condenado a ocho años de cárcel , Bermúdez de Castro, los capitales Pérez y Galán, y el teniente Rubio a seis años, y Aguilera a seis meses. El general Weyler y los civiles fueron absueltos. La Sanjuanada fracasó porque la oposición a Primo de Rivera en 1926 aún era minoritaria. Marco Miranda intentó que los socialistas se sumaran a la conspiración, 1540 pero Besteiro se negó, porque estaba convencido de que iba a fracasar . Es innegable que ya existía en el Ejército un creciente descontento hacia el Dictador, sobre todo entre los opositores al sistema de ascensos por méritos, es decir, los junteros y los artilleros. También se descubre en la Sanjuanada la participación de oficiales que o ya eran republicanos, o evolucionaron ideológicamente hacia el republicanismo, como el coronel Segundo García o el general López de Ochoa. Un factor importante, es el incremento en estos años de la Dictadura de Primo de Rivera, de militares en las logias 1541 masónicas, en el seno de las cuales surgirá la Asociación Militar Republicana . La Asociación Militar Republicana (AMR) adoptó esta denominación en recuerdo de la anterior Asociación Republicana Militar, existente entre 1880 y 1886, de carácter secreto y ligada a los republicanos de Ruiz Zorrilla, que preparó tres pronunciamientos, todos ellos fracasados: en 1883 en Badajoz, en 1884 en Santa Coloma de Farners, y en 1886 en Madridm dirigido éste por el general brigadier Villacampa. Villacampa fue condenado a muerte, pero indultado, y murió deportado en Melilla en 1889. Su fracaso supuso en triunfo del poder civil sobre las intentonas 1542 militares . La Asociación Militar Republicana fue fundada por Queipo de Llano y López de Ochoa como sociedad secreta antimonárquica. en la que se integraban oficiales represaliados por el régimen, y muchos sargentos, silleros, armeros y obreros 1538 El conde de Romanones fue condenado a pagar 500.000 pesetas; el capitán general Weyler, conocido por su tacañería, 100.000; el teniente general Aguilera, 200.000; el doctor Gregorio Marañón, 100.000 pesetas…; otros multados fueron el general Batet (15.000), Marcelino Domingo y Eduardo Barriobero, ambos republicanos, el coronel laurerado Segundo García, el general Tuero; López de Ochoa, E, Memorias de un soldado, p. 269; De la Dictadura… p. 113, califica estas multas de “robos y despojos realizados en las haciendas de sus enemigos”; Maura Gamazo, G., Al servicio de la historia, t. 1, p. 321. 1539 Fue encerrado en Montjuich, desde 1927 al 5 de febrero de 1930, expulsado del Ejército, y perdió su condición de Caballero de la Orden de San Hermenegildo: García de la Fuente, O., El general Laureado Segundo García, Málaga, 1997, p. 115. 1540 Marco Miranda, V., Las conspiraciones contra la Dictadura, p. 61. 1541 Valín Fernández, A., “De militares y masones. Nuevas reflexiones en torno a la creación del construcyo ‘Militar, liberal y masón’”, p. 20-21, en www.ahistcon.org/docs/Santiago/pdfs/s5m.pdf. 1542 Busquets, J, Losada, J.C., Ruido de sables. Las conspiraciones militares en la España del siglo XX, Crítica, Barcelona, 2003, p. 23-35. 741 del Ejército. Queipo se distanció del Dictador al ser destituido en julio de 1926 del cargo de gobernador militar de Córdoba y del mando de la brigada de Caballería, 1543 quedando en situación de disponible en Madrid . La AMR creció con el aumento de 1544 descontentos . La inhibición del rey ante las quejas de los militares llevó a muchos de ellos al republicanismo. Sin embargo, la heterogeneidad de sus integrantes en grados, motivaciones e ideologías, la convirtió en prñacticamente inoperante. Cuando López de Ochoa escapó a París, y cedió a Queipo de Llano la presidencia de la AMR. Por entonces, se fusionó con la Unión Militar Republicana, de carácter más radical y cuyos integrantes, oficiales jóvenes como el capitán Díaz Sandino, los capitanes de Artillería Arturo Menéndez y Pedro Fuentes, y los comandantes Luis Romero Basart y Hernández 1545 Sarabia, eran partidarios de profundas reformas sociales . 3.12.3.- El enfrentamiento de Primo de Rivera con los Artilleros. Una vez desbaratada la conspiración, Primo de Rivera decidió impulsar el proyecto de ascensos únicos, ganándose rápidamente la enemistad de los artilleros. El Decreto del 9 de junio retrotraía los ascensos hasta 1920, fecha en que se estableció que para acceder a los mismos los propuestos para ascenso debían ver sometidos sus méritos a juicio contradictorio. Como ni Gobierno ni la asamblea de Artilleros quería ceder, se decidió someter el asunto al arbitraje judicial. Primo de Rivera manifestó al general Correa que, dado lo importante del asunto, iba a aconsejar a la Sala que fallase a favor del Gobierno. Pero pasaron las semanas, y la Sala tercera del Tribunal Supremo, que debía juzgar el asunto, no fue habilitada para ello, y los artilleros se impacientaron. El 26 de julio de 1926 se estableció un nuevo Real Decreto, por el que quedaban suprimidos los ascensos por méritos de guerra, y pasaban a ser sustituidos por los ascensos por elección. Alfonso XIII no pudo oponerse ante la firme postura del 1546 Dictador . La oposición a los ascensos por elección venía dada por el recuerdo de abusos y favoritismos dados en el pasado, que había engendrado en el Ejército el grave problema del exceso de oficialidad. El problema, es que nunca se había establecido un sistema de baremos objetivo para dar conceder el ascenso. Para Primo de Rivera, el 1543 Según Cabanellas, la causa fue un chiste pronunciado por Queipo de Llano en un banquete en que ridiculizaba a la Unión Patriótica, partido político creado por la Dictadura. Cabanellas, G., Preludio a la Guerra Civil. Cuatro generales, t. 1, p. 132. 1544 Ferrer Benimeli, J.A., La Masonería en la España del siglo XX, vol 2, p.899. 1545 Busquets, J, Losada, J.C., Ruido de sables, p. 37-39. 1546 Bullón de Mendoza, A., José Calvo Sotelo, Ariel, Barcelona, 2004, p.213. 742 sistema de ascensos por elección permitiría premiar a los oficiales más capaces y entregados, y frenaría las carreras extraordinarias de algunos oficiales, que acumulando méritos habían ascendido muy rápidamente, adelantando a muchos compañeros más mayores en la escala. Al oficial propuesto para ascenso por elección se le exigiría aptitud, conducta y moralidad, espíritu de justicia, energía, tacto, cultura general y 1547 concepto social . Desde el 1 de octubre de 1926, la más alta recompensa en tiempo de guerra sería la Cruz de María Cristina. Los ascensos se basarían en la elección sobre un porcentaje de las vacantes generadas cada año; es decir, que se reservarían para ascensos por elección una cuarta parte de las vacantes del general, una quinta parte de las vacantes de coronel, una sexta parte de las vacantes de comandante y una décima parte de las vacantes de capitán serían cubiertas por ascensos especiales; es decir, ascensos por elección, establecidos por una Junta Clasificadora, y serían presentadas al ministro de la Guerra para su aprobación. Esta junta debería tener en cuenta la vida militar y las condecoraciones ganadas por los aspirantes, pero las últimas decisiones las tomaría el Ministerio de la Guerra, tras informarse sobre "el concepto social e íntimo de cada candidato", es decir, de sus opiniones políticas. El sistema de escalafón cerrado era considerado por junteros y artilleros “un 1548 dique y un freno contra el empeño de crear un ejército cortesano y dinástico” . La postura de Primo de Rivera provocó que, con el tiempo, creciera la oposición militar contra él: por un lado, los artilleros y los junteros, a los que, tras obligar a aceptar los ascensos por méritos de guerra en junio, suprimió los mismos en julio e impuso los ascensos por elección; por otro, los oficiales desengañados con él o con el monarca, los cuales podían ser perfectamente antijunteros, como era el caso de López de Ochoa. Una amplia mayoría de los oficiales de Artillería se sintieron engañados e indignados, porque ni siquiera podían plantear los conflictos en la Sala 3ª del Tribunal Supremo. Razona Maura Gamazo que si el sistema hubiera sido aprobado por las Cortes, quizá los artilleros lo hubieran aceptado, tras haber sido oídos; pero no era el caso, al contrario, los artilleros sospecharon que Primo de Rivera les quería castigar por 1547 Navajas Zubeldia, C., Ejército, Estado y sociedad en España (1923-1930), Instituto de Estudios Riojanos, Logroño, 1991, p. 148, Real Decreto del 26 de julio de 1926, Exposición de motivos. Esta Ley fue derogada por Azaña el 18 de mayo de 1931, que establece el ascenso por rigurosa antigüedad en el escalafón. 1548 López de Ochoa, E, Memorias de un soldado, p. 271, De la Dictadura… p. 117; añade que Primo odiaba a los artilleros a causa de la imposibilidad de coaccionarles para que cambiaran de opinión. 743 la “inveterada prevención de las armas generales contra las especiales”, y por la 1549 oposición a nombrar al Dictador coronel honorario de Artillería . En suma, el sistema de recompensas de Primo de Rivera fue visto “no para dar una mayor garantía de acierto a la elección, sino para que no hubiera obstáculo legal alguno a su arbitraria y 1550 soberana voluntad” . Pocos días después, los ministros de Guerra y Marina estuvieron de visita de inspección en Menorca, y los oficiales de Artillería se negaron a asistir a los actos. El general Miguel Cabanellas, gobernador militar de la isla, que desde Marruecos, había apoyado el ascenso al poder de Primo de Rivera, fue destituido, así como el jefe artillero, Cantó. Pero el 31 de julio, en Barcelona, Primo de Rivera negó haberse comprometido a algo con los artilleros. A la semana siguiente, el general Correa, jefe de la sección de Artillería del Ministerio de la Guerra, pasó a la Reserva, y fue reemplazado por el general Fabriciano Haro, que reivindicó la postura de los artilleros, y recordaba el compromiso establecido entre el general Correa y el Dictador en junio. El 10 de agosto, Primo de Rivera contestó que los artilleros estaban equivocados y habían interpretado mal sus palabras, y que “no ha tenido inconveniente en ponerse al habla oficialmente con el Jefe de la Sección y, extraoficialmente, con otros artilleros, para recoger sus aspiraciones e impresiones; pero el Gobierno reitera que no ha pactado, tratado ni convenido nada, ni con nadie, a cambio de actitudes de disciplina y acatamiento que son obligatorios e inexcusables, y mucho más para un cuerpo de oficiales de tan 1551 brillante historia y notoria distinción” . El 20 de agosto, se inició una segunda reunión de artilleros en Madrid, que decidió resistir. La Artillería como colectivo ya había desafiado al Ejecutivo en 1873. Entonces, existían dos escalas: la de oficiales, provenientes de la Academia, y la práctica, para las clases de tropa, que sólo podía ascender hasta capitán. En 1873 se reguló que el cuerpo tendría dos agrupaciones, una técnica y otra de armas, por la cual las clases de tropa podrían ascender sin límites. Los oficiales artilleros pidieron el retiro en masa, y los alumnos de Segovia abandonaron el uniforme y organizaron clases en casas particulares. Esta situación se prolongó siete meses, hasta que en septiembre de 1873 1549 Maura Gamazo, G., Al servicio de la historia, p. 328-329. 1550 Benzo, E., Al servicio del Ejército, p. 156. 1551 Maura Gamazo, G., Al servicio de la historia, p. 365-366. 744 Emilio Castelar, a la sazón presidente de la República, derogó esta reglamentación y se 1552 volvió a la tradicional . El 21 de agosto de 1926, el general Fabriciano Haro escribió al Dictador afirmando que los artilleros estaban comprometidos por su honor con la escala cerrada en paz y en guerra, y que se debía respetar a los que voluntariamente querían seguir en ella, sin represalias ni conflictos, suplicando en consecuencia que se les respetase la tradición. Primo de Rivera contestó cuatro días después afirmando que exigía obediencia, que no toleraría la oposición, y que mantendría los escalafones abiertos por 1553 igual para todo el Ejército, por lo que los ascendidos, debían aceptar sus ascensos . Los artilleros entonces presentaron a Haro las solicitudes de retiro de aquellos oficiales de artillería ascendidos por el decreto del 26 de julio, y pidieron a Haro que las presentase al ministro. Haro lo hizo, y fue arrestado. El 4 de septiembre, el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra publicó la Orden de aplicación de las medidas del Decreto del 26 de julio, es decir, la sustitución del asenso por méritos de guerra a ascenso por elección. Como respuesta, el Jefe de la Sección de Artillería llamó a incorporarse a su destino a los jefes y oficiales de licencia. Los jefes y oficiales artilleros de la escala activa se encerraron en sus cuarteles, el jefe del Regimiento de Artillería de Segovia acuarteló a su fuerza y la previno que podían ser atacados desde Madrid, mientras los profesores y alumnos de la academia de Segovia se situaron al borde de la rebelión. El Gobierno proclamó al día siguiente la ley marcial y suspendió del servicio activo a todos los oficiales de Artillería excepto los de Marruecos: se les prohibía llevar uniforme, se les vetaba la entrada a los cuarteles y se ordenaba a la tropa que no se les saludara por la calle. Alfonso XIII, en San Sebastián, intentó mediar en el conflicto, pero decidió apoyar al Dictador, porque no podía negar el principio de autoridad. Primo de Rivera estaba dispuesto a evitar el conflicto dilatándolo en el tiempo, pero esta postura dio tiempo a los artilleros a organizarse. El rey regresó a Madrid; algunos oficiales de Artillería se plantearon detener en el camino por Logroño el automóvil del rey y pedirle 1554 su intercesión ante el dictador ; cerca de los Altos del León, oficiales y alumnos de la Academia de Artillería de Segovia le abordaron en el mismo sentido; ya en la capital, se 1552 Serrano de Pablo Jiménez, L., Contribución a la Historia del Cuerpo de Artillería, Madrid, 1983, p. 116-117. A causa de este gesto, en agradecimiento, la estatua de Cautelar situada en el Paseo de la Castellana, en Madrid, ostenta un cañón. 1553 Benzo, E., Al servicio del Ejército, p. 176-179. 1554 Según López de Ochoa, algunos exaltados plantearon el raptarlo: De la Dictadura…, p. 120. 745 entrevistó con representantes de los artilleros, y les explicó que todo el asunto había sido iniciativa del Dictador, el cual ni le había consultado ni pedido permiso, y que iba a pedirle la dimisión. Mientras tanto, el Gobierno había arrestado a decenas de oficiales de Artillería de alta graduación, y había ordenado que los cuarteles artilleros fueran ocupados por la Infantería. En Pamplona hubo resistencia a ello. El gobernador militar, general Luis Bermúdez de Castro, marchó a parlamentar con los oficiales de Artillería de la Ciudadela, pero antes de entrar, y temiendo ser retenido, previno fuerzas de Infantería, dos Compañías del Regimiento de la Constitución, situadas en el cuartel contiguo al de Artillería, que pasada determinada hora, debían entrar en la Ciudadela a la fuerza. El general entró con sus ayudantes, e inició una discusión con los artilleros en el despacho del coronel; exigió que abandonaran la Ciudadela y se fueran a sus casas tras entregar el mando, advirtiendo que iba a ordenar a las fuerzas de Infantería ocupar la Ciudadela. La hora pasó, y el oficial al mando, creyendo retenido al general, dio la orden de avanzar a la Infantería. Los infantes arrimaron un carro de víveres a las murallas del baluarte, y comenzaron a escalarlo. La guardia de prevención estaba al mando del teniente Enrique Tordesillas, que quiso impedir el paso a la tropa, por lo que disparó al aire con su pistola. Su fuego fue malinterpretado por las fuerzas de Infantería, que usaron sus armas, y en el tiroteo murieron el teniente Tordesillas y un corneta, Alonso, quedando heridos dos soldados artilleros más. El general acudió corriendo, con la cabeza descubierta, seguido de los oficiales del Regimiento de Artillería, ordenando a 1555 gritos que cesara el fuego . Bermúdez de Castro fue pasado a la reserva, pero después nombrado miembro del Consejo de Guerra y Marina. Los oficiales de Artillería de Pamplona fueron detenidos, procesados y, como era costumbre en Primo de Rivera, indultados. El 5 de septiembre, el Cuerpo de Artillería quedó disuelto, y el dictador hizo una petición de apoyo a la opinión pública ante la rebelión militar. En la tarde del 6 de septiembre, el Gobierno ya controlaba todos los cuarteles de Artillería. La postura de los Ingenieros fue más tibia: se rechazaron las solicitudes de retiro o de pase a la reserva, y tres jefes que hablaron públicamente fueron arrestados. El 13 de septiembre se celebró un consejo de guerra contra el coronel de Artillería José Marchesi Sagarra, que fue 1555 Serrano de Pablo Jiménez, L., Contribución a la Historia del Cuerpo de Artillería, Madrid, 1983, p. 134-136. El teniente Tordesillas era novato, era su primera guardia como oficial. 746 1556 condenado a muerte, e indultado cuatro días después . El 18 de septiembre se levantó el estado de guerra. En una conversación mantenida a finales de septiembre, Sánchez Guerra informó al rey que el lenguaje de los artilleros era “más hostil para Vuestra 1557 Majestad que para el mismo Primo de Rivera” . La mayoría de los artilleros fueron perdonados de su rebelión. Primo de Rivera castigó a una minoría de oficiales, trasladándolos de forma forzosa o encarcelándolos en castillos, mientras se publicaban listas de aquellos a los que no se les iba a castigar. Sesenta y tres oficiales fueron condenados a cortas penas de prisión, y se mantuvo el número suficiente de oficiales de Artillería para asegurar el funcionamiento de las instalaciones. A finales de septiembre, un Real Decreto pasó a la Reserva a los oficiales de alta graduación juzgados indignos de volver al servicio activo. Por los Decreto del 17 de noviembre y del 3 de diciembre de 1926, se disminuyeron de treinta y siete a treinta y uno los regimientos de Artillería, en teoría para disminuir los gastos militares; se disolvieron los Parques de Artillería, el Grupo de Instrucción, las Maestranzas de Barcelona, Sevilla y Madrid, y el Depósito de Sementales de Hospitalet. Se creó una Dirección General de Industria Militar, dentro del Ministerio de la Guerra para romper el monopolio que tenía la Artillería sobre la dirección de la industria militar española. A mediados de diciembre se abrió el plazo para presentar al Gobierno las peticiones de regreso al cuerpo: cerca de ochocientos lo hicieron el último día. Estas listas se ordenaron jerárquicamente según el criterio del Gobierno, lo que provocó de nuevo la irritación de muchos artilleros. Un Decreto del 31 de diciembre anunció el fin de las represalias contra los artilleros, y se decretó una amnistía para todos ellos. No obstante, algunos servicios que durante ese tiempo habían sido asumidos por la Caballería, ya no regresaron a su Cuerpo original. No hubo, por tanto, reconciliación entre las partes. Esta rebelión de los artilleros no tuvo apoyo popular, por la prosperidad económica y la fama de elitista que tenía el cuerpo. También se percibía que la postura de los artilleros era meramente corporativista y profesional, y no de rechazo frontal a la Dictadura como estructura política. Para pulsar los ánimos, Alfonso XIII se entrevistó con cuatro coroneles de Artillería en Moratalla durante una cacería. En el transcurso del encuentro hubo 1556 ABC, 17 de septiembre de 1926, p. 13, “Después del conflicto con los artilleros”; Maura Gamazo, G., Al servicio de la historia, t. II, p. 37, comenta: “Las sanciones que en este como en otros casos no pecarobn, en verdad, de crueles, pero sí de innecesariamente vejatorias. La conducción de los jefes y oficiales castigado, se practicó según era uso para los reos comunes”, 1557 Tusell, J., Queipo de Llano, G., Alfonso XIII, p. 523. 747 momentos de tensión. Uno de los coroneles se declaró “artillero antes que monárquico”. Pidieron los coroneles al monarca una amnistía para sus compañeros encarcelados. Alfonso XIII convenció a Primo de Rivera de conceder el perdón de las sanciones, postura a la que el Dictador siempre estaba dispuesto. Pero esta clemencia no reconcilió en absoluto a los artilleros con la Corona, identificada con la Dictadura, y en muchos 1558 cuarteles se sustituyó la imagen del rey por la del teniente Tordesillas . Durante esas semanas circuló un manifiesto, de forma clandestina, en el que los artilleros, supuestos autores del texto, afirmaban que no habían ofrecido resistencia para no poner en peligro las vidas de sus soldados; y que habían confiado en las promesas del monarca de solucionar el conflicto, pero éste les había defraudado, provocando que se abriera un abismo entre la monarquía y la Artillería. El Cuerpo de Ingenieros también mantenía la escala cerrada, y en consecuencia los ascensos por méritos de guerra eran tradicionalmente permutados. Al establecerse la prohibición de hacerlo, los ingenieros no se rebelaron como habían hecho los artilleros, porque su tradición era la fidelidad absoluta al Gobierno. No obstante, Primo de Rivera cometió algunos deslices con este Cuerpo, que le granjearon impopularidad. Un asunto de esta índole fue el del coronel Tiestos, jefe de las tropas de Ingenieros en África. Al prohibirse las permutas de ascensos por condecoraciones e imponerse la escala abierta, la oficialidad de Ingenieros decidió solicitar el retiro antes que faltar a sus compromisos, y entregaron al mencionado coronel las instancias correspondientes. El coronel Tiestos y el comandante Adrados marcharon a Madrid con los documentos. Al recibir las instancias, Primo de Rivera anunció que los firmantes serían procesados por delito de sedición. Tiestos se negó entonces a entregar las instancias, por lo que Primo de Rivera le castigó con la separación del servicio. También se arrestó y sancionó al comandante general de Ingenieros de la 1ª Región, Montero, y a los coroneles Lara y López, por criticar públicamente la escala abierta. Estos hechos provocaron disgusto y desapego en el Arma de Ingenieros hacia el 1559 Dictador . Las desavenencias entre Primo de Rivera y el Cuerpo de Intendencia tuvieron como origen el deseo del Gobierno de García Prieto por aclarar las responsabilidades que algunos oficiales de Intendencia de Ceuta hubieran podido contraer al producirse el 1558 Tusell, J., Queipo de Llano, G., Alfonso XIII, p. 523-525. 1559 Benzo, E., Al servicio del Ejército, p. 186-188. 748 Desastre de Annual. Se crearon tres comisiones, una de ellas presidida por el general Pedro Bazán, alargó sus diligencias, mientras las otras dos se cerraron sin que se encontraran responsabilidades punibles. Bazán denunció que en los libros de contabilidad del Parque de Intendencia de Ceuta había una diferencia de catorce millones de pesetas en perjuicio del Estado. Fue nombrado juez del proceso el coronel de Caballería Obregón, tras renunciar el primer designado, el coronel de Artillería Alfonso Carrillo. Obregón, cuyo destino era Ceuta, utilizaba el sistema llamado de “beneficios” en su unidad. Los “beneficios” consistían en que las unidades podían percibir en metálico y no en especie aquellos suministros que la Intendencia les debía proporcionar. Esta práctica se inició con el trasiego de leña y petróleo para la iluminación. Este sistema permitía a algunas unidades obtener fondos extra: cobraban en metálico el pan, leña, paja para los soldados, cebada y paja para las caballerías, carbón y petróleo para los cuarteles; pero luego sólo compraban lo necesario, ahorrando así en dinero el correspondiente a los hombres de permiso. La costumbre se extendió, de forma que si bien se compraba menos de lo estipulado, en los libros de contabilidad debía contar la cantidad oficial a adquirir de cada elemento. Estaba tan aceptado que a nadie se le ocurrió que al hacerlo se incurría en un delito de falsedad documental. Con el dinero ahorrado, el capitán de la Compañía disponía de un fondo para atender necesidades de la unidad y gastos a menudo difíciles de justificar. Para Benzo, esta cantidad podía suponer un 20% de lo percibido, y gracias a ello se podían cubrir gastos como el deterioro prematuro de las prendas, la pérdida de material, el desgaste de los edificios y cuarteles que a menudo en África soportaban el doble de la población para la que habían sido proyectados, la necesidad de disponer de vehículos para los mandos más allá del caballo reglamentario, gastos de representación o agasajo de visitas a las instalaciones… Por su parte, los Parques de Intendencia se beneficiaban del sistema descontando para sí el procentaje de beneficio del proveedor sobre lo no adquirido, lo que permitía compensar las pérdidas por mal almacenado o estropeado, las pérdidas y robos, los artículos inutilizados por diversas causas, compensar adquieriendo artículos de mejor calidad para el suministro de las unidades, sostenimiento de servicios de carácter oficioso como abastecimiento de agua a centros oficiales y alojamientos de autoridades, o sostenimiento de escribientes y personal con carácter temporal para suplir las deficiencias en plantilla. 749 El sistema de beneficios había provocado el desequilibrio del presupuesto en el Parque de Ceuta. Basándose en que el sistema era corrupto, el Cuerpo de intendencia fue casyigado y se le arrebataron las fábricas de subsistencias a su cargo en Valladolid, Zaragoza y Manzanares; se crearon unas Juntas de plaza y guarnición para la adquisición de víveres y materiales para los acuartelamientos. Algunos de los jefes de Intendencia fueron detenidos y encarcelados en el castillo del Hacho en Ceuta. La investigación se cerró el 28 de febrero de 1924. Cuando el coronel Bazán quiso realizar similiar inspección en el parque de Ingenieros de Ceuta, sus jefes le cerraron el paso y le manifestaron, respetuosa pero firmemente, que se negaban a que las anormalidades de los libros de contabilidad, que 1560 eran conocidas y puramente formales, adquirieran carácter judicial . 3.12.4.- La reforma del Ejército. Ante la oposición que iba desarrollándose en el seno del Ejército contra él, Primo de Rivera comprendió que debía reducir sus reformas a cuestiones como el uniforme caqui unificado, el ascenso de los capitanes con trece años de antigüedad y la asignación de plazas en la administración civil a los militares, mayoritariamente veteranos de las clases de tropa, porque los oficiales no estaban interesados. Quizá por eso, si bien entre su programa regeneracionista planteaba reducir el Ejército a las necesidades de la nación, como explicó en una nota publicada el 7 de noviembre de 1923, “dotar a España de un Ejército que, proporcionado a las disponibilidades del país, sea instrumento eficiente para la defensa de los altos intereses que le incumben”, lo cierto es que el 27 de marzo de 1925 disolvió la Junta de Defensa del Reino, integrada por los altos cargos del Ejército y la Armada, y que el 15 de mayo de 1925 hizo lo propio con el Estado Mayor Central, según se dijo entonces por la disconformidad manifestada por su presidente, el general Weyler, con la Dictadura. Con la desaparición de estas dos instituciones, Primo de Rivera se privaba de dos órganos muy importantes para llevar a cabo sus reformas militares. La Dictadura, había conseguido pacificar Marruecos, y era el momento para plantear una reducción del presupuesto militar y una reforma del Ejército. Hasta ese momento, la guerra de Marruecos había impedido detener el crecimiento de ese presupuesto. El 30 de enero de 1926, ante la guarnición de Barcelona, en un banquete con que fue obsequiado por la marquesa de Foronda, Primo de Rivera dijo: 1560 Benzo, E., Al servicio del Ejército, p. 189-201. 750 “Ahora hay que ir a la reorganización del Ejército, dejando sólo las unidades que permitan los recursos de la nación; pero éstas nutridas, para su eficiencia, en instrucción. Por fuerza quedarán muchos oficiales sobrantes; pero turnarán en el servicio de los cuerpos o se emplearán en labores idóneas y patrióticas, a semejanza de los delegados gubernativos, que tan admirablemente han reorganizado la vida municipal en bien de la nación. Esto para ellos tiene que ser incluso halagador, pues todos debemos emplearnos en cuanto sea beneficio y provecho de la Patria, y en esto tendrán útil empleo los que no estén en los 1561 cuerpos activos” En 1927, el Ejército contaba con 207.000 soldados, para los que había 219 generales y 19.906 oficiales, más 5.000 en la Reserva. El ejército español duplicaba la relación oficial/soldado del ejército francés. A esto hay que añadir que cada año ingresaban 550 cadetes en las Academias militares. Con estos gastos de personal era muy difícil disponer de dinero para modernizar el armamento. Esta reforma, desde un punto de vista económico y organizativo, tiene muchos puntos de contacto con la que emprenderá durante la II República Manuel Azaña. Desde 1928, Primo de Rivera se propuso reducir el número de oficiales y el gasto. Se limitaron los ingresos de cadetes en las Academias: doscientos cincuenta en 1928, doscientos en 1929, cien en 1930; y se redujo también el personal docente en las mismas. Primo de Rivera pensaba en un Ejército español de cuatro divisiones, profesionalizado, completado con un entrenamiento militar de toda la población masculina española. En 1930, el Ejército se había reducido a 130.000 hombres, y la oficialidad, en un 10%. En 1929 había 3.565 oficiales menos que en el año anterior. Primo de Rivera ofreció, con muy poco éxito, a los oficiales la posibilidad de dejar el Ejército a cambio de trabajos en la sociedad civil, 1562 como por ejemplo, maestros , pasando a ministerios civiles. El 10 de mayo de 1927 se abrieron doscientas plazas en el Ministerio de Hacienda, pero se presentaron muy pocos a cubrirlas. Estas reformas enajenaron al dictador muchas simpatías en el seno de las Fuerzas Armadas. El 8 de agosto de 1926 se firmó un Real Decreto creando una comisión judicial para verificar las irregularidades de Intendencia de Ceuta y Larache, en la que se descubrieron varios casos de corrupción, que fueron castigados. En 1927 fueron retirados treinta y un oficiales y jefes de Intendencia. Se compró nuevo material de 1561 Maura Gamazo, G., Al servicio de la historia, t. 1, p. 325-326; Benzo, E., Al servicio del. Ejército, p. 154, destaca que siendo una Dictadura militar, no acometió la tan necesaria reforma militar. 1562 Ben-Ami, S., La Dictadura… p. 233. Como dice este autor, con un punto de ironía, “nadie quería la eficacia a costa de su propio empleo” 751 guerra, un objetivo muy buscado por el ministro de la Guerra, Juan O’Donnell. También se elaboró un plan de construcciones de barcos para la Marina, de tres cruceros, pero se abolió la Junta de Clasificación de la Armada, y se forzó a retirarse a algunos oficiales. 3.12.5.- La Academia General Militar. En febrero de 1927 se refundó la Academia General Militar, instalada en Zaragoza. Era un sistema que ya había existido entre 1824 y 1854, y de nuevo entre 1882 y 1892. La Academia se proponía que todos los oficiales debían pasar dos años en ella recibiendo enseñanzas comunes antes de pasar a las Academias de Arma. La idea era crear un cuerpo de oficiales más unificado y homogéneo, con un fuerte espíritu 1563 profesional , pero algunos vieron en el proyecto la idea de liquidar el espíritu del cuerpo de artilleros. Tras barajar la posibilidad de nombrar como director a Millán Astray, finalmente fue nombrado el general de brigada Francisco Franco, porque tenía experiencia de combate, prestigio profesional, y estaba al margen de las intrigas políticas. La Academia abrió sus puertas en otoño de 1928. Franco viajó para conocer las escuelas de Berlín y Dresde. Franco estableció un cuerpo de profesores, la mayoría de ellos africanistas. Los historiadores críticos con Franco aseguran que con ello se estableció la “mística profesional” legionaria, que era de base fascista, y por tanto se educó a los 1564 cadetes para “una cruzada contra los enemigos interiores” . Esta visión es muy distorsionada. Para Fusi, Franco pretendió inculcar a los cadetes valores militares tradicionales: patriotismo, caballerosidad, disciplina, deber, responsabilidad, 1565 abnegación, valor, sacrificio… . Franco situó entre el profesorado a hombres que tenían una trayectoria bélica notable: Franco-Salgado, Campins, Sueiro, Pimentel Zayas, Monasterio, Esteban Infantes, Barba Hernández, Rafael García Valiño… Varela no fue requerido, quizá porque su graduación de coronel ya era excesiva para ser un simple profesor. Primo de Rivera seguía intentando institucionalizar el régimen. Creó una especie de remedo partido corporativista, la Unión Patriótica, en 1924. En octubre de 1927 1563 Iniesta Cano, C., Memorias y recuerdos. Los años que he vivido en el proceso histórico de España, Planeta, Barcelona, 1984, p. 32. 1564 Blanco Escolá, C.: La Academia General Militar de Zaragoza (1928-1931), Labor, Barcelona, 1989, p. 102-103 1565 Fusi, J. P. Franco, Círculo de Lectores, Barcelona, 1985, p. 26. 752 1566 estableció la Asamblea Nacional consultiva en Madrid . El 6 de marzo de 1928, Primo de Rivera hizo un discurso en la Asamblea Nacional manifestando que no se volvería a poner en vigor la constitución de 1876. En La Coruña, el 14 de agosto de 1928, el Dictador afirmó que la Asamblea Nacional elaboraría una nueva constitución, que se establecería en el futuro, pero no fijó plazos. 3.12.6.- Nueva conspiración militar. Entre 1927 y 1928, el Ejército estuvo tranquilo, pero el descontento era latente entre los artilleros. A mediados de julio de 1927, en Segovia, se organizó una verbena para recaudar fondos para ayudar a los damnificados por los temporales habidos en Marruecos. A modo de protesta contra el Gobierno de la Dictadura, los cadetes decidieron, en bloque, no asistir. Otro incidente similar tuvo lugar en la misma ciudad con ocasión de la fiesta de Santa Bárbara: el 4 de diciembre de 1928, los cadetes rompieron la lápida de una plaza que daba nombre a “un conspicuo local de la Unión Patriótica”; los tres alféreces acusados del vandalismo fueron expulsados de la Academia, medida que pareció exagerada a sus compañeros, y las protestas 1567 consiguientes acarrearon la expulsión de nueve cadetes más . Primo de Rivera desconfiaba de algunos de sus compañeros de armas. Relevó a Cavalcanti de la Capitanía General de Burgos a raíz del conflicto de los artilleros; premió a Sanjurjo y a Saro con títulos nobiliarios; otorgó a Franco la dirección de la Academia de Zaragoza; vigiló, y o bien persiguió, o acomodó, a los generales más prestigiosos y conocidos: Queipo de Llano, López de Ochoa, Barrera, Burguete, Cabanellas, Castro Girona, Riquelme… Contentarlo sería el motivo de conceder a Dámaso Berenguer el condado 1568 de Xauen . Subieron los sueldos de los militares, y se mejoró la vida en los cuarteles. En 1928, el Dictador aseguraba no tener problemas con el Ejército. Primo defendía siempre la disciplina y la subordinación, aunque también defendía el derecho de los militares a intervenir en caso de colapso de la nación. En su Manifiesto de septiembre de 1923, al exigir el poder, había razonado que ante la situación de desgobierno, corrupción, 1566 El exministro José Sánchez Guerra intentó evitar que Alfonso XIII sancionara la creación de este organismo no representativo en septiembre de 1926, advirtiéndole que ello le enajenaría el apoyo de los políticos monárquicos para una vuelta a un sistema democrático; el rey no le hizo caso, y Sánchez Guerra se exilió: Rodríguez Labandeira, J., España antes del odio, p. 283-284. 1567 Maura Gamazo, G., Al servicio de la historia, t II, p. 205-206. 1568 Maura Gamazo, G., Al servicio de la historia, t II, p. 97-98. El motivo fue una alusión, hecha por Sánchez Guerra en un manifiesto, hacia Berenguer. 753 desorden público e impiedad provocada por los políticos, era la hora de asumir las responsabilidades de Gobierno. Las insubordinaciones y conspiraciones que había padecido en contra las había castigado de forma leve. No obstante, en la primavera de 1928, el general Martínez Anido, ministro de Gobernación, realizó una pequeña investigación entre los jefes, y descubrió que la mayoría de ellos se oponía a la dictadura. Pero sólo la Artillería conspiraba, tramando planes que no se llevaban a cabo: bombardear los edificios del Gobierno en Madrid fue uno de ellos. El 2 de abril de 1928 se volvió a alterar la Junta de Clasificación, de forma que todos los generales serían nombrados por el ministro de la Guerra. Estas medidas indican que el Gobierno deseaba controlar el generalato y el acceso al mismo, por su peso político, por su incidencia económica, y porque España ya no se encontraba en estado de guerra. Pero en aquel momento, estos cambios provocaron más resentimiento y oposición hacia el Dictador, porque eran vistos como atentados a derechos constituidos simplemente por la costumbre o la tradición. Por eso, gran parte de la oposición militar a Primo de Rivera se dio entre los jefes y generales, cuyas ambiciones se podían ver truncadas por las reformas de la Dictadura, y se nutrió de resentimientos 1569 personales . Esto explica que las conspiraciones militares sean tan débiles y tan heterogéneas. A finales de 1928 se fue fraguando otro grupo de conspiradores, dirigidos por el general Aguilera y por el político José Sánchez Guerra, que consideraba que el ambiente general en el país era cada vez más crítico con la Dictadura, y con el deseo de convocatoria de Cortes Constituyentes. El motivo que llevó a Sánchez Guerra a la conspiración fue la formación, en septiembre de 1927, de la Asamblea General Consultiva, un órgano representativo y corporativo creado por la Dictadura cuyos integrantes eran elegidos no por sufragio universal, sino indirecto, a través de los ayuntamientos, diputaciones y otras entidades, que mostraba la intención de prolongar el régimen dictatorial, junto la organización de la Unión Patriótica, a modo de partido político único y oficial. La formación de estos órganos, que parecían inspirados en el 1569 López de Ochoa y Portuondo, De la Dictadura… p. 137-138: “…en lo que al Ejército se refiere, el número de oficiales generales que opinan en este mismo sentido es tan numeroso y selecto que, en realidad y en el fondo, constituyen la mayor y mejor parte del Estado Mayor General, aunque por muy diversas causas, fáciles de comprender después de haber leñido los procedimientos de coacción empleados por la Dictadura secundando el despotismo o poder personal, no se hayan exteriorizado hasta la fecha más que en aislados casos”. 754 fascismo italiano y en el tradicionalismo corporativista, suponía que la Constitución de 1876, hasta ese momento suspendida, era derogada definitivamente. Esta circunstancia inquietó a los políticos dinásticos, y a muchos de ellos les indispuso con el rey. El monarca intentó atraer a esas personalidades hacia el nuevo régimen, sin éxito. A partir de ese momento, Alfonso XIII comenzó a distanciarse del Dictador. En septiembre de 1927, Sánchez Guerra se exilió voluntariamente en París, redactando una carta de despedida a Alfonso XIII exponiendo sus motivos, sobre todo la ruptura con la Constitución que suponían las nuevas iniciativas políticas de la 1570 Dictadura . En octubre de 1927 se reunieron en Hendaya una veintena de políticos e intelectuales posicionados contra Primo de Rivera: Sánchez de Toca, Romanones, García Prieto, Melquíades Álvarez, Lerroux, Blasco Ibáñez, etc., dieron su apoyo explícito a Sánchez Guerra. Durante la primavera y el verano de 1928, el político, voluntariamente exiliado en París, sumó apoyos a la conspiración, como los catalanistas y líderes republicanos como Marcelino Domingo, y estableció contactos con la CNT. Mientras tanto, Aguilera realizaba una labor similar entre los militares. Junto a esta línea conspirativa habían otras, más radicales. Los socialistas, por su parte, pese a renunciar a los puestos ofrecidos en la Asamblea, mantuvieron su colaboración con el régimen, por lo que no participaron en la conspiración. Se fijó como fecha del golpe del 13 de septiembre de 1928, aniversario de la llegada de Primo de Rivera al poder. Pero fue fácilmente abortado, con el acuartelamiento de las tropas y la detención de los principales implicados en Barcelona y Valencia. Unos días antes, el general López de Ochoa se encontraba en el despacho del abogado Eduardo Layret, en Barcelona, cuando entró la policía y sorprendió una carta sospechosa que ambos estaban redactando encima de la mesa. López de Ochoa declaró que era una misiva de carácter masónico. Cuando se realizó la detención de implicados en la conspiración, en la madrugada del 11 de septiembre de 1928, Layret fue arrestado y procesado. Al día siguiente, sobre las 15:00 horas, un teniente coronel y un capitán de la Guardia Civil fueron a detener al general. Éste, que se encontraba en pijama por estar haciendo la siesta, pretextó el necesitar vestirse, pasó a su dormitorio, se escapó por la 1571 ventana y se exilió en Francia . 1570 Guzmán, E. de, 1930. Historia política de un año decisivo, Tebas, Madrid, 1973, p. 80-84. 1571 López de Ochoa y Portuondo, E., Memorias de un soldado, p. 279; De la Dictadura… p. 140-142. 755 Aún se fraguó un nuevo golpe que debía darse en Segovia, y que movilizaría a los artilleros, a cuyo frente se pondría el general Queipo de Llano, pero una indiscreción 1572 paralizó el movimiento . Primo de Rivera decidió pactar con Sánchez Guerra, enviándole como negociador al general Sanjurjo a Biarritz, sin resultado. El 9 de enero de 1929 se publicó un decreto que establecía la edad límite para el retiro de los capitanes de navío en 58 años, eliminando así a cinco capitanes de navío de la lista de ascensos para almirante. El 14 de enero, se estableció que los ascensos almirante, contralmirante, el capitán de navío y capitán de fragata se irían por elección y no por antigüedad de la Junta de Clasificación de la Marina, sujetos a la aprobación del gobierno. El 11 de marzo, otro Real Decreto reorganizado varias secciones y retiró a veinticuatro oficiales de edad avanzada. Muchos oficiales de la Marina se sintieron agraviados por estas decisiones. En enero de 1929 la conspiración volvió a tomar cuerpo. En ella se encontraban políticos dinásticos, militares y republicanos. Esta heterogeneidad llevó a que no estuviera claro qué se haría después de dado el golpe: mientras los políticos dinásticos querían volver a la Constitución de 1876, los republicanos pretendían la convocatoria de Cortes Constituyentes que decidirían el modelo del nuevo Estado. El golpe debía ser un pronunciamiento, con el apoyo de buena parte del Arma de Artillería, la Alianza Republicana, y la CNT, que exigieron para su participación que los militares tomaran la iniciativa. El plan consistiría en promover revueltas en las provincias; cuando Primo de Rivera enviara al Ejército a sofocarlas, las tropas de Madrid ocuparían la capital, donde derrocarían al dictador y quizá al rey y convocarían Cortes constituyentes. El epicentro del golpe estaría en Valencia, por su situación geográfica, por su ambiente político liberal, y por el apoyo de su capitán general, Castro Girona. Junto a la guarnición de Valencia, se sublevarían las de Murcia y Cartagena, y los oficiales del Regimiento de Infantería Vizcaya nº 21 en Alcoy. López de Ochoa se desplazaría desde París a la frontera para dirigir el levantamiento en Barcelona. El general se trasladó al sur de Francia, embarcó y pasó a Cataluña, permaneciendo escondido. Pero el general Castro Girona no se inclinó realmente a favor del pronunciamiento. El 25 de enero de 1929 se fijó el golpe para la noche del 29 de enero. Por esos días, Primo de Rivera visitó en Valencia a Castro Girona; se rumoreó que le había ofrecido el cargo de Alto Comisario en Marruecos, y le comentó a su esposa que 1572 Alía Miranda, F., Duelo de sables, p. 213. 756 1573 le presentaría a la reina . Posiblemente estos ofrecimientos dejaron a Castro Girona fuera de la conspiración. El hijo de Sánchez Guerra y otros conspiradores visitaron a Castro Girona los días anteriores al golpe, y se apercibieron el general no les ofrecía apoyo de forma clara. En la mañana del 29 de enero el Regimiento 1º Ligero de Artillería, de guarnición en Ciudad Real, al mando del coronel Joaquín Paz Faraldo, gobernador militar de la plaza, con todos sus jefes, oficiales y efectivos, ocuparon los cuartelillos de la Guardia Civil, sin encontrar resistencia, el Ayuntamiento, la estación de ferrocarril, Gobierno Civil, central de telégrafos, teléfonos y Correos, y la Delegación de Hacienda, y se situaron grupos de vigilancia ante las oficinas del Banco de España, del Español de Crédito, y la fábrica de la luz. Quedaron paralizados los trenes y las comunicaciones, y esperaron las noticias del triunfo de la rebelión en toda España. Sin embargo, no sucedió nada, a las 17:00 horas apareció una escuadrilla de aviones que lanzaron octavillas, en las que rezaba: “España está completamente tranquila; volved a vuestros cuarteles y no disparéis, porque en caso contrario os bombardearemos”. Los sublevados, abatidos, regresaron a su cuartel, y allí el coronel Paz telefoneó al capitán general de la 1ª Región, quien le notificó que estaba arrestado. Llegó una columna enviada desde Madrid al mando de los generales Sanjurjo y Orgaz, que recibió la rendición de los sublevados. Paralelamente, en Valencia, los 5º y 6º Regimientos de Artillería estaban preparados con dos baterías municionadas y el ganado atalajado, pero Sánchez Guerra, 1574 que debía encabezar la sublevación, no llegó . Esa misma noche del 29 de enero, Sánchez Guerra, que se había retrasado, llegó desde Marsella en un barco de forma clandestina a Valencia. De madrugada entró en el cuartel del 5º Ligero de Artillería, contiguo al edificio de capitanía general, siendo recibido por sus mandos, y por la 1575 mañana del día 30, arengó a los oficiales y soldados y repartió su manifiesto . En él, Sánchez Guerra hace un llamamiento al Ejército a la insurrección contra la Dictadura, y también ataca a la monarquía, al acabar su arenga con “¡Abajo la Dictadura! ¡Abajo la Monarquía absoluta! ¡Viva la soberanía nacional! ¡Viva el Ejército unido y dignificado! ¡Viva la Marina (…)!”. Pero la rebelión ya estaba vencida en Ciudad Real, y en el resto de España no había pasado nada. Unos oficiales del 5º Ligero habían intentado hablar con capitán general, pero se les había dicho que estaba muy enfermo 1573 López de Ochoa y Portuondo, E., Memorias de un soldado, p. 290-291. 1574 Martorell Linares, M., José Sánchez Guerra, p. 402 y ss. 1575 Guzmán, E. de, 1930. Historia política de un año decisivo, Tebas, Madrid, 1973, p. 95-96. 757 con fiebre en la cama. En el cuartel, se iban congregando oficiales de Artillería: el comandante Montesinos y el comandante Pérez Salas dominaban la situación. Se decidió convocar la huelga general, y ya sonado el toque de diana, los republicanos que acompañaban a Sánchez Guerra, entre ellos Marco Miranda, abandonaron el cuartel. Al llegar el coronel del regimiento 5º Ligero, Suero, se negó a permitir la salida de las baterías, e invitó a Sánchez Guerra a abandonar el cuartel, pero éste se negó. Según Marco Miranda, el coronel Suero pasó a hablar con Castro Girona, y al volver, insistió al político que se fuera. La mañana avanzaba: el comandante Pérez Salas estaba dispuesto a salir a la calle con las piezas y sublevar al regimiento de Artillería en Paterna, mientras el coronel Suero se negaba. Sánchez Guerra pasó entonces a Capitanía General, para intentar convencer al general Castro Girona. Según una versión, el político encontró al general en la cama, enfermo; según Maura, Castro Girona se entrevistó con Sánchez Guerra en presencia del arzobispo de Valencia, Prudencio 1576 Melo . Entre ambos le intentaron convencer de la locura que suponía llevar adelante la sublevación. Finalmente, Sánchez Guerra, tras negarse a huir, fue detenido y conducido junto con su hijo a Gobierno Civil, a la prisión de las Torres de Quart. La guarnición de Valencia, sin el mando de su capital general, no se atrevió a moverse. Al no levantarse Valencia, las guarniciones de Alcoy, Murcia, donde Queipo de Llano debía encabezar la sublevación, y Cartagena tampoco lo hicieron. El golpe había fracasado. López de Ochoa, tras constatar que las guarniciones de Barcelona no iban a secundar el golpe, y saber que Sánchez Guerra había sido detenido, decidió regresar a Francia el 31 de enero. A finales de febrero, las autoridades francesas le conminaron a abandonar el país, por lo que el general pasó a Bélgica. Esta conjura irritó mucho a Primo de Rivera. El 1 de febrero de 1929, por un Real Decreto, el Ministro de la Guerra formó en cada guarnición una comisión para reforzar la disciplina y para dar a entender que la Dictadura había surgido de un gesto provocado por la mala situación de España, y no era una simple rebelión militar; que había sido aclamada por el pueblo y sancionada por el rey. En Valencia se mantenía tensa la situación. Corrió el rumor de que los artilleros de Valencia se levantarían el domingo 3 de febrero, aprovechando la confusión y el 1576 Maura Gamazo, G., Al servicio de la historia, t II, p. 213-214; Marco Miranda, V., Las conspiraciones contra la Dictadura, p. 140-147. 758 gentío provocado por un importante partido de fútbol. Cuando a Primo de Rivera se le preguntó qué pasaba en Valencia, contestó, en referencia al concurso que se estaba realizando de “Señorita España” (hoy Miss España), que la atención de la ciudad del Turia estaba centrada en la ganadora, Pepita Samper Bono, “la bellísima señorita que representaría dignamente a España en el concurso internacional de París”. La tarde del 3 de febrero, Primo de Rivera convocó al gobierno. Al no tener noticias de la rebelión en Valencia, el Dictador nombró al general Sanjurjo, director de la Guardia Civil, Inspector general de la 3ª Región Militar con poderes para deponer y arrestar a los mandos militares, y ordenó su marcha inmediata a Valencia. Sanjurjo depuso a Castro Girona y a varios jefes y oficiales sospechosos, así como a conspiradores civiles, y 1577 trasladó a Sánchez Guerra a bordo del cañonero Canalejas . El 19 de febrero de 1929, tras rechazar los deseos del rey de arbitrar en la discusión, el Dictador, molesto por la sublevación de Ciudad Real, ordenó de nuevo la disolución del Arma de Artillería, por la cual todos sus miembros, excepto los de guarniciones fuera de la Península, estaban provisionalmente expulsados del Ejército, sin derecho a paga ni al uso de uniforme, hasta su reintegración. Para reingresar al Arma, estableció que se debía prestar un juramento de fidelidad y obediencia sin reserva a la Patria, representada ésta por la bandera, el monarca y el Gobierno constituido. En principio, el rey rechazó la medida; pero Primo de Rivera obtuvo la unanimidad de los secretarios de despacho, e incluso amenazó con la dimisión de todo el gabinete, con lo 1578 que Alfonso XIII cedió . Primo de Rivera, temiendo que el rey se reconciliara a espaldas suyas con los artilleros, no se mostró clemente, y el Decreto se firmó el 19 de febrero de 1929. Al día siguiente, se cerró la Academia de Segovia. Los cadetes penetraron por la fuerza en el cuartel del Regimiento 16º Ligero, para proveerse de armas, pero fueron disuadidos de sus intenciones de rebelión por los jefes del mismo. Los cadetes fueron licenciados, y se anunció la indemnización económica a sus progenitores por la pérdida de la carrera. Se ordenó asimismo la disolución del Museo de Artillería, situado en el madrileño Casón del Buen Retiro, y que sus piezas fueran desalojadas y reunidas para 1577 El político había estado a punto de asfixiarse a consecuencia de las emanaciones de un brasero en la prisión de las Torres de Quart. Como pareció que la oficialidad de este buque era muy obsequiosa con el preso, éste fue trasladado al Dato, también fondeado en la rada valenciana. De hecho, la hija del político, Constancia Sánchez, se casó en enero de 1930 con José Estrella, oficial del Canalejas: Martorell Linares, M., José Sánchez Guerra, p. 419. 1578 Bullón de Mendoza, A., José Calvo Sotelo, Ariel, Barcelona, 2004, p. 220-221. 759 1579 formar un nuevo Museo del Ejército, a instalar en el Alcázar de Toledo . La dura represión administrativa contra los artilleros sólo sirvió para irritarlos más, y para consolidar el republicanismo militar. El consejo de guerra que debía juzgar a Sánchez Guerra debía estar integrado 1580 por generales , porque el político había sido presidente del gobierno. La defensa corrió a cargo de Niceto Alcalá Zamora, Bergamín y Rodríguez de Viguri, y el 28 de octubre de 1929, el tribunal, presidido por el general Federico Berenguer, absolvió a Sánchez Guerra, demostrando claramente que los generales, incluidos los muy cercanos al rey, se oponían al dictador. Castro Girona fue pasado a la Reserva y condenado por negligencia a un año de prisión, por haber mantenido contactos con los rebeldes. El consejo de guerra convocado contra los rebeldes de Ciudad Real sentenció a muerte al coronel y a dos capitanes, pero varios de los miembros del tribunal votaron en contra, el capitán general se negó a ratificar la sentencia, y el Consejo Supremo de Guerra y Marina la anuló. Era una afrenta para Primo de Rivera, pero como era su costumbre, fue clemente, y conmutó las penas de muerte de los nueve oficiales, por penas de cárcel; con motivo de la fiesta de la Inmaculada, se indultó a Castro Girona y se conmutaron por destierro las penas de cárcel que sufrían los encausados por la Sanjuanada de 1926 No obstante, Sánchez Guerra y los sublevados se convirtieron en héroes. Varios oficiales fueron destituidos o trasladados o multados por él "buen espíritu militar". El distanciamiento entre parte del Ejército y la Dictadura se ahondó. A estas 1581 disensiones se unieron las de la Armada. El almirante Mateo García de los Reyes impulsó algunas reformas. Decidido a renovar la cúpula de mando de la Armada, rebajó en cuatro años la edad de pase a la reserva para los almirantes y capitanes de navío, y estableció los ascensos por elección en la Marina (DO nº 14 del 17 de enero de 1929). Sin embargo, tropezó con la resistencia de los altos mandos, y se vio obligado a rectificar. 1579 Maura Gamazo, G., Al servicio de la historia, t II, p. 232-233. 1580 Fueron: presidente, el general de división Federico Berenguer, gobernador militar de Alicante; vocales, los generales de brigada Riquelme, García Benítez y Bilbao, y coroneles Pérez Hernández y López de Rodas; vocal ponente, el auditor de división Carrión de Angulo; fiscal, coronel Larranz. 1581 Nacido en Montevideo en 1872, fue el primer comandante del Arma Submarina en España, participó en la guerra de África, ascendido a contraalmirante en 1928, asumió la cartera de Marina en el Directorio Civil de Primo de Rivera en noviembre de 1928. Impulsó la construcción de siete destructotres (Clase Churruca), salvó del desguace el prototipo de submarino de Isaac peral. Fue asesinado en Paracuellos del Jarama el 17 de noviembre de 1936, en una de las “sacas” de la Cárcel Modelo de Madrid. 760 Como dijo Berenguer, las tensiones internas del Ejército habían “roto la armonía 1582 familiar” , y estas divisiones explican las conspiraciones militares contra la Dictadura, débiles, pero constantes. Había descontento. “En muchas capitales de provincia las peñas militares y aun los cuartos de banderas estaban degenerando en ‘clubs’ políticos, donde los agravios personales y colectivos de los preopinantes, exhumados al par de los del país, creaban ambiente idéntico al que determinó la explosión de las juntas de 1583 defensa primero, y la del golpe de Estado después” . Según el testimonio familiar de López de Ochoa, comenzó a fraguarse otra conspiración militar, apoyada ahora por la protesta estudiantil, que fue ahogada al 1584 dimitir el Dictador en enero de 1930 . En efecto, a finales de 1929, buena parte del Ejército ya no sostenía al dictador. Corrían muchos rumores. El director era el general Goded, respaldado por oficiales de Marina, y por el capitán general de Sevilla, el infante 1585 don Carlos . 3.13.- Varela en la Dictadura. 3.13.1- El ascenso de Varela a coronel En este contexto, se abrió el expediente para el ascenso de Varela a coronel, y explica, además del resentimiento que Primo de Rivera guardaba hacia el isleño por el incidente de Ben Tieb, la dilatación de éste en el tiempo. Por provisión de la Orden General de las Fuerzas Militares de Marruecos del 2 1586 de abril de 1928 dada en Tetuán por el general Sanjurjo , el día 5 de abril de 1928 se abrió un expediente informativo para esclarecer los méritos de tres oficiales de Infantería especialmente distinguidos en la definitiva campaña de pacificación del Protectorado: el teniente coronel Fernando Oswaldo Capaz Montes, el comandante Miguel López Bravo y el teniente coronel Varela; y en éste último caso establecer si eran suficientes para su ascenso a coronel, en función de los artículos 34 al 43 del 1582 Martínez Roda, F., Valencia y las Valencias. Su historia contemporánea, p. 390. 1583 Maura Gamazo, G., Al servicio de la historia, t II, p. 309. 1584 López de Ochoa y Portuondo, E., Memorias de un soldado, p. 297. 1585 Ben-Ami, S., La Dictadura… p. 250. 1586 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 184; firmada por el coronel Jefe de Estado Mayor Antonio Aranda. Hay dos copias del Expediente de Ascenso a Coronel de Varela: la más completa es la de la Carpeta 9, fol 210- 353, que incluye declaraciones que no figuran en la contenida en la Carpeta 8 fol 180-231. En el trabajo se citan sólo por la Carpeta 9 aquellas declaraciones que no figuran en la Carpeta 8. También se señalan las declaraciones cuyo volumen en la Carpeta 9 es significativamente superior a las recogidas en la Carpeta 8. Por último, en la Carpeta 9 se conserva el informe final del Juez Instructor, que no está en la Carpeta 8. 761 Reglamento de Recompensas vigente. De una forma harto significativa, en su orden el general Sanjurjo excusó el adjuntar a la misma el parte-propuesta unipersonal, “por 1587 serme conocidos los méritos y circunstancias del referido Teniente Coronel” . El juez instructor fue el coronel de Ingenieros Miguel García de Herrán, y el secretario el teniente coronel de la misma Arma José Velasco Aranaz. El 6 de abril, en Ceuta, Varela compareció ante el juez y el secretario instructores para declarar por sus méritos entre el 1 de octubre de 1926 y el 12 de octubre de 1927. Varela enumeró las operaciones en Beni Idor mandando vanguardias, ocupando Amekri, Suaki y Sidi Bemmar el 3 de noviembre de 1926, Manegait el 4 de noviembre, Yebel Bujorna el 5, y Talefta el 6. El 20 de abril de 1927 mandó una columna de reconocimiento por Sidi Benuar y Lujorna, que habían sido atacadas por el enemigo, y el 25 de abril condujo un convoy a Lujorna y Fedel Rech. Respecto a las acciones libradas en la pacificación de Yebala como jefe de Vanguardia de las columnas operantes, citó: con la vanguardia del coronel Canis, ocupación de Ain Gorra, Afernun y collado de Anazel el 30 de abril de 1927, y ocupación de Rokba Alia, Xarquia y Xuana el 6 de mayo; con el coronel Balmes, ocupación de Tahar Berda el 8 de mayo, sometimiento de la cabila de Sumata y ocupación de Akersan el 13 de mayo, ocupación de los montes de Yebel Heis y Ain Baida el 23 de mayo, ocupación de Ain Grana y Tazarut, en Beni Arós, el 3 de junio; de nuevo en la vanguardia de la columna del coronel Canis sobre Yebel Alam y Buhasen, ocupó Ban Stah y Bab Arosa el 16 de junio, ocupación del collado de Anelait y enlace con las fuerzas de Larache el 23 de junio, ocupación de Dar Akarrat, en Ajmas, el 29 de junio, ocupación de Bab Taza el 30 de junio, ocupación del monte Yebel Hassan y Yebel Tara el 4 de julio, ocupación del collado de Bab Kern el 5 de julio, ocupación collado de Yebel Taria el 10 de julio, y del 1588 monte de Tangaya el 20 de julio . Se recogieron los distintos partes de propuesta unipersonal formulados por los coroneles Canis y Balmes, todos ellos muy elogiosos y que a juicio de sus superiores 1589 hacían merecedor a Varela de recompensas por sus servicios . 1587 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 183. 1588 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 185. 1589 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 213, Parte del 30 de abril de 1927, ocupación de Ain Gorra y Afernún; fol 214, Parte del 3 de mayo de 1927, ocupación del Zoco del Jemis de Beni Arós; fol 215-216, Parte del coronel Balmes, 13 de mayo de 1927, ocupación de Buhansi; fol 217-218, Parte del coronel Balmes, 23 de mayo de 1927, ocupación de Yebel Ain-Baida; fol 219-220, Parte del coronel Balmes, 3 de junio de 1927, ocupación de Ain Grana y Tazarut; fol 221, Parte del 16 de junio de 1927, ocupación de Bab.Stah; fol 222, Parte del 29 de junio de 1927, ocupación de Akarrat, Dardara y Kudia Amegri; fol 223, Parte del 762 Entre los testimonios, figura el del coronel Emilio Canis, cuyo juicio sobre Varela era “extraordinariamente favorable por las condiciones y aptitudes 1590 verdaderamente brillantes del mismo” . Del mismo tenor fue la declaración del capitán Enrique Esquivias Zurita, quien afirmó que a menudo Varela se anticipaba a las órdenes que iba a recibir dada su clara inteligencia, preparando de antemano la forma de llevarlas a cabo, “siendo de los jefes a quienes se puede conceder iniciativa con la 1591 seguridad de que el mando quedará satisfecho” ; este comentario me parece muy significativo, porque en Varela ya no encontramos el oficial decimonónico que sigue al pie de la letra las órdenes, y que nunca toma iniciativas, sino que por el contrario las toma, consultando al mando, pero asumiendo que en el combate el mando debe ser elástico y adaptado. Es decir, que Varela es ya un oficial en el sentido actual del término, en el que el conductor de hombres en combate debe tener iniciativa propia. El comandante José Pereda Aquino lo calificó como gran estratega, que sabía utilizar 1592 terreno, hombres y armas para conseguir los objetivos . El comandante de Regulares Simón Lapatza Valenzuela, que llevaba siete años sirviendo a las órdenes de Varela, declaró que “como jefe de vanguardia no ha tenido en esta guerra nadie que lo 1593 supere” , y de nuevo aparece aquí el ya citado factor de la iniciativa personal, al decir que casi todas las acciones “se han resuelto favorablemente gracias a la acción personal y directa de dicho Teniente Coronel, pues en casi ninguna ha recibido órdenes directas de los jefes de columna a causa de la excesiva distancia al grueso y además por haber dejado la iniciativa por completo en sus manos ya que las únicas fuerzas que intervenían eran las que iban a sus órdenes y a su mucha práctica en esta guerra”. Igualmente llena de elogios fue la declaración del teniente José López Palazón, quien manifestó sus acciones habían sido decisivas para la sumisión de muchas cabilas 1594 rebeldes . De la misma opinión era el oficial moro de Regulares Sidi Bulger ben Mohamed, y añadió que los Regulares tienen muy buena opinión de su jefe, “se lo ha oído decir a los indígenas, hasta el punto de que siempre que entran en combate van 1595 con la confianza de que ha de resultar muy bien” . 30 de junio de 1927, ocupación de Bab-Taza; fol 224, Parte del 4 de julio de 1927, ocupación del Yebel Jessana; fol 225, parte del Coronel Canis, 5 de julio de 1927, ociupación del Collado de Bab-Kera. 1590 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 186. 1591 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 187. 1592 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 188. 1593 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 189; Carpeta 9, fol 257-260 1594 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 190. 1595 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 191. El oficial firmó la declaración con su huella dactilar. 763 1596 Declararon, además, el alférez Nicasio Rivera , el teniente de Infantería 1597 1598 Enrique Pascual de Pobil , el teniente de Regulares Alejandro Veramendi Bueno , 1599 1600 el teniente Sebastián Jiménez Avilés , el teniente José León , el teniente Luis de 1601 1602 Pereda , el teniente Buenaventura Cano , el capitán de Infantería Juan Domínguez 1603 1604 Catatán , el capitán Antonio de Ramos Casas , el capitán de Artillería Alfonso 1605 1606 Criado , el capitán de Infantería Julián García Menéndez , el capitán de Infantería 1607 1608 Ricardo González Alegre , el capitán de Estado Mayor Fernando Arniches Moltó , 1609 el capitán de Estado Mayor Fernando del Águila y de Rada , el capitán de Estado 1610 1611 Mayor Bartolomé Barba Hernández , el comandante Alberto Lagarde , el 1612 comandante de Infantería Enrique Rodríguez de la Herrán , el comandante de 1613 Infantería Juan Asensio Fernández Cienfuegos , el comandante de Infantería 1614 Fernando Morandeira Gonzalvo , que se deshizo en elogios hacia su antiguo superior, 1615 el comandante de Infantería Ramón Méndez-Vigo y Méndez Vigo , el comandante 1616 Manuel Carrasco, que le calificó como el mejor oficial del Arma de Infantería , el 1617 comandante de Infantería Luis Moliner Martínez , el teniente coronel Luis Valcázar 1618 1619 Crespo , el teniente coronel de Estado Mayor Isidro Cantarino Escamilla , el 1596 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 243. 1597 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 195; Carpeta 9, fol 282-284. 1598 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 206. 1599 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 234-235 1600 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 240-241. 1601 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 242. 1602 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 253-256. 1603 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 196. 1604 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 238-239. 1605 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 247-252. 1606 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 276-280. 1607 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 192; Carpeta 9, fol 270-271. 1608 ACGJEVI, Carpets 8, fol 211. 1609 ACGJEVI, Carpets 8, fol 226-229. 1610 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 292. 1611 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 274-275. 1612 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 198. 1613 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 201. 1614 ACGJEVI, Carpets 8, fol 210; Carpeta 9, fol 300-305. 1615 ACGJEVI, Carpets 8, fol 212. 1616 ACGJEVI, Carpets 8, fol 216-223; la declaración del comandante Manuel Carrasco es la única que se conserva íntegra por escrito; es confusa porque hay algunas fechas equivocadas y están las hojas desordenadas, pero muy interesante por la prolijidad con que describe las acciones. Al final, hay un añadido manuscrito, por el que Carrasco, que dice que aún no ha sido convocado a testimoniar, ofrece dicha declaración a su antiguo superior, le ruega que la examine y juzgue. 1617 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 193. 1618 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 194. 1619 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 200. 764 1620 teniente coronel de Estado Mayor José Martí Prats , el coronel de Infantería Fernando 1621 Martínez Monge y Restoy , el coronel de Estado Mayor Mariano Santiago 1622 1623 Guerrero , el coronel de Estado Mayor José Asensio Torrado , el coronel de 1624 Infantería Ricardo Serrador Santes , el coronel de Infantería Aureliano Álvarez- Coque de Blas, que elogió la toma de Ain Gorra y el avance sobre el Zoco el Jemis de 1625 1626 Beni Arós , el coronel de Infantería Antonio Gorostegui , el general de División 1627 1628 Agustín Gómez Morato , el general de Brigada Amado Balmes Alonso , el general 1629 1630 de Brigada Joaquín Perteguer Astudillo , el general José Millán Astray , el general 1631 Manuel Goded , y el capitán general de la 7ª Región Militar, teniente general 1632 Federico Berenguer Fusté, hasta octubre de 1927 Comandante General de Ceuta . Todos ellos opinaban que la actuación de Varela había sido decisiva en la campaña, y que su actuación al frente de las tropas era brillante por su pericia y acierto en la elección de objetivos y la forma de llevarlos a cabo. Se elogiaba su actuación en la ocupación de Ain Grana y el la del collado de Akersan, la llave de la cabila de Sumata, donde rompió la resistencia enemiga, así como la rápida ocupación de Bab Taza; su valor personal; su acierto en la dirección de tropas indígenas, a las que guiaba con su ejemplo, y como resultado del cual había incrementado notablemente la recluta en el Grupo de su mando. En resumen, que pensaban que Varela era digno y estaba capacitado para ascender al empleo superior. Más explícito sobre su personalidad, el capitán de Estado Mayor, Bartolomé Barba Hernández, destinado en Zaragoza, al serle preguntado sobre la influencia de Varela para obtener la paz, declaró que éste “penetra en la psicología del individuo y domina la psicología colectiva, las pasiones y los impulsos no solo de las fuerzas que manda sino de los pobladores indígenas, que 1620 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 203; Carpeta 9, fol 293-295. 1621 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 199. 1622 ACGJEVI, Carpets 8, fol 207-208. 1623 ACGJEVI, Carpets 8, fol 209. 1624 ACGJEVI, Carpets 8, fol 215. 1625 ACGJEVI, Carpets 8, fol 224. 1626 ACGJEVI, Carpets 8, fol 213. 1627 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 197. 1628 ACGJEVI, Carpets 8, fol 214. 1629 ACGJEVI, Carpets 8, fol 225 . 1630 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 262-263, destacó su valor, su inteligencia y sus éxitos, así como lo mucho que había propiciado la recluta de indígenas. 1631 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 266-269, destacó que ascender a Varela era una cuestión de “conveniencia nacional”, y que era necesario contar entre los altos mandos del Ejército con un jefe con tales condiciones y aptitudes para el servicio. 1632 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 230, declaración del capitán general Federico Berenguer en el expediente para el ascenso a coronel del teniente coronel Varela. 765 podían evitarle la derrota con su apoyo, o hacerle infecunda la victoria con su 1633 hostilidad” . En su informe final, el juez instructor coronel Miguel García de la Herrán señalaba que el expediente abierto a Varela, así como a otros dos jefes, era un procedimiento extraordinario, dado la brillante trayectoria de éstos. Tras leer las declaraciones, se apreciaban en el teniente coronel Varela las innegables condiciones de mando, su acierto y pericia, su brillantez como militar. El expediente constaba de cuarenta y cuatro declaraciones, de las cuales ninguna era discrepante, todas le consideraban un jefe excepcional, y todas reclamaban para él la recompensa del ascenso al empleo superior. El Juez analizaba estas declaraciones y en consecuencia el “unánime clamor del Ejército de Operaciones que pide la exaltación rápida del 1634 Teniente Coronel Varela a los altos puestos del Ejército” . Para el coronel García de la Herrán, Varela era un símbolo del esfuerzo, al partir del pueblo llano y en diez años alcanzar dos Laureadas, varias heridas, casi todos los empleos por méritos de guerra, participar en doscientos hechos de armas: “Varela simboliza en vida a la pléyade de Jefes y Oficiales que por amor a la Patria, por cumplimiento a la fe jurada, por ilusiones plácidas de gloria, por amor a la fama, por ambición honrada, por espíritu de sacrificio (por estas siete virtudes de héroe) se abrazaron anhelantes a la muerte para con su ejemplo arrastrar al soldado Español, Indígena o Europeo, y darnos la victoria y la paz que hoy nos permite ir a los Españoles con la frente alta por el Mundo porque ellos han puesto sobre nuestras cabezas un lema que dice: HONRA 1635 MILITAR” . Varela es un símbolo. Resume su actuación en la última campaña, siempre en extrema vanguardia. Para acabar, el Juez se reconoce entusiasmado y apoya el clamor de los que piden el ascenso de Varela, y en consecuencia “eleva a V.E, el presente informe favorable a que, para gloria del Ejército, satisfacción de sus soldados que lo piden y eficiencia en el Mando, conceda al Teniente Coronel Varela un empleo que en tiempos de no tan estrecha austeridad impuesta por el ejemplo del Jefe de Gobierno y de V.E. ya le habría 1636 sido seguramente varias veces concedido. V.E, no obstante resolverá” . Por su parte, el general Sanjurjo, Alto Comisario y general en Jefe del Ejército de España en Marruecos, en su informe final, destacaron los grandes méritos de Varela para ascender al grado de coronel. Sanjurjo decía así: 1633 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 202. 1634 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 329. 1635 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 330. 1636 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 331. 766 “…la brillantísima labor desarrollada durante largos años en este territorio por el hoy Teniente Coronel Sr. D. José Varela Iglesias, muy especialmente al frente del Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Ceuta nº 3, constituye la prueba más evidente de su extraordinario valor y espíritu, habiendo ejercido decisiva influencia en la pacificación y desarme posterior de las cabilas, que solo puede hacerse mediante la fuerza moral adquirida sobre ellos en tan repetidos combates victoriosos en casi todos los cuales dichas fuerzas y el citado Jefe, muy principalmente, ocuparon el puesto de honor. Por ello estimo al mismo acreedor a la concesión del empleo de Coronel, como recompensa a tan brillante y dilatados servicios y a fin de que la Patria pueda obtener de sus esclarecidas 1637 dotes el rendimiento debido” . El expediente se cerró el 21 de agosto de 1928, cinco meses después de su apertura. Los expedientes de ascensos de Varela, Capaz y López Bravo fueron remitidos a la Asamblea Nacional Consultiva, la cual a su vez el 18 de marzo de 1929 emitió un 1638 informe proponiendo recompensar a estos jefes con el ascenso al empleo inmediato . Se destacaba los excepcionales meritos de los tres militares, la unanimidad de los testimonios reconociendo sus méritos sobresalientes, y la propuesta unánime de ascenso. Se resaltaba que al aprobarse el Decreto de ascensos de 26 de julio de 1926 se habían suprimido de hecho los ascensos por méritos de guerra, sustituidos por los ascensos por elección; pero que en el proceso transitorio de la abolición de unos y la implantación de los otros, era necesario premiar casos especialmente relevantes y distinguidos; por consiguiente, la Asamblea Nacional Consultiva, consciente de las necesidad de establecer un premio a comportamientos tan destacados, acepta la propuesta de ascenso de estos Jefes. En consecuencia, el 18 de abril de 1929 el Ministro del Ejército, teniente general Julio Ardanaz Crespo, propuso a Primo de Rivera 1639 el ascenso a través de un Decreto . El Decreto fue firmado por el Rey, el 19 de abril de 1929. En el Archivo de Varela se conserva un pequeño informe, sin fecha ni firma, muy probablemente elaborado años después, instaurada la República, que argumenta que estos ascensos debían ser reestudiados y tenidos por ilegales, porque terminada la campaña militar oficialmente el 1 de octubre de 1927, no se podía abrir expediente de ascenso por méritos de guerra en 1928. La apertura de expedientes tuvo lugar por la excepcionalidad de los méritos de los tres oficiales. En julio de 1926 se había 1637 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 231, Informe final del general Sanjurjo en el expediente para el ascenso a coronel del teniente coronel Varela, fechado en Tetuán el 21 de agosto de 1928; Carpeta 9, fol 332. 1638 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 341-342, Impreso, fechado el 18 de marzo de 1929. 1639 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 333-334, Diario Oficial, 19 de abril de 1929. 767 promulgado un Decreto por el que se suprimían los ascensos por méritos de guerra y se abría la posibilidad de que fueran “por elección”. Esto supuso que no se pudieron realizar ascensos por méritos de guerra en 1927, y para subsanar este error, pero sin reconocer que había sido un error, el Gobierno de Primo de Rivera abrió los tres expedientes citados a través de una Real Orden de 10 de marzo de 1928. Fue preciso incluir entonces en los méritos la labor política de pacificación, pues la guerra ya había terminado, y que dichos expedientes fueran aprobados por la Asamblea Nacional Consultiva establecida por la Dictadura. Dadas estas circunstancias, las Cortes de la República deberían reclamar dichos expedientes para revisarlos, y en todo caso 1640 retrotraer la fecha de antigüedad en el ascenso a 1927, por méritos de guerra . 3.13.2.- El monumento a Varela. Anticipándose al expediente, y quizá como desagravio a serle negado el ascenso a coronel, surgió en San Fernando y en Cádiz un movimiento de admiración hacia Varela. Varela era famoso, se le reconocía su extraordinario papel en la pacificación. Era uno de los símbolos vivos del stablishment de la monarquía, y así era considerado por los grupos antisistema, como los anarquistas. Había demostrado ser un brillante oficial dotado de instinto e iniciativa, capaz de resolver situaciones comprometidas con su inquietud y su arrojo. Tenía talento para adaptarse a las condiciones del momento. Como dice el general Mariñas, "La realidad del campo de batalla hace que un oficial como Varela en un momento dado decida el medio más rápido de actuar, aplicando la idea de maniobra, la voluntad de vencer, la repartición de medios y el escalonamiento de profundidad, todo ello complementado con la continuidad en la acción y la 1641 explotación del éxito" . Según Mariñas, Varela se dio cuenta que la guerra de Marruecos no se podía ganar por medios convencionales. El moro lleva sus provisiones en la capucha de la chilaba, y por ello puede resistir a ejércitos se necesitan transporte, abastecimiento y sanidad. El moro posee gran movilidad de adaptación al terreno. Varela comprendió que para vencer a ese enemigo tenía que combatirlo con sus propias armas, operando como el enemigo, durmiendo en el campo y basando sus aprovisionamientos con sus propios medios, desplazándose rápidamente de un lugar a 1640 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 336-339. 1641 Mariñas, De soldado a General, p. 48. 768 otro. Esta fue la organización de su Harka, y en ella podemos ver la razón de su éxito y popularidad. Ya en 1927, al calor de la Pacificación y sus últimas operaciones, se lanzó desde el diario Heraldo de San Fernando, por parte del periodista José Carretero Moya, la idea de erigir un monumento a Varela. En julio de 1927 de nuevo se lanzó la propuesta, 1642 añadiendo que en Jerez se iba a levantar una en honor a Miguel Primo de Rivera . Varela agradeció la iniciativa en una carta a Carretero, recociéndose halagado, pero manifestó no tener aún los suficientes méritos, y pidió la paralización de la iniciativa: Me basta pues para sentirme satisfecho con la iniciativa que tanto me honra pero cese 1643 ahí el proyecto y para todos tengo mi gratitud y cariño” . Carretero le contestó manifestando su profunda admiración hacia su persona, y anunciándole la constitución de una comisión pro-monumento, la cual consideraba como un deber realizar el 1644 proyecto, porque sería un acto de justicia . 1645 La idea fue apoyada desde Tetuán por Luis Alfredo Donaire “Justito” , y por el periódico Heraldo de San Fernando, que solicitó a los escritores locales que apoyaran la iniciativa escribiendo artículos para concienciar a la población y extender la idea. Otro artículo recordaba que San Fernando tenía un monumento al Soldado Desconocido, pero el más conocido de sus hijos no tenía ninguno, y pedía el apoyo de 1646 los infantes de Mariana, antiguos conmilitones de Varela, para la causa . Escribieron 1647 textos en la prensa diversas personas con seudónimos los locales: “Benjamín” , 1648 1649 1650 “Grana y Oro” recordando iniciativas similares, “Ralos” , “Justito” ; y con su 1642 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 234, Heraldo de San Fernando, 4 de julio de 1928, “Insistiendo. Hagamos justicia”. 1643 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 240-241, carta mecanografiada y firmada, fechada el 30 de julio de 1928, con membrete “Regulares de Ceuta. Primer Jefe”. 1644 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 244, carta fechada en San Fernando el 4 de agosto de 1928. 1645 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 238-239, Heraldo de San Fernando,1 de octubre de 1928, “Hagamos justicia”, fechado el 29 de julio de 1928. Justito era el seudónimo de un oficial, antiguo subordinado de Varela. 1646 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 242-243, Heraldo de San Fernando, 3 de agosto de 1928, “Pro monumento a Varela. Mi grano de arena”, firmado por Manuel Sánchez Padilla. 1647 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 245, Heraldo de San Fernando, 5 de agosto de 1928, “Pro monumento a Varela. El Infante de la Gloria”, firmado por Benjamín. 1648 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 246, Heraldo de San Fernando, 9 de agosto de 1928, “En Pro de una idea (monumento). Carta a Justito”, firmado por Grana y Oro. 1649 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 247, Heraldo de San Fernando, 21 de agosto de 1928, “Pro monumento a Varela en San Fernando”, firmado por Ralos, y dedicado a Cástor Ruiz Sáinz, uno de los impulsores de la idea. 1650 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 248, Heraldo de San Fernando, 24 de agosto de 1928, “Pro monumento. Justicia”, firmado por Luis Alfredo Donaire “Justito”; fol 250, Heraldo de San Fernando, 1 de 769 1651 1652 nombre, los foráneos y consagrados: José Luis del Río , Diego Berraquero Miril . Se hacía hincapié en que levantar un monumento a Varela era un acto de justicia, de reconocimiento a su valor, entrega y sacrificio. Para Justito era además una ocasión de llamar la atención de la nación sobre la existencia de San Fernando, y recordó que años atrás se designó por la ciudad un candidato “cunero”, es decir, impuesto por el partido y no natural o familiarizado con la ciudad, y eso costó a la misma ser preterida a favor de 1653 Ferrol para la mejora del arsenal y la construcción y reparación de barcos de guerra . En agosto de 1928, el Ayuntamiento se adhirió a la idea y decidió encabezar y organizar la suscripción popular para la construcción del monumento. Surgió una pequeña polémica, porque la Comisión propuso que la leyenda que acompañara a la efigie fuera “para perpetuar su memoria”, y Justito discutió la decisión y propuso “para perpetuar 1654 sus hazañas” . En septiembre, la comisión inició sus trabajos, abrió una cuenta en el Banco local de Industria y Comercio, y repartió los saludas o “besamanos” entre las personalidades: el monarca, el dictador, los ministros de la Guerra y Marina, el Alto 1655 Comisario en Marruecos, directores de los principales periódicos… . A la comisión se sumó, tras ser invitado, el general Millán Astray, y el torero Pedro Carreño se ofreció 1656 a organizar un festival taurino para recaudar fondos . La recogida de dinero se inició 1657 en octubre, y fue anunciada por una proclama en la prensa . Comenzó a publicarse, cada pocos días, en el Heraldo de San Fernando la cantidad de dinero recogida, ascendiendo ésta en la última publicitada, el 6 de agosto de 1929, a 12.324 pesetas. septiembre de 1928, “Pro monumento. Carta a Grana y oro. En pro de una idea”, firmado por Justito, fechado en Larache el 28 de agosto de 1928. 1651 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 253-254, Heraldo de San Fernando, 28 de septiembre de 1928,”Justicia. Varela y sus paisanos”, firmado por José Luis del Río, fechado en Ceuta el 17 de septiembre de 1928. 1652 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 255-256, Heraldo de San Fernando, 19 de septiembre de 1928, “Pro monumento. Varela y su Patria Chica”, firmado por Diego Berraquero Miril y fechado en Sevilla en septiembre de 1928. 1653 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 249, Heraldo de San Fernando, 1 de septiembre de 1928, “Desde África. San Fernando, despierta de su letargo”, firmado por Justito en Larache el 15 de septiembre de 1928. 1654 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 250-251, Heraldo de San Fernando, 1 de septiembre de 1928, “Pro monumento. Carta a Grana y oro. En pro de una idea”, firmado por Justito, fechado en Larache el 28 de agosto de 1928. 1655 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 257, Heraldo de San Fernando, 20 de septiembre de 1928, “La comisión pro-monumento a Varela inicia sus trabajos”. 1656 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 265, Heraldo de San Fernando, 19 de diciembre de 1928, “Pro- Monumernto. Dos cartas”. La carta de Millán Astray publicada va fechada en Ceuta el 5 de noviembre de 1928, y la de Carreño en Huelva el 13 de diciembre de 1928. 1657 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 258, Heraldo de San Fernando, 14 de octubre de 1928, “Pro-monumento. Invitación”, firmada por La Comisión. 770 1658 Destacar que el Grupo de Regulares de Larache aportó él solo, mil pesetas . También 1659 el Ayuntamiento de Puerto de Santa María contribuyó . El 20 de marzo de 1929 se celebró un acto, en el Teatro de las Cortes de San Fernando, “Pro Monumento Varela”, 1660 para obtener dinero para sufragar el monumento . Abrió el acto la lectura por Carlos Muñoz de un texto redactado por el periodista Manuel Pece Casas, “Radiograma de ultratumba”, supuestamente escrito desde el más allá por el general Fernández Silvestre, en el que el malogrado militar, tras afirmas que sus errores y culpas habían quedado lavados con la sangre de sus heridas y su triste muerte solo y rodeado de enemigos y traidores, rememoraba la vida y virtudes castrenses del teniente coronel Varela, recuerda sus sacrificios en bien de la comunidad, y pedía que fuera honrado por los 1661 suyos, porque eso será recompensado por Dios . Tras leer estas cuartillas, Muñoz ofreció el acto en honor al teniente coronel Varela, representación de la lucha, el sacrificio y el honor. Seguidamente se dio paso a la representación de una obra teatral, “La leyenda del Maestro”, de Juan Ramos Martín, dirigida por Cayetano de Hostos, actuaciones del tenor jerezano señor Astorga, y otros intérpretes líricos; de la orquesta del violinista señor José Martínez Carmen, así como de la Banda de Música de 1662 Infantería de Marina . Como cierre, se presentó el juguete cómico “Nicolás”. El acto fue muy aplaudido y se felicitó calurosamente a su organizador artístico, el señor 1663 Hostos, que actuó en ambas obras . La iniciativa seguía siendo popular. En junio de ese año se aprobó, en una reunión de la Comisión celebrada en el local de Gremios Unidos, el proyecto presentado por el escultor menorquín Francisco Maurín Enrich, autor del monumento de Monte 1664 Toro, en Menorca, y del aviador Manuel Durán González, instalado en Jerez . Maurín diseñó el monumento, y el boceto fue expuesto en escaparates comerciales de Jerez y 1658 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 259-260, “Suscripción”, resumen mecanografiado de las cantidades publicadas, con la fecha de publicación y la suma de las cantidades acumuladas. 1659 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 264, Revista Portuense, 16 de noviembre de 1928, “Pro-Monumento. Al Teniente Coronel dos veces Laureado Señor Varela”, firmado por C. Varela, probablemente la hermana de Varela. 1660 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 17-18, Heraldo de San Fernando, 9 de marzo de 1929, “Pro-Varela”, firmado por C:T. 1661 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 265, Diario de Cádiz, sin fecha, “Radiograma de ultratumba”, firmado por Manuel Peces Casas. El texto también fue publicado en fol 20-21, Heraldo de San Fernando, 22 de marzo de 1929. 1662 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 19, Heraldo de San Fernando, 16 de marzo de 1929, “Festival Pro Monumento Varela”. Se recoge el reparto de las obras citadas y los actores que las representaron. 1663 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 20-23, Heraldo de San Fernando, 22 de marzo de 1929. 1664 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 62, Heraldo de San Fernando, 12 de junio de 1929. 771 1665 San Fernando, para que fuera conocido y mover a la suscripción de donativos . En julio de 1929, la Comisión Pro Monumento pidió al Ayuntamiento a través de un escrito fechado el 16 de julio de 1929, tal y como lo propusiera en uno de sus artículos “Justito”, poder erigir el homenaje de mármol y bronce en el centro de la plaza de 1666 Alfonso XII, por ser el centro de la localidad . El Ayuntamiento de San Fernando aprobó la idea, pero se había comprometido años atrás, en septiembre de 1910, a construir, en el centro de la dicha plaza un obelisco dedicado a las Cortes de 1810. Para ese fin, se había celebrado un acto solemne y puesto la primera piedra del monolito, el cual, sin embargo, nunca llegó a hacerse. En 1925 se acordó elevar en el lugar un monumento a los caídos en la guerra de África, proyecto que se rectificó sobre el papel en julio de 1927 para elevarlo en memoria de todos los caídos por la Patria, para no olvidar a los fallecidos en las campañas de Cuba y Filipinas y otras contiendas. Pero al recordar el compromiso contraído en 1910, se decidió finalmente que dicho monumento a ,los isleños caídos por España se construyera en el Paseo del General Lobo. El Ayuntamiento, en consecuencia, respondió a la Comisión que no podía ceder el centro de la Plaza de Alfonso XII para el homenaje a Varela, porque éste en realidad pertenecía al Gobierno. La solución era solicitar al Gobierno de Primo de Rivera que se le relevara del compromiso de construir el obelisco y que se devolviera la propiedad plena del 1667 terreno, para elevar en dicho lugar el monumento a Varela . El monumento propuesto por Maurín se componía de un primer cuerpo de forma tronco piramidal, de base cuadrada y de tres metros de altura; frente a él, sobre un pedestal, se colocaría el busto de Varela, con el emblema de la Infantería, y en la parte posterior, la placa dedicatoria. Alrededor, estatuas alegóricas de la Paz, la Victoria, y una matrona ofreciendo flores al busto. Sobre la parte superior del monolito se situaría, relieves con escenas marroquíes y de guerra, presidiéndolos un león con las armas españolas, flanqueado de los escudos de España y San Fernando. En total, la altura sería 1668 de unos siete metros, y estaría rodeado de estanques y jardincillos . En 1931, Varela, conmovido por las felicitaciones y homenajes de que era objeto, pero también inquieto ante la reciente proclamación de la II República y las tensiones sociales que se vivían, publicó una carta en el Heraldo de San Fernando, 1665 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 65, Heraldo de San Fernando, 29 de junio de 1929. 1666 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 69-70, Heraldo de San Fernando, 31 de julio de 1929, “Pro-Varela”. 1667 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 71-73, Heraldo de San Fernando, 2 de agosto de 1929, “Pro-Varela”. 1668 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 92-93, Heraldo de San Fernando, 1 de diciembre de 1929, “Monumento al coronel Varela”. 772 agradeciendo las muestras de cariño de que era objeto. En la carta, Varela muestra su talante liberal, partidario de una justicia social, pero también de la conservación del orden. Agradece los votos recibidos en las elecciones. Llama a la tranquilidad a sus compañeros de la Marina de Guerra; afirma que respeta a las clases subalternas de la misma, a las que admira por su disciplina y entrega, y a las que debe cuanto es, pero les pide su sumisión a sus superiores jerárquicos, los cuales que deben apoyar y desarrollar las aspiraciones y deseos de sus subordinados; agradece a las clases obreras su apoyo, y les pide que sustituyan la apatía ante las consignas de una minoría audaz, por el dinamismo inspirado en las conciencia ciudadana y la dignidad, rechazando el extremismo y prevaleciendo el orden “para llegar al triunfo del derecho y a la consolidación de un Estado fuerte”; Varela defiende la existencia de leyes inspiradas en la necesidad del pueblo, alcanzadas a través de la justicia, implantada de forma progresiva, como lo ha sido el propio advenimiento del nuevo régimen, sin revoluciones con sangre que sólo abren el camino a una peor tiranía. Por todo ello, solicitaba al Centro Obrero de San Fernando para que, por expreso y público encargo suyo, solicitara de la Comisión la entrega del dinero recaudado para la construcción de su monumento, y lo destinara para que algún joven brillante del pueblo pudiera cursar una carrera. Tras solicitar disculpas a la Comisión y agradecer sus esfuerzos, acababa diciendo que en esos meses en que se exigía a todo el mundo una definición política, él sólo podía 1669 definirse como soldado . Descubrimos en ella a un Varela inquieto ante el futuro, pero confiado en el Gobierno y en la sociedad española. El monumento, sin embargo, no se erigió hasta 1946, obra de Aniceto Marinas, impulsado por una nueva comisión establecida en 1938, y que inició la provisión de fondos en 1941. Costó 350.000 pesetas, y el Ejército cedió ocho toneladas de bronce. Sobre una base de piedra, se alza la estatua ecuestre del general, rodeado de paneles de bronce que recuerdan sus hazañas, con las inscripciones "A su Hijo Predilecto la ciudad de San Fernando", y "José E. Várela e Iglesias. Bilaureado. Capitán General del Ejército. Marqués de Várela de San Fernando. 17-IV-1891. 24-III-1951. Delante del 1670 pedestal se instaló una escultura que representa a Clío, musa de la Historia . 3.13.3.- Varela y los Regulares de Ceuta en tiempo de paz. 1669 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 66-68, Heraldo de San Fernando, 3 de julio de 1931 “A la ciudad de San Fernando”, firmado por el Corone Varela, fechado en Cádiz el 1 de julio de 1931. 1670 http://www.elguichidecarlos.com/alacena/lospaisanos/gentesdelaisla/01ef9c98e90cde706.HTML 773 Durante la etapa de paz que siguió a la rendición de Abd el-Krim, Varela tuvo que aprender a dirigir un grupo militar durante un período de paz, con las complejidades administrativas propias de la vida cuartelera, en su caso, el Grupo de Regulares. Al dejar el Grupo, tuvo la generosidad de afirmar que lo debía todo a sus subordinados: "La labor de guerra, la gran obra efectuada en el acuartelamiento, la organización interna y el perfecto estado de disciplina e instrucción que hoy posee el Grupo de 1671 Regulares, es producto de vuestra intervención articulada" . En mayo de 1928, los Regulares de Ceuta participaron en el desfile para recibir al general francés Boichut, destacado comandante en las últimas campañas de 1672 pacificación en Marruecos . En julio de 1928, Varela seguía comprometido en 1673 matrimonio con Carmen de Movellán . El 14 octubre de 1928, el teniente coronel Varela participó, junto con el teniente coronel Antonio Micó y el comandante Fernando Gillis, en la organización de un festival taurino benéfico para aliviar las desgracias del Teatro Novedades de Madrid y la voladura del polvorín de Cabrerizas Altas de Melilla, así como el sostenimiento de las escuelas de la barriada Príncipe Alfonso de Ceuta. El acto se celebró en la plaza de toros de Ceuta. Participaron Juan Belmonte, Ignacio Sánchez Mejías, Cayetano Ordóñez “Niño de la Palma”, Luis Fuentes Bejarano, José Belmonte, Curro Vega “Gitanillo de Triana”, Juan Gallardo y Corrochano. Como asesores del acto estuvieron presentes Emilio Torres “Bombita”, José García “Algabeño”, Ricardo Torres “Bombita II” y 1674 Rafael González “Machaquito” . El texto periodístico pretendía animar al pueblo de Ceuta a llenar la plaza, e invitaba a las damas a ataviarse con el pañolón, “símbolo de nuestra Patria cuando cae sobre tus hombros”. Es significativo del peso social que tenían los militares, y en especial Varela, en la sociedad ceutí de la época, para arrostrar la celebración de un acto de esta envergadura, y que a buen seguro fue posible gracias a sus contactos y amistades, muchas de ellas de largo tiempo, como la que le unía al torero Sánchez Mejías. 1671 Pemán, J. Mª, 89-90; fol 252, Heraldo de San Fernando, 5 de seotiembre de 1928, “Pro monumento. Carta Abierta. Contestando a Justito”, firmada por La Comisión. 1672 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 233, recorte de períodico: “La próxima visita del general Boichut”. 1673 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 237, Diario de Cádiz, 7 de julio de 1928, “Los que viajan”. 1674 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 261, La Opinión, 9 de octubre de 1928, “El pro de la caridad. Festival benéfico”. 774 Como muestra de su popularidad, se recordó su hazaña del barranco de Muires y 1675 la cuerva de Rumán en la Hoja Parroquial Castrense de Sevilla . Varela asumió como propia la tarea de divulgar los hechos de armas y méritos de sus Regulares de Ceuta. En un artículo publicado en Actualidad española, Varela resumía la actuación de los Regulares: creados en 1911 por el general Dámaso Berenguer, su eficacia, arrojo y valor como elementos de vanguardia llevó a que crecieran hasta componer cinco grupos. Son tropas “cuya perfecta organización responde a las modalidades de aquella guerra, ya que sin perder su flexibilidad, las unidades están perfectamente encuadradas con clases seleccionadas por su valor y lealtad. Son tropas que a sus excelentes e innatas condiciones guerreras unen una vida de disciplina excepcional: son soldados genuinos, y su misión fundamental es la guerra; preparación que ejecutan una porción de jefes, oficiales y clases, todos voluntarios, con cuya conducta valerosa se ha forjado este Ejército de Tropas Indígenas, verdaderamente admirable y capaz de ser empleadas en cualquier empresa guerrera”. Recuerda que en la historia de los Regulares no ha habido un caso de traición o deserción colectiva; que en el Desastre de 1921, en Igueriben, los Regulares de Melilla, casi sin jefes, ansiaban ser reorganizados para seguir combatiendo; las enormes bajas sufridas por los Regulares de Ceuta en la campaña de reconquista, que impuso su reorganización, y que fueron recibidos en la ciudad a su llegada como los grandes héroes que eran; la muerte a su cabeza del teniente coronel González Tablas; la difícil campaña de la retirada de la Yebala en 1924, donde los Regulares fueron el espinazo de las columnas, y donde murió el teniente coronel Temprano, de los Regulares de Alhucemas. En suma, “estas tropas merecen por sus altas virtudes militares la gratitud 1676 de España” . Varela se supo ganar el respeto y el aprecio de sus hombres. En el Archivo se conservan dos cuartillas con un pequeño discurso, en el que se agradeció su presencia y apoyo en la Junta de Exámenes, en nombre de las clases del Grupo de Regulares de Ceuta de segunda categoría. Se le dijo que sentirían mucho que fuera ascendido a coronel, algo que consideraban muy merecido por sus crecidos méritos, porque 1675 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 263, Hoja Parroquial Castrense, Sevilla, 4 de noviembre de 1928, firmado por Z. 1676 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 262, Actualidad Española, Madrid, octubre de 1928, “La actuación de las tropas de Regulares indígenas en la campaña marroquí”, firmado por José Varela; incluye una fotografía central de Varela, con uniforme de teniente coronel de Regulares y sus condecoraciones, donde destacan las dos Laureadas, la Cruz del Mérito Militar, la Cruz de María Cristina, y otras. 775 “lamentaríamos su ausencia. Pues V.E. no solamente ha sido el Jefe de este distinguido Grupo que está cargado de glorias, sino que, para nosotros ha sido un padre, tratando siempre a sus subordinados con afecto y cariño, huellas engendradas en nuestra 1677 memoria que jamás serán borradas” El gobierno francés condecoró a varios oficiales españoles, entre ellos al teniente 1678 coronel Varela, con su Cruz de Guerra, en enero de 1929 . Ese mismo mes le fue otorgada la Cruz de la orden del Mérito Naval de 2ª Clase con distintivo rojo, como 1679 recompensa por sus méritos en campaña . El fin de la guerra movió a algunas reflexiones sobre la misma. En el Archivo de Varela se conserva un recorte de un artículo, obra de un africanista que escribía con el seudónimo de “El Arbi”. Se enfatizaba que España no había tenido una política coherente o con continuidad respecto al protectorado, quizá porque no había querido asumir la colonización del Protectorado como una tarea nacional. Francia utiliza a Marruecos para su progreso, y España no. Y se recordaba que, acabada la contienda, debía empezar la colonización propiamente dicha, tarea aún pendiente. Marruecos ha sido visto desde España como un problema y una debilidad. Esa visión debe cambiar. España debe incidir en el desarrollo de los indígenas norteafricanos, sobre todo en el aspecto cultural, para captarse las simpatías de estos pueblos, aprovechando su situación geográfica y que no es una potencia colonial musulmana. Este artículo llama la atención, porque refleja la política seguida por destacados militares africanistas españoles, que trabajaron por el desarrollo educativo de los marroquíes, y uno de los 1680 cuales fue, años después, el propio Varela, ya como Alto Comisario . 3.13.4.- La visita de la reina de Rumanía a Ceuta. Recién nombrado coronel, pero aún al mando de los Regulares de Ceuta, éste recibió la visita de la Reina María de Rumanía. María de Rumanía, nacida María de Sajonia-Coburgo-Gotha, nieta de la reina Victoria de Reino Unido, había sido la esposa del rey Fernando de Rumanía. Muerto éste en 1927, heredó la corona su nieto, Miguel, de seis años, pues el padre de éste había sido apartado de la línea sucesoria por 1677 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 381, texto mecanografiado, fechado en Ceuta el 26 de febrero de 1929, firmado por Agustín Buil. En el reverso hay una anotación a lápiz, ilegible, del propio Varela. 1678 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 16, Norte de África, 15 de enero de 1929, “Concesión de condecoraciones francesas”. 1679 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 208-209, Diploma de concesión. 1680 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 24, La Opinión de Ceuta, 24 de marzo de 1929, “Una política africana”, reproducido de La Vanguardia de Barcelona, firmado por El Arbi. 776 enamorarse de Magda Lupescu, asumiendo la Regencia la madre del niño, Helena de Grecia. María de Rumanía se encontraba recorriendo España, acompañada por su hija, la princesa Ileana. El 23 de abril, Varela abrió la puerta del cuartel a la reina, siendo ésta recibida por la nuba que interpretó el Himno Rumano y la Marcha Real. La soberana er revistó las tropas, al mando del comandante del 3 Tabor, Rodríguez La Herrán. Después se realizó un desfile. Seguidamente, se visitaron las dependencias del cuartel y el barrio moro. Se sirvió un “lunch” en el almacén del Grupo, siendo la reina obsequiada con una “corbeille” japonesa de flores y pájaros, obsequio de la Asociación 1681 de la Prensa de Marruecos, entregada por su presidente, señor Antonio Micó . La reina agradeció por escrito a Varela sus atenciones y la recepción, en una nota larga en 1682 la que destacaba sentirse seducida por el encanto oriental . Desde Rumanía se le concedió una condecoración a Varela por sus atenciones, la Cruz de la Orden de la Corona Rumana, nombrándole caballero Gran Cruz de la misma. También fueron 1683 condecorados el capitán Miranda y el teniente de Caballería Aguilar Ojeda . La reina María escribió a su hermana, la princesa Beatriz, residente en España: "La culminación de este viaje de encanto por España, ha sido nuestra visita a Marruecos. Parece todo un ensueño de amabilidades y festejos. No le figuraba quien Marruecos Español fuera tan hermoso -pueblo ideal es Tetuán-. Entre todos sus encantos, se destacó una figura que nos deslumbró. Ya sabes que soy una romántica incorregible, pero la verdad es que en un ambiente como ese, que nos parecíamos transportadas al cuento de ‘Las mil y una noches’ era mucho encontrarnos y ser obsequiadas por la persona que parecía salir de un romance antiguo (Its seemed too good to be true, demasiado bueno para ser verdad). Es el primer jefe de Regulares, José Enrique Varela, un hombre arrogante y encantador en su uniforme moruno. Parece que es un oficial sumamente valiente y brillante y dos veces laureado, que es la más alta condecoración de valor que hay en España (…) Ilena (hija de mi hermana) y nuestra buena Irene (dama de mi hermana, viuda y ya no muy joven) se enamoraron de él a la primera visita. Entre otras atenciones, nos obsequió con un gran té moruno; en una sala perfectamente adornada nos sentamos en almohadas multicolores, gracias a Dios cómodas y altas. Varela empezó por 1681 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 355, Informaciones, 24 de abril de 1929, “La Soberana de Rumanía y la Princesa Ileana están visitando la zona española de Marruecos”. 1682 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 356-357, nota manuscrita redactada en francés, con membrete de “Masison de S.M. La Reine”. 1683 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 371, diploma de la condecoración, en rumano; fol 372, oficio enviado a Varela a París, notificándole la concesión de las condecoraciones, fechada en Ceuta el 30 de diciembre de 1929, con membrete de “Regulares de Ceuta”; fol 358, diseño de las condecoraciones recibidas. 777 ofrecernos una palangana de plata, vertiendo el mismo en ella agua de rosas sobre nuestras manos. El té era bonísimo, con mucha cantidad de dulces, y mientras lo tomábamos hubo una serie de bailes y diversiones marroquíes muy divertidos e interesantes. ¡Qué recuerdos guarda ello siempre de ese día!”. En 1938, en otra carta, la reina escribió su hermana "... espero que tenga y siempre buenas noticias del general Varela y que le acompaña la suerte en esta 1684 guerra" . Sin duda, la Reina mostró su agradecimiento por tan cuidado recibimiento de forma oficial, lo que movió al general Jordana a agradecer a Varela la cooperación para 1685 que la visita fuera un éxito . Varela recibió de la Reina una fotografía dedicada, y se atrevió a solicitar a la dama Irene Procopin, a la princesa Ileana, y al general 1686 Athanasesen, fotografías suyas de recuerdo . En el Archivo se conservan algunas de las cartas relativas a este asunto, redactadas en francés. En todas ellas se aprecia el 1687 cariño que Varela despertó entre las damas, y se le invitaba a visitar Rumanía . 3.13.5.- Varela ascendido a coronel. Despedida de los Regulares de Ceuta. En los primeros meses de 1929, Varela redactó un artículo para el Libro de Oro Catálogo Oficial de la Exposición Iberoamericana de Sevilla. En él, Varela repasaba la historia de la intervención española en Marruecos. Se prestaba más atención a las condiciones y antecedentes de la ocupación, que a ésta en sí. Es especialmente interesante su tratamiento sobre las responsabilidades derivadas de Annual: Varela acusa directamente a los políticos que frenaron los avances: “Responsabilidades que alcanzaban a todos, pero más que a nadie, a los hombres directores de la política, que desacertaron funestamente en los asuntos de Marruecos, quizá los disculpe su buena voluntad, pero en asuntos que acarrearon gravedad de la índole citada, no se arreglan con comisiones parlamentarias de investigación, se suelen pagar con algo más caro, cosa que sí 1688 ocurrió; no sabemos en que punto detener el pensamiento” . 1684 Pemán, J.Mª., p. 85-86. 1685 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 359-360, carta fechada en Tetuán el 3 de mayo de 1929. 1686 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 369-370, carta manuscrita con elegante caligrafía, fechada en Puerto Real el 26 de mayo de 1929, redactada en francés, dirigida a Irene Procopin. 1687 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 361-364, carta fechada en Sinaïa, el 26 de septiembre de 1929, firmada por Irene Procopin; fol 365, carta fechada en Bucarest, el 10 de junio de 1929, firmada por Irene Procopin, con membrete “Maison de S.M. La Reine Marie”. La dama Irene afirmaba que por su edad ya se fotografiaba muy raramente, pero que lo haría para complacerle. 1688 ACGJEVI, Carpeta 10, fol 15; la totalidad del texto, fol 1-17, fechado en Ceuta, en enero de 1929. 778 1689 El 19 de abril de 1929, Varela fue finalmente ascendido a coronel . Varela lo 1690 supo semanas antes, pues el 24 de marzo telegrafió a su madre para comunicárselo . La prensa local se hizo eco rápidamente, al hacerse pública la decisión de la Asamblea 1691 Nacional Consultiva de aprobar los ascensos . En algunos diarios se recordaron hechos sobresalientes de sus campañas. Varela ya no era sólo el joven oficial que ganó dos Laureadas: era el comandante de una Harka que desembarcó en Alhucemas y recuperó la Casamata del Cañón, que destruyó la pieza de Infermin, que rescató a sus 1692 hombres de las garras del enemigo cuerpo a cuerpo . La notificación oficial llegó el 1693 21 de abril . Primo de Rivera le envió un telegrama para felicitarle: era la 1694 reconciliación por el incidente de Ben Tieb . Pronto llegaron las felicitaciones: el 1695 torero Gil Tovar le dedicó un toro en la plaza de Melilla . Recibió una carta del capitán Fernando Arniches, donde se traslucía el dolor que le había supuesto a Varela verse postergado: “… aún amargándote la vida no han tenido más remedio que hacerte justicia al fin y al cabo, justicia que a pesar de todas esas amarguras es la justicia que más debe halagar a los hombres que valen lo que vales tú, te han regateado los méritos y las recompensas y ahora no tienen más remedio que morder el polvo esos cochinos morlacos, y reconocer su canallada y su bajeza (…) ¡ERES UN 1696 TÍO!” Al ser nombrado coronel, tuvo que ser relevado del mando del Grupo de Regulares de Ceuta, y pasó a la situación de disponible. El acto de despedida tuvo lugar er en el cuartel de los Regulares. Formaron en el patio de armas el 3 Tabor y el 2º Escuadrón, y Varela pronunció, emocionado, un breve discurso. Manifestó sentirse 1689 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 336. 1690 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 340, Telegrama fechado el 24 de marzo de 1929, desde Ceuta a San Fernando: “Mi primer abrazo de coronel es para ti y los míos. Enrique”. 1691 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 343, Heraldo de San Fernando, 27 de marzo de 1929, “El ascenso del Coronel Varela”; fol 344, La Opinión de Tánger, 24 de marzo de 1929, “Ascenso a Coronel”; fol 345, La Opinión de Tánger “Prestigios Militares. El coronel Don José E. Varela Iglesias”; 1692 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 25, La Opinión de Ceuta, 22 de abril de 1929, “Recordaciones. Una página de la campaña marroquí”; fol 348-349, Unión Mercantil de Málaga, 21 de abril de 1929, “El Real Decreto recompensando con el ascenso a tres jefes”; fol 350, La Opinión de Tánger, 24 de abril de 1929, “Felicitaciones al coronel Varela”; fol 351, La Opinión, 24 de abril de 1929, “Charlas femeninas”. 1693 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 347, oficio fechado en Tetuán el 21 de abril de 1929, membrete de “Fuerzas Militares de Marruecos. Estado Mayor”. 1694 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 352, telegrama: “Presidente Consejo Ministros. Al comunicarle el acuerdo de Asamblea Nacional otorgándole el empleo inmediato por sus merecimientos en campaña le felicito muy sinceramente lo que también me honro en hacer en nombre de S M, Primo de Rivera”. 1695 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 353, telegrama: “Toreo domingo Melilla brindo muerte primer toro su honor por merecido ascenso Enhorabuena Viva España : Gil Tovar”. 1696 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 153- 154, carta mecanografiada, fechada el 14 de abril de 1929, firmada por Fernando Arniches; de puño y letra añade abrazos para Roberto, Juanito y Julián. 779 orgulloso de sus hombres, recordó la carga de la loma de los Morabos y la intensa campaña de Pacificación; afirmó que todo se lo debía a sus hombres, y ellos todo se lo debían a ellos mismos. Dijo que se iba con tristeza, y que jamás sintió amargura al lado de hombres tan nobles y que le brindaron su cariño. Tuvo palabras de reconocimiento para su sucesor, el teniente coronel Múgica, a quien definió como militar competente, entusiasta y trabajador, y pidió para él la misma entrega y apoyo que había tenido él 1697 mismo al frente del Grupo . Seguidamente, entregó el mando, y las tropas desfilaron. Por la tarde, las clases del Grupo de Regulares le obsequiaron con un bastón de mando, emblema de su nuevo rango, entregándoselo el suboficial Raga, muy emocionado. El bastón tenía la empuñadura y el regatón de oro, y en relieve, los escudos de España, del 1698 Grupo de los Regulares, las dos Laureadas y las iniciales J.E.V. enlazadas . Se 1699 publicó en la prensa un poema en su honor, escrito por uno de sus hombres . Con motivo de su ascenso de coronel, los hombres del Grupo de Regulares de Ceuta quisieron rendirle un homenaje propio, que tuviera para él un hondo significado. Por ello, destacaron a dos de sus oficiales, el capitán Antonio Ramos Casas, y el 1700 teniente José Ayaso, para que visitaran a la madre y familia de Varela . Al llegar a Puerto Real, donde entonces residía doña Carmen, le entregaron un ramo de flores, rosas y claveles africanos, el bastón de mando regalado por las clases y el guión de mando de su hijo al frente de los Regulares de Ceuta; y la nombraron Madre Honoraria del Grupo de Regulares de Ceuta, como representación de todas las madres españolas que tanto sufrían por la suerte de sus hijos en la guerra. Ambos oficiales se arrodillaron y besaron la mano de la madre de su antiguo jefe, mientras ésta, abrazada al guión, lloraba muy emocionada. Estaban presentes las hermanas de Varela, Carmen y Angelita, el capitán de Intendencia Miguel Gurría, íntimo de la familia, Gaspar Fernández de 1697 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 374-375, impreso “Regulares de Ceuta nº 3. Despedida”. 1698 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 29, El Noticiero Gaditano, 1 de mayo de 1929, “Desde Puerto Real. Una comisión de Oficiales del Grupo de Regulares de Ceuta, entrega a la madre de Varela el guión de combate que utilizó su hijo. Amplios detalles del acto”; fol 379-380, La Opinión de Ceuta, 23 de abril de 1939, “Despedida del coronel Varela”. 1699 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 383, Heraldo de San Fernando, abril de 1929, “Desde África. Adiós al héroe”, firmado por Francisco Álvarez Yuste, cabo del Grupo de Fuerzas Regulares de Ceuta nº 3, transcrito por “Justito”. 1700 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 26, telegrama anunciado a doña Carmen Iglesias la llegada, el 30 de abril de 1929, de un capitán y un teniente para “rendiros homenaje por ascenso y glorias vuestro hijo cuyo mando hemos perdido. Regulares Ceuta”, fechado el 29 de abril de 1929. 780 León y Antonio Quijano, amigos íntimos del nuevo coronel, así como una 1701 representación de la prensa local . Varela comenzó a recibir felicitaciones y homenajes. En Ceuta se le ofreció un banquete el 21 de abril, organizado por el teniente coronel Antonio Micó, presidente de la Asociación de la Prensa. Asistieron unas trescientas personas, entre ellas el Alto Comisario general conde de Jordana, el general Juan García Benítez, el jefe de la Circunscripción coronel de Caballería Procopio Pignatelli, el coronel de estado Mayor Antonio Aranda, el comandante militar Aguilera, y el comandante de Marina Montero Ríos, oficiales y clases del Grupo, así como autoridades civiles y próceres de la ciudad. Abrió los discursos el coronel García Álvarez, que fue profesor suyo en la Academia de 1702 Toledo , seguido del coronel Pignatelli, y el Alto Comisario, glosando la vida militar del homenajeado y sus muchos méritos bélicos y humanos; contestó Varela emocionado. Se acordó enviar telegramas de felicitación a la madre de Varela, al ministro del Ejército, al general Sanjurjo y al alcalde de San Fernando. Micó no quiso 1703 hablar por encontrarse de luto, pero publicó sus letras en honor de su amigo . En la prensa se le comparó con los grandes capitanes del pasado español. Sus antiguos oficiales del Grupo pidieron al nuevo jefe, teniente coronel Múgica, que pidiera al Alto Comisario que nombrara a Varela “teniente coronel honorario” del Grupo de Regulares de Ceuta. Múgica argumentaba la petición en el gran servicio desarrollado por tan 1704 excepcional jefe como había sido Varela . Varela viajó a Madrid para cumplimentar al Rey por su nuevo ascenso, y a mediados de mayo seguidamente marchó a Puerto Real, siendo recibido en la estación por una comitiva de autoridades y amigos. Estaba previsto que en esos días se le 1705 entregara el pergamino de Hijo Adoptivo de la localidad , documento que le fue 1701 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 27, 1 de mayo de 1929, “Madre honoraria”, firmado por José A. Tocornal; fol 28, 1 de mayo de 1929, “De San Fernando. La madre de los Regulares”; fol 29, El Noticiero Gaditano, 1 de mayo de 1929, “Desde Puerto Real. Una comisión de Oficiales del Grupo de Regulares de Ceuta, entrega a la madre de Varela el guión de combate que utilizó su hijo. Amplios detalles del acto” 1702 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 376, 23 de abril de 1929, “Informaciones de Maruecos. El homenaje de Ceuta al coronel Varela”. 1703 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 377-378, La Opinión de Ceua, 23 de abril de 1929, “El acto del domingo en el Majestic. Banquete-homenaje al coronel Varela”. Ese mismo día se daba la bienvenida a la Reina de Rumanía en los periódicos ceutíes. 1704 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 384-385, carta mecanografiada sin fecha, con membrete de “Regulares de Ceuta. Primer Jefe”, y firmada por Salvador Múgica. 1705 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 30, Heraldo de San Fernando, 15 de mayo de 1929, “Llegada del coronel Varela a Puerto Real”. Fue recibido por el alcalde, del juez, el oficial de carabineros, y algunos amigos, entre ellos el marqués de Tamarón. 781 1706 entregado días después . Allí le visitó una comisión del ayuntamiento de San Fernando para felicitarle por su ascenso, encabezada por el alcalde, general de la Armada Daniel González, y se habló de las recientes campañas. Así mismo, el alcalde remitió telegramas a Palacio, al Presidente del Consejo de Ministros y al Alto 1707 Comisario en Marruecos, notificándoles el pequeño homenaje rendido al coronel . Al día siguiente, Varela devolvió la visita al Ayuntamiento de su ciudad natal, siendo recibido en la estación por amigos como Gaspar Fernández de León, Manuel Casanovas y el capitán Miguel Gurría, y recibido por la corporación en el edificio. Se pronunciaron 1708 discursos y Varela agradeció el cariño y la felicitación de que era objeto . Después, Varela fue invitado a un almuerzo invitado por los suboficiales y sargentos de Infantería de Marina, en el cual se pronunciaron breves parlamentos en honor del nuevo coronel: 1709 el brigada Manuel Castro, José Fernández Ramírez , exaltando su entrega y sus victorias; Varela respondió con frases de agradecimiento y de orgullo por haber sido 1710 sargento de Infantería de Marina . Con los amigos antes citados de San Fernando y otros, Varela visitó Cádiz, para agradecer al Ayuntamiento su felicitación oficial por su 1711 ascenso, recorrió la ciudad siendo objeto de la simpatía popular . En su estancia en San Fernando, Varela visitó los talleres de la Sociedad Española de Construcción Naval 1712 en San Carlos . En julio de 1929 fue nombrado Presidente Honorario del Círculo de 1713 San Fernando . Varela recibió con la entrega del diploma un cariñoso homenaje por parte de concejales como Font de Mora, amigos como Rodríguez Aparicio y Fernández de León, oficiales de Infantería de Marina, y próceres locales. Varela alabó la labor y 1706 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 61, La Unión, 12 de junio de 1929, “El coronel Varela en Puerto Real”, fotografía de la entrega del diploma. 1707 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 31-33, Heraldo de San Fernando, 16 de mayo de 1929, “Salutación al coronel Varela. Una legacía del Ayuntamiento en Puerto Real”; fol 34, El Noticiero Gaditano, 16 de mayo de 1929, “De Puerto Real. Llega una comisión de San Fernando para visitar al coronel Varela”; fol 37-38, “Varela en San Fernando. Una respuesta de cortesía y de cariño”; fol 39, 20 de mayo de 1929, “El coronel Varela visita el Ayuntamiento de San Fernando” 1708 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 35, El Noticiero Gaditano, 17 de mayo de 1929, “Llega a San Fernando el coronel Varela”. 1709 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 40-42, cuartillas mecanografiadas con las palabras del diuscurso de José F. Ramírez, fechado en San Fernando, mayo de 1929. 1710 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 43, 17 de mayo de 1929, “En honor del coronel Varela. 1711 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 36, El Noticiero Gaditano, 17 de mayo de 1929(¿), “El coronel Varela en Cádiz” 1712 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 50, Heraldo de San Fernando, 23 de mayo de 1929, “El Coronel Varela visita los talleres de la S.E, de C.N. en San Carlos”. 1713 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 63-64, fotografía del diploma concedido, con fecha del 25 de junio de 1929. Fue obra del calígrafo Olivera Jiménez; fol 74, Heraldo de San Fernando, 24 de julio de 1929, “El Excmo. Sr. D. José Varela en San Fernando. El ilustre caudillo toma posesión del cargo de Presidente Honorario del Círculo de San Fernando- Discursos. El lunch. Brindis.; fol 77, Vida Moderna, 31 de julio de 1929. 782 amplitud social del Círculo, en el que tenían cabida obreros, funcionarios, comerciantes e industriales. En los discursos, se anunció que pronto el coronel iba a emprender un viaje de estudios al extranjero, para conocer los avances en organización militar, empezando por Italia. Su prestigio era sólido, y por ello un oficial argentino, Héctor Ratto, le pidió que apadrinara con su pluma unos estudios que habían realizado él y su esposa sobre 1714 exploraciones y antiguas navegaciones españolas en costas de Argentina . Varela escribió un resumen de las investigaciones de este matrimonio, llevadas a cabo en varios 1715 archivos españoles, sobre todo sevillanos . Tras su ascenso a coronel, Varela continuó su franca amistad con sus antiguos subordinados, fruto de su simpatía natural y del buen recuerdo que despertaba su mando. El 22 de mayo de 1929 le escribió Alberto Lagarde, para felicitarle por su nombramiento y homenajes recibidos, y para “cotillear”. Escribía que el nuevo teniente coronel Múgica estaba muy satisfecho del estado del Grupo, y que había sido encargado del mando del sector Gomara-Xauen tras la marcha de Capaz a la península con permiso, puesto también solicitado por el coronel García Álvarez. Comentó que había llegado a Ceuta el general Millán Astray, y que había suscitado malestar sus declaraciones en el Diario Español de Buenos Aires. Millán presumió de “la adhesión incondicional de sus legionarios y como prueba una apuesta hecha cierto día en el Casino Militar en que al dar la voz de ‘a mí la Legión’ acudieron sus legionarios quienes expulsaron a todos los Oficiales después de propinarles unas fenomenales palizas, siendo recompensados con una copiosa ronda de bebidas no antialcohólicas, esto lo ha leído todo el mundo y creo y se espera se le llame la atención ya que no se ha visto rectificación alguna, manifestaciones increíbles verdaderamente”. Lagarde también referencia las tensiones entre Millán Astray el coronel Sanz de Larín, jefe de la legión tras el ascenso de aquél a general. Millán interfería en el mando de Sanz, y éste no lo soportaba: “por otra parte sigue la tirantez con Sanz de Larín y ayer le vi en el auto con el Comte [Comandante Fernández] Cordón hablando mucho y ya sabe Vd. el lío que trae este último señor con Reyes y los oficiales de su bandera; le visité a su llegada como era natural, manifestando su sentimiento por no estar presente cuando su ascenso y haciéndome una porción de preguntas que aún como me 1714 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 51, carta manuscrita del sr. Ratto, fechada en San Fernando el 3 de junio de 1929. 1715 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 52-.56, texto mecanografiado de Varela, con rectificaciones manuscritas, sin título. 783 dijo era entre compañeros y no oficialmente creo debió hacerlas al nuevo jefe, tales como fondos, figurados, administración… no sé si creyó teníamos algo oculto pero vio que dio en hueso y que nada absolutamente tenemos que ocultar… pero si veo que sigue distinguiéndome con sus simpatías; el Tercio dio en Riffien una fiesta espléndida imitándonos en lo de las mesitas, servicios, etc. etc. el día del Santo del Rey inaugurando un nuevo campo-pista y tennis, recibí invitación asistiendo Jordana, García Benítez… y unos 500 o 600 invitados, por cierto que Millán al enterarse a su llegada no le hizo mucha gracia”. Por último, un apunte económico, al parecer se estaba restringiendo la dotación económica de las unidades y había inquietud sobre la próxima salida de 1716 recompensas . Su sustituto al frente de los Regulares de Ceuta, teniente coronel Salvador Múgica, le escribió también una atenta carta, alabando la disposición de la fuerza recibida y comentando una carta remitida por éste al Alto Comisario, y de la que esperaba contestación. Al parecer, se trataba de un relato de méritos para una concesión, pero no hay otra referencia. Múgica se encontraba sustituyendo a Capaz, que estaba de 1717 permiso, y del que no se esperaba que llegara hasta la revista de julio . 3.13.6.- Propuesta a Varela para el mando de la Legión. En julio de 1929, Varela recibió una carta del Alto Comisario, conde de Jordana. En ella, yendo directamente al grano, éste le decía: “Amigo Varela: como consecuencia de un incidente entre el general Millán [Astray] y el coronel Sanz de Larín, es muy probable que éste cese el mando de la Legión. Si fuera así, ¿le agradaría este mando? Ya sé no entra en sus cálculos mando en África ¡pero es este tan importante y bonito para un jefe de su valía y condiciones! Como caso de cesar Larín será en plazo muy breve, le agradeceré mucho que tan pronto como reciba ésta me conteste telegráficamente diciéndome si acepta: ‘Muy agradecido le saludo muy afectuosamente’ y si no 1718 acepta ‘agradecido. Le saludo afectuosamente’” . Le indicaba que como marchaba a Madrid, si iba a tardar unos días en contestar lo hiciera a su dirección en la capital. Los hechos que motivaron esta carta se debieron al ascenso del coronel Millán Astray, comandante en Jefe del Tercio de Marruecos, a 1716 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 44-49, carta manuscrita fechada en Ceuta el 22 de mayo de 1929, membrete de “Regulares de Ceuta. Comandante Mayor”. 1717 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 57-60, carta manuscrita fechada en Xauen el 10 de junio de 1929, membrete de “Regulares de Ceuta. Primer Jefe”. 1718 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 391-392, carta manuscrita, fechada el 4 de julio de 1928 (en realidad, 1929), con membrete “El Alto Comisario y Jefe Superior de las Fuerzas Militares de Marruecos”, con la nota “Reservado” en el ángulo superior derecho. 784 general de brigada en junio de 1927. Fue entonces relevado en su mando por el coronel Eugenio Sanz de Larín. Sin embargo, Millán, nombrado coronel honorario de la Legión (siempre lució en sus uniformes las tres estrellas de coronel, los “tres ases de oros” en el argot legionario), se inmiscuía en el mando. Las causas de la disputa le fueron relatadas a Varela en una carta escrita por el coronel Manuel García Álvarez dos días después. Para García Álvarez, la disputa debía haber estallado antes, aunque el proceso ha sido lento: ambos jefes, Millán y Sanz, “uno y otro han ido almacenando quejas consecuencia de recíprocos celos en el mando de la Legión y creyendo el General [Millán] que ya no era posible tolerar más arrogancia ni permitir el estado de independencia en que el Jefe del Tercio [Sanz] se había colocado, si es que la disciplina había de permanecer incólume, al regreso de este Jefe de una marcha efectuada por las kabilas de Senhaya y Ketama, hubo de prenderle en el momento que efectuaba su presentación, por no haberse despedido de él personalmente para recibir sus instrucciones al emprender la marcha para mandar la columna. Disculpóse el Coronel sin que sus excusas satisficiesen al General y en plan de reconvenciones del superior, después de hacer varios cargos le preguntó si era cierto que en una ocasión y con motivo de haber ordenado él el arreglo de un talud del acuartelamiento de Rifien, mandó que se derribara lo hecho y dijo a los Oficiales que en lo sucesivo no se diera cumplimiento a ninguna orden del General sin su previo consentimiento, que el único que mandaba en la Legión era él, pues las estrellas de Coronel honorario servirían para presumir, pero no para mandar y que se alegraría que así lo dijesen al General ya que a él no le era posible porque parecía que le huía después que en alguna ocasión le había hecho meterse la lengua en… A este cargo respondió Sanz de Larín negando que dijera la frase grosera final, pero respecto de lo demás, dijo que no recordaba dado el tiempo que había transcurrido, no obstante lo cual, si se comprobaba por los Oficiales que lo había dicho, lo sostendría. El General le mandó arrestado a su domicilio y dio parte de oficio al General Jefe Superior con noticia de que había impuesto al Coronel Jefe de El Tercio dos meses de 1719 arresto en un castillo” . El general Jordana, Alto Comisario y comandante en Jefe de las Fuerzas en Marruecos, estaba en Melilla durante estos sucesos, y al regresar recibió el parte. Habló con el coronel Sanz de Larín, y suspendió el arresto. Jordana, siempre según García Álvarez en la citada misiva, ordenó abrir una Información para conocer la veracidad de las acusaciones de Millán Astray, nombrando juez instructor al general González 1719 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 394-398, Carta mecanografiada del coronel García Álvarez, fechada en Ceuta el 9 de julio de 1929, con membrete “El Coronel Jefe de la Primera Media Brigada de Cazadores de Tetuán”. 785 Carrasco, y éste a su vez, nombró secretario a García Álvarez. Sanz de Larín, convencido de que éste era muy amigo de Millán, quiso recusarle, lo que dio origen a una disputa: “Con motivo de esta recusación hubo palabras entre el Coronel Sanz de Larín y yo, palabras que no quiero confiar al papel y que contaré a V en la primera ocasión en que nos veamos y que espero no ha de tardar mucho”. González Carrasco despachó el asunto en tres días, y su informe fue estudiado por el Auditor. Como resultado, tras posible consulta con Madrid, Sanz de Larín fue cesado en el mando de la Legión, según información de Millán transmitida a García Álvarez “anteayer”, es decir, que el día 7 de julio la decisión ya estaba tomada, pero aún no era pública, cuando Jordana escribió su nota a Varela. Para entonces, Sanz de Larín había pasado catorce días arrestado, y por ello se rumoreaba que había dado parte escrito contra Millán Astray, lo cual obligaría a abrir un proceso de Información para el que sería nombrado el coronel Castelló, al mando de una media Brigada en Alcazarquivir. García Álvarez añadía socarronamente: “Al partir de este punto de la Baja de Larín, supongo que V sabrá más que nadie, pues ya le habrán hecho el amor y me figuro que no va a tener más remedio que volver por estas tierras, cosa que de veras sentiría por V, pero me alegraría extraordinariamente por mí”. Obviamente, la propuesta de Jordana había sido un secreto a voces. La respuesta de Varela a la propuesta de Jordana fue negativa, postura para el coronel muy difícil, porque la nota de Jordana parece una petición de favor, y a Varela, que tenía una gran amistad con el general, tuvo que costarle mucho negarse. El cargo, siguiendo con García Álvarez, tenía bastantes pretendientes. Al parecer, la muerte del coronel del Regimiento de León nº 38, situado en Madrid hizo pensar que Varela fuera destinado a él; pero el compromiso de ocupar la jefatura de la Legión era “una banqueta que le va resultar difícil saltar.(…)…cargo que han solicitado entre otros Martínez Monje, Álvarez Arenas, Álvarez Coque y según dicen Pareja, pero sin que de ello esté yo seguro”. García Álvarez seguía a cargo del sector de Laucién disgustado por la protección que Millán Astray brindaba a Martínez Monge para que éste no saliera de Tetuán. “Yo le he dicho a Millán que si pasados tres meses no se da la orden para que yo mande el sector de Tetuán, me voy del territorio y la marcha será por culpa suya”. A continuación, García Álvarez acomete temas más personales: su hijo está destinado en Intervenciones en el Zoco el Jemis de Beni Selman, fuera del “avispero artillero que anda por la península agudizado ahora por la que han dado de baja”, referencia al conflicto entre Primo de Rivera y el Arma de Artillería; le informa de que 786 “su” Grupo de Regulares marcha bien, pero lamenta que ya no le inviten a las fiestas que celebran. Que el mando del Tercio debía parecer un regalo envenenado, se descubre en una segunda carta, enviada una semana después. Según ella, en julio de 1929 Varela marchó a Madrid para que se le ofreciera el mando de la Legión “en esta ocasión tan inoportuna, en que la Oficialidad está dividida y con un espíritu de independencia tan intolerable, que ha de proporcionar al que lo mande serios disgustos, aun cuando no sea más que por los que él tenga que dar a los demás. Me figuro que para defenderse del ataque que le habrán hecho objeto habrá tenido que emplear más tesón y más firmeza que para tomar la loma de los moravos, pero ha hecho V bien y puede estar seguro de que todos sus amigos de verdad, nos hemos alegrado de su decisión y de su triunfo, que yo encontraba difícil por el empeño que en traerle por aquí tiene y tenía el General 1720 Jordana . Según se desprende de la carta, Varela recomendó para el puesto al propio coronel García Álvarez, pero éste, aunque se lo agradecía, agradecía más no haber sido nombrado, porque “conociendo como conozco el personal todo de El Tercio, era necesario que unos cuantos se marcharan al ir yo para evitar que los echara”, además de que “mi credo militar dista mucho de coincidir con el de La Legión y figúrese la enemiga con que había de tropezar en todos los caballeros legionarios”. Se nombró como nuevo jefe de la Legión al coronel Juan José de Liniers, con varios años de 1721 experiencia en la misma . García Álvarez aplaude el nombramiento de Liniers, que conoce a los veteranos legionarios, tiene espíritu legionario y ya ha estado al mando de legionarios, con los que consiguió los galones, aunque a él le habrá dolido dejar su Regimiento de Uadrás (Wad-Ras). En cuanto a éste Regimiento, ahora vacante, argumenta el coronel, quizá quede en reserva para el propio Varela, o será para otro, “¿…y a V le guardan la dirección de la Academia especial de nuestra Arma?”. Es la primera mención de que Varela sonaba para director de la Academia de Toledo, y ello explicaría sobradamente su interés por ampliar estudios en Europa. Para García Álvarez, Varela era el director ideal: “…en comisión hasta Diciembre y al regresar a Toledo, a preparar la organización de la Academia, a lucirla más tarde y a ser constantemente con su historia y sus Laureadas, un ejemplo constante para sus alumnos, un símbolo y 1720 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 399-402, Carta mecanografiada del coronel García Álvarez, fechada en Ceuta el 15 de julio de 1929, con membrete “El Coronel Jefe de la Primera Media Brigada de Cazadores de Tetuán”. Pese a que le habla de Vd., el encabezamiento es “Querido Varelita”. 1721 Rodríguez Jiménez. José Luis: ¡A mí la Legión! De Millán Astray a las misiones de paz, Planeta, Barcelona, 2005, p. 237. 787 un estímulo para que soñaran siempre con las grandezas de nuestra profesión y nunca con sus miserias”. Al saber que las Laureadas las había ganado de Teniente, los alumnos se sentirían muy motivados, y era un cargo que si bien él, García Álvarez, había ambicionado, requería “un jefe joven y de gran prestigio”. Acaba la carta contando que “Don José [Millán Astray] fue a ver al doctor Asuero según dijo él y han dicho los periódicos, pero yo creo que el verdadero motivo del viaje, ha sido ver que ambiente había respecto de su persona en las alturas, como consecuencia del incidente habido y no creo le haya dejado muy satisfecho en su solución, puesto que no aprobaron los dos meses de castillo y además le dan al castigado [Sanz de Larín] un regimiento en Madrid”. Millán Astray siguió en Marruecos, y del 2 al 10 de septiembre de 1929 dirigió maniobras en la cabila de Hammas, sin ningún problema con la población indígena. El 15 de enero de 1930 fue destinado a las órdenes directas del ministro del Ejército, y 1722 condecorado con la gran cruz del Mérito Militar con distintivo rojo . 3.13.7.- Propuesta para director de la Academia de Infantería. El viaje de estudios al extranjero. Varela era consciente de que era necesario informarse de primera mano sobre las innovaciones en tecnología militar y tácticas de combate. El ascenso a coronel le abría las puertas al generalato, y a la responsabilidad que ello suponía. Por ello, se interesó por ampliar los horizontes de su formación técnica. En marzo de 1927 ya estaba pensando en ampliar estudios en el extranjero, y para ello escribió a su amigo Juan 1723 Beigbeder, entonces agregado militar en Berlín,. Beigbeder le aconsejó una estancia de dos años en Francia, en Versalles y Saint-Cyr, donde podría asistir a cursos, conferencias, y ver el funcionamiento del centro de estudios de Infantería y carros de combate. Aún era posible recibir lecciones de los comandantes veteranos de la Primera Guerra Mundial, mucho más interesantes que las de los teóricos que nunca habían pisado un campo de batalla. Beigbeder le aconsejó y explicó cómo solicitar el permiso y conseguirlo. Para él, era más práctico solicitar un año de comisión de servicio para aprender idiomas, y otro de ampliación, quedándose sólo con el sueldo base, pues con la paga de coronel se podría vivir dignamente, aunque estuviera casado. Debería estar en 1722 Togores, L.E., Millán Astray, legionario, La Esfera de los Libros, Madrid, 2003, p. 267. 1723 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 419-422, carta manuscrita, fechada en Berlín el 8 de marzo de 1927, firnada por J. Beigbeder. 788 París a mediados de octubre, y le aseguraba una excelente acogida por la amabilidad de la gente, y le recomendaba “apretar” en francés y leer dos libros técnicos. Esta idea quedó en proyecto, pero fue retomada por Varela a principios de 1928. Varela decidió aprovechar la paz para intentar ampliar su formación militar. Su intención era, ascendido a coronel y con grandes posibilidades de ingresar en el generalato, instruirse y convertirse en un oficial polivalente. También existía la posibilidad de pasar a dirigir la Academia de Infantería, pero sobre todo estaba su deseo de conocer las nuevas técnicas militares para crecer en conocimientos. Ésta siempre había sido su gran ambición, ser eficiente y profesional. Por eso había aprendido a volar y a conducir. Su propósito aparece reflejado en un artículo donde se rememora su vida profesional: “Ahora, a los catorce años de actividad en Marruecos, se propone descansar en un viaje por Europa dedicado al estudio comparativo de los ejércitos, sus organizaciones, establecimientos y materiales de guerra con todos sus servicios anejos. “El soldado quiere prepararse. Sabe que el ejército no debe hacerse en la guerra, sí en la paz, y aspira, dentro de los recursos de España, a un ejército apto para que sea honra y orgullo de su país. Sabe que la espada no vale más 1724 que el libro. Y quiere ser diestro en el manejo de los dos” . Por otro lado, Varela aspiraba a que se le llamara para un destino importante, ahora que creía vencida la inquina que le había tomado el Dictador, y como ya se ha dicho se rumoreaba que su nombre sonaba para director de la Academia de Infantería de Toledo. Tampoco habría que descartar el deseo de alejarse de España tras su ruptura sentimental con Carmen de Movellán. Por ello volvió a escribir a Beigbeder, enviándole un ejemplar del Historial del 1725 Grupo de Regulares de Ceuta. Beigbeder recordaba sus años marroquíes, y seguidamente le hacía una propuesta de viaje de estudios por Francia y Alemania. Para Francia, le planteaba el mismo programa seguido por Millán Astray, con su sueldo y mil pesetas mensuales de gratificación: visita a la Escuela de Infantería de Saint-Cyr, la Escuela de Infantería de Saint-Maixent y un batallón de Cazadores en Saverne, ampliable con un período en una unidad alpina, estancia en los centros de estudios de Montaña en Grenoble y de carros de combate en Versalles, y un curso en éste último 1724 ACGJEVI, Carpeta 8, fol 78 , Mundo Gráfico, 31 de julio de 1929, “Soldados de España. De alférez a coronel en menos de catorce años. El dos veces laureado José Enrique Varela”, firmado por J. Larios de Medrano. 1725 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 423-425, carta manuscrita, fechada en Berlín el 3 de febrero de 1928, firnada por J. Beigbeder, membrete de “Embajada de España en Berlín”. 789 centro para jefes; en total, año y medio. La gestión, le aconsejaba, debía ser personal, hablando directamente con el ministro, para que al presentar la instancia ésta fuera rápidamente aprobada. Si no se consiguiera, le volvía a aconsejar la táctica de Millán Astray en 1924, solicitar una comisión para perfeccionar el idioma, y ya en París manifestar deseo de realizar estudios militares, sin que ello produzca más gasto. Respecto a Alemania, la cosa cambiaba si sabía o no alemán. Una Real Orden del 8 de julio de 1929 otorgaba al coronel Varela, en situación de disponible en Ceuta, una Comisión de servicio para viajar al extranjero y ampliar estudios analizando la organización de la Infantería en Francia, Italia y Suiza, que más 1726 tarde se amplió a Alemania, saliendo hacia París a mediados de agosto . Una Real Orden del 22 de octubre del mismo año amplió la comisión de servicio dos meses 1727 más . La prensa local se hizo eco una vez más de este hecho, relevante en la vida de 1728 Varela . El coronel regresó de Madrid a San Fernando a mediados de julio. Por entonces, tuvo lugar una conversación entre Varela y Sanjurjo, en la que éste seguramente le propuso el cargo, pues al viajar al extranjero se iba a formar de manera muy apta para el puesto. Sanjurjo habló entonces con el general Losada, al cual le 1729 pareció una designación muy interesante, y se la comentó a Primo de Rivera . Con motivo de su despedida, se le homenajeó en varias fiestas. En una de ellas se le entregó un poema, firmado por varios de los concurrentes, entre los cuales descubrimos firmas femeninas, lo que puede dar a entender que para entonces su compromiso con Carmen de Movellán se había roto, sin que en la documentación pueda 1730 establecerse la fecha o el motivo . El 30 de julio, Varela marchó de Puerto Real a Madrid. A la estación fueron a despedirle autoridades y amistades, siendo un acontecimiento con representantes de todas las clases sociales que abarrotaron los 1726 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 189-190, Diario Oficial del Ministerio del Ejército, 11 de julio de 1929, “Comisiones”. 1727 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 191, Diario Oficial del Ministerio del Ejército, 24 de octubre de 1929, “Comisiones” 1728 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 192, Diario de Cádiz, 17 de julio de 1929, “El Gobierno designa al coronel Varela para una importante misión en el extranjero”. 1729 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 532, Memorias del viaje de estudios al extranjero. 1730 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 75. “Despedida. Adiós Enrique! Adiós Julián / Días como éstos no volverán / Hasta veros de nuevo en Tetuán / Tú, Varela, de Sultán / y de Vizir el gran Julián (Permariño). / Las negras cucarachas no faltarán / aún en el tiempo del Ramadán. / Araca corazón tu amargo gemido (sic) / del tren a lo lejos se oye el silbido. / Pronto partirán vuestros viejos amigos / entre espantosos y desesperados alaridos, / y el cañón interno de cada cual / disparará las salvas del ritual. / Marchaos! Marchaos! Pero pronto volver / que buenas ferias vamos a tener./ A principios de junio, nuestras puertas se abrirán, / y con gran regocijo os recibirán”. El texto está firmado por “Julia” o “Talia”?, “Irene, hasta pronto!!”, “Mercedes”, “Margot”, “Tu antiguo teniente (ilegible)”. 790 1731 andenes de la estación . El 13 de agosto se le expidió el pasaporte en Madrid, y días 1732 después salió hacia Francia . No deja de ser curioso que, quizá movido por su visita a Francia, país muy interesado en el norte de África, el 17 de septiembre de 1929 propusiera al general Primo de Rivera la ocupación de Ifni, territorio cedido a España para instalar una factoría pesquera en los tratados de paz de Tetuán del 26 de abril de 1860 con Marruecos, basándose en la existencia de un asentamiento español en la zona en el siglo XV, y se ofreciera para llevarla a cabo. No se conserva la carta de Varela, pero sí la contestación de Primo de Rivera, que agradecía la propuesta y aseguraba que tendría “en cuenta sus deseos, que demuestran una vez más su elevado espíritu y 1733 entusiasmo” . La ocupación de Ifni no se hizo efectiva hasta 1934, por el coronel Capaz. El 20 de septiembre de 1929, Varela recibió una carta del general Franco, a la 1734 sazón director de la Academia General Militar . Abriéndola con un familiar “Querido Varelita”, Franco alababa el espíritu de servicio y aplicación que mostraba Varela al viajar a estudiar al extranjero, e ironizaba sobre ello afirmando que no se le comprendía porque “evidentemente los militares españoles somos demasiado señoritos”. Seguidamente, Franco entraba de lleno en la cuestión, la propuesta de que Varela pasara a director o al menos como profesor destacado en la Academia de Infantería de Toledo, una de las razones que le habían movido a emprender el viaje de estudios: “De tu destino a la Academia por Madrid se da como seguro entre el elemento militar, aunque no faltan desde luego quien se lo trabaja, entre ellos Gamir, Duyos y Parejita; también dicen lo desea Capaz; pero en todas partes están que vas tú”. Para Franco, Gamir está anticuado, Duyos está bien instalado, Capaz es imprescindible en Marruecos y Pareja es el único que realmente lo ambiciona. Franco añadía: “A mí en esto nada me dicen ni consultan, pues ya sabes que la gente del Ministerio tiene a memos escuchar a los 1731 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 76, La Columna de Puerto Real, 31 de julio de 1929, “Entusiasta despedida al Coronel Varela”; fol 193, El Noticiero Gaditano, 3 de agosto de 1929, “El coronel Varela al Extranjero”. Entre los amigos que le despidieron figuraban los incondicionales Gaspar Fernández de León, Jaime Togores, y Manuel Casanovas de San Fernando; Olegario Rodríguez Aparicio y José María Fernández, de Puerto Real. 1732 ACGJEVI, Capeta 9, fol 200-206, pasaporte del coronel Varela. 1733 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 405, Carta mecanografiada fechada en Madrid el 25 de septiembre de 1929, firmada por Miguel Primo de Rivera, con membrete “El Presidente del Consejo de Ministros”. 1734 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 172 y 174, copia mecanografiada, fechada en Zaragoza el 20 de septiembre de 1929; Carpeta 148, fol 2, original. 791 demás, pero el interés del servicio se impondrá y creo te mandarán a ti, pues quieren que la Academia cambie totalmente. “Si algo sé ya te lo avisaré oportunamente”. La misiva de Franco no fue la única, lo que demuestra que Varela era candidato en firme para la Academia. En octubre de 1929, Varela recibió una carta de su amigo, el 1735 coronel Manuel García Álvarez , en contestación a otra enviada por Varela desde París. García era consciente que el Ejército francés estaba preparándose para la guerra, y lo compara con el estado lastimoso del Ejército de España en África, donde “la paz está prendida solo con alfileres”, se carece de material moderno para enfrentarse a una posible nueva guerra, y confiando en la paz se van desguarneciendo las posiciones, cediéndolas a Intervenciones. Comenta unas maniobras celebradas dirigidas por el general Millán Astray; afirma que el Grupo de Regulares de Ceuta está bien, pero ha perdido el brillo y la alegría que tenía bajo Varela; cuenta la fiesta militar celebrada en Tetuán para darles banderas a los Batallones de Cazadores, y en la que los generales Mola y Millán Astray discutieron porque el primero supuso que el segundo ordenó a la banda de música tocar marchas legionarias, lo que confundió a la música de sus Cazadores, desluciéndoles el desfile: “El tono de la voz fue muy fuerte, los términos de la discusión muy duros, y todo ello resultó altamente desagradable, tanto más, cuanto se desarrolló la escena a la inmediación del Jalifa, del cuerpo diplomático de Tánger, de la Duquesa de Guisa, del insigne Marconi y de una porción de gente extraña a la profesión que comentó en debida forma la intemperancia de uno y otro”. Según él, Millán había pasado por Sevilla para que “le colocaran durante la semana chilena, no sé qué cintajo nuevo que el presidente de aquella República le ha otorgado”, para seguir a Madrid e intentar mantenerse en África, donde no estaba muy seguro desde su choque con Sanz de Larín. Comenta que el coronel Sanz de Larín está buscando ayudante de campo, e ironiza acerca de su habilidad para ello, pues lo ha propuesto al comandante Fernández Cordón, al que expedientó por quebrantamiento de arresto, junto a otras noticias personales y de amistades, entre ellas el posible ascenso de Múgica, con lo que quizá los Regulares de Ceuta pasaran al teniente coronel López Bravo. Por último, le dice que se rumorea que él, Varela, puede ser propuesto para jefe 1735 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 80-91, mecanografiada y firmada de puño y letra, fechada en Tetuán el 19 de octubre de 1929, con membrete de “El Coronel Jefe de la Primera Media Brigada de Cazadores de Tetuán”. 792 del Gabinete Militar y Secretario General de la Dirección General de Marruecos y Colonias, o para director de la Academia de Infantería de Toledo. Sobre la preparación de esta ceremonia de entrega de banderas, anterior al incidente relatado, hay una referencia en una carta del amigo de Varela, el coronel de caballería Procopio Pignatelli, indicando que estaba necesitando muchos ensayos. Pignatelli afirma, entre bastantes bromas y chismes relatados con gracejo, que a Varela 1736 le aguardan “elevados cargos” . Ese mismo mes de octubre, el capitán antiguo subordinado de Varela, Antonio Ramos, en los Regulares de Ceuta, le contestó a otra carta dirigida a un compañero, 1737 Alegre . Por lo que dice Ramos, Varela se explayó en su misiva sobre proyectos: “…vemos tus anhelos y todo tu interés en hacer algo útil para el Ejército, fines que son bien plausibles en ti, a quien te sonríe la fortuna por todas partes y que tu edad y tu posición podían influir en hacerte olvidar estos fines dedicándote a miles de diversiones que ahí te rodearán por todas partes, y sin embargo estás dedicado a estudiar… a ser útil a la Infantería”. En la misma carta, otro compañero de firma ilegible añadió un párrafo en el que se lee: “…me certifiquen la noticia que como cierta de dieron: el Coronel Varela mandará la Academia de Infantería”. En noviembre, Varela recibió un carta del general Gómez Jordana Sousa, Alto 1738 Comisario en Marruecos . A través de ella, contestación de otra escrita por Varela, se deduce que Varela estaba muy satisfecho con su comisión y sus estudios, la cual, Jordana le dijo “que le va a ser muy útil para quien, como usted, está llamado desempeñar elevados cargos”. Respecto a la situación en Marruecos, dijo que estaba “francamente bien”, aunque le suponía mucho trabajo. Otra carta, incompleta y sin 1739 firmar , refleja la decadencia del Grupo de Regulares sin su antiguo Jefe, pero alaba el viaje emprendido para conocer otros ejércitos, “Considero de gran interés y beneficiosa para tí la visita a Italia y Alemania no solo por el contraste que en algunos aspectos de orden militar has de encontrar sino también para que se pierda algo de la 1736 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 194-199, carta manuscrita fechada en Ceuta el 2 de octubre de 1929, con membrete “Regimiento Cazadores de Alcántara. 14º de Caballería. Coronel”, firmada por P. Pignatelli. 1737 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 187-188, carta manuscrita fechada en Ceuta en octubre de 1929, con membrete “Regulares de Ceuta”, firmada por Antonio de Ramos y otra ilegible. 1738 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 177-178, carta manuscrita fechada el 12 de noviembre de 1929, con membrete “Alto Comisario de España en Marruecos”, y firmada como “Jordana”. 1739 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 179-183, sin fecha, posiblemente de noviembre de 1929, con membrete de escudo de Infantería, 1ª Brigada 16ª División. Ayudante”. 793 influencia que la escuela francesa habrá ejercido sobre ti”, y considera acertada la actitud de Varela “en relación al nuevo destino” para el que parece nombrado. Sin embargo, la ilusión se desvaneció de golpe a principios de diciembre, precisamente cuando Varela había regresado brevemente a Puerto Real desde Alemania ante la enfermedad de su madre. Varela tuvo que quedar muy decepcionado, como anotó, con amargura en sus Memorias del viaje: “Seguramente como yo no me he trabajado el destino, he sido descartado, es éste un defecto de nuestro jefe de Gobierno, que desde Ben Tieb no tiene por mi ninguna predilección. Lo siento realmente pues me había preparado para el cometido y pensaba estructurar la Academia en un todo diferente a los procedimientos antiguos. Conservo testimonios de personas que me consideraban en las mejores condiciones para tal cometido y, dado mi carácter, sólo me esperaba una temporada de trabajo en bien de la Infantería, saldados hoy por el descarte de tal destino. A la egolatría del Presidente debo añadir esta nueva condición de que no supo olvidar mi gallarda y patriótica actitud en Melilla (Ben Tieb) y su congénita envidia hacia todo aquello que presume, no le es incondicional o considera, con fundamentada razón, llevar un apellido básico 1740 de encumbramientos injustos y de atropellos irritantes a los demás” . Para Varela, Primo de Rivera no le había perdonado su postura en Ben Tieb, y en su resentimiento, se hace eco de las quejas sobre la arbitrariedad de nombramientos y ascensos por parte del Dictador, que le habían llevado a enfrentarse con un sector del Ejército. La noticia conmovió a los amigos de Varela, como se deduce al leer el apurado tono de la carta que le dirigió Franco: ”Nada sabía de esto y nada me dijeron cuando estuve en Madrid con motivo del banquete de la Infantería e igualmente ignoré quienes iban a ser los directores de las Academias hasta que lo leí en el Diario Oficial, extrañándome por cierto que no fueses tú el nombrado, pues te creía seguro para el cargo y hubieses sido mi candidato si me hubieran consultado. “Te digo todo esto para que sepas que en nada intervine y que fui verdaderamente sorprendido al leer la Real Orden aludida y ver que no eres tú 1741 el nuevo director de la Academia de Infantería” . 3.13.8.- El coronel Varela en Francia y Suiza. De su viaje, Varela conservó documentación guardada en su archivo sobre todo de su estancia en Alemania, muy posiblemente la que más le impresionó, incluso dos 1740 ACGJEVI, Carpeta 89, fol 532-533, Memorias del viaje de estudios al extranjero. 1741 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 171, carta fechada en Zaragoza el 20 de diciembre de 1929. 794 1742 tarjetas de visita de oficiales alemanes . Relató su periplo en tres libretas de bolsillo 1743 con tapas de hule donde, con letra redonda, redactó unas Memorias autobiográficas describiendo su viaje. En él aparece como escritor militar, muy observador, atento tanto a las costumbres como a la arquitectura. Pero lo anota todo, no sólo sus impresiones profesionales, también los acontecimientos sociales a los que acude, describiendo a las personas que conoce o a las que reencuentra. Estuvo en primer lugar en Francia, llegando a París el 22 de agosto, recorriendo la ciudad y anotando sus impresiones como un turista curioso e interesado en la cultura. El 28 de agosto anotó su percepción del excesivo apego al dinero de los franceses, pero también el vivo patriotismo que se respiraba en París. Describió a las mujeres: "la mujer aquí casi ha logrado la máxima independencia, tanto soltera como casada, y esta libertad es posible que necesita de mayor perfección en la humanidad para no llevar consigo un tanto de relajación que hace necesario la limitación de aquélla. Claro está que la que es virtuosa en este 1744 ambiente hay que bordarle un manto (...)" . Durante su estancia en Francia salió a pasear y cenar con varias mujeres, sobre todo con una chilena, Alicia Well, de origen inglés. Describiendo el orden social, dice "Siento un profundo amor por el desvalido, a quien yo desearía mejorar; sólo reino oculto y llamo aristócrata al hombre que se eleva de por sí y sus condiciones morales le acompañan (...). Amo sobre todo el orden, pero la Revolución es un motivo que no me atormenta y la encuentro justificada cuando hay 1745 que morder el ‘canto’ que aprisiona a la justicia y a la libertad legal" . Durante el viaje, muestra su preocupación por las noticias de España, la situación europea, las enseñanzas que va recibiendo, y la sociedad que le rodea. Sus reflexiones sobre la situación internacional son constantes: "A mi juicio Inglaterra busca la forma de aguantar el nublado de la mejor manera posible. Ya empieza a llover y antes se secaba con su propio sol, pero 1742ACGJEVI, Carpeta 9, fol 94: tarjeta del teniente general Alexandre von Kalkenhausen, director de la Academia de Infantería de Dresde, que fue un importante militar, director de la Academia de 1927 a 1930, en que se retiró del Ejército y pasó a ser consejero de Chiang Kai Chek, hasta que fue llamado a Alemania cuando Hitler se alió con Japón en 1937. Opuesto a Hitler, estuvo en la campaña de Francia y fue nombrado gobernador militar de Bélgica en 1940, donde colaboró en la política antisemita; participó en el complot contra Hitler de 1944, encerrado en Dachau, juzgado tras la guerra por crímenes contra la Humanidad, y finalmente indultado gracias a sus buenas relaciones con la China nacionalista; tarjeta del capitán Wahle, que estuvo a las órdenes de Varela como acompañante durante su estancia en Dresde. 1743 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 428-561, copia mecanografiada de las memorias del viaje de estudios al extranjero; abarcan desde el 28 de agosto de 1929 al 30 de diciembre de 1930. 1744 Pemán, J. Mª, p. 91. 1745 Pemán, J. Mª, p. 91-92. 795 ahora necesita y buscar calor ajeno. La única nación hoy capaz de recoger mucho de lo suyo que se le va es Norteamérica, y busca inteligencia con ella en la apuntale para sostener el derrumbamiento. ¿Cuando, si no fuera por esta 1746 realidad convincente y forzosa iba a consentir la paridad de Escuadra?" . Tras unos pocos días en París, Varela, acompañado del teniente coronel Seguí, agregado militar de la Embajada de España en Francia, pasó después a Suiza donde visitó Berna el 4 de septiembre y Zhums (Thun) el 6, regresando a París el 8 de 1747 septiembre . Describió el sistema político suizo, así como su ejército: “El Ejército suizo es sencillamente una Milicia ciudadana; dura el tiempo de servicio desde los 21 hasta los 44 años, pero no tienen tropas permanentes; cada año y en una fecha apropiada que suele ser la actual, se concentran para hacer maniobras (…); no tienen Generales, el grado máximo es el de Coronel y caso de movilización o guerra se 1748 nombra un General en Jefe” . También destacó que era una fuerza muy preparada para la guerra de montaña y de guerrilla. En Thun visitó un cuartel, observó la instrucción, anotó la estricta disciplina, la obediencia, la igualdad en el servicio militar, y encontró el sistema suizo como digno de estudio para desarrollar una Reserva General en España. En París se encontró con el general Sanjurjo, que viajaba por motivos personales. No anotó nada referente a sus conversaciones. El día 23 de septiembre reanudó sus visitas a centros militares, acompañado del teniente coronel Seguí. Estuvo en la Escuela de Aplicación de Carros de Combate de Versalles, donde se le explicó el sistema de enseñanza; le llamó la atención que los carros de combate fueran una fuerza de la Infantería, y no de la Artillería. Visitó al 503º Regimiento de Carros, en Joctery, donde presenció un ejercicio, que Varela describió prolijamente, así como la sutil desconfianza de los oficiales franceses de Infantería hacia la utilidad práctica de los 1749 vehículos blindados . También asistió a un entierro. Visitó museos, reflexionó sobre la política militar francesa, resumiendo libros y artículos sobre su evolución a lo largo de la Gran Guerra y en la posguerra. A primeros de octubre murió el canciller alemán Stresemann, sobre la política del cual Varela hace breves reflexiones, sobre todo la 1746 Pemán, J. Mª, p. 95. 1747 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 407, certificado de kilómetros recorridos, expedido por el teniente coronel de Estado Mayor Juan Seguí Almuzara, agregado militar a la Embajada de España en Francia y la Legación en Suiza, fechado el 4 de octubre de 1929, membrete de “Embajada de España en París. Agregado Militar”. 1748 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 438-439, Memorias del viaje de estudios al extranjero. 1749 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 455 Memorias del viaje de estudios al extranjero. 796 incertidumbre sobre el futuro que deja atrás, y predice la reanudación de la guerra en 1750 Europa . Reflexionó también sobre cómo se veía España desde Europa: "La prensa de París se ocupa poco de los asuntos de España y observo que cuando algo se dice es para señalar pesimismo; se nos tiene por hombres sensibles en cuestiones de amor; cualquier cosa que ocurre en nuestro país sobre este sentido, a quien seguida lo 1751 achacan a esto ‘la jaloussie d’Espagne’. De nuestra política, casi nada” . Reconoce su entusiasmo por Napoleón. Anota las fluctuaciones económicas de la peseta, que fueron una de las causas de la caída de Primo de Rivera: Fui al Banco de Bilbao a cambiar 1.000 francos, digo mil pesetas, y nuestra moneda ha bajado considerablemente hoy, pues hace unos días cambiaban a 3780 francos las 1000 Ptas y hoy me han dado 3500. Creo que influyen la baja las manifestaciones del Ministro de Hacienda a suprimir el Comité Regulador de cambios, hecho sucedido el sábado último 1752 (antes de ayer)" . Las noticias sobre la pérdida de valor de la peseta se multiplican a finales del mes de noviembre, cuando el impacto de la caída de la Bolsa de Nueva York 1753 sacudió a Europa . Comenta un artículo aparecido en ABC firmado por el diplomático Pérez Caballero, sobre la no asistencia de España a la reunión de Londres sobre "desarme y limitación de Marina". El Gobierno ha decidido no asistir porque España no despierta recelos. En este sentido, Varela escribe en su diario que la escasa potencia industrial española, lógicamente, no despierta recelo: "Así nos luce el pelo. Más valiera que se contará con nosotros despertando recelos y se nos llamará al círculo de las potencias, que quizá no tengan tanta altivez, tanta ponderación, tanta 1754 estimación, pero que acuden a todas partes y nos obligan a los postres del festín" . En sus reflexiones se descubre un Varela orgulloso de sus orígenes humildes, ve a la gente del pueblo llano con más valores humanos y morales: “al pueblo le amo, le busco, le vivo, cuantos me conocen saben que aún de Jefe, siempre estuve cerca del soldado y mi alegría es el cariño que me profesan, es esta cualidad del bien nacido, ¡la 1755 gratitud!” . Su interés social aparece una vez más reflejado en sus escritos. 1750 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 472, Memorias del viaje de estudios al extranjero. 1751 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 476, Memorias del viaje de estudios al extranjero. 1752 Pemán, J. Mª, p. 92; fol 482, , Memorias del viaje de estudios al extranjero. 1753 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 509, Memorias del viaje de estudios al extranjero. Varela informa que la peseta pierde valor, quizá porque mucho capital español haya comprado divisas norteamericanas ante la bajada de los valores en ese país a causa del pánico bursátil; y se pregunta por qué el Gobierno de Primo no reacciona poniendo en acción las reservas de oro. 1754 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 482-483, Memorias del viaje de estudios al extranjero. 1755 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 486, Memorias del viaje de estudios al extranjero. 797 El 20 de octubre salió hacia Bélgica, donde estuvo dos días de visita turística. Se encontró con el comandante de Artillería Alba, hermano del político Santiago Alba, declarado opositor a Primo de Rivera, y le dijo que su hermano deseaba hablar con él; 1756 pero Varela se disculpó . Las tensiones se acumulaban, y el 28 de octubre anotaba: "He salido tarde después de leer la prensa; una de particular en España, salvo que empieza un consejo de guerra en Valencia contra Sánchez Guerra, expresidente del Gobierno que intentó derribar a Primo de Rivera; es posible que se le condene, como 1757 igualmente seguro el indulto y posible destierro" . Según una documentación, durante su estancia en Francia visitó y a un ejercicio 1758 de Infantería y carros en Satory, entre el 23 y 26 de octubre . En realidad, según su diario, visitó las Academias de Saint-Cyr el día 30 de octubre, describiéndola con minuciosidad, y de Aplicación de Infantería de Versalles, donde anota los métodos de exposición, incluidas las proyecciones cinematográficas. Sobre esta base, realiza una reflexión sobre cómo debieran ser las academias militares españolas. Plantearía una prolongación de estudios sobre la base de los recibidos en la General Militar, con cursos para Jefes, universitarios con profesores civiles, conferencias impartidas tanto por militares como por civiles; crear una Escuela de Carros; que la Academia de Infantería se ocupara también de la formación de los oficiales de complemento, éstos alumnos universitarios que realizarían así su servicio militar, que recibirían formación sobe todo práctica, táctica y manejo de armas para desempeñar su función de mando en caso de 1759 guerra ; es decir, Varela estaba ya prefigurando la organización de la escala de complemento en base a estudiantes universitarios, como se configuró años después. En la Academia se debería impartir cursos para ascender a comandante, teniente coronel y coronel, rango éste al que se debería acceder por elección y no por antigüedad, previo 1760 aprobado en una Escuela de Estudios Superiores accesible sólo a tenientes coroneles . Otra innovación que plantea es la creación de misiones militares, situadas en países punteros en tecnología y táctica militar, compuesta por media docena de oficiales y jefes 1756 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 487, Memorias del viaje de estudios al extranjero. 1757 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 493, Memorias del viaje de estudios al extranjero; Pemán, J. Mª, p. 93. 1758 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 408, certificado de kilómetros recorridos, expedido por el teniente coronel de Estado Mayor Juan Seguí Almuzara, agregado militar a la Embajada de España en Francia y la Legación en Suiza, fechado el 4 de octubre de 1929, membrete de “Embajada de España en París. Agregado Militar”; fol 411, declaración del Cónsul General de España en Francia, señalando las fechas y los recorridos efectuados, hoja impresa y rellenada de puño y letra. 1759 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 498, Memorias del viaje de estudios al extranjero. 1760 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 499, Memorias del viaje de estudios al extranjero. 798 presididas por un jefe o general prestigioso, que deberían servir para facilitar los estudios y orientaciones de los militares españoles que acudieran a dichos países a 1761 formarse . El 21 de noviembre de 1929 advierte que tras la cercana caída del Dictador no hay nada, sólo el retorno a lo que precisamente provocó el ascenso de la Dictadura: "Lo que no acierto a comprender es como para el problema de la sustitución de Primo de Rivera, se indican hombres como Romanones, Alba (Duque), pues esto me parece disparatado y de consentirlo el Presidente sería la confesión de su impotencia, sería el remate de su obra, hasta cierto punto estéril, ya que durante siete años no ha sido capaz de preparar un órgano nuevo que le sustituya, teniendo de claudicar en los del antiguo régimen, tan fustigados por él: y para ese viaje, ya lo dice el pueblo, en su adagio, que no se necesitan alforjas. Tampoco puedo creer que sea el Rey quien prepara la solución: éste debe estar al margen de la encuesta, pues por estar metido siempre en la brecha, se ha descubierto demasiado y la teoría de las vulnerabilidades le ha cogido de lleno y los blancos, cuando el tiro es rasante y a corta distancia, suelen herir de 1762 cuidado" . Emplea el lenguaje militar y los puntos de vista de soldado en sus juicios, pero por lo demás son muy acertados: la crisis de la Dictadura amenazaba con arrastrar al monarca. Para Varela, Primo de Rivera debía nombrar un gobierno fuerte y seguidamente venir a París, algo que ya había anunciado. 3.13.9.- El coronel Varela en Alemania. En principio, su viaje no tocaba Alemania, pero el teniente coronel Juan Beigbeder le convenció para ello, con una carta en la que le decía que “esto es lo mejor del mundo. Sería imperdonable que regresara a España sin ver la infantería 1763 alemana” . Le prometía todas las facilidades, y le proponía pasar un mes en un regimiento de infantería, y otro en la Academia del Arma, agregado al jefe de estudios, si se le prorrogaba la comisión de servicios, y pasar en Alemania de marzo a septiembre, que era la época de las maniobras. Pero esto no era posible, y Varela decidió hacerlo de inmediato. El 29 de noviembre pasó a Alemania a través de Bélgica, llegando a Berlín ese mismo día, reuniéndose con Beigbeder el 1 de diciembre. Varela 1761 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 508, Memorias del viaje de estudios al extranjero. 1762 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 507, Memorias del viaje de estudios al extranjero; Pemán, J. Mª, p. 93, anota mal la fecha del asiento. 1763 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 427-428, carta manuscrita, fechada en Berlín el 10 de noviembre de 1929, firnada por J. Beigbeder, con membrete de “Embajada de España en Berlín” 799 conocía a Beigbeder, que había servido en la Policía Indígena, y había sido ayudante del general Dámaso Berenguer. Considera a los alemanes muy trabajadores, cultos y 1764 formados, pero con escasos modales . En contraste con Francia, Alemania es la cara de la derrota, describiendo su pobreza, pero con su tenacidad y trabajo “sabrá destruir 1765 el Tratado de Versalles” . Apenas pudo visitar el Museo del Ejército, y visitar el Ministerio de Defensa. Beigbeder le explicó con detalle la organización del ejército germano. Anota que la gran diferencia entre los infantes franceses y alemanes, es que los primeros mantienen agrupados la ametralladora y los fusileros de la unidad, mientras que los segundos han optado por independizar a la ametralladora de los fusileros, por lo que éstos actúan de forma más ligera en el asalto, y eso les hace actuar con más decisión 1766 y fiereza . Varela se apercibió de los cambios e innovaciones que los oficiales alemanes introducían en el uso de la Infantería y en la forma de ocupar del terreno, de forma que la principal fuerza era la moral del combatiente, con unidades más pequeñas que facilitaban el ejercicio del mando. Encontró a los oficiales alemanes muy serviciales. El 6 de diciembre visitó, junto al capitán Cisneros, guiado por el capitán de Estado Mayor Frei Hamber, la Escuela Central de Gimnasia de Nünsdorf. El 7 de diciembre, víspera de la Inmaculada, recibió la noticia de la enfermedad de su madre: "La impresión fue demasiado fuerte para mí por el culto y concepto que tengo de esa santa y patriota mujer, sacrificada desde que fue madre en el trabajo para sacar adelante sus hijos, unida a mi buen padre (q.e.p.d.)”. Se puso en camino, llegando a Puerto Real el día 11 de diciembre. El día 14 escribió: "Mi madre inicia una ligera mejoría, pero mis ansias por verla bien me tienen intranquilo. Conservarla a toda costa y no verla sufrir, es mi única ilusión de hoy. Yo en mi madre vio casi todo el aliciente del porvenir, para qué ya me los aplauda; parece que notó una gran influencia en mi dinamismo; no existo si no encuentro la más desinteresada alegría en mi madre y trabajar sin este santo cariño parece también que queda en el vacío, aparte de que mi madre no se limitó a darme el ser, sino que en mi desarrollo, en mi conducta, en mi patriotismo, en mi carrera, tuvo una gran influencia. Ella fue la propulsora de 1767 mi situación actual." . Todo quedó, en palabras de doña Carmen, en "un arrechucho". Fue en esos días, en que Varela no salió de su casa ni se separó de su madre, entre el 13 y el 15 de 1764 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 513, Memorias del viaje de estudios al extranjero. 1765 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 517, Memorias del viaje de estudios al extranjero. 1766 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 525, Memorias del viaje de estudios al extranjero. 1767 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 532, Memorias del viaje de estudios al extranjero Pemán, J. Mª, p. 95. 800 diciembre, cuando supo que no sería designado para el cargo de director de la Academia de Toledo. Durante su estancia en Puerto Real reflexionó sobre la situación en España y las dificultades de una transición de la Dictadura al régimen democrático, en una situación en que se han de reorganizar los partidos políticos y convocar elecciones. Esa labor, según él, ya no la puede desarrollar Primo de Rivera, y su partido, Unión Patriótica, no es un verdadero partido político, “nació muerto”; anota que la monarquía pierde partidarios, “nunca se trajo y se llevó tanto al Rey como hoy, y nunca para nada 1768 bueno” . Varela era un militar monárquico, pero el papel de Alfonso XIII durante la Dictadura le había decepcionado. Varela regresó a Alemania, saliendo de Puerto Real el 28 de diciembre, llegó a París el 31, y el 5 de enero de 1930 se desplazó a Berlín. Leyó con preocupación la noticia de que en España se había arrestado a un teniente coronel y a dos capitanes que pretendían recomponer las Juntas de Defensa. De nuevo, Varela se opone a ellas: “Supongo que este funesto síntoma no prosperará y yo, que estoy alejado de todo ello, tomaría parte activa en contra de tan peligrosa organización que en pasada época 1769 tanto nos perjudicó” . Varela escribe que en Alemania el Arma básica es la Infantería, e incluso, afirma, se rumorea que dada la debilidad en que ha quedado la Artillería tras el Tratado de Versalles, ésta acabe siendo absorbida por aquélla: “Desde luego el Infante es considerado en Alemania como las tropas de élite del Ejército, antes y después de la guerra: actualmente el culto se sigue rindiendo a la Infantería. Saco la consecuencia que más adelante desarrollaré, pero que en síntesis es ésta: la Infantería es el arma a la que todo alemán rinde mayor culto 1770 y admiración. La élite de los hombres sirven en la Infantería. Ayer y hoy” . El día 8 de enero de 1930 salió hacia Desde, el principal centro militar de Alemania. El programa de Dresde fue posiblemente el más interesante, porque Varela se apercibió de que los alemanes estaban revolucionando los métodos de combate con el uso del carro de combate combinado con una Infantería. Quizá por ello, conservó el 1771 programa de estudios y visitas que se le preparó . El programa inicial ya sabemos no 1768 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 535, Memorias del viaje de estudios al extranjero. 1769 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 536-537, Memorias del viaje de estudios al extranjero. 1770 Pemán, J. Mª, p. 96; debe recordarse que, según el Tratado de Versalles, Alemania no podía tener artillería pesada ni antiaérea. 1771 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 96, hoja de notas manuscritas; fol 97, notas manuscritas del programa de visita a Dresde. 801 pudo cumplirse porque Varela regresó precipitadamente a España por la enfermedad de 1772 1773 su madre . Según el nuevo programa , el 8 de enero de 1930 Varela, acompañado del comandante Togores, que le acompañaba a nivel particular, y del capitán Cisneros y el oficial Luna, que estaban aprendiendo alemán, salió de Berlín y llegó a Desde. Al día siguiente fue recogido por un oficial, el capitán de Infantería Wahle en el hotel Ruschin, y conducido a la Academia General Militar y Especial de Infantería, visitada por Franco Bahamonde en el verano de 1927, como parte de su preparación para asumir la 1774 dirección de la Academia General Militar , y presentado al General de brigada director del centro, y a varios profesores, y almorzó en la Academia. Se le explicó cómo funcionaba la institución, y estuvo visitando las dependencias de la misma. Se le enseñaron sistemas de alambradas, el fusil antitanque, el fusil ametrallador Maxim 7’7, la ametralladora pesada… Anotó que las armas pesadas de la Infantería eran de tracción hipomóvil. El día 10 asistió a la instrucción de la compañía de ametralladoras y a maniobras, prestando Varela mucha atención al uso del fusil ametrallador; Varela anotó que el alemán era un ejército derrotado y por ello despreciado por el pueblo, sobre todo por la izquierda: "lo admirable de este ejército es su estoicismo, pues habiendo perdido la guerra, sin perderla, habiendo sido antes la clase más privilegiada de la nación, hoy se le mira con prevención (labor socialista) y nadie le quiere (...). A pesar de ello, lo soportan todo, incluso humillaciones, pero saben esperar. Trabajando convencidos de que en un mañana el pueblo ha de pedirles olvido a los agravios y heroísmo para 1775 salvar a la Patria" . Precisamente por esa conciencia de derrotados y despreciados, los militares alemanes acogían con mucha amabilidad a los visitantes extranjeros: "Me han ofrecido un banquete en el comedor de gala de la Academia al que han asistido el General y todos los profesores y durante él, el ambiente ha sido de confianza y camaradería; todos son deseos de agradar y verdaderamente han estado muy amables conmigo. El General al preguntarme qué diferencia fundamental encontraba yo entre lo visto en el Ejército francés y el alemán, sobre todo en la infantería, que es en la que ellos tienen más fe para el futuro, me dijo que a su juicio la teoría alemana estaba más en lo firme. Desde luego, yo estimo que han filosofado más estos hombres sobre el combate, con mucha más 1776 perseverancia" . 1772 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 99-100, hojas de notas manuscritas. 1773 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 97-98, hojas de notas manuscritas. 1774 Rodríguez Jiménez, J.L., ¡A mí la Legión!, p. 238. 1775 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 543. Memorias de viaje de estudios al extranjero; Pemán, J. Mª, p. 94. 1776 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 540. Memorias de viaje de estudios al extranjero. 802 Sin embargo, no hay que olvidar que Varela era un oficial muy famoso, y que quizá la cortesía estaba nutrida de admiración, y que su prestigio y sus condecoraciones le abrieron las puertas. Varela fue consciente de la tenacidad alemana para su recuperación: "Falta que las tropas aliadas terminen la evacuación de Rhenania y del Sarre para qué Alemania, ya en libertad, dé su gran salto, y es mi juicio de pasados algunos años (no muchos) toda la política internacional ha de girar a su 1777 alrededor” . El día 11 de enero, con visita al cuartel del 10º Regimiento, y a la instrucción del er 1 Batallón de Cazadores a pie, tiro y telefonía; éste último día, sábado, a las 19:00 1778 horas, sería recibido por el general de división Von Stülpnagel en el casino del Regimiento, y Varela pensaba que en realidad se iba a dar una fiesta en el 10º 1779 Regimiento en su honor , pero en realidad este programa se aligeró, y sólo se realizaron las demostraciones de tiro y combate, y se almorzó en el hotel. El día 12 regresó a Berlín. El 13 de enero visitó el edificio de Industrias Militares, asistió a una sesión cinematográfica sobre combates de Infantería y la batalla de Tannenberg, algo que le pareció muy pedagógico, y se le obsequió con un banquete en su honor en el hotel Káiser Fünf. Varela estaba abrumado por las atenciones que recibía. También apunta en su diario sus opiniones sobre las mujeres alemanas, a las que juzgaba muy 1780 fuertes, inocentes y varoniles, y su recelo ante los judíos . El día 14 fue a Potsdam para visitar el 9º Regimiento de Infantería, donde se le mostró un ejercicio de persecución de tropas en huída. Visitó también el palacio de Sans Souci y las tumbas de los reyes de Prusia. El día 15 estuvo en el Ministerio de Defensa Nacional, anotando que trabajaban allí muchas mujeres, y que había severas medidas antiespionaje. Fue recibido por el Ministro, teniente general Von Grocuer, quien conocía la trayectoria de Varela, y le preguntó si iba a ser nombrado director de la Academia de Infantería. El día 16 pasó a la Academia de Artillería de Jüteborg, donde comprobó el material artillero permitido por el Tratado de Versalles: cañones de 7’7 y obuses de 10’5 cms, y baterías antiaéreas. y finalizaría el viaje. Se le mostraría en Berlín en secreto el nuevo “pistolón 1777 Pemán, J. Mª, p. 94-95. 1778 El general Von Stulpnägel participó en la invasión de la Unión Soviética, estuvo al mando de las tropas de ocupación en Francia, participó en la conspiración del atentado a Hitler del 20 de julio de 1944, y fue ejecutado cruelmente en agosto de ese mismo año. 1779 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 101-102, programa en alemán, mecanografiado; fol 103-104, traducción del mismo al francés, mecanografiado. 1780 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 545. Memorias de viaje de estudios al extranjero; pensaba que los judíos “aunque tengan magníficas condiciones, pero son gente sin entrañas”. 803 1781 ametrallador” , pistola pesada capaz de disparar breves ráfagas a corta distancia. Era un arma desarrollada violando el Tratado de Versalles, lo que demuestra la confianza mostrada por los alemanes a sus colegas españoles. En resumen, Varela estudió las nuevas líneas de despliegue que impone la ametralladora, así como la revalorización de la maniobra que supone el uso del carro de combate. Se da cuenta que las nuevas armas son asimiladas por las diversas Armas con cierta rivalidad: “los carros pesados son igualmente manejados por los oficiales que han cursado sus estudios en la Escuela (no 1782 es por tanto misión de los artilleros)” ; así como la importancia que seguía teniendo la Infantería en el combate moderno. El 17 de enero de 1930 regresó a París, y llegó a Madrid el 20 de enero, donde permaneció hasta finales de mes, visitado en esos días a la familia real. De este viaje se conserva un grupo de notas manuscritas, identificadas como de “letra de Beigbeder”, en el que se resume las condiciones de estudios y programas de la Academia de Infantería de Dresde, que el citado oficial pasó a Varela como estudio preliminar de lo que iba a ver, y que resumen esas charlas que ambos tuvieron a menudo 1783 en Berlín . Se detallan las diferentes academias militares alemanas: Infantería en Dresde, Caballería en Hannover, Artillería en Jüteborg, Ingenieros en Munich. Todos los oficiales cursan un año en la Academia General Militar de Dresde, de donde pasan a las Academias específicas de cada Arma. Se detalla el proceso de estudios; la composición de la Academia de Infantería de Dresde; el régimen interior y horarios. Del plan de estudios de la Academia de Infantería se destacaba el peso que tenía la parte práctica: “se dan 25 lecciones prácticas y 12 teóricas por semana. En cambio en la 1784 Academia General Militar se daban 22 teóricas y 15 prácticas” . Se detallaban también la composición de los exámenes. De especial interés tienen tres citas que bajo el epígrafe “Espíritu”, pretendían sintetizar la mentalidad del Ejército germano: “Cuanto menor es un ejército, más cuidadosamente escogidos deberán ser sus jefes. Por lo tanto, no deberán ser nombrados oficiales, más que personalidades de primer orden por todos conceptos”; “La instrucción no debe tender a acumular conocimientos, sino a preparar conductores de tropas”; “La enseñanza práctica de la Academia General Militar tiene por objeto, poner a los 1781 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 159: “Pistolón ametrallador, o sea una ametralladora que tira solo hasta corta distancia” (Letra de Beigbeder). ¡La he visto! (Letra de Varela, nota escrita a lápiz). 1782 Pemán, J. Mª, p. 96. 1783 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 106-136, notas manuscritas; se guardaban en un sobre, fol 104-105, donde se lee: “La Academia de Dresde. Varela”. 1784 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 121. 804 alumnos de las diversas Armas y Cuerpos, en condiciones de penetrarse perfectamente de las misiones de sus armas respectivas en provecho de la 1785 Infantería” . Debe recordarse que el Ejército alemán de 1929-1930 era la fuerza armada de la llamada República de Weimar, la cual estaba limitada por el Tratado de Versalles. Los militares alemanes se las ingeniaban para sus maniobras utilizando automóviles como si fueran carros de combate. Sin duda este espíritu de superación admiró e inspiró a los militares españoles, los cuales, como se aprecia en las cartas que recibía Varela, se quejaban de las privaciones que soportaban. Varela estudió la composición del Ejército alemán y su organización según los 1786 límites del Tratado de Versalles .También analizó, gracias a notas de su amigo Juan 1787 Beigbeder, la organización de la Infantería alemana , describiendo sus rasgos históricos, composición, armamento, con especial atención a los lanzaminas. Es posible que el doble desengaño de la ruptura de su noviazgo y de no verse nombrado director de la Academia, motivara que se enfrascara en un ambicioso plan de estudios y reflexiones militares, fruto de las cuales son una larga recopilación de textos y conferencias sobre la Gran Guerra y las diferentes campañas. En cualquier caso, los textos parecen corresponder a esta época, y le sitúan como un militar con vivo interés sobre las novedades introducidas durante la Gran Guerra, interesado especialmente en la 1788 táctica . En febrero recibió una nueva carta de Gómez Jordana, en la que éste comentaba la gravedad sufrida por su hija tras su parto, y le da muestras de afecto y 1789 consideración . En mayo de 1930 se le liquidaron a Varela los gastos del viaje. Fueron un total de 18.442’50 pesetas, la mitad del dinero le fue entregado en Madrid, y el resto remitido a Ceuta, donde estaba oficialmente en situación de disponible durante el viaje. Allí se lo 1790 cobró si amigo el coronel García Álvarez, el cual se lo remitió por giro postal . En su 1785 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 117, subrayado en el original. 1786 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 137-145. 1787 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 146-167, notas escritas por Beigbeder; fol 168-169, esquemas realizados por Varela. 1788 ACGJEVI, Carpeta 10, fol 39-64: Conquista de Rumanía; fol fol 103-150: La Guerra Mundial en el año 1918; fol 151-273: estudio incompleto y sin título sobre el asedio de Verdún; fol 274-331: Operaciones ewn el frente occidental durante el año 1915; fol 332-572: Conferencias sobre la Gran Guerra; fol 573- 588: Operaciones en el Frente Oriental en el año 1915; fol 589-657: estudio sobre la batalla de Verdún. 1789 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 175-176, carta manuscrita fechada el 10 de febrero de 1930, con membrete “El Alto Comisario y Jefe Superior de las fuerzas militares de Marruecos”, y firmada como “Jordana”. 1790 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 414-415, carta mecanografiada, fechada en Ceuta el 7 de mayo de 1930, membrete de “El Coronel Jefe de la Primera Media Brigada de Cazadores de Tetuán”. En la misma, 805 carta, García Álvarez le notificaba que se había disuelto la Brigada de Cazadores, dividiendo las fuerzas en tres Regimientos, uno para Melilla, otro para Tetuán, a las órdenes de Martínez Monje, y un tercero en Larache. El general Jordana había propuesto a García Álvarez para que mandara el de Melilla, y éste rogaba a Varela que “escribiera a quien V sabe con todo empeño, a fin de que no surja dificultad alguna”, pues en caso de no darle ese mando, quedaría en situación de disponible. 3.14.- La dimisión de Primo de Rivera y el Gobierno del general Berenguer. Durante el viaje del coronel Varela por Europa, la Dictadura de Primo de Rivera 1791 agonizó. Primo estaba muy enfermo de su diabetes, no se sometió a un régimen , sus discursos llegaron a ser incoherentes e incluso, en ocasiones, perdía el control sobre sí 1792 mismo . Los problemas económicos, aunque leves, con bajada de la peseta, subida de precios, importación de aceite de cacahuete, mala cosecha de cereal, en 1929, hicieron 1793 aumentar el malestar social y acrecentó la oposición al Régimen . La supresión de la Mancomunidad catalana había llevado a la Lliga de Cambó a la oposición, y el intervencionismo económico molestaba a los empresarios. Por otro lado, dentro de la CNT surgió la FAI (Federación Anarquista Ibérica) en el Grao de Valencia, que 1794 radicalizó progresivamente el anarquismo desde 1927 . Incluso el rey quería que Primo de Rivera abandonara, lo que llevó a éste a exclamar: “¡A mí no me borbonea 1795 nadie!” . Los socialistas comenzaron a despegarse del Dictador. La oposición estudiantil fue especialmente activa, y Primo de Rivera contestó clausurando la 1796 Universidad de Madrid, a la que siguieron otras . El proyecto de nueva constitución, elaborado por la ponencia de la Asamblea Nacional, presidida por José María Pemán, convertía al parlamento en un órgano García Álvarez le comentaba que estaba enfermo de reuma; fol 417, cuanta total de pagos; es significativo que se anoten las desviaciones monetarias producidas por el precio del oro, derivadas de la crisis económica. 1791Pese a la vigilancia de la familia, Primo de Rivera comía dulces a escondidas; Rodríguez Labandeira, J., España antes del odio, p. 309-310. 1792 En septiembre de 1929, Primo de Rivera, pronunciando un discurso en Barcelona, que no pudo acabar por agotamiento: Rubio Cabeza, M., Crónica de la Dictadura de Primo de Rivera, Sarpe, Madrid, 1986, p. 443-444. 1793 Rubio Cabeza, M., Crónica de la Dictadura de Primo de Rivera, Sarpe, Madrid, 1986, p. 436-437. 1794 Martínez Roda, F., Valencia y las Valencias. Su historia contemporánea, p. 390. 1795 Guzmán, E. de, 1930. Historia política de un año decisivo, Tebas, Madrid, 1973, p. 102. 1796 En el decreto por el que se clausuraba la Universidad de Oviedo, en la cual, se dice: “a merced de debilidad y tal vez de concomitancias, los estudiantes se habían constituido en club rebelde, dando mal ejemplo a otros sectores y perdiendo el tiempo, y con él todo derecho a seguir asistiendo a la Universidad”, Rubio Cabeza, M., Crónica de la Dictadura de Primo de Rivera, p. 510. 806 prácticamente sin capacidad legislativa, reforzando al Ejecutivo con un monarca asistido por un Consejo del Reino, en parte electivo. Este proyecto de nueva Constitución fue criticado, entre otros, por Romanones, Besteiro y Prieto. Debe recordarse que en esos días de otoño de 1929 era juzgado en consejo de guerra Sánchez Guerra, y absuelto. A principios de diciembre de 1929, en una comida en Lhardy, conocido restaurante de Madrid, celebrada con motivo del cuarto aniversario de su jura como ministros, y ofrecida por éstos a su presidente, Primo de Rivera planteó convocar elecciones, influido por Calvo Sotelo, quien defendía el retorno a la normalidad constitucional de 1876 a través de un proceso escalonado de elecciones, municipales, provinciales y generales. En este punto de las elecciones generales surgió la discusión, pues Primo de Rivera defendía establecer una sola Cámara. Calvo Sotelo le propuso entonces proceder a las elecciones según la Constitución, y como serían con toda probabilidad ganadas por la Unión Patriótica, se procedería, con ese refrendo electoral, a la reforma de la Constitución de 1876, unificando las deliberaciones en una sola 1797 Cámara, dejando que esta iniciativa partiera del poder legislativo . Pero Primo de Rivera no se atrevió a ceder el poder. Planteó entonces abandonarlo el 13 de septiembre de 1930, en el aniversario de su toma de poder. El 30 de diciembre de 1929, en el Consejo de Ministros, Primo de Rivera explicó el proceso. Se convocarían elecciones en tres fases: en una primera fase, elecciones municipales, luego provinciales, y por último a la Asamblea Nacional. El Gobierno nombraría a la mitad de nuevos cargos de ayuntamientos y diputaciones, siendo la otra mitad elegida por las corporaciones; en junio se crearía por Real Decreto un nuevo parlamento unicameral, la Asamblea Nacional, de 500 miembros, la mitad de la cual estaría formada por senadores, de elección corporativa, y la otra mitad por diputados, de elección por sufragio directo y universal. El 13 de septiembre de 1930 se configuraría este nuevo parlamento, con lo que el Gobierno de la Dictadura dimitiría y se establecería otro nuevo formado por miembros de la Asamblea. En los dos años siguientes se crearía un nuevo régimen, con una nueva constitución. Calvo Sotelo discutió el proceso, sobre todo en cuanto a formar una única Cámara, que le parecía violentar la Constitución de 1876, aún vigente, aunque 1797 Rodríguez Labandeira, J., España antes del odio, p. 288; Bullón de Mendoza, A., José Calvo Sotelo, Ariel, Barcelona, 2004, p. 224. 807 1798 suspendida . Primo de Rivera expuso este plan al rey al día siguiente, en un nuevo consejo de ministros. Pero a Alfonso XIII no le gustó esta iniciativa, que le suponía un recorte de sus poderes, y que le pareció retardaba demasiado las reformas, y propuso liberalizar la elección de los miembros de la Asamblea Nacional. Los días siguientes, el Dictador fue presa de gran indecisión, se resistía a dejar el poder, pero la consciente de la decadencia de la Dictadura y de su salud. La prensa hablaba de “volver a la normalidad” y restaurar la Constitución de 1876, buscando conocer la voluntad de la 1799 nación . Por otro lado, la peseta atravesaba una situación de crisis que agravaba la tensión. Rápidamente se organizó una oposición a la Dictadura, y ya en 1929 se creó un comité clandestino que buscó apoyos en el Ejército y los encontró entre los artilleros, los altos mandos, el Estado Mayor, y la Aviación los sectores más descontentos y opuestos a Primo de Rivera. Primo de Rivera también deseó reformar la Aviación, entonces un servicio del ejército de tierra. Se adquirieron aviones y licencias de fabricación en el extranjero, se organizó el cuerpo de pilotos y se propiciaron raids de largo recorrido, como el del vuelo del hidroavión Plus Ultra para Buenos Aires, del comandante Ramón Franco en 1800 1926 . El carácter de Ramón Franco le llevaron, tras el fracaso de su vuelta al mundo, a culpar del mismo a sus jefes de la aeronáutica, lo que provocó ser expedientado y expulsado de la Aviación. Ramón Franco intentó publicar un libro, Águilas y garras, que fue secuestrado en la imprenta, lo que llevó al autor a contactar con la Asociación Militar Republicana con tal vehemencia, que las autoridades militares lo dejaron disponible. En represalia, sus amigos, con el comandante Luis Romero Bassart al frente, crearon un activo grupo republicano en Aviación. Estaba clara la decadencia de la Dictadura, el rey intentaba alejarse de ella, y la oposición militar aumentaba. Ramón Franco y otros oficiales se integraron la Asociación Militar Republicana 1801 (AMR) que pronto gozó del apoyo de muchos oficiales jóvenes de la Artillería, la Intendencia y la Aviación. Ya se ha comentado que su heterogeneidad ideológica, y el 1798 Bullón de Mendoza, A., José Calvo Sotelo, Ariel, Barcelona, 2004, p. 225-226. 1799 Rubio Cabeza, M., Crónica de la Dictadura de Primo de Rivera, p.556-565, recoge las críticas al proyecto legislativo de Primo de Rivera con las opiniones de Sánchez de Toca, conde de Bugallal, Romanones Lerroux, La Correspondencia Militar, Alcalá Zamora… 1800 Garriga, R., Ramón Franco, el hermano maldito. Apogeo y decadencia de una familia, Planeta, Barcelona, 1978. Ramón Franco nació el 2 de febrero de 1896, ingresó en la Academia de Infantería de Toledo el 28 de agosto de 1911, pasando a Aviación en febrero de 1920. En marzo de 1921, como capitán de Regulares en Aviación, comenzó a hacerse famoso con sus proezas aeronáuticas. 1801 Alía Miranda afirma que sus creadores fueron Queipo de Llano y López de Ochoa: Alía Miranda, F., Duelo de sables, p. 209. 808 hecho de que muchos de sus afiliados lo fueran por motivos personales contra la 1802 Dictadura y no por convicción, la hizo inoperante . El arma de Caballería, dada su extracción social y sus vínculos con el monarca, se mantuvo en general fiel a la monarquía. Como la AMR pareciera poco activa, un grupo de oficiales fundó en 1929 la Unión Militar Republicana (UMR), de carácter más extremista. Sus creadores, ya se ha comentado, fueron los capitanes de Artillería Felipe Díaz Sandino, Arturo Menéndez y Pedro Fuentes. Fueron afiliados suyos los comandantes Romero Basart, Ortiz y 1803 Hernández Saravia, o el capitán Pedro Romero. El también capitán Fermín Galán pasó a esta organización desde la AMR, así como García Hernández, Páramos y Bayo. La mayoría de sus miembros eran jóvenes provenientes de Artillería o Aviación, y también tuvo un sector procedente de la Armada; en suma, de los Cuerpos que se consideraban más perjudicados por la Dictadura. A comienzos de 1930, la conspiración, liderada el gobernador militar de Cádiz, 1804 Manuel Goded, gran organizador , buscó apoyos en las guarniciones de Málaga y Granada. Goded defendía el llamado "progresismo patriótico". La rama civil de la conspiración eran liberales moderados que deseaban la convocatoria de Cortes Constituyentes, o la retirada del Dictador. Para evitar que el Dictador pudiera llamar en su auxilio a las tropas de élite de Marruecos, Goded buscó el apoyo de la Marina, para que bloqueara el estrecho. Pero la Marina no se comprometió. El 25 de enero de 1930, el Dictador celebró una rueda de prensa ante la violenta caída de la peseta en los mercados internacionales, que habían provocado la salida del 1805 Gobierno de Calvo Sotelo . En ese momento los periodistas le preguntaron por la 1806 lealtad de Goded, a lo que Primo de Rivera contestó que confiaba plenamente en él . 1802 Busquets, J., Losada, J.C., Ruido de sables. Las conspiraciones militares en la España del siglo XX, Barcelona, Crítica, 2003, p. 37. 1803 Según el rumor tradicional en el Ejército, Fermín Galán se republicanizó por serle negada una recompensa en África durante la Dictadura de Primo de Rivera: Iniesta Cano, C., Memorias y recuerdos, p. 36. 1804 Maura, M., Así cayó Alfonso XIII, p. 29. Para Maura, la conspiración era obra de un grupo de militares jóvenes: “Unos eran republicanos, los menos; otros, simplemente militares y, los demás, sencillamente locos. La cabeza suprema de toda esta parranda, decían ellos, era el general Goded…”. Entre estos conspiradores cita al comandante Ramón Franco, al comandante Sandino y al capitán Menéndez. Ramón Franco sería nombrado Director General de Aeronáutica una vez proclamada la República, para ser cesado poco después. La jefatura de Goded en la conspiración le fue ofrecida a éste por el político Burgos y Mazo: Cabanellas, G., Preludio a la Guerra Civil. Cuatro generales, p. 147. 1805 Rodríguez Labandeira, J., España antes del odio, p. 296; Bullón de Mendoza, A., José Calvo Sotelo, Ariel, Barcelona, 2004, p. 227-229. 1806 Al serle preguntado, Primo de Rivera dijo de que acaudillara la rebelión: “¡Nada más disparatado! Goded es uno de los más prestigiosos generales de nuestro Ejército, con porvenir más amplio; porque es 809 Pero Primo de Rivera quedó intrigado, y decidió entonces sondear a los altos jefes militares sobre su apoyo al régimen. El 26 de enero de 1930, publicó en prensa un manifiesto. Afirmaba que “la dictadura advino por la proclamación de los militares, a mi parecer interpretando sanos deseos del pueblo, que no tardó en demostrarle su entusiasta adhesión”; pero como era difícil conocer el deseo del pueblo de forma inmediata, pedía a los diez capitanes generales, al jefe superior de las fuerzas de – Marruecos, a los tres capitanes generales de los Departamentos Marítimos, y a los directores de la Guardia Civil, Carabineros e Inválidos, que consultaran a sus jefes y oficiales sobre su apoyo o rechazo a la Dictadura, y que una vez recabada esta discreta encuesta, se le comunicara. Con una enorme sinceridad, Primo afirmaba que si no tenía el apoyo del Ejército que le había instalado en el poder, dimitiría y devolvería los 1807 poderes al rey . Don Alfonso llamó inmediatamente a palacio a Primo de Rivera; le recordó que la nación no se componía sólo de militares, que también él debía ser consultado como rey de España. Primo de Rivera se manifestó enfermo y cansado, y afirmó que su propósito era el que el manifiesto afirmaba: conocer si gozaba del respaldo de sus compañeros de armas. Las respuestas, siendo positivas hacia el Dictador, no fueron entusiastas. El general Barrera, a la sazón capitán general de la IV Región Militar, le contestó diciendo que tenía su apoyo y el de sus oficiales, pero que, manteniéndose la subordinación, constataba el malestar del Ejército a causa de la cuestión artillera y el mantenimiento de los ascensos por elección, en los que muchos piensan que no se es justo e imparcial al concederlos; después añadía que “esta exploración tiene los visos de otro golpe de Estado”, porque si no contaba con el apoyo militar, ¿a quién iba a entregar el poder?, y le preguntaba si se contaba con el rey. Si tenía el apoyo del rey, la consulta era inútil, pues el Ejército no debe ser consultado, pues ello supone involucrarlo en política. Si se tiene el apoyo del rey, la Dictadura debe seguir, y el Ejército obedecerá; en caso contrario, “prepárese la vuelta a la normalidad 1808 con hombres escogidos que realicen la labor necesaria para implantarla” . De alguna manera, la consulta se interpretó como una consulta para dar un nuevo golpe de 1809 Estado . En principio, Primo de Rivera pensó en seguir, pero tras consultarlo con su de los más jóvenes y tiene una disciplina y una idea del cumplimiento de su deber bastante más exacta de lo que alguien supone”, Cabanellas, G., Preludio a la Guerra Civil. Cuatro generales, p. 147-148. 1807 Maura Gamazo, G., Al servicio de la historia, t II, p. 333-334; Berenguer, D., De la Dictadura a la República, Plus Ultra, Madrid, 1946, p. 14. 1808 Milego, J., El general Barrera, p. 96-101. 1809 Berenguer, D., De la Dictadura a la República, p. 28. 810 vicepresidente Martínez Anido, decidió dimitir, y así se lo comunicó al rey, pero sin fijar la fecha. Mientras tanto, los conjurados seguían adelante. El 27 de enero de 1930, Ramón Franco y otros oficiales de Aviación se entrevistaron con Goded para instarle a la acción, y a la inclusión en la conspiración de los civiles. Pero Goded temía que la insurrección fuera seguida de un movimiento popular que se le escapara de las manos, y también deseaba el apoyo de la Infantería. En 1930 el capitán general de Sevilla, del que dependía la gobernación militar de Cádiz, era don Carlos de Borbón, tío del rey. Conocedor de la conspiración, don Carlos escribió a su sobrino el 26 de enero, y en la mañana del 28 de enero envió a su hijo a Madrid con un mensaje para el monarca: la conspiración no era contra la monarquía, pero en ella tenían gran importancia los elementos izquierdistas. En consecuencia, Alfonso XIII comprendió que debía forzar la salida del Dictador. Envió al ministro de Obras Públicas, el conde de los Andes, para que presionara a Primo de Rivera y obtuviera su renuncia. A las pocas horas, Primo de Rivera, sintiendo perdido el apoyo del rey y del Ejército, decidió dimitir. Se reunió el consejo de ministros y se anunció el cese del Gobierno. Esa misma noche, Alfonso XIII encargaba formar gobierno al general Dámaso Berenguer. El 29 de enero de 1930 se anunció su dimisión. En su manifiesto de despedida, Primo de Rivera afirmaba y pensaba que España aún necesitaba de la Dictadura, aconsejada por algún tipo de órgano representativo. El general permaneció en España hasta principios de febrero, en que pasó a Francia, después de haber solicitado permiso. Se despidió del monarca el 8 de febrero, cuando le visitó para cumplimentarle junto a una comisión de heridos de la guerra de África. Pasó por Barcelona, donde habló con los generales Barrera, Vives y Milans del Bosch. Murió en París unas semanas después, el 16 de marzo. El general Sanjurjo solicitó el honor de ir a París para traer y escoltar el cadáver. Se le rindieron honores de capitán general con mando en plaza. No deja de ser curioso, que cuando los restos del general Primo de Rivera fueron 1810 definitivamente enterrados , el entonces ya general Varela, Alto Comisario de Marruecos, solicitara al Gobierno de Franco el 16 de mayo de 1947 que concediera al que fue Dictador, y que tanto entorpeció su carrera militar, el ascenso a Capitán General. Esta petición fue atendida y aprobada el 21 de mayo por el Consejo de 1810 El cadáver del general Miguel Primo de Rivera fue traído a España y enterrado en el cementerio de San Isidro de Madrid, siendo profanado durante la Guerra Civil, y después trasladado a la iglesia de la Merced, en Jerez de la Frontera 811 Ministros. Al día siguiente, Varela recibe un telegrama agradecido y emocionado del 1811 hijo del Dictador, Miguel Primo de Rivera . Pese a sus encontronazos, Varela lamentó sinceramente la muerte del dictador. Estuvo en desacuerdo con él por la retirada de Marruecos, pero supo rectificar y conducir al país a la victoria con el desembarco de Alhucemas: “Se le debe, pues, haber restablecido el prestigio del Ejército que tenía sobre sus espaldas el desastre del 21 y la retirada por él impuesta; pero lavó y borró esta página funesta con su actuación gloriosa, que él mismo dirigió (…) afirmo que ha desaparecido un gran patriota y un buen soldado de España. Ha muerto el Presidente indiscutiblemente por su enfermedad física y moral, la primera como consecuencia de la segunda. Fue un hombre de buena fe, las ingratitudes 1812 le mataron” . En su Diario del Viaje de estudios, Varela anota que Berenguer ha decretado honores de Capitán General a Primo de Rivera; aquél le debía a éste la amnistía, y así se demuestran los agradecimientos. Sin duda, la Dictadura de Primo de Rivera fue un régimen peculiar. El régimen gozó de apoyo popular porque no fue una dictadura implacable que chocara en el ambiente liberal; porque los conflictos sociales se habían suavizado; porque solucionó el problema marroquí. Sin embargo, no logró su otro gran objetivo, la estabilidad política. El régimen vivió un periodo de prosperidad, fruto del esfuerzo anterior, de la coyuntura internacional y de sus propias iniciativas: Obras Públicas, estabilización de la deuda nacional, monopolio del petróleo (CAMPSA), comités laborales paritarios, etc. Pero la Dictadura destruyó la red caciquil de la monarquía constitucional. Este régimen nacido en la Restauración había sido el más fecundo de la España contemporánea, porque había sabido estabilizar el sistema liberal. Los socialistas guardaron un buen recuerdo de la etapa de la Dictadura, con la que colaboraron, porque les permitió crecer y reforzar a su sindicato UGT. Como dijo Burgos y Mazo, lo mejor de la dictadura había sido el propio dictador. 3.14.1.- Los intentos de reconciliación de la monarquía con los militares. En 1930, el rey intentaba volver al régimen constitucional, pero era difícil. Los partidos políticos dinásticos habían desaparecido, los viejos políticos estaban irritados con el rey. Era necesario iniciar una liberalización gradual. Para ello, Alfonso XIII pensó en un militar se ejerciera en principio el poder por Decreto, y que paulatinamente 1811 Pemán, J.Mª, p. 85 1812 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 554. Memorias de viaje de estudios al extranjero. 812 volviera a la Constitución de 1876. Primo de Rivera propuso al rey para este cargo a su vicepresidente, Martínez Anido, al general Emilio Barrera, capitán general de Barcelona y africanista, o al general Dámaso Berenguer, jefe de la Casa Militar del monarca desde 1927. Alfonso XIII eligió a Berenguer, hombre de reputación liberal que había sido castigado por la Dictadura, y que tenía contactos en amplios sectores políticos y sociales, pero que no tenía experiencia política. Varela escribió en sus Memorias: "compadezco su situación y el camino de ingratitud es que empieza a recorrer". Formó un gobierno con sólo dos ministros militares (Marina y Gobernación) disolvió la Asamblea Nacional y convocó elecciones municipales para el 5 de febrero. Por el general Bazán, director general de Seguridad del anterior ministro de Gobernación de la Dictadura, Martínez Anido, supo que la conspiración militar, que pensaba realizar la sublevación el 31 de enero, había suspendido sus actividades hasta conocer las 1813 intenciones del nuevo Gobierno . El día 30 de enero de 1930, Berenguer se reunió en el palacio de Liria, en Madrid, con el duque de Alba, Francisco Cambó, Leopoldo Matos y Gabriel Maura, que pocos meses después sería hecho duque de Maura en atención a los servicios prestados por su padre, Antonio Maura. El duque de Alba sería ministro de Instrucción 1814 Pública , y Matos de Fomento. El objetivo era conseguir que Cambó aceptara la cartera de Hacienda, cosa que no se consiguió. Uno de los factores que más pesaron en aquella reunión, eran los rumores sobre un golpe de Estado militar, que había sido de momento congelado, “pero que ponía de manifiesto el profundo disgusto y malestar que imperaba en el Ejército, dando ocasión a los rumores y propagandas más 1815 fantásticas” . El descontento del Ejército era uno de los motivos por los que se pensaba que el Gobierno iba a fracasar, por lo que Berenguer decidió contrarrestarlo. Berenguer asumió, junto con la Presidencia, la cartera de Guerra. Goded fue nombrado subsecretario de Guerra, pero él siguió trabajando a favor de los 1813 Berenguer, D., De la Dictadura a la República, p. 50. Bazán le entregó un informe sobre la actividad de los partidos políticos y sindicatos: sobre los socialistas, afirmaba que “no sólo no significaban en el momento actual peligro para el orden, sino garantía de él”, por su colaboración con la Dictadura; destacaba la radicalización del anarquismo en la FAI, la desorientación y falta de unidad de los partidos políticos, siendo los principales un sector monárquico dirigido por Miguel Villanueva, testaferro de Sánchez Guerra, cuya base de “organización y desenvolvimiento [es] la actuación del Cuerpo de Artillería”, y el Partido Republicano Radical Socialista; p. 51-54. Sin embargo, el PSOE cambió radicalmente su actitud, y comenzó a mostrarse “huraño y desconfiado, dejando traslucir su subordinación a consignas internacionales, su marxismo y su enemiga a la Monarquía”., p. 77. 1814 Lo fue hasta el 22 de febrero, en que fue nombrado ministro de Estado, sustituyéndole Elías Tormo como ministro de Instrucción Pública. 1815 Berenguer, D., De la Dictadura a la República, p. 58. 813 1816 conspiradores . El ministro de Gobernación fue el general Enrique Marzo, que carecía de energía. El general de brigada Emilio Mola fue designado Director General de Seguridad, para mantener el orden. Mola era de familia de tradición militar, persona profesional y de rígidas costumbres, apodado "el prusiano" en la Academia. Era un competente jefe militar y que había ganado ascensos por méritos de. Su ideario político era el "progresismo político", ideario común entre los oficiales de su época. Para Mola, los principales factores desestabilizadores del régimen eran los anarquistas y los militares descontentos, sobre todo éstos últimos, por la posibilidad de llegar a un acuerdo con los políticos republicanos. El Ejército estaba profundamente dividido, y ni siquiera un Cuerpo que había demostrado su solidez interna, se libraba de ello. El 10 de diciembre de 1929, el general de brigada procedente de Artillería, Ramón Rexach Medina, redactó una encuesta que 1817 repartió a varios compañeros para que la contestaran. En el texto , Rexach afirmaba sentirse inquieto ante la descomposición del Cuerpo artillero, en el que hay que recuperar el orden y la disciplina, resucitar el compañerismo, contener los odios y las represalias. En el momento actual, 1930, corrían rumores en los que se basaban acusaciones; se rehuía el saludo a los compañeros considerados contrarios. “No queda, pues, ni sombras de respeto a las jerarquías, y excusado es decir las dificultades de todas las horas para el ejercicio del mando, la insubordinación latente, la falta de colaboración, la carencia de unidad de miras y de satisfacción interior que de ello se sigue”. Asevera que los elementos extremistas han actuado en los últimos tres años sin ningún freno, valiéndose de la coacción del compañerismo o la amistad. Considera que la protesta ha sido excesiva, al llegar a la insubordinación, y que el uso de la fuerza no está justificado por el hecho de que la Dictadura se impusiera por la fuerza. Hay que reconocer el sometimiento de la milicia al poder público, y buscar soluciones de olvido y perdón. Por último pedía que aquellos que estuvieran de acuerdo con sus ideas, le devolvieran una papeleta firmada; se desconoce el éxito de sus ideas entre sus compañeros, pero muestran que el Cuerpo estaba dividido, y la disciplina muy quebrantada. 1816 La confianza en Goded era tal, que cuando Berenguer dimitió, le propuso como nuevo ministro de la Guerra del futuro Gobierno del almirante Aznar. 1817 Serrano de Pablo Jiménez, L., Contribución a la Historia del Cuerpo de Artillería, Madrid, 1983, p. 180-191. 814 Berenguer, buscando calmar los ánimos, eliminó algunas de las reformas militares impulsadas por la Dictadura. Emitió una amplia amnistía el 5 de febrero de 1930, con lo que se liquidó la situación anormal en que se encontraban muchos mandos de la Artillería, y se liberó a condenados y presos por razones políticas. El 6 de febrero se reintegraron al servicio veintinueve altos jefes militares navales que Primo de Rivera había obligado a retirarse el año anterior. En ese mismo decreto se amnistió a los militares encausados por motivos políticos pero incomprensiblemente dejó fuera a los generales, por lo que éstos siguieron conspirando. Uno de los militares amnistiados fue 1818 Segundo García, siendo rehabilitado y reingresado en el Ejército . Sin embargo, estas medidas no reconciliaron a los militares con el régimen. Ese mismo mes se establece por decreto la sustitución de ayuntamientos y diputaciones nombrados por la Dictadura, hasta que se puedan realizar elecciones municipales. Se nombraron nuevos gobernadores civiles, y se anunciaron próximas reformas para retornar a la normalidad constitucional. El gobierno quiso reconciliarse con la Artillería, y Alfonso XIII en un discurso prometió reparar las irregularidades. Un decreto del 15 de febrero reimplantó el escalafón cerrado y se revocaron casi todos los cambios introducidos por Primo de Rivera. Estos cambios perjudicaron a los recién ascendidos jefes de la Artillería, pero se esperaba así contentar al Arma en su conjunto, y apartarlo de las conspiraciones. Los artilleros en efecto dejaron de conspirar momentáneamente, desilusionando así a los civiles conspiradores, y demostrando que sus reivindicaciones eran profesionales y corporativas. Sobre esto, Varela se hizo eco con un dejo de ironía: “…y cuando la mayoría se había alejado del campo monárquico, un sencillo R.D. que modifica en parte lo que hizo Primo de Rivera, les hace variar y adoptan la actitud del italiano 1819 ¡Bravo!!” . Pero la UMR seguía creciendo. El Gobierno intentó atraerse a los descontentos. Mola se encontró con que carecía de medios para imponer el orden, mientras las huelgas y las protestas aumentaban, con la colaboración de los socialistas, cuyas fuerza había aumentado por la protección que habían gozado bajo la Dictadura. Mola no utilizó en exceso la fuerza 1818 García de la Fuente, O., El general Laureado Segundo García, Málaga, 1997, p. 129-133. 1819 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 560, Memorias del Viaje de estudios al extranjero, anotación del 14 de diciembre de 1930, tras el fusilamiento de Galán y García Hernández. 815 para reprimir las conspiraciones, a pesar de lo que dijeran de él sus enemigos. Mola recorrió el país para conocer las opiniones de los oficiales descontentos y descubrir conspiraciones. Uno de estos conspiradores que al general Gonzalo Queipo de Llano, que abogaba abiertamente por la República quizá por rencor por haber sido castigado por Primo de Rivera. Su alto grado le convirtió en jefe nominal de la AMR. Queipo había sido ostracitado por Primo de Rivera en 1926 por sus críticas a la Unión Patriótica, y el 31 de marzo de 1928 fue relegado a la Reserva por su actividad política. En 1930 la policía no se atrevió a detenerle y a poner fin a sus actividades. Mola montó una buena red de información y buscó la colaboración de los africanistas republicanos: Ramón Franco, los hermanos Burguete, hijos del general del mismo nombre, Alejandro Sancho, éste ligado a la radicalizada FAI. Pero estos republicanos le rechazaron, porque la lucha ahora era totalmente política, por encima de la tradicional hermandad militar. A finales de mayo de 1930, Mola recibió una nota reservada de un confidente, en la que resumía sus averiguaciones. Casi la totalidad del Cuerpo de Artillería, buena parte de los Ingenieros, y jefes y oficiales de todas las Armas, incluidos Carabineros y Guardia Civil, conspiraban contra la monarquía, por considerarla una continuación de la Dictadura. Entre los nombres de los conspiradores estaban los generales “Pancho” Aguilera, Miguel Cabanellas, Artiñano, Queipo de Llano, López de Ochoa, García Moreno, Riquelme, resentido por haber sido pasado a la reserva tras sus servicios en Marruecos, y el aviador Ramón Franco, así como al capitán de corbeta Ángel Rizo; a éstos han de unirse otros oficiales de menor graduación y 1820 renombre . Casi todos aviadores o artilleros. Rexach, Ortiz, Camacho, Díaz Sandino, Menéndez, los africanistas Fermín Galán y Alejandro Sancho. Si bien la mayoría del Ejército se mantenía apartada de la política, no faltaban los descontentos. En julio de 1930 hubo protestas de las clases o suboficiales de las escalas de reserva pidiendo aumento de sueldo. Berenguer intentó mejorar las condiciones económicas de los militares, aprovechando el ahorro que suponía la repatriación del Ejército de África, pero era muy complicado con el presupuesto con que se contaba. Los oficiales compensaban sus bajos sueldos trabajando en otros empleos que obtenían en la Administración Pública de la Dictadura por “enchufe”, normalmente en Patronatos, delegaciones, consorcios, inspecciones... Pero al acabar la Dictadura y desmantelarse el entramado burocrático establecido, muchos de estos empleos extras 1820 Mola Vidal. E., Lo que yo supe… en Obras Completas, Santarén, Valladolid, 1940, p. 349-350. 816 desaparecieron, con lo que dichos oficiales perdieron esos puestos, y aumentó el 1821 malestar . La tensión persistía en el Cuerpo de Artillería. Mientras que los ascendidos en la primera parte de la Guerra de Marruecos habían renunciado a sus ascensos, siguiendo la tradición del Arma, los premiados en la segunda fase no lo habían hecho, amparados en la legislación de la Dictadura, que les impedía renunciar al ascenso. Muchos de los jefes de la Artillería se sentían dolidos por el maltrato sufrido durante la Dictadura o por la incomprensión de la sociedad hacia sus problemas. Por otro lado, las luchas sostenidas por el Cuerpo habían mermado la disciplina. En esta línea, en julio de 1930 el general Manuel Junquera, jefe de la Sección del Arma de Artillería, reclamó a través de una circular que se olvidaran los rencores y se levantara el ostracismo que había caído sobre oficiales del Arma que, por disciplina, obraron conforme a las órdenes del Gobierno y no a las establecidas por la mayoría de 1822 artilleros . El 17 de agosto se celebró en San Sebastián una reunión de personalidades de adscripción republicana, de donde salió un pacto para actuar contra el régimen 1823 monárquico a través de una Junta o Comité Revolucionario . Se acordó llegar a un entendimiento con la Unión Militar Republicana, creando un Comité Militar, encomendado a Lerroux, el cual, según sus palabras, se encontró con muchos ceros, 1824 pero ninguna unidad: ni un regimiento, ni una división . Este Comité Militar debía actuar como auxiliar del Comité Revolucionario republicano. Estaba compuesto por dos generales, López de Ochoa y Queipo de Llano, seis jefes (coronel García, tenientes coroneles de Artillería Muñoz, de Infantería López Bravo, comandantes de Caballería Lizarza y Jiménez Orge, de Infantería Fuentes, de Aviación Franco) y cinco capitanes (de Caballería, Aiza, de Intendencia, Valdivia y Ordiales, de Aviación Díaz Sandino y 1821 Berenguer, D., De la Dictadura a la República, p. 224-226. 1822 Serrano de Pablo Jiménez, L., Contribución a la Historia del Cuerpo de Artillería, Madrid, 1983, p. 193-196. 1823 Participaron, por la Derecha Liberal Republicana, Alcalá Zamora y Miguel Maura; por el Partido Radical-Socialista. Marcelino Domingo, Álvaro de Albornoz y Ángel Galarza; por el Partido Republicano Radical, Lerroux; por Acción Republicana, Manuel Azaña; por Acció Catalana, Carrasco Formiguera; por Acció Republicana de Cataluña, Matías Mallol; por Estat Català, Ayguadé; por la Organización Republicaba Gallega Autonomista. Casares Quiroga. Además estuvieron presentes a título particular, Prieto, Sánchez Román, Fernando de los Ríos y Eduardo Ortega y Gasset. 1824 Rodríguez Labandeira, J., España antes del odio, p.327-328; Lerroux, A., La pequeña historia, p 64 817 1825 Fuentes . La UMR extendió sus contactos hacia los republicanos, socialistas y anarquistas. Los capitanes Felipe Díaz Sandino y Arturo Menéndez, ambos de Aviación fueron nombrados enlaces entre la UMR y la Junta Revolucionaria. Otros militares implicados en la conspiración y cercanos a Alcalá Zamora eran el comandante de 1826 Artillería Hernández Saravia, el capitán de Artillería Carlos Azcárraga Montesinos , 1827 el del mismo empleo y Arma Pedro Romero , los comandantes de Infantería Ramón Arronte y Gundemaro Palazón, el teniente coronel de Infantería Luis Trucharte, el comandante de Aviación Luis Riaño, el comandante de Caballería Alfredo Jiménez Orge, y otros oficiales, antiguos ayudantes de Alcalá Zamora en sus etapas de ministro 1828 y subsecretario, como Legórburu o Mateo Campo . Destacaban los aviadores, como Ricardo Burguete, hijo del general Burguete. La Junta Revolucionaria mantuvo negociaciones con la Artillería a través del coronel Herminio Redondo Tejero, que ascendería a general de brigada en abril de 1931. Los dos núcleos de la conspiración en Artillería eran Segovia y Cádiz; en ésta última ciudad, estaba el comandante Iriarte, ya condenado por la conspiración de 1926, y que sería nombrado ayudante de órdenes del presidente de la República Alcalá Zamora. Otra Arma conspiratoria era la de Ingenieros, sobre todo entre los oficiales jóvenes. La Caballería se mantenía fiel a la monarquía, con muy pocas excepciones. La Infanterías estaba muy dividida: había regimientos comprometidos en Madrid y Asturias, y un batallón en Valencia con el coronel Joaquín Tirado; el resto eran grupos 1829 dispersos en Andalucía, Barcelona y Jaca . Los directores de la conspiración eran Queipo de Llano, José Riquelme, ambos enfrentados desde la retirada de Xauen en 1924, y Miguel Cabanellas. La necesidad de contactar con militares con mandos efectivos llevó a Alcalá Zamora a entrevistarse con el coronel Varela, entonces al 1830 mando del Regimiento de Cádiz, pero según sus memorias, no le convenció . En 1825 Guzmán, Eduardo de,: 1930. Un año decisivo, p. 366. En algunas fuentes, Díaz Sandino es mencionado como comandante. 1826 Moriría en el Cuartel de la Montaña, en Madrid, en julio de 1936. 1827 Adscrito a Acción Republicana, partido del cual fue diputado en 1931. 1828 Alcalá Zamora, N., Los diarios robados del presidente de la Segunda República. La Victoria republicana, La Esfera de los Libros, Madrid, 2012, p. 90-93. 1829 Alcalá Zamora, N., Los diarios robados del presidente de la Segunda República. La Victoria republicana, La Esfera de los Libros, Madrid, 2012, p. 109-112. 1830 Alcalá Zamora, N., Los diarios robados del presidente de la Segunda República. La Victoria republicana, La Esfera de los Libros, Madrid, 2012, p. 115-116. En el Archivo de Varela no se encuentra nada relativo a estos contactos. Alcalá Zamora, N. Memorias, Planeta, Barcelona, 1977, p. 140: “Más todavía extrañará saber que hubo negociaciones muy largas y llevadas directamente por mí con el entonces joven coronel Varela, el mismo que luego fue general con Franco y aun ministro de la Guerra. 818 cambio, los republicanos consiguieron sumar a sus filas a los generales Miguel Núñez 1831 de Prado y José Fernández de Villa-Abrille . Es remarcable que casi todos estos oficiales ligados a la Junta o Comité Revolucionario, y posteriormente favorecidos por la República, permanecieron fieles al gobierno del Frente Popular ella en julio de 1936. Junto a esta conjunción de militares que podemos calificar de moderados con los republicanos, existía otro núcleo de militares, jóvenes, más radicalizados, entre los que destacaban los comandantes de Aviación Ramón Franco y Romero, el capitán de Ingenieros Alejandro Sancho, y los oficiales Díaz Sandino y Lacacy, que en septiembre se reunieron con representantes del Comité Nacional de la CNT para preparar un movimiento revolucionario que derribara a la Monarquía, apoyando al golpe republicano. Se averiguó que Ramón Franco estaba intentando comprar armas en Francia, y otros militares, en fábricas de Guipúzcoa. Miguel Maura desconfiaba de ellos: “Nunca se sabía lo que pensaban o planeaban, ni con quién había que entenderse ni de quién fiarse”. Para Maura, su único objetivo era promover la revolución para 1832 desbordar al movimiento republicano e instaurar el anarquismo libertario . Se habló de dar el golpe a finales de octubre, aprovechando el licenciamiento de la quinta, pues se desconfiaba de los sentimientos monárquicos de los soldados veteranos. Para el caso de que parte del Ejército se mantuviera al lado del rey, se habían dispuesto muchos uniformes militares, con los que se uniformarían revolucionarios para mezclarse con las tropas, aleccionarlas y arrastrarlas a la revuelta. Los comunistas y anarquistas exigieron, para su participación, legalización de sus grupos, reformas económico-sociales, y disolución de los Somatenes y de los Sindicatos Libres y 1833 Católicos . Nos interesaba mucho decidir su evidente inclinación que conocíamos, pues además de su ascendiente personal, si contábamos con el regimiento de su mando, que era el de la base naval de Cádiz, se lograba la posesión sin resistencia de tal plaza, de situación y significado tradicional muy singulares, donde ya nos era adicto el de artillería de costa, cuya oficialidad casi toda había desfilado en secreto ante mí cuando en septiembre regresé de Canarias. Quedó Varela citado conmigo para reunirnos una mediua noche de octubre en la carretera de Córdoba a Écija, y aunque los dos concurrimos puntuales, faltó poco para no reunirnos, ya que él, a fin de despistar una posible vigilancia,varió su itinerario sin advertírmelo (…) Este hombre, de tanta decisión en su vida militar, mostróse muy irresoluto para fijar la actitud política. No se resolvió aquella noche, ni tampoco en continuada correspondencia que seguimos, ya directamente, ya a través de un amigo común, el que fue diputado socialista evolutivo doctor Mouriz (…) Vaciló siempre Varela entre su oposición a la dictadura regia y su tenor a una alianza nuestra con el comunismo, del cual estuvo tan distanciado y aun en lucha en gobierno provisional, y por cuya influencia iba él a hacer tanto, sin darse cuenta, a partir de 1936”. 1831 Alcalá Zamora, N. Memorias, Planeta, Barcelona, 1977, p. 140. 1832 Maura, M., Así cayó Alfonso XIII, p. 101. 1833 Mola Vidal. E., Lo que yo supe… en Obras Completas, Santarén, Valladolid, 1940, p. 393-394. Sobre la formación y organización de estas fuerzas, Rey Reguillo, F. del, Propietarios y Patronos. La política 819 Mola transmitió esta información a Berenguer, pero éste se resistía a creer que después de todo lo que se había cedido y reparado desde el Gobierno, no se cerraran las heridas ni se apaciguaran los rencores, limitándose a establecer algunas sanciones de 1834 poco relieve en los casos más flagrantes . Para Berenguer, dentro del Ejército no existían suficientes contrarios como para hacer peligrar el régimen. Pero tras “el pugilato”, como lo llamaba Primo de Rivera, entre los artilleros y la Dictadura, el ejército estaba dividido y buena parte de él se había apartado de la monarquía. En palabras de Berenguer “era evidente que el Ejército había perdido aquella cohesión que permitiera el golpe de Estado y le dio estabilidad; y la Corona, que fue la base de esa cohesión, en su solidaridad con la Dictadura, el afecto de un sector muy importante 1835 de la entidad armada” . No obstante, ello no significaba que el Ejército estuviera dispuesto a derribar a la monarquía. El testimonio de Lerroux es muy claro: “Los militares capaces de una acción contra la monarquía eran poco numerosos, y de ellos, unos cuantos jóvenes oficiales contagiados de socialismo y comunismo. Los jefes de sentimientos y convicciones republicanas eran escasos pero de un alto valor moral y militar. La 1836 Aviación, en su mayor parte, era extremista” . Mola estaba convencido de ello, y que cualquier intentona militar sería aplastada, porque se conocía lo suficiente de las conspiraciones en marcha para prever sus movimientos. Para ello, trazó planes de contingencia concentrando a la Guardia Civil en las capitales de provincia y en los nudos de comunicaciones, ordenando que los gobernadores civiles dispusiesen dichas medidas como iniciativa de ellos. Ante el crecimiento de las protestas y de los mítines republicanos, Berenguer decidió posponer las elecciones municipales. El 5 de septiembre, el general Berenguer dirigió una circular a todos los capitanes generales pidiéndoles que no cedieran a las presiones antigubernamentales de dentro del Ejército. Explicó que habían indicios de la preparación de un golpe de Estado de carácter republicano, contando con el apoyo de la CNT, y de algunos oficiales del Ejército, la mayoría de Artillería, y algunos de la Armada. Los sospechosos eran vigilados y serían trasladados, previo expediente. En de las organizaciones económicas en la España de la Restauración, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Madrid, 1992, p. 626-669. 1834 Mola Vidal. E., Lo que yo supe… en Obras Completas, Santarén, Valladolid, 1940, p. 389. A Berenguer le dolió que el comandante Romero, a quien apreciaba profundamente, estuviera conspirando. 1835 Berenguer, D., De la Dictadura a la República, p. 222. 1836 Lerroux, A., La pequeña historia, Afrodisio Aguado, Madrid, 1963, p. 86. 820 octubre se emitieron instrucciones para vigilar las centrales de energía, de comunicaciones, y depósitos de agua. El 11 de octubre, el jefe de la Sección de Artillería en el Ministerio de la Guerra ordenó a los comandantes generales de Artillería de las Regiones militares y jefes de las guarniciones de Artillería desmontar los cierres del armamento portátil y las ametralladoras, así como las espoletas de los proyectiles, y almacenarlos en locales distintos y en arsenales seguros para evitar que pudieran ser sacadas o robadas por los rebeldes. A finales de septiembre, Francesc Macià volvió a Barcelona, en medio de una gran agitación, por lo que el Gobierno le expulsó. La oposición al régimen estaba mejor organizada que lo que el Gobierno pensaba, pero no significaba que tuviera fuerza suficiente para derribar al Gobierno y al régimen. Francisco Franco avisó a su hermano de que la policía le espiaba, pero Ramón no hizo caso. Antes de que estallara el pronunciamiento republicano en octubre, se procedió a la detención de algunos de los implicados los días 10 y 11: Ramón Franco, el 1837 capitán de Ingenieros Alejandro Sancho , Ángel Pestaña, Lluís Companys y otros. El pretexto para detener al comandante Franco fueron unas declaraciones al diario Política de Córdoba, en el que se declaraba republicano, y criticaba profusamente a la Dictadura y su labor, así como a Primo de Rivera y Martínez Anido. Ramón Franco público entonces unas declaraciones en El Heraldo de Madrid, atacando a Mola, que le costaron ocho meses de sanción. El 24 de noviembre escapó de las Prisiones Militares de San Francisco, junto al ex comandante Alfonso Reyes, que había sido condenado por 1838 malversación, dejando una carta donde acusaba a Berenguer del desastre de Annual . La detención de parte de la cúpula anarquista no frenó a los conspiradores. Mientras tanto, crecían las huelgas y protestas. La muerte de cuatro obreros de la construcción en Madrid desató una manifestación de duelo, incidentes y una huelga general el 15 de noviembre. Estos hechos, unidos a la evasión del comandante Franco y a una campaña de prensa en su contra, llevaron al general Marzo a dimitir como ministro de la Gobernación el 25 de noviembre. Fue sustituido por el ministro de Fomento, Leopoldo Matos. El mismo 15 de noviembre apareció publicado en El Sol el 1837 El capitán Sancho Subirats enfermó en Montjuich y murió a los pocos meses en el Hospital Militar de Barcelona. 1838 Franco, cuyo régimen de vigilancia era bastante relajado al tratarse de un jefe, salió de su celda, abrió la del ex comandante Reyes, penetraron en la capilla, rompieron una reja y por ella se deslizaron, con ayuda de una cuerda, a la calle, donde les esperaba un automóvil con el mecánico Pablo Rada. Desde su escondite, Ramón Franco envió artículos al Heraldo de Madrid: Mola Vidal. E., Lo que yo supe… en Obras Completas, Santarén, Valladolid, 1940, p. 456 821 artículo de José Ortega y Gasset, “El error Berenguer”, atacando directamente a la monarquía. El 27 de noviembre, Mola recibió un informe en el que se decía que las guarniciones comprometidas en la conspiración eran, en parte, las de Madrid, Valencia, Logroño, Huesca y Jaca, habían varios generales implicados, y que se contaba con el apoyo de la UGT, la CNT y los comunistas; el Comité Revolucionario de agosto había nombrado un Gobierno Provisional; era conocida la implicación del capitán Fermín Galán, y de destacados miembros del PURA valenciano, como Sigfrido Blasco, Samper, y Marco Miranda. Por otro lado, Alcalá Zamora, designado presidente del Gobierno Provisional de la República, prometió al Cuerpo de Artillería que apoyaban el movimiento revolucionario, se anularía el Decreto que obligó a los artilleros a romper su compromiso con la escala cerrada, reintegración de todos los Cuerpos y servicios anteriores al 1 de septiembre de 1926, formación de Tribunales de Honor para juzgar a los desafectos del Arma, y que las futuras Cortes de la República darían a la Artillería la 1839 preponderancia debida y se resolverían los problemas pendientes . En 1924, en Cudia Mahafora, Galán tuvo un enfrentamiento con el general Serrano, en el que medió Mola. Valiéndose de esta amistad, Mola se apresuró a escribir al capitán Galán, informándole que sus planes eran conocidos, y apeló a su antigua relación para que desistiera de ellos. Pero no obtuvo contestación. Para restablecer la tranquilidad de los artilleros, el 30 de noviembre de 1930 Berenguer derogó el articulado de la ley de la Dictadura que impedía renunciar a los ascensos por elección. Esta decisión, según Berenguer, provocó el desconcierto entre los 1840 conspiradores . Este moderado optimismo, fue compartido por Mola, que pensaba que sin el apoyo del Ejército, cualquier tentativa revolucionaria estaba condenada al fracaso. El único adversario serio en estas condiciones sería el anarquismo. El 9 de diciembre, una huelga general en Valencia supone la paralización de la ciudad y la muerte de un obrero metalúrgico, en un enfrentamiento a balazos que hiere de gravedad a un guardia de Seguridad. 3.14.2.- Varela recibe el mando del regimiento de Cádiz. 1839 Mola Vidal. E., Lo que yo supe… en Obras Completas, Santarén, Valladolid, 1940, p. 472-473. 1840 Berenguer, D., De la Dictadura a la República, p. 235-236. 822 En medio de esta ambiente de cierta tensión soterrada, el coronel Varela fue 1841 finalmente destinado a Cádiz, al Regimiento de Infantería nº 67 . La prensa se hizo eco del nombramiento, con elogios hacia el nuevo coronel, haciendo hincapié en su 1842 prestigio, heroísmo, y reciente formación en el extranjero . El 3 de mayo tuvo lugar la ceremonia de entrega del Regimiento, que Varela recibió de su comandante interino, teniente coronel Juan González González, en presencia del gobernador militar, general 1843 Andrés Saliquet, y de la enseña regimental . En su primer orden del día, dictada al hacerse cargo de mando el 3 de mayo de 1930, recordó que era su primer mando en la Península, encareció las obediencia y la disciplina, manifestó que no se debía temer al servicio en filas, sino que su permanencia en ellas era un deber ciudadano; su objetivo era conseguir “una sana y firme compenetración espiritual desde el soldado al primer jefe, convencido de que para poder mandar hombres es condición preferente enseñarlos, prepararlos, educarlos, colocarlos en condiciones de poder ser útiles en el 1844 mañana” ; las clases, es decir, los suboficiales, estaban adquiriendo un gran peso en el Ejército moderno, y ello las convertía en muy importantes para el desempeño de la labor militar; valoraba mucho la formación, recordó que había que aplicar justicia por igual para todos, y que éste era deber primordial de las clases, siempre en estrecho contacto con los soldados; las clases debían esmerarse en la instrucción de los hombres: “la evolución de los modernos procedimientos de guerra, no emite improvisaciones; 1845 reclama, por el contrario, más especial competencia y más vigorosa preparación" ; recordó que no se obedece por el temor. Varela se ha convertido en un oficial moderno, dispuesto a una labor menuda y perseverante en los cuarteles de San Roque y Santa Elena, a aplicar en su regimiento los conocimientos adquiridos por su experiencia y por su viaje de estudios. La prensa destacó que era un jefe formado, “democrático que tiene los mayores respetos para todas las clases y exije a todos, altos y bajos, el 1841 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 14, Oficio de asunción del mando por el coronel Varela, fechado en Cádiz el 3 dxe mayo de 1930, membrete “Regimiento de Infantería Cádiz nº 67”. 1842 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 15, Diario de Cádiz, 30 de abril de 1930, “El coronel Varela”, firmado por Eduardo Julia; fol 16, 3 de mayo de 1930, “El bilaureado don José Enrique Varela Iglesias, nuevo coronel del Regimiento de Cádiz”; fol 1843 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 16, 4 de mayo de 1930, “El bilaureado don José Enrique Varela Iglesias, nuevo coronel del Regimiento de Cádiz”. 1844 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 17-19, texto mecanografiado, “El coronel Varela se posesiona del mando del Regimiento de Cádiz”; fol 20, Diario de Cádiz, 4 de mayo de 1930, “El mando del Regimiento de Cádiz. Se posesiona el laureado coronel Varela”. 1845 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 18, texto mecanografiado, “El coronel Varela se posesiona del mando del Regimiento de Cádiz”.; Pemán, J.Mª, p. 98; fol 20, Diario de Cádiz, 4 de mayo de 1930, “El mando del Regimiento de Cádiz. Se posesiona el laureado coronel Varela”. 823 cumplimiento del deber. Nada de despotismo, ni de órdenes absurdas, ni de mandar impremeditadamente; premeditación, tacto, cariño, respeto, conocimiento, valor, afabilidad… ya lo dice Varela, ‘es preferible sentirse obedecido por cariño y por 1846 respeto’” . 1847 Varela recibió felicitaciones por su nuevo mando . El 1 de junio de 1930 Varela participó en la jura de nuevos reclutas celebrada en el cuartel de San Roque, sede de su Regimiento, donde pronunció una arenga en la que recordó el compromiso de 1848 sacrificio y defensa de la Patria que supone ser soldado . En septiembre de 1930, en su cuaderno de Memorias del Viaje, Varela anota la inquietud que se vive en el país. El Ejército, piensa, está dividido, y las fracciones piensan más en sus intereses corporativos que en el patriotismo, y el mando pierde autoridad. Anota entonces la visita de “Don X”, identificado por el testimonio de Pemán con Alejandro Lerroux, que acudió a hablar con Varela para intentar ganarlo para su causa. Lerroux le propuso a Varela, al parecer, encabezar una rebelión contra el Gobierno. Varela participó en algunas reuniones, anotando el resultado de éstas y desentendiéndose de la conspiración, al comprender que los políticos civiles que la querían llevar a cabo no estaban dispuestos a cambiar las cosas: “Me hablan de gestiones entre militares y escucho los propósitos. Me comunican asimismo el 20 de septiembre del 30, que Don X, durante mi ausencia, estuvo haberme acompañado de un introductor. No pienso tener concomitancias con nadie; pero dueño de mis actos, acepto la conversación sin otro compromiso que el del hombre que siente amor a su Patria y que la vé en una situación difícil. (…)Pienso, pues, acudir, rechazando de antemano, el papel principal que se me asignaba y ofrecía y que me comunicó el introductor. Yo oiré, pero hago dejación de egoísmos, pues bien merece España que todos sus hombres piensen en sus altos intereses y no en conducirla a una insensatez peor que la actual, llevándola al caos. (…)En la fecha indicada tuvo lugar la entrevista durante la noche, reflexionando sobre los extremos y reservándome la contestación; después he acusado cartas en las que se me pide una intervención en un movimiento; niego mi prestación personal, pues entiendo que el Ejército debe permanecer al margen de las luchas políticas y me reservo la conducta, que siempre será consecuencia de lo que les tiene beneficioso para mi Patria. 1846 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 21, Noticiario Gaditano, 5 de mayo de 1930, “Nuevas orientaciones. El coronel Varela, moderno jefe del Ejército”, firmado por J.M. Fernández. 1847 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 22, carta manuscrita fechada en Sevilla el 25 de mayo de 1930, membrete del “Hotel Cristina. Sevilla”, firma ilegible. 1848 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 23, La Información de Cádiz, 3 de junio de 1930, “Juran la bandera los reclutas últimamente incorporados”. 824 (Nota al margen). Esto termina mal. Los hombres públicos de la actualidad son los mismos del antiguo régimen y ni han hecho examen de conciencia ni 1849 propósitos de enmienda” . Varela estaba desilusionado con el Rey. En la Procesión del Corpus de Cádiz, Varela pasó a caballo, con su gorra roja y sobre el cuero negro de la silla de montar, la llave de gentil hombre. A finales de octubre de 1930, Alfonso XIII visitó Cádiz, y tuvieron una conversación en la Iglesia de los Dominicos. Varela participó en la comida 1850 celebrada en homenaje al monarca en el Ayuntamiento , pero no en la cena íntima del Atlántico. El Rey le preguntó porqué no había asistido, y el coronel le respondió que no había sido invitado. En sus Memorias añade: “desde luego, mi carácter no ha tenido nunca por norma acudir a donde no me llaman, y además, desde hace algún tiempo he adquirido el convencimiento de cuál debe ser mi conducta para con el Rey, dentro de todos los respetos al Jefe del Estado; pero tengo formada mi opinión de sus condiciones, de sus actos y de 1851 sus palabras, y aunque nunca me pondré enfrente, sí estaré lejos o alejado” . Este sentimiento sin duda era compartido por muchos de sus compañeros de armas. Si por un lado, algunos oficiales se sintieron traicionados cuando el rey no les defendió ante el dictador de sus decisiones a menudo poco meditadas, como le pasó a López de Ochoa, de la misma manera, la salida poco airosa del dictador de su gobierno 1852 irritó a los militares partidarios del mismo, y les puso contra el rey . Por otro lado, Varela seguía gozando de una extraordinaria popularidad. En octubre de 1930 fue nombrado académico de número de la Real Academia Hispano- 1853 Americana de Ciencias y Artes de Cádiz . Al acabar las maniobras celebradas cerca del Puerto de Santa María en ese mismo mes, fue obsequiado con un banquete para celebrar el brillante papel que había hecho su Regimiento en las mismas, de las que hablaremos seguidamente. Entre la concurrencia encontramos amigos y compañeros: Paco Villegas, Luis Osborne, el alcalde Eduardo Ruiz, el teniente coronel Solórzano, los capitanes Pascual Junqueta, Julio Escuín y Cayetano Pidal, el comandante de Marina 1849 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 555-556. Memorias de viaje de estudios al extranjero, en Apéndice documental, nº 25. 1850 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 7-9, Menú de la comida y programa del concierto. 1851 ACGJEVI, Carpeta 9, fol 556. Memorias de viaje de estudios al extranjero. 1852 Los partidarios de Primo de Rivera, militares y civiles, acusaron a Alfonso XIII de “borbonear” al dictador; en el entierro de éste, el 19 de marzo de 1930, hubieron incidentes. Rodríguez Labandeira, J., España antes del odio, p. 311-312. 1853 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 5, oficio, firmado por el secretario de la institución, Salvador García Francés. 825 Vicente Pérez Baturones, el comandante de Infantería de Marina Jaime Togores, 1854 Salvador Silva, el contador de navío Antonio García Mole, etc. 3.14.3- La necesidad de reformas en el Ejército y la discusión sobre la Academia General. Varela se muestra reformista cuando en octubre de 1930 escribe su Memoria a la Superioridad. En 1930 se decidió establecer unas Escuelas Prácticas en los Regimientos (Orden General del 2 de septiembre), para mejorar el tiro de combate y la 1855 instrucción . Por cada Regimiento se destacaría un Batallón, el cual sería sometido a un período de entrenamiento y preparación de diez días, otro período de escuelas prácticas de Cuerpo durante seis días, desarrollando el despliegue y la ofensiva, y unas 1856 maniobras de fuego real. Varela proyectó las del suyo , con la dificultad inherente a un Regimiento situado en una pequeña capital, teniendo que pedir a la Marina el uso de 1857 su polígono de tiro de Torregorda. El coronel lo organizó todo minuciosamente , 1858 mandando redactar unas prescripciones generales , imprimir las instrucciones 1859 1860 extractando el Reglamento Táctico de Infantería , el Código de Abreviaciones y 1861 las Instrucciones para las Marchas ; redactó las órdenes de operaciones del 1862 1863 Regimiento y emitió notas sobre cómo redactar una Orden de Batallón o las 1854 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 6, La Información de Cádiz, 17 de octubre de 1930, “Agasajo al coronel Varela en el Puerto de Santa María”. 1855 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 29-31 Impreso, referente al cumplimiento de la citada Orden General en Sevilla. 1856 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 31-32 Impreso, orden del Cuerpo del día 12 de septiembre de 1930. 1857 ACGJEVI, Carpeta 10, fol 997-1015, cuadernillo grabado que contiene la planificación, programa, presupuesto y plantilla del estado de fuerzas del Batallón; Carpeta 11, fol 33, “Orden de la Columna del día 12 de octubre de 1930, en Jerez”; Carpeta 11, fol 98, mapa, “Ejercicio de Conjunto. Día 14. Plan Defensa Sierra de San Cristóbal”. 1858 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 60, texto mecanografiado, “Regimiento de Infantería Cádiz nº 67. Prescripciones generales para los ejercicios de conjunto que han de verificarse los días 13, 14 y 15”. 1859 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 34-41, Impreso: “Escuelas Prácticas. Preceptos que deben ser tenidos en cuenta en el desarrollo de los Ejercicios de conjunto. Año 1930” 1860 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 42-45, Impreso: “Escuelas Prácticas Año 1930. Código de abreviaciones”. 1861 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 46-49, Impreso: “Escuelas Prácticas. Año 1930.Instrucciones para las Marchas”. 1862 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 50-52, texto mecanografiado, “Regimiento de Infantería Cádiz nº 67. Orden del Regimiento. Orden de operaciones número 1”, fechada en Cádiz el 6 de octubre de 1930, firmada por Varela y Comunicada por el capitán Ayudante Mayor (firma ilegible); fol 53-55, texto mecanografiado, “Regimiento de Infantería Cádiz nº 67. Orden del Regimiento. Orden de operaciones número 2”, fechada el 6 de octubre de 1930 a las 10:00 horas, firmada por Varela y Comunicada por el capitán Ayudante Mayor (firma ilegible); fol 56, Orden de Ataque, texto mecangrafiado, fechada el 6 de octubre de 1930 a las 11:00 horas, firmada por Varela y Comunicada por el capitán Ayudante Mayor (firma ilegible). 1863 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 57, texto mecanografiado, “Lo que debe abarcar una Orden de Batallón”. 826 1864 1865 prevenciones . Durante las maniobras redactó las órdenes de ofensiva y ataque . Las maniobras merecieron la atención de la prensa, que las describió con 1866 minuciosidad . 1867 Acabadas las maniobras, Varela redactó una memoria . No se mordió la lengua. Afirmó que era necesario organizar un regimiento orgánico, no sólo un batallón, porque para sacar un batallón listo para las maniobras hay que luchar con la realidad del equipamiento que hay, frente al que debiera haber, entre la realidad y los estadillos y plantillas. En su caso, el regimiento de Cádiz cuenta con seiscientos hombres, de los que debe destinar doscientos a servicios y necesidades de plaza, con lo que en realidad apenas dispone para instruir y formar en pie de guerra, a un par de compañías: y esta situación se da en la casi totalidad de Regimientos, así que no se pueden sacar batallones de regimientos faltos de dotación. Varela se congratula de que los soldados españoles sean fieles y patriotas; pero es necesaria más instrucción, y para ello deberían permanecer más tiempo en filas, en ese momento reducida a un año, que a menudo con permisos queda en seis meses, lo que impide que el recluta se convierta en un buen soldado. Otro problema es el de las clases o suboficiales: la mayoría de cabos son de alistamiento forzoso. La oficialidad es trabajadora y estudiosa, pero el medio es inadecuado, no pueden tener buenos soldados y se anquilosa, y carece de medios económicos para asistir a maniobras y cursos prácticos. En cuanto al material, "carecemos del importante cañón de infantería, los morteros no pueden disparar por el peligro que entraña la carga de pólvora negra, y siendo un arma utilísima, precisa de una urgente atención para qué estos no sean un arma encerrada en los depósitos de 1864 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 58, texto mecanografiado, “Prevención”; fol 59, “Prevención general”, fechada en Cádiz el 11 de octubre de 1930, 1865 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 61-63, texto mecanografiado, “Infantería Divisionaria”, emitida el 13 de octubre de 1930; fol 64-66, “Infantería Disionaria. Orden de operaciones número 2, emitida el 13 de octubre a las 9:30 horas; fol 67-71 , “1ª Brigada de Infantería. Orden de operaciones número 1, emitida el 13 de octubre de 1930 a las 8:15 horas”; fol 72, “Orden preparatoria”, emitida el 13 de octubre de 1930 a las 8:00 horas; fol 73-76, “Primer Regimiento. Orden de operaciones número 1”, emitida el 15 de octubre de 1930 a las 8:00 horas; fol 77-82, “Primer Regimiento. Orden general de Defensa número 1”, emitida el 14 de octubre de 1930 a las 7:00 horas. 1866 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 24, La información de Cádiz, 14 de octubre de 1930, “Las maniobras militares realizadas bajo el mando del Coronel Varela en San Fernando” (tachado “en San Fernando”), firmado por García Bozano. 1867 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 83-85, “Memoria de las Escuelas Prácticas (ejercicio de conjunto) desarrolladas en los días 13, 14 y 15 octubre con arreglo a lo dispuesto en la orden de la Capitanía General de la Región en 2 Septiembre 1930”, fechada en Octubre, firmada por El Coronel Varela; una Memoria más técnica y extensa en Carpeta 11, fol 143-204, incluyendo órdenes generales, fotografías y mapas: “Regimiento de Infantería Cádiz número 67. Año 1930. Memoria de las Escuelas Prácticas (ejercicio de conjunto) desarrollados en los días 13, 14 y 15 de octubre con arreglo a lo dispuesto en la Orden de la Capitanía General de la Región en 2 Septiembre del presente año”. 827 armamento. Las Compañías de ametralladoras no han podido disponer de sus 16 máquinas por falta de ganado. “El Regimiento, en fin, en pie de guerra, carece de cuánto significa una unidad moderna de combate". Por otro lado, Varela que en las prácticas o maniobras no hayan participado la Artillería y la Aviación. Por lo demás, todos los participantes en las maniobras, desde los soldados a los jefes, lo habían hecho con entusiasmo y disciplina. En diciembre de 1930, Varela organizó un ciclo de conferencias a cargo de jefes y oficiales de su Regimiento. Al acto de apertura asistió el general Andrés Saliquet, gobernador militar de Cádiz, y otras autoridades militares. Varela habló sobre las “Consideraciones de la Guerra Europea”, explicando las operaciones desarrolladas durante la Gran Guerra, haciendo gala según los periodistas de erudición y profundos 1868 conocimientos . En realidad, la Dictadura no había beneficiado al Ejército, no había conseguido desarrollar un ejército moderno y eficaz, sencillamente porque no había invertido dinero en ello. Ni siquiera las unidades de Marruecos disponían de material moderno. Al acabar las operaciones en África en 1927, el ejército seguía sumido en la falta de tecnificación. Los soldados se alojaban en viejos cuarteles destartalados, a menudo conventos desamortizados en 1836, dormían sobre tablas y colchonetas de paja, carecían de casco de acero y de equipo. La caballería carecía de la mitad de los caballos. El ejército contaba con apenas un millar de automóviles, camiones, motos y tractores, un porcentaje importante de los mismos prácticamente inservible, mientras que en 1918 la artillería francesa contaba con 14.000 camiones. La aviación española consistía en un trimotor de bombardeo, un centenar de Breguet XIX para ataque a tierra y unas docenas de viejos cazas Nieuport 11. La aerostación tenía un globo; la artillería antiaérea eran ocho cañones de la Gran Guerra. No habían cañones contracarro. Sólo había una compañía blindada, de viejos tanques Renault de 1917. En las bases navales existía un artillado moderno, en fase de instalación, pero la artillería ligera estaba desgastada por la guerra de Marruecos. Según el general Mola, el ejército contaba con 40.000 fusiles, 300 ametralladoras, ocho o diez grupos de obuses y algunas baterías construidas al final de la dictadura, útiles. Además, los cañones ligeros de campaña tenían la mitad de 1868 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 10, recorte de periódico, 13 de diciembre de 1930. “Conferencia del coronel Varela”, firmado por Arys; fol 11, recorte de periódico, 13 de diciembre de 1930, “Cádiz. Ciclo de conferencias”; fol 12, recorte de periódico, 1931, “Cosas militares. Conferencias en los cuarteles por los jefes y oficiales”; Carpeta 10, fol 970-996, texto de la conferencia “Consideraciones sobre la guerra europea”. 828 alcance que los europeos, y sólo había material para dos regimientos de artillería 1869 pesada . En palabras de Varela, “…lo mismo Primo de Rivera como Berenguer ninguno de los dos hicieron nada por el Ejército. Todo está peor o igual que en 1870 1923” . Sin este abandono nos explica el rechazo que Primo suscitaba en amplios sectores de la milicia al final de su Régimen. El interés de muchos oficiales por modernizar el Ejército, se tradujo en la realización de un seminario posiblemente en Zaragoza, en octubre de 1930, donde se discutió sobre las Academias Militares y se presentaron ponencias presentando un plan 1871 de estudios innovador para las mismas . Las ponencias de Infantería están firmadas por el coronel Campins, el coronel Duyos y el teniente coronel Martínez Zaldívar. Se consideraba indispensable la existencia de la Academia General Militar, a la que se debería ingresar por oposición, con el título de bachiller universitario de Ciencias, para adquirir durante dos años los conocimientos comunes a todas las Armas; posteriormente, los alumnos pasarían a sus Academias especializadas, y a lo largo de su vida militar recibirían formación en centros de instrucción. Se requería la existencia de un centro de fabricación, gestión y conservación de armamento y material militar, donde además podrían formarse como técnicos los oficiales. Entre las áreas a impartir en la Academia General Militar, se establecerían características del armamento, táctica, organización militar, Álgebra y topografía, geografía militar, física, automovilismo, fisiología humana, instrucción, gimnasia, equitación, ciclismo, ética militar, matemáticas, historia militar, química, higiene militar, uso de armas. Como se aprecia, hay un claro predominio de las materias prácticas sobre las teóricas. Lo mismo puede decirse de la propuesta de estudios para la Academia de infantería: instrucción táctica, de tiro, de armas y material, topografía, administración y legislación, ciencias aplicadas, comunicaciones, balística, fortificación, dos idiomas, dibujo panorámico y topográfico. Resulta destacable que este plan obvie de forma absoluta cualquier materia que implicara inculcar al alumnado una ideología conservadora o incluso fascista. Se proponían temarios para los exámenes de ingreso a las Academias de Artillería e 1872 Ingenieros , se contestó por parte de los oficiales de Infantería a los temarios de 1869 Cardona, G.: El problema militar en España, Historia 16, Madrid, 1990, p. 150. 1870 AMC,AV, Carpeta 9, fol 557, Memorias de viaje de estudios al extranjero. 1871 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 88-97 , “Los Jefes que suscriben esta ponencia consideran que las normas y planes de enseñanza a que han de sujetarse los estudios que se adquieren en nuestras Academias Militares…” 1872 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 126-127 “Documento número 3”. 829 1873 éstos . La razón, es que Artilleros e Ingenieros eran contrarios a la existencia de una Academia General Militar; y por otro lado, los oficiales de Infanterías exigían poder ingresar en la industria militar. De esta forma, la disputa entre “africanistas” y “junteros” se reactivaba en muchos órdenes. Ya no se trataba sólo de las diferencias de opinión entre los ascensos por antigüedad o por elección, sino también por los planes de enseñanza militar. La discusión se agravó, y parte de la ponencia de Infantería fue retirada por orden superior. Campins, como coronel representante de la Academia 1874 General Militar, presentó una ponencia , en la que establecía que la mayoría de naciones contaba con dos Academias para su ejército de tierra, Estados Unidos una, y España seis. Por lo que sería deseable unificar todas las Academias en la de Zaragoza, con una duración de cuatro años frente a los cinco actuales. Campins redactó sus 1875 conclusiones , en las que establecía que el militar es ante todo un combatiente, que sus herramientas son el arma, el automovilismo y la guerra química, que se prefigura como el porvenir de la guerra. Por ello, lo ideal es formar oficiales no especializados, sino polivalentes. A continuación resumía las posturas encontradas. La Infantería, más o menos apoyada por la Caballería, Estado mayor e Intendencia, proponía mantener la formación militar en tres escalones: dos años de Academia General Militar, tres de Academia especializada, y cursos en el conocimientos militares impartidos en la Escuela Superior de Guerra, conocimientos técnicos (químico-metalúrgicos, construcción, balísticos), especializados (tiro, gimnasia, equitación), y conocimientos de aptitud para el ascenso, sin los cuales debería ser imposible llegar al generalato. La Artillería e Ingenieros eran partidarios de cursar los cinco años en su Academia especializada del Arma. En este punto de la agria discusión, Campins propuso la unificación de todas las Academias en una sola. 3.14.4.- La sublevación de Jaca como símbolo de las divisiones en el seno del Ejército. 1873 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 128-135 “Documento número 4”, firmado por los coroneles Campins y Duyos, y por el teniente coronel Martínez Zaldívar. Esta ponencia supuso un duro debate, y parte de ella fue retirada. 1874 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 136-138, “Documento número 5”, presentado en la sesión del 31 de octubre de 1930. 1875 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 139-142 “Documento número 6”, firmado por el coronel Miguel Campins y fechado en Zaragoza en noviembre de 1930. 830 Sin embargo, los militares no cambiaron sus posturas, hondamente divididas entre los desilusionados y los conspiradores. A principios de diciembre de 1930 día existían dos pequeños núcleos de conspiradores, uno en Madrid en torno a la Ramón Franco y Queipo de Llano, y otro en Jaca, en torno al capitán Fermín Galán. El capitán Galán era de familia militar, veterano de la Policía Indígena y del Tercio. Sus ideas eran revolucionarias e individualistas, partidario de profundos cambios sociales y culturales en el país. Su idea era sustituir el ejército por una especie de guardia nacional revolucionaria. En 1926, Galán había participado en la Sanjuanada desde Tarragona, y condenado a prisión militar en Montjuich. En 1930 fue amnistiado y repuesto en su grado de capitán, destinado a Jaca. Era natural de San Fernando, y conocido de Varela. Junto a la actividad anti monárquica, también crecía el sindicalismo obrero y la agitación universitaria de la FUE. Para Mola, director general de Seguridad, existía una inteligencia entre los dirigentes republicanos y los sindicales, que creaban un ambiente de propaganda y protestas, atizadas por la sequía en el campo andaluz, que él llamó 1876 “gimnasia de la agitación” . Se preparó una huelga general que debían coincidir con varios pronunciamientos militares republicanos. Mola conocía estos movimientos, que no cejaron ni aun cuando el Gobierno anunció la convocatoria de elecciones. El 27 de noviembre de 1930, Mola sabía que se fraguaba un golpe militar, con generales (Queipo de Llano, Rafael Villegas, Núñez de Prado, López de Ochoa) y guarniciones comprometidas en Madrid (el Regimiento de Infantería nº 1), Valencia, Logroño (general José Fernández Villa Abrille) y Huesca, y que sería respaldado por la UGT y la CNT. Mola llegó a avisar al capitán Fermín Galán de que el Gobierno conocía sus 1877 planes para sublevarse . Uno de los implicados fue el oficial de Aviación Ignacio Hidalgo de Cisneros. Destinado en la base de hidros de Melilla, salió hacia Madrid unos días antes de la sublevación. Tenía contactos con oficiales republicanos como Ramón Franco, Legorburu, o el teniente coronel Camacho. Hidalgo salió hacia Madrid junto con el teniente Joaquín Mellado y el alférez José María Valle, los dos también de Aviación. Otro implicado, le dijo Camacho, era el teniente coronel Muñoz Grandes, pero éste no 1876 Rodríguez Labandeira, J., España antes del odio, p. 328. 1877 Mola Vidal, E., Obras Completas, p. 473-474. Galán había explicado sus planes de sublevarse en Jacaa Alcalá Zamora: Alcalá Zamora, N. Memorias, Planeta, Barcelona, 1977, p. 147. En la carta a Galán, Mola escribió: “No olvide que los militares no nos debemos a una u otra forma de Gobierno, sino a la patria, y que los hombres y armas que la nación nos ha confiado no debemos emplearlos más que en su defensa”, en Iribarren, J.Mª, Mola. Datos para una biografía y para la historia del Alzamiento Nacional, Librería General, Zaragoza, 1938, p. 19, 831 se podía mover de Marruecos. De todos los implicados, el más famoso era Ramón Franco, admirado por su carácter inquieto y aventurero. En Madrid, no pudo contar ni con Legorburu ni con Núñez de Prado, los cuales, le habían asegurado, también estaban comprometidos, junto a Queipo de Llano y los principales líderes republicanos y socialistas. Se encontró con el oficial Sandino, arrestado en el Ministerio de la Guerra, pero con el que no tuvo ningún impedimento para entrevistarse. Habló con Miguel Maura y con Ramón Franco, que estaba escondido. Franco le explicó el plan. Estallaría la sublevación militar en las guarniciones de Madrid y en varias provincias, mientras los civiles iban a la huelga. El primer paso sería tomar el aeródromo de Cuatro Vientos. Los aviones lanzarían sobre Madrid pasquines llamando a la sublevación, y por la radio se daría la noticia a toda España de la proclamación de la República. La guarnición de Campamento se echaría a la calle para, junto a elementos civiles, ocupar el Palacio Real y los principales edificios y centros de poder de la capital. Al día siguiente, Hidalgo se encontró con José Martínez de Aragón, Sandino y otros militares implicados, como el comandante de Aviación Luis Riaño, enlace de Alcalá Zamora. En la reunión se dijo que pronto se notificaría la fecha de la 1878 sublevación. Pero a la mañana siguiente, se sublevó la guarnición de Jaca . Según el plan, la guarnición de Jaca debía iniciar el levantamiento en el noreste, dirigido por los capitanes Fermín Galán Rodríguez y Ángel García Hernández, pero no iba a desempeñar un gran papel debido a su pequeñez. La revuelta estaba prevista para el 15 de diciembre de 1930, pero unos días antes, los dirigentes de Madrid decidieron aplazarla. Ignorante de ello, Galán convocó a sus conspiradores civiles para el día 13 de diciembre, domingo, en Jaca. Para disuadirle, se enviaron dos personas, una de ellas Casares Quiroga, desde Madrid, el día 11. Éstos enviados llegaron a Jaca a la una de la madrugada del día 12, y se fueron a dormir al hotel hasta la mañana siguiente. Por su parte Galán, convencido de que los civiles nunca tendrían la valentía de iniciar la revolución, adelantó veinticuatro horas su plan, pensando que un simple golpe bastaría para derribar a la monarquía, y que sería seguido por las demás guarniciones. Además, algunos oficiales implicados debían salir de permiso el día 15, y los sindicalistas de Zaragoza se habían comprometido a iniciar una huelga general en esa ciudad. Galán informó de sus planes a sus simpatizantes en Madrid, Sevilla y Valencia. Antes del amanecer del día 12 de diciembre, mientras los enviados de Madrid aún dormían en el 1878 Hidalgo de Cisneros, I., Cambio de rumbo, Laia, Barcelona, 1977, p. 239-251. 832 hotel, el capitán Fermín Galán se pronunció al frente de su regimiento, arrestó a sus superiores, implantó la ley marcial y se proclamó partidario de la República. Se eliminó la pequeña resistencia, con la muerte del sargento de la Guardia Civil y de dos carabineros. Las primeras proclamas de Galán parecían del corte libertario, pero entre los conspiradores habían masones (el propio Galán, Sediles), católicos (Gallo, García Hernández), republicanos declarados (Muñoz, Gisbert). En el Ayuntamiento se nombró alcalde a Pío Díaz. Se organizaron dos columnas, dirigidas por los capitanes Galán y Sediles que debían dirigirse hacia Huesca, por carretera y tren respectivamente. Galán contaba con 800 soldados. Reunió todos los vehículos que pudo, unos cuarenta, y con 500 soldados, junto a unos pocos voluntarios civiles, partió hacia las 13:00 horas hacia Huesca, primera etapa de su camino hacia Zaragoza después de retrasos ocasionados por las requisas, dirigidas por Antonio Beltrán. La columna se encontró sobre las 17:00 horas en Anzánigo con el general Manuel Las Heras, que con algunos miembros de la Guardia Civil pretendía cerrarles en paso. Se entabló un tiroteo, y tras vencer la débil resistencia, Galán siguió adelante. El general Las Heras quedó herido y murió. Llegaron a Ayerbe, donde neutralizaron a la Guardia Civil y proclamaron la República, tras tomar las oficinas de teléfonos y telégrafos. El avance hacia Huesca, a 87 km de Jaca, fue muy lento, le costó toda la tarde y parte de la noche. Los soldados no comieron en todo el día, y apenas habían dormido la noche anterior. Mientras tanto, el Gobierno envió hacia Huesca una columna que salió de Zaragoza a las 19:30 horas, y llegó a Huesca a la 1:00 de la madrugada del día 13. En Zaragoza, Francisco Franco movilizó a los cadetes a favor del Gobierno, sin esperar las órdenes desde Madrid. La columna de Galán se encontró, entre las 7:00 y las 8:00 del día 13, en las Coronas de Cillas, a tres kilómetros de Huesca, con la columna gubernamental, que le bloqueaba el paso y estaba dispuesta para el combate. Galán estaba convencido de que, tras parlamentar con los soldados, sobre todo con los artilleros, éstos se le unirían. Pero no fue así. Los capitanes García Hernández y Salinas se acercaron a parlamentar, pero fueron detenidos, y tras dos disparos de aviso al aire, las fuerzas gubernamentales hicieron fuego. La columna rebelde, sin espíritu de combate, se dispersó rápidamente, dejando todo su equipo, tres muertos y veinticinco heridos. El capitán Galán intentó escapar en automóvil, pero finalmente se entregó en Biscarrués a las 20:00 horas del mismo día. El domingo día 14, a las 9:30 horas en la Sala de Banderas del cuartel de infantería Pedro I de Huesca se celebró el consejo de guerra sumarísimo, a los capitanes de Infantería Fermín Galán Rodríguez y Ángel 833 García Hernández, al capitán de Artillería Luis Salinas García, al teniente de Infantería Manuel Muñiz Izquierdo y al alférez de Infantería Ernesto Gisbert Bray, y al teniente del batallón de Cazadores de La Palma Miguel Fernández Gómez. Su defensor fue el capitán José María Vallés Foradada, del regimiento de Valladolid. La vista, presidida por el general de Brigada Arturo Lazcano, se celebró rápidamente. El capitán Galán afirmó que asumía su falta, que era consciente de sus actos y de sus consecuencias: “Veo que ha habido víctimas, lo cual lamento. Soy un hombre que ha jugado y ha perdido. Y como no tiene otra cosa para satisfacer su deuda, se dispone a pagarla con su vida”. Todos los encausados reconocen su participación en la rebelión, el fiscal solicitó la pena máxima, establecida para la rebelión militar, y el abogado defensor hizo un breve discurso. La vista duró cuarenta y cinco minutos. El Tribunal deliberó, y aplicó el Código de Justicia Militar. Galán y García fueron condenados a muerte, y el resto de encausados a cadena perpetua. El capitán general de la Quinta Región Jorge Fernández Heredia, aprobó la sentencia y comunicó la decisión a Berenguer. El Gobierno aprobó la sentencia y el rey la ratificó. Galán rechazó todo auxilio religioso. A las 15:00 horas de ese mismo día, los capitanes fueron ejecutados, convirtiéndose en mártires para la causa 1879 republicana . Varela afirma categóricamente que el Ejército debe estar al margen de las luchas políticas; esta idea fue para él una constante en su vida, incluso después de la Guerra Civil. Al estallar la sublevación de Jaca, escribe: “El Ejército, indudablemente sufre un desequilibrio como consecuencia de la falta de interior satisfacción y es lo importante que éste se reorganice nacionalmente, es decir, que responda a un programa nacional, programa de necesidades, posibilidades, política internacional y en consecuencia que 1880 tenga una organización eficiente de la que hoy carece” . Para Varela, las divisiones interna del Ejército, unas de orden profesional, otras de orden político, son las causantes de estos exabruptos revolucionarios. Varela, buscando información sobre los hechos, acudió al capitán José Vallés, defensor de los capitanes Galán y García Hernández en su 1881 Consejo de Guerra. En su carta , Vallés le contó que sobre las 12:00 horas llegaron a 1879 Guzmán E. de, 1930. Un año decisivo, p. 452-457. La sentencia fue totalmente justa y ajustada a Derecho. La República quiso revisar el proceso, y encausó a los miembros del Tribunal, al capitán general de Zaragoza y al propio Berenguer, y el Tribunal Supremo, el 16 de mayo de 1935, los absolvió completamente. 1880 AMC,AV, Carpeta 9, fol 557, Memorias de viaje de estudios al extranjero. 1881 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 120-123, carta manuscrita, fechada en Huesca el 20 de diciembre de 1930, firmada por José Vallés, membrete “Regimiento Infantería Valladolid 74. Plana Mayor. Oficiales”; subrayado en el original. 834 Huesca rumores de la sublevación en Jaca, por lo que se encaminó con su coronel, Muñoz Borreda, al Gobierno Militar. Allí, el general Las Heras le ordenó que preparara un tren para llevar las tropas a las 17:00 horas a Ayerbe y allí detener a los sublevados. Pero la Guardia Civil cortó la vía férrea para impedir a los rebeldes utilizarla, por lo que se cambió el plan. Se supo que los sublevados habían intentado salir de la ciudad por ferrocarril, pero al cortar la Guardia Civil la línea, cogieron camiones para hacerlo por carretera, por lo que las tropas fieles al Gobierno decidieron salirles al paso: "por la [carretera] de Francia nos encaminamos pues, ocupando posiciones en el Km. 74, a tres de esta población; cortamos el camino y en ellas estuvimos toda la noche, noche triste ¡qué mal hacen los que sacan al Ejército de la disciplina!". Finalmente vieron la columna de camiones que se acercaba a las 7:30 horas. Se acercó el teniente Muñiz, que se entregó; luego García y Salinas se acercaron para parlamentar, y dijeron que “si a las ocho menos cinco no hemos vuelto, el capitán Galán mandará hacer fuego. [Los rebeldes] Bajaron de los camiones y principiaron el avance entre gritos subversivos y de atracción. El jefe de la posición, que es un Comandante y buenísimo sujeto, y todos los oficiales, les gritaban: ¡No avancéis, no avancéis, por Dios y por la Virgen, que tenemos orden de impedirlo! Poco después principió el fuego que no duró más de 15 o 20 minutos con algunos intervalos. Aquella pobre gente que venía engañada se dispersó en el acto y fue dejando hasta Ayerbe el rastro desordenado de las tragedias. Se recogieron los heridos y prisioneros, presentándose dos Oficiales más, Galán huyó, pero se presentó en Ayerbe voluntariamente; ya de noche lo trajeron a nuestro cuartel en un auto a las 11. Se instruyó el sumarísimo cuyos resultados ya conoces, yo pasé los tragos amargos que supondrás. Aquí todo el mundo cumplió exactamente con su deber. García (q.D.h) se preparó muy cristianamente y cayó tranquilo con la sonrisa más conformada en los labios Galán, murió como solo saben morir los hombres de temple extraordinario, firmes, cara al piquete, con una firmeza inenarrable; lástima de vida para mejor orientada. No los vi faltar ni creo que faltaran al honor ni un solo momento". Galán asumió toda la responsabilidad. El comentario final es muy revelador: los militares rebeldes habían sabido conservar su honor. Varela escribió: “…creo que el Ejército debe estar ausente de las luchas políticas, pero sí tengo mis respetos para estos 1882 bravos infantes que han sabido morir dignamente” . Varela lamenta que estos hombres no fueran indultados, y reflexiona que si hubiera vivido la reina María Cristina habría esgrimido el precedente del general Villacampa, sublevado en 1886, para obtener la conmutación de las pena, y más en un “siglo que huye de la pena de muerte”. Para 1882 AMC,AV, Carpeta 9, fol 560, Memorias de viaje de estudios al extranjero. 835 Varela, Galán era ambicioso, y con su rebelión ocasionó las muerte del general Las Heras y de sus ayudantes. “…la indisciplina, sangrienta y caprichosa, no tiene justificación. Más justificado está el batirse con las fuerzas que le envió el 1883 gobierno” . Mientras se celebraba el consejo de guerra en Huesca, en Madrid se ultimaba el levantamiento general. Queipo daría el golpe en Madrid, Núñez del Prado en Burgos, y Riquelme en Játiva, para intentar desde allí sublevar Valencia. Queipo de Llano debía iniciar la sublevación en el aeródromo de Cuatro Vientos. Los conjurados estaban desorientados por el fracaso de Jaca, pero los aviadores –Hidalgo de Cisneros, Ramón Franco, el capitán Arturo González Gil- estaban decididos a seguir adelante. En plena deliberación en un café, se supo que la Junta Revolucionaria había sido detenida, entre ellos Alcalá Zamora y Miguel Maura. Al poco llegó el capitán Madrazo para informar que la Artillería de Campamento no se sublevaría, dado el fracaso de Jaca y el arresto de la Junta. En consecuencia, había que avisar al general Queipo de Llano, que esperaba ser recogido y llevado a Campamento para encabezar la sublevación. Tras una viva discusión con los artilleros, Martínez de Aragón e Hidalgo de Cisneros fueron a avisar a Queipo de Llano. El general, que estaba en un café, fue llamado a una reunión en casa del comandante Fuentes. Berenguer conocía los rumores de que se iba a producir un alzamiento para el día 15 por parte de elementos de Artillería en Carabanchel, al que seguirían las fuerzas del Cuartel de la Montaña y tal vez las del Pacífico, junto a civiles, que convocarían una huelga general. Pero la sublevación sólo se produjo en el aeródromo de Cuatro Vientos. La huelga general no fue convocada porque Largo Caballero se escondió, perseguido 1884 por la policía, y Saborit no lo hizo . Mola ordenó el día 14 de diciembre una serie de detenciones para abortar el golpe, pero sólo se ejecutaron una parte, según él, por negligencia de la Policía: Azaña, 1885 Marcelino Domingo, Prieto, Sánchez Guerra y López de Ochoa pudieron escapar . Fueron efectivamente detenidos Miguel Maura y Alcalá Zamora, pero en cambio no se 1883 AMC,AV, Carpeta 9, fol 561, Memorias de viaje de estudios al extranjero, última anotación, correspondiente al día 30 de diciembre de 1930. 1884 Cabanellas, G., Preludio a la Guerra Civil. Cuatro generales, t. 1, p. 185. 1885 “Un suspicaz podría haber sospechado sin gran esfuerzo que, ante el temor de que la revolución triunfase, los funcionarios comisionados optaron por no crearse enemigos entre quienes pudieran tener la sartén por el mango a los pocos días”, en Mola Vidal, E., Tempestad, calma, intriga y crisis, en Obras Completas, p. 544. 836 cursó ninguna orden de detención a otros firmantes del manifiesto revolucionario, como Lerroux, Largo Caballero o De los Ríos. Esa tarde del día 14 el PSOE y la UGT decidieron no ir a la huelga. Pero el Comité Militar decidió realizar el pronunciamiento, en una reunión celebrada esa noche en la casa del comandante Fuentes, y en la que participaron el general Queipo de Llano, los dos hermanos Fuentes, el teniente coronel Muñoz, el capitán González Gil (que representaba a Ramón Franco) e Hidalgo de Cisneros, que no era miembro del Comité. En esta reunión, pese a las malas noticias, Queipo no se amilanó, y decidió acompañar a los aviadores en la toma de Cuatro Vientos y desde allí, con tropas de Aviación, 1886 sublevar Campamento . A las 6:00 horas, un grupo de oficiales, la mayoría de Aviación, junto con el general Queipo de Llano, entró en el aeródromo, encañonaron y desarmaron al oficial y al sargento de guardia. Seguidamente fueron al pabellón de oficiales e informaron de su propósito de rebelarse contra el Gobierno. Dos de los oficiales se unieron a ellos, pero los otros siete, entre ellos un jefe, se negaron, por lo que fueron encerrados. Los sublevados consiguieron que se les unieran los mecánicos de la Escuela y la tropa, mientras llegaban al aeródromo los vehículos que transportaban oficiales de servicio, así como grupos de oficiales y civiles dispuestos a apoyar la rebelión. En total se reunieron unos veinte oficiales y un millar de soldados y civiles; los mandos que no querían sublevarse, eran desarmados y encerrados. A través de la radio informaron de su sublevación, y prepararon los aparatos para volar sobre la capital lanzando proclamas y octavillas. Al conocer la noticia, Berenguer dispuso que su hermano Federico, a la sazón capitán general de Madrid, ordenase al general Orgaz que formase una columna de tropas en Carabanchel, muy cerca del aeropuerto, y que indagase qué estaba sucediendo. A las 8:30 horas, comenzaron a volar los aviones rebeldes sobre Madrid lanzando octavillas, en las que se afirmaba que el Ejército, apoyado por el pueblo, se habían levantado para proclamar la República, que había sido un éxito en toda España, y se amenazaba con que los cuarteles fieles al Gobierno serían bombardeados. Ramón Franco salió dispuesto a bombardear el Palacio Real, pero no se atrevió porque en la plaza de Oriente había niños jugando. Berenguer declaró el estado de guerra en toda 1886 Hidalgo de Cisneros, I., Cambio de rumbo, Laia, Barcelona, 1977, p. 252-254; Guzmán, E. de, 1930. Historia política de un año decisivo, p. 471-474. 837 España, temiendo un levantamiento generalizado. A las 9:30 despegaron dos aviones desde Getafe. Uno de ellos acosó al único avión rebelde que quedaba en vuelo, mientras el otro sobrevolaba Cuatro Vientos, tomaba tierra, e informaba de la mucha agitación que allí se apreciaba. Sobre las 10:00 horas, tomaron vuelo más aviones rebeldes. Berenguer dio órdenes a Getafe de que saliera una escuadrilla y los derribara, pero los pilotos, afirmándose en su fidelidad al gobierno, se negaron a disparar sobre sus compañeros de armas. Mientras avanzaba la mañana, los rebeldes se dieron cuenta que estaban solos, y que no les había secundado ninguna fuerza de España, ni se había declarado la huelga general. Además, se apercibieron que la tropa que llegaba desde Carabanchel, que en teoría iba a sublevarse, estaba emplazando cañones, lo que suponía que los artilleros tampoco se habían sublevado. La artillería estaba al mando de José Jevenois, cuñado de Hidalgo de Cisneros. Ante el cariz que tomaba la situación, los principales dirigentes – Ramón Franco, Queipo de Llano, Hidalgo de Cisneros, Martínez de Aragón, el coronel 1887 de Aviación Ángel Pastor…- tomaron tres aviones y huyeron a Portugal . Otros lo intentaron a pie, campo traviesa. Cuando Orgaz ordenó lanzar el primer cañonazo, el aeródromo izó bandera blanca y se rindió. Entre los participantes en la conspiración estaban los militares Hidalgo de Cisneros, Arturo González Gil, Antonio Rexach, Ángel Pastor Velasco, Miguel Gallo Piaya, Juan Piaya e Ignacio Anitua, todos los cuales fueron fieles al Gobierno del Frente 1888 Popular en julio de 1936 . Berenguer decidió castigar con dureza a la Aviación por la sublevación de Cuatro Vientos, suprimiendo la escala del Servicio de Aviación, eliminando su uniforme, y suprimiendo las Jefaturas Superior de Aeronáutica, de Aviación y de Aerostación, eliminando de un plumazo la estructura orgánica desarrollada por Kindelán en marzo de 1926, con la excusa de que la Aviación debía 1887 Los aviadores que fueron a Portugal a recoger los aparatos, entregaron a los huidos ropa y objetos personales por encargo de sus familias, pese a las órdenes de no contactar con los rebeldes. Hidalgo de Cisneros, I., Cambio de rumbo, p. 270. Esta huida fue tragicómica: “Recuerdo que un gran amigo mío, que entonces estaba destinado en Cuatro Vientos y que más tarde vino de capitán al regimiento donde yo me encontraba, me contó unos detalles graciosísimos sobre las apreturas y carreras para escapar en avión, así como la kucha sostenida entre los fugitivos para el reparto de paracaídas, pues, por lo visto, alguno se negaba a hacer el vuelo si carecía de dicha perotección en caso de accidente (y es que enalgunos casos el ‘heroísmo’ es contagioso)” : Iniesta Cano, C., Memorias y recuerdos, p. 38. 1888 Alcalá Zamora, N., Los diarios robados del presidente de la Segunda República. La Victoria republicana, La Esfera de los Libros, Madrid, 2012, p. 197-199, son firmantes de un telegrama de solidaridad con el Comité Revolucionario encarcelado, las notas de Jorge Fernández-Coppel los identifican y filian. 838 tener una estructura como la de los demás Cuerpos y Armas. Esta medida irritó a 1889 muchos oficiales de Aviación, y les inclinó decisivamente hacia el republicanismo . En esos días de diciembre de 1930, Varela recibió una carta del general Franco, 1890 en la cual éste de le decía que compartía sus puntos de vista . Para Franco, el sindicalismo militar, es decir, las Juntas de Defensa, sólo propiciaban el corporativismo y la división interna. El Gobierno es débil y está cediendo a las presiones, como suprimir el ascenso por elección, lo que supone eliminar un poderoso estímulo al trabajo; tampoco comparte la limitación del servicio militar a un año, preocupación que debaten otros ejércitos como el francés. En este sentido, espera que el relevo político que elimine a los políticos que heredaron el Desastre del 98, sea positivo. Habla luego de su hermano Ramón: “Mucho agradezco tus amables y cariñosos conceptos sobre mi hermano Ramón, que no tiene arreglo; está loco perdido y hace tiempo que perdió la noción de todo”. A renglón seguido, entra en el tema de Jaca: “Parece mentira también que hombres públicos que se dicen amantes de la libertad y demócratas, fomenten en el Ejército los pronunciamientos. “Lo de Jaca, un asco; el Ejército está lleno de cucos y cobardes y un loco exaltado arrastró a la colectividad de la manera más cochina. “Al pobre Las Heras le asesinaron cobardemente, como al Capitán y soldado de la Guardia Civil, haciéndole fuego de ametralladora y fusilería cuando se dirigían a reducirlos en el camino de Jaca, y luego, ante otra fuerza menos numerosa, al romper el fuego, tiran las armas y chaquetean; menos mal que se demostró una vez más que los que se portaron bien fueron de los nuestros. “El General Las Heras, uno, el pobre Beorlegui, que tuvieron que reducirlo por sorpresa entre veinte y amarrarlo. El Gal (U…la?) que parte de sorprendido y de estar en la higuera, les hizo caer, y los demás cucos y cobardes ¡Que limpia necesita nuestro Ejército!”. Se aprecia la crítica de Franco a la utilización del Ejército por parte de los políticos, así como su rechazo al golpe desarrollado por Galán. Esta utilización era posible gracias a las divisiones internas de las fuerzas armadas. La incidencia de las huelgas fue relativamente importante, provocándose choques con la fuerza pública en algunas localidades. El día 20 de diciembre, la tranquilidad era absoluta. Los dirigentes republicanos huyeron, se escondieron o fueron 1889 Atienza Rivero, E., El general Herrera, p. 294-295. Las reformas se establecieron por el Real Decreto de 8 de enero de 1931, de breve duración. 1890 AMC,AV, Carpeta 11, fol 118-119, copia mecanográfica, carta fechada en Zaragoza el 27 de diciembre de 1930, encabezada por un “Querido Varelita”. 839 detenidos. Uno de ellos fue Largo Caballero, el cual, como miembro del Consejo del Estado, debía ser juzgado por el Tribunal Supremo del Ejército y la Marina. Estas revueltas de Jaca y Cuatro Vientos demostraron que el Ejército por sí solo no podía derribar al régimen. Ante la desconfianza hacia parte del Ejército y el aumento de la conflictividad social, el Gobierno trajo a la península una bandera del Tercio para sofocar una revuelta anarquista y que estalló en febrero en el este del país. Corrió el rumor que también iba a ser traída una unidad de Regulares. Algunos legionarios provocaron incidentes, lo que se tradujo en críticas al Gobierno por parte tanto de militares como de civiles. Varela reflexionó sobre estos hechos. No le pareció conveniente crear los Casinos de clases, y cree que deberían desaparecer así como los de oficiales y hacer más vida en los cuarteles, con cantinas bien preparadas, como las que había visto en Europa. También faltaban bibliotecas, estudio, conferencias sobre temas militares, pero en los cuarteles. Los casinos de oficiales situados en la calle los veían como centros de murmuración y conspiración. También critica los beneficios impuestos por el dictador a las clases para ganarse su apoyo, así como abrir la posibilidad de ascender desde sargentos hasta coronel sin necesidad de estudios. Esto será perjudicial, porque personas in instrucción no pueden estar al mando de compañías o batallones, y generará problemas. Varela aboga por la eliminación de la Escala de Reserva, que permitirá estas situaciones. Hay que dar a los suboficiales más formación y más sueldo, pero para avanzar en su carrera deberían pasar por las Academias militares e ingresar como oficiales en la escala activa. Con las escala de reserva planteada, se crearán dos líneas, inferior ésta frente a la escala activa, generándose así división y distanciamiento entre 1891 oficiales y suboficiales . 3.14.5.- El final de la monarquía y la participación de un sector del Ejército en el mismo. Tras las revueltas de diciembre, la UMR había quedado descabezada. El Ejecutivo estaba tranquilo. En palabras de Mola, “El Ejército no preocupaba lo más mínimo. Los pocos significados revolucionarios estaban presos y en manos de los jueces; los demás simpatizantes, sobradamente conocidos, se guardarían muy mucho de hacer pinitos. 1891 AMC,AV, Carpeta 9, fol 557-559, Memorias de viaje de estudios al extranjero. 840 Tan halagüeña apreciaba la situación el general Despujol, que no había tenido inconveniente en decretar la libertad de casi todos los detenidos no sujetos a 1892 proceso” . A finales de ese mes se forma la Asociación de Ciudadanía Militar, integrada por Miguel Cabanellas, López de Ochoa, José Riquelme y Queipo de Llano, entre otros, cuyos postulados eran comprometerse como oficiales a someterse a la soberanía civil, evitar el establecimiento de una Dictadura, procurar la instauración en España de unas Cortes Constituyentes, y acatar sus resoluciones en lo que respectaba a la forma de gobierno de la nación y al enjuiciamiento de responsabilidades, civiles o militares. Es de destacar que estos cuatro generales eran destacados africanistas. El Comité Revolucionario civil quedó en manos de Lerroux, el cual confió la rama y la dirección 1893 militar de la conspiración en Cabanellas . En enero de 1931 se promulgó un Real Decreto para disolver los órganos de mando de la Aviación, y formar una comisión especial que examinara que oficiales habían sido desleales con el régimen, y debían ser apartados del servicio. La represión, sin embargo, se volvió contra el gobierno de Berenguer, que se vio acosado ante los próximos consejos de guerra por la prensa y los intelectuales, que formaron la Agrupación al Servicio de la República, cuyo manifiesto suscribieron José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala. Por otro lado, ante la convocatoria de elecciones, los principales líderes y republicanos llamaron a la abstención, mientras algunos de los constitucionalistas exigían que las nuevas Cortes fueran Constituyentes. El 14 de febrero, sintiéndose incapaz de solucionar el problema, Berenguer dimitió. El rey, temiendo que las nuevas Cortes plantearan un cambio de régimen, tras realizar consultas con los principales políticos monárquicos, designó presidente de gobierno a José Sánchez Guerra el 16 de febrero de 1931. Sánchez Guerra se presentó 1894 en la Cárcel Modelo de Madrid , para pedir a los miembros del comité republicano su participación en el Gobierno, pero Miguel Maura le contestó: “No hay nada que examinar que no esté examinado ya. Nosotros con la Monarquía, nada tenemos que 1895 hacer ni que decir” . Sánchez Guerra, entonces, dimitió sin llegar a formar Gobierno, 1892 Mola Vidal, E., Tempestad, calma, intriga y crisis, en Obras Completas, p.589. 1893 Cabanellas, G., Preludio a la Guerra Civil. Cuatro generales, t. 1, p. 191. El autor afirma que uno de los que se incorporaron a la conspiración fue el coronel Varela, que entró en contacto con Alcalá Zamora. 1894 Esta maniobra de Sánchez Guerra fue realizada quizá por influencia de su hijo Rafael, que luego fue alto cargo con Miguel Maura en la República: Maura, M., Así cayó Alfonso XIII, p. 125. 1895 Maura, M., Así cayó Alfonso XIII, p. 121-123; sin embargo, según explicó Sánchez Guerra a Berenguer, su visita a la Modelo tuvo como objeto intentar convencer a los líderes republicanos que no 841 1896 porque no consiguió llegar a un acuerdo con el rey sobre el listado de ministros . Alfonso XIII llamó entonces a Melquíades Álvarez, quien puso como condición que convocaría Cortes Constituyentes. A propuesta de La Cierva se formó entonces un Gobierno de concentración monárquica, presidido por el almirante Juan Bautista Aznar, con Berenguer en la cartera de Guerra. El nuevo gobierno del almirante Juan Aznar contaba entre sus ministros al conde de Romanones en Estado, a García Prieto en Gracia y Justicia y al general Berenguer como ministro de la Guerra; y el general Mola siguió en su puesto. Una de sus primeras medidas fue anunciar la convocatoria de elecciones municipales para el 12 de abril, anulando la de Cortes convocadas por el Gobierno anterior. Este gobierno sin embargo pronto dio muestras de debilidad. Entre el 13 y el 16 de marzo de 1931 se celebró el juicio contra los sesenta y tres compañeros de Galán y García Hernández. En la vista, el defensor capitán Domínguez atacó al Gobierno afirmando que no era legítimo, y con su labor insultaba a los españoles. Se condenó a muerte al capitán Salvador Sediles –el fiscal pedía la máxima pena a otros cinco-, y penas de cárcel para varios más, cuatro condenas de perpetua (capitán Moreno, teniente Mendoza, alférez Manzanares y sargento González Burgos) y veinte años de reclusión a otros cincuenta y dos encausados, y seis absueltos. El Gobierno propuso el indulto del capitán Sediles al 1897 monarca, y éste lo suscribió . El 20 de marzo se inició el juicio de los miembros del Comité Revolucionario, Alcalá Zamora, Miguel Maura, Álvaro de Albornoz, Casares Quiroga, Fernando de los Ríos y Largo Caballero, por el Consejo Supremo de Justicia Militar cuyo presidente era el teniente general Ricardo Burguete, cuyo hijo Ricardo, comandante, conspiraba con Ramón Franco por el advenimiento de la República. Integraban el tribunal como vocales el teniente general Francisco Artiñano, el almirante Emilio Enríquez, los generales de división Juan Jimeno, Daniel Manso, Luis Bermúdez de Castro, Leopoldo Ruiz Trillo y Joaquín Gardoquí, y los vicealmirantes Eliseo Sanchiz y José Núñez convocaran manifestaciones ni protestas que perturbaran el orden público: Berenguer, D., De la Dictadura… p. 328. 1896 Según Berenguer, el monarca le visitó en el palacio de Buenavista, donde el general estaba convaleciente, y le comentó que “subsistía el mismo encono entre las diferentes agrupaciones en pugna y el propósito de no permitir la entrada en el Gobierno de ningún elemento que pudiera ser una garantía para la Corona. Se rechazaba, por los más, la admisión en él del conde de Romanones y del marqués de Alhucemas. Además de otras exigencias, en detrimento de la Corona, que no se podían aceptar, en lo que estuve completamente de acuerdo con Su Majestad”, Berenguer, D., De la Dictadura… p. 329. 1897 Durante la República, Sediles fue diputado por el partido autonomista catalán Extrema Esquerra Federal. Murió en septiembre de 1936 participando en el asedio al Alcázar de Toledo. 842 Quijano, actuando como ministro togado Guillermo García Parreño, y como fiscal Valeriano Villanueva. Burguete consiguió del Gobierno el celebrar el juicio en la sala más grande del Palacio Justicia de Madrid, no permitió que la policía entrara en el recinto, y dio libertad a los abogados para convertir la defensa de los detenidos en 1898 arengas republicanas . Los abogados, Ángel Ossorio y Gallardo, Victoria Kent, Luis Jiménez de Asúa, Francisco Bergamín y Felipe Sánchez Román, afirmaron que no existía un gobierno legal en España, dado que no se habían convocado elecciones desde 1923, lo que fue aceptado por Burguete. El 23 de marzo de 1931, el Consejo Supremo condenó a los acusados a la mínima pena de seis meses y un día, con el voto particular del presidente y dos vocales a favor de la libre absolución. Pero la sentencia fue suspendida por el propio tribunal en función de la Real orden del 20 de agosto de 1929 –una ley de la Dictadura- que establecía la condena condicional, con lo que los acusados quedaron en libertad. En declaraciones a la prensa el propio Burguete afirmó que él y otros dos jueces habían votado a favor de la absolución total, y que pronto el país 1899 volvería a un gobierno parlamentario. El juicio se volvió contra la monarquía . En todo este asunto, el Gobierno no se atrevió a inmiscuirse. El día 27, el general Burguete fue aún más lejos, y afirmó que el Consejo Supremo podía juzgar incluso a capitanes generales, y “si alguno de éstos fuera capaz de pronunciarse para volver a erigirse en 1900 Dictador, poniendo en duro trance a la patria y en nueva vergüenza al Ejército” . Berenguer destituyó a Burguete de la presidencia del Consejo Supremo y lo condenó a dos meses de arresto militar por haber realizado estas declaraciones, así como al hijo de este. Los estudiantes aumentaron sus protestas, sobre todo los días 23 al 25 de marzo. Con el pretexto de realizar una campaña para amnistiar a los procesados, los estudiantes se encerraron en la Facultad de Medicina. La policía no entró en el edificio, amparado por la autonomía universitaria, pero las protestas degeneraron. Un grupo de estudiantes 1898 Así lo describió Roberto Castrovido en El Pueblo: el espectáculo fue un mitin “superior a los verificados en las plazas de Toros de Madrid y de Valencia, si no por el número de espectadores, por la diversidad de oradores y el fausto acontecimiento de turnar en la tribuna –que tribuna fue el banquillo de los acusados-socialistas y republicanos (…). Un ambiente de simpatía rodeó, mimoso, a los acusados; al entrar éstos en la sala, abogados civiles y público se puso en pie; flores a las esposas e hijas de los encartados; una merienda dispuesta por el Colegio de Abogados, saludos, aplausos. En resumen, un mitin hasta por los informes de los letrados”, Berenguer, D., De la Dictadura… p. 345. 1899 Maura, M., Así cayó Alfonso XIII, p. 133-138:” Y así terminó el consejo de guerra contra nosotros, Fue un acto revolucionario celebrado solemnemente ante el más alto Tribunal de la Nación, presidido por la plana mayor del Ejército y la Marina, en el Palacio de Justicia de Madrid, y en su salón de plenos. No cabía pedir más. No podíamos quejarnos”. 1900 Berenguer, D., De la Dictadura… p. 346. 843 descubrió a tres policías ocultos en un piso frente a la Facultad y quiso asaltar la vivienda. Se enviaron varias secciones de la Guardia Civil y se entabló una reyerta de la 1901 que resultaron un muerto y varios heridos . Pero el Gobierno confiaba en el triunfo monárquico en las elecciones. Berenguer constató que tras el fracaso de la sublevación, el Ejército parecía tranquilo. El 10 de febrero, aún como presidente del Gobierno, escribió a los capitanes generales una circular en la cual afirmaba que: “No he de citar la actitud del Ejército, pues si en fecha no lejana, el pasado diciembre, éste pudo participar por algunos de sus elementos en la revuelta, dados los informes que recibo de todos los capitanes generales, y lo que yo por mí puedo observar desde el Ministerio, todas las señales son de que ha de permanecer alejado de la contienda, ocupando el lugar que le corresponde de 1902 mantenedor del orden y garantía del Régimen y de las Instituciones” . Berenguer, en sus memorias, reconoce que los militares estaban expectantes, y que los revoltosos estaban desorientados. Muchas de las heridas abiertas durante la Dictadura no habían cicatrizado, pero parecía imperar el espíritu de recuperar la disciplina, mantenerse en el ejercicio de sus funciones y distanciarse de la política, dejando que la voluntad popular impusiera el nuevo orden en el país. Muchos estaban decepcionados, otros dolidos porque se acusaba al Ejército de haber sostenido la Dictadura, y por eso contemplaban el panorama político con apatía. Existían descontentos que seguían conspirando, “mas la masa general, los cuerpos armados, se mantenían en sus cuarteles, dedicados a sus ocupaciones militares, alejados de la lucha, dolidos aún en su espíritu de soldados de los tristes episodios de negación del compañerismo y de la disciplina que se pusieron de manifiesto en las últimas recientes rebeliones, 1903 corolario de las que venían sucediéndose hace unos años” El 5 de abril, domingo, Berenguer dirigió una nueva circular a los capitanes generales encareciéndoles que apoyaran el mantenimiento del orden público en los próximos días, pues temía que elementos republicanos e izquierdistas provocaran disturbios a fin de obligar al Ejecutivo a declarar el estado de excepción y suspender las elecciones, lo que sería aprovechado para encrespar los ánimos. Los capitanes generales le contestaron que en las guarniciones reinaba el espíritu de disciplina y que no había atisbo de inquietud política, y que se auxiliaría a las fuerzas de orden público. Ese día fueron proclamados los candidatos. 1901 Iribarren, J. Mª, Mola, p. 27. Estos hechos supusieron para Mola su procesamiento al instaurarse la República. 1902Berenguer, D., De la Dictadura… p. 349-350. 1903 Berenguer, D., De la Dictadura… p. 351. 844 El día 12 de abril se celebraron las elecciones. Los distritos rurales fueron ganados por los monárquicos, pero en las grandes ciudades se votó abrumadoramente a favor de los republicanos. Tácitamente se consideraba que el voto urbano era más libre y más educado que el rural, aunque Romanones aseguró en sus memorias que no se 1904 activaron los mecanismos caciquiles, por otro lado, destruidos por la Dictadura . Los resultados demostraban la indiferencia de la población hacía la monarquía. Los monárquicos se deprimieron. Romanones retrató el ambiente de consternación que se vivió en el Gobierno de Aznar el domingo al recibir los resultados, y la respuesta del general Sanjurjo, director de la Guardia Civil: “Me devoraba la impaciencia por conocer, cuando menos, el resultado de algún escrutinio. Antes de tener noticia de ninguno, y sin saber por qué, los presagios más negros se apoderaron de mi ánimo. Presagios que se confirmaron con la primera información que se recibió: la del escrutinio de la sección correspondiente al Palacio de Oriente. Allí los monárquicos habíamos tenido una votación ridícula (…) Cuando oí: “Guadalajara: ‘catorce de la coalición republicanosocialista, seis monárquicos’, me quedé atónito. Cincuenta años de vida política se desvanecían como humo. A poco, el Ministro de la Gobernación exclamó: ‘Murcia: derrota completa de los monárquicos’. Mi querido amigo y compañero de Bolonia, Juan de la Cierva, le interrumpió con violencia, diciendo: ‘Eso no puede ser’. Y entonces Hoyos puso en su mano el teléfono 1905 para que hablara con el Gobernador” Juan de la Cierva aconsejó al rey resistir. Preguntó al general Sanjurjo, director de la Guardia Civil cuál era su postura. Sanjurjo no sentía especial aprecio por el rey, y no deseaba que el Ejército apoyara otra dictadura, y además estaba recibiendo presiones de políticos conservadores para que aceptara el cambio de régimen y evitar así la violencia, mientras que los líderes republicanos le aseguraban que no habría grandes transformaciones políticas. Sanjurjo respondió a La Cierva: "Hasta ayer por la noche 1904 ·”Los seis años de ostracismo y de olvido dieron al traste con las oligarquías caciquiles que en pueblos y provincias formaban la red de sus seguidores. La desorientación que en los mas diversos ámbitos del país se produjo al caer la Dictadura respecto al porvenir político inmediato, junto con el estallido de las libertades que Berenguer iba concediendo paulatinamente sin grandes regateos, crearon un ambiente prerrevolucionario”, Maura, M., Así cayó Alfonso XIII, p. 48; “El Gobierno, olvidando antiguas prácticas, había proclamado su inhibición absoluta en la lucha. Cumplió la palabra. Aseguro que en cincuenta años de participación activa mía en cuantas elecciones se efectuaron en España, y sobre todo en Madrid, jamás, como entonces, cumplió el Gobierno lo prometido”, Romanones, C. de, …Y sucedió así, p. 22-23. 1905 Romanones, C. de, …Y sucedió así. Aportación para la Historia, Espasa-Calpe, Madrid, 1947, p. 26- 28. 845 1906 usted podía haber contado conmigo" , y que no estaba dispuesto a contrariar la voluntad nacional expresada en las urnas. El 13 de abril, de madrugada, el general Berenguer, ministro de la Guerra, envió a los capitanes generales un telegrama aconsejándoles serenidad, confianza en el Mando manteniendo la disciplina y colaborando con las fuerzas de orden público, porque "Ello será garantía de que los destinos de la Patria han de seguir, sin trastornos que la dañen intensamente, el curso lógico que les imponga la suprema voluntad nacional". Ese día se celebró un nuevo consejo de ministros, a requerimiento de Berenguer. Para cuatro ministros, el resultado electoral restaba autoridad al Gobierno, y por consiguiente pensaban dimitir. Ante esta manifestación, se inició un debate. La opinión general era convocar lo antes posible elecciones generales, y recabar de los líderes de la oposición una tregua y la aceptación de que el Gobierno presidiera dichas elecciones. Berenguer leyó el telegrama enviado a los capitanes generales, y La Cierva le apuntó que no decía en él nada del régimen, de la monarquía, y le añadió que la nota era política, pues “invoca usted, no el Poder legítimo del Gobierno del Rey, sino la 1907 soberanía nacional” . Aquí las versiones difieren. Según Berenguer, se pasó a tratar de la nota con que el Gobierno informaría al rey del resultado electoral; La Cierva relata que Romanones propuso la dimisión del Ejecutivo, a lo que él se opuso, mientras el duque de Maura afirmaba que visto el resultado electoral, la monarquía era ilegítima en 1908 España . El Ejército estaba dividido. En la oposición al régimen se encontraban los artilleros, los sargentos, los aviadores, parte de los cuerpos auxiliares y los subalternos de la Marina. La mayoría del ejército era conservadora y monárquica, pero también habían republicanos, carlistas, alfonsinos y primorriveristas. Sin embargo, la mayoría monárquica no deseaba complicaciones, y los republicanos estaban radicalizados. El ejército decidió inhibirse ante el cambio de Régimen, aceptando la República. Algunos generales enviaron un telegrama al rey en la mañana del 14 de abril comprometiéndose a su lado, así como otro grupo, dirigido por Cavalcanti, presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, se ofrecieron para dirigir la represión contrarrevolucionaria. Pero 1906 Según Romanones, la frase fue más impersonal: “Hasta ayer por la noche podía contarse con ella”, en referencia a la Benemérita. Romanones, C. de, …Y sucedió así, p. 29. 1907 De la Cierva Peñafiel, J., Notas de mi vida, p. 365. 1908 De la Cierva Peñafiel, J., Notas de mi vida, p. 366. 846 Alfonso XIII no estaba dispuesto a iniciar una guerra civil, y decidió renunciar para evitar el derramamiento de sangre. Esta actitud promonárquica no era ni mucho menos la más común en el Ejército. En la mañana del 14 de abril Alcalá Zamora, junto a otros miembros del autodenominado Gobierno Provisional de la República, se trasladó a casa de Miguel Maura, desde donde telefoneó a Barcelona para inquirir noticias, y al general Sanjurjo, antiguo amigo suyo, para que fuera a hablar con él. Sobre las 11:00 horas se presentó el general Sanjurjo, de paisano. Fue pasado a un saloncito, y al recibirle Maura, el general se cuadró y le dijo “A las órdenes de usted, señor Ministro”. Sanjurjo manifestó a continuación que la Guardia Civil y él mismo acataban la voluntad popular y se ponían al servicio de la República. Repitió la misma fórmula y mensaje al entrar Alcalá 1909 Zamora. Ambos políticos le agradecieron el gesto . Seguidamente, el general se marchó. La versiñon de Alcalá Zamora es que éste le persuadió. “Le enteré de cuanto pasaba, que él en gran parte debía ya de saber por su jefe inmediato, por Berenguer mismo; invoqué ante él las supremas exigencias para el país, para el orden y para aquel mismo instituto [la Guardia Civil], de mantenerlo dispuesto a facilitarnos, con el inestimable servicio de la obediencia y del concurso desde el primer momento, la instauración pacífica de la República con tranquilidad y con 1910 fuerza” . Según Romanones, en la mañana del 14 de abril Don Alfonso le llamó a Palacio, y allí le pidió que hablara con Alcalá Zamora para preparar el tránsito de un régimen a otro. Romanones se reunió con su antiguo subordinado en casa del doctor Marañón. Allí, Alcalá Zamora exigió la inmediata salida del rey de España y su renuncia a la corona, y que el viaje se emprendiera antes de la caída del sol, advirtiendo que en caso 1911 contrario no respondería de la vida de la familia real . También le informó de que 1912 contaba ya con la adhesión del general Sanjurjo, lo que demudó al conde . Según Miguel Maura, acordaron realizar el traspaso de poderes efectivo el día 15, lo que molestó a éste que temía lo que podía pasar en las siguientes veinticuatro horas sin un poder ejecutivo efectivo. Mientras tanto, La Cierva, Bugallal y Gascón y Marín hablaron con el rey. Bugallal recordó al monarca que en la mayoría de los distritos habían ganado las candidaturas monárquicas. La Cierva preguntó al rey si era cierto que 1909 Maura, M., Así cayó Alfonso XIII, p. 165-166. 1910 Alcalá Zamora, N. Memorias, Planeta, Barcelona, 1977, p. 164. 1911 Romanones, C. de, …Y sucedió así, p.39-46. 1912 Alcalá Zamora, N., Los diarios robados del presidente de la Segunda República. La Victoria republicana, La Esfera de los Libros, Madrid, 2012, p. 220-222, afirma que la entrevista con Sanjurjo tuvo lugar después de hablar con Romanones. 847 había decidido abandonar el poder, tal y como le había dicho esa misma mañana Romanones. El rey contestó que sí, que deseaba la formación de un gobierno “casi nacional” para convocar Cortes Constituyentes que decidieran la forma de Gobierno, pero sin estar él presente. La Cierva se manifestó contrario a ello, le recordó que la monarquía era una institrución secular, y aseguró que sin ella España caería en el abismo de la revolución y el desmembramiento. Pero don Alfonso le contestó que no estaba dispuesto a realizar actos de fuerza ni a derramar sangre para mantenerse en el 1913 trono . Romanones volvió a Palacio e informó al rey. Éste ya había encargado a Gabriel Maura que redactara su manifiesto de despedida a la Nación. Romanones se dirigió al Ministerio de Gobernación, donde se reunió con el ministro, marqués de Hoyos, el presidente del Gobierno y Berenguer. Se había izado la bandera tricolor en el Palacio de Comunicaciones, una gran manifestación avanzaba hacia el Palacio Real, y comenzaba a llenarse de gente la Puerta del Sol. Romanones quiso que Berenguer declarara el estado de guerra. El ministro manifestó que sería necesario emitir un bando con instrucciones especiales, para lo que se requirió la presencia de un oficial de Estado Mayor. Al llegar un comandante, Romanones comenzó a dictarle el bando, pero la Puerta del Sol estaba ya llena de gente, y los presentes comprendieron que ni toda la guarnición de Madrid podría imponer el orden. Desistieron de ello, y salieron del 1914 Ministerio hacia el Palacio . Convencido de que podía tomar el poder por sí mismo, a las 18:00 horas, Miguel Maura salió a la calle, y con Largo Caballero, en coche y escoltados por una multitud, llegaron hasta el Ministerio de la Gobernación casi dos horas después, tal era la gente 1915 que estaba en las calles y en la Puerta del Sol . Se izó la bandera de la República en el edificio, se abrieron las puertas, y la Guardia Civil les presentó armas. Maura se dirigió al subsecretario, el coronel y 1916 periodista Mariano Marfil, y le dijo, sencillamente, que allí estaba de más . Al llegar a Palacio, Romanones, Hoyos y Berenguer, que había dado un gran rodeo desde el Ministerio, supieron que allí ya estaban los republicanos. Se celebró el 1913 De la Cierva Peñafiel, J., Notas de mi vida, p. 368-370. 1914 Romanones, C. de, …Y sucedió así, p. 49-50. 1915 Según Alcalá Zamora, iban en su vehículo, un Hudson de matrícula de Córdoba nº 4.584, Azaña, Maura, Largo Caballero y él mismo, junto al mecánico Eduardo Górriz y el periodista Emilio Herrero; en otro coche les seguían Lerrouz, Ríos, Albornoz y Casares Quiroga: Alcalá Zamora, N. Memorias, Planeta, Barcelona, 1977, p. 164. 1916 Maura, M., Así cayó Alfonso XIII, Ariel, Barcelona, 1968 (1962), p. 169-170. 848 consejo. El monarca reiteró que no se derramara una gota de sangre española por su trono. Explicó que no había podido formar un nuevo Gobierno. Romanones le aconsejó que se marchase, La Cierva reiteró su oposición a esta resolución, y la marcha del monarca costaría más sangre que su permanencia. La Cierva, entonces, se dirigió a Berenguer y le preguntó si no se contaba con la lealtad del Ejército. Berenguer respondió que Sanjurjo le había asegurado que no se podía contar con gran parte de las fuerzas armadas. La Cierva preguntó entonces a Berenguer si él mismo había comprobado dicha postura, y si había tomado medidas especiales para garantizar el orden y la disciplina. Berenguer contestó que consideraba “peligroso” e “inútil” pedir una intervención del Ejército; La Cierva le respondió que ahora entendía el mensaje dirigido a los capitanes generales pidiendo neutralidad. Esta postura fue apoyada por el ministro de Marina, Rivera, y por el ministro de la Gobernación, que afirmó que Sanjurjo le había explicado que quizá la Guardia Civil pondría dificultades para 1917 defender la Monarquía . La Cierva siguió protestando, pero Romanones afirmó que ya había pactado la salida de la familia real. El monarca entonces leyó su Manifiesto de despedida. Los ministros y presentes se despidieron del rey en un ambiente de tristeza y emoción. En su mensaje de despedida a los militares, el rey escribió: "…es mi deseo manifestaros mi gratitud por la lealtad que siempre me demostrasteis y la seguridad que abrigo de que en todo momento seguiréis siempre siendo modelo de disciplina y procuraréis por vuestras virtudes elevar los corazones para el mejor servicio del país. 1918 Unido a vosotros grito más fuerte que nunca: ¡Viva España!” . El rey salió del país, mientras las masas ocupaban las calles y la gran mayoría de oficiales del ejército se mantenían al margen. De esta forma, se proclamó la Segunda República Española. En el Ministerio de la Guerra quedó en hombre de confianza de Berenguer, Valentín Galarza. El enlace entre el monarca y el Ministerio era el teniente coronel de Infantería Pablo Martín Alonso. Desde Gobernación, el Gobierno Provisional de la República ordenó al general Cabanellas que el comandante Vidal emplazara una batería en Vistillas, amenazando al Palacio Real y a Capitanía General, de forma que si a las 21:00 horas el rey no había salido, o el capitán general Federico Berenguer resignado el 1917 De la Cierva Peñafiel, J., Notas de mi vida, p. 372; Payne. S.G., Los militares…, p. 274-275. 1918 Cortes Cavanillas, J., Alfonso XIII. Vida, confesiones y muerte, Prensa Española, Madrid, 1956, p. 345. También redacto un mensaje más largo y quizá más afectuoso para la Marina, pero ambos fueron censurados por el Gobierno Provisional de la República, y no fueron publicados. 849 mando, se bombardearan los edificios. Después, Cabanellas fue a Gobernación para informar de que las órdenes estaban cumplidas. El general Sanjurjo, por su parte, se 1919 presentó ante Federico Berenguer, para impedirle que declarara el estado de Guerra . En sus memorias, el general Iniesta Cano rememora la proclamación de la República en el cuartel madrileño de la Montaña, en el regimiento de Infantería Asturias nº 31. El ambiente de las calles le pareció violento: se apedreaban los estancos y los vehículos militares por ostentar la bandera bicolor, se proferían gritos contra el general Mola y contra el Ejército, lo que ya mostraba el carácter antimilitarista que muchos pretendían infundir al nuevo régimen: “Muchas [mujeres alborotadoras] se habían disfrazado con prendas militares de las que hacían mofa, mientras otras portaban pancartas insultantes contra el ejército y las fuerzas del orden, o retratos del rey sobre 1920 los cuales habían pintado barba y cuernos” . El entonces teniente Iniesta llegó al cuartel para encontrarse con que en el cuarto de banderas dos oficiales estaban descolgando los retratos de Alfonso XIII y de Primo de Rivera, mientras reclamaban uno de Manuel Azaña. Iniesta no pudo reprimirse y bromeó diciéndole a uno de ellos, un capitán, que ya que se encontraba haciendo labores propias de un ordenanza, quizá tendría ganas de limpiar la sala. El capitán le ordenó ponerse firmes y le amonestó con dureza, al tiempo que le decía que no le arrestaba “por la grandeza de este día memorable”. Esta actitud entusiasta de algunos mandos, contrastaba con la entristecida y dignamente resignada de otros, entre ellos el coronel del regimiento, Julio Mena Zueco. El grupo de soldados que se dirigían al cuartel tras prestar servicio de guardia en el Palacio Real, se encontraron con que la muchedumbre les arrebató los roses, e intentó quitarles y mancillar la bandera, lo que no consiguieron por la defensa de la misma 1921 hecha, pistola en mano, por el abanderado . Tradicionalmente se comenta que la proclamación de la República tuvo lugar sin incidentes, pero la excepción fue Tetuán, donde ocurrieron hechos que pudieron ser luctuosos, y que al ser protagonizados por el Ejército, deben ser referidos. El día 15 de abril, una muchedumbre protestó ante el palacio de la Alta Comisaría de Tetuán porque no se había izado la bandera tricolor en el balcón. Dentro del edificio se estaba cosiendo la consabida franja morada, pero la gente, impaciente, intentó arrollar a la guardia mora, 1919 Cabanellas, G., Preludio a la Guerra Civil. Cuatro generales, t. 1, p. 211. 1920 Iniesta Cano, C., Memorias y recuerdos, p. 41. 1921 Iniesta Cano, C., Memorias y recuerdos, p. 43. La badera tricolor fue oficializada en 27 de abril de 1931. 850 que se vio obligada a disparar al aire. Cinco personas fueron heridas por el rebote de los proyectiles, con lo que se suspendió el fuego, y la manifestación forzó la entrada. Se efectuaron disparos contra las ventanas del despacho del general Gómez Jordana Sousa, y entraron en el mismo unas personas que se dijeron representantes del pueblo y de la República. Mientras tanto, en la calle, un grupo de personas intentó linchar al coronel Oswaldo Capaz, acusándole de ser el causante de los disturbios; fue salvado por un grupo de oficiales, entre ellos el general Sousa. Con el uniforme destrozado y herido, el coronel fue trasladado bajo escolta al cuartel del Regimiento de Ceriñola. Ese mismo 1922 día se descubrió la falsedad de todas las acusaciones . El Alto Comisario, Gómez Jordana, fue relevado, durante un breve período de tiempo por el general Sanjurjo, hasta el nombramiento de un Alto Comisario civil. 3.14.6.- La ideología política de Varela al final de la Monarquía. 1923 Martínez Roda analiza tres textos de Varela: un artículo redactado para la Revista de Tropas Coloniales, otro para el Libro de Oro de la Exposición Hispano- Americana de Sevilla, y un tercero para el periódico La Columna, de Puerto Real, así como sus impresiones de viaje por Europa. De sus textos, se deduce que Varela era una persona cuyo pensamiento es homologable a los militares respetuosos con la legalidad de sus Gobiernos, y tolerante con todas las opciones políticas liberales. Se ha visto que era enemigo de la implicación del Ejército en la lucha política interna, y en la utilización del mismo por parte de los revolucionarios como instrumento para derribar la legalidad. Esa utilización era posible porque se aprovechaba las divisiones internas: junteros y africanistas, monárquicos y republicanos… En sus escritos hay una preocupación por la situación de los obreros y su educación. Hay admiración por el ejército alemán, por su modernización y eficacia, pero debe recordarse que cuando lo conoció era la fuerza armada de una democracia. También hay preocupación por la crisis política europea. En cambio, no se manifiesta sobre el régimen fascista italiano. En sus discursos y escritos a sus tropas indígenas, se trasluce absoluto respeto por sus costumbres y por su religión, y la conciencia de que Marruecos será independiente. La obra de España es protectora, no asimiladora; no se 1721 Sousa y Regoyos, F., lo que recuerdo de mi vida, p. 180-181. 1923 Martínez Roda, F., Varela. El general antifascista de Franco, p, 96-101. 851 trata de conquistar Marruecos, de convertir a los marroquíes en españoles, se trata de hacerlos progresar. Pero al rechazar los ataques a la Iglesia, y sentirse amenazado por las reformas de la izquierda, y por los extremistas de izquierda en las huelgas de Cádiz que siguieron a la proclamación de la II República, sus ideas, como la de otros militares compañeros suyos, evolucionaron hacia el pensamiento tradicionalista, sin ser carlista dinástico. 852 4.- El Ejército durante la II República y el agravamiento de las divisiones internas. 4.1.- Los militares y el advenimiento de la II República. La actitud de los militares hacia la nueva República fue pasiva, de expectativa. Pensaban que la República liberaría al Ejército de la carga que le había supuesto la Dictadura. Los principales militares enfrentados al Dictador, los generales Queipo de Llano y Cabanellas, y los artilleros, no eran republicanos; Ramón Franco y sus compañeros eran sencillamente revoltosos. Los republicanos eran pocos en el ejército. Un caso significativo lo ofrece el teniente coronel Emilio Herrera, aviador y hombre de Ciencia, Gentilhombre de Alfonso XIII, que al proclamarse la República se entrevistó con el monarca en París, y le pidió que le liberara de su juramento de servir a la monarquía. El rey le contestó que “el soldado no sirve al Rey, sino a la Patria”, y le 1924 liberó de su compromiso para que pudiera jurar lealtad alnuevo Régimen . El Ejército seguía siendo uno de los elementos fundamental del Estado y de la sociedad, y dentro de él tenían principal relieve los generales y los oficiales de Estado Mayor, Infantería, Caballería y Artillería. En esta época cobraron más protagonismo los suboficiales, especialistas y el cuerpo de máquinas de la Armada. Era un Ejército que, a ojos de la izquierda que iba a gobernar el nuevo Régimen, estaba marcado por la Dictadura, la Ley de Jurisdicciones, y el largo historial decimonónico de pronunciamientos. Uno de los hombres fuertes del nuevo régimen, Niceto Alcalá Zamora, era persona moderada y bien conocido de los militares al haber sido ministro de la Guerra en el gabinete liberal de García Prieto. Él mismo había prometido en Valencia una 1925 república bajo el patrocinio de San Vicente Ferrer . En el Gobierno Provisional, el nuevo ministro de la guerra era Manuel Azaña, funcionario de Hacienda conocido por haber presidido el Ateneo de Madrid, y por tener un cierto liderazgo entre los 1924 Atienza Rivero, E., El general Herrera, p. 298; Gil Robles, J. Mª, No fue posible la paz, Ariel Barcelona, 1968, p. 87; Prieto, I., Convulsiones de España, Oasis, Mexico, 1974, vol II, p. 357. 1925 “Tu [San Vicente Ferrer] supiste en el siglo XV dar, a la brutalidad del mundo y para salvación de España, el ejemplo de que entonces era posible por las vías legales, por el camino del derecho, proveer un trono vacante. Yo pido a la conciencia del pueblo español, pido a la conciencia de sus alturas, invocando el debder de todos, que en el siglo XX completemos aquel ejemplo de educación siendo capaces de lo contrario: por las vías legales, por el camino del derecho, dejar vacante un trono ocupado”, Discurso en el Teatro Apolo de Valencia, el 13 de abril de 1930, en Alcalá Zamora, N., Los diarios robados… La Victoria republicana, p. 367. 853 republicanos. Era un hombre instruido, pero sin experiencia política, ardiente enemigo de todo lo que consideraba reaccionario. Su elocuencia, de verbo ofensivo, le encumbró rápidamente al primer plano de la política española, así como la firmeza de sus convicciones. Azaña deseaba un Ejército como el francés, obediente ante el poder civil y las instituciones del Estado. El ejército español era ineficiente y anticuado, opinión compartida por muchos analistas, entre ellos Varela. El ejército francés era claramente defensivo. La Constitución de 1931, en sus artículos 6, 76 y 77 recogía esta doctrina defensiva y un tanto antimilitarista, basada en la creencia de que iniciar una guerra era ilegítimo, pero era lícito defenderse con las armas. El Estado Mayor francés había diseñado una política defensiva destinada a detener una posible invasión alemana, a través de una gran batalla en la frontera fortificada, mientras se movilizaba la nación. Por otro lado, el Ejército francés ya no estaba concebido como una fuerza para mantener la paz social en el interior del país. Aquí radicaba la contradicción: los republicanos como Azaña eran conscientes de que ese factor de modernidad no era aplicable al Ejército español, todavía necesario para mantener el orden público, por la falta de policía, que se intentó compensar con el incremento de la Guardia Civil y los 1926 Carabineros, y con la creación de los Guardias de Asalto . Había que convertir al Ejército en un instrumento sumiso al Régimen, útil para tareas de defensa, pero que también fuera garante del orden público. Por eso, pese a todas las reformas, hasta 1936 se mantuvieron los tribunales castrenses, la presencia de tropas en la calle y la proclamación del estado de guerra, lo que mantuvo el protagonismo social y político del Ejército. De esta forma, los Gobiernos de la República incurrieron en el mismo error que sus predecesores. 4.2.- El ministro Manuel Azaña y su Gabinete militar. Para Azaña, la Iglesia Católica, el Ejército y la aristocracia terrateniente eran las instituciones culpables del atraso del país. Sus correligionarios pensaban que había que separar la Iglesia del Estado, suprimir los subsidios del clero y las escuelas católicas. Estas medidas iban a provocar un rechazo social importante entre la masa católica del 1926 La Guardia de Asalto fue concebida específicamente como fuerza antidisturbios, para liberar de esta responsabilidad a la Guardia Civil –cuyo armamento, el fusil Máuser, instrucción y disciplina no eran las idóneas para esta tarea- y al Ejército. Fue creada por Miguel Maura, ministro de Gobernación, y Ángel Galarza, Director general de Seguridad, y organizada y adiestrada por el teniente coronel Muñoz Grandez. Sus integrantes debían medir como mínimo 1’80 metros, sufrían un duro entrenamiento, iban armados con porras de goma y pistolas: Maura, M., Así cayó Alfonso XIII, p. 274-275. 854 país. En cambio, la política militar de Azaña fue más personal, menos compartida con el resto de la izquierda, de ahí sus discursos en las Cortes. Azaña pensaba que el Ejército español era ineficaz y pretencioso. Además, según Cardona, Azaña tenía miedo a un pronunciamiento o a una revolución de la tropa, acontecimientos que no podía valorar ni prever por carecer de información, sencillamente porque no se preocupó de organizarse 1927 un servicio de información y seguridad . En un discurso pronunciado en Valencia, el 8 de junio de 1931, abriendo la campaña electoral para las Cortes Constituyentes, Azaña habló que el problema no era dotarse de una Constitución, sino en eliminar los enemigos de la libertad del pueblo español; la acción gubernamental debía “triturar” “las confabulaciones personales, económicas, bancarias, territoriales de las gentes que durante más de un siglo han venido monopolizando el esquilmo de la nación”, para evitar que volvieran a apoderarse de ayuntamientos y del Gobierno y afirmó: “Eso hay que triturarlo y hay que deshacerlo desde el Gobierno y yo os aseguro que si alguna vez tengo participación en él pondré en triturarlo la misma energía y resolución que he puesto para triturar otras 1928 cosas no menos amenazadoras para la República” . Por el contexto, parece que Azaña se refería al caciquismo político y a las oligarquías, pero dado su ministerio, y la historia reciente del país, fue interpretado como que su objetivo era “triturar” al Ejército. Otro factor que empujó a Azaña a estas reformas, apuntado por Lerroux, fue la 1929 fama que se ganó de político radical y de hombre enérgico y decidido . Su defensa de las reformas le catapultó a primera línea de la política nacional, y le dio un gran prestigio. Había que evitar para el futuro toda intervención del Ejército en la política española. Para Azaña, los españoles "no tenemos espíritu militar, talento o capacidad 1930 de organización de fuerza armada" . Antes del 14 de abril, ya tenía redactados los decretos para desmontar la cúpula del organigrama militar. En un discurso pronunciado 1927 Cardona, G., El problema militar en España. 1928 Maura, M., Así cayó Alfonso XIII, p. 227. 1929 “Las reformas militares crearon en aquellas Cortes, de tendencia demagógica, una aureola radical y popular en torno de Azaña. Se le suponía hombre de carácter, de energía, de extrema izquierda, y eso que hacía poco más que meses militó en la política monárquica y no hacía mucho habíase casado canónicamente (…). Eminencias intelectuales se levantaron a cantar sus alabanzas y la autoridad del coro contagió el ambiente, de modo que todos celebramos la revelación de un nuevo valor político, de que tan necesitado estaba el elenco de la República”: Lerroux, A., La pequeña historia, Afrodisio Aguado, Madrid, 1963, p. 111. 1930 Payne, S.G., Los militares y la política en la España contemporánea, p, 278. 855 en Valencia a raíz de las próximas elecciones de la República, el 18 de julio de 1931, ya insinuó sus deseos de reformar profundamente el Ejército: “abolir el sistema militar vigente es una cuestión de vida o muerte… Realiza además el Ejército, por la misión 1931 que se le ha dado en España, una obra de corrupción política” . En los cinco primeros días de la República, disolvió el somatén, destituyó a cinco capitanes generales, al general Losada como gobernador de las Baleares, al presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, genera Cavalcanti, y a los principales mandos de Aviación. Por el contrario, repuso a los generales perseguidos por la Dictadura y proclamó un indulto general para éstos. Reingresó a los generales pasados a la reserva por Primo de Rivera: el divisionario Cabanellas, nombrado el 17 de abril capitán general de Andalucía; y los de brigada López de Ochoa, Queipo de Llano, José Riquelme y De la Cerda. Riquelme fue nombrado capitán general de Valencia, López de Ochoa de Barcelona, y Queipo de Llano de Madrid, todo ello el día 19 de abril. Se mantuvieron en sus puestos el general Sanjurjo, al frente de la Guardia Civil, y Ruiz Fornells como subsecretario de Guerra. Goded fue designado jefe del Estado Mayor Central, y se mantuvo a Valentín Galarza en el Ministerio. El general Ángel Rodríguez del Barrio fue nombrado capitán general de Canarias, y otras plazas fueron ocupadas por Leopoldo Ruiz Trillo y Gil Yuste. Muy pocos de estos nombres fueron fieles al Gobierno en julio de 1936. Se elevó a capitán general a Aguilera, pero no a Ricardo Burguete, aunque fue repuesto al frente del Tribunal Supremo de Guerra y Marina. En un plano más simbólico, se cambió la denominación al Ministerio, que recuperó su titulación de “de la Guerra”. Galán y García Hernández fueron rehabilitados, se eliminaron los símbolos monárquicos de los uniformes (las coronas) y 1932 cuarteles, se cambiaron el escudo nacional y la bandera , y se suprimió la asistencia 1931 Alonso Baquer, M., Don Manuel Azaña y los militares, Actas, Madrid, 1997, p. 97. 1932El cambio de bandera no fue bien visto por muchos militares. El 15 de abril de 1931, el teniente general Barrera, a la sazón Director General de Preparación de Campaña en el ministerio de la Guerra, cargo después denominado Jefe del Estado Mayor Central, visitó a Alcalá Zamora, presidente del Gobierno Provisional; eran amigos desde que Barrera fue subsecretario de Guerra, y Alcalá Zamora, ministro. Barrera pidió Alcalá Zamora que no se cambiara la bandera, y según su testimonio, tanto el presidente como el nuevo ministro de la Guerra, Azaña, se lo prometieron: Milego, J., El general Barrera, p. 149. Existe una anécdota al respecto sobre la celeridad de estos cambios. Durante su viaje al exilio en el crucero Príncipe Alfonso, el buque zarpó sin bandera porque aún no se había tomado una decisión sobre cuál sería. Al llegar a Marsella, Alfonso XIII pidió al comandante que le diera un guión real como recuerdo, pero éste se lo negó, porque dijo que estaba a su cargo. Don Alfonso sacó la cartera y dijo que estaba dispuesto a pagarlo, lo que afrentó de tal manera al oficial, que le regaló los tres que llevaba a bordo. Uno se lo quedó el monarca, otro Luis Miranda, y el tercero Alftredo Kindelán: Kindelán, A., La verdad de mis relaciones con Franco, Planeta, Barcelona, 1981, p. 167; una versión diferente en Cortés Cavanillas, J., Alfonso XIII. Vida, confesiones y muerte, Prensa Española, Madrid, 856 de las autoridades militares a actos religiosos. Azaña se rodeó de un gabinete militar, que fue muy atacado por sectores militares, sobre todo africanistas, y que funcionó 1933 como una camarilla, el denominado “Gabinete Negro” . Algunos de sus colaboradores iniciales se fueron distanciando, como el general Goded, o el comandante Peire, ambos sublevados en julio de 1936. Este Gabinete, que para Payne estaba 1934 integrado por militares de ideología republicana o izquierdista , para Aroca Mohedano estaba formado por “militares junteros, imbuidos del ambiente de tertulia 1935 que había florecido en los años de la Dictadura” , y fue el encargado de crear en las guarniciones los Comités de Destinos, para establecer los nuevos cuadros de mando de las unidades y “republicanizar” el Ejército. Sus integrantes eran el comandante de Artillería Juan Hernández Saravia, el comandante de Caballería Germán Boaso Román, el comandante de Artillería Antonio Vidal Lóriga, el comandante de Infantería Andrés Fuentes Pérez, el comandante de Infantería Gumersindo Azcárate Gómez, el comandante de Estado Mayor Ángel Riaño Herrero, el comandante de Ingenieros Enrique Escudero Cisneros, de Intervención o comisario de guerra de segunda José de Armas Chirlanda, el capitán de Caballería Juan Ayza Bergoños, el capitán de Artillería 1936 Pedro Romero Rodríguez, y capitán de Intendencia Elviro Ordiales Oroz . Sobre los juicios que mereció, Azaña anotó en su Diario el 10 de julio de 1931: “Algunos del Gabinete quieren satisfacer sus enconos del tiempo de la conspiración y tengo que andar con mucho cuidado para no servirles de instrumento”. En sus Memorias, el entonces presidente de la República, Alcalá Zamora, dijo: “No se comprendía bien que al año o poco más de instaurado con casi unánime entusiasmo el régimen, pudiera surgir una sublevación militar contra aquél y dirigida por jerarca que había sido el primero para reconocerla. Para esto no bastaban, aun siendo tan torpes y dañosos, los yerros de la política seguida. La clave explicativa de aquel ambiente militar tan cargado de hostilidad es otra (…) el secreto estaba en la terrible odiosidad despertada por el gabinete particular de que se había rodeado el ministro de la Guerra. La República tenía en el ejército menos enemigos que Azaña, y éste a su vez bastantes menos que su funesto gabinete particular. Del mismo formaban 1956, p. 347: al negárselas el comandante, el segundo de a bordo las arrancó y las depositó, conmovido, en manos del rey. 1933 Mola Vidal, E., El pasado, Azaña y el porvenir. La tragedia de nuestras instituciones militares, Librería Bergua, Madrid, 1934, p. 161-162. 1934 Payne, S.G., Los militares y la política en la España contemporánea, p 287. 1935 Aroca Mohedano, M., General Juan Hernández Saravia. El ayudante militar de Azaña, Oberon, Madrid, 2006, p. 120. 1936 Arrarás, J., Historia de la Segunda República Española, tomo 1, Editora Nacional, Madrid, 1956, p. 52; Alonso Baquer, M., Don Manuel Azaña y los militares, Actas, Madrid, 1997, p. 100; Cabanellas, G., Preludio a la Guerra Civil, t. 1, p. 225. El capitán Ordiales se sublevó contra el Gobierno en julio de 1936- 857 parte algunos hombres útiles y más ecuánimes, como Hernández Sarabia, quien siempre merecióme muy buen juicio, pero predominaban otros fanáticos, sectarios o rencorosos y perseguidores que hicieron al régimen y al presidente del Gobierno un daño enorme, atizando con veneno de pasión la discordia militar. Quizá no llegaran en la perfección de los métodos burocráticos a las famosas fichas del gobierno de 1937 Combes; pero lo suplían con saña y lo agravaban en arbitariedad” . Como afirma Aroca Mohedano, resulta difícil establecer el grado de influencia 1938 de esta camarilla en las decisiones de Azaña . Para Antonio Cordón, gran amigo de Hernández Saravia, los consejos de este gabinete no fueron muy escuchados por el ministro: “Precisamente por Saravia, sabía que Azaña tenía demasiada confianza en sí mismo y también demasiada soberbia para dejarse aconsejar por quien quiera que 1939 fuese” ; pero para los contemporáneos, como Mola, esta influencia fue mucha. La principal figura de este grupo, estudiada por Aroca, fue el general Juan Hernández Saravia. Nacido en 1880 en Ledesma, el seno de una familia de propietarios agrarios salmantinos, se formó con los jesuitas en Valladolid, donde también estudió el cardenal Herrera Oria, y siguió los pasos de su padre en la Artillería. Ingresó en la Academia de Segovia en 1898, iniciando su carrera militar como primer teniente en 1903. Participó en la campaña de Melilla de 1909-1910, y regresó a Marruecos tras el Desastre de Annual, sirviendo a las órdenes del coronel Morales y del general Cabanellas, participando en la recuperación del territorio perdido a manos de Abd el-Krim. En 1922, ascendido a comandante por antigüedad, regresó a la Península, destinado a Valladolid, y más tarde a Medina del Campo. En Valladolid conoció a Manuel Azaña. Hernández Saravia se integró en los círculos que conspiraban contra la Dictadura, a través de la oposición de los artilleros a Primo de Rivera hacia 1926. Durante la oposición a Primo de Rivera por el Decreto de ascensos de junio de 1926, Hernández Saravia, como ayudante de campo del general Juan Arzadún Zabala, jefe de la Escuela Central de Tiro, se convirtió en una de las figuras dirigentes de la protesta. En septiembre, el enfrentamiento entre los artilleros y el Dictador llegó a su grado máximo. Varias unidades de Artillería se encerraron en sus cuarteles. El general Haro fue detenido en su domicilio. Hernández Saravia organizó la protesta de los acuartelamientos madrileños de Vicálvaro, Getafe y los Docks, éste cerca de la Glorieta de Atocha. Los cuarteles fueron ocupados por la Infantería del Regimiento del Rey, y los jefes y oficiales 1937 Alcalá Zamora, N., Memorias, p. 224. 1938 Aroca Mohedado, M., General Juan Hernández Saravia, p. 121. 1939 Cordón García, A., Trayectoria. Memorias de un militar republicano, Crítica, Barcelona, 1977,, p. 164. 858 artilleros de Madrid fueron arrestados el día 5 por la tarde. Primo reaccionó con dureza, suspendiendo de empleo y sueldo a todos los jefes y oficiales de la escala activa de la Artillería excepto los destacados en Marruecos. Los focos rebeldes fueron reducidos. Primo de Rivera decretó la disolución del Arma, y el procesamiento de muchos jefes y oficiales artilleros. Saravia fue condenado a dos años de prisión militar en enero de 1927, y aunque fue amnistiado pocos días después, su carrera se resintió, y perdió su destino. En junio de 1927 no quiso incorporarse a su nuevo destino en el 12º Regimiento de Artillería y pidió pasar a situación de supernumerario sin sueldo. Primo de Rivera, que le había tomado antipatía, manifestó que le arrestaría si volvía a intervenir en asuntos militares. Para entonces, su decepción con el rey, que no había apoyado a los oficiales frente al Dictador, le llevó al republicanismo. Temiendo la ira del Dictador, Hernández Saravia se esforzó por pasar inadvertido, se dejó barba y se hacía llamar “don Vicente”. Cuando se gestaron las primeras conspiraciones republicanas, entre Lerroux, Marcelino Domingo, e Indalecio Prieto, el sector militar rebelde estaba integrado sobre todo por artilleros, además de los generales Queipo de Llano, Cabanellas, Aguilera y López de Ochoa. Entre los artilleros destacaba Hernández Saravia, que fue uno de los organizadores de la intentona contra la Dictadura de 1928: él asignó un papel decisivo a Ciudad Real y movió a la guarnición de Valencia. Al fracasar la insurrección no fue detenido, pero era sospechoso, y tuvo que cambiar de domicilio. Participó en la fundación de la Agrupación Militar Republicana, directamente conectada con los partidos republicanos, y en las conspiraciones del otoño de 1929, y posteriormente las de 1930, que facilitarían la caída de Primo de Rivera y el advenimiento de la Dictadura. Respecto de los otros miembros, Vidal Lóriga era profesor en la Academia de Segovia, y era hombre de total confianza de Azaña. Frente a estos hombres, en sus notas y memorias, Azaña menosprecia a otros muchos, rancios republicanos o fieles servidores del Estado: el coronel Capaz (“está muy sordo”), al general Goded (“tiesecillo y pedantuelo”, “pequeñuelo, enjuto, bilioso, con unos ojuelos que no parecen suyos, sino postizos, es muy vanidoso y pedante”), el general auditor Carlos Blanco (“tan redicho y tan refitolero”), el coronel republicano Julio Mangada (“rostro y maneras de frailecito”); le tenía “muchas ganas” al general López de Ochoa, el general Saliquet (“bruto es, aunque diplomado”), el coronel Varela (“Se ha hecho el interesante… me parece un tontín, a quien no hay que dar importancia. Cuando cesó en la comandancia militar de Cádiz el desastrado general 859 Lacerda, Varela se quedó de comandante interino… pero yo designé al coronel Mena, 1940 que es un buen jefe”)… ; y tampoco escatimó reproches a militares correligionarios suyos, como Ramón Franco (“una mosca molesta”), Sediles y Jiménez (“unos pajarracos”), Romero Basart (“loco”), Caminero (“guillado que lleva un fajín como una colcha”), y manifestó estar “dispuesto a separar del Ejército a Ramón Franco y a 1941 todos sius amigos, que son unos aviadores locos” . Azaña y su equipo de civiles desconfiaban de los militares. El ministro anotó en su Diario frases como éstas: “He creado importantísimos cargos militares (Estado Mayor Central y Consejo Superior de Guerra) y no tengo con quién proveerlos. Apenas puedo encontrar dos o tres personas discretas”, o “Consideramos la dificultad de proveer los cargos militares, y no acertamos todavía con una solución que nos satisfaga. Ni acertamos con ella, que es peor. Tal es la penuria de hombres capaces y 1942 útiles” , o, en noviembre de 1930, escribe: “De nada me sirve hacer una organización, si no tengo quien me la maneje. Ahora mismo, debería destituir a los tres inspectores generales; pero no tengo con quién sustituirlos. El Consejo Superior de Guerra no puede ser provisto con gente capaz”. Otro aspecto, fueron las tensiones que afloraron en el seno del Ejército. Los recelos entre los oficiales republicanos y monárquicos comenzaron a surgir en las salas de banderas. Azaña, que tanto se quejaba de la falta de oficiales eficientes, no tuvo en cuenta a algunos de éstos oficiales por su ideología monárquica, como fue el caso del teniente coronel Emilio Herrera Linares, que era una personalidad en el campo de la Aeronáutoca con prestigio mundial y que había colaborado con la Sociedad de las Naciones. Herrera fue cesado como redactor del Memorial de Ingenieros por la Junta de Coroneles de Ingenieros de Madrid, sencillamente porque defendió públicamente a compañeros monárquicos como Kindelán y Miguel García de la Herrán, que habían 1943 solicitado la baja en el Ejército . 4.3.- Primeras medidas de la reforma de Azaña. 1940 Alonso Baquer, M., Don Manuel Azaña y los militares, Actas, Madrid, 1997, p. 110-119. 1941 Busquets, J, Losada, J.C., Ruido de sables, p. 47. 1942 Azaña, M., Memorias políticas y de guerra, Crítica, Barcelona, 1978, t. 1, p. 21 (6 dejulio de 1931) y p. 30 (10 de julio de 1931). 1943 Atienza Rivero, E., El general Herrera, p. 299. Herrera se centró en sus actividades científicas. Para Vegas Latapié y Ricardo de la Cierva, Herrera participó en algunas conspiraciones contra la República, pero Atienza Rivero discrepa y afirma que no lo hizo, pese a estar vinculado a círculos monárquicos y a Acción Española. En Ginebra, Herrera participó junto a Salvador de Madariaga en la Comisión de Desarme. 860 En principio el plan de Azaña, planteaba la disminución de la oficialidad y de los gastos, y el deseo de "democratizar" el ejército, lo que para él significaba su absoluta subordinación al poder civil. Es discutible hasta que punto un Ejército que llevaba ya casi cincuenta años sin sublevarse (el pronunciamiento de Primo de Rivera no fue propiamente dicho un levantamiento militar, sino una exigencia de poder por parte de un militar), que había aceptado el cambio de Régimen sin la más mínima alteración, y que incluso había facilitado su advenimiento, estaba ya sometido a dicho poder. Por otro lado, la desconfianza o el menosprecio del ministro hacia los militares le impidió buscar la colaboración de éstos, cuando muchos de sus propósitos, sobre todo los de 1944 despolitización del Ejército y modernización del material , coincidían con los de muchos oficiales, incluido Varela, como se ha visto en sus reflexiones del viaje de estudios. En ese momento, había 566 generales y 21.996 oficiales. Todos los intentos desarrollados hasta entonces para disminuir esta cifra habían fracasado. El 23 de abril de 1931 se exigió a los militares un juramento de fidelidad a la República, y se les dio cuatro días para su cumplimiento, o bien que abandonaran las fuerzas armadas. El 25 de abril de 1931, decidido disminuir la cifra de oficiales, el Ministerio ofreció a los generales, jefes y oficiales que lo desearan pasar a la segunda Reserva (el retiro absoluto) cobrando íntegramente el sueldo, siempre que lo solicitaran en treinta días. Estas plazas serían amortizadas inmediatamente. Se advertía, por otro lado, que el Gobierno podría disponer de la amortización de plazas que juzgara conveniente, y en este caso los oficiales afectados no gozarían de los mismos beneficios. Esta amenaza dio sus frutos. Aproximadamente una tercera parte de los oficiales, unos 6.500, se acogió a esta posibilidad en los meses siguientes. Los generales fueron el grupo militar más afectado por el cambio de régimen. Muchos abandonaron voluntariamente el ejército: de diecisiete tenientes generales, sólo tres se quedaron, y uno de ellos, Castro Girona, fue recuperado por la propia República. De los más de cincuenta generales de división, quedaron en actividad veintiuno; de los más de cien generales de brigada, 1944 En su discurso en las Cortes el 2 de diciembre de 1931, Azaña, ministro de la Guerra, reconocía el pésimo estado del material bélico del país, pues desde la pacificación de Marruecos no se había repuesto ni renovado: poca artillería de grueso calibre, pocas municiones en los almacenes…”Mo quiero hablar de la Aviación porque en realidad, no existe; la Aviación es un proyecto para el porvenir, mantenido con ilusión y con entusiasmo por el Cuerpo de aviadores, pero que, realmente, no tiene sobre qué trabajar. Hay unos cientos de aparatos de reconocimiento que ya no sirven. Y aviones de gran bombardeo, ¿saben los señores diputados cuántos tiene España? Uno”: Azaña, M., Azaña imprescindible. Sus grandes discursos, Diario Público, Madrid, 2010, p. 71. 861 permanecieron poco más de cuarenta. El número exacto de oficiales que se retiraron, se 1945 desconoce . Se ha destacado que estas reformas fueron necesarias, e iban en la línea de las intentadas por Primo de Rivera, y de las realizadas por Varela después de la Guerra Civil. Pero el problema fueron las formas, pues muchos se retiraron por temor a perderlo todo. De esta forma, como dice Cabanellas, el Ejército quedó dividido, entre el que sirvió vistiendo uniforme, y el que se fue a su casa: “Hasta oficiales recién salidos de las academias militares pedían su retiro y recibían el sueldo íntegro, sin haber 1946 prestado ningún servicio” . El Cuerpo de Artillería, por su parte, estableció tribunales en los que fueron denunciados aquellos jefes y oficiales que se hubieran manifestado a favor de la Dictadura, los que la hubieran apoyado o colaborado con ella, e incluso aquellos que, valiéndose de influencias o subterfugios, no sufrieron las medidas disciplinarias impuestas a la totalidad del Cuerpo durante el régimen. Los oficiales acusados eran 1947 “invitados” a pedir el retiro . Las autoridades republicanas perdieron la oportunidad de aprovechar en su favor, para consolidar el régimen en el mundo militar, el entusiasmo derivado de su instauración. Por el contrario, la Fiscalía General procesó a los considerados responsables del desastre de Annual, o de haber colaborado con la Dictadura, lo que provocó tensiones. El 25 de agosto de 1931 se creó una Comisión de Responsabilidades sobre aquellos mandos involucrados en el desastre de Annual, en la represión obrera de Cataluña, o que apoyaron a Primo de Rivera a instaurar la Dictadura, que participaron en su Gobierno o en el de Berenguer, así como en los procesos de los fusilamientos de Jaca. Fue detenido el 2 de septiembre el general Dámaso Berenguer. El general Sanjurjo, muy involucrado con la Dictadura, pero que había facilitado la instauración de la República, no fue procesado al principio, porque Azaña le consideraba un factor de estabilidad; pero al final fue incluido en la causa. Otros generales detenidos y procesados fueron Vallespinosa, Hermosa, Ruiz del Portal, Muslera, Federico Berenguer, Gómez Jordana, Mayan día, Cavalcanti, Rodríguez Pedré, Navarro, Alonso 1945 Cabanellas, G., Preludio a la Guerra Civil, t. 1, p. 226. Azaña afirmó en las Cortes que de 21.000 oficiales, habían quedado en el Ejército 8.000, “en números redondos”: Azaña, M., Azaña imprescindible. Sus grandes discursos, Diario Público, Madrid, 2010, p. 65-66. 1946 Cabanellas, G., Preludio a la Guerra Civil, t. 1, p. 226 1947 Serrano de Pablo Jiménez, L., Contribución a la Historia del Cuerpo de Artillería, Madrid, 1983, p. 211-215. 862 de Celada, el almirante Magaz y el vicealmirante Cornejo, acusados de haber favorecido o apoyado la instauración de la Dictadura. Mola, que había sido director general de Seguridad, fue procesado por la represión de las protestas de la Facultad de Medicina, condenado, y pasado a segunda Reserva del Ejército, con lo que se situó contra el régimen y contra Azaña. Millán Astray fue retirado de forma forzosa. Dámaso Berenguer fue encarcelado en un castillo y procesado por tercera vez en pocos años; no se le permitió ser defendido por Franco, y aunque se le absolvió, se le cerró su carrera militar. Algunos altos mandos del Ejército tuvieron que huir de España ante esta amenaza, como hizo el general Martínez Anido, que no regresó hasta iniciada la Guerra Civil. Azaña se apercibió de este error: “De la mayoría de estos hombres nadie se acordaba ya. Ahora hemos creado una representación colectiva de la contrarrevolución y le hemos dado un caudillo. Viene a ser, guardadas las proporciones, lo que los miembros del Comité Revolucionario en la Cárcel 1948 Modelo” . Azaña exageraba, ninguno de esos militares perseguidos se levantaría decisivamente contra el Gobierno excepto Sanjurjo. El Ejército era más fiel al Régimen republicano de lo que los propios líderes del mismo pensaban. Alcalá Zamora amenazó 1949 con dimitir si no se moderaba la persecución . No obstante, no faltaban las descalificaciones gratuitas de los ministros a las fuerzas armadas, como cuando Álvaro de Albornoz dijo que “ahora los generales no estornudan; y si se atreven, les sucede lo 1950 que al general Barrera” , frase que le valió la contestación de Cavalcanti y la crítica de Azaña. También fueron procesados civiles, como Yanguas Messía, Guadalhorce, Aunós, el conde de los Andes, y José Calvo Sotelo, entre otros, por haber formado parte 1951 del gobierno de la Dictadura . La mayoría de ellos se exiliaron. En cambio, los generales que habían conspirado contra Primo de Rivera fueron premiados. Estos hechos fueron muy criticados por el diario ABC, que resaltó que se premiaba al general Francisco Aguilera Egea, ascendido al grado supremo, capitán general, con la advertencia de que será el último así elevado, por su insurrección de San Juan contra la Dictadura, y afirma que El servicio no llegó a serlo; pero sí quedó 1952 1953 malparada la disciplina” , y recordaba que precisamente el general Aguilera fue 1948 Cit. por Cabanellas, M., Preludio a la Guerra Civil, t. 1, p. 245. 1949 Alcalá Zamora, N., Los diarios robados… La Victoria republicana, p. 314-315. 1950 ABC, 21 de junio de 1931. 1951 Bullón de Mendoza, A., José Calvo Sotelo, Ariel, Barcelona, 2004, p. 304. 1952 ABC, 6 de mayo de 1931, p. 17, “Los motivos de la República”. El general Aguilera falleció poco después. 863 candidato a dictador antes que Primo de Rivera, así como el general Sanjurjo había apoyado el golpe se septiembre de 1923, y ahora había sido designado Alto Comisario de Marruecos; Goded fue nombrado jefe del Estado Mayor Central; Miguel Cabanellas fue designado comandante en jefe de las fuerzas de Marruecos; Queipo de Llano fue nombrado jefe de la Primera División, unidad muy importante pues tenía su cabecera en 1954 Madrid ; los coroneles Joaquín Paz Faraldo, sublevado en Ciudad Real, y Segundo García García, eterno conspirador contra Primo de Rivera, fueron ascendidos a 1955 generales . Que en pocos años estos generales se opusieran a la deriva política del nuevo Régimen es muy significativo, muestra de su desilusión, y también de que la República no sólo no supo cerrar las divisiones internas del Ejército, sino que las 1956 agravó . El 4 de mayo de 1931, el Gobierno Provisional emitió un Decreto sobre revisión de destinos, que establecía la adjudicación de éstos por estricto orden de antigüedad, según el criterio “juntero”. Los destinos de alférez a coronel serían por antigüedad, y los de generales, mandos de unidades, cuerpos, centros y gobiernos –comandancias- militares, lo serían por elección. Esto suponía mover a unos 8.000 oficiales, que se vieron presos de la incertidumbre acerca de su próxima situación, pues muchas unidades iban a ser suprimidas. La tarea del reparto de los destinos recayó sobre el gabinete, con lo que éste se vio en la obligación de atender a centenares de hombres inquietos. Inevitablemente, se cometieron injusticias, arbitrariedades y errores. Andrés Fuentes Pérez actuó arbitrariamente en el nombramiento de jefes y oficiales, y Azaña le envió a 1957 un consejo de guerra . De esta tarea derivó buena parte de la mala fama del Gabinete militar. 1953 Aguilera fue también nombrado presidente del Consejo de Administración de la Caja de Huérfanos de Guerra. Alía Miranda, F., Duelo de sables, p. 258. El general falleció entre el 19 y el 20 de mayo de 1931 en Madrid. 1954 Según refiere Casado, Queipo recorrió los cuarteles de Madrid ordenando formar a los regimientos, y ante los soldados despojó de su mando a varios jefes y oficiales que no le ofrecían confianza: Cabanellas, G., Preludio a la Guerra Civil, t. 1, p. 252. 1955 El coronel laureado Segundo García fue nombrado gobernador de las Prisiones Militares de Madrid el 21 de abril de 1931, ascendido a general de brigada el 19 de junio de 1931 y pasado a la segunda Reserva. El ya general Segundo García falleció poco después, 27 de junio de 1931, a los 57 años, cuando era candidato independiente a las Cortes republicanas: García de la Fuente, O., El general Laureado Segundo García, Málaga, 1997, p. 137-144. 1956 Milego, J., El general Barrera, p. 152, “La desunión del Ejército se hacía cada día mayor, y para los que pensábamos de cierta manera era imposible continuar ejerciendo cargos con el nuevo régimen, cargos que nos hubieran quitado, desde luego, dados el sectarismo y la intolerancia existentes”, palabras del general Emilio Barrera. 1957 Alpert, Michel, El Ejército republicano en la Guerra Civil, Ruedo Ibérico, 1977, p. 311 864 El 18 de mayo de 1931 se anularon los ascensos a coronel otorgados por el Decreto de Primo de Rivera de 26 de julio de 1926. Aquí la influencia de los artilleros como Hernández Saravia o Vidal Lóriga, y de los junteros, se dejó sentir, aparte que el propio Azaña era también partidario de los ascensos por antigüedad. La Artillería había sido uno de los principales motivos de erosión para la Dictadura, y su concurso muy importante para el advenimiento de la República. Los africanistas vieron en esto la mano de la “camarilla” del ministro, integrada, como ya se ha dicho, por “junteros”. Obviamente esto pesó en el ánimo de muchos oficiales contra el nuevo Régimen, pero no especialmente: Asensio Torrado, Segismundo Casado o Hidalgo de Cisneros fueron perjudicados por la revisión de ascensos, pero se mantuvieron fieles al gobierno de la 1958 República al estallar la Guerra Civil . En los militares pudo haber aversión hacia el Gobierno de Azaña, pero eso no significaba un rechazo radical del régimen republicano. El Gobierno Provisional decidió revisar los ascensos por méritos, argumentando que la ley de ascensos de 1918 había sido incumplida sobre todo desde la nueva normativa de 1926. Fue otra medida de clara inspiración “juntera” y “artillera”, ahora defendida por los militares izquierdistas, según el testimonio de Cordón, que muestra claramente una actitud que se podría tildar de revanchista: “…todos los militares que más o menos abierta y eficazmente habíamos hecho oposición a la Dictadura y apoyada la instauración del nuevo régimen pedíamos que, como medida inmediata, se procediera, por lo menos, a la revisión de los ascensos por méritos de guerra 1959 concedidos por la Dictadura” . Nueva muestra del ahondamiento de la división interna del Ejército. Se estableció por decreto que los ascensos por elección efectuados durante la Dictadura serían anulados, pero aquellos militares que se retiraran, los conservarían. Los ascendidos por méritos de guerra serían revisados, y aunque los oficiales afectados no los perderían, se les adjudicaría la antigüedad que les correspondiera como si hubieran ascendido por escalafón. Estos ascensos correspondían especialmente a los africanistas. La revisión se realizó en enero de 1933, tras el fracaso del levantamiento de Sanjurjo, 1958 Aroca Mohedano, M., General Juan Hernández Saravia…, p. 125. No obstante, estos ejemplos son matizables. Casado, nacido en 1893, era masón; Hidalgo de Cisneros, nacido en 1896, era de Intendencia y Aviación, había servido en África, pero también estaba ligado a las ideas de las Juntas, y contrario a Primo de Rivera, participó en la intentona republicana de Cuatro Vientos, en 1936 era ayudante de Casares Quiroga, y poco después se afilió al PCE. Asensio Torrado, nacido en 1892, era africanista, coronel de Estado Mayor, se mantuvo al lado del Gobierno, hasta que en marzo de 1939 apoyó el golpe de Casado contra el Gobierno de Negrín. 1959 Cordón, A., Trayectoria. Recuerdos de un artillero, 1971, p. 195 865 cuando fueron anulados los ascensos de varios generales y de oficiales de brillante carrera en Marruecos. Uno de los afectados por esta medida fue Franco, que retrocedió veinticuatro puestos en el escalafón de generales de brigada, mientras Fanjul pasaba al último lugar. Goded protestó, y le dijo a Azaña que los ascensos por méritos habían sido muy importantes para desarrollar la guerra de Marruecos, que los empleos eran propiedad de los oficiales, y que ellos no eran responsables de que el procedimiento 1960 para su ascenso hubiera sido o fuera considerado irregular . Como respuesta a las primeras medidas de Azaña hubo una pequeña conspiración, a cargo de generales monárquicos retirados por Azaña, entre los que se encontraban Barrera, Cavalcanti, Ponte y Orgaz, en la cual, según Payne, se encontraban también el coronel Varela y el comandante legionario Heli-Rolando Tella. Orgaz buscó el apoyo de los carlistas y de los nacionalistas vascos, pero no lo consiguió, así como tampoco lo obtuvo en una parte significativa del Ejército, ni el 1961 respaldo del rey Alfonso XIII, por lo que los planes fueron abandonados . No obstante, en el Archivo de Varela no se encuentra ningún documento que acredite su participación en esta conjura, que no pasó del estadio de planificación. La existencia de rumores sobre golpes de estado o disputas internas convencieron al Gabinete militar de la necesidad de controlar más al Ejército, y conocer la posición política de los integrantes de éste. El Gabinete analizó los anónimos, las delaciones, las confidencias… Hernández Saravia era partidario de neutralizar al máximo a los militares que eran considerados desafectos al nuevo Régimen. En septiembre, el general Orgaz, el teniente coronel Ortiz de Zárate y en comandante Sáenz 1962 Vinageras, sospechosos de conspirar, fueron confinados en las islas Canarias . Pero Azaña al único que realmente temía era a Franco, por lo que Valentín Galarza le 1963 vigilaba . 1960 Azaña, M., Diarios completos, Crítica, Barcelona, p. 178, anotación del día 22 de julio de 1931. 1961 Payne, S,G., Ejército y sociedad en la España liberal, p. 398-399. 1962 El motivo de la extrañación fue una delación que afirmaba que los monárquicos recaudaban fondos para otra rebelión, y que en París los duques de Alba y Maura habían formado un comité. Los citados fueron acusados, y confinados en Canarias, “ante la falta de pruebas para procesarlos”. Martínez Saura, S., Memorias del secretario de Azaña, Planeta, Barcelona, 1999, p. 116. 1963 Las memorias del secretario de Azaña anotan algunas de estas delaciones como si fueran golpes de Estado abortados. Por ejemplo, afirma que, el 4 de julio de 1931 ya se abortó un proyecto de golpe de Estado, urdido al parecer por los generales Orgaz y Barrera, en que ya se quiso involucrar a Sanjurjo; el 12 de agosto asegura que hubo otro intento de “cuartelazo” por parte de Franco, Orgaz y Varela; el 18 de agosto, Azaña informó al consejo de ministros que en el Norte se preparaba un pronunciamiento, para el que se reunían armas de contrabando, así como por parte de “señoritos monárquicos de Sevilla”. Por ello, defendió una política enérgica “que haga temible la República, en la seguridad de que, en cuanto se 866 4.4.- La reorganización del Ejército. En teoría, el Ejército español se componía de dieciséis Divisiones orgánicas, tres Divisiones de Caballería y dos de Cazadores, aunque en realidad estaban a la mitad de los efectivos. Tras la Guerra de Marruecos, Primo de Rivera se había planteado seriamente su disminución, pero ésta era complicada por el coste económico inicial que había que afrontar. Azaña no lo pensó tanto. Un decreto del 25 de mayo de 1931 las redujo a ocho Divisiones orgánicas; cada una de ellas se compondría de dos brigadas de infantería, integradas cada una por dos regimientos, a su vez formados por dos batallones, y teniendo cada batallón cuatro compañías de fusileros, una de ametralladoras y una sección de especialistas. Como fuerzas divisionarias, se contaría con un escuadrón de caballería, con una sección de armas automáticas y otra de infantería ciclista; una brigada de artillería ligera, un batallón de zapadores-minadores, un grupo de transmisiones, una sección de iluminación, una escuadrilla de aviación, una unidad de aerostación, un parque divisionario para municionamiento, armamento y material, un grupo divisionario de intendencia, con una compañía montada de víveres, una compañía automóvil de panadería y dos compañías de servicios, un grupo divisionario de sanidad, con una sección de ambulancias, una columna de evacuación y un grupo de desinfección, y una sección móvil de evacuación veterinaria. Además de esta estructura, por así decirlo, por defecto, había unidades más independientes, como dos brigadas mixtas de infantería de montaña, dos regimientos de carros ligeros de combate, siete regimientos más de infantería, una división de caballería, cuatro regimientos de artillería pesada, cuatro regimientos de artillería de costa, tres grupos mixtos de artillería, dos grupos de defensa contra aeronaves, cuatro parques de artillería de cuerpo de ejército, un regimiento de zapadores-minadores, un parque central de automovilismo, un batallón de pontoneros, un regimiento de comience a poner en práctica, el volumen ahora creciente de inquietud y alarnma quedarán en nada”; para ello proponía suspender periódicos derechistas de Bilbao, San Sebastián y Pamplona, y algunos de Madrid, como La Nación o La Correspondencia Militar; explicó que había concentrado ocho batallones de montaña en Navarra para incautarse, previa autorización del gobierno, de las fábricas de armas de Guernica, Eibar y Plasencia, para que se producción fuera controlada por el Ministerio de la Guerra. El 1 de noviembre de 1931 fue abortado un nuevo complot, donde se afirma que estaban complicados varios aristócratas (el marqués de Albaida, el conde de Vallellano), civiles (un abogado de apellido Sol) y militares el comandante Elitella, del Regimiebnto nº 1, y Rosales, ayudante de Orgaz), pero “tampoco aquela vez fue posible encontrar pruebas que comprometiesen a los generales Goded, Sanjurjo y Millán Astray”: Martínez Saura, S., Memorias del secretario de Azaña, Planeta, Barcelona, 1999, p. 114-117. 867 ferrocarriles, dos grupos autónomos mixtos de zapadores y telégrafos en Baleares, otros dos en Canarias, sendas compañías de intendencia y sanidad en ambas islas, un regimiento de aerostación, tres grupos de información de artillería y un depósito de ganado. Esto, sobre el papel. El Ministerio de la Guerra también fue reorganizado. Se eliminaron los servicios diferenciados para cada Arma en favor de una única administración. Los órganos de justicia militar, como el Consejo Supremo de Justicia Militar, los fiscales militares y el cuerpo jurídico fueron reformados o suprimidos para someterlos a la jurisdicción general, aunque la justicia militar ganó la mayor parte de los conflictos de competencia. Se habilitó una Sala (la Sexta) del Tribunal Supremo para asuntos militares. La Ley de Jurisdicciones de 1906 fue derogada, así como la Ley de Secuestros de 1877. Desapareció la potestad de los capitanes generales para nombrar jueces e interponer recursos de anulación o casación. Se disolvió el cuerpo eclesiástico militar. El Estado Mayor fue reformado, disolviendo el Cuerpo como tal y modificando la situación administrativa de sus miembros. Como ésta era una vieja aspiración de las Juntas de Defensa, Mola vio en esta medida una prueba de que los “junteros” inspiraban la 1964 política de Azaña . Este hecho fue, para Alonso Baquer, relevante, porque el Estado Mayor General quedó atomizado, reducido a un número de personas muy pequeño y por 1965 tanto incapaz de influir en el resto del Ejército . Se suprimieron los grados de capitán general y teniente general: Cabanellas, ascendido al reincorporarse al servicio en 1931, fue degradado muy poco después y 1966 volvió a ser general de división . Los gobernadores militares perdieron su nombre, pasando a ser “comandantes militares”, sin jurisdicción territorial y sin mando sobre sus tropas en caso de ser utilizadas para reprimir desórdenes, que en esa circunstancia dependían de las autoridades civiles. El Alto Comisario en Marruecos, Gómez Jordana, fue obligado a dimitir, nombrándose en su lugar a un civil, el valenciano Luciano López 1967 Ferrer , en una organización que quería ser completamente civil. Tras pasar por la 1964 Mola, E., El pasado…, p 183-184. 1965 Alonso Baquer, M., “El Ejército de la Segunda República”, en Bullón de Mendoza, A., y Togores. L.E., La República y la Guerra Civil. Setenta años después, Actas, Madrid, 2008, p. 352. 1966 Cabanellas, G., Preludio a la Guerra Civil, t. 1, p. 231. 1967 López Ferrer, miembro del Cuerpo Diplomático, había sido secretario general del Alto Comisariado en 1921, conocía el mundo marroquí por haber sido cónsul en Tetuán y participado en la Conferencia de Algeciras; estaba ligado al Partido Conservador, y en 1931 se presentó por los monárquicos en Villena. El 1933 fue nombrado embajador en Cuba y sustituido en Marruecos por Juan Moles. En 1936 apoyó a los sublevados y manifestó sus simpatías por Falange Española. Juan Moles, catalán, republicano, fue sucedido por Manuel Rico Avelló durante unos meses en 1934, recuperó el cargo hasta ser ministro de 868 capitanía general de Sevilla, donde relevó al general Leopoldo Saro, Cabanellas fue nombrado comandante en jefe de las fuerzas de Marruecos, cuyo cometido sería únicamente militar. El general Oswaldo Capaz, que había desarrollado una magnífica labor como delegado de asuntos indígenas en Tetuán, acabó dimitiendo por no 1968 compartir los puntos de vista del nuevo Alto Comisario civil . López Ferrer y Cabanellas acabaron chocando, y ambos se descalificaron en la prensa y ante Azaña. 1969 Cabanellas fue nombrado más tarde director general de la Guardia Civil . El 9 de marzo de 1932, se estableció que el Gobierno podía pasar a la reserva a los generales que estuvieran más de seis meses en situación de disponible. De esta forma, el ministro de la Guerra podía sacar del servicio activo a los generales que considerara inconvenientes. Estas reformas en el Ejército fueron extrapoladas por Casares Quiroga, ministro de Marina, para la Armada. Pero en ésta la unión entre los oficiales no estaba cuarteada como en el Ejército, y la oposición a algunas medidas, como el uso de las golas derivó, 1970 según Cabanellas, en una comedia . 4.5.- Las reformas de Manuel Azaña y el agravamiento de la división militar. En diciembre de 1931, Azaña era ministro de la Guerra del primer gobierno constituido tras la aprobación de la Constitución de 1931. En su principal discurso sobre temas militares en las Cortes, Azaña explicó que quería dotar al país de una política militar, algo que según él no existía desde finales del siglo XVIII. Quería eliminar los principales defectos de la estructura militar, debidos a la negligencia de los mandatarios del pasado, y los elementos anticuados que habían sobrevivido gracias a la monarquía. Según sus palabras, no exentas de orgullo, "En Marruecos el ejército nacional no tiene nada que realizar, y una de las cosas que el gobierno de la República se propone hacer es que lo que nosotros Gobernación en mayo de 1936, en el Gobierno de Casares Quiroga. Se exilió en México. Rico Avelló fue ministro de Gobernación y Hacienda en el Bienio Radical-Cedista, y ejecutado al comenzar la Guerra Civil en Madrid. 1968 Martínez Saura afirma que fue destituido, y que era “hombre peligroso, valiente y siempre con ganas de intrigar, de brillante carrera como otros ‘africanistas’ y también, como éstos, nada afecto a la República”: Martínez Saura, S., Memorias del secretario de Azaña, Planeta, Barcelona, 1999, p. 164. 1969 Cabanellas, G., Preludio a la Guerra Civil, t. 1, p. 254-255. 1970 Cabanellas, G., Preludio a la Guerra Civil, t. 1, p. 227. Casares reconoció que en la Marina estaba “rodeado de monárquicos”, El Faro Villalbés, 25 de septiembre de 1933, p. 2, “Declaraciones del Sr. Casares Quiroga, ex ministro de la Gobernación”. 869 tengamos que defender allí lo defienda un ejército que no sea el ejército metropolitano. "Buscando la eficacia, ha sido menester reducir las unidades del ejército español de una manera cruel, radical, a menos de la mitad. Había 21.000 oficiales en las plantillas; han quedado 8.000. Había ocho o diez capitanías generales; no ha quedado ninguna. Había 17 tenientes generales; no ha quedado ninguno. Había cincuenta y tantos generales de división; han quedado veintiuno. Había ciento y pico generales de brigada; han quedado cuarenta y tantos…(…) Todo esto era necesario destrozar y he tenido la serenidad de 1971 hacerlo pero sin darle importancia" . Estos cambios pasaron inadvertidos para el gran público, más preocupado por la discusión de la política religiosa del gobierno; pero no para los familiares de los militares. Al no percibir oposición ni polémica, Azaña prosiguió con sus reformas. El 17 de julio de 1931 Azaña declaró que España ya tenía "un ejército republicano 1972 dispuesto a perder la vida en defensa de la República popular" . Ortega y Gasset aplaudió las reformas, y éstas fueron rápidamente aprobadas por las Cortes a finales de 1931. 4.5.1.- Potenciar a los suboficiales. En su plan de "democratizar" el ejército, Azaña decidió potenciar el papel de las clases, creando para ello el cuerpo de suboficiales, distinguiéndolos de la Tropa – soldados y cabos- . En realidad, Azaña seguía en este sentido pasos ya dados por Primo de Rivera, y muy criticados por Varela, para el que era necesario pasar por la Academia para promocionar de las clases a la oficialidad. Una de estas medidas fue la fusión de escalas activa y de reserva, ésta última la escala a través de la cual ascendían los suboficiales hasta un empleo máximo, los llamados “oficiales de cuchara”. Esta “escala de reserva de Tropa” fue suprimida el 13 de julio de 1931. El tema era doloroso a los artilleros, porque un oficial que ingresara desde la escala de reserva, no había hecho el juramento de mantener la escala cerrada, y por tanto podía ascender: “…su nuevo ídolo, Azaña, los obsequia ahora con un decreto que deja en mantillas al famoso de Primo de Rivera, porque aquél sólo significaba una modificación en el sistema de ascensos; mientras que la fusión de escalas decretadas por el probo funcionario de Registros y ‘acreditado técnico militar’ [Azaña], significa ese mismo atropello de la escala cerrada [que el cometido 1971 Payne, S.G., Los militares…, p. 281-282; Azaña, M., Azaña imprescindible. Sus grandes discursos, Diario Público, Madrid, 2010, p. 65-66. 1972 Payne, S.G., Los militares…, p. 281. 870 por Primo de Rivera] –puesto que los que entran en ella, y formaban la de reserva, no están obligados a guardarla por ningún pacto- y, además, el mayor menosprecio del famoso tecnicismo que tan huecos tenía a los artilleros, como si se tratada de algún misterioso secreto o mágico ‘taboo’. El tal decreto significa en efecto, que para mandar un grupo de artillería en fuego, lo mismo da saber cálculo integral y balística interior que conocer las cuestiones vulgares de régimen interior. Así que Primo de Rivera ha quedado bien 1973 vengado… ¡Ironías del Destino!” . Azaña fue informado del malestar de los artilleros a través del coronel Joaquín Pérez Salas, de guarnición en Valencia, pero despreció estas informaciones, como cuando también se las comentó el capitán Merino: “Del mismo asunto me habla también el capitán Merino, artillero. Me dice que podrá ser que los artilleros dejen de ser republicanos. Yo me echo a reír y respondo que si el republicanismo de los artilleros dependía de estar o no fusionados con la escala de reserva, poco valía su República. El comandante Pérez Salas, artillero que viene de Valencia para hablarme de varios asuntos, toca esta cuestión, pero suavemente y con alusiones nada más; yo le tranquilizo respecto de los resultados que para ellos puede tener. Le digo palabras 1974 afectuosas y se va contento” . Un sector significativo de la Artillería, que tan relevante había sido en la caída de la monarquía, se apartó del nuevo régimen. Pero quizá debido a sus divisiones internas, fue incapaz de articular una protesta organizada, como sí había hecho frente a Primo de Rivera. El 6 de mayo de 1932, el Ministerio estableció que los suboficiales podían pasar a la escala de oficiales de complemento, a través de una serie de exámenes. Cerró la Academia General Militar de Zaragoza, porque era una creación de la Dictadura, porque un sector de la Artillería y los “junteros” estaban en contra de su existencia, porque la mayoría de sus profesores eran africanistas, y porque las enseñanzas defendían un serio y rígido espíritu castrense, que él consideraba enemigo de la República. Su director, Francisco Franco, acusó el golpe, pero acató la decisión. El 14 de julio, expresó su 1973 La Correspondencia Militar, 18 de agosto de 1931, p. 1, “Las reformas militares. Nuevo método de ‘triturar’. La fusión de escalas”. 1974 Azaña, M., Obras completas, Oasis, México, 1967, vol IV, p. 31; Diarios completos, 15 de julio de 1931, Crítica, Barcelona, p. 170; Suero Roca, Mª T., “Un general de la República. Joaquín Pérez Salas”, en Tiempo de Historia, nº 37, p. 107. Pérez Salas estuvo implicado en la conspiración de 1929 contra Primo de Rivera, y en la de 1930 contra la monarquía. 871 descontento en su discurso de despedida, pero también habló de la necesidad de 1975 obediencia y disciplina . Franco fue amonestado por sus palabras. El 13 de julio se fusionaron los escalafones de la Reserva y el Regular, es decir, que se estableció una sola escala. Esta reforma favorecía a los suboficiales que antes, si ascendían a oficiales, pasaban a la Reserva. Las clases de tropa y asimilados fueron 1976 beneficiados con la creación del cuerpo de suboficiales y del CASE , el primero para los brigadas y sargentos, y el segundo para el personal laboral militar (herradores, armeros, guarnicioneros, mecanógrafas, etc.). El 4 de diciembre de 1931 se creó un escalafón de suboficiales con 4°, de forma que un sargento, tras pasar un examen y seis meses de instrucción, podía ingresar en dicho escalafón; pero en la práctica, este proceso resultó insalvable. El deseo de Azaña era crear así un grupo de oficiales intermedios que, pensaba él, al provenir de clases humildes tendrían un espíritu más democrático. La mayoría de los sargentos eran soldados que tras hacer el servicio militar obligatorio se reenganchaban. Estos sargentos no recibían más instrucción, pero a menudo cargaban con el peso de la administración cotidiana de las compañías. Con estas reformas, Azaña pretendía mejorar la instrucción de estos suboficiales para ascender, y así poder dirigir adecuadamente la administración de las unidades. Pero la crítica hecha por los oficiales como Varela, es que sin pasar por la Academia, la formación de estos hombres era insuficiente. Azaña también estableció que el 60% de las plazas de las Academias militares debían ser reservadas a los suboficiales que quisieran ascender. El 12 de septiembre de 1932 estableció una ley por la cual todos aquellos que quisieran hacer carrera militar deberían servir seis meses como soldados antes de ingresar en la 1975 “¡Disciplina!... nunca bien comprendida y defendida. ¡Disciplina!... que no encierra mérito cuando la condición del mando nos es grata y llevadera. ¡Disciplina!, que reviste su verdadero valor cuando el pensamiento aconseja lo contrario de lo que se nos manda, cuando el corazón pugna por levantarse en íntima rebeldía o cuando la arbitrariedad o el error van unidos a la acción del mando. Ésta es la disciplina que os inculcamos. Éste es el ejemplo que ofrecemos”. Este texto, para Azaña revestía desafección a la República: Molina Franco, L., De Jaca a Cuatro Vientos. El Ejército Español y la II República, Galland Books, Valladolid, 2011, p. 43. 1976 El CASE, Cuerpo Auxiliar Subalterno del Ejército, fue creado por Ley del 13 de mayo de 1932. Era un cuerpo cuyo personal era civil pero con consideración de militar. Se dividía en cinco secciones: Auxiliares Administrativos, Auxiliares Periciales (maestros de fábrica y taller, dibujantes, radio operadores, enfermeros y practicantes…), Auxiliares de Obras y Talleres, Taquimecanógrafas (sólo personal femenino), y Conservación de Edificios. Se convirtió en un vivero de sindicalismo, sobre todo de UGT, lo que llevó a Varela, ya como ministro del Ejército, a transformarlo en 1940, dotándolo de carácter militar con escalas por especialiades y empleos de soldado a alférez. La Ley del 30 de marzo de 1974 creó la Escala de Jefes Oficiales y Suboficiales Especialistas, extinguiéndose paulatinamente el CASE. 872 Academia; todos los cadetes debían mejorar su instrucción cursando un año de estudios universitarios antes de iniciar los militares. 4.5.2.- El Ejército de Marruecos. El ejército de Marruecos fue replanteado para ser formado por profesionales indígenas y legionarios, y voluntarios peninsulares, a los que se les entregarían tierras para colonizar el territorio, una vez acabado el servicio militar. Sin embargo, este ejército profesional para Marruecos no se llevó a cabo por falta de dinero. 4.5.3.- Las industrias militares. Durante los debates del 27 y 28 de enero de 1932, Azaña explicó su postura referente a las industrias militares. Su plan era descentralizar su administración y estimular la competencia entre ellas. En febrero, se aprobó en las Cortes la constitución de un nuevo organismo compuesto en su mayoría por hombres de negocios y técnicos, y representantes de los empleados en las fábricas, en detrimento de los militares. También se estableció que la mayoría de ingenieros de estas industrias deberían ser civiles. Se creó así el Consorcio de Industrias Militares, que englobaba a la Fábrica Nacional de Toledo, la Fábrica de Artillería de Sevilla, la Fábrica de Pólvoras y Explosivos de Granada, la Fábrica de Pólvora de Murcia, la Fábrica de Armas Portátiles de Oviedo y la Fábrica de Cañones de Trubia. Fue disuelto en 1935, durante el bienio radical-cedista. 4.5.4.- Censura y retiros. El 3 de marzo, Azaña presentó nuevas propuestas a las Cortes. Se forzaría el retiro a generales y oficiales de Estado Mayor que hubieran permanecido más de seis meses sin destino específico; se suprimirían los sueldos de oficiales recientemente retirados que incurriesen en insubordinación o conspiración prohibidos por la Ley de Defensa de la República. Se prohibió la publicación de los periódicos de opinión militares, sólo se permitirían los de temas técnicos. En la discusión a esta medida se reveló que el periódico La Correspondencia Militar había recibido durante la Dictadura importantes subsidios del multimillonario Juan March. Éstas reformas fueron aprobadas abrumadoramente por el Congreso de los diputados con mayoría de izquierda. En el debate sobre el presupuesto del 10 de marzo de 1932, Azaña propuso la reorganización de la oficialidad de complemento: Azaña pretendía aumentarla y convertirla en la base de una milicia republicana o reserva general, bajo control civil, para que todos los hombres españoles tuviesen instrucción militar. 4.5.5.- El servicio militar obligatorio. 873 En los meses siguientes, el ministro continuó reorganizando el ejército. La instrucción militar se hizo obligatoria para todos los varones aptos. Los varones quedarán sometidos durante 18 años a la posibilidad de ser llamados a filas, y debían cumplir al menos un año de servicio activo. Sin embargo, no mejoraron las condiciones de vida de la tropa, ni su equipo, rancho y sueldo. Los reclutas fueron divididos en dos grupos. El primer grupo, los reclutas de mayor instrucción, harían un servicio de cuatro semanas; los del segundo grupo, los que carecían de formación, servirían durante un año, aunque se podría licenciar a los seis meses pagando una cierta suma; se podría licenciar a los ocho meses si mostraban aptitudes especiales, y con la aprobación de sus superiores. En resumen, el sistema no era tan igualitario como los líderes republicanos pretendían decir. En 1933, el ejército había sido reducido en sus efectivos en cerca de un 20%. Efectivos del Ejército Español (según Payne) 1930 1932 1933 1934 1935 Ejército Peninsular Generales 163 84 83 83 80 Oficiales 12.600 7.697 7.773 7.771 7.205 Suboficiales 7.793 7.149 8.036 8.036 8.337 Tropa 109.588 98.218 105.639 105.654 99.020 Ejército De Marruecos Generales 5 3 3 3 3 Oficiales 2.365 1.756 1.509 1.509 1.401 Suboficiales 2.477 1.930 Tropa 56.392 39.844 33.762 33.762 21.455 4.5.6.- Reformas de la Armada. La Marina presentaba el grave problema de las reivindicaciones de los Cuerpos Auxiliares, que deseaban integrarse en el Cuerpo General –el de los marinos propiamente dichos-. Ante esta situación se llegó a plantear la disolución de la Marina militar, con lo que los representantes de los Cuerpos Auxiliares cejaron en sus reivindicaciones. No obstante, las clases subalternas fueron reformadas: se concedieron quinquenios, y hubo muchos ascensos de subalternos a oficiales. Se planteó una 874 disminución del presupuesto, disminuyendo el personal y paralizando construcciones; pero se creó una Marina y una Intervención civiles, y se resucitó la Escala de Servicios de Tierra, que había sido suprimida por la Dictadura; se ascendió a gran número de miembros de la Segunda Sección del Cuerpo de Maquinistas; se militarizaron los obreros de los Arsenales, convirtiéndolos en funcionarios. En resumen, “no han sido pocos los que han reconocido entre los retratos expuestos en el escaparate de un fotógrafo madrileño, luciendo divisas de capitán de corbeta, a uno que fue portero del 1977 Ministerio” 4.6.- Los efectos de las reformas. Estas reformas no fueron baratas. En 1929, el presupuesto del ejército era de 367 millones de pesetas. En 1931, el presupuesto militar ascendió a 422 millones de pesetas, a los que habría que añadir 181 millones destinados a Marruecos. Los gastos militares fueron reducidos durante los años 1931 a 1933, pero parte del ahorro fue compensado por el incremento de las pensiones militares a causa de los retiros voluntarios. Al incrementarse el cuerpo de suboficiales, de 7.400 a más de 9.200 hombres, se incrementó el gasto el 7.000.000 de pesetas más. También se habían 1978 aumentado los sueldos de los empleados civiles del Ejército . Azaña sabía que era necesario invertir dinero para contar con un sistema defensivo moderno, pero eso chocaba con su propósito de ahorrar. La artillería antiaérea fue organizada con los pocos y viejos cañones de que se disponía, los dos regimientos de carros no disponían de ellos, la industria de armamento no funcionó pese a fundarse en el Consorcio de Industrias Militares, planificado con criterios competitivos y exportadores. Sólo se planificó realmente adquirir material de Aviación, considerada por Azaña como un arma decisiva, 1979 pero el proyecto quedó en suspenso ante los problemas económicos . Se desalentaba a permanecer en el Ejército a los que pretendían reengancharse, y se seguían reduciendo gastos en servicios innecesarios. 1977 Mola, E., El pasado, Azaña y el porvenir, p. 269. 1978 Payne, S. G., Ejército y sociedad en la España liberal, p. 388-398. 1979 Cardona, G., El problema militar en España, p. 159-160; en cambio, Payne afirma que Azaña afirmó que España no tenía necesidad de poder aéreo: Ejército y sociedad…, p. 390. 875 Azaña estaba muy orgulloso de los cambios establecidos, y pensaba que con ellos había conseguido un neutralizar políticamente al ejército: “Del ejército no habla 1980 nadie, pero el ejército tampoco habla. Cada cual en su sitio” . El malestar de muchos militares se agravó por las formas utilizadas por Azaña, que no supo ganarse a los oficiales, y pronto se distanció de los republicanos exaltados como Ramón Franco; para los conservadores se convirtió en la encarnación del antimilitarismo, y las reformas inquietaron a muchos, que estaban habituados a sus destinos. Nadie le discutía la necesidad de reformas ni de adelgazar un Ejército excesivamente inflado que impedía precisamente su propia modernización. En su haber sólo se pudo contar un aligeramiento de la burocracia militar; es cierto que se retiraron muchos oficiales y jefes, pero éstos cobraban su sueldo íntegro, con lo que no se alivió el presupuesto militar. El ejército se descongestionó en parte, pero no se republicanizó, porque los que abandonaron las filas lo hicieron sobre todo por motivos profesionales, al enfrentarse a una carrera con pocas posibilidades de ascenso. Azaña estaba más interesado en los aspectos políticos e ideológicos de los problemas militares que en los técnicos. No parece que el ministro se interesara en la mejora del armamento o la eficacia técnica del ejército. Pensaba que España nunca entraría en guerra a gran escala, y aunque organizó un nuevo cuerpo de transportes militares, aprobó la botadura de dos nuevos cruceros, y aumentó el presupuesto de las fuerzas aéreas, pensaba que nada de ello haría falta. En realidad, el Ejército necesitaba material. Según Mola, a finales de 1931 el ejército disponía sólo de trescientas ametralladoras posteriores a 1925. La artillería estaba anticuada, y los soldados estaban armados con fusiles de modelo Máuser 1893. El programa de organizar varios regimientos de carros de combate no se llevó a la práctica, y en 1936 el principal carro 1981 de combate del Ejército era el Renault FT-17 . 1980 Payne, S.G., Los militares… p. 283. 1981 La historia de estos carros es ilustrativa. El Gobierno español adquirió ocho carros FT-17 a Francia en junio de 1919 para ser utilizados en la Guerra de Marruecos, seis armados con ametralladoras Hotchkiss de 7 mm, y dos con cañón Puteaux de 37 mm; pero París canceló la operación. En 1921 se consiguió por fin adquirir doce FT-17 armados con ametralladoras, uno de ellos de transmisiones como carro de mando (FT-17TSF). Estos carros, menos uno, fueron enviados a Marruecos. Se utilizaron por vez primera el 14 de marzo de 1922 en Ambar y Tuguntz, pero el terreno escarpado y la guerra irregular les revelaron poco prácticos. No obstante, se compraron seis más para reponer las pérdidas. Tras la guerra, sobrevivieron diez, que fueron devueltos a la Península, formando dos Regimientos de Carros Ligeros de Combate, cada uno con cinco tanques, el nº 1 en Madrid y el nº 2 en Sevilla. Los cinco tanques madrileños quedaron en poder de las tropas gubernamentales en 1936: dos se perdieron ante Talavera de la Reina en septiembre de 1936, y los tres restantes en Madrid, ese mismo invierno. Además, se contaba con un Fiat 3000ª, y seis Schneider CA1, comprados en septiembre de 1921, del bando republicano, destruidos también en Madrid. 876 Los diputados se interesaban poco por los problemas del ejército. La minoría conservadora fue incapaz de oponerse a las reformas, dada su pequeñez. Sólo el diputado radical Tomás Peire se opuso desde la izquierda a estas reformas, y tuvo que abandonar su puesto en el Ministerio de la Guerra tras sus críticas al ministro. En las Cortes de 1932 y 1933, Peire planteó alternativas a las reformas. Criticaba que no se desarrollara un ejército voluntario, que se mantuviera el sistema de redención, que consideraba antidemocrático y que las reformas no se preocupaban por mejorar la capacidad bélica del ejército. Los gastos seguían siendo elevados, y no se mejoraban ni del armamento ni la instrucción. El nuevo escalafón de suboficiales era una simple maniobra burocrática que no mejoraba la situación. También criticó la decisión de Azaña por invalidar la antigüedad concedida por méritos de guerra, porque esa forma se dejaba de premiar el talento y la capacidad de mando. Algunas reformas, como la creación del Cuerpo de Suboficiales, o la reorganización de las Divisiones, fueron bien acogidas por los militares. Pero también quedaron aturdidos por las mismas. Un buen ejemplo de ello lo tenemos en la fusión de unidades. Los Regimientos de infantería Asturias nº 31 y Covadonga nº 40 fueron unidos, pero de una forma brusca. El entonces teniente Iniesta Cano relata cómo se ordenó formar a la tropa, y ante ella, el general Queipo de Llano, tras explicar que el Ejército de la monarquía era excesivamente grande, gravoso y aristocrático, anunció la fusión con estas palabras: “…en consecuencia, a partir de esta fecha, estos dos recimientos (Asturias nº 31 y Covadonga nº 40) se fundirán en uno solo, que tomará el nombre de Regimiento de Infantería nº 31, a cuyo frente estarán los jefes y oficiales que figuran en la relación nominal a la que voy a dar lectura, a los cuales deberéis respeto y obediencia ciegos; no siendo así, a los que hasta hoy os mandaron y que nmo figurando en dicha relación, causarán baja automáticamente en vuestro regimiento y en consecuencia, ya no 1982 tendréis que obedecerlos” . La humillación que supuso este acto quedó grabada para siempre en el joven oficial, que dedica a ella los más duros epítetos alusivos a la falta de ética, nobleza y consideración. Iniesta y dos compañeros más, al no ser citados, envainaron los sables, salieron de la formación y abandonaron el cuartel. Pocos días después, el mando del De los tanques autóctonos Trubia, proyectados entre 1925 y 1934 pero que nunca pasaron de los prototipos, tres de éstos fueron tomados por los nacionales, y un cuatro por los republicanos. http://es.wikipedia.org/wiki/Tanques_en_el_Ejército_español. En resumen, la República no hizo nada por modernizar el cuerpo de blindados. 1982 Iniesta Cano, C., Memorias y recuerdos, p. 44 877 regimiento fue encomendado al teniente coronel Luis Trucharte, que fue ascendido a coronel por haberse opuesto a la Dictadura. Muchos militares aceptaron el retiro, por su convicción monárquica, porque no estaban satisfechos con su carrera, o habían perdido su vocación. A partir de 1931 quedaron los oficiales que amaban su profesión, o los que no querían trabajar en otra cosa que no fuera el Ejército. Estos oficiales estaban en general perplejos, cuando no ofendidos, por las formas del ministro, que estaba orgulloso de haber sido capaz de 1983 "triturar al ejército" . Muchos veían en ello una forma de humillar al espíritu militar. Para Mola, esta humillación venía del desprecio a los valores morales, de haber elevado a individuos poco recomendables, de haber atacado a los oficiales como cuerpo, de haber estimulado la beligerancia de los inferiores contra los superiores, de haber humillado a determinados generales y jefes que habían protestado, de haber antepuesto el partidismo al ideal nacional. Las reformas de Azaña fueron hechas sin consultar a la jerarquía militar. Azaña se valió para ellas de su subsecretario, el general Ruiz Fornells, y del llamado "gabinete negro", grupo de oficiales donde destacaba el teniente coronel Hernández Saravia, y que 1984 ya hemos descrito como de afiliación “juntera” . Los que más se opusieron a Azaña fueron los africanistas. A muchos de ellos les incomodó la Orden del 9 de marzo de 1932 por la que se prohibió a los generales la celebración de ceremonias religiosas en los cuarteles. A ello se añadió la disposición del 12 de noviembre de 1932, que eliminó los ascensos por méritos de guerra en las categorías inferiores a general, cuando ya anteriormente se habían eliminado los ascensos por méritos concedidos por la Dictadura, muchos de ellos revisados, como ya hemos visto en el caso de Varela. También se redujo el volumen de las guarniciones en 1985 Marruecos, según Mola , por debajo del nivel de seguridad. No obstante, la inmensa mayoría de militares no querían intervenir en política, y sólo una minoría, como Orgaz 1986 o Cavalcanti, hablaba de sublevarse . Azaña configuró el ejército con un buen organigrama, redujo el número de oficiales y de unidades, dignifico a los suboficiales y acortó el servicio militar, pero no 1983 Payne, S.G., Ejército y sociedad…, p. 392. 1984 Payne, S.G., Ejército y sociedad…, p. 393. 1985 Mola, E., El pasado, Azaña y el porvenir, p. 248-254. Mola afirma que Azaña llegó a plantear retirar todas las fuerzas de las ciudades del Protectorado y vigilar el territorio con aeroplanos, medida que no se llevó a cabo por la caída del ministro. 1986 Payne, S. G., Ejército y sociedad… p. 393. 878 mejoró sustancialmente el Ejército, lo simplificó, pero no aumentó su capacidad militar. Lo quiso neutralizar políticamente, pero no evitó su politización. Por otro lado, con sus ataques al grupo “africanista” y su apoyo al grupo “juntero”, mantuvo la división interna en las Fuerzas Armadas, cuando no la exacerbó. Esta división se apreciaba a simple vista. Para los militares izquierdistas, Azaña era tibio, bautizaron a su política como de “ecuanimidad” o de “indiferencia política”. Para ellos, el Ejército debía ser purgado de oficiales africanistas, a los que consideraban enemigos de la República y perjuros en su 1987 juramento de fidelidad a la misma . Por el contrario, muchos oficiales, como Mola, Varela, y tantos otros, directamente perjudicados por la política militar del primer Gobierno de la República, quedaron desilusionados, cuando no enfrentados con el nuevo Régimen. Más grave, fue la desafección que Azaña provocó entre los militares que habían apoyado la instauración del nuevo Régimen. Al suprimir las capitanías generales, fueron sustituidas por mando sobre Divisiones Orgánicas. A López de Ochoa no le gustó el 1988 cambio, y el julio de 1931 fue destituido de su mando de Barcelona . Otro enfrentamiento fue con el general Núñez de Prado, al que no gustó su destino en Burgos. García Gómez Caminero también quedó insatisfecho con su destino en Valladolid. José Riquelme y La Cerda quedaron resentidos al no ser nombrados Inspectores Generales, como lo fueron Queipo de Llano, Gil Yuste y Rodríguez del 1989 Barrio . Villegas sustituyó a Queipo al mando de la Primera División Orgánica, y 1990 ambos estaban enemistados . Azaña intentó que varios divisionarios sospechosos de monarquismo fueran retirados, y en parte lo logró: González Carrasco lo fue en virtud de la Ley de Defensa de la República; se pasó a la reserva a Zubillaga y Coronel; Federico Berenguer fue 1987 Cordón, A., Trayectoria. Recuerdos de un artillero, 1971, p. 197; Cordón afirma sentirse desengañado por la ceguera de Azaña hacia los altos mandos del Ejército. 1988 “El 8 de julio [de 1931] (…) el general López de Ochoa, quien mandaba la IV División, en Barcelona, se iunsubordinó contra el Gobiernoporque no le parecían bien las reformas militares que estaban llevándose al Parlamento, y además tuvo un altercado con el gobernador civil de Gerona, por lo que el ministro de la Guerra viose obligado a relevarlo del cargo e imponerle un correctivo, lo que hizo que en adelante andiviera despotricando contra Azaña”, Martínez Saura, S., Memorias del secretario de Azaña, Planeta, Barcelona, 1999, 114. Martínez Saura destaca por su absoluta fidelidad a la memoria de Azaña, y justifica todos sus actos y decisiones. Según las notas del coronel Trinidad Lacanal, López de Ochoa fue despuesto por “su destemplada protesta” ante la supresión de la categoría de capitán general y la conversión de las antiguas Capitanías Generales en Divisiones Orgánicas, y por haber consentido que Francesc Macià proclamara la “República Catalana” en abril de 1931: Raguer, H., El general Batet, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, Barcelona, 1994, p. 121. 1989 Cabanellas, M., Preludio a la Guerra Civil, t. 1, p. 247. 1990 Villegas sería relevado en junio de 1932, en ocasión del incidente de Campamento. 879 asesinado; Saliquet y Losada permanecieron activos, pero el primero quedó disponible. Cabanellas concluye: Azaña “va a lograr lo que parecía imposible: ahondar aún más las diferencias existentes en los cuadros de mando del Ejército. Ha desaparecido la precaria imagen del compañerismo. No hay más generales republicanos. Hay sólo 1991 resentidos” . 4.7.- Varela ante el nuevo Régimen. El coronel Varela, a su regreso de Europa, se encontró con el cambio de Régimen. Venía de conocer a unos ejércitos despolitizados incluso en la humillación de la derrota, que trabajaban en mejorar los mecanismos de defensa de sus respectivas naciones aprovechando los avances técnicos. Frente a esta profesionalidad de sus colegas franceses, alemanes y suizos, Varela redescubre a muchos de sus compañeros más preocupados por las tensiones políticas que por la profesión de las armas. Varela, de convicciones monárquicas, aceptó el nuevo Régimen republicano con disgusto. En esos días, el coronel Varela estaba serio, se mordía los labios, un gesto muy suyo. El 14 de abril de 1931, al proclamarse la República, una multitud entusiasmada se dirigió al cuartel de San Roque, con el pretexto de confraternizar con los soldados, encabezada por un militar de ideas republicanas. Varela, al saberlo, ordenó cerrar las puertas e impedir la entrada de los manifestantes. Siempre mantuvo con 1992 entereza la disciplina en el Regimiento . Algunos jefes y oficiales de su Regimiento temían que se rebelara contra la República, pero él no lo hizo, y permaneció en su puesto mientras se consolidaba el nuevo régimen. Un momento de gran amargura para él, fue el arriado de la bandera bicolor y su sustitución por la republicana. Según Junquera, “Los que estábamos a su lado, observamos cómo aguantó estoico dicho acto, sin su peculiar sonrisa, y luego, reunido con los íntimos, exteriorizó el sentimiento que 1993 el acto le produjo” Varela va a concentrarse en su trabajo, entregado a la formación y entrenamiento 1994 de sus hombres . El Regimiento cambió su numeración, asumiendo la número 27. 1991 Cabanellas, M., Preludio a la Guerra Civil, t. 1, p. 250. Otro de los generales molestos para Azaña era Fernando Berenguer, que fue asesinado probablemente por confundirlo con su hermano Dámaso. ABC, 7 de junio de 1934, “Anoche fue asesinado en Hernani el general D. Fernando Berenguer”, p. 21- 1992 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 206, “Varela en los años 1930 a 1932”, recuerdos de Pascual Junquera (Capitán Ayudante de Varela en 1931, coronel en 1954). 1993 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 207, “Varela en los años 1930 a 1932”, recuerdos de Pascual Junquera. 1994 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 214-220, “Regimiento de Infantería nº 27. Bases Generales por que han de regirse los Sres. Capitanes y Oficiales instructores de los reclutas del actual Reemplazo, con arreglo a lo 880 Muchos de sus compañeros y oficiales de confianza quedaron disponibles, pero él mantuvo contacto con ellos y porfió hasta que consiguió que fueran repuestos en sus destinos. En todo momento se mantuvo al margen de comentarios. El 12 de mayo de 1931 se produjo la quema de conventos en Cádiz y el saqueo de las iglesias. En Madrid, el entonces teniente Iniesta recuerda como su coronel le prohibió taxativamente evitar la destrucción del convento de Padres Carmelitas situado frente al Cuartel de la Montaña, protegiéndolo con un pelotón de soldados afirmado que era contrario a las órdenes recibidas, y que no quería provocar más incidentes. Sólo se permitió, más tarde, patrullar cerca de algunos conventos y disuadir a los asaltantes con 1995 toques de corneta . Volviendo a Varela, éste, devoto creyente, se ofreció a las autoridades para restablecer el orden con las prerrogativas del estado de guerra. Finalmente le autorizaron, y salió al frente de una Compañía. Al bajar la tropa la Cuesta de Capuchinos, las personas que se aprestaban a incendiar la Iglesia de Santo Domingo, sede de la Patrona de la ciudad, se dispersó. El convento de Santo Domingo fue pasto de las llamas, desplomándose parte de su techumbre. Varela siguió hacia la calle de San Francisco, llena de alborotadores. Al ver que no se retiraban, ordenó a sus hombres formar con la primera fila rodilla en tierra y cargar los fusiles, con lo que la muchedumbre se desvaneció. La iglesia de San Francisco estaba siendo saqueada. Varela entró en ella junto a su Ayudante, solos, con lo que los profanadores se retiraron. 1996 El coronel recorrió todo Cádiz restableciendo el orden, que era total por la tarde . También en San Fernando se declaró el estado de guerra, siendo patrullada la ciudad por una compañía de Infantería de Marina. El 23 de mayo de 1931 se celebró en el cuartel del Regimiento el acto de Promesa a la Bandera, según el protocolo y fórmula establecidos por el nuevo Gobierno, dispuesto en el Plan General de Instrucción del presente año. Año 1931”, firmado el 18 de octubre de 1931 por el coronel Varela; fol 221-231, “Regimiento de Infantería nº 27. Programa de Instrucción teórico-práctica y de tiro por el que ha de regirse para la Instrucción de los reclutas del actual reemplazo durante los meses de Noviembre y Diciembre. Año 1931”, firmado el 15 de octubre de 1931, por el comandante Jefe de Instrucción Antonio Vega y el coronel Varela; el texto contiene una interesante colección de consejos sobre conservación de las armas. 1995 Iniesta Cano, C., Memorias y recuerdos, p. 43. 1996 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 206, “Varela en los años 1930 a 1932”, recuerdos de Pascual Junquera; fol 209, Heraldo de San Fernando, 13 de mayo de 1931, “Los sucesos de Cádiz”. 881 1997 y con la banda interpretando el Himno de Riego . Varela fue confirmado en el mando 1998 de su Regimiento a mediados de junio . 4.7.1.- Varela ante las reformas. Solicita la legalización de su ascenso. Varela estuvo en Madrid entre marzo y abril de 1931, regresando a Cádiz el 1999 viernes 10 de este último mes . En una carta escrita por el anciano militar Antonio Lago a Varela, le comenta que la “operación quirúrgica del Ejército” de los días 11 y 2000 12 de mayo de 1931, ha sido dolorosa, pero necesaria . En esta operación se han descubierto muchas cosas, entre ellas un cambio de táctica de los consejeros “vistos y ocultos de la Dirección militar”. Han vencido los extremistas, y “el desarrollo y acoplamiento del personal es violento [y] arbitrario, sin norma ni criterio fijo, y este por amigo, aquel por insidioso, el de aquí por intrigante y el de allá por afecto al régimen, al club A o al comité B, quedan colocados y amparados”. Mientras, los que ofrendaron su juventud en los campos de África y no ingresaron en la escala de reserva, ahora quedan mezclados con ella en cuadros formados por el azar o la intriga. “Puede V ver los destinos y hallará Regimientos donde para 10 subalternos de la activa entran 18 de la escala de reserva, otros mitad y mitad y en muy poca preponderancia los primeros, pero todo sin mérito, numérico ni cualitativo”. Otro asunto candente es la revisión de los ascensos por méritos de Guerra. Lago afirma que los está estudiando el propio ministro, Azaña, a quien él le tranquiliza pues le parece el mejor de todo el ministerio. Comenta que aumentan los retiros, lo cual aplaude porque estimulará los ascensos y motivará a la oficialidad. Se establecen solo cuatro Regiones Militares: Madrid, Barcelona, Sevilla y Valladolid, con dos divisiones cada una, desapareciendo los Gobiernos militares que no sean orgánicos. Respecto a la quema de conventos, afirma que todo se arreglará, que son pasiones momentáneas. Le invita, como hombre de gran preparación técnica, a sumarse a la reforma, a la creación de un ejército pequeño pero eficiente y dotado. Por último, se despide agradeciendo un favor prestado por Varela. 1997 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 212, Diario de Cádiz , 23 de mayo de 1931, “El Acto de Promesa a la Bandera”. 1998 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 213, Diario de Cádiz , 12 de junio de 1931, “El Coronel Varela” 1999 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 210, notas de prensa. 2000 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 111-116 , carta manuscrita, fechada el 1 de junio de 1931, firmada por Antonio Lago. Subrayado en el original. 882 El 10 de junio de 1931, Varela presentó una instancia, al temer que su ascenso por méritos de guerra a coronel fuera revocado. El hecho de que fuera ascendido gracias a una Real Orden específica, dejaba su empleo en una situación extraña. El 3 de junio el Gobierno Provisional de la República emitió un Decreto por el cual se anunciaba la revisión de los ascensos por méritos de guerra. Varela manifestaba no ser responsabilidad suya que no se cumplieran los trámites legales porque así lo dispuso la Dictadura, pero que los méritos aportados en el proceso eran reales. Varela recurría para que su ascenso fuera ajustado a la legalidad, y que éste no pudiera ser cuestionado ni anulado. Recordaba que la Dictadura no le favoreció, antes bloqueó su ascenso, pese a todos los partes y propuestas de ascenso emitidos incluso antes del Decreto del 21 de Octubre de 1925, siendo él comandante de la Harka. Para Varela, la resolución hecha por Primo de Rivera de suprimir los ascensos por méritos de campaña fue ilegal y perjudicó a muchos oficiales, y por ello su ascenso, al hacerse al margen de esta resolución, fue ilegal; pero si ahora la resolución original ha sido declarada legal, 2001 también lo es su ascenso . Finalmente su ascenso no fue revocado, pero tampoco “legalizado”, porque, se argumentaba, debería primero publicarse una resolución para 2002 estos casos, a través de la cual los interesados pudieran presentar sus agravios . Es 2003 significativo que hiciera la gestión , y demuestra el clima de inseguridad y ansiedad que se creó en torno de los oficiales africanistas durante el ministerio de Azaña. Varela seguía insistiendo con su Regimiento en la instrucción y la práctica del tiro. Confeccionó un programa elaborado para desarrollar éste último, tanto de fusil 2004 como de ametralladora, con plazos, calendario y premios a los mejores tiradores . 4.7.2.- Varela se presenta a las elecciones de 1931. La amenaza de una radicalización de la República estuvo detrás de la decisión de Varela de presentarse a las elecciones como candidato independiente. En junio corrió el rumor de que iba a hacerlo, y algunos de los periodistas admiradores le animaron a 2001 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 124-125, texto mecanografiado. 2002 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 236, oficio, fechado el 26 de noviembre de 1931, firmado por el coronel comandante militar (ilegible), membrete de “Comandancia Militar de Cádiz. E.M.” 2003 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 237-271, legajo que contiene la documentación duplicada, ya comentada, manejada por el coronel Varela para presentar su instancia. 2004 ACGJEVI, Carpeta 10, fol 658-726, texto mecanografiado, “Programa general de tiro. Año 1931-32”, fechado en abril de 1932, firmado por José Varela. 883 2005 ello . Varela en principio se negó, pero sus amigos y admiradores insistieron en ofrecerle su voto para diputado por Cádiz, y se le incluyó en las candidaturas por las 2006 2007 derechas el 27 de junio . Se emitieron pasquines de propaganda : “Isleños: Votad al Coronel Varela. Es nuestro paisano. Ningún hijo de San Fernando debe dejar de poner su nombre en la candidatura, por muchos compromisos que tenga. Es el candidato de la Isla que se presenta sin propaganda, con la garantía del voto de sus 2008 paisanos” . Este texto se publicó también como propaganda en la columna central del 2009 Heraldo de San Fernando . Varela se presentó a votar, pero no pudo hacerlo porque, 2010 sorprendentemente, no figuraba en el censo electoral . En el Archivo de Varela se 2011 guardan papeletas para las votaciones de ese día . Varela no obtuvo los votos suficientes. Se desplazó a San Fernando para 2012 agradecer los votos recibidos , y escribió un texto de agradecimiento a sus paisanos, y sobre todo a los miembros de la Armada, publicado por la prensa. En él, Varela pedía templanza, no descender a las pasiones: "esta corriente de entusiasmo a mi alrededor, por fuerza bien sentida de mi gratitud, me obliga a recoger una vez más la ofrenda de mis paisanos que forman un pueblo noble y bueno, merecedor de las mayores atenciones por parte de los poderes constituidos, para que sus aspiraciones sean saldadas de una vez favorablemente", pero, "Alejarse del horizonte de los ideales y 2005 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 273, Diario de Cádiz , 20 de junio de 1931, “A propósito de las elecciones”, firmado por “Admiradores”; otra copia del mismo artículo lleva la fecha, errónea, del 28 de junio de 1931. 2006 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 12, La Información de Cádiz , 28 de junio de 1931, “El coronel Varela” 2007 Sobre sistemas de captación del voto, Villa García, R., La República en las urnas. El despertar de la democracia en España, Marcial Pons, Madrid, 2011, p. 190-208. 2008 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 276, pasquín electoral, impreso. 2009 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 277, Heraldo de San Fernando, 28 de junio de 1931. 2010 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 278, nota manuscrita: “El Sr. D. José Enrique Varela presentóse en este colegio a votar exhibiendo su ficha de inscripción no pudiendo efectuarlo por no figurar en el Censo Electoral. El Presidente del Colegio Álvarez Cabrera 9, Francisco Agüera”. 2011 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 279, impreso, certificado en blanco de haber votado; fol 280-282, impreso, “Candidatura del Frente Antirrevolucionario de la circunscripción de Cádiz para Diputados a Cortes: D. Francisco Moreno Herrera, D. Julio Varela Vázquez, D. Félix Bragado Álvarez, D. Juan José Palomino Jiménez, D. Carlos Núñez Manso, D. Ramón de Carranza y Fernández Reguera, D,. José Antonio Canals y Álvarez, D. Manuel García Atance”; fol 283, impreso similar, pero con dos nombres tachados y sustituidos mecanográficamente por José E Varela Iglesias y José Antonio Primo de Rivera, en sustitución de los candidatos Varela Vázquez y Canals Álvarez; fol 284, dos papeletas de votación, impresos: en una “Candidatura de las Derechas. D. Manuel Fal Conde, abogado; D. Francisco Mier Terán y Jaime Barrero, agrario; D. José Llauradó Piñol, capellán de la Armada [añadido manuscrito:] D. Enrique Varela Iglesias, coronel de Infantería”; en la segunda: “Candidatura para Diputados a Cortes Constituyentes. Don José Enrique Varela Iglesias”. 2012 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 285, Diario de Cádiz , 1 de julio de 1931, “Notas de San Fernando. El Coronel Varela”. 884 descender al de las pasiones, constituye grave daño para la paz de los espíritus"; previene al pueblo de los peligros de la revolución: "Al pueblo, a tí, que nunca adularé con falsas promesas, porque de ti vengo, te quiero y los más puros sentimientos de tus reivindicaciones encarnan en un grito consciente de mi alma, que pide para ti mejoras racionales; en este punto es donde, si existen obstáculos ancestrales, tienen que ir desvaneciéndose por la imperiosa necesidad humana de una mayor perfección y justicia. Las leyes han de inspirarse en ti y para ti; pero que, alcanzando a todos por esa misma recíproca justicia que invocas, no caigas, al invertir los términos, en la misma irritante desigualdad, se aprisionaría otra vez al caer un sistema detestado por ti mismo"; Varela reclamó que las reivindicaciones de los suboficiales debían ser atendidas por los cauces reglamentarios; a los civiles, les pedía más reivindicación del Derecho para evitar el triunfo de las “minorías audaces”, pues los extremismos ganan por el abstencionismo de las mayorías y afirma "yo alejo el temor de que caiga sobre ti la mancha de sangre que fueron precursoras en Francia y Rusia, que aún sobrecoge el ánimo más fuerte, viendo sacrificada salvajemente a una parte de la humanidad para dar paso a la peor de las tiranías que, entre otros defectos, tiene el de poner en quiebra la espiritualidad de nuestra raza superior"; y proponía, ya se dijo, que el dinero de su monumento se destinara a la formación de algún joven prometedor, "a algún hijo del pueblo que por su aplicación, merezca ser preparado para la carrera que elija"; Varela se declara militar y apolítico: "Sólo me resta advertir a los que sientan la enfermedad de moda, en lo que se refiere definición, y queriendo concretarles, les digo que no necesito definirme en nada; cuanto soy, bien a las claras lo expone mi conducta, por cuanto bien entendido ésta que mi principal definición es la de Soldado, y nadie tiene derecho a pedirme otra". Acababa el texto recordando a su ciudad de residencia, “Para 2013 Cádiz, igual gratitud y reconocimiento” . El texto fue alabado por la prensa, que 2014 comentó su moderación . Poco después se publicó un artículo redactado por Varela cuando éste era Gobernador militar de la plaza, y se inició la implantación de la República. Varela recordaba que todo régimen de libertades se basaba en el respeto a la ley, pues cuando se sale de ella se llega al extremismo. Debe mantenerse el principio de autoridad y el 2013 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 284-288, Diario de Cádiz , 2 de julio de 1931, “A la ciudad de San Fernando”, firmado por “Coronel Varela, 1 de julio de 1931”; fol, 289-292 y fol 293-294, “Palabras sinceras. A la ciudad de San Fernando”, La Información de Cádiz, 2 de julio de 1931. 2014 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 295, La Información de Cádiz , 3 de julio de 1931, “Saludables predicciones”. 885 2015 respeto a los agentes de ésta . Varela se convirtió así, sin pretenderlo, en una de las figuras más representativas de la defensa del orden constituido. En los mítines de la izquierda radical gaditana comenzó a ser condenado a muerte. En septiembre, el 2016 dibujante José María Silva le hizo un retrato a lápiz . Ese mes se realizaron 2017 maniobras militares en Cádiz . 4.7.3.- Varela frente a la revolución. El 5 de octubre de 1931 se convocó una huelga general revolucionaria en Cádiz. El motivo fue la protesta ante la negativa a la rebaja de alquileres y subsistencias. El paro se inició a las 8:00 horas, Piquetes coaccionadores recorrieron las calles obligando a cerrar los comercios y mercados. La fuerza pública custodió los bancos y edificios religiosos, y por la calle patrullaba la Guardia Civil. Los tranvías circularon hasta las 11:00 horas, conducidos por soldados y custodiados por la Guardia Civil. A las 10:30 los vehículos fueron apedreados, y se hizo fuego contra los agresores, con el resultado de dos heridos. Se decidió paralizar los tranvías. A media mañana pistoleros sindicalistas comenzaron a disparar desde las azoteas de las casas situadas frente al cuartel de Santa Elena contra los guardias civiles, contestando éstos desde la torreta de Puerta-Tierra con ametralladoras, y ocupando las torres de la Catedral y del Ayuntamiento, generalizándose el fuego. Hubo varios heridos, entre ellos un niño de ocho años. Los huelguistas lanzaron pedradas contra los guardias. La ciudad de nuevo se paralizó, los huelguistas cortaron las líneas de telégrafos y teléfonos, así como cables del fluido eléctrico para dejar sin luz a la población. Al saber que algunos individuos impedían circular por el barrio de Santa María y estaban propiciando desórdenes, el coronel Varela salió de su despacho en el cuartel de San Roque, desarmado, y se dirigió hacia allí. Al verle salir, el teniente Juan Riaño Castro le siguió como escolta. El coronel, en su camino, se apercibió que la Guardia Civil hacía fuego desde la Cuesta de las Calesas sobre unos individuos apostados en la esquina de las calles Santo Domingo y Sopranis. Varela, Riaño, y el agente de vigilancia Morales se encaminaron hacia allí, cuando alguien les llamó la atención sobre un hombre caído en el suelo en la citada encrucijada. Varela ordenó entonces a los agentes que suspendieran el fuego, y se acercaron para auxiliarlo, cuando se les disparó 2015 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 296, La Información de Cádiz , 1 de agosto de 1931, “Orden”. 2016 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 297, Diario de Cádiz , 17 de septiembre de 1931, “Un retrato”. 2017 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 298, Diario de Cádiz , 24 de septiembre de 1931, fotografía. 886 desde unos portales cercanos a no más de diez metros, cinco disparos, hiriendo al teniente en el vientre, mientras el “muerto” se levantaba y salía corriendo junto a los pistoleros. Parecía claro que al apercibirse de la llegada del coronel, se decidió tenderle la emboscada. Varela y Riaño habían sido seguidos por otros, el comandante Vega y el capitán Márquez, que atendieron al teniente, que fue llevado al Hospital de San Juan de Dios por un motorista de la Guardia Civil, y posteriormente al Hospital Militar en un 2018 automóvil de Sanidad . Los pistoleros y perturbadores se refugiaron en el barrio de Santa María, y allí se concentraron las fuerzas del orden, apoyadas por unidades del Ejército. Dos compañías de infantería, al mando del coronel Varela, procedieron a entrar en el barrio con decisión y rigor. Se detuvo a cuatro personas acusadas de provocar los disturbios. Los pistoleros utilizaban la misma táctica que se usó en los disturbios de Sevilla, por lo que se supuso que eran los mismos. Se registraron domicilios, se cacheaba a los transeúntes y se clausuraron los centros de sindicatos anarquistas. A las 19:00 horas habían cesado los tiroteos, pero seguía habiendo un ambiente tenso, de nerviosismo y expectación. Durante la jornada hubo varios heridos, además del citado teniente Juan Riaño; 2019 uno de ellos fue el teniente ayudante Manuel Villaverde, del Regimiento de Cádiz . 2020 La prensa alabó el comportamiento del coronel Varela . Para Martínez Roda, dicho atentado fue decisivo para Varela; a través de él, el coronel descubrió que el Gobierno de la República era víctima de sus prejuicios, y de ahí su permisividad con los 2021 sindicalistas revolucionarios y sus ataques injustificados a la Iglesia . Los pistoleros que atentaron contra Varela y el teniente Riaño fueron detenidos, y juzgados en Consejo de Guerra en mayo de 1933. Uno de los acusados, Ambrosio García Bancalero, supuesto autor de los disparos contra Varela y Riaño, apresado el 30 2018 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 301, “En Cádiz se ha planteado esta mañana la huelga general revolucionaria”; fol 302, fotografía del lugar de los hechos, “El coronel Varela”; fol 307, La Información de Cádiz, 6 de octubre de 1931, “Detalles de cómo fue herido el teniente Riaño”; fol 310, Diario de Cádiz, 6 de octubre de 1931, “Un muerto que es un vivo. Hieren a un teniente del Regimiento de Cádiz”; fol 312, “Cómo fue la agresión al coronel Varela el primer día de la huelga”; 2019 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 308, La Unión de Sevilla, 6 de octubre de 1931, “El sindicalismo en abierta lucha contra la fuerza pública- Durante la tarde continuaron en Cádiz los tiroteos desde las azoteas”. 2020 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 311, La Información de Cádiz, 6 de octubre de 1931, “El coronel Varela”; fol 312 viñeta gráfica “Recordando sucesos”; fol 314, Diario de Cádiz, 9 de octubre de 1931, “El coronel Varela”. 2021 Martínez Roda, F., Varela, p. 108. 887 2022 2023 de octubre , fue condenado a tres años de prisión, y los otros dos, absueltos . Se detuvo a Juan Mateo Arjona acusándole de ser el supuesto muerto, escondido en el 2024 buque Villa de Madrid . Antes, Varela presidió un consejo de guerra contra Manuel Moreno Barberán por insultos a la Guardia Civil; actuó de defensor el capitán de 2025 Artillería y abogado Julio Ramos . Como muestra de normalidad, Varela celebró en el cuartel el Día del Ejército, el 2026 7 de octubre de 1931, aniversario de la Batalla de Lepanto . El 11 de octubre se celebró una fiesta militar. En la Plaza de la República, el Ayuntamiento de Cádiz ofreció al Regimiento de Infantería nº 27 y al Regimiento de Artillería de Costa nº 1 las nuevas banderas tricolores. Acudió mucha gente, aunque como decía el periodista, “…aún hubiera acudido más, si unos rumores nacidos en la alarma de sucesos pasados no hubiesen retraído algo a la población”. Las agrupaciones llegaron con sus jefes respectivos, los coroneles Varela y Yuste. Al efectuarse el cambio de banderas, Varela se dirigió a sus hombres: “Señores, todos los que tenemos la honra de estar alistados bajo esta bandera, que la Nación se ha dignado confiarnos como emblema de la Patria, la Constitución y las Leyes estamos obligados a conservarla y defenderla hasta perder nuestra vida porque así lo interesa la gloria de la Nación, el crédito del Regimiento y nuestro propio honor, y en señal de que así lo 2027 prometemos”…sonó una descarga” . 4.7.4.- Fallece doña Carmen Iglesias. Como anécdota, pero de gran importancia en la vida del coronel Varela, hay que hacer una referencia al fallecimiento de su madre. Varela acudía con cierta regularidad a 2028 2029 San Fernando, a ver amigos y parientes . En diciembre de 1931 estuvo enfermo . A mediados de enero de 1932, su madre cayó enferma, hecho que llamó la atención de la 2022 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 316, Diario de Cádiz, 31 de octubre de 1931, “importante detención. Se cree que se trata del individuo que atentó contra el coronel Varela e hirió al teniente Riaño”. 2023 ACGJEVI; Carpeta 11, fol 303, “Consejo de Guerra en Cádiz. Contra tres paisanos que dispararon sobre el coronel Varela”. 2024 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 312, “El que se fingió muerto”. 2025 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 313, Diario de Cádiz, 7 de octubre de 1931, “Consejo de guerra”. 2026 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 313, Diario de Cádiz, 7 de octubre de 1931, “Día del Ejército”. 2027 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 232, Diario de Cádiz , 12 de octubre de 1931, “La Fiesta Militar de Ayer. La ciudad ofrece a la Artillería e Infantería de la Guarnición las nuevas banderas de sus Regimiento”. 2028 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 233, La Información de Cádiz , 22 de noviembre de 1931, “Coronel Varela”; fol 234, Diario de Cádiz, 22 de noviembre de 1931, “Notas de San Fernando. Coronel”; fol 299, La Información de Cádiz, 16 de julio de 1931, “Coronel Varela”. 2029 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 235, Diario de Cádiz , 21 de diciembre de 1931, “Enfermo” 888 prensa dada la popularidad del coronel. Desde Madrid acudió el doctor Sánchez Vega 2030 para atenderla . Pasó por algunos estadios de mejoría y empeoramiento, y fue operada el 10 de febrero, amputándosele una pierna. Durante esos días, Varela recibió numerosos mensajes de ánimo y condolencia, y muchas personas se personaron en su domicilio o en el cuartel para dejar su tarjeta como señal de apoyo y respeto. El 23 de febrero, doña Carmen Iglesias abandonó el lecho y se dio la noticia de encontrarse “en 2031 perfecto estado de salud” . Unos días después Varela envió una carta al Diario de Cádiz para hacer llegar a sus allegados, amistades y admiradores, su agradecimiento por las muestras de afecto recibidas, así como al periódico que tan solícito se había 2032 mostrado en dicha situación . Sin embargo, esta mejoría fue sólo aparente, y pocos días después doña Carmen Iglesias Pérez falleció en los pabellones de San Roque, el 9 de marzo de 1932, a primeras horas de la mañana, a consecuencia de un ataque de 2033 uremia . Se sumaron al duelo las principales autoridades militares y de San Fernando: el Comandante General del Apostadero, el Gobernador Militar, los jefes y oficiales del Regimiento de Cádiz, el alcalde de San Fernando y varios oficiales y sacerdotes íntimos 2034 de la familia, que figuraron como suplicantes en la esquela . La misa funeral se celebró en la parroquia de la Santa Cruz. El entierro tuvo lugar a primera hora de la tarde del día 10 de marzo en el cementerio de Cádiz. Hubo una importante concurrencia 2035 de Cádiz, San Fernando y Puerto Real . El cadáver fue transportado por dos oficiales y dos suboficiales del Regimiento de Cádiz. Asistieron las cofradías de la Venerable Esclavitud de Nuestra Señora de las Mercedes y Nazareno, muchos oficiales de toda la guarnición, así como suboficiales y soldados francos de servicio del Regimiento de Cádiz. El entierro lo presidieron el gobernador civil, los alcaldes de Cádiz y San Fernando, el comandante general del Apostadero, el vicario de la Diócesis, el 2030 ACGJEVI, Carpeta 12, fol 2, Diario de Cádiz , 16 de enero de 1932, “Notas de San Fernando. La madre del Sr. Varela”; ACGJEVI, Carpeta 12, fol 2, Diario de Cádiz , 19 de enero de 1932, “Notas de San Fernando. La madre del Sr. Varela”; ACGJEVI, Carpeta 12, fol 2, Diario de Cádiz , 27 de enero de 1932, “Notas de San Fernando. Mejoria”; ACGJEVI, Carpeta 12, fol 2, Diario de Cádiz , 11 de febrero de 1932, “Notas de San Fernando. La madre del coronel. Varela”.. 2031 ACGJEVI, Carpeta 12, fol 3, Diario de Cádiz , 24 de febrero de 1932, “Notas de San Fernando. Restablecida”. 2032 ACGJEVI, Carpeta 12, fol 3, Diario de Cádiz , 4 de marzo de 1932, “Una carta del coronel Varela”. 2033 ACGJEVI, Carpeta 12, fol 5, 9 de marzo de 1932, “La madre de un héroe”. 2034 ACGJEVI, Carpeta 12, fol 4, esquela publicada el día 9 de marzo, donde se aclara que vivía en los pabellones del Cuartel de San Roque. 2035 ACGJEVI, Carpeta 12, fol 7, Diario de Cádiz , 10 de marzo de 1932, “Sepelio de la madre del coronel Varela” 889 gobernador militar, sacerdotes, presidente de la Audiencia, delegado de Hacienda… 2036 familiares y amistades íntimas . Varela lo sintió profundamente. Perdía a una mujer fuerte que le había aconsejado en su carrera, que tantas veces le había guiado en el camino. En su diario escribió: "Mi madre no se limitó a darme el ser, sino que en mi desarrollo, en mi 2037 conducta, en mi patriotismo, en mi carrera, tuvo una gran influencia" . Pemán razona que fue la presencia de la madre la causa de su prolongada soltería: era un “madrero”. La prensa local se hizo eco del enorme dolor de Varela ante la pérdida de su madre: "Los bravos que se batieron varias veces a las órdenes de Varela, y que ahora son oficiales de su Regimiento, han sentido temblar por primera vez las manos del Jefe, y allí en los rostros una agitación nueva porque yace, derribado en un rincón, el que 2038 fue siempre delante" . El periodista amigo de Varela, Gaspar Fernández de León, recordó en un artículo cuando vio a la madre de Varela asistir, de incógnito, a la solemne imposición de las Laureadas en Sevilla, y reprodujo la carta, publicada en agosto de 1927 y dirigida al entonces Presidente y dictador Primo de Rivera, firmada como “una madre española”, y que pedía una recompensa para la recientemente 2039 fallecida . Se publicaron dos textos laudatorios sobre doña Carmen Iglesias. En uno de 2040 ellos , se recordaban sus pesares y angustias por la dura carrera militar de su hijo en Marruecos. Se recordaba su bondad, su paciencia, su virtud, y se afirmaba que “El heroísmo es la culminación del convencimiento del deber, y el deber se aprende en la santa cátedra del regazo de las madres. Cuando se ha educado al hijo dentro de las normas de rectitud moral y se le ha enseñado que la Patria es algo sagrado que merece la propia vida y que la conciencia siempre es conciencia, aun cuando se está en trance de perderlo todo, cuando hay para el que lucha el recuerdo de un hogar honrado y puro (…) entonces es cuando surgen esos casos de aparente generación espontánea que asombran a todos, pero que tienen su fuente de origen en la bondad y en la virtud de una mujer que reza desde allá lejos por su hijo…”. 2036 ACGJEVI, Carpeta 12, fol 8-11, La Información de Cádiz, 11 de marzo de 1932, “Sepelio de la señora doña Carmen Iglesias Pérez, viuda de Varela”. 2037 Pemán, J. Mª, p. 106. 2038 Pemán, J. Mª, p. 109 2039 ACGJEVI, Carpeta 12, fol 6-7, Diario de Cádiz , 9 de marzo de 1932. 2040 ACGJEVI, Carpeta 12, fol 10-14, La Información, 17 de marzo de 1932, “España ha perdido una madre”, firmado por B.S. y fechado en Puerto Real el 15 de marzo de 1932; se publicó en al menos otro diario. 890 Varela lo debía todo a su madre, y España también debía a esa mujer el heroísmo desplegado por su hijo y los triunfos conseguidos en África. El segundo texto, más sencillo, evocaba en términos similares la angustia como madre de hijo que luchaba 2041 en la guerra, y el respeto y admiración que merecían su sacrifico y abnegación . En el archivo de Varela se conservan las tarjetas de condolencia recibidas, un 2042 total aproximado de cuatrocientas , algunas con marco de luto, y acompañadas de unas letras manuscritas con mensajes de pésame y consuelo. La mayoría son de amigos y compañeros de Varela, así como de periodistas, personalidades políticas, autoridades, amigos, nobles, vecinos y religiosos, destacando las de Enrique Macpherson, José Sanjurjo, Juan Bautista Lazaga, Emilio Barrera, el Hermano Hilario Felipe, César Pemán y Pemartín, Ricardo de la Lastra, el marqués de Salobral… Así mismo se 2043 recibieron más de ochenta telegramas de amistades y personalidades, como José María Pemán, José Sanjurjo, La Herrán, marquesa de Tamarón, Manuel Goded, 2044 Barba…; más de ciento veinte telefonemas , de Manuel Carrasco, Zaldívar, González Carrasco, Enrique Movellán, marqués de Tablantes, Dámaso Berenguer, Morandeira… ; 2045 y unas ciento treinta cartas de pésame , de José Sanjurjo dos misivas, José Millán Astray, Alberto Lagarde, Enrique de Salcedo, Juan Asensio, Ramón de Carranza, Manuel Goded, a menudo muy difíciles de identificar por sus firmas ilegibles; pero sobre todo de amistades, como una mujer que firma Menchu, compañeros y amigos de Larache y de Ceuta, sobre todo del Grupo de Regulares nº 3; en su carta, Lagarde comenta superficialmente las disputas entre Yagüe, apoyado por el general Benito, y 2046 López Bravo, “parece que están dando tiempo a que ascienda Yagüe” . Tan impresionante recopilatorio demuestra, por un lado, el profundo cariño que Varela sentía por su madre, que no quiso desprenderse de toda esta documentación y la guardó, y por otro, la consideración que tenía Varela entre sus colegas de profesión y sus amistades. Durante 1932, Varela siguió centrado en su carrera, y cada vez más preocupado por la a su juicio radicalización del gobierno republicano-socialista. En marzo de 1932 2041 ACGJEVI, Carpeta 12, fol 15-16, La Información, 10 de marzo de 1932, “Ha muerto una buena madre española”. 2042 ACGJEVI, Carpeta 12, fol 18-57. 2043 ACGJEVI, Carpeta 12, fol 59-72. 2044 ACGJEVI, Carpeta 12, fol 73-137. 2045 ACGJEVI, Carpeta 12, fol 139-309. 2046 ACGJEVI, Carpeta 12, fol 235, carta manuscrita fechada en Ceuta el 13 de marzo de 1932, firnada por Alberto Lagarde, membrete del “Centro Cultural Militar. Ceuta”. 891 2047 participó en unas maniobras en Aguilar . Ese mes, acuciado por problemas económicos derivados de su enfermedad y del fallecimiento de su madre, pidió el anticipo de dos pagas, a descontar de la forma reglamentaria, haciendo notar que nunca había solicitado dicho beneficio, no tenía ningún descuento en la Caja del Regimiento, y ésta contaba con bastantes fondos para cubrir las atenciones del Cuerpo y efectuar el 2048 2049 anticipo solicitado . Su petición fue satisfecha el mismo día . Esto nos indica que Varela no nadaba en la abundancia, y que gozaba de buen crédito entre sus superiores. En abril, el general Ruiz Trillo estuvo en Cádiz, siendo recibido por el general Mena y 2050 los coroneles Varela e Iracheta . 4.8.- El Pronunciamiento de Sanjurjo. 4.8.1.- La contradicción de un Ejército. Un poder público que utiliza al Ejército como fuerza para imponer el orden público, se arriesga a que ese Ejército se vuelva contra él, si éste considera que el poder actúa como factor de desorden. Esta contradicción surge en sociedades que por motivos económicos prefieren utilizar a las Fuerzas Armadas como elementos de Seguridad baratos. Una vez el Ejército es impuesto como garante del orden, se corre el peligro de que ese Ejército se constituya en árbitro de ese orden, y por consiguiente, intente eliminar todo peligro que pueda alterar ese orden, venga de donde venga. El gobierno de la República siguió utilizando al Ejército como guardián del orden público. En abril de 1931 hubo manifestaciones en Tetuán, de corte nacionalista y reivindicativo. Pese a que se disparó sobre los manifestantes y hubo muertos y heridos. La situación llegó a tal punto que el Alto Comisario tuvo que abandonar Tetuán. El 25 de abril de 1931, el Gobierno envió a Marruecos al general Sanjurjo para restaurar el orden. El 4 de mayo de 1931, en Tetuán, hubo una gran manifestación de trabajadores marroquíes, exigiendo trabajo, jornada de ocho horas y equiparación de sus salarios a los de los trabajadores europeos. Para sofocar el disturbio se envió a los Regulares, resultando muerto un soldado de un balazo en el cráneo, y heridos de pedradas catorce 2047 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 318- 336, Consideraciones, Órdenes Generales. 2048 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 364, oficio fechado en Cádiz el 29 de marzo de 1932, con membrete del “Regimiento de Infantería num 27”, dirigido al General Comandante Militar de Cádiz., firmado por José Varela. 2049 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 365, oficio fechado en Cádiz el 29 de marzo de 1932. 2050 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 337, Diario de Cádiz, 20 de abril de 1931, “De la estancia del general Ruiz Trillo. Las visitas realizadas. Se hará constar su felicitación en la orden de la Plaza”. 892 soldados y un capitán, Eduardo Maldonado Vázquez, que perdió un ojo al rompérsele las gafas de resultas del impacto de una piedra. Entre los civiles heridos había un español y veintisiete indígenas. Se intervino propaganda panislámica de protesta, y según el periodista de ABC, quizá también comunista. Sanjurjo decretó la ley marcial y 2051 ocupó militarmente los barrios musulmanes, restaurando el orden . Al ser preguntado por estos hechos, el ministro de la Guerra, Azaña, respondió: “No ha sido nada, un 2052 pequeño alboroto y una pedrada a un capitán; pero todo está arreglado ya” . En las dos semanas siguientes, Sanjurjo recorrió los cuarteles del Protectorado en visita de 2053 inspección, restaurando la disciplina . Unidades de la Primera División, al mando del general Queipo de Llano, restauraron el orden tras los disturbios de la quema de iglesias y conventos el 11 de mayo de 1931. En julio, los comunistas de Sevilla proclamaron una huelga general y con ello graves disturbios, que llevaron el día 23 de julio a la intervención del ejército, que sofocó la revuelta bombardeando a cañonazos el edificio donde se encontraban los dirigentes de la revuelta. El ministro de Gobernación era Miguel Maura, que comprendió la necesidad de mantener el orden público. Para solucionar esta situación, Maura creó la Guardia de Asalto, hombres altos y fornidos armados con pistolas y porras, dotados de granadas lacrimógenas y preparados para disolver manifestaciones. Su primer jefe fue el coronel Agustín Muñoz Grandes, proveniente de los Regulares, hombre disciplinado y gran organizador, que creó el nuevo organismo en apenas tres meses. Estos Guardias eran en gran parte militares de izquierda, pues muchos de ellos provenían de la Unión Militar Republicana, como se demostró con su participación en el asesinato de Calvo Sotelo, en 2054 1936 . Un suceso de magnitud relevante, sucedió en la localidad extremeña de Castilblanco. El 20 de diciembre de 1931, los jornaleros de este pueblo realizaron una 2051 ABC, 6 de mayo de 1931, p. 23, “El Tetuán, un grupo de indígenas comete graves desmanes. Nota de la Comisaría. La intervención comunista y panislámica en los sucesos”. 2052 ABC, 6 de mayo de 1931, p. 21. 2053Payne, S.G., Los militares y la política…, p. 289; Sacanell, E., El general Sanjurjo, héroe y víctima, Altaya, 2008 (2004). 2054 Payne, S.G,, La primera democracia española: la Segunda República, 1931-1936, p. 400; El colapso de la República. Los orígenes de la Guerra Civil, La Esfera de los Libros, 2005, p. 481. Martínez Saura afirma que era el “único cuerpo verdaderamente leal a la República”: Martínez Saura, S., Memorias del secretario de Azaña, p. 435; Busquets, J, Losada, J.C., Ruido de sables, p. 47, afirma que la Guardia de Asalto era “el reducto de los militares más izquierdistas”.Otro grupo de militares republicanos se integró en la Escolta del Presidente de la República, sobre todo masones: el comandante Alfredo Jiménez Orge, el capitán Enrique Varela, yerno de Casares Quiroga, o el teniente Claudio Parrilla García. 893 manifestación reclamando trabajo, que fue disuelta por la Guardia Civil. Como protesta a lo que se juzgó violación del derecho a manifestarse, la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra, adscrita a la UGT, convocó dos días de huelga. El alcalde no autorizó la huelga, así que el 31 de diciembre, segundo día de protestas, cuatro números de la Guardia Civil entraron en la Casa del Pueblo para obligar a los dirigentes sindicales a desconvocar el paro. Se produjo un tumulto, un jornalero resultó muerto, y 2055 los guardias civiles fueron linchados . Este hecho afectó sobremanera a Sanjurjo, que manifestó a la prensa que no había visto una mutilación de cadáveres tan brutal ni entre las tribus marroquíes, y se negó a acudir a recibir al ministro de Gobernación a su llegada al pueblo. Pocos días después, en Arnedo (La Rioja), un grupo de trabajadores que acudía a negociar el fin de una huelga increparon a unos guardias civiles. Éstos, temiendo ser atacados, dispararon sus armas, matando a seis personas, entre ellas un niño y varias mujeres. También intervino la Guardia Civil y el Ejército en la represión de incidentes en el valle del Llobregat, cerca de Barcelona. La rama más izquierdista del PSOE, a través de Margarita Nelken, atacó en las Cortes al general Sanjurjo, director de la Guardia 2056 Civil, considerado responsable de la brutalidad de las represiones, exigiendo su cese . Desde El Socialista se acusó a la Guardia Civil de obedecer más a los caciques que a los 2057 alcaldes . El 2 de enero de 1932, la publicación Mundo Obrero acusó al PSOE de permitir desde el Gobierno utilizar a la Guardia Civil, para disolver las huelgas, y preconizaba la disolución de la Benemérita. Asustado, Sanjurjo se entrevistó con el político Alejandro Lerroux, líder del Partido Radical. Lerroux le dijo que la responsabilidad del desorden existente en el país era del Gobierno, que estaba perdiendo el control. Por su parte, Azaña decidió que la Guardia Civil se había extralimitado en su violencia, y el 5 de febrero de 1932 reemplazó a Sanjurjo por Cabanellas al frente de la Benemérita. Como compensación, el presidente Alcalá Zamora ofreció a Sanjurjo la jefatura de su Cuarto Militar, pero Sanjurjo se negó, alegando motivos personales. Por entonces, viudo, vivía con María Prieto Tébar, con la que había tenido un hijo natural, 2058 que sería reconocido más tarde ; por otro lado, no estaba de acuerdo con la política 2055 Payne, S.G., La primera democracia española, p. 97. 2056 Cardona, G., A golpes de sable, p. 262 2057 El Socialista, 2 de enero de 1932, “Sobre unos sucesos. El verdadero culpable”, http://www.segundarepublica.com/index.php?opcion=6&id=55 2058 [Sanjurjo me] “dijo agradecerlo muchísimo (…) pero me envió a decir, por serle violenta la revelación directa, que su situación privada o familiar, entonces aún no regulariada, hacía imposible que 894 del Gobierno. Sanjurjo fue nombrado jefe del Cuerpo de Carabineros, cargo que aceptó 2059 como muestra de acatamiento por consejo de Lerroux , pero que para él fue una degradación. En sus encuentros con Lerroux, mediante el coronel Azpiazu, Sanjurjo quiso que Lerroux, al que consideraba el político más hábil y el de republicanismo más acrisolado, le siguiera en una conspiración contra el Estatuto catalán, la oleada demagógica de algunos líderes izquierdistas, los ataques al Ejército y la Guardia Civil. Se propició entonces un encuentro, al que acudieron Sanjurjo, Azpiazu y Lerroux, éste acompañado de Martínez Barrio. Sanjurjo expuso la tensión que se estaba generando en el Ejército ante las reformas de Azaña, la indisciplina social, y la debilidad gubernamental. Lerroux coincidió con él, pero según defendió, las cosas podrían cambiar con una mudanza de gobierno, no de régimen. 4.8.2.- Sanjurjo decepcionado. La conspiración. Estos disturbios inquietaban a los militares, pero también les inquietó el rápido crecimiento del nacionalismo catalán. Francesc Macià anunció que con la República Cataluña lograría una autonomía de forma que los catalanes no habían servicio militar obligatorio, no irían a la guerra fuera de las fronteras catalanas. Estos problemas de índole moral y patriótica preocupaban mucho a los militares, pero en cambio no quitaba el sueño a los grupos conservadores y clericales, más preocupados por los temas económicos y religiosos. No obstante, un grupo monárquico inició contactos ya en el verano de 1931 para desarrollar una conspiración, buscando contactos con militares de alta graduación, ya se ha hablado más arriba de ésta. A principios de junio, tres de estos generales retirados comenzaron a recaudar fondos y apoyo para la causa monárquica. Sin embargo, no consiguieron grandes apoyos en el ejército, que aún recelaba y no quería ser utilizado como lo había sido durante la Dictadura. El dinero recaudado por los generales fue utilizado para subvencionar La Correspondencia Militar, hostil al gobierno, y que sería finalmente cerrado por Azaña en cumplimiento de la Ley que 2060 prohibía las publicaciones militares de carácter no profesional o técnico . A finales de aceptase un puesto que consideraba tan honroso”, Alcalá Zamora, N. Memorias, Planeta, Barcelona, 1977, p. 222; el designado fue el general Queipo de Llano. 2059 Lerroux, A., La pequeña historia, Afrodisio Aguado, Madrid, 1963, p. 133. 2060 Ley del 9 de marzo de 1932 relativa a la situación de los oficiales generales y a la prensa llamada militar. En el debate sobre la Ley, se opuso, entre otros, el general Fanjul, exigiendo la plena libertad de prensa; pero Azaña contestó que la prensa militar era un residuo de una vieja política militar perniciosa, 895 año, los monárquicos comenzarán a publicar Acción Española, de carácter monárquico, a imitación de Action Française, pero con un carácter mucho menos extremista. El Carlismo languideció durante la primera parte del siglo XX, pero se reavivó con la República ante la política anticlerical del gobierno. En Navarra se comenzaron a reclutar voluntarios para ser requetés. Pero los carlistas se oponían a la monarquía liberal de Alfonso XIII, y no estaban dispuestos a cooperar para su restauración, pese a las negociaciones, ya citadas, del general Orgaz. Orgaz también entró en negociaciones con los nacionalistas vascos, que entonces era un movimiento clerical y conservador. Se llegó hasta el compromiso de restaurar los fueros vascos si Alfonso XIII era repuesto en el trono con el apoyo de los nacionalistas vascos. Orgaz quería dar el golpe antes de septiembre, mes en que se incorporaría al Ejército la primera quinta de la República, pero no pudo hacerlo por la apatía del ejército, y la imposibilidad de llegar un acuerdo con los nacionalistas vascos. La política anticlerical del Gobierno provocó disturbios en el País Vasco en el verano y otoño de 1931. Azaña ordenó controlar las fábricas de armas de Guernica y Eibar, así como la realización de maniobras militares en la zona. La política de castigo a los militares comprometidos con la Dictadura continuó, siendo detenidos en septiembre nueve generales más. La conspiración monárquica fue descubierta por la policía, que detuvo a varios de sus miembros, y Orgaz fue confinado a las islas Canarias. En el Decreto del 28 de enero de 1932, Azaña suprimió los derechos de antigüedad contraídos por méritos de guerra durante la Dictadura, dañando así sobre todo a los africanistas. Francisco Franco, general de brigada por méritos de guerra, pasó de ser uno de los generales de brigada más antiguos, a uno de los últimos puestos en el escalafón. Azaña recompensó su paciencia nombrándole jefe de la guarnición de Infantería de La Coruña. Franco y Mola pidieron al Gobierno que eliminara las dudas sobre la validez de los ascensos por méritos de guerra, y finalmente el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra anunció el 18 de julio de 1932 que no reconocía la antigüedad de ambos generales. de la intervención del Ejército en la política, de la utilización del Ejército por parte de los caciques “como de un instrumento de política personal o de partido”. En consecuencia, la desaparición de dicha prensa era a causa de que los militares tenían prohibida la intervención en la política. Gómez-Reino y Carnota, E., “La libertad de expresión en la II República” (1981), e- spacio.uned.es:8080/fedora/get/bibliuned:Derechopolitico.../PDF. 896 El 7 de enero de 1932, en un discurso Largo Caballero aconsejo a los militares que abandonaran la idea de dar un golpe de estado, porque era ya imposible, y estaba condenado al fracaso. El 11 de marzo, Azaña reconoció la existencia en de una minoría de oficiales monárquicos y descontentos con la República que conspiraba. El 9 de abril de 1932, una revista francesa publicó unas declaraciones de Sanjurjo, en las que afirmaba que el Ejército era leal a la República, pero que si "las presiones de la izquierda conducían a España a la anarquía rápidamente asumiremos completa responsabilidad para restablecer el orden". El orden público era para Sanjurjo la 2061 principal tarea del gobierno . En la primavera de 1932, los generales retirados monárquicos prosiguieron su trabajo conspiratorio, tenían contactos con Sanjurjo y con políticos republicanos conservadores. En abril, Ponte viajó a Roma acompañado de un político monárquico y se entrevistó con Balbo, mariscal de la aviación italiana, que prometió que Italia proporcionaría dinero y armas para la instauración en España de una monarquía autoritaria. Pero no se concretó nada. La discusión del Estatuto de Autonomía de Cataluña provocó viva y su quietud entre los militares, y en consecuencia un mayor apoyo de estos a la conspiración. Uno de los más ardientes adversarios de la concesión de la autonomía era el general Fanjul, que también era diputado en las Cortes por el Partido Agrario. De nuevo Sanjurjo habló con Lerroux, y el político le aconsejó paciencia, pues afirmó que no se podía evitar la autonomía catalana. Sanjurjo comenzó entonces a reunirse con militares en su casa de la Avenida de la Plaza de Toros. La conspiración monárquica iba tomando forma, asumiendo su jefatura el teniente general Barrera, por ser el de mayor antigüedad entre los conjurados. Otros conspiradores eran los generales de división, Goded, jefe del Estado Mayor, y Villegas, africanista y jefe de la 1ª División. Entre los civiles estaban Melquiades Álvarez, y Manuel Burgos y Mazo, antiguos enemigos de Primo de Rivera, que deseaban mantener el régimen republicano. En junio de 1932, la conspiración era ya de dominio público. Fue denunciada por la FAI; el ministro de Justicia Álvaro de Albornoz, del Partido Republicano Radical, dijo en un discurso: "los generales piensan que va a tambalearse el régimen porque 2061 Paul Bartel, Revue Hebdomadaire, “Oú va l’Espagne”. 897 ellos estornuden". El general Cavalcanti fue detenido y condenado a un mes de prisión por críticas al gobierno. La actitud del Gobierno era desconfiada en relación a los militares. En noviembre de 1931, en una visita a la guarnición de Jaca, el general Rodríguez del Barrio, uno de los tres inspectores generales del Ejército, afirmó que ésta se había cubierto de vergüenza por sublevarse en diciembre de 1930. En las Cortes se trató su cese, cuando el militar había hablado tan sólo de que era perentorio mantener la 2062 fidelidad al orden constituido . El 27 de junio, en una revista del general Goded a las Academias militares y a los tres Regimientos de Infantería de la guarnición de Madrid en el campamento de Carabanchel, se pronunciaron discursos a cargo del general de brigada Caballero, el general de división Villegas y el también divisionario Goded. Siguiendo el diario de Azaña, que anota lo relatado por el coronel del Regimiento de Infantería nº 1, Leret, Caballero habló del momento difícil para el Ejército, molesto con la aprobación del Estatuto; Villegas ratificó lo dicho, aunque añadió que los deseos de la guarnición habían encontrado un cauce legal de expresión; en cuanto a Goded, pidió unidad y alejamiento de las "luchas políticas que empequeñecían la misión del militar". Al acabar, Goded dijo: "Ahora sólo me resta dar un Viva España y nada más", como en él era costumbre. El teniente coronel Julio Mangada, del Regimiento nº 1, africanista e izquierdista, disgustado, pues no se había pronunciado el preceptivo "Viva la República", no coreó el “Viva España”. Goded se lo recriminó, Mangada discutió, se cruzaron insultos, Leret intervino, y Villegas, jefe de la División, le arrestó. Mangada se quitó la guerrera, la arrojó al suelo y la pisoteó, en presencia de los cadetes y la tropa. 2063 Mangada fue procesado y absuelto . 2064 2065 Azaña, informado por el coronel Leret , interrogó a Goded al respecto . Goded hizo protestas de republicanismo, pero pidió ser relevado, pues era consciente de que el ministro iba a cesar a sus compañeros. Según Azaña, 2062 Martínez Saura, S., Memorias del secretario de Azaña, Planeta, Barcelona, 1999, p. 163. Azaña no le sustituyó, ni a él ni a los otros dos inspectores porque “no tengo con quién sustituirlos”. 2063 Mangada fue juzgado en consejo de guerra, y absuelto. En 1934, Mangada, masón y simpatizante socialista, secundó la Revolución de Asturias, por lo que fue encarcelado; formó parte de la Unión Militar Republicana Antifascista; durante la guerra organizó una unidad de milicianos, siendo ascendido a coronel. Murió en el exilio. 2064 Martínez Saura, S., Memorias del secretario de Azaña, Planeta, Barcelona, 1999, p. 124. El autor asegura que en su discurso, Goded habló “invocando la unión, el compañerismo y otras zarandajas”, y que esas concentraciones militares estaban preparadas para ser actos de desafección a la República 898 “Mangada está loco. Es vegetariano, esperantista y espiritista. Pertenece al tipo militar no conformista por desequilibrio mental, como había algunos durante la Monarquía. Me ha enviado un folleto, ‘El tresillo en ripios’, escrito en verso, digámoslo así, explicando las reglas del tresillo con alusiones políticas. Debería ser motivo suficiente para expulsarle del Ejército. Sin embargo, como es natural, Mangada tiene 2066 popularidad entre los mentecatos del Ateneo, y algunos periódicos lo jalean” . El 29 de junio, visitaron las maniobras Alcalá Zamora, Azaña y Giral, ministro de Marina. Había mucha tensión, tanta que el cercano Regimiento de Artillería a Caballo, cuyos oficiales eran republicanos, tenían preparadas las baterías para intervenir por si habían incidentes. Se celebró la comida en un ambiente frío, y al acabar ésta fueron los mandatarios hacia sus coches, cuando comprendieron que debían decir unas palabras: “Bajamos de los coches, y volvimos a las mesas, se acomodó de nuevo todo el mundo y por iniciativa de Azaña fui yo [Alcalá Zamora] quien improvisó un discurso acerca de la relación y deberes entre la República y el ejército. Hubo la fortuna de acertar con lo que pedían las almas y los momentos. El efecto fue muy grande, tanto que el propio e impasible Azaña alteró con emoción visible, entre general asombro, su estudiada indiferencia cuando lo refirió en el Congreso. Aquello sostuvo a muchos militares adictos, hizo vacilar a los enemigos y retrajo a no pocos de los comprometidos[el el 2067 golpe de Estado que iba dar Sanjurjo unas semanas después]” . Por consiguiente, el Gobierno contaba también con muchas simpatías, y podía haberse ganado a amplios sectores del Ejército. No obstante, Azaña no perdonó los sucesos del día 27, y reemplazó a Goded, a Villegas y a Caballero, jefe de la 1ª Brigada de Infantería por oficiales de probado republicanismo, Virgilio Cabanellas como jefe de 2068 la División Orgánica, y Masquelet al frente del Estado Mayor Central . Goded volvió a entrevistarse con Azaña, a quien manifestó el malestar existente en el Ejército por la 2065 Azaña, M., Diarios completos, Crítica, Barcelona, p. 540, fecha del 27 de junio de 1932. 2066 Payne, S,G., Ejército y sociedad… p. 404, cit. a Azaña, Memorias,, p. 138. 2067 Alcalá Zamora, N. Memorias, Planeta, Barcelona, 1977, p. 223; ABC, 30 de junio de 1933, p. 19: “El señor Alcalá Zamora pronunció un discurso cuyos párrafos fueron acogidos con grandes aplausios. Trató el orador de la misión del Ejército, relacionada con la ciudadanía. Encomió la disciplina, que debe llegar a influir sobre la palabra. Alabó la nueva generación de militares, que conservan las virtudes tradicionales de los soldados con las ideas de democracia y de civismo. Al retirarse el señor Alcalá Zamora y el ministro de la Guerra fueron objeto de ovaciones, dándose muchos vivas”. 2068 Azaña dedica a Goded unas serie de reflexiones, en las que dice que el general tiene muchos enemigos en el Ejército, que le acusan de intrigante; que es contrario a revisar los ascensos por méritos, “dice que ese propósito es transigir con el espíritu de las antiguas juntas de defensa”, y afirma Azaña que ha intentado atraerlo hacia el Régimen. Azaña, M., Diarios completos, p. 543. Masquelet siguió al frente del Estado Mayor Central durante el primer gobierno de Lerroux, por consejo de Azaña: Lerroux, A., La pequeña historia, Afrodisio Aguado, Madrid, 1963, p. 154-155. 899 revisión de empleos, y añadió: “Muchos han venido a proponerme locuras, pero 2069 gracias a Sanjurjo y a mí, no ha ocurrido ya una barbaridad en el Ejército” . El periódico El Socialista publicó el 30 de junio el texto “Glosas ingenuas. Psiquiatría militar”·, atacando al Ejército, burlándose de la organización militar, texto 2070 que sentó muy mal a los oficiales . A mediados de julio, Sanjurjo visitó de nuevo a Lerroux, y le dijo que ya sólo confiaba en sus compañeros de armas. Pero la conspiración no estaba clara. Goded se consideraba injustamente tratado por de Azaña, pero no era monárquico; Barrera buscaba el apoyo de los carlistas; los republicanos de derechas intentaban mantener a Sanjurjo en el bando de los republicanos: por ello colocaron a su lado a Goded, que era un gran organizador y objetivo, mientras que Sanjurjo era todo emotividad, corazón y atrevimiento. En el mes de julio, con la excusa de revistar a los Carabineros, Sanjurjo recorrió el país. Muchos le animaban a pronunciarse, pero lo cierto es que la conspiración tenía una clara división entre Goded y Barrera. Los carlistas finalmente dijeron que si hacían algo, lo harían a nivel personal, no como colectivo. Varela, comandante de la guarnición de Cádiz, no estaba convencido, no creía que hubiera unanimidad de los conjurados en los objetivos del golpe. Según Pemán, Varela veía el golpe de Sanjurjo al estilo decimonónico, anticuado, pronunciamiento en una o dos grandes capitales tan sólo. Pero Sanjurjo, que iba al golpe por el pundonor que su papel en el advenimiento de la República le exigía, estaba convencido que su prestigio personal arrastraría al Ejército y a las masas. Sería como en Marruecos, cuando su presencia electrizaba a los hombres a una entrega ciega al valor. Varela informó a Sanjurjo que le apoyaría, pero que no tomaría la iniciativa por las grandes diferencias políticas con el resto de los conjurados. Sólo se implicaron unos pocos oficiales. Los monárquicos llegaron a ceder que se convocaran elecciones a Cortes Constituyentes antes de restaurar la monarquía. De esta forma, Barrera obtuvo el apoyo de Sanjurjo, y la conspiración pareció ir contra el Gobierno, y no contra el Régimen republicano. La preparación de este pronunciamiento demuestra lo muy dividido que estaba el Ejército, y como esta división iba en aumento. Ya no trataba de la dicotomía entre africanistas y junteros; ahora este enfrentamiento se había complicado con el grado de 2069 Azaña, M., Diarios completos, p. 544. 2070 Mola, E., El pasado, Azaña y el porvenir, p. 185. 900 aceptación del nuevo Régimen, con las ideologías políticas y con los intereses personales en juego. La reunión definitiva de los conspiradores tuvo lugar el 8 de agosto en las 2071 afueras de Madrid, en el palacio del conde de Moriles . Eran conscientes de que el complot era endeble, pero temían que nuevos aplazamientos acabarían por llevarles a ser descubiertos. Barrera asumiría el mando en Madrid, y si fracasaba, se dirigiría en avión al norte de España para encabezar allí la sublevación, mientras Sanjurjo se alzaba en Sevilla; se levantarían varias ciudades más: González Carrasco en Granada, el general Ponte en Valladolid y Varela en Cádiz; el general Fernández Pérez sublevaría a la Caballería, y en Navarra se reunirían seis mil requetés al mando del coronel Sanz de Larín. Como el propósito principal para unos era la restauración de la monarquía, los generales monárquicos decidieron adelantarse, y no informaron de ello a los no monárquicos, como Goded. Barrera creó un comité, donde estaban Cavalcanti y Fernández Pérez, ambos monárquicos. Muchos oficiales no querían participar, pero afirmaron que no se opondrían. De hecho, pensaban que no habría que combatir, pues el Gobierno se desmoronaría. Varela se trasladó a Sevilla, y en casa de Conchita Rivelles se reunió con el general Sanjurjo, el coronel Esteban Infantes, ayudante del general Sanjurjo, y el hijo de éste, Justo, capitán de infantería. Por la noche llamaron a la reunión al coronel Vallenilla, que mandaba el regimiento de Artillería de Sevilla, y al coronel García del Moral, jefe de los Carabineros. Todo se fiaba al prestigio de Sanjurjo, que paralizaría las acciones que Madrid pudiera hacer contra los rebeldes. Varela, unido a la conspiración por su relación con Sanjurjo pero en 2072 desacuerdo , regresó a Cádiz. La fecha definitiva no estaba fijada. Sanjurjo volvió a Madrid. El Gobierno conocía perfectamente la conjura, porque espiaba a los implicados. El plan se iniciaría en la madrugada del 10 de agosto. Los de Madrid apresarían a Azaña en el ministerio de la Guerra; se esperaba que la Guardia Civil se uniría al golpe, pero Barrera no lo esperaba en demasía. 4.8.3.- El intento de pronunciamiento. 2071 Esteban Infantes, E., General Sanjurjo (Un Laureado en el Penal del Dueso), AHR, Barcelona, 1957, p. 191, afirma que la reunión se celebró en una finca del duque del Infantado, y que asistieron el general Barrera, Fernández Pérez, Sanz de Larín, Serrador, y otros. 2072 Martínez Roda, F., Varela, p. 110. 901 El día 9, el Gobierno supo toda la trama a través de la amante (o de la esposa despechada) de uno de los conspiradores, que lo comunicó a la Dirección General de Seguridad. El capitán Arturo Menéndez, ligado a la AMR y muy unido a Hernández Saravia, explicó a Azaña el plan, y de esta forma se trazó el plan para abortar el pronunciamiento. Azaña puso sobre aviso a los generales de probado republicanismo: Sánchez Ocaña en Zaragoza, Batet en Barcelona, Mena en Cádiz, Carnicero en Getafe, Ruiz Trillo; y a oficiales como Díaz Sandino, al tiempo que ordenaba la distribución de 2073 ametralladoras a la Guardia de Asalto de la capital . Cuando Sanjurjo salió de Madrid, Hernández Saravia lo supo por Menéndez, y pronto se le localizó en Sevilla. Mientras tanto, en el palacio de Buenavista de Madrid, sede del Ministerio de la Guerra, Saravia y Menéndez ultimaban los preparativos para el contragolpe, al mismo tiempo que mantenían vigilados a todos los cuerpos militares. Para la defensa del palacio se contó con efectivos de la Guardia de Asalto y de la Guardia Civil. En la madrugada del 10 de agosto, los generales Cavalcanti, Barrera, y Fernández Pérez, estaban listos para actuar. Barrera, Cavalcanti y el general Coronel se reunieron con el coronel Serrador en la calle de Prim, cerca del Palacio de Buenavista. Esperaban a los soldados, pero solo acudieron algunos del Depósito de la Remonta. La Caballería de Alcalá de Henares, el Regimiento nº 31 del Cuartel de la Montaña, o los guardias civiles que iba a aportar el coronel de la Benemérita Osuna, no se presentaron. El grupo se acercó a la puerta del Ministerio en la calle de Prim, cercana a Recoletos, e intentaron entrar. El centinela lo impidió, y se rompió el fuego. Los conspiradores intentaron huir hacia Recoletos, pero fueron atrapados en la plaza de Cibeles por los Guardias de Asalto del capitán Menéndez. Los hechos fueron contemplados por el 2074 propio Azaña desde uno de los balcones, fumando . El tiroteo duró una media hora. En el palacio de Comunicaciones, dos guardias civiles encañonaron a los cinco oficiales que iban a apoderarse del mismo, e impidieron su toma. Por su parte, Sanjurjo se trasladó a Sevilla, llegando allí en la madrugada del día 10 de agosto. Apoyado por la guarnición local y las fuerzas de la Guardia Civil, acompañado por su hijo, el capitán Justo Sanjurjo, del general García de la Herrán y del comandante Delgado Serrano, se dirigió al edificio de la antigua Capitanía General. El gobernador civil, Valera Valverde, y el general González, jefe de la II División 2073 Martínez Saura, S., Memorias del secretario de Azaña, Planeta, Barcelona, 1999, p. 125. 2074 Martínez Saura, S., Memorias del secretario de Azaña, Planeta, Barcelona, 1999, p. 127. 902 Orgánica, aceptaron su autoridad. En el palacio de Gavidia Sanjurjo declaró el estado de guerra, destituyó las autoridades locales y declaró a la prensa que el golpe no pretendía ir contra el régimen, sino contra el Gobierno que no podía mantener el orden y la unidad de España, que se iban a convocar elecciones a Cortes Constituyentes, y concluyó el manifiesto, redactado por Juan Pujol e inspirado en el del Comité Revolucionario de diciembre de 1930, con un "Viva la Soberanía Nacional". Sanjurjo controló la primera ciudad con facilidad, sólo encontró resistencia en el aeródromo, y la oposición del coronel Ildefonso Puigdengolas, que fue encerrado. También triunfó la conjura en Jerez de la Frontera. En Sevilla, los obreros izquierdistas reaccionaron y declararon una huelga general. Azaña ordenó movilizar tropas contra los rebeldes. Sanjurjo entonces descubrió que los oficiales que le apoyaban, el coronel Rodríguez Polanco y el teniente coronel Muñoz Azara, jefes del Regimiento de Infantería nº 9, se negaban a luchar contra sus compañeros de armas. Barrera aterrizó en Pamplona, pero los jefes de la rebelión en el 2075 norte, al conocer el fracaso de Madrid, decidieron no sublevarse . Franco, que conocía la conspiración, sospechaba que iba a fracasar, y pasó todo el día inspeccionando barcos de guerra en el puerto de La Coruña para no poder ser localizado o abordado, y así ser comprometido por los conjurados. El Gobierno cursó órdenes de detener a los generales Cavalcanti, Goded, y Fernández Pérez, a los coroneles Varela, y Sanz de Larín, y a otros varios jefes, oficiales y paisanos. El general Barrera consiguió escapar en una avioneta tripulada por Ansaldo, pero el resto de jefes conjurados fueron detenidos. Goded, cesado, protestó por su inocencia, y según Alcalá Zamora, desarrolló hacia Azaña un odio, que fue mutuo 2076 entre ambos, y terrible . El 11 de agosto, de madrugada, Sanjurjo, al saber que una columna gubernamental se acercaba, y que la sublevación había fracasado, liberó de todo compromiso a sus compañeros de conjura, y decidió escapar, pero finalmente se entregó 2075 El general Barrera inició entonces una peripecia rocambolesca: marchó entonces a Biarritz, en busca de un avión de mayor autonomía que le trasladara a Sevilla para reunirse con Sanjurjo, pero no lo encontró y regresó a Pamplona, embarcó de nuevo en la avioneta, repostó en Madrid, donde le dijeron que Sanjurjo ya estaba detenido; no lo creyó y llegó a Sevilla. Allí, por falta de combustible, sólo pudo despegar de nuevo y llegar a Madrid el 12 de agosto. Allí se ocultó, se vistió con un traje de mecánico, y en autobuses y coches particulares alcanzó la frontera de Francia, Mileto, J., El general Barrera, p. 157- 164. 2076 Alcalá Zamora, N. Memorias, Planeta, Barcelona, 1977, p. 229: este aborrecimiento llevó a Goded a temer por su vida, y según Alcalá fue la principal causa de que Goded conspirara contra el Gobierno cuando Azaña volvió al poder en 1936. 903 a la Guardia Civil de Huelva, junto con su hijo Justo, el general García de la Herrán y del ayudante de Sanjurjo, teniente coronel Esteban-Infantes. El comandante militar de Huelva, Álvarez Rementería, le propuso cruzar la frontera, pero Sanjurjo se negó. 4.8.4.- El castigo de los conspiradores. Los juicios se prolongaron diecisiete meses, y fueron encausados unos doscientos rebeldes, tanto si se habían sublevado como si no, como fue el caso de Varela, que se verá después. Sanjurjo no intentó defenderse, fue condenado a muerte, conmutada por prisión perpetua en el penal de El Dueso. García de la Herrán fue condenado a prisión perpetua, y Esteban-Infantes a doce años y un día. Otros ciento cuarenta y cuatro conspiradores, la mayoría oficiales, fueron desterrados a Río de 2077 Oro . Trescientos oficiales considerados cómplices no implicados, fueron desprovistos de mando. Los generales conspiradores que consiguieron abandonar el país fueron condenados y expulsados del Cuerpo: Barrera, Ponte y Manso de Zúñiga. El Gobierno también abrió juicios contra los generales que habían formado parte de los Directorios de Primo de Rivera, y el 8 de diciembre de 1932 los condenó a seis u ocho años de prisión militar o deportación. El general Cabanellas fue cesado de su cargo como director general de la Guardia Civil, y quedó en situación de disponible. Otros detenidos fueron José Antonio Primo de Rivera y Ramiro Ledesma. Por otro lado, Hernández Saravia fue condecorado en un acto multitudinario en el Retiro, imponiéndosele la Placa de la Orden de la República. Pero apenas unas semanas después, en enero de 1933 le salpicó el escándalo de la represión de Casas Viejas, pues 2078 el principal imputado, el capitán Manuel Rojas, era cuñado suyo . 2077 Francisco María Borbón, duque de Sevilla; coroneles Eugenia Sáenz de Lerín, Antonio Cano Ortega, Társilo Ugarte Fernández; tenientes coroneles Ricardo Serrador Santos, Pablo Martín Alonso, Helí Rolando de Tella Cantos; comandantes Jaime Milans del Bosch, Gabriel Pozas Perea, Félix Valenzuela Ita; capitán Francisco Rosalers Useleti; Cabanellas, G., Preludio a la Guerra Civil, p. 284. 2078 Arturo Menéndez, era capitán de Artillería y había acompañado a Azaña en su toma de posesión del Palacio de Buenavista, sede del ministerio de la Guerra, en la noche del 14 de abril de 1931; en enero de 1932 era director general de Seguridad del gabinete de Azaña, y como tal ordenó al capitán Manuel Rojas, de la Guardia de Asalto, cuñado de Hernández Saravia, que empleara la máxima dureza para sofocar la revuelta de la aldea gaditana donde se había proclamado el comunismo libertario. Según el testimonio de Rojas, Menéndez le ordenó aplicar la ley de Fugas. Rojas, al mando de un grupo de guardias civiles y de asalto, aplastó la rebelión entre la tarde y la madrugada del 11 y 12 de enero, tras incendiar y arrasar la cabaña de la familia Seisdedos. Habían muerto ocho campesinos, dos guardias civiles y uno de asalto. Las fuerzas gubernamentales recorrieron el pueblo, mataron a un vecino y detuvieron a doce más. Enervado por la muerte de un guardia de Asalto, Rojas condujo a los detenidos al corral donde yacía el cadáver. Allí, según su testimonio, uno de los presos se burló, y Rojas le disparó, lo que llevó al resto de guardias a fusilar allí mismo a los detenidos. Al estallar el escándalo, Rojas se desdijo, pero el teniente Gregorio Fernández Artal corroboró lo sucedido. 904 El Gobierno estaba satisfecho, pero dobló el número de Guardias de Asalto, hasta 10.000 hombres. El 8 de septiembre de 1932 expropió las fincas de trescientas ochenta y dos familias nobles para repartirlas en la Reforma Agraria, y poco después aprobó el Estatuto Catalán. Pero las divisiones de la izquierda pronto comenzaron a ser patentes. El Gobierno creyó que el ejército estaba controlado, pero en realidad el golpe había fracasado por su mala preparación y por la falta de apoyo popular. Además el ver a Sanjurjo, un general que gozaba de extraordinaria popularidad entre sus hombres, encarcelado, le hizo ganar más popularidad entre la oficialidad. Por consiguiente, la idea de un pronunciamiento no se abandonó. De hecho, un mes después de la "Sanjurjada", Vegas Latapié propuso tomar los centros gubernamentales de la capital con comandos, lo que fue rechazado por impracticable. A Analizando los errores de la llamada “Sanjurjada”, el capitán de Estado Mayor Jorge Vigón, desde el sur de Francia, comprendió que sólo podría triunfar un golpe bien preparado por oficiales en activo. Esa conclusión también fue compartida por Varela. 4.8.5.- Varela y su participación en la conspiración de Sanjurjo. Varela no pudo participar materialmente en la insurrección; el día 9 de agosto estaba en su cuartel de Santa Elena. Era casi de noche de una voz femenina al teléfono le dio el santo y seña y lo citó en el parque Genovés. Varela acudió en coche junto al teniente Riaño, su ayudante. Al llegar al parque, Riaño se quedó en la puerta, mientras Varela entró al llamado “salón de palmeras”, casi en sombras. Según Pemán, era la señorita Conchita Rivelles, quien le explicó el golpe de estado que Sanjurjo iba a dar en Sevilla, y le informó de que el general ya estaba en la ciudad. Al día siguiente, 10 de agosto, un teniente de la Guardia Civil, don Felipe Palma Hidalgo, enlace de Sanjurjo, 2079 visitó a Varela en su despacho, trayéndole noticias y datos más concretos del golpe . Sanjurjo se iba a alzar inmediatamente en Sevilla, a donde había llegado en automóvil acompañado de su gran amigo Ricardo Goizueta y de Tirso Escudero, empresario del Teatro de la Comedia, hombre de la noche; junto a ellos, el capitán Justo Sanjurjo, hijo del general, y el ayudante de éste, Esteban Infantes. Detrás, en otro vehículo, iba el equipaje: uniformes y los paquetes de octavillas con el manifiesto, redactado por Juan Pujol, famoso periodista. Pujol se inspiró en la proclama emitida en 1930 por el Comité 2079 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 338, “Sucesos del 10 de agosto de 1932 (Facilitado por el Teniente Riaño)”. 905 Revolucionario de Jaca y Cuatro Vientos: “¡Españoles: surge de las entrañas sociales un profundo clamor popular…!”; el mensaje era que la República no había colmado las esperanzas puestas en ella. Varela contestó sencillamente al enviado de Sanjurjo: “Cuente conmigo”. Cuando se diera el golpe en Sevilla, Cádiz debía secundarlo. Varela sabía que Cádiz no tenía el ambiente propicio para el golpe, pero aun así no se retiró, aunque expuso sus objeciones. Varela se sabía espiado en Santa Elena por algunos oficiales. Palma le reiteró que el golpe no iba contra la República, y que había que evitar el derramamiento de sangre. Varela realizó una reunión con los jefes de su Regimiento, donde dio cuenta del golpe que se preparaba. Ese día llegó a Cádiz un Batallón desde Algeciras que se hizo cargo del cuartel y del castillo de Santa Catalina, acuartelando a la tropa y montando la guardia. Al ser detenido e incomunicado, Varela inició un diario recogiendo sus 2080 experiencias. Según su relato , a las 6:00 horas fue avisado por el oficial de Guardia de que el Comandante Militar ordenaba acuartelar las tropas, y que él se trasladara a la Comandancia a recibir instrucciones. Al bajar, el citado oficial de Guardia le informó de que ya estaban avisados todos los jefes, oficiales y clases del cuartel. Varela ordenó a su Ayudante que se incorporara todo el mundo, y pasó a Comandancia, entrevistándose con el general Mena, quien le informó que al parecer habían disturbios de carácter monárquico en Madrid. Se incorporó al despacho el coronel Irascheta, y Mena les explicó que había hablado con el ministro de la Guerra, Azaña, el cual sospechaba que Sanjurjo estaba en el movimiento, lo cual impresionó a Varela, quien sentía por Sanjurjo un gran respeto. En eso llamó por teléfono desde Sevilla el jefe de Estado Mayor de la División, teniente coronel Ristori, quien dijo que había un foco rebelde en Sevilla, y que “en la acera de enfrente estaba Sanjurjo con la Guardia Civil”. Hacia las 9:00 Varela volvió a su Cuartel, con la orden de preparar un batallón para marchar hacia Sevilla, en unión de otros que llegarían de Algeciras. Al salir de la Comandancia se encontró con el diputado radical-socialista Manuel Muñoz, que estaba muy preocupado, según Varela, “seguía los acontecimientos desde el Gobierno Civil; en todo momento hizo protestas de amistad hacia mi persona y de su confianza de que en mí encontraría al hombre que 2080 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 100-110 y fol 386-395, “Copia de los apuntes manuscritos del General Varela sobre el complot de agosto de 1932”, subrayados en el original”. 906 2081 hacía falta en estos momentos graves” . El general Mena no arriesgó demasiado su posición de gobernador militar. Varela le manifestó su subordinación a los poderes y al Comandante Militar, en varias ocasiones, y Muñoz le dijo que iba a hablar con Azaña y manifestarle la adhesión del coronel con el Gobierno. Mientras tanto, la revuelta en Madrid se estrelló contra las verjas del Ministerio de la Guerra, y se cursaron órdenes de detener a Sanjurjo. A las 9:00, Varela regresó a su cuartel donde le llegaron noticias del fracaso en Madrid. Varela conferenció con sus subordinados. Después llegó al cuartel el general Mena, que le dijo que se iba a organizar una columna hacia Sevilla a su mando con los Regulares de Ceuta y dos batallones de Infantería, uno de Cádiz y otro de Algeciras, que partiría en trenes en cuando llegara éste último, y que dejaba a Varela el mando de la Plaza. Éste por su parte dio las órdenes para alojar al Batallón de Algeciras en cuanto llegara. Varela fingió aceptar las órdenes; su plan era reunir las tropas y reforzar con ellas a Sanjurjo en Sevilla: contaba con la fidelidad de su Regimiento, y de “su” Grupo de Regulares de Ceuta. Varela pasó el día 10 de agosto en su despacho, esperando, y no desarrolló, por tanto, su plan. En Jerez de la Frontera, la algarada de civiles fue vencida, pese a que habían detenido a las autoridades de la República, sobre las 12:00 horas, escribe Pemán: “y alguno de los protagonistas de la empresa pasaba por Cádiz camino de Gibraltar. El que escribe estas páginas condujo a alguno de estos evadidos, antes de seguir su éxodo, al despacho de Varela, y vio luchar a éste entre su impulso natural de hacer en el vacío lo que los jerezanos habían hecho, y su madurez de juicio que le aconsejaba esperar las tropas de África. ‘Seis horas – 2081 Según Pemán, el diputado por Cádiz Manuel Muñoz Martínez, del Partido Republicano Radical Socialista, era un comandante al que en una bronca de café un botellazo le había destrozado la mandíbula. La reina madre doña María Cristina le pagó una difícil operación en la cual se sustituyeron la mandíbula por otra de plata. Sin embargo, se convirtió en republicano. Con la Ley de retiros de Azaña abandonó el Ejército y se dedicó a la política. Ocultaba la cicatriz de su mandíbula bajo las anchas alas de su sombrero, y hacía vida noctámbula. Pese a sus zalemas ante Varela, en realidad previno al Gobierno contra el coronel. Pasó a Izquierda Republicana en 1934, y en 1936 fue nombrado Director General de Seguridad. Tras la guerra civil se exilió en Francia, pero fue extraditado por considerársele uno de los responsables de las sacas de la Modelo de Madrid, al ser Director General de Seguridad, y fusilado en diciembre de 1942 tras un consejo de guerra. Martínez Saura afirma que Varela engañó a Muñoz haciendo protestas de republicanismo, consiguiendo que éste fue el defensor de aquél ante Azaña. De esta forma, Varela estuvo al frente del Regimiento de Cádiz “más tiempo del que debía”; sin embargo, después Varela no intercedió ante Muñoz: Martínez Saura, Memorias del secretario de Azaña, p 361. En el archivo de Varela no aparece nada relacionado con una relación entre Varela y Muñoz anterior al 10 de agosto de 1932, ni de que el segundo fura valedor del primero; ese día, Muñoz estuvo vigilando a Varela, es decir, que desconfiaba de él, y no hizo nada por exculparle en las semanas posteriores pese a la falta de pruebas, ni porque fuera reintegrado en su carrera al acabar el proceso. 907 dijo en algún momento- ha durado la empresa en Jerez. Mi rebeldía, en Cádiz, a 2082 estas alturas, duraría tres cuartos de hora’” . Por la tarde apareció el Regimiento de Algeciras nº 15 al completo, con su coronel Pinillos, notorio republicano y colaborador del Heraldo, al frente, con Bandera y Banda de Música que interpretaba himnos republicanos: la Marsellesa, el Himno de Riego, y briosos pasacalles. Se alojaron provisionalmente en el Cuartel. Varela fue llamado a Comandancia, donde Mena le explicó que sólo llegaba un Tabor de Regulares de Ceuta, sustituido el otro por dos Batallones también de África. Para entonces había llegado de Sevilla un comandante con la información de que Sanjurjo había triunfado y tenía el poder. Varela le contestó que no le creía, y que pronto saldrían hacia la capital hispalense. Varela durmió poco aquella noche. En la mañana del 11 llegaron los Regulares de Ceuta, y la confianza de Varela en el triunfo de la conjura aumentó. Pero ese día, la rebelión de Sevilla se extinguió por sí misma. Sanjurjo fue detenido, quitándose él mismo el fajín de general. Meses después, en el penal del Dueso, en Santoña, explicaría su rendición: “Uno de los motivos porque dí por terminada la sublevación fue el fracaso de Madrid, que sembró el pesimismo entre los que me rodeaban. Y por cumplir hasta el fin mi propósito de no derramar sangre. Mi plan era firme. Si la sublevación continúa, al presentarse ante Sevilla las fuerzas del Gobierno, yo no habría lanzado contra ellos mis tropas. Eso nunca. Habría salido a recibirlas una sola fuerza… yo. Yo solo. Lo que hubiera ocurrido, nadie lo sabe”. A las 17:30 horas, el coronel Pinillos del Regimiento de Algeciras subió al pabellón de Varela y le dijo: “Lamento darle una mala noticia”, y le entregó en un sobre el oficio firmado por el General Mena, en el que le trasladaba la orden del Ministro de la Guerra, Azaña, privándole del mando del Regimiento y poniéndole en situación de disponible. En su diario, Varela anotó: “Inmediatamente hago entrega al teniente coronel Marina, y se me marcho a mi pabellón, al que acude, a las 8, el teniente coronel de la Guardia Civil, Trujillo, que me enseña un oficio en el que el Comandante Militar, de orden del Ministro, dice: Proceda a dar busca y captura del Excmo. Sr. Coronel Varela y una vez detenido que ingrese en el castillo de Santa Catalina… Me pongo a su disposición y a las ocho y media ingreso en esta fortaleza”. Para Varela, el único motivo de su detención había sido su amistad con el general Sanjurjo, por la cual “no tenía la confianza del Gobierno”, unido al sectarismo, la envidia, la pasión. Se manifiesta dolido, cuando su deseo es un Ejército “bravo, 2082 Pemán, J.Mª, p. 117. 908 eficiente y lleno de compañerismo, con prestigio en el mundo, que hoy no lo tiene, apolítico, que hoy no lo es y en fin nada de esto está reñido con la libertad que en España sólo esta es para un sector. ¡Esta es mi pena!”. 4.8.6.- La detención de Varela y las garantías constitucionales. Prácticamente, Varela no había participado en el pronunciamiento, porque éste se acabó antes de que él pudiera actuar. No obstante, las autoridades republicanas decidieron detenerlo e incomunicarlo. El día 11 de agosto se envió un mensaje cifrado por teléfono a Cádiz con el texto: “Como continuación de mi telegrama de hoy sírvase disponer la busca del Coronel Varela Iglesias y de ser habido redúzcasele a prisión”, un mensaje posterior del mismo día ordenaba ingresarlo en el castillo de Santa Catalina y notificar que así se 2083 había hecho . Varela se presentó en el castillo a las 20:45 del día 11 de agosto, fue 2084 detenido y encerrado en el mismo . El mismo día el Diario Oficial publicaba su cese al mando del Regimiento, y el ministro de la Guerra envió un telegrama en este sentido al Comandante Militar de 2085 Cádiz . El 11 de agosto se le notificó que por disposición del ministro de la Guerra quedaba en situación de disponible, perdiendo el mando de su Regimiento, cuyo mando 2086 debía entregar inmediatamente al teniente coronel Ernesto Marín Arias , del mismo 2087 Regimiento. También fue destituido el coronel Serrador . En Santa Catalina, Varela se encontró con el general retirado Francisco Merry, el coronel de la Guardia Civil Roldán y el teniente coronel de la misma Romero, “el primero por monárquico y los segundos por haber actuado en Jerez en nombre del general Sanjurjo”. Esa noche, a las 4:00 horas, llegaron Justo Sanjurjo, hijo del general, el general retirado García La Herranz, que había sido el segundo jefe de la sublevación 2083 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 362, texto manuscrito, subrayado en el original. 2084 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 361, oficio fechado en Cádiz el 11 de agosto de 1932 que afirma que “a las 8’45 de hoy se ha presentado en este Castillo el coronel de Infantería Don José Varela Iglesias”. 2085 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 363, telegrama: “Diario oficial hoy publica pase a disponible coronel infantería d José Varela Iglesias que debe cesar mando Regimiento Infantería número 27”. 2086 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 339, oficio mecanografiado, fechado en Cádiz el 11 de agosto de 1932, firmado por el Genetral Comandante Militar, membrete de “Comandancia Militar de Cádiz. E.M.”; fol 340, Diario de Cádiz, 11 de agosto de 1932, “¿Destitución del coronel Varela? 2087 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 340, Diario de Cádiz, 11 de agosto de 1932, “Las sanciones impuestas por el Ministerio de la Guerra a varios generales, jefes y oficiales”; Diario de Cádiz, 12 de agosto de 1932, “Noticias del Gobierno Civil. Sobre los detenidos. Lo ocurrido en Jerez”. 909 en Sevilla, y el teniente coronel Esteban Infantes, ayudante de Sanjurjo. Comentaron lo sucedido, y ese día 12 se les dijo que estaban incomunicados. El 13 de agosto fue nombrado nuevo jefe del Regimiento de Cádiz nº 27 en el 2088 coronel Puigdengola . Sin embargo, Varela no fue separado del servicio, porque no se pudio determinar de forma “clara y terminante” que estuviera implicado en el 2089 Pronunciamiento . Ese día se llevaron a Madrid al joven Sanjurjo, a García La Herranz y a Esteban Infantes, los cuales pidieron a Varela, pensando que pronto estaría en libertad, que atendiera a sus familias. Varela, en sus notas, escribe que se encuentra muy desilusionado con el Gobierno: “el Ejército no es lo que nos prometieron estos hombres” al ver el trato tan poco considerado que se les da a los presos; recuerda que ahora Galán y García son héroes, cuando en su momento fueron abandonados por los republicanos. Ese día acaba, anota Varela, sin saber los motivos de su detención y sin haberse nombrado Juez para su causa. Al día siguiente, Varela anota que siguen incomunicados, que ha pasado por el castillo el coronel Pinillos y ha excusado el saludarles; Varela recuerda como halagaba hace pocas semanas a Sanjurjo; a sus familias no se les permite entrar a verlos, pero sí autorizan a los deudos del comunista capitán Piella a que lo hagan, lo que considera una injusticia. El día 15 se mantuvo la incomunicación, y Varela recordaba a sus hermanas y amigos. Escribe: “La Constitución es un mito, como lo es la libertad; de la fraternidad no hablemos. A Mangada, ese militar que tanto se distingue en la guerra, a ese Troski de guardarropía, lo han puesto en libertad en Madrid, estando sometido a expediente por deshonor al uniforme e incitar a los soldados contra sus generales (…) ¡¡España!! ¡Cuánto destrozo moral, cómo se zahiere e insulta al más sólido prestigio del Ejército”. El 16 se mantuvo la incomunicación. Varela escribió: “Continúa mi detención y mi incomunicación. Me cuentan el coronel Roldán y el teniente coronel Romero lo ocurrido ayer tarde desde las seis en que vinieron por ellos un capitán de la Guardia Civil y dos policías llevándoles al Gobierno Civil, del que regresaron a las cuatro de la madrugada a este Castillo. Dicen que en el despacho oficial del Gobernador se había constituido un Juzgado, que hacía de juez un Teniente Alcalde que pregunta como Juez y que estaban presentes en el acto el Gobernador Civil, el diputado radical-socialista Muñoz, el teniente coronel de la Guardia Civil de Cádiz, Trujillo (el sordo); una especie 2088 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 341, Diario de Cádiz, 13 de agosto de 1932, “El nuevo coronel del Regimiento de Infantería de guarnición en Cádiz;, Diario de Cádiz, 14 de agosto de 1932, “El mando del Regimiento de Infantería número 27”; Diario de Cádiz, 15 de agosto de 1932, “Relevo de coroneles”. 2089 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 342, Diario de Cádiz, 17 de agosto de 1932, “Sobre la sanción al coronel Varela”. 910 de tribunal de salud pública, pues varios de ellos oían y opinaban, etc. ¡Vivan las leyes!” El día 17, el Juez de 1ª Instancia de Cádiz, Juan García Murga, solicitó permiso para interrogar a Varela en el castillo, oírle y notificarle la resolución del 2090 procesamiento . El día 18 de agosto Varela pudo leer en la prensa su no separación del servicio al existir dudas sobre su participación en la rebelión. En su diario, anota que a las 17:00 horas llegó el juez García Murga, enviado por un exhorto del Juez Delegado de la Sala de Justicia Militar del Tribunal Supremo, Dimas Camarero, de la Sala Sexta del Tribunal Supremo. A sus preguntas Varela respondió que no había tomado parte en los hechos de la rebelión, que sólo obedeció órdenes del Comandante de la Plaza general Mena, que preparó las tropas para salir hacia Sevilla, que el día 11 fue relevado a las 16:00 horas y detenido en su domicilio del cuartel a las 20:00 horas, y que desde entonces estaba incomunicado. El juez le comunicó que estaba procesado desde el día 2091 anterior, prisión incomunicada y sin fianza , y que podía nombrar un defensor. Varela anota que no se ha respetado el plazo de tres días para nombrar un defensor y que éste redacte recurso de reforma para solicitar que aquede sin efecto el procesamiento: Desde luego se me procesa sin ser oído pues la notificación viene adjunta al interrogatorio”. Años después, en 1938, al abrirse un expediente gubernativo contra el citado juez Dimas Camarero, Varela declaró que el magistrado Camarero, que instruyó su proceso, lo hizo de forma parcial, actuó con “apasionamiento y rencor en vez de cumplir su deber de funcionario leal con la ley e imparcial con el reo”, comportándose de forma inadecuada ante el general Sanjurjo: “La figura excelsa del General Sanjurjo no necesitaba excepciones de la Ley pero sí exigía armonizar el rigor de la misma con el máximo respeto a su destacada personalidad”: para Varela, Sanjurjo podía ser 2092 castigado, no se pretendía exigir perdón, sino respeto por parte del magistrado . El día 19, al entrar su ordenanza con el desayuno, vino acompañado por el sargento de guardia del Regimiento de Algeciras, que entró en la habitación por orden del oficial de guardia, teniente Gerardo Heras, del mismo Regimiento. Varela se quejó, 2090 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 359-360, oficio fechado en Cádiz el 17 de agosto de 1932, firmado por el juez Juan García Murga. 2091 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 375, telegrama de orden al juez instructor de Cádiz de proceder al interrogatorio de Varela, fechado en Sevilla el 17 de agosto de 1932. 2092 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 343, texto mecanografiado, fechado en Santa Eulalia el 19 de marzo de 1938, con sello del Cuerpo de Ejército de Castilla – General Varela, y escudo de España con corona mural. 911 pues esa medida sólo la podía tomar el capitán gobernador del Castillo. A las 11:00 Varela remitió un oficio al Juez de Instrucción Juan García Murga solicitando que le 2093 remitiera copia autorizada de la notificación de su procesamiento , y propuso para su defensa al capitán de Artillería del Regimiento de Artillería de Costa y letrado Julio 2094 Ramos Hermoso , al que se le envió un telegrama. De estas gestiones se encargó el capitán gobernador. Ese día supo que ese mismo capitán del Castillo, Julio Barboso, era relevado, seguramente por cumplir con su deber”, comenta con ironía. También escribe que se confiscan las fincas a los sublevados, ley que compara con la de confiscación de tierras por Lenin, y que el Partido Republicano Radical Socialista humilla a Sanjurjo en un comunicado, “¿ocurrió lo mismo con Galán?¡No! Este sectarismo traerá graves consecuencias al país donde han desaparecido los Dioses al Caballero. El proyecto es anticonstitucional, bien es verdad que la Constitución está o nació muerta, ahora ya se acabó de enterrar”. A las 15:00 horas llega el nuevo capitán gobernador, Salcedo que les prohíbe pasear por la muralla que da al mar, sólo por el patio central. Se le comenta que un teniente del Regimiento de Algeciras dijo en el cuarto de banderas que debería rodar la cabeza de Sanjurjo. Por la noche, el capitán Salcedo se disculpó por si había estado incorrecto, al llamarles la atención sobre el paseo. El 20 de agosto, el Juez Juan García Murga ratificó el auto de procesamiento de 2095 Varela, por un delito de rebelión militar en Andalucía , lo que le fue notificado a Varela a las 11:30 horas; no se había cumplido el plazo de tres días, pero como el juez de Cádiz obra por exhorto, no se puede protestar. Salcedo le comentó que el juez García Murga era un hombre medroso. Varela podía ver a sus hombres tristes por su coronel preso y su cuartel todavía ocupado por el Regimiento de Pinillos. El día 21 el juez de Cádiz tomó declaración a Merry, Roldán y Romero, y Varela estuvo en su cuarto incomunicado, mientras el comunista Piella recibía varias visitas. Sin embargo, las pruebas contra Varela debían ser débiles. Por ello, el 21 de agosto, el Director General de Seguridad envió un oficio al castillo de Santa Catalina, solicitando 2093 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 345-347, carta manuscrita, fechada en el Castillo de Santa Catalina el 19 de agosto de 1932. 2094 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 342, Diario de Cádiz, 19 de agosto de 1932, “Se dicta auto de procesamiento contra el coronel Varela”; fol 344, texto del telegrama enviado al capitán Ramos solicitando sea su defensor. 2095 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 354-355, oficio fechado en Cádiz el 20 de agosto de 1932 dirigido al general comandante militar de Cádiz; fol 356, copia del auto de procesamiento, fechado el 20 de agosto de 1932. 912 que, en caso de que el Juzgado decretara la libertad de Varela, éste “continúe detenido a 2096 mi disposición” , algo bastante irregular. El 22 hubo nuevo cambio de gobernador del castillo, nombrándose al comandante Ricardo Mindly, de la Reserva, que anunció que encerraría a los presos por la noche en sus celdas, y dijo a los soldados que le tutearan. El 23, Varela conoció de vista al coronel Puigdengola desde su ventana, nuevo coronel de su Regimiento; el general Merry se refugiaba en la devoción religiosa, quedó en libertad pero retenido en el castillo a disposición del gobernador civil. Varela se indigna: “¡Me huele a Ley de Defensa de la República! Pues tiene que continuar en este Castillo hasta que la autoridad civil lo disponga. ¿Y es esta la República que deseábamos? Aquí lo que hay es una Dictadura civil que atropella toda justicia. Los militares nunca pudieron llegar a menos; a Mangada en libertad aun comete un delito, para él no hay pena; a Merry por monárquico se le deportará! ¡Igualdad, fraternidad y libertad!... El artículo 2 de la Constitución dice: ‘Todos los españoles son iguales ante la ley’ ¡Mentira! ¡Embusteros! La ley a vuestro capricho. Los hombres de honor se tienen que rebelar o España ha caído en la mayor abyección. A Romero le comunican que queda procesado y para la libertad provisional le piden medio millón de pesetas. ¡Cuándo un modesto militar reúne siquiera la dieta de un diputado, para esas peticiones los únicos 2097 que están en condiciones son los enchufistas del régimen” . A Varela, lo que más le irritaba era la injusticia papable que se cometía con oficiales sobre los que sólo podían recaer sospechas, pero que no se habían rebelado fehacientemente, y se les retenía violando las leyes más elementales del procesamiento jurídico. Más adelante anotó sobe este mismo tema: “Merry puesto en libertad por el Juez, queda detenido en este Castillo a las órdenes del Gobernador Civil ¡Sres. Militares jamás pudimos llegar a menos y ellos o esos a más! Se detiene a Generales, Jefes, Oficiales, etc. por disposición de un mequetrefe que no sienten la dignidad del mando y por eso ejercen con 2098 odios y cobardía ¡Como nos equivocamos de buena fe!” . La injusticia le irrita profundamente. El 24, Varela seguía incomunicado. Se celebró el juicio a Sanjurjo, para el que se pedía la pena de muerte, para Varela si el tribunal se la imponía era para luego “brindarle la magnanimidad del indulto de esta República que sus hombres la están haciendo inconveniente”. Lamenta que iban a visitar al general Merry sus hijas, pero él no podía hablarles por estar incomunicado. 2096 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 366, oficio fechado en Madrid el 21 de agosto de 1932, copia mecanográfica. 2097 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 394 (10). A los guardias civiles Romero y Roldán les exigieron fianzas de medio millón de pesetas, imposibles para un oficial. 2098 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 395 (11). Subrayado en el original. 913 El 25 de agosto de 1932, el juez Camarero llegó al castillo de Santa Catalina con dos soldados y un escribano de Cádiz. Tomó declaración a Varela. Le preguntó qué parte había tomado en los hechos, y Varela le respondió que ninguna; que si bien conocía a Ramón de Carranza, no había participado en reuniones en su casa; al serle preguntado por cuál creía que era el motivo de su detención, contestó que pensaba algún enemigo, conociendo su profunda amistad, admiración y respeto por el general Sanjurjo, le había lanzado canallescamente la acusación, y no encontraba otra explicación. Varela añadió que llevaba catorce días incomunicado, que no sabía todavía si tenía abogado defensor, y que no había podido comunicarse con él. Camarero se fue a las 12:30, tras darle a firmar la declaración sin dejar que la leyera. Después visitó a Varela el comandante del Castillo, para notificarle que el juez le había alzado la incomunicación a él y a otros presos de Santa Catalina, como el también coronel de la Guardia Civil Arturo Roldán Trápega y el teniente coronel de la Guardia Civil Pedro 2099 Romero Basart. Además había ordenado el traslado a Sevilla de Varela . Se dispuso el traslado de Varela a Sevilla, para lo que la comandancia general de Cádiz propuso hacerlo en automóvil para evitar publicidad del hecho, obviamente dada la popularidad 2100 del encausado, lo que se hizo así en un automóvil suministrado por Intendencia . El general Mena informó al comandante del castillo, y éste a Varela, que saldría hacia Sevilla a las 18:00 horas. El 5 de septiembre pasó a situación de disponible 2101 gubernativo . En Sevilla fue encerrado primero en los sótanos de la Plaza de España, hasta el 21 de septiembre. Después se le pasó a los pabellones de Marina, y el 6 de diciembre, al Cuartel de Ingenieros. 2102 En Sevilla se aceptó al capitán Ramos como defensor de Varela . En 1932, Varela había solicitado al Centro de Estudios Superiores Militares su admisión para participar en el curso de coroneles para su ascenso a generales, y aunque en principio estaba aprobado en agosto, le fue denegado en octubre de ese año por estar en 2103 prisión . 2099 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 350-351, oficio fechado en Cádiz el 25 de agosto de 1932; fol 352-353, oficio de entega de Varela, fechado en Cádiz el 25 de agosto de 1932. 2100 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 349, oficio fechado en Sevilla el 30 de agosto de 1932, con membrete de “Primera Inspección y Segunda División. Estado Mayor”, firma ilegible. 2101 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 348, oficio fechado en Sevilla el 14 de septiembre de 1932, con membrete de “Segunda División. Estado Mayor”, firma ilegible. 2102 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 358, Providencia fechada en Sevilla el 18 de septiembre de 1932. 2103 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 15, oficio, fechado en Sevilla el 22 de octubre de 1932, con membrete “Segunda División. Estado Mayor. Aspectos varios”; en el mismo oficio se le denegaba el curso al coronel de Artillería Félix Ballenilla Jiménez. 914 4.8.7.- Varela contacta con el pensamiento Tradicionalista. En Sevilla y más tarde en Guadalajara, Varela comenzó a leer a los clásicos del pensamiento tradicionalista español: Balmes, Donoso, Mella, Aparisi… y su ideología se vio perfilada. En Sevilla, entre los presos había significados tradicionalistas como los comandantes José Redondo y José García de Paredes. Redondo consiguió que le trajeran de su casa varios libros de Vázquez de Mella, los cuales leía y comentaba junto a García y Varela. Para el Tradicionalismo, explicaba, la voluntad del pueblo actual no puede contradecir el peso de la historia o de la Tradición. Varela hablaba y discutía mucho con el comandante García de Paredes, como relata él mismo: "Casi a diario tenía con él (con Varela), a solas, una larga conversación, en la que me hablaba de sus estudios militares e históricos, demostrando una preparación y competencia muy poco corriente entonces, que me hicieron ver que su cultura era muy superior y muy desconocida en el Ejército, por su figura era considerada como la de un héroe, pero no tanto como la de un técnico consumado"... "Con frecuencia tocaba temas familiares, sus preocupaciones de tipo económico con sus hermanas, a las que mandaba su paga casi íntegra, reservándose lo estrictamente indispensable para sus gastos, que eran reducidísimos, pues vivió con una exquisita sobriedad. Salía pocas veces de su habitación, lo indispensable para pasear un poco por el patio y la terraza de la prisión y casi siempre solo"... "Después de recibir sus visitas, solía reunirse habitación a varios amigos, entre ellos el comandante don Luis Redondo, el comandante don Francisco Delgado Serrano, comandante don Manuel Delgado Brackembury, capitán de Estado Mayor don Anselmo López Maristani. Nuestra conversación giraba siempre alrededor de asuntos militares y políticos, tocándose también al tema de las doctrinas tradicionalistas, dándonos bromas a Redondo y a mí, a los que nos llamaba cariñosamente ‘carlistones’, pero trasluciéndose siempre su entusiasmo y 2104 esperanzas por el Requeté" . Pero Varela no fue un carlista, porque él siempre defendió la línea dinástica de Alfonso XIII. Él era muy católico, y era opuesto al izquierdismo por su materialismo intrínseco; simpatizó con el Carlismo, y como veremos redactó sus Ordenanzas, pero no fue un carlista, porque uno de sus principios personales, puntualiza Martínez Roda, era 2105 el apartamiento del militar del compromiso político . Varela era, por su prestigio, el centro de estas reuniones, en las que el coronel procurado equilibrar campechanía y superioridad. Varela no cedió en su gallardía. Una 2104 Pemán, J.Mª, p. 127. 2105 Martínez Roda, F., Varela, p. 207. 915 tarde el juzgado especial se presentó en la prisión para una diligencia de rueda de presos. El fiscal de la República, señor Manteola, iba junto al juez, y los diputados. El coronel Varela formó entre los demás presos. El oficial del juzgado iba llamando a los diferentes presos, y al nombrar al coronel, lo hizo con su nombre, sin ningún título: "José Enrique Varela". Varela no se movió, quedándose con las manos en los bolsillos. Se repitió el llamamiento, que tampoco contestó. El fiscal Manteola, irritado, le llamó y le preguntó por qué no contestaba. Varela, con calma, le respondió: "Soy dos veces laureado... Tengo tratamiento. No contestaré mientras no se llame al Excmo. Sr. Coronel don José Enrique Varela". El tribunal se indignó, argumentando que frente a la justicia republicana no existían tratamientos ni condecoraciones. El juez calificó de desacato la actitud de Varela y suspendió las diligencias, comunicando el incidente al Supremo. Se nombró un juez especial para este incidente, el sevillano don Francisco de la Rosa, de familia gaditana conocida de Varela. De la Rosa, tras varios incidentes, dio 2106 la razón al coronel y le devolvió la “Excelencia a que tenía derecho” . García de Paredes relató que Varela se convirtió en un líder de los presos, consiguió que se les celebrara misa, y su testimonio es importante porque hace comprender como la Fe se convirtió para ellos no solo en un factor de resistencia, sino 2107 también de identidad . La religiosidad, como la ideología política, también dividía al Ejército. Varela fue trasladado a Guadalajara el 12 de diciembre junto con otros presos, conducidos por un comandante de la Guardia Civil y una numerosa escolta de policías. Al llegar, la temperatura ese día en Guadalajara era de 7° bajo cero. Varela encontró la moral de los prisioneros de Guadalajara, baja por las penosas condiciones del caserón, por el desconocimiento de su proceso y la incertidumbre de su futuro. Varela asumió rápidamente la función del portavoz de los presos, insistiendo ante las autoridades de la prisión la mejora de sus condiciones. Consiguió que los oficiales llegados de Sevilla se reunieran en el mismo piso que Varela; los soldados hacinados en el sótano fueron instalados en un salón amplio y mejor ventilado; los sargentos obtuvieron permiso para entrar y salir de sus celdas; se consiguió cambiar a los empleados de la cárcel más fanáticos e irrespetuosos por otros más objetivos. 2106 Pemán, J.Mª, p. 128. 2107 Ver Apéndice documental, nº 26. 916 4.8.8.- El liderazgo de Varela en la cárcel de Guadalajara. Su natural simpático le llevó a ser pronto querido y admirado por los soldados de Remonta, también presos por la rebelión de Sanjurjo, y que habían sido trasladados desde la prisión militar de San Francisco de Madrid. Uno de estos soldados, Antonio 2108 Martín , ofreció su testimonio a la viuda de Varela cuando ésta recopiló documentos de su marido. En la prisión de Guadalajara había libertad para transitar durante el día, y se establecieron lazos de camaradería entre oficiales y soldados presos por el pronunciamiento. Dice Martín: “Destacaban entre todos un joven Coronel de aspecto simpático y agradable que con su marcado acento andaluz hacia que dada su elevada graduación (sic), su extraordinaria campechanía y cariño, nos causase una admiración tal que sentimos una fuerza irresistible para saber cosas del valeroso Coronel que se llamaba Varela y tenía sus dos Laureadas”. En cierta ocasión visitó la prisión el general de División Romerales, de afiliación republicana, y que era el director general de Prisiones. El general Romerales entró en el establecimiento sin saludar a nadie, por considerar a los allí presentes presidiarios y degradados. Este hecho fue muy comentado y criticado. En una visita posterior, instigados por Varela, los presos se negaron a formar ante el general para hacer así patente el malestar por su descortesía. En la cárcel, según el testimonio de Martín, Varela hablaba con todos, incluso con los presos comunes y los comunistas, siempre afable y atento. Para celebrar la Nochebuena, los oficiales presos aportaron dinero para mejorar el rancho de los soldados, se comió y bebió, se cantaron jotas a Sanjurjo, flamenco, y un soldado sevillano, con alguna copa de más, se abrazó al coronel diciéndole: “Varela, que grande eres, tú eres lo más grande de España”, y añade Martín: “Varela, siempre bueno, soportaba a aquel pobre muchacho que bebido lanzaba al exterior y al propio interesado lo que en su razón guardaba”. El 27 de febrero de 1933 se concedió a los soldados la libertad provisional. Varela, en bata y zapatillas, llamó a Martín, y le dijo “Bajo a despediros pero quiero que antes de que partáis daros un consejo y es que no digáis nada de la vida que habéis vivido dentro de la Cárcel, pues por lo que respecta a mí me trae sin cuidado, el Gobierno sabe lo que puede esperar de mí, pero vosotros por vuestro bien debéis olvidar lo que verdaderamente sois; y después de bajar hasta la 2108 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 367-368, carta mecanografiada fechada en Linares el 26 de marzo de 1951; adjunta un texto mecanografiado en cuartillas, fol 369-371. Antonio Martín siguió escribiéndose con el coronel y después general Varela al salir de la prisión de Guadalajara. Al estallar la Guerra Civil estaba en zona republicana, pero consiguió pasar a zona nacional en Alfambra, saludó a Varela y se puso a sus órdenes, integrándose en una unidad de combate. Mantuvo su amistad hasta la muerte del general. 917 puerta a despedirnos insistió en lo que antes recomendara, nos abrazó uno por uno y nos separamos”. En Guadalajara volvió a coincidir con el comandante Redondo, qué escribió: "la prisión de Guadalajara en un presidio donde cumplían condena los de pena de muerte y cadena perpetua y fue convertido en prisión militar. En la planta baja y a la entrada, había habitaciones arregladas para las visitas familiares en el fondo, tres galerías radiales, y en el vértice, un quiosco que servía de puesto de guardia para vigilar las galerías y que los domingos se habilitaba para capilla, donde oían Misa los presos: lo que excuso decir que en plena República se suprimió, pero que con los presos del Ejército volvió a celebrarse, previo pago de todos los gastos de nuestra parte"... "En la planta superior estaba la enfermería con el piso de madera, una estufa de carbón que hacían más confortable la estancia en las habitaciones convertidas en celda. A nuestra llegada estaban en el piso superior los generales Cavalcanti y Pérez Fernández, con algunos oficiales subalternos. En las celdas de las galerías del piso bajo, que eran muchísimas y frías, estaban alojados un grupo de oficiales y sargentos sublevados en Madrid, de la Remonta, que se batieron en la Plaza de la Cibeles. En los sótanos y de mala manera, estaban alejados los pobres soldados de la referida Remonta, entre los cuales tenían mezclados, con malas intenciones, a 2109 malhechores e indeseables" . 2110 Otro testimonio de esta época, son las notas de Tere Lapique . Afirma que Varela llegó a Guadalajara el 12 de diciembre de 1932, a las 00:00 horas. Durante el viaje de Sevilla a Guadalajara hacía rabiar a los policías bajándose del tren sin permiso y esperando en el andén hasta que pitaba la máquina: entonces se giraba a todo el grupo, presos y policías, y ordenaba: “¡Al tren!”. Los Lapique iban a verlo desde Madrid algunos viernes, cuando tenía hora de visita de 15:00 a 18:00 horas, junto con una hermana del posteriormente general Redondo. Le llevaban ropa limpia, fruta, sobre todo plátanos, y café con leche en termos. No les permitieron dar al coronel una máquina de escribir. “Compañeros de Perico nos advirtieron que nos estábamos jugando la carrera y contestamos que si por ir a ver a un amigo a la cárcel nos ocurría semejante cosa que le íbamos a hacer, porque otra cosa era una cobardía incalificable”. Los martes era visitado por “Pepe Delgado, Pumarino, Carrasco, Lapatza”, y en alguna ocasión por Enrique Macpherson, que le llevó una magnífica cesta de Navidad. En la cárcel Varela llevaba una vida ejemplar, rezaba el rosario con los oficiales Redondo, Delgado Serrano y Delgado Brakenburi. Al darse cuenta que el director de la prisión trataba con desaire a 2109 Pemán, J.Mª, p. 130. 2110 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 372-374, “Notas de Tere Lapique”, cuartillas mecanografiadas, fechadas el 28 de mayo de 1951. 918 los presos sin respetar jerarquías y manteniendo a los soldados de Remonta en las pésimas condiciones del sótano, con frío y humedad, protestó de forma tan enérgica que consiguió mejorar un tanto la situación de todos. Se pensó en González Bárcena para defenderle, pero cuando le entregaron el pliego de cargos lo contestó y se sobreseyó su causa. Varela pidió entonces a González Bárcena que asumiera la defensa de Delgado Serrano, lo que hizo con suma habilidad. Los oficiales tradicionalistas, le pidieron que redactara unas "Ordenanzas del Requeté", lo que hizo el coronel adaptando la estructura de la Legión al Carlismo. Los escritos de Varela fueron recogidos por el comandante Redondo, que consiguió sacarlos de la prisión, y que el propio coronel pasó a limpio ya libre con ayuda de Tere Lapique. Estas Ordenanzas fueron distribuidas por los grupos carlistas de Andalucía y de toda España. Las Ordenanzas del Requeté se basaban en unas reflexiones dedicadas a Dios, base de todas las virtudes, con la célebre frase: “Ante Dios, nunca serás un héroe anónimo”, que se convirtió en uno de los lemas del Tradicionalismo; a la Patria, la nación española, “Única e Indivisible en su rica variedad autárquica regional”, defensora de la Iglesia, a la que hay que estudiar, conocer, amar y honrar; y al Rey, a la monarquía “Antirrevolucionaria y guardadora del derecho, la justicia y la jerarquía”, que reina y gobierna con las instituciones tradicionales. Las cualidades y deberes del Requeté son: “Sé: caballero sin tacha, espíritu disciplinado, esforzado en el servicio, celoso de tu reputación, voluntario para el riesgo, intrépido, excelente compañero, incapaz de pactos con sacrificio de ideal, subordinado y puntual como norma, fuerte física y moralmente, jamás tibio, siempre imperturbable, el Boina Roja cuyo propio honor y espíritu no le estimule a obrar bien, vale muy poco para el 2111 servicio de la Causa” . Se aprecia en el texto la inspiración de los textos concisos y tajantes que Millán Astray redactó para la Legión, pero impregnados de un espíritu más religioso. 4.8.9.- Reflexiones de Varela sobre el fracaso de agosto de 1932. Varela se había dado cuenta que la intentona del 10 de agosto había fracasado porque ya no servía un simple golpe de audacia, era necesaria una mayor preparación y organización. El Ejército no podía ir a la sublevación por su cuenta, necesitaba el apoyo de elementos civiles movilizados en formaciones activas, como podría ser muy bien la 2111 Ordenanza del Requeté, varias ediciones 1936-1979. 919 del Requeté. Los oficiales carlistas decidieron entonces proponerle que asumiera la posible jefatura de un movimiento carlista. Varela, contestó, y anotó Redondo: "En España, y gracias a Dios, se guardan mucho respeto en el Ejército a la Jerarquía, y por lo tanto no puede haber movimiento, ni de coroneles ni de comandantes, sino que tiene que hacerlo, o mejor dicho dirigirlo, un general de prestigio, y a juicio mío, en estos momentos difíciles, hay uno con mucho prestigio y para mí el único: es el general 2112 Franco" Al ser liberado, se quedó en Madrid, en casa de los Lapique, porque quería seguir luchando por el sobreseimiento de su causa, y porque con su paga no podía costearse una casa de huéspedes. Por entonces Varela comenzó contactos semiclandestinos con los carlistas. Tere Lapique le hacía de enlace, entregando documentos o avisos. Escondía la cartera con los documentos bajo el colchoncito del coche de niños de la casa, y en una ocasión que la casa fue registrada, no la encontraron. Varela fue liberado de Guadalajara el 14 de febrero de 1933, y junto a otros encausados, listado encabezado por el general Manuel González y González, e integrado por otros ciento doce nombres, entre ellos el del coronel Varela Iglesias, su proceso fue 2113 sobreseído provisionalmente el 27 de abril de 1933 . No alcanzó la libertad plena hasta que Manuel Azaña dejó de ser presidente del Gobierno. En el posterior juicio oral recayó sentencia el 7 de febrero de 1934, siendo condenados Manuel González y González por un delito de negligencia, Emilio Rodríguez Polanco, Vicente Valera Conti, Antonio Vera Bejarano, Jesús García, Miguel Martín Naranjo y Santos Hernández Carretero, por delito de auxilio a la rebelión militar. Al emitirse la Ley de Amnistía del 24 de abril de 1934, quedaron definitivamente sin cargos tanto éstos como los otros a los que se les había otorgado el sobreseimiento provisional, entre ellos 2114 Varela . La prensa se hizo eco de la liberación del coronel, consignado la satisfacción de 2115 sus paisanos porque Varela, según los periodistas, era muy apreciado . El 28 de abril, se notificó el sobreseimiento de la causa, “con todos los pronunciamientos favorables y hasta con la devolución de la fianza que tenía dicho señor depositada”. También fue 2112 ´Pemán, J.Mª, p. 132. 2113 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 382. 2114 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 383-384, certificado de sobreseimiento libre, fechado en Sevilla a 14 de mayo de 1934. 2115 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 397, Diario de Cádiz, 17 de febrero de 1933, ed. de la mañana, “El coronel Varela en libertad”; ed de la tarde, “El coronel Varela”; fol 398, La Información de Cádiz, 18 de febrero de 1934. 920 sobreseída la causa de los comandantes de Infantería Apolo Ruiz Marcet y Fernando Montes de Oca. La prensa dijo: “Muy de veras celebramos la solución y felicitamos a tan distinguidos jefes del Ejército”, y “No hay para qué decir, con cuánta satisfacción 2116 consignamos esta noticia” . Varela recibió muchas cartas de felicitación de amigos y 2117 admiradores . A finales de mayo se celebró en Cádiz el consejo de guerra contra los autores del 2118 atentado a Varela en que fue herido el teniente Riaño . El 1 de junio de 1933 se 2119 concedió pasaporte a Varela para viajar de Madrid a Cádiz ; Varela lo hizo el 1 de 2120 julio . El 3 de julio le fue comunicado que pasaba de “disponible gubernativo” a “disponible apartado B”, según se publicaba en la Orden Circular nº 12, aparecido en el 2121 Diario Oficial nº 110 . En septiembre de 1933 fue requerido por el ministro de la Guerra para que acudiera a Madrid como testigo en la Sala Sexta del Tribunal Supremo 2122 el día 9 de octubre ; pero esta comparecencia fue suspendida una semana antes de 2123 celebrarse el juicio . El 15 de enero de 1934 se le volvió a reclamar para comparecer en la Sala Sexta del Tribunal Supremo sobre los sucesos del 10 de agosto en Sevilla a 2124 partir del 23 del mismo mes . Para ello se le concedió pasaporte, a él y a los coroneles Francisco Eady Triana y Juan Herrera Malaguilla, y al comandante de Artillería de 2125 Costa nº 1 José Cano Manuel Aubarede, para viajar a Madrid por cuenta del Estado . Varela, que había perdido su mando del Regimiento de Cádiz, ya no salió de la situación de disponible hasta el estallido de la Guerra Civil. Pese a que Pemán afirma 2116 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 399, 28 de abril de 1933, “Se ha sobreseído el proceso contra el coronel Varela” y “Nos alegramos”; fol 400, La Información de Cádiz, 28 de abril de 1933, Se ha sobreseído el proceso contra el coronel Varela” y “El coronel Varela” 2117 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 401, Diario de Cádiz, 16 de mayo de 1933, “El coronel Varela”. 2118ACGJEVI, Carpeta 11, fol 404, Diario de Cádiz, 31 de mayo de 1933 2119ACGJEVI, Carpeta 11, fol 402, impreso rellenado a nombre del coronel Varela “para que desde esta capital marche a Cádiz, con objeto de fijar su residencia en dicha localidad, haciendo el viaje por ferrocarril y cuenta del Estado”. 2120 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 403, impreso con cuño y firma ilegible; fol 405, Diario de Cádiz, 1 de julio de 1933, “El Coronel Varela”; fol 406, Las Información de Cádiz, 2 de julio de 1933, “El coronel Varela en Cádiz” 2121 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 407, oficio fechado en Cádiz el 3 de julio de 1933, firmado por el General Comandante Militar, firma ilegible, membrete de “Comandancia Militar de Cádiz. E.M.”. 2122 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 408, oficio fechado en Cádiz el 7 de septiembre de 1933, firmado por el General Comandante Militar, firma ilegible, membrete de “Comandancia Militar de Cádiz. E.M.” 2123 ACGJEVI, Carpeta 11, fol 409, oficio fechado en Cádiz el 2 de octubre de 1933, firmado por el General Comandante Militar, firma ilegible, membrete de “Comandancia Militar de Cádiz. E.M.” 2124 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 2-3, oficio, fechado en Cádiz el 15 de enero de 1934, firmado por el General Comandante Militar, membrete mecanografiado “Comandancia Militar de Cádiz. E.M.”. 2125 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 4, impreso, fechado en Cádiz el 15 de enero de 1934, firmado por el General Comandante Militar, encabezamiernto “Comandancia Militar de la Plaza de Cádiz. Estado Mayor”. 921 que se integró en el Carlismo, Martínez Roda ha demostrado que Varela no pasó de 2126 sentir una gran simpatía, y colaborar, pero no formó parte de la Comunión . A finales de 1933, Varela participó en una reunión clandestina, en un caserío cercano a la de Vergara, según el testimonio de Arauz de Robles. Allí fueron sorprendidos, y el general tuvo que disfrazarse con una sotana y escapar por una vereda. Durante estos meses, Varela siguió leyendo y configurando junto al general Rada, su oficial instructor y técnico, la organización militar del Requeté, redactando programas bajo el seudónimo 2127 de "el tío Pepe" . 4.9.- Las conspiraciones se paralizan. A finales de 1932, Ramón Franco comenzó a perder su simpatía por la izquierda (escribió Villa Cisneros) y protestó contra las deportaciones, intentando sublevarse 2128 contra el Gobierno y decantándose por el anarquismo . Las conspiraciones militares seguían, también por parte de oficiales izquierdistas extremistas, como el comandante López Bravo, que intentó sublevar a los obreros toledanos. Hubo también conatos de motín de soldados y algunos suboficiales en el aeródromo de Cuatro Vientos, que hubo de sofocarse por los oficiales pistola en mano, en la guarnición de Málaga y el 2129 Regimiento de Zapadores, en San Sebastián . Para llevar adelante un nuevo golpe, era necesario asegurar pensiones a las familias de los generales que pudieran perder la vida en los posibles combates. Se calculó que serían necesarios veinte millones de pesetas para ello, y se inició la recaudación, realizada en buena medida por el aviador Ansaldo. Los conspiradores estaban en contacto con Alfonso XIII. A finales de 1932, la dirección técnica de la conspiración fue asumida por el teniente coronel de Estado Mayor Valentín Galarza Morante, apodado "el técnico". Galarza era un hombre muy hábil; destinado en el ministerio de la Guerra desde la Dictadura, seguía en él pese a haber estado implicado 2126 Martínez Roda, F., Varela, p. 339-340. 2127ACGJEVI, Carpeta 168, fol 600. 2128 Como tantos otros militares conspiradores contra Primo de Rivera y la Monarquía, Ramón Franco fue beneficiado tras la proclamación de la República con un cargo, en su caso la Dirección General de Aeronáutica, lo que le convertía de comandante en asimilado a general de brigada. En un mitín anarquista en Lora del Río se hundió el escenario y se rompió una pierna. Su carácter alocado le llevaron, junto a sus amigos el teniente coronel Camacho, el comandante Rada y el capitán Rexach, a intentar proclamar un estado republicano independiente en Andalucía, apoyado por un grupo de anarquistas. Para ello intentó tomar el aeródromo de Tablada y bombardear Sevilla. El 27 de junio, Sanjurjo detuvo a Ramón Franco y la conjura quedó decapitada. Convicto de conspiración, fue cesado: Martínez Saura, S., Memorias del secretario de Azaña, Planeta, Barcelona, 1999, p. 164-165. 2129 Martínez Saura, S., Memorias del secretario de Azaña, Planeta, Barcelona, 1999, p. 166. 922 en la Sanjurjada, y no había sido detenido, algo inexplicable en palabras de De La 2130 Cierva ; pero las sospechas que sobre él recayeron le habían llevado a abandonar el servicio activo. Galarza, al que Azaña consideraba "de los más peligrosos", creó una amplia red de espionaje entre la población y los órganos gubernamentales, y buscó atraerse a los generales más famosos, entre ellos Franco. Pero a Franco estos planes le parecían prematuros, y permanecía fiel al régimen republicano. El 16 de marzo de 1933 fue nombrado comandante militar de las islas Baleares. Galarza no tuvo éxito entre los generales, y finalmente se nombró jefe de la conspiración a Severiano Martínez Anido, que estaba exiliado en Niza; pero Martínez Anido no quiso visitar al rey en Roma, y declinó el puesto. Los monárquicos extremistas establecieron "contactos limitados" con 2131 la CNT, empujándola contra la República . El 31 de enero de 1933, el general Sanjurjo, preso en el penal de El Dueso, en Santoña, escribió un mensaje para Varela, donde le notificaba que la conspiración progresaba: “los sucesos se precipitan y la reacción que se va operando en la masa avanza con fuerza y de ello habla todo el mundo y se ve en el ambiente que cada día se 2132 presenta más enrarecido para los gubernamentales” . A principios de 1933, los diputados monárquicos, encabezados por José Calvo Sotelo se reunieron de nuevo con el mariscal italiano Ítalo Balbo. Calvo Sotelo, exiliado en París, se había convertido en el líder con más prestigio de los monárquicos, dado que 2133 Sanjurjo estaba preso, y el único que parecía capaz de aunar a alfonsinos y carlistas . Calvo Sotelo viajó a Italia con Ansaldo para convencer a Balbo para que apoyara a los conspiradores monárquicos. Bullón de Mendoza afirma que se entrevistaron con Mussolini, a quien hicieron ver que la instauración en España de un régimen autoritario 2134 supondría un aliado para Italia, pero el Duce no pareció muy interesado . También celebraron conversaciones en Roma otros exiliados, como el cardenal Segura, el general Barrera, o Antonio Goicoechea, jefe de Renovación Española. En enero de 1933, la coalición republicano-socialista en el poder se desintegró con rapidez, mientras que la derecha se coaligaba en la CEDA, y alcanzó mucha fuerza. La presentida victoria de la derecha llevó a los grupos conspiradores a cesar en sus 2130 De La Cierva, R., Franco, Planeta, p. 141. Galarza, monárquico y antifalangista como Varela, fue subsecretario de la Presidencia del Gobierno en 1939, y ministro de Gobernación en 1941-1942, siendo cesado tras el atentado sufrido por el general Varela en la basílica de Begoña, en Bilbao. 2131 Payne, S.G.,Los miltares… p. 302, toma la noticia de las memorias de Juan Antonio Ansaldo. 2132 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 576. 2133 Bullón de Mendoza, A., José Calvo Sotelo, Ariel, Barcelona, 2004, p. 339-340. 2134 Bullón de Mendoza, A., José Calvo Sotelo, Ariel, Barcelona, 2004, p. 341. 923 actividades, lo que demuestra que no eran antirrepublicanos, tan solo estaban contra la 2135 lenidad de la República . 4.10.- La revolución de Asturias. 4.10.1.- El Ejército en el Bienio Radical-Cedista. 2136 Las elecciones del 19 de noviembre de 1933 fueron ganadas por la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), seguida de cerca por el también conservador Partido Republicano Radical. El triunfo se debió a la mayor unidad y organización de la derecha; a la reacción de las clases medias contra las reformas de Azaña; a la introducción del electorado femenino. Sin embargo, la rivalidad del presidente de la República, Alcalá Zamora, hacia la CEDA llevó a que su líder, José María Gil Robles, no fuera propuesto como Presidente de Gobierno, por lo que se formaron coaliciones de centro derecha, presididas por los Radicales de Alejandro Lerroux. Estos gabinetes estarán dispuestos a frenar la lenidad de los gobiernos de la izquierda hacia la propia izquierda, paralizando la Reforma Agraria. Se abrió un período de frustración para las izquierdas, que llamaron a este período el “Bienio Negro”. Descontentos, los izquierdistas impulsaron numerosos disturbios, para neutralizar los cuales fue necesario recurrir al Ejército, lo que confirmó en éste su conciencia de que era la única fuerza capaz de detener la revolución. Pero también existía un golpismo militar de izquierda, muestra de la intensa división política del Ejército. Un ejemplo de esto se dio el domingo 10 de diciembre de 1933 en la localidad extremeña de Villanueva de la Serena. Descontentos por el resultado electoral, un grupo de cenetistas, liderados por un sargento amotinado, Pío Sopena ocuparon la Caja de Recluta de la localidad. Ya en días anteriores, Sopena había intentado convencer a los soldados que se rebelaran, sin éxito. Los asaltantes tomaron y se repartieron las armas, e intentaron que los soldados se unieran a la sublevación, pero éstos se negaron. Los soldados, un suboficial y su esposa fueron encerrados. Al apercibirse de la situación, la Guardia Civil intentó dialogar con los sublevados, pero los dos números que se acercaron al edificio fueron tiroteados, quedando uno muerto y el otro herido. Un segundo intento de parlamentar, a cargo del jefe del puesto de la 2135 Martínez Roda demuestra esto muy claramente, al enumerar los motivos que tenía Varela contra esta situación: Varela, p. 118-119. 2136 Villa García, R., La República en las urnas, Marcial Pons, Madrid, 2011, passim. 924 Guardia Civil, costó la vida a su acompañante, el sargento de la Guardia Civil. Acudieron las fuerzas de la Guardia Civil y de Asalto de Don Benito y de Badajoz, y el edificio un antiguo convento, fue rodeado. Fue necesario llamar a las fuerzas del Ejército, del Regimiento de Infantería nº 16, de guarnición en la plaza, que envió una Compañía con ametralladoras, bombas de mano, dos morteros y un cañón. Al comenzar el tiroteo, los amotinados dejaron salir a los rehenes. El edificio fue bombardeado y asaltado, muriendo en el proceso siete de los ocupantes, además del sargento Sopena, siendo capturados dos que intentaban huir. Se sospechó que tres rebeldes consiguieron 2137 escabullirse en medio de la confusión . En marzo de 1934 hubo un complot socialista en el 19º Regimiento de Infantería, en Aranjuez, siendo destituidos un capitán, un teniente, un sargento, y 2138 arrestados doscientos soldados . A finales de 1933 cierto número de oficiales llegaron a la conclusión de que el sistema republicano no podía funcionar. Nació entonces una organización clandestina, la Unión Militar Española (UME), organizada durante el invierno de 1933 a 1934. Estaba formada por oficiales de graduación media o baja. La estructura era como la de las Juntas, descentralizada, pero no tenía tanta influencia como la que habían tenido las Juntas. Unos grupos se dedicaban a tareas profesionales, otros estaban más politizados y temían la revolución izquierdista; otros contactaron con los conspiradores monárquicos. El primer jefe de la UME fue el coronel retirado Emilio Rodríguez Tarduchy, simpatizante de la Dictadura, miembro de la Unión Patriótica, y cercano a la Falange Española, organizada por José Antonio Primo de Rivera. Pero su extremismo le llevó a ser sustituido a principios de 1934 por el capitán de Estado Mayor Bartolomé Barba Hernández. Barba Hernández afirmó haber recibido de Azaña la orden de disparar “tiros en la barriga” a los insurgentes de Casas Viejas, por lo que fue descreditado. Otro implicado era el capitán Gumersindo de la Gándara, también implicado en los sucesos de Casas Viejas y oficial en las Guardia de Asalto, de donde fue expulsado al declarar que “el Gobierno no quería heridos ni prisioneros”. Barba creó una red de contactos, con un representante en cada división orgánica (las antiguas regiones militares), y a su vez, con representantes en cada guarnición. Sus integrantes eran comandantes y 2137 ABC, 12 de diciembre de 1933, “El trágico episodio de Villanueva de la Serena. Reacción por el triunfo de de la derecha en las elecciones de noviembre de1933; Villa García, R., “La CNT contra la República”, en Historia y Política, nº 25, 2011. 2138 Payne, S.G., Ejército y sociedad… p. 414. 925 capitanes. La UME hizo proselitismo entre los oficiales retirados por la Ley Azaña. La UME fue denunciada por el coronel Julio Mangada como una organización fascista: “las elecciones de 1933 produjeron una agudización del fascismo en los cuarteles, en los que los oficiales se saludaban ya descaradamente a lo Mussolini y se dibujaban en 2139 algunos lugares el yugo y las flechas”, emblema de Falange Española . La UME mantuvo contactos con grupos políticos como el Carlismo, la Falange, las Juventudes de Acción Popular y Renovación Española. En la primavera de 1934, la UME de Madrid redactó un manifiesto en el que defendía la necesidad de "salvar el orden y la autoridad", defender el régimen republicano contra la revolución, defender el orden y la justicia, y sólo en caso de gravedad, intervenir en política. El abogado y oficial de complemento Eduardo Pardo Reina, secretario judicial de la Junta Central de la UME, impulsó esta política constitucionalista. Algunos de sus miembros más relevantes fueron el coronel retirado Ricardo Rada, instructor de las milicias del Carlismo, el teniente coronel retirado Nazario Cebreiros, el teniente coronel de Estado Mayor Valentín Galarza. La UME era minoritaria, se piensa que agrupaba a un diez por ciento de los oficiales, pero muchos militares simpatizaban con sus ideas de orden. La UME no tenía influencias entre los altos mandos del Ejército. Goded, Mola, Franco, estaban en contacto con miembros de la UME, pero no se comprometieron con ella. En mayo de 1934 la UME se estructuró cuando la Junta Central asumió poderes de supervisión sobre los grupos provinciales. Goded aceptó la autoridad de la UME, pero no quiso entrar en ella. Al parecer, Goded pidió a Pardo Reina que preparara proyectos de legislación antisubversivos, y que dichos proyectos fueron aprobados por Goded y Mola. Busquets y Losada, siguiendo a Viver Pi-Sunyer, afirman que José Enrique Varela formó parte de la UME; sin embargo, en el Archivo del general Varela no 2140 aparece ningún documento que lo corrobore . En este contexto, en el archivo de Varela se conserva un estudio, “La amenaza revolucionaria y la situación del Ejército”, redactado en octubre de 1935 muy 2141 probablemente por Goded, que se comentará más adelante . 2139 Busquets, J, Losada, J.C., Ruido de sables, p. 50-51. Estos autores consideran a Barba fundador de la UME, frente a la opinión de Payne, que afirma que fue Tarduchy 2140 Busquets, J, Losada, J.C., Ruido de sables, p. 61 y 192. Es una contradicción, porque se dice que ningún general fornaba parte de la UME. 2141 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 103-106 texto mecanografiado, “La alianza revolucionaria y la situación del Ejército”, fechado el 31 de octubre de 1935, sin firma. 926 Como reacción a la UME, nació la Unión Militar Antifascista. La iniciativa partió del oficial de máquinas de tercera de la Armada Eugenio Rodríguez Sierra, el capitán médico Miguel Palacios, el capitán Enciso, el suboficial Alfredo León Dupión, masón, el teniente coronel Carratalá y el capitán retirado de la Guardia Civil Francisco Galán, hermano de Fermín Galán; eran comunistas o cercanos a su ideario. Su manifiesto fue redactado por el teniente coronel Carratalá, estableciendo que “cada militar, cualquiera que sea el partido a que pertenezca, debe trabajar en el seno de una organización militar, como defensor de la República en peligro, contra el fascismo amenazante”. En 1935 se unió con la Unión Militar Republicana, de órbita izquierdista, para ganar prestigio, pues en ella militaban conocidos oficiales. La Unión Militar Republicana había sido fundada por Eleuterio Díaz-Tendero Merchán, exseminarista y masón, gran amigo de Indalecio Prieto, que empezó su carrera militar 2142 como soldado en África . De la fusión de ambas organizaciones surgió la Unión Militar Republicana Antifascista. Miembros destacados fueron los también masones Urbano Orad de la Torre, oficial de Artillería, y Vicente Guarner Vivancos, oficial de Infantería y Estado Mayor, africanista. Se incorporaron oficiales de la Escolta del Presidente y de la Guardia de Asalto, así como personal de Aviación. Algunos de sus miembros se convirtieron en instructores de milicias izquierdistas, las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas (MAOC). Díaz-Tendero se convirtió en el alma de la organización; murió en el campo de concentración nazi de Mauthausen. Él abrió la UMRA a los suboficiales, muchos de los cuales, al estallar la Guerra Civil, fueron ascendidos a oficiales. La UMRA se apoyó en la Masonería, y celebró las reuniones en sus logias, cuando no en cafés y tabernas, o en los casinos de suboficiales. Carlos Faraudo, asesinado en mayo de 1936, y el teniente José Castillo, muerto el 12 de julio de 1936, fueron miembros de la UMRA, como Críspulo Moracho, que sufrió también un intento de asesinato por parte de enemigos políticos. La UMRA también atentó contra la UME: el comandante Luis Arredondo, jefe de las milicias falangistas, el 2142 Díaz-Tendero era amigo de Fernando Condés, capitán de la guardia Civil, simpatizante socialista que participó en la Revolución de Octubre de 1934, y a quien defendió. A su vez, Condés era amigo de los también socialistas teniente José del Castillo Sáenz de Tejada y capitán Faraudo. La muerte de éstos dos llevó a Condés a participar en el asesinato de Calvo Sotelo. Por su parte, Castillo era teniente de Infantería y africanista, y fue condenado por negarse a disparar sobre los obreros en la revolución de Asturias; en 1936 pasó a la Guardia de Asalto, era miembro de la UMRA e instructor de las Juventudes Socialistas. Suero Roca asegura que Díaz-Tendero fue el fundador del SIM: De Paz Sánchez, M., Militares masones de España, UNED, Alzira, 2004, p. 143; Busquets, J., Losada, J.C., Ruido de sables, p. 63-64. 927 capitán de Infantería Gumersindo de la Gándara, y el de Ingenieros Sánchez Sacristán fueron muertos a su vez por pistoleros izquierdistas. Miembros destacados de la UMRA fueron los coroneles Puigdéndolas y Julio Mangada, los comandantes Hernández Sarabia, Segismundo Casado, Pérez Farrás, Pelayo, Fuentes, Luis Barceló y Pérez Salas, los aviadores Hidalgo de Cisneros, Díaz Sandino, Carlos Núñez, y González Gil, los capitanes González Cid, Arturo González, los tenientes coroneles Luis Romero Basart, Del Rosal, Rodrigo Gil, Pedro Romero y Víctor Lacalle. Algunos de los generales adscritos fueron Villa Abrille, José Riquelme, Sebastián Pozas, Castelló, Caminero o 2143 Núñez del Prado . Como se aprecia, no existía un patrón claro: muchos oficiales de los citados tenían un pasado africanista, y eran de izquierdas, con lo que no se puede afirmar con rotundidad que los africanistas eran conservadores. Buena parte de los miembros de la UMRA simpatizaban con el PSOE, que como partido de masas, abarcaba desde una rama moderada a otra más radical. La labor de la UMRA era vigilar a la UME e impedir la contrarrevolución. Díaz Tendero elaboró un archivo sobre los oficiales del Ejército y sus adscripciones políticas. En vísperas del golpe de Estado de julio de 1936, la UMRA estaba preparando un secuestro masivo de los oficiales implicados en la sublevación. Para ello, desplazó a más de doscientos miembros de las fuerzas de Seguridad de la República a Melilla, donde debían esperar la señal para actuar. La trama contaba con la aquiescencia de los generales Núñez del Prado y Manuel Romerales Quintero, éste jefe militar de Melilla. Pero Casares Quiroga, el 8 de julio, abortó toda la conspiración. El 16 de julio de 1936, miembros de la UMRA se entrevistaron con Casares Quiroga y le propusieron varias medidas radicales, como cesar a los generales sospechosos de estar preparando un levantamiento contrarrevolucionario, preparar unidades para sofocar el golpe de Estado, detención y depuración de los miembros de la UME, e incluso la disolución del Ejército. Casares Quiroga se negó, porque según Busquets y Losada, temía más la revolución de izquierdas, o porque pensaba que sofocaría con facilidad la sublevación. No obstante, la UMRA controló casi toda la Aviación, que no pudo sublevarse. Donde la UMRA sí fue escuchada, fue en Cataluña, donde fue detenido el capitán de la Guardia de Asalto Pedro Valdés, y se trasladó al teniento coronel de Estado Mayor Sanz Álvarez, lo que facilitó el control de la ciudad de Barcelona y posibilitó el fracaso de Goded en la misma. 2143 Busquets, J., Losada, J.C., Ruido de sables, p. 65. 928 Iniciada la Guerra Civil, los miembros de la UMRA tuvieron un destacado papel en la 2144 misma, pues por su probada ideología izquierdista se les dieron mandos relevantes . A principios de 1934 asumió la cartera de Guerra el radical Diego Hidalgo. Su presencia en el Ministerio, según Alonso Baquer, calmó un tanto las tensiones internas 2145 del Ejército, y sus problemas no vinieron de los soldados . La política de los Radicales hacia el Ejército consistió en aligerar la dureza de las medidas impuestas por el gobierno de Azaña hacia los grupos de militares afectados. Así, el 2 de febrero, Hidalgo amplió los plazos establecidos por Azaña para eliminar totalmente los puestos que fueran quedando vacantes en una serie de ramas del cuerpo de oficiales. Hidalgo estableció que sólo se suprimirían tres de cada cuatro puestos vacantes, y el cuarto sería abierto, para permitir nuevos ascensos. Por lo demás Hidalgo se negó a realizar "cambios básicos". Aumentó el sueldo de los sargentos, pero disminuyó el presupuesto de Guerra; y durante su ministerio, Franco ascendió a general de división en marzo de 1934, resolviendo así la cuestión de la validez de los ascensos por méritos de guerra. Hidalgo se encontró con ciento cuarenta y nueve jefes y oficiales puestos en situación de “disponible forzoso”, privados de su destino, por el ministerio anterior: “pedí antecedentes y no había ninguno; lo habían sido por meras sospechas; lo habían sido 2146 sin una prueba, por lo menos sin expediente escrito, sin una constancia” . El gobierno Lerroux propuso una ley de amnistía para delitos políticos, que fue ampliamente apoyada en las Cortes. De esta forma, quedaron en libertad los generales procesados por su participación en la Dictadura de Primo de Rivera, pudieron regresar a España ministros de aquélla como Yanguas Messía o Calvo Sotelo, el cual además 2147 había alcanzado acta de diputado . Sanjurjo fue trasladado del penal del Dueso al castillo de Santa Catalina en Cádiz, y puesto en libertad el 25 de junio de 1934, de donde pasó en exilio voluntario a Portugal. También fueron indultados los generales Emilio Fernández Pérez, Cavalcanti, Manuel González, y García de la Herrán. 2144 Busquets, J., Losada, J.C., Ruido de sables, p. 66-68. 2145 Alonso Baquer, M., “El Ejército de la Segunda República”, en Bullón de Mendoza, A., y Togores. L.E., La República y la Guerra Civil. Setenta años después, Actas, Madrid, 2008, p, 351. 2146 Hidalgo, D., ¿Por qué fui lanzado del Ministerio de la Guerra? Diez meses de actuación ministerial, Espasa Calpe, Madrid, 1934, p. 27; existían dos formas de estar disponible: por procesado o gubernativo (situación A) o forzoso (situación B); los disponibles forzosos no podían solicitar destino ni colocación. La situación de los disponibles gubernativos fue regularizada por Circular del 30 de diciembre de 1935, siendo ministro Nicolás Molero Lobo. 2147 Bullón de Mendoza, A., José Calvo Sotelo, Ariel, Barcelona, 2004, p. 410-416. Ambos se beneficiaron de una amnistía que incluía a los procesados y sentenciados antes del 23 de marzo de 1934, y que incluyó tanto a los exiliados por la Dictadura, como a los sublevados del 10 de agosto de 1932, y a muchos sindicalistas. 929 En la primavera de 1934, el Gobierno decidió ocupar el enclave de Ifni, debido a España en 1860, porque los franceses habían pacificado a las tribus de la región. Ifni fue ocupada por el coronel Capaz, experto en asuntos indígenas, al frente de 935 hombres, el 6 de abril. Para atajar la profunda división política en el Ejército, Hidalgo promulgó el decreto de 19 de julio de 1934, por el que se prohibía a los militares ser socios o militantes de organizaciones políticas o sindicales, así como la entrada en cuarteles y dependencias militares de publicaciones de carácter político. El preámbulo recordaba como esta medida había sido acordada en 1841 y ratificada sucesivamente, recordaba 2148 que el Ejército necesitaba unidad, resaltaba los riesgos que podía correr la disciplina . Como los conspiradores monárquicos se dieron cuenta de que sus propuestas despertaban poco interés entre los militares, y el triunfo del centro derecha les enajenaba apoyos, decidieron buscar apoyos en el extranjero, sobre todo en Italia, pues su postura se aproximaba a la italiana y había evolucionado hacia un autoritarismo corporativo. Una delegación visitó Roma en la primavera de 1934, siendo recibida por Mussolini, firmando su parte el 31 de marzo de 1934, por el que él Duce se comprometía a proporcionar armas y dinero (200 ametralladoras, 10.000 fusiles, 10.000 granadas de mano y 1.500.000 Ptas en metálico). Pero todo esto no pasó de un proyecto. Solo los requetés obtuvieron entrenamiento militar en Libia y Cerdeña: en 1935, tres unidades, cada una con su capellán, recibieron allí entrenamiento. Los grupos de izquierda, creyendo que la República estaba en manos de sus enemigos, prepararon una insurrección armada en este período. En la primavera, la parte principal de los socialistas decidió romper con la República (El Socialista, 11 de marzo de 1934), y comenzaron a importar armas. En junio, la policía descubrió un importante depósito de armas en caso de uno de los dirigentes socialistas. En Asturias se fue forjando una alianza entre socialistas, comunistas y anarcosindicalistas. El Tribunal de Garantías Constitucionales declaró nula la llamada “Ley de Cultivos” de la Generalidad de Cataluña que pretendía proteger a los arrendatarios frente a los 2149 propietarios de la tierra : muchos nacionalistas catalanes se irritaron con el gobierno central, y los extremistas comenzaron a preparar una declaración independentista. 2148 Hidalgo, D., ¿Por qué fui lanzado del Ministerio de la Guerra? Diez meses de actuación ministerial, Espasa Calpe, Madrid, 1934, p. 119-125. 2149 Existía en la tradición catalana la llamada ley de la “rabassa morta” (cepa muerta): un arrendatario que plantara viñas en un terreno, tendría el dominio útil de dichas viñas mientras vivieran éstas. En 1891, 930 2150 4.10.2.- La Revolución española de octubre . A principios de octubre, el Gobierno Radical fue derribado. Se formó un nuevo gobierno con Lerroux al frente, pero éste tuvo que instalar en el mismo a tres ministros de la CEDA. La izquierda estaba convencida de que la CEDA deseaba implantar un régimen fascista en España. Como dijo El Socialista, “Transigir con la CEDA en el Poder es conformarse buenamente con la restauración borbónica… Es admitirla como inevitable. ¿Se avienen a esto los republicanos? Nosotros, no. Seguimos siendo intransigentes en alto grado. La CEDA es el desafío a la República y la clase trabajadora. Y nadie puede jactarse hasta ahora de habernos desafiado con impunidad y sin que le ofreciésemos, inmediata y eficaz, nuestra respuesta (…) La degradación republicana ha llegado al límite previsto, y, asumiendo la responsabilidad de nuestras palabras y nuestros actos, revaloramos nuestras palabras de ayer: Ni 2151 un paso atrás” Como protesta la UGT llamó a la huelga general, estallando la rebelión en Asturias y en Barcelona. En Barcelona, en la noche del 6 de octubre, el Presidente de la Generalitat Lluís Companys proclamó el Estado Catalán dentro de la República Federal Española, afirmando que se luchaba contra las fuerzas “monarquizantes y fascistas” que iban a traicionar a la República. Pero apenas tuvo apoyos. A las 20:30 horas, Juan Taulet, director general de Trabajo de la Generalitat, entregó al comandante militar, con la epidemia de la filoxera y la muerte de las cepas, muchos propietarios exigieron el final de los contratos de “rabassa morta”, y renovaron los contratos pero en aparcería. En 1923, la Unió de Rabassaires, fundada por Lluís Companys entre otros, propuso que estos contratos tuvieran una duración de veinticinco años. Con esta idea, cuando Companys llegó a la presidencia de la Generalitat de Cataluña tras la muerte de Francesc Macià, propuso la Ley de Cultivos, por la que el arrendatario, tras dieciocho años de cultivar una parcela, tendría derecho a comprarla. La Ley fue aprobada por el Parlamento catalán el 21 de abril de 1934. La Lliga, los carlistas y los radicales catalanes protestaron y exigieron que la Ley fuera examinada por el Tribunal de Garantías Constitucionales. El presidente del Gobierno, el valenciano Ricardo Samper así lo hizo. El Tribunal, el 8 de junio, declaró que la Generalitat no tenía competencia para legislar en ese sentido. La coalición catalanista que sostenía el gobierno de Companys declaró que era un ataque de la derecha contra la izquierda, volvió a votar la Ley en el Parlamento de Barcelona. Los diputados de la Esquerra en Madrid abandonaron las Cortes condenando “las agresiones perpetradas contra la autonomía de Cataluña”, apoyados por socialistas y republicanos de izquierda, para forzar a Alcalá Zamora a disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones. Pero Alcalá Zamora consiguió negociar unas enmiendas que convirtieron la Ley en constitucional. No obstante, la Ley solo era un pretexto para la insurrección. 2150 García Gómez, E., Asturias 1934. Historia de una tragedia. Libros Pórtico, Zaragoza, 2010; Sánchez García-Saúco, J. A., La revolución de 1934 en Asturias. Editora Nacional. Madrid., 1974; Payne, S.G., El colapso de la República 1933-1936, La Esfera de los libros, Madrid, 2006, p. 93-164; Moa, P., 1934. Comienza la Guerra Civil. El PSOE y la Ezquerra emprenden la contienda, Madrid, 2004. 2151 El Socialista, 4 de octubre de 1934, http://www.segundarepublica.com/index.php?opcion=6&id=95. 931 2152 general Domingo Batet Mestres , una nota requiriendo en nombre de Companys que se pusiera sus órdenes a favor de la República Federal. Batet actuó con serenidad, tranquilizó al ministro de la Guerra, Hidalgo, afirmándole que controlaría la 2153 situación , y declaró el estado de guerra. Su situación no era fácil, porque la 2154 guarnición efectiva era pequeña, quizá no mucho más de quinientos hombres . En algún momento las fuerzas de guardia en la sede de la División Orgánica eran tan 2155 exiguas, que los sublevados se plantearon detener al general . La Guardia Civil y de Asalto se pusieron a su lado, pero los Mozos de Escuadra y las instrucciones catalanas de seguridad, encuadradas por catalanistas, se mantuvieron fieles a Companys. Batet, preocupado sobre todo por evitar una lucha callejera, dispuso que una Compañía del Regimiento de Infanteríua Alcántara nº 34 saliera del antiguo edificio de Capitania, con bandera y banda de música, subiendo por la Rambla de Santa Mónica desde Colón, para anunciar el estado de guerra. Paralelamente, ordenó al comandante José Fernández 2156 Unzué , que se pudiera al frente de una columna del 1º Regimiento de Artillería de Montaña con cincuenta hombres y dos piezas de artillería y que sin bandera ni música, discretamente, saliera desde el cuartel de la avenida de Icaria, y dando un rodeo por detrás de Gobernación y el Parque de la Ciudadela, por la calle de la Princesa y atravesando la Via Layetana, marchara hacia la plaza de la República (hoy de San Jaime) y tomara el Palacio de la Generalitat. Por el camino se le unirían una compañía de Infantería desde Capitanía, al mando del capitán de Estado Mayor Suárez, y otra de Ametralladoras, mientras la Guardia Civil ocupaba las terrazas de los edificios cercanos 2152 Batet era general de división, veterano de la Guerra de Cuba, condecorado con la Cruz Laureada por su éxito en Barcelona en 1934, formó parte de la investigación del Expediente Picasso y participó en la Sanjuanada contra Primo de Rivera. En 1933, Batet emitió un bando ordenando a sus oficiales y jefes que no se dejaran provocar por los separatistas, y que fueran “ciegos, mudos, sordos y mancos”, a sus consignas; lo que llevó a que un grupo de políticos y militares le enviaran un telegrama de protesta, publicado en ABC el 24 de noviembre de 1933, y firmado, entre otros, por Calvo Sotelo, Yanguas Messia, el general Barrera, el general González Carrasco, el barón de Viver, el conde de Arcentales y otros, con estos términos: “Militar que huye cuando se insulta a España, deshonra uniforme; General que ordene tal cobardía merece desprecio patriotas”, en Milego, J., El general Barrera, p. 93. 2153 Cuando a las 2 de la madrugada del 7 de octubre, el ministro de la Guerra, Hidalgo, telegfoneó a Batet, éste le dijo: “Si intento ahora, a las dos de la madrugada, tomar el edificio de la Radio, lo tomaré; pero me costará sensibles bajas; en cambio, al amanecer, lo tomaré sin sangre. Señor ministro: no se preocupe. Acuéstese, duerma y descanse. Ordene que le llamen a las ocho; a esa hora todo habrá terminado. A sus órdenes. Buenas noches”; en Hidalgo, D., ¿Por qué fui lanzado del Ministerio de la Guerra? Diez meses de actuación ministerial, Espasa Calpe, Madrid, 1934, p. 67. Según Hidalgo, Batet estaba preparado para el intento de golpe de Estado. 2154 De La Cierva, R., Historia de la Guerra Civil Española, San Martín, Madrid, 1969,, t. I p. 371. 2155 Raguer, H., El general Batet, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, Barcelona, 1994, p. 206-207. 2156 Fue fusilado en Barcelona por rebelión el 9 de septiembre de 1936. También fue fusilado en 1936 el capitán de Artillería Luis López Varela y el capitán Fernando Lizcano de la Rosa, que había sido comandante de los mozos de Escuadra desde 1934. 932 al Palacio. Las fuerzas se pusieron en marcha poco después de las 22:00 horas. También dispuso que se prepararan dos piezas más en el castillo de Montjuich para bombardear si fuera necesario la Generalitat y el edificio de Gobernación. Las fuerzas de Batet sorprendieron a los sublevados al llegar por el norte, que sólo tuvieron en su camino el breve tropiezo de un tiroteo en la Vía Layetana. Junto a los capitanes López Varela y el laureado Lizcano de la Rosa, Fernández Unzué situó las dos piezas frente a la plaza, y conminó a la rendición de los rebeldes, anunciando que estaban detenidos al haberse proclamado el estado de guerra. Ante la negativa, y tras dar un ¡Viva la República Española!, Fernández Unzué dio la orden de disparar sin espoleta. Las fuerzas rebeldes principales estaban concentradas en el edificio de Gobernación, al mando de Dencás, pero Batet ordenó a los soldados del cuartel de las Atarazanas que las sitiaran allí, neutralizándolas. En las Ramblas, la compañía del Alcántara nº 34, tras proclamar el estado de guerra en Colón, al embocar la Rambla de Santa Mónica, fue tiroteado, pero forzó el paso hasta el edificio de CADCI, donde un grupo de sublevados se hizo fuerte. Companys, que defendía el Palacio al frente de trescientos Mossos d’Esquadra dirigidos por el comandante Pérez Farrás y los capitanes López Gatell y Escofet, al ver que no podían llegarle refuerzos ni rescatarle, se declaró vencido a las 6:00 horas del 7 de octubre, y se izó la bandera blanca en el Palacio. La rebelión había sido sofocada con relativamente poco derramamiento de sangre. El Estatuto de Autonomía quedó suspendido, y Barcelona sometida a la ley marcial. Pero en Asturias, la situación se complicó. La alianza de socialistas, comunistas y anarcosindicalistas, llamada Alianza Obrera y Campesina, intentó llevar adelante la revolución proletaria. Su lema era “Uníos Hermanos Proletarios”, que solía gritarse utilizando sólo las siglas, ¡UHP! El 6 de octubre se asaltaron las comisarías por la fuerza, incluso con cartuchos de dinamita, por los mineros. Todo el distrito minero quedó en manos de los revolucionarios excepto Oviedo, donde se atrincheró la guarnición de menos de mil hombres. Entre sus defensores estuvieron el teniente coronel de Ingenieros Domingo Moriones, republicano, y el general Rogelio Caridad 2157 Pita , o el comandante Camilo Alonso Vega, segundo jefe de la Caja de Reclutas de Oviedo y defensor del cuartel de Santa Clara. Gran parte de la ciudad acabó cayendo, 2157 Los dos se decataron por el bando gubernamental en 1936; el primero llegó a general del Ejército Popular, el segundo fue fusilado por los nacionales. 933 así como la fábrica de armas de Trubia, donde se almacenaban armas y municiones, y la fábrica de la Unión Española de Explosivos, con almacenes de pólvora, dinamita y trilita. Esta situación desbordó al Gobierno. El jefe del Estado Mayor, general Carlos Masquelet Lacaci, que había relevado a Goded en 1932, había sido nombrado por 2158 Azaña, y tenía reputación de izquierdista . En consecuencia el ministro de la guerra, Diego Hidalgo, desconfiaba de él. Los ministros de la CEDA propusieron la candidatura de Franco, al que Hidalgo apreciaba mucho. Sin embargo, el resto del Gobierno se opuso a que Franco fuera nombrado jefe de las tropas. Hidalgo, entonces, llevó a Franco al ministerio, donde como asesor dirigió las operaciones. Hidalgo conocía el prestigio 2159 de Franco, y le había conocido de visita en las Baleares . Franco dirigió las operaciones desde Madrid, y López de Ochoa sobre el terreno. Se trasladaron rápidamente fuerzas del Ejército de África desde Marruecos a Asturias. Fue entonces cuando se dio el incidente del teniente coronel López Bravo, jefe del batallón de Cazadores de África nº 8, que afirmó que sus hombres no dispararían contra los obreros; 2160 fue rápidamente sustituido . Masquelet obtuvo la aprobación de su plan de campaña bajo el mando del general López de Ochoa, un republicano moderado inspector del Ejército en la región noroeste. Se organizaron varias columnas de tropas y avanzaron hacia Asturias. La más importante de ellas estaba compuesta por dos batallones de infantería y de varias unidades artilleras, procedentes de guarniciones militares de León, al mando del general Carlos Bosch y Bosch. Esta fuerza fue bloqueada por los mineros en Pajares; Bosch fue reemplazado por el general Amado Balmes, que día 16, consiguió forzar el paso. Otra columna, al mando del general Solchaga, salió desde Bilbao con el Regimiento nº 14. Una tercera columna, comandada por el general López de Ochoa, con un solo batallón, avanzó desde Lugo y consiguió llegar hasta Oviedo, pero no pudo levantar el sitio de los mineros, y sólo consiguió reforzar a la guarnición sitiada. Otra, de tres batallones, al 2158 Masquelet procedía del Arma de Ingenieros, era masón y republicano. Pese a que Hidalgo desconfiaba de él, Masquelet fue ministro de la Guerra con la presidencia de Lerroux en abril de 1935, volviendo a ser ministro en el Gobierno del Frente Popular previo a la Guerra Civil. 2159 Hidalgo, D., ¿Por qué fui lanzado del Ministerio de la Guerra? Diez meses de actuación ministerial, Espasa Calpe, Madrid, 1934, p. 77. En la p. 30-31 explica: “…acompañado del general Franco, a quien por su valía, por su pericia militar y por su lealtad al rñegimen, he tenido a mi lado para que me asesorara en todos estos acontecimientos”. 2160 Hidalgo, D., ¿Por qué fui lanzado del Ministerio de la Guerra? Diez meses de actuación ministerial, Espasa Calpe, Madrid, 1934, p. 30 y ss. 934 mando del coronel de Estado Mayor Antonio Aranda, se situó en la cordillera Cantábrica, en posiciones defensivas. El día 10 de octubre llegaron a Gijón varias unidades de Regulares y del Tercio, 2161 procedentes de África, al mando del teniente coronel Yagüe , que se unieron a un batallón procedente de La Coruña. Formaron así una columna de 3.000 hombres, que se abrieron paso hasta Oviedo, quien fue liberado en la tarde del día 12. En la mañana del 14 de octubre, las unidades de Marruecos habían limpiado todos los alrededores. El día 17 fue recapturada la fábrica de armamentos de Trubia. El día 19, López de Ochoa anunció el fin de la rebelión. Los mineros se rindieron incondicionalmente, pidiendo sólo que los Regulares no ocuparan las zonas mineras. Murieron unos ochenta y ocho soldados y ciento sesenta y ocho policías y guardias civiles; y unos novecientos revolucionarios. Tras la rendición, la represión y el desarme fueron dirigidos por el comandante de la Guardia Civil, Lisardo Doval, antiguo oficial de Martínez Anido en Barcelona. El ministro Hidalgo ordenó una investigación, dirigida por el general Manuel García Álvarez. 4.10.3.- Militares a favor de la Revolución. Sin bien es cierto que ninguna unidad militar se sublevó, es llamativo, como ya 2162 destacó Salas Larrazábal , el significativo número de militares procesados cuando menos por su pasividad. Fueron condenados a muerte: en Asturias, el coronel de Artillería, Ricardo Jiménez de la Beraza, director de la fábrica de armas de Oviedo, al no inutilizar el material antes de que cayera en manos de los rebeldes, y el teniente de la Guardia Civil Gabriel Torrens Llompart, que se unió a los rebeldes; en Cataluña, el teniente coronel de Infantería Juan Ricart March, el comandante de Artillería Enrique 2163 Pérez Farrás , el de Infantería Ricardo Sala Ginestá, los capitanes, de Caballería Federico Escofet Alsina, y de Artillería Francisco López Gatell, ambos rebeldes. A 2161 Togores, L.E., Yagüe, el general falangista de Franco, La Esfera de los Libros, Madrid, 2010, p. 118- 119. 2162 Salas Larrazábal, R., Historia del Ejército Popular de la República, La Esfera de los Libros, Madrid, 2006 (1973), t. 1, p. 115-116. 2163 Fue indultado por empeño personal de Alcalá Zamora, porque el Gobierno de Lerroux no quiso proponerlo: Lerroux, A., La pequeña historia, Afrodiosio Aguado, Madrid, 1963, p. 281-288. Pérez Farrás fue ardiente españolista, apoyó a la Dictadura de Primo de Rivera, se enfrentó a ella como artillero; en 1931 se convirtió en jefe de los Mozos de Escuadra de la Generalitat de Cataluña, a los que dirigió contra las fuerzas gubernamentales de Batet. Condenado a cadena perpetua, fue indultado en 1936, recuperó el mando de los Mozos de Escuadra, contribuyó a la derrota de Goded en Barcelona en julio de 1936, se convirtió en asesor militar de Durruti durante la Guerra Civil, pero discutió y regresó a Barcelona. Durante el resto de la contienda estuvo en cargos burocráticos, y se exilió en México. 935 todos los militares les fue conmutada la pena, excepto al sargento Vázquez, que había desertado para unirse a los revolucionarios y que voló un camión con treinta y dos 2164 guardias civiles . Los juicios a los rebeldes fueron demasiado lentos para Lerroux, y la izquierda pudo contrarrestar la derrota con la propaganda: “Las reformas de Azaña, pretendiendo democratizar el Ejército, habían quitado a la justicia militar su mayor eficacia. Los juicios incoados contra los rebeldes marcharon con demasiada lentitud. Se dio tiempo a que la piedad empezase a reblandecer la indignación y en rencor, a pesar de que en Asturias la lucha estuvo durante algunas semanas causando bastantes víctimas y ocasionando 2165 crímenes odiosos” . El comandante de la plaza de Oviedo, el coronel de Infantería Alfredo Navarro Serrano, fue sentenciado el 11 de febrero de 1935 a tres años de prisión y expulsión del Ejército por abandono de puesto. También fueron condenados, en Asturias, el coronel de la Guardia Civil Juan Díaz Carmena, el teniente coronel del mismo cuerpo Juan Moreno Medina, el comandante de Infantería Benito Vallespín Conián; en Barcelona, el teniente coronel Jesús Pérez Salas, el comandante de Infantería Jaime Boch Grassi, los capitanes Arturo Menéndez López, José Guarner Vivancos, Francisco Alonso de Medina y Soler de Morell, tenientes Martín López Segarra, Ezequiel San Miguel de Pablo y Francisco Zamora Medina; en Madrid, el capitán de la Guardia Civil Fernando Condés Romero, el de Infantería Benito Sánchez Delgado, los tenientes de Infantería en la Guardia de Asalto José del Castillo Sáenz de Tejada y Máximo Moreno Martín; en León, el comandante de Aviación Ricardo de la Puente Bahamonde; muerto en rebeldía, 2166 Maximiliano Viardeaux . López de Ochoa, convencido de que Yagüe orquestaba una campaña contra él, ordenó detenerle y procesarle, pero el teniente coronel fue declarado 2167 inocente . Por otro lado, Batet, López de Ochoa y el capitán de la Guardia Civil José Alonso Nar fueron recompensados con la Cruz Laureada de San Fernando. A modo de anécdota, Indalecio Prieto salió de Madrid y huyó de España en el 2168 portaequipajes del vehículo del comandante de Aviación Hidalgo de Cisneros , mientras Largo Caballero era detenido por la implicación de los socialistas en la sublevación. 2164 http://www.eumed.net/rmv/rev-ast/1.htm 2165 Lerroux, A., La pequeña historia, Afrodiosio Aguado, Madrid, 1963, p. 281. 2166 Salas Larrazábal, R., Historia del Ejército Popular de la República, La Esfera de los Libros, Madrid, 2006 (1973), t.1, p. 115-116 2167 Togores, L.E., Yagüe, el general falangista de Franco, p. 137-144. 2168 Hidalgo de Cisneros, I., Cambio de rumbo, Laia, Barcelona, t. 2, p. 118-124. 936 En Madrid, el coronel Valentín Galarza y el general Jorge Vigón pensaron que el miedo a la revolución, ahora tangible, apoyaría un golpe de estado. Se pensó en iniciarlo trasladando a Sanjurjo, ya exiliado en Portugal, a Oviedo. Pero Franco y otros generales desestimaron el proyecto. El 6 de noviembre de 1934, el líder del Bloque Nacional, Calvo Sotelo, renegó en las Cortes del carácter antimilitarista de la Constitución, plasmado en el artículo 70, que establecía que un militar no podía ser presidente de la República hasta haber pasado diez años en el retiro: “Pero la vida es maestra; y esta República, que no puede ser nunca presidida por un militar, ha sido salvada ahora por unos cuantos generales, oficiales y soldados” así como la renuncia a la guerra como instrumento de política nacional, cuando en realidad, lo es, e imprescindible, para la internacional; denunció el odio al ejército, un ejército que para Azaña era el brazo de la Patria, y que para Calvo Sotelo, es más que el brazo, "es la columna vertebral, y si se quiebra, si se dobla, si 2169 cruje, se quiebra, se dobla o cruje España" . Calvo Sotelo reprochó al general López de Ochoa sus pactos con los rebeldes, y atacó al ministro Hidalgo por no haber tomado precauciones para evitar la revolución. Hidalgo dimitió el 16 de noviembre. Lerroux asumió entonces él mismo el ministerio de la Guerra junto con la presidencia del Gobierno. La izquierda denunció las supuestas atrocidades cometidas por el ejército durante la campaña. Lerroux decidió no crear mártires para la izquierda, y sólo fueron condenados a muerte tres dirigentes de la revuelta, a los que se les conmutó la pena. Fueron ejecutados el sargento Vázquez, y un obrero se había dirigido la ejecución de ocho guardias civiles. La derecha presionaba para conseguir más ejecuciones, como la del comandante Pérez Farrás, se había estado al mando de la milicia catalana. Fue necesario hacer crisis en el Gobierno en el mes de marzo. La represión fue, en definitiva, tibia. Pero sirvió de excusa a un sector extremista de la izquierda para manifestarse víctima de abusos, y exigir una amnistía, que sirvió como reclamo electoral. A este respecto, el ministro Chapaprieta hizo la siguiente reflexión: “La lenidad de los tribunales daba lugar a que, como contrapartida, las autoridades gubernativas tuvieran que acordar detenciones que, aunque fuesen justas en el fondo, no eran estrictamente legales, manteniendo indefinidamente 2169 Bullón de Mendoza, A., José Calvo Sotelo, Ariel, Barcelona, 2004, p. 467; Payne, S.G., Los militares… p. 312. 937 esas detenciones al amparo de la suspensión de las garantías constitucionales, recurso que por su carácter extraordinario, no puede usarse en el régimen liberal como medida corriente de gobierno; y ocurría lo peor, cual era que esas detenciones, a veces en masa, que podían estar justificadas en momentos agudos, se convertían en compensación a la flojera de los tribunales, en verdaderas penas, sin proceso ni sentencia, circunstancias aprovechadas por los agitadores para hablar de los abusos e injusticias de la burguesía en daño y persecución de las clases obreras y para levantar sobre ello banderas de combate y amnistía, alrededor de las cuales agruparon grandes fuerzas 2170 electorales, como ocurrió en febrero de 1936” . Tras la dimisión de Hidalgo, Lerroux asumió la cartera de Guerra, y se encontró con algunas dificultades por parte del presidente Alcalá Zamora a la hora de proveer cargos militares. Franco fue designado en febrero de 1935 comandante en jefe de las fuerzas de Marruecos; Goded pasó al Ministerio de la Guerra; Fanjul fue ascendido a general de división por antigüedad; Lerroux devolvió a Millán Astray al servicio activo, pues se pretendía pasarlo a la Reserva. Sobre estos nombramientos, Lerroux escribió: “Me proponía, además, aprovechar mi paso por aquel ministerio para iniciar una política de apaciguamiento en el Ejército, remediando injustas pretericiones, atajando persecuciones personales y suavizando excesivas desconfianzas. (…) “Con frecuencia, pues, yo tenía que llevar a la firma de Su Excelencia propuesta de mandos y destinos cuyos titulares hacían parpadear a don Niceto cuando escuchaba sus nombres. “Tuve que se inflexible, pero a costa de hacer ejercicios de paciencia.(…) “Del mando de unidades no digamos: suspiraba y también ponía los ojos en blanco. Todos los coroneles le parecían sospechosos presentados por mí, no sé si por presentarlos yo o porque don Niceto me suponía descuidado, indiferente o 2171 ignorante” . Para Lerroux, el Ejército de la República era liberal, en su mayoría indiferente a la forma de Gobierno, con minorías monárquica y republicana, ésta inferior a aquélla. Con sus reformas, Azaña no había conseguido nada. Su pretensión de “republicanizar” el Ejército sólo había conseguido soliviantar a un sector importante de las Fuerzas Armadas, y había sido la mayoría indiferente y liberal la que había impedido que en 2172 agosto de 1932 triunfara el golpe de Sanjurjo . 2170 Chapaprieta Torregrosa, J., La paz fue posible. Memorias de un político, Ariel, Barcelona, 1971, p. 380. 2171 Lerroux, A., La pequeña historia, Afrodiosio Aguado, Madrid, 1963, p. 295-297. Al presentarle a la firma el ascenso de Fanjul, Alcalá Zamora sostuvo la pluma en el aire, y dijo: “-¿Usted cree, don Alejandro? -Yo creo, señor Presidente –le respondí-, que es el general que tiene mejor derecho. Antes de terminar mi respuesta, ya había firmado don Niceto” 2172 Lerroux, A., La pequeña historia, Afrodiosio Aguado, Madrid, 1963, p. 296. 938 Calvo Sotelo fundó un nuevo movimiento, el Bloque Nacional, de ideología corporativa y monárquica, al cual se adhirieron Renovación Española, la Comunión Tradicionalista y el Partido Nacionalista Español de Albiñana, pero no Falange 2173 Española, con Jorge Vigón, capitán de Estado Mayor, como secretario general . El manifiesto fundacional, de finales de 1934, postulaba un estado corporativo y consideraba al Ejército como la "espina dorsal" de España; Sanjurjo, desde el exilio, 2174 envió su adhesión al mismo . 4.11.- Varela ascienda a general de Brigada. En octubre de 1934, el coronel Varela, aún estaba en situación de disponible, adscrito a la Segunda División Orgánica, desde agosto de 1932, y residía en Cádiz, en la Plaza de las Cortes nº 5. Se encontraba en esta ciudad de tertulia vespertina con los marqueses de la Vega de la Sagra, cuando a través de la radio supieron que había estallado la revolución en Asturias, y que desde el balcón de la Generalidad de Barcelona, el presidente Companys, empujado por exaltados y románticos, así como por oportunistas, había proclamado la independencia de Cataluña. En Madrid, José Antonio Primo de Rivera, quien ya había fundado Falange, se ofreció con sus jóvenes al gobierno para defender la unidad de España. De la misma forma, Varela se puso a las órdenes del Ministro de la Guerra, del cual a su vez había solicitado la colaboración del 2175 general Franco . El Estado Mayor Central acusó recibo del ofrecimiento de 2176 Varela , pero éste fue declinado. Varela se presentó diputado a Cortes en las elecciones por San Fernando, y en enero de 1934 escribió una carta notificándoselo a Juan Collantes, y pidiéndole que le apoyara entre sus conocidos. En ella, Varela afirmaba no tener significación política, y desear sólo trabajar por su pueblo, basándose en la fama de su nombre: “…es lógico que mi candidatura tenga un matiz y un carácter de independencia, ya que ni tengo 2173 Cardona, G., El poder militar… p. 207. 2174 Bullón de Mendoza, A., José Calvo Sotelo, Ariel, Barcelona, 2004, p. 479-480. La Comunión Tradicionalista se retiró cuando en enero de 1936 el infante Alfonso Carlos designó su heredero a Javier de Borbón-Parma, con lo que se rompía la sucesión sanguínea, que era Alfonso XIII. 2175 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 5, telegrama dirigido al Ministro de la Guerra, fechado el 6 de octubre de 1934: “Coronel Infantería José Varela Iglesias disponible esta Plaza me manifiesta se pone incondicionalmente a las órdenes de V.E. por si estima útiles sus servicios en los momentos actuales reiterando su adhesión a los poderes y su lealtad” A continuación se añade: Tramitado cuatro veces; la firma el General Comandante Militar, escrito encima, ilegible E.M. 2176 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 6, oficio, fechado en Cádiz el 9 de octubre de 1934, firmado por el General Comandante Militar, membrete “Comandancia Militar de Cádiz. E.M.”; fol 7, telegrama fechado el 9 de octubre: “Recibido telegrama ofrecimiento coronel Varela se tendrá muy en cuenta caso necesario”. 939 temperamento político ni mi condición de militar puede llevarme a la filiación de una 2177 bandera política” . Aún escribió dos cartas más a Collantes: en una, Varela le encarecía que le diera ideas sobre cómo impulsar su campaña; contaba que había visitado el Puerto de Santa María y Puesto Real, con el coche del marqués de la Vega de Sagra, y que estaba satisfecho pues había recibido buena impresión de su 2178 candidatura . En la otra, explicaba que pronto iría a Madrid para empezar el curso de general, y le pedía un favor para un hombre con siete hijos que deseaba ser empleado 2179 municipal . Varela visitó San Fernando para propagar su candidatura en enero de 2180 1934 . En 1932, Varela había solicitado al Centro de Estudios Superiores Militares su admisión para participar en el curso de coroneles, siéndole denegado por estar en 2181 prisión . Volvió a solicitarlo en diciembre de 1933, y le fue concedido, teniendo en cuenta que ya se le había otorgado en 1932, y habían cesado las causas que motivaron 2182 su exclusión, es decir, su estancia en prisión . El 19 de julio de 1934 se le extendió el pasaporte para viajar desde Cádiz “a Jaca, Pamplona, San Sebastián, Santander, Bilbao, Ferrol, Coruña y otros puntos de las provincias de Huesca, Navarra, Guipúzcoa, Vizcaya, Asturias y Coruña, Madrid y 2183 Cádiz”, para asistir al citado curso de ascenso . En septiembre de 1934 regresó a Cádiz, habiendo obtenido el primer puesto en 2184 las calificaciones del curso . Sin embargo, el ascenso efectivo se hizo esperar hasta el año siguiente. En mayo de 1935 se dio la noticia de que el ascenso era inminente, pero 2185 no fue así . En febrero de 1935 se presentó el proyecto de reforma del Reglamento de Recompensas, del que en el Archivo de Varela se guardan un análisis y propuesta de 2177 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 11-12, carta mecanografiada, fechada en Madrid el 10 de enero de 1934, firmada por Varela. 2178 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 13, carta mecanografiada, fechada en día 18, muy posiblemente de enero de 1934, firmada por Varela. 2179 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 13, carta mecanografiada, fechada en día 9, 1934, firmada por Varela. 2180 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 10, Diario de Cádiz, 15 de enero de 1934, “El coronel Varela”. 2181 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 15, oficio, fechado en Sevilla el 22 de octubre de 1932, con membrete “Segunda División. Estado Mayor. Aspectos varios”; en el mismo oficio se le denegaba el curso al coronel de Artillería Félix Ballenilla Jiménez. 2182 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 16-17, oficio fechado en Cádiz el 9 de enero de 1934, firmado por el General Comandante Militar, membrete de “Comandancia Militar de Cádiz. E.M.”. 2183 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 18-19, impreso, pasaporte rellenado a nombre del coronel José Varela, encabezamiento “Ministerio de la Guerra”. En el Archivo de Varela se conservan algunos de los apuntes manuscritos realizados por Varela en dicho curso: ACGJEVI, Carpeta 13, fol 20-24, manuscrito; fol 25- 30, mecanografiado. 2184 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 32, La Información, 21 de septiembre de 1934, “El coronel Varela”. 2185 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 52, Diario de Cádiz, 25 de mayo de 1935, “El coronel Varela”. 940 2186 enmiendas , no sabemos si preparadas por él, aunque lo parece, en su situación, sin destino. En el texto se afirma se ha abusado de la concesión de las Medalla Militar en la reciente campaña de Asturias, y que ésta debería ser incompatible con el premio de la Laureada por el mismo acto, como al parecer también ha pasado en dicha campaña. Varela ascendió a general de brigada el 30 de octubre 1935, al ocupar 2187 una vacante, con cuarenta y cuatro años, a pesar de la “Ley de Congelados” . Según Gil Robles, este ascenso, en el que Varela ocupó la vacante del general Enrique Padilla López, no fue bien aceptado por el Presidente de la República, Alcalá Zamora, que 2188 hubiera preferido ver ascender a Asensio Torrado . La prensa se hizo eco del hecho, 2189 repasando su brillante trayectoria y recordando cómo consiguió sus Laureadas . Fue muy felicitado por las autoridades, amigos y admiradores. El 7 de diciembre se le concedió la Placa de la Orden Militar de San Hermenegildo, con antigüedad del 24 de 2190 enero de 1934 . Este ascenso a general fue lo último que firmó Gil Robles como ministro, y para Varela supuso una gran satisfacción personal. Cuando cesó Gil Robles, Varela fue a buscarle al Ministerio y lo acompañó a su casa. No obstante, Varela estaba convencido de que se había cometido con él una injusticia en su ascenso, y por ello reclamó. Varela pretendía al ascender que se le reconociera la antigüedad no del día de su ascenso, sino del día de la baja del general al que sustituía. El ya general García Álvarez le remitió el escalafón de coroneles el 1932, y dedujo que en agosto de 1932, cuando fue encarcelado y encausado, habían en activo 79 coroneles, de los cuales él era el número 26, es decir, que entraba en el primer tercio 2191 2192 que tenían opción a ascender . Repasó las leyes que interesaban a su caso , entre 2186 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 83-92, textos mecanografiados con anotaciones manuscritas, sin fecha ni firma. 2187 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 35-37, Blanco y Negro, 1935 , “Hombres de España. De Soldado a general: José Varela Iglesias”, firmado por Gabriel Greiner. Los “congelados” eran los militares ascendidos durante la Dictadura, y que durante el Ministerio de Azaña, basándose en que eran ascensos irregulares, pasaron a ocupar los últimos puestos del escalafón. Hidalgo intentó solucionar esta situación con un proyecto de ley, leído en las Cortes el 27 de septiembre de 1934. 2188 Gil Robles, J.Mª., No fue posible la paz, Ariel, Barcelona, 1968, p. 240. 2189 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 39, La Correspondencia de San Fernando, 31 de octubre de 1935, “El general Varela”, con fotografía; fol 41, “Del ascenso a General de nuestro paisano Varela”; fol 42, La Información de Cádiz, 31 de octubre de 1935, “El general Varela”; fol 43, Diario de Cádiz, 31 de octubre de 1935, “Asciende a general el coronel Varela”; fol 44-48, Diario de Cádiz, 1 de noviembre de 1935, “Desde San Fernando. El ascenso al generalato del Sr. Varela”; fol 49, La Correspondencia de San Fernando, 1 de noviembre de 1935, “Isleños distinguidos. El General Varela” 2190 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 50, oficio, fechado en Sevilla el 24 de diciembre de 1935, firma ilegible, membrete de la “Segunda División. Estado Mayor. Contabilidad y asuntos generales”. 2191 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 53-60, “Alta y Baja de coroneles de Infantería en cada uno de los meses de 1932…”, texto mecanografiado. 941 ellas que al poseer la Laureada y entrar en el primer tercio tenía preferencia para el ascenso. Consultó a su amigo Manuel García Álvarez, ya general de brigada y 2193 comandante militar de Salamanca determinados puntos. García Álvarez le comentó que en efecto algunos generales habían conseguido la antigüedad de sus sustituidos, como el general Padilla, que ascendió el 31 de julio de 1933, pero le dieron la antigüedad del 27 de agosto de 1932, fecha en que se retiró el general Ruiz Fornells; lo mismo pasó con Morales y con el general Fernández Burriel. García Álvarez no veía problema, pero sí le advertía que comprobara si cumplía las condiciones, sobre todo de los períodos al mando de unidades; esto se debía a que se exigían tres años al mando de una unidad como comandante en Jefe, y Varela solo había estado dos años como coronel, pero se debía contar como tal su gobierno de los Regulares de Ceuta. Debe recordarse que si Varela no hubiera sido detenido y encarcelado, hubiera acabado el curso el 15 de agosto de 1933. En su carta, ya en el terreno más personal, García Álvarez se quejaba de no ser destinado a Marruecos, entendía que el general Franco tenía muchos candidatos para esos puestos, pero podía recordar el citado general que durante la rebelión de Asturias encargó al propio García Álvarez “la desagradabilísima comisión de Oviedo”. Luego cita un asunto poco explicado, al parecer un nombramiento que se le iba a dar, y que finalmente fue otorgado al general Fanjul. En una segunda carta García Álvarez afirmaba más claramente que Varela tenía derecho a reclamar la antigüedad correspondiente a haber realizado el curso cuando se le concedió, y que no pudo hacer por haber sido ingresado en prisión para después ser su caso sobreseído. Recuerda casos de oficiales de excedencia que ascendieron una vez cumplidos los años de servicio obligatorio con sus mandos. Por último, confesaba sentirse inquieto por una disposición emitida por el ministro de la Guerra en que habla de defectos en las formaciones, publicada inmediatamente después de su visita a Salamanca; le ha afectado de tal modo que si se confirmaba que había sido por su 2194 unidad, estaba dispuesto a pedir el pase a disponible . 2192 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 61, Real Orden Circular del 13 de noviembre de 1919; fol 62, Ascensos y Orden de San Fernando; fol 63, Ley del 7 de julio de 1922; 2193 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 64-65, carta mecanografiada fechada en Salamanca el 30 de junio de 1935, con membrete “El General Jefe de la 14ª Brigada de Infantería y Comandante Militar de Salamanca”. 2194 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 66-67, carta mecanografiada fechada en Salamanca el 3 de julio de 1935, con membrete “El General Jefe de la 14ª Brigada de Infantería y Comandante Militar de Salamanca”. 942 En una tercera carta, García Álvarez le anunció que le remitía un modelo de instancia para solicitar la antigüedad a la que creía tenía derecho, y le aconsejaba que solicitara la correspondiente a las bajas fulminantes de Millán Astray o de Emilio Mola, 2195 2196 porque no se cubrieron . La instancia en cuestión , dirigida al ministro de la Guerra, recuerda sus grandes méritos, sus Laureadas, sus ascensos por méritos de guerra, su destino en la Harka,, hasta que le fue conferido el 25 de abril de 1930 el mando del Regimiento de Infantería de Cádiz nº 27, del que fue cesado el 11 de agosto de 1932 “…y fue detenido y procesado en virtud de infundada, incalificable y cobarde denuncia relacionada con sucesos políticos que por entonces tuvieron lugar, escuchada en mal hora y con desusada ligereza por quien olvidó que el mando de ese Regimiento se había ejercido con infatigable desvelo y firme voluntad de acierto, logrando que ni la más leve sombra de indisciplina se cerniera sobre sus individuos…”. El texto es relevante, porque en él Varela hace declara su inocencia: “Incalculables son Excmº Sr. las amarguras y los perjuicios sufridos como consecuencia del infundado proceso…”, entre ellas no poder asistir al curso de Coroneles de 1932-1933, al que podía acceder dada su antigüedad. A causa de su prisión, tuvo que esperar al curso siguiente, de febrero a agosto de 1934, en el que obtuvo la calificación de apto. Solicitaba que dicha aptitud para el ascenso se le retrotrajera al 7 de septiembre de 1933, cuando hubiera acabado el curso al que no pudo asistir por estar erróneamente procesado, además de habar mandado tropas como primer Jefe durante más de seis años, y llevar veinticuatro de servicio. Recordaba que al estar en posesión de la Laureada tenía preferencia para el ascenso sobre los integrados en su primer tercio de antigüedad. Varela razonaba que por todas estas razones le correspondía una antigüedad del 7 de septiembre de 1933, y en consecuencia tenía derecho a ocupar la primera vacante producida en el generalato, con la antigüedad correspondiente a la vacante, y citaba a continuación los casos que le había explicado García Álvarez; Varela se consideraba con mayor derecho a una vacante más remota, y citaba las producidas por el pase a segunda reserva de Millán y Mola, decretadas tras el 10 de agosto de 1932. En definitiva, suplicaba se le rectificara la antigüedad, además de por los méritos antes referidos y las causas expuestas, por sus muchos servicios, heridas y méritos. Varela obtuvo el ascenso a general de Brigada el 26 de octubre de 1935. 2195 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 68-69, carta mecanografiada fechada en Salamanca el 14 de agosto de 1935, con membrete “Infantería. El General García Álvarez”. 2196 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 74-78, cuartillas mecanografiadas. 943 2197 García Álvarez le escribió en noviembre de 1935 . Le contó que Franco se detuvo en Salamanca por una avería de su automóvil, y que estuvieron hablando; y le explicó que Campins, en unas circunstancias similares a las de Varela, había conseguido que se le reconociera la antigüedad que debía tener si hubiera ascendido a general cuando le correspondía, pero no mayor que la de la vacante, aunque sí una preferencia para cuando tuviera que ascender a divisionario. García también le dijo que sacó a conversación el tema de Varela, que Franco aún no conocía, defendiendo su derecho. García confesaba que deseaba ser trasladado a Madrid por tener una hija enferma y encontrarse allí mejores médicos, o a Marruecos, pero no se atrevió a recordárselo a Franco. Aunque pensaba solicitar a éste el destino de inspector de Movilización del Estado Mayor Central. Por otro lado, García afirmó que se oía por Madrid que Varela iba a ser nombrado director de la Academia de Infantería, o destinado a la Brigada Mixta de Asturias. A continuación comentaba “el cambio de postura de Capaz”. García había hablado con el comandante de la Guardia Civil Lisardo Doval, quien le explicó que se había tenido que ir de Marruecos por discusiones con Capaz, y que éste se llevaba mal con el Alto Comisario; también otra persona le había comentado que en el ministerio había un dossier sobre Capaz “en el que no quedaba muy bien parado”. Respecto de su reciente petición de traslado a Melilla, García afirmaba que se debía a sus contactos en la Masonería: “Mucho premio me parece para quien sea como sea, es lo cierto que no ha dado gusto en el destino que desempeñaba. No cabe duda que su inscripción en la logia de que es mayor contribuyente Guerra del Río en Mayo de 1932, cuando desempeñaba el cargo de Comandante Militar de Las Palmas, le ha traído fama, adelanto en la carrera y derecho a elegir destino”. Por último, García Álvarez, como era habitual entre amigos, recordaba a Varela que tiempo atrás había pedido que “enchufara” a una persona, y ahora solicitaba a éste que le devolviera el favor, y que hablara con sus amigos de la Armada, pues su hijo Julio, abogado, iba a hacer oposiciones para ingresar en el Cuerpo Jurídico de la Armada. El general Manuel García Álvarez se quedó en Salamanca, y el 18 de julio apoyó el levantamiento contra el Gobierno del Frente Popular. Varela no obtuvo, según su hoja de servicios, rectificación en su antigüedad. Al ascender a general siguió en situación de 2197 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 79-82, carta mecanografiada fechada en Salamanca el 9 de noviembre de 1935, con membrete “El General Jefe de la 14ª Brigada de Infantería y Comandante Militar de Salamanca”. 944 disponible forzoso desde el 1 de noviembre de 1935 hasta el estallido de la Guerra Civil. Por último, a modo anecdótico, cabe registrar que desde 1934, la piedad religiosa de Varela le llevó a ser uno de los Mayordomos de la Venerable Esclavitud de Nuestra Señora de las Mercedes de Cádiz, conservándose en el Archivo una carpeta con 2198 diversos recibos y facturas correspondientes a las fiestas de ese año . También fue miembro de otras asociaciones religiosas. 4.12.- Gil Robles, ministro de la Guerra Lerroux no consiguió apagar el descontento del ejército, sobre todo entre los oficiales jóvenes. La UME aumentó su fuerza, e inició relaciones con la Falange Española. A principios de 1935, José Antonio Primo de Rivera se entrevistó con dirigentes de la UME, Barba Hernández y Pardo Reina, pero éstos sólo se comprometieron a facilitar la propaganda falangista una vez que la junta militar provisional tomara el poder tras el golpe; se acordó mantener el régimen republicano y la separación entre Iglesia y Estado. A finales de febrero de 1935, la UME contactó con los monárquicos carlistas y alfonsinos a través de Valentín Galarza. Los monárquicos se comprometieron a financiar a la UME. En la primavera de 1935, la UME evolucionó en su postura, cambiando sus objetivos: ya no consistía en luchar contra la revolución y a favor del Gobierno, sino que ahora se defendía llevar a cabo un golpe de estado. Sus líderes principales eran el militarista Barba Hernández; el teniente coronel retirado de infantería Tarduchy, falangista recién pasado al Carlismo; el comandante de infantería retirado Luis Arredondo, falangista, jefe de la milicia falangista, y gran organizador; el coronel retirado de infantería Ricardo Rada, carlista; el capitán de ingenieros Sánchez Sacristán; el capitán de infantería Gándara. Los más influyentes en el grupo eran Goded y Barba Hernández, se actuaba de presidente. Goded no formaba parte de la junta, pero era un elemento importante desde que Lerroux le encargara crear un organismo de inspección del Ejército dentro del ministerio de la Guerra. En mayo, la junta central de la UME envió a Pardo Reina a París para negociar un préstamo de un millón de dólares con la Standard Oil, posiblemente a cambio de beneficios en el mercado petrolífero dentro del 2198 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 301-642, impresos, manuscritos, fotografías varias. Abarcan documentación contable desde el 16 de septiembre de 1934 hasta el 27 de diciembre de 1938. 945 país una vez desarrollado el golpe. Pardo Reina se entrevistó con el señor Janet, pero no 2199 consiguió nada . La UME no crecía, por un lado por falta de relación con los generales, y por otro porque el gobierno de centroderecha parecía tener controlada la situación y satisfacía a un amplio sector del ejército: imperaba el orden y no parecía necesario alterar el orden constitucional. En el gobierno, Gil Robles no se atrevió a llevar a cabo su ambicionada reforma de la Constitución; incluso refrenó la propuesta a favor de impedir a los oficiales afiliarse a la Masonería, hasta el punto de convertirla en una exhortación a favor de la disciplina. Los generales considerados masones eran, de división, Cabanellas, Gómez de Morato, López de Ochoa, Molero, Riquelme, Villa Abrille; de brigada, Castelló, Llano de la Encomienda, Martínez Cabrera, Martínez Monge, Miaja, Romerales. La Masonería seguía teniendo un peso en el Ejército español, sobre todo en la adscripción izquierdista de los militares. En el invierno de 1934-1935, los planes de la CEDA aún no se habían llevado a cabo. En mayo de 1935, Lerroux formó un nuevo gobierno en el que entró Gil Robles en la cartera de Guerra. Algunos izquierdistas para desgastar al Gobierno, acusaron con evidente falsedad que lo hacía para preparar un golpe de estado, pero en realidad Gil Robles no deseaba tal cosa, sólo deseaba reorganizar el Ejército, restaurar el orden 2200 jerárquico minado por la politización , someter el Ejército al poder civil, y aumentar la capacidad de combate, en un contexto de tensión internacional por el expansionismo 2201 italiano . Gil Robles quería una República más estable, y para ello es necesario establecer relaciones cordiales y sólidas con las altas jerarquías del ejército. Gil Robles inició conversaciones con los generales más influyentes para recabar información. Los generales se quejaron de falta de munición: sólo había para 24 horas de combate, y del material anticuado: los bombarderos eran de 1919 y solo tenían bombas de seis kilos, 2199 Payne, S.G., Los militares… p. 314-315. 2200 Azaña se atribuyó entre sus méritos como ministro de la Guerra haber intentado evitar esta politización, afirmando haber establecido “restricciones menos conocidas del público puestas a los abusos de la politiquería empeñada en llamar a las puertas de los cuarteles”, así como “la repulsa de todo nexo político con los militares en activo mientras ejercí funciones de mando”, añadiendo en una nota: “A cuantos militares me consultaron sobre el caso, les diasuadí de inscribirse en mi propio partido”: Azaña, M., Mi rebelión en Barcelona, Madrid, 1935, p. 68-69.Obviamente, Azaña fracasó en sus propósitos. 2201 Salas Larrazábal, R., Historia del Ejército Popular de la República, La Esfera de los Libros, Madrid, 2006 (1973), t.1, p. 91. El general Franco pergeñó un plan de defensa de las Baleares, Arrarás, J., Franco, San Sebastián, 1938, p. 170-171. 946 etc. Seco destaca que satisfacer a los perjudicados por la política de Azaña hubiera supuesto desmontar algunas medidas de éste, destacando la reapertura de la Academia 2202 General Militar, y la creación de nuevas unidades motorizadas y de montaña . Gil Robles inició importantes cambios. El 17 de mayo, Franco pasó de Marruecos a la jefatura del Estado Mayor Central, y fue nombrado miembro del Consejo Superior de Guerra. Franco no sólo tenía un historial brillante, era también cuñado de Ramón Serrano Súñer, Vicepresidente de Acción Popular. Mola volvió a Marruecos y salió del ostracismo. Goded fue ascendido y nombrado director general de Carabineros, además de mantenerse como jefe de Inspección del Ejército en el Ministerio de la Guerra, inspector general de la Aviación Militar y juez de la Sala Sexta (militar) del Tribunal Supremo. El general Joaquín Fanjul Goñi fue nombrado 2203 subsecretario del ministerio de la Guerra , y Martínez Anido volvió al servicio activo. Paralelamente, los jefes más ligados a Azaña fueron relegados: Miaja, Hernández Saravia, Riquelme, Mangada, los jefes de aviación Sandino e Hidalgo de Cisneros… Se volvió a autorizar los ascensos por méritos de guerra en grados intermedios, algo que era meramente simbólico pues no había guerra. Se reimplantaron los Tribunales de Honor, tribunales que permitían expulsar del ejército a los oficiales acusados de actos de deshonor. Se permitió la celebración de actos religiosos en el ejército y en las asambleas de oficiales. Gil Robles intentó modernizar el material de guerra. Gil Robles elaboró nuevas plantillas, pensó en motorizar dos nuevas divisiones y reorganizar algunas unidades, pero tampoco llevó mucho de todo esto a la práctica. Desarrolló un presupuesto para armamento con carácter trienal para fabricar aviones y artillería: los cazas eran más lentos que los aviones comerciales, los obuses de 155 mm carecían de tractores, los cañones de 150 mm no tenían munición, no habían carros de combate, caretas antigás, contra carros, defensa química, vestuario de reserva ni munición para dos días de combates. Se dotó a todos los soldados de cascos de acero, se planificó la construcción de veinticuatro nuevas baterías de artillería, y la reparación de las existentes. Se amplió la fábrica de armas de Toledo en trescientos cincuenta trabajadores para aumentar la producción en 800.000 cartuchos al día. Se iniciaron estudios sobre gases tóxicos, y se inició una pequeña campaña para la población sobre la guerra química. A finales de 2202 Seco Serrano, C., Militarismo y civilismo… p. 409-410. 2203 García Venero, M. El general Fanjul. Madrid en el Alzamiento Nacional, Madrid, 1967, p. 198. 947 julio de 1935, se celebraron maniobras cerca de Oviedo, ciudad cuyo gobernador militar era el coronel Antonio Aranda, brillante oficial de Estado Mayor, para probar experiencias de guerra en la montaña. Éstas prácticas demostraron el bajo nivel de la Aviación militar, donde la mitad de los aparatos no estaban en condiciones de volar en combate. En diciembre se requirieron más aparatos de bombardeo y caza, y se impulsó la construcción de una fábrica de aeronáutica en Guadalajara, planificada diez años atrás. Gil Robles decretó también la militarización de los obreros de las fábricas de armas. Para Gil Robles el Ejército debía de ser un "instrumento adecuado para una vigorosa política nacional", para "defender a la Patria de enemigos exteriores e interiores, incluso de quienes se hallan separados de nosotros por discrepancias de 2204 política partidista" . Pese a las acusaciones de la izquierda, no inspiraba un pronunciamiento, ni pretendía establecer un régimen militar. En septiembre de 1935, el Partido Agrario retiró su apoyo a Lerroux, y este cayó. Le sustituyó el día 25 el independiente Joaquín Chapaprieta Torregrosa, que mantuvo a Gil Robles como ministro de la Guerra. El 1 de octubre de 1935, Gil Robles volvió a hacer patente en las Cortes su fidelidad al régimen republicano. La UME se había radicalizado y por su tono violento se fue debilitando. Radicalizada, no reflejaba las opiniones de la organización en su conjunto, y acabó perdiendo toda su influencia por su radicalismo. Para llevar adelante sus planes de modernización, Gil Robles necesitaba más dinero. Los presupuestos militares habían disminuido, de 433.600.000 Ptas, a 338.300.000 Ptas, en 1934. En 1935 volvió aumentar, llegando a los 404.400.000 Ptas. El número de soldados no varió desde la época de Azaña, unos 110.000 soldados dirigidos por menos de 8.000 oficiales. Aumentó el número de subtenientes. Se alentaba a los buenos soldados a reengancharse, para así eliminar a los malos reclutas, pero suponía un mayor gasto de dinero. A finales de 1935, las tensiones entre Italia y Gran Bretaña en el Mediterráneo hicieron pensar en la posibilidad del estallido de una guerra. El general Mola elaboró un plan de movilización del Protectorado, y el Estado Mayor diseñó un plan de rearme para tres años. Eso suponía aumentar los gastos, en un contexto de crisis económica, de aumento del déficit presupuestario y de austeridad. Se decidió aumentar los gastos 2204 Cardona, G., El problema militar en España, p. 165; Seco Serrano, Militarismo y civilismo… p. 408- 409; Salas Larrazábal, R., Historia del Ejército Popular de la República, La Esfera de los Libros, Madrid, 2006 (1973), t.1, p. 90-94. 948 militares en un 40% para 1936. Para recaudar más dinero, Chapaprieta propuso aumentar los impuestos sobre herencias, y establecer un impuesto territorial sobre grandes propiedades. La CEDA y los Agrarios se negaron, y retiraron su apoyo al Gobierno, que además estaba salpicado por los escándalos de los radicales. Chapaprieta tuvo que dimitir el 9 de diciembre. Gil Robles pensó que había llegado su hora, pero el día 11 de diciembre de 1935, el presidente Alcalá Zamora se negó a entregar el poder a la CEDA, pese a ser la minoría más importante. Alcalá Zamora quería entregar el poder a un presidente de gobierno de transición, que convocara nuevas elecciones. Pero, como dice Chapaprieta en sus memorias, Alcalá Zamora “había tenido la habilidad de ir indisponiéndose, hasta personalmente, con los más significados políticos de la República. Cuando yo salí del gobierno, tenían cortadas las relaciones con el señor Alcalá Zamora, que yo recuerde ahora, los señores Azaña, Largo Caballero, Prieto y Sánchez Román en las izquierdas, y los señores Lerroux, Gil Robles y Maura del cetro y derecha”, 2205 y tampoco se llevaba bien con Santiago Alba . Alcalá Zamora ofreció la presidencia del Ejecutivo a Martínez de Velasco y a Miguel Maura, pero con la 2206 condición de que Gil Robles no tuviera la cartera de Guerra . Gil Robles pensó que Alcalá Zamora no jugaba limpio, porque no respetaba a la principal fuerza parlamentaria independiente, y no le daba ocasión de gobernar, como habían demandado las urnas. Según Payne, el subsecretario de Guerra, general Fanjul, le instó a que permitiera que los militares dieran un golpe de Estado, y le dijo: “Si usted me lo ordena, yo me echo esta misma noche a la calle con las tropas de la guarnición de Madrid. Me consta que Varela piensa como yo, y otros, seguramente, nos secundarán”. Gil Robles, consciente de que la pretensión de Alcalá Zamora de disolver las Cortes era anticonstitucional, le pidió a Fanjul que consultara con Franco, para que se sondeara al Ejército sobre la posibilidad de implantar la ley marcial y forzar al Presidente de la República al nombrar un gobierno de derecha. Varela, Goded y Fanjul se reunieron esa noche y recogieron las consultas. Calvo Sotelo, enfermo de ciática, les envió al teniente coronel Valentín Galarza para apremiarles a pronunciarse. Pero las respuestas no eran 2207 alentadoras, y Franco respondió que el Ejército no apoyaría la iniciativa golpista . 2205 Chapaprieta Torregorsa, J., La paz fue posible. Memorias de un político, Ariel, Barcelona, 1971, p. 382. 2206 Chapaprieta, J., La paz fue posible, p. 331. 2207 Payne, S.G., Ejército y sociedad… p. 438.; Gil Robles, J.Mª, No fue posible la paz, p. 365-367; Seco Serrano, C., Militarismo y civilismo…, p. 412-413, recoge un testimonio personal de Gil Robles, que afirma que ven el proceso, Varela acompañó a Fanjul en sus propuestas y resolución. Bullón de Mendoza 949 Alcalá Zamora entregó el gobierno a Manuel Portela Valladares el 15 de diciembre de 1935. Para evitar una reacción por parte de Gil Robles, ministro cesante de la Guerra, la Guardia Civil y la Guardia de Asalto fueron concentradas cerca de los cuarteles del Ejército en Madrid, apuntando sus armas hacia el ministerio de la Guerra, mientras Gil Robles abandonaba el edificio. Fanjul y Goded estaban dispuestos a actuar, pero Franco no, porque pensaba que aquello era una disputa partidista, y que la situación del régimen aún podía salvarse a través de cauces legales. Además, Gil Robles sabía que Goded estaba en buenas relaciones con Calvo Sotelo, y otros extremistas, y confiar en él podía resultar muy peligroso. 4.13.- La preocupación ante la infiltración revolucionaria en los cuarteles. Según algunos oficiales, el 25% de los reclutas de 1935 eran miembros de 2208 organizaciones izquierdistas . De éstas, la más activa a nivel militar era el Partido Comunista, que procuró establecer células en las guarniciones donde podía, y publicó un periódico militar clandestino, La Voz del Cuartel, donde se exigía la implantación de los soviets y la elección de los oficiales. Dentro del Partido se creó una Secretaría antimilitarista, se recogía datos sobre armamento, estructura del ejército, etcétera. También tenían agitadores entre la población nativa y las tropas del Protectorado, y fueron los responsables de los motines y agitaciones de mayo de 1931. Los anarquistas no quedaban a la zaga, tenían ya una larga trayectoria de infiltración en cuarteles, como 2209 ya se vio en el caso de Villanueva de la Serena . Del 31 de octubre de 1935 se conserva un texto en el Archivo de Varela, presumiblemente escrito por Goded, donde refleja su honda preocupación ante la 2210 inminencia de una revolución . Estudia la reciente revuelta de Asturias, donde las fuerzas de Seguridad fueron incapaces de detener el movimiento, y que ha puesto de manifiesto la cantidad y el armamento del enemigo rebelde. Los revolucionarios fueron capaces de aplastar en pocas horas a las fuerzas del orden público, y el ejército sólo pudo vencerlas en dura acción de guerra. Por consiguiente, solo el Ejército, como se demuestra que Calvo Sotelo no fue organizador, pero sí conocedor de la conspiración. Galarza recibía de los monárquicos mil pesetas mensuales en concepto de apoyo a la conjura, supervisadas por Calvo Sotelo y Vigón. Calvo Sotelo también conocía al fundador de la UME, Bartolomé Barba: Bullón de Mendoza, A., José Calvo Sotelo, Ariel, Barcelona, 2004, p. 657. 2208 Arrarás, J., Franco, San Sebastián, 1938, p. 195. 2209 Paniagua, J., Anarquistas y Socialistas, Historia 16, Madrid, 1999. 2210 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 103-106 texto mecanografiado, “La alianza revolucionaria y la situación del Ejército”, fechado el 31 de octubre de 1935, sin firma. 950 demostró en Barcelona, puede detener la oleada revolucionaria. Pero conscientes de la necesidad de controlar al enemigo, las fuerzas subversivas se preocupan de socavar al ejército: "Para ello, su medio más hábil, preconizado en todos los programas de acción de los partidos comunistas, consiste en hacer ingresar como voluntarios en las unidades militares a individuos elegidos por ellos entre quienes mejor pueden realizar la captación de sus compañeros". Afirma que el Ministerio de la Guerra estudia escrupulosamente a los voluntarios para impedir la infiltración de elementos perturbadores. Pero no puede impedirse el ingreso, en los soldados de reemplazo, de individuos subversivos, cuya proporción está aumentando de forma alarmante, sobre todo comunistas, y que se podría fijar en un 20% de reclutas de ideas revolucionarias. De los 155.000 reclutas de 1934, se dice que hay 372 anarquistas, 2,568 anarcosindicalistas y 1.595 comunistas; de 1935, con 151.000 reclutas, se dice que hay 335 anarquistas, 2.260 anarcosindicalistas y 2.977 comunistas. Es decir, que el número de comunistas casi se ha duplicado, y el porcentaje de reclutas de ideología subversiva se ha incrementado en un año del 3% al 3’6%. A esto se añade, según el informe, que para 1936 se incorporarán 147.000 reclutas, con 1.037 subversivos más en filas, esta cifra hipotética, pero es la que ha crecido de 1934 a 1935, por lo que el autor debió de considerar probable que se mantuviera una similar; a estos grupos hay que añadir unos 17.000 socialistas, que por jóvenes se inclinarán hacia el comunismo, más unos 8.000 separatistas vascos y catalanes. La alianza de todos estos elementos es muy posible, pues ya se ha dado en la Revolución de 1934, y ha sido el prestigio ganado en esta revuelta “como organizadores y dirigentes del movimiento revolucionario de Asturias” lo que provoca el rápido crecimiento de los comunistas. Los profesionales militares, unos 11.000 oficiales y otros tantos suboficiales, son en su inmensa mayoría partidarios del orden social, “principal sostén de la disciplina y de la fidelidad del Ejército a los Poderes constituidos”. Se han detectado un centenar de oficiales y suboficiales subversivos que han sido separados de sus unidades previo expediente. Mayor peligro tienen los Jefes, unos simpatizantes, otros tolerantes, por lo que es necesario detectarlos y apartarlos del mando. Este texto demuestra el temor que asaltaba a los jefes y oficiales del Ejército después de la revolución de Asturias, y de cómo pensaban que el único elemento social capaz de detener el movimiento subversivo era el Ejército. En otro texto, escrito meses después del alzamiento, se recuerda: “El peligro era gravísimo e inminente. El cuerpo social español, la colectividad ciudadana, lo percibía distintamente. En nuestro ambiente de preocupaciones 951 por el futuro, de dificultades de vida presente, de conversaciones diarias sobre la marcha de la vida pública, de la política y del estado social y económico, era objeto de comentarios este peligro y estas amenazas que se sentían cada vez más angustiosas y próximas. Todos en su zozobra y en su inquietud ante lo irremediable de la catástrofe, volvían con ansiedad su súplica, su mirada al 2211 Ejército” . En una entrevista realizada en mayo de 1937, Varela afirmó que su “rebeldía latente” databa del 11 de mayo de 1931, con la masiva quema de conventos e 2212 iglesias Franco, estaba dispuesto para acabar con este espionaje izquierdista, y durante la segunda mitad de 1935, el Estado Mayor intentó controlar a estos grupos. Se confiscaron panfletos subversivos, se detuvieron agitadores y se expulsó del ejército a 2213 peligrosos dirigentes izquierdistas . Los marxistas, junto a la organización de sus fuerzas paramilitares de partido, intentaron infiltrarse en el Ejército, creando células en los cuarteles. En esta labor destacaron Enrique Líster, Juan Modesto o Trifón Medrano, pero, según Salas Larrazábal, no tuvieron un gran éxito entre los soldados y los suboficiales. Quizá lo hubieran tenido mayor entre los oficiales, pero no lo intentaron, porque creyeron que era 2214 perder el tiempo o correr excesivos riesgos . 2211 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 10,9 texto mecanografiado, “España sigue su destino histórico”, fechado en Segovia el 27 de septiembre 1937, firmado por José Varela, membrete de “VII Cuerpo de Ejército. General Jefe” y sello “General Varela”. 2212 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 116, texto mecanografiado, “Preparación del Alzamiento”. 2213 Arrarás, J., Franco, San Sebastián, 1938, p. 174, 195. 2214 Salas Larrazábal, R., Historia del Ejército Popular de la República, La Esfera de los Libros, Madrid, 2006 (1973), t. 1, p. 123-125. 952 5.- El general Varela y la conspiración de 1936. 5.1.- Las elecciones de febrero de 1936. Los sucesos de Asturias y Barcelona convencieron a muchas personas que la amenaza revolucionaria era muy real. La descomposición de la coalición de gobierno conservador, la formación del Frente Popular, y la polarización política, reagrupó a los militares divididos y movió a los hasta entonces pasivos. En este sentido, hubieron hechos importantes: la desaparición del centro político, y la radicalización del Frente Popular al ser abandonado éste por los partidos moderados de la izquierda 2215 republicana . El Frente Popular tenía en su programa la reanudación de las reformas izquierdas del bienio 1931-1933, purga del funcionariado y la judicatura, y amnistía para los encausados y condenados por la revolución de 1934, pero no para los militares, cuyos casos deberían ser revisados. Los militares partidarios de evitar la revolución se dividieron en dos grupos: un grupo impaciente, defensor de dar un golpe de Estado lo antes posible, y otro grupo, partidario de una mayor preparación. Varela se encontraba entre el grupo de los impacientes. El hecho de ser uno de los generales más modernos, y estar en situación profesional de "disponible" representaba un inconveniente en el rígido esquema de la disciplina jerárquica, pues carecía de tropas a su mando. Sin embargo, Varela tomó relieve atribuyéndose la representación en España del general Sanjurjo, 2216 exiliado en Portugal , considerado el jefe natural de los rebeldes . A principios de 1936, en una reunión celebrada cerca de la plaza de toros de Madrid, se confirmó públicamente que la representación y delegación de Sanjurjo estaba depositada en Varela, autorizándole a seguir en su nombre. No había acuerdo en 2217 los detalles, pero sí confianza mutua absoluta entre ambos El nuevo Gobierno convocó elecciones para el 16 de febrero de 1936. Alcalá Zamora quería que Portela Valladares formara un grupo centrista importante, Partido de Centro o Centro, que pudiera situarse entre la coalición de izquierdas Frente Popular, y los grupos de derecha. Portela llamó a Mola a Madrid, y le preguntó si apoyaría a este 2215 Payne, S.G., ¿Por qué la República perdió la guerra?, Espasa, Barcelona, 2010, p. 46. Payne atribuye la desaparición del centro a los torpes manejos del presidente Alcalá Zamora; respecto a la radicalización del Frente Popular, cita la salida de éste del Partido Nacional Republicano, de Sánchez Romám. 2216 Martínez Roda, F., Varela, p. 121; Pemán, amigo de Varela, explica que no hubo un acuerdo previo entre Sanjurjo y Varela, sencillamente existió lo que se llama el "enlace moral": cuando en el Ejército fallan todos los medios técnicos y materiales de enlace, y el jefe ha de tomar una decisión, existe el “enlace moral”, esa base que da una formación común de una mentalidad semejante, que lleva al subordinado a obrar como piensa que se le ordenaría por su superior, si ello fuera posible. Pemán, J.Mª, p. 137-138. 2217 ACGJEVI, Csrpeta 168, fol 603. 953 grupo. Pero Mola se negó a entrar en política. Varios militares estaban dispuestos a 2218 apoyar a Gil Robles, entre ellos Fanjul y Varela . Temiendo golpes de fuerza, el presidente Alcalá Zamora escribió a los jefes militares de las regiones y les recordó que los militares no debían intervenir en el proceso electoral y debían respetar sus 2219 resultados . Para muchos oficiales, el Frente Popular, con su virulenta propaganda antimilitarista, quería convocar un plebiscito anti ejército, disolver los mandos del ejército y de la Guardia Civil. En realidad, la prensa izquierdista, pensaba que muchos soldados no obedecerían a sus oficiales. Gil Robles confiaba en ganar las elecciones. Calvo Sotelo no lo creía así, y José Antonio Primo de Rivera afirmó que la Falange no toleraría ni aceptaría una victoria del Frente Popular. Las células de la UME iniciaron conspiraciones para levantarse si ganaba el Frente Popular. El general Molero, nuevo ministro de la Guerra, era un hombre débil y moderado. Por ello, Franco envió instrucciones a Mola para que preparase tropas marroquíes para pasar a la Península, en caso de que estallaran graves disturbios. La ley electoral establecía que la lista electoral más votada alcanzaba automáticamente la mayoría de actas de diputados, aunque fuera una minoría del total. El 16 de febrero, el Frente Popular consiguió algo más del 47’2% de los votos, frente al 2220 45’7% de la derecha, y el 7% del centro, con una abstención del 28% . El Frente Popular obtuvo la mayoría absoluta en las Cortes, mientras que el centro quedo sin apenas representación. Al caer la noche del 16 de febrero comenzaron los disturbios y las manifestaciones a favor del Frente Popular, que entorpecieron el registro de los 2221 resultados electorales . En las primeras horas de la mañana del 17 de febrero, Gil Robles pidió a Portela Valladares, presidente del Gobierno, que declarara la ley marcial para controlar los desórdenes, pero Portela se negó. Por la mañana, Alcalá Zamora entregó a Portela un decreto firmado, sin fecha, para imponer la ley marcial, pero el 2222 presidente del Gobierno no lo utilizó . 2218 Gil Robles, J.Mª, No fue posible la paz, p. 356-357. 2219 Alcalá-Zamora, N., Asalto a la República. Enero-abril de 1936, edición de Fernández Coppel, La Esfera de los Libros, 2011, p. 131-132, anotación del 5 de febrero, afirma que hay rumores de “militarada”, 2220 Tusell, J. et al., Las elecciones del Frente Popular, Madrid, 1971, 2 vols. 2221 Payne, S.G., ¿Por qué la República perdió la guerra?, Espasa, Barcelona, 2010, p. 51. 2222 Alcalá Zamora, N., Asalto a la República. Enero-Abril de 1936, La Esfera de los Libros, Madrid, 2011, p. 163-164. 954 El general Franco llamó al general Sebastián Pozas Perea, director de la Guardia Civil, y le preguntó si la Benemérita apoyaría al Ejército de ser declarada la ley marcial. Pozas declaró que no, y entonces Franco fue a hablar con el ministro de la Guerra, general Molero, que no se había acostado en toda la noche, y le sugirió que pidiera en el inminente Consejo de ministros, que el gobierno declarara la ley marcial. Esa misma mañana el gobierno se reunió, según el testimonio del propio Franco, pero sólo se declaró el estado de alerta para las tropas de Madrid y de Zaragoza, es decir, se decretó el estado de alarma el 17 de febrero, lo que suponía para las fuerzas de seguridad estar en estado de alerta. Ese día se reunieron los generales Franco, Fanjul, Goded y Rodríguez del Barrio. Franco pidió a los tres generales que sondearan a la 1ª División para conocer su opinión ante la posible declaración del estado de guerra, pero las 2223 encuesta fue negativa . Los días 17 y 18 de febrero estallaron desórdenes, se asaltaron cárceles y ayuntamientos, hubo manifestaciones. Pero el Gobierno no estaba dispuesto a impedir la transmisión del poder al Frente Popular. Ante esa situación, tanto Franco como Molero desistieron de seguir insistiendo en la implantación de la ley marcial. Portela Valladares estaba hundido e insistía en dimitir, angustiado entre el temor a un golpe militar o a una revolución obrera. A primeras horas de la tarde del 19 de febrero, Franco habló con el aún presidente del gobierno Portela Valladares. Franco le pidió que declarara el estado de guerra, pues debía ser el gobierno quien tomara esta decisión. Portela se negó, porque tenía miedo de los disturbios. El Gobierno tenía cuatro días para completar el recuento de votos, y a continuación repetir las elecciones en aquellos lugares donde hiciera falta una segunda vuelta. Pero Portela dimitió esa tarde del 19 de febrero, sin validar los resultados electorales, y el mismo día Alcalá Zamora encargó a Manuel Azaña formar un nuevo gobierno de izquierda republicana. Comenzaron 2224 entonces las irregularidades en el proceso electoral . La toma de poder por parte de la izquierda fue vista por los militares “impacientes” como la antesala de la revolución obrera. 5.2.- Las primeras semanas del Gobierno del Frente Popular. 2223 García Venero, M., El general Fanjul. Madrid en el Alzamiento Nacional, Madrid, 1967, p. 222. 2224 Payne, S.G., ¿Por qué la República perdió la guerra?, Espasa, Barcelona, 2010, p. 52; Alcalá Zamora, N., Asalto a la República. Enero-Abril de 1936, La Esfera de los Libros, Madrid, 2011, p. 176- 192. Alcalá Zamora describe la situación de desorden y la incomunicación a que lo sometió el gobierno de Azaña tras su toma de poder. Chapaprieta, J., La paz fue posible. p. 410: “…el Frente Popular, abusando de su mayoría en la cámara desposeía de sus actas a las derechas y en los comicios en segunda vuelta no se paraba, con abuso del poder que ya ostentaban en todo género de atropellos”. 955 En principio, había esperanzas para la moderación. La CEDA aceptó el resultado electoral, a pesar de las irregularidades y de que el día 1 de marzo se iba a celebrar la segunda vuelta electoral, para unos veinte escaños disputados, con sospecha de 2225 irregularidades . Asumió la cartera de la Guerra de forma interina el general José Miaja Menant, que propuso la destitución de Franco, Mola, Goded y Fanjul, militares sospechosos de 2226 golpismo El nuevo ministro fue el general Masquelet, y Miaja fue destinado a la jefatura de la primera Brigada de Infantería, en Madrid. Los militares que parecían favorables al Gobierno de los Radicales y la CEDA fueron dispersados. El 21 de febrero, Franco fue destinado a la comandancia militar de Tenerife, siendo sustituido en 2227 la Jefatura del Estado Mayor Central por el general José Sánchez Ocaña ; Mola, fue destituido de jefe de las fuerzas militares en Marruecos, siendo relevado por el general García Morato, y nombrado jefe de guarnición en Pamplona; Fanjul fue retirado; Goded fue destinado como Comandante Militar de Baleares, Orgaz fue confinado en Canarias... Los cambios fueron muchos. El general Llano de la Encomienda fue nombrado jefe de la IV División Orgánica, y el general Molero de la VII. La circunscripción oriental de Marruecos fue dada al general Romerales, mientras la occidental pasó al general Capaz, destituyendo a Gregorio de Benito, que a su vez pasó a la comandancia militar de Teruel. Hacia finales del mes, todos los puestos militares de relevancia estaban en manos de militares favorables al nuevo gobierno. Los generales comprometidos con la conspiración celebraron reuniones en grupos más pequeños. Franco se entrevistó oficialmente con el presidente del gobierno Azaña y con el presidente de la República Alcalá Zamora, para despedirse al asumir su nuevo mando en Tenerife. Por otro lado, habló también con José Antonio Primo de Rivera, y celebró una reunión con Mola y con los africanistas Goded, Saliquet, González Carrasco, Varela, Galarza, Villegas (de la UME), Rodríguez del Barrio (nuevo inspector general del ejército), Orgaz y Ponte. En la reunión se llegó a la conclusión de un golpe de estado fracasaría, y Franco defendió que había que esperar que el nuevo gobierno solucionara la situación de desorden en el país. Pero también se acordó que si empeoraba, entonces 2225 ABC, 22 de febrero de 1936, p. 29, “Con pluma ajena”, denuncia que en las circunscripciones donde las mayorías son de derechas, los resultados son impugnados; Ansó, M., Yo fui ministro de Negrín, Planeta, Barcelona, 1976, p. 94-94, explica el complicado proceso para registrar las actas de Orense, donde Calvo Sotelo obtuvo su acta de diputado, y las izquierdas querían impugnar. 2226 López Fernández, A., General Miaja, defensor de Madrid, G. del Toro, 1975, p. 30. 2227 ABC, 22 de febrero de 1936, p.15, “Decretos aprobados en el Cobsejo y firmados por el presidente de la República”. 956 las guarniciones serían alertadas para rebelarse. No se estableció cómo, pero sí que los hechos desencadenantes de la rebelión podrían ser la disolución de la Guardia Civil, el desmantelamiento de las tropas, el licenciamiento de la oficialidad, la rebelión armada de la izquierda, o un golpe de estado iniciado por una guarnición por error o mal entendido. Los generales se separaron para dirigirse cada uno de ellos hacia sus 2228 destinos, comprometiéndose a estar en contacto entre ellos . Pero antes de hacerlo, ya tenían algunas bases comunes, y una de ellas era sumar voluntades, y no restarlas, según le explicó meses después Franco a Alfonso XIII, “El Movimiento Nacional, desde su origen tuvo un carácter esencialmente patriótico, con un fondo católico profundo, como correspondía a la calidad de las masas que a él se unían y cuya preocupación única fue, y es, salvar a España de su destrucción y a la civilización y fe católica de su desaparición de Europa. El punto relativo a la cuestión de régimen no era motivo de discusión en la gran lucha por la salvación de España; necesitábamos de todos, y no podía aceptarse nada que pudiese dividirnos; así lo acordé con Mola y Varelita 2229 antes de mi salida para Canarias” . En esa primavera de 1936, había ochenta y cuatro generales en situación de activo, y trescientos cuarenta y uno más en situación de retiro. De estos ochenta y cuatro, la mayoría de ellos eran moderados, y los monárquicos y reaccionarios una minoría. Alonso Baquer ha estudiado como la lista de los generales dispuestos a 2230 sublevarse en 1932 con Sanjurjo, es diferente a la los conspiradores de 1936 . En el mes de marzo, los generales republicanos o constitucionalistas coparon todos los altos 2228 Según Sacanell, Franco habló de una sola reunión en la que estuvieron él, Varela, Mola y el teniente coronel Galarza, celebrada el 9 de marzo. Se estableció que si el gobierno intentaba disolver a la Guardia Civil, o al Ejército, se daría el golpe. Franco rechazó la jefatura suprema porque opinaba que Goded no le obedecería, por lo que propuso a Sanjurjo. Este relato no concuerda con el descrito por Maíz en su biografía de Mola. Según Maíz, la reunión se celebró con Franco, Varela y Galarza, apodado "el técnico", el día 10. Galarza estableció el sistema de enlaces, claves y cifras. Para Esteban Infantes, biógrafo de Sanjurjo, la reunión se celebró en la primera quincena de marzo en casa del cedista José Delgado, y asistieron Saliquet, Villegas, Franco, Orgaz, Rodríguez del Barrio, Fanjul, Ponte, Varela, García de la Herran, y González Carrasco. No asistió Mola, ya en Pamplona, ni Goded, en Mallorca. Fuera cuando fuera la reunión, el caso es que en ella se fijaron las condiciones para la sublevación; Sacanell, E., El general Sanjurjo… Los detalles sobre estas reuniones son confusos. Se celebró una reunión sin Mola, en casa del diputado José Delgado. Según Esteban-Infantes, acudieron Saliquet, Villegas, Franco, Orgaz, Rodríguez del Barrio, Fanjul, Ponte, Varela, García de la Herrán y González Carrasco; afirma que Mola no asistió por encontrarse en Marruecos; Esteban-Infantes, E., General Sanjurjo, p. 253. Por su parte, Casas de la Vega recoge el testimonio del general Orozco, que 1936 contaba veinticinco años y era escolta de Antonio Goicoechea. Como tal presenció una reunión el 13 de marzo de 1936 en Madrid, en un piso de la calle Velázquez, presidida por el general Mola, en la que se enfrentaron José Antonio Primo de Rivera y Calvo Sotelo, ante el citado Goicoechea, el conde de Rodezno, Gil Ribles, Martínez de Velasco, Juan Ignacio Luca de Tena y el duque de Alba, lo que demuestra que ya entonces Mola buscaba el apoyo de la trama civil a la conspiración: Casas de la Vega, R., Seis generales de la Guerra Civil, p. 285-286. 2229 De la Cierva, R., Don Juan de Borbón: por fin toda la verdad, p. 124-125, cit. por Martínez Roda, F., Varela, p.119-120. 2230 Alonso Baquer, M., Franco y sus generales, Taurus, Madrid, 2005, p. 26-27. 957 cargos del ejército. El 5 de abril, el general Virgilio Cabanellas fue nombrado jefe de la II Inspección General del Ejército. La masa de los oficiales procedía de las clases medias, y pocos de ellos se identificaban políticamente. Para ellos, su ideología era el patriotismo entendido como una especie de progresismo, pero rechazando las posturas izquierdistas. Su deseo en un país en progreso económico y social, pero también en orden. Pero la proliferación en huelgas y disturbios en la primavera de 1936 inquietó a muchos oficiales, que se alejaron de la izquierda y del catalanismo. La revolución obrera era vista como la subversión del orden establecido, porque su referente más cercano era la Revolución Rusa, y los discursos de los líderes de los partidos de izquierda no llamaban precisamente a la moderación. El ministro general Masquelet afirmaba que el Ejército era leal al Gobierno, pero el diario Claridad, órgano de la rama socialista liderada por Largo Caballero, publicó el 2 de abril lo contrario, y clamaba porque la única defensa de la República radicaba en el 2231 pueblo armado . A su llegada a Tenerife, Franco se encontró con una manifestación de repudio. Teniendo en cuenta que hasta ese momento su actitud había sido de perfecta fidelidad al Gobierno, sorprende esta actitud de rechazo, motivada por la propaganda izquierdista contra los generales que habían participado en el aplastamiento de la rebelión de 1934. A las pocas semanas de Gobierno, quedó claro que Azaña no podía controlar el orden público. Los extremistas de izquierda y derecha se decantaban por una solución 2232 violenta : para la CNT-FAI, el objetivo era la revolución, a través de la insurrección armada; los marxistas revolucionarios, como Araquistaín o Maurín, entendían la guerra civil como paso previo a la dictadura del proletariado. Según Payne, Largo Caballero “planeaba continuar con su ofensiva prerrevolucionaria hasta provocar una respuesta contrarrevolucionaria de los militares, la cual se preveía como una débil intentona que podría superarse fácilmente con una huelga general”, lo cual permitiría al sector caballerista del PSOE acceder al poder. El desorden inquietó a los militares, a la Guardia Civil e incluso a la Guardia de Asalto. La Falange, responsable de parte de los disturbios derechistas, fue oficialmente disuelta el 16 de marzo, pero siguió actuando en la clandestinidad, radicalizándose, y constituyendo un comité paramilitar, formado por militares falangistas, buena parte de ellos miembros de la UME. Ésos oficiales hicieron 2231 Cabanellas, G., Preludio a la Guerra Civil, t. 1, p. 413. 2232 Payne, S.G.,¿Por qué la República perdió la Guerra Civil?, p. 54-55 958 proselitismo en sus guarniciones, con lo que la UME volvió a ganar fuerza entre la oficialidad media. Cuando en mayo Azaña estaba intentado formar Gobierno, le preguntó a Mariano Ansó, en quien estaba pensando para la cartera de Guerra, qué opinaba sobre la obediencia y disciplina de los militares; Ansó le respondió que le parecían obligadas, pero difíciles de exigir cuando el desorden y la indisciplina reinaban 2233 en la vida pública . El primer plan para derrocar al Gobierno fue elaborado por el general Goded, y a semejanza del planteado por Pavía, consistía en un asalto a las Cortes, cuando celebrarán una sesión plenaria. Una vez ocupado el Congreso, se declararía el estado de guerra y se tomaría el poder. Sin embargo, dicha sesión se retrasó, y entonces surgieron indecisiones y titubeos, y más tarde sospechas y delaciones, coloque varios generales comenzaron a ser vigilados. El golpe quedó entonces frustrado. La tensión entre el Ejército y el Gobierno comenzó a aumentar. El día 21 de febrero tuvo lugar la presentación del general Masquelet como ministro del Ejército, y allí estuvieron presentes, todavía con sus cargos anteriores, Goded, Franco, Núñez del Prado y gran parte de los generales en activo: “La presentación tuvo esta vez un carácter colectivo, haciéndolo al mismo tiempo la oficialidad del ministerio y de la guarnición. El general López [de] Ochoa, como el más antiguo de todos los reunidos, pronunció breves frases de salutación al nuevo ministro expresándole la lealtad que animaba a todos los componentes del Ejército y su 2234 acatamiento y respecto hacia los poderes constituidos” . Apenas tres semanas después de tan contundente declaración de fidelidad a la República, el 11 de marzo, López de Ochoa, republicano y masón, era acusado de atrocidades en la represión de la revolución de Asturias, hecho que inquietó profundamente a los militares 2235 moderados . Además, se advertía se era probable que se abrieran otros 2233 Ansó, M., Yo fui ministro de Negrín,, p. 115-116. 2234 ABC, 22 de febrero de 1936, p. 28-29. 2235 ABC, 11 de marzo de 1936, p. 24, “Leemos en ‘Informaciones’. Por los sucesos de Asturias.” ; erróneamente, en sus memorias, redactadas por su viuda y su hija, se afirma que López de Ochoa fue arrestado el día 30 de marzo por los comunistas y encarcelado en Burgos: López de Ochoa, E., Memorias de un soldado, p. 334. Siguiendo la prensa, se sabe que en la madrugada del 12 de marzo, por orden de la Sala Sexta del Tribunal Supremo, el general ingresó en la prisión de Guadalajara, junto al capitán de la Guardia Civil Nilo Tello: ABC, 12 de marzo de 1936, p. 47, “Al cerrar la edición. El general López Ochoa ingresa en la prisión militar de Guadalajara”; se les acusaba de haber fusilado a más de veinte paisanos en el cuartel de Pelayo de Oviedo sin formación de causa ni juicio, ABC, 13 de marzo de 1936, p. 33, “Del procesamiento y prisión del general López Ochoa”; fue cesado como Inspector General del Ejército, al mismo tiempo que se disponía el pase a inválidos de Millán Astray, ABC, 14 de marzo de 1936; el 18 de marzo, el general apeló la decisión de la Sala Sexta y solicitó ser incluido en la amnistía 959 2236 procesamientos contra militares implicados en los sucesos de Asturias . La izquierda clamaba venganza, y el general era un símbolo de la represión. Fue depuesto de su cargo como inspector general del Ejército, y sustituido por el general José Gómez Caminero. López de Ochoa pidió que le defendiera Pardo Reina. El 13 de marzo, el ministro de la guerra general Masquelet, publicó una declaración refutando los rumores de indisciplina y conspiración en el Ejército. El procesamiento de López de Ochoa hacía temer a los oficiales que la izquierda en el poder iba a perseguirlos. A finales de marzo, la UME agrupaba ya 3.436 oficiales en activo, más 2.131 suboficiales y tropa, así como 1.843 oficiales en reserva o retirados. Es decir, prácticamente la mitad de los oficiales en activo apoyaban a la UME. Mientras tanto, ante la radicalización de la izquierda, la UME también se radicalizó. Los carlistas promulgada por el gobierno del Frente Popular por los sucesos de Asturias, ABC, 19 de marzo, p. 25 (edición Andalucía) “El procesamiento y prisión del general López Ochoa; El 25 de marzo, López de Ochoa compareció, solicitó ser trasladado al Hospital Militar de Carabanchel por encontrarse enfermo, y declaró su inocencia, afirmó que la represión tuvo por objeto imponer el orden, que ésta se desarrolló dentro de los cauces legales, que si se hubiera producido algún hecho “contrario al honor y espíritu del Ejército”, lo hubiera evitado o castigado, ABC, 26 de marzo de 1936, p. 34, “Del procesamiento y prisión del general López Ochoa”; el 1 de abril se publicó su pase a la situación de procesado, ABC, 1 de abril de 1936, p. 28. El 4 de abril se notificó su ingreso en el Hospital Militar de Carabanchel ABC, 4 de abril de 1936, p. 20, “Del procesamiento del general López Ochoa”. En abril, su abogado defensor, Pardo Reina, manifestó que el procesamiento era por tres fusilamientos “relacionados lógicamente con la gravedad de las causas que los pudieran producir”, afirmaba que el general había “abandonado definitivamente aquellas organizaciones de carácter semiclandestinas a las que perteneció un tiempo, por haber llegado a la conclusión de que su actuación es incompatible y aún contraria, con la de quienes han prestado solemne juramento de servir, sobre todo, a la Patria”, y lo referenciaba como una crisis espiritual, al parecer, queriendo decir que el general había abandonado la Masonería, ABC, 22 de abril de 1936, p. 20 “El defensor del general López Ochoa, hace unas interesantes declaraciones”, reproduciendo lo publicado por el diario tradicionalista El Correo Catalán; el 8 de mayo se notificó que, por ser procesado a su vez Pardo Reina, se hacía cargo de la defensa del general el letrado Manuel Enterría, ABC, 8 de mayo de 1936, p. 36, “La defensa del Sr. López Ochoa”. La izquierda acusaba de salvajismo a López de Ochoa de forma injusta, pero efectiva desde el punto de vista propagandístico. En la sesión del Parlamento del 5 de mayo de 1936,el diputado Simó Bofarull, de la minoría Radical Autónoma, al comentar el aplastamiento de la sublevación en Barcelona, puso de relieve el papel del general Batet, que evitó el derramamiento de sangre, añadiendo “¡Otra cosa hubiera ocurrido de estar en su lugar el general López Ochoa!”. El juzgado especial que juzgaba a López Ochoa se trasladó a Valladolid para practicar allí diligencias, ABC, 21 de junio de 1936, p. 26. El general solicitó prisión atenuada, pero le fue denegada, ABC, 16 de julio, 1936, p. 29, “se deniega la prisión atenuada al general López Ochoa”. El 18 de agosto de 1936, se notificó la muerte del general aún procesado “en el Hospital de Carabanchel, donde se halla recluido, a causa de una antigua dolencia”, ABC (Madrid), 18 de agosto de 1936, p. 13; pero en una de sus charlas, el general Queipo de Llano explicó la muerte del general: “Otro testimonio del salvajismo de esa gente lo aportó la manera como han asesinado al general López Ochoa, a cuya cama del Hospital llegaron acribillándole con más de cuarenta balazos”, ABC (Sevilla), 25 de agosto de 1936, p. 7. Según el testimonio de las Memorias del general López de Ochoa, p. 335-336, sus guardianes le permitían ser visitado por su hija, pero no por su esposa. El general intentó escaparse varias veces del Hospital, una vez vestido de monja, y en otra, metido en un ataúd y drogado con morfina para hacerse pasar por muerto. En esta ocasión, le sacaron de la caja en el jardín del hospital y allí le dispararon, le decapitaron, y pasearon su cabeza en una bayoneta por las calles de Madrid, según afirmó Martín Rubio, A. D., Pas, Piedad, Perdón… y Verdad. 2236 ABC, 13 de marzo de 1936, p. 33, “Del procesamiento y prisión del general López Ochoa” 960 formaron entre febrero y marzo una Junta Militar Suprema Carlista en San Juan de Luz, en Francia, formada por oficiales carlistas retirados, dirigida por el general Mario Muslera, antiguo miembro de los Directorios de la Dictadura. En marzo, esta Junta Suprema carlista ya tenía un plan de rebelión. Los carlistas navarros adquirieron carabinas, y encargaron a un pirotécnico de Villatuerta la fabricación de bombas de mano a base de tubos de hierro empalmados a rosca. Realizaron varios ejercicios de movilización para garantizar el orden en Pamplona. El 28 de marzo de 1936, en el entierro de un falangista asesinado en Mendavía, se reunieron tanto carlistas como falangistas uniformados. La manifestación fue disuelta por la Guardia de Asalto, pero 2237 demostró la coordinación de una posible insurrección . La CEDA comenzó a dividirse, conforme unos grupos renunciarán al constitucionalismo y apoyaban la lucha armada. Uno de los primeros grupos en hacerlo así fue la Derecha Regional Valenciana, donde los partidarios de la acción directa se hicieron con el control del partido a finales de febrero y organizaron una milicia clandestina buscando apoyos con grandes dificultades, y evolucionando ideológicamente hacia el estado corporativo. El 7 de abril de 1936, las Cortes votaron la destitución como presidente de Alcalá Zamora, al haber disuelto dos veces el parlamento en tan breve período de tiempo. Alcalá Zamora se defendió afirmando que las cortes disueltas en 1933 eran constituyentes, y que por tanto no contaban. Pero en ese momento, Alcalá Zamora era una persona denostada tanto por la izquierda como por la derecha. El Frente Popular, con amplia mayoría, le destituyó, pese a haber sido el presidente que le había llevado al poder. La única figura con prestigio para sustituirle era Azaña. Pero el Ejército temía que Azaña llevara al Frente Popular a la dictadura, o que se produjera la disolución del Ejército en un Ejército rojo, compuesto de soviets. En cualquier caso, Azaña parecía incapaz de controlar la situación de desorden del país. Los anarcosindicalistas no obedecían al gobierno; el sector izquierdista del PSOE rompió con el sector más moderado, y afirmó que su apoyo al Gobierno era limitado y provisional, defendiendo abiertamente la revolución; las juventudes socialistas se unieron a las comunistas; la propaganda del PCE creció enormemente; la extrema izquierda se reforzaba y crecía, y los disturbios laborales aumentaban. La extrema izquierda anunciaba el fin violento de 2237 Iribarren, J. Mª, Mola, p. 79-80- 961 la derecha: el secretario general del PCE le dijo en las Cortes a Gil Robles que le esperaba el mismo fin que al sargento Vázquez, represaliado en Asturias. 5.3.- La segunda conspiración y la detención del general Varela. El general Varela, por su parte, realizaba una labor de sumar voluntades. Contaba, además de con su propia casa, con un domicilio en la calle Galileo, propiedad de la familia de su amigo José Delgado. En estas casas entraban a menudo jefes y generales vestidos de paisano o disfrazados con los que conferenciaba y discutía, y se celebraban reuniones en las que se transmitían órdenes y consignas. A veces, la cita era en alguna Iglesia, fingiendo rezar cómodo arrodillados ante el altar dos personas vestidas de civiles, en apariencia desconocidas, pero que se transmitían en murmullos consignas y órdenes. Como relató años después Varela, "Tan arriesgadas muchas veces, que yo creo que la mejor eficacia de la entrevista estaba en el Ave-María de verdad que, al fin, rezaba yo siempre para que la Virgen del Carmen me tuviera de su mano" 2238 . Varela participó en varias reuniones con dirigentes carlistas, como la de El Plantío, en casa de José Oriol, con Fal Conde y el teniente coronel Rada, jefe militar de los requetés. En este período, Varela y Franco se entrevistaron varias veces, siempre de forma muy cauteloso dada la especial vigilancia que tenían. Para ello era primero necesario burlar a los guardias, para los que, según Delgado, Varela tenía una "habilidad asombrosa". Varela se servía de casinos, hoteles o cafés con doble puerta. Seguidamente, Varela se encontraba con Pepe Delgado, y le esperaba en un lugar convenido con su automóvil. En el vehículo daban varias vueltas por las calles de Madrid, hasta que finalmente acudían a la cita con Franco. Recuerda Delgado: "Éste paseaba tranquilamente por la acera y si se quitara el sombrero, era señal de que no había podido desprenderse de la policía, y entonces pasábamos de largo, como si tal cosa, sin mirarle siquiera; si, por el contrario, permanecía con el sombrero puesto, quería decirnos que el campo estaba despejado, y arrimando el coche a la acera con la puerta abierta, subía rápidamente. Ya dentro, dábamos unas vueltas por Madrid, dirigiéndonos después por cualquier carretera, charlando tranquilamente y poniéndose ambos generales de acuerdo 2239 en los detalles del Alzamiento militar que se proyectaba" . En Madrid, el general Fanjul había creado una Junta de generales, poco activa, al estar compuesta de generales en la reserva, o viejos. A mediados de marzo de 1936, los 2238 Pemán, J.Mª. p. 139. 2239 Pemán, J.Mª, p. 140. 962 trabajos del general Varela culminaron en una reunión a la que asisten Franco, Orgaz, Mola, Villegas, Fanjul y Galarza. Fuera de la habitación, como enlaces, estaban los comandantes Lapatza y Carrasco Verde, veteranos de Varela en unión de don José Delgado, en cuyo domicilio se reunían, y que relata así la reunión: "En esta reunión, que duró cinco horas, habló en primer lugar el general Varela (en nombre y representación de Sanjurjo, como siempre hacía constar), en tono vehemente y decidido. A su juicio, la única solución era un golpe de audacia y de valor, pues todo lo que no se hiciera de esta forma fracasaría, como había fracasado el primer intento de febrero. El general Mola habló a continuación y se mostraba pesimista y contrario a un movimiento exclusivamente militar, por considerar que tal como estaba contaminado el Ejército, se había llegado demasiado tarde para ello, ya que se dejó pasar el momento propicio, se hubiera sido antes de las elecciones de febrero. El general Varela, apoyado totalmente por Orgaz, insistió en que aún era tiempo para levantar el Ejército, que sería apoyado sin reservas, llegado el momento, por importantes núcleos del Requeté y otras organizaciones afines. A continuación, cada uno expuso su parecer, y por fin, después de una larga discusión sobre los diferentes puntos de vista, se llegó a la conclusión de que se organizara e intentara con urgencia un nuevo golpe de Estado, en el cual el general Varela se haría cargo del Ministerio de la Guerra, y el general Orgaz de Capitanía; asignándose a los 2240 demás cometidos análogos en distintos puntos" . Este plan debía ejecutarse en abril, controlando Madrid, y desde la capital, toda España. Varela estaba dispuesto a jugarse el todo por el todo, pero Fanjul carecía de mando y de influencias para poder preparar un golpe de estado. Sin embargo, el general Rodríguez del Barrio, inspector general del ejército, decidió apoyarle para ello. Según el plan, Varela debía acudir al Ministerio, en el Palacio de Buenavista, para entrevistarse con el ministro y pedir un destino. Antes de entrar en el despacho, estaba acordado que uno de los ayudantes le entregaría la combinación y la llave de la caja fuerte que existía en el mismo, una caja acorazado de gran tamaño. Una vez dentro del despacho, Varela encañonaría al ministro y lo encerraría en la caja fuerte. Dueño de la situación, cogería los teléfonos y daría órdenes establecidas en el plan a los centros, dependencias y cuarteles. El general Orgaz, mientras tanto, esperaría en la embajada italiana, situada frente a Capitanía, con un grupo de guardias civiles, para entrar en el recinto y tomar posesión de él con el apoyo de los conjurados del interior. Para la actuación del almirante Ramón de Carranza se había pensado una cosa parecida. Vestidos de paisano y reunidos en los edificios del Banco de España y de Correos, los comprometidos 2240ACGJEVI, Carpeta 168, fol 604; Martínez Roda, F., Varela, p. 121. 963 esperarían el aviso telefónico del general Varela para seguidamente asaltar el Ministerio de Marina y tomar posesión del mismo. Carranza acababa de atraer la atención de todo el país porque a sus 70 años le correspondió la presidencia de la sesión inaugural de las Cortes, y cuando fue conminado a gritar un ¡Viva la República!, exclamó "¡No me da la 2241 gana!" . El golpe se daría el 20 de abril. El día del desfile militar en la Castellana con motivo del 14 de abril, tuvieron lugar varios incidentes. Un cocinero ebrio, Isidoro Ojeda, lanzó un petardo a la tribuna presidencial, provocando un gran alboroto y disparos de la Escolta Presidencial. Cuando ya se había retirado la presidencia del acto, un grupo de manifestantes silbaron al paso de la Benemérita, y dieron vivas de “¡UHP!” (Uníos Hermanos Proletarios). El alférez de la Guardia Civil Anastasio de los Reyes López, que contemplaba al desfile vestido de paisano, se les encaró. Comenzó entonces un tumulto, varios milicianos quisieron lincharlo, y sonaron disparos. Hubo además un herido grave, Benedicto Montes, de dieciséis años, que falleció al día siguiente. Además resultaron heridos de bala u hombre 2242 y un niño, y contusos dos espectadores más . El público escapó, quedando en la calle el cadáver del citado teniente Reyes. El día 17 se celebró el entierro, el que se congregó una gran masa de gente, políticos de derechas, exministros, y gran número de militares de paisano. La comitiva iba avanzando con el féretro sobre los hombros llevado por oficiales de la Guardia Civil, cuando los sindicalistas de las fincas cercanas en construcción levantaron sus puños cerrados y en alto y abuchearon a la comitiva. El acompañamiento del sepelio, irritado, se lanzó rápidamente sobre los obreros, trepando 2243 por los andamios y escaleras, entre disparos, ladrillos y cascotes que volaban . El entierro, sin embargo, continuó, hasta que al llegar a la plaza de Manuel Becerra, donde una compañía de Guardias de Asalto, con las armas en la mano, cargó contra el acompañamiento. Según un testigo presencial, 2241 Pemán, J.Mª, p. 141. 2242 ABC,16 de abril de 1936, p. 15 “Del aniversario republicano. Durante el desfile en la Castellana resultan un muerto y varios heridos”. Blanco Escola, C., General Mola. El ególatra que provocó la guerra civil, Planeta DeAgostini, Barcelona, 2006 (2002), p. 237, afirma que el lanzador del petardo era un falangista de nombre Isidoro Ortega. 2243 Según Bertrán Güell, la comitiva sufrió el fuego de disparos aislados: Bertrán Güell, F.: Preparación y desarrollo del Alzamiento Nacional, Valladolid, 1939, p. 125. ABC, 18 de abril de 1936, p. 18, “Un testigo de los sucesos de ayer presenta una denuncia en el Juzgado de Guardia” por indicaciones de un testigo, la policía detuvo a dos sindicalistas trabajadores de la Embajada de Brasil, que tenían en su poder una pistola ametralladora que había sido disparada. El incidente dio lugar a una protesta realizada por Calvo Sotelo contra la censura de prensa impuesta por el Gobierno, que había impedido que en la esquela publicada en la prensa se reflejara la condición de oficial de la Guardia Civil del finado alférez Reyes, y la hora a que había de celebrarse el sepelio: ABC, 18 de abril de 1936, p. 23. 964 "Rehechos los patriotas, que se habían dispersado por las cargas de la fuerza pública, forman grupos que llenos de indignación, se encaminan arrebatados y por natural impulso, hacia el centro de Madrid, dispuestos a todo. Algunos oficiales y guardias civiles, en acceso de patriótica cólera, en pudiere una mar o la pistola, saludan brazo en alto y profieren denuestos contra el Gobierno. Los ánimos están enardecidos y los vivas a España y mueras al comunismo se suceden ininterrumpidamente. Por todas partes huyen gritos de: -¡Al Congreso! ¡Al Congreso! ¡Acabemos allí con este régimen de anarquía! Las Cortes, que se llevan reunidas en aquel preciso momento, se convierten en tumultuosa confusión. Muchos diputados vociferan y correrán bocados de un lugar para otro. -¡Que vienen! ¡Que vienen los fascistas! -Si ello por todas partes, mientras los más pudientes se precipitara la calle. Pero los manifestantes no llegan al Congreso... El general Varela, que con el grupo de sus amigos había asistido al entierro, corre hasta colocarse a la cabeza de los amotinados y con palabras llenas de cordura trata de convencerles de que por aquel procedimiento no se conseguiría más que empeorar las cosas. Los demás generales y jefes hacen lo propio. Por fin, se 2244 imponen y los manifestantes se disuelven" . Estaba claro que una parte importante de la sociedad civil estaba cansada del régimen republicano y dispuesta a apoyar el golpe militar. A los falangistas, sirvió en las juventudes del partido de Gil Robles, que se ofrecen a los generales. En estas circunstancias, se decidió preparar el golpe para el 19 de abril. El general africanista don Manuel González Carrasco escribió "Nunca estuvo el Alzamiento mejor organizado". El golpe fundamental se daría en Madrid, junto con otros en diversos lugares de la península: "Villegas estaba encargado de Tarragona, Fanjul de Burgos y yo (González 2245 Carrasco) de Barcelona" . Varela debía ocupar el Ministerio de la Guerra con la colaboración del general Rodríguez del Barrio, jefe de la guarnición interior del Ministerio. Todo parecía preparado. El día 18, Fanjul viajó a Burgos, para atraerse a los oficiales de la 5ª División. Varela esperó oculto en la noche del día 18, en casa de la familia Lapique, en la colonia de El Viso, cuando recibió un aviso del general Rodríguez del Barrio. Varela acudió rápidamente al domicilio de este general con una pistola en el bolsillo y sin disfrazarse siquiera. Al llegar a la casa, se encontró al general 2244 Pemán, J.Mª, p. 142-143; Bertrán Güell afirma que fue Gil Robles quien contuvo a la multitud; ambas versiones son compatibles. Bertrán Güell, F.: Preparación y desarrollo del Alzamiento Nacional, p. 126. 2245 Pemán,J.Mª, p. 143. 965 acostado en la cama, con fiebre, acompañado de su mujer y de un ayudante. Varela descubrió que el general, de aspecto enfermizo, estaba completamente desanimado y dominado por la energía de su mujer, la cual parecía enterada de todos los detalles de la conjura. Rodríguez del Barrio pedía un aplazamiento hasta encontrarse mejor, pero sin establecer una fecha. Esto era totalmente imposible, dada la necesidad de coordinarse con tantos puntos y tantas personas diferentes. Varela se indignó, invocó el honor militar y la responsabilidad, pero no pudo conseguir nada, pese a las horas de discusión. 2246 Rodríguez del Barrio llegó a amenazar con denunciar a los conspiradores . Al filtrarse los primeros rayos de luz por las ventanas, Varela salió sin despedirse, y corrió a avisar a los jefes comprometidos para que no hicieran nada y que regresaran a la capital. Por su parte, también alertó al general Orgaz, que había pasado la noche escondido, dispuesto para asumir el mando del grupo de guardias civiles y ocupar Capitanía. Mientras tanto, ese 19 de abril, Fanjul pidió a los jefes de la junta central de la UME que acuartelaran a sus tropas para esperar acontecimientos. Varela era consciente de que todo el plan se había venido abajo, y quizás el Gobierno supiera de la trama. En efecto, el Gobierno descubrió la conspiración, quizá gracias a la delación del propio Rodríguez del Barrio o de su ayudante, y destituyó fulminantemente a Fanjul. Fanjul y el teniente coronel Galarza consiguieron escapar, pero Varela y Orgaz, también comprometidos, fueron detenidos. Antes de ser detenido, Varela se reunió con Mola y le transfirió la representación de Sanjurjo y la documentación de la conspiración, guardada 2247 en casa de los Lapique, para evitar que fuera incautada . Orgaz fue confinado en Canarias. Varela, ese mismo mediodía, recibió la orden de trasladarse inmediatamente a Cádiz para quedar bajo vigilancia policial y salió en el expreso de esa misma noche. En la estación de tren, el general contempló la llegada de unos líderes socialistas, que fueron recibidos por una masa obrera afín con gritos y puños en alto, así como la despedida que se le hizo a Martínez Barrios, antiguo radical y en ese momento adscrito a Unión Republicana en su salida hacia Andalucía. Para Varela, parecía claro que el "enemigo" era numeroso y fuerte, pero también sectario y radical. A la mañana siguiente, el general llegó a su casa gaditana, de la plaza de las Cortes, nº 5. Se 2246 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 606. 2247 Martínez Roda, F., Varela, p. 123. 966 reencontró con los amigos, pero no contó nada de las circunstancias por las que atravesaba. Pemán cuenta que se lo encontró por la calle: “-Pero ¿cómo?... ¿Tú por aquí? -¿Qué querías? ¿Que me hubiera recibido una compañía con bandera y honores? Se quedó pensativo, con sonrisa de pícaro, y acabó: -Aunque bien mirado, así hubiera debido ser... porque vengo invitado oficialmente”. Entre los papeles del general Varela apareció un esbozo del futuro gobierno, en el que figuraban Sanjurjo como presidente, y los generales Martínez Anido, Franco, Mola, Goded, Queipo de Llano (entonces jefe de Carabineros) y Cabanellas. Fanjul sería nombrado jefe del Tribunal del Ejército, y el retirado González Carrasco, inspector general del Ejército. Pero el Gobierno sabía que no todos estos nombres estaban comprometidos. Se pensó finalmente en no realizar acciones punitivas de importancia, sencillamente se trasladaron algunos oficiales y se ignoró el malestar del Ejército. Muy posiblemente, el Gobierno deseaba un intento de golpe de Estado, para justificar una radicalización Los cambios importantes introducidos por el Gobierno desde febrero hicieron muy difícil mantener la estructura de la junta central de la UME. Esta tuvo que ser reorganizada en marzo, quedando formado en su mayoría por oficiales de la 1ª División, opuestos a los planes de Fanjul. El general José Miaja, jefe de la 1ª Brigada de 2248 Infantería, entró en la UME . Había sido ascendido y nombrado para ese puesto por Azaña, destituido después por Gil Robles, y devuelto a su puesto de nuevo por Azaña. Miaja era masón y liberal, pero también era africanista. Era un hombre bondadoso y paternalista, apodado "papá Miaja". Miaja y López de Ochoa mantuvieron a la UME en una línea de relativa moderación, sin entrar en aventuras. A finales de abril, López de Ochoa asumió la jefatura de la junta central de la UME. López de Ochoa era partidario de dar el golpe en el momento oportuno. El momento pareció ser el 8 de mayo, cuando las Cortes iban a designar a Azaña como presidente de la República, lo que podría representar una radicalización del Gobierno. El plan debía consistir en que Alcalá Zamora declarara disuelto el Gobierno y nombrara a un general, quizá Sanjurjo, como presidente del gobierno provisional. Esta propuesta le fue planteada a Alcalá Zamora 2248 Sin embargo, este extremo ha sigo negado por el que fuera su secretario personal durante la guerra, Fernando Rodríguez Miaja, sobrino carnal y yerno del general. http://www.elpais.com/especial/aniversario-sublevacion-militar/entrevista-fernando-rodriguez-miaja.html 967 por Rafael Sánchez Guerra, hijo del político de Alfonso XIII. Alcalá dilató su respuesta hasta el día siguiente, cuando afirmó que él ya no era presidente de la República, y que no se opondría a que los militares obraran por su cuenta. Pero para entonces, Azaña ya era presidente. Los militares reiteraron su petición, pero Alcalá Zamora se negó de 2249 nuevo. López de Ochoa no quiso actuar sin un respaldo mínimamente constitucional . Ya se ha explicado que en el Ejército se creó la Unión Militar de Republicanos Antifascistas (UMRA) para oponerse a la UME y acentuar la influencia de la izquierda en el Ejército. También pretendían hacer proselitismo, pero al parecer sólo lo lograron entre los suboficiales de la Infantería de Marina. El principal dirigente de la UMRA era el capitán Eleuterio Díaz Tendero, recién incorporado al Estado Mayor. La UMRA admitía también a miembros de la tropa, y proporcionaron instructores para la milicia socialista. Uno de ellos, el capitán de Ingenieros Carlos Faraudo, recién nombrado jefe de las milicias socialistas, fue asesinado en la calle por pistoleros derechistas el 7 de mayo de 1936. En su entierro, el teniente coronel Julio Mangada tomó la palabra y aseguró que si caía un compañero más, también caería el jefe de los asesinos”. Allí estaban presentes destacados militares izquierdistas. El teniente de Asalto José Castillo, los tenientes de Artillería Gabriel Vidal y Ambroso, el teniente de Asalto Máximo Moreno, el teniente de la Guardia Civil Fernando Condés, el comandante Escofet… Varios de ellos habían estado implicados en el intento de golpe revolucionario de octubre de 1934, y habían sido amnistiados por el Gobierno. Pocos días después, el capitán Orad de la Torre, en nombre de la UMRA avisó al oficial derechista Manuel 2250 Díaz Criado que si se cometía un nuevo asesinato, tomarían represalias . Las conspiraciones no habían pasado de proyectos, por falta de coordinación y de cooperación entre los diversos grupos. La única figura que podía agrupar a los diferentes grupos era Sanjurjo, pero el general exiliado desconfiaba, porque en 1932 muchos le habían abandonado. Sus antepasados habían sido carlistas, y su hijo mayor, capitán, comenzó a colaborar con las milicias carlistas. Ésta iniciativa llevó a pensar a los carlistas que Sanjurjo encabezaría una sublevación carlista, y don Javier de Borbón- Parma, sobrino, secretario y heredero del pretendiente don Alfonso Carlos, le visitó. Sanjurjo declaró al dirigente carlista Fal Conde que estaba dispuesto a ayudarles, y a ponerse al frente de un gobierno de restauración monárquica, pero que antes de nada 2249 Payne, S.G., Los militares… p. 333-334. Las Memorias de López de Ochoa no citan nada de esto. Debe recordarse que desde el 11 de marzo López de Ochoa estaba preso. 2250 Bullón de Mendoza, A., José Calvo Sotelo, Ariel, Barcelona, 2004, p. 670-671. 968 debía fidelidad a sus compañeros de armas. La Junta Suprema Carlista elaboró un plan. Dos grupos de la milicia carlista atacarían en el oeste y el suroeste de España, cerca de la frontera portuguesa, para atraer a las tropas del Gobierno. Entonces, las fuerzas principales carlistas atacarían desde el noreste hacia Madrid, donde mientras tanto otras fuerzas carlistas habrían ocupado los puntos neurálgicos. Sanjurjo criticó este plan, que finalmente fue abandonado. Sanjurjo también era escéptico con los planes de la Junta de generales de Fanjul en Madrid, y de hecho los conspiradores que se movían en torno a Mola no habían querido comprometerse con ella. 5.4.- El general Varela cede la dirección de la conspiración al general Mola. Como ya se ha dicho, el día 19 de abril, antes de salir hacia Cádiz, Varela entregó a Mola la representación que ostentaba de Sanjurjo. Mientras Varela viajaba hacia Cádiz, todos los papeles, mapas, gráficos y notas preparadas por éste, salían hacia Pamplona, destino del general Emilio Mola. Mola era un oficial de familia militar, que había escrito varios libros sobre sus experiencias. En Marruecos, había mejorado la capacidad de combate de su tropa. Mola era detallista y meticuloso, partía de un pesimismo prudente, y la preparación del golpe se vio favorecida por un hombre como él, minucioso y atento. Mola era además un buen escritor, lo que le permitió redactar de forma abundante y detallada notas e informes para la trama. Mola era liberal, pero en Pamplona buscó tejer una red amplia de apoyo a la causa entre los carlistas. Utilizó 2251 como enlace por todo el territorio español a la señorita sevillana Elena Medina . Otro enlace era el gaditano Ramón de Carranza, cuyos negocios navieros le permitían visitar en Estoril a Sanjurjo; para identificarse frente a otros enviados, Carranza les enviaba la mitad de un recordatorio de su esposa recientemente fallecida, y él se presentaba ante el susodicho con la otra mitad, que debía encajar perfectamente. En uno de sus mensajes, Mola escribió: "no son momentos de ayer las aventuras impremeditadas. Es preciso saber jugar la carta y ganarla. No es hora de la crítica negativa de cuarto de bandera sino de la cautela, la reflexión y la serena audacia"... "No es lícito recurrir al ejemplo de los oficiales japoneses, ni caer en el error de los pronunciamientos y cuarteladas de países donde el Ejército no alcanzó el grado de cohesión, de dignidad y de prestigio del español (...) Nuestro Movimiento tendrá carácter 2251 Elena Medina, hija de una aristócratica familia de Sevilla, trabajaba como linotipista en un diario madrileño. Mujer valiente e inteligente, se vestía como una sirvienta para efectuar su labor de enlace. Ella llevó a Ceuta la orden de sublevación para el 21 o el 22 de julio, oculta en la correa de su cinturón. También ocultaba los mensajes en el radiador de su automóvil. Iribarren, J. Mª, Mola, p. 73. 969 nacional"... "Ni ambicionamos gobernar, ni queremos salirnos de nuestra 2252 misión" . La conspiración que Mola comenzaba a urdir en Pamplona, era la que para Sanjurjo tenía más posibilidades de éxito. Al llegar a Pamplona, Mola se mantuvo durante unas semanas a la expectativa, aunque sabía que había varios oficiales de la UME en la guarnición. Al mes de estar en Pamplona, Mola comprendió que la situación del país se agravaba, y que sólo el Ejército podía evitar la revolución. En ese momento, la vigilancia del Gobierno dificultaba las comunicaciones entre los altos jefes militares. El 19 de abril, se convocó una reunión de los representantes de la UME de las guarniciones de Pamplona, Burgos y Logroño, en la que Mola se convirtió en el jefe de la conspiración militar en Navarra y Castilla. Esa reunión coincidió con el fracaso del golpe de la junta de Fanjul en Madrid, y con el traspaso de representación de Sanjurjo por parte de Varela. Mola comprendió que el golpe debía estar mejor organizado y con objetivos políticos más claros: el golpe debía dar paso a un directorio militar. Mola comprendía la necesidad de ampliar la conspiración a elementos civiles, para reforzarla. Con este fin, redactó la “Instrucción reservada nº 1”, fechada el 25 de abril de 1936, en la que establecía que “La conquista del poder ha de efectuarse aprovechando el primer momento favorable y a ella han de contribuir las Fuerzas Armadas conjuntamente con las aportaciones que en hombres y elementos de todas clases faciliten los grupos políticos, sociedades e individuos aislados que no pertenezcan a partidos, sectas o sindicatos que reciban inspiraciones del extranjero, socialistas, masones, anarquistas, comunistas, etc. etc.” En el texto, Mola considera inexpugnable Madrid, porque allí casi todos los 2253 mandos son partidarios del Frente Popular . Las guarniciones debían formar juntas militares locales, las cuales supervisarían juntas locales civiles formadas por derechistas de confianza. Por otro lado, es consciente de la dureza de los contrarios, cuya violencia está en la calle. Por ello, en su base 2, establece que: "La acción ha de ser en extremo violenta, para reducir lo antes posible al enemigo, y es fuerte y bien organizado. Desde luego, serán encarcelados todos los dirigentes de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al 2252 Pemán, J.Mª, p. 148. 2253 Maíz, B. F., Mola, aquel hombre. Diario de la conspiración 1936, Barcelona, 1976, p. 104; Vigón, J., General Mola, AHR, Barcelona, 1957, p.90. Esta circular aparece firmada como “El Director”, apodo que desde ese momento adoptará Mola. 970 Movimiento, aplicándose castigos ejemplares a dichos individuos para 2254 estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas" . El fin último era establecer una dictadura militar “para restablecer el orden público, imponer el imperio de la ley y reforzar convenientemente el ejercito, para consolidar la situación de hecho que pasará a ser de derecho”. Además, había que ampliar el espectro, incorporando a más personalidades descontentas o preocupadas por la deriva política. De esta forma, incorporó a la 2255 conspiración a los generales Cabanellas , gobernador militar de Zaragoza y Queipo 2256 de Llano . Desde el punto de vista estratégico, Mola comprendió que Madrid era muy difícil de tomar, por ser una ciudad donde los socialistas eran muy fuertes y contaban con el apoyo de miles de obreros. Pero la capital debía ser conquistada, por su relevancia política, y cuanto más lejos estallara el golpe respecto de la capital, más difícil sería el triunfo. Mola confeccionó un plan según el cual la 5ª, 6ª y 7ª Divisiones, de guarnición en el norte peninsular, debían avanzar sobre Madrid y ocuparla a los pocos días de estallara la rebelión. Sin embargo, pocos oficiales apoyaban realmente la rebelión, porque se jugaban su carrera y su vida en ella. Por eso era necesario el liderazgo del general Sanjurjo, con un enorme prestigio. Sanjurjo confiaba plenamente en Mola. Otro problema era que las células de la UME funcionaban aisladamente, y se corría el riesgo de que una de ellas decidiera rebelarse por su cuenta. Era necesario establecer una red organizada de coordinación. El 30 de mayo, Mola envió un mensajero a Estoril pidiendo a Sanjurjo que se le reconociera oficialmente como director de la rebelión. Sanjurjo se aseguró de que Mola no se oponía a la participación de los carlistas, y que el objetivo de la rebelión era establecer una dictadura militar dirigida por el propio Sanjurjo; sólo entonces accedió a que se utilizase su nombre y prestigio para asumir la dirección de la rebelión. 2254 Aróstegui, J., La Guerra Civil, 1936-1939, Historia de España, 27, Historia 16, Madrid, 1996, p. 40 2255 Cabanellas fue nombrado jefe de la V División Orgánica en Zaragoza. En la festividad del 14 de abril en Zaragoza, un grupo de izquierdistas abucheó a las fuerzas en desfile. Varios oficiales reaccionaron a la provocación desenvainando sus sables y cargando contra los provocadores. Los partidos del Frente Popular denunciaron esta agresión al pueblo, y el Gobierno exigió a Cabanellas la destitución del coronel Monasterio, de los tenientes coroneles Martínez, Guardiona, Rey d’Harcourt, Cremades, Urrutia y Loscertales, asñi como otros oficiales. Cabanellas se entrevistó con Casares en Madrid para explicarle las provocaciones sufridas y la respuesta de los militares. El 10 de mayo, dos oficiales de la guarnición de Barcelona visitaron a Cabanellas para solicitarle que participara en la conspiración, pero Cabanellas los mandó detener. Pero Queipo envió a Cabanellas al teniente coronel de Ingenieros Rafael Fernández, y Cabanellas se avino a hablar con Mola e integrarse en la sublevación. Cabanellas, Ambos se encontraron en Las Bardenas, cerca de Tudela: G., Preludio a la Guerra Civil, t. 1, p. 425-426. 2256 La motivación de queipo de Llano para rebelarse fue, posiblemente, la destitución de su consuegro, Alcalá Zamora, como presidente de la República. Pero Cabanellas afirma que su decisión es anterior, a causa de su odio a Azaña y Casares Quiroga. Cabanellas, G., Preludio a la Guerra Civil, t. 1, p. 421. 971 2257 También se buscaron contactos internacionales de apoyo . El propio Sanjurjo visitó Alemania en febrero de 1936. También los agentes monárquicos estuvieron en 2258 Alemania intentando conseguir armamento . La tensión seguía en aumento. Se apedreaba o abucheaba a los oficiales en la calle. El 15 de mayo de 1936 hubieron choques entre oficiales de las unidades de Caballería de guarnición en Alcalá de Henares y grupos de sindicalistas. Un grupo de manifestantes abucheó a una unidad de Caballería. Los oficiales, ofendidos, ordenaron una carga sobre los manifestantes. La asamblea del PSOE exigió que los regimientos fueran expulsados de la ciudad. En consecuencia, el presidente Casares cedió, y como ministro de la Guerra, ordenó el traslado los dos regimientos de la ciudad, el de Villarrobledo a Plasencia y el de Calatrava a Salamanca, en un plazo de 48 horas. Las unidades se negaron a ser trasladas. El día 17, el general Miaja, como capitán general de Madrid interino, por enfermedad del titular, tuvo que ordenar el arresto de los coroneles de ambas unidades, así como de varios jefes y oficiales, algunos de los cuales fueron procesados y condenados a prisión. Otro enfrentamiento similar tuvo lugar el 2 de junio, en que Miaja tuvo que mediar en el resultado de una algarada entre cadetes de la Academia de Toledo y 2259 vendedores de prensa izquierdista de esa ciudad . Se publicaba una revista clandestina, "El Soldado Rojo", en la que se publicaban listas de oficiales que debían ser expulsados, y donde se exigía la disolución del ejército regular. Estas demandas eran apoyadas por la prensa izquierdista. Las Juventudes Socialistas y Comunistas Unificadas desfilaban cada domingo gritando "Viva Rusia", y ocasionalmente "Abajo España". Por su parte, las derechas aludían a la cobardía de los militares, y unas mujeres de clase media invitadas a un baile de un centro militar en Madrid arrojaron al suelo maíz y trigo para gallinas. Los choques violentos entre izquierdistas y falangistas y militares eran cada vez más frecuentes. Pese a todo, los oficiales seguían vacilando. No estaba claro que el sector izquierdista del PSOE, que defendía abiertamente la revolución, encabezado por Largo Caballero consiguiera asumir el poder. Tampoco estaba claro que los militares consiguieran una rebelión bien planeada. Casi todos los generales con mando se 2257 Como curiosidad, los nazis alemanes publicaban una revista, "Ejército, marina, aviación", para extender la influencia nazi entre los oficiales españoles e hispanoamericanos. 2258 Viñas, A., La Alemania nazi y el 18 de julio, Alianza Editorial, Madrid. Una vez iniciada la guerra, también la República intentó comprar armas en Alemania. 2259 López Fernández, A., General Miaja…,p. 32-33. 972 negaban a discutir la posibilidad de una rebelión. El comandante de la Guardia Civil Luis Medina Montoro, trasladado forzosamente a León de su destino en Jaén por haber arrestado a un subordinado del Frente Popular, visitó a Calvo Sotelo el 27 de mayo de 1936 deseando contactar con los conspiradores, y presentando un proyecto de 2260 pronunciamiento, pero Calvo Sotelo rechazó el ofrecimiento . Para eludir la vigilancia del gobierno, Mola tuvo que recurrir a toda su astucia, entrevistándose con los conspiradores en las montañas de Navarra, o despistando a sus seguidores entrando en un cine y saliendo por una puerta lateral. En el Alto de Azpiroz tuvo lugar la conversación con el tradicionalista José Oriol; en Irurzun, departieron Mola y Queipo de Llano; en el Alto de Olagain, cerca de Lecumberri, Mola se vio con Kindelán; con Cabanellas cerca de Tudela; con el general González de Lara en Huesca. También frecuentaba el café Kutz, muy popular en Pamplona, donde se situaba en la ventana principal. Uno de sus colaboradores principales fue Santiago Báguenas, jefe de policía en Madrid, quien le proporcionaba información sobre las actividades de los servicios de seguridad gubernamentales. El principal fue el teniente coronel Valentín Galarza, así como muchos civiles, tanto hombres como mujeres, que actuaban como enlaces, dada la dispersión de los conspiradores, como Elena Medina Garvey. El 3 de junio de 1936, el Director General de Seguridad visitó por sorpresa Pamplona para sorprender a Mola, pero éste fue advertido a tiempo. Para disimular su entrevista con Mola, el general Cabanellas habló a media tarde por teléfono con el gobernador civil de Zaragoza; seguidamente se entrevistó en la carretera con Mola, y regresó muy rápidamente a Zaragoza para encontrarse con el mismo gobernador civil en el teatro esa misma noche, en el palco contiguo. No obstante, muchos de sus movimientos eran conocidos. El 15 de junio, el alcalde de Estella avisó al gobernador civil de Navarra sobre la presencia de Mola en el monasterio de Irache, donde se había reunido con un grupo de militares de alta graduación, procedentes de varias guarniciones cercanas a la provincia. El gobernador, Menor Poblador, movilizó a la policía, que rodeó el monasterio, e informó al presidente del Gobierno. Para su sorpresa, Casares Quiroga le telefoneó y le ordenó retirar a los guardias, pues, afirmó, Mola era un republicano leal que merecía respeto de las 2261 autoridades . Hacia el 10 de julio, en Pamplona el teniente coronel de la Guardia 2260 Bullón de Mendoza, A., José Calvo Sotelo, Ariel, Barcelona, 2004, p. 658-659. 2261 Ansó, M., Yo fui ministro de Negrín,, p. 122-123. 973 Civil, Rodríguez Medel, le confió a Mariano Ansó, diputado de Izquierda Republicana y presidente de la Comisión de Guerra de las Cortes, que Mola estaba preparando un 2262 levantamiento conjuntamente con los carlistas para los próximos días . En Ceuta, el jefe de la conspiración era el teniente coronel Juan Yagüe 2263 Blanco . Yagüe estaba al mando desde el 4 de febrero de la 2ª Bandera del Tercio. Era un buen oficial de campaña, popular y respetado por sus tropas, buen organizador, y escrupuloso en cuestiones de dinero. Había entrado en la Falange de forma clandestina en la primavera de 1936. Mola encontró también apoyo en el general Gonzalo Queipo de Llano, director general de Carabineros. Su relación se inició con cierto recelo, dada la postura de Queipo en 1931. Sin embargo, Queipo se había sentido frustrado a no haber sido nombrado ministro de la Guerra en 1931, y le había irritado la destitución de Alcalá Zamora, su consuegro. La inquietud ante el desorden hizo el resto para empujar a Queipo hacia los sublevados. En junio, Mola comenzó clarificar los objetivos políticos de la rebelión. El pronunciamiento sería dirigido por militares, sin intervención civil, y sus objetivos eran ambiguos, porque no se quería enajenar el apoyo de ninguno de los grupos sociales que podían apoyar la sublevación. Esta ambigüedad irritaba a los carlistas. Al parecer, no se deseaba tanto una restauración de la Monarquía, como una rectificación de la República, para evitar el alejamiento del sector militar escrupuloso con el Estado existente. El Ejército tendría autoridad sobre los ministerios de Gobernación y Comunicaciones. Se reconocerían los derechos conquistados por los trabajadores, incluida la reforma agraria, la separación de la Iglesia y del Estado, y la libertad de cultos, aunque sería revocada la legislación que prohibiera la enseñanza católica y las actividades de las órdenes religiosas. Se reformaría al Ejército, se constituiría una milicia nacional y se daría instrucción premilitar en las escuelas. Entonces, Mola decidió informar a los dirigentes políticos de derechas. Desde la cárcel, José Antonio Primo de Rivera había instado en una carta publicada el 4 de mayo a los militares a salvar a España. El líder de Falange, que conoció las intenciones de Mola por la información que le suministraban sus visitas, habló con Rafael Garcerán el 29 de mayo para que se entrevistase con Mola. El general y Garcerán hablaron el 1 de junio, para negociar la colaboración de los falangistas en el golpe, aunque Mola dudaba de que fuera conveniente. A principios de junio, Mola 2262 Ansó, M., Yo fui ministro de Negrín,, p. 124. 2263 Togores Sánchez, L.E., Yagüe, el general falangista de Franco, La Esfera de los Libros, Madrid, 2010. 974 informó también a Calvo Sotelo de forma indirecta, indicándole el objetivo era salvar la crítica situación de España, sin partidismos. Calvo Sotelo contestó sencillamente al mensajero: "Diga usted al general Mola que no pongo ningún reparo a su comunicado. Que solamente espero conocer día y hora para ser uno más a las órdenes del 2264 ejército" . Tres días después, Calvo Sotelo declaró en las Cortes que no creyera que existiera "actualmente del ejército español un solo militar dispuesto a sublevarse en favor de la monarquía y en contra de la República. Si lo hubiera sería loco el militar y al frente de su destino no estuviera dispuesta a sublevarse en favor de España y en 2265 contra de la anarquía, si ésta se produjera" (16 de junio de 1936) . Calvo Sotelo, por consiguiente, sabía que el golpe de Estado no pretendía restaurar la monarquía, pero entendía que el Ejército era el único freno que se podía concebir contra la Revolución. Su postura parece significar que los monárquicos aceptaron las condiciones de Mola. Por ello, pusieron a disposición de Sanjurjo un fondo de 300.000 pesetas, después que en Barcelona, el hijo del general, Justo Sanjurjo afirmara que se quería mezclar a su 2266 padre en una conspiración sin proporcionarle recursos . Gil Robles y los dirigentes de la CEDA conocían la conspiración. El 18 de junio, Miguel Maura público en El Sol un artículo sobre la cantidad de afiliados a los sindicatos y partidos de izquierda, muy superior a la cifra de afiliados a los partidos de derecha. En estas condiciones, era muy difícil derrotar en las urnas a la izquierda unida, al Frente Popular. En el mes de junio, el tesorero de Acción Popular, partido integrado en la CEDA, transfirió a Mola 500.000 pesetas del fondo de propaganda del partido. A mediados de junio, la moderada Junta de la UME de Madrid contactó con Mola. La conspiración comenzaba a ser conocida, pero ni Azaña, ni el presidente del gobierno, Santiago Casares Quiroga, querían actuar. El Gobierno de la izquierda estaba tranquilo, y confiaba en un rápido aplastamiento del golpe, tal y como había pasado con Sanjurjo. El Gobierno sólo vigilaba y no tocaba a los principales, a Mola, Varela o Goded; tampoco hizo caso e informaciones que advertían de que parte de la Guardia de Asalto, irritados con las represiones a las manifestaciones de la izquierda, estaban en tratos con los conspiradores. A finales de junio, la conspiración pareció estancarse. Mola escribía a sus amigos contándoles que se aburría mortalmente en Pamplona, rodeado de montañas, 2264 Bullón de Mendoza, A., José Calvo Sotelo, Ariel, Barcelona, 2004, p. 659. 2265 Payne, S.G., Los militares… p. 342. 2266 Payne, S.G., Los militares… p. 342, testimonio de Pardo Reina. 975 curas y campesinos; pero en realidad, se impacientaba, al ver que muchos de sus 2267 compañeros de conjura dudaban de levantarse . El terrorismo de derecha había aumentado, en parte para provocar desórdenes, y también para provocar a la izquierda y empujarla a una reacción. Muchos jefes de guarnición afirmaban que había que esperar y confiar en el Gobierno. El comandante de la guarnición de Barbastro, el coronel Villalba Rubio, le pidió a Mola 100.000 pesetas para participar en el levantamiento y poner su guarnición a su disposición. El general Franco tampoco se decidía. La Republica le había tratado bien, y no estaba dispuesto a jugarse su carrera. Franco se mantenía en contacto con la CEDA a través de su cuñado, Ramón Serrano Súñer. Al repetirse las elecciones en Cuenca, el 10 de mayo de 1936, Franco decidió presentarse a diputado por esta circunscripción en las listas de la CEDA. Esta postura molestó al líder socialista Indalecio Prieto, que le atacó en los mítines, y advirtió a los electores que no se le votara, porque un triunfo electoral le convertiría en un caudillo militar. También José Antonio Primo de Rivera se irritó, y desde la cárcel lo hizo saber, porque le indicaba que Franco no pensaba sublevarse. Se dijo que comentó: "Todos los generales son unos gallinas, y Franco es el gallina mayor", y envió a su hermano Miguel a presionar a la CEDA para que eliminaran a Franco de la candidatura. Ante esta oposición, Franco retiró su candidatura días antes de las elecciones. En Tenerife, Franco mantenía contactos con Mola y otros conspiradores. Fue visitado por su cuñado Serrano Súñer, y por Galarza, pero no se comprometió a nada en concreto. Las vacilaciones de Franco llevaron a sus compañeros motejarle de "Miss 2268 Islas Canarias" . Otro implicado muy prudente era el coronel Muñoz Grandes, recién casado y con un hijo pequeño, que actuó con mucho sigilo. Dejó la Guardia de Asalto tras la Revolución de Asturias y volvió al Ejército, pasando a África en noviembre de 1935 como delegado de Asuntos Indígenas, y el 31 de diciembre ascendió a coronel. Ingresó en la UME. Muñoz Grandes era uno de los jefes de la conspiración en Madrid, 2269 junto a Álvarez Rementería y Ortiz de Zárate . La misión de Muñoz Grandes era 2267 Que la conspiración era de dominio popular, parece demostrarse por un chiste que en junio de 1936 se contaba por Madrid: un grupo de conspiradores no se levantaban porque su jefe esperaba que le pagaran una deuda; una vez pagada tampoco se levantaban, porque el jefe se la quería gastar en bebida y mujeres, y se olvidaba de la conspiración. 2268 Payne, S.G., Los militares… p. 345. 2269 Togores, L.E., Muñoz Grandes, p. 160-161. 976 arrastrar a la Guardia de Asalto contra el Gobierno; para eso, se ausentó de Marruecos 2270 en los días previos al alzamiento . El 23 de junio, Franco dirigió una carta personal al presidente del gobierno, Casares Quiroga, en la que le aseguraba la lealtad del Ejército, pero también le informaba que el desorden y la campaña antimilitarista de la izquierda estaba molestando profundamente a los militares, creándoles un "grave estado de inquietud", y que se debería tratar a los oficiales con más respeto y generosidad. Según los enemigos de Franco, el oficial Camilo Alonso Vega visitó de su parte al general Mola en Pamplona, para exigirle el depósito de una cantidad de dinero en el extranjero que, en caso de fracaso del golpe, pudiera servir de sostén a la familia de Franco en el exilio. Sanjurjo también decía por entonces "Con Franquito o sin Franquito, salvaremos a España". 5.5.- Mola, el Director, y el general Varela. En Cádiz, Varela gozaba de una libertad relativa, pues estaba bajo control policial. Pero uno de sus vigilantes era Francisco Morales Fresno, muy amigo suyo, y que se convirtió en su colaborador, hasta que, descubierto, fue trasladado a Canarias. Mola iba comunicando a Varela sus nuevos contactos y adhesiones en cartas en clave, llenas de apodos y referencias relativamente fáciles de identificar en la familia militar, pero lo suficientemente ambiguas por si caían en manos de la policía, así como cuentas e ideas sobre supuestos negocios, intercalando algunas bromas: muy probablemente, el de la Pilarica sea general Cabanellas, gobernador militar de Zaragoza. El 5 de mayo de 1936, en “Villa Cort”, quizá una referencia al domicilio de Varela en la Plaza de las Cortes nº 5 de Cádiz, se elaboraron dos documentos de carácter estratégico sobre movimientos de tropas, en los que se subrayaba la 2271 importancia de la sorpresa y la ofensiva , y que establecían un plan para marchar sobre Madrid. Como destaca Martínez Roda, el plan había cambiado. En las primeras tentativas, de Orgaz y Varela, el golpe era centrífugo, se daba en Madrid desde donde irradiaría hacia la periferia. La estrategia de Mola era centrípeta, el pronunciamiento 2272 tendría lugar en la periferia, desde donde se marcharía sobre Madrid . El primer 2270 Togores, L.E., Muñoz Grandes, p. 163, recoge un testimonio del padre del general Alonso Baquer. 2271 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 147-148, texto mecanografiado, “Ejército de Operaciones. Instrucciones generales nº 1”, fechado en Villa Cort, 5 de mayo de 1936; fol 149-155, texto mecanografiado, “Ejército de Operaciones. Instrucciones generales nº 2”, fechado en Villa Codt, 5 de mayo de 1936. También el Caperta 168, fol 617-619. 2272 Martínez Roda, F., Varela, p. 123. 977 2273 documento lleva por título "Instrucciones generales nº 1" : "El mando divide la zona de acción de su ejército en operaciones en dos partes: una correspondiente al primer Cuerpo de Ejército que comprende los sectores A, B, C y D, y otra, la Z, se ha de ser la correspondiente a las reservas y que actuara independientemente, pero con las 2274 directrices que por el manto se concreten" . El plan tuvo que ser enviado por Varela a Mola, el cual, ya como director de la conspiración, lo reharía. El 6 de junio, Mola escribió a Varela repasando ciudad por ciudad y calificando con "bien", "regular" y "mal", la situación de la conspiración en cada una de las principales ciudades españolas, en un cuadro que resultó exacto en el momento del alzamiento. Esta carta terminaba así: "Si quiere que le mande el plan completo se le enviaré, pues quizá convenga conocerle". Sin embargo, el plano correspondiente a esas instrucciones se perdió, quizá en una de esas quemas en momentos de peligro. Lo más posible es que las primeras letras correspondan a zonas del Norte y del Centro, desde las que Mola debía marchar sobre Madrid; la zona Z parece corresponder a Andalucía, que debía actuar conjuntamente con Marruecos, y que dependía mucho del triunfo en Sevilla del general Queipo de Llano. Un tercer documento, sin fecha, establecía lo que parecía la forma de trasladar el 2275 Ejército de África a la Península . Era tarea importante de Varela establecer el desembarco para las tropas de África. En sus planes, Mola estableció tres posibles cabezas de puente para el desembarco, designadas con los números 1, 2 y 3, correspondientes a Cádiz, Algeciras y Málaga. Para Varela, 1, Cádiz, "reúne mejores condiciones que las otras dos", porque es una base naval, posee una importante guarnición, fáciles comunicaciones, material y gasolina para la formación de una columna motorizada. En cambio, el teniente coronel Yagüe, designado en esta correspondencia secreta como Juanito o sencillamente J, era más partidario de Algeciras. Las cartas se cruzaron en este sentido entre Cádiz y Tetuán: Yagüe argumentaba que Algeciras estaba más cerca de África; Varela contestaba que Algeciras carecía de recursos militares, a lo que contestaba Yagüe afirmando que varios amigos ya estaban buscando camiones. Varela replicaba que esto suponía que demasiada gente iba a conocer los planes. Mola intervino para pedir sacrificio, concordia y abandono de 2273 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 617-619 fechado en Villa Cort, a 5 de mayo de 1936. 2274 Pemán, J.Mª, p. 150. 2275 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 156-157, texto mecanografiado, “Ejército de Operaciones. Instrucciones particulares. Zona Z”. 978 personalismos. A la hora de la verdad, ambas plazas quedaron inutilizadas en la práctica por la oposición de la escuadra. El cometido de Varela era tener lista la cabeza de puente 1, Cádiz. También surgieron asperezas entre las diversas Armas, como las que detallan en la correspondencia Lapatza y José Delgado, desde Barcelona y Marruecos, entre "los sabios" (Ingenieros), y la "Cenicienta" (Infantería), a lo que Varela replica que son precisamente estas discusiones entre miembros del Ejército lo que debilita a éste, y que en el pasado derribó el gobierno de Primo de Rivera, por lo que hay que olvidar los emblemas de las bocamangas. Aquí encontramos que en la conspiración hay una voluntad decidida de reanudar la unidad del Ejército, de buscar la reconciliación y la superación de las diferencias que durante dos décadas habían dividido a la familia militar. Es una postura muy relevante, si la ponemos en el contexto del momento, pues sus protagonistas no sabían cuán necesaria iba a ser esa unidad apenas unas semanas después. Tiene especial relevancia conocer las propuestas para la inmediata toma de poder de los sublevados. Son, se recalca, planteamientos para su estudio y discusión, que finalmente no pasaron de simples indicaciones. En uno de ellos se establecen ocho puntos. Los tres primeros, derogación de la Constitución vigente e institución provisional de la misma, determinación de funciones de los poderes legislativo y 2276 judicial, y mantenimiento de la independencia del poder judicial , se afirma que han sido entregados para su estudio a J.M., que se prefiere las derogación a la suspensión de la Constitución, y que se ha de mantener la independencia judicial. Se establecería un manifiesto sobre las bases de un nuevo Estado, una amplia amnistía de delitos políticos y sociales desde el 16 de febrero de 1936, supresión provisional de toda la prensa y su sustitución por un órgano oficial, con la nacionalización de la prensa adversa, y ley de prensa con censura; supresión de partidos políticos, con desaparición de los partidos marxistas y “antiespañoles”, y transformación y unificación de los partidos de derechas; disposiciones sobre limitación de garantías y libertades. Junto a estas medidas políticas se establecían otras de carácter económico y social, como una reforma agraria, anulación de la libertad de cátedra si ésta era utilizada para defender doctrinas contrarias a “la moral, la Patria o el Estado o en defensa de teorías marxistas”, deposición de docentes comunistas, negociación de un Concordato, disposiciones monetarias, revisión 2276 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 628-633, “Decretos de aplicación inmediata. Política general”. 979 de las cláusulas abusivas a favor de los trabajadores de los contratos laborales suscritos tras el 16 de febrero de 1936, pero sin pérdida de derechos y beneficios obtenidos antes de esta fecha, anulación del Decreto sobre represaliados, con readmisión de todos los trabajadores que fueron despedidos por razón de dicho Decreto, disolución de los sindicatos marxistas; se establecía que el nuevo Estado implantaría la justicia social,, se estructuraría una nueva Magistratura del Trabajo, con delegados del ministerio de 2277 trabajo. También se redactó un documento sobre política de cambios monetarios . En él se abordan de forma sucinta la posibilidad de establecer empréstitos de carácter patriótico sobre las reservas de oro, mejorar la balanza comercial (con reformas arancelarias, proteccionismo industrial y establecimiento de tratados comerciales con otros países), solucionar el problema de los ferrocarriles estableciendo un consorcio de explotación por el Estado, facilitar la Unión de Compañías, realizar una quita de los intereses de las obligaciones y amortizaciones compensando la pérdida con la concesión del aval del estado, y reducción del capital acciones; nivelación de presupuestos; creación de organismos de carácter económico, en concreto un consejo técnico de diez o doce miembros, y una asamblea de carácter consultivo integrada por representantes de la Industria, el Comercio, la Banca y los Transportes. Estos documentos por permiten establecer que para Varela y un sector de conjurados el golpe de Estado no se trataba sencillamente de un simple cambio de régimen, sino de establecer un conjunto de reformas de carácter estructural en el país. Sin embargo, el conjunto global era heterogéneo, y por tanto era muy complicado el consenso se redujo a una base mínima, que a la larga benefició a Franco, pues se encontró con una gran libertad de acción, precisamente por existir unos acuerdos previos tan débiles y ambiguos. El 22 de mayo de 1936 se elaboró un comunicado que debía circular entre los 2278 jefes, oficiales y clases de forma clandestina . En él se afirmaba que “España está en trance de muerte. (…) El marxismo acecha en nuestro solar su presa segura. Con inteligencia y diabólica frialdad, Moscú lanza sus consignas ciegamente seguidas por sus secuaces y cómplices de España”. Describía que la izquierda republicana y el “socialismo templado” estaban siendo desbordados, la economía y la Hacienda 2277 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 633-634, el documento aparece redactado en forma de carta; en el colofón se dice que J.M. aún no ha contestado, y lo firma P.P. 2278 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 139-142, texto mecanografiado, “Jefes, Oficiales, Clases! de las Fuerzas Armadas de España!”, mayúsculas y subrayado en el original. 980 quebrantadas, se exaltaba el separatismo, “Destrucción del Ejército y de las fuerzas armadas, atacando su honor y dignidad, minando su disciplina. Entrega final de una España rota, maniatada, desangrada, al horror de hordas salvajes al dictado de de Moscú”. Recordaba los actos de violencia cotidianos, los robos, saqueos, incendios, profanaciones de lugares religiosos. Ante esta situación, se llamaba a la sublevación: LOS SOLDADOS DE ESPAÑA ESTAMOS DECIDIDOS A SALIR EN SU DEFENSA, A OFRENDAR LA VIDA POR LA PATRIA. La disciplina, el honor, la fe jurada nos obligan. El alzamiento contra los asesinos de España no es ya sólo un derecho, es un sagrado deber. No se trata de una sublevación más, sino de un sublime y supremo acto de servicio patrio”. En el texto se informa que se está preparando el movimiento de sublevación contra esta situación, con unidad y disciplina: “No es tiempo de indisciplina, con subversión de jerarquías en desprecio y chacota para mandos de prestigio y patriotismo probado, sino de interna cohesión”. Este movimiento no se iba a detener; no tenía ambición de gobierno, su único objetivo era “encauzar el porvenir de la Patria, en tanto las circunstancias exijan nuestro concurso”. Advertía que aquellos que se escudaran en la disciplina para no sublevarse, ésta no podría ser considera excusa, “porque no puede considerarse como tal la obediencia y sumisión a quienes dentro del Ejército actúan como ruines enemigos de España”. Acababa subrayando que “¡La Patria está en peligro!, y que los jefes, oficiales y suboficiales debían estar dispuestos a cumplir con su deber. 2279 Una proclama , sin fecha, al parecer escrita para explicar a los militares las motivaciones de la sublevación, establecía las líneas maestras de gobierno: recalcaba la situación crítica del país, las intenciones perversas de los revolucionarios marxistas. Los sublevados pretendían evitar “que la ruina moral y material de España” se consumara. Las Fuerzas Armadas se sublevaban no para formar Gobierno, sino para restaurar los órganos de poder de orden civil; proclama que los únicos mártires de octubre de 1934 no fueron los revolucionarios, sino los que lucharon contra ellos cumpliendo su deber; olvida y perdona los desmanes cometidos por los revolucionarios; rechaza la glorificación de los militares sublevados, alusión a Galán y García Hernández; garantiza los derechos de los trabajadores; asegura las libertades de trabajo y comercio; afirma la voluntad de establecer un gobierno militar que restaure el orden y la autoridad con 2279 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 145-146, texto mecanografiado, “¡Españoles!”. 981 empleo de la fuerza si se encuentra resistencia no se acata la autoridad, y llama a los militares a apoyarlo. Si comparamos esta proclama, con la que emitió Franco en Las Palmas el 18 de julio de 1936, encontramos puntos muy similares: Franco incidía en el desorden público y la falta de legalidad del Gobierno para justificar el alzamiento, hablando de paz, libertad sin libertinaje, trabajo, y justicia social, prometiendo respetar las conquistas sociales, pero sin concretar forma de gobierno. Siempre que salía a la calle, el general Varela lo hacía de paisano, sombrero en mano, y con la cercana escolta de una pareja de policías. Pero Varela burló la vigilancia de los vigilantes: “…teniendo en cuenta que su casa estaba constantemente vigilada, se había habilitado la parte posterior de la manzana, donde no había policías, y por la parte de la misma, a través de la casa de una vecina y atravesando un largo pasillo que 2280 comunicaba con el patio, se entraba en el domicilio del General” en la plaza de las Cortes. Otra forma era saltar por las azoteas “con agilidad de acróbata, y salía por una casa de la parte posterior que se encontraba en obras” saliendo a la calle O’Reilly, sin vigilancia. Varela solía efectuar sus salidas por la noche. De esta manera se entrevistó con el general de Aviación Alfredo Kindelán, que acudió a Cádiz para hablar con él, y lo hicieron en secreto a la sombra de las murallas. De esos días se conservan los recibos de cuotas del Centro Cultural del Ejército y de la Armada, y el justificante de giro de las mismas, por importe de 18 pesetas, 2281 enviadas a Madrid, a Vicente Rojo . Se conserva también una nómina, de mayo de 1936. Varela cobraba un total de 1.479’43 pesetas, descontando impuestos, pago al 2282 Colegio, al Parque de Intendencia (pan) y timbres móviles . Varela se quiso presentar como candidato ante la repetición de elecciones de Diputados a Cortes por Granada el 3 de mayo de 1936, en la candidatura del Frente 2283 Nacional , pero las candidaturas se retiraron ante las irregularidades. En el archivo se conservan varios recortes de periódicos sobre las irregularidades cometidas en las 2284 2285 elecciones . Las elecciones se debían celebrar el 3 de mayo de 1936 . El 27 de abril 2280 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 611. 2281 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 99, recibos del Centro Cultural del Ejército y de la Armada de los meses de abril y mayo de 1936; justificante de envío de 18 pesetas a Vicente Rojo, en Madrid, desde Cádiz, fechado el 9 de mayo de 1936. 2282 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 100, nómina, impreso, fechado en Cádiz el 31 de mayo de 1936. 2283 Villa García, R., La República en las urnas, Marcial Pons, Madrid, 2011. 2284 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 94, “El Correo de Andalucía, 30 de abril de 1936, “No quieren hacerse cómplices de la farsa preparada. Ya está hechas las elecciones en casi toda la provincia”. 982 Varela pidió permiso al general de la 2ª División, en Sevilla, para pasar de Cádiz a 2286 Granada . Estas irregularidades, y la creciente inseguridad ciudadana, inquietaban a la población. El 10 de marzo hubo una nueva oleada de quema de conventos. Cádiz era una ciudad en la que el movimiento obrero era importante, no de balde en Andalucía se la llamaba “la Rusia chica”. El gobernador civil, Zapico, era un artillero, republicano convencido del partido de Azaña. Varela, no obstante saberse vigilado, buscó apoyos para la conspiración. El nuevo gobernador militar de Cádiz, el general José López Pinto Berizo, había sido trasladado por una manifestaciones realizadas ante la toma de poder por la izquierda del ayuntamiento cartagenero. Varela consiguió contactar con él y sumarlo a la conspiración, hecho que fue confirmado, a finales de junio, por una visita del general Queipo de Llano a López Pinto en su despacho, para requerir francamente la colaboración de Cádiz en su golpe en Sevilla; Varela pidió instrucciones a Mola, en cual contestó: “él se encarga de la ciudad del Betis”, en carta fechada el 4 de julio. También se unieron a la conspiración el ayudante de López Pinto, el capitán Jaime Puig, el vicealmirante de la Base Naval de San Fernando, Ruiz de Atauri, el jefe de la Infantería de Marina del Arsenal de la Carraca, teniente coronel Ricardo Olivera Manzorro, y el jefe provincial de Falange Española, José Mora Figueroa. Como enlaces actuaban José Delgado y el comandante de Artillería de la Armada Guillermo Medina. 5.6.- Las relaciones de Varela: Simón Lapatza. Varela era un general que gozaba de gran popularidad y de muchas amistades, y de ellas se sirvió para tejer una red de contactos que le informaran de primera mano. En Barcelona, Varela contaba con el comandante Simón Lapatza, que como Delgado 2287 Serrano era antiguo subordinado suyo. El 27 de junio de 1936 , Lapatza afirmaba que la mayoría de la guarnición barcelonesa, unos ochenta mandos estaba dispuesta a levantarse, arrastrada “por unos cuantos capitanes y dos o tres jefes”, que trabajaban guiados por un general. La oficialidad del Regimiento de Infantería de Alcántara nº 14 era masónica empezando por su coronel, Moracho, “un ‘valor se le supone’”; los Ingenieros no se decantarían hasta triunfado el golpe; de los coroneles no hay que fiarse, son “profundamente egoístas y conservadores, desplazados técnica y moralmente”, 2285 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 95, impreso certificado de que Varela se presenta a las elecciones a Diputado a Cortes por Granada, fechado el 26 de abril de 1936, encabezamiento “Junta provincial del Censo Electoral”; fol 98, papeleta electoral. 2286 ACGJEVI, Carpeta 13, fol 96, telegrama, impreso, fechado el 27 de abril de 1936. 2287 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 639-640. 983 empezando por Espallargues, coronel del Regimiento donde servía Lapatza, y en quien Mola, equivocadamente, había confiado; “El Fascio” y otras asociaciones también están apoyando el levantamiento, así como cabos y soldados, pero no los sargentos, “bastante maleados”. Por otro lado, el gobierno de la Generalitat catalana han organizado y armado un nuevo Somatén, los Escamots, que al usurpar funciones de la policía han soliviantado a ésta, lo que quizá les lleve a apoyar el alzamiento. El General de División con mando en Barcelona, Francisco Llano de la Encomienda, era “un ambicioso sin escrúpulo, que está siempre con quien le conviene”, había ordenado encadenar los fusiles y repartir un solo cargador para las guardias. Otra circunstancia es que con la llegada del verano se ha dado licencia a mucha tropa, dejando el Regimiento de Alcántara reducido a tres Compañías con mandos masones Los demás jefes y generales eran calificados de inútiles, así que el núcleo de la sublevación lo formaban los capitanes. Lapatza dedica un duro párrafo a estos jefes poco comprometidos, a los que califica de “paveros” y “pelotilleros”, y reconoce que “aquí estamos sin cabeza”. Con una anécdota muestra el ambiente de obediencia de los jefes a las autoridades catalanas: “Últimamente Escofet ha sido nombrado jefe de policía, y llamó a los jefes y generales de la Guardia Civil y Asalto, obligándoles a gritar Viva la República y a Cataluña, pero obligándoselo taxativamente, con olvido y desprecio a España y por un traidor que des a ella. Y aquel rebaño obedeció”. Federico Escofet era un oficial de Caballería que sirvió en Marruecos entre 1920 y 1922, donde fue herido. En 1926 fue ascendido a capitán. El rechazo de la Dictadura de Primo de Rivera le llevó al catalanismo radical, ingresó en los Mossos d’Esquadra en 1930 y durante la República se convirtió en uno de sus principales mandos. En octubre de 1934 siguió al presidente de la Generalitat Companys en su rebelión, y cuando ésta fracasó, fue condenado a muerte con el comandante Pérez Farrás, aunque su condena fue conmutada por la de cárcel. El triunfo del Frente Popular supuso su salida de la cárcel y readmisión en el Ejército como capitán. Companys lo nombró a finales de junio de 1936 Comisario General de Orden Público. Muchos militares no entendían el sorprendente y reciente catalanismo de Escofet, y lo consideraban un traidor. 2288 En otra carta , Lapatza explicaba que se había formado una Comisión Jerárquica, un comité de los conspiradores, integrado por un miembro de cada Arma, otro por Seguridad y otro por la Guardia Civil, y aunque los Zapadores se habían 2288 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 641-643, sin fecha. 984 negado a participar en el comité, también manifestaron que no se enfrentarían al golpe. Pero Lapatza no era optimista, “puesto que los jefes de esta guarnición no inspiran, en general, respeto alguno ante su incalificable indiferencia”. El coronel del Regimiento de Infantería nº 14, amigo y defensor de Pérez Farrás, había sufrido un atentado con dos granadas Lafitte del que salió ileso, pero era republicano y masón; en este Regimiento, estaban comprometidos con la sublevación tres capitanes y varios tenientes, y aunque el teniente coronel, Roldán, se decía muy católico, no era partidario; el otro Regimiento de Infantería, nº 13, solo estaba comprometida la oficialidad, pero no los jefes; de los dos Regimientos de Caballería, sólo el nº 4 está comprometido con su coronel, el nº 3 es dudoso; el 1º de Artillería de Montaña, y el 7º de Artillería Ligera también, aunque del primero había dimitido el coronel, así como el general de Brigada de Artillería, por el registro efectuado en casa de un capitán del Cuerpo; la mayoría de la guarnición y sobre todo los oficiales más prestigiosos, a juicio de Lapatza, estaban en la conspiración. La Guardia de Asalto estaba desmoralizada. Era importante que un jefe de prestigio acudiera para levantar a la guarnición, y en ese sentido, la propuesta de Goded le parecía muy adecuada: “Ahora nos indican aquel de los tiempos en que yo estaba contigo. Esto elevaría mucho la moral”. En resumen, según Lapatza, se podrían sublevar en Barcelona: tres o cuatro Baterías de Montaña con un comandante; tres Baterías del 7º Ligero; cuatro Escuadrones del 4º de Caballería con su coronel; veinticuatro Compañías del 13º de Infantería con un comandante, integradas por fusileros, dos ametralladoras pesadas y quizá uno o dos cañones del 40º de Infantería situados en el Parque; y cincuenta guardias civiles, quizá cuatro Compañías de los mismos. También se podía contar, pero era dudoso, con los Carabineros; sólo los oficiales de Asalto estaban a favor, pero los números no; el 14º de Infantería y los Zapadores serían pasivos. Respecto a la participación civil, se podría contar con unos dos mil “hombres de acción” de Falange, Tradicionalistas y otros grupos. Respecto a las guarniciones vecinas, en todas salvo Figueras había ambiente propicio al levantamiento, pero en Gerona se resistía el Regimiento de Artillería: “…donde han soltado algún puyazo, recordando la Dictadura, aunque quizá haya sido más bien para disimular su falta de decisión. Es cosa que a los Infantes nos preocupa. Esta Arma, por su eterna falta de compenetración con nosotros y su afán de prerrogativas, imitándose a Francia, cuanto que aquí desde el Gran Capitán,, el abolengo y la Historia militar, son a base de Infantes”. 985 Las diferencias entre Infantería y Artillería persistían. En cambio, el Batallón de Montaña de Gerona estaba íntegramente comprometido, razón por la cual quizá sería interesante trasladarlo a Barcelona. También el Batallón de Ametralladoras de Manresa estaba dispuesto a levantarse, pero su comandante no, pues era muy amigo de Companys. Enfrente, estarían los Mozos de Escuadra así como el todavía en creación Somatén de la Esquerra y los Escamots. Lapatza sabía o sospechaba que el general Llano de la Encomienda, comandante de la IVª División en Barcelona, conocía la preparación del alzamiento. El plan era lanzarse a la calle antes de que los jefes controlaran los cuarteles y los de Asalto todavía estuvieran en sus casas. Un grupo debería ocupar Capitanía, donde se instalaría el “gerente”, Goded, para dictar sus órdenes. Los oficiales de Aviación estaban siendo vigilados para facilitar la captura de los aeródromos, aunque apenas habían bombas ni aparatos para lanzarlas. Lapatza recibía la correspondencia de Varela en casa de un médico, Pablo Badía, sito en Hospitalet de Llobregat. El 13 de julio de 1936 el comandante envió una tercera 2289 carta a su antiguo superior . Las sospechas aumentaban, y Lapatza, en tono angustioso, pedía confirmación de haber recibido un mensaje anterior. Añadía: “Aquí acabamos ¡digo! estamos pasando momentos muy álgidos. No aceptamos en modo alguno, agente, sea cualquiera que sea su categoría, que traiga la camisa sucia. Sabes que estoy a tus órdenes y conmigo toda la cofradía de la cornetilla de aquí. Hemos mandado varios enlaces y mantenemos toda subordinación a nuestro gerente. Tu amigo, L.”. Por “cofradía de la cornetilla, se entiende el Arma de Infantería. 5.7.- Correspondencia del general Varela en la conspiración: Orgaz y Mola. El general Varela mantuvo correspondencia con el general Luis Orgaz Yoldi, destinado en Canarias. Ambos eran amigos desde los tiempos de Marruecos y partidarios de una acción rápida para detener la radicalización que parecía abocar España hacia una revolución. Una primera misiva, remitida de Orgaz a Varela el 7 de 2290 junio de 1936 , servía al primero para resumir su entrevista con el general Franco. Éste era partidario de esperar a que el sectarismo del Gobierno acabara desgastándolo; Orgaz le había contestado que cuanto más se esperara a realizarse el golpe, más difícil sería; Franco sostenía que era necesario contar con controlar Madrid, y eso, según 2289 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 643. 2290 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 644-645. 986 Orgaz, era muy difícil. Por ello, Franco pensaba que la acción debía esperar unos seis meses, tiempo en el cual se podría preparar un golpe en la capital con garantía de éxito. Orgaz le contestó que no sabía quién podría encargarse de dirigir el golpe allí, al parecer pensaba que el propio Franco, pero no lo afirma claramente: “yo le he hecho saber que no sé quién es el que haya de encargarse de aquello. Punto este sobre el que es necesario insistir para tratar de llevarlo a nuestro partido. Yo no lo juzgo imposible”. Por tanto, a principios de junio de 1936 aún era dudosa la participación de Franco en el alzamiento. Mola lo confirmaba. Respecto a los medios, Orgaz le decía a Varela que escribiría a J. (el teniente coronel Juan Yagüe) “indicándole la conveniencia de que se entienda directamente con Vd. y reservando su correspondencia a Valentín [Galarza]”. Varela recibía estas cartas a través de un amigo al que eran enviadas. Orgaz pedía a Varela que se comunicara con Franco y le convenciera. El 8 de junio, desde Pamplona, el general Mola escribía a Varela, a través de 2291 José Delgado . Le notificaba el envío del texto ya citado, “Decretos de aplicación 2292 inmediata” , escrito por una persona que no cita, pero que Varela conocía, y que había hablado con “el de las barbas”, el general Cabanellas. En esta entrevista hubo cierta tirantez, pues esta persona pretendía “dar paso enseguida a unos amigos suyos que militan en el partido radical”, algo que a Cabanellas su interlocutor, no le pareció bien, lo que resulta sorprendente, pues el propio Cabanellas simpatizaba con los radicales, pero al final aceptó participar en el golpe. La situación en Madrid era muy delicada, y Mola contaba en la capital con “Pablito” Martín Alonso, para obtener noticias. Mola explicaba que estaba sufriendo defecciones, pero que iba a realizar una reunión con “los directivos de una importante organización de esta tierra para que concreten las aportaciones”, es decir, los carlistas. Mola afirmaba que el levantamiento podía triunfar en Zaragoza, Huesca, Jaca, Burgos, Estella, Logroño, y Pamplona, y quizá en Santander; Vitoria y San Sebastián, así como Oviedo, regular; Bilbao, muy mal; Valladolid aún se está tanteando; en Valencia “no hay nada que hacer porque son muchos los de la otra banda”; en Cataluña, los oficiales dispuestos, pero los jefes y generales muy mal, así como Madrid, aunque “ahora hay un señor que está trabajando en firme”. Para Mola, la clave era aprovechar el momento. 2291 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 653. 2292 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 628-633, “Decretos de aplicación inmediata. Política general”. 987 2293 Mola escribió a Varela el 13 de junio de 1936 . En la carta, criticaba la pasividad de los conspiradores de Madrid, que “no han hecho más que charlar y fumar pitillo”, que habían dado informes optimistas que no han resistido un análisis serio. En Galicia, "El Maruso no quiso dar dirección y recibir papeles", así como "Don Pocholón, ni hablar, y el que le sigue, del bando contrario"; "“Don Camilo, muy pausado, en vista de lo cual le mando hoy un viajante"; “Vizcaya” tampoco se suma; “un poquito más abajo” tampoco está claro, lo que compromete el norte; "En cambio, el de la Pilarica, ofrece cuanto se quiera", Cabanellas sí que estaba dispuesto a sublevarse, “pero ya comprenderá que no es mucho de fiar”. En vista de la situación, para Mola “no hay más remedio que organizar por la parte de chaqueta”, es decir, contar con los civiles, los cuales “necesitan una ayuda que no se puede prestar con anterioridad”, es decir, armas y entrenamiento. Afirma que hablará con “Juanito”, Yagüe, para que entre en contacto con Varela. Mola manifiesta su frustración: “Cada vez veo más difícil lo que yo pretendía hacer y que creo tenía muchas más probabilidades de salir bien. Ya puede suponer que estoy dado a los demonios. ¡Ah! Se me olvidaba decirle que la plaza que ustedes consideran jamón, hay muchos señores que tampoco quieren meterse en el negocio. “Salud, pesetas y acracia. Está visto que los socialistas somos unos mierdas”. Esta última frase parece querer confundir. Varela escribió a Yagüe una carta bastante larga, pero indescifrable pues se perdió la clave. Podemos saber más o menos 2294 su contenido, por otra carta enviada por Varela a Franco en la que lamenta la actitud de Yagüe. Varela, tras la orden de Mola de coordinarse con Yagüe, le exponía al teniente coronel que dado el alejamiento de Franco, debían desarrollar un plan conjunto. Varela le exponía las ventajas e inconvenientes de las distintas cabezas de puente. 2295 Una nueva carta fue enviada por Mola a Varela el 22 de junio de 1936 . Mola se extraña de que Yagüe no se haya puesto en contacto con Varela. Afirma que el Gobierno conoce los planes de la conspiración. Parece así confirmarse que el Gobierno de Casares Quiroga pretendía crear una nueva “Sanjurjada”. Tanto Prieto, como Nelken o Largo Caballero alertaron al presidente sobre las confidencias que recibían. “Pero todo era inútil. El presidente del Gobierno y ministro de la Guerra seguía creyendo que aquello era otro 10 de agosto [de 1932] y que al reprimirlo podría utilizar métodos de 2293 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 653-654. 2294 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 659-660. 2295 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 654. 988 represión que harían que no se repitiera ningún movimiento militar contra la 2296 República” . Mola se estaba planteando que el golpe lo dé Yagüe “en su feudo”, Marruecos, “desde luego sobre la base de moverse hacia arriba”. También está en tratos “para producir una agitación de chaqueta”, civil. Mola estaba convencido de la necesidad de un apoyo civil, cosa que preocupaba a Varela, como se infiere por una frase de Mola: “Una cosa exclusiva, como Vd. indica, es ir al fracaso; la gente no seguiría; lo que de ellos intervengan no debe preocuparle, porque son los primeros convencidos que de momento hay que desplazarles. Lo del fracaso, siendo una cosa puramente familiar, es seguro; se lo dice quien tiene experiencia”. Mola le había entregado a Varela unas directrices, elaboradas por supervisores técnicos y civiles, el principal de ellos con las siglas J. M., elaboraron un "plan político", en las que se estudiaba instaurar en España una dictadura, algo que a Mola no le parecía relevante; pero sí lo era mantener las conquistas sociales de los obreros. Mola escribió a Varela: "Del plan dictatorial que le envío no haga mucho caso, pues como comprenderá hay que satisfacer a mucha gente. Lo que hay que mantener a todo trance es la legislación en favor de los de abajo, de eso no se puede tocar nada. Los que tienen dinero han de facilitarlo a los que no lo tienen". Varela estaba de acuerdo con esta opinión, dadas sus simpatías obreristas. Mola encargaba a Varela que hablara con Franco, para diseñar un plan referente a Marruecos. Recordaba que Cádiz y Málaga eran “plazas importantes”, y que “Empezar por ahí con gente de empuje de la que tiene Juanito [Yagüe] y el de 1º, sorprendería a nuestros enemigos. Simultáneamente por otros lados; desde luego por aquí” 2297 En nueva carta, fechada el 25 de junio de 1936 , Orgaz contestaba dos de Varela remitidas el 16 y el 21, que a causa de las huelgas habían llegado juntas. Orgaz comentaba el plan de Varela, y añadía: “Creo, además, que no existe otra solución que la nuestra, porque hoy se hace imprescindible para lanzarse a la aventura que los que lo hagan, contando, si es verdad, con todas las buenas disposiciones a posteriori, vayan respaldados, por núcleos de fuerza y confianza y en este sentido, nada igual que los indígenas y Tercio. Yo iría a la 3ª [zona] con dos Tabores y una Bandera. No pido más”. Comenta que el 17 de junio ha recibido una carta de P. (Paco, Francisco Franco), en la que se instaba a hacer algo, y que le había contestado que ya había un plan, 2296 López Fernández, A., General Miaja…, p. 35, En esa época, el autor era secretario del general Miaja. 2297 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 645-646. 989 establecido de acuerdo entre él, Varela y E. (Emilio Mola). Al parecer, este plan no había gustado a P. por juzgarlo demasiado arriesgado, lo cual había molestado a Orgaz. Éste añadía: “Desde aquí [Canarias] podemos, utilizando los pajaritos [aviones], estar, según los casos, a las cinco o a las nueve en T [Tetuán] o L [Larache] y una hora más tarde puedo estar yo en M [Melilla]. Si en todos estos sitios están prevenidos para responder a nuestras órdenes, dos o tres horas más tarde estamos ya en camino para nuestros respectivos destinos”. Dadas las vacilaciones del Ejército, Mola se planteó aceptar la ayuda de los civiles anti republicanos. En Álava, José María Oriol se había visto complicado en una conspiración que incluía a carlistas, falangistas, y conservadores. El 3 de junio, Mola habló con Oriol, al que encontró entusiasmado ante la posibilidad de dar un golpe de estado. Esto le llevó a entrevistarse el 16 de junio con el secretario carlista Manuel Fal Conde. Los carlistas se comprometerían a participar en el golpe, si se les prometía la supresión de los partidos políticos, la restauración de la bandera rojo y gualda, y dos carteras en el futuro gobierno. Mola comenzó a perder la esperanza, porque los falangistas también presentaban exigencias. Pero el 29 de junio, desde la cárcel, José Antonio Primo de Rivera ordenó que los falangistas participaran parcialmente en el golpe. Ese día se supo también que el gobierno había decidido sustituir a los tres miembros de la Comisión Provincial especial de Navarra, por un consejo nombrado desde Madrid. Ante este hecho, ese mismo día tres jefes carlistas navarros, desobedeciendo a Fal Conde y al Pretendiente, ofrecieron a Mola 7.000 requetés, si se les prometía que se mantendrían en su puesto a los tres miembros de la Comisión Provincial. Mola manifestó que el golpe se hacía para beneficio de España, no para proteger los privilegios de Navarra. Añadió que esperaba que los carlistas se presentaran voluntarios cuando llegará la hora. Mola fijó el día de la rebelión para el 30 de junio. El 24 de junio emitió órdenes para que lo conspiradores del norte de la península asumieran el mando de las unidades, proclamaran el estado de guerra, cortaran las comunicaciones con Cataluña, y marcharan sobre Madrid en el día fijado. Las unidades de Marruecos debían cruzar el Estrecho, ocupar Andalucía y avanzar hacia Madrid desde el sur. Sin embargo, muchos vacilaron, entre ellos Franco. Mola no tuvo más remedio que aplazar el golpe. El 1 de julio, Mola pensó en abandonar la conspiración. Consideraba que carlistas y falangistas sólo participarían a cambio de condiciones inadmisibles. Mola estaba decidido a solicitar el retiro del Ejército, pero sus ayudantes le convencieron para 990 que esperara un día más. Ésa misma tarde la situación pareció mejorar, y Mola decidió seguir adelante con la conspiración. En esos primeros días de julio, Franco se comprometió a intervenir en la conspiración, exigiendo el mando de las fuerzas de Marruecos. Para ello era necesario trasladarlo en avión desde Tenerife a Tetuán. Mola estaba convencido de que Franco conseguiría poner al Ejército de África al lado de la sublevación, por lo que aceptó. El 1 de julio de 1936, Mola redactó una circular para los comprometidos en la 2298 conspiración , dedicada a explicar que “el entusiasmo por la causa no ha llegado todavía al grado de exaltación necesario para obtener una victoria decisiva y de que la propaganda no ha alcanzado un resultado completamente halagüeño”. La misiva se componía de cinco puntos. En el primero, se decía que aún no se había llegado a un acuerdo con “una muy importante fuerza nacional indispensable para la acción en ciertas provincias”, la Comunión Tradicionalista, pero que se exigían “condiciones inadmisibles que nos harían prisioneros de cierto sector político en el momento de la victoria”, y no se estaba en condiciones de “hipotecar el porvenir del nuevo Estado”. En el segundo, Mola decía que había tenido que exigir a los conspiradores que “sólo se entiendan con quien deben entenderse”; en el tercero, se decía que los intentos por provocar una situación de violencia entre dos sectores políticos enfrentados que justificara el alzamiento, habían fracasado: “Se ha intentado provocar una situación de violencia entre los sectores políticos opuestos para, apoyados en ella, proceder”, pero esta asistencia no se materializaba “porque aún hay insensatos que creen posible la convivencia con los representantes de las masas que mediatizan el Frente Popular”; en el cuarto, la llegada de un personaje a una capital de provincia había desbaratado todos los planes de sublevación y disuelta la célula de conspiradores en la misma, muestra de que “el ideal no estaba arraigado”; en el quinto, afirmaban que faltaba discreción y existían traidores que informaban al Gobierno. Reiteraba que era necesaria paciencia a los exaltados, captar voluntades y descubrir a los “indiscretos o traidores para que tanto unos como otros reciban su merecido” y que aunque fueran descubiertos los dirigentes, debía proseguir la “obra iniciada”, cayera quien cayera, acabando el texto con un “¡Viva España!” 2298 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 655; ACGJEVI, Carpeta 13, fol 143-144, texto mecanografiado, “Informe reservado”.. 991 2299 Orgaz escribió una nueva carta a Varela el 1 de julio , dolido porque se consideraba apartado de las líneas principales de la conspiración, y se enteraba poco de la misma. A través de Orgaz, Franco transmitía a Varela una clave. Orgaz también reflexionaba acerca la pretensión de Mola de controlar todo el entramado de la conspiración, incluida la acción de Yagüe, dejando un tanto de lado a Varela., y de las dificultadas que entrañaba entender la clave utilizada por Mola en su correspondencia, el cual hablaba de montar una refinería como alusión al levantamiento. Orgaz manifestaba su impaciencia ante los retrasos en realizar el golpe. El 2 de julio, el teniente coronel de Infantería Francisco Delgado Serrano, destinado en Melilla, escribió a Varela acerca de comercializar una nueva marca de automóviles, en realidad una argucia para referirse a la preparación de la 2300 sublevación . Pocas semanas antes de la sublevación se estableció que Varela se presentaría en Melilla para ganar la plaza. En este sentido, Delgado le confesaba que tenía problemas. Las organizaciones de izquierda estaban alertas. Los contactos de Delgado eran de dos tipos: los que exigían garantías, y otros que necesitaban mejores “agentes expertos que vencieran sus resistencias”. Si se enviaba a alguien a negociar la supuesta venta de vehículos, que “no se fíen de los hebreos, gentes de buenas palabras y que venden a su padre y que como sabes aquí tenemos los nuestros”. Delgado alertaba de filtraciones: “Me han dicho que Emilio está trabajando el Ford para las otras zonas en donde dicen que es mejor el mercado. Mal negocio si no lo hacen mejor pues está rodando la especie y hasta aquí ha llegado, incluso que empieza a ayudarle aquí un tal ‘Zi’ que también se le ve el plumero pues no conocen el paño; tienen que afinar y poner gentes expertas, si no la Casa Parrés, que aquí está bien establecida les estropeará el negocio”. Acaba la misiva con noticias familiares. Tras esta carta, Delgado Serrano se desplazó a la zona occidental del Protectorado. 2301 El sábado 4 de julio, Orgaz escribió de nuevo a Varela . Había conseguido descifrar el “galimatías” de carta enviada por Mola, y le contestó manifestando su molestia por el tono de éste. Mola le había respondido, contaba Orgaz, mejorando su lenguaje hacia él, y explicándole que estaba “trabajándose intensamente a la Marina” y acercándose a Llano de la Encomienda a través de su cuñado, añadiendo que “la situación política está quebrantadísima”, que a Yagüe le darán el mando de las Mehal- 2299 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 646-647. 2300 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 638-639. 2301 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 648-649. Subrayados en el original. 992 las, “y que a G. de Lara lo dejan de cuartel”. Mola decía que aprovecharía el permiso de verano “para comprobarlo todo”. Orgaz se confesaba fracasado pues no había podido convencerlo de actuar rápidamente. Para Orgaz, estos retrasos se debían a los informes de Valentín Galarza, “siempre discretos, prudentes, y con aquellas reservas naturales que se derivan de hombre que como aquel piensa mucho en el porvenir de su patria, pero tanto o más en el suyo (…) Contra ese enemigo, yo me considero incapaz de luchar”. Orgaz añadía que le coartaba que se le contestara que sí, que “las noticias de tal o cual sitio parecen demostrar una buena y hasta excelente disposición, que tal persona está dispuesta al sacrificio, mas yo tratándose de ti, estimo necesario convencerme aún más de estas cosas para no comprometer un prestigio como el tuyo, en aventuras que estarían bien para ambiciosos como O. etc. etc. Esto no pasa de una hipótesis”. Orgaz añadía que Franco confiaba totalmente en Mola, y que le había dicho que “es preciso confiar en los que están ahí (copio textualmente sus propias palabras), que tienen fe en E. [Emilio Mola] que puede ser el que elija el momento, si bien licenciamiento último resta medios”, en referencia a que al haber esperado al verano, se dispondrá de memos tropas. Orgaz manifiesta también su confianza en Mola, pero preferiría que Galarza se comunicara sólo con él, y no también con Franco, “con lo que se frustra en cierto modo la debida libertad de acción de E.”. Orgaz relataba que estaba buscando transporte para pasar Franco y él a Marruecos, y que contaba con una emisora para avisar por si la salida se efectuaba antes, y del recorrido a efectuar. Manifestaba que estaba dispuesto a cumplir lo que se le mandara, pero que seguía pensando que su mejor papel lo haría en Melilla, “pero siempre, claro está, que no se cuente con los de la residencia de Val.[Galarza]. Porque estos sí que son decisivos. Pero están verdísimos”. Dado que el golpe se demoraba, Orgaz estaba planeando pasar a la Península para llevar a Canarias a su familia, lo que podría aprovechar para pasar por Cádiz y saludar a Varela, cuyas cartas eran “el único alimento espiritual que aquí se me sirve”. 2302 Ese mismo día 4 de julio, Mola escribió a Varela . Mola afirmaba que escribiría a Yagüe y “al de Madrid”, Galarza. Respecto a Orgaz, le decía que no hiciera caso de su viaje, pero “no se le puede desairar porque sabe algunas cosas. Hay que decirle que sí a todo y luego que el negocio está montado”. Confirmaba que Queipo de Llano se encargaría de Sevilla, “la ciudad del Betis”, pese a los recelos que despertaba 2302 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 655-656. 993 en el resto de conspiradores: “Yo no he mandado. Es que el hombre quiere servir y en todas partes nadie se fía de él; pero hay que ser político”. Mola seguía hablando con los marinos (“la cuestión de los barquitos”) para el traslado del Ejército de África a la Península, pero les daba a Varela, como encargado de Cádiz, y a Yagüe, como director en Marruecos, “completa libertad de acción y les ruego procuren entenderse, porque yo estoy completamente solo y no puedo abarcarlo todo, eso que paso el día y la noche escribiendo”. Mola le enviaba una nueva clave, “Regidor”, y el plan de África. También le decía: “La fecha probable, del doce al veinte”. El Gobierno llamó a Yagüe a Madrid para interrogarlo, y Mola esperaba ser detenido en cualquier momento. En la semana del 5 al 12 de julio iba a celebrarse maniobras de verano de Marruecos, lo que proporcionaría la posibilidad de concretar los detalles finales de la rebelión. El 5 de julio, un capitán legionario llegó a Pamplona enviado por Yagüe, e informó que todo estaba preparado. Mola, que temía nuevos aplazamientos, fijó la fecha del levantamiento para el 10 de julio. Poco después, el jefe falangista de Toledo fue detenido con parte del mensaje. Mola decidió entonces cancelar la sublevación hasta después del 15 de julio. Mola confiaba poco en las promesas de los falangistas, y el día 6 de julio Fal Conde le envió una carta irritada, porque la conspiración estaba dirigida también por liberales moderados, y que se había enterado de que el objetivo del golpe no era derrocar el Régimen republicano, sino sólo el Gobierno. Fal Conde comentaba también que se había enterado en Lisboa que se decía que el general Cabanellas iba a instaurar una dictadura republicana, dirigida por Miguel Maura. Mola le contestó al día siguiente afirmando que la rebelión estaba dirigida sólo por el Ejército, y que no restauraría directamente a los conservadores, pero que la dictadura militar instalaría algún tipo de asamblea de representantes civiles. Fal Conde le contestó al día siguiente, 8 de julio, exigiendo la disolución de todos los partidos políticos, y que clarificara qué que tipo de asamblea se iba a convocar. Fal Conde temía que los militares entregaran el gobierno a Gil Robles, o instauraran una dictadura puramente militar, y los carlistas no estaban dispuestos a colaborar en ninguno de los dos casos. Ellos deseaban establecer una monarquía tradicional y católica. Mola le remitió una nueva carta en la que afirmaba que el único interés del Ejército era la salvación de España, y no favorecer a los partidos políticos. Se necesitaba a los carlistas porque estaban comprometidos ideológicamente; pero que su postura negativa contribuía al desastre del país. Mola estaba de nuevo descorazonado, pero entonces la Junta Regional Carlista de Pamplona se opuso a Fal Conde. Esta junta estaba controlada 994 por el conde de Rodezno, jefe del grupo carlista en las Cortes. Rodezno comprendía la necesidad de hacer concesiones a los militares, y sabía que las juventudes carlistas deseaban combatir. El mismo día que Mola enviaba la última carta a Fal Conde, se entrevistó con Rodezno, quien le pidió que a partir de entonces las negociaciones se mantuvieran con la Junta de Pamplona. Fal Conde sólo tenía a un hombre en la junta Navarra, Antonio Lizarza, jefe regional del Requeté, que ya se había entrevistado con Sanjurjo en Lisboa. En aquella ocasión, Sanjurjo escribió a Mola en el sentido de que se permitiera a los carlistas izar la bandera bicolor, y el compromiso del establecimiento de un régimen de acuerdo con los principios tradicionalistas. Esta nota la recibió Mola el 12 de julio. Pero Mola no se fió de la misma, y envió un mensajero a Francia para comentar a Fal Conde y a Lizarza, que creía que era falsa. Fal Conde se ofendió, y ordenó cortar todas las relaciones entre los carlistas y Mola. Ésa misma tarde, Rodezno 2303 y la junta de Navarra se presentaron en San Juan de Luz, para pedir a don Javier y a Fal Conde, permiso para movilizar a los "boinas rojas" y participar activamente en la insurrección militar, insistiendo en que a ellos les bastaba con el uso de la bandera monárquica y el control del gobierno de Navarra. Don Javier afirmo que necesitaba el permiso de su tío, don Alfonso Carlos, que estaba en Viena, pero que si la insurrección estallaba antes de recibir una respuesta, los carlistas navarros podrían participar; pero también envió una orden a Pamplona ordenando que no se movilizara a ningún requeté sin permiso de Lizarza. A la mañana siguiente, los representantes de la junta notificaron a Mola su adhesión, y que contara con 7.000 hombres para la sublevación. Mola se comprometió a armarlos. Los carlistas querían formar sus propias unidades, pero Mola sólo accedió a que integraran Compañías, que lucharían junto a otras del Ejército, con la bandera bicolor. Durante la entrevista, entró el ayudante del general con la noticia del asesinato de Calvo Sotelo. 5. 8.- Los desacuerdos entre el general Varela y el teniente coronel Yagüe. Yagüe le envió una carta cifrada a Varela el 4 de julio, en contestación a la de éste, indescifrable, donde le decía tenía todo dispuesto, “No cuento con nadie de superior graduación. Paco [Franco] vendrá aquí. Tengo órdenes terminantes de ir a Algeciras. Necesito barcos en Ceuta para trasladarme a Algeciras y camiones en este punto para ir sobre Madrid. Si puedes facilitarme sobre todo lo primero, es de capital 2303 Joaquín Baleztena, el secretario José Martínez Besarain, y los diputados Arellano, Martínez de Morentin y Elizalde: Iribarren, J. Mª, Mola, p. 81. 995 importancia”. Yagüe le podía enviar a Varela Tabores, bien desde Algeciras, o desde Ceuta, pero en este caso debía enviarle los medios de transporte. Afirmaba estar haciendo ya gestiones para concentrar en Algeciras camiones de Cádiz, Jerez, Sevilla “y de toda esa región”. Le anunciaba que salía hacia Llano Amarillo de maniobras hasta el 18 o el 20 de julio. Esta carta, más bien nota, molestó mucho a Varela. 2304 Varela contestó a Orgaz el 7 de julio, lunes . Varela acababa de recibir noticias de Mola, del que dice que está dirigiendo la conspiración “lo mejor que puede y lleno de buena voluntad”. Varela, tal y como le había dicho Mola, le quiso hacer desistir de su viaje a la Península: “No vea Vd. nada de desplazamiento ni mucho menos; yo estimo que se le tiene que tener a Vd. presente siempre y en todo momento; lo merece Vd. por sus sufrimientos y por TODO. Creo y estimo que le van a hacer falta a P. [Franco] hombres trabajadores y por lo mismo pienso que debe Vd. ir con él, bien para hacer eso que le indicaba en mi anterior, bien para quedarse allí de gerente máximo [Alto Comisario de España en Marruecos] si él se traslada hacia la península, bien para marchar Vd. a otro sitio; en fin, que estimo que será Vd. precioso siempre y en todo momento”. Varela, conciliador, le pedía que no fuera tan receloso con Galarza; que él no ha recibido respuesta de Yagüe porque éste está muy ocupado, aunque ya había comunicado a Mola que con quién tenía que coordinarse Yagüe era con el propio Varela. Afirmaba que el golpe sería pronto, que hablara con Franco y éste le explicaría las últimas noticias, y que de paso le recordara que era urgente que le escribiera. 2305 Ese mismo día, 7 de julio, Varela escribió también a Mola , contestando su carta anterior. Confirmaba la recepción de los diferentes planes, menos el de África, y su reenvío a Franco y a Yagüe. Respecto a la fecha del golpe, recordaba que Franco “no puede moverse más que en dos días fijos, los lunes y los martes solamente que es o son las fechas que tiene allí avión”, y que “en este momento están los africanos de maniobras y que no terminan hasta el doce y entonces empieza la dislocación”, en referencia a las maniobras de Llano Amarillo. Para Varela, era interesante que los conspiradores que dependieran de él se entendieran directamente con él, y afirmaba que también estaba buscando “barquitos”. Respecto a Yagüe, explicaba que le había escrito una larga y considerada carta, de la que no había recibido respuesta quizá porque estaba “de veraneo”, es decir, de maniobras en Llano Amarillo. Las relaciones con el 2304 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 649-650. 2305 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 655. 996 2306 Gobernador Militar general López Pinto , y el almirante Ruiz de Atauri eran muy fluidas y existía perfecto acuerdo entre los tres: “Por mí, lo tengo todo listo… Muy bien, el general López Pinto; estupendo igualmente el almirante Atauri. Los tres completamente de acuerdo”. El único cabo suelto era acordar con Yagüe el traslado, y asegurar la llegada del aviso para poner los medios en marcha. Varela estaba totalmente dispuesto a la cooperación, y le pedía el envío del “plan general de la tourné”, para conocer el ritmo a que se debe realizar el golpe, fijando plazos mínimos para vencer las resistencias. Recordaba la importancia de neutralizar la Aviación de Getafe “por lo que de moral tiene sobre todo para los que no la han toreado”; en su experiencia bélica, Varela era consciente de la importancia de tener el control sobre la fuerza aérea. En el seno de la conspiración, los civiles eran conocidos como "los de chaqueta", y Varela no estaba de acuerdo con incorporarlos a la conspiración. Pero Mola quería ensanchar la base de la misma. Varela mantenía sus recelos hacia los conspiradores civiles, aludiendo a las difíciles negociaciones con la dirección carlista: "Creo que desgraciadamente tenía yo razón cuando desde el principio le decía que los de chaqueta pedían el oro y el moro, desde luego estimo y sigo pensando lo mismo. ¡Mejor nosotros solos!. Después ya se sumarán", pero enseguida. Si ellos creen que nos pueden pedir, todo eso es 2307 sencillamente porque creen o estiman que no haremos nada " . 2308 Varela volvió a escribir a Mola el 8 de julio , para decirle que acababa de recibir noticias de “Juanito” Yagüe. La carta, ya citada, estaba fechada el 29 de junio (en realidad, el 4 de julio, según la copia del Archivo de Varela), día en que el teniente coronel se iba de maniobras, para regresar, afirmaba, el 18 o 20 de julio. Como ya se ha dicho, y Varela explicaba a Mola, Yagüe afirmaba ser él el superior comprometido en Marruecos, hasta la llegada de Franco; decía estar preparado, pero carecía de barcos, y necesitaría camiones una vez desembarcaran sus tropas, punto en el que él ya ha trabajado, aunque necesita ayuda “Te mandaré si quieres Tabores si me mandas con qué”. Según las órdenes, debía desembarcar en Algeciras, para seguir hacia Córdoba y Madrid. En base a esto, Varela preguntaba a Mola si ya había resuelto el tema de los barcos, o si hacia él las gestiones; respecto a los camiones, no los creía un problema, 2306 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 667-668, afirma que la incorporación del general López Pinto a la sublevación fue mérito del general Varela, que supo convencerlo. Pero López Pinto no estuvo dentro del grupo de los conjurados. 2307 Pemán, J.Mª, p. 149. 2308 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 657-658; la carta aparece fechada el 7 de julio, lo que debe ser un error, porque en su encabezamiento dice: “Mi querido amigo: Como continuación de la mía de ayer…”, la cual también estaba datada en 7 de julio. 997 pues en cuanto se declarara el estado de guerra serían requisados los que hubiere: “eso de tenerlo a la puerta y con frac es para los días de gala. Es más, lo que se gane en preparación se pierde en prudencia y es bastante peor lo último”; Varela preguntaba si las órdenes de desembarcar en Algeciras eran de Mola; si era así, “¡silencio!, pero parece más lógico, puesto que es más eficaz y más conveniente, que vinieran todos aquí [a Cádiz]”. Para Varela, era la opción mejor, e insistía en que en ello no le iba ningún afán ni ambición, sólo el deseo de que la empresa se desarrollara lo mejor posible: “no tengo afán de pisar papeletas a nadie; el servicio es tan sagrado, que no puede envolver mácula. Es más, como está estudiado por mí y me gusta conjugar el cumplimiento del deber con la mayor satisfacción, le tenía preparado [a Yagüe] incluso darle a elegir el itinerario que prefiriera, y aún más si quiere salir un día antes y solo, que salga! Yo lo que quiero es que se salve España; lo demás, lo demás no me interesa, aunque estoy dispuesto a ir donde se me mande, como lo estuve antes y en el papel de más dificultades”. Varela acataba totalmente las órdenes superiores de Mola, aunque se mostraba dolido: “yo adelanté, que le ayudaré en cuánto Vd. me diga y que anteriormente le indico y muy conforme. Yo amoldo mi plan al suyo (…) Esto no es pega ninguna, ni muchísimo menos, para mí, que me encanta dar facilidades y no siento recelos de ir solo. ¡He ido tantas veces que ahora ya no me gusta ir acompañado! (...) creo que si estuviéramos a la inversa (me refiero a Vd. y a mi) quizá Vd. no transigiera tanto, ¿no cree?" Valera afirma comprender ahora el motivo de la pelea entre López de Ochoa y Yagüe, y está seguro que fuera lo que fuese, el primero tenía razón. “no conocía yo al pollo, pero me temo que si llega en la carrera de galgos a Madrid, si no está allí Don Pepe [Sanjurjo], difícil va a ser que el nene no discuta derechos (…) y yo que lo hacía todo por el bien común, resulta que no quiere hacer más que lo que le dé la gana, esta es la verdad, ¡pues adelante con los faroles! ¿Pero no sabe todavía que no hay carretera desde donde él quiere partir? En fin, él se las arreglará, y yo, le doy a Vd. mi palabra, que estoy 2309 dispuesto a ayudarle”. Dios dirá" . Varela insiste en la fecha: si el 20 de julio es la última fecha, coincide con el final de las maniobras en Marruecos, Yagüe no estará listo, y Franco debe volar lunes o martes desde Canarias. Informa que la noche anterior le visitaron un amigo suyo, comandante de Artillería, para transmitirle un mensaje del jefe local de Falange Española, de que habían llegado dos oficiales de Madrid, uno de Marina y otro de Artillería, para decirle que se trasladara a Madrid, para participar allí en el golpe. Varela 2309 Pemán, J.Mª, p. 152. 998 se negó, su compromiso estaba en Cádiz. Esto a Varela le preocupaba, porque demostraba que la conspiración era de dominio público, y ello era a causa de “lo de las chaquetas”: “es una verdadera desdicha, pero no hay nene que no deje de saber algo y naturalmente decirlo y contarlo, etc.”, e incluso en la prensa se decía que el Gobierno ya tiene tomadas las medidas para el caso de que estalle un golpe de estado. Piensa que se trabaja por varios conductos, y aunque hay muy buena voluntad, hay que aunar esfuerzos. Respecto a ir a Madrid, si hacía falta, iría, pero no podría permanecer escondido demasiado tiempo. Estas cartas indican que Varela ignoraba que, para trasladar a Franco de Canarias a Tetuán, se estaba negociando el alquiler de un avión privado. El 9 de julio, el periodista Luis Bolín se entrevistó con la compañía Olley de transporte aéreo en el aeropuerto de Croydon, para contratar el vuelo. El avión salió del aeropuerto el 11 de julio con cuatro pasajeros, las jóvenes Diana Pollard y Dorothy Watson, el padre de la primera y el propio Bolín. El avión hizo escala para repostar en Burdeos, Biarritz, Lisboa y Casablanca. A las 14:00 horas del 14 de julio, el avión llegó a Las Palmas de Gran Canaria. 2310 El mismo día, 8 de julio, Varela volvió a escribir a Orgaz . Había recibido la visita de C., y que le había explicado que él, Orgaz, estaba muy desilusionado. Le pedía que no se molestara con Franco, “que es de carácter demasiado tranquilo, pero es un buen compañero”, y todos reconocen sus méritos, los de Orgaz. Varela reconoce que se molestó cuando Franco confundió las claves y añadió letras y números para despistar a los posibles controladores. Ratifica su fidelidad a Mola y muestra su disgusto con Yagüe: “yo ayudándole cuanto puedo y soportando a Y[Yagüe], que ya es de soportar, pero sé revestirme de tanta paciencia!...”. Varela explica que proporcionará a Yagüe todo lo que precise, y también que estaba en trato con la Marina. Varela reitera a Orgaz que no se preocupe por Galarza, y que se traslade a Marruecos cuando lo haga Franco, que será el que disponga en la zona. Es de destacar el carácter aglutinador y conciliador de Varela, buscando eliminar recelos y aclarar malentendidos. Por otro lado, añade: “De nuevo, el destino de Miguel a Barcelona, en vez del que él indicaba que habría que trabajarlo, que ya lo han quitado; qué acierto ha tenido con el Miguelito; pues cuando le dan recién ascendido el cargo de más importancia y superior categoría, es porque debe ser partidario del CARDENAL SEGURA”. 2310 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 650-651. 999 En el suroeste de España estalló una rebelión de los jornaleros, que las fuerzas del orden apenas podían contener. La violencia aumentó. Unos días después, el 11 de julio murieron en Cádiz unos obreros a causa de un accidente de trabajo. Se convocó una huelga general, y el 13 de julio desfilaron los anarcosindicalistas, en perfecto orden, en silencio, fríos y disciplinados. El 12 de julio, alrededor de las 10 de la noche, el teniente de la guardia de Asalto, José Castillo, izquierdista y miembro entusiasta de la UMRA, instructor de las milicias socialistas y comunistas, fue asesinado cuando se dirigía de su domicilio al cuartel de Pontejos, en el cruce de las calles Fuencarral y Augusto Figueroa. Castillo había participado en motines callejeros, al parecer dando 2311 muerte a un militante derechista . Sus camaradas de la UMRA decidieron vengarse, y horas después, la camioneta nº 17 de la Guardia de Asalto salió del cuartel de Pontejos hacia el domicilio de Calvo Sotelo. En ella iba el capitán de la Guardia Civil Fernando Condés, jefe de instrucción de “La Motorizada”, grupo de las juventudes socialistas que actuaban de escoltas de Indalecio Prieto, acompañado de Guardias de Asalto de filiación socialista, así como varios guardias de Vigilancias Políticas. El grupo llegó ante el domicilio de Calvo Sotelo, a quien, tras realizar un somero registro de su casa, hicieron salir de su domicilio, lo asesinaron, y abandonaron el cadáver en el cementerio del Este, en las afueras de la capital. Las pesquisas policiales fueron infructuosas para establecer quiénes eran los culpables, salvo algunos guardias reconocidos por la familia del 2312 asesinado, a quienes sus superiores les aseguraron inmunidad . La muerte del dirigente de la derecha a manos de fuerzas gubernamentales, llevó a los conservadores a pensar que era imposible la convivencia política. En el funeral, Antonio Goicoechea pronunció estas palabras: "Ante esa bandera, colocada como una reliquia sobre tu 2311 José Castillo estuvo implicado en la intentona de golpe de estado de octubre de 1934 en Madrid, donde debía dirigir un grupo de Guardias de Asalto y tomar el Ministerio de Gobernación. Tras el triunfo del Frente Popular recuperó su plaza. Tras el asesinato del alférez Reyes, en el entierro de éste, para disolver la manifestación formada enm la plaza de Manuel Becerra, Castillo disparó a bocajarro contra el estudiante tradicionalista José Luis Llaguno Ancha, a quien hirió gravemente. Castillo era instructor de las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas (MAOC), miembro de la UMRA. Muy probablemente su muerte fue en venganza por las heridas de Llaguno. Iniesta Cano le conoció, pues fueron compañeros de promoción y compañeros del 3º Tabor de Regulares de Tetuán nº 1, donde con él “vivió en república”, es decir, en una casa alquilada junto a otro oficial soltero. Recuerda de Castillo su cultura. Al volver de África, Castillo pasó al Batallón de Cazadores de Alcalá de Henares, mandado por el coronel Ortiz de Zárate, y de allí a la Guardia de Asalto, donde realizó su evolución ideológica, que Iniesta juzga negativa: “no me cabe duda que allí se envenenó por respirar la atmósfera creada por la notable infiltración de teorías soviéticas que en las citadas tropas existía; y sobre todo en la Compañía de Pontejos. [Castillo] Se afilió al Partido Comunista”: Iniesta Cano, C., Memorias y recuerdos, p. 73. El testimonio de Iniesta implica también la intensa politización de la Guardia de Asalto. 2312 Bullón de Mendoza, A., José Calvo Sotelo, Ariel, Barcelona, 2004, p. 687-688. 1000 pecho; ante Dios que nos oye y nos ve, empeñamos solemne juramento de consagrar nuestras vidas a esta simple labor: imitar tu ejemplo, vengar tu muerte y salvar a España". Al acabar el entierro se formó una manifestación, que acabó en tiroteo con un vehículo de la Dirección General de Seguridad; hubo cinco muertos y veintitrés heridos. Otros incidentes en San Sebastián, en la misa funeral por Calvo Sotelo, costaron un muerto y dos heridos. Dentro de la Guardia de Asalto estallaron las disensiones, pero los guardias más politizados, de izquierdas, detuvieron a los que protestaron y reclamaron la imparcialidad política del Cuerpo. En la Comisión permanente de las Cortes, el líder monárquico conde de Vallellano anunció la retirada de las minorías Tradicionalista y de Renovación Española, y recordó las amenazas proferidas por el propio presidente del Gobierno a Calvo Sotelo. Gil Robles repasó el listado de sucesos, criticó la suspensión de sesiones de la Cámara, pero Prieto afirmó que la responsabilidad de todo era de las derechas y de su etapa de gobierno. Muchos civiles y oficiales del ejército, irritados, ahora deseaban rebelarse. El socialista Indalecio Prieto comentó: "Una sola cosa está clara: nos vamos a merecer por estupidez la 2313 catástrofe" . A lo largo de ese día 13 de julio, llegó la noticia a Cádiz: habían asesinado a 2314 Calvo Sotelo en Madrid. El mismo 13 de julio, Mola escribió a Varela . Seguían en contacto a través de José Delgado. El golpe debía retrasarse a causa de la llegada de Franco a África. Una vez se diera, según Mola, Varela debía ir a Melilla y ayudar allí a “Paquito” Franco, “pues no encuentro otro del prestigio y capacidad de Vd.”. Allí, Varela reuniría tropas para desembarcar en alguno de los puertos siguientes: Málaga, Almería, Cartagena o Valencia, si las circunstancias lo indicasen, y Franco así lo ordenara. Y le pedía:”Hágame el favor de no andar con celos, pues en estos momentos todos debemos trabajar unidos por la salvación de España (…) No se extrañe que no le escriba muy a menudo, porque estoy solo. Un abrazo”. 2315 Varela volvió a escribir a Orgaz el 13 de julio , afirmado sobre Franco que “lo que él mande debe hacerse”. Respecto al desembarco de las fuerzas en Andalucía, Varela desaconseja “la de las pasas”, es decir, Málaga, por la fuerza de las Izquierdas en la ciudad, proponiendo Almería, aunque está demasiado alejada. “Pienso, claro está, en la tierra de nuestro paisano Lucía [Valencia], pero no está aquello tampoco nada 2313 Zugazagoitia, J., Guerra y vicisitudes de los españoles, Grijalbo, Barcelona, 1977, p. 25. 2314 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 658-659. 2315 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 651-652. 1001 bien y antes habría que trabajar aquel mercado”, por lo que le parece mejor Alicante. La llegada de Franco se acordó con “el del 5”, el teniente coronel Francisco Delgado Serrano, que servía en Regulares nº 5. Varela explicó a Orgaz que primero viajaría Franco, y después él. Respecto a su propia situación, Varela se quejaba de sus disputas con Yagüe: “Yo, como comprenderá Vd., he hecho cuanto acordamos y creo que lo he cumplido bien. Vd., mejor que nadie, puede apreciarlo, pues cuando nos vimos, nada me habían pedido los gerentes de ella; claro, como no hacían nada, Dios me perdone, con orientación marcada. Y en poco tiempo, he obrado y preparado y me ha salido mejor de lo que yo creía mis planes. No se puede Vd. dar una idea de la quina que estoy tragando, y nunca tuve el paludismo; con el pollo de Y [Yagüe] que se ha creído Epaminondas, y no quiere hacer más que lo que le dé la gana; claro que se entiende o entendía solamente con V [Valentín Galarza] y a pesar de todo y pasando por carros y carretas, transijo y no monto en cólera, porque me considero hombre consciente del momento, pero ya cuando pase todo esto se enterarán V y P [Franco] (ahora no quiero agriar las cosas, pero está en un plan que no cabe duda que el loco del hospital tuvo infinita razón en mandarlo al cuerno, pues al menos se las trae. Él quiere ir solo a todas partes, decide una cosa y no le bastan los razonamientos de una mayor autoridad, en fin… ya le charlaré a Vd. de lo mismo cuando ya no sea dañoso para el negocio el asunto”. Varela se veía obligado a ceder ante Yagüe para no malbaratar la conspiración y los preparativos. En la carta comentaba el asesinato de Calvo Sotelo y los antecedentes del hecho: “Lo de C[Calvo] S[Sotelo] ha sido un vil, cruel, salvaje y terrible caso de indisciplina de los agentes de la autoridad: pues han sido los mismos de Asalto auténticos y no les ha salido bien lo de camuflarse. Ha sido un asesinato cometido por los mismos agentes de la autoridad con premeditación, alevosía y nocturnidad, atropellando los derechos más sagrados del hogar y con la crueldad más refinada. Lo del Teniente de Asalto [Castillo] fue hecho anterior, y parece ser que se trata del que en el entierro de un Alférez de la G.C. en Madrid, el tal mató a mansalva a un tradi o fascista y se la tenían jurada. Pero 2316 es terrible que la represalia sea ésta y en la forma que ha sido” . Varela declaró zanjada la discusión con Yagüe: “Ya me entiendo con él transigiendo en todo. De modo que no hay cuidado”. Pero persistía en problema de Madrid: “La gente de la familia de Madrid quieren que me vaya allí con la mayor urgencia. Ante tal desatino les he vuelto a decir que no puedo hacer eso”. La razón era 2316 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 652, Carta del general Varela al general Orgaz, fechada el 13 de julio de 1936. 1002 sencilla: Varela debería estar en Cádiz para tener listos y libres los muelles de Cádiz para recibir a las tropas de África y facilitar su puesta en marcha hacia Madrid. Esta correspondencia ratifica la confianza existente entre Mola y el teniente 2317 coronel Yagüe, puesta de relieve por Togores . Por otro lado, ese día 13 de julio, por la noche, Mola recibió un mensaje de Franco, remitido días atrás, “Geografía poco extensa”, que significaba que éste aún albergaba dudas sobre la conveniencia de lanzar el golpe. Por ello, Mola decidió que el aviador Juan Antonio Ansaldo recogería a Sanjurjo en Portugal y lo trasladaría a Marruecos, para ponerse al mando del Ejército de 2318 África . Sin embargo, la muerte de Calvo Sotelo cambió todo, y Franco decidió su participación, y su consiguiente viaje a Tetuán para asumir el mando de las tropas del Protectorado. 2319 El 14 de julio, Varela escribió a Franco , y se regocija de que éste apruebe sus puntos de vista. De nuevo expresa su disgusto hacia “Juanito” Yagüe, y su contestación del 4 de julio. Respecto de la búsqueda de camiones para Algeciras, dice: “Ciertamente tiene por allí unos señores que han ido visitando a los respectivos dueños y ya esto lo sabe todo el mundo, y un Capitán de Carabineros sigue de cerca dichas gestiones para sacar el hilo de la cosa ¡el tal es un canalla enorme!”. Varela temía que toda su labor en la zona se derrumbara, aunque no podía hacer otra cosa que transigir y resignarse. En cuanto a la cuestión de los barcos, Varela se comprometía a buscarlos si Galarza o Mola no los conseguían. Insiste en que Yagüe, en su avance desde Algeciras debe pasar forzosamente por Jerez, y eso supone pasar muy cerca de Cádiz. La ruta que pretende tomar sólo es practicable por ferrocarril, y eso no lo va a tener. De esta manera, los del norte llegarán antes a Madrid que él, “y si no ha sido así, ¡ah!, entonces lo que se puede pedir a Dios es que todos estemos cerca para la acción que habría de ser seria y para restablecerse es mejor que todos estén muy cerca del enfermo”. Lo principal para Varela es asegurar el traslado de Franco a Marruecos. Se deberían eliminar los contactos entre Galarza y Yagüe “y orientarlos a mí, que gano tiempo”. Defiende a Orgaz, al que define como hombre que “ha sufrido y que es trabajador, honrado y lleno de buena fe”, y encarece que lo lleve con él al salir de Canarias. Respecto a los lugares de desembarco, Varela defiende Almería sobre Málaga, que “es fatal por lo social”, y Alicante por Valencia, donde “como tú sabes está Monge y también la misma 2317 Togores. L.E., Yagüe, el general falangista de Franco, p. 175. 2318 Kindelán, A., La verdad de mis relaciones con Franco, Planeta, Barcelona, 1981, p. 173. 2319 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 659-660. 1003 cuestión”. Respecto a su pase a Melilla, Varela decía que no se había decidido nada, y que en principio el mando sobre el Protectorado lo asumiría Franco a su llegada: “Yo he hablado con enlace de Melilla y le he dicho que tenga todo listo o estudiado para la refinería, pero que en el momento se le mandará desde Tetuán y las impresiones que tengo son buenas. No le dije nada más. Lo del asesinato de Calvo Sotelo, algo terrible… Un abrazo”. 5.9.- Mola cierra las fechas. Se rumoreaba por Madrid que los socialistas y comunistas iban a dar un golpe de 2320 Estado para iniciar en España una revolución . El 14 de julio, los ayudantes de Mola se entrevistaron con Lizarza para concretar los detalles. El jefe carlista se negó a actuar, si no se daban garantías políticas. Finalmente, Mola decidió realizar un compromiso verbal, y esa misma tarde envió a Lizarza una nota, en la que afirmaba estar conforme con las orientaciones emitidas por el general Sanjurjo el día 9 de julio, y con las que en lo sucesivo, el mismo general, como jefe de gobierno, estableciera. El día 15 de julio, don Javier y Fal Conde autorizaron por escrito la participación de los carlistas en la rebelión. Mientras tanto, en la prisión de Alicante, José Antonio Primo de Rivera envió el mismo día 15 un mensajero a Mola informándole de que los falangistas se levantarían en tres días, para aprovechar la indignación general que existía por el asesinato de Calvo Sotelo. Mientras tanto, en Madrid, el día 14 debía celebrarse una reunión entre un enviado de Mola, y los líderes derechistas Gil Robles, Calvo Sotelo y Rodezno. El asesinato del segundo había impedido la reunión, pero la indignación crecía, los oficiales más inquietos de la junta de la UME se estaban pasando a los falangistas para iniciar la acción inmediata. El general de división Domingo Batet, que desde el 13 de junio tenía el mando de la División en Burgos reemplazando a González de Lara, y que era el superior de Mola, intentó convencerle para abandonar la conspiración; habló con él tres veces en dos semanas, en Pamplona el 4 de julio, en una visita de inspección a la 2321 guarnición , en Vitoria, y en el monasterio de Irache, cerca de Estella, el 10 de 2322 julio . Mola había pensado realizar el golpe el 21 de julio. Batet le pidió una nueva entrevista en un punto de la carretera de Burgos a Pamplona, en la tarde del día 16. 2320 Togores. L.E., Yagüe, el general falangista de Franco, p. 160, recoge el testimonio de Knoblaugh, ¡Ültima hora: guerra en España, Áltera, Madrid. 2007, p. 44. 2321 Raguer, H., El general Batet, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, Barcelona, 1994, p. 262-263. 2322 Raguer, H., El general Batet, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, Barcelona, 1994, p. 265-269 1004 Mola temía que fuera una emboscada, e intentó acelerar el inicio de la rebelión. También Franco presionaba a Galarza en Madrid para iniciar el alzamiento. El 15 de julio, Mola envió un mensaje a Yagüe en Ceuta informándole que la sublevación se iniciaría el día 17 en Marruecos, y el 18 y 19 de julio en la península. Mola se entrevistó con Batet en la tarde del 16, y de una forma ambigua, le dio su palabra de honor de que no iba a rebelarse. Batet regresó al cuartel general de su división en Burgos, sin saber que su propio jefe de Estado Mayor, el teniente coronel Fernando Moreno Calderón estaba implicado en el pronunciamiento militar. 2323 El 15 de julio, Varela escribió a Yagüe . En el texto se aprecia el nerviosismo provocado por las confusiones de las claves: “Recibo nota que dice: ‘Clave referente R.A. y S.F. es la fecha para mejor disimulo’. Preciso aclaración pues no lo entiendo. ¿recibiste el Bando que te envié? ¿Tienes la clave? Porque me la enviaron para ti, pero no lo he hecho saber hasta saber tu llegada a esa, ya que en tu carta me decías que hasta el 20 no regresarías de la excursión a la montaña”. El Gobierno de Casares Quiroga le vigilaba a través del Gobernador Civil, Manuel Zapico Menéndez, pero el general Varela sabía burlar los controles. Tenía a tres policías que de día y noche vigilaban su domicilio y seguían sus pasos. Varela optó entonces por hacer una intensa vida social, con muchos paseos y visitas, comunicándose con muchas personas, lo que le permitía diluir la vigilancia. Paseaba por Cádiz argumentando la inutilidad de un golpe de fuerza, en una postura escéptica y desengañada. En esta actitud se vio apoyado por muchos amigos, simpatizantes y admiradores, que le rodeaban y escoltaban. Solía cenar todas las tardes en casa de los marqueses de la Vega de Sagra. Recibía correspondencia en dobles sobres en domicilios de sus amigos. Su cuñado Julián Arana, y su sobrino Juan Naya, ambos militares, le ayudaban y actuaban como enlaces. Generalmente las iglesias y los cines eran utilizados como lugares de entregar de notas y papeles. Varela iba casi todas las tardes al cine, y a su lado se sentaba de forma casual don Guillermo Supervielle o algún otro amigo, quien la oscuridad de la sala le pasaba un sobre. De esta forma, Varela iba conociendo los avances de la conspiración. El comandante Lapatza, que recorría toda España, escribía una clave bastante diáfana, que le obligaban a pedir telegramas de confirmación de recepción; Mola y Franco empleaban claves más rígidas, en especial este último, quien añadía números que no 2323 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 659. 1005 servían de nada, sólo para despistar. En otras, la clave no existía sencillamente se utilizaba un ingenuo sistema de alusiones, como hemos ido viendo: para referirse a Cabanellas, le citaban por "el de las barbas", o la ciudad de Málaga era "la ciudad de las pasas". La fecha para el golpe de Estado estaba fijada entre el 12 y el 20 de julio. Mola continuaba buscando apoyos civiles. José Antonio Primo de Rivera, ya preso en Alicante, envió a Pamplona a su pasante, Rafael Garcerán, para ofrecer a Mola la Falange; Mola ya contaba con el Requeté y las juventudes de Acción Popular. Varela, por su parte, se entrevistó con José de Mora Figueroa, marqués de Tamarón, jefe de la Falange de Cádiz, y recibía adhesiones de sus amigos. Con respecto al tema de los barcos, Varela consiguió disponer de los cuatro barcos de la Compañía Naviera Pinillos, los Ebro, Sil, Turia y Darro, con arqueo de 3.000 toneladas y andar de 12 a 14 millas, que hacían cabotaje entre la Península, Casablanca y Tenerife. Sin embargo, cuando estalló el alzamiento, las tripulaciones de 2324 estos barcos se amotinaron y no pudieron ser utilizados . El 17 de julio, mientras el general Batet revistaba la guarnición de Estella, el hermano menor de Mola, capitán en la guarnición de Barcelona, llegó a Pamplona e informó en nombre de sus compañeros de armas que un levantamiento en Cataluña sería un suicidio, dado el ánimo belicoso de los obreros de Barcelona, y su buena organización, estaban ya parcialmente armados, y Goded, que debía sublevar la ciudad, tenía serias dudas sobre los objetivos políticos de la conspiración, y como resultado los conjurados desconfiaban de él. Goded era entonces comandante militar de las Baleares, y pese a que iba a dirigir la sublevación en Valencia, pasó a dirigir la a Barcelona, al 2325 parecer a petición propia . A Valencia debería ir el general González Carrasco, pero se le avisó más tarde, y fue poco motivado. Goded, según Prieto, temía que las relaciones de los conspiradores monárquicos con italianos, y de los militares con los nazis, trajera complicaciones al país. Encargó a un amigo personal, el militar retirado Hipólito Finat, marqués de Carvajal, que señalara este problema a las autoridades de Madrid, y a los conservadores antifascistas de Londres y París. Finat habló con 2324 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 660-661. 2325 Bertrán Güell, F.: Preparación y desarrollo del Alzamiento Nacional, Valladolid, 1939, p. 131. Goded envió un mensaje en este sentido a Mola: “Naranjas[Valencia] regular, monjetas [Cataluña] mal; estoy requerido por aquella guarnición para ir allí en vez del general González Carrasco, que es el destinado. Espero instrucciones”. Mola aceptó la sustitución, pero este mensaje establece que Goded fue allí por petición de la propia guarnición de la Ciudad Condal. 1006 Churchill, con Albert Sarrault, y intentó hablar con Azaña, pero tuvo que salir precipitadamente de Madrid para no ser detenido. Azaña afirmó que las revelaciones de Finat habían sido "vagas y confusas", lo que confirma que el Gobierno conocía la proximidad del pronunciamiento. Goded era un patriota, no era ni fascista ni monárquico, no quería un intervencionismo extranjero. No podía retirarse de una conspiración, que él mismo había incitado durante años; no podía confiarse al gobierno del Frente Popular, al que consideraba incompetente. Se ha pensado que fueron sus enemigos los que le enviaron hacia Barcelona, pero también se ha pensado que él deseó el cambio, para después jugar un papel de más peso en el nuevo gobierno, y así poder influir decisivamente en el control de los acontecimientos. Algunos oficiales de la UME pensaban que una rebelión en Barcelona distraería a los izquierdistas catalanes, y facilitaría la toma de Madrid por los rebeldes. También era posible tomar el centro de Barcelona mediante un golpe rápido. Mola sabía que el importante la falta de voluntad de los principales oficiales de Barcelona, pero el golpe ya no se podía aplazar más. Ésa noche, su hermano regresó a Barcelona. Las autoridades republicanas conocían los preparativos, y cuando a Casares se le informaba del nerviosismo de los militares partidarios del Gobierno, contestaba: “Que tomen tila”. En el consejo de ministros del 10 de julio, Casares afirmó que se estaba preparando un pronunciamiento, pero que se ignoraba quién era el director y muchos de los implicados, por lo que era mejor “esperar a que la sublevación se produzca para yugularla, para restablecer definitivamente la paz en España aunque hubiera que 2326 fusilar a unos centenares de personas” . Por su parte, Miaja decidió tomar precauciones. Durante el ministerio de Gil Robles, los cerrojos y municiones de cincuenta mil fusiles de reserva de la guarnición de Madrid guardados en el Parque de Artillería de Madrid habían sido desmontados y trasladados al Cuartel de la Montaña, para evitar que se produjera un asalto revolucionario que armara a los insurgentes. El coronel Gil, jefe del Parque, propuso a Miaja recuperar dichos cerrojos y montar a los fusiles para poder armar a combatientes cuando se produjera la insurrección esperada contra el Gobierno. Dado que Casares era reticente a ordenar la devolución de las piezas al Parque, Gil propuso a Miaja solicitar desde Capitanía General la entrega de cinco mil cerrojos al Cuartel para su limpieza y comprobación en el Parque. En principio, al recibir la orden, el jefe del Cuartel se negó a cumplirla, pero una llamada telefónica del 2326 Bullón de Mendoza, A., José Calvo Sotelo, Ariel, Barcelona, 2004, p. 706. 1007 general Miaja le obligó a entregar los cinco mil cerrojos. Dichas piezas fueron montadas en fusiles en el Parque de Artillería, que quedaron así dispuestos para ser utilizados; y lo serían, contra el propio Cuartel de la Montaña. También se retuvieron en dicho Parque varios cañones entregados para su reparación por unidades sospechosas, que fueron los emplazados contra dicho Cuartel. Miaja también relevó del cargo de jefe del polvorín de Retamares al capitán Bermúdez de Castro, por el capitán Molero, totalmente fiel al 2327 Gobierno del Frente Popular . 5.10.- La sublevación en Marruecos. Para Franco, el tiempo jugaba a favor de la sublevación, porque acumulaba evidencias de la cercana revolución; ese tiempo de espera no era baldío para él, porque se empleaba en la preparación. Esa frialdad y firmeza eran las características más notables de Franco. Varela confiaba en el liderazgo de Franco, y así lo había escrito a Orgaz. Se intentó posponer el alzamiento en Marruecos hasta el día 18, pero una delación obligó a los rebeldes actuar en la tarde del viernes, 17 de julio. En Marruecos, la gran mayoría de jefes y oficiales estaba dispuesta a sublevarse, excepto los altos mandos, leales al Gobierno. Al celebrar las maniobras de Llano Amarillo, situadas en el centro de ambas zonas del Protectorado, la consigna era pedir café al final de la comida de cierre, lo que intrigaba a los generales Gómez Morato y Romerales, así como al Alto Comisario, Álvarez Buylla. “Café” eran las siglas de 2328 “Camaradas, Arriba Falange Española” . Yagüe había planeado sublevarse en la noche del 17 de julio en Ceuta. Ese día, el teniente coronel de la Legión regresó a Ceuta desde Llano Amarillo y contactó con el teniente coronel Julián Martínez Simancas, del batallón de Cazadores del Serrallo. Al tocar generala, las tropas debían tomar el control de la ciudad. En Melilla, el 16 de julio, el Delegado del Gobierno, Fernández Gil, fue informado desde Madrid que se iba a realizar un levantamiento militar. El Delegado habló con el comandante general, general Romerales, y se dispuso que el Palacio de la Circunscripción quedara custodiado por la Guardia Civil. Esa tarde, el coronel Solans, en Melilla se puso en comunicación con el coronel Interventor del Rif, Sánchez González, ordenándose al comandante de Regulares de Alhucemas, Ríos Capapé, que saliera con su Tabor de Villa Jordana hacia Melilla. 2327 López Fernández, A., General Miaja…, p. 36-40. 2328 Iniesta Cano, C., Memorias y recuerdos, p. 75. 1008 En la tarde de 17 de julio, los implicados habían depositado en la Comisión de Límites de Melilla un alijo de armas. Se reunieron allí un grupo de jefes y oficiales para establecer los detalles para la ocupación de la Plaza: tenientes coroneles Seguí, Bartomeu y Gazapo, capitanes Medrano y Cano, éste de la Guardia Civil, tenientes 2329 Comas, La Torre, Tasso, Bragado, Sánchez Suárez y Samaniego . Pero la reunión era conocida por las autoridades: el teniente de Infantería Álvaro González había presumido de poseer unas pistolas preparadas para la sublevación, ante un supuesto falangista, Aguilar, que denunció la reunión y la existencia del depósito de armas al Delegado del Gobierno en Melilla, Fernández Gil. El Delegado, obedeciendo órdenes recibidas del Ministro de la Gobernación, comunicó personalmente al comandante general Romerales, que se hallaba en la Delegación, que iba a proceder a la detención de varios jefes sospechosos y que la policía realizaría un registro minucioso en la Comisión Geográfica. Allí mismo, se ordenó al Jefe del Cuerpo de Seguridad, teniente de Caballería Zaro, que realizara el registro. El teniente adujo que esa no era misión del Ejército, en todo caso protegería a la policía encargada del mismo. 2330 El teniente Zaro rodeó con fuerzas del Ejército y de la Policía el edificio de la Comisión de Límites. Eran las 16:10 horas. Al apercibirse, los reunidos salieron a la puerta, y el teniente coronel Gazapo se encaró con Zaro, diciéndole que aquél era un edificio militar sobre el que carecía de jurisdicción. Zaro mostró la orden, y mientras se iniciaba una discusión, el teniente coronel Gazapo entró y llamó por teléfono desde la Comisión al general Romerales para protestar del propósito de registro de la policía. Romerales le dijo que debía efectuarse el registro, y entonces Gazapo le contestó: “Pues entonces, mi general, a la de tres”, y colgó. El teniente de la Legión Julio de la Torre Galán llamó entonces a su cuartel, preguntó por el sargento Sousa, y a éste le reclamó ayuda a la consigna de ¡A mí la Legión!, para que acudiesen legionarios a romper el 2331 cerco policial del edificio . El teniente Zaro, insistió, cuando entro en el patio de la Comisión el sargento Sousa con veinte legionarios dispuestos a todo. Al verlos, el teniente La Torre salió y les dijo: “¡Legionarios!... Se trata de salvar a España, de salvar el honor del Ejército, 2329 Algunas fuentes, como ACGJEVI, Carpeta 168, fol 664, sitúan también en la reunión a los tenientes Rojo y Ripoll, al capitán de la Guardia Civil García Adell, y al falangista Cuadrado. La lista del texto es la que da Bertrán Güell, Preparación… p.165. 2330 Bertrán Güell dice que eran policías; otras fuentes, que eran Guardias de Asalto. 2331 Iniesta Cano, C., Memorias y recuerdos, p. 76. Iniesta era compañero de promoción de La Torre, y ambos aún eran tenientes, diez años después de acabados sus estudios, por la paralización de sus carreras militares impuesta por las leyes de Azaña. 1009 que es vuestro honor. ¡Confiad en mí, legionarios! Soy un teniente de vuestras gloriosas banderas... ¡Carguen armas!... ¡Apunten!...”. El teniente Zaro, al ver a los legionarios amartillar sus fusiles, exclamó: “Calma, no precipitarse, bajad las armas”, y seguidamente se dirigió a La Torre: “¡Compañero oficial de la Legión! Mis guardias son también Ejército y no disparan contra el Ejército”. Seguidamente ordenó a sus hombres que le siguieran, y abandonaron el edificio de la Comisión de Límites. A partir de ese momento, los acontecimientos se precipitaron. Desde la Comisión se dieron las órdenes, y las tropas salieron de sus cuarteles y ocuparon los puntos estratégicos de Melilla. El teniente coronel Bartomeu, con un pelotón de cincuenta hombres, soldados y regulares, recorrió las calles de la ciudad declarando el estado de guerra. Mientras tanto, el general Romerales regresó a la Comandancia General, y muy nervioso citó a toda prisa a varios jefes. También llamó por teléfono al cuartel de Regulares de Alhucemas nº 5, en Segangán, y preguntó al teniente coronel Delgado Serrano que ocurría por allí. Delgado Serrano contestó que todo estaba tranquilo, y que estaba revistando un escuadrón que acababa de regresar de las maniobras. “Déjelo y baje”, le ordenó Romerales; Delgado contestó: “Ahora bajaré”. Poco después, tras recibir el aviso del comandante Zanón, también conjurado, Delgado salió con su Grupo para cumplir en Melilla lo acordado en la reunión de Jefes celebrada en dicha Plaza. En su camino hacia Melilla, se encontró con la resistencia de la Base de Hidros, cuyo personal no quiso sumarse al alzamiento. La lucha consiguiente fue sostenida sobre todo por un Tabor de Alhucemas, mandado por el comandante Mizzian, que terminó con la rendición de la Base. Delgado dispuso la detención de la guarnición de la base, tres oficiales, noventa y ocho soldados y cuatro paisanos, y tras dejar allí el escuadrón para ocupar el aeródromo, prosiguió la marcha hacia Melilla con la Infantería de su Grupo en camionetas. El teniente coronel Seguí detuvo al general Romerales, y el coronel Luis Solans Labedán asumió el mando de la Circunscripción, poniendo el siguiente telegrama: “Jefe Circunscripción Melilla a Comandante General Canarias: Este Ejército, levantado en armas, se ha apoderado en la tarde de hoy de todos los resortes del mando en este 2332 territorio. La tranquilidad es absoluta. ¡Viva España! Firmado, coronel Solans” . 2332 Pemán, J.Mª, p. 160. 1010 El teniente coronel Barrón, al mando del Grupo de Regulares de Melilla, tomó sin lucha el aeródromo de Tauima. Poco después aterrizó allí un avión con el general Gómez Morato, enviado por Madrid desde Larache, y que fue detenido. 2333 A principios de la noche, Yagüe dominaba Ceuta . Larache fue controlada por los alzados a las 2:00 de la madrugada. La Guardia de Asalto y los sindicalistas de Larache intentaron resistir, sin éxito. La Aviación también intentó resistir, en la base de hidroaviones de Ceuta y en el aeródromo de Tetuán, éste al mando del comandante Lapuerta Bahamonde, primo hermano de Franco, negándose a unirse a la rebelión. El aeródromo fue bombardeado en la madrugada del 18 de julio, y se rindió. En 24 horas, el Protectorado fue controlado por los rebeldes, y los oficiales, soldados, dirigentes políticos y sindicalistas contrarios a las ideas del levantamiento fueron arrestados. El 15 de julio, el piloto del avión Dragon Rapide, que debía transportar a Franco a Tetuán, el capitán Bebb, habló con el general Orgaz. En la mañana del día 17 de julio, Franco se trasladó con su familia a las Palmas, aprovechando la circunstancia de que debía presidir el entierro del general Balmes, comandante militar de las islas, muerto accidentalmente en prácticas de tiro. En las primeras horas del 18 de julio se supo en Las Palmas del levantamiento en Marruecos, por lo que se decretó el estado de guerra y se aplastó un intento de huelga general. Se detuvo a los militares que se oponían al alzamiento. A las 5:00 horas, Franco redactó un manifiesto en el que hacía referencia al desorden, y al incremento y actividades subversivas y antipatrióticas. El levantamiento pretendía implantar el orden, y con él, por este orden, la "fraternidad, libertad, igualdad" en la sociedad española. Embarcó a su mujer y a su hija en un buque alemán rumbo a Le Havre. Por su parte, Franco subió al avión en Las Palmas hacia Marruecos. El avión tuvo que repostar en Casablanca, donde Franco durmió algunas horas. Llamo por teléfono al Protectorado, donde Yagüe le aseguró que controlaba la situación. Franco llegó a Tetuán en la mañana del 19 de julio. Mola esperaba que las guarniciones del sur de la península ibérica se sublevaran el 18, y el resto le siguieran el 19. En Sevilla, el jefe del levantamiento era el general Queipo de Llano, mientras el jefe de la II División Orgánica era el general de División José Fernández Villa Abrille. Queipo contaba con apoyos en la guarnición, entre ellos el comandante José Cuesta Monereo, jefe del Estado Mayor. El 17 de julio, en Huelva, Queipo tuvo noticia de que al alzamiento ha tenido lugar en Marruecos. El día 18, a 2333 Togores. L.E., Yagüe, el general falangista de Franco, p. 202-204. 1011 mediodía, llegó a Sevilla, y vestido de civil intentó convencer a Villa Abrille de que se sublevara. Éste se negó. Queipo marchó a su hotel y regresó ya uniformado. Entró en el despacho de Villa Abrille, donde estaba éste acompañado de unos cuantos ayudantes, y le detuvo, así como al general Julián López Viota, jefe de la Brigada de Artillería. Ambos generales fueron metidos en un cuarto, a cuya puerta se puso de centinela a un 2334 cabo . Queipo, con actitud resuelta, consiguió la adhesión de las diferentes unidades de la guarnición, encarcelando a los jefes hostiles, sólo contaba con algunos oficiales y los hombres se componía la guarnición de Sevilla, pero se le unieron la Guardia Civil, y la Guardia de Asalto. Encarceló a los oficiales que dudaban en unirse al levantamiento y ocupó el centro de Sevilla. También triunfó la sublevación en Córdoba, Cádiz, Jerez de la Frontera y Algeciras. El aeródromo de Sevilla quedó en manos de los republicanos, hasta que se entregó al caer la tarde. Esa noche, Queipo hace una alocución radiofónica en la que anuncia el triunfo del levantamiento. En la madrugada obtuvo la libertad de los derechistas y falangistas detenidos, con los que engrosó sus fuerzas. Los anarquistas y comunistas de Sevilla intentaron organizar a sus seguidores, y convocar una huelga general para el lunes 20 de julio, pero Queipo amenazó con reprimirla con dureza. En la noche del 18 al 19 de julio, Mola coordinó por teléfono la rebelión en el norte de España, decretando el estado de guerra en Pamplona en la mañana del 19. Para entonces, ya había llegado la orden del Pretendiente don Alfonso Carlos, prohibiendo a los carlistas alistarse sin que se hubieran obtenido garantías políticas concretas y por escrito. Sin embargo, los carlistas desobedecieron de plano la orden, y se alistaron en masa a las órdenes de Mola. Los rebeldes dominaron sin dificultad Zaragoza, donde se encontraba el cuartel general de la Vª División Orgánica, mandada por el general Miguel Cabanellas. Cabanellas era republicano, partidario de Lerroux. En Zaragoza estaba la 9ª Brigada de infantería, al mando del general Eliseo Álvarez Arenas, entre cuyas fuerzas estaba el regimiento de Caballería del coronel José Monasterio. La sublevación estaba prevista para las 5:00 horas del 19 de julio, pero el día anterior el presidente del Gobierno Casares Quiroga le ordenó presentarse en Madrid. Al mismo tiempo, Casares ordenó al general de División Miguel Núñez del Prado, director general de Aeronáutica, presentarse en Zaragoza y controlar a la División y la guarnición. Cabanellas retrasó su 2334 Cabanellas, G., La Guerra de los Mil Días, Grijalbo, Barcelona,1973, p. 394-396; Barrios, M., El último virrey. Queipo de Llano, JRC editor, Sevilla, 1990 (1978), p. 87, deduce que Villa Abrille estaba secretamente de acuerdo en ceder el mando, por lo que se le respetó la vida. 1012 salida de Zaragoza. Núñez del Prado llegó en avión, y en el aeropuerto recibió la orden de Cabanellas de presentarse en la División. Núñez del Prado comprendió que Cabanellas no estaba de viaje hacia Madrid, como esperaba. A las 23:00 horas, Cabanellas ordenó situar una batería en el Paseo de la Independencia y detener a los dirigentes locales del Frente Popular y el anarcosindicalismo, con lo que ahogó todo intento de protesta, y promulgó el estado de guerra en Zaragoza en la madrugada del 19. Zaragoza era una posición importante, porque en ella se encontraba gran cantidad de armamento, y de hecho 10.000 fusiles fueron rápidamente enviados a Navarra para armar a los voluntarios carlistas. El 18 por la noche fueron detenidos el general Batet, comandante de la división orgánica de Burgos, y el general Molero, comandante de la guarnición de Valladolid. La guarnición de Burgos estaba en rebelión desde la tarde, porque el director general de Seguridad acudió desde Madrid para detener a un general de brigada y a otros cinco conspiradores. Salamanca, Ávila, Segovia, Zamora y Cáceres también se sublevaron el día 19. En Galicia, la conspiración era débil. El jefe de la división orgánica era el general Salcedo, que no entraba en la conspiración, y el comandante de la guarnición de La Coruña, general Caridad Pita, que pasaba por republicano. El director de la conspiración en Galicia era el comandante Pablo Martín Alonso, que ya había sido desterrado por haber participado en la Sanjurjada. Los rebeldes fueron al principio tímidos, pero el lunes 20 de julio arrestaron a los generales con mando y proclamaron el estado de guerra. La pequeña guarnición de la base naval de El Ferrol no estaba tampoco en la conspiración. Se necesitaron dos días de combates para controlar Vigo, La Coruña, y Ferrol. En Asturias, la rebelión contaba con el gobernador militar de Oviedo, coronel Antonio Aranda, antiguo oficial de Estado Mayor en Marruecos, que había planificado gran parte del desembarco en Alhucemas y gozaba de gran reputación profesional. De ideología radical de Lerroux, la República lo había retirado temporalmente al principio de la misma, y reanudó su carrera con el cambio de Gobierno en 1933. Reemplazó a López de Ochoa como gobernador militar de Asturias en diciembre de 1934, sin embargo, no fue ascendido a general. Los izquierdistas asturianos pensaban que Aranda no se iba a sublevar, y enviaron 3.000 mineros armados para defender Madrid. Pero Aranda estaba comprometido con la conspiración, y había preparado la defensa de Oviedo contra un ataque de los mineros socialistas o anarquistas de la UHP. Durante el 1013 día 19, Aranda contemporizó para no repartir armas a los obreros, y a las 21:00 horas finalmente proclamó el estado de guerra y se dispuso a defender la ciudad con 856 voluntarios civiles y soldados, en un total de 2.300 hombres. La guarnición estaba bien armada, con doscientas ametralladoras y dos millones de cartuchos. La idea era resistir hasta la llegada de socorro. En León, el levantamiento tuvo un éxito casi completo, sólo en el aeropuerto los suboficiales se enfrentaron a los oficiales sublevados. Cuando iban a fusilar a sus jefes, los suboficiales se dejaron convencer por éstos y acataron la disciplina, con lo que el día 21, León estaba en manos de los sublevados. De los doce generales con mando, sólo se sublevaron tres (Cabanellas, Franco y Goded), pero todos los jefes de Estado Mayor conspiraban. De los treinta y tres generales con mando de brigada se alzaron veintidós, y de cincuenta y una guarniciones con efectivos iguales o superiores a un regimiento, se sublevaron cuarenta y cuatro. Los sublevados depusieron con facilidad a los generales de división de Valladolid, Burgos y Sevilla. El golpe fracasó en Madrid, Barcelona y Valencia, y se retrasó en La Coruña. El alzamiento triunfó en Zaragoza, Baleares, Canarias y Marruecos. 5.11.- La muerte de Sanjurjo. El 18 de julio, según Sacanell, el aviador Juan Antonio Ansaldo se ofreció a Fal 2335 Conde para recoger a Sanjurjo en su avioneta . Según Esteban-Infantes, quien le dio la orden a Ansaldo fue Mola. Se trucaría el aparato dotándole de un depósito extra de 50 litros de combustible, para darle mayor autonomía. Según Sacanell, ese día Sanjurjo voló a Lisboa, aterrizando en el aeropuerto militar de Santa Cruz, y no en el civil de La Alberca. El Gobierno de la República española protestó, porque imaginaba el destino del vuelo, y presionó al gobierno portugués para que el avión no despegara. Ante el revuelo organizado en Lisboa, se decidió despegar el avión de Ansaldo desde la pista del hipódromo de Cascaes. Las autoridades portuguesas establecieron que Ansaldo debía despegar al día siguiente de Santa Cruz, aterrizar en aeropuerto civil de La Alberca para realizar las gestiones aduaneras, y despegar, aterrizar subrepticiamente en el pequeño campo de Marinha, cerca de Cascaes, una explanada usada como hipódromo, donde recogería a Sanjurjo, y despegar definitivamente hacia España. El campo de Santa Cruz estaba abandonado, y Ansaldo dejó la avioneta al aire libre sin 2335 Sacane ll afirma que el Dragon Rapide de la compañía Olley Air Service fue contratado el 11 de julio en principio para trasladar a Sanjurjo de Portugal a Marruecos, pero después se le encomendó la misión de transportar a Franco de Las Palmas a Tetuán: Sacanell, E., El general Sanjurjo, p. 227-229. 1014 vigilancia buena parte de la noche del 19 al 20 de julio, hasta la madrugada, en que se le puso un vigilante entre espesa niebla. Al llegar la mañana, la niebla impidió el despegue. A las 14:00 horas, Ansaldo fue a La Alberca para recoger la documentación. Despegó, y aterrizó en el campo de Marinha, pequeño, desigual y rodeado de árboles. La avioneta era pequeña, una De Havilland DH80 Puss Moth. Sanjurjo estaba entusiasmado e impaciente. El aparato se alzó, superó un cerco de pinos, pero el aparato vibró con violencia y Ansaldo tuvo que intentar un aterrizaje forzoso tras parar el motor. Cayó sobre un campo de labranza, estudiándose contra una cerca de piedra. El motor y el depósito de combustible se incendiaron. El piloto pudo ser rescatado, pero Sanjurjo murió por una fractura en la base del cráneo. Se habló de sabotaje, pero Ansaldo había volado esa misma mañana con el aparato una media hora, y no encontró ningún problema. Para algunos periodistas portugueses, la causa fue una bomba instalada por los anarquistas. Según Esteban Infantes, no hubo sabotaje, "todo lo ocurrido tuvo por causa una fatalidad y una precipitación". Las causas señaladas fueron las malas condiciones del aeródromo o el exceso de equipaje. Según el testimonio de la mujer y el hijo de Sanjurjo, su equipaje era pequeño, y no tenía en ese momento uniformes. En cambio, según Ansaldo y 2336 Esteban-Infantes le sigue, Sanjurjo llevó una gran maleta con uniformes y medallas . El aparato, sobrecargado, no llegaría alzarse lo suficiente para evitar que la hélice se enganchar en las copas de los árboles, y se estrellara. Para Sacanell, se descartó demasiado rápidamente la hipótesis de un sabotaje. Las autoridades republicanas conocían la situación del avión, y las intenciones del viaje 2337 de Ansaldo . Con la muerte de Sanjurjo, el Alzamiento quedo descabezado, y cambió 2338 radicalmente la marcha del mismo . Mola improvisó una Junta de Defensa Nacional presidida por Cabanellas, un republicano conservador. 2336 Esteban-Infantes, E., General Sanjurjo. Un Laureado en el penal del Dueso, AHR, Barcelona, 1957, p. 259-266. 2337 Sacanell, E., El general Sanjurjo, p. 234-235. 2338 Sacanell destaca que la muerte de Sanjurjo fue muy negativa para los carlistas. Según Fal Conde, Sanjurjo se había comprometido a restaurar la monarquía y la bandera bicolor, establecer un gobierno temporal y apolítico de militares, con cese, no desaparición, de actividades de partidos políticos, realizar una revisión legislativa de las materias religiosas y moral, y estructurar el país desechando el régimen parlamentario. En cambio, Mola defendía mantener la República, la libertad religiosa y la separación Iglesia-Estado. El 9 de julio, Sanjurjo tuvo que intervenir, estableciendo que habría un Directorio Militar temporal, asesorado por civiles, se acabaría con las actividades, no la existencia, de los partidos políticos, evitando toda referencia a una monarquía o a un estado corporativo. 1015 5.12.- La sublevación en Cádiz El jueves 16 de julio por la tarde, Varela se encontraba en la terraza del Hotel playa de Cádiz, donde esperaba a un amigo. Allí se encontró casualmente con el comandante de Artillería Ricardo Lahera, a quien comunicó que “aquello” iba a comenzar. Se tomaron una caña de cerveza, y después Lahera condujo al general a su domicilio en su automóvil. En la mañana del 17 de julio, Varela se entrevistó con el almirante Ruiz de Atauri, jefe del Arsenal de la Carraca, y después se fue a su casa. Varela sabía que era inminente la sublevación: ese día llegaron a Cádiz el comandante Guillermo Medina, enlace de la Marina, el comandante Simón Lapatza y el capitán García Pumariño, y le informaron en este sentido. Por otro lado, el teniente coronel Ricardo Olivera, que había sido destituido por el Gobierno del mando del Batallón de Infantería de Marina de San Fernando, se entrevistó con Varela. Olivera, relevado por el comandante Sancha, más fiable para el Gobierno del Frente Popular, debía, al producirse la sublevación, recuperar su antiguo mando. A mediodía del 17 de julio de 1936, el gobernador civil de Cádiz, Zapico, notificó al gobernador militar, general López Pinto, que había un "un pequeño nublado" en Melilla. López Pinto ordenó al capitán Puig, que llevara la noticia a Varela. En ese momento, Varela estaba en la muralla, hablando con el general Kindelán, que había llegado a Cádiz con el pretexto de una comisión para la Armada, y con el almirante Atauri. Al saber la noticia, Varela se dispuso a entrar en acción. Se dirigió a su casa, situada frente al Gobierno Civil, apreciando el trajín de personas hacia este edificio. Apenas había noticias, y Radio Cádiz emitía sin cesar música de baile para interferir las emisiones de Tetuán y Ceuta. Sobre las 20:30 horas, el presidente del Gobierno, Casares Quiroga, ordenó al gobernador Zapico detener a Varela. Al caer la tarde, llamaron a la puerta de la casa de Varela. Su hermana, Carmen, salió al balcón para ver quién era, descubriendo en la puerta al jefe de la policía, Adolfo La Calle, y a un oficial de la Guardia Civil, acompañados de varios agentes. Varela dijo "que pasen", y se encerró en el cuarto de baño con su cuñado Julián Arana para quemar papeles, mientras el comandante Lapatza y el capitán García Pumariño, que como amigos se alojaban en su casa, escapaban por las azoteas. Al entrar los dos policías, las mujeres de la casa les dijeron que el general estaba en el cuarto de baño, y que enseguida saldría. Los policías esperaron en la sala, hasta que finalmente salió el general. El policía le presentó una orden oficial de detención. Varela, recordando lo sucedido a Calvo Sotelo, lo puso como excusa para 1016 resistirse y obstaculizar la detención. Aludió a su grado militar y a sus condecoraciones, y gritó: "¿Que se han creído? ¿Van a sacar, uno a uno, de sus casas a los españoles para tenerlos a su merced?". El policía y el guardia civil comenzaron a dudar, y Varela les dijo que sólo saldría de su casa si era para pasar a disposición de la autoridad militar, el general López Pinto. Varela, al comprobar la indecisión de los policías, llamó al gobernador militar, le informó que iba a ser detenido, y que como general laureado, sólo podía ser llevado a prisión militar. López Pinto le dio la razón, y a su vez se comunicó con el gobernador civil, y expuso la argumentación jurídica de Varela. Zapico accedió; López Pinto telefoneó a casa de Varela, y ordenó al guardia civil que condujera al general al castillo de Santa Catalina. Es lo que pretendía Varela. Mientras tanto, Julián Arana acababa de destruir los documentos más comprometedores, y con el resto salió de la casa por la parte posterior. En la calle advirtió de los hechos a Lapatza y García Pumariño, que decidieron salir para Sevilla. Por su parte, al llegar Varela al castillo, la guardia le rindió honores, y el alcaide se cuadró y le dio novedades: "Sin novedad, mi general". Unas formas muy distintas de su detención en 1932. Ya entrada la noche, del 17 al 18 de julio, Zapico telefoneó a López Pinto y le informo que "lo de África ha sido dominado". Sin embargo, a las 3:00 horas de la madrugada sonó el teléfono de López Pinto, y al descolgar el auricular, la central telefónica anunció: "Tetuán al habla", y le dijeron: "Mi general, soy el teniente coronel Beigbeder. Quiero anunciarle como general que es usted de la plaza más próxima, que el Ejército de África tiene aquí todos los resortes del mando". López Pinto, sabiendo que el teléfono estaría intervenido, contestó con un escueto "gracias", y colgó. Al cabo de pocos minutos, sonó de nuevo el teléfono, era el gobernador civil para preguntarle qué le habían dicho desde Tetuán. López Pinto, poniendo voz soñolienta y aprovechando lo anteriormente dicho por Zapico, le contestó: "No me he enterado bien… Pero como usted me dijo anoche que el ‘nublado’ de África había desaparecido, supongo que sí me comunicaba que el Ejército había acabado con ese ‘nublado’". Zapico se dio por satisfecho y le dijo: "Bien, bien, mi general, que descanse". A las 4:00 horas de la madrugada del 18 de julio, López Pinto recibió información del Vicealmirante Jefe de la Base Naval de San Fernando, de que había declarado el estado de alarma. López Pinto ordenó reforzar las guardias, que los comprometidos estuvieran preparados. A las 6:30 pidió al Regimiento de Artillería de Costa nº1, coronel Pedro Jevenois, una sección de cincuenta artilleros y dos ametralladoras para proteger el Gobierno Militar. Su intención era impedir ser detenido. 1017 A pocas horas llegó ante el Gobierno Militar una sección de Guardias de Asalto a las órdenes del capitán Yáñez, en un camión, que al ver el estado de defensa del edificio, giraron y se marcharon. Poco después volvió a llamar Zapico a López Pinto, preguntándole si estaba acuartelado, a lo que éste le respondió que no. La radio comenzaba a difundir noticias sobre el alcance de la sublevación. Zapico ordenó interferir las emisiones de radio del Protectorado. Por la mañana se declaró una huelga general, y la ciudad se paralizó. Las noticias que corrían eran contradictorias. Varela, en el castillo de Santa Catalina, recibió una llamada telefónica: era el capitán García Pumariño, que desde Sevilla le notificó la toma de poder por el general Queipo de Llano. Varela entonces le indicó que informara a Queipo de su situación, y que como nuevo capitán general de la Región, ordenara su liberación. Algo después del mediodía, Queipo de Llano, ya en poder de la Capitanía General en Sevilla, donde había declarado el estado de guerra, llamó a López Pinto: “- Pepe. -¿Qué quieres, Gonzalo? -Yo ya lo he hecho. -¿Palabra de honor? -Palabra. -Pues yo ahora mismo”. López Pinto redactó la orden de liberación de Varela, y la entregó al capitán de Estado Mayor Jaime Puig. Éste, sobre las 14:30 horas, se presentó en el cuartel de Artillería para tomar un coche y acudir al castillo, y el teniente de artillería Ricardo Lahera, que tenía allí el suyo, se ofreció a llevarle, dejando de guardia al teniente Díaz Morales, y rogándole que avisara al coronel y a los oficiales. Ambos se dirigieron al castillo de Santa Catalina. El gobernador de la prisión, teniente coronel Cecilio Belda, parecía dudoso, pero Varela le habló: “Tú, con quedarte la orden, tienes salvada tu responsabilidad, pero puedes hacer lo que quieras, porque yo me marcho con ellos de todas formas”, y dirigiéndose a los tenientes, les dijo: “Vámonos señores”. Al parecer, el gobernador telefoneó a Queipo de Llano, a quien pidió una orden de liberación escrita 2339 por él. Queipo se enfadó y le ordenó que liberara a Varela . El teniente coronel Belda ya no pronunció palabra, sólo acompañó al general y lo despidió en la puerta de la 2340 fortaleza . Varela subió con Puig y Lahera al coche de éste. También les acompañó el 2339 Martínez Roda, F., Varela, p. 130. 2340 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 675. 1018 jefe de la Guardia del castillo, el capitán Fernández de la Puente. Así lo contó el teniente Lahera: “Salimos los tres en el coche, y al pasar por el Gobierno Militar, se quedó en él el capitán Puig; yo continué y dejé al General en su casa, quedando en que un conductor del Regimiento le devolvería el coche, como así hice, puesto que yo iba a salir con la Batería, mandada por el capitán Muro, a declarar el estado de guerra. Ya estaba la Batería y dos camiones con una ametralladora cada uno preparados, y sobre las tres menos cuarto, llegó al cuartel el General y al decirle el Coronel estaba todo dispuesto, después de echarlos una arenga en tonos patrióticos, dijo marchaba al Cuartel de Infantería y desde allí, por teléfono daría la orden de salir. “Pasaba el tiempo y a las tres y media, en vista de que no nos daba la orden, y como sabíamos había gran movimiento de Guardias de Asalto y gentes en el Gobierno Civil, decidimos salir, y en la Plaza de Argüelles, ya dando vista al Gobierno Civil, previó el toque de atención, se leyó el bando de declaración del estado de guerra, fijándose a continuación en la pared Sobre las cuatro, ya enlazamos con las fuerzas del Regimiento de Infantería, enterándonos más tarde, que el retraso de éstos en salir fue debido a que el General Varela tuvo que resolver en aquel Cuerpo algunas papeletas que gracias a Dios no se 2341 presentaron en el nuestro.” . Varela entró en su casa, se vistió de uniforme, pasó rápidamente al Gobierno Militar, donde habló brevemente con López Pinto, acordando la sublevación de la guarnición, cerrar la entrada a Cádiz con ametralladoras, cortando la comunicación con el istmo único y la carretera, y ocupando la Central de Teléfonos, Depósito del Agua, Fábrica de luz, el depósito de gasolina, Construcciones Aeronáuticas, y refuerzo del Castillo de Cortadura con unos cien hombres de Infantería de Marina del Polígono de Tiro de Torregorda. Seguidamente, sobre las 14:45 según el testimonio de Lahera, Varela entró al cuartel de Artillería, y tras pronunciar su arenga, ordenó que se dispusiera una Batería de campaña a salir hacia el Gobierno Civil al recibir su orden por teléfono. La idea era que la Batería se situara en la Plaza de las Cortes, frente a las fachadas norte y oeste del edificio, mientras fuerzas de Infantería, desde el Paseo de Canalejas, asediaran las fachadas este y sur. Varela se dirigió al Cuartel de Infantería, en las murallas de la Puerta de Tierra. Al entrar en el mismo, el coronel Herrera se cuadró y le dijo: "A sus órdenes, mi general". En la enfermería se habían situado algunos vacilantes, a los que Varela hizo bajar, y pistola en mano, les increpó hasta obtener su apoyo. A continuación 2341 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 675; Pemán, J.Mª, p. 163. 1019 Seguidamente, ordenó formar al batallón. Con un pequeño discurso consiguió su adhesión. Seguidamente se dirigió al teléfono, para avisar al Cuartel de Artillería, que en esos momentos ya estaba saliendo a la calle. Así que Varela, al frente de dos Compañías, desplegadas en guerrilla o en orden de aproximación, a paso ligero, bajaron por la Cuesta de las Calesas; al pasar por la Plaza de San Juan de Dios, dispuso que una sección, con una ametralladora, se estacionara en el extremo del Paseo de Canalejas, entre el semáforo y la estatua de Moret, frente al Ayuntamiento; siguió, por la calle Isaac Peral y llegó al Gobierno Civil, frente al que pocos momentos antes habían llegado las fuerzas de Artillería. Mientras tanto, el general López Pinto y el capitán Jaime Puig ordenaron a las fuerzas acuarteladas en los alrededores de la ciudad, que cortaran los accesos a la misma con destacamentos de ametralladoras, y que se ocuparan los puntos neurálgicos de la villa. El objetivo era aislar la ciudad hasta que estuviera totalmente controlada. En su avance hacia el Gobierno Civil, Varela había dejado en su flanco izquierdo al barrio de Santa María, núcleo neurálgico de los obreros revolucionarios, que en ese momento estaba tranquilo. Varela temía que los Carabineros del cruce de los muelles del puerto pudieran oponerse a la sublevación, y por ello envió allí un camión y una sección de ametralladoras al mando del teniente Romero Fabra “Polvorilla”. Bajo la protección de estas máquinas avanzó la columna de infantes que junto los artilleros se dirigían al Gobierno Civil. El Gobierno Civil de Cádiz se encontraba en el antiguo edificio de la Aduana, construido en el siglo XVIII, con recios sillares de piedra, con muros de dos metros de ancho. Allí estaban concentrados unos cuatrocientos izquierdistas, que habían acudido al escuchar las noticias por la radio, y unos cien Guardias de Asalto, que entregaron sus pistolas, por orden del gobernador, para armar a los obreros, conservando sus fusiles. El gobernador, Zapico, era artillero, y se dispuso al resistir. Varela rodeó el edificio, parapetando a sus hombres en los jardines y monumentos de los alrededores. El cuartel general del norte se instaló en la notaría de don José Bedoya, en la plaza Argüelles, y el del sur, en el Hotel Victoria. El comandante de Artillería Manuel Baturone, por orden del general Varela, se adelantó hacia el edificio ofreciendo la rendición. El gobernador civil, que le recibió en su despacho, gritó: “¡Nunca!”. Baturone intentó convencerlo, le hizo ver lo difícil de su situación, y apela a su condición de militar y de artillero. Pero Zapico se negó, y Baturone abandonó el edificio. Varela, sabiendo lo importante que era el factor tiempo, 1020 ordenó abrir fuego contra el edificio. Eran las 17:00 horas. El edificio respondió con fuego de fusil, revólveres y pistolas ametralladoras. Un grupo de Guardias de Asalto se habían parapetado en las amplias escaleras de la entrada y hacía fuego a través de las verjas. Cayó el cornetín de órdenes Soto Guerrero, situado al lado de Varela. El general, al comprobar la dura resistencia, cruzó la plaza y desde su casa telefoneó al Gobierno. Varela se resistía a emplear todos sus medios contra el edificio, porque sabía que en él había mujeres y niños, así como oficiales militares detenidos por la calle durante las horas previas al asedio. Varela discutió e increpó a Zapico, explicándole los motivos de la sublevación. Al apreciar que el gobernador vacilaba, le instó a rendirse y a sumarse a la sublevación. Sin embargo, Zapico, quizá presionado al verse rodeado por frente populistas, y pensando que pronto llegarían refuerzos enviados desde Madrid, se negó de nuevo. Varela le amenazó: "Si persiste usted en su actitud, será usted mi enemigo y el enemigo de España. Asaltaré sin piedad el edificio y solamente usted será el 2342 responsable de lo que ocurra, y de las víctimas inocentes que pueda haber" . Zapico apeló a su honor, a la democracia y a la República, pero Varela colgó y regresó a su puesto de mando. Al apercibirse de los acontecimientos, los líderes de la CNT y UGT locales decidieron llamar a la insurrección. Los concejales frente populistas Antonio Martínez Jurado y Servando López de Soria entraron en Radio Cádiz, y exigieron el micrófono, se dice que pistola en mano. Los concejales, entre vivas a la República, invitaron a sus correligionarios “a armarse, a levantar barricadas, y sobre todo, a incendiar y saquear los comercios y edificios particulares del centro de la población y asesinar a todos los 2343 militares que se encontrasen” . Pocos minutos después llegaron a la emisora fuerzas de Artillería enviadas desde el puesto de Torregorda, a requerimiento del director de la Radio. Poco después el capitán de Asalto Yáñez llamaba a la emisora amenazándola con hacerla volar con un camión de dinamita si era entregada a los soldados, pero el director le contestó que los soldados ya estaban allí. En la ciudad, los obreros revolucionarios se lanzaron al pillaje y al incendio de edificios, con la intención de que parte de las tropas sublevadas se dedicaran a sofocar las llamas y a restaurar el orden público. Un grupo de izquierdistas asaltó la armería del señor Arcusa, en la calle San Francisco, rompiendo la puerta; pero el dueño del establecimiento y su hijo se defendieron a tiro limpio, y los 2342 Pemán, J.Mª, p. 166. 2343 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 681. 1021 asaltantes, tras dejar un muerto y varios heridos, se retiraron. Otro grupo se unió a la defensa del Ayuntamiento, liderada por el concejal socialista Miranda de Sardi y el teniente de la Guardia Municipal Muñoz Dueñas, que entregó las armas de la misma a un grupo de obreros. El Ayuntamiento estaba custodiado por una sección de Infantería, sobre la que los parapetados en el Ayuntamiento hizo fuego. Los soldados, armados con una ametralladora, respondieron a los disparos tendidos en el suelo de la plaza. De la misma forma, en el edificio de Correos y Telégrafos un grupo anarquista se hizo fuerte contra los soldados. De esta forma, Zapico dispuso de línea telefónica para avisar de los acontecimientos y pedir ayuda a las ciudades cercanas. Sin embargo, los cortos refuerzos que llegaron vieron que el acceso a la ciudad estaba cortado por soldados desde la Fábrica de Torpedos y el Fuerte de Cortadura A media tarde, tanto el Gobierno Civil como el Ayuntamiento estaban totalmente cercados, pero resistían, mientras en el corazón de la ciudad, entre las calles Columela, Plaza de Topete y calle de Eduardo Dato, se incendiaban con gasolina y saqueaban algunos comercios, almacenes y domicilios. Sin embargo, Varela no estaba dispuesto a dividir sus fuerzas, unos trescientos soldados apoyados por unas docenas de falangistas y requetés que se le habían unido, a los que hay que añadir cincuenta infantes y veinte artilleros que habían quedado de guardia en los cuarteles. Varela no quería entablar una lucha callejera, que podría resultarle fatal. El jefe provincial de Falange, José Mora Figueroa, marqués de Tamarón, había sido requerido por su hermano Manuel, teniente de navío, a apoyar la sublevación, concentrando a sus fuerzas civiles en el Casino Gaditano, en la plaza de San Antonio. Mora Figueroa, que contaba con treinta y cuatro falangistas armados con pistolas, a los que se unieron los tradicionalistas José Barca, el comandante marqués de la Viesca, y el teniente coronel Rodríguez y Ponce de León, propuso a Varela intentar disolver los desórdenes con los voluntarios civiles. Varela en principio se negó, pero tras la insistencia, aceptó, y Mora Figueroa, al frente de los paisanos reforzados por seis guardias civiles, se aprestaron a reprimir los desórdenes y facilitar el sofoco de los incendios. El grupo se dirigió por las calles Zurita y general Luque hacia las de Columela y Topete, centro del comercio gaditano. Allí dispararon contra los frentepopulistas que se les enfrentaban. Varios de éstos cayeron muertos o heridos, el resto huyó rápidamente, y se posibilitó la 1022 intervención de los bomberos, que desobedecieron la orden de pasividad dada desde el 2344 Ayuntamiento . A las 19:00 horas, Queipo de Llano y López Pinto hablaron por teléfono: -“¿Con qué cuentas, Pepe?- le preguntó Queipo a López Pinto. -Yo, con la radio y el teléfono. 2345 -Yo, casi ni con eso…” . Varela sólo controlaba el terreno que pisaba, una zona periférica de la ciudad desde el Cuartel de Artillería al de Infantería, pasando por el puerto comercial. El Gobernador Zapico esperaba refuerzos de Melilla. Se acercaba la noche. Habían sido heridos el teniente de Infantería Martínez del Cerro y cuatro soldados. De nuevo intentó la rendición a través del comandante de Artillería Eduardo Aranda, amigo y compañero de Zapico, pero éste no quiso ni ponerse al teléfono. Los artilleros emplazaron piezas ligeras de 75 mm, y los infantes la suya, “de acompañamiento”, de 65 mm. Al ver el peligro, el Gobernador telefoneó a Varela. Informó que en el edificio había mujeres y niños, familiares de varios funcionarios de Hacienda y Aduanas que habitaban en él, en los pisos altos. Varela ofreció una tregua de una hora para evacuar a mujeres, niños “y los que tengan miedo”, añadió. El comandante Baturone supervisó la evacuación. En efecto, junto a las mujeres y los niños salieron varios hombres, amedrentados. Entre las evacuadas estaban una sobrina de Zapico y una hija del teniente coronel Hernández 2346 Saravia, Elisa Hernández de Rojas . Transcurrida la hora, se inició el fuego. Por otro lado, Varela urgía a través de sus enlaces a López Pinto para que contactara con Tetuán y averiguara si venían refuerzos desde Ceuta. Ya anochecido, el Gobernador Militar consiguió hablar con el Estado Mayor de Ceuta, y con el comandante del Churruca, que le hicieron saber que estaba siendo embarcado un Tabor y un escuadrón de Regulares sin ganado, y que esperaban llegar a Cádiz de madrugada. Varela decidió entonces aplazar el asalto hasta la llegada de los Regulares, aunque mantuvo el fuego. Mientras tanto, en la ciudad, los falangistas y la Guardia Civil habían impuesto el orden en el centro. El control de la ciudad se debía en buena medida a la figura de Varela. Según el testimonio del gaditano Julián Dorao, en Cádiz vivían muchos obreros de ideas 2344 Una manzana quedo totalmente destruida, y el lugar acabó convertido en una plaza, dedicada al general: "Plaza del General Varela. Presente siempre en la memoria de Cádiz como él estuvo siempre en sus horas difíciles: Pemán, J.Mª, p. 167 2345 Pemán, J.Mª, p. 169. 2346 Hernández Saravia se iba a convertir en los próximos días en ministro de la Guerra del gabinete presidido por Giral. 1023 marxistas que habían sido armados en las primeras horas de la mañana en el Gobierno Civil: “Bien sabido es que sólo el prestigio personal del General Varela, que desde las primeras horas de la tarde se lanzó a la calle al frente de sus tropas incondicionales, pudo producir el milagro de seducir y dominar a los elementos hostiles del Ejército, y paralizar la inmensa mayoría de la masa revolucionaria obrera, que sin el efecto de la fascinación y el temor que simultáneamente producía la atrayente figura del General, se hubieran indudablemente lanzado al asalto y la guerrilla, alentados por los altavoces de la Radio roja, mientras 2347 estuvo en poder del Gobierno del Frente Popular” . 5.13.- El 18 de Julio en San Fernando En San Fernando, en 18 de julio, a las 16:00 horas, comenzaron a llegar noticias de la sublevación. El teniente coronel Olivera comenzó a actuar. Tomó el mando del Batallón de Infantería de Marina, y dispuso que una Compañía de Infantería, a las órdenes del capitán Juan Conforto, patrulló por San Fernando acompañado de una Banda de Música, mientras otra Compañía proclamaba el estado de guerra, y se ocupaban los puestos clave de la localidad: Telégrafos, Teléfonos, Correos, la Constructora Naval… Se clausuraron las sedes de los Sindicatos y se detuvo a los líderes frente populistas. El teniente coronel se personó en el despacho del alcalde y lo declaró detenido, a él y a los concejales Seguidamente, dispuso que el comandante de Intendencia de la Armada, Ricardo Isasi e Ivisón, asumiera el cargo de alcalde. La Guardia Municipal fue desarmada, mientras muchos civiles se presentaban voluntarios para colaborar con los alzados. Al día siguiente se declaró huelga general en la localidad, pero Olivera dictó un enérgico bando, y la protesta fue rápidamente disuelta. Ese día, la marinería de los cañoneros Lauria y Cánovas del Castillo se sublevó, al recibir radios llamándoles a impedir el tránsito de las tropas de África hacia la Península, y a apresar a sus mandos si no seguían las instrucciones del Gobierno. En principio, la marinería obedeció a los oficiales, afectos al levantamiento; pero el día 21 se amotinaron. La marinería de tierra pudo ser reducida por parte de los oficiales; pero la de los barcos, no. 5.14.- El 19 de Julio en Cádiz. A las 4:30 horas del 19 de julio, el semáforo de la Torre de Tavira avisó de la 2348 llegada del destructor Churruca y del vapor correo Ciudad de Algeciras. Varela 2347 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 688. 2348 El destructor Churruca, había sido botado en 1931, y que estuvo en servicio hasta 1957. 1024 ordenó a José Mora Figueroa para que designara a quince de sus hombres, para que junto a algunos Guardias civiles y soldados le dieran escolta hasta el muelle y protegieran el desembarco de los Regulares. Se sorteó los que irían, porque todos querían acompañar al General, incluido Manuel Mora Figueroa, que como teniente de navío quería recibir a sus compañeros. Finalmente, Joaquín Romero Abreu cedió su puesto a Mora Figueroa. El camino hacia los muelles estaba batido por disparos que provenían de las ventanas y azoteas del Gobierno Civil, de la Fábrica de Tabacos, estación de ferrocarril, convento de Santo Domingo y del Ayuntamiento; el general y su escolta debían ir en fila de a uno cruzando las esquinas y cubriéndose con fuego. Dieron la vuelta por la calle de San Francisco, y salieron al paseo, frente a los muelles, en la esquina del cine Gades. Un guardia civil cayó herido por los disparos. Al llegar a los muelles, los cincuenta Carabineros aún no se habían inclinado por ninguno de ambos bandos. Habían desoído las órdenes de Zapico de acudir en su socorro. Varela dejó atrás su escolta y se acercó a los Carabineros solo y erguido. Comenzó a hablarles, apelando a su patriotismo. Los Carabineros, tras algunas dudas, le reconocieron como su jefe y se pusieron a sus órdenes, aclamándole, e incorporándose a su escolta. A las 7:00 horas, el Churruca y el Ciudad de Algeciras entraron en el puerto de Cádiz. Varela los esperaba en el cantil del muelle, y cuando los Regulares le divisaron, le vitorearon. En el er Churruca llegaba el 1 Tabor de Regulares de Ceuta, al mando del comandante Luis 2349 Oliver Rubio , y en el Ciudad de Algeciras, el Escuadrón de Regulares de Ceuta, del capitán Sanjuán. Una vez desembarcados, los sargentos Al-lilo y Bumersien le informaron que habían visto una actitud conspiratoria en la marinería del Churruca. Varela ofreció al comandante del buque una sección de Regulares para protegerlo, pero su comandante, capitán de navío Fernando Barreto, declaró que confiaba en sus hombres y declinó el ofrecimiento. Desembarcaron un total de doscientos veinte hombres. El Churruca zarpó, y ya en el mar, a unas veinte millas de Ceuta la marinería se amotinó, y detuvo a los oficiales. El comandante y los oficiales les buque fueron 2350 fusilados el 20 de agosto en Málaga . Al ver desembarcar a los Regulares, el Gobierno Civil se rindió. Salieron Zapico, seguido de policías, Guardias de Asalto, sindicalistas, correligionarios del 2349 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 689-690, su testimonio sobre su llegada a Cádiz. 2350 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 693-694. 1025 gobernador, su secretario y el presidente de la Diputación. Fueron divididos en dos grupos y conducidos, uno a la cárcel, y el otro al castillo de Santa Catalina. Varela se dirigió entonces al Ayuntamiento. Allí la resistencia estaba dirigida por el jefe de la Guardia Municipal, un ex militar, Muñoz Dueñas, el cual, al ver a los Regulares, ordenó seguir disparando. No obstante, algunos de los defensores querían rendirse. A última hora, uno de ellos indicó al relojero comunista Rendón que suspendiera el fuego, y por toda respuesta, Rendón le disparó a bocajarro. Al llegar Varela, los guardias municipales, que habían sido desarmados y estaban encerrados en el cuartelillo, consiguieron salir y abrir la puerta a los sitiadores. El general Varela entró en el Ayuntamiento, y mirando severamente a los resistentes, les dijo: "Han perdido ustedes". Y después, señalando a Muñoz Dueñas, les dijo: "¿Qué revolución querían 2351 hacer ustedes con militares como éste, desprestigio y barredura del Ejército?" . El fanático relojero Rendón, conocido en todo Cádiz, según Pemán, por su escaparate con "más literatura pornográfica que relojes", que el día de Corpus abría la tienda y se sentaba de espaldas a la procesión, que había llevado a su hija Milagros al Ayuntamiento, la cual había vaciado sus cargadores disparando, al entrar Varela, Rendón, que había pedido un vaso de agua, lo arrojó al suelo y dijo: "¡Si hubiéramos tenido generales como usted...!". Seguidamente Varela se dirigió al Palacio de Comunicaciones, que ya ondeaba bandera blanca, y después a los locales de la CNT y la Casa del Pueblo, ambos rápidamente dominados. En la mañana del 19 de julio, los sublevados dominaban Cádiz. Centenares de personas se alistaban en el Requeté, la Falange o las Milicias. Varela fue a Jerez de la Frontera, donde tomó un avión hasta Sevilla, se entrevistó con Queipo de Llano, y volvió a Cádiz el mismo día. Al día siguiente ordenó que una compañía de Regulares saliera hacia Sevilla. 5.15.- La sublevación de los cañoneros de La Carraca. El día 20 de julio, el mismo día que fallecía en accidente el general Sanjurjo, 2352 hizo amago de acercarse a Cádiz el crucero Libertad , leal al Gobierno del Frente Popular, por haberse sublevado su marinería, y amenazó con bombardear la ciudad si 2351 Pemán, J.Mª, p. 173; ACGJEVI, Carpeta 168, fol 691. 2352 El crucero Libertad era un clase Almirante Cervera, había sido botado en 1927 como Príncipe Alfonso; transportó a Alfonso XIII al exilio, participó en la represión de la revolución de Asturias en 1934; al intentar unirse a los sublevados en julio de 1936, su marinería se sublevó, torturó y asesinó a sus oficiales y su puso del ado del Gobierno, participó activamente en la Guerra Civil, destacando su participación en el combate del cabo de Palos donde fue hundido el crucero Baleares hasta su internamiento en Bizerta en marzo de 1939; se le rebautizó como Galicia; fue dado de baja en 1970. 1026 ésta no se le rendía. Desde el buque se envió por radio el siguiente mensaje: “De orden del Gobierno le conmino a la rendición de la Plaza; de no hacerlo procederé al bombardeo inmediato. Comunique por esta vía su resolución”. El general Gobernador López Pinto se negó: “Cuando quiera puede empezar”. Al mismo tiempo, un hidroavión Dornier pilotado por el teniente de navío Ruiz de la Puente despegó y bombardeó al Libertad, que se retiró hacia Tánger, emitiendo el siguiente mensaje: “Hemos sido bombardeados por un hidro, sin consecuencias. Ya daremos noticias del puerto donde lleguemos”, llegando a su destino a las 23:00 horas. El día 21 de julio se sublevó a favor del Gobierno la escuadra del Arsenal de la 2353 2354 Carraca, los dos buques cañoneros Lauria y Cánovas del Castillo , obedeciendo las consignas del ministro Giral. Dos oficiales, al ir a subir a bordo, fueron asesinados. La guarnición de Infantería de Marina impidió que los marineros saltaran a tierra, disparando desde el muelle con ametralladoras. El almirante Ruiz de Atauri avisó a Varela, que envió al Arsenal fuerzas de Regulares. Ambos buques, abarloados uno junto al otro, comenzaron a disparar su artillería sobre el Arsenal, a cincuenta metros. Pero la marinería desconocía el uso de la artillería, y su fuego era anárquico e ineficaz. Sabían que el Arsenal carecía de bocas de fuego, por eso les sorprendió de pronto recibirlo. Unos veteranos contramaestres tomaron cuatro viejas piezas Maxim Noerdenfeld de 57 mm, usados para salvas de protocolo, y comenzaron a hacer fuego sobre los barcos. El Lauria fue alcanzado, así como el Cánovas y el desánimo cundió entre los amotinados. La llegada de los Regulares enviados por Varela, y el bombardeo de los barcos por aviones procedentes de Tablada, decidió la situación. El Lauria comenzó a hundirse, y el Cánovas izó bandera blanca. A las 5:00 horas, el Arsenal estaba totalmente controlado. Varela lo describió así en el parte redactado para la obtención de recompensas por la guarnición de Cádiz: "En la noche del 21 al 22 se sublevaron en el Arsenal de la Carraca algunos buques surtos en los Caños. La reducida guarnición del Arsenal pudo evitar que los sublevados saltar en a tierra, a pesar del fuego de cañón que hicieron contra el establecimiento de San Fernando, hasta la madrugada en que fuerzas de Cádiz, enviadas por mí, con instrucciones precisas reforzaron aquella guarnición, sofocaron el intento rebelde e hicieron prisioneros a cuantos habían 2353 El Cañonero Lauria era un clase Recalde, botado en 1912, y que se encontraba en reparaciones en La Carraca. 2354 El Cañonero Cánovas del Castillo era un clase Cánovas del Castillo, botado en 1923; participó en el desembarco de Alhucemas, en el hundimiento del Santo Tomé en Cabo Rosa (Argelia) en octubre de 1937, y dsdo de baja en 1959. 1027 tomado parte en él. Después, y disponiendo siempre de escasas fuerzas, mi objetivo principal fue restablecer rápidamente las comunicaciones con Sevilla, cortadas por la actitud favorable a los rojos de varios pueblos situados entre ambas poblaciones. Se les dominó, así como otros de la provincia, cuyas 2355 autoridades no se habían sumado al Movimiento Nacional" . Varela reforzó la guarnición de Infantería de Marina, y estableció la comunicación con Sevilla, cortada en varios puntos por los republicanos. De esta forma, aseguró las comunicaciones, evitó la llegada de tropas del Gobierno, y envió tropas a Sevilla. Varela actuó como un estratega responsable, porque sabía que sería en Sevilla donde se decidirá el destino de Andalucía occidental. Los Regulares, a las órdenes de Varela, ocuparon Sanlúcar de Barrameda, Olvera y el Arsenal de la Carraca, sofocando la sublevación de la marinería. En todas estas cuestiones Varela tomó decisiones, pero “guardando toda clase de consideraciones al general López Pinto (…) y ello obligó al firmante [el propio Varela] a resolver cuantos asuntos y complicaciones se presentaron 2356 con inteligencia completa, armonía y recíproco respeto” . Pero el problema creciente era abrir el paso del Estrecho, dificultado por la presencia de buques de la Armada en manos de los frente populistas. El Libertad, acompañado del Lepanto y el Churruca, cañonearon nuevamente la plaza el día 22 de julio e incitaron a la rendición, provocando un muerto y varios daños materiales. La costa fue entonces artillada con piezas del doce situadas en las factorías de la Constructora Naval, y se eliminó entonces el peligro de bombardeos. Entonces, el coronel de Caballería Arsenio Martínez Campos se ofreció para pasar a Marruecos con unos faluchos para transportar tropas del Tercio y Regulares a la Península. Así lo explicó Varela: “Nace el servicio prestado por el teniente de navío Manuel Mora Figueroa, por una orden mía y debido a una iniciativa del coronel de Caballería don Arsenio Martínez Campos, que el día 21 de julio de 1936 se propuso marchar a Ceuta con algunas embarcaciones del Consorcio Almadrabero, del que formaba parte dicho señor, a la sazón retirado del Ejército y que circunstancialmente se encontraba en Cádiz el 18 de julio, fecha en que se me presentó ante mi autoridad en la Plaza de España, en cuyo lugar me encontraba sosteniendo fuego con los revolucionarios marxistas sitiados en el Gobierno Civil de dicha ciudad. 2355 Pemán, J.Mª, p. 174. ACGJEVI, Carpeta 168, fol 693, Parte propuesta dirigido por Varela al general López Pinto el 11 de abril de 1938, para su expediente de recompensas. 2356 ACGJEVI, Carpeta 168, fol 693, Parte propuesta dirigido por Varela al general López Pinto el 11 de abril de 1938, para su expediente de recompensas. 1028 "La idea expuesta por el citado Coronel me pareció útil por cuanto se pretendía reunir las embarcaciones, propiedad del Consorcio, que estaban en Larache, y; costeando, hacerlas llegar a Ceuta y allí embarcar algún Tabor o Bandera para trasladarlo a Cádiz, manifestándome que era empresa segura y fácil, que no correría riesgo. Sólo le pidió media docena de hombres de confianza para que fuesen con él, ya que no quería llevar todo el personal de las Almadrabas, sino los indispensables de confianza para el buen éxito de la empresa. Ordené al teniente de navío Mora Figueroa que nombrara a los hombres y él se ofreció 2357 entonces para marchar con ellos, cosa a la que accedí" . Martínez Campos, a su vez, relató la peripecia de esta travesía, que resultó accidentada. Se trataba de llegar hasta Larache y Tánger, allí recoger los barcos de pesca del Consorcio Nacional Almadrabero. Tras reunir a cinco soldados y cuatro falangistas, el teniente de navío Mora y el coronel Martínez Campos tomaron dos faluchos en Sancti Petri, ante la hostilidad de las tripulaciones, a las que se les dijo que iban a Barbate. Se navegó hasta Tarifa y Ceuta. Al llegar allí, con las luces apagadas por seguridad, el barco que iba en cabeza, el Pilar, fue tomado por hostil y sufrió fuego, quedando cuatro heridos, uno de ellos el coronel, otros dos muy graves, y el cuarto leve. Con el coronel herido, que era quien tenía autoridad para reclamar los barcos, ya era imposible ir a Larache o a Tánger. El teniente de navío Mora insistió en que se le permitiera regresar a Cádiz con los dos barcos. El 24 de julio, reparado el Pilar de sus impactos, con una Compañía del Tercio a bordo, se emprendió el regreso. Fueron descubiertos por dos buques republicanos, pero los dos faluchos consiguieron llegar a la 2358 costa peninsular, en Tarifa . El 24 de julio, Varela visitó San Fernando, asistiendo a una pequeña ceremonia, donde confraternizó con los soldados y los alumnos de la Escuela Naval Militar. Ese día también visitó Puerto Real. Hasta el día 28, Varela se dedicó a reorganizar la vida gaditana, mientras con sus pequeñas fuerzas iba tomando los pueblos de alrededor. El 28 se ocuparon Olvera y Sanlúcar de Barrameda, nombrándose nuevas autoridades. Ese mismo día, el general Varela se dirigió a Jerez de la Frontera, desde donde en avión pasó a Sevilla. Allí se reunió con los generales Queipo de Llano, Franco y Orgaz. Allí se le encargó el mando de la Columna de Operaciones de Córdoba, dentro del llamado 2357 Pemán, J.Mª, p. 174; ACGJEVI, Carpeta 168, fol 695, testimonio de Varela para el expediente abierto del Juicio Contradictorio para la concesión de la Cruz Laureada al teniente de navío Manuel Mora Figueroa. 2358 Pemán, J.Mª, p. 174-175. Ver Apéndice documental, nº 27; ACGJEVI, Carpeta 168, fol 695-697, testimonio del coronel Martínez Campos para el expediente abierto del Juicio Contradictorio para la concesión de la Cruz Laureada al teniente de navío Manuel Mora Figueroa. 1029 Ejército del Sur, a las órdenes del general Queipo de Llano. Para entonces, los generales sublevados se han dado cuenta que lo que tienen ante ellos es una guerra civil, que 2359 requiere por tanto dotarse de una estructura de ejército en campaña . Por la tarde, Varela regresó a Cádiz. Siguió encargándose de las operaciones menores de la provincia, hasta que el 4 de agosto marchó a Córdoba para tomar el mando de la Columna de Operaciones, destinada a ocupar la provincia de Córdoba. Al día siguiente, 5 de agosto, tuvo lugar el paso del Estrecho de importantes fuerzas. De esta forma, se inició la guerra civil. El papel de Varela en la misma ha sido 2360 exhaustivamente estudiado por Núñez Calvo . 6.- La familia militar en la Guerra Civil: división y fusilamientos. La virulencia del enfrentamiento a que condujo la división en el seno del Ejército, se muestra en la práctica del fusilamiento, por ambas partes, en la contienda civil. Antiguos compañeros e incluso familiares, separados por las ideas o las creencias, no dudaron en ejecutar a aquellos que juzgaron traidores. Es posible que el detonante de esta práctica fuera la ejecución de los oficiales de Marina en los buques republicanos, muertos por los marineros, y la muerte de los militares en el Cuartel de la Montaña, o del general García de la Herrán en Madrid. También fue fusilado a las pocas horas de ser apresado el 22 de julio, el comandante Ortiz de Zárate. Respecto a las muertes en los buques de la Armada, éstas fueron muy tempranas: al menos ciento dieciséis oficiales murieron en buques y dependencias de la Marina, a los que hay que añadir, y entre ellos se contabilizan oficiales y suboficiales, ciento cincuenta y dos ejecutados en el España nº 3, cincuenta y dos en el Río Sil, sesenta y seis en Paracuellos del Jarama, dieciocho en Cartagena, y treinta y ocho más en otras localidades, lo que arroja la cifra de doscientos cincuenta y cinco almirantes, jefes y oficiales, la gran mayoría muertos antes de cumplirse un mes del estallido de la 2361 contienda . Si recordamos que el escalafón de la Armada contabilizaba en julio de 1936 setecientos sesenta y siete oficiales, nos encontramos con que un tercio de todos los mandos del Cuerpo General fue ejecutado o asesinado por leales al Gobierno del Frente Popular. 2359 Martínez Roda, F., Varela, p. 134. 2360Núñez Calvo, J., General Varela. Diario de Operaciones 1936-1939, Editorial Almena, Madrid, 2004. 2361 Ruiz Sierra, M., Así empezó todo. Memorias de un marino de la República, AF Editores, Valladolid, 2005, p. 191-204. 1030 Al producirse la sublevación, el Ejército quedó dividido aproximadamente por la mitad: unos 8.000 oficiales quedaron en el bando republicano, y unos 9.000 en el nacional. Pero mientras que la mayoría de militares de la zona sublevada se adhirieron al alzamiento, no pasó lo mismo en la zona gubernamental. No se puede generalizar que el golpe de Estado lo dieron los africanistas, y los “junteros” estuvieron con la República. El caso más significativo de trayectoria rectilínea es Domingo Batet, que fue defensor de la escala cerrada, muy crítico con los africanistas, contrario a Primo de Rivera, y defensor de la legalidad republicana en 1934 y 1936. Pero no se puede generalizar. A lo largo del trabajo se ha visto como muchos africanistas, como muchos junteros, se enfrentaron a Primo de Rivera, compartieron o les dividieron ideas políticas, y por último la sublevación también les separó. El general José Asensio Torrado estuvo en el lado republicano, y era africanista, fue secretario de Gómez-Jordana, ascendió a coronel en 1926 pero con la revisión de Azaña se le rebajó su antigüedad en el escalafón; no obstante, colaboró con la UMRA en proyectos para 2362 armar al pueblo en vísperas del 18 de julio y en previsión de la sublevación . El 2363 general Ignacio Hidalgo de Cisneros , el coronel de Aviación de Intendencia Antonio 2364 2365 Camacho Benítez , el coronel de Intendencia Manuel Gascón Briega , el general 2366 2367 Antonio Cordón García , el coronel Manuel Estrada Manchón , el general 2368 2369 2370 Leopoldo Menéndez , el general José “Papá” Miaja , el general Sebastián Pozas 2371 o el general Vicente Rojo , fueron africanistas y republicanos, algunos de ellos muy 2362 Puell de la Villa, F., “José Asensio Torrado, general de División”, en 25 militares de la República, Ministerio de Defensa, 2011, p. 67-98. 2363 Lázaro Ávila, C., “Ignacio Hidalgo de Cisneros, general de brigada de Aviación”, en 25 militares de la República, Ministerio de Defensa, 2011, p. 503-542. 2364 Riesgo, J.M., “Antonio Camacho Benítez, coronel”, en 25 militares de la República, Ministerio de Defensa, 2011, p. 193-211. 2365 Montero Roncero, A., “Manuel Gascón Briega, coronel”, en 25 militares de la República, Ministerio de Defensa, 2011, p. 261-293; fue fusilado y enterrado en Paterna, en agosto de 1939, vistiendo el uniforme de Aviación. 2366 Viñas, A., “Antonio Cordón García, general de Brigada”, en 25 militares de la República, Ministerio de Defensa, 2011, p. 295-321. 2367 Rodríguez Velasco, H., “Manuel Estrada Manchón, coronel”, en 25 militares de la República, Ministerio de Defensa, 2011, p. 355-391. 2368 Losada Malvárez, J.C., “Leopoldo Menéndez Malvárez, general de brigada”, en 25 militares de la República, Ministerio de Defensa, 2011, p. 675-694. 2369 Menéndez, J.J., “José Miaja Menant, teniente general”, en 25 militares de la República, Ministerio de Defensa, 2011, p. 695-726. 2370 Bahamonde Magro, A., “Sebastián Pozas Perea, general de división”, en 25 militares de la República, Ministerio de Defensa, 2011, p. 787-815. 2371 Fernández López, J., “Vicente Rojo Lluch, teniente general”, en 25 militares de la República, Ministerio de Defensa, 2011, p.817-849; Rojo manifestó a sus amigos y compañeros profesores del Alcázar, que debía permanecer en el bando sublevado porque temía por su mujer y sus hijas: De La 1031 comprometidos políticamente con la izquierda, y otros de religión católica. Tampoo faltaron los oficiales que se sintieron comprometidos con su palabra, y pese a sus convicciones derechistas y católicas, se alinearon con el Gobierno, como el coronel de 2372 Aviación Emilio Herrera . Estos militares republicanos estuvieron divididos, en 2373 líneas generales, entre “azañistas” y comunistas , como se evidenció en el apoyo o rechazo de golpe del coronel Casado al final de la guerra en Madrid. No deja de tener su ironía que algunos de estos militares, teóricamente “junteros” y por tanto contrarios a los ascensos por méritos de guerra, se beneficiaron de ellos durante la guerra en el bando republicano, mientras que en el lado nacional, teóricamente “africanistas”, los ascensos fueron más bien raros, y se dieron casos de coroneles al mando de Divisiones, como Alonso Vega o Bautista Sánchez. A ello hay que unir la “lealtad geográfica”, el hecho de que algunos oficiales se adhirieran a uno u otro bando por encontrarse en un lugar determinado, o por tener un determinado círculo de amistades. Así lo reflexiona el general Iniesta Cano: “¡Cuántas veces se vio la tremenda influencia que en mucha gente tuvo su ‘círculo de vida’ y desde luego su ‘localización geográfica’, en aquellos momentos preliminares o anteriores a nuestro Movimiento, dada la inevitable confusión que entonces existía! Casi me atrevería a asegurar que si [el teniente] Castillo hubiera continuado en Regulares de Tetuán, nunca habría cambiado su ideal, y en la Cruzada 2374 posiblemente habría destacado por su valor y competencia” . Los tres tenientes generales se alinearon con la sublevación, y a dos de ellos les costó la vida. De los generales de División, se sublevaron seis: Cabanellas, Goded. Queipo de Llano, Saliquet, Franco y Fanjul. Doce de los generales de División fueron 2375 2376 nacionales , y diez, republicanos . De brigada con mando superior, siguieron al Gobierno Pozas Perea, Miaja, Llano de la Encomienda, y Martínez Monge. Los seis Cierva, R., El Alcázar de Toledo. Franco hacia la Jefatura del Estado, ARC, Madrid, 1997, p. 88, presenta una carta testimonio del hijo del coronel Alamán que presenció la conversación. 2372 Atienza Rivero, E., El general Herrera, p. 334-364. Herrera perdió a su hijo menor Emilio Herrera Aguilera en un combate aéreo sobre Belchite, siendo jefe de una escuadrilla de Polikarlov I-15 “Chatos”. Kindelán le envió una carta de sentida condolencia, p. 368-373. 2373 Para Alonso Baquer, esta división se consagra en 1938, entre los anarquistas y liberales por un lado, y los marxistas por otro: Alonso Baquer, M., “El Ejército de la Segunda República”, en Bullón de Mendoza, A., y Togores. L.E., La República y la Guerra Civil. Setenta años después, Actas, Madrid, 2008, p. 354. 2374 Iniesta Cano, C., Memorias y recuerdos, p. 73. 2375 Miguel Cabanellas, Ángel Rodríguez del Barrio, Queipo de Llano, Rafael Villegas, Andrés Saliquet, Manuel Goded, Francisco Franco, Joaquín Fanjul, Antonio Losada.. A éstos cabe añadir tres dubitativos: Cristóbal Peña Aubín, José Sánchez Ocaña y Virgilio Cabanellas, los tres acabaron apoyando a los nacionales, el último fue encarcelado toda la guerra por los republicanos; López de Ochoa no se sublevó, pero quedó alineado con los nacionales 2376 Gómez Morato, Salcedo, Riquelme, Núñez del Prado, Batet, García Gómez-Caminero, Masquelet, Villa-Abrille, Pedro de la Cerda, y Molero 1032 Vicealmirantes fueron nacionales. El único general retirado que conspiró fue González Carrasco; Millán Astray se unió una vez estalló en golpe; los generales Ponte, Dávila y Gil Yuste, que se encontraban en situación de retiro, se reincorporaron al Ejército De los ciento cinco generales de brigada, setenta apoyaron la sublevación, y treinta cinco al Gobierno del Frente Popular; de los cuatrocientos doce coroneles, doscientos noventa y cuatro lucharon con los nacionales, un 71%, y éste es el porcentaje 2377 más común, según Engel : un 69% de los tenientes coronel, un 70% de los comandantes, un76% de los capitanes, un 81% de los tenientes, un 77% de los alféreces, un 88% de los alumnos. Engel cifra además en unos setecientos cincuenta y cinco oficiales “leales geográficos” en el bando republicano, desafectos al mismo; al acabar la Guerra fueron readmitidos, pero obligados retirarse. Hubieron ciento cincuenta y dos republicanos en el bando nacional, de los cuales, noventa y uno fueron retirados al acabar la Guerra Los republicanos fusilaron a los militares que fracasaron en el alzamiento y que quedaron prisioneros. El 12 de agosto de 1936, en los fosos de Montjuich, tras un consejo de guerra a bordo del buque Uruguay, fueron fusilados los generales Manuel Goded Llopis y Álvaro Fernández Burriel, el primero con un uniforme sencillo, el segundo de civil Así describió Julián Zugazagoitia la muerte de Goded: “Cuando el general Goded le llegó el momento de ser fusilado, fusilamiento que no pudieron evitar las gestiones políticas, inferiores en fuerza coactiva a las presiones de las masas catalanas, que urgían el cumplimiento de la sentencia, el reo se presentó ante los soldados perfectamente vestido y afeitado. Había dedicado a su última compostura cuidados minuciosos. Con un cigarrillo en la mano, bien pegada la ceniza al fuego, asistió a los preparativos del pelotón y, cuando todo estuvo listo, aspiró una bocanada de humo, arrojó la punta del pitillo y, afirmando los pies a la tierra, miró cómo los fusiles le enviaban la muerte a clavársele en el pecho. La trompetería de la tropa presente alborotó la 2378 mañana con la notificación de que la justicia estaba hecha” . Otro derrotado que pagó con su vida fue el general Joaquín Fanjul Goñi, apresado tras la caída del Cuartel de la Montaña en Madrid; García Venero señala que en el juicio el general Miaja manifestó su hostilidad hacia Fanjul, porque se le trasladó a Lérida, en la sala sexta del Tribuna había dos enemigos del general, los también 2377 Engel Masoliver, C., El Cuerpo de Oficiales en la Guerra de España, AF Editores, Valladolid, 2008, p. 49, tabla 42. 2378 Zugazagoitia, J., Guerra y vicisitudes de los españoles. 1033 2379 generales Riquelme y Gómez Caminero . Fueron fusilados también los tenientes generales Pío López Pozas y José Rodríguez Casademunt; como los generales de 2380 división Eduardo López de Ochoa y Rafael Villegas Montesinos ; los generales de brigada Emilio Araujo Vergara en Madrid, José Bosch Atienza en Menorca, Oswaldo Fernández Capaz Montes en Madrid, Francisco Fernández Ampón en Gerona, José García Aldave y Mancebo en Alicante, Gonzalo González de Lara en Guadalajara, Justo Legorburu Domínguez en Madrid, Manuel Lon Langa en Madrid, Federico de Miguel Lacour en Barcelona, Francisco Patxot Madoz en Málaga; los generales de la Guardia Civil José Marcos Jiménez y Luis Grijalvo Ceballos; los almirantes Francisco Márquez Román, Ramón Navia Osorio, Francisco Javier de Salas Rodríguez, Miguel de Mier y del Río, Luis Pascual del Pobil Chicheri, Ramón Fontella Maristany, Joaquín Cercera Valderrama, Manuel González de Aledo y Castilla, José Martínez Ayala, Guillermo García Parreño, Esteban Martínez Cabañas. Algunos de ellos no se sublevaron, fueron ejecutados en cuanto a ser simples sospechosos y llevados a la Modelo. El caso de Oswaldo Capaz es llamativo, así como el de López de Ochoa, porque eran republicanos, pero vinculados al Partido Radical. En total, fueron fusilados mil setecientos veintinueve, y otros dos mil setecientos veintiuno separados del servicio y encarcelados, lo que hace un total de cuatro mil cuatro cincuenta generales, jefes y oficiales, es decir, prácticamente la mitad de todos los militares profesionales situados en el campo republicano al principio de la guerra. De ellos, según Ramón Salas Larrazábal, hay que descontar unos mil, que se refugiaron en legaciones y embajadas extranjeras, o se escondieron, lo que deja una cifra de unos tres mil cuatrocientos oficiales efectivos en el Ejército Popular de la República. No obstante, hay que puntualizar que como los Gobiernos de la República en guerra desconfiaron de los militares, surgieron tensiones entre los militares profesionales y los comandantes milicianos, y la preponderancia comunista, que relegó a los militares no marxistas, la mayoría de profesiones fueron destinados a labores de retaguardia: sólo ciento treinta 2379 García Venero, M., Fanjul, p. 372-373 (Miaja) y p. 382 (Riquelme). Fanjul fue ejecutado junto al coronel Fernández de la Quintana. Según García Venero, Miaja fue trasladado a Lérida por haberse detectado irregularidades económicas en su unidad; para otros, el motivo fue que se negó a actuar de espía o delator de los militares izquierdistas a instancias de Gil Robles, por lo que le castigó poniendo como excusa porque en un desfile en octubre de 1935, sus tropas desfilaron mal, poniéndolo como ejemplo del sectarismo del Gobierno de derecha: López Fernández, A., General Miaja. Defensor de Madrid, G. del Toro, 1975, p. 27 2380Fue enterrado junto al hijo de Fanjul, también ejecutado en la Modelo. 1034 2381 murieron en combate . Hay que recordar que militares como Asensio Torrado, Martínez Monge o Martínez Cabrera fueron procesados por tribunales republicanos, en este caso por la pérdida de Málaga, o fueron sospechosos por su catolicismo declarado, como Rojo o Aranguren. 2382 Los sublevados fusilaron a los generales de División Domingo Batet , Miguel 2383 Núñez de Prado y Enrique Salcedo Molinuevo; a los generales de Brigada Miguel Campins Aura en Sevilla, Rogelio Caridad Pita en La Coruña, Manuel Romerales en 2384 Melilla, y Toribio Martínez Cabrera en Paterna; al general Auditor de la Armada Fernando Berenguer de las Cajigas, miembro del tribunal que fusiló a Goded, a los 2385 generales de la Guardia Civil Juan Aranguren Roldán en Barcelona , y Antonio 2386 2387 Escobar Huerta , en Barcelona; y al contraalmirante Antonio Azarola Gresillón y al vicealmirante Camilo Molins Carreras. En algunos lugares se alarga la lista de generales ejecutados por el bando nacional. El general Julio Mena Zueco fue detenido en Burgos a las 21:30 horas en Burgos, a donde había llegado enviado por el Gobierno para sustituir a González Lara; horas después, era detenido el propio general Batet. Zueco no fue fusilado, como se ha afirmado muchas veces; tampoco lo fue el general Villa Abrille, ni el exministro general Nicolás Molero Lobo, que sí fue apartado del Ejército y pasó unos años en prisión. Tampoco lo fue el general artillero Julián López Viota. 2381 Engel Masoliver, C., El Cuerpo de Oficiales en la Guerra de España, AF Editores, Valladolid, 2008, p. 11-12; García Fernández, J., “El Ejército Popular de la República y sus mandos profesionales: por quñe recordar en 2011 a veinticinco Generales”, en 25 militares de la República, Ministerio de Defensa, 2011, p. 22-23. 2382 Navajas Zubeldia, C., “Domingo Batet Mestres”, en 25 militares de la República, Ministerio de Defensa, 2011, p. 129-154. 2383 Yusta Viñas, C., “Miguel Núñez de Prado, general de división”, en 25 militares de la República, Ministerio de Defensa, 2011, p.727-752; en realidad, el general Núñez de Prado murió en circunstancias no esclarecidas, quizá fue “paseado” en su traslado a Pamplona, y se de le dio por desaparecido. 2384 Cabello Carro, P., García Fernández, J., “Toribio Martínez Cabrera, general de brigada”, en 25 militares de la República, Ministerio de Defensa, 2011, p. 611-674 2385 Núñez Calvo, J., Jesús Aranguren Roldán, General de Brigada de la Guardia Civil, en 25 militares de la República, Ministerio de Defensa, 2011, p. 25-65; como antiguo socio de la Asociación de Socorros Mutuos de la Guardia Civil, a su viuda se le reconoció en 1942 una pensión de 3.250 pesetas anuales. Los dos hijos y el hermano pequeño del general Aranguren, explica Núñez de forma muy documentada, lucharon en el bando nacional, siendo el mayor Juan, muerto en combate, su hermano Carlos, herido dos veces, y el tío de ambos, también llamado Carlos,fue juez de causas entre 1941 y 1943. 2386 Núñez Calvo, J., “Antonio Escobar Huerta, general de Brigada”, en 25 militares de la República, Ministerio de Defensa, 2011, p. 323-353. 2387 García Bañales, M, Carro Lamas, P., López Hermida, J., “Antonio Azarola Gresillón, contraalmirante”, en 25 militares de la República, Ministerio de Defensa, 2011, p. 99-127; su hijo Antonio sirvió en el bando nacional y llegó a Almirante. 1035 En su totalidad, y según Engel Masoliver, los sublevados fusilaron, o encarcelaron y expulsaron, a doscientos cincuenta y ocho militares profesionales, y fallecieron en acto de servicio unos mil doscientos ochenta militares, lo que demuestra que participaron de forma muy activa en combates en primera línea de fuego. El Cuerpo que más apoyó el alzamiento, estadísticamente, fue la Caballería, con un 89%, la Armada, con un 85%, la Artillería, con 82%, los Ingenieros, con 81%, la Infantería, con 77%, y la Aviación con un 59%. Las Fuerzas de Seguridad permanecieron en una cierta mayoría con la República, debido a la política del Gobierno del Frente Popular de situar a su frente mandos afectos. La conclusión obvia, es que las diferencias existentes en el seno del Ejército estallaron en julio de 1936. La división militar posibilitó que ambos bandos contaran con oficiales. Pero esta división, aunque hundía sus raíces en las antiguas Juntas de Defensa, había evolucionado. Es relevante que el porcentaje de artilleros e ingenieros, antaño enfrentados a los infantes, supere, aunque sea ligeramente a éstos en adhesión a la rebelión. ¿Qué peso tuvo la Masonería en la adscripción a uno u otro bando? El 15 de marzo de 1935, el diputado Cano López dio una lista de generales afiliados a la Masonería. El objetivo era impedir que los militares fueran miembros de alguna Logia, 2388 porque se temía que ello pudiera rebajar la disciplina castrense . Es de destacar que los generales nacionales Antonio Aranda, o Miguel Cabanellas, eran masones; Queipo, a pesar de su fama, o Llano de la Encomienda, no lo fueron, o al menos no hay 2389 documentación fehaciente; los generales Pozas Perea, José Riquelme, Julio Mangada o el coronel Segismundo Casado, eran masones; también lo eran algunos de los protagonistas de la rebelión de Barcelona de 1934, como Pérez Farrás o Escofet Alsina. Los Hijos de la Viuda estuvieron, por tanto, en ambos bandos. Muchos masones colaboraron con la sublevación para borrar pecados de juventud. En el estudio de Manuel de Paz, se estudian seiscientos cuarenta y seis militares, de los que fueron rechazados o acusados de ser masones sin serlo, noventa y dos, y otros cuarenta 2388 El listado eran: divisionarios, López de Ochoa, Miguel Cabanellas, Gómez Morato, José Riquelme Núñez de Prado, Gómez Caminero, Viulla Abrille, y Molero; brigadieres, Urbano, Llano de la Encomienda, Miaja, Cruz Boullosa, Pozas Perea, Martínez Cabrera, Jiménez, López Gómez, Martínez Monge, Castelló, Romerales y Fernández Ampón: Cabanellas, G., Preludio a la Guerra Civil, t. 1, p. 347. El autor añade que “Nada tenía que ver, in embargo, en el encuadre ideológico de los españoles, el hecho de pertenecer o no a la orden masónica”. 2389 Del Barrio, J.A., “Julio Mangada Rosenörn, coronel”, en 25 militares de la República, Ministerio de Defensa, 2011, p. 587-610. 1036 murieron antes de 1936. De los quinientos catorce restantes, al menos ciento noventa y tres lucharon o murieron en el bando nacional. Es decir, que casi un 38% de los masones identificados, estuvieron en el bando nacional. De los trescientos veintiún masones que lucharon por el Gobierno frentepopulista, setenta y tres fueron fusilados por los nacionales, buena parte de ellos en las primeras semanas de la contienda: el más notorio quizá fue el general Miguel Núñez de Prado; otro fue Edmundo Seco Sánchez, 2390 comandante de Infantería, masón de notoriedad ; un tercero fue Vicente Arlandis Marzal, teniente de Infantería en Intervenciones Militares de Xauen. Algunos casos fueron curiosos, como el del comandante médico Vicente Ganzo Blanco, que se pronunció por el alzamiento, y fue apresado en Alcalá de Henares, sirvió forzosamente como médico en el Ejército Popular, y al acabar la guerra fue encausado y encarcelado, 2391 y separado del Ejército . De Paz destaca el grupo de militares que, pese a sus antecedentes masónicos, siguieron perteneciendo al Ejército tras la Guerra Civil; pero también los hubo que no fueron perdonados. 7.- La Ley Varela Varela fue nombrado ministro del Ejército el 9 de agosto de 1939. El 22 de septiembre de 1939, Franco, como Jefe del Estado, firmó la Ley Orgánica del Ministerio del Ejército. Se creaba el Estado Mayor del Ejército, la Secretaría General, el Archivo General Militar y ocho direcciones generales: Enseñanza Militar, Reclutamiento y Personal, Industrias Militares y Material, Transportes Militares (Ferrocarriles y Automovilismo), Mutilados de Guerra por la Patria, Fortificaciones, Guardia Civil y Carabineros y Servicios. Se crearon el Consejo Superior del Ejército y el Consejo de Justicia Militar. Se estableció para el servicio de guardia del palacio de Buenavista, en Madrid, el Batallón del Ministerio del Ejército. Varela participa en el diseño de los uniformes y el perfeccionamiento de la instrucción de los reclutas. Varela ordenó la reparación total del edificio. Se estableció el reingreso en la escala activa, y se creó la escala complementaria, ala que “pasarán los que no estén en condiciones de soportar la vida intensa y dura de las campañas y en constante trabajo de la preparación activa de las tropas para la 2390 De Paz Sánchez, M., Militares masones de España, UNED, Alzira, 2004, p.401-402. 2391 De Paz Sánchez, M., Militares masones de España, UNED, Alzira, 2004, p. 186 1037 2392 guerra” . Se estudiaría el caso de los retirados extraordinarios, por si hubiera que reingresarlos; los expulsados por Tribunales de Honor y readmitidos por la República, pasarán a la situación de retirados, aunque los que “prestaron servicios de campaña, se les auxiliará mediante disposiciones acogedoras”. Por la Ley del 1 de marzo de 1940 para la Represión del Comunismo y de la Masonería, se estableció que "no deben figurar en los cuadros activos de los Ejércitos los que han servido a la secta, aunque 2393 más tarde se hayan retractado" . A través de estas medidas, un buen grupo de mandos fueron depurados, por que mostraban un pasado izquierdista o republicano. El general Varela tuvo que enfrentarse por un lado a la desmovilización del Ejército, y por otro, a la incidencia de la Segunda Guerra Mundial. Entre abril y diciembre de 1939, el Ejército nacional se redujo de un millón doscientos mil a cuatrocientos cincuenta mil soldados. Se redujo en número de regimientos. Se creó la Escuela Politécnica para Ingenieros de Armamento y Construcción. Se estableció el Diario Oficial del Ministerio. Uno de los temas más arduos fue el del desarme: había que licenciar a los excombatientes, reintegrarlos en la vida civil. Se restablecieron las Capitanías Generales, se reorganizaron los Gobiernos Militares, se creó el Cuerpo de Farmacia Militar, se restableció la Academia General Militar, para crear lazos de cohesión entre los oficiales de las distintas Armas, tal y como se establece en el preámbulo de la ley, “para lograr la unidad de procedencia de indiscutibles ventajas al vivir un mismo ambiente de generosa camaradería y fraternal estimación (…) que rebase los estrechos límites de lo personal y particular para alcanzar los más altos 2394 destinos de la gran colectividad militar” ; y se creó la Escuela Superior del Ejército, para formar a los grados superiores, y de transformación de Oficiales “Provisionales”, con lo que se consiguió profesionalizar a los militares formados apresuradamente durante la contienda; se reorganizó el Cuerpo Eclesiástico Castrense; se revisó el Código de Justicia Militar; se reguló la situación de los militares. En otro orden, Varela consiguió el ascenso post mortem de José Sanjurjo a Capitán General, y la traída de sus restos de Portugal a España, para ser enterrados en la catedral de Pamplona. Se reajustó la escala de mandos, se recuperó la graduación de teniente general y se ascendió a la misma a Miguel Ponte y a Alfredo Kindelán, divisionarios más modernos que Varela; 2392 La Vanguardia Española, 1 de octubre de 1939, p. 11, “Importantes decretos de ordenamiento del Ejército”. 2393 Cardona, G., El problema militar en España, p. 173. 2394 Ley del 27 de septiembre de 1940; Martínez Roda, F., Varela, p. 245. 1038 pero Valera consideró que él no debía ascender siendo ministro, y se postergó a sí mismo. El 13 de julio de 1940 se establecieron una serie de leyes que reorganizaron 2395 profundamente el Ejército . Una de las grandes preocupaciones de Varela era conseguir un Ejército homogéneo y unido, ante los graves acontecimientos de Europa y la nueva etapa histórica en la que se entraba. Con un Ejército unido, sin las fisuras que había arrastrado desde 1910, no habría peligro de una nueva guerra civil. Entre el paquete de leyes aprobado, se restableció el Cuerpo Eclesiástico del Ejército, se recuperó el Código de Justicia Militar anterior al 14 de abril de 1931, y se establecieron nombramientos y ascensos. Fue relevante la Ley de Revisión de la Escala Activa y Reingresada, llamada la Ley Varela. En ella se estableció quienes podrían permanecer en el Ejército, bien en la escala activa o en la complementaria, y quienes debían abandonarlo, por haber servido 2396 en el Ejército Popular, o por ser “desafecto” al Régimen . Los interesados debían rellenar una instancia, y sus casos eran examinados, y las resolución publicada en el Boletín Oficial del Ministerio del Ejército, “ímprobo trabajo que por su delicada índole y el considerable número de solicitudes presentadas ha exigido un espacio de tiempo 2397 absolutamente necesario para el mejor acierto de los acuerdos adoptados” . De esta forma, fueron excluidos de las Fuerzas Armadas unos mil doscientos oficiales y mil ochocientos suboficiales, que conservaron parte de sus pagas, y se integraron en la vida civil. El mecanismo consistía en un ascenso de grado y el cumplimiento de una sanción, 2398 que no implicara su expulsión del Ejército . Esta separación del servicio no contemplaba recurso. La ley del 27 de septiembre de 1940 restableció los tribunales de honor, restaurados por el Decreto del 17 de noviembre de 1936: los que habían hecho la guerra con la República, oficiales, suboficiales, clases, guardias o carabineros, fueron expulsados o retirados. Franco desconfiaba de la Guardia Civil, y pensó en disolverla, pero Alonso Vega lo evitó, y con la ley del 15 de marzo de 1940, la reorganizó como un cuerpo del Ejército sin oficialidad propia. 2395 Martínez Roda, F., Varela, p. 236-238. 2396 Alonso Baquer, M., Franco y sus generales, p. 44. 2397 ABC, 22 de septiembre de 1940, p. 9. En esa fecha, se habían examinado 1.569 instancias, resolviendo favorablemente 712 y denegándose 857. Más de la mitad correspondían a Infantería. También se examinaron los oficiales de la escala de retirados, para establecer a qué escala pertenecían 2398 Engel Masoliver, C., El Cuerpo de Oficiales…, p. 12. 1039 Los militares retirados se introdujeron en la administración civil, porque la ley del 25 de agosto de 1940 establecía que el 20% de los destinos públicos serían cubiertos por alféreces provisionales o de complemento; otro 20%, por otros excombatientes; otro 20%, por mutilados de guerra; un 10%, para excautivos; un 10% para huérfanos de guerra; el resto, un 20%, para oposición libre. Varela se opuso a que la Falange desarrollara su propia fuerza militar como un 2399 ejército paralelo , y a que la Falange organizara en exclusividad la División Azul, que se convirtió en una unidad de voluntarios al mando del general Muñoz Grandes, opuesto 2400 a Serrano Suñer, y con oficiales militares . La División Española de Voluntarios era una fuerza que, oficialmente, iba a luchar contra el comunismo en una “cruzada” europea. Martínez Roda destaca otros aspectos que cohesionaron a la familia militar: la atención a los huérfanos de excombatientes, la regulación de los matrimonios de 2401 militares, y se incrementó el fondo del Patronato de Casas Militares . De esta forma, se configuró un Ejército unitario ideológicamente, pero en el que la política ya no tendrá cabida. Los principios ideológicos de esta unidad serán dos: la unidad de mando bajo un Generalísimo, Jefe del Estado, y la exaltación de los valores militares de obediencia. No solo esto: la presencia del Ejército al mando de fuerzas policiales se convertiría en un factor despolitizador de las mismas. En palabras de Alonso Baquer: “La mentalidad común –el acuerdo moral- del futuro Ejército de Tierra, de la Armada y del Ejército del Aire, se derivaba de la unidad de mando en la persona del Generalísimo y de la obligación de atenerse como norma de conducta a los valores de la condición militar. El destino temporal a puestos de mando en fuerzas de orden público tenía un significado despolitizador de esas fuerzas y nunca debería servir para 2402 politizar a una parte de la oficialidad de los Ejércitos” . En el régimen de Franco, los militares fueron ante todo militares de carrera, no militares políticos, como lo habían sido hasta entonces. Sólo una parte pequeña de los generales tuvieron poder político efectivo. Según Alonso Baquer, de los ciento diecinueve ministros de Franco, treinta y ocho fueron militares, es decir, un 31%; de los 2399 Cardona, G., El problema militar en España, p. 174; el referente eran las Waffen-SS. 2400 Cardona, G., El problema militar en España, p. 175; Martínez Roda, F., Varela, p. 270 y 274-276. Muñoz Grandes era falangista y africanista 2401 Martínez Roda, F., Varela, p. 276-277. 2402 Alonso Baquer, M., Franco y sus generales, p. 238. 1040 cuales sólo veintidós fueron ministros militares; el resto fueron básicamente militares 2403 que ejercieron carteras, que “fueron militares-ministros” . El régimen despolitizó y tecnificó al Ejército. La profesionalización impulsada desde la Academia General Militar, las Academias de Armas y las Escuelas, fue un cambio sustancial, porque generó una nueva oficialidad, donde la ideología política ya no tenía peso. Las divisiones internas del Ejército se habían superado. ¿Un cambio de mentalidad? González Pola destaca que a principios de siglo XX, la mentalidad conservadora domina a la liberal en el Ejército, a causa de la desatención que sufre por parte de los estamentos políticos, de los ataques del antimilitarismo izquierdista y regionalista, y de las críticas surgidas a raíz de la pérdida de Cuba, Filipinas y Puerto Rico en 1898. Este planteamiento se impone con presiones por parte del Ejército sobre el Ejecutivo, que 2404 cristalizan en la Ley de Jurisdicciones . Pero de la misma manera, el Ejecutivo se apoya en el Ejército para imponer el orden: la Ley del Brazalete para aplastar las huelgas ferroviarias, el apoyo de Martínez Anido y Milans del Bosch contra el anarquismo, etc. Esta costumbre, que se destierra durante la Dictadura de Primo de Rivera, se recupera durante la República, pese a la creación de la Guardia de Asalto, desarrollada específicamente para ello. Sin embargo, la gravedad de algunas revueltas, como la de Asturias, obligó al Ejecutivo a utilizar al Ejército como elemento de represión. Tras la Guerra Civil, el soldado queda totalmente separado del policía. Ya no se utilizará al Ejército como elemento de mantenimiento del orden público, excepción hecha de la Guardia Civil, entidad militar pero de actuación civil. De esta forma, el Ejército se concibe ya como fuerza de defensa, no de represión. Durante el período estudiado, la división del Ejército impide el desarrollo de una mentalidad unitaria militar. Es después de la Guerra Civil cuando vuelve a configurarse una nueva mentalidad que, estudiada por Losada, exalta algunos elementos, como la religión, convertida en un factor de cohesión del Ejército, por su carácter espiritual y 2405 jerarquizado . Es muy significativo, destaca Martínez Roda, la reconstrucción del 2403 Alonso Baquer, M., Franco y sus generales, p. 245; Cardona, G., El poder militar en el Franquismo, Flor del Viento, Barcelona, 2008. 2404 González-Pola de la Granja, P., La configuración de la mentalidad militar contemporánea, p. 327. 2405 Losada Malvárez, J.C., Ideología del Ejército Franquista, 1939-1959, Istmo, Madrid, 1990, p. 41-43. 1041 Cuerpo Eclesiástico Castrense tras la Guerra Civil, en julio de 1940, durante el 2406 ministerio del general Varela . Obviamente, el Ejército se configura al servicio del régimen autoritario del general Franco, y diseñado en buena medida para combatir a un enemigo interior. Otra característica, es la superioridad de la milicia respecto al mundo civil. Para Vigón, el militar es un aristócrata, y por ello reclama el regreso del concepto del 2407 honor . Losada argumenta que esta visión es una búsqueda de sentido a una profesión que se degradaba por los sueldos bajos y la insuficiencia del material. Por último, tras la Guerra Civil y con las leyes impulsadas por Varela, se incrementó el espíritu profesional. Se restableció la Academia General Militar y se crearon toda una serie de centros de perfeccionamiento y de especialización, que 2408 graduaban la carrera militar en etapas . Al mismo tiempo, fue desapareciendo la figura del militar político, del general ligado a un partido y que ocupaba escaño, o del oficial comprometido con unos colores o unas ideas. Es cierto que hubieron bastantes militares que ocuparon cargos de ministros, pero también hay que reconocer que Franco impuso a los soldados mantener, como él mismo hacía, una “equidistancia”, en palabras 2409 de Martínez Roda siguiendo a Alonso Baquer , con respecto a las diferentes familias políticas del Régimen. Si se rompía o alteraba esa equidistancia, el militar era cesado. El militar era, ante todo, un servidor del Estado. Esta idea quedaba reforzada por la capacidad de los militares de incorporarse al funcionariado civil. Durante el Franquismo, el Ejército quedó unificado por esta idea básica de servicio, transformándose de esta manera en una institución exenta de color político. Superadas las divisiones que lo habían desgarrado por las querellas internas y las luchas ideológicas, abandonado su papel de represor al servicio del Ejecutivo, el Ejército español asumió el papel que la sociedad del siglo XX siempre le demandó: la de ser una fuerza de defensa modernizada en la medida de sus posibilidades, y eficaz. Aunque, 2406 Martínez Roda, F., Varela, p. 237: “A lo largo de la guerra, en el bando nacional se fue asentando la idea, originaria de Menéndez y Pelayo, de que la religión católica era un elemento esencial de España y de su unidad nacional, por lo que la defensa del catolicismo era una obligación del nuevo régimen”. 2407 Losada Malvárez, J.C., Ideología del Ejército Franquista, 1939-1959, Istmo, Madrid, 1990, p. 80-81 y 89-90. 2408 Martínez Roda, F., Varela, p. 260. En concreto, se crearon la Escuela Superior del Ejército; la Escuela Politécnica del Ejército, con dos especialidades: Armamento y Material, y Construcción y Electricidad; Academias de Aplicación y Tiro para cada una de las Armas; la Escuela de Estado Mayor; la Escuela Central de Gimnasia; y las Academias de Transformación de Oficiales Provisionales y de Complemento, y de Sargentos Provisionales. 2409 Martínez Roda, F., Varela, p. 303 y 331; Alonso Baquer, M., Los generales de Franco, p. 64. 1042 todo debe ser dicho, durante la dictadura de Franco, el Ejército siempre tuvo un 2410 presupuesto muy bajo . 2410 Cardona, G., El gigante descalzo. El Ejército de Franco, Aguilar, Madrid, 2003, p. 15: “Demasiados españoles desconocen la patética realidad escondida del Ejército del pasado, que fue la institución más poderosa de España durante cuarenta años, aunque estuvo corroída por la manipulación, el atraso y la miseria”. 1043 Conclusiones 1.- Las divisiones del Ejército español. El Ejército español se dividió a lo largo de la primera parte del siglo XX por las siguientes razones: 1.- La discusión entre los partidarios de los ascensos por méritos o por elección, y los defensores del escalafón cerrado. Un sector del Ejército reivindicaba el escalafón cerrado porque era su tradición, y porque pensaba que evitaba el favoritismo. Por el contrario, otro sector defendía la escala abierta y los ascensos por méritos, como un medio de premiar a los soldados más capaces o más entregados, y evitar la burocratización. Esta discusión, cuyos orígenes se encuentran en las primeras campañas africanas, se agravó cuando las Juntas de Defensa, creadas en principio para exigir mejoras laborales y salariales, adoptaron la reivindicación de la supresión de los ascensos por méritos. De esta forma nació la división entre “junteros” y “africanistas”. 2.- El debate de las responsabilidades de Annual: una parte del Ejército exigió que se depuraran las responsabilidades por el desastre de Annual, mientras que otra parte, por compañerismo o corporativismo, o porque pensaban que atañían en grado considerable al poder civil que no había dotado de medios suficientes a los militares para llevar a cabo la misión de ocupación y pacificación del Protectorado, optaban por silenciar dichas responsabilidades. Esta división fue mucho más difusa que la anterior 3.- La crisis militar no se cerró durante la Dictadura de Primo de Rivera, sino que se agravó. El Dictador optó por una política pendular hacia sus compañeros de armas: primero defendió el abandono del Protectorado pero después lanzó la ofensiva final en Marruecos; cerró el escalafón abierto, es decir, los ascensos por méritos de guerra, pero estableció los ascensos por elección, y quiso obligar a los artilleros a asumirlos, lo que provocó la aparición de la protesta y oposición de éstos; restableció la Academia General Militar, lo que fue entendido como una degradación de las Academias especiales de cada Arma; y persiguió a aquellos oficiales que manifestaron su oposición contra él, aunque se mostró muy clemente con los insubordinados. Un sector importante del Ejército se sintió engañado y le restó su apoyo, conspiró contra él, y se politizó hacia el republicanismo, o se inscribió en la Masonería. El Dictador no supo maniobrar frente a la oposición del Cuerpo de Artillería, ni supo llevar a cabo su proyectada reforma del Ejército. 1044 4.- La República tampoco liquidó las diferencias. Los políticos y los republicanos utilizaron al Ejército como un ariete para derribar a la dictadura y a la monarquía, sumergiéndolo de lleno en las intrigas políticas, lo que era un contrasentido en unas fuerzas que pretendían precisamente apartar al Ejército de las disputas políticas. La política reformista de Azaña estuvo mal ejecutada, y ahondó la división, porque se apoyó en un sector del Ejército, el “juntero”, frente al otro; no supo hacer “tabula rasa” del pasado e inició procesos por responsabilidades que sembraron la inquietud entre muchos militares, de forma partidista, pues Sanjurjo no fue implicado; revisó a la baja los ascensos, creando un conflicto innecesario; practicó una justicia partidista, favoreciendo a los militares republicanos y enfrentándolos con sus compañeros; y dio protagonismo a los militares en las represiones obreras, con lo que reprodujo errores anteriores de la política nacional, al convertir al Ejército en instrumento de la política interior. El Ejército se politizó intensamente, muchos militares asumieron ideologías radicales y se convirtieron en instructores de milicias de partidos y sindicatos, con lo que a las diferencias anteriores, se unieron las derivadas de las ideologías políticas. Cuando la política se radicalizó, una parte del Ejército se sintió amenazado, mientras el otro se sintió llamado a la revolución. 5.- Estas divisiones acabaron fragmentando al Ejército, y cuando estalló la Guerra Civil, ambos bandos dispusieron de profesionales de la milicia preparados para dirigir la contienda. En uno de los dos bandos –el nacional-, los civiles cedieron todo el poder a los militares, que impusieron una unidad absoluta; mientras que en el otro – el gubernamental o republicano-, el Ejército tuvo un protagonismo político menor frente a los partidos revolucionarios y los sindicatos, que no pudieron forjar una unidad semejante a la existente en el bando contrario. Sin embargo, es necesario subrayar la extraordinaria movilidad de los grupos en los que se dividió el Ejército. Es frecuente que militares de un sector pasen a otro contrario en función de los acontecimientos o de sus intereses. No se puede establecer un patrón de militar juntero-masón-republicano, ni de un militar africanista-religioso- monárquico. Muchos africanistas eran monárquicos porque gozaban del aprecio y de la estima –y del favor- del rey; otros se hicieron republicanos porque pensaron que Alfonso XIII no frenó o no depuso a Primo de Rivera, o todo lo contrario, porque pensaron que abandonó a Primo de Rivera. Durante la República, bastantes militares monárquicos que se habían distanciado del rey se reconciliaron con la idea de la monarquía, y otros republicanos se desengañaron del nuevo régimen. En el momento de 1045 máxima tensión, la Guerra Civil, muchos militares republicanos se inclinaron por la sublevación contra el Gobierno del Frente Popular, mientras otros africanistas fueron fieles a él. Algunos católicos siguieron fieles al Gobierno Frentepopulista, mientras otros masones se levantaban contra él. En muchos casos, la afiliación a uno u otro bando vino dada por muchas circunstancias, aunque otros muchos sostuvieron sus ideas, y pagaron con su vida en encontrarse en un lado u otro el 18 de julio de 1936. 2.- Varela y los ascensos. La vida de Varela ejemplifica estos hechos. Varela era un oficial partidario de los ascensos por méritos de guerra. Ello le llevó a enfrentamientos con las Juntas, y a su conversión en uno de los líderes africanistas más destacados, además de la relevancia que adquirió por sus actos heroicos y su maestría en la táctica y el uso de tropas indígenas. Su biografía muestra que los ascensos, a partir de 1917, tras la protesta de las Juntas, no eran tan fáciles de conseguir, por el contrario, dependían de la aquiescencia de sus superiores y de la situación política del momento. También nos deja entrever su africanismo, el enfriamiento de sus sentimientos monárquicos, y su convicción de que el Gobierno Frentepopulista iba a ser rebasado por la revolución. El estudio de su archivo permite determinar las tensiones y recelos existentes entre diversas partes del Ejército. 3.- La complicada guerra de Marruecos. La guerra de Marruecos se convirtió en una contienda larga, a causa de la timidez de los Gobiernos españoles, que no querían intervenir de forma decisiva en el territorio coartados por las potencias europeas; que no podían desarrollar una campaña larga por la oposición de la buena parte de la sociedad española, manifestada en huelgas y protestas, como las que desencadenaron la Semana Trágica de Barcelona. Los Gobiernos, en consecuencia, no se atrevieron a realizar grandes reclutamientos ni grandes inversiones en material bélico. Además la rifeña era una sociedad atomizada e inadecuada para un sistema colonial como era el de Protectorado, que presupone la existencia de un Gobierno indígena preexistente. En la práctica, dicho Gobierno no existía, por lo que por un lado las autoridades españolas tenían las manos atadas por los Tratados internacionales para implantar un sistema colonial de ocupación plena, y por otro no tenían otra salida más que realizar dicha ocupación. La respuesta rifeña fue ambivalente. Un sector de la sociedad aceptó la presencia española como factor de modernidad y para medrar o aprovecharse del poder del 1046 ocupante español; otro sector rechazó la presencia europea, pero no por motivos nacionalistas o patrióticos, sino por factores religiosos y económicos. Por consiguiente, no se puede hablar de una lucha “por la independencia” más que a partir de la derrota de Annual, cuando en España algunas voces plantearon el abandono del Protectorado, y los líderes rifeños se envalentonaron. En todo caso, ese independentismo era minoritario y restringido al Rif, no se planteaba como nacionalismo marroquí. El Ejército se encontró con una guerra muy complicada, en un ambiente agreste, con un enemigo disperso, conocedor del terreno, practicante de la guerra irregular; y sobre todo, con escasez de medios y con falta de objetivos claros por parte del poder civil. Temiendo la protesta social, los Gobiernos de Madrid se resistieron a apoyar una política más agresiva y decisiva. A pesar de todo, el Ejército pudo desarrollar la guerra gracias al valor personal de oficiales y soldados; al uso de sistemas de guerra colonial ya probados por otros Ejércitos, como la creación de unidades indígenas y profesionales; a la adopción de material bélico moderno, como la aviación, los carros de combate o la guerra química. Sobre todo, el Ejército fue capaz de desarrollar sistemas pioneros de guerra moderna: bombardeos aéreos, desembarco anfibio y adopción de la guerra irregular como forma de enfrentarse al enemigo. Los oficiales españoles se mimetizaron con los rifeños: adoptaron su vestimenta, aprendieron su lengua, respetaron sus costumbres, y se ganaron su respeto. Hasta que punto triunfaron en este empeño de ganarse a la población indígena, lo revela la importante participación de ésta en la Guerra Civil. 4.- Un ejército subordinado al poder civil. A lo largo de este período, el Ejército español entra en la modernidad que supone su absoluta subordinación al poder político, evidenciada en que la carrera de un militar llega hasta la coronelía, y no el generalato: la entrada en la categoría superior de mando ya no es una cuestión de antigüedad, sino de confianza política. Durante el período estudiado, los jefes van comprendiendo que ser general no es un derecho, al que se accede por escalafón, sino que es un grado que depende de la voluntad política del Estado. En este sentido, los “junteros” aparecen como más reaccionarios, o más decimonónicos, al exigir ascender y ser generales por lo que consideraban un derecho, mientras que los “africanistas”, surgen como más modernos, al ser partidarios de los ascensos por elección, basados en los méritos, la experiencia y los estudios. En este sentido, Varela, con su intensa carrera, es un ejemplo perfecto. 1047 Por otro lado, se ha de destacar que esta subordinación del poder militar al civil que supone el nombramiento directo de los generales, se produce sobre todo durante la Dictadura de Primo de Rivera. A pesar de todas sus dificultades, el Ejército entendía la necesidad de reformas. Por esta razón, la II República, a pesar de las reformas introducidas, no tuvo que enfrentarse a una insubordinación militar generalizada, como sí atravesaron la monarquía de Alfonso XIII, con la rebelión de las Juntas, y la Dictadura, con la insurrección artillera, que tuvieron prácticamente carácter de huelga. Las rebeliones que afrontó la República fueron débiles, con el rasgo de pronunciamientos. El Ejército, profundamente dividido, era más respetuoso con el poder civil, que lo que los dirigentes políticos estaban dispuestos a reconocer. La insurrección que abrió la Guerra Civil pudo haber sido abortada por el Gobierno, pero no lo fue, precisamente porque se deseaba aplastar de una forma más espectacular y decisiva; y si esta insurrección, con el asesinato de Calvo Sotelo, se hizo más fuerte, no fue lo suficiente como para tomar el poder. 5.- La división del Ejército, factor determinante de la Guerra Civil. El Ejército no es más que una prolongación de la sociedad, es “pueblo uniformado”. Su división indica precisamente la que también dividía a la sociedad de su tiempo, entre los defensores de un modelo de Estado burocratizado, y los partidarios de una reforma constitucional y la transformación de España en una sociedad democrática. Es significativo que el movimiento de las Juntas-defensores de la escala cerrada, identificado como más progresista por los líderes de la II República, fuera precisamente más levantisco e insubordinado que el africanismo, cuyo rasgo de máxima rebeldía hasta la Guerra Civil fue el incidente de Ben Tieb, y que sin embargo acató todas las normas emanadas en su contra durante la Dictadura y la República. Por consiguiente, las divisiones en el Ejército han sido mal analizadas. No obstante, es conveniente subrayar la importancia que esta división en la familia militar acarreó en la sociedad de su época: aumentó la inestabilidad política, e impulsó al Ejército al primer plano de la vida nacional. Es aventurado decir, como afirmó Ricardo de la Cierva, “Que cuando en España en Ejército está unido no hay 2411 guerra civil posible y que sólo cuando se desune puede haberla” ; en todo caso, la 2411 Vizcaíno Casas, F., Mis audiencias con Franco y otras entrevistas, Sedmay, Madrid, 1976, p. 246. La frase fue dicha en una entrevista, al preguntársele cual era la principal lección histórica de la Guerra Civil. 1048 desunión militar fue un factor desestabilizador de la sociedad que contribuyó, junto a muchos otros elementos, en el desencadenamiento de la tragedia de 1936. Por último, también se ha de subrayar que la unidad del Ejército fue uno de los 2412 principales factores que dieron estabilidad al régimen del general Franco . 2412 Martínez Roda, F., Varela, p. 270. 1049 Apéndice documental 1.- ACGJEVI, Carpeta 1, fol, 150. Rescate del soldado Juan Tapia. Publicado en ABC, 24 de mayo de 1919: “LA ACCIÓN DE ESPAÑA EN MARRUECOS. Otro Acto heroico. Recibimos informes fidedignos de Larache que nos ponen en conocimiento de otro hecho verdaderamente heroico, realizado como el del marqués de Squilache, en aquel territorio el 21 del pasado mes, día en que se verificó la ocupación Kudia Majzen. “El teniente D. José Varela Iglesias, que desempeña en el grupo de Regulares de Larache el destino de ayudante del primer Tabor, y que por especial cometido está exento de permanecer en la línea de fuego, es el autor del benemérito hecho de armas que se nos relata. “El día de la operación, muy dura, aunque muy brillante, hubo un momento en que el enemigo llegó a la misma línea de fuego, y en ella consiguió arrebatar al cabo español Juan Tapia. “El teniente Varela Iglesias, dando pruebas de un arrojo incomparable, avanzó con un puñado de moros no superior a 12, e internándose, con gravísimos riesgos, consiguió rescatar al desgraciado cabo, que ya había sido mutilado por el enemigo”. Publicado en el Heraldo de San Fernando, el 4 de mayo de 1919: “Desde Larache nos comunican detalles del acto de arrojo realizado por nuestro paisano el distinguido oficial de Regulares Don José Enrique Varela, en uno de los empeñados combates sostenidos por las fuerzas operantes en las escabrosidades del centro mismo de la cabila de Beni Gorfet, la guarida del célebre Raisuni, rescatando con un puñado de soldados indígenas, al cabo Juan tapia que había sido envuelto y apresado por el enemigo. “los cabileños lucharon denodadamente por internarlo, consiguiendo al fin el joven oficial sacar de entre los feroces enemigos al desgraciado cabo, que ya había sido mutilado por los implacables montañeses. “El Teniente Varela fue herido en el brazo izquierdo durante el combate, recibiendo asimismo diversas contusiones en el pecho, todas afortunadamente leves, siendo felicitado en el mismo campo por el General comandante de las fuerzas y mereciendo el honor de ser publicada su arriesgada acción en la orden del Cuerpo. “De todo corazón felicitamos al valiente oficial, celebrando que su heroico comportamiento, en el que ha derramado su sangre, haya tenido leves consecuencias”. 1050 Publicado en el Diario de Cádiz el 28 de mayo de 1919: “Se elogia la conducta del Sr. Varela, joven y bizarro oficial, que a tan gran altura ha sabido colocar los prestigios del Ejército español. Nosotros cordialmente felicitamos al cariñoso amigo”, , 2.-ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 74-76; http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/blanco.y.negro/1936/01/ 12/114.html. Relato de labios del propio Varela, publicado en una entrevista para Blanco y Negro del 12 de enero de 1936, “Hombres de España. De soldado a General: José Varela Iglesias”, realizada por el periodista Gabriel Greiner. “La primera [Laureada] la obtuve el 20 de septiembre de 1920. Era yo teniente, aun cuando mandaba una compañía, hecho que me ha ocurrido muy frecuentemente en África, de mandar unidad superior. Tuvo lugar el episodio en la cueva ruman, a orillas del río Lucus (Larache). Se habían ocupado unas posiciones, y los ingenieros y otras fuerzas se dedicaban a fortificarlas, mientras yo, con Regulares y Policía, tenía la misión de proteger esos trabajos. Bruscamente se inició un fuego intenso, que causó muchas bajas y, naturalmente, paralizó los trabajos, sin que se supiera ciertamente de dónde procedía el fuego enemigo. Entonces yo, que suponía dónde se encontraba éste, hice, solo, un reconocimiento personal. Bajé de donde me encontraba y sorteando el fuego que me hacían, protegiéndome con los accidentes del terreno, llegué hasta cerca de donde salían los tiros, y tropecé con un herido moro, que, en árabe, me señaló el punto cierto de donde nos hacían fuego. Era la cueva Ruman, cueva natural, perfectamente arreglada por el enemigo para disimularla. Tenían la entrada por un barranco y la salida hacia el río. Era una formidable trinchera natural que, organizada por el enemigo, llegó a constituir un verdadero punto fuerte. Volví, después de localizar así al enemigo, y expuse al mando mi juicio sobre cómo podría abordarse eficazmente el asalto a la trinchera. Todavía, antes de aceptar mi ofrecimiento, se hizo una tentativa de ataque con soldados protegidos con planchas de artillería, tentativa que no dio resultado, y al fin, se me autorizó a poner en práctica mi proyecto. Reuní a mi gente y pedí voluntarios, siendo los primeros que dieron el paso al frente los tres sargentos españoles de aquella compañía mora. Recuerdo sus nombres: Muñoz, Cañas y Núñez, capitanes hoy los tres del Ejército. Cuando tuve también los soldados indígenas voluntarios formé una sección de reserva para retirar los heridos y muertos en el río. Otra sección, al mando del teniente Grimal –valeroso oficial que murió después- para 1051 que atacara la salida de la cueva, y yo me dirigí hacia la entrada con veinte soldados moros y los tres sargentos. Pude conseguir que todos ellos se colocaran enfilando la entrada de la cueva desde cierta distancia, y entonces les ordené un fuego continuo sobre dicha entrada, para evitar que el enemigo se asomara. Nos fuimos deslizando a lo largo de la pared que formaba la cueva, y nos colocamos justamente al borde mismo de la entrada. Entonces hablé a los moros que estaban dentro de la cueva, y les intimé a rendirse, prometiéndoles la paz y la vida. Era, sin embargo, gente brava, y me respondieron con insultos. Les pregunté cuántos eran, y me contestaron que muchos. Gané al enemigo un momento supremo, aquel en que sentí que corrían los cerrojos de los fusiles para cargar. Ese momento lo aproveché para gritar ¡Adentro!, y entramos todos, en tropel, en la cueva. Fue un instante terrible, porque no veíamos nada, y en el umbral de la cueva ofrecíamos a contraluz un blanco magnífico. Allí dentro, claro es, se promovió una terrible confusión, el cuerpo a cuerpo, tiros, gritos, juramentos… “Hicimos correr al enemigo hasta la salida. “Recorrimos así toda la cueva, y ésta quedó totalmente desalojada. “Hice recuento de mis hombres: me quedaban cuatro moros y los tres sargentos. Del enemigo quedaron veintisiete entre muertos y prisioneros”. 3.- ACGJEVI, Carpeta 1, fol 257-258, Carta remitida a Varela por su antiguo comandante, Ángel Cuadrado, sobre la situación moral que sufría el ejército tras el desastre de Annual; fechada en Ben Karrish, el 10 de diciembre de 1921. “…los acontecimientos y vicisitudes que componen la trama de nuestro vivir diario, han sido tan numerosos; se han sucedido y encadenado con tal rapidez, en el mío, desde que nos separamos, que bien puedo asegurarle no he podido disfrutar de aquel sosiego a que me consideraba con derecho después de los años que me pasé tirado por aquí y consumieron mi juventud y parte de mis energías. Ascendido y destinado a Estella murió mi madre al poco [roto] originándome cuantiosos gastos los últimos momentos de su vida. Y cuando, al fin, me decidí a realizar lo que no pude antes, por un amor mal entendido a esta profesión que tantas sorpresas nos reserva a veces; cuando me disponía a contraer matrimonio, surgió la hecatombe de Melilla, y aquí me tiene V. dispuesto como siempre a consumirlo que me quede de la primera y las que aún poseo afortunadamente de las segundas. “Es cierto que a muchos acontecimientos les doy una importancia que no tienen en realidad. Pero mi carácter ha influido poderosamente en mi voluntad y nada de aquello que constituyó la base de mis ilusiones profesionales queda en mí. Nada. No he visto a mi alrededor desde que volví a España más que pasiones, egoísmos, palabrería huera, repugnante pausismo, de los que tan fácilmente se contagia el hombre. Y solo cuando veo, un caso como éste me convenzo de que aún quedan oficiales abnegados, 1052 pundonorosos, y resucito en mis antiguos ideales: y pienso, amigo Varelita, en que por fortuna quedan aún virtudes sanas y fuste en los hombres para premiarlos. “De corazón felicito a V. y deseo que igualmente se resuelva el otro juicio contradictorio. “Un abrazo para [González] Carrasco y los que quedan por ahí de nuestro tiempo y para V. el afecto y verdadero cariño que le ha profesado siempre su affm. Amigo Ángel Cuadrado”. 4.- ACGJEVI, Carpeta 1, fol 259-261, fechada el 25 de diciembre de 1921: Carta enviada por Enrique de Salcedo y Molinero, a la sazón coronel del Regimiento San Fernando 11, que le llama cariñosamente Varelita, y le relata: “Aquí me tiene V. desde hace cuatro meses en continuas operaciones, y además del Regimiento he estado mandando durante dos meses una media Brigada compuesta de tres o cuatro Batallones de los expedicionarios en la columna de Federico Berenguer; con ella hice todas las operaciones de Setiembre, Octubre y la primera quincena de Noviembre; y después he pasado a mandar todas las tropas de infantería (que suelen ser de cuatro o cinco batallones), que forman parte de la columna del General Cabanellas; como V. vé aquí andamos en continuo movimiento y crea hay tela cortada para rato. Dios quiera que siga acompañándome la salud y suerte y pueda yo regresar también a la península algún día como V. satisfecho y orgullosos por el deber cumplido. “En mi casa al saber mi familia la concesión de la laureada a Varelita, como V. sabe que cariñosamente le llamamos, se sintió inmensa alegría y todos me encargan le felicite a V. con la mayor efusión y afecto enviándole sus cariñosos recuerdos. “Que nos veamos lo antes posible por la península, que termine V. pronto sus andanzas africanas coronadas por continuos éxitos y meritísimos servicios, y hasta tanto ya sabe donde me tiene y tenga la seguridad de que no le olvida y quiere de veras su affmº amigo y compañero que le envía un fuerte abrazo, Enrique de Salcedo”. 5.- ACGJEVI, Carpeta 2, fol 121, declaración del capitán Juan Mendoza Iradier: “Al acudir personalmente al lugar donde aquellos estaban situados [los hombres de Varela] pudo observar, primero: que las bajas sufridas por las secciones eran numerosas, aproximadamente unas 25, siendo en extremo difícil retirarlas al puesto de socorro por la gran intensidad del fuego enemigo; segundo, que el Teniente Varela en aquellos momentos, ayudado de sus dos oficiales, dando singular ejemplo de arrojo, extraordinaria serenidad y grandísimo desprecio de su vida, había conseguido con su intervención personal contener el movimiento de sus fuerzas que retrocedían, rehacerlas inmediatamente, y contraatacar después sin esperar más órdenes, haciéndolo de una manera brillante de tal forma que el enemigo que había llegado 1053 hasta la guerrilla, cedió el campo dejando muy próximas numerosas bajas que no le era posible retirar; y que por último después de una inspección ocular hecha por el que declara comprobó que el contingente enemigo atacante se había refugiado, después de abandonar muertos, en unas peñas y barrancos próximos, siendo desde luego muy superior en número a las fuerzas que lo contuvo; que observó también que el enemigo seguía concentrándose rápidamente en grandes grupos procedentes de Beni Arós que avanzando en guerrilla y uniformados, lograban aproximarse al lugar donde se encontraba el núcleo que primeramente atacó, distando menos de cinco metros del saliente ocupado por las fuerzas del Teniente Varela”. 6.- ACGJEVI, Carpeta 2, fol 131, declaración del soldado de Regulares, camillero de la 3ª Compañía del 2º Tabor, Fernando Palancelo Palancelo: “Que por llevar la bolsa del botiquín de urgencia se encontró durante todo el día en las guerrillas. Que aproximadamente a las ocho la Compañía ocupó la posición y que momentos después efectuó el enemigo su primer ataque que fue rechazado. Que momentos después se vieron cubiertos por una densa niebla y que al despejarse ésta, el enemigo que favorecido por ella había avanzado hasta situarse muy cerca de la posición que ocupaba la Compañía, efectuó un segundo ataque mucho más fuerte que el primero y que en estos momentos las guerrillas empezaron a retroceder, teniendo los oficiales y clases que hacer uso de las armas para contenerlas, distinguiéndose sobre todo el Teniente Varela”. 7.- ACGJEVI, Carpeta 2, fol 136: declaración del teniente Rafael Tejero Saurina: “Que debe hacer constar por creerlo así de justicia que en el interregno del tercer ataque a la posición, en la primera sección mandada por el entonces alférez Macías, se experimentó unos momentos de debilidad, productor de un retroceso de diez o doce pasos, pero inmediatamente sobrevino la reacción con el subsiguiente avance al puesto primitivo por virtud de las medidas radicales que sin vacilación alguna adoptó toda la oficialidad. Que el 1º y 2º ataque fue contrarrestado por dos secciones de la Compañía únicamente, pues la otra había quedado a la disposición del Jefe del Tabor”. 1054 8.- ACGJEVI, Carpeta 2, fol 130, declaración del alférez Luis Cano Iriarte: “…pocos momentos después recibió orden del Teniente Grimal de avanzar con su sección hasta el lugar donde se encontraba el Teniente Varela para reforzarla. Que el Teniente Grimal fue con su sección y que al llegar vio al Teniente Varela que con una carabina en la mano hacía esfuerzos inusitados para contener a sus gentes que retrocedían ante el empuje del enemigo que por segunda vez atacaba la posición violentamente. “Que vio que con verdadero desprecio de la vida rehacía a su gente y ordenaba al declarante entrara con su sección en las guerrillas después de armar los machetes. Que imitándole todos en su ejemplo pudo rechazarse al enemigo tras obstinada lucha en la que por ambas partes se sufrieron bajas de consideración, pues solo la sección del declarante tuvo 18 en este segundo ataque. Que por aquellos momentos quedó el Teniente Varela sin sus dos Oficiales Tejero y Macías que fueron heridos graves y poco después cayó el Teniente Grimal, que a las órdenes de Varela, ayudaba a éste en los momentos difíciles, sufriendo las bajas de todas las clases europeas a excepción del Sargento Herrera. “Preguntado si cree que a la actitud del Teniente Varela se debió que la posición fuese conservada, Dijo: que sí, que solamente el arrojo, valor y serenidad del Teniente citado hicieron que todas las fuerzas a sus órdenes imitaran su ejemplo, pues dadas las bajas que éstas sufrieron sólo una energía como la por él demostrada pudo salvar la situación. Y que también quiere hacer constar que el enemigo que atacó por segunda vez era mayor en número a las fuerzas que defendían el flanco izquierdo que fueron las dos secciones del Teniente Varela y la suya. Y por último que a la actuación del Teniente citado se debe solamente el que la posición fuera conservada y que si el enemigo hubiera llegado a apoderarse de ella, la vanguardia se hubiera encontrado seriamente comprometida”; fol 132, declaración del teniente Ángel Martínez Grimal: “Que pocos momentos después y cuando iba despejando la niebla recibió orden urgente del Teniente Coronel de acudir en auxilio del Teniente Varela que se hallaba en una situación apurada. Rápidamente marchó con la sección que tenía de reserva mandada por el Alférez Cano al lugar del hecho dando orden al Caíd Mía que mandaba la sección de observación de encontrarse dispuesto para acudir al primer 1055 aviso. Cuando llegó a las proximidades de la posición ocupada por el Teniente Varela pudo observar que numeroso enemigo atacaba rudamente la posición y que las escasas fuerzas que quedaban retrocedían desordenadamente; que el Teniente Varela con una carabina, hacía fuego sobre ellos tratando de hacerles reaccionar. Que en ese momento y por orden del Teniente citado reforzó con sus fuerzas las guerrillas, teniendo que hacer uso de su pistola, como todos los demás oficiales, dado que el enemigo había llegado al choque. En ese momento y dada la violencia del ataque, sufrió su sección numerosas bajas cayendo herido grave en el pecho el declarante, que fue retirado en el acto”. 9.- ACGJEVI, Carpeta 2, fol 146, declaración del capitán de infantería Manuel Nieto Fernández, que depuso en Larache el 18 de abril de 1922: “Que la actuación del Teniente Varela la presenció en parte por hallarse con su Compañía [de Ametralladoras del Batallón de Cazadores de Figueras] en la parte más avanzada del centro. Que al disiparse la niebla, que duró próximamente de seis a ocho de la mañana, hubo un momento en que se vio con su Compañía en situación peligrosa, pues atacando el enemigo muy impetuosamente por el frente y flanco izquierdo y habiendo quedadas inutilizadas las máquinas a consecuencia del intensísimo fuego, el enemigo aprovechándose de esta situación se lanzó en gran número con el propósito por lo visto de apoderarse de ellas; el declarante por sí, tomó la resolución de colocar en guerrilla los conductores con las veinte carabinas de que disponía, para contener el avance del enemigo, que se corría por el flanco izquierdo con el propósito de envolverlos. En estos instantes de verdadero peligro vio una fuerza de Regulares situada en dicho flanco y que más tarde supo era mandada por el Teniente Varela, se lanzaba con admirable arrojo al barranco por donde empezaba a subir el enemigo, retrocediendo a veces ante la impetuosidad y el número de éste y que al fin animada por el heroísmo del que la mandaba, le arrolló a la bayoneta haciéndose desalojar la posición desde la cual había comenzado el movimiento envolvente sobre la Compañía que mandaba el declarante”. ACGJEVI, Carpeta 2, fol 124, declaración del capitán ayudante Francisco Delgado Serrano; fol. 126, declaración del sargento José García Selma: “gracias al arrojo, valor y sangre fría del Teniente Varela contuvo al enemigo y que dicho Teniente alentaba a sus fuerzas animándolas constantemente”; 1056 10.- ACGJEVI, Carpeta 2, fol 133, declaración voluntaria del coronel del Regimiento Expedicionario de Infantería de Marina, Manuel Manrique de Lara: “…el Teniente Varela tenía el mando de una Compañía, toda la cual cuando el declarante recorrió con el general Barrera las guerrillas estaba no sólo cuerpo a tierra sino amparadas por ligeras modulaciones del terreno y su vegetación; la mayor parte de los soldados disimulando sus emplazamientos con verdaderas bolas de follaje acumuladas en la cabeza; “Que el acto realizado por el Teniente Varela lo juzga del más acendrado y puro heroísmo y digno del realizado por el mismo oficial en la cueva de Ruman, cerca de Teffer. Su esfuerzo mantuvo firme la línea en el frente por donde más violentamente fue atacada y en esa resistencia vigorosamente impuesta por el teniente Varela, que fusil en mano, según le vimos, compartía con sus soldados el esfuerzo e imponía a los remisos su propio valor, impidió sin duda que la línea pudiese flaquear y arrastrara a toda la vanguardia a una retirada peligrosísima, de consecuencias imposibles de prever, dada la forzada limitación del frente, impuesta por la estructura misma de la montaña sobre cuya loma se verificaba el avance”. 11.- AGMS, Hoja de servicios de José Enrique Varela Iglesias, fol 147 (16) rto y vto. Citación en la orden general del Ejército de África: “En la operación del 12 de mayo distinguiose este oficial de un modo heroico en la extrema vanguardia. Cuando llevaba una hora en la altura ocupada, numeroso enemigo de la kábila de Beni-Aros y contingentes del Raisuni, rompió el fuego sobre sus fuerzas llegando hasta las mismas guerrillas donde se entabló una dura lucha, siendo rechazado el enemigo merced al arrojo y valor del citado oficial que dirigió sus tropas con admirable ejemplo. Las dos secciones de su compañía sufrieron numerosas bajas y comprendiendo este oficial que nuevamente tendría otro choque, empleó otra sección, consiguiendo derrotar al enemigo, siendo propuesto por el Tente. Coronel 1er Jefe del Grupo para la consecución de la cruz laureada de la Real y Militar Orden de San Fernando…”;. 1057 12.- ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 74-76. Entrevista para Blanco y Negro del 12 de enero de 1936, “Hombres de España. De soldado a General: José Varela Iglesias”, realizada por el periodista Gabriel Greiner;,: “La segunda laureada (…) la conseguí menos de un año después: el 12 de mayo de 1921, también siendo teniente, y en los territorios de la cabila de Beni Gorfet. Había que ocupar Sidi Ostman y Adama. Salió la columna a las cinco de la mañana entre una espesísima niebla. Yo mandaba una compañía del Tabor de extrema vanguardia. Empezamos la marcha, y algún tiempo después, debido precisamente a aquella niebla que se espesaba más y más, la vanguardia perdió el contacto con el grueso de la columna. “Empezamos a oír tiros, sin saber tampoco de dónde venían, y sin poder hacer ningún cálculo, debido a la ninguna visibilidad de que disponíamos. El enemigo era la gente del Raisuni. Yo, y mi gente, que habíamos ocupado el flanco izquierdo, pudimos recibir la orden de mantenernos en nuestra posición, para evitar que el enemigo la ocupase. Y de mantenernos allí, fuera como fuera, sin retroceder ni desalojar, ni aun ante el cuerpo a cuerpo. Bruscamente, la niebla empezó a desgarrarse, y casi repentinamente se deshizo. Entonces, tuvimos la sorpresa de ver que estábamos en íntimo contacto con el enemigo, que nos atacó violentísimamente, llegando al cuerpo a cuerpo. Pude rechazar aquel ataque, pero el enemigo, considerablemente reforzado, atacó de nuevo. Todos los oficiales cayeron heridos. Mi gente vaciló un momento y hube de imponerme enérgicamente para hacerles reaccionar, consiguiendo rechazar aquel ataque. Sin ningún oficial ya, aguanté otro tercer ataque, y así continuamos todo el día, encontrándome, claro es, cada vez con menos gente y cada vez en situación más terrible, hasta que la columna realizó totalmente la operación que se proponía. De 81 que éramos, entre soldados y oficiales, tuve unas sesenta bajas. Mi chilaba apareció agujereada de balazos por distintos sitios, sin que yo mismo sufriera ni un rasguño. Al retirarnos, lo hice con todas mis bajas”. http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/blanco.y.negro/1936/01/ 12/116.html 13.- ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 109-111. Veredicto del fiscal sobre la concesión de la segunda Laureada: “El dispositivo de marcha se reducía a vanguardia y grueso. La vanguardia la mandaba el Teniente Coronel González Carrasco llevando embebidas en ella todos los 1058 elementos de combate de la columna, figurando en el grueso los correspondientes a comunicaciones, material de campamento, obras, el municionamiento de guerra y boca, las tropas que constituirían la guarnición de la posición, y por fin las precisas para la protección de estos elementos citados. De tal constitución de la columna bien pudiera decirse que el grueso de ella era un convoy y su vanguardia la columna de maniobra. “Cooperaban al objetivo de esta fuerza en demostración sobre los flancos, haciendo además su protección y vigilancia tropas de policía indígena, Harcas amigas y Escuadrones de Regulares Indígenas. Las baterías de varias posiciones con su fuego habrían de facilitar y despejar el camino de la columna. “A partir de Gaitán desplegó la vanguardia y apoyada por la artillería de esta posición avanzó sobre la meseta de Adama, que coronó rápidamente encontrado las guerrillas poca resistencia, continuaron su marcha de avance sobre la meseta hasta ocupar posición de combate en unos crestones avanzados de ella, constituyéndose a seguido una cortina que había de proteger la elección, emplazamiento y fortificación de la posición, que debía quedar ocupada. La citada cortina, quedó integrada de izquierda a derecha por la tercera compañía del segundo tabor al mando del Teniente Varela, segunda del mismo tabor y tercera del tercero, teniendo en el centro de la línea emplazamiento una compañía de ametralladoras. “La posición de fuego que ocupaba la compañía Varela, resultaba algo dominada por una altura de mayor cota y relativamente cerca, ocupada por el enemigo. “El tiroteo fue tomando progresivamente mayor intensidad, verificando al mismo tiempo el enemigo su concentración en gran número, frente a la compañía Varela, y hacia su retaguardia, obligando a prolongar la línea en este sentido a alguna distancia de Varela. “El enemigo continuaba su concentración frente a la compañía Varela, alcanzando superioridad numérica sobre la compañía, que tenía dos secciones en fuego sin disponer de la tercera que había sido empleada en otro punto por el Jefe del tabor. “Continuaba el fuego de una y otra parte con gran intensidad, siendo seguramente en la izquierda el más denso del enemigo, por la ventaja que le ofreciera batir la izquierda de nuestra línea y amenazar la retaguardia. “A las siete aproximadamente se cubrió el espacio de densa niebla cuyo fenómeno dejó algo aisladas las unidades de nuestras tropas. “El enemigo, al amparo de la niebla, se concentró en gran número aproximándose al mismo tiempo frente al emplazamiento de la compañía del Teniente Varela. “Al disiparse la niebla, los moros se lanzaron sobre nuestra línea en violento ataque con vivísimo fuego y gran contingente (superior en número al decir de los testigos). La compañía de Varela, al recibir tan brusco y violento ataque del enemigo 1059 quedó sorprendida, produciéndose por esta sorpresa y las muchas bajas sufridas de momento, una depresión en la tropa, que perdiendo ánimo retrocedió, desorganizándose. En esta crítica situación, el Teniente Varela, con extraordinario valor, arrojo y energía, se lanzo sobre los que retrocedían, deteniéndolos, haciendo fuego sobre ellos con una carabina. Contenido el retroceso los animó, cobró su voluntad empujándolos adelante hasta volverlos a la línea que abandonaron, logrando de nuevo intento con tal reacción contener el avance del enemigo y batirlo después, hasta alejarlo de nuestra línea, dominándolo de nuevo con el fuego. “Mientras se sucedía el episodio relatado, se envió en apoyo de las fuerzas de Varela, una sección que cooperó a la restauración de la línea de fuego y a batir al enemigo “La Compañía, compuesta ya de tres secciones, continuó en fuego rechazando los ataques del enemigo, al que consiguió dominar y batir por completo, ocupando su posición en la línea, hasta que recibió la orden de repliegue, una vez logrado el objetivo de la operación. “Sostuvo el Teniente Varela combate con el enemigo durante ocho horas, sufriendo su tropa numerosas bajas, principalmente en el primer ataque y la sección de tal modo, que las dos Secciones que disponía en un principio perdió los dos oficiales y treinta y tres de tropa, de los sesenta que constituía el efectivo, y de la sección que fue en su apoyo los dos Oficiales que con ella fueron, más diez y siete de tropa de los veinticinco que la formaban. “Haciendo resumen del episodio que se destaca con máximo relieve en la actuación del Teniente Varela en el combate de 12 de mayo de 1921, resulta que este Oficial mandando su compañía ocupa un sector de gran importancia en la línea de fuego para alcanzar el objetivo de la operación; que a causa de la niebla y a su amparo sufre su Compañía un ataque del enemigo que la sorprende, deprime el ánimo y la hace retroceder en desorden; el Teniente Varela con un valor extraordinario y gran energía y arrojo logra contener a su tropa que retrocede, la reacciona después de contenerla, logrando reponerla en su puesto y batir y dominar al enemigo conservando el emplazamiento de su tropa hasta que recibió la orden [de] replegarse, sufriendo en el emplazamiento otros ataques del enemigo, que también rechazó. “El Reglamento de la Real y Militar Orden de San Fernando en su artículo 49, caso 2º, dice: ‘contener y reunir su fuerza, si, atacado por sorpresa por un enemigo ostensiblemente superior en número llegó a desorganizarse; rehacer su tropa que se retira por pérdidas sufridas o quebranto de su moral, y reanudar seguidamente, en ambos casos de nuevo, la acción, rechazando y persiguiendo al enemigo si median reñidos combates con bajas de importancia’. “El breve y simple cotejo del caso del artículo citado en los hechos relatados, exime a este Ministerio Fiscal, de hacer razonamiento alguno para demostrar que el Teniente de Infantería Don José Varela Iglesias, es acreedor a que se le conceda por 1060 los hechos estudiados la Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando, como comprendido en el citado caso del artículo 49 del citado Reglamento” 14.- ACGJEVI, Carpeta 2, fol 261-262. Poesía en honor a Varela, leída en un banquete en su honor celebrado el Alcazarquivir, con motivo de la concesión de la primera Laureada. Publicada en El Popular, Larache, 20 de marzo de 1922: “Al Laureado Teniente Varela. A la ciudad predilecta / llegó el nuevo Laureado / con el premio que la Patria / le ofreció por sus trabajos. / Aquellos días angustiosos / de fatigas y sin descanso, / convirtieron en realidad / sus héroes sueños pasados. / Sobre su pecho agitado / ostenta la laureada, / la que conquistó su espada / en los campos agarenos / con ese valor sereno / que lucha el alma abnegada. / Allí donde muchos días / el “Paco” le puso alerta / para empezar su alegría / que es la lucha de la guerra. / Allí cuando más intenso / fue el fragor de la pelea, / sobre la cumbre del monte / y en medio de la contienda / destacábase allí un héroe / con invencible silueta, / que ánimo daba al combate, / que aliento daba a sus fuerzas. / Era el héroe de Larache; era el Teniente Varela, era el nombre que en España / en todas partes resuena / y que a la historia de España gloriosa página llena. / En Alcázar… / Allí donde muchas veces / torna veloz a la guerra / con su alazán pavoroso / conocedor de la sierra; / llevando detrás los suyos / que al verle avanzar se alientan / siguiendo al bravo jinete / hasta el fin de la pelea. / Allí supo afrontar el peligro, / Allí la vida desprecia / con su corazón tranquilo / con su sonrisa serena. / Allí sobre hondos barrancos / cubiertos por la maleza, / supo ser héroe dos veces: su arrogancia la primera / y acertada dirección / con que empeñaba sus fuerzas / puso de relieve el héroe / la capacidad suprema. / Allí donde voluntario / fui con él a la pelea /y donde un adversario / oculto en una palmera / se abalanza sobre un cabo / y le quita su defensa / allí di muerte al traidor / como se mata en la guerra./ Allí donde al poco rato / el teniente se presenta / después de haber dado muerte / a otro enemigo que intenta / quitarle la vida al héroe, mas sabiendo él defenderle, / hizo sucumbir al cobarde / cuerpo a cuerpo, en la refriega. / Aquel día pintó mi sangre / junto con la de Varela / aquel suelo conquistado / de aquellas morismas tierras/ ¿Y para qué más consuelo? ¿para qué más recompensa? Que verter su sangre joven / y darle al pueblo el orgullo / y a la patria su defensa?/ Todos fuimos voluntarios / el teniente, con sus fuerzas; / este oficial siempre supo / poner victoria a la guerra / y es el santón como dicen / los moros de nuestras Fuerzas. / Es el teniente admirado, /el que a la clase aconseja / el valeroso jinete / que en lomas y cordilleras / supo ganar de la Patria / la recompensa suprema. Al que el pueblo alcazareño / lleno de alegría inmensa / le agasaja con caricias / [roto] en la guerra./ En homenaje le ofrece / nuestra digna Sociedad / un lunch a quien se merece / la simpatía general / y a quien el pueblo le ofrece / el nombre de …/ EL HÉROE DE ESTA CIUDAD. Alcázar, 18 de marzo de 1822. José María Díaz Robledo, Sargento de Regulares”. 1061 15.- ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 290, Declaración del teniente coronel Ángel Cuadrado, en el expediente abierto para el ascenso a capitán del teniente Varela: el teniente coronel Ángel Cuadrado Garcés refirió la acción de Taatof, del 11 de marzo de 1919, cuando “El Teniente Varela solicitó y obtuvo de su jefe autorización para auxiliar al capitán en el mando de la Compañía que carecía de oficiales del Ejército y constituía el ala derecha de la Infantería de la línea general del combate y no había dejado de ser hostilizada desde que se inició el despliegue. Con la sección a sus órdenes ocupó el aduar Borja que había sido incendiado y abandonado después por fuerzas de la Policía y Harka mandada por el Teniente de Infantería Sr. Castelló, para evitar que el enemigo posesionado nuevamente de él, aislara del resto de la columna al primer Escuadrón de Regulares situado en una posición más avanzada y a la derecha teniendo necesidad para ello de entablar combate con un enemigo muy superior en número y desalojarlo de algunas casas y ballados (sic) en las que se había hecho fuerte y desde los que hubiera podido causar grandes pérdidas al resto de la Compañía desplegada al pie de la altura donde se hallaba situado el aduar. “Permaneció en él sosteniendo continuado tiroteo con el enemigo que varias veces intentó atacarlo hasta que ordenado el repliegue en dirección a Taatof, inició este movimiento el Escuadrón, en cuyo momento tuvo necesidad de pedir un refuerzo al Capitán de la Compañía para sostener los obstinados ataques del enemigo que a toda costa intentaba posesionarse de aquella altura y repelerlos con movimientos ofensivos. “Relevado en la posición por fuerzas de Caballería y retiradas las bajas cuyo número no recuerda el declarante, se incorporó al resto de la columna ocupando con ella hasta el final del combate, el último escalón. “Por su brillante comportamiento, valor indudable y acierto en la disposición de sus fuerzas, fue muy elogiado por su Capitán y Comandante durante la operación, y citado en el parte como distinguido por el Jefe que declara”. También le consideraba merecedor del ascenso. 16.- ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 389, El Liberal de Sevilla, 16 de octubre de 1922:Discurso del Rey Alfonso XIII en la entrega de la bandera a los Regulares de Larache en Sevilla: “Regulares de Larache: En nombre de España he tenido la satisfacción de concederos la bandera que por vuestro heroísmo os habéis ganado. España no agradecerá nunca bastante lo que vosotros habéis hecho por ella en los campos de batalla, siguiendo a vuestros oficiales habéis derramado vuestra sangre generosa por la causa de España, que representa en Marruecos el avance de vuestra cultura, de vuestro bienestar, con el deseo de incorporaros a la moderna civilización. Nosotros no vamos ni contra vuestra religión, que respetamos, ni contra vuestras costumbres, que en ningún caso cabe destruir violentamente- Luchamos fundiendo vuestro interés y el 1062 nuestro porque España siempre que luchó fue por una causa noble y justa, y porque sabéis comprenderlo lucháis a nuestro lado gallarda y noblemente. “Regulares de Larache: muchas gracias. Vuestro Rey está agradecido a lo que habéis hecho hasta ahora, y tiene la seguridad completa de que en lo sucesivo seguiréis procediendo como hasta aquí. No teníais antes la gloriosa bandera española, y al recibirla hoy estoy seguro de que sabréis guardarla y defenderla como lo hacen las restantes fuerzas del ejército español, con el que desde hoy estáis más unidos y compenetrados. “Regulares de Larache: ¡Viva España!”. 17.- ACGJEVI, Carpeta 2, fol. 399. Discurso de Alfonso XIII en Sevilla, en un banquete de militares, en las celebraciones de homenaje por las Laureadas de Varela y la bandera de los Regulares de Larache: “Por último, la bandera más joven, la de los regulares de Larache, que acababa de condecorar con la medalla conquistada por ellos a costa de más de 150 bajas de jefes y oficiales y más de 1.900 de tropa; fuerzas que han pasado por momentos difíciles y a los que la exigüidad de la zona que los Tratados nos han concedido en Marruecos dificultan la recluta; pero el tacto de sus jefes ha sabido conservar sus valientes soldados y su suerte en los combates y los laureles en ellos conquistados, les ha permitido sustituir a los que mueren con otros que vienen en busca de nuevos triunfos. “En la revista, y al volver de ella, parecía que la Divina Providencia quería turbar la fiesta, pues –y en confianza puede decirse porque todos somos compañeros- a nadie le agrada mojarse y menos en traje de gala; pero recordaba que todos nos alegrábamos por ello porque España está necesitada de agua. No se puede ser egoísta. Hemos de olvidar las propias pasiones los que luchamos por un ideal más alto; los que vestimos el uniforme militar hemos de recordar que servimos a España, que voluntariamente elegimos este camino y que a ella debemos consagrar nuestros desvelos y nuestros afanes. “Al regresar al Alcázar me encontré dando guardia al tercero de Zapadores, y quiero por esto recordaron un pequeño detalle. Las compañías del tercero fueron las que, con las del quinto, de guarnición en Valencia, entraron en Tisza. Los del quinto hicieron unas recordatorias de los que en tan gloriosa ocasión murieron; en ellas, como en todas, había una cruz y unos nombres y debajo, tan sólo, se había reproducido este juramento: ‘¿Juráis a Dios y prometéis al Rey seguir constantemente sus banderas, defenderlas hasta perder la última gota de sangre y no abandonar al que os esté mandando en acción de guerra o disposición para ella?’ “Y los muertos hablaban para decir. ‘Lo juramos y lo cumplimos’. Esto es hermoso y debe enorgullecernos y este mismo ejemplo debe animarnos porque todos los que vestimos el uniforme del Ejército español, somos capaces de hacer lo que ellos hicieron y, si alguno no lo fuera, estaría de más en la familia militar. “Levantando mi copa, saludo al general Sanjurjo, rogándole en mi nombre y en el de España entera, salude a nuestras valientes tropas, y saludo a los jefes y oficiales, 1063 que vienen en representación del Ejército de África, en nombre de la guarnición de Andalucía y de las de España entera. “¡Por España, por el valiente Ejército español!”. 18.- ACGJEVI, Carpeta 3, fol 195, “Carta del comandante Varela al Marqués de Tablantes”, fechada en Melilla, el 19 de septiembre de 1924, copia mecanografiada: “Nuestra Zona no puede abandonarse, porque en ella tenemos grandes intereses y millares y millares de compatriotas que aquí tienen su medio de vida. Creo también de capital importancia para España que esto pertenezca a nuestra Nación y para eso hay que poner toda el alma en resolverlo teniendo este pensamiento. Pueden rectificarse las líneas de vanguardia haciéndoles todo lo fuerte que se necesite, pero sin dar un paso atrás; suprimir posiciones inútiles, es decir, estabilizar el frente. Una vez hecho esto, ocupar Alhucemas por medio de un desembarco. Establecernos allí es problema capital que influirá mucho en el prestigio de Abdelkrim. Fortificando Cabo Quilates y Morro Nuevo, dejando a las fuerzas que allí queden víveres y municiones para seis meses, y con la Escuadra una base de Aviación, sería importante y eficaz y un puesto militar de extraordinaria importancia. Tengo fotos muy interesantes de todo ello y planos sacados desde el aire que te gustarán cuando los lleve a Sevilla. Después de esto, que debe ser rápido, debemos dedicarnos con mucho celo y patriotismo a la organización, a retaguardia de nuestras líneas, cosa preferente y que hemos tenido abandonada. Nombrar nuevos Caídes y obligarles al desarme. “Te equivocas al creer que en el acto de Ben Tieb pudo haber estas reservas, que mi presencia te podía haber disipado. Solo un pensamiento nos animó ¡¡España!!, y en esto tu estarás conforme conmigo; nadie pensó en mezclar al Sr. (el Rey) en estas cuestiones. El pleito era nuestro exclusivamente. “No hables, Ricardo, de suicidios del Ejército, que no existe. Afortunadamente hoy han escrito nuestros oficiales páginas gloriosas llenas de sacrificios; el Ejército irá al suicidio si se le conduce; por lo demás, está por encima de los intereses bastardos que lo acechan”. 19.- ACGJEVI, Carpeta 3, fol 263, El Liberal de Sevilla, 14 de noviembre de 1924, “Desde Melilla – II. La Jarka amiga del comandante Varela”, Entrevista a Varela como comandante de la Harka firmada por Galerín: -"¿Cuántos tíos de estos manda usted? -No les llame tíos. Esta es buena gente. Ahora tengo 600 de infantería y 200 caballos. Pero espero completar la harka hasta el número de 6.000. Son todos buena gente, que da el pecho, y el que falle… -¿Y no pueden volver el rabo contra ustedes? -Pues tal día hizo un año, pero no hay que pensar en ello. -¿Usted solo se queda aquí? 1064 -No; me acompañan el capitán Lapatza, antiguo teniente mío ascendido por méritos de guerra y los tenientes Sistuel y Esponera. Nada más. Los demás hasta el número que hemos dicho, son vecinos de esos valles tan cercanos al enemigo. Muchos de ellos se van de noche a sus casas y vuelven de día. Hay confianza en ellos. -Yo no tendría ninguna. -Pues yo sí. Esta es la harka que formó el príncipe moro Abd-el-Maleck, que murió peleando al frente de ella. Nos muestra una fotografía en la que aparece el príncipe disparando con su fusil, sirviéndole de trinchera su caballo, muerto a balazos. -No hay tiempo que perder si queréis llegar a Melilla antes de que quiten el servicio de protección de carreteras -dice Varelita-. Vamos a la mesa. (…) Salimos de la tienda. En la explanada de Azib de Midar se encontraba la Harka de Caballería dispuesta a correr en nuestro honor la pólvora. Los moritos hicieron locuras con los caballos y disparaban los fusiles al llegar al sitio donde se encontraban los invitados. A las órdenes del pito de Varela obedecían ciegamente.(…) Y en marcha. Se elevaron los aviadores que hay, como no llevaban bombas cargaron en el aparato piedras enormes y volaron sobre el campo enemigo dejándolas caer en las guardias moras los observadores”. 20.- ACGJEVI, Carpeta 4, fol 74, El Mensajero de Jerez, 8 de marzo de 1925, “Los combates nocturnos en la zona de Melilla. Hablando con el comandante Varela”, artículo aparecido originalmente en El Liberal de Sevilla, firmado por Galerín.: “Desde que salí de la Academia, ahora ha hecho diez años, yo no he mandado tropas peninsulares. Con los moros empecé, y con ellos sigo. Son buena gente, abnegados, valientes, decididos. Yo, ahora que soy jefe, les dejo opinar, acepto sus consejos, y aunque luego hago lo que me parece y mando lo que llevo estudiado, ellos se callan y terminan diciendo: ‘Tienes mocha suerte, comandante, Estar santón’. Hace un par de meses empecé a combatir de noche. Me está dando un resultado admirable. No falla un golpe. -“¿Cómo hacen ustedes la operación?” -“Pues es muy sencillo. Yo mando ahora 1.200 harkeños en la harka amiga que fundó el príncipe Abd el Malek que murió al frente de ella. Están a mis órdenes seis oficiales españoles que no oculto decir son valientes como el que más. No hay en toda la harka más hombres de España que esos seis oficiales y un servidor. El plan de ataque lo hacemos de día, en el campamento de Sidi Midar, que usted conoce. Ya he tomado yo previamente, desde un aeroplano, croquis y fotografías. Se le comunica el plan a los caídes que mandan las compañías; ellos se ponen de acuerdo, miden la importancia de la operación, hacen siempre algunas objeciones a favor de ella, y queda decidido el golpe. En el campamento de Sidi Midar quedan unos cien harkeños para cuidar de él, y a las cuatro o a las cinco de la tarde emprendemos la marcha. Yo voy a caballo seguido de mi escolta, treinta o cuarenta jinetes moros, que dan su cabeza por la de sus jefes ¡y adelante! -“¿Se avanzará con gran precaución? -“Todo el cuidado es poco. Cuando se han dejado atrás los campamentos de las tropas nuestras, pienso en una cosa, que no ha ocurrido, que no ocurrirá. Me digo siempre: ¿Me cortará esta gente? ¿Me aislará? Pero no ocurre nada; ya ustedes lo 1065 están viendo. Así hemos avanzado algunas veces hasta el interior del campo enemigo, en una extensión de veinte kilómetros. - “¿Sin sonar un tiro? - “Sin que se oiga un solo disparo. Cuando vamos llegando al sitio de las guardias moras, ya bien entrada la noche, echamos pie a tierra nos unimos a la fuerza de Infantería, y seguimos avanzando. Así, de esta forma, hemos llegado hasta Yebedd- Udia, el mismo camino en que el desgraciado general Fernández Silvestre inició la retirada, para encontrar la muerte en Annual. “En ese camino nos ocurrió una de estas últimas noches una cosa que pudo dar al traste con la operación. Estábamos a unos diez metros de una guardia mora, compuesta –eso lo supimos luego- de veintisiete hombres. Cuando los escuchábamos hablar, a algunos en castellano, y seguíamos avanzando deslizándonos como conejos hasta encontrarnos a tiro, casi encima, levantamos un bando de perdices, que produjo un ruido grande al iniciar el vuelo. -“¡Ahí está la harka! –oímos gritar a la guardia mora. “Ordené silencio. Todos quedamos pegados a la tierra. Fueron unos momentos de angustia horribles. Pasado un rato, que nos pareció un siglo, volvimos a escuchar a los de la guardia. -“No es la harka. Eso ha sido un lobo que ha espantado a las perdices. -“¡Fuego! –grité yo entonces, arrojando desde lo alto del montecillo una bomba de mano. Y a los pocos momentos cayeron en la guardia 800 bombas. Después… puede usted suponérselo, caímos encima de ellos. Al día siguiente enterrábamos en nuestro campo 27 cadáveres, algunos sin cabeza, cosa que yo no puedo evitar, porque los harkeños echan mano en seguida de sus hachas. -“¿Habrá usted tenido muchas bajas en estas operaciones nocturnas? -“Muy pocas. Cinco muertos y cincuenta heridos. En cambio, yo llevo enterrados en dos meses cuarenta y nueve moros de los que manda ‘mi querido amigo’ Abd-el-Krim. En una noche hemos sorprendido tres guardias enemigas, habiéndonos apoderado de sus guardianes, que han sucumbido. Antes que pasen ‘con Aláh’ procuro enterarme de planes y movimientos del enemigo, sitios de otras guardias, hombres que las componen, aprovisionamientos, etcétera. Haciendo esto he podido sorprender en tres meses escasos trece guardias moras. ¡Y las que seguirán! No hacemos más que pelear como pelean ellos. ¿Emboscadas? Pues emboscadas. -“¿Por qué ha dicho usted antes ‘mi querido amigo’ Abd-el-Krim? -“Porque el cabecilla rebelde me tiene pregonado. Y le digo esto porque lo saben todos los de mi harka. Primero ofreció diez mil duros por mi cabeza. Luego ha doblado la cantidad, ofreciendo veinte mil duros al que me presente vivo. -“¿Para luego pedir una fuerte indemnización? -“No lo creo. Será para dar un día de espectáculo a su gente. Quiere el hombre quemarme vivo. No me rio, no. Lo creo capaz. -“Verdaderamente, es comprometido lo que está usted haciendo. -“¡Pero si de día no se puede hacer nada! Yo he ideado estos asaltos nocturnos porque se aburría la gente en Midar. No crea, no hay peligro, Además yo voy a la plaza [de Melilla], consulto una salida con el general Sanjurjo, la estudiamos con detenimiento sobre el plano, y cuando la aprueba se hace, y a otra cosa. Todas van saliendo hasta ahora con arreglo al plan concebido. ¡Si viera usted qué alegría cuando regresa la fuerza a Midar después de un éxito de éstos!... -“¿Y ahora a Melilla? 1066 -“Mañana salimos en hidroavión. En este mes se han de hacer dos operaciones importantes. Y no espere usted que le diga el sitio. Ya eso no es mío. Acaso dentro de seis u ocho días lo sepan ustedes por las noticias oficiales. -“¿…? -“No, no siga usted, que no he de decirle una palabra más”. 21.- ACGJEVI, Carpeta 4, fol 271-272, El Mensajero de Jerez, 18 de septiembre de 1925, “Figuras de la Guerra. El heroico Comandante D. Enrique Varela Iglesias”. Entrevista en el campamento de Azib de Midar. El periodista vio en el lugar encantadores de serpientes y un ambiente profundamente marroquí: “La policromía de las chilabas y los turbantes, las monturas morunas, las tiendas y haimas, a cuya puerta toman el té los harkeños, nos hace pensar por un momento en una concentración de fuerzas. El ambiente tiene que ser el mismo. Y es que media docena de aguerridos oficiales no destacan entre tanto y tanto moro, que han jurado fidelidad y que, en efecto, por hoy son adictos a España. Esta rápida impresión del repórter viene a realzar el mérito, la entereza de carácter y el valor personal de los jefes de la harka, que saben dominar y sacar un gran rendimiento a estas fuerzas indígenas, armas de dos filos, en muchos casos, si no se llevan con la habilidad y la decisión de un caudillo que las dirige”. El periodista le preguntó por sus operaciones nocturnas, y Varela le contestó: “Las salidas nocturnas en busca del enemigo, sorprendiendo sus guardias y ‘razziando’ sus aduares, son operaciones de positivo resultado. El moro es un gran impresionista –continúa Varela- y estos golpes de osadía, que es hacer la guerra como él nos la hace, le desconciertan y le amedrantan. A mis harkeños les entusiasman los asaltos a los poblados enemigos que incendiamos y regresan con las cabezas de los enemigos en las bayonetas. Esto lo tengo prohibido terminantemente, pero el moro es sanguinario. El botín lo repartimos entre los harkeños equitativamente, excepto las municiones y armas. “Las salidas nocturnas nos cuestan bastantes bajas, pero al moro le seducen y sugestionan, pues no aman nada como el botín de guerra. “La organización de la harka –prosigue- es la siguiente: siete mías de Infantería y una de Caballería con 120 hombres cada una. Las mías las integran grupos de las kábilas siguientes: dos mías de M’Talza, dos de Beni Tuzin, dos de Guelaya, una de Beni Ulises y Tafersit, y la de Caballería de Beni Emajer (zona francesa). Los jefes o kaídes de las mías eran jefes de poblado en los aduares de sus kábilas. “Disfrutan los soldados de un sueldo de cuatro pesetas diarias, cinco pesetas las clases, seis los sargentos y los kaides 500 pesetas mensuales. “Les damos una preparación militar especial y de acuerdo con su temperamento y psicología, pues en cuanto comienza la lucha, el moro es individual y absoluto. El ejemplo de serenidad y valor es lo que más le admira y es la mejor arma para llevarle donde uno quiere. “¡Esta es una fuerza muy guerrera y muy política!”. Seguidamente, el periodista entrevistó a un caíd Mía, Ben Aisa Ben Moamed Budid, mientras éste le invitó a tomar el té en su tienda. El caíd llevaba catorce años al servicio de España, y era un gran admirador de Varela: 1067 “Harka estar valiente –dice- porque tener a Varela. Todos oficiales son buenos, si tener apuros te dar dinero y repartir borregos de botín de guerra. Harka ya tomado más de diez pilones de azúcar y mucho té. Esto es por estar valientes, porque Varela no querer calamidades por hombres; si no estar valiente despedir. Las mujeres dicen a los chicos cuando lloran para asustar, ¡callad, que viene Varela!... (…) Nosotros estar como diablo, salir de noche, matar, matar enemigo y traernos rebaños. “Abd el-Krim dicho zocos que dar 20.000 duros quien llevara la cabeza Varela por estar valiente como chacal. “Nosotros estar con Varela; apuntalo, apuntalo en papela –nos dice con vehemencia el kaid- Varela estar hombre –continúa- Harka coger enemiga mora joven y comandante darle dinero y dejarla libertad; eso es estar hombre. “Harka tener suerte porque comandante tiene la llave del Rey =(El kaid se refiere al cargo de Gentil-hombre que ostenta el comandante Varela)”. 22.- Descripción de la situación del desembarco de las fuerzas de Melilla el 10 de septiembre de 1925, según el general Goded, en Marruecos, las etapas de la pacificación, CIAP, Madrid, 1932, p. 200-201: "La situación de estas fuerzas de la columna de Melilla resultaba peligrosa y difícil, pues para un frente de unos tres kilómetros se contaba con menos de 3.000 hombres de fuerzas combatientes, densidad bien pequeña para poder resistir un ataque a fondo, no pudiendo organizarse el dispositivo en profundidad por falta de efectivos y por escasez de terreno para ello dada la proximidad al mar del frente ocupado por las tropas; no se disponía de material de fortificación que no hubo tiempo desembarcar en el día y la protección de las tropas hubo de improvisarse con parapetos de piedra y sin alambrada alguna, no existiendo reservas, ni repuesto de víveres, agua ni municiones. Si el enemigo hubiera atacado a fondo en un solo punto con reiteración de esfuerzos, habría podido romper aquella noche esta débil línea. Afortunadamente los rifeños no supieron emplear esta tácticas, desparramaron sus fuerzas tanteando en varios puntos y su formidable esfuerzo fracasó. “Dándome cuenta claramente de la situación comprometida de mi columna, esperando la segura reacción enemiga tan pronto Abd-el-Krim pudiera reunir sus contingentes, y convencido como estaba desde antes del desembarco de que los ataques enemigos habían de producirse de noche, me preocupé de conservar en mi mano una reserva de fuerzas escogidas, acostumbradas a maniobrar y combatir de noche, y que pudiera marchar con rapidez en la oscuridad a los sitios amenazados, designando para ello la harca Varela, tropa indígena escogida, con una oficialidad brillantísima y que especializada en las sorpresas de guardia y ataques nocturnos en el frente de Melilla, reunía condiciones excepcionales para el objeto perseguido. La harca con sólo una compañía en línea en el llamado Collado de la Harca conservó las restantes mías reunidas vivaqueando a inmediación de éste, donde establecí mi puesto de mando. Sorprendió a algunos que contando con tan reducidas fuerzas mantuviese en reserva una unidad completa indígena de las más acreditadas como fuerzas de choque, pero esta precaución me salvó y salvó a toda la columna en aquella dura noche del 11 de septiembre”. 1068 23.- ACGJEVI, Carpeta 4, fol 126-127, traducido del árabe y publicado por El Telegrama del Rif. Proclama de Solimán el Jatabi, jefe favorable a España, lanzada sobre el Rif en aviones para intimar a los rebeldes a la rendición en octubre de 1925, durante el Desembarco de Alhucemas: “Nuevamente vuelvo a dirigirme a los habitantes del país, engañados y destruidos por la traición de Abdelkrim y el grupo de extranjeros que os explotan, para deciros toda la verdad de su situación. “Abdelkrim, que vivió de un sueldo de los españoles en Melilla y que hacía befa y burla de su propia religión, que llevaba vida de cristiano alegre y transigente y que escribía artículos en los periódicos en favor de España, sintió un día la tentación de hacerse rico explotando la mentira de las minas de Beni Urriaguel y se unió a los extranjeros que le imbuyeron la idea de hacer la guerra a España, para tener así comercio de armas en el mundo y ganar dinero a costa de vuestra sangre. “Tuvo unos días de fortuna el año 1921, y cogiendo desprevenidos a los españoles los derrotó y asesinó indefensos, cobrando cuatro millones por el rescate de prisioneros, de los que no os dio ni un céntimo, ni en los días que pasabais hambre. “Luego no han tenido más que derrotas él y su hermano, y ahora os dice la mentira de que ha rechazado el desembarco de los españoles en tres sitios, cuando la verdad es que los españoles le han engañado fingiendo desembarcar en unos sitios y haciéndolo de verdad por otro, que el estúpido Abdelkrim, ignorante de todo lo militar, no comprendió ni vio, causando vuestra ruina su torpeza. Verdad es que algunos extranjeros que lo rodean lo traicionaron avisando por donde había menos defensas preparadas. “Esta es la situación, y ahora, después de librar sus cajas de dinero quiere prolongar la guerra, con lo que será imposible la vida para vosotros en vuestras casas y terrenos; si sois hombres y sentís la indignación de los engañados, debéis abandonarle, más aún, entregarle al Majzen español, con lo que os libraréis del castigo, y entregar a los extranjeros que con él os roban y llevan a la muerte, y entregar los cañones y los prisioneros que tenéis y las ametralladoras, y entonces no solamente podríais volver a vuestras casas, sino que se os dará dinero y cebada, y lo que necesitéis para vivir. En vuestra mano está la felicidad y no tenéis que ser leales a quien os traicionó y os engañó y os robó. “Pensad esto muy de prisa, porque antes de ocho días el Majzen español avanzará a Tafrast y a Ali Kamara y a donde quiera y no tendréis tierras que pisar ni campo que cultivar. “Os lo dice un rifeño de Beni Urriaguel que conoce bien el traidor Abdelkrim y que conoce también a España y sabe lo leal y generosamente que cumple sus compromisos. Os espero con otros buenos rifeños para hacer feliz a nuestra tierra, establecido con mi Mehal-la en la playa de Axdir, en el castillo de los Muyahedin. “La paz y la justicia sean con todos los verdaderos hijos del Creyente” 24.- ACGJEVI, Carpeta 3, fol 229-231, “Historial de la Harka Varela”, por Rafael Fernández de Castro y Pedrera, cronista de Melilla, mecanografiado, p. 18-20; 1069 Carpeta 6, fol 238, impreso de la Arenga de despedida del teniente coronel Varela a los hombres de su Harka: “S.M. el Rey (q.D.g.) se ha dignado firmar mi ascenso a Teniente Coronel por méritos de guerra; esta grata noticia, que representa un adelanto en mi carrera, viene como nunca, a poner en mi natural satisfacción un exponente de dolor: ¡Mi separación de vosotros! “Nunca como hoy sentí más emoción al despedirme de unas fuerzas cuyo mando rijo desde el 7 de Octubre de 1924. Lleno de ilusiones y deseoso de trabajar, organicé la Harka que llevó mi nombre, animado por nuestro querido e ilustre General, el hoy Alto Comisario, Excmo. Sr. Don José Sanjurjo y Sacanell, a cuya propuesta debo la honra de haberos mandado. Una labor constante y de actividad en provecho del Protectorado, ha llevado a cabo nuestra Harka en terrenos de Melilla; primero, llegando a conseguir el aprecio del Alto Mando con los brillantes hechos de armas de Tamersit, Timegart, Ulad Bubker, Tisi-Laud, Tidef, Yebel-Ubdia, Ifermin Afriut, Isen- Lassen y Tauriat-Amarat, culminando su actuación en disciplina y acometividad; después, con las gloriosas jornadas de Alhucemas que fraccionadas se llamaron: Morro Nuevo, Malmusi, Las Palomas, Yebel-Seddun, Rocosa y Axdir, todas ellas empresas ofensivas que acreditan la única razón de existir estas fuerzas, creadas solo al amparo de leales indígenas y mandadas por Oficiales como vosotros, capaces de las más singulares hazañas. “No necesita esta despedida extenderse en explicaciones que evidencien la labor desarrollada, pues viven en el ánimo de todos sus poderosos resultados; solo, pues, dos palabras para mis fieles musulmanes. Desde que llegué a vuestro campamento de Azib de Midar, en el diario cambio de impresiones con vosotros, mis Harqueños queridos, os hice promesa de mi decidida protección en el sentido más amplio de la palabra, llevando principalmente mi interés hasta vuestras propias familias. Habéis visto que respeto me inspiró siempre vuestra religión y costumbres. Jamás permití que se quebrantaran éstas ni aquella, cuyos ritos se practicaban públicamente en nuestro campamento, con gran complacencia mía, pues del creyente y buen musulmán esperé siempre fidelidad y cariño, esperanzas que habéis colmado con la misma lealtad que la noble Nación Protectora os ofrece un mañana lleno de tranquilidad y bienestar para vuestro país. Habéis escrito una página admirable como tropas aguerridas y disciplinadas y a vuestro Jefe le habéis hecho sentir el legítimo orgullo, con las creación de vuestra personalidad individual que os caracterizaba en todos los actos, con la expresión sentida de “Harka Varela·”, nombre que todos aprendisteis y supisteis comprender. “Me marcho de vuestro lado, pero el profundo cariño que siento por vuestra raza, me hará estar siempre muy cerca de vosotros; os aconsejo seguir hasta terminar (que ya falta poco), con la misma lealtad practicada hasta hoy y no olvidar que vais llegando al final del camino. Dejad pasar el tiempo, y veréis cuántas verdades encierran mis palabras. ¡Sólo Dios sabe, cuál será el destino de los pueblos, pero yo os aseguro que los españoles desean para el vuestro una era de paz con aspiración suprema de que al gobernaros solos en vuestro país, tendáis las manos desde vuestras costas a las nuestras, que tan cerca están, y que éste sea el lazo más firme y fuerte que una a los dos pueblos hermanos!. “No quiero deciros adiós a mis Oficiales; representa algo muy superior a mis fuerzas la separación definitiva; al marcharme quiero hacer antes el balance de vuestra labor, y bien podéis tener tranquila la conciencia, pues os quedáis con un haber muy 1070 superior en el índice que marca el cumplimiento del deber; constituís un cuadro de Oficiales que siempre he de mostrar como ejemplo de virtudes militares; habéis mandando unas fuerzas que llegasteis a comprender en su compleja ética y armonioso conjunto; el éxito alcanzadlo supera a la realidad; habéis recibido con frecuencia desde mi modesta felicitación (pasando por la de los ilustres Generales Primo de Rivera y Sanjurjo) hasta alcanzar la augusta de S.M. el Rey (q.D.g.). Vuestros nombres van unidos a la empresa gloriosa que llevó a cabo esta Harka; casi todos habéis sufrido heridas honrosas, plasmando así una Historia que en principio lleva una corriente de tal caudal de ideales, que yo os aseguro un digno remate, puesto aquél al servicio de la Patria. “Tened siempre a orgullo haber servido en esta Harka, cuyo epílogo en el corto tiempo de su Historia, acredita un rendimiento máximo, como pocos Cuerpos consiguieron, sus efectivos fueron alcanzados casi en su totalidad por el fuego enemigo. Hoy contamos más de seiscientas bajas de sangre en tropa, no llegando a un centenar más, el número de los que en dichos combates intervinieron; del cuadro de Oficiales, reducido al número de diez, fueron bajas ocho; esta proporción canta, la largueza de vuestros sacrificios y lo hermoso de vuestra abnegación; solo con Oficiales como vosotros se hacen fáciles los mandos por difíciles que estos sean. “Recordaré siempre vuestros nombres como la época más emotiva de mi vida militar; vosotros tenéis la satisfacción de ver terminada vuestra obra; ¡Dos faltan! ¡Cardeñosa! ¡Eyaralar!. Capitán, el primero, que cayó heroicamente en los campos de Alhucemas; si mis sentimientos no pasaran por todos los matices que tejen el cariño y la admiración que yo sentía por esta esclarecida figura militar, no temería dejar sentado el aserto, que era el más completo de los Capitanes del Arma de Infantería; aunque su saber y talento llegó a irradiar a otras Armas y Ejércitos extranjeros, su muerte deja una honda huella en mi alma, ofrendándole, desde lo más íntimo de mi corazón, este sentido recuerdo a su memoria, que pérdidas como las de tan excelente compañero son las que ponen en esta Orden de despedida un sello de amargura, aunque acostumbrados a vivir encerrados en el hermoso espíritu de nuestras sabias Ordenanzas, vemos con cuanta potencialidad alumbró su muerte heroica, la ruta de gloria que tiene por meta la inmortalidad. “Eyaralar estuvo menos tiempo con nosotros, pero su historia militar, aunque joven, estaba salpicada de bravura y entusiasmo; fue un hermoso legado que nos ofreció el Tercio. ¡Gloria a estos muertos! “Por último, os digo adiós, y os pido que mi dolor al dejaros se convierta en alegría, ya que en la vida van íntimamente ligados ambos sentimientos y que esta alegría sea la de felicitaros por los futuros triunfos que alcancéis con el nuevo Jefe que me sustituya. Tened presente que vuestra lealtad y bravura, deben constituir siempre el ideario de esta gloriosa Harka. “Oficiales, Harqueños: ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Harka!. “Azib de Midar, 27 de febrero de 1926. Vuestro Comandante, VARELA”. 25.- ACGJEVI, Carpeta 9, fol 555-556. Memorias de viaje de estudios al extranjero. “Me hablan de gestiones entre militares y escucho los propósitos. Me comunican asimismo el 20 de septiembre del 30, que Don X, durante mi ausencia, estuvo haberme acompañado de un introductor. No pienso tener concomitancias con 1071 nadie; pero dueño de mis actos, acepto la conversación sin otro compromiso que el del hombre que siente amor a su Patria y que la vé en una situación difícil. Hago la salvedad de que sin carácter ni significación política de mi parte y sin que el acudir suponga ninguna clase de compromisos tácitos, pienso asistir. Hoy 1º de octubre me envía una carta el Sr. X, a fin de que el 3 nos encontremos a las 12 en… Ante mi conciencia y para mi juicio y conducta, creo conveniente oír y me dispongo a hacerlo a personas solventes y de orden. Pienso, pues, acudir, rechazando de antemano, el papel principal que se me asignaba y ofrecía y que me comunicó el introductor. Yo oiré, pero hago dejación de egoísmos, pues bien merece España que todos sus hombres piensen en sus altos intereses y no en conducirla a una insensatez peor que la actual, llevándola al caos. Yo me limitaré a oír y, formando juicio, expondré mi opinión, pero siempre sin perder de vista que, por mi historial, tengo que ser leal a ella y no ser actor en la revolución. "En la fecha indicada tuvo lugar la entrevista durante la noche, reflexionando sobre los extremos y reservándome la contestación; después he acusado cartas en las que se me pide una intervención en un movimiento; niego mi prestación personal, pues entiendo que el Ejército debe permanecer al margen de las luchas políticas y me reservo la conducta, que siempre será consecuencia de lo que les tiene beneficioso para mi Patria. (Nota al margen). Esto termina mal. Los hombres públicos de la actualidad son los mismos del antiguo régimen y ni han hecho examen de conciencia ni propósitos de enmienda” 26.- García de Paredes relató que Varela se convirtió en un líder de los presos, consiguió que se celebrara misa para los presos, y su testimonio es importante porque hace comprender como la Fe se convirtió para ellos no solo en un factor de resistencia, sino también de identidad. En Pemán, J.Mª, Historia de un soldado, p. 129 “Apoyaba cuantas gestiones hacíamos para que se celebrara los domingos en la prisión la Santa Misa, gestiones que se estrellaban contra la testarudez sectaria del General de la División y la incultura supina del Teniente Coronel Jefe de la prisión, que en materia religiosa era tan analfabeto, que llegaba a suponer que cualquiera de nosotros podía celebrarla, porque nos reuníamos a leerla, en vista de su brutal negativa. Quien conozca el carácter de Coronel, podrá suponer la forma en que trataba al desgraciado jefe de la prisión. Fracasadas estas gestiones, conseguimos que nos llevaran en secreto la Sagrada Comunión, ofreciendo el Coronel su habitación, que por ser la más decorosa e independiente, ofrecía mejores condiciones. El día de la Virgen del Pilar, entraba muy temprano en la prisión un Padre Jesuita, llevando reservadamente a Nuestro Señor, que depositó en un altarcito improvisado en la mesa del Coronel, con la Virgen del Carmen suya, de la que era devotísimo y que tenía siempre delante con el devocionario y el rosario, y en aquel templo se los distribuyó la Sagrada Comunión de la forma más emocionante y devota que recordaba la vida de los primeros tiempos de los cristianos en las Catacumbas. Se repitió la escena en la fiesta de Cristo-Rey, a los pocos días, pero la proyectada para el día de la Inmaculada, tuvimos que celebrarla en otra prisión, pues, inesperadamente, al Coronel y a mí nos 1072 cambiaron de local el día 6 de diciembre"... "El cambio de alojamiento parece que obedeció al temor que tuvieron las autoridades de que diéramos el mitin el día de la Patrona de España y de la Infantería, ya que la recién celebrada de Santa Bárbara, resultó apoteósica dentro de la prisión. Para evitarlo, nos dividieron, llevando a un grupo formado por el coronel Varela, el coronel de Artillería don Félix Ballenilla, el capitán don Anselmo López Maristani y a mí, al cuartel de Ingenieros; otro grupo marchó a la Plaza de España y otro quedó dispuesto para salir al primer aviso hacia Guadalajara"... "Nos instalaron en un Pabellón de Oficiales, dando al Coronel la mejor habitación, en la que volvimos a recibir la Sagrada Comunión el día de la Purísima. Como recuerdo de su excomunión es, no repartíamos unas estampitas firmadas por los comulgantes. Unos 20 días estuvimos en esta nueva prisión, haciendo vida más íntima y que en el Pabellón de Marina. El día 26 de diciembre me trasladó a la nueva prisión de la Plaza de España y el Coronel fue llevado a la cárcel de Guadalajara". 27.- ACGJEVI, Carpeta 168, fol 695-697, testimonio del coronel Martínez Campos para el expediente abierto del Juicio Contradictorio para la concesión de la Cruz Laureada al teniente de navío Manuel Mora Figueroa. Relato del coronel de Caballería Arsenio Martínez Campos sobre la travesía del Estrecho realizada con dos faluchos del Consorcio Almadrabero para pasar tropas de Marruecos a Cádiz: "Sólo pudimos recoger en Sancti-Petri dos barcos del Consorcio por estar el personal difícil, dado que eran los primeros momentos y mucha gente se inclinaba al lado rojo. A las tripulaciones de estos barcos no les dije el verdadero sitio adonde habían de ir. Se les dijo que íbamos a Barbate y al llegar allí se continuó la navegación. Uno de los barcos, el de menos andar, iba dirigido por el declarante y el otro, más veloz, venía detrás mandado por el teniente de Navío Mora Figueroa"... "Llegamos costeando hasta Tarifa y cuando vi un momento que parecía favorable en que no había luces que denunciaron la presencia de barcos de guerra, hicimos rumbo al punto más próximo de la costa marroquí, y una vez alcanzada ésta, seguimos bordeando la costa hasta Ceuta. Al llegar a esta Plaza apagamos las luces porque así estaba ordenado y nos entramos en el puerto para desembarcar en el mismo muelle. Cuando nos aproximamos a éste, las fuerzas de Ceuta creyeron que éramos enemigos, porque la presencia cercana de la flota roja les hizo pensar que no navegaban nacionales y, en el momento de estar muy próximos al muelle, rompieron el fuego contra nuestras embarcaciones, especialmente contra la que iba en cabeza, causándonos cuatro bajas, o sea todo el personal sito en cubierta. Dos murieron de las heridas; el declarante fue gravemente herido y hubo, además, otro herido leve; quedando únicamente ilesos dos que venían en el interior del barco. En la segunda embarcación no hubo baja alguna"... "Por haber quedado muy gravemente herido no pude ir a Larache ni a Tánger a recoger barcos y como esta operación no podía realizarla ninguna persona que no fuera el dicente porque tenía autoridad sobre los pescadores, por ser administrador de las Sociedades de Pesca, se desistió de ceder más barcos; debiendo consignar que el Mando nuestro estimó que siendo peligrosa la operación de regreso, era mejor no realizarla. Entonces el teniente de Navío Mora Figueroa, con muchísima insistencia y con un espíritu digno del mayor elogio, instó 1073 para que le permitieran regresar con las fuerzas que podían transportar los faluchos, y después de largas vacilaciones se le autorizó para regresar con los barcos, que habían sido calafateados, porque especialmente el Pilar, había recibido numerosísimos impactos"... "El día 24, con una compañía del Tercio en los dos faluchos, se emprendió el regreso de Ceuta a Sancti-Petri, por el mismo rumbo que el viaje de ida. Por haber retrasado la salida o por haber navegado más lentamente de lo que se había calculado, al amanecer, con algo de niebla, divisaron dos barcos de guerra rojos. Entre la neblina y la proximidad de la costa, les dio tiempo de llegar a ella, y en lugar de regresar a Sancti-Petri, como se había proyectado, desembarcaron en la playa de Tarifa, dando término a ese transporte marítimo”. 1074 Apéndice: El duelo como expresión del honor militar en la vida política. A lo largo del siglo XIX, la influencia del espíritu militar en la vida política española se plasmó en la pervivencia del fenómeno del duelo como sistema para dirimir querellas públicas. El hecho de que fuera necesario el asesoramiento de militares para realizar prácticas, elección de armas, o sencillamente establecer los motivos del duelo, contribuyó a dar a estos profesionales de la milicia un relieve político importante. Durante la etapa de la Restauración, importantes políticos estuvieron implicados en escándalos relacionados con duelos. En Madrid y en otras ciudades existían conocidos salones de armas donde se enseñaba la esgrima. El tiro de pistola se ejercitaba en el salón de tiro del Círculo Militar o en la Escuela Nacional de Tiro de Carabanchel. Se prefería el arma de fuego a la espada o el sable porque era un arma que precisaba menos preparación, y por lo tanto igualaba más a los contendientes. Hay que recordar que durante el período isabelino, políticos como Mendizábal, Istúriz o Celestino de Olózaga, sobrino del célebre Salustiano de Olózaga, se batieron en el llamado campo del honor. En Madrid era conocida la finca de José Ignacio Sabater, que era fácilmente prestada para realizar estos enfrentamientos. Los duelos eran conocidos por la sociedad, y a menudo la prensa se hacía eco de estos lances a través de eufemismos: "se ocasionaron heridas al examinar unas espadas", "se hicieron disparos", etc. entre los personajes del período que se enfrentaron en duelo, estuvieron el ex ministro de Marina, Auñón, que se batió con el oficial de infantería de Marina, Castellani, siendo padrinos de este último Adolfo Suárez de Figueroa, y Cristino Martos. Otro duelista fue el capitán de Voluntarios de Manila, Juan de Urquía, que con el seudónimo de "Capitán Verdades", atacó y acusó de negligencia a varios militares tras la guerra hispano-norteamericana de 1898. En caso necesario, también se preparaban campos de honor en recintos militares, como patios de armas o salones de tiro. Además, los militares tenían a gala no declinar jamás una solicitud de apadrinar a un compañero o a un amigo en un duelo. El 6 de noviembre de 1891 se enfrentaron el ministro de Marina, vicealmirante José Beránger, y el periodista y director de El Resumen, Augusto Suárez de Figueroa. El primero fue apadrinado por el general Ochando y el contralmirante Martínez-Arce; el segundo, por Antonio Merino, y Rafael Gasset, director de El Imparcial. El duelo, efectuado a pistola, no tuvo consecuencias funestas. El mismo Rafael Gasset tuvo que enfrentarse al oficial Zúñiga, del regimiento de infantería de Cuenca. Cuando en un periódico se publicaba algún suelto o noticia que una corporación militar podía juzgar 2413 ofensiva, se sorteaba entre los oficiales el deber de retar al director a duelo . La carrera de un político tan conocido como Alejandro Lerroux se inició precisamente como supuesto director del diario El País. Lerroux asumió ese papel para enfrentarse en duelo con el representante de otro diario, El Nuevo Heraldo. En algunos periódicos existía una sala para la práctica de la esgrima. En 1902, se desató un escándalo por el trato recibido por los detenidos anarquistas en Montjuich. El responsable era un oficial de la Guardia Civil, Narciso Portas. Lerroux acusó a Portas de los malos tratos infligidos a los anarquistas, y le tildó de verdugo. Portas le retó al duelo. Se formó entonces un Tribunal de Honor, que debía 2413 Abella, Rafael, Lances de honor, Planeta, Barcelona, 1995,p. 110. 1075 dilucidar si Lerroux era un caballero digno de batirse con un oficial. Dicho Tribunal estaba compuesto por tres generales, Contreras, Díaz de Ribera y Marenco, y el principal teórico del duelo en la España de la época, el marqués de Cabriñana. Lerroux fue juzgado indigno, y el duelo no tuvo lugar, aunque ambos contendientes se entablaron en un combate callejero en la calle de Alcalá. Después de este escándalo, Lerroux se trasladó a Barcelona, donde inició su carrera política en el republicanismo radical, desafiando a duelo a un representante de la redacción del diario La Veu de 2414 Catalunya . Tanto el conde de Romanones, como Eduardo Dato, Romero Robledo o José Canalejas, participaron en enfrentamientos duelísticos. Francisco Silvela se enfrentó al temperamental Blasco Ibáñez. En 1896, en la discusión de actas de los senadores electivos, se estuvo barajando la posibilidad de declarar nula la del teniente general Francisco Borrero, capitán general de Burgos, elegido por Cuenca. Borrero envió una agria carta al general Martínez Campos, entonces presidente del Senado, en la cual le decía que tenía dos pistolas que podía cruzar con él. La respuesta del general Martínez Campos fue nombrar padrinos y enviárselos. El encuentro, a espada, se verificó el 6 de junio de 1896, pero fue interrumpido por la llegada del capitán general, Fernando Primo de Rivera y Sobremonte, que ordenó la suspensión del acto y el arresto domiciliario de los contendientes. A raíz del desastre de 1898, se celebró una borrascosa sesión en el Senado. El general Weyler recordó que había sido delictivo enviar a la escuadra de Cervera a enfrentarse con la norteamericana “porque se sabía que no podría combatir con la enemiga”; y Francisco Javier Palacios y García de Velasco, conde de las Almenas y senador vitalicio, exigió una profunda depuración del ejército, afirmando que ya la víspera había lanzado "un saludo a las víctimas de la guerra, a esos soldados que regresaban vencidos y humillados... y no a sus jefes que no han sabido conducirlos a la victoria, y ya que no a la victoria, a caer con honra y con prestigio", anunciando que cuando se sepa todo lo sucedido, "la discusión vendrá y las responsabilidades vendrán también... Esos datos servirán para que los hechos sean esclarecidos... y lo han de ser, porque ahí que arrancar de los pechos muchas cruces y hay que subir muchas fajas desde la cintura hasta el cuello". El 12 de septiembre, el conde de las Almenas afirmó que los responsables de la derrota eran los generales Primo de Rivera, Weyler, Blanco y 2415 Cervera . Almenas tenía un carácter obstruccionista y pendenciero, lo que llevó a Francisco Silvela, a la sazón presidente del Consejo, y a Martínez Campos, a aprovechar un duelo que tenía tan vehemente senador, para aprobar en una sola tarde, mientras el citado aristócrata estaba ausente del Congreso, una serie de proyectos de ley que el conde tenía paralizados con sus constantes rectificaciones y reivindicaciones. Pese a la oposición de políticos tan significados como Nocedal o Maura, el duelo siguió siendo durante los primeros años del reinado de Alfonso XIII un medio impune para zanjar enfrentamientos de índole política o periodística. El general José Marina Vega desafió en duelo al senador Tomás Maestre, porque éste criticó con acritud la derrota del Barranco del Lobo. Uno de los padrinos de Maestre fue el doctor Santiago Ramón y Cajal, y esta disputa fue uno de los detonantes de la dimisión de Marina al 2416 frente de la Comandancia Militar de Melilla . El duelo tuvo lugar entre el 13 y el 16 de septiembre de 1910. 2414 Álvarez Junco, J.: El Emperador delParalelo, Madrid, 1990, passim. 2415 Pérez Cisneros, E.: En torno al 98 cubano, 1997, p. 76 2416 Gómez Martínez, J.A., Mohammed ben Abd el-Krim el-Jattaby el-Aydiri el-Urriagly según documentos oficiales españoles hasta 1914, Fajardo el Bravo, Lorca, 2008, p. 190-191. 1076 Es conveniente recordar no sólo a Blasco Ibáñez, sino también a su primero amigo y después rival Rodrigo Soriano. Soriano tuvo en concreto un duelo con el entonces teniente coronel Miguel Primo de Rivera, originado en la bofetada que esté le propinó al diputado republicano en los pasillos del Congreso. Soriano le desafió; uno de los padrinos de Primo de Rivera fue Queipo de Llano, a quien se nombró juez de campo 2417 por ser gran aficionado a la esgrima . Soriano también se enfrentó en duelo a Sánchez Guerra en el cuartel de Carabanchel, facilitado por el coronel Páez Jaramillo, del Batallón de Cazadores de Madrid. Antonio Maura intentó impedir el duelo, pero no pudo hacerlo, y éste finalmente se efectuó actuando el conde de Romanones como juez, y quedando herido el diputado republicano. Indalecio Prieto también tuvo sus choques. Una de sus interpelaciones parlamentarias provocó la ira del diputado salmantino Diego Martín Veloz, que buscó como padrinos a los generales Burguete y Fernández Silvestre. Sin embargo, el encuentro finalmente no tuvo lugar. En otra ocasión, durante la Gran Guerra, Prieto acusó a Torcuato Luca de Tena, director y propietario del ABC, de estar siendo favorecido por el gobierno en el reparto de papel. Luca de Tena, que era senador, tuvo un rifirafe con Prieto, de resultas del cual el primero le envió sus padrinos al segundo, el general Sanjurjo y el también militar Esbry. Prieto, tal y como cuenta en sus memorias, buscó a José Manuel Pedregal, y le pidió que le buscara un militar para que le representa como padrino. Los padrinos de Prieto fueron finalmente el escritor Ramón Pérez de Ayala, y el oficial José Sicardo, ayudante del general Weyler. Pero la discusión entre los padrinos se alargó y finalmente todo acabó en nada. En cierta ocasión, Blasco Ibáñez, Diputado, denunció en el Congreso que un “tenientillo desvergonzado”, que le había empujado sin miramientos cuando él iba a protestar por el atropello policial que estaban sufriendo unos ciudadanos. La frase provocó el malestar del estamento militar, y Blasco recibió una carta firmada por el coronel de Caballería, Jaquotot, y por el teniente coronel Gómez, exigiéndole el nombramiento de padrinos ante el desafío te iba a recibir en nombre del teniente Juan Alastuey. Velasco nombró padrinos a Luis Morote y Emilio Junoy. La entrevista entre los padrinos se celebró en el Círculo Militar, donde los militares exigieron una retractación del diputado en la propia Cámara. Morote y Junoy encontraron excesiva la reclamación, y decidieron dimitido de su padrinazgo, en favor de Juan de Armiñán. Éste se negó en un principio, pero finalmente le convencieron para acudir a casa de José Canalejas, su líder político. Canalejas convenció a Armiñán de que aceptara el padrinazgo, y tras buscar afanosamente por todo Madrid otro padrino, lo consiguieron en la persona de Nicolás Estévanez, que había sido militar, y ministro de la Guerra durante la I República. Estévanez, que vivía pobremente en una pensión, aceptó ser el padrino de Blasco. Las condiciones del duelo fueron decididas a dos bandas, con consejo de Canalejas de por medio, el cual consiguió también la presencia en el enfrentamiento del catedrático de Medicina Alejandro San Martín. El duelo tuvo lugar en la quinta de Sabater; el armero del Círculo Militar cargó las pistolas. Velasco fue golpeado por una bala en su cinturón, con lo que la hebilla impidió una herida que pudo ser fatal. Se zanjó de esta forma el duelo, y según su biógrafo Gascó Contell, al regresar hacia Madrid, Blasco fue increpado por unos obreros, por lo incruento del lance. Esto impresionó de tal forma al diputado valenciano, que inició su distanciamiento de las luchas políticas y su consagración a la literatura. 2417 Queipo de Llano, G., El general Queipo de Llano perseguido por la Dictadura, Javier Morata, Madrid, 1930, p. 29-30. 1077 Uno de los últimos grandes duelos, celebrados en 1904, fue el que enfrentó a dos hombres con arraigada tradición militar. Uno era Rafael de León y Primo de Rivera, marqués de Pickman por matrimonio, descendiente del conde de Belascoaín, abogado, concejal del ayuntamiento de Sevilla, y miembro del Partido Liberal; su oponente fue Vicente Paredes Maroto, capitán de la Guardia Civil. Unos rumores maldicientes acerca de la virtud de la esposa del primero y su excesiva amistad con el segundo, llevó a un enfrentamiento entre ambos hombres en el teatro Cervantes. El capitán nombró como padrinos al comandante de infantería Francisco Perales, y al capitán de la Guardia Civil Alfonso Vivar, mientras León lo hacía en las personas de Manuel Cajigas y Manuel Irureta Goyena. Se formó en principio un Tribunal de Honor, que estableció unas cláusulas de duelo muy duras para Rafael de León. Sus amigos intentaron recurrir a las autoridades para impedir la celebración del lance, y el gobernador civil interino, Rodríguez Bolaños, habló con el capital general, Agustín Luque, para que llamara a la obediencia al capitán Paredes. Sin embargo, el general Luque se mostró de acuerdo en la celebración del duelo, al considerar la gravedad de la ofensa cometida por el concejal. En el lance, Rafael de León cayó muerto, y su entierro fue presidido por el capital general. El escándalo estalló cuando el arzobispo de Sevilla, Marcelo Spínola, se negó a que el cuerpo fue enterrado en tierra sagrada, siguiendo lo establecido en el Derecho canónico que niega tal sepultura a los fallecidos en duelo. Al celebrarse el entierro, estalló un motín que violó la disposición del arzobispo y depositó el féretro en el panteón familiar. El alcalde, Molero, ordenó que de noche el ataúd fuera trasladado al cementerio civil, lo que motivó las protestas de la prensa contra las autoridades que no habían sabido impedir el duelo. El gobernador civil se escudó en que no podía enfrentarse al Ejército, y el presidente del Gobierno, Maura, le destituyó de forma fulminante, y consiguió horas después la dimisión del alcalde. El capitán Paredes había huido Madrid a esperar a que se calmaran los ánimos. Finalmente, no fue ni castigado ni 2418 procesado . Es en este contexto de pervivencia romántica en el que hay que juzgar el enfrentamiento que hubo en 1923 entre Sánchez Guerra, y el general Aguilera, y el desprestigio que supuso para éste el intentar retar a Sánchez de Toca sin que se aceptara el lance, y además ser abofeteado y no responder según las leyes del honor. Años después, a raíz de una discusión en una Junta General del Colegio de Abogados de Madrid, surgió un lance entre José Antonio Primo de Rivera y Rodríguez de Viguri, al hacer alusión éste a la protección brindada por el ya desaparecido dictador general Miguel Primo de Rivera a una mujer de la vida apelada “La Caoba”. José Antonio se sintió ofendido ante la alusión a su padre, y saltando sobre los escaños le estampó un sonoro bofetón al abogado. Al día siguiente le envió sus padrinos, el duque de Tetuán y un comandante, ayudante de su padre. Rodríguez de Viguri recurrió al general Cavalcanti y a Miguel Maura. Se convino entre los tres militares que el duelo fuera a espada, pero Maura consiguió al final que los padrinos se avinieran a un arreglo 2419 y no hubo duelo . 2418 Abella, R., op.cit., p.177-191. 2419 Maura, M., Así cayó Alfonso XIII, p. 63-66. 1078 Fuentes y Bibliografía. Archivos Biblioteca Nacional Archivo General Militar de Segovia Archivo Municipal de Cádiz, fondo General Varela Iglesias Hemeroteca Municipal de Valencia Periódicos ABC Blanco y Negro La Cotorra La Correspondencia de España La Correspondencia Militar, El Debate El Diario Español, Buenos Aires Diario Marroquí, de Larache, Diario de Tetuán, Eco de Tetuán El Guadalete de Jerez La Independencia de Almería, La Isla de San Fernando, El Mensajero La Nación, Buenos Aires El Norte de África, El Noticiero Gaditano El Popular. Periódico de Larache, El Sol, El Telegrama del Rif La Vanguardia Bibliografía ABELLA, R., Lances de honor, Planeta, Barcelona, 1995. 1079 ALARCÓN, P. 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